Sangre nueva : impresiones de un viaje á la America del Sud · Capítulo real 18 de 35

Capitulo XVIII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

Capitulo XVIII

La Banda Oriental. — De como 271 pesos argentinos se convierten en 109*20 pesos uruguayos. — El Uruguay monometalista oro con moneda ajena. — Razones que demuestran que es nación acreedora. — El absentismo financiero en la Argentina. — Parangón entre la Argentina y el Uruguay. — Los ferrocarriles del Uruguay. — Porvenir extraordinario de sus líneas. — Su actual paralización. — La fiebre revolucionaria. — Blancos y colorados. — Causas históricas y endémicas de estas turbulencias. — La inmigración como gran remedio.

|l desembarcar en Salto, la primera cosa ha sido cambiar 271 pesos argentinos que se han convertido en 109*20 pesos uruguayos. Habíamos pasado de un país á régimen de papel á otro que no tiene tampoco más moneda que el papel, con la sola diferencia de ser su valor nominal equivalente al del oro.

Es singular lo que ocurre en el Uruguay; no tiene propiamente moneda, y, sin embargo, su moneda imaginaria tiene prima sobre la esterlina, el luis y el doUar.

Por más que el sistema monetario de la República se basa en el patrón oro, esta es la hora en que no ha acuñado monada de est^ metal, y

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el doblón, establecido por la ley de 23 de junio de 1862, continúa siendo una moneda ideal. Por lo tanto, todas las monedas de oro que circulan en el país son extranjeras, desde la libra esterlina á la media águila norteamericana, con la particularidad de que tienen menos valor que los pesos en billetes emitidos por el Gobierno del Uruguay.

En tiempos del gran comercio de Sevilla con América, el cambio se establecía también sobre moneda imaginaria, el ducado y la pistola, circulando en la Casa de Contratación monedas de todas las naciones del mundo. Esto sólo puede suceder en pueblos de gran potencialidad comercial, como entre los lombardos en la Edad media, que dominaron con sus productos todos los mercados y hubieroh monedas de todas partes, al punto de que de su cambio ó trueque hicieron un negocio nuevo.

El Uruguay es una nación que asombra por su riqueza, grandemente revelada en su extraordinario consumo y en su inmensa exportación. Con una población de 964,000 habitantes — digamos un millón — ha alcanzado algunos años su comercio internacional un total valor de 62 millones de pesos oro, representando en el decenio que termina en 1901 un promedio anual de 53 millones. La proporción de 53 pesos por habitante, que esto significa, no ha sido rebasada nás que por la Isla de Cuba, y en 1903 por la \rgentina. El cociente que arroja la cifra de

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36 millones, que logró su exportación en 1899, ó sean 36 pesos oro por habitante, no lo ostentaron Cuba ni la República Argentina en aquellas fechas.

El Uruguay, desde el año 1891, ha saldado constantemente á su favor la balanza del comercio internacional Todos los números y hechos acreditan que es un país acreedor, lo cual implica la libre voluntad de imponer la moneda para los pagos. El comercio del Uruguay, que tiene gran parecido con el comercio de la Isla de Cuba, comprendiendo la superioridad del patrón oro, ha podido* imponer en su circulación el metal amarillo, como en otros tiempos hizo el de la Habana. Esta es la ventaja de las naciones acreeidoras, la de poder elegir la moneda que más les convenga.

El movimiento de importación y exportación de metálico en el Uruguay, acusa perfectamente esta situación privilegiada. Desde 1893 á 1901, la diferencia de valor entre las monedas salidas y las entradas importa más de 20 millones de pesos á favor de éstas. Por efecto de la atracción que ejerce la mejor moneda, se produce una gran exportación de productos del Brasil y de la Ar* gentina al Uruguay, que, con la resistencia que ofrecen aquellos mercados, por la contracción que originan en el consumo los cambios desfavorables, obUga á saldar con metálico la balanza comercial. Esto, unido á la situación privilegiada del Uruguay, favorece el comercio d^

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tránsito, que produce tuenos ingresos á esta República.

Explica la circunstancia de que la Argentina, con un mayor saldo favorable en el comercio de productos, padezca una pérdida en el cambio, el marcado desnivel que existe entre los cobros y los pagos internacionales de aquella República. La Argentina, de momento, sufre las consecuencias de im absentismo financiero : los grandes rendimientos de su agricultura y de su ganadería se consumen fuera del país por los capitalistas que invirtieron sus fortunas en la realización de obras públicas, empresas y ferrocarriles de la Argentina. Este crédito que abrió Exu-opa y especialmente Ingla,terra á la Argentina, dio vigoroso impulso al crecimiento de su riqueza, pero ha sido á costas de la hipoteca de la exportación.

El asombroso desarrollo que las fuentes de la producción adquieren en la Argentina hace prever que no tardará mucho en redimirse. El milagro de la Caja de Conversión, que ha conseguido fijar el cambio, por la cesión que hace el Gobierno de las letras, al tipo fijo de 227*27 o/o, no hubiera podido hacerse sin el aumento de la importación, que ha acrecentado el rendimiento en oro de las Aduanas, y sin el desenvolvimiento de la ganadería y de la agricultura que ha aumentado los productos que hacen oficio de moneda internacional. Si, por cualquier motivo, padeciese la riqueza ó se quebrantase el creciente

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crédito, no podría la Caja de Conversión contener la subida de los cambios, y, quieras que no quieras, tendría que ir á remolque del mercado libre de francos, por la insuficiencia de sus medios para subvenir á las demandas. De igual modo, si continúa ascendiendo la exportación y ganando el crédito de la República, no lograría la Caja de Conversión evitar la baja, porque la afluencia de ot'o precipitaría la oferta de letras, y la Caja agotaría sus existencias de billetes por la exagerada demanda. No tardaremos mucho en ver producirse este fenómeno, viéndose obligada la Caja de Conversión á batirse en retirada. En 31 de diciembre de 1901 tenía la .Caja de Conversión una existencia de 2.843,440 |pesos oro, y en 24 de igual mes de 1903 contenía 38.324,618. Entraron en dicho aflo 9 millones de libras, procedentes de Inglaterra, Norte América y Sud América, y para cambiar el oro se emitieron más de 86 millones de pesos de moneda nacional. A pesar de esto, llegó el caso de tener únicamente mil pesos disponibles en billetes.

A los hacendados, principalmente, les asusta la idea de la baja del cambio, porque consideran que constituye un,a prima á la exportación. No se fijan, sin embargo, en que el encarecimiento de la moneda contrae el consumo, y con ella dificulta la importación del artículo que má conviene á la Argentina: el inmigrante. Las gí nancias del hacendado son á expensas de 1

mano de obra y, por lo tanto, dificultan la inmigración. El día que mejoren los cambios, lo que ello pueda perjudicar á la exportación vendrá compensado sobradamente por el incremento que adquirirá el consumo en el mercado nacional y por el valor que obtendrán los terrenos puestos en explotación y sacados de la incultura por la nueva legión de colonos. No hay que olvidar que el mercado propio es el mejor, y que en el aumento de la población radica el más seguro fomento de la riqueza.

Tienen los argentinos un ejemplo en el Uruguay que, mal grado el cambio á la par y aún á su favor, es una nación exportadora por excelencia. Por otra parte, si bien no ha conseguido el rápido desarrollo en sus carriles, tranvías y o¡bras públicas que ha alcanzado la Argentina, lo cual la hace marchar con lentitud, está masen firme posesión de los frutos de su trabajo. Mientras la Argentina lleva ya construidos 17,000 kilómetros de ferrocarril, el Uruguay ha terminado únicamente 1,800; aquellas obras llevadas á cabo coii capitales extranjeros, ingleses en su mayoría, obligan á pagar todos los años 25 millones ó más de pesos oro á los tenedores de sus títulos (1). Si á esto añadimos los tranvías y algunas empresas industriales y agrícolas, no resultará exagerada la cifra de 200 millones de

{i) El capital empleado en la construcción de ferrocarriles argenti- 05 asciende á 569 millones, y el del Uruguay á 50 millones.

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libras esterlinas invertidos por Inglaterra en la Argentina, que, aj 4 por 100, tan sólo, importan, de intereses á satisfacer, 8 millones de libras esterlinas, qne hay que separar de los beneficios nacionales antes de aplicar el resto á la República.

En el Uruguay, por más que gran parte de los ferrocarriles sean extranjeros, algo existe propio, más que en la República Argentina, cuya Bolsa no cotiza las acciones de sus ferrocarriles, que tienen el exclusivo mercado en Londres. Por esto, con buen sentido, se ha proclamado la idea de no hacer en adelante concesión alguna que tenga por objeto la explotación de la tierra ó de transportes á empresas cuyo domicilio sea en el extranjero. Estas industrias deben ser nacionales y domiciliadas en el país (1).

En el presupuesto de 1902 de la Argentina figuran para las atenciones de la Deuda pública 23.984,123 pesos oro, y aun cuando el servicio para intereses y amortización de la Deuda pública en el Uruguay asciende á 6.095,602 en 1901, lo que supone una proporción piayor en relación al número de habitantes, sin embargo demuestra la potencia financiera de esta República el hecho de que emplea en mejoras públicas parte de sus rentas y además ha podido amortizar en un año 1.703,655 pesos.

(1) Juan S. Jaca, El pasado y presente económico social de la Repica A rerentina. 1890. náir . 41i.

blica Argentina, 1890, pág. 414,

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La constante agitación revolucionaria del Uruguay obscurece, sin embargo, 3u horizonte financiero, en tanto que la República Argentina, asegurada la paz con Chile, que le consiente aliviar sus gastos por armamentos ^ defensa, ofrece halagüeñas perspectivas. En los períodos de revolución se destaca el aumento de la Deuda y la disminución de la riqueza; es por esto que, de no aquietar su espíritu turbulento, veremos pronto al Uruguay caminar hacia el cambio desfavorable, al tiempo que la Argentina se aproxime á la paridad del oro.

Es una verdadera lástima contemplar im país tan rico y dotado por la naturaleza para prosperar, condenado á estériles luchas intestinas por un fatal desequilibrio de la raza. Con mayor motivo se conduele el observador de este contraste, al descubrir la solidez de su riqueza y lo bien asentado de su crédito. En punto á estática, su comercio y su producción parecen llevar ventaja á la República Argentina, mas, en cuanto á dinámica, ésta revela mayor empuje. La ráfaga impetuosa de crédito que le llegó de Europa, fué como un huracán que causó ruinas, pero que puso en movimiento muchas cosas y provocó las lluvias que fecundizan la tierra y precipitan las corrientes.

Se sorprende en el Uruguay cierta paralización y mayor lentitud, como si la solidez retardase el movimiento. La hinchazón del instrumento de cambio en la Argentina parece como

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que acelera su circulación, provocando un cierto desprecio por la moneda que hace al hombre más aventurero en el terreno de los negocios. La posesión del oro diríase que pone tiento en los pasos y clama prudencia, en tanto que el papel, con su ligereza, induce al apresuramiento en busca de algo más positivo.

El su^lo del Uruguay y de la Argentina responden á estas mismas diferencias de su psicología nacional: en la Argentina no hay piedras; el Uruguay le envía todos los años más de 100,000 toneladas de piedra para sus calles y construcciones; en cambio, la Argentina, de suelo sin guijarros, le envía tierras para la industria.

Salto, después de Montevideo, es la población más comercial de la República. Guarda gran parecid;0 con Concordia, por sus calles anchas, sus buenos edificios y su aspecto risueño, pero no ostenta la vida intensa de la ciudad argentina.

En este departamento se hicieron las primeras plantaciones de viña, allá por los años 74 y 75. Los Sres. Francisco Vidiella y Pascual Harriague introdujeron las cepas iniciadoras, cuya variedad no se menciona, habiendo sido consagradas con el nombre de sus introductores. Es el caso que se adaptaron perfectamente al suelo y dieron margen á muchas plantaciones, principalmente en los departamentos de Montevideo, Salto, Canelones, Colonia y Maldonado.

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Desgraciadamente, á partir del año 1890, fueron invadidas las viñas por la filoxera, atajando el acrecentamiento de las plantaciones. Con oportunidad observa el Sr. Aguiar, Jefe de la Sección de Estadística, que, con más previsión, la enfermedad hubiera podido evitarse si 'la formación de viñedos se hubiese realizado con vastagos ó plantas de procedencia americana, aprovechando la experiencia adquirida en Europa con la invasión filoxérica.

Desde aquella fecha se reconstituyen los viñedos, especialmente en las zonas próximas á los centros de gran consumo. «

Actualmente existen 1,029 plantaciones que ocupan una extensión superficial de 4,149 hectáreas, con 226 bodegas, muchas de las cuales no tienen importancia bajo el punto de vista industrial, y resultan deficientes para contener y elaborar la producción vinícola.

Los vinos que se producen son comunes y de escasa graduación, siendo difíciles de conservar. Esto hace que deban mezclarse con nuestros vinos de fuerza, teniendo su principal enemigo en los vinos artificiales, siendo éste el motivo de la ley sancionada el día 14 de julio del pasado año, que establece severa pena contra los autores de vinos adulterados, nocivos á la salud, ó ilaborados en contravención á lo dispuesto en >us prescripciones. Dicha ley, que favorece el "onsumo de vinos naturales, se considera allí [K)r los comerciantes españoles que aprovechará

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lo mismo á los caldos del país que á los de importación, á pesar de la elevación del derecho de entrada.

En Salto, nos recibió el Cónsul de España, Doctor Villegas, á quien conocí en Madrid con ocasión del Congreso Ibero Americano, y fuimos con él, acompañados de varios compatriotas, al Casino Comercial, donde bebimos champaña, con los brindis de rigor.

El Doctor Villegas, en el expresado Congreso, proclamaba, con fundado motivo, que en América de nada sirven los títulos académicos para encontrar sitio en un comercio ó en una industria. Lo que se quiere es, no que se haya estudiado mucho, sino que se sepa vender y trabajar. Generalmente, decía, sucede una cosa notable con los españoles que van á América: el que vende cigarros fué notario ó relojero en España; ninguno conserva el oficio que tenía en la Península; solamente ejercen su profesión los que llevan una carrera, que es muchas veces como un cepo que les priva de movimiento.

Salimos de Salto al día siguiente por la mañana, notando en seguida que el tren no ofrecía las comodidades ni alcanzaba la rapidez de los trenes argentinos. Por de pronto, no es posible ir directamente desde el Salto á Montevideo, debiendo pernoctar en Paso de los Toros.

En cambio , fijándonos en el plan general de ferrocarriles del Uruguay, establecidos por la ley de 27 de agosto de 1884, hubimos de

reconocer que obedecía á un plan perfectamente estudiado, á fin de sacar partido de la ventajosa posición geográfica que ocupa el Uruguay para abreviar las comunicaciones del Pacífico, del Plata y del Brasil con Europa. La línea de Montevideo á Salto, que se prolonga por Santa Rosa hasta el Brasil, será la línea que dará más rápido acceso al Paraguay y al interior de Río Grande; el de la Colonia á Montevideo sigue el trazado más breve para la gran línea continental que debe llenar en lo futuro las comunicaciones rápidas entre el Continente europeo y los Estados de la América Meridional y del Pacífico. Desde Paso de los Toros parte la línea de Rivera que penetra en Río Grande, acercando ricas y aisladas comarcas del Brasil al Uruguay, siendo la avanzada del gran ferrocarril intercontinental que ligará las dos Américas.

El plan ha sido muy bien estudiado; tiende á la expansión comercial y, al propio tiempo, fija trazados susceptibles de ulterior desenvolvimiento. Casi todas las líneas, hoy puramente locales, están en situación para convertirse en líneas internacionales, creadoras de un tránsito sin medida.

Por esto el ánimo se apena cuando advierte la paralización que existe en la construcción de estas obras. La inseguridad de la vida en el campo, y los estragos que sufre la propiedad, á causa de las frecuentes revoluciones, esterili-

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zan todas las iniciativas y alejan los capitales de estas empresas que requieren paz continuada.

El Uruguay no ha conseguido aún, á pesar de su adelanto material, curarse del virus del caudillaje que consumió las energías de toda la América española después de la Independencia. Los que batallaron con tanto encarnizamiento para romper los vínculos con la metrópoli, acostumbrados á la vida libre é inquieta del soldado, aplicaron su actividad defensiva de otros tiempos al dominio del poder. De defensores se convirtieron en enemigos internos, llevando el espíritu indómito del gaucho y el afán de botín á la vida pública.

La falta de una gran corriente de inmigración de colonos que viniese á compensar el ardor aventurero de la raza, ha recrudecido el mal por una selección continuada del natural defecto.

Nueve años de guerra civil, desde febrero del año 43 hasta octubre del 51, atrajeron aventureros de todas las naciones, especialmente de España, que por aquellos tiempos dio paz á sus discordias intestinas, ofreciendo uíi contingente lie hombres que tenían ya por hábito la guerra.

En el Uruguay parece que se han juntado ese afán de lucha que ha caracterizado á los pueblos del litoral español: el espíritu de bando de los catalanes y de los vascos se ha enseñoreado de país, agitado por el recuerdo de héroes san grientos.

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Piensa uno en aquellas Repúblicas italianas de la Edad Media, constantemente perturbadas por luchas intestinas, casi familiares, en que se pugnaba tan sólo por la influencia personal del caudillo y su clientela. Aquí no se batalla por ideas, simplemente por el afán de dominar, no significando nada los nombres con que se disfrazan los combatientes: blancos y colorados. Cuando se deponen las armas y cesan las hostilidades, es gracias á una delimitación de las respectivas influencias, á un reparto del gobierno del país entre los contendientes. El Gobierno toma sus acuerdos con arreglo al pacto oculto que consagró la paz y, obedeciendo á las indicaciones de los blancos cuando dominan los colorados y de los colorados cuando gobiernan los blancos, los Gobernadores de ciertos departamentos obran con entera independencia. Hay en realidad dos gobiernos, uno visible y otro en la sombra, que gobiernan el país cada tino dentro de sus fronteras, como si el ansia federativa surgiese del régimen unitario. Cierta fatalidad ha influido también en esta cronicidad de las luchas y revoluciones del Uruguay. Su maravillosa situación lo ha convertido en tablero de las luchas internacionales: en su suelo pelearon incesantemente los portugueses y los españoles; más tarde, los españoles los ingleses; realizada la Independencia, los rgentinos y los brasileños dirimieron allí sus mtiendas- Toda su moderna historia respira

aires de batalla, y está saturado su suelo del miasma de la fiebre guerrera.

Tengo el pleno convencimiento de que esto pasará, como ha acabadlo en la Argentina, tan castigada en otros tiempos por el . caudillaje.

En primer término, la corriente de inmigración europea, con su anual ejército de agricultores y artesanos, es la llamada á consagrar la paz, propagando los hábitos de trabajo y el anhelo de medios y bienestar. Hasta ahora, el Uruguay no ha dado á la emigración la importancia debida, al extremo que desde 1891, por razones de economía, no ha funcionado la Comisaría General de Inmigración. La base de la nacionalidad es excelente; falta tan sólo renovar un poco la sangre, apaciguando su instinto de revuelta, cruzando el guerrillero con el colono.

El crecimiento de las ciudades, la colonización de los campos y el aumento de la riqueza, abriendo la comunicación del país en todos sentidos y creando la fecunda solidaridad de los intereses, son los encargados de imponer lá paz interna, como una necesidad sentida en toda la República.