Nuevas lecturas · Unidad 7 de 74
Unidad 7 · 34 NUEVAS LECTURAS
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
34 NUEVAS LECTURAS
En aquellos tiempos de Esopo y de Pedro, en que los animales hablaban y constituían entre sí sociedad y reino propio, hubo una atroz epidemia que devastaba por igual las ciudades y los campos.
Morían á centenares individuos de todas las especies, de repente y como heridos de un rayo, y todo parecía anunciar uno de esos horrendos azotes con que los cielos irritados castigan á veces en una nación, algún crimen oculto. Tal era el dictamen de un zorro muy perito, aunque algo jansenista, gran privado del anciano león, rey y monarca absoluto de toda aquella comarca.
Angustióse el real viejo, porque allá en lo hondo, hondo, no dejaba de ser buena persona, y quiso redimir su pueblo por medio del arrepentimiento.
Mandó, pues, echar un público pregón, para que todos sus subditos se confesasen por turno con el confesor que S. M. nombrase de oficio; que no fué otro, sino el mismo zorro sabiondo y jansenista.
Así conocería éste los crímenes de todo el pueblo, y pesando en su justo criterio cuál fuese el que clamaba venganza, había de denunciarlo con autorización previa del penitente, para que fuese castigado el culpable, y desagraviados así los airados númenes.
A UN GRAN SEÑOR TITULADO 35
Comenzaron las confesiones en mitad de un prado, en un confesonario que allí se llevó al efecto. Llegó primero el león para animar á todos y dar ejemplo, y tan contrito y con tal empuje iba, que del primer manotazo hundió en la barandilla media pulgada de cada uña.
Aterrado el zorro refugióse en el último rincón del confesonario, temblando cual si tuviese frío de cuartana, y desde allí, con voz meliflua y temblona decía á su penitente:
— Pero Sacra, Cesárea, Real Majestad, no se altere de ese modo... Si los dioses son muy blandos y compasivos...
Abrió la boca el león, dejando ver hasta la última formidable muela, y comenzó á vomitar por ella cuantos horrores y crueldades pueden imaginarse... Muertes, destrozos, robos, guerras, asolamientos sin cuento; de todo había hecho... Y por cierto que solo en el ramo de zorros había destrozado él, con sus propias garras, dos mil trescientos cuarenta y siete... Se acordaba muy bien; ni uno más, ni uno menos.
Atajóle la palabra el confesor, sudando como un pato.
— Pero Sacra, Cesárea, Real Majestad, no se angustie de ese modo... Es necesario ponerse en el verdadero punto de vista de las cosas, y formarse la conciencia... ¿Entiende? Vuestra