Poemas · Unidad 25 de 50

Unidad 25 · SALVADOR DÍAZ MIRÓN 7J

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SALVADOR DÍAZ MIRÓN 7J

Cómo allí, — puesto en Dios el pensamiento, —

revela un nuevo mundo en cada grito

¡Atlas en que se apoya el firmamento! ¡Atalaya que explora el infinito!

SURSUM.

A J. S.

¡Cuan grata es la ilusión a cuyos lampos tienen perenne vida los amores, inmarcesible juventud los campos y embriagadora eternidad las flores! ¡Cuan vivido es el iris que colora, magia oriental, la suspirada orilla, y a cuyo hermoso resplandor de aurora radia hasta el fango que después mancilla! La verdad, si engrandece la conciencia, devora el corazón, nunca sumiso: es el fruto del árbol de la ciencia, y siempre hace perder el paraíso. Mas aunque el bardo mate la quimera, y desvíe y aparte de sus ojos el prisma encantador, y por doquiera mire sombras y vórtices y abrojos, ha de cantar !a redentora utopia, como otra estatua de Memnón que suena,

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y ser, perdida la esperanza propia, el paladión de la esperanza ajena!

Cuando el mundo, ese Tántalo que aspira en vano al ideal, se dobla al peso de la roca de Sísifo, y espira quemado por la túnica de Neso; cuando al par tenebroso y centellante imita a Barrabás y adora al Justo, y pigmeo con ansias de gigante se retuerce en el lecho de Procusto; cuando gime entre horribles convulsiones, para expiar sus criminales yerros, mordido por sus ávidas pasiones como Acteón por sus voraces perros; cuando sujeto a su fatal cadena arrastra sus desdichas por los lodos, y cada cual, en su egoísta pena, vuelve la espalda ala aflicción detodos; el vate, con palabras de consuelo, debe elevar su acento soberano, y consagrar, con la canción del cielo, no su dolor, sino el dolor humano!

Sacro blandón que en la capilla austera arde sin tregua, como ofrenda clara, y consume su pábilo y su cera por disipar la lobreguez del ara;

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vaso glorioso en donde Dios resume cuanto es amor, y que para alto ejemplo gasta y pierde su llama y su perfume por incensar en derredor el templo; sublime Don Quijote que ambiciona caer al fin entre el fragor del -rayo, torcida y despuntada la tizona y abierto y rojo por delante el sayo; ave fénix que en fúlgidas empresas aviva el fuego de su hoguera dura, y muere convirtiéndose en pavesas de que renace victoriosa y pura . . . ¡Eso es el bardo en su fatal destierro! Cantar a Filis por su dulce nombre, cuando grita el clarín: ¡despierta, hierro! ¡Eso no es ser poeta, ni ser hombre!

Mientras la musa de oropel y armiño excecra el polvo por amarla nube, y hace sus plumas con la fe de un niño y hacia un azul imaginario sube; mientras Ofelia, con el pecho herido por Hamlet y sus trágicos empeños, marcha a las ondas del eterno olvido, cogiendo flores y cantando sueños; el numen varonil entra en la arena, prefiriendo al delirio y al celaje la ciudad con sus ruidos de colmena y el pueblo con sus furias de oleaje;