Peregrinación de Alpha : por las provincias del norte de la Nueva Granada, en 1850-51 · Unidad 26 de 51

Unidad de lectura 26

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

ramo, de donde inferimos desde luego que no habia sido artificialmente labrada, como suponían. El fondo de la cuenca es una confusa mezcla de margas y tierras detríticas, probablemente traídas de lo alto de la serranía por las aguas impetuosas de algún diluvio que también lavó, trastornó y /edondeó las innumerables colinas que bajan por escalonés basta la hoya profunda del río Pantanogrande. Sobre este asiento habían depositado las aguas estacionadas varias capas de arcilla, separadas por otras de' carbonato de cal, formando todas un espesor de dos metros, y presentando en el. corte vertical una curiosa y fiel imagen de los estratos de la serranía, con la misma variedad de colores y grosor en las diferentes capas: este sedimento clásico era la pretendida masa metálica que nos recomendaron. Dentro de las tierras detríticas y las margas aparecieron los Huesos de mastodonte, cuya situación no pudieron determinar los descubridores, porque las aguas, al romper el dique, produjeron un derrubio que arrastró de repente cuanto había en el fondo cerca del desaguadero. De entre las ruinas sacamos todavía una vértebra de tres decímetros de diámetro por uno de grueso, y una scápula de cerca de ocho decímetros de largo y seis de anchura máxima, perfectamente conservadas. Humboldt vio huesos semejantes en Soacha (planicie bogotana, 2.728 metros sobre el mar) y los atribuyó a la especie de elefantes carnívoros de Africa: nosotros los hemos hallado en Covarachía, 950 metros sobre el nivel del mar; en Soatá, 1.325 metros de altura, y en esta Lagunaverde, dentro de cuencas excavadas, en terreno secundario, caracterizado por estratos dominantes de caliza y arenisca, que reposan sobre grandes masas de margas casi irisadas muy permeables, habiendo encontrado muelas grandes con las protuberancias gastadas por la masticación, y junto a ellas otras más pequeñas, sin

desgaste alguno, conservando toda la tersura de un esmalte azuloso, como si hubiesen pertenecido a individuos jóvenes; prueba de que en tiempos remotos existía y se propagaba en estas regiones aquella raza de mamíferos gigantescos, extinguida y sin representantes en nuestra fauna moderna.

Quedaban por visitar en este cantón el pueblo de Chita, situado 6 leguas al sur del Cocuy, camino de serranía y la salina del mismo nombre, escondida al sudeste, detrás de la elevada sierra de Tecuquita y orillas del río Casanare, separándola de la cabecera del cantón casi 12 leguas de tierras fragosas y en su mayor parte despobladas. Chita es el pueblo más alto del Cocuy, pues se halla 2.978 metros íobre el nivel del mar, lo que agregado a tener al respaldo el páramo de Tecuquita, continuación de la Sierra nevada por la banda del sur, le proporciona una temperatura media de 11° centígrados y a veces nevadas formales, perdiéndose las sementeras al rigor del intenso frío. El distrito entero cuenta poco más de 7.900 vecinos blancos, robustos y de mejillas firmemente iluminadas, consagrados a la agricultura en pequeño y a la cría de ovejás, que suministran la excelente lana de que los naturales fabrican bayetas y ruanas muy durables y de buen tejido. El pueblo, como todos los antiguos que fueron de indios, se resiente de su origen y lo manifiesta en el desarreglo de las "calles y pésima disposición de las casas; pero en cambio las gentes son de índole sana y trato sencillo, virtudes que, unidas al amor^ al trabajo, constituyen una población moralmente inmejorable, aunque ajena de las superficialidades de la ponderada cultura de otras naciones. Mide la cumbre del vecino páramo 3.634 metros de altura y lo bañan vientos tan frígidos, que el termómetro centígrado nos marcó 7° a las nueve de la mañana; por consiguiente, la vegetación es

enana y rastrera en la falda occidental y en la cumbre irregular, peñascosa y desolada de esta serranía, traspuesta la cual, varía de repente el paisaje por influjo de los vientos húmedos y tibios, enviados por los ardientes Llanos de Casanare. La vista de éstos, que se columbra sobre el remoto horizonte, como un mar de azul y nieblas, cortado a trechos por las fajas negras del bosque prolongado que ciñe las margenes de los ríos, es sin disputa grandiosa y además sorprendente por el contraste de aquella inmensa superficie plana con las tumultuosas serranías en donde el observador se encuentra y que también se pierden en los espacios del setentrión y del mediodía. Desde la cumbre hasta la Salina medían tres leguas de continuo bajar por escalones de piedra y estrechuras no muy seguras, pero atravesando paisajes bellos, cubiertos" de árboles sobrecargados de ondulante musgo y a veces pasando por callejones profundos, cerrados arriba con un techo de ramas entretejidas y las paredes entapizadas de liqúenes fragantes, que hacen aspirar con avidez el aire embalsamado de aquellas^ galerías naturales. Después de esto, se atraviesa la' quebrada de Recoveche, magnífica por su caudal de aguas cristalinas y por lo rápida que baja de peñasco en peñasco, atronando la selva, y se llega a los cerros deleznables y pendientes que cierran por este lado la hoya del Casanare. De allí a poco los cortes de leña y las espirales de humo anuncian la Salina: avístase el caserío de teja con su modesta iglesia, apiñado sobre la estrecha barranca del río y tan recostado contra el cerro, que el extremo del camino va por junto al caballete de las últimas casas, bajándose al pueblo poco menos que perpendicularmente.

Como viceparroquia la Salina no tiene importancia, ni por el número ni por el bienestar de los habitantes; mas sí como centro de una empresa de elaboración

de sal común, superior en calidad a la de Zipaquirá, no obstante que provenga del mismo gran banco, según la opinión del señor Codazzi, cuyas palabras copiaré por la singularidad del hecho que explican: «En las faldas meridionales de la Cordillera Oriental de los Andes granadinos, dice, y bajo la dirección general del sudoeste al nordeste se encuentra un sistema de salinas y fuentes saladas que forma una zona continua de extremo a extremo de la provincia de Tunja, relacionada sin duda con el poderoso banco de sal gema que domina los terrenos de Zipaquirá y Nemocón. Casi a la misma latitud de estos dos pueblos, a distancia de ocho leguas, brotan manantiales salados en las orillas del río' Somondoco, entre Tiribita y Manta, y aun tres leguas más abajo de estos lugares. Tomando la dirección desde Zipaquirá al noreste, se encuentra a las diez y nueve leguas, en linea recta sobre el río Lengupá, otra fuente salada bajo el mismo rumbo que la primera de Somondoco, y a dos y media leguas más allá la salina de Sisbacá sobre el Upía. Pocos grados desviadas del nordeste, a distancia de tres leguas de Sisbacá, se -hallan las salinas de Cocuachó y Gualivito, y algo más lejos las de Pajarito y Recetor entrando ya en Casanare. Y es de advertirse que en la misma dirección nordeste, sobre una línea paralela al eje principal de la Cordillera, están las salinas de Sirguasa, Chita y Chinibaque, en territorio de Tundama; hechos dignos de notarse, pues manifiestan la existencia de un enorme banco de sal gema, cabalmente en la dirección general de los valles postdiluvianos, el cuaben Zipaquirá perfora los terrenos superiores, mostrándose a flor de tierra a 2.695 metros de altura sobre el nivel del mar, y adelantándose al nordeste se le encuentra en los lugares ya indicados a 1.690 y 1.409 metros, decreciendo en altura y como hundiéndose gradualmente hasta la Salina de Chita, cuyo asiento se halla a 1.600 me-

tros sobre el mar; pero las fuentes saladas brotan de muy profundo, por cuanto el agua sale con un calor de 50° centígrados, cuando al aire libre marca sólo 20° el mismo termómetro? (*); observaciones corroboradas durante nuestra excursión por las provincias del norte, pues fuéra de aquella zona salífera no hay muestras apreciables de sal a ninguna profundidad.

Produce al año esta salina 37.000 quintales, que se venden a 26 reales. Los gastos de producción, elaboración y administración ascienden a 296.000 reales anuales, quedando al gobierno 666.000 reales de utilidad neta, resultado del monopolio del ramo. La sal se obtiene por la evaporación del agua de las fuentes, principalmente de la de 50° de calor, que marcó 5 de densidad en el aerómetro. El agua saturada se vierte en unas vasijas cónicas de barro asentadas por hileras sobre un plano inclinado que recibe por debajo el intenso fuego de una grande hornalla cebada con rajas de leña fuerte; horno llaman a este aparato y moyas a los panes de sal que sacan de las vasijas quebrantándolas. El uso de la leña es dispendioso y además trae por consecuencia el malestar de la gente pobre, a la cual se le prohíbe cultivar la tierra «para que vuelva a dar monte!» De aquí proviene el aspecto de miseria en los moradores y de salvajismo en la comarca inculta, cubierta de barbechos, a pesar de la privilegiada fertilidad del suelo; el jornalero vegeta mal vestido con harapos, encorvado bajo el peso de los haces de leña, único trabajo permitido, y por la noche descansa en una mala choza, donde no puede encender fuego sino con tasa y medida, porque el proveerse de leña abundante se estima como indicio de elaboración clandestina de sal. Tales, y aun peores que éstos, son los maldecidos frutos inmediatos del monopolio de un artículo indis-

(*) Geografía (inédita).

pensable para la vida, sembrado profusamente por la Providencia en las entrañas de nuestro pais, y escaseado artificialmente por los hombres a titulo de medida de buen gobierno, como si el buen gobierno consistiera en contrariar las miras de la Providencia y en atar las manos al industrioso, erigiendo en delito el trabajo inocente y el aprovechamiento de los dones de la tierra. El hallazgo del carbón mineral sería un gran beneficio para la gente pobre, por cuanto cesaría la prohibición de cultivar el suelo para conservar los montes y barzales. Créese que el carbón no se presenta sino en Socotá, siete leguas distante de la Salina, y en la falda meridional de la serranía que limita la hoya del Casanare por su margen derecha. Con todo, paréceme que si removieran la tierra de las cercanías hacia Chinibaque, hallarían buenas minas de ulla; y me fundo en que en estos parajes el terreno kéuprico reposa inmediatamente sobre areniscas ferruginosas o sobre esquistos más o menos carburados, que indican el tránsito de aquel terreno al carbonífero sin promediar otro; y como las discordancias y dislocaciones son muy notables, bien pudiera suceder que en algún punto no explorado hayan salido a la superficie tos bancos de nlla. Supuesto este hallazgo, la producción de sal de Chita podría llegar sin mucho esfuerzo a 300.000 arrobas anuales, según calcula el actual administrador, doctor Romualdo Liévano, y abaratarse mucho en ventaja de los consumidores. Las ideas de este inteligente y bondadoso empleado rechazan el opresivo monopolio de la sal, y nadie compadece más que él la suerte del jornalero esclavo de las salinas. En nuestras conversaciones me decía que la observación de los hechos le había convencido de que el único modo de atenuar los efectos perniciosos del monopolio sería el laboreo popular de las salinas, abandonando el actual sistema de empresas administrativas, y estableciendo

uno semejante al que regía entre los cultivadores de tabaco durante el estanco de este ramo. Muchas vejaciones desaparecerían de esa manera, y las ganancias que hoy pasan a manos de los contratistas de elaboración quedarían en las de los colonos, asegurándoles una existencia cómoda y dejando a su propio interés la conservación de los montes, sin perjuicio del cultivo de buenas sementeras; per manera que el campesino hallaría en la fabricación de la sal, y en la agricultura libre, dos fuentes de riqueza que hoy se le obstruyen cruelmente, sin que por eso dejara de hacer el fisco ganancias iguales o mayores que las presentes. Sin embargo, en materias fiscales es tal la fuerza del hábito rutinero y tan absoluto el imperio de las tradiciones, que las ideas del señor Liévano permanecerán largo tiempo sin ensayo alguno de aplicación.

Las fuentes saladas brotan muy a la orilla del río Casanare, en términos que algunas quedan sumergidas bajo la menor creciente; son todas termales con igual grado de saturación, poco más o menos. A la raíz de los cerros y en determinados lugares, filtra lentamente un agua cristali.ia, insípida y ligera (14 grados del aerómetro), que por donde corre deja una especie de limo verdeamarillento, y forma unas concreciones litoideas, porosas, de textura fibrosa compacta, fractura áspera y color a veces rojizo y a veces blanquecino; llámanlas piedra búchica, muy solicitada por los indios tunebos, que jamás dejan de proveerse de ella cuando van por sal, y personas respetables nos han asegurado haber visto curar admirablemente las fracturas de huesos, relajación y úlce- *ras envejecidas, con sólo tomar polvos de la piedra, disueltos en aguardiente en los dos primeros casos, y aplicarlos secos en el último. No hemos tenido ocasión de hacer el experimento para salir garantes de las virtudes de esta piedra, que ciertamente merece

analizarse. Con tal objeto enviámos un pedazo al laboratorio quimico de Bogotá, donde se ha tenido por conveniente guardar profundo silencio.

Atesora el cantón Cocuy, en una extensión de 47 leguas cuadradas, todas las producciones vegetales, tanto cultivadas como silvestres, de un suelo singularmente fértil, cuyas sinuosidades lo levantan por grados, desde la temperatura en que prosperan la caña de azúcar y el plátano, hasta la de las nieves eternas, donde ningún sér orgánico subsiste. Por tanto, no hay fruto de los conocidos en ambos hemisferios que una agricultura ilustrada y cuidadosa no pueda obtener para sustento y regalo del hombre; no hay maderas, plantas preciosas ni flores para las cuales no se halle un lugar apropiado; y al mismo tiempo el reino mineral ofrece con abundancia el hierro, el carbón y la sal, bases de toda civilización, acompañados de ricas minas de cobre, galena (plomo sulfurado), cinabrio, aluiribre, azufre y óxidos diversos, entre eilos el de cromo, tan apreciado por los pintores. Preténdese que hay además oro y plata, y es verosímil que asi suceda, puesto que no son raras las secciones de terreno de aluvión o diluviano y que la galena suele tomar el color gris claro indicativo de plata en combinación. Las quiebras repentinas de las serranías y las direcciones diversas que toman, determinan una multitud de accidentes y variedades favorables en el clima y por consiguiente en la vegetación; de tal manera que suelen verse grupos de frailejón creciendo al lado de sementeras lozanas, y las papas, cebada y habas prosperan a 3.669 metros de altura sobre el mar (*), merced a las cuencas abriga-

(*) Halláronse junto a la Lagunaverde, al respaldo de una colina. Según Caldas, el límite de la vegetación de las papas en las provincias del sur es de 2.845 metros. La diferencia de 824 metros que hemos encontrado en el Cocuy, no puede atribuirse únicamente a la que hay entre la latitud de los lugares, sino además a las modificaciones accidentales del clima por las sinuosidades del suelo y la dirección de las serranías.

das que el diligente agricultor sabe aprovechar en mitad de páramos al parecer improductivos. El temperamento por extremo benigno, las aguas cristalinas que copiosamente bajan de todos los cerros batiendo a saltos las peñas, y por último, la profusión y baratura de los mantenimientos, concurren a sostener una población fuerte y sana, que aumenta con rapidez y deriva del trabajo continuo de los campos la moralidad que la distingue y hace tan raros alli los delitos. Lástima es que la instrucción pública sea todavía tan escasa que cueste trabajo encontrar vestigios de ella en medio de la ignorancia general.

Eran los primeros dias del raes de julio cuando regresámos a nuestra peniténciaría de Soatá, y brevemente, dando el último adiós a esta hospitalaria villa, emprendimos marcha para el cantón Santa Rosa.

Para ir de Soatá al cantón Santa Rosa se presentan dos caminos en la dirección sur: el que trasmonta el páramo de Guantiva, sin encontrar pueblo por espacio de 11 leguas, hasta bajar a Tutasá o a Be- ■lén de Cerinza, y el que tomando por Susacón atraviesa el alto de Ocavita, pasa por ambas Sátivas y salvando el alto Mortiñal cae a la Paz, andando 8^ leguas; poblado y con recursos para las personas y cabalgaduras. Tomámos este último, y a las 3 leguas de subida continua y suave, por tierras fértiles de pasto y cultivo, entrámos en Susacón, pueblo de corto vecindario y moradores benévolos y atentos con el forastero, en lo que imitan a su cura, présbitero Reyes, a cuya cabeza, totalmente blanqueada por los años, caracterizan los rasgos de candorosa bondad, tan comunes entre los patriarcas de la generación pasada. De este lugar a Sátiva del norte va el camino por encima de los altos de Ocavita y Mortiñal.

apéndice del páramo de Quantiva y al través de laderas alegres, cultivadas- por numerosos estancieros y sombreadas con los altos sauces, alineados para marcar los términos de las heredades, recordando los frescos paisajes de las regiones interiores de los Andes, que más adelante se encuentran con todas las galas de su primavera perpetua, en las planicies de Duitama y Sugamuxi. Entre Sátivanorte, pueblo mediano, de agradable aspecto y rollizas mujeres, y Sátivasur, que se reduce a una docena de humildes casas, reaparecen los pequeños prados de achicoria, peculiares de cierta zona barométrica en la Cordillera Oriental; y siguiendo nuestro propósito de determinar el límite inferior de esta zona, tomámos la altura, que resultó ser de 2.510 metros y la temperatura IQ"" a las ocho de la mañana, cifras bastante análogas a las que nos habían dado las observaciones hechas, con igual motivo, en el camino de Canipauna a Chiquinquirá (altura, 2.525 metros; temperatura, 20° a las 11 a. m.) y en la venta de Chascal, cerca del Valle de Jesús (altura, 2.458 metros; temperatura, 18° a las 5 p. m.); de modo que recibía una tercera confirmación positiva nuestra sospecha de que dichos prados marcan exactamente una zona agrícola, medianera entre la región de los páramos y la de las tierras calientes, pudiendo servir de indicadores fieles, o como si dijésemos, de letreros puestos por la naturaleza para advertir al campesino el género de. cultivo que allí debería intentar, de conformidad con el clima. A Sátivasur, último distrito del cantón Soatá por este lado, y la Paz, primero del cantón Santa Rosa, los separa una serranía de 3.385 metros de elevación sobre el mar, y a pesar de eso, cubierta de sementeras de maíz, cebada y trigo hasta la cumbre, advirtiéndose que la falda septentrional se adorna con una vegetación crecida y variada y en la meridional aparece de repente el fraile-