Sangre nueva : impresiones de un viaje á la America del Sud · Capítulo real 24 de 35

Capitulo XXIV

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

Capitulo XXIV

De Buepos Aires á Bahía Blanca. — La Pampa central. La sierra de Curramalán. — Impresión de las montañas para un bonaerense. — Coronel Suárez. — Sociedad colonizadora Curramalán. — Primera impresión de Bahía Blanca. — Su estructura hace presagiar su gran crecimiento. — Lo que era hace cincuenta años. Su admirable posición geográfica — La Pampa central y la Patagonia tienen en su puerto la salida.— La línea trasandina desde Bahía Blanca. — Augurios de su grandioso porvenir. — Líneas férreas. — Bancos. Intermediarios de un tránsito abundante. — Ventajas de su latitud. — Bahía Blanca llamada á ser la capital de la provincia de Buenos Aires. —Militares y comerciantes.

GR la noche hemos salido de Buenos Aires para Bahía Blanca. Nos acompaña el Director de Comercio del Ministerio de Agricultura, Federico C. Cibils, con su hijo Raúl.

Al despertar he abierto la ventana y desde mi lecho he podido contemplar de nuevo la llanura sin límites. El cielo plomizo y lluvioso contrastaba con la verde planicie, en la cual brillaban grandes charcos.

Este suelo, dominado ahora por el trabajo de los colonos, fué hace quince años la temible Pampa de las leyendas. La frontera de la civiliza-

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ción estaba en el Azul, que hemos dejado ya atrás.

En 1879, emprendió el Greneral Roca, á la sazón Ministro de la Guerra, bajo la Presidencia de Avellaneda, la campaña destinada á finir el imperio del indio en una extensión de 400,000 kilómetros cuadrados, limítrofes de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza. Los que habían sido por largo siglos dueños de aquella pradera inagotable, fueron arrojados sin piedad de su suelo nativo para dar paso á lois emigrantes de la vieja Europa, descendientes de razas irruptoras que en otras épocas se posesionaron ya de tierras ajenas que hoy no bastan para su sostenimiento.

Hemos visto discurrir vastas extensiones de pasto tierno, en terrenos que han sido removidos ya por el arado, y luego espacios inmensos de yerbas duras, restos de la pradera primitiva, donde las gramíneas salvajes amarillean entre la verdor apagada de la exuberante vegetación indígena. ,

Desfila ante nuestros ojos la estancia de la colonia Krabbe, un irlandés que ha hecho prodigios en las doce leguas que le pertenecen, animando el desierto con un millón de árboles (eucaliptus, pinos, robles y acacias) que han crecido gallardos en la tierra virgen. El campo comienza á colinear; nos acercamos á Coronel Suárez, partido de campaña que cuenta cien mil hectáreas sembradas de trigo.

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A lo lejos se distinguen las sierras de Curr amalan (1), que significa en indio corral de piedra, produciendo en el ánimo la misma grata sensación que «causa la silueta de la costa tras de largos días de contemplar únicamente la líquida superficie.

Raúl Cibils mira fascinado la lejana montaña, que atrae sus miradas con avasallador imperio, muy comprensible sabiendo que hasta ahora no había visto montaña alguna. En Buenos Aires son muchísimos, especialmente los nacidos en la ciudad, que no han podido ver nunca la forma levantada de un monte. Es necesario salvar inmensa distancia para librarse de la tiranía constante de la llanura.

Estamos navegando en un mar de trigo ; cuanto abarcan los ojos en todos sentidos, es un trigal, cuyo término no se vislumbra. Cibils nos habí^ de un vasco y de un gallego, peones y lecheros ayer, que *hoy son ricos estancieros en esta región. Volvieron á España, y, sintiendo allí el deslumbramiento de lo pasado, adquirieron los títulos, blasones y castillo de un noble arruinado, pero acostumbrados á la vida de acción y al ambiente estimulante del país adoptivo, volvieron aquí renunciando á la vanidad del nombre superpuesto para ser lo que siempre fueron, grandes trabajadores que han dado patria nueva á sus hijos, transformando su propia naturaleza.

(1) £1 verdadero nombre indio es Curramalal.

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Coronel Suárez tiene aspecto de población importante, sobresaliendo la Iglesia con sus dos campanarios de cucurucho. Junto á la estación hay varias fondas italianas, españolas y alemanas, adosadas á los almacenes de campaña rebosantes de «máquinas para la agricultura. En la estación vese un ti'en de carga, compuesto de treinta vagones que llenan exclusivamente los instrumentos agrícolas.

A poco de salir de Coronel Suárez atraviesa la línea la antigua estancia de Eduardo Casey, de 100 leguas cuadradas. Compróla al Gobierno de la provincia, y fracasó eíi su vasta empresa colonizadora, cediéndolo todo á la Sociedad Curranialán, que se constituyó con capitales ingleses y argentinos. Actualmente tiene dicha Sociedad entregadas al cultivo 30 leguas cuadradas, á pagar en diez años. Las 70 leguas restantes se destinan á la ganadería, sustentando 300,000 ovejas, 60,Q00 vacas y 20,000 yeguas.

La sierra se va aproximando y la línea penetra en el terreno quebrado. El paisaje cambia de aspecto; las praderas ondulantes ascienden suavemente hacia las montañas que limitan el horizonte con su mancha violácea; los arroyos surcan el terreno en todas direcciones, y un lejano chubasco envuelve las colinas con una gasa líquida, á cuyo través se distingue la depresión obscura de las hondonadas.

Me fijo otra vez en nuestro compañero, que no separa un momento la vista de las cimas eleva-

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das, y noto la penetrante sensación que produce en su espíritu la contemplación de la sierra que viene á alterar súbitamente la imagen fatigosa de la llanura que habían soportado siempre sus ojos. Aquella elevación de la tierra, que revela de un golpe las grandes moles no imaginadas en la plana superficie, parece despertar el deseo de ascender y el ansia de ver cómo se ensancha el horizonte. Por las exclamaciones de entusiasmo y las voces de admiración que deja escapar Raúl, comprendo que su impresión es más honda tal vez que la que experimenta el montañés que contempla por primera vez la inmensidad del mar. Con toda su grandeza el mar resulta prisionero de las orillas, mientras la montaña aparece fuerte y majestuosa dominando la llanura.

La estación de Dufaur, que es la que sigue á la de Coronel Suárez, corresponde todavía á la región de Curramalán. Los terrenos que la circundan fueron' comprados por el millonario Tornqui&'t, y hoy los está vendiendo á los colonos españoles, italianos y franceses á un promedio de 62 pesos la hectárea. Dufaur, que ha dado nombre á la estación, era un francés, hijo de un zapatero de la calle de Rivadavia, que colonizó ,una parte de este territorio, haciéndose muy xioo. Se calcula que en Dufaur hay cincuenta Jeguas sembradas de trigo.

A las dos de la tarde llegamos á Bahía Blanca, habiendo tenido el gusto de saludar en la penúltima .estación (La Vitícola) á los comisionados

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(Je la' Colonia Española, que habían salido á- recibirnos. Presidía la comisión D. Tomás Gutiérrez, nuestro compañero de travesía de Europa á América, cuya mano estrechamos con viveza, como vsi sé tratase de un viejo amigo no visto en mucho tiempo.

Bahía Blanca, con 3Us calles espaciosas, sus grandes plazas y los edificios públicos que tiene en construcción, deja entrever el grandioso porvenir que le aguarda. Ocupa una situación estratégica comercial de primer orden. Los ingleses, que ven venir las cosas de lejos, la han ceñido de líneas férreas.

Ilacc cincuenta afios se componía de unos cuantos ranchos, viéndose á su alrededor estériles arenales. La propiedad no tenía valor por la imposibilidad de ocuparla, puesto que los indios eran los dueños del campo. En el 74, ocurrió todavía una invasión que llegó hasta Juárez, siendo incendiadas las chacras, robados los ganados y asesinados muchos colonos. ^Bn 1881 avanzaron los indios aún hasta la Sierra de la Ventana.

La primera expedición del General Roca (1879) inicia la prosperidad de Bahía Blanca, y la que se verificó después, á las órdenes del General Villegas, que terminó con la prisión de los caciques Uircaleo, Sa^neque, Cayucurá, Namuncurá y Juan Catalán, completó los buenos resultados de la primera. Las tropas penetraron hasta la cordillera, y los indios quedaron reducidos, ce-

— alisando las invasiones, y haciéndose posible la estancia en la Pampa con escaso peligro, quedando tan sólo los desertores del ejército mezclados con algunos indios, convertidos en cuatreros, ejerciendo el bandidaje que sigue á la terminación de todas las campañas militares.

Viendo la pobreza del terreno que ocupa Bahía Blanca, salpicado todavía de marismas, falto de agua potable, se comprende la influencia de la posición geográñca en el porvenir de los pueblos. Pese á la esterilidad de su campo, Bahía Blanca á mediados de este siglo será tma de las primeras ciudades del Sud América, y uno de los más activos puertos comerciales del mundo.

El Sud de la provincia de Buenos Aires, que asombra con su producción susceptible de grandísimo desarrollo; la Pampa Central, que empieza á mostrar su latente fertilidad á medida que los emigrantes la fecundan con su trabajo; la PStagonia, que centuplicará la riqueza ganadera argentina; espacios inmensos, preparados para recibir una gran población, todos tienen su natural salida por el puerto de Bahía Blanca, situado excepcionalmente en el camino de la ruta comercial que enlaza los pueblos sudamericanos del Pacífico con el África Meridional, con Europa y con la costa occidental de la América del Norte.

El ferrocarril del Sud se apercibe para trepar á los Andes, para lo cual hace tiempo que su personal técnico realiza estudios y trabajos prepa-

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ratorios. El ferrocarril hasta el Neuquen es ya un hecho, y quizás no tardaremos en ver esta línea convertida en línea trasandina. La menor distancia que separa arabas costas y la resistencia menor que ofrecen los Andes á esa latitud tal vez sean causa de que se verifique antes la unión ferroviaria chilena argentina por la Pampa y el Neuquen, que por la región de Cuyo. El día en que Concepción y Bahía Blanca estén unidas por los rieles, será llegado tal vez el momento que algunos prevén de proclamar á Bahía Blanca capital de un nuevo Estado Argentino. El tráfico enorme del Pacífico al Atlántico circularía caudaloso por esa vía, en la cual tendrían los chilenos el camino más breve para llegar á su casa desde Europa.

La grandiosidad venidera de Bahía Blanca se adivina en diversos síntomas. Las líneas de vapores más importantes del mundo hacen escala en su puerto, años atrás desierto; cuafro líneas férreas en poco tiempo han venido á afluir á su recinto; los Bancos más importantes de Europa y. América establecen allí sus sucursales; su Mercado Central de frutos, en comunicación con todas las líneas, condensa y pone en circulación los de la agricultura y de la ganadería, al par que aumentan todos los días los galpones de los consignatarios y las barracas de los comerciantes, ayudando á la distribución y transporte de la creciente riqueza que encuentra en Bahía Blanca su natural desagüe. En el

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mercado de frutos Victoria, que pertenece á la Compañía Ferrocarril Bahía Blanca Noroeste, en virtud de una concesión municipal con carácter exclusivo que tiene por término 20 años, se reciben anualmente 15 millones de kilos de lana, y una cantidad equivalente entra en los galpones y barracas. La grandiosa bahía solitaria, en poco tiempo, ha visto surgir en su seno tres puertos, uno militar y dos comerciales, en los que ondean las banderas de las grandes naciones mercantiles del mundo.

Esta pequeña ciudad, sin riqueza propia, que con sus agregados cuenta una población de 15,000 habitantes, " posee en cambio el utillaje y los organismos intermediarios poderosos de una gran metrópoli comercial. Es como un niño que deja ver ya la osamenta y los músculos incipientes del coloso.

Todo allí se dispone rápidamente, con la preparación forzada por la marcha de las cosas, á asegurar el tránsito de una abundosa corriente comercial.

En la actividad de sus moradores, comerciantes por temperamento, que parece que han acudido al lugar por inclinación natural; en la energía y en el empuje que allí se acumula, proveniente del trabajo incesante que desde lejos envía sus productos, mientras el consumo universal transmite á todas horas la expresión de sus apetencias y necesidades; en ese movimiento febril de trenes y vapores que acuden á la ciudad y al

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puerto, late ya la vida enorme, el flujo y reflujo en que se manifiesta el funcionamiento de los grandes centros mercantiles y productores.

En el curso de la civilización se observa que la germinación y el florecimiento de la cultura se han realizado hasta ahora en la zona templada boreal. El hemisferio Siid,' hasta la época moderna apenas figura en la historia del mundo: Australia, la Colonia del Cabo y las Repúblicas del Plata y de Chile parecen las llamadas á ilustrar con sus progresos los anales del hemisferio Austral, que puede decirse, q\xe comienza ahora su existencia universal.

Se ha dicho que la civilización marcha de Este á Oeste, y, en rigor su trayectoria ha seguido en el hemisferio septentrional la dirección de Sudeste á Noroeste, como puede verse trazando una línea desde el antiguo mundo asiático á Grecia, Roma, Alemania, Inglaterra y los Estados Unidos. Hay como un impulso de los trór picos y una atracción del Polo. Decimos esto, porque si en el hemisferio austral se reproduce la misma marcha misteriosa, la Argentina se encuentra entre los paralelos que corresponden á los que podemos llamar prilvilegiados del hemisferio Norte.

El paralelo de Bahía Blanca equivale al de New York en el hemisferio austral ; se diría que con la proximidad del frió se estimula la actividad y se cimenta la reflexión. Por esto me atrevo á vaticinar que el mayor desenvolvimien-

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to de la Argentina será hacia el Sud, que es donde pueden vivir y prosperar mejor los pueblos europeos que llevan la delantera.

Bahía Blanca, por un error lamentable, no ha sido proclamada capital de la provincia de Buenos Aires. La fundación de La Plata para este objeto no tiene explicación, habiendo sido causa de que Bahía Blanca haya retrasado su crecimiento. La Administración provincial centralizada de La Plata, casi siempre desconocedora de las necesidades y problemas que surgen en una gran ciudad que se forma rápidamente, á setecientos kilómetros de distancia, dicta disposines de carácter general para todas sus dependencias, sin cuidarse de la diversidad manifiesta de sü vida, costumbres y negocios. Una ciudad artificial, completamente muerta, es la llamada á regir á la ciudad que brota expontánea, viva por • excelencia.

En la recepción que organizó en obsequio nuestro la Casa Municipal, con el Intendente, Sr. Rufino Rojas; con el Presidente del Consejo Deliberante, Sr. Olaciregui y con las personalidades más distinguidas de Bahía Blanca, discurrimos acerca de estos y otros problemas, habiendo tenido ocasión de apreciar el hondo patriotismo local que inspira aquella ciudad, apenas nacida, y la extraordinaria fe en lo porvenir que alienta en

dos los corazones. Estos dos sentimientos em-

ijan resueltamente á los pueblos hacia ade-

nte.

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En esta recepción de la Intendencia tomaron señaladísima parle los militares. Resulta grandemente simpática esta comunicación íntima entre los militares y los comerciantes, tan poco frecuente en nuestro país, donde el militar mira con cierto desdén al mercachifle^ En las fiestas del comercio, no se nos ocurre á nosotros invitar á los militares.

No en vano aquí la expedición del General Roca, fué una campaña colonizadora, yendo los comerciantes al lado de las tropas para fundar poblaciones en los países conquistados. Junto á las tiendas de los Jefes' se establecían las primeras factorías, y los fortines servían para guardar los almacenes de campaña.

Es evidente que ayuda á este sentido puramente moderno del ejército, el servicio militar obligatorio, que pone á los oficiales en contacto con los comerciantes y agricultores, pudiendo así adquirir el útil convencimiento de que en el trabajo y en el intercambio radica lo porvenir de la República. Viviendo en este ambiente el ejército, comprende con razón que su cometido es sencillamente el de garantir la paz para que la actividad humana se desarrolle fin un campo libre y seguro.