Poemas · Unidad 4 de 50
Unidad 4 · SALVADOR DÍAZ MIRÓN 9
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SALVADOR DÍAZ MIRÓN 9
Mi vida toda júbilos y encantos, mi pecho rebosando de pureza, mi carmen pleno de perfume y cantos y muy lejos, muy lejos la tristeza.
Ayer, la inspiración rica y galana llenando mi cerebro de fulgores; y tú sonriente y dulce, en tu ventana, hablándome de dichas y de amores.
Ayer, cuanto era luz y poesía, las albas puras y las tardes bellas henchidas de sutil melancolía, y las noches pletóricas de estrellas
Y hoy La sombra y el ansia y el desierto,
perdida la esperanza y la creencia, y el amor en tu espíritu ya muerto, y sembrada de espinas la existencia.
OJOS VERDES.
Ojos que nunca me veis por recelo o por decoro, ojos de esmeralda y oro, fuerza es que me contempléis: quiero que me consoléis, hermosos ojos que adoro: estoy triste y os imploro puesta en tierra la rodilla.
I O CULTURA
¡Piedad para el que se humilla, Ojos de esmeralda y oro!
Ojos en que reverbera la estrella crepuscular, ojos verdes como el mar, como el mar por la ribera; ojos de lumbre hechicera que ignoráis lo que es llorar, ¡glorificad mi pesar! ¡No me desoléis asi! ¡Tened compasión de mí, ¡ojos verdes como el mar!
Ojos cuyo amor anhelo porque alegran cuanto alcanza, ojos color de esperanza con lejanías de cielo. Ojos que al través del velo radian bienaventuranza, mi alma a vosotros se lanza en alas de la embriaguez, miradme una sola vez? ojos color de esperanza.
Cese ya vuestro desvío, ojos que me dais congojas, ojos con aspecto de hojas empapadas de rocío. Húmedo esplendor del río
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I I
que por esquivo me enojas, luz que la del sol sonrojas y cuyos toques son besos, derrámate en mí por esos ojos con aspecto de hojas.
CONSONANCIAS.
Tu traición justifica mi falsía, aunque lo niegues con tu voz de arrullo; mi amor era muy grande, pero había algo más grande que mi amor: mi orgullo!
Calla, pues. Ocultemos nuestro duelo, la queja es infecunda y nada alcanza; agonicemos contemplando el cielo, ya que el cielo es nuestra única esperanza.
No creas que este mal decrezca y huya: cada vez menos parco y más despierto, imperará en mi vida y en la tuya "como reina el león en el desierto'7.
Los años rodarán en el abismo sin que recobres la perdida calma: tú siempre llevarás como yo mismo un cadáver en lo íntimo del alma!
El tiempo no es el médico discreto que por medio del fórceps del olvido;