Poesías · Unidad 17 de 23
Unidad 17 · JOSiü A. SILVA
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JOSiü A. SILVA
que alzan los bronces al tocar á muerto
por todos los que han sido.
Es la voz fina y, ^util
de vibraciones ¡de cristal
que con acento juvenil,
indiferente al bien y, al píial,
mide lo mismo la hora vil
que la .sublime y la fatal,
y, resuena en las alturas
melancólicas y oscuras
sin tener en su tañido
claro, rítmico y sonoro,
los acentos (dejativos
y tristísimos é inciertos
de aquel misterioso coro
con que suenan las campanas...
I las ¡pámpanas plañideras
que les hablan á IjOS vivos
de los muertos 1...
DE LORD TENNYSON
OH voces silenciosas de los muertos I Cuando la hora muda y, vestida de fúnebres crespones, desfilar haga ante mis turbios ojos sus fantasmas inciertos, sus pálidas visiones... I Oh voces silenciosas de los (muertos I En la hora que aterra no me llaméis hacia el pasado oscuro, donde el camino de la vida cruza los valles de la tierra. \ Oh voces silenciosas de los {muertos 1 Llamadme hacia la altura donde el camino de los astros corta la gélida negrura ;
hacia la playa donde el alma arriba, llamadme entonces, voces silenciosas, I hacia arriba 1... j hacia arrib^l...
OR qué de los cálidos besos,
JL de las dulces idolatradas en noches jamás olvidadas nos matan los locos excesos ?
¿son sabios los místicos rezos y las humildes madrugadas en las celdas sólo adornadas con una cruz y, cuatro huesos ?
¡No, soñadores de infinito I De la carne el supremo grito hondas vibraciones encierra ;
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dejadla gozar de la vida antes de caer, corrompida, en las negruras de la tierra.
LA RESPUESTA DE LA TIERRA
ERA un poeta lírico, grandioso ly sibilino que le hablaba á la tierra una tarde de invierno, frente de una posada y al volver de un camino : — I Oh madre, oh tierra ! — di jóle, — en tu girar eterno nuestra existencia efímera tal parece que ignoras. Nosotros esperamos im cielo ó un infierno, sufrimos ó gozamos en nuestras breves horas, é indiferente y muda, tú, madre sin entrañas, de acuerdo con los hombres no sufres y no lloras. ¿ No sabes el secreto misterioso que entrañas ? ¿ Por qué las noches negras, las diáfanas auroras ? Las sombras vagarosas y tenues de unas cañas que se reflejan lívidas en los estanques yertos, ¿no son como conciencias fantásticas y extrañas que les copian sus vidas en espejos inciertos ? ¿ Qué somos ? ¿ A do vamos ? ¿ Por qué hasta aquí vivimos ? ¿ Conocen los secretos del más allá los muertos ? ¿ Por qué la vida inútil ¡y triste recibimos ? ¿ Hay un oasis húmedo después de estos desiertos ? ¿ Por qué nacemos, madre, dime, por qué morimos ? ¿ Por qué ? — Mi angustia sacia y ¡á mi ansiedad contesta. Yo, sacerdote tuyo, arrodillado y trémulo, en estas soledades aguardo la respuesta.
La tierra, como siempre, displicente y callada, al gran poeta lírico no le contestó nada.