Poemas · Unidad 41 de 50

Unidad 41 · 132 CULTURA

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132 CULTURA

que de octubre a febrero no es rara,

y la pródiga lumbre febea,

que de marzo a septiembre caldea.

\i\ Oriente se inflama y colora, como un ópalo inmenso en un lampo, y diíunde sus tintes de aurora por piélago y campo. Y en la magia que irisa y corusca, una perla de plata se ofusca.

Un prestigio rebelde a la letra, un misterio inviolable al idioma, un encanto circula y penetra y en el alma es edénico aroma. Con el juego cromático gira, en los pocos instantes que dura; y hasta el pecho infernado respira un olor de inocencia y ventura. ¡Al través de la trágica Historia, un efluvio de antigua bonanza viene al hombre, como una memoria, y acaso como una esperanza!

El ponto es de azogue y apenas palpita. Un pesado alcatraz ejercita su instinto de caza en la fresca. Grave y lento, discurre al soslayo, escudriña con calma grotesca, se derrumba cual muerto de un rayo, sumérgese y pesca.

SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 33

Y al trotar de un rocín flaco y mocho, un moreno, que cine moruna,

transita cantando cadente tontuna de baile jarocho.

Monótono y acre gangueo, que un pájaro acalla, soltando un gorjeo.

Cuanto es mudo y selecto en la hora, en el vasto esplendor matutino, halla voz en el ave canora, vibra y suena en el chorro del trino!

Y como un monolito pagano,

un buey gris en un yermo altozano mira fijo, pasmado y absorto, la pompa del orto.

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Y a la puerta del viejo bohío que oblicuando su ruina en la loma se recuesta en el árbol sombrío, — una rústica grácil asoma,

como una paloma.

Infantil por edad y estatura, sorprende ostentando sazón prematura: elásticos bultos de tetas opimas; y a juzgar por la equívoca traza, no semeja sino una rapaza que reserva en el seno dos limas!

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Blondo y grifo e inculto el cabello, y los labios turgentes y rojos, y de tórtola el garbo del cuello, y el azul del zafiro en los ojos. Dientes albos, parejos, enanos, que apagado coral prende y liga, que recuerdan, en curvas de granos, el maíz cuando tierno en la espiga. La nariz es impura, y atesta una carne sensual e impetuosa; y en la faz, a rigores expuesta, la nieve da en ámbar, la púrpura en rosa, y el júbilo es gracia sin velo y en cada carrillo produce un hoyuelo.

La payita se llama Sidonia. Llegó a México en una barriga: en el vientre de infecta mendiga que, del fango sacada en Bolonia, formó parte de cierta colonia y acabó de miseria y fatiga.

La huérfana ignara y creyente busca sólo en los cielos el rastro; y de noche imagina que siente besos ¡ay! en los hilos de un astro. ¿Qué ilusión es tan dulce y hermosa? Dios le ha dicho: «sé plácida y bella; y en el duelo que marque una fosa pon la fe que contemple una estrella»!