Nuevas lecturas · Unidad 8 de 74

Unidad 8 · 36 NT KVAS LECTURAS

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

36 NT KVAS LECTURAS

Majestad es Rey, y la razón de Estado requiere á veces muestras de energía... exige actos de justicia...

— ¿Pero y los que me he zampado?

— Eso resulta per accidens, Sacra, Cesárea, Real Majestad; per accide7is... ¿Entiende?... Con que, ea; vaya tranquilo, y hasta la vista.

Llegó detrás un tigre muy bravio, que metió casi su humeante hocico por la oreja del zorro, para confesarle todos sus crímenes sin que se le escapara ninguno. Y lo que más le remordía era que, muchas veces, sin hambre ni necesidad alguna, había destrozado víctimas inocentes por el solo placer de refocilar el hocico con el tibio correr de la sangre fresca.

Y cuando esto decía, como impulsado por el remordimiento, metía el hocico por la oreja del zorro, cual si quisiese darle un beso en los mismísimos sesos.

— Necesidad del temperamento, Serenísimo Señor — replicó el zorro dando diente con diente. A veces puede demasiado el instinto natural, y si no se siguen consecuencias...

— ¿Pues y los huérfanos que dejé?...

— Per accidens, Serenísimo Señor, per accidens... ¿Vuestra Alteza se proponía refocilar el hocico, ó dejar huérfanos?... Pues si refocilar el hocico, lo de los huérfanos resulta per acci-

A UN GRAN SEÑOR TITULADO 37

dens... Con que, ea; vaya tranquilo, y hasta más ver.

Acercóse entonces una hiena muy devota y colmilluda, con largas y repulgadas tocas, y confesó mil horrores que no le remordían tanto, como el haber profanado un cementerio, escarbando con aquellas uñas — y la muy ladina las mostraba — una sepultura, para sacar un cadáver y comérselo á pedazos.

— Histerismo puro... puro histerismo — gimió el zorro con la cola erizada de espanto. Vuestra merced se come los muertos, como otras histéricas comen tierra ó búcaros viejos... Eso se le dice al médico y no al confesor.

— Pero es que anoche mismo me comí vivo á un sepulturero que se me puso por delante...

— Mire, no me venga con escrúpulos: eso resulta per accidens... ¿Lo entiende? Con que vaya tranquila, y consulte con el doctor ese vicio del estómago.

Y así fueron pasando uno á uno los más fieros animales, sin que acertase el zorro á distinguir ni el más tremendo delito, ni á señalar el culpado más responsable.

Llegó, por último, un jumento viejo, lleno de mataduras, lacias las orejas y escurrido el rabo. Acercóse con mucha humildad y sosiego, y púsose á respetuosa distancia frente al confesona-