Nuevas lecturas · Unidad 51 de 74

Unidad 51 · 142 M EVAS LECTURAS

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

142 M EVAS LECTURAS

habitaciones y el salón azul otro gran cuarto este era el que yo ocupaba) que tiene un pasadizo secreto que corre entre dos paredes hasta la escalera principal, donde tiene la salida. (En este no Jiabía reparado yo entonces...) Pues bien; una noche de invierno rezábamos el rosario con mi madre antes de acostarnos. Mi padre estaba en cama... Llamaron á la puerta con grandes aldabonazos, y alarmada mi madre por lo intempestivo de la hora, mandó á mi hermano mayor, que tendría quince ó dieciséis años, que se asomase por el balcón más próximo á la puerta para ver quién llamaba. Tomó mi hermano una palmatoria encendida — ¡me parece que le estoy viendo! — y por ahorrarse camino, ó porque las demás puertas estuviesen cerradas, entró por el pasadizo secreto en el cuarto próximo al de los duendes... A poco oímos gritos desesperados: corrió mi madre y detrás todos nosotros agarrados á ella, y entramos también por el pasadizo en el gran cuarto... Allí estaba mi hermano, con la palmatoria encendida, desencajado y con todos los pelos de punta... La puerta del cuarto azul estaba abierta como un negro boquerón , y veíase su interior oscuro como boca de lobo... Mi padre, que se había tirado de la cama y nos seguía liado en una manta, se lanzó á la puerta del cuarto azul gritando:

EL SALÓN AZUL 143

— ¿Pero quién ha podido abrir esto?

Y en vano forcejeó por cerrarla, porque la habían abierto sin quitar los pestillos ni estar la llave en la cerradura. A nosotros los chiquitines nos acostaron muy asustados, y ni al día siguiente, ni nunca en la vida, oí hablar más de esto, ni á mis padres, que estén en gloria, ni á mi hermano, que marchó á América hace ya muchos años.

Engolosináronme aquellas noticias y afírmeme más y más en mi propósito de seguir adelante mis investigaciones. Tenía ya la verdadera leyenda del salón azul en su verosimilitud relativa, limpia de toda aquella herrumbre de rabos de judíos, robos de joyas y demás zarandajas con que la rudeza y la extravagancia del vulgo la habían engalanado. Faltábame averiguar si se fundaba la leyenda realmente en un hecho histórico, y faltábame sobre todo, lo grande, lo gordo, lo terrible, lo que me ponía los pelos de punta solo de pensarlo, y por nada del mundo hubiera, sin embargo, renunciado á ello. Corroborar otra vez por mí mismo lo que sucedía en el salón azul, y averiguar las causas de aquellos fenómenos, ya fuesen naturales, ya del otro mundo.