Santander · Capítulo real 15 de 20
CAPÍTULO XX
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 31 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPÍTULO XX
De Santillana á San Vicente de la Barquera. — Recuerdos del Marqués de Santillana y de don Pedro Calderón de la Barca. — Comillas. — San Vicente de la Barquera. — Sus memorias.
GRUZANDO la histórica villa, en cuyos vetustos edificios tantos recuerdos duermen de los tiempos pasados, y en cuyas calles sinuosas, tantas memorias quedan de todo género,— el camino sigue al NO., y á poco se encarama por la pendiente joroba de un monte que sale al paso, como para advertir, sin duda, que nos hallamos en terreno propio de la Montaña, todo accidentes y fatigas; y aunque los ojos y el espíritu permanecen como deslumhrados por la imagen de la famosa Colegiata^ y por el encanto de sus maravillas, — á través de aquella especie de fascinación invencible y melancólica, vuelve á dibujarse en medio del panorama que se desarrolla al correr de la góndola por la carretera, la figura gentil, arrogante y obstinada del Marqués de Santillana, á quien, á pesar de su grandeza y de su gloria, no perdonan por completo los monta-
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ñeses el haber heredado el patrimonio de los señores de la Vega, el haberse alzado con el señorío de la villa que dio título al marquesado, y el haber hecho que aquella porción de la Montaña, extendida hasta la Liébana, quedase vinculada en sus descendientes los Duques del Infantado.
Llevados de injusta prevención inexplicable, — mientras se ufanan y enorgullecen con proclamar que en la Montaña tuvieron su solar Juan de Herrera, Lope de Vega, Quevedó y Calderón de la Barca, parece como que reniegan y aun miran cual extraño é intruso los escritores montañeses al hijo de don Diego Hurtado de Mendoza y de doña Leonor de la Vega, cuando es honor de España y de su siglo, «maestro, caudillo é luz de discretos y Febo en la corte», según le apellidaba Juan de Mena, y se presentaba aun en aquella edad, rodeado de la doble aureola del poder y de la ciencia, que le tenía conquistada «grand fama é claro renombre en muchos regnos fuera de España», conforme proclamaba con otros Hernando del Pulgar en sus Claros Varones (i). Quizás para este desvío realmente incomprensible, haya bastado el testimonio de quien afirma que era nacido en Asturias, donde su familia tenía sus principales señoríos (2); pero si aceptan semejante error, pierden lastimosamente de vista, que aunque no viniera al mundo Iñigo López de Mendoza en territorio de la Montaña, debió «á los desvelos de su virtuosa madre, doña Leonor de la Vega, la conservación de sus Estados y, lo que es de mayor efecto, esmerada educación moral y literaria, en que tenía también alguna parte su abuela, doña Mencía de Cisneros» (3), con lo cual venía á re-
(1) Tít. IV.
(2) TiCKNOR, Uist. de la Lit. Esp., prim. época, cap. XIX. Como es sabido, y ya hemos en capítulos anteriores consignado, el Marqués de Santillana «nació en Carrión de los Condes el 19 de Agosto de i ^98, y los principales señoríos paternos eran los de Guadalajara, Hita, Buitrago y el Real de Manzanares; todos en Castilla; los maternos estaban en los valles de las montañas de Santander, llamados entonces Asturias de Santillana)^. «De aquí,— dice nuestro Sr. Padre,— ha debido sin duda proceder el error de Ticknor».
(3) Amador de los Ríos, Hist. crit. de la Lit. Esp., t. VI, pág. 109.
SLiItar tan montañés por lo menos, como los madrileños Lope, Quevedo y Calderón, cuyos laureles como propios estiman.
Marqués de los Proverbios le llaman los montañeses: «¿era esto en odio y protesta del título que le constituía en señor de ellos y les dolía reconocer?», pregunta con perfecto conocimiento de causa un escritor de esta provincia, afirmando que «nuestros antepasados (es decir, los de los montañeses actuales), habían leído ú oído leer que
»A los libres pertenesge aprehender,
donde se muestra el saber é floresge »,
lo cual, así puntuado, y entendido según el común lenguaje corriente, debió ser una de las causas del odio á que alude, como da motivo al asombro justificado del referido escritor, manifestando éste cuán extraño parece y aun odioso «leer, escrito por mano de uno de los primeros de Castilla... que á los libres pertenece aprender ; á los libres, esto es, á los poderosos, á los exentos de la servidumbre del trabajo por su nacimiento ó por su suerte, doctrina generosa, — dice con manifiesta ironía, — tan poco admitida y menos usada, no ya en siglos obscuros de feudal prepotencia, sino en días de pretenciosa emancipación y claridad del espíritu» (i). Y sin embargo: jamás el Marqués de Sántillana, quien «tenía de continuo en su casa doctores é maestros, con quienes platicaba en las sgiengias» (2), y á cuyo cuidado ponía «la traducción de las obras clásicas de la antigüedad» (3), — dijo lo que por mala inteligencia le ha sido de buena fe atribuido sin duda, expresando íntegra la estrofa XV del capítulo II de sus Proverbios^ que trata precisamente «de Prudencia é Sabiduria » :
(1) Esc AIRANTE, Costas y Montañas, págs. 578-582.
(2) Pulgar, loco cit.
(3) Amador DE LOS Ríos, loco cit.
7.8
« A los libres pertenes^e Aprehender
Dónde se muestra el saber É floresge;
Ciertamente bien meres^e
Preheminengia,
Quien de dottrina é prudencia
Se guarnes^e » (i).
A los libres sí; á los libres del entendimiento, á aquellos que cultivando su espíritu, profesaban las llamadas artes libei^ales, á los que no tenían el ánimo encadenado por la materia, fuere cual fuere su condición, era á quienes correspondía aprehender^ inquirir, averiguar, dónde, en qué sitio, «se muestra el saber é floresge». Doctrina generosa, completada con la segunda parte de la estrofa, que el poderoso magnate hubo de practicar siempre, y que ponía su alma al descubierto, de acuerdo con lo que manifestaba en la Comedíela de Ponga:
« ¡ Benditos aquellos | que con el agada Sustentan su vida | é viven contentos, É de quando en quando | conosgen morada É suffren pasgientes | las lluvias é vientos ! Ca estos non temen | los sus movimientos, Nin saben las cosas | del tiempo passado, Nin de las presentes | se fa^en cuydado, Nin las venideras | dó han nas^imientos » (2).
« ¡ Benditos aquellos | que quando las flores Se muestran al mundo | des^iben las aves, É fuyen las pompas | é vanos honores, É ledos escuchan | sus cantos suaves ! ¡ Benditos aquellos | que en pequeñas naves Siguen los pescados | con pobres traynas! Ca estos non temen | las hdes marinas, Nin fierra sobre ellos ( Fortuna sus llaves» (3).
(1) Amador DE LOS Ríos, Obras del Marqués de Sxntillana (1852), págs. 34
y 35-
(2) Estancia XVI.
(3) Estancia XVIII.
Perdona, lector, si con esta especie de rectificación, á nuestro juicio indispensable, hemos distraído tu atención, y te hemos impedido recrear la vista con la hermosura del panorama; pero á tiempo nos hemos detenido en la disquisición, porque aquí á nuestra izquierda, «solitaria sobre un campizo, blanquea la iglesia de Oreña, y de su ancho umbral parten serpeando á lo largo de la verde mies las sendas que traen hasta los sagrados ámbitos á los feligreses de sus tres apartados barrios, Viallán, Oreña y Arroyo». Pequeño es el santuario puesto bajo la advocación de San Pedro; pero interesante con verdad, como que correspondiendo con el de Viveda, no lejos tampoco de Santillana, al estilo románico, — viene á confirmar cuanto hasta aquí sostenemos, á juzgar por los testimonios monumentales: que íué el siglo XII aquel que dió, quizás con la conquista de Almería, origen al engrandecimiento de la Montaña, logrado á partir del xiii, y llegado á su mayor auge durante el xiv. Suena ya el nombre de este lugar en el Libro Becerro de las Behetrías (1352), según el cual en la Behe de Baoreña, conforme allí se la llama, «da cada peón que fina al su Señor de nucion una vaca é un buey si lo ha», y despierta el recuerdo vivo de aquel don Pedro Calderón de la Barca, gloria del teatro nacional en la XVII/^ centuria, y gloria que será, como lo ha sido siempre, de la patria. Allí, con efecto, «en todas las inmediaciones de dos torres, arruinadas ya, sobre la misma ensenada ó puerto llamado Calderón, en término de Oreña, distrito municipal de Santillana», hállase el «linaje de los Calderones indígena y arraigado desde tiempo inmemorial», según escribe uno de los biógrafos del gran dramático, desechando así la supuesta genealogía de Argote de Molina, y la conseja de que se hizo eco «el viejo Lope García de Salazar, distrayendo las tristezas de su ancianidad», y las de su prisión al propio tiempo (i).
(i) Ríos Y Ríos, Biogra/ia del célebre poeta dramático Don Pedro Calderón de la Barca (Torrelavega, 1883), págs. 24 á 27.— Argote de Molina « empieza la ge-
De allí, tomó origen aquella familia que debía distribuirse por tierra montañesa y palentina; que declaró guerra á los duques del Infantado; que figuró en la casa de los marqueses de Aguilar de Campóo en posición bien modesta, y de la cual, para su gloria por último, hubo de nacer en Madrid el autor inmortal de La Vida es sueño, La Devoción de la Cruz^ El Alcalde de Zalamea^ el Tetrarca de Jerusalem, y tantas otras producciones maravillosas, que son gala, encanto, honor y lustre de la española escena. Bien claro confesaba la humildad de la posición de sus antecesores el mismo poeta, diciendo al Patriarca de las Indias, como recuerdan sus biógrafos, - haber juzgado siempre «que el hacer versos era una gala del alma, ó agilidad del entendimiento, que ni alzaba ni bajaba los sujetos, dejándole á cada uno en el predicamento que le hallaba, sin presumir que pudiera nunca obstar ni deslucir la mediana sangre en que Dios fué servido que naciese, ni los atentos procederes en que siempre he procurado conservarla» (i). Hoy se ufanan con declararse parientes suyos, los Condes de Revillagigedo y de Villanueva de la Barca, los marqueses de Algarra de Grés, de Santa Cruz de Aguirre, y de Reinosa, los señores de Naveda, de Proa-
nealoí^ía de los Calderones en un Infante don Vela, hijo del rey don Ramiro I de Aragón», y Lope García de Salazar «cuenta entre otras muchas, la conseja que da origen al apellido, en un Fortún Ortiz, puesto á calentar de recién-nacido en un calderón, adivine quien pueda para qué». «Y los Reverendos PP. Gándara y Río, partiendo de tan seguras bases, ensartan doce Calderones en línea recta, durante doscientos años, cuando apenas pudiera existir la mitad de generaciones». «Semejantes... cosas,— escribe el docto Sr. Ríos y Ríos, — basta enunciarlas para dispensar de su refutación », añadiendo : « Sólo es de notar que el origen del apellido Calderón, según le cuentan, flaquea por la base; porque un calderón no era caldera grande, como ahora define el Diccionario de la Academia, ni aun caldero de los que se ponían á la lumbre, sino un caldero pequeño, como se deduce de las dimensiones marcadas en la tasa auténtica, que sirve de epígrafe á estas líneas (a), provisto de una anilla en medio del asa para atar una soga, y destinado á sacar agua de los pozos», á manera de pozal ó de acetre, (i) Ríos Y Ríos, Op. cit., pág. $ 2.
[a] « Un calderón de fierro, en que haya cinco palmos al rededor y un palmo de alto, 34 mrs.» — « Y de cuatro palmos y 25 mrs.; y dende arriba á dende ayuso, á vista de los Fieles » ( Ordenanza general de precios para la Merindad de Asturias de Safitillana, hecha en esta villa, Jueves trece de Diciembre de 1442).
ño y de Moarbes, y proclaman corresponder á la familia hasta el mismo sapientísimo agustino, R. P. Mtro. Fr. Enrique Flórez, autor de la España Sagrada (i).
La carretera pasa dos kilómetros de distancia después, por Cabo-Redondo, uno de los tres barrios de Oreña en que vivieron los Calderones, y de allí á poco, bajando al llano, se dirige . al Oeste, y penetra ya en el partido judicial de San Vicente de la Barquera por el Alfoz de Lloredo, cuya capital. Novales, encuentra medio escondida en el fondo del valle, rodeada de verdes montes, con su iglesia de la Asunción solitaria y aislada, y su caserío diseminado y como perdido entre la espesura del follaje, siguiendo por Toñanes, lugar de escaso caserío desperdigado, y abriéndose paso por entre Cigüeña y Cóbreces, poblaciones todas del mismo Ayuntamiento, y notable esta última por los dos colegios de niños de ambos sexos, y por su playa, considerada como de las mejores del litoral cantábrico. Introdúcese luego por el ayuntamiento de Ruiloba, é internándose por Sierra y Liandres, que distan entre sí corto espacio, — descúbrese al fin, desde una eminencia á la derecha, el famoso puerto de Comillas, por medio de cuyas calles culebrea. Hállase emplazada la villa, — que según los papeles de la Casa del santillano Barreda, fué donada por los Reyes Católicos á Juan González de Barreda en señal y testimonio de la satisfacción con que vieron la diligencia empleada por aquel en dar cumplimiento á la orden de expulsión de los judíos que habitaban en la costa cantábrica (2), — en la cresta de un cerro, y tendida sobre el lento declive meridional del mismo, esparce allí su caserío, «arrullada por un lado por el inquieto mar de Cantabria, y prote-
( 1) Ríos Y Ríos, Op. cit., en el Arbol genealógico con que ilustra su trabajo.
(2) Leguina, Op. cit., pág. 215, añadiendo sin embargo por nota : «Esto dicen los papeles de la Casa; pero la executoria contra el lugar de Comillas para que en él no se -pueda hacer carga ni descarga^ dada por los Reyes Católicos á 20 de Enero de 1498, declara que la villa de Comillas se fundó con los habitantes emigrados de San Vicente de la Barquera, á consecuencia del horroroso incendio que sufrió esta villa en 1483.»
gida por los demás por una suave cordillera de pintorescas colinas;» tajado al Norte el cerro, desde aquella altura «domina los muelles del puerto y el arenal, donde descansan encalladas, entre dos mareas, las lanchas pescadoras», siendo en realidad «población verdaderamente deliciosa, no por sus condiciones topográficas solamente», sino porque «apacible y risueña, tiene [hoy] la fisonomía de un trabajador enriquecido y satisfecho.» • No sin razón estiman los comillanos como «los mayores títulos de gloria», el haber dado la villa cuatro Arzobispos, «muchos notabilísimos marinos y varios capitalistas riquísimos;» pero hace cuarenta años, la villa presentaba aspecto bien distinto del que ofi-ece hoy día: «sin una sola vía de verdadera comunicación con el resto del mundo, y á cinco leguas de distancia de la carretera nacional, era punto menos que inaccesible al trato de la moderna civilización.» Aislada en absoluto, para casi todos los comillanos entonces «el mundo era Comillas y su mar», y un proverbio popularísimo decía enfáticamente, como las divisas de los escudos en la Montaña:
«Comillas será Comillas por siempre jamás, amen.»
Por aventura, «un francés encontró en una ocasión un pedrusco de calamina sobre aquellos terrenos; indagó con cuidado, dió con un filón poderoso, formóse una sociedad explotadora...» (i), y «la fiebre minera invadió el territorio», cambiando por completo su fisonomía. En breve tiempo se había transformado la villa: «buscando con mis ojos, — dice Pereda, — la pri mera casa del pueblo, que antes se destacaba sola, como un centinela avanzado de él, tuve que detener la mirada bastante más atrás, en un edificio del moderno estilo industrial, que arrojaba á borbotones por una alta chimenea el humo espeso del
(i) Pereda, El espíritu moderno en. sus Escenas Montañesas^ pág. 346 de la ed. de 1 864 y 4^0 de la de i 89 i.
carbón de piedra.» <Era uno de los hornos de calcinación del mineral de calamina que á la sazón se extraía (y sigue extrayéndose), de las entrañas de los cerros inmediatos», sondeados por los montañeses, ganosos de «ópimas, fáciles é instantáneas riquezas», y «malcontentos con el precio tardo y seguro que» la labor de la tierra «les ofrece», según expresa Juan García.
«Más adelante, — continúa Pereda, — caras barbudas con el sello francés más puro , otras medio ocultas bajo la boina vasca, y otras indígenas, pero todas veladas por el polvillo amarillento de la calamina, pasaban rápidas por delante de las ventanillas del coche, que al cabo penetró en la primera calle de la población.» «Aquí, como en la carretera, mil objetos llamaban mi atención por lo inesperados.» «En el portal en que en otros tiempos se sentaba á tejer sus redes un pescador, alisaba el mango de su azadón un fornido vizcaíno; en el balcón en que antes vi á la familia de un pobre labrador desgranar las panojas de la última cosecha, fumaba en larga pipa un belga, calzado con altas botas de cuero; y en lugar del cobertor tradicional y las madejas de estopa, colgaban de la soga de la solaría las bridas de un caballo y ancho gabán impermeable ; á la puerta de una taberna estropeaba el castellano un tabernero para convencer á un alemán «cerrado», de que lo que le había vendido por gin no era, como parecía, rescoldo; en la plaza, donde paró el carruaje, circulaban entre la boina de los vascos y el gorro verde y colorado de los marineros, la leve pamela de la Fuente Castellana (i), y entre la camiseta de bayeta verde y la blusa azul de los obreros, el brillante gabán de seda sobre el esbelto talle de las hijas del Manzanares y del Sena.» «Hablábase en un grupo el vascuence, en otro el francés, aquí el alemán y allá el inglés ; el pequeño puerto, casi inaccesible antes á las lanchas pescadoras, se había reformado, penetrando ya en él buques de muchas toneladas; y sobre el muelle en que únicamente se
(i) No se olvide que esto fué escrito en 1864.
pesaba el pescado fresco en modesta romana^ crugían las grúas y se revolvían con dificultad carros, básculas y trabajadores.» «Una cómoda carretera facilitaba la subida desde este punto á la población, y desmontes, murallas y demarcaciones, anunciaban nuevos proyectos de considerables reformas» (i).
Bastó, con eíecto, el «pedrusco de calamina» hallado fortuitamente, para que el espíritu moderno, atropellándolo todo, convirtiese la abandonada villa en rica población industriosa ; por eso, hoy, al paso que desde la altura del camino, contemplarás, lector, con placer el panorama que se despliega seductor á tus miradas viendo de un lado «suaves colinas verdes» que «van ascendiendo desde el mar hasta las montañas, subiéndose unas sobre otras, cual si disputaran quién llega primero arriba», y «en toda la extensión del paisaje... casitas rústicas de peregrina forma esparcidas por el suelo;» admirando de otro, el «hermoso espectáculo... de las montañas, inmensa escalera que conduce á los cielos», y en el cual «las más lejanas confunden sus vagas tintas con las nubes», mientras «en las más próximas se ven manchas rojas, semejantes á sangrientas heridas..., hechas por el escalpelo minero que uno y otro día está destrozando la musculatura de aquellos gigantes» (2),~á uno y otro lado del camino, encaramados en dos eminencias, y dibujando sobre el celaje su elegante silueta, — te sorprenderán ciertamente dos fábricas, suntuosas ambas, que proclaman la magnificencia de uno de los hijos más ilustres de Comillas, cuyos humanos restos se extremecerán tantas veces al oir las bendiciones de los comillanos, como es bendita su memoria entre ellos.
Una de aquellas fábricas, la de la izquierda, en lo alto de una cantera, — es la Capilla-panteón de los Marqueses de Comillas, edificio en que el arte moderno ha procurado reproducir al exterior los encajes y las filigranas todas con que se atavía es-
(1) Escenas Montañesas .
(2) D. Benito Pérez Galdós, Gloria, cap. I.
plendoroso el estilo ojival en el siglo xv, bien que sin tomar escrupulosamente por modelo el carácter español de aquel estilo; botareles, arbotantes, pináculos, ventanales, todo ha sido allí reproduci do con manifiesta magnificencia, y en la imafronte , flanqueada por sendas torrecillas, y sobre la o^ran fenestra cen tral que le decora, — álzase á los aires como invocación ó súplica el chapitel, facetado, agudo, recorrido de brotes en su altura, y produciendo hermoso efecto en medio del paisaje que accidentan y embellecen á una y otra parte el mar y las montañas
gigantescas de los renombrados Picos de Europa^ que «atropellándose suben hacia Poniente,» simulando la luz «en las remotas cumbres extrañas cresterías, protuberancias, torres, grietas, excrecencias, lobanillos, hasta que las nubes envuelven en blancos velos la deforme arquitectura,» según la pintoresca frase de Galdós, al describir el panorama de Ficóbriga en una
COMILLAS.— Panteón DE Antonio López
de sus más deliciosas creaciones. La admiración sube de punto, cuando traspuesta la portada del Panteón^ penetra el curioso en aquel lugar sagrado, en el cual, descartando el efecto que produce siempre toda reproducción, por exacta que sea, — se advierte prodigada en arcaturas, en frisos, en bóvedas y capiteles, de igual suerte que en las rasgadas fenestras de la Capilla mayor, la exuberancia del mencionado estilo, recordando en mucha parte el monumento por lo mismo, y en lo que á la referida Capilla hace, el triforio de la Iglesia de Santa Maria en CastroUrdiales, que ya queda examinada.
Á la derecha del camino, y también sobre otra eminencia, distingüese la robusta mole de otro edificio, debido á la munificencia de los Marqueses de Comillas: tal es el Seminario , empezado á levantar por el primer marqués, el insigne don Antonio López y López, «verdadero padre amantísimo de todos sus paisanos,» quien, con las obras por él ejecutadas en la villa, «prestaba al mismo tiempo,» y según sus panegiristas, «un gran servicio á la Nación, y había de dar venturosos y gloriosos días á la Iglesia Católica.» No era aquel «gran centro de instrucción religiosa,» sin embargo, el primero en Comillas erigido con semejantes miras, por el amor de sus hijos: todavía, aunque ya en 187 1 «convertido én cuartel y viviendas particulares, usos harto ajenos á los fines y designios de su origen,» — subsistía «el edificio levantado por el arquitecto don Cosme Antonio de Bustamante en 1804,» y mandado construir y dotado con rentas propias por don Juan Domingo de la Reguera, Arzobispo de Lima y comillano, quien hubo de destinarlo á Seminario Cantábrico. «Obra de buenas proporciones, de gusto clásico, alterado por cierta manera que prevalece en las construcciones civiles del país, blasonado su frente principal con el pastoral escudo del fundador» (i), — no puede en rigor de justicia sufrir la competencia con el nuevo Seminario, del cual fué verdadero iniciador
(i) Escalante, Op. cit., pág. 5 88.
Otro «ilustre montañés, el sabio y modesto jesuíta P. Tomás Gómez,» quien soñaba con tal proyecto «desde los tiempos de su juventud,» viendo hoy aquel sueño «convertido en realidad como premio, sin duda, que Dios le otorga, en gracia de sus muchas virtudes y de su fe inquebrantable,» según dicen los escritores, sus paisanos (i).
Desdeñadas en la construcción de aquella fábrica las tradiciones clásicas, — el arquitecto, cuyo nombre sentimos ignorar, y que no suena para nada, — ha procurado inspirarse en el mismo estilo arquitectónico del Panteón-Capilla • y agrupando no sin arte, los elementos ojivales, ha logrado con efecto, desprenderse de la influencia que pesa por lo general sobre edificios de esta especie, desterrando todo lo sombrío, toda la fi-ialdad que parece como inherente en ellos, haciéndole en cambio agradable, por más que se resienta, como es natural, de la falta de adaptación lógica de aquellos elementos á la satisfacción de las necesidades indispensables y propias de las construcciones modernas. De cualquier modo que sea, es la obra del Seminario digna de muy subida estima, reproduciendo en el aspecto del Claustro el de aquellas edificaciones fantásticas que tantas veces idean los pintores escenógrafos, y que siempre producen deleitable encanto, con sus torres, sus arcadas, sus ventanales, todo ello hablando al espíritu de aquella edad que el transcurso del tiempo nos presenta como dechado de maravillas de todo género, quizás por lo mismo que tan lejana se halla de la actualidad viviente en absoluto. La grandeza, no obstante, que se respira en la fábrica, debida es en mucha parte «al actual Marqués de Comillas, Excmo. Sr. D. Claudio López y Brú, que con desprendimiento no imaginado continuó la obra de su ilustre padre, ensanchándola y engrandeciéndola» (2), hasta adquirir las proporciones con que hoy se muestra.
(1) D. José Díaz de Quijano, El Seminario de Comillas, art. del álbum De Cantabria, pág. 171.
(2) DÍAZ Quijano, ibidem.
No son, á pesar de su mérito é importancia, los únicos estos monumentos que habrán de excitar tu curiosidad, lector, y tu asombro: ahí están, para demostrarlo, el Palacio de D. Antonio López, que encierra, según nos han asegurado, riquísimas colecciones arqueológicas de la Montaña: desde las que remontan el espíritu á las edades primitivas, como sucede con las famosas Cuevas exploradas por Sautuola, hasta las que lo traen á los días en que Santander, bajo el patrocinio de Carlos III, adquiría notabilísimo desarrollo. Allí las monedas familiares y las imperiales; allí, los rastros valiosos que en Aradillos, por ejemplo, dejó la dominación de Roma en la antigua Cantabria, y aun sospéchase, sin que nos sea dado afirmarlo ni negarlo, pues no ha sido para nosotros dado reconocer aquel Museo, — sean algunas de aquellas memorias monumentales, resto de la cultura musulmana en la provincia, afirmación que, mereciendo ser confirmada debidamente, vendría á demostrar que hubo acaso un tiempo, cuya duración es imposible determinar, en el cual los siervos del Islám hicieron permanencia en la independiente región Cántabra, fuera del lugar donde se sospecha que los berberiscos pudieran haberse transformado en la raza exótica de los pasiegas.
Con el Palacio de Antonio López, está el del Marqués de Casa-Riera, llamado La Cotertica por ser este el nombre del lugar de su emplazamiento; está el Hospital fundado por don Tomás Ruiz, y están otros muchos edificios que revelan á primera vista la opulencia de sus dueños, y el engrandecimiento y prosperidad de la villa, no siendo para olvidada la iglesia parroquial, que en 1675 erigió, según la tradición, el gremio de marineros de Comillas, «ofendido de que los linajes de la villa se hubiesen repartido los mejores lugares de la iglesia antigua», apurando aquellos «al efecto su peculio» (1). Mejorada y enri-
zo Al dar estas noticias de la iglesia el Sr. Escalante, hace observar que «para ayudar la construcción con una renta, diputaron dos lanchas, cuya pesca anual se vendía en provecho de la fábrica» (Op. cit., pág. 587, nota).
quecida fué con suntuosidad por D. Juan Domingo de la Reguera, y «recientemente se ha puesto encima de una de sus puertas,— decía en 1871 el Sr. Escalante, — la imagen del patrono San Cristóbal, efigie de mármol más preciosa por la materia que por el arte»; pero, como erigido ya en ocasión en la cual caminaba la arquitectura despeñada y sin rumbo, entre aberraciones y extravíos, hacia la reacción pseudo.-clásica de la pasada centuria, — no ofi-ece el templo grande interés ni artístico ni arqueológico, siendo también Comillas deudora á este mismo insigne hijo suyo de «la traída y servicio de abundantes aguas», obras que, juntamente con la de la fundación del Seminario cantábrico^ patentizan una vez más, y son al propio tiempo testimonio expresivo y fehaciente, del amor inextinguible profesado á la tierruca^ por aquellos que en las Indias enaltecieron con sus virtudes, con su saber, con su laboriosidad y con su trabajo, el nombre de la Montaña.
Corte veraniega fué breve tiempo la villa del malogrado príncipe Alfonso XII, y digna se muestra de tal honra, en mal hora olvidada, pues no es dudoso que si la industria le ofrece porvenir risueño y seguro, guardando como guardan para ella las entrañas de sus montes tesoros inagotables que han de derramar pródigos sobre sus habitantes toda suerte de bienes, — en la actualidad, viviendo de sí propia, gozando, no sin cierta altivez, de los beneficios de la propia industria, bien puede dar albergue en su recinto á la real familia, pagándole en recompensa la visita, con las frescas saludables brisas del Cantábrico, y las embalsamadas, sanas y regeneradoras de sus verdes montañas. En medio de todo, brinda Comillas como principal riqueza, trascendental lección, no para olvidada ciertamente: aislada, como el mayorazgo en la aldea, vivió altiva del cultivo de sus mieses y de los frutos del mar, aventuradamente cosechados; conservó llena de fe sus tradiciones, contenta con el espectáculo sublime, perenne ante sus ojos, del mismo mar, al N., soberbio,
amenazador, terrible en ocasiones, en ocasiones humilde, sose-
gado y tranquilo; de los Picos de Europa al Poniente, levantando sus caprichosas y gigantescas cumbres hasta el cielo; — y envanecida consigo propia, satisfecha con el bien heredado, engreída entonces con su bienestar presente, juróse guardar religiosamente como depósito sagrado, cuanto constituyó el encanto de las generaciones pasadas, exclamando enfática:
Comillas será Comillas por siempre jamás, amén.
Y sin embargo: el descubrimiento del mineral de calamina que escondían sus montes, de él formados, — fué suficiente para que diera al olvido con manifiesta alegría, juramentos, memorias, tradiciones, paz, quietud, todo, en una palabra lo que fué su gloria un tiempo... Cuántas otras villas y aldeas de la: Montaña verían con gusto desaparecer lo que les es característico y ensalza con brillante pincel el ilustre Pereda, si por acaso algún extranjero, ya que no español, descubriera que sus montes también están compuestos de mineral explotable y beneficioso!
Luego de cruzada la población, la carreteta sigue á Ocaso, «entre tiernos chopos y amenos huertos;^, y á poco, volviendo atrás la vista, se disfruta del conjunto que la villa ofrece, «contrastando artísticamente» con las soberbias contrucciones modernas, «caseríos de labranza, frondosos bosques y escuetos peñascos, mieses doradas y espléndidos jardines, graciosas cordilleras y deliciosos valles de perenne verdura (i)». «Del monte de la Corona, encaramado á siniestra mano, baja un arroyo de breve curso y turbulentas aguas, que falto de espacio y tiempo para cansar su furia desde su nacimiento á su muerte, le gasta arremolinándose sobre sí mismo en ruidos vanos y huecas espumas». «Su rapidez excesiva parece haberle apellidado en antigüedad desconocida, — dice el elegante ilustrador de estas Costas y Montañas^ — si no miente al oído la desinencia de su
(i) DÍAZ QuijANO, art. cit. del álbum De Cantabria.
nombre común á otros caudales en situación parecida» . «La Rabia se llama, — añade; — y es pesquería de excelentes ostras, servidas á los glotones madrileños (i)». Cerca de ocho kilómetros después, y empalmando con la carretera de segundo orden de Torrelavega á Oviedo, — el camino pasa por Revilla, aldea perteneciente ya al ayuntamiento de San Vicente de la Barquera, y á poco más de media legua, debe distinguirse la antigua villa marina, que ofrece según los naturales golpe de vista maravilloso, del cual no nos fué posible disfrutar por modo alguno.
Habíanse abierto las cataratas del cielo, y la lluvia en fuertes y espesas rayas grises oblicuas, semejantes á las de un grabado, cerraba con sus estrías como con tupido velo delante de nosotros el horizonte, sin consentirnos distinguir objeto alguno. Perdona pues, lector, porque aun siendo poseedores de la paleta y los pinceles primorosos de Pereda, de Escalante, ó de Galdós, no nos sería posible pintar el cuadro que no vimos y de que no gozamos por consiguiente; pero ya que no podamos brindar con nuestras impresiones propias, ténlo á fortuna, porque uno de los citados escritores nos describirá gallardamente el paisaje, desde «los altos que dominan el ancho estero de San Vicente de la Barquera». «Partido el mar en dos brazos, ciñe un peñasco cuyo arenoso asiento ocupa la población, cuya cima corona la iglesia, y rodearon los muros de su fuerte castillo». «El que entra derecho por las tierras al Mediodía, lleva sobre sus arenas treinta y dos arcos de un puente (2), que la tradición bautizó romano, y trae su fundación de era harto más reciente y más gloriosa para nuestra gente»: como que fué mandado «construir por despacho de los Reyes Católicos fecho en Burgos á 25 de Agosto de 1495 (3)*} y el denominado Puente de Maza, el cual tiene
(1) Escalante, Op. cit. pág. 590.
(2) Hoy tiene veintiocho.
(3) Escalante, Op. cit., pág. 591 y $92. «La disposición angular de su eje (el del puente), evidente á pesar de las diversas restauraciones y enmiendas, nunca usada por los romanos, — observa este escritor, — era frecuente en los siglos medios».
quinientos metros de longitud, y cabalgando atrevido por medio de las aguas, que combaten sus reparados estribos de sólida estructura, marcha impávido en angulosa trayectoria por la ría, fingiendo dividir en dos ramales su ancha agitada superficie, para enlazar con el resto del territorio el deforme y rocoso peñasco, por cuyas protuberancias y vertientes, y al amparo en otro tiempo del desmantelado castillo, hoyen ruinas tristes convertido, se encaramó orgullosa la población marina.
«Al extremo del puente, dominando la ría con sus galerías abiertas al Sur y á Levante», y ya reducido á informes escombros, «un convento franciscano, edificado, como sus hermanos, de limosna, dice Gonzaga, afio de 1468», sale al paso del viajero, denunciando las pasadas grandezas de la villa: de sus miembros despedazados han tomado posesión pacífica el musgo y las trepadoras plantas que los cubren, como pretendiendo ocultarlos bajo la esplendorosa pompa de su verdura exuberante, ó como si llorasen á ellos abrazados la triste suerte á que el destino condenó la fábrica. «La casa de Guevara, que poseía... los inmediatos estados de Treceño, tomó para sí el patronato de este convento», puesto bajo la advocación del seráfico San Francisco; «dotóle de capellanías, labró la capilla mayor é hizo el re tablo y el coro, con un aposento para que se alojasen sus señores, que se llamó la celda de los Guevaras» ^ quienes allí y en Escalante se hicieron enterrar alternativamente. Escasos han sido el desarrollo y la prosperidad de la villa desde los tiempos en que tomó participación en las empresas marítimas de las del Cantábrico, á juzgar por su aspecto y su fisonomía, y por el número de sus edificios, tendidos los unos á lo largo del silencioso puerto, amontonados los otros en el promontorio que la sustenta. No han sido vientos bonancibles los que soplaron seguramente para ella, desde que decayó la importancia naval de sus hermanas, quienes habían antes impuesto leyes en los mares á Inglaterra, — á pesar de su hermosa posición, que no íué desdeñada por los romanos, quienes en aquella ancha y
espaciosa boca por donde la ría penetra majestuosa en el Océano, reconocieron el puerto de Vereasiieca, propio de los orgenomescos.
«En las lejanías de su embocadura, al pie de los merlones de Santa Catalina y del venerado santuario de Nuestra Señora de la Barquera, se ven agitar las bulliciosas ondas que dan voz á la soledad y acento á las ruinas; pero á la ribera llegan calladas y adormidas, cual si ya su fuerza, su ayuda, su flexibilidad y movimiento fuesen inútiles para la muerta navegación y el desaparecido comercio.» «Algún cabotero fondea en la rada que armaba arrogantes escuadrillas balleneras, y que pretende haber sido cuna de los bajeles guiados por Bonifaz á la empresa de Sevilla»; y sin embargo, á partir de este hecho memorable, antes quizá, bajo la protección del vencedor glorioso de las Navas, por el valor, la industria y la tenacidad de sus habitantes, gozó San Vicente de la Barquera preeminencias singulares, como recibió el fuero municipal de San Sebastián, que está en su mayor parte tomado á la letra del de Estella (i), y vió comenzar la labra de su templo, dentro de los muros de su fortaleza. Para ella, como para Santander, Castro-Urdiales y Laredo, dictábase, cual creen algunos en los días de Alfonso el Sabio, el arancel de derecho para las aduanas de las marismas de Castilla (2), y prueba eficaz era de la importancia mercantil que obtuvo, el hecho de que en ella residiera gran número de judíos, cuya memoria conserva todavía; pero por desventura, y cuando quizás se disponía á recoger el fruto de largos años de afanar incesante, en los cuales sus hijos habían intervenido con gloria suya en los principales acontecimientos navales de los siglos xiii y XIV, — voraz incendio destruía en poco tiempo la próspera villa
(1) Muñoz Romero, Refutación del opúsculo: Fueros francos.— Les Communes frangaises en Espagne et en Portugal., pendant le inoyen-áge, pág. 17 donde afirma que dicho fuero municipal «se otorgó á varios pueblos, entre ellos á Asteazu, Fuenterrabía, Guetaria, Hernani, Motrico, Crio, Rentería, San Vicente de la Barquera, Ursibil, Zarauz y Zumaya».
(2) Véase en los Apéndices.
el año de 1483, y obligaba á gran número de sus moradores á emigrar desconsolados y tristes á lugar no lejano, fundando entonces la inmediata y hoy importante población de Comillas (i).
Atentos los conquistadores de Granada á su restauración, dotábanla en 1495, según quedó indicado, del hermoso PuenU
de Mazas, y bien claro aquella obra verdaderamente notable, ponía de manifiesto el interés que la villa les inspiraba, quizás por mediación y á instancias del licenciado Antonio del Corro, natural de San Vicente de la Barquera, cuyo Ayuntamiento conserva, como reliquia, el sello del antiguo Concejo del siglo xiv, y en el cual campea sobre las. ondas una embarcación con cuatro tripulantes y un solo palo; tendida aparece en él la traynera de gruesas mallas, encima de las que quedan cautivos cuatro grandes peces, girando en torno la leyenda, en caracteres monacales de relieve: e S {ígillMm) > rüiTteín * ír^ smt * íricmí ír^ k írarqxura * — Aquí en 15 17, «mozo, extraño á las costumbres españolas , inexperto en nuestra habla , abierto el corazón á todas las grandezas humanas, capaz de poblar y enriquecer la región más desierta y vasta y miserable, con las ilusiones y bríos de su ánimo esforzado», — llegaba el egregio emperador Carlos I. «Había desembarcado en un puerto de Asturias;
SAN VICENTE DE LA BARQUERA.— Sello DEL Concejo en el siglo xiv
(i) Así lo afirmaban los Reyes Católicos en la «Executoria» citada arriba, y de que da noticia el Sr. Leguina, tomándolo de sus Apuntes -para la historia de San Vicente de la Barquera, opúsculo publicado en iSy, y de edición tan corta, que aun á altos precios no ha sido por nosotros dado adquirir un ejemplar de ella, por más que repetidamente lo hemos intentado.
«mas por no poder estar la armada en Villaviciosa, — escribía el historiador Sandoval, — pasó á Santander, y el rey fué por tierra á San Vicente de la Barquera, donde estuvo algunos días (i)», «cabalgando por estas asperezas, entregado todavía á la rapacidad y codicia de Xevres y sus flamencos, ignorante del valor de la tierra que su bridón pisaba y había de ser pródiga en darle la copiosa sangre necesaria para alimentar la fama y el terror de sus arrojadas naves é invencible infantería (2)».
Hoy, tan distinta de lo que fué sin duda, — es uno de los distritos marítimos del departamento del Ferrol, y aduana de segunda clase, habiendo durante el año económico de 1 890 á 1 89 1 , importado mercancías por valor de 3,336 pesetas, y exportado en cambio y principalmente blondas y calamina por valor de 108,353 pesetas. Cercada un tiempo de fuertes muros en lo alto del peñasco, que, como empinada península, á la una y otra parte se mira en sus dos anchurosos esteros, — nació la villa dentro de aquel cinturón de piedra que la oprimía y la resguardaba al par, para extenderse luego por las vertientes meridionales del promontorio, el cual adelanta en dirección de la confluencia tranquila de sus aguas, teniendo aun por avanzada los restos derruidos del castillo, á cuyo pie se dilata la calle principal de la villa, la calle de la Barquera, con edificios levantados sobre porches, reforzados con fuertes estribos y de aspecto pintoresco y rudo, los cuales destacan sus balcones corridos y sus salientes miradores, sobre la mesa rojiza de los murallones de la que fué su fortaleza defensora en otras edades. Por las pendientes vías empedradas, «encarámase el viajero á buscar la iglesia, guía elocuente en los pueblos viejos, abierto libro que de ellos cuenta [á las veces] la edad en su arquitectura, los linajes en sus sepul-
(1) «Algunos historiadores, y el mismo Sandoval en otro lugar de su historia, aseguran que el Emperador hizo esta travesía por el mar».— «Era mediado Septiembre de i$i7; tenía por consiguiente Carlos V diez y siete años» (Nota del Sr. Escalante).
(2) Escalante, Op. cit.
cros, las costumbres en sus ex votos, la piedad en su conservación y aseo, las grandezas en su ornato, los dolores en su aparato fúnebre, en la llama perenne de sus lámparas y cirios»; y luego de subir no sin dificultad hasta la calle denominada de San Vicente, llégase á la apellidada Calle Alta, sobre «el descarnado lomo de la peña», apareciendo frente á la desemboca-
SAN VICENTE DE LA BARQUERA. — Calle principal de la Barquera y restos
DE LA CIUDADELA
dura de la primera, gallardo edificio, digno de que en él detengas, lector, un punto la mirada.
«Es elegante tipo del renacimiento imperial», y «labrado de esa arenisca tostada, rica de tono y fina de grano, tan común en la Montaña, — sobre un cuerpo sin otro adorno que su frontón toscano encima de la puerta» apilastrada, «alza otro calado por tres balcones flanqueados de columnas jónicas estriadas; un recio cornisón remata la fachada, cuyos aristones se tornean y desenvuelven en pilares cilindricos», y estimándose como obra del Licenciado Antonio del Corro, no falta quien sin razón
valedera la conceptúa casa natal del mismo, cuando fué edificada para asilo de pobres y desventurados. A uno y otro lado del balcón central que, cual los laterales y la portada, lleva como coronamiento igual frontón, — destacan sendos blasonados escudos, cuyas armas y divisa habremos de ver en breve más de
SAN VICENTE DE LA BARQUERA.— Casa del inquisidor Corro
cerca, y «desde el arquitrabe habla el fundador al transeúnte en esta inscripción abierta en tres trozos sobre los tres balcones:
= PAVPERIBVS VT SVBVENIAT = HANC EX VETVSTISSIMA REEDIFICAVI DOMVM = PVLCHRAM SED PVLCHRIOREM
QV AERAMVS » =
A la izquierda, y á poco andar, descúbrese el ábside de la iglesia, extraño en su disposición y aparato, y semejando más
fortalecida atalaya guardadora, que miembro de la casa consagrada á la oración piadosa; pero antes de llegar á ella, antes de trasponer la reja que cierra su atrio, — verás, lector, á la izquierda de esta entrada los derruidos restos de un edificio levantado en las postrimerías del siglo xv, si no lo fué en los días primeros del XVI, decorado en la planta baja con un arquillo conopial, y portada de grande arco de saliente periferia, en cuya archivolta destacan reelevadas rosas circulares, mientras en pos de la moldurada imposta que acusa su segundo cuerpo, se abren en él, descentradas, tres ventanas de arco carpanel, molduradas, y una adintelada y rectangular, como resalta el blasón, de que hace ostentación un ángel, y en cuyo campo surge una cruz, teniendo en torno la divisa que hemos de encontrar más tarde:
ANGELVS II PELAIO || ET SVIS || VITORIAM.
Con las apariencias, en la zona superior, de una de aquellas torres fortificadas que flanqueaban pintorescas las construcciones militares de los siglos xiv y xv, pero cuyo aparato belicoso dulcifican y templan sin embargo y en gran manera, así las agujas ornadas de trepado que plantan con singular efecto sobre las tres garitas distribuidas en el frente y en los ángulos de la torre, como las dos sencillas espadañas que forman entre las agujas referidas el campanario, y las cuatro ventanas ojivales que perforan graciosas el frente de la misma construcción, — avanza el ábside de la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Angeles^ en un cuerpo rectangular y desornado, repartido en tres zonas, robustas con exceso las dos inferiores, y compuesta la tercera, según queda insinuado, por la tíorre antes mencionada. Recios y desornados, contrarrestan el empuje de la fábrica con su poderosa mole, sendos estribos colocados á la una y otra parte, con tres retallos, que llegan resolviéndose en agudo y facetado espigón, á exceder de la altura de la segunda zona, mientras en la inferior, y frente á frente de la entrada en el atrio, como única y singular decoración resalta á la altura de un hombre, circular medallón de laurel, que recuerda las influen-
SAN VICENTE DE LA BARQUERA.— Ábside torreado de la Iglesia parroquial DE Nuestra Señora de los Ángeles
cías renacientes en las postrimerías del xv.° siglo, con resaltadas estrellas en sus cuatro segmentos; por bajo de aquel exorno, ábrese ajimezada ornacina de arcos carpaneles, figurada por fibroso leño al cual se enrosca graciosamente reelevada cinta, y cuyo mainel ó parteluz facetado, se muestra profiisamente enriquecido de cardinas menudamente trabajadas; á la izquierda, y por cima de la moldura del basamento, descúbrese empotrada en la construcción una piedra, en la cual destaca de relieve procesional cruz florenzada, cobijada por un arquillo de hojarasca, y pequeño grumo del siglo xv.
Dando vuelta al monumento, que con tan singulares caracteres se presenta, distinguiéndose por ellos de cuantos templos son conocidos en la Montaña, — en pos de varias y diversas apostillas que cumplen su oficio de robustecer y solidificar con su esfijerzo la fábrica, — al fin, en la fachada meridional, y frente á verde y húmeda pradera, sobre el ancho estero que por este lado circuye la península de San Vicente de la Barquera, muéstrase la portada, principal sin duda: breve y ancha escalinata de lustrosas gradas resbaladizas, entre las cuales crece el musgo, dan acceso á aquella, compuesta de hasta seis arcos concéntricos de medio punto, recordando más que en su aspecto en los elementos que la forman, los utilizados en la iglesia de Santa María de Portu de Santoña. Desdichadamente pintada toda ella, no es dable gozar por completo de las entalladuras que enriquecían los volteles, en alguno de los cuales se advierte á pesar de todo la decoración de dientes de sierra, como se distingue aún en la periferia las estrellas y las flores propias del estilo románico; columnas acodilladas de recio fuste, basas características, levantadas sobre saliente zócalo de poca altura, y capiteles historiados, con vichas, aves y figuras humanas, todo borroso bajo la pintura verde que los cubre, — soportan cinco de los seis volteles, dando conocimiento exacto de la época en la cual fué tal miembro de la iglesia construido; pero quizás el incendio de 1483, ó circunstancia desconocida de aquellos
días ú otros muy próximos á ellos, hizo indispensable la reforma de esta portada, añadiéndole entonces el sexto y más interior voltel, y estrechando el hueco de la puerta, que es de arco rebajado, columnillas de juncos coronadas de cardinas, obra del siglo xv, ó quizás de los días del Emperador Carlos I, á juzgar por la cornisa que forma el tímpano, donde manos posteriores, mal aconsejadas, han colocado una cruz de piedra como eje, y á cada lado un blasón: el de España y el de la villa.
En la única enjuta que resulta exenta, destaca humano busto, y en el chaflán del cuerpo saliente de esta portada, ya perdido el fuste, figura todavía el capitel románico, sucediéndose hacia poniente en larga serie robustos contrafuertes y murallones almenados que acreditan lo que revela desde luego la airosa torre del ábside: que debió un tiempo de hacer oficio quizás de fortaleza, y que estuvo defendida convenientemente. — Entre dos estribos avanza la portada de la imafronte, ofreciéndose en mayor estado de integridad que la del Mediodía; y revelando haber sido siempre menor su importancia, es de menor vuelo, y consta sólo de cuatro arcos asimismo concéntricos, con otras tantas columnas de corto fuste, acodilladas, á cada parte. Libre por dicha de pintura, — ostenta al descubierto su decoración, y muestra enriquecidos sus volteles por característicos dientes de sierra, lazos que cogen el baquetón y otros exornos, ya confusos, mientras en el bocel saliente de la periferia se desarrolla gracioso exorno de ondas de resalto, dándole apariencias de guirnalda. Cónicos los capiteles, hállanse compuestos de vichas, y el más interno del ala de la derecha tiene por el frente exterior un león ya gastado, y por la interior un castillo, alusivos sin duda á la época en que hubo de ser labrado este ingreso, y emblemáticos visiblemente de las armas reales, pareciendo ser dos placas sobrepuestas.
Ajedrezada ó jaquelada, pues de ambos modos puede decirse, es la imposta general, que vuelve con otros motivos ornamen-
tales á la altura de los capiteles; y moldurado el tejaroz, sopórtanle siete laboreados canecillos, entre los cuales destacan las tabicas con cálices de flores octofoliadas y de relieve. Otra portada tiene la iglesia de Nuestra Señora de los Angeles en el costado septentrional ; pero apuntada ya y lisa, es obra posterior, quizás de la XV. ^ centuria, conservando los arranques del porche de madera que hubo de resguardarla; á la derecha déla escalinata llena de hierba, que da acceso á esta portada, hay roto un medallón circular y lobulado, á poca altura, y por bajo se advierte una cruz flordelisada en relieve, y fragmentos de ornamentación ojival del siglo xv, en el desagüe de una de las bajadas de la cubierta sin duda, haciéndose ya, en dirección al ábside, más frecuentes los contrafuertes, el último de los cuales remata en una aguja y se mira acaudalado por elegante crestería. Llegado á este punto, lector, no hay duda que habrá de producir efecto singularísimo en tu ánimo el espectáculo que de repente se ofrecerá á tus miradas, pues entredós de los estribos del ábside referido, á la parte del N., empotrados en el muro y colocados en torno de una cruz que ocupaba el centro y de la cual no queda ya sino la huella,— se hallan multitud de calaveras humanas.... ^jQué quiere significar aquello, y á qué causa obedecía tal costumbre hoy tan en desuso evidentemente, que los cráneos van desapareciendo, y algunos ruedan entre la hierba nacida allí con verdadera exuberancia. ^iFué aquél el sitio donde dijo las últimas preces la Iglesia sobre el cuerpo de aquel que iba á reposar para siempre en el seno de la madre tierra?
Si descompuesta y heterogénea en su exterior la iglesia de San Vicente de la Barquera, qué diferente se muestra en verdad al trasponer el dintel de su pintada puerta del Mediodía! Hermosa aunque sombría, espaciosa, de altas bóvedas de nervios, soportados por pilares compuestos de haces de juncos elegantes que, á modo de ramas de palmera se abren para extenderse, y cuyos capiteles de follaje forman como un cíngulo de la flora arquitectónica del siglo XV en torno del pilar, qué majestuosa se
muestra á pesar de las obras allegadas que como siempre adulteran estos monumentos expresivos de la fe religiosa de nuestros antepasados! De tres naves consta; pero grandiosas, solemnes, llenas de majestad, recordando con ellas, hechas las oportunas salvedades, la celebrada catedral hispalense, condenada hoy á inevitable ruina, y no pareciendo sino que los moradores de San Vicente de la Barquera queriendo por medio de esta iglesia dar testimonio perenne de su amor y de su devoción á Nuestra Señora de los Angeles, extremaron en la obra su magnificencia y sus caudales. Albergue dió en sus sepulcrales arcos á los restos quizás de algunos de los que con más ahínco á la empresa contribuyeron: uno de ellos á la cabeza de la nave de la Epístola y al lado de la Capilla del Cristo, es sencillamente moldurado; pero el otro, colocado á los pies del templo é inmediato á la Capilla baptismal, es polilobulado y engalanado se muestra de agujas, agudo frontón y grumo de follajes, revelando las postrimerías ojivales, como las revela el arco cairelado de la nave de la Epístola, y muy principalmente la capilla de San Antonio, en este lado, notable por las memorias que guarda.
De no gran área, y planta irregular, impuesta por las condiciones del terreno, — obra es de la XV. ^ centuria indudablemente; y en ella, prescindiendo de otros detalles, destacan tres arcos sepulcrales ó carneros, dos de los cuales son dignos de verdadera estima. El de la izquierda guarda el sarcófago sobre que descansan en alabastro los bultos yacentes de un caballero y una dama; él vestido de todas armas, apoya la cabeza sobre tres almohadones ó cojines provistos de pequeñas borlas á los extremos; un ángel arrodillado á su cabecera, tiene la mano derecha sobre el último cojín, y la izquierda sobre el busto del caballero, quien aparece con largas melenas y barbado, vistiendo sobre la armadura plegada túnica de manga corta que termina en ondas, ceñida por bajo de la cintura por ancha correa; tiene la mano derecha, cubierta por el guantelete, colocada sobre la manzana de la espada la cual es de puño estriado, gavilanes rec-
tos, y semejante á la de Fernando V, y la mano izquierda reposa por bajo de los gavilanes del arma, rota ya en su tercio inferior, mientras apoya los pies sobre la figura de un perro, emblema de la lealtad, cuya figura carece de cabeza. El bulto de la dama se halla en peor estado, y tocada al estilo de la desventurada esposa de Felipe I, lleva capa de alto cuello, larga, que excede de las rodillas, y cuidadosamente plegada; descotada, adorna su cuello un sartal con un medallón cuadrado, en el que resalta un crucifijo, y ciñe su cintura una correa con adornos de relieve; tiene las manos sobre el seno, la izquierda encima de la derecha, ambas con anillos, y pendiente de ellas largo rosario de gruesos dieces y borlón por remate; á los pies un ángel, roto como lo está el can, da término á la decoración del sarcófago, que es interesante.
Mejor modelada la figura del caballero, no es sin embargo de importancia ; y en ambas se advierte manifiesta exageración, que acusa visiblemente la decadencia de este linaje de monumentos ; el lecho sepulcral descansa sobre moldurada cornisa, á la cual sucede apometada imposta que baja por los costados, excediendo del plano en que el arco se abre, circunstancia que obliga á sospechar si pudo haber sido trasladado á esta capilla y acomodado allí en posteriores tiempos al de su labra; pintado imitando mármoles, destaca en el frente, colorido de negro, un ángel con las alas abiertas, soportando con ambas manos un escudo, que es el mismo de la casa próxima á la iglesia, y de que ya hicimos mérito en anteriores líneas.
El arco sepulcral inmediato es de asemejable hechura ; pintado de negro el fondo, sobre él destaca la figura yacente del licenciado don Antonio del Corro, recostado en el brazo derecho sobre dos almohadones ornados de labores. Cubierto por el puntiagudo bonete, viste traje sacerdotal, y en la mano izquierda tiene abierto un horario, en el cual lee, mientras á sus pies un perro aulla ; es de buena ejecución, bien que algún tanto amanerados los paños y su actitud resulta natural, apacible y
simpática. No va á nuestro cuidar descaminado quien estima italiana la escultura, donde con efecto, resaltan los golpes del naturalismo triunfante, y bien puede mostrarse orgullosa la villa con aquella obra que acredita la suntuosidad y la fama del di-
SAN VICENTE DE LA BARQUERA. — Sarcófago del inquisidor Corro EN LA Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles
funto, como ennoblece la iglesia. Pero si es digna de elogio la figura, no se halla libre de tacha la urna sepulcral, á pesar de su ejecución esmerada : tres circulares medallas decoran el frente, dos de ellas colocadas en los ángulos y una en el centro ; en aquellas destaca desnudo geniecillo, mofletudo y mal dibujado, con ancho lienzo á modo de cartela entre, las manos, donde se lee los tres siguientes versos, en las tres líneas de cada cartela,
empezando por la medalla de la izquierda del espectador : el QVE AQVi ES II TA SEPVLTADO || NO MVRió, y continuando en la medalla opuesta : qve fve partida |' sv mverte || para la vida. En el medallón del centro un ángel, con las alas abiertas hace ostentación de las armas del difunto, cuyo escudo cuartelado (i) tiene en torno, entrecortada por lises y calderas, la divisa del linaje: adelate por mas baler los del corro; y á los lados del medallón central, el epígrafe funerario, que dice en esta disposición :
Lado de la izquierda:
Hic iacet. licenciatvs
ANTONI' del CORRO: VIR PkECLAR' MORIB' ET NOBILITATE . AC
perpetvo memorie DIGN' canonic his
PALENSIS . A C IBIDEM CONTRA HERETICAM PRAVITATEM A CHATO LICIS REGIB' FEKDINANDO
Lado de la derecha :
ET ELISABETH VSQ. AD SVV OBITVM APPOSTOLIC IN QVI SITOR ET H VI V S ALME ECLESIE (s/c) TANQ • NATVRALIS VTIQ . BE FICIATVS QVl OBIIT
vigessima nona DIE mensis ivlii anno
1556 . ETATIS VERO SVE
Descansa la urna sobre moldurado basamento, colocado encima del zócalo, pintado de negro, y casi al pie del arco sepulcral anónimo, — adviértese en el pavimento una lápida de mármol
(i) La misma cruz de Covadonga con la propia divisa que resalta en el blasón del inmediato sarcófago, constituye uno de los cuarteles superiores; en el otro, que es el de la derecha, sobre un paisaje en que destacan dos torres, un paje con un halcón al pie de un árbol, un perro, y la cabeza de una vaca ; en el izquierdo de los inferiores, se dibuja cinco calderas con pendones de una cola, y en el de la derecha, dos calderas con un pendón de dos colas.
blanco con esta indicación únicamente : 1562. Todo parece autorizar el supuesto de que el sarcófago, ennoblecido por las dos estatuas yacentes mencionadas, labrado ya en los días de los Reyes Católicos, guarda las cenizas de los padres del inquisidor, á diligencia y piedad de quien es debido ; mas si esto no resultase probado como es verosímil, parientes suyos debieron ser muy inmediatos del fundador de la Capilla, así por haberles concedido enterramiento en ella, como por figurar en él el blasón que constituye uno de los cuarteles del del Licenciado don Antonio del Corro (i).
Mas esto es de suyo de tan escasa importancia, que no habremos de hacer alto en ello, lector, cuando lo que nos interesa es determinar, con arreglo á lo que ella de por sí proclama, la época en que fué labrada la Iglesia parroquial de Santa Maria de los Angeles; y en este presupuesto, como de propósito hemos procurado fijar, según lo que nos es dado entender, los caracteres varios que resplandecen al exterior en la fábrica, no será para ti difícil á nuestro juicio concluir, que tuvo principio la erección de este monumento durante los días del vencedor de las Navas, en las postrimerías del siglo xii, y los principios del xiii, correspondiendo por tanto á la misma época en que debieron ser comenzadas á construir la mayor parte de las iglesias en las villas marítimas del Cantábrico. Por nuestra parte, nos inclinamos á estimar obra de los primeros años de la XIII. ^ centuria la portada meridional y la de la imafronte, por más que asegure muy docto escritor montañés que dicho «portal trae filiación del XII», lo cual es exacto, en cuanto únicamente se refiere á la tradición artística perpetuada entre los constructores y los entalladores, pero nunca porque fuese fruto característico del estilo románico en el siglo xii, del que es modelo la Colegiata de Santillana. «La iglesia de Santa María de los Ángeles, — dice
(i) El linaje del inquisidor debió de continuar gozando de prestigio en la villa, pues en una piedra inmediata á la capilla baptismal, se lee : piedra 1| mandada 11 PONER POR 11 D. IPÓLITO DE \ SIERRA \ CORRO 1 I 726.
con verdadero acierto otro escritor de la Montaña, — mandaron construir en 1208 (i) el rey de Castilla don Alfonso VIII, y la reina doña Leonor». «No es de su época toda la fábrica, — prosigue;— lo serán sus cabeceras y crugías principales; el resto parece más bien obra del siglo xv cuando decaía el gusto ojival (2)». Y así debió de ser, con efecto, pues aunque nada queda ya del ábside primitivo, las portadas del ala meridional y de la imafronte son obra de los días de Alfonso VIII; pero esta iglesia, con casi todas las de la provincia, «no escapó, á pesar de la gerarquía del lugar, á la necesidad y pobreza de los tiempos; su edificación fué como la de otras muchas, lenta y progresiva (3)», y por eso, mientras hay «ojivas anchas del siglo XIII», y el ábside es «del xiv ó xv», hay también en la nave del Evangelio arcaturas que hacen semblante de autorizar el supuesto de haber sido erigidas ya en el xvi.° (4), época en que fué completado definitivamente el templo.
Qué triste estectáculo ofrece, y qué poética al par, la calle alia, \a. calle principal sin duda de San Vicente de la Barquera, por donde á cada paso asoman las ruinas! Qué terrible debió de ser en sus efectos el incendio de 1483, de que en su mayoría parecen fruto! Allí, dentro del lugar fortificado, é inmediato á la iglesia, levantábase el Bm^rio de los judíos^ convertido hoy en escombros, á que aún dan por tradición los naturales tal apelativo (5); los restos de muros, tostados, en pie, y presentando al descubierto sus entrañas, «comidos de musgo, embozados en hiedras, amenazadores y enhiestos en una parte, derribados en otra, completan la romántica y noble fisonomía del peñón de
(1) Por errata de imprenta aparece la fecha de i 248, visiblemente equivocada, y qu« señala la de la conquista de Sevilla por San Fernando, pues sabido es que Alfonso VIII rigió los destinos de Castilla de 1 1 $ 8 á i 2 1 4, en que fallece.
(2) Escalante (D. Agabio), El espolique artista, en el álbum De Cantabria, página I o I .
(3) Escalante (D. Amos), Costas y Montañas, pág. $94.
(4) En una de las arandelas de la bóveda del coro se lee la fecha: Año i$6i, que es sin duda el de la construcción de aquel miembro de la iglesia.
(5) Leguina, Op. cit., pág. 215, nota.
San Vicente». «Persevera el cimiento de la robusta fortaleza, señalando sli planta, sus recintos, entradas y galerías; y aún se ven escaleras que trepaban al almenaje, ó guiaban á subterráneos, silos ó calabozos: las embovedadas cuadras son viviendas de inofensivos labradores ó marineros (i)», que encuentran en aquellos arruinados testimonios de la pasada grandeza de la villa, acomodo fácil y seguro; pero nada queda ya de lo que un tiempo fué opulenta población, y hoy alcanza, á pesar de su tristeza presente, la capitalidad de su distrito.
Bajando á la villa, y tomando la calle de la Barquera, hállase la Ermita de San Vicente^ en cuya fachada figura un capitel de tradición románica; la pila del agua bendita es un cuenco de piedra, en cuya superficie aparece tallado humano rostro, y en el miserable altar del fondo, que es también el único que adorna la Ermitay entre otras efigies de mala ejecución y de peor gusto, es digna de estimación la de San Francisco, obra de talla de buena época. Á corto trecho de este ruin edificio, arranca el puente que cruza el estero septentrional, y que tiene 200 metros de longitud por cinco de ancho; es de hermosa fábrica, y al extremo, en sendos padrones colocados á la una y otra parte, una lápida en cada una de ellos declara independientemente, comenzando por la derecha:
REYNANDO . CARLOS . IV SE . HIZO . A . COSTA . DEL . ARBIT.'^ - LMPUESTO . SOBRE LOS . PUEBL°^ DE . EL . BASTON . DE . LAREDO.
La de la izquierda dice:
A SOLICITUD DE ESTA . M . N . Y . M . L . VILLA POR EL . ARQUITECTO . BUSTAM.TE AÑO . I 799
(i) Escalante (D. AMÓs),Op. cit. pág. 597.
Camino de Liébana. — Unquera. — El Deva. — Los Picos de Europa. — El balneario y gargantas de la Hermida. — Lebeña. — La iglesia de Santa María. — Su importancia.
ERMOSA debe ser, por cierto, la perspectiva que San Vicente de la Barquera ofrece desde los altos que dominan la población antes de cruzar el largo y tendido puente de La Maza^ cuando los escritores montañeses la ponderan tanto, y no paran mientes y ponen en olvido el magnífico golpe de vista que presenta, — luego de trasponer el puente construido el año de 1 799 por el arquitecto Bustamante bajo los auspicios de
Carlos IV, — al subir la risueña cuesta con que se inaugura la carretera de segundo orden que á las Arriondas é Infiesto, en la provincia ovetense, conduce desde la estación de Tórrelavega. No es sólo el espectáculo, placentero y alegre, con que brindan desde allí los dos tranquilos y espaciosos esteros al rodear amorosos el peñasco de San Vicente, reproduciendo de todos lados sus contornos en el cristal rizado y movedizo ; no es tampoco, y allá á la espalda, en lontananza, el de la línea obscura, sombría é imponente del Cantábrico mar, cuyas aguas turbulentas sostienen en la barra constante y reñida pelea con las de la ancha y abierta ría, y levantan al choque olas amenazantes y amontonadas, las cuales, agitadas y continuas, semejan blanca cinta de bullidora espuma que se destaca vagamente sobre el fondo del horizonte á modo de guarnición de encaje ; no es tampoco el de la serie de colinas que van gradualmente accidentándose y creciendo, cubiertas de verdura, hasta perderse en las débiles tintas del espacio, — sino el pintoresco en alto grado, con que por aquella parte se aparece la antigua villa marítima, alzada á un lado la torreada y graciosa mole de su iglesia de Ntiest7'a Señora de los Angeles en la cima de la peña, cual suprema oración fervorosa dirigida á los cielos ; á otro, los despedazados rojizos murallones de la fortaleza desmantelada, y entre el verde y húmedo y jugoso tapiz que viste las laderas del peñasco, los dormidos y tostados restos del que fué barrio un tiempo de los judíos, muros en pie, por maravilla de la estática, ruinas de fábricas militares y de edificios más humildes, todo coronado de espléndida vegetación parásita, todo envuelto en el follaje exuberante de las plantas trepadoras, como funeral corona conmemorativa, colocada á la cabeza de una tumba !
Quietud, soledad, silencio no turbado sino por el lejano mugir del oleaje : ruinas descompuestas, y deformes residuos de lo que fué morada humana ; grandezas desaparecidas, prodigios esterilizados de perseverancia y de esfuerzo ; memorias borradas; la muerte, en fin, de una población, y sobre ella y acompañán-
dola triunfante, — la naturaleza, que recobra sus fueros, que lo invade todo, que trepa por los altos muros, que roe los cimientos de lo que aún subsiste, ocultándose mañosa entre la guirnalda de verdura con que los ciñe, los acosa, los estrecha, y los dislacera y al postre los arruina desplomándolos, y los desmenuza insaciable, ocultándolos después avara, para que con ellos desaparezcan también sus secretos de otros días! Tal es el cuadro, extremadamente poético, lleno de saudades y de encantos, que contemplarán, lector, tus ojos, al trepar por aquella cuesta penosa que sube el ganado despaciosamente, dando tiempo á que grabes en la memoria los menores accidentes del paisaje, el cual, á manera de visión medrosa ó de ensueño doloroso, va huyendo lentamente, y va poco á poco desvaneciéndose, reemplazado por otro, más accidentado y de carácter distinto, en el que se descubre amplios horizontes, y en el que se ostenta vigorosa y como señora y dueño invencible la naturaleza, ni sometida ni domada por el hombre.
Así, por espacio de cerca de nueve kilómetros, va desenvolviéndose con varios accidentes la carretera por aquel quebrado terreno ; ora descendiendo pendientes las laderas de las colinas, ora trepando por ellas sin descanso, rodeando estrechos valles, penetrando por angostas cañadas, girando á la una y á la otra parte, hasta Pesués ; y no de otro modo llega á Unquera, donde, sin preparación casi, presenta de golpe deslumbrador panorama, hermoso, á la manera que lo son todos los de esta región montañosa de la Cantabria, en la cual, cada uno de ellos parece superior en belleza al que ha desaparecido, y bien que ofrezcan todos también las analogías íntimas que constituyen su carácter distintivo, diferentes entre sí en fisonomía y en circunstancias, sin embargo. Anchuroso, profundo, como brazo de mar aprisionado; tranquilo, sosegado, imponente por lo mismo, y semejante á límpido inmenso cristal risueño, en que se mira ufano y con deleite el engalanado paisaje, — el Deva, orgulloso de sí propio, se extiende y se dilata al uno y otro lado,
y se recrea en copiar sobre su superficie reposada la inmensa bóveda de los cielos, el puente que le cruza, los edificios levantados en sus orillas, las ondulaciones y protuberancias de los montes que le trazan el camino y le acompañan como amigos leales, la vegetación poderosa y fresca allí crecida, hasta los menores y más insignificantes detalles del cuadro en el que aparece como protagonista, ostentando sus aguas silenciosas; bordando sus márgenes de verde y lozana hierba ; levantando sobre sus espaldas cristalinas el negro y chato casco de algunas embarcaciones menores ; jugueteando acompasada y lentamente con ellas y las lanchas que le surcan ; deteniéndose, en fin, allí para descansar perezoso al sol, y desquitarse soñoliento de las fatigas pasadas, con el propósito de llegar repuesto, acaudalado y poderoso á celebrar después sus bodas con el mar, que le espera impaciente y conmovido.
No porque se trate de un río que se encamina ya á su desembocadura en Tinamayor, creas, lector, por modo alguno, que el espectáculo es vulgar, y semejante en consecuencia á cuantos hasta aquí has contemplado con nosotros en esta tierra, fecunda en panoramas: de tal suerte, dentro de su unidad típica, son los de la Montaña varios, que ni el de la ría de Santander, ni el de la de Colindres, ni el de la de Oriñón, ni el de la Requejada, con ser tan bellos y tan accidentados y deliciosos, tienen parecido con éste que en Unquera presencias y no habrán de hartarse de admirar tus ojos; pero para cuya descripción sería preciso disponer juntamente, de la galana pluma de Pereda y de la de Escalante, y de los pinceles y colores de Casimiro Sainz y de Polanco. Renuncia pues á la esperanza de que intentemos siquiera tal pintura, pues sobre carecer de arte para ello, no acertaríamos ni con sus líneas, ni con sus tonos, ni con su vida, ni con su ambiente natural y propio, en fin; y bajo el peso doloroso de la impotencia, que confesamos, — luego de haber cruzado el puente que pone en comunicación ambas orillas y da paso á la carretera para Oviedo, de haber cambiado de coche, y de volver
á cruzar el puente segunda vez, — continuemos el viaje por la derecha del río y contra su corriente, para gozar con nuevos paisajes, no por pueril vana jactancia montañesa, sino á juicio de personas conocedoras y entendidas, superiores en mucho á los tan ponderados de Suiza, paisajes que habrán de producir en tu ánimo efecto maravilloso y sorprendente, é impresión tan profunda, como para que jamás se borren de tu memoria.
La carretera, que es la de tercer orden de Falencia á Tinamayor, á través de la Liébana, — marcha siguiendo siempre en sus giros y contorsiones caprichosos el cauce del Deva, y así, en oscilaciones y movimientos varios, se desenvuelve por los límites de la provincia, penetrando en ocasiones por el territorio jurisdiccional de la de Oviedo. Alegre y pintoresco, flanqueado á trechos por montañas de poca altura, descubriendo á las veces tendidas vegas de lozanas mieses, huertos y verdes prados, que se dilatan y trepan á modo de tapiz por las eminencias, y aldeas y caseríos desparramados en las laderas y en las cumbres, — el paisaje es bello y seductor hasta Panes, pequeño pueblo de las Asturias de Oviedo; pero allí, de pronto, y sin transición sensible, cambia de aspecto para presentarse verdaderamente majestuoso, como si desde tal paraje hubiera querido la naturaleza alardear de sus fuerzas prodigiosas, y anonadar al hombre bajo lo sublime de su grandeza incomparable. Moles inmensas, deformes, gigantescas, de dura roca, pelada y blanquecina, tallada en mil diferentes maneras por la mano del tiempo, de las aguas, de los agentes atmosféricos, trabajadores incansables los tres de no soñadas maravillas, — surgen repentinamente á ambos lados del río, encajonándole, oprimiéndole, incitando su furia, y cual dispuestos á detenerle en su carrera.
Mientras amontonadas las unas sobre las otras en varios cuerpos y proyecciones distintas, encadenadas entre sí sólidamente y sin solución de continuidad, semejando ser una sola masa, — levantan bizarras sus crestas caprichosas, envolviéndolas como en un velo en los girones de las blancas nubes que
desgarran, — extienden sus brazos por debajo del río á modo de tentáculos, se estrechan con ellos, hacen saltar las aguas turbulentas del Deva, le agitan, le conmueven, desconciertan su lecho, casi le borran y le ciegan obstruyéndole; pero el río no se detiene por eso: lucha con las rocas, las arrastra, las vence, las domina, salta por cima de ellas cuando no puede arrojarlas lejos de sí, se filtra por entre los resquicios, se lanza desde la elevación con que procuran contener sus ímpetus, y deshaciéndose en espumas, lanza bramidos espantables de cólera, que reproducen en sus concavidades las mismas montañas, y prosigue su camino, procurando burlar á sus opresoras y enemigas, que son al propio tiempo tributarias suyas, pues le alimentan con las aguas que vierten las empinadas cumbres. Unida al movido cauce del Deva, siguiéndole pertinaz en sus oscilaciones y vaivenes, pasando por medio de sólidos puentes de una á otra de las márgenes del río, si así puede decirse en rigor de justicia pues no las tiene, — la carretera, sin subidas ni bajadas perceptibles, es allí verdaderamente, por más que el símil sea vulgar y esté manoseado, semejante á disforme culebra, que parece dormir al arrullo sonoroso del Deva, y á lo largo de las rocas enormes que le comprimen sobre su lecho de peñascos.
Abierta á fijerza de barrenos, discurre por tales angosturas impertérrita; perpendiculares y como tajadas, encima de ella y del río se alzan las gigantescas masas de piedra, inconmensurables, continuas, escalando la altura, entenebreciendo sombríamente el camino, solitario é imponente, y sorprendiendo por su elevación y por su aspecto. A veces, las puntas de las rocas dibujan sobre el celaje caprichos incomprensibles, pero bellos: ora son altas cuadradas ó panzudas torres desmochadas, á modo de fortalezas erigidas en edad remota, y derruidas en parte por los siglos; ora esbeltas agujas ojivales, ornadas de trepados, sin orden ni concierto; ora simulan chapiteles agudos, monstruosas puntas de flecha, propias de las soñadas generaciones de titanes; ya espaciándose algún tanto, mesetas que parecen manteles, al
lado de edificios imposibles y fantásticos; ya son perfectos arcos de medio punto, que perforan con negras tintas y á respetable altura la rocosa montaña, y ofrecen la apariencia de misteriosa poterna, por donde silenciosa vena de agua que fluye incesante de las recónditas entrañas del peñasco, se desliza reposada de quiebra en quiebra, de saliente en saliente, fecundando á su paso la tierra vegetal depositada allí por los turbiones y los vendavales, y prendiendo húmedo tapiz de musgo de las protuberancias y facetas de la piedra. Ni falta tampoco en aquel sublime concierto de masas y de fuerzas, promontorio que se asemeje á grandiosa catedral, con sus dos prominentes chapiteles á los lados, su ábside, sus impostas, sus cresterías, sus botareles y arbotantes, y todos los miembros y detalles que la imaginación cree ver, si no ve de cierto, en las escarificaciones de la roca; pero todo ya con la pátina de la vejez, todo desgastado, acusando mortal abandono, en medio de aquella soledad espantable turbada únicamente por el graznido del águila que cruza por la garganta agitando sus negras alas en el espacio, y los bramidos con que el Deva proclama su triunfo violento sobre el hacinamiento de rocas que le impide el camino.
Puede con verdad la fantasía fingir cuantas maravillas quiera, cuantos sueños y quimeras pretenda: que por sobrenaturales y por absurdos que sean, á las veces, — no por ello podrán nunca llegar á reproducir todo lo que fingen á la media luz que se filtra por la hendidura labrada entre los montes por el río, aquellas inconmovibles masas de piedra allí enhiestas y perennes desde la creación del mundo, familiares para las fieras, y familiares también en momentos solemnes para los montañeses: testigo han sido de las aflicciones de Cantabria, y de sus triunfos á la par, y cuántas veces, desde la edad primitiva y anterior á las Cuevas de Altamira y de Revilla en Camargo, cuántas veces el eco allí dormido, ha reproducido al despertar sobresaltado los gritos estentóreos de combate de los cántabros contra las legiones de Augusto, de los cóncanos contra los suevos y los ala-
nos; de los cristianos contra los muslimes, de los partidarios de Garci Fernández Manrique contra los de doña Leonor de la Vega y don Iñigo López de Mendoza, el primer marqués de Santillana, y por venir á tiempos más cercanos, de los españoles, sin distinción de apelativo, contra los batallones de Napoleón el Grande en la magnífica epopeya de la Independencia!
Ya habrás comprendido, lector, que nos hallamos en medio de la poderosa cordillera denominada Picos ó Peñas de Europa^ en el distrito de la Liébana; aquellas alturas encumbradas que columbra la vista desde Comillas, y forman el fondo del paisaje, y que aun ponderadas una y otra vez, como lo han sido, exceden á su fama, — constituyen «entre las cuatro provincias limítrofes de León, Falencia, Oviedo y Santander, como un núcleo de su formación geológica, como robusto hito central del que parten y se derivan sus cuencas, valles y cordilleras..., cuyo perímetro mide muchas leguas, cuyos laberintos y senos nadie conoce [á pesar de todo], cuyas cimas culminantes suben casi hasta diez mil pies sobre el mar, á corta distancia de sus riberas.» No sin razón el espíritu ponderativo de los escritores montañeses la reputa «visión sublime del país cántabro, que comparte con el mar aquella grandeza de sus horizontes», declarando al propio tiempo «que abruma el ánimo pero ensancha el corazón, que seca las frases en la garganta, entumece y ataja la más suelta y galana pluma, y á par causa dentro del pecho... intenso sentimiento partícipe del placer y del agradecimiento. » «Visión augusta que se deja admirar, mas no se deja definir; que toma tanto del alma y le da al alma tanto, que no la deja libertad para entrar en sí, dominarse y encerrarla artificiosamente en el limitado campo del concepto y de la idea» (i).
«Desde los más lejanos valles de aquellas provincias» mencionadas y limítrofes, «como desde los páramos de Campóo, se descubre el coloso, magnífico siempre, ya fulgurando á Medio-
(i) Escalante, Op. cit., págs. 628 y 629.
día con el vivo centelleo de sus nieves eternas, ya recortando sobre los rojos celajes del Ocaso el contorno fantástico de sus excelsas cumbres», cuando no envuelto á la mañana en azulada niebla que oculta sus movimientos, ó velado sombríamente por las nubes que le desvanecen. Conforme la carretera avanza por aquella profunda cortadura que invade tumultuoso el Deva, — el paisaje va adquiriendo gradualmente fisonomía más determinada y agreste, bien que no menos adusta, y comienzan las gigantes moles á presentarse «embellecidas por multitud de corpulentos árboles de varias clases, que salen de entre las grietas de las peñas, donde parece imposible que las raíces hallen ningún jugo térreo, y donde, sin embargo, extienden sus fuertes y verdes ramas el laurel y el tilo, la encina y el enebro, el castaño y el nogal, el abedul y el avellano, el haya y el roble, á la vez que el terebinto y la madreselva, el álamo y la alisa y otras innumerables especies de árboles y arbustos, que parecen haberse reunido allí en espléndido conjunto para engalanar las ricas maravillas de aquellas rocas metalúrgicas.»
«A trechos, — dice el escritor lebaniego que describe el panorama, y de quien son las palabras anteriores, — entre las puntas de las rocas, se ven pequeñas mesetas cubiertas de verdura, y en las cuales pacen atrevidas cabras, asustadizos rebezos y vigilantes corzos, que saltan de una á otra peña, de uno á otro arbusto, por espantosos precipicios y por riscos puntiagudos, con increíble agilidad ; parándose á veces á escuchar atentos el ruido que producen las poderosas y anchas alas del águila, al pasar desde una cumbre á otra, llevando acaso á sus hijuelos el recental, que en la meseta más alta robó al descuidado pastor. » «Tal vez esas mismas cabras, esos mismos rebezos, esos mismos corzos, saltando de un punto á otro, mueven alguna piedra, que, precipitándose veloz, impulsa otras mayores; y éstas, chocando con otras, las desprenden de su asiento y las arrojan con fragor terrible y dando saltos espantosos hasta lo profundo del abismo, en que están la carretera y el río, donde quedan para
terror del viajero, que á su paso cree que van á desprenderse otros peñascos y aplastarle».
«Lo inminente del peligro — continúa, — no impide, sin embargo, que las gentes del país caminen por allí tranquilas, lo mismo durante el día que de noche; y aunque los desprendimientos de peñascos son frecuentes, bien por la causa antes dicha, bien por el deshielo en los días de invierno, bien por efectos del rayo, que en días de tempestad allí cae, retumbando el trueno de una manera indescriptible, y hendiendo el ígneo meteoro los peñascos, de los cuales hace rodar enormes trozos hasta el río, no recuerdo — expresa, — desde que llegué al uso de la razón, y ya soy viejo, haber oído hablar de desgracias personales ocasionadas por las terribles avalanchas» (i). «De pronto, á la orilla de la carretera, suele aparecer una pequeña cascada producida por el agua de alguna fuente, que mana allá en lo alto; y en otros puntos las espumas de bulliciosos torrentes aparecen y se ocultan entre las puntas de las peñas y el ramaje de los árboles, que cubren sus márgenes desde la altísima cumbre hasta lo más hondo, en que mezclan sus aguas agitadas y risueñas á los sonoros raudales del río...» «A la margen de varios de esos torrentes hay caminos practicados en la peña, con grandes y angostísimas pendientes, por los cuales no es raro ver subir una que otra carreta tirada por bueyes, y que luego baja, exponiéndose á los mayores peligros, cargada con leña ó con madera labrada para diferentes construcciones, y aun con las cristalizadas calamina y blenda, que se extraen de las abundantes minas de los Picos-».
(i) «Esto hace que los naturales no teman dejar solos por aquellos sitios niños de muy corta edad, á quienes nada, ni nadie, molesta en lo más mínimo, y los cuales trepan por las pendientes escabrosas con la mayor sencillez y sin que les ocurra ni la más leve idea del peligro». «Recuerdo, sí, de algún desdichado leñador, que, al empujar hacia el abismo los gruesos troncos, que cortó en la escabrosa altura, cayó de precipicio en precipicio, macerándose horriblemente y deshaciéndose en mil trozos, como sucedió á un infeliz vecino de Lebeña en el año 187=;, si no estoy equivocado» (Llórente Fernández, Recuerdos de Liébana, pág. 21).
«Á Otra parte, — prosigue, — se descubren desde abajo, abiertas en la peña por la acción del tiempo y de las revoluciones geológicas, las bocas de grandes cuevas, en que sestean las cabras y vacas, guiadas á tales sitios por algún niño ó alguna joven aldeana, que ejercen su oficio de pastores sin temer el caminar con almadreñas, apoyándose en las puntas de las rocas, sobre medrosos abismos, que infundirían pavor en el corazón de cualquiera no criado en el país». «Sobre varias cumbres vense arcos de piedra naturales, en cuyos huecos crecen árboles de mucha altura, aunque desde la carretera parecen aquellos arcos de igual extensión á la que de ordinario tiene la puerta de una casa». «Muchas veces las ondulaciones caprichosas de las peñas presentan á la vista del viajero como una inmensa muralla, en que terminan la carretera y el río; y se camina un poco más, y una nueva perspectiva nos asombra, oponiendo á nuestro viaje nuevos ficticios obstáculos, nuevas bellezas que admirar, nuevas grandiosidades de que recibir inspiración potente y pensamientos elevados» (i).
Torrentes como el Bugo^ que se despeña con grande estrépito sobre el Deva, y se incorpora á él bramador, bajando á nuestra derecha desde las enriscadas alturas, — acrecientan de vez en cuando el cántico resonante y pavoroso en ocasiones de aquel histórico río; y á su lado, en la peña, sonríen regocijadas algunas casitas y se distingue á través de las rocas el inconcebible camino abierto allí para la explotación minera por la sociedad titulada La Providencia, y que desde la profijndidad sombría por donde se desenvuelve y corre la carretera, sube trabajosamente á la cima, y en proyecciones tales, que se hace punto menos que imposible comprender cómo les es á los carros del país hacedero transitar por aquellos vericuetos, no ya
(i) Llórente Fernández, Op. cit., págs. 20 á*2 2. — Hemos preferido casi reproducir íntegra la descripción hecha por el Sr. Llórente, que es el escritor lebaniego á quien aludimos, por conservar algo del sabor y del color del paisaje.
al ascender precisamente á los sitios culminantes de la explotación, sino al verificar el descenso, lento, penoso, expuesto siempre, sin rodar despeñados al abismo que á cada paso les amenaza y les atrae. No lejos de estos lugares, y encaramado pintorescamente en la cúspide de la montaña, se encuentra el pueblo de Tresviso, con ayuntamiento propio, y «célebre en la comarca y fuera de ella por el tónico y nutritivo queso picóUy que se adereza en sus majadas; pues aunque parece increíble, — dice el escritor antes aludido, — hay en lo alto de estas peñas grandes praderas ó puertos^ cuya fresca y abundante hierba mantiene gran número de vacas y cabras, riqueza casi única de estos aldeanos, que con la sustanciosa leche y la manteca fresca y el queso, se alimentan y se proveen de las cosas necesarias á la vida, y que no se producen en sus pueblos» (i).
Memoria guardan estos sitios de la primer visita que en Septiembre de 1881 les hizo el malogrado rey don Alfonso XII acompañado de S. A. R. la Infanta doña Isabel, y aún recuerdan con cariñoso entusiasmo al joven monarca, lleno de vida y de ilusiones, cuyos restos duermen hoy al lado de los de sus predecesores en el trono, bajo las marmóreas bóvedas del Panteón escurialense, y que animoso y resuelto, trepaba entonces á caballo por el Alto de ¿a Vega^ saludado por las baterías de las minas La Enclavada, Banco sin nombre ^ Grandiosa y Pico Grajal, Inagotable y Abundantísima, Magnífico espectáculo se presentaba á las miradas del regio viajero, en toda aquella extensión montañosa constituida por la caliza metalífera que, demás del zinc, ofrece á la explotación plomo, manganeso, cobre, cobalto, níquel, antimonio, cinabrio, mercurio nativo, y hasta el nuevo metal, el gallium, descubierto pocos años há por Boisbaudran; pues aparte del pequeño lago de Andará, encerrado entre las rocas á dos mil metros de altura sobre el nivel del mar, y donde con manifiesto error supone alguien que «suele
(i) Llórente Fernández, Op. cit., pág. 2$.
bañarse» el «turista culto», cuando la frialdad de las aguas lo imposibilita y lo impide, — colocado el espectador en alguno de los puntos más elevados, lo mismo en la hora del crepúsculo matinal que en la del vespertino, descubre «toda la parte de tierra baja como cubierta de un mar de algodón cardado y blanquísimo (las nieblas), que va hasta los límites del verdadero Océano, sobresaliendo por encima de aquel algunos picos que imitan perfectamente islotes en el mar de niebla que, á juzgar por su quietud, se diría estaba en reposo absoluto» (i).
Otro camino, de contextura y forma semejante al abierto por entre las peñas por la sociedad minera La Providencia^ baja desde el pueblo de Bejes hasta la Hermida, aldea de escasa importancia, sombría, y colocada á la izquierda del impetuoso Deva, ya á más de 24 kilómetros de Unquera. Allí se detiene el carruaje breves momentos para cambiar el tiro, y es tal su situación que, rodeada por altísimas montañas, « desde el 26 de Octubre al 28 de Marzo no penetra el sol » en la profundidad por donde al amparo de las rocas dilata su caserío, contentándose «los vecinos con ver que allá las puntas más altas de las peñas están bañadas por el astro del día», cuando el celaje lo permite, que no suele ser con grande frecuencia. A corta distancia, y en la margen derecha del río, formando parte del distrito municipal de Peñarrubia con Las Caldas, Naveo, Linares, La Roza, Piñeres y Cicera, se halla el celebrado establecimiento termal de la Hermida, cuyas aguas clorurado-sódicas, sólo inferiores en termalidad á las de Caldas de Montbuy entre todas las de España, proceden de cuatro pozos principales, « dos de ellos conocidos de antiguo, y situados uno en la orilla izquierda y otro en la derecha del Deva » , con temperatura de 61° centígrado en tres y de 50° en el restante. Recién extraídas del ma-
(i) Olavarría, Un 'poco de minería montañesa, en el álbum De Cantabria, página I I o.
nantial, tienen dggS de peso específico, y «tomando para la análisis 26 libras de estas aguas, se ve que contienen :
83 5 granos de cloruro sódico ;
12' 5 — de sulfato cálcico ;
10 — de sulfato magnésico ;
4 0 — de carbonato cálcico ;
i'o — de ácido silícico, y
5 'o — de materia orgánica» (i).
Del año 1881 data el establecimiento balneario, que aparece sumergido en lóbregas tinieblas á la orilla derecha del río, separado por tanto de la carretera de Falencia que marcha por la contraria en aquel punto, bien que unido á ella por medio de un puente de madera; uniforme en su aspecto, con sus tres pisos, sus hileras de ventanas, y sus cuerpos aislados é independientes, aún no ha logrado el favor del público, según lo merecen la bondad y excelencia de sus aguas, y según lo piden las condiciones majestuosas del terreno, pues allí es donde, estrechándose y aproximándose unas á otras las enormes peñas, parecen con las angosturas que forman, impedir el paso del Deva, el cual, sin detenerse á cobrar alientos, penetra tumultuoso por las denominadas gargantas de la Hermida^ y lo arrolla y atropella todo, venciendo con violencia espantable la oposición de las rocas, cuyos cimientos golpea furioso, deshaciendo su cólera en cascadas bullidoras. Espectáculo sublime, de imponente grandiosidad, acrecentada por las enormes moles de montañas hacinadas que cierran de todos lados el horizonte, la obscuridad que en aquella hondonada reina y hace más sombría aún el matiz
( I ) «De otras análisis resulta que cada i oo partes de agua contienen :
de cloruro sódico. . . . o'4646
de sulfato cálcico. . . . o'o69=5
de magnésico.. . ©'0055
de carbonato cálcico. . . o'o2 2 2
de ácido silícico ©'0055
de materia orgánica. . . o'oo28w
(Llórente Fernández, Op. cit., págs. 37 y 38).
Picos DE Europa — Gargantas de la Hermida
grisáceo de las rocas, de poderosa musculatura, alguna que otra vez ornada por el torcido tronco del arbusto nacido allí al acaso, cuyas ramas verdes oscilan cual penachos al sentir el hálito tumultuoso del hirviente coraje con que el enojado río se desata. Poco después, á una y otra margen, el horizonte se ensancha, repitiéndose las sorprendentes perspectivas, y aparece á la derecha del Deva la Pefia de Lebeña, y en el fondo de profunda cuenca, rodeada de altísimas cumbres, y dominada por el Pico de Agero, el Cueto del Valle^ la Corona y el Pico de Tundes^ — se muestra el pequeño pueblo de Lebeña, á la otra parte del camino, agrupado pobremente, con prados en que recolecta «mucho trigo y legumbres, y abundantes frutas, prevaleciendo entre sus árboles el olivo».
Consta el pueblo «de treinta ó cuarenta viejas y deterioradas casas», humildes todas ellas, levantadas sobre la roca, que les sirve de sólido cimiento, y «en las que tal cual piedra, alguna ventana, restos significativos para el que gusta de antiguallas, demuestran que aquel sitio ha representado algo en la historia», á pesar de lo escaso de su importancia en nuestros días, y de su aspecto miserable. Y con efecto : á la izquierda de la vereda que guía hacia el pueblo, oculta entre las frondosas ramas de los árboles que le rodean, en cierta especie de explanada que se encarama sobre el cauce del Deva, y destacando sus grises muros y rojizas cubiertas sobre aquel fondo uniforme de montañas, — descúbrese con sus tres arcos de cantería el porche de la iglesia parroquial, la cuadrada torre ó campanario y el cuerpo central del templo que excede del del porche mencionado, todo ello con muy exiguas proporciones. Es seguro, lector, que si juzgando sólo por su actual fisonomía, te hallares en presencia de aquella pobre iglesia de aldea, pasarías de largo sin concederle una mirada, cuando es á no dudar el monumento de mayor valía y de mayor interés arqueológico de cuantos enriquecen y avaloran la Montaña.
Orientado conforme á las exigencias de la tradición litúrgi-
ca, luengos años perpetuada, — revela desde luego y á primera vista en su exterior el religioso edificio las transformaciones di-
versas que ha experimentado para su conservación y subsistencia, merced á las cuales, bien que adulterada ya en mucha parte la primitiva traza, ha logrado llegar á nuestros días, como testimonio fehaciente é irrecusable al par de la importancia que, durante los tiempos primeros de la Reconquista, hubo de gozar en el país lebaniego, — cuna indudable de la independencia de la
LEBENA.— Exterior de la Iglesia parroquial, después
DE restaurada
patria, — aquel pueblo, hoy mísero, donde se levantaban palacios y pomares, de que apenas queda otra memoria, sino es la que guardan para fortuna todavía los documentos. Puesto bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe ^ ó de Santa María^ como vulgarmente es llamado, — el templo resulta de fábrica tan humilde, como para que sus muros se hallen labrados de mampuesto, reforzados en los ángulos de sus distintos cuerpos por sillarejos desiguales, revelando así en su disposición y en su construcción tal antigüedad, que bastarían ellas solas para cohonestar el interés que inspira.
Demás de estas condiciones, ofrece para fortuna al exterior testimonios notabilísimos, así por lo que hace á los canecillos que soportan las cubiertas, como por lo que á las impostas se refiere, testimonio cuya elocuencia, de acuerdo con la de la fábrica misma, á despecho de las adulteraciones experimentadas, autorizan á fijar por modo cierto la fecha en la cual hubo de ser erigido el monumento. La imafronte del mismo, conformándose con la planta, muéstrase en su cuerpo central coronada á mayor altura por la cubierta, de dos vertientes, resultando de esta disposición la fachada terminando en cierta especie de frontón triangular de 132 grados de abertura, con «un hueco tapiado, que debió ser la puerta antigua, y tres ventanas» estrechas á modo de troneras, alfeizadas, conservando en mucha parte los canecillos, de idéntica forma, estructura y labra en todo el templo. «En la fachada Este, — dice notable escritor, — se rompió el frontón en 1830, para levantar sobre el ábside un campanario, que llega hasta el cuerpo central», y al que da acceso exterior escalinata cubierta de madera. «Desde dentro de la torre se distingue bien una parte del friso que cerraba el frontón de dicho cuerpo, así como un hueco, hoy tapiado, en correspondencia con el del muro occidental del mismo.»
A la fachada Sur se ha añadido un pórtico en 1794, abriendo por él una puerta adintelada.» «Bajo el pórtico se continúan los canecillos hasta la línea de piedras que marca la elevación
del muro de cerramiento de la nave lateral izquierda, que debía recibir el alero único...» «En el actual tejado á dos vertientes se conservan canecillos, pero rotos y colocados sin regularidad, como si hubieran sido arrancados» (i), mientras «complican la fachada Norte, además de un cuerpo saliente dedicado á sacristía, notoriamente moderno, un brazo de crucero cubierto á dos vertientes desiguales, que se levanta sobre el tejado de la nave lateral.» No sin justicia el escritor á quien aludimos afirma que «el carácter de la construcción, la irregularidad de líneas que ofrece y la falta de canecillos, que se conservan al rededor del edificio, con excepción de este brazo y su correspondiente en la fachada opuesta, hacen pensar en una reconstrucción, que debió alterar las primitivas cubiertas de la Iglesia. » Tal es, oon verdad, el aspecto que ofrece ésta en su exterior, revelando las transformaciones experimentadas, las cuales sin embargo no han sido poderosas para borrar su primitiva fisonomía, que se hace patente á poco que en el monumento fije el observador la mirada, sobre todo teniendo en cuenta lo que son y significan, en concepto de miembros de construcción, ornamentados, los canecillos y las impostas á que dejamos hecha repetidamente referencia.
De forma adecuada, bien que ruda, — muéstranse aquellos profusamente enriquecidos por desordenada serie de estrellas y de rosas en relieve, y otros exornos acomodados allí sin gran concierto para llenar los intersticios; pero todos ellos tan característicos, tan expresivos, de progenie tan indubitada, que aun para los menos avezados á las investigaciones de la monumental arqueología, y sin otro precedente que su aspecto, no hay vacilación en reconocer son obra y fruto determinado de aquella cultura con la cual hubo de acaudalarse la española, principalmente en los días del gran Leovigildo, y que siendo represen-
(i) D. Rafael Torres Campos, La iglesia de Santa Marta en Lebeña (Madrid, 1885), págs. Q y I I.
tación privativa de la época visigoda, logra no sin extravíos salvar las lindes de la invasión muslímica, para perpetuarse modificada hasta el finar de la X.^ centuria. Para aquellos de nuestros lectores, habituados ya á este linaje de estudios, patente y manifiesto será que hacemos relación al estilo apellidado por nuestro Sr. Padre latino -bizantino (i), y cuya clasificación, aceptada por los doctos, admite para esta iglesia con razón sobradísima su primer ilustrador, arriba citado. Oriental es la progenie de tales exornos, que cubrieron de peregrina labor los monumentos de Mérida, de Sevilla, de Córdoba, de Toledo y de otras muchas poblaciones españolas en las varias regiones peninsulares, cual lo acreditan los restos que todavía subsisten en las mismas, como oriental fijé la tradición que hubo de perpetuarse también, cual reminiscencia de los pasados tiempos, en aquellos otros en que á partir del siglo xi, el estilo románico resplandecía imperante en el arte arquitectónico.
No cosa distinta ocurre, con verdad, en orden á las impos* tas que contribuyen por su parte á la decoración del exterior de la iglesia, y en las cuales, no ya con aquella exuberancia elegante de que son prueba y testimonio diferentes monumentos de épocas anteriores, sino con rudeza ostensiblemente manifiesta, se desarrolla decoración de vástagos ondulantes, que guardan estrecho círculo de parentesco respecto de algunos de los fragmentos encontrados en las célebres excavaciones de Guarrazar, en la provincia de Toledo; y por si acaso pudiera asaltar al lector recelo alguno, patentizado está por modo indiscutible é irrefutable, por el tecnicismo de la labra de todos estos miembros decorativos, dispuesta en ellos la ornamentación en bisante, y proclamando una vez más cuán difícil fué durante los primeros siglos de la reconquista á las nuevas influencias, abrirse paso á
(i) Véase la Memoria que con el título de El Arle lalino-bizanl'tno y las coronas visigodas de Guarrazar^ publicó en 1860 entre las suyas, la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando.
través del majestuoso macizo de las Peñas de Europa, para llegar á ellas, y cuán grande hubo de ser y fué para los lebaniegos el amor á las tradiciones heredadas, las cuales para ellos eran representación expresiva de momentos, si bien no felices, por lo menos más afortunados que aquellos otros en los que sus hijos, abandonando la nativa Montaña, avanzaban entre contrariedades mil en la empresa inmortal, en la protesta sagrada que á la cabeza de sus montañeses hace Pelayo cinco años después de la conquista de España por los musulmanes.
Hallémonos pues, lector, delante del edificio de mayor antigüedad y de más significativa importancia de cuantos honran esta provincia de Santander; delante de eficacísima prueba, por la cual quedan corroboradas afirmaciones hechas ya de antemano por nosotros; en presencia de la demostración más gráfica de aquella verdad, tan notoria entre los entendidos, que persuade respecto de la progenie principal de los elementos congregados en torno de. Pelayo, y respecto de la influencia que hubo en ellos de ejercer la tradición prestigiosa, magnificada y conservada con religioso amor y con veneración manifiesta. Y si á despecho de sus humildes apariencias y de sus reformas revela en su exterior todo esto la Iglesia de Santa María de Lebeña, — mayor es aún el interés que excita en su interior, cual habremos de procurar poner de relieve, prescindiendo del atrio, rodeado de asientos, de la puerta, adintelada, y pintada figurando desdichadamente caprichosos mármoles grises, de la lápida colocada sobre la puerta, donde en cinco líneas de capitales incisas se declara que el Año de 775^... izóse hesta || ovra siendo cvra de Leveña el Li."^" || D. Caietano de Posada y con dinero || qve dio DJ" Frans." de Zeus, i D.*" Frf" La Can} || i D!" Bernardo Laso.., aivdaro7t, y del epígrafe pintado encima, en el cual se conmemora que se dio de blanco á esta yglesia año de 18 50 y siendo ctira D. Domingo de Floranes, y que aquello lo izo Fernando Gon.^
De planta de cruz latina, según al exterior revela, — consta de
tres naves, desiguales en longitud; repartida la real en cuatro tramos, de los cuales el inferior, donde á hachazos se ha labrado el coro, conforme la gráfica expresión de Pereda, recuerda el «atrio ó nartex destinado [en las primitivas iglesias cristianas] á los catecúmenos, los energúmenos y los penitentes á quienes se prohibía temporalmente la entrada en el templo» (i), — las laterales, con lo^'yó en tal sentido, muéstranse por su parte divididas en tres tramos, y seccionadas por elegantes arcos de herradura, desornados, y muros que sostienen bóvedas independientes, midiendo 3"'45 de latitud la nave central, 2"'74 la del Evangelio y 2'"7 I la de la Epístola. De esta iglesia, cuya disposición extraña, y cuyos arcos han sido pintados de imitación de mármol obscuro con las juntas caprichosamente fingidas, como han sido embadurnados de amarillo los peregrinos capiteles y algunos otros exornos de que habremos de hablar, dice su primer ilustrador, ya citado, lo siguiente al describirla: «Ocupan el centro cuatro pilares, que se corresponden con otros cuatro medios pilares de los muros exteriores». «Los orientales, de forma rectangular, terminan hacia el lado del ábside en pilastras sin capitel, de aristas achaflanadas, que, con otras análogas, adheridas al muro oriental, sostienen arcos rebajados». «Los tres lados restantes presentan columnas de fustes cilindricos, que sirven de apoyo á otros tantos arcos, peraltados los que separan de la iglesia el santuario y dos capillas accesorias — antiguas sacristías ó depósitos para vasos sagrados, diplomas, libros y oblaciones— de herradura perfecta las de comunicación entre la nave mayor y las laterales».
«Los otros dos pilares, — prosigue, — están constituidos por macizos de base cuadrada con una columna en cada lado». «Aunque no hay una exactitud tal en la construcción que se unan siempre del mismo modo las basas, es manifiesta, — observa,— la tendencia á dejar en la planta las aristas del pilar entre
(i) D. R. Torres Campos, Op. cit. pág. 27.
las columnas». «Estas sostienen arcos de herradura, más elevados los que separan el segundo tramo de la nave central del tercero, y éste de sus correspondientes en las naves laterales, que las de comunicación entre el segundo tramo de la nave central y las laterales, y entre el segundo y tercero de éstos». «Los pilares unidos á los muros tienen columnas en correspondencia con sus opuestas de los aislados » , sirviendo «de terminación á los muros de cerramiento de dos celdas, que resultan á continuación de ambas naves laterales, dos medios pilares de á dos co lumnas, correspondiente una á la del lado occidental de las anteriores, y otra al arco último de la nave central». «La
LEBEÑA.— Detalle de los arcos de su iglesia
PARROQUIAL
menor altura de las basas de las columnas del lado occidental de cada pilar muestra que la iglesia, desenlosada para convertirla en cementerio, ofrecía, no sólo la mayor elevación usual del santuario, sino un piso escalonado desde el ingreso al ábside, teniendo cada tres tramos, en sentido del ancho, elevación diferente» (i).
Procediendo con minucioso escrúpulo al estudio de esta fábrica interesante, y con ella al de sus diversos mierqbros, advierte el referido escritor que en las columnas de los pilares «las basas están formadas por dos grandes toros y una escocia, molduras que se achatan considerablemente en alguna columna» (2), ofreciendo «en los ángulos que quedan entre el plinto y el toro inferior... una de las basas, pequeños relieves en forma de curvas cerradas, que guardan relación estrecha con las garras románicas». «Los fustes, de forma cilindrica, se adelgazan en el arco de triunfo, cuyas columnas, elevadas sobre un plinto de 30 centímetros, resultan de menores proporciones que todas las restantes». «Los capiteles, inspirados todos en los corintios, — dice no con grande exactitud en esta parte, — tienen un collarino constituido por doble funículo..., y son de dos ó tres órdenes de hojas que imitan los acantos, de punta picuda y maciza, con gran saliente unas, y redondeadas y mejor adaptadas al tambor otras». «Las superiores, que suelen estar labradas con nerviaciones distintas á las inferiores, á imitación de las de agua, hállanse separadas por caulículos, dos en cada frente», viniendo á resultar así en su mayor parte, formados los capiteles de salien-
(1) Torres Campos, Op. cit.
(2) «En raras molduras de las basas, — escribe el señor Torres Campos,— se conservan restos de una capa delgada de estuco que, ensayada por el profesor Quiroga (de la Institución libre), resulta compuesta de materia orgánica, carbonato de cal, alúmina y sílice, con algo de hierro y otras materias en pequeña cantidad ». « Cree, por tanto, que debe haberse empleado como estuco una mezcla de cal viva ó polvo de caliza y arcilla, ó bien cal viva, procedente de una cal grasa ó marga, trabada con agua de cola». «Con el tiempo, el empaste ha sufrido un cambio molecular, en virtud del cual ha tomado la estructura fibroso-concrecional propia de las estalactitas y estalagmitas» (Op. cit. pág. i 3).
tes pencas, á la manera usual durante el período visigodo, y que reprodujeron, como de procedencia oriental, los musulmanes.
«Predominan las hojas picadas, que se forman de otras como de olivo, con tendencia á juntarse por sus extremos en las inmediatas,» no faltando «algún capitel de dos órdenes de hojas, » en que desaparezca «toda separación marcada entre ellas en la parte inferior,» y resulte «el tambor cubierto de una malla de exágonos y rombos casi geométricos,» ni en que la decoración se halle compuesta de círculos, hojas y volutas,» ni en que decorados «de hojas redondas..., los caulículos tomen gran desarrollo» acabando en bolas, «en sustitución de las volutas de todos los otros,» y tengan «una flor cuadrifolia en la unión de los dos brazos», advirtiéndose entre los caulículos, «ya una decoración de flores de seis hojas, ya de círculos intersecados» y aun la singularidad de que el ábaco sea alguna vez almenado, cuando es en la generalidad cóncavo «con florón, característico del orden corintio,» apareciendo por último «sobre el verdadero ábaco.... otro doble, reducción del entablamento clásico.» Bien
LEBENA. — Detalles de un pilar en la iglesia
PARROQUIAL DE SaNTA jMaRÍA
que amparándose de las formas clásicas en lo común, échase de ver desde luego, por la naturaleza de los exornos que avaloran los capiteles, por su disposición y por su acento, no menos que por su ejecución, que en ellos predominan las influencias orientales por manifiesto modo, ofi-eciendo en consecuencia grandes analogías con los que conocidamente fueron fruto de la cultura conseguida en España, durante la edad visigoda, y siendo por tanto monumentos de muy subido precio, para quilatar aquella otra lograda en los primeros tiempos de la reconquista por los españoles.
«Los arcos de herradura arrancan en el extremo de este doble ábaco que [en los capiteles] les sirve de imposta, aprovechando toda su salida,» al paso que «los peraltados vienen á buscar el aplomo de las columnas á la manera romana, no aprovechando la salida del ábaco.» «Un recuadro con friso análogo al exterior, que recuerda los arrabás arábigos, distingue el arco de triunfo de todos los otros,» destacando la labor serpeante que le decora, y que ha sido, como los capiteles, desdichadamente pintada de amarillo, sobre el encalado paramento del muro. Cubiertos por bóvedas de medio cañón, «al cuerpo central... corresponden los dos tramos intermedios de la nave central,» afectando la misma forma las bóvedas «de las capillas del testero, las de las celdas que continúan las naves laterales y la de la parte de la nave mayor, inmediata al ingreso antiguo, sobre la cual se ha levantado el coro.» «Los dos tramos intermedios en ambas naves laterales tienen, asimismo, bóvedas de medio cañón, si bien en dirección normal á la nave mayor, y de desigual elevación, en harmonía con la diferencia entre los dos arcos de comunicación de la central con aquellas,» diferencia que es «causa de que la cubierta presente dos aleros desiguales.» «En cuanto al sistema de construcción de las bóvedas y al corte de piedras, — indica el autor á quien seguimos, — nada puede decirse de una manera positiva mientras no se rasque la capa de cal y de pintura, con que la devoción indiscreta ha em-
badurnado de una manera lastimosa el templo,» el cual, según quedó indicado, y conforme proclama la inscripción transcripta de la portada, ha sufrido los efectos del afán de limpieza que tantas maravillas ha ocultado y oculta aún, dentro y fuera de la provincia, á despecho de lo cual, pueden ofrecer «alguna indicación» «en cuanto á la forma de las dovelas, las juntas figuradas, que, probablemente, habrán seguido las efectivas (i).
Barroco, cubierto de oro, lleno de entalladuras de mal gusto, como labrado el año de i 731, es el retablo del altar mayor, en cuya ornacina principal, velada por la sombra que sobre ella proyectan los salientes exornos, apenas si se descubre la imagen de la santa patrona, de la Virgen de Guadalupe, escultura digna de aprecio y no exenta de valía, aunque no corresponda ni mucho menos á la época en la cual hubo de ser erigido el monumento. Sentada aparece en ancho sitial de retorcidos brazos, cuyo respaldo, que se levanta hasta casi la altura de la imagen, y que le sirve de fondo, se muestra enriquecido de menuda labor de hojas y de vástagos dorados, que en su traza, en su acento y en su disposición se atemperan á la flora empleada por los artífices granadinos y los mudejares en los atauriques ó frondarios con que engalaban la yesería de los aposentos en sus moradas, semejando tapices pérsicos sin duda. Destacan peregrinos, y de acuerdo con la tradición que revelan, sobre fondo rojo, produciendo en tal manera muy agradable efecto de entonación, no exenta de riqueza, y permitiendo que resalte así la figura de la Inmaculada Madre del Salvador, la cual, ceñida á las sienes regia corona, con la rizosa cabellera tendida á uno y otro lado hasta cubrir los hombros, y encarnada al gusto de la época de que es visible fruto, — semeja recordar en su fisonomía apacible y cariñosa, la fisonomía de las mujeres de la Montaña, con sus arqueadas cejas, sus ojos grandes y rasgados, que con cierta majestad entorna, su rostro ova-
(i) Torres Campos, Op. cit., págs. i6 y 17.
lado, SU nariz afilada, y sus labios cerrados. Amplio manto que pende de los hombros, y que cayendo en bien dispuestos pliegos, recoge sobre el regazo, — envuelve la figura y cubre parte de la túnica que viste, la cual es de cuadrado descote, que deja el cuello al descubierto ; plegada á la cintura y sujeta por ancho ceñidor, tiene las mangas anchas, deshaciéndose la falda en pliegues naturales y entendidos, y sobre el regazo, descansando en la rodilla izquierda y abarcándole con ambas manos, lleva á su Divino Hijo, desnudo, á quien da el pecho izquierdo, mientras en sus manos aleteando sujeta blanca y simbólica paloma. Algún tanto desproporcionada, la rigidez en esta imagen ostensible, la longitud de las manos, en cuyos dedos no se omite el detalle realista de las uñas, y la figura del Niño, claramente revelan que esta escultura obra es de aquel siglo xv, en el cual, sin embargo, tantas y tan peregrinas obras produjo el arte. De artista de no grandes vuelos, seguramente, aunque estimable, dada la gallardía con que se hallan dispuestos y partidos los paños, debe ser reputada esta escultura, viniendo á corroborar tal supuesto, así la corona, que es de la misma traza que la usada por los Reyes Católicos, como las labores del respaldo del sillón, las cuales revelan allí la mano del artista familiarizado no sólo con el espectáculo del elegante arte árabe-granadino, sino habituado á dibujar aquellos exornos que fueron, á despecho de sus adulteraciones, del patrimonio de los mudejares.
Deformes ya, guarda la sacristía de esta iglesia, otras esculturas que parece corresponden á épocas anteriores, lo cual no es dable resolver en absoluto, supuesta la situación deplorable á que han llegado á nuestros días. Cinco lápidas, ennegrecidas por la humedad, y apenas distinguibles en la obscuridad del templo, que ofrece por esta circunstancia seguro albergue á los murciélagos, — hállanse tendidas en el sentido de la longitud del edificio á los pies del altar mayor, y «sus inscripciones,— según el escritor lebaniego antes aludido, — están en esta forma :
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Carecen pues de importancia, y mientras «la primera aparece partida por mitad y colocado al revés el trozo inferior, la segunda está bien y muy legible, la tercera no tiene señales de inscripción ninguna, la cuarta es rara, por tener en medio un escudo con una calavera y dos huesos en cruz», y «la quinta tiene sobre el escudo una corona ducal, y por blasón dos huesos en cruz», como la precedente.
De mejor traza son los altares laterales, como labrados en el año de 1584, según en ellos se declara, debiendo corresponder á los mismos dos osculatorios de madera, de buena traza renaciente, sin que, fuera de algunos trozos de canecillos, cuidadosamente conservados por el digno párroco de Lebeña, don Santos Gutiérrez, y caídos ó arrancados de la fábrica, guarde esta nada digno de atención, ni que la merezca en el grado superlativo que ella misma por su propia virtualidad excita. Si no fuese conocido el documento por el cual se revela la fecha de su construcción (i), bastarían sus privativos caracteres para proclamarla en forma indubitable, como fruto del estilo latino bizantinOy en los días de la Reconquista, y en aquel siglo x.° en el cual, al lado de la figura de Abd-er-Rahmán III en Córdoba, brillaban en el reino de León y el condado de Castilla, Ordoño II
(i YéSiSQ. &n\os Apéndices.
y Ramiro II, el vencedor de Simancas y de la Alhandega. Reciente estaba con verdad aquella singularísima rebelión que obligaba á Alfonso III el Magno á abdicar la corona, satisfaciendo los mal contenidos anhelos de independencia en las regiones congregadas desde los días de Alfonso el Católico, para formar reunidas el pequeño reino de Oviedo; alentaba aún aquel don García, fundador del reino leonés, cuando con el cargo y nombre de Conde de Lebeña, Alfonso, «nieto del rey Ordoño I, y por consiguiente sobrino de Alfonso III», según «consta en escrituras del Libro Becerro de Santo Toribio de Liébana, existente en el Archivo Histórico Nacional (i), — usando de la autoridad que sin duda le concedía la participación que había tomado en el destronamiento de su tío, el último rey de Oviedo, se decidía á apoderarse de los sagrados restos de Santo Toribio, á despecho de los monjes.
Tenía allí, en Lebeña sus palacios, y frondosos huertos y pomares, que le hacían señor el «más poderoso de la comarca», y ganoso con efecto de poseer en la población donde hacía morada aquella veneranda religión, reclamóla «délos monjes del Monasterio de Santo Toribio, llamado entonces de San Martín», oponiéndose los religiosos al intento con objetar que, «si bien la iglesia de San Román, en Lebeña [á la sazón existente], era notable por su antigüedad, no tenía mérito bastante para que en ella se depositaran preciadas reliquias». Tal y tan grande era el ansia de poseer aquellos santos restos en el Conde, que sin detenerse un punto, levantaba «á toda prisa la iglesia parroquial de Santa María de Lebeña, costeándola de su peculio y del de su esposa la condesa doña Justa, que deseó contribuir con su marido á la erección de la preciosa basílica», dotándola convenientemente (2), y á cuya fábrica daba cima quizás antes del año de 925, volviendo á exigir con tal motivo «de los mon-
(i.) Llórente Fernández, Op. cit., pág. 45. (2) Véase el documento en los Apéndices,
jes de Santo Toribio los restos del Santo: resistiéronse otra vez los monjes á desprenderse de la estimada reliquia; y el Conde de Lebeña reiteró su reclamación, apoyándolo en ella entonces las familias más notables y las más piadosas del país», á pesar de lo cual obtuvo de los religiosos tercera y más enérgica negativa, que sublevando el ánimo del Conde, determinábale á hacerse dueño por la fuerza de lo que se le negaba ya sin pretexto y sin rebozo.
«Al frente de los cincuenta más bravos de sus hombres de armas, y acompañado además por muchas familias poderosas del país, emprendió el viaje» en són de guerra al no lejano Monasterio de San Martín, y llegado á él, desoyendo soberbio ruegos y protestas, «mandó á su gente, — dice el escritor lebaniego ya citado, — deshacer la bóveda en que estaba encerrado el sepulcro de Santo Toribio». «Pero en aquel momento, — añade,— sucedió una cosa sorprendente»: pues no bien los servidores del conde hubieron comenzado á cavar, cuando «divino juditio flagellatus sumus^ — expresaba en la era 963 el mismo Conde, — quod a Deo factus fuit cecus» , alcanzando la cólera divina á los mismos hombres de armas, quienes aun con haber permanecido inactivos y ser inmimes a culpa, cegaron también de igual suerte, con lo que claramente quedó manifiesta la voluntad del santo; y tocado de la gracia el Conde, no sólo hizo oblación de su persona y de cuanto poseía en la Liébana á Santo Toribio, á Hopila, abad del Monasterio y á sus monjes, sino que extremó su largueza para con la basílica por él erigida en Lebeña, y que es la que adulterada ennoblece aquella humilde aldea, con varias donaciones, sobre las que ya le tenía hechas, y entre las que figuraban demás de los bienes que poseía en la villa, sus propios palacios cum suo exihis et ingrestis, et térras, et vineas, et pumares, et olivares, et fogueras, et pumiferos, et molinos^ sive de donatione re gis, sive etiam de conlata amicoritm, sive et quod comparavimus, con más una cruz de plata admirable, al decir del donador, una caja ó arqueta de
oro, una lámpara y candelabros de cobre, cáliz y patena de plata, y varios otros ornamentos, mencionados en la escritura de donación que se conserva en el Libro Becerro del Monasterio de Santo Toribio.
A ser exacta la era de 963, que lleva como fecha la carta de donación á la iglesia de Lebeña, colocada originariamente por el Conde su fundador bajo el patrocinio de Santa Justa y Rufina, — no se comprende cómo el mismo magnate, primo hermano de Ordoño II, fallecido en la de 962, expresa terminantemente, contra lo que otros documentos enseñan, que fué hecha aquella escritura de donación «sub principe Ordonio in Legione»; mas de cualquier modo que se estime, y no habiendo causa legítima y bastante para recelar en justicia, á nuestro juicio, de la autenticidad del documento, — resulta de él que la iglesia de Lebeña fué erigida en el primer tercio del siglo x con arreglo á las prescripciones artísticas del estilo latino-bizantino^ el cual resplandece en absoluto y por completo en la fábrica, de igual suerte por lo que hace á su planta que por lo que á su alzada respecta, y así lo proclaman también con irrebatible eficacia, todos y cada uno de los detalles que avaloran los varios miembros de la construcción, como son los arcos de herradura, los capiteles, las impostas y los canecillos. Oriental era la progenie de aquel estilo que, sin fundamento, apellida un crítico moderno en nuestra patria de kisp ano-visigodo^ y procedentes eran de Bizancio originariamente sus elementos, los cuales adquieren carácter especial en la Península, al fundirse, desde los días de Atanagildo y de sus sucesores, las influencias aportadas por los imperiales, con las tradiciones religiosamente conservadas por los hispano-latinos.
Representante pues, del maridaje del arte de Occidente y del de Oriente, suyos son todos los elementos que le dan fisonomía propia, sin la intervención de los visigodos, y sin que se haga por modo alguno necesario recordar, para explicación del aparente fenómeno que ofrecen los arcos de herradura en edifi-
cío levantado al comenzar de la X.^ centuria en el territorio de la Montaña, el florecimiento alcanzado «ya entonces á orillas del Guadalquivir» por el «arte oriental venido de Damasco», ni menos recurrir al erróneo supuesto de que «su influencia tenía que sentirse por los artífices cristianos», porque «sonaba por toda la Península el rumor de aquellas magnificencias, y no pocos [de los referidos artífices] las habían admirado, sin poder «borrarlas de su imaginación», según afirma entendido crítico montañés, en esta parte extraviado hasta el punto de afirmar que «así en Lebeña á la traza del templo cristiano añadieron labores de casta infiel; en aquellos riquísimos capiteles de trabajo profijso trasciende el gusto oriental con dibujos y entrelazados; el arco romano adquiere proporción mayor, y entrando en los arranques, se abre después para venir á firmar el arco de herradura» (i). No hay tampoco necesidad alguna de invocar, desde los días de Alfonso II el Casto^ ni la amistad y alianza, no probadas, con Carlo-Magno, ni «las luchas con los condes de Navarra, que aproximan á don Alfonso el Magno á los dominios francos», para afirmar no con entera exactitud histórica, que estos contribuyeron «á hacer partícipe al reino de Asturias de la cultura importada de Rávena y Constantinopla, y transmitida por Aquitania, Navarra y Narbona»,^cual quiere el primer ilustrador de la notable iglesia de Lebeña (2).
Sin que pretendamos negar las relaciones que existieron entre los muslimes y los cristianos de Asturias, y la influencia natural que ejercieron aquellos sobre estos desde la instauración y establecimiento del contradicho Califato de Córdoba, — no por ello, aunque se tilde de error grave, poniendo así en olvido las enseñanzas continuas de la historia, hemos de confesar que la lenidad de costumbres entre los montañeses asturianos, que «llegan á incurrir en la poligamia», fué fruto de la influencia
(1) Escalante (D. Agabio), El espolique artista, pág. lOO del álbum De Cantabria.
(2) Torres Campos, Op. cit., pág. 24.
muslímica, siendo así que explican satisfactoriamente aquella «relajación escandalosa de costumbres», los precedentes de los últimos tiempos de la monarquía visigoda, ni que los elementos artísticos, de nativa procedencia oriental, que se funden con las tradiciones latinas, y que se perpetúan hasta el siglo xi.° en que aparece la reacción románica^ llegaron á la monarquía ovetense por conducto de los muslimes, quienes habían tenido por maestros en el arte, cual los tuvieron los españoles, á los griegos bizantinos, ni que tampoco «refuerzan el influjo oriental los Árabes al venir á España» (i).
Pero dejando aparte disquisiciones de tal naturaleza, que nos alejarían de nuestro actual propósito, y estimamos ajenas de la índole de este libro, — mientras declaramos propiamente español, del estilo latino bizantino^ el templo notabilísimo de Lebeña, unimos nuestra voz á la del primero de sus ilustradores, para llamar sobre este monumento la atención de los gobiernos, encargados de la conservación y de la defensa de cuantos en nuestra España simbolizan y representan momentos dados de la nacional historia, no ya para su restauración , que no se hace realmente necesaria, sino porque tomándole bajo su patrocinio, procure en lo sucesivo evitar adulteraciones que acaben de borrar su fisonomía, y contingencias que puedan producir su desaparición y su ruina, según acaece en tantos otros, y entre ellos, aquella iglesia de San Román, de la misma Lebeña, juzgada indigna de poseer los restos de Santo Toribio por los
(i) El Sr. Torres Campos, que es quien hace tales afirmaciones, en apoyo de las mismas dice : «Cuando las relaciones pacíficas son tan estrechas que ocurren con frecuencia entre los príncipes matrimonios mixtos», «error grave es suponer que entre vencedores y vencidos sólo median oposición y lucha», invocándola autoridad respetable del Sr. D. Pedro de Madrazo y del Sr. D. Juan Facundo Riaño, en el Discurso de recepción del último en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ; pero olvida que es Alfonso VI el monarca que contrae matrimonio con la princesa sevillana Zaida, hija de Al-Mótamid, y que los Sres. Madrazo y Riaño hacen referencia á los tiempos posteriores de almorávides, almohades y especialmente granadinos. El resultado de aquellas relaciones, que comienzan á alcanzar visible desarrollo desde los días de Fernando I el Magno, es la existencia de la grey mudejár, que tanta importancia tuvo en el acaudalamiento y desarrollo de nuestra cultura artística, literaria é industrial al propio tiempo.
monjes del Monasterio de San Martín, y cuyos escombros aparecen aún hoy entre el viñedo, haciendo sentir que «al quedar derruida aquella preciosa iglesia, » pues de tal la califica el autor de los Recuerdos de Liébana^ no sabemos con qué fundamento, «no se haya procurado en tiempo oportuno recoger y conservar sus restos,» por medio de los cuales sería realizable el intento de conocer la época de su erección y fábrica. «A mediados de este siglo, — dice sin embargo el mismo escritor, — un bienhechor gestionó para que la efigie de San Román fuese trasladada á la actual parroquia..., y así se hizo, previa licencia del obispo de la diócesis, limo, señor Barbajero» (i).
Subiendo al pueblo, y empotrada á la derecha del dintel de la moderna puerta de la Ermita de San Román^ procedente de los escombros de la antigua iglesia de aquel título, entre los cuales fué hallado en la época referida, — existe un fragmento de lápida romana, de letra indecisa y no bien trazada, y época de marcada decadencia; fáltale la parte inferior, y los signos aparecen embebidos con frecuencia los unos en los otros, midiendo aproximadamente en su conjunto o"" 40 de alto por 0^20 de ancho, y diciendo así en las seis líneas de que consta el epígra* fe, no todo él inteligible:
^LIO
ALBINO
ANORVM
TVR^ÑP
NI^ PA
(2)-
(i) Llórente Fernández, Op; cit. pág. 39.
i 2) El señor Llórente Fernández la transcribe en estos términos :
«^LIO
ALBINO
ANORUN
TREM
EIL^ PA
que quiere decir: ^Elio Albino annorum septuaginta quinqué irem Eilae pa —.» «Esto significa,— añade, — Elio Albino, de setenlay cinco años, padre de Eilo (Luisa).» — «Varias cosas, — prosigue, — llaman la atención en esta lápida. w «Primero se nota que al lapidario se le olvidó escribir en su sitio la primera sílaba de Patrem^ y salió del apuro poniéndola al final de la inscripción con su guioncito.» «En segundo lugar i quién era Elio Albino, que hace toda su apología con titularse padre de Eilo ó Luisa? ¿Y quién fué esta Luisa?» (Op. cit. pág. 39). Para nosotros, ni existe el olvido del lapidario respecto de Patrem^ pues en el hacinamiento de letras de la quinta línea no dice TREM, ni hay tal EIL.E ó Luisa en el sexto, ni hemos visto el guioncito de Pa-, el cual sobre ser impropio y no usado en los epígrafes latinos, acusaría de falso este de Lebeña. Si el estado de la piedra lo consintiese, y fuera dable examinarla desprendida del muro de la Ermita, la cual sirve de escuela al propio tiempo, no sería difícil acertar por completo con la leyenda, aun supuesto su estado fragmentario.
CAPITULO XXII
Ds Lebeña á Potes. — El Monte Vindio. — Hojedo. — Su iglesia de San Sebastián. — Potes. — Sus recuerdos históricos. — Sus monumentos. — Piasca. — Restos del Monasterio dúplice benedictino de Santa María.— La iglesia. — Santo Toribio de Liébana.
ESDE que en Lebeña la carretera cruza sobre sólido puente el caudaloso Deva, — el panorama, sin cambiar sustancialmente de naturaleza, adquiere distinta fisonomía sin embargo, abriéndose á poco el terreno, y presentando con frecuencia valles y tierras cultivadas, y en las quiebras y en las pequeñas escalonadas alturas, que acompañan el camino, mesetas y bancales de viñedo, mieses lozanas, diversas especies arbóreas, y siempre, y de todos lados, como obligado fondo del paisaje, las cumbres altísimas de las montañas, recortando sus peladas crestas caprichosamente sobre el cielo, azul y límpido, cual en
ninguna otra parte de la provincia, y allá á lo lejos, cubiertas de blanca y eterna nieve, sobre la cual reverbera la brillante luz solar, dándoles la entonación y los cambiantes irisados del nácar, sobre todo en los picos del Coriscao. Atrás quedaba la imponente cordillera de las Peñas, distinguiéndose, á la izquierda del río, el pueblo de Castro-Cillorigo, cabeza del distrito municipal, al cual, con Bejes, pertenecen Cabañes, «escondido allá en la altura, Pendes, con una casa-torre señorial... Otero, casa rica, con capilla, que contiene una buena imagen de Nuestra Señora de los Dolores», y detrás de una loma, «el pueblo de Colío, donde el general don Juan Díaz Porlier estableció un colegio de cadetes durante la guerra de la Independencia», y donde existe, «si no ha desaparecido hace muy poco», cierto enebro de tan colosales dimensiones, que hacen sospechar sea su antigüedad prodigiosa (i).
Detrás de Colío, «en situación más alta, está Viñón, con una iglesia dedicada á San Pedro y fundada», al decir de los escritores del país, allá «en el siglo ix, año 8i8, por el presbí^ tero Propendió y la devota Nonina», cuyas virtudes les hicieron dignos de «ser después de su muerte, puestos por la Iglesia en el catálogo de los santos». El nombre de este pueblo «(VinnioNE en los documentos antiguos del... Cartulario del Monasterio de Santo Toribio, Vinnión después, y luego Vtñón)», involuntariamente trae á la memoria aquel famoso Monte Vindio, de tanta nombradía en las guerras cantábricas, monte escabroso y de increíble altura, según Plinio, donde los antiguos cántabros, amantes de su independencia, lucharon con las legiones roma-
(i) El señor Llórente Fernández consigna respecto de este árbol las siguientes notables circunstancias: «La circunferencia de su tronco, junto al suelo,— dice,— mide 5'"70, ó sean 20 pies y 4 pulgadas». «Á la altura de ó'^ay, que son 22 pies y medio, uno de los brazos en que se divide el tronco tiene qo centímetros, es decir, i vara y tres pulgadas de circunferencia; y otro brazo, á la altura de 8'"7 5, ó sean 31 pies y medio sobre el suelo, tiene 12 pies y 7 pulgadas, ó lo que es igual, 3^52 de circunferencia». «Estas dimensiones son notabilísimas, pues el enebro se desarrolla con extraordinaria lentitud; por cuya razón el de Colío,— concluye,— debe tener prodigiosa antigüedad» {Recuerdos de Liébana, pág. 49).
ñas, fatigándolas, asediándolas, confundiéndolas, y haciéndose invencibles desde aquellas alturas sin acceso; y allí está, con verdad, con sus venas metalíferas, «conservando aún el mismo nombre que cuando él y toda Liébana sirvieron á los cántabros de fortísimo asilo, en que los ejércitos de Roma no pudieron penetrar» nunca. En balde, por seguir á Garibay y al P. Mariana, moderno escritor ha pretendido, alterando la geografía y la historia, y sediento de fama para su patria, — llevar unas veces al monte Hirnio ó Hernio de Guipúzcoa, y otras á la celebrada Peña de Orduña en Vizcaya, el mons Vindius lebaniego (i): inconmovible y permanente, allí, para guardar en sus sinuosidades recónditas los secretos de los siglos, allí se levanta majestuoso y firme, como padrón eterno de gloria para los descendientes de los cántabros.
Siguiendo la carretera, y entre «los sembrados de trigo, de cebada, de maíz, de garbanzos y otras legumbres», entre «las huertas de frutales» y los «extensos viñedos» que, alternativamente se presentan, «desde lo más hondo del valle hasta lo más alto de las montañas, sin que á los múltiples matices de verdura, que tiene el terreno cultivado, falte la sombra de los grandes bosques y el claro-obscuro de las nevadas cimas y profundas vallejas de la Peña», — se encuentra el pueblo de Tama, «con un buen puente de piedra sobre el Deva, construido en el siglo xviii á expensas del Corregimiento, ó Bastón de Laredo, según expresa una inscripción en piedra junto al puente», afirmando los escritores locales que «señor de ese pueblo era Emmanuel, que acompañó con sus gentes á Pelayo, cuando de Liébana salió aquel héroe para luchar con los moros en las Asturias de Oviedo (2)». Claro está, lector, que la afirmación habrá de parecerte peregrina; pero no repares en ella, y sigue adelante, por el an-
(1) Trueba, E/ Lz&ro de las Montañas; Cuentos de color de rosa. Véase cuanto acerca del particular expresa el señor Llórente Fernández en las págs. 50 á 5 5 de sus Recuerdos de Liébana.
(2) Llórente Fernández, Op. cit., pág. 62.
tiguo Concejo de San Sebastián, al cual correspondían Aliezo, Llayo y Hojedo, «todos en sitios pintorescos», y encaramado el último á la izquierda del camino por las estribaciones cultivadas é irregulares de los montes. Propio del ayuntamiento de CastroCillorigo, en el feraz valle de este nombre, — por él pasa la carretera de Falencia, y en él empalma la provincial que marcha á la inmediata villa de Potes, con que confina el término de Hojedo, la cual carretera, que hoy llega hasta Camaleño, con ocho kilómetros de desarrollo, ha de hallar término cuando Dios quie ra que el proyecto sea en su último trozo estudiado, en el apellidado Alto de Remoña.
En este lugar humilde, que autorizan sin embargo, blancas y risueñas, algunas casas modernas y de dos pisos, saliendo curiosas á enterarse de cuanto ocurre y de quién transita por la referida carretera, — vamos, lector, á detenernos un punto, que bien lo merece su Iglesia de San Sebastián, por más que no sea fábrica de tan subidos quilates como la de Santa Maria en Lebeña, ni brinde acaso á tus ojos con importancia suficiente para ello. Levantada á un extremo del pueblo, allí la tienes, tan humilde en su exterior como él lo es, tan pequeña y tan pobre, que apartarías de ella la vista con menosprecio, cual la hubieras apartado del edificio erigido por el conde Alfonso y su esposa la condesa Justa en la mencionada Lebeña á principios del siglo x; aislada está en medio de los viñedos que la cercan, con sus rojizas cubiertas, sus blanqueados muros, su porche ó atrio apuntado, pero vulgar y miserable; mas si te aproximas á ella, si te detienes ante su portada, abierta bajo el porche, advertirás no sin deleite que las apariencias engañan, y que á despecho de lo tosco de su atavío y de su misma exigüidad, no es ni mucho menos monumento despreciable, según lo revelan en la portada, primero la estructura, luego la periferia del más exterior de sus arcos concéntricos, la cual es ajedrezada, y lo acreditan con los demás volteles, los restantes miembros arquitectónicos, que habrán allí de maravillarte, y que proclaman por eficaz ma-
ñera los prodigios que en medio de la pobreza general de los pueblos, obró la fe levantando en la XII. ^ centuria templos por todas partes, donde los fieles pudieran congregarse y levantar su corazón al cielo.
De fuste corto son las columnas que soportan la portada, coronado el de la izquierda, sobre funicular collarín, por entrelargo capitel de ancho cimáceo, todo él cubierto de tan menuda y apretada labor reticular en relieve, que semeja dedal gigantesco, mientras el capitel del fuste de la derecha se muestra decorado en su mitad superior por tres grandes ramos compuesto de flores tetrafoliadas de marcadas venas, y en su mitad inferior, surgiendo de la flocadura que separa ambos cuerpos, por aplastada cabeza humana, que finge con la abierta y descompasada boca sujetar el fuste. Tres grandes y amplios arcos, á distancias convenientes, reciben en dos vertientes las vigas de la cubierta, dividiendo el sagrado recinto en dos tramos, fuera del de la Capilla Mayor ó presbiterio: descansa el inferior, á los pies de la iglesia, sobre machones cuadrados, y mientras el intermedio apoya sobre capiteles, uno de los cuales, el de la derecha, se ofrece exornado sencillamente por los clavos de la Pasión, en pronunciado relieve, — el que podría llamarse arco de triunfo se ostenta con análogas condiciones, y si bien no es dado ya distinguir la ornamentación de sus capiteles, todo induce á creer que en ellos debieron ser entallados los restantes atributos de la divina Pasión de Jesu-Cristo, ostentando la basa de la columna de la derecha un castillo, y labor reticular la de la izquierda.
Reducida es la Capilla Mayor, á cuyo lado del Evangelio se abre en el muro, desdichadamente pintada, la puerta que da paso á la sacristía; puerta que, aun con su archivolta formada por resaltado baquetón, en su interior ornado por dientes de sierra contrapuestos, á manera de puntas de flecha, aun con sus capiteles cúbicos con cuatro dientes, y aun con su singular aspecto, — no es lo suficientemente poderosa para distraer tu atención del hermoso retablo del siglo xvi sin duda alguna, que ocupa el tes-
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tero de la Capilla. Hállase formado por doce tablas, representando escenas de la Vida y Pasión del Salvador del mundo; y haciendo semblante de ser obra italiana quizás, no falta de mérito, bien que no de superior importancia, — muéstrase cerrado por ancha orla general, calada y de resalto, enriquecida de jarrones, vástagos, vichas y otros elementos propios todos ellos de la era renaciente, con lo cual se acredita el supuesto antes indicado, por más que en su conjunto resplandezcan, como en algunos de sus detalles, las tradiciones del siglo xv. Salientes cruzados nervios recorren la bóveda de la Capilla, apoyados en repisas que figuran humano rostro, viniéndose así en conocimiento de que la primitiva iglesia, aquella para la cual fué abierta la portada románica en los días por ventura de Alfonso VIII, — debió experimentar notoria reforma en los de Alfonso X ó Sancho IV, á cuyo tiempo es probable corresponda la capilla absidal, conservando algunos canecillos al exterior el templo, propios de la tradición románica.
Sin duda, no habrás dejado de reparar dentro de la mencionada capilla, en el gran sillón señorial, blasonado, que, como resto de aquellas preeminencias irritantes y ya ridiculas, de que gozaron los hidalgos y los caballeros en las pasadas edades linajudas, subsiste allí desde el siglo xviii en que fué labrado. Muchos como éste, ó semejantes á éste, y más ó menos carcomidos por la polilla, hay todavía en las iglesias de la Montaña, que ya sabes, lector, es tierra de linajes y de alcurnias, en la cual aún se guarda tradicional respeto á la memoria de aquellos que, heredando el nombre y acaso el patrimonio, no heredaron por desgracia las virtudes de aquellos sus antepasados, ennoblecidos en su mayor número por sus propios méritos y su valor en los combates, al frente de los islamitas, opresores de la patria; pero si como prenda arqueológica, cual emblema de poderes que desaparecieron te inspirará interés, — tedio te causará por otra parte, al considerar que fué signo evidente de señalado privilegio en la santa casa de Dios, donde todos los humanos son
iguales, hermanos se apellidan, y mezclan sus oraciones, que van unidas en solo un haz á los pies del trono donde sobre las nubes se alza el Creador de cielos y de tierra.
Poco más de un kilómetro dista en la carretera provincial antes indicada y que enlaza en Hojedo con la general de Falencia, la histórica villa de Potes, cabeza del partido judicial á que da título, y es el más extremo de la provincia por el SO., y capital y centro de la Liébana. Documentos antiguos, anteriores sin duda al siglo xv, parece demuestran que fué nombrada Pontes primitivamente, quizás, como con razón verosímil por lo menos sospecha alguno, ya que no á causa «de los dos puentes que tiene sobre el río Quiviesa, el otro que hay sobre el Deva, y los dos que están sobre La Riega» donde hubo otros varios que hoy no existen, construcciones de épocas distintas en la edad moderna, — por los que en la antigüedad, de seguro, pusieron en comunicación las márgenes contrapuestas de aquellos mencionados cursos de agua. Alegre y risueña, cual satisfecha de sí propia, ofrécese á las miradas del viajero muellemente recostada á Mediodía en las derivaciones de los montes, extendida luego á uno y otro lado del Quiviesa hasta las empinadas y difíciles alturas casi perpendiculares que por el N. la limitan, y destacando como bajo soberano dosel el apiñado grupo de su caserío sobre la montaña de Viorna, y las nevadas cimas del Coriscao, y las restantes imponentes moles, que por Occidente sirven de fondo al delicioso cuadro que presenta.
Triste la halló el insigne Juan García^ y «abrumada bajo el sublime panorama que á su Noroeste desplega la sierra de Andará ó Andra, estribación meridional de las Peñas de Europa»; pero tú, lector, que acabas de cruzar las sombrías honduras de aquella cordillera maravillosa é indescriptible; que has sentido el ánimo agobiado por la pesadumbre de aquellas rocas altísimas, desde la profunda cortadura que á la vera del río abre paso artificial y trabajoso á la carretera, — no podrás en justicia pensar de igual suerte con respecto á la villa de Potes, cuando, bajo
un cielo espléndidamente azul y limpio, y á la luz regocijada del sol, que da á todo singular encanto y vida, — contemplas la población en medio del hermoso valle que fertiliza el Quiviesa, cercada, cual queda insinuado, por «altas y muy pendientes montañas», no ya desnudas, áridas y rocosas, sino sometidas á industrioso fructífero cultivo, pobladas de viñedo y de cereales, desde el pie, donde llega el caserío de la villa, hasta la cumbre, y matizadas de tan vario modo, que simulan cubiertas de pintada alfombra, en la que descuellan arrogantes entre las verdes ramas de las viñas «no pocos almendros, cerezos, guindos y melocotoneros», como abajo, en el pueblo, en las húmedas orillas del río citado, del Deva y en La Riega, florecen y se empinan con lozanía y pompa casi meridionales, «los mismos y otras muchas clases de árboles, que hermosean» el paisaje, demostrando la fertilidad del suelo, reconocida y preconizada cual excepción de todo el territorio jurisdiccional santanderino, y correspondiendo en él á la llamada siib-región de la vid, que alcanza á los ayuntamientos de Cabezón de Liébana, Camaleño, Cillorigo, Pesaguero y Vega de Liébana, «en donde», por consecuencia, y fuera de la forestal inapreciable, «la riqueza vitícola es la más importante entre las varias producciones á que se presta» la condición privilegiada del terreno (i).
Adviértese por su aspecto que es la villa, villa señorial, no exenta de significación, según lo patentizan y manifiestan gran número de sus edificios, por entre los cuales desbordan con pintoresca entonación las ramas de los árboles, ya sombreando movibles las blancas fachadas, ya subiendo hasta los rojizos tejados, ó asomando fructuosas por encima de bardales de amontonada piedra, mientras en el centro, sobre aquella agrupación, destaca erguida, esbelta, simpática y despertando adormidos recuerdos de
(i) Odriozola, Disertación sobre la manera de fomentar los principales elementos de la riqueza de la provincia de Santander, premiada con el accésit en los Juegos Florales en Santander celebrados el año 1888.
lejanas edades, — cuadrada y ancha torre, de sillares denegridos, á cuya defensa y amparo, en la siniestra margen del Quiviesa, parece congregado el descompuesto caserío, no de otra forma que en torno de la madre se agrupan y congregan los pequeñuelos, impetrando su protección constante y guareciéndose en su seno. Villa señorial fué con efecto de los señores de la Vega; fiel á ellos, á despecho del famoso Orejón de la Lama, partidario de Garci-Manrique; y en ella y en su jurisdicción, fué reconocida con las armas en la mano la autoridad del que más tarde se apellidó Marqués de Santillana, quien, «acaso por las fatigas que le costó, ó por sucesos particulares que le recordaba, amó... con especial amor á esta tierra; y cuando para descansar su mano de la espada tomaba en ella la plum.a, esplayando su pensamiento por las regiones serenas de la dulce poesía, llevábale natural inclinación á pintar el territorio lebaniego, á mencionar oteros y lugares, haciéndoles teatro de sus fábulas y recuestas amorosas (i)», y escribiendo en una de sus tan celebradas Serranillas:
Moguela de Bores (2), De buen continente,
Allá do La Lama (3), La cara plagíente,
Púsom'en amores. De tales colores,
Qual nunca vi dama
Nin otra, señores.
Cuydé que olvidado Amor me tenía,
Como quien s'avía Por lo qual, — Señora,
Grand tiempo dexado (Le dixe), en verdat,
De tales dolores. La vuestra beldat
Que más que la llama Saldrá desd'agora
Queman amadores. Dentre estos alcores.
Pues meresge fama De grandes loores. —
Mas víla fermosa,
( 1 ) Escalante, Costas y Montañas, pág. 6 1 8.
(2) Pueblo del ayuntamiento de la Vega de Liébana, en el valle de Cereceda.
(3) Pueblo del propio ayuntamiento y del mismo valle.
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Como á servidor: Mayores dulgores Será á mí la trama Que oyr ruyseñores. —
Asy concluymos El nuestro pro^esso Sin facjer ex^esso, É nos avenimos. É fueron las flores De cabe Espinama (2) Los encobridores (3).
Construida en el siglo xv, blasonada con el escudo de los Mendozas de la Vega, y ya algún tanto adulterada, — «de esta torre maciza, propia decoración de romancescos lugares, cuentan que fué premio de guerra y de victoria», pues poseída, «si tTien con no justos títulos, á creer lo que aparece en documentos de un pleito, que sostuvo la familia de los Hurtado de Mendoza (4)», por la familia de Garci González Orejón de la Lama que, «con el inmemorial derecho de la fuerza y de las armas ejercía formal y positiva dominación en Liébana», y aun por los Marqueses de Aguilar, — pasó luego de muerto aquel tenaz perseguidor de los derechos de don Iñigo López, á formar parte de los estados del insigne prócer, y de los duques del Infantado, sus sucesores y descendientes (5). Tiempos fueron aquellos de discordias y de luchas que ensangrentaron en más de una ocasión estérilmente la villa, solicitada de una parte por los partidarios de Garci-Manríquez, y de otra por los de los señores de
(1) Parroquia del ayuntamiento de Cabezón de Liébana, en el valle de Valdeprado.
(2) Parroquia del ayuntamiento de Camaleño en el Valle de Val-de-Varó.
(3) Obras del Marqués de Santillana, Serranilla IX, págs. 475 á 477.
(4) Llórente Fernández, Op. cit., pág. 3 I .
(5) El señor Escalante supone que los Orejones pretextaban «conservarlos lugares por el Rey.»
Dixo: — Cavallero, Tiratvos afuera: Dexat la vaquera Passar al otero; Ca dos labradores Me piden de Frama (i), Entrambos pastores. —
— Señora, pastor Seré si queredes: Mandarme podedes
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la Vega; pero pasaron al fin, y trocándose en lid judicial la que antes revistió caracteres de rebeldía, los valles movieron pleitos á su señor reconocido, alegando en balde, contra los derechos de aquel, derechos que no tuvieron eficacia legítima, y permaneciendo Potes en poder de los duques del Infantado hasta la extinción de los señoríos.
Ni falta quien suponga que fué esta torre misma propiedad en el siglo xiv del bastardo infante don Tello, y de su hijo, también bastardo, don Juan, por merced del de Trastamara, hecha á favor del don Juan mencionado, quien tuvo por esposa á la ilustre doña Leonor de la Vega; pero basta sólo fijar la vista en aquella construcción, para comprender la imposibilidad del aserto, cuando resulta obra evidente de la XV. ^ centuria, lo cual no impide ni dificulta el hecho de que, con su emplazamiento acaso, allí se alzase propugnáculo militar, distintivo de señorío, erigido para defensa del lugar, y poseído cual se pretende por el infante don Tello y su hijo don Juan de Castilla. De semejante altura sin embargo, vino con los años la orgullosa torre á convertirse en Cárcel^ y Torre de la Cárcel la apellidan aquellos que recuerdan que sirvió para tal destino un tiempo, como recuerdan que, encerradas dentro de sus fuertes muros las tropas constitucionales, sitiadas en 1823 por los realistas lebaniegos, hubieron de capitular y entregarse á éstos, cediendo al número y á las circunstancias. Vendida á varios particulares hacia 1867 ó 1868, — «la Torre señorial de poderosos magnates», cayó de tanta magnificencia, para ser «habitada por un zapatero», y convertirse luego en panera de trigo, que es á lo que se halla destinada por su actual propietario, rico vecino del próximo pueblo de Turieno: que tal ha venido á ser por lo común la suerte de la mayor parte de aquellas moradas señoriales, en las que la industria ó el comercio han reemplazado con ventaja muchas veces á sus antiguos fastuosos dueños.
Puede pues, afirmarse, que aquella enhiesta fábrica resume y compendia la historia de la villa: refrescando siempre en la
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memoria de sus actuales libres habitadores, la de los tiempos que pasaron, y pregonando cuánto valen la libertad y la independencia de que hoy disfrutan, después de haber quebrantado para siempre, no sin esfuerzos y sin luchas, la férrea cadena que los mantuvo como vasallos sujetos otros días á la autoridad de su señor y dueño. Bien se echa de ver que la villa nació, — quizás cual se pretende poblada por Alfonso el Católico, — en las vertientes meridionales por las que se encarama todavía, y donde, recordando la advocación de la iglesia parroquial ya derruida, en la parte más alta, existe el barrio de San Pedro ^ «al Sur del barrio de la Solana^ que hoy forma el extremo del pueblo,» barrio en el cual «aún se ve un pequeño cuadrilátero, que era la plaza;» fuese luego extendiendo, como atraída por irresistible impulso, hacia la Torre señorial del Infantado, por una y otra orilla del Ouiviesa, y hoy, habiendo muchas casas en la pendiente de la montaña todavía, se ha extendido también... por la parte llana que hay entre ambos ríos Ouiviesa y Deva,» — de suerte que sus vecinos «en su mayor parte propietarios de viñedos, pueden fácilmente desde la población,» vigilar é inspeccionar los trabajos de sus obreros, «cuidando de que la obrerada gane á conciencia el jornal, y la suculenta comida, que allí hace cada dueño llevar para los trabajadores» (i).
Penetra en el pueblo la carretera por la empedrada calle de San Roque^ y la primera casa de la villa, — aunque ya desprovista del señorial blasón que ostentó un tiempo, — es precisamente aquella en que vino al mundo el eminente artista D. Jesús de Monasterio, honor y prez en la actualidad de Potes, donde plugo á Dios dotarle del sentimiento exquisito de lo bello en el arte dulcísimo en que descuella, y de allí salió niño, para deber á su genio la fama de que goza, y le es universalmente y sin contradicción reconocida. El coche se detiene á poco, delante de la posada, la cual ocupa una de las muchas linajudas casas
(i) Llórente Fernández, op. cit. pág. 74.
que se levantan á uno y otro lado de la vía. Unido á aquel edificio, que aún conserva en su aspecto huellas de su fenecida grandeza, y hoy se halla destinado á fines tan diversos de los primitivos, — álzase otro de apariencia análoga y saliente y laboreado alero ennegrecido por los años; propiedad de la familia de Rávago, — muéstrase decorado por monumental y exento cuerpo, ó portalada, en cuyo triangular frontón destaca el blasón señorial entallado, con dos ángeles por tenantes, un águila, un castillo y una rueda entre dos columnas, con otro emblema no descifrable por empresa en los cuarteles, y debajo una lápida con la divisa, no menos extravagante que otras muchas de la Montaña, en caracteres capitales incisos, que declaran:
PORQVE EN LAS MORISCAS LIDES
VNA AGVILA ME GVIÓ
Y DESPERTÓ CON SYS ALAS,
ME LA DIERON POR HONOR.
ANDE LA RVEDA AL REDEDOR
QVE LAS COLVMNAS FVERTES SON.
Obra es la fábrica del enfático siglo xvii, y de la propia familia que la casa frontera, señalada con el número i, en la cual resplandece el mismo blasón heráldico. Agria rampa facilita el paso á cierta especie de plazuela, limitada al Occidente por el bardal de piedras que cierra el huerto de esta última casa, al N. por el cauce del Deva, y al Oriente por el Convento dominico de San Raimundo^ cuya ala meridional forma, sin número, parte de la calle de San Roque^ frente á la posada referida. Llámase ó es llamada, mejor diciendo. Plaza de la Libertad^ según reza el rótulo con sangrienta ironía, pues el Convento sirve hoy de cárcel de partido, y en él se hallan además instalados la Sala de Audiencias del Juzgado de primera instancia, la Sala de sesiones y Secretaría del Ayuntamiento, y aún queda sitio para la Sala de sesiones de la Sociedad Económica de Amigos del Pais en Liébana, el Hospital de San Rafael, y la cátedra para la enseñanza del latín, á que ha quedado reducido el Colé-
gio de segunda Enseñanza allí existente hasta 1850, con lo que resulta que aquel edificio religioso, ha venido á ser una bendición para los vecinos de Potes, quienes, así como los franceses encontraron en él alojamiento para sus generales, han encontrado en él espacio para casi todas sus oficinas, y todavía sobra. Con decir que fué comenzada su fábrica en 1603, y quedó concluida en 1608, no hay para qué nos detengamos delante de la iglesia, única parte monumental del Convento, abierta al culto, espaciosa, y con retablos barrocos de la época; sábese respecto de su fundación, que fué debida al «P. Mtro. Fray Toribio Vélez de las Cuevas, nacido en la misma villa de Potes,» á la que volvió en la primera de las citadas fechas desde Guatemala, donde había tomado el hábito religioso (i).
La calle se estrecha á poco, flanqueada á la izquierda por angostos soportales, desembocando en la Plaza, irregular y en declive, á la cual hace frente vetusto caserón destartalado, con resaltado blasón tallado en piedra; es la última de la calle en la acera de los nones, y sirve hoy de Café y de Casino. Inmediato á la Plaza, y bajada la cuesta del Cantón de abajoy cruza rumoroso y regocijado el Ouiviesa que, en aquel sitio mismo, «entrega sus sonoros caudales al no menos bullicioso Deva, » y sobre el cual se tiende uno de los puentes que dieron nombre á la villa: el llamado indistintamente Puente de la Cárcel^ por el destino que tuvo la Torre señorial de los Mendoza, levantada en su propia desembocadura, ó Puente de San Cayetano^ como es lo más corriente, por la ermita de la familia
(i) Venía «con diferentes comisiones de la orden,» y habiendo permanecido «una temporada en su pueblo natal,» de donde partió sin duda á las Indias en busca de fortuna,— «apoyado por la declaración de veintiocho clérigos del país, expuso al rey Felipe 111, al General de la Orden de Santo Domingo, al duque del Infantado y á los señores obispos de León y de Falencia, lo necesario y oportuno que era fundar en Potes un Convento de la Orden de Predicadores.» «Fuéle concedido el permiso que pedía; y en el mismo año 1603 comenzó la construcción del edificio, el cual, á pesar de algunos obstáculos que se presentaron, quedó concluído en el año 1608» (Llórente Fernández, Op. cit. págs. 79 y 80).
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Prellezo Isla dedicada á este santo en el extremo de aquél, abriéndose en pos la denominada calle de la Independencia, en cuyo costado derecho se alza la mencionada Torre, y cuyo nom bre debe á aquel famoso guerrillero Porlier, quien, al frente de los lebaniegos fué tal el temor que impuso á los generales de Napoleón, que, maravillado uno de ellos por la resistencia de estos naturales, «llamó á Liébana por sus proezas España la chica. »
Cuéntase con efecto, que cuando en los pueblos de este distrito «se sabía que se acercaba alguna división francesa, procurábase prontamente llevar á lo más alto y escondido de los bosques todo cuanto en las casas había que se pudiera transportar; y abandonadas las viviendas por todas las personas, ¡ay de los ejércitos extranjeros al penetrar en estos valles!» Emulando el heroísmo de los antiguos cántabros y de los cristianos de la VIII. ^ centuria,— «gruesos troncos de árboles, enormes peñascos, impulsados por manos misteriosas, rodaban en inmenso número y con horrible estrépito desde las cumbres, y sepultaban en los ríos allá abajo, en lo profundo de los valles, á los despavoridos batallones enemigos, que ni aun podían revolverse en las estrechísimas gargantas de los montes lebaniegos,» resultando «horribles... las matanzas de franceses todas las diez y seis veces que aquí entraron sus ejércitos,» guiados por los mariscales Ney, Cacoult, Carrier, Andreosi, Serás, Coutier y otros, «que á Liébana vinieron con grandes y aguerridas divisiones,» aquí mermadas y destruidas por el heroísmo incansable de estos montañeses, ufanos hoy y orgullosos con justicia de su valerosa conducta, pues habían sabido mantener su libertad y derechos pátrios/í^r medio de prodigios, según expresaba en proclama de 9 de Noviembre de 1810 el general don Nicolás Mahy desde la Coruña, y «sin otra defensa que la del suelo» que habitaban, habían «sin intermisión en el espacio de cuatro años» ejecutado tales y tan hazañosas maravillas, que no sin razón les decía desde Santander en 23 de Agosto de 181 2 el general don Gabriel
de IMendizábal, «os han proporcionado una gloria que no conoce igual -f> (i).
Frente á la desembocadura de esta calle de la Independencia^ en ancha explanada, levántase la Iglesia parroquial de San Vicente mártir^ calificada de «pobre, feísima y ruinosa» por los naturales (2), pero no exenta de interés ciertamente, á despecho de tales afirmaciones, injustas á todas luces las dos primeras. Su portada es pequeña, pero apuntada y de arcos concéntricos, saledizo é imposta escociada, y sobre ella en proporcionada ornacina pintada con estrellas rojas, osténtase la imagen de la Virgen, sentada, y teniendo en el regazo sobre la rodilla izquierda á su Divino Hijo, mientras lleva en la mano derecha un ramo de flores. Cubierta de pintura, y desfigurada por tanto, es obra de talla no falta de mérito arqueológico, y parece contemporánea de la iglesia, la cual, según con mayor detenimiento habrás, lector, de advertir, hace semblante de corresponder á las postrimerías del siglo XIII, si no es fruto del xiv. De planta de cruz latina es, y cuenta al interior con una sola y espaciosa nave, formada por varios achaflanados arcos ojivos que repartiendo la longitud del templo en cuatro tramos equiparables, apoyan en machones con columnas de fuste cilindrico, grueso y corto, y capiteles sin labrar, facetados, anchos y también cortos, y que reciben directamente y al descubierto la armadura de la techumbre, resultando el buque del templo de poca altura y de aspecto verdaderamente extraño, según ocurre en orden á la iglesia de San Sebastián en Hojedo, la cual es sin embargo de dimensiones harto más reducidas que esta parroquial de Potes.
Forman los brazos de la cruz dos capillas, de las cuales, la del lado del Evangelio es ya de principios del siglo xvii, á pesar de lo cual tiene bóveda de nervios que forman estrella, con un cupulino ó colgante al centro, declarando ser fundación de
(1) Llórente Fernández, Op. cit. págs. 102 á i 10.
(2) Idem, id., pág. 74.
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Juan García de Polentinos y de María García, su mujer, en el año de 1602, una lápida allí ostensible y manifiesta (i); la capilla opuesta, del lado de la Epístola, de mayor antigüedad, parece obra del siglo xv, y la absidal ó mayor, hace semblante de corresponder al siglo xiii, cual lo induce á sospechar la ventana gemela que allí se abre. No es pues, aun con ser verdaderamente pobre el templo, tan despreciable como se supone, por más que la piedad y la devoción de los vecinos de Potes en centurias pasadas, hayan contribuido ora por medio de altares, ora por medio de capillas, á adulterar, como en todas partes ha sucedido, la fisonomía del templo. De mayor riqueza es con verdad la llamada Capilla de la Congregación^ edificio agregado al de la iglesia por la de San Felipe de Neri, y en realidad suntuoso, el cual consta asimismo de cuatro tramos que se reparten la amplia nave, con dos huecos para altares, arcos de medio punto, y machones apilastrados, con recuadros por exorno; orientada de Ocaso á Levante, en el textero se muestra autorizada esta capilla por hermoso retablo de talla, fruto al parecer del siglo xviii, con muy estimables esculturas, bien que por desventura pintorreadas, principalmente en las ornacinas. No faltan en la iglesia, como no faltan según quedó indicado por lo general en las de la Montaña, los distintivos señoriales; y si la de Potes carece de blasonado sitial, posee en cambio, en la capilla de
(i) Dice de este suerte, en las doce líneas de queconta: lHS=£'s/a capilla jvndaron é icieron acer á sv costa Jvan || García de Polentinos y María García sv mvger vecinos de \\ esta villa. Dotáronla de svs bienes para vn clérigo qve diga \\ misa en ella por svs ánimas y de svs antepasados todos los || domingos y fiestas de gvardar de cada vn año, y los 1| lunes y sábados de cada semana para sienpre jamás. \\ Dexaron patrón con estar á todo ello^y otras co... 1| ...sas qve se hallarán más largamente por las es... \\ ...critvras de dotación y testamento qve hicieron \\ los dichos fvndadores aliarse an en el archibo desta \\ villa, y en el del Monasterio del Señor Santo Toribio. \\ Año de 1602 años. Lavs Deo.=En otra capilla del cuerpo de la iglesia, y lado también del Evangelio, otro epígrafe posterior, expresa en nueve líneas : t Solí Deo honor ér- gloria \\ Esta capilla de la Pasión \\ de Christo, Señor Nves... II ...tro, hizo hacer á sv eos... H ...ta y fvndó el Comisario \\ Ivan de Agüeros, Cvra II qve Jve de esta iglesia \y Vicario en esta provin... || ...ciay Comiss.° de la Ss.^ Crvz.^, año de 1642.-=
Jesús Nazareno, hermoso banco tallado, con las armas del linaje de los Linares, esculpidas allí en el siglo xvii.
No es dable reputar de grandiosa ni en su exterior ni en su interior la iglesia de San Vicente^ pero de todas maneras, mucho más interesante es en todos sentidos que el templo levantado á inmediaciones de ella, respecto del cual escribía en 1881 el escritor lebaniego tantas veces citado, «que hace ya 77 años se comenzó á construir y no lleva trazas de estar acabado en otros 77, porque, como decía un procurador que hace pocos años murió en la... villa, no hay cum-quibus, aunque el limo, señor don Vicente de Lamadrid, hijo de Potes y Obispo que fué de Málaga, remitió para empezar la obra de la iglesia veinticinco mil duros ^ mucha parte de los cuales se ha evaporado....» «Entre tanto, la famosa iglesia nueva^ en construcción desde el año 1804, ha servido de cementerio mucho tiempo, hasta que se hizo el que hay ahora en la pendiente de la montaña Viorna, al Oeste de la población (i)». Renaciendo el deseo de continuar la obra en aquella fecha empezada, y con anuencia del señor Obispo de León, á cuya diócesis corresponde Liébana, quizás porque amenaza ruina la fábrica de San Vicente^ — no há muchos años que han sido reanudadas las obras, en aquel edificio incoloro y de mal gusto, indigno de la villa, el cual más parece destinado á otro fin que al sagrado, con fi'ontón triangular, perforado en el tímpano, y dos torres que flanquean su imafronte, tan desgarbadas y tan artísticas, que parecen obradas por el mismo arquitecto que dirige los campanarios de cartón ofrecidos en la feria á los muchachos, y á cuya puerta, tosco monaguillo de barro, sujeta la cuerda de la esquila que asoma por la ventana del artefacto.
Pero dejemos tal maravilla, que aun parece más grotesca forrada por el andamiaje, y al paso, lector, que regocijará tu ánimo el paisaje que se ofrecerá á tus miradas desde este sitio,
(i) Llórente Fernández, Op. cit., pág. 74.
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por donde pasa la carretera provincial á Camaleño, — prescindiendo de otros detalles, encontrarás que no es Potes villa ni triste ni sombría bajo ningún aspecto, y que contribuye á enaltecer la cultura de sus vecinos, el pequeño teatro que, sobre la margen del río Deva, detrás de la iglesia parroquial y en la parte más Norte de la villa, posee la sociedad dramática La Liebanesa.
Más que Potes, y más que sus memorias y sus escasos monumentos, ha de llamar seguramente tu atención, lector paciente, si hasta aquí has tenido humor de seguirnos, — el humilde lugar de Piasca, famoso en otro tiempo, y que correspondiendo al ayuntamiento de Cabezón de Liébana, en el valle de Val-dePrado, excitará tu interés por miUchos estilos. Dista, no más de legua y media de Potes; y bien que para los naturales sea un paseo^ deber nuestro es aconsejarte que te prevengas, y hagas provisión por lo menos de una de las tres clases de vinos que fabrican los lebaniegos: ya del celebrado tostadillo^ de «color hermoso de topacio, tónico, fortificante, aromático», delante del cual «nadie hable del Málaga, ni del Peralta, ni del Jerez, ni de ninguno de los afamados vinos españoles ni extranjeros», pues á juzgar por el entusiasmo con que es en esta villa ponderado, «una copa no más, del tostadillo de Liébana, es siempre mejor recibida que una botella de esos otros»; ya del común, llamado de yema, «que tiene un delicioso sabor agri-dulce», y es en gran cantidad exportado por Santander para Méjico y «para la isla de Cuba, donde con razón es preferido al Burdeos», ó ya, si tus gustos son más humildes, del vino aquí apellidado de lagar, que «es más descolorido y más ácido», y «se destina para los obreros (i)». De menos habrás de echar en la expedición el confortante auxilio de este producto de Liébana, en cualquiera de sus tres clases, si olvidas nuestro leal consejo, y si
(i) Llórente Fernández, Op. cit., págs. 75 á 77.
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fiando en ti propio, y en tus fuerzas, das principio á la expedición referida.
Herniosa era la mañana en que, honrados por la galante compañía de uno de los más ilustrados hijos de Potes, el señor don Eduardo de Jusué, tomamos el coche que debía conducirnos en la carretera de Falencia, al pie, no más, de la altísima montaña, en uno de cuyos repliegues, como pájaro en su nido, se oculta el lugar de Piasca. El sol, el brillante sol que á ratos habíamos logrado sólo entrever, por desdicha nuestra, durante la excursión realizada ya, á través de la provincia de Santander, y á quien como á antiguo é inseparable amigo, volvimos á encontrar con regocijo en la villa capital de la Liébana, — sembrábala alegría por todas partes, arrojando el polvo de oro de sus rayos ardientes sobre el panorama, el cual parecía animarse á su contacto, antojándosenos que en lugar de hallarnos en esta región del SO. de la Montaña, nos encontrábamos en medio de las fragosidades de la Sierra Morena, ilusión que hacían más verosímil los macizos de bosques frondosos, donde el roble, el haya, los nogales, pero el robusto roble sobre todas las especies arbóreas, matizaban el paisaje con tonos diferentes y simpáticos. Atrás en breve tiempo quedó Hojedo, y avanzando por el ancho y cuidado camino, á la derecha, á poco, «recostada en dos laderas, y atravesada por el río, á cuya orilla está la iglesia,» en medio de abundantes huertas pobladas de cerezos, divísase á Frama, y se distingue entre todas, reclinada con cierta coquetería en aquel lecho de verdura, la moderna casa de un indiano^ Sr. D. Cesáreo Gómez de Bedoya, la cual es de buen aspecto y rica. A no larga distancia, abandonamos el carruaje, y con ánimo valeroso comenzamos á trepar por la senda á la derecha también del camino practicada.
Como el sendero de la vida, aquel por cual hubimos de internarnos, cuán dulce nos pareció y suave; cuán hermosas y dignas del pincel de los artistas montañeses las deliciosas perspectivas con que brindaba la madre naturaleza, proclamando allí
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SU superioridad indiscutible, por todos los medios que ella sola posee, y que ella sola ostenta cumplidamente; pero por desventura, y así cual con los años va tornándose cada vez más trabajosa la cuesta de la existencia, — así también el sendero, en giros mil encontrados y revueltos como los hilos de la madeja de que se apodera el niño, en pendientes resbaladizas, pero sombreadas á la continua, ya por débiles arbustos, ya por poblados robles de largas ramas y pomposa y obscura copa, continuaba delante de nosotros empinándose cada vez más, hasta producir intolerable fatiga. Rendidos por ella, hubimos al fin de detenernos: y gracias al amparo del pabellón flotante formado con sus hojas por un árbol, mientras sentados en la linde de la vereda reponíamos nuestras fuerzas quebrantadas — refrescábamos las fauces secas con algún trago del famoso tostadillo, para nosotros entonces superior, con efecto, al Málaga, al Jerez y á todos los vinos imaginables y posibles. El camino, siempre en cuesta de gran pendiente, continuaba impertérrito, causando en nosotros maravilla el encontrar en él, subiendo también, pero con mayor despacio y lentitud más provechosa, uno de los carros del país, tirado por la tarda pareja de corpulentos bueyes, cubiertos de sudor, envueltos en sus respectivos húmedos camisones, y adornados con las ennegrecidas melenas que en el testuz les caían sobre los ojos.
Al fin, y torciendo hacia la izquierda por breve sendero abierto entre verdes y lozanos árboles, llegamos á saludar el pueblo: y guiados por aquella cinta, medio borrada por la exuberancia de la vegetación, — arribamos á la iglesia, al mismo tiempo que lo verificaban algunos fieles devotos que nos miraban con marcada extrañeza. No podrás nunca, lector, formar idea de lo que es una iglesia de lugar y de lugar en la Montaña, mientras como nosotros no contemples los toscos muros que la rodean, mientras no veas por ti mismo el espectáculo de desolación desconsoladora, que con frecuencia ofrecen, pregonando el abandono censurable á que nuestro egoísmo y nuestra miseria
SANTANOER
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les ha reducido y condenado. ^Cómo imaginar, cuando surgiendo de entre la arboleda, aparecen los rudos murallones de mampuesto,— donde arraigan destructoras las parietarias, — las descuidadas techumbres, cuyas tejas han ennegrecido las aguas, los trozos de muros de sillería quebrantados, repugnantes, cual osamenta de cadáver desconocido, cómo imaginar que aquella masa informe, descompuesta, ruinosa, imposible, en una palabra, sea el famoso Monasterio benedictino de Santa María la Real, tan abundado en bienes como poblado y rico, y al cual hicieron tantas y tantas mercedes los piadosos habitantes de la Liébana? ^Cómo que aquella fuera la basílica de San Julián y Santa Basilisa^ «quorum reliquia requiescunt in locum Piasca,» que había sido restaurada ya antes del año 930 (i)? Y sin embargo, era cierto.
Ponía el sol de relieve, como pústulas insanables, las manchas producidas en la venerable fábrica por la ruina: prominentes, y pidiendo descanso, hartos ya de luchar con los años y con la intemperie, adelantábanse como brazos clamorosos los restos de construcción, aún adheridos á la masa sin formas determinadas del templo, cuyo sagrado destino pregonaba á nuestra presencia la humilde espadaña del callado campanario. Y no obstante, repetimos, á través de tanta desolación, ya irreparable, recordábamos que desde los días gloriosos de Ramiro II, por lo menos, proclaman los documentos conocidos las donaciones hechas y las mercedes liberalmente otorgadas á aquella casa por los lebaniegos. Ya eran Toda y Argonti, quienes, demás de lo que anteriormente había dado su padre Aldroito, donaban en 25 de Julio de la era 968 (930 de J. C), gran parte de su hacienda (2): ya Nonito, quien en la era de 983 (945 de J. C.)
([) Escrituras núms. 461 y 18 de los Documentos del Monasterio de Sahagún^ existentes en el Arcli. Hisl. Nacional, págs. 1147 del Indice.
(2) Es la citada escritura 461 del Indice de los documentos de Sahagiut^ por la cual donaban á San Julián y Santa Basilisa, «quorum basílica in locum Piasca, territorio Leuanensi fundata siue restaurata est,» mandria no7ninibus desiguala Anastasium cum fíliis suis, el Hildosindam equas numero septem cum suo anissaio, uaccas numero decem cum suo lauro, oues uiginWn, capras uigintim^ porcos
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cedía una viña, término de Kabarecio^ y otra tierra al Monasterio de la Virgen Santa María, del apóstol Santiago y de los Santos Julián y Basilisa, y á la abadesa do^nna Hailo^ cum homni colegio sororum et monaco^^um... ibidem perageiitibus vitam monasticam (i); ya en el año 951, y reinando Ordoño III, Simplicio «cognomento Karapele,» quien vendía en Piasca una viña á la abadesa doña Ailo, y á las demás monjas y monjes de Santa María de Piasca (2); ya en el mismo año, vendía un tal Ka^ bolo á la dicha abadesa en precio «cebarla et binum sub uno VII quartas,» otra viña en Piasca y término de Pinares (3); ya, y prescindiendo de otras muchas compras hechas por el dúplice Monasterio, — Elduara, Argilo, Xemena, Aurea, Munia, Fronilde, Teodosinda y su hijo Froila en 957 ofrecían sus personas á la obediencia del Monasterio y su abadesa Ailo, dándole viñas, tierras y heredades en Tabarnego, Cabarecio, Rodías, Porrozo y Arenillas, con otros bienes (4), como Guifredo, Eugenio, Munio Alfonso, Urraca, religiosa y después abadesa, la condesa doña Mumadona, Oro Micaeliz, Alfonso VII, Sancho III, Miguel Martínez de Fuznayo (Hoznayo), Domingo Martínez de la Casilla, el Concejo de Cambarco, Mil Artes de Loriezo, Rodrigo, Pedro y Gutierre Suárez, Pedro, presbítero de Annezo, Martín Covo, don Pedro Díaz de Treceño, don Fernant Rodríguez de
iriginta. Libros tamen etiam ecclesiasítcos, ■pasioniim /, antifonarios II, oraíionum I, ordinum I, commicum /, raciónale I, precum /, libellum de uirginiiate sánete Marte I. Bibliotecam ibidem -pater meiis — dice el documento, — domnus Aldroitus dedit ego tamen confirmo. Ornatiis tamen eclesie, frontales IlII^uelafrincipalia Vll.super euangeliares majores IIII, minores IIII, coronas argénteas III, iiitria /, erea /, crucem precesoria argéntea /, lucerna erea /, signum ereiim naide mir abite /, misterie argéntea par I, incensares éreos par II. — «Facte scribtura testamenti die VIII. ° Kal. agustas. Era DCCCCLXVIII.» «Entre los confirmantes— advierte el Indice,— está : Reccaredus episcopiis hanc cartulam in presentia mea tradita sánete eclesie quam ego consecravi conf.n
([) Escritura cit., núm,
(2) Id., núm. 558.
(3) Id., núm. 5 <59.
(4) Id., núm. 583. En el margen existe otra donación del mismo año hecha por Todesinda, «una cum abo meo Toderico et cum tio meo Golterio,» de una viña en Arenillas.
Treceño, doña Elvira González, Teresa, viuda de Alfonso, hijo de Toribio Díaz, doña Elvira Suárez, Juan, hijo de García de la Casilla y Pedro y Alonso de Valverde, desde el año 9Ó6 al de 1468, con otros muchos que no constan, hacían graciosas donaciones y piadosas mandas, que enriquecían y dilataban el señorío del Monasterio (i), al cual ponía pleito en 1455 el marqués de Santillana por lo que á su jurisdicción respecta y se refiere (2).
Fundado aparece con efecto antes del siglo x, bien que no sea dable precisar la fecha; pero sí consta por cierta escritura de donación otorgada al espirar el primer tercio del siglo xi por Munio Alfonso, que lo habían íundado sus abuelos (3), lo cual parece acreditar el hecho de que eran éstos personas de importancia en Liébana, donde ejercieron sin duda autoridad, si no es que debe ser reputado como fundación del mismo conde Alfonso y su mujer la condesa doña Justa, quienes habían erigido la iglesia de Santa María en Lebeña, según quedó arriba consignado. Dependiente del poderoso Monasterio de Sahagún, en éste, como dúplice, hacían religiosa vida comunidades de ambos sexos, extinguiéndose, á juzgar por las escrituras, la de monjas, poco después de mediada la XI.^ centuria, y señalándose con la autoridad y representación abacial, á partir del año 924, doña Hailo, ó Eilo, Fronilde (980) y Urraca (1048 á 1058), última citada en los documentos. Trasponiendo el mísero cuerpo que da acceso al atrio de la iglesia, — como decoración teatral, muéstrase de improviso la imafronte del templo, cuya extructiira y cuya fisonomía obligan á pensar desde luego, cuál pudo ser la suerte de aquella basílica de San Julián y Santa Basílica,
(1) Son las escrituras señaladas respectivamente con los números 665, 718, 830,910,944, 990, Í2I2, 114, 125, 126, 127, 1654, 17071 1723, 1727, 1821, 1822, 1877, 1913, 1957, 1971» 2254, 22i^7,2262 y 2269 del índice mencionado.
(2) Escritura número 2264, pág. 2 I del citado /«¿ízce.
(3) Id., número 830, pág. 199.
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ya restaurada antes del año 930, y de la cual nada habla hoy en la fábrica subsistente, cuya fachada principal corresponde á época muy distinta.
Bien lo advertirás, lector, en su aspecto; pero más todavía, cuando, con el detenimiento á que es acreedora, examines la naturaleza de los elementos de ornamentación que la enriquecen. Los arcos apuntados de su bella y suntuosa portada, pregonando están que ya había el segundo tercio del siglo xiii traspasado los umbrales de la cronología, y que Fernando III había por lo menos en Córdoba seguramente vencido el poder de los arrogantes mahometanos, cuando era reconstruida la iglesia antes de 930 restaurada, y hasta entonces subsistente. Concéntricos y lujosamente ornamentados en su varia proyección, son los cinco arcos que resultan con la saliente periferia, á excepción del interno, apoyados á cada parte en otras tantas columnas acodilladas, de ancho y corto fuste cilindrico, y de capiteles tan preciosos como interesantes : serpeante vástago florido, en relieve, como todas las labores de esta notabilísima portada, el cual se resuelve al extremo en bien talladas palmas bizantinas, ejecutadas en bisante, — recorre en todo su desarrollo la periferia, constituyendo el primero de los arcos abocelado voltel de muy profunda escocia; elegante serie de palmas de dos distintos tamaños, y salientes y revueltos brotes esféricos, decoran el segundo arco, y mientras el tercero se halla formado por recio bocel, el cuarto es por su composición y su acento representante vigoroso de la tradición modificada por las renovadoras influencias que debían convertir las portadas de los edificios ojivales, en verdaderas maravillas.
La decoración profusa de que hicieron gala en este arco los constructores, á partir del extremo izquierdo del espectador, — ofrece en primer término un león, al que sucede monstruosa cabeza: inmediatamente después, aparece la figura de un guerrero, de faz barbada, vestido el férreo lorigón de malla, armado de un chuzo, y embrazando con la izquierda la tarja ó broquel,
PIASCA.— Imafronte de la Iglesia parroquial de Santa María
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circular en el cabo superior, y en el inferior agudo, ornado como empresa por extraño exorno de ocho brazos, y en un todo semejante, fuera de esto, al que por su parte ostentan en la célebre Colegiata de Sa7itilla7ia, aquellos dos caballeros que en lid soltera destacan en uno de los capiteles del interior de la afamada iglesia. Tañendo un psalterio, siguen sin solución de continuidad dos bultos; femenil el de la izquierda, aparece sentado en característico sitial de tijera, y varonil el otro, es barbado, como lo son también los dos que, tañendo cerca de la clave cierta especie de viola, continúan en la decoración, apareciendo en la clave monstruosa cabeza, con las fauces abiertas, y resaltada flor que le acompaña, para suceder en pos el busto de un religioso, obra que simula no hallarse terminada y ser de posterior tiempo, otro busto, barbado con melena partida á la mitad de la cabeza, luego palmas y un león por último descabezado, como remate en el extremo de la derecha. Trayendo á la memoria del viajero los elementos orientales bizantinos que debían dar vida transformados al arte muslímico, y resplandecen en la decoración de la insigne Mezquita- Aljama cordobesa, — el quinto arco está formado de enlazadas y características palmas, haciendo todo semblante de autorizar la sospecha de que el último y más interior de los arcos referidos, debió sufrir alguna restauración en época no designable, pues los elementos que le componen parecen posteriores, y sólo consta de un bocel que avanza de la basa, y se alza á través de la saliente imposta para recorrer la archivolta no sin manifiesta gallardía.
Variada es la ornamentación por la cual se avalora y enriquece la imposta referida, que es la general de la portada y hace oficio de cimáceo respecto de los capiteles, monstrándose compuesta por palmas, vástagos de oriental progenie, bien sentidos y movidos, con hojas harpadas y algún ave picando el fruto de los tallos, exornos que se mira reproducidos en ella á través de los diversos planos de la portada. Compitiendo con los labrados durante la era románica, y atemperándose á la tradición de
la misma, los capiteles descuellan por su decoración no menos exuberante y bella, advirtiéndose en una de las caras del de la columna exterior de la izquierda, — que es calado, — graciosa vicha entre fuertes y revueltos vástagos, la cual vuelve el cuello hacia el ángulo del capitel para formar cierta manera de voluta, según el gusto de la época; finge huir medrosa del león que, con trazas eminentemente orientales, también entre vástagos, ornados de pequeña labor facetada simulando pedrería, destaca en la cara interna de este miembro de construcción, en el cual quiso sin duda el artífice representar ó caprichosa escena de venatoria lucha, ó dos de los animales que simbolizaron la fábula del bien y del mal en el Oriente. En el otro inmediato capitel, destacan dos centauros, uno de rostro barbado y ambos con melenas, y calado el tercero, en él dos aves fantásticas fingen picotearse para formar la voluta; de mayor importancia el cuarto, quiso en su decoración el ignorado artista de quien es obra, interpretar religioso asunto, y esculpió en él la figura de Nuestro Señor Jesu-Cristo, á caballo, en el solemne momento de su entrada en Jerusalém: barbado y con melenas, tiene el brazo derecho fracturado, pero alzado en alto y en actitud de bendecir; el caballo, roto también, y todo hace involuntariamente evocar el recuerdo de uno de los hermosos capiteles de la Colegiata de Aguilar de Campóo, que hoy figuran en el Museo Nacional de Arqueología. Da término á la línea de capiteles de este siniestro lado, el quinto, formado de lazos, cuya filiación no puede aparecer dudosa.
El más interior de los capiteles de la parte opuesta es de tradición romana, y corintio en su aspecto, mientras el que le sucede, ya deteriorado por extremo y roto, estuvo historiado, pero ofrece en cambio en el fuste y de resalto, la nimbada figura del arcángel San Rafael, con las alas desplegadas, la cabeza rota, traje talar muy plegado, y un chuzo en la derecha, el cual introduce por las fauces de simbólica serpiente. De igual
traza que el primero de los de este ala es el tercero, y mientras
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el cuarto se compone de vichas entre vástagos, en el quinto y último, que es el más exterior, una zorra acecha astuta una gallina, envuelta entre la red que forman en torno de ambos animales entrelazados y salientes vástagos. Puede pues comprenderse por esta descripción sucinta, cuya eficacia no puede sin embargo alcanzar ni mucho menos á formar idea de la riqueza desplegada en este ingreso, — la importancia que desde luego revela el monumento, largamente recompensando las fatigas con que por llegar á él lucha el viajero. Córrese la imposta antes mencionada á uno y otro lado, y sobre ella en el de la izquierda, destaca en rectangular sillar de tostada arenisca y en letra incisa mixta, desgastada en algunas partes, el siguiente epígrafe que es conmemorativo de la dedicación del templo, diciendo en las diez líneas de que consta:
+ KALENDARV MARCII _pECIM0 ; IN HONORE SÜE MARIE FACTA EST HVI(z;s) ECCLIE_DEDICACIO (sic): A lÓHE LEGI...
...ONENSI EPO i PRESENTE ABBE SCI FACVNDI : DOMNO GVTERIO ET PRIORE HUI(ys) LOCI DONO PETRO i ET COVATEKIO OPERIS MAGISTRO : BIS QVINGENTENI SIMVL ET TER SEPTVA...
...GENI i ILLIVS VERAM COMPONVNT TEMPORIS ERAM i A QVA BIS DENOS REMOVETO BISQ : NOVENOS SIC INCARNATVM NOSCES DE VJRGINE NATVM fjf OPA ISTA FVIT PERFECTA ERA DNI : MCCCCXXXIX PRIOR DOPMINVS PETRVS i ^ IHS FRS DE ANIEgO ME FIZO : XPS<Í» : T° DE CABARCO ME FIZO
La importancia de esta inscripción, abierta en el año de 1409, en el cual hubo de ser nuevamente reformado el templo, evidente resultará, lector, para ti, si atentamente la consideras, pues ella te declara que en la era de 1 280, año 1242 de la Encarnación, y reinando en Castilla por consiguiente el santo hijo de doña Berenguela, el rey conquistador de Córdoba y Jaén, don Fernando III, en fin, — fué la iglesia, reconstruida á la sazón por el Maestro Covaterio, dedicada á Santa María por Juan obispo de León (i),
( I ) Según el Catálogo de los obispos de León, publicado por el P. Mtro. Fr. Manuel Risco en el tomo XXXV de la España Sagrada, habiendo muerto en i6 de Enero de i 242 el obispo don Martín, hubo de sucederle desde el dicho año hasta el de 1252 don Ñuño Alvarez, arcediano que había sido de aquella santa iglesia
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hallándose presentes don Gutierre (1), abad de Sahagún, y el prior del Monasterio de Piasca, don Pedro ( 2 ), y habiendo permanecido sin duda incompleta, fué esta obra perfecta, es decir, terminada, el año 1409, siendo prior del propio Monasterio otro don Pedro (3) y maestros de las obras Juan Fernández, de Aniezo, y Cristóbal ó Toribio de Cambarco (4). Si ha de ser á este epígrafe concedido el crédito que al parecer merece,— viénese por él en conocimiento de la exactitud de nuestras anteriores afirmaciones respecto de la época en la cual fué erigida la fábrica actual de la iglesia de Santa María la Real de Piasca, y de la eficacia alcanzada por la tradición en el arte de construir, y principalmente en los entallados adornos que ennoblecen y autorizan su portada, dando por ello origen á supuestos erróneos, y extraviando á quienes, fundados únicamente en los caracteres distintivos de dichos exornos, de buena fe proclaman ser aquella demostración irrefutable de que en su totalidad corresponde á la era románica.
Inmediato al primer inferior cuerpo de esta fachada, corre ancho bota-aguas en toda su latitud ; y entre dos ventanas desornadas y rectangulares, modernamente abiertas, ofrécese pere-
(pág. 30S). Quizás se halle mal escrito ó hayamos interpretado mal el epígrafe de Piasca, y con nosotros cuantos hasta aquí lo han leído, pues no puede tildarse de apócrifo.
(1) Entre don Guillermo, abad de Sahagún en i 239, y don García que lo era en I 246, no hay documento del año 1242 de los publicados en el Indice referido, por el cual se menciona al abad Guterio ó Gutierre.
(2) En los documentos del Monasterio de Sahagún, aparece este prior desde el año I 209; escritura n° 1822, pág. 4 i 8 del Indice ya citado. En 1252 era prior Juan Moniz (escrit. n.° 1923, pág. 44 i ).
(3) Era prior todavía en 1 4'5 "5 , según el documento n.° 2 264, inserto á la página 52 1 del Indice memorado.
(4) Llórente Fernández al publicar este epígrafe, incurrió en varios errores, entendiendo: Kalendarum Marci décimo: in honore sacrce Marice facía est huic Ecclesice dedicatio: Alfonso Lesiónense Ej>iscopo^ presente Abbale sui FA^(20N. ORDO.GOFRIO, el priore huic loci domno Petro el covanlerio operis magislro: bis quince digni simul el ler sepitiageni iliiis veram compomi7tl lemporis eram: á quam bis dennos, removelo bixo DaVvoo^ opera isla fuilprefecla era dominiMCCCCXXXIX por Donnus Pelrusi^. fhs Tirso de Aniezo de Fixo. Xps. X. T.° de Cambarco me fizo (Op. cit. pág. 132).
grina decoración que sirve de complemento á esta parte del edificio. Hállase formada por tres ornacinas de distinta hechura y en un solo cuerpo, con otros tantos arcos, de menor altura las laterales, que son de tres lóbulos, y á modo de arrabaá aparecen recogidos y encuadrados por saliente lambel de dientes de sierra labrados, y algún tanto peraltado el central, provisto de resaltada periferia, en la que se extingue, á la una y á la otra parte, el lambel antes mencionado. Apóyanse en cuatro recias columnas de cilindrico fuste, rojizas, y con capiteles notables, pintados por desventura, siendo el del extremo de la izquiezda, bajo abaco de grandes hojas rizadas, calado, y de estructura semejante á los cordobeses; como en la portada de la iglesia de San Sebastián de Hojedo, los dos capiteles de las columnas centrales fingen la cabeza de un monstruo de ojos prominentes, el cual tiene asido el fuste con los dientes, y el cuarto y último, en el extremo de la derecha, se compone de floridas espigas, resaltando en las ornacinas las efigies de San Pedro en la de la izquierda, obra de talla que hace semblante de corresponder á la época de la imafronte, la de la Virgen titular en la del centro, teniendo á su Divino Hijo en los brazos, y pareciendo ser posterior á este tiempo, y por último en la lateral de la derecha, la figura de San Pablo, con la mano izquierda levantada, ya porque le falte la espada característica, ó ya porque con ella dé paz, y llevando en la derecha un libro en cuya tapa se lee en letra incisa el nombre de PAVLVS.
Desolado es el aspecto que, prescindiendo de la humilde espadaña con la cual tiene la fachada remate, — presenta el edificio por su parte septentrional, cubierta de espinos, de ortigas y otras plantas, maleza allí crecida espontáneamente y que oculta piadosa las ruinas del monumento por este lado, brindando en cambió en el oriental con sorprendente espectáculo. Es éste el de los dos circulares ábsides, que, construidos de desiguales sillarejos, conserva de los tres con que hubo de contar primitivamente el templo, adulterado el principal por moderna
construcción levantada sobre la zona de canecillos y con cubierta de dos vertientes, dándole sin embargo apariencias pintores-
PIASCA. — Ábside central de la Iglesia parroquial de Santa María
cas, á lo cual contribuyen por su parte las muchas hierbas de todo género nacidas en torno del monumento, y cuyas ramas llegan hasta el primero de sus retallos, amparándose en las pie-
dras, y haciendo aquellas reliquias dignas del pincel de los artistas de la Montaña. Grande y apuntada fenestra se abre entre los dos robustos estribos en que apoya este ábside; rasgada y de pronunciada periferia, contiene en ella desordenadamente acomodados significativos relieves de palmas orientales, pájaros en varias actitudes, y con otros exornos, un centauro á la izquierda, disparando el arco sobre un ave. La imposta que hace oficio de abaco, es de enroscados vástagos que forman cierta especie de medallones, dentro de los cuales destacan hojas de profijndos nervios, y mientras el capitel de la izquierda es largo, y de reticular labor, el contrapuesto es de grandes y revueltas circulares hojas; de cinco dovelas consta el intradós, escociado, y dentro de él, ya tapiada, ajimezada y elegante se dibuja la ventana, teniendo encima de cada arquillo circular medallón con una estrella de seis puntas en relieve, y al medio, se distingue, deformado y casi cubierto por la cal, otro exorno asemejable y compuesto de círculos.
Recorre la superficie circular del ábside en la zona superior, resaltada imposta, en la que, bajo la moldura, se desarrolla cierta decoración de menudas piedras facetadas á manera de mútulos, y sobre cada estribo descansan apareadas y sólidas columnas de capiteles historiados, las cuales simulaban soportar la cornisa, laboreada, y con resaltados é historiados canecillos, figurando ya un ciervo, ya aves, ya cabezas humanas, ya florones. No son estos, sin embargo de su riqueza, los únicos exornos del ábside central, pues en la zona inferior y debajo de la gran ventana referida, corre otra imposta general, compuesta de escociada moldura apometada, y labor ajedrezada, viniendo á resultar por tal camino evidente la lucha que á la sazón sostenían los entalladores de la XIII. ^ centuria con el prestigio logrado por las influencias ojivales, y el de la tradición por ellos seguida religiosamente, acreditándolo así la ventana que en la cara SE. tiene este ábside, la cual es pequeña, de arco de herradura lobulado, pero de cuyos lóbulos queda ya sólo parte.
De menor elevación es el ábside lateral, inmediato por el costado de Levante, ofreciéndose recorrido por la misma imposta, apometada en la parte superior y en la inferior ajedrezada, y enriquecido por igual linaje de canecillos y el propio tejaroz que el principal, del que se declara hermano, rasgándose en este cuerpo del edificio pequeña ventana ajimezada á la que falta ya el parteluz, con cierta manera de arra-
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PIASCA. — Ábside lateral de la Iglesia parroquial de Santa María.
baá circular de labor ajedrezada, y soportado por dos columnillas ornamentales, con un rosetón de tres lóbulos, hoy tapiado, en el tímpano.
Triste impresión producirá, lector, en tu ánimo el interior de
aquella iglesia, tan rica en su exterior y tan interesante, á despecho de cuanto la deforma, y del estado ruinoso en que se halla: de su pasada grandeza, apenas queda ya recuerdo en los tres irregulares tramos en que se divide su longitud, el inferior ú occidental destinado á coro, ancho y espacioso el segundo, al cual da el pulpito, adosado á uno de los pilares, de planta de cruz, y el último que señala delante de la Capilla absidal los brazos del crucero, pues tuvo el templo planta de cruz latina, como todos los de su edad y estilo. De fuertes nervios son las bóvedas del crucero mencionado; impostas laboreadas le recorren, mas con tan desdichado acuerdo coloridas, como las bóvedas, que da pena considerar las consecuencias del piadoso extravío que condujo á tal extremo, así como á blanquear la iglesia, hecho conmemorado por la inscripción que encima del arco de ingreso al crucero declara qué fue aquello hecho en 1853 ó 1855. A los lados de la Capilla Mayor, y por bajo de la imposta, distingüese dos arcos gemelos, de capiteles historiados cubiertos de cal y de pintura. Es apuntada su periferia, y de tres lóbulos, como los laterales de la ornacina exterior en la imafronte, son los dos arquillos, resto de la primitiva decoración arquitectónica, que desaparece cubierta por el barroco retablo, si no es que ha sido destruida de propósito para colocar aquella armazón incolora é insignificante.
Ya no tampoco se autoriza con los retablos con que la enriquecieron en la XVI. centuria sus piadosos priores; el estado ruinoso del edificio movió á venderlos con la autorización del Prelado leonés, á cuya jurisdicción pertenece este distrito lebaniego, para atender á la reparación de la fábrica; pero allí quedan á la una y otra parte de la Capilla Mayor en el crucero, llagas dolorosas, los huecos ocupados, un tiempo por las flamencas tablas. Consagrado á San Miguel el del lado del Evangelio, aún conserva un madero, colorido de rojo, donde en letras doradas monacales , en extremo borrosas , podrás entender, lector, que
túix üirra (la del retablo) mixÍTo liar: bo Jim írt )3oWacio, jjrior ^it tÚR CUBR, año be mil
En el lado de la Epístola, la falta del retablo consagrado á San Benito y San Pedro ha dejado al descubierto un arco apuntado y apometado, y allí, sobre el ara huérfana, queda también el madero, en el que por igual manera se declara:
t%tt XX : t ': hhk : mnnho : hm : frai ptórü b^/Z/ZZ/prior : bcsta : casa • Ijacabos^ l^m [ d ana be mil b
Delante del pilar izquierdo del presbiterio, advertirás como cosa curiosa la lápida sepulcral colocada en el pavimento, y que expresa en las diez líneas de que consta :
AQVIJAZE JVLIAN
DE PARAVILLA RVEL
FAMILIAR DEL ST.°
0F.° ALCALDE Q. FVE
OE LA PARED DE
PIASCA (i) EL QVAL DOTO
ESTA SEPVLTVRA C... ...ON SV ASIENTO FAL... ...LESCIO AÑO DE 1624
A25DESETIEMBRE
Da el brazo oriental del crucero salida al arruinado claustro por medio de una puerta, cuyo arco es de plena cimbra, y en cuyo exterior, por el claustro, muestra deformada á causa de la cal la archivolta, ornada de cabezas, y recogida por escociada periferia de palmas; labrada es la imposta, y sólo conserva una de las columnas, con capitel historiado, mientras en el muro, á la izquierda de este ingreso, se dibuja una ornacina de arco de igual estructura, pero ajedrezado, y con un gran bocel, que forma la archivolta. Guárdase en la iglesia, cual memoria, demás de la cabeza de San Pastor de Tornes, conservada en conve-
(i) Torno á que se dió vulgarmente nombre de pared.
niente relicario, cuya parte superior es una celada de encaje, colocado encima del tabernáculo del altar mayor (i), — hermosa cruz procesional esmaltada, y otra flordelisada, de plata y del siglo XVI, recorrida de cresterías al tope, con vástagos en los costados y grandes flores de tradición ojival, ostentando grabada en el reverso la figura del Padre Eterno, sentado, bendiciendo con la mano derecha, y con la izquierda sosteniendo el mundo.
Si lastimoso, y más que esto, vergonzoso es en realidad el estado á que ha quedado reducido el célebre Monasterio, y con él la iglesia, — pónese de manifiesto la necesidad urgente de atender á su conservación, ya que no á su reparación, cuando se contempla sus bóvedas, desde la resbaladiza escalera de maderos que conduce á la espadaña, á donde nos guió el bondadoso párroco D. Hermenegildo Merino, para enseñarnos la campana, en la cual, y en dos líneas de inscripción, dice cosa muy distinta de la que supone algún autor lebaniego, pues expresa, en la línea superior: bos mea cuntorvm | sit teror deMONiORUxM, y en la inferior: mentem santam spontaniam onorem
DEO PATRI E L1BERATIONEM MEAM.
Dolorosamente afectados, descendimos las empinadas cues« tas, rampas algunas de ellas, de pendiente imposible; y pensando en la miseria que es causa de la ruina de tantos monumentos, en la indiferencia que hacia ellos tienen y afectan sin excepción las grandes poblaciones, y en la ignorancia en que respecto de la forma con que se da culto en las iglesias rurales viven los centros oficiales de la Corte, — llegamos por fin al sitio donde el carruaje nos aguardaba, y de donde regresamos á la villa de Potes, para marchar en breve por la carretera de Camaleño á
( i) Llórente Fernandez, Op. cit. pág. 182. «Hay otra inscripción); que, dando más noticias, «dice de este modo: Gubemante abbatiam S. Facundi R. D. D. J. loan de Catangos, VHI Kal. Angustí Anno Dni. MDCXXXX, reliquice S. Pastoris de Tornes monachi el hceremitoe sunt in hoc altari reconditce. Año 1640.» «Esas reliquias, —añade el Sr. Llórente,— fueron trasladadas desde Tornes, cerca de Buyozo, pueblo de este mismo concejo de Piasca, y en el cual San Pastor había nacido y fué enterrado a rnitad del siglo x».
la montaña Viorna, y visitar el histórico Monasterio de Santo Toribio. Agradable paseo, con verdad, emprendido á través de tierras sembradas y de buen cultivo, y que conforme va ascendiendo, con mayor dulzura que el de Piasca, va sucesivamente presentando á la vista deliciosos panoramas, en los cuales juegan papel principalísimo los nogales, las encinas y los castaños que forman agrupados frondosos macizos de verdura, ó que se muestran aislados y como desprendidos en aquella que parece serie interminable de conmovidas alturas de todas formas y tamaños. No debía ser aquel día, seguramente día de vez de Santo Toribio (i), cuando anduvimos solitarios el camino, en el cual no encontramos sino una carreta guiada por una mujer, ya anciana, y allá en la parte alta, un jinete que venía en dirección contraria á la nuestra.
Goza en toda Liébana Santo Toribio de gran devoción, desde remotas edades, y como á patrono le miran y le ruegan los lebaniegos, para quienes no ha perdido el prestigio que alcanzó en aquella comarca en tiempos fenecidos; su Monasterio, famoso por muy distintas razones, dista cerca de tres kilómetros de cómoda subida por el monte Viorna, y se halla situado hacia el SO. de la villa de Potes; mas el trabajo de hacer la historia y la descripción de aquella memorable santa casa, donde en días de duelo y de tribulación para la patria se alzó la voz potente de Eterio y de Beato, condenando en el viii.° siglo la heregía de Elipando, el metropolitano de Toledo, — habrá de evitárnoslo ciertamente nuestro docto compañero de expedición á Piasca, el Sr. D. Eduardo Jusué, quien con efecto, escribe en orden á aquel edificio religioso (2) :
(1) Refiere Escalante (D. Amos) que «es costumbre inmemorial, nacida de un voto antiguo ó promesa de Liébana, enviar dos hombres de cada uno de sus lugares, á hacer oración en la iglesia del Santo determinado día de la semana» turnando «por veces los valles», á lo cual dan nombre allí de vez de Santo Toribio (pág. 62 3 de Costas y Montañas).
(2) Monasterio de Santo Toribio de Liébana., art. publicado en el núm. 461 del año III de El Movimiento Católico, correspondiente al i =5 de Septiembre de 1890.
«La tradición constante en este país atribuye la fundación de este Monasterio á Santo Toribio, obispo de Astorga, aunque algunos historiadores creen que el fundador fué Santo Toribio, presbítero, ó acaso Obispo palentino, que floreció casi un siglo después que el santo obispo de Astorga.»
«Es un hecho indudable que en el país de Liébana se tributa culto á Santo Toribio de Astorga desde tiempo inmemorial, y cuando coincidía su fiesta con domingo se concedía á los fieles que visitaban el Monasterio un jubileo ad modum Jubilei Sancti yacobi in Compostella que duraba ocho días. »
«En otros tiempos afluían á visitar esta santa casa numerosos peregrinos, y nuestros Reyes dieron también público y solemne testimonio de devoción al glorioso Santo, cuyo cuerpo se veneraba en dicho Monasterio, y á las reliquias que, según tradición, trajo el mismo Santo de Jerusalém. »
«Ocupa un lugar preferente entre estas reliquias una gran parte de la Cruz del Redentor, que por providencia de Dios aún se conserva hoy, y se venera con gran piedad por los sencillos moradores de estas montañas y muchos fieles que, como nuestros antiguos padres, afluyen de día en día, atraídos por las gracias que Dios concede á los que con devoción adoran el leño sagrado.»
«Muchas veces, al visitar el lugar santo á que nos referimos, y al tener la dicha de adorar el sagrado leño donde se verificó nuestra Redención, nos hemos entristecido al ver los estragos que la malicia de los hombres y la ignorancia y el abandono han causado en un recinto tan lleno de gloriosos recuerdos para nuestra patria, y donde por señalada providencia de Dios se ha conservado desde muy remotos siglos la más preciosa reliquia de la Cristiandad.»
«Ya no existe la extensa hospedería donde se albergaban los numerosos peregrinos que afluían á adorar el sagrado leño, encontrando allí descanso para el cuerpo y alivio para los males del alma. » «Dentro de aquellos derrumbados muros, ¡ cuántas pia-
dosas escenas se repetirían diariamente! Allí los santos discípulos de San Benito cumplían, con la más exquisita cortesía, los deberes de la hospitalidad, porque lo hacían movidos del espíritu de su Santo Patriarca, que les decía en su Regla, cap. LUI: Omnes supervenientes hospites tamquam Christus suscipiant^ quia ipse dicturus. Hospes ftci et suscepisti me. Reciban (los monjes) á los huéspedes como al mismo Cristo, pues algún día nos ha de decir : Huésped fuí^ y me recibisteis. »
«Allí un día y otro día se repetirían las escenas que hoy, una vez al año, practican Reyes y magnates de lavar los pies á los pobres y peregrinos que venían al Monasterio, acompañando esta tierna ceremonia el Superior del Monasterio con cánticos de regocijo.» «Suscepimus Deus misericordiam tuam in medio templi tui. » « \ Cuántas veces la ingeniosa caridad suspendió aun las obras buenas por el bien del prójimo! Hasta el ayuno, impuesto por la Regla de San Benito, se quebrantaba en aras del bien del huésped: Jejunium a Prior e frangatur propter hospitem (Ibidem).»
«Al lado de estas ruinas queda aún en pie, pero con marcadas huellas de deterioro, el Monasterio que vamos á describir ligeramente, dividiéndole en cuatro partes, atendiendo á los caracteres arquitectónicos de las mismas, y, por tanto, correspondientes á cuatro épocas distintas.»
« I ^ En la parte posterior del ábside existe un patio muy irregular, y en el mismo queda un lienzo de pared con dos arcos de humilde construcción hechos de toba, y hacia la parte superior dos ventanillas gemelas que dan luz al antiguo refectorio de los monjes. Este muro, sus pobres arcos y ventanillas gemelas, son el único resto que queda en el Monasterio de construcción anterior al siglo xiii.»
«2.^ La iglesia es un acabado modelo de la época de transición del estilo románico al gótico.»
«En la fachada que mira al Mediodía hay dos puertas románicas de humilde ornamentación, y la principal ostenta hacia la
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derecha la cruz bizantina. La otra puerta, llamada del Perdón, pues únicamente se abría en días de jubileo, es aún más pobre de ornamentación, y algunos creen que es un resto del templo que existió antes del que actualmente existe, erigido en el siglo XTii según documentos irrecusables. »
«El interior del templo se compone de tres naves, cuyos arcos apuntados arrancan de fuertes pilastras con robustos fustes. » «Como documento curioso vamos á transcribir un pergamino que ha llegado á nuestras manos, de los pocos que se han salvado referentes á este Monasterio. Es este documento una carta del obispo don Fernando de Falencia (1256 á 1265) á sus fieles diocesanos concediéndoles indulgencias para que contribuyan á la edificación de la iglesia que nuevamente se construye en Liébana en honor de Santo Toribio. Este documento curioso, fechado en Husillos, fija con exactitud el año de la construcción de la actual iglesia de Santo Toribio, y también alude claramente á la existencia de otra iglesia anterior. Está escrito el pergamino en hermosa letra francesa, y presenta todos los caracteres paleográficos del siglo xiii en que está fechado. — Era MCCLXXXXIIÍI ó sea año de N. S. J. 1256.»
«Dice así:
« Ferdinandus dei gratia palentinus episcopus universis Christi fidelibus per pallentinam Diocesim constitutis ad quos praesens carta pervenerit salutem et bonis operibus habundare. Quoniam ut ait apostolus omnes stabimus ante tribu- ■ nal Christi [qui est cajput in corpore, sive bonum sive malum gesserimus recepturi, opportet nos diem messionis extremae misericordiae operibus praevenire.
»Nostri ergo studii esse debet ut secundum apostolicum bonum ad omnes máxime aut ad fidei domésticos operemus. Ita quod nupcialibus indumentis ornati non indigne possimus intcr alios convivantes summi sponsi nupciis interesse.
»Hinc eo quod cuín in Llevaría qiiaedani ecclesia in honor e gloriosissimi confesoris Turibii noviter construatur et ad consumationem deduci nequeat nisi fidelium helemosinis adjuvetur, caritatem vestram ortamur in domino quantum possimus et rogamus quatenus pia meditatione pensantes, quia sicut aqua extinguit ignem, ita helemosina extinguit peccatum, eidem ecclesiae pias helemosinas erogetis, ut per haec et alia bona quae divina gratia inspirante feceritis existentes in terris, etiam possitis participare retributionem in coelis. Nos vero de Dei
misericordia et meritis gloriosae Virginis genitricis ejusdem confisi : ómnibus qui operi ecclesiae praedictae helemosinariim subsidia pie duxerint eroganda.
»XL dies de injuncta sibi legitime penitentia relaxamus.
í>Illos videlicet in quibus gravis infirmitas vel magna necesitas impedierit jejunium observari; aut quos prelatus suus seu confesor per helemosinas vel alia bona opera sibi concesserit redimendos: prima quadragesima et sextae feriae diebus exceptis.
»Datum apud Fusellis xviii kalendis Septembris. Era M CC LXXXX lili.»
«El lector habrá notado que no hemos variado la ortografía de las palabras, limitándonos únicamente á deshacer las abreviaturas para mayor claridad.»
«En el altar mayor, donde hoy figuran retorcidas columnas churriguerescas, hubo antiguamente un retablo de superior mérito artístico, que hoy está muy deteriorado, y colocado quizá hace dos siglos en un altar muy secundario, sufriendo grandes averías por las humedades y la ignorancia, que clavó en él toscos clavos ó le arañó irreverente, con las mismas manos quizá que destrozaron vandálicamente los antiquísimos y preciosos cantorales que sirvieron á los monjes para entonar las alabanzas á Dios (i).»
«Á la entrada del Camarín, que luego describiremos, hay una efigie yacente de Santo Toribio, que nada tiene de artística; pero llama la atención por estar hecha de una colosal pieza de durísima encina. No podemos decir si es muy antigua, pues durante muchos años las gentes sencillas arrancaban pedazos con instrumentos cortantes, y la efigie vino á quedar reducida casi á un informe tronco de encina, que fué otra vez reformado y pintado no hace mucho tiempo. »
«3.^ La fachada oriental del Monasterio es muy moderna, y es la parte que últimamente habitaban los monjes. Nada digno de ser descrito ofrece este extenso lienzo de pared, construido
( i) Este retablo fué vendido, como los dos de Piasca, con autorización del Prelado leonés, y su importe ha sido utilizado en obras de reparación del templo, y en el entarimado del mismo.
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en el siglo xvii, y únicamente un observador atento podrá descubrir algún resto de edificación antigua incrustado en los muros. En esta parte estaban las celdas de los monjes y el archivo y biblioteca, cuyos documentos y libros han desaparecido, conservándose algunos de aquéllos en el Archivo Nacional (Academia de la Historia), entre ellos dos libros becerros, escritos en letra francesa ó posterior al siglo xii.»
«Á mi poder, — continúa el Sr. Jusué diciendo, — han llegado algunos documentos ó pergaminos que los más antiguos se remontan al siglo XIII. Entre ellos está la carta anteriormente transcrita del obispo D. Fernando de Falencia, en que se fija la fecha de la construcción de la actual iglesia en honor de Santo Toribio. Un índice de letra del siglo xiii ó principios del xiv de las cartas de donaciones hechas al Monasterio, y al final unas cartas curiosas del arcediano de Saldaña al Prior de Santo Toribio relativas á la parroquia de San Vicente de Potes. »
«Un magnífico pergamino de principios del siglo xvi (i 513), que contiene la sentencia de un juez apostólico, nombrado por el Papa Julio II, para examinar los fundamentos en que se apoyaban los monjes de Santo Toribio al celebrar un jubileo de ocho días cuando la fiesta de Santo Toribio acaecía en domingo. El juez apostólico (que fué el abad de Oña D. Alfonso de la Madrid), al fallar favorablemente sobre la celebración de dicho jubileo semanal, apoya su sentencia, entre otras razones, en U710S libros antiquísimos y catastros que dice presentaron los monjes, y en los cuales se hace referencia á la celebración de dicho jubileo desde tiempo inmemorial.»
«Un trasunto de una Bula de León X (fha. — VI Idus Julii. — 15 16) confirmando la sentencia del abad de Oña. (Este trasunto está en papel, y la copia es moderna.) Una carta de Felipe II, fechada en Madrid, 3 de Mayo 1 591, en la cual dice «que «por la mucha devoción que profesa á la casa de Santo Toribio, » concede á los monjes que puedan demandar limosna por el reino »de Aragón para atender á los muchos peregrinos que afluían al
»Monasterio» , donde tienen «el brazo hisquierdo de la Sanctí- »sima Vera Cruz, el cuerpo del glorioso St.^ Toribio y reliquias »de otBOs muchos Santos.»
«Finalmente: tengo á la vista, — concluye, — otros pergaminos de concesiones de la Santa Sede de indulgencias á los que visitaren la Santísima Cruz, etc., á los cofrades de la misma, y algunos otros relativos á ofrendas del Valle de Cillorigo, concesiones de D. Fernando IV y D. Pedro el Cruel, etc.»
«4.^ La parte más moderna del Monasterio es la Capilla que comunmente se conoce con el nombre del Camarín^ donde se guarda el Lignum Crucis, traído de Palestina por Santo Toribio, según tradición antiquísima.»
«^s, ^ Camarín w'iK'd, obra de principios del siglo pasado, cuyo conjunto produce un efecto agradable, á pesar del estilo de la época en que se construyó» (i). «El arco por donde comunica con la iglesia es notable por su poca curvatura y larga extensión.» «La cúpula ó rotonda gravita sobre arcos de piedra caliza trabajada con esmero. En las pechinas se encuentran los cuatro Evangelistas en medallones con gran lujo de relieves. El primer cuerpo de la cúpula es un prisma octogonal, y en el zócalo se ven las siguientes inscripciones ó alabanzas á la Santísima Cruz: «Ecce Virga Moisi, Ecce scala coeli, Ecce Lignum Crucis, Ecce Vexillum Redemptionis nostrae, Ecce Arca Noé, Ecce Baculum David. »
«En las ocho caras del cuerpo prismático están alternando las armas de España y escudos alusivos á Santo Toribio con cruz, báculo y un arca, y en la parte superior de los escudos re-
(1) El docto arquitecto santanderino Sr. Zabaleta, á la conclusión de la Memoria que en i 6 de Febrero de i 845 remitía á la Comisión Central de Monumentos acerca de la Colegiata de ¿antillana, expresaba por aventura, respecto al Camarín de Santo Toribio : « ahora puedo asegurar que dicho Camarín fué proyectado por Fray Pedro Martínez, que tomó el hábito en San Pedro de Cárdena el año i 697, y poco después hizo el referido proyecto: por consiguiente es obra de principios del 18." siglo» (Arch. de la Real Acad. de Bellas Artes de San Fernando, Santander, leg. n.° 52),
Heves de Santo Toribio, San Isidoro, San Benito y San Iñigo, abad de Oña.» «Finalmente: en la terminación de la cúpula están en relieve los cuatro grandes Doctores de la Iglesia de Occidente y varias advocaciones á la Santísima Cruz: «O Crux benedicta, O Crux gloriosa, O Crux veneranda.»
«El altar donde se guarda y venera la Santísima Cruz es un templete muy recargado de adornos, pequeñas efigies, etc., con cuatro frentes, en tres de los cuales pueden celebrar los sacerdotes, y el cuarto sirve para subir el celebrante al sitio donde se reserva el sagrado leño.»
«En el muro de la izquierda del ábside hay una hermosa estatua del piadoso fundador de esta capilla, en actitud orante, de rodillas en un reclinatorio, con un libro abierto. Una inscripción sobre el muro dice el nombre del fundador, que fué el excelentísimo é limo. Sr. D. Francisco Otero y Cosío, arzobispo de Nueva Granada» (i).
«En el lado opuesto al de la efigie del fundador hay un arca, que vulgarmente se dice que es la que trajo Santo Toribio de Jerusalém con las reliquias; pero es muy moderna y con seguridad puede afirmarse que no es anterior al siglo pasado. Al lado de esta arca hay restos de otras arcas, que también son modernas, pero tienen pegadas dos inscripciones en letras góticas que dan alguna explicación á la tradición de que ha existido un arca en este Monasterio relacionada con las reliquias que en él se veneran. Según he oído á varias personas, ha existido otra arca digna de estudio, y así se infiere de las inscripciones pegadas en los restos modernos. »
«Me inclino á creer en la existencia de alguna arca antigua por varías razones que podrá apreciar el discreto lector:
(i) La inscripción con efecto, dice de esta suerte en las cuatro líneas de que consta :
EL YLrMO. SR. D._FRAN.^° DE OTERO
Y COSSIO ARZOBPO, PSDJ^ G0V.°^
Y CAP.^ G.^ DEL NUEBO R.^"° DE ORA... '...NADA GRAN BIENHECHOR DESTE S." T.°
En un pergamino del año 15 13, en la letra inicial, está hermosamente dibujado Santo Toribio sosteniendo la Cruz Santa y con un arca en la mano:
»2.''^ En la fachada oriental del Monasterio, en el camarín, en muy diversos sitios, como son en las puertas, en los relieves de la cúpula, también está representada el arca y la Cruz:
»3.''^ En unas planchas de cobre grabadas en Roma en el siglo pasado, y que representan á los Santos Toribios de Astorga y de Falencia, el primero tiene en las manos el leño santo de la Cruz, y en la parte inferior de la lámina lleva dibujada el arca:
«4.^ En el muro del lado de la Epístola del Camarín hay un cuadro que representa la Invención de la Santa Cruz en el siglo IV de nuestra era, y lleva una inscripción moderna, pero que es copia de otra más antigua, que dice: Esta tabla se trasladó de la propia que trajo Santo Toribio de Jerusalém con las reliquias. Acabóse á doce de Noviembre de mil...... (Lo restante
está borrado).
«No comprendemos qué quiera decir que aquella tabla es copia de la que trajo Santo Toribio de Jerusalém sino afirmando la existencia en el Monasterio de algún relieve antiguo que fuera cubierta del arca que creemos existió en los siglos pasados.»
«Ya para concluir diremos dos palabras del Lignum Crucis^ que se venera en este Camarín. Es la Santísima Critz.^ según tradición antiquísima, una parte grande del brazo izquierdo de la Cruz de N. S. J. C, con uno de los agujeros del clavo que atravesó la mano de nuestro divino Salvador. » «Así lo manifiesta la antigua tradición, y así se dice en un documento antiguo: Magna pars dictae domiiticae Crucis cttm foramiíie unius ex clavis, qui mames et pedes Domini transfixerunt...-¡>
«Está hoy encerrado el sagrado leño en una cruz griega de unos o"'6o, hecha de plata dorada afiligranada, con adornos que revelan su construcción moderna, pero que no nos ha sido posible comprobar la fecha. Los Papas han enriquecido con mu-
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chas gracias á este santuario, fundándose siempre en las reliquias que contiene, principalmente la Santísima Cruz. El Papa Julio II nombra, como hemos ya dicho, juez apostólico al abad de San Salvador de Oña; al de San Facundo de Sahagún y al de San Vicente de Oviedo, para que estudien los fundamentos del Jubileo, que duraban ocho días, cuando Santo Toribio caía en domingo. »
«En la sentencia favorable al Monasterio y condenatoria de algunos detractores, personas de importancia de las ciudades de Burgos, León y Astorga, se confirma la existencia del Jubileo, del culto de Santo Toribio y de la Santísima Cruz á tempo-
re inmemoriabili^ citra cujus initii memoria hominum non exista. »
«El Papa León X confirma el anterior jubileo; Gregorio XIII concede varias indulgencias á los que visiten la iglesia de Santo Toribio; el mismo Sumo Pontífice concede especial privilegio al altar de la Santísima Cruz para sacar almas del purgatorio; Urbano VIII concede indulgencia plenaria á los cofrades de la Santísima Cruz, y modernamente Pío IX concedió indulgencia plenaria á los fieles que visiten la iglesia de Santo Toribio los días de la Invención y Exaltación de la Santa Cruz, y el 23 de Agosto ó día en que se conmemora la institución de la cofradía de la Santísima Cruz. »
«Estos ligeros apuntes, — dice al finar el señor Jusué, — se han escrito con objeto de dar á conocer un Santuario que atesora una reliquia venerada desde tiempo inmemorial por nuestros padres, cual es el Lignum Crtccis^ ó parte considerable {pars magna, como dicen antiguos documentos) de la Cruz en que fuimos redimidos. El antiguo Monasterio, que habitaron en otro tiempo San Beato y San Eterio, gloriosos defensores de la fe católica en el siglo viii, está hoy en un estado deplorable y exige prontas reparaciones, si no ha de convertirse en montón de ruinas. Aunque no con el fervor de nuestros padres, aún se conserva vivo el culto de la Santísima Cruz entre los habitantes
de Liébana, y en estos últimos años afluyen piadosos cristianos de otras regiones á adorar el sagrado leño. ¡Dios quiera, — concluye,— que, como en siglos pasados, se restablezcan las peregrinaciones á tan santo lugar, y que no veamos impasibles la destrucción de un Santuario que en los primeros siglos de la Reconquista sirvió de asilo á la ciencia y la piedad de nuestros padres! »
^Y^iEN habríamos querido, lector, en la región lebaniega, tan '-^^ accidentada y tan hermosa, y que todo lo que produce es bueno, pero poco por falta de terreno á propósito,— bien habríamos querido visitar Mogrovejo, Cos-Gaya y el celebrado monte Sííbiedes, donde, allá en el siglo viii.'', fueron por divina providencia deshechas á causa de colosal argayo las reliquias fugitivas del ejército muslime derrotado en Covadonga por Pelayo; recorrer en peregrinación aquellos lugares dignos de eterna memoria, y olvidados y obscurecidos en la de las generaciones que pasaron.
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y reconocer los restos monumentales existentes; pero sobre que tú te hallarás sin duda ya fatigado, y apetecerás sea sonada la hora de dar esta expedición por terminada, — también nosotros cansados nos sentimos por nuestra parte, y se hace preciso abandonar estos sitios placenteros, tan llenos de recuerdos heroicos, y en los cuales, con el panorama, con el ambiente, con la naturaleza, en fin, han heredado los montañeses aquellas mismas virtudes que les hicieron famosos en remotas edades. Noche era cuando salimos de Potes, y de noche volvimos á cruzar los imponentes macizos de los Picos de Europa^ cuyas moles gigantescas desaparecían borradas en la impenetrable negrura de las sombras, tornando á contemplar á las primeras luces de la mañana el deleitable espectáculo que en Unquera brinda el paisaje, y el aspecto señoril del Deva, tranquilo, manso y poderoso allí, después de haber recorrido con furiosa cólera el largo camino que él mismo supo abrirse á través de las montañas, cuyos cimientos de granito combate sin tregua ni descanso.
A los rayos del sol naciente, presentóse de nuevo á nuestra vista el animado espectáculo con que desde las ventanillas del carruaje brindan aquellas regiones de la Montaña, como llegamos á San Vicente de la Barquera, traspusimos sus dos puentes, fijamos la atención en los restos ruinosos y poéticos del Coiivento de San Francisco^ y acompañados siempre, como de amigo cariñoso, del sol que hacía su carrera en el espacio, — desde La Revilla nos apartamos del camino que antes habíamos seguido, para continuar por La Madrid, Treceño, Cabezón de la Sal, Casar, Quijas, Vinueva, La Veguilla y Torres, deteniéndonos en Torrelavega, encantados de la exuberancia de vida que respiran todos los lugares por los cuales la carretera se abre paso. Poco tiempo después de haber convenientemente restaurado nuestras fuerzas en la fonda de La Esperanza^ — tomábamos asiento en otro carruaje, y pasando por Campuzano y Santiago, en la carretera de primer orden de Valladolid á Santander, por Palencia, — ofrecíase con extraño aspecto ante nosotros el pueblo de
Cartes, cabeza del Ayuntamiento de su nombre, y propio del Partido de Torrelavega. Villa de gran renombre en otros tiempos y hoy casi despoblada, — aún conserva Cartes reliquias de su pasada grandeza, dignas de estudio, y entre ellas, los restos del famoso Torreón ó fortaleza que le sirvió de amparo, y erigieron los enemigos declarados de los señores de la Vega, aquellos .Manriques, más tarde Marqueses de Aguilar y Condes de Castañeda, «cuyo señorío se extendió largos años por esta parte de :1a Montaña y por el valle de Toranzo» . ■
«Y tan oportunamente habían escogido» el asiento de la robusta torre, que, «cuando á las antiguas vías desiguales y escabrosas,— dice el autor de Costas y Montañas,— r^&m^\^.z6 el ancho y macizo arrecife moderno, no halló escape, y tuvo que ir á pasar bajo los rastrillos de la fortaleza». «Por bajo de ella, por su ancha plaza de armas y hondo patio ahumado por las lumbradas de ballesteros y gentes de armas» (i), discurre con efecto la carretera, cegados ya los antiguos fosos, y «levantados para siempre al paso de grandes y pequeños los fuertes rastrillos que antes vedaban sólidos todo camino á las gentes». Sobre cuadrada .planta, «de no escasa línea, alzábanse los cuatro muros forales, cerrando ancho espacio capaz para el abrigo de buen golpe de combatientes; la plaza interior, asimismo cuadrada, abríase con cuatro arcos ojivales, algún tanto túmidos, uno en cada lado, y en los del E. y O. se distingue aún con claridad las aberturas por donde subía y bajaba el rastrillo correspondiente á los respectivos foso y puente, que, al subir la rasante de la carretera desaparecieron, acortando la altura de los arcos». «Los de N. y S. lucían... escudos que fueron picados, y por cada uno de estos huecos, pasábase, y todavía se pasa, á cierta especie de patios laterales, provistos de escaleras para ascender, al muro» (2).
(1) Escalante, Op. cit., pág. 448.
(2) D. Demetrio de los Ríos, art. inédito titulado En Ixs Caldas de Bjsaya.
«Robusto y entero todavía el castillo, fué [sin necesidad] descabezado», pues á juicio de persona entendida, y según es visible, «lo que existe, bien conservado en verdad, no parece acusar ruina» ni mucho menos; la codicia de los campesinos debió ser causa sin duda de la demolición, y las piedras arrancadas de la que fué morada señorial, sirvieron «para edificar en sus cercanías, para establecer viviendas en sus propias entrañas». «Tenía, — escribe melancólicamente el escritor montañés antes aludido, — su almenaje corrido sobre una cornisa cortada en modillones angrelados, y en los cuatro ángulos de su azotea cuatro redondos cubos, atalayas ó garitas empenachadas por la vejetación parásita de los siglos». «Tenía sobre sus puertas ladroneras y matacanes que las defendían, y tan altas, que el mandrón ó el guijarro caído á plomo sobre el atrevido que se arrimase á aportillarlas, mellaba sin fallir el mejor capacete, y rendía el más duro brazo del escudo; y tenía en sus ventanas cruzados hierros, por donde el defensor podía asestar tranquilamente sus saetas, pero que desafiaban los puños y la destreza del escalador más audaz y experto». «Arrasado ahora, á nivel de los. tejados de la villa, — concluye, — no llama, como antes, de lejos al curioso, ni tiene otra cosa que mostrarle más que las gastadas canales por donde caían los rastrillos», algunas saeteras ó aspilleras, «y algunas de aquellas impenetrables cifras con que los canteros de los siglos medios signaban sus labores» (i).
El caserío, vetusto, puede hasta cierto punto competir con el de Santillana, abundando las moradas señoriales, decoradas con abultados é insinuantes escudos, que pregonan los timbres, las divisas y las empresas de los hijosdalgo habitadores de la villa. Una de aquellas viviendas, ostenta sobre el dovelaje de arenisca «de su arco semicircular ó algo rebajado, ondulante guirnalda de grandes flores talladas; el paramento del muro, considerablemente más bajo á su izquierda, ofrece al curioso viajero
(i) Escalante, ibidem.
vistoso blasón de mucho relieve, y en la otra parte de la misma pared de piedra, que, rompiendo su cornisa, se levanta á mayor altura, otro no menos pretencioso escudo», resultando «por su carácter y las extrañezas de su rara construcción», agradable el edificio. Hállase éste á la izquierda de la carretera viniendo de Torrelavega, y «algo antes, en el lado opuesto, — escribe nuestro pariente, — notamos la que nos pareció casa más antigua [denominada de Quijano], pues su arco es apuntado, con grandes dovelas, guarnecidas por el intradós con puntas de diamante, y mostrando por clave, — cosa rara en esta clase de fábricas, que siempre lleva dos, — un lucillo de bien antiguos y caprichosos caracteres, que hubiéramos leído, — dice, — á no haberlo impedido la importuna lluvia» (i).
Cerca de dos kilómetros adelante, y «abocando ya á la primera garganta por donde el río viene, está Río-corvo», y apartado á su derecha, «un camino de montaña, partido de hierba y endones, de agua y hojas», pendiente y áspero, que en noche tempestuosa de gran lluvia, impondrá ciertamente, — guía y conduce á Yermo, el cual «tiene en la Montaña supersticioso crédito de antigüedad remota, y lo trae de serle tributaria la iglesia de Santillana, tan reputada de inmemorial y vieja.» «Vieja es la fundación de Yermo en verdad : no tanto el edificio [religioso] que ahora subsiste, restablecido con las reliquas de un predecesor suyo, y restablecido como se pudo y dieron de sí los materiales y el ingenio del artífice, no como el gusto puro y la artística ley pedían.» Hay quien supone, con efecto, olvidado de la verdad histórica, que despobladas «de cristianos las provincias del Mediodía de España» por «la invasión sarracena y la catástrofe de Guadalete», — envueltos «en el común pavor... monjes y prelados, se acogían á las montañas, al refugio postrero de la fe y de la patria, y amparándose en ellas, pretendían con nuevas fundaciones compensar la sede perdida y el profanado monaste-
(i) D. Demetrio de los Ríos, art. inéd., cit.
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rio» (i); y aunque no sea dable negar el hecho de que algunos buscaran en las fragosidades de los montes protección salvadora, tampoco lo es el afirmar quedasen entonces despobladas aquellas regiones meridionales, ni otras, no siendo la venida de «Recemiro y Betelo, monjes refugiados» en tiempo de Ramiro I, año 843, y fundadores de las iglesias de San Román y San Pe.- dro en Cabezón y Toporias respectivamente, sino consecuencia natural de la persecución de que fueron á la sazón víctima los muzárabes cordobeses.
Muzárabes eran también Ariulfo y Severino, obispo de Mérida el primero y de Baeza el segunda; huyendo aquel de los berberiscos establecidos en la antigua metrópoli lusitana, y de los árabes y aun muladíes éste, de la Cora de Jaén, — llegaban casi al propio tiempo á la corte de Ramiro I, y obteniendo de su piedad territorio á propósito en la Montaña, fundaban reunidos en la jurisdicción de Camesa, «in valle qui dicitur Quo», el Monasterio de Santa María de Yermo, del cual en el año 853 hacían donación á Serrano, obispo de Oviedo, señalando en la escritura los términos que le eran propios, «sicut praecepit Rex Dominus Ordonio» (2). No es ya, sin embargo, la existente, la fábrica de la iglesia erigida en el ix.° siglo por ambos prelados, y así habrás de advertirlo, lector, al reconocer el monumento, en cuyo costado meridional se abre la puerta, «de archivolta muy ligeramente apuntada, entretejida con baquetones, puntas; de diamante, enlazados festones y salientes bolas», descansando «sobre su corriente imposta, ornada con un meandro románico», al paso que en el tímpano de la ojiva destaca de relieve la efigie
(1) Escalante, Op. cit., pág. 4$o.
(2) Publica Risco en el ap. IX del t. XXXVII de la España Sao^rac/a el documento, conforme al cual los términos eran : «per rivulum de Bustelli, et per rivulum Quoto, et per illum Pontem de Rivo Curvo, et per illa essera, et per illum vadum de Vermillas, et per fontem bellicam, et per illa Melutera, et per summum Cottellum, et per illum Pandum, et per illa prata, et per vadum de rivo de Pila,' et per pandelio, et per Aceveto, et per Quotam rotundam, et per peña errata, et jungitse ubi priüs incepimus.» Como se ve, no era menguada la jurisdicción del Monasterio en aquella fecha.
de San Jorge á caballo, trabada con el dragón sangrienta lucha. Dos columnas empotradas sustentan ó fingen soportar -los volteles de la archivolta, decoradas con capiteles de figuras en cada costado de vano, mostrándose coronado el saliente cuerpo de la portada por volada cornisa, con tallados canes del estilo. Flanquean el cuerpo referido, sendas y rasgadas íenestras
COHICILLOS.— Iglesia de Santa Mahía de Yermo
de arco semicircular, con ajedrezadas archivoltas, distinguiéndose sobre la de la derecha, que es la oriental, gastado relieve, donde una leona ó una loba, acaso, amamanta dos cachorros, mientras por cima de la de la izquierda resalta abultada cabeza de león, que surge aislada sobre el muro. Descentrados, y á alturas diferentes, como obra aprovechada quizá, en la parte supe rior de la fachada ábrense dos pequeños nichos, de los cuales el más inferior, que es el de la derecha, cobija esculpida imagen de la Virgen, en tanto que en el opuesto destacan dos imágenes con la letra santa marina. Sobre canes de talla, variados y característicos, descansa la cornisa general del templo; y prescin-
diendo del pórtico moderno y sin importancia, colocado al extremo occidental del edificio, así como de la vulgar escalera que conduce á la espadaña, «única cosa que figura en la imafronte, reducida á un muro liso y denegrido por el lapso del tiempo y la crudeza de la intemperie», — en la fachada de Levante el ábside semicircular se presenta compuesto por sencilla imposta, de señalado estilo, y cornisa análoga á la común del templo, y soportada la ventana central por «dos columnas empotradas, con capiteles esculpidos, de figuras, archivolta ajedrezada é imposta de variado exorno.» Nada resta ya en el costado septentrional, que digno sea de mención, habiendo «desaparecido hasta los canes de la cornisa;» «la capilla y la sacristía, aquí labradas en época sumamente posterior, han descaracterizado de todo punto lo que necesariamente conservaría conveniente unidad, y harmonizaría de modo más grato con el resto del modesto monumento» (i).
«Su acceso al interior, — dice el artista á quien seguimos, — produce de improviso el más seco desencanto, pues defrauda por completo cuantas promesas la imaginación forja al recorrer el exterior», y admirar sus bellezas. «Ya el costado N. y la imafronte», sin embargo, hacen presumir algo de esto, «porque nada muestran ni significan; pero el interior tampoco tiene nada que sea de notar, como no sea un relieve de San Jorge, á caballo, venciendo el dragón en el tímpano interior que corresponde al descripto, el arco de la Capilla mayor ^ ligeramente apuntado y con columnas adosadas de capiteles tallados é imposta ornamental, y otro arco menor, que abre á la Sacristía, y es ojival, con dos columnas también adosadas.» «Por lo demás, — continúa,— la iglesia consta sólo de una nave con armadura, que hoy absolutamente nada promete al aficionado á lo bello, y al N. voltea un gran arco para dar entrada á fea capilla de exótica
(i) Conveniente juzgamos advertir que todas estas indicaciones están tomadas del cit. art. inédito del Sr. D. Demetrio de los Híos.
ingerencia.» «Algo menos desabrido sería el interior de esta iglesia, — advierte, — si con su ábside no se hubiera hecho lo que con todos los de las basílicas y catedrales de España, que fué taparlos con retablos de pésima catadura, para perpetrar dos dañosos delitos: el de crear lo abominable, y el de anular lo hermoso. »
Después de cuanto llevamos visto en la Montaña, no será dudoso para ti, lector, el señalar la época en que hubo de ser erigido este edificio, que alguien reputa con error por su traza «de fines del siglo xii» (i), queriendo significar con esto que es representante del estilo románico ; pero si alguna duda tuvieses de que corresponde con otros muchos al momento de transición ojival, el cual tiene principio en la XIII. ^ centuria y por ella se perpetúa en esta tierra del Septentrión de España, — borrosa inscripción de mal trazados signos incisos, declara en el intradós de la portada, á la derecha del que entra, y en siete líneas, lo suficientemente expresivas para nuestro propósito, lo siguiente:
ERA M C C X L I
DE SANTA MARIA
E S T A I G L E^ 1 A
PETRO QUITA... ... N A M E F t C I T
P A TER NOSTE... ... R POR SU ALf/iA
Bien que de exótica é inusitada redacción, que podía hacer sospechoso el epígrafe por lo mismo, á pesar de coincidir con lo que enseñan y proclaman los caracteres artísticos del monumento,— «contiene pues, la leyenda, la advocación del templo, la fecha en que fué erigido,» año de 1203, «y el nombre de su modesto arquitecto director,» quien debe figurar al lado de Convaterio ó Covaterio, de Juan Fernández de Aniezo y de Toribio ó Cristóbal Toribio de Cambarco, autores de la iglesia de
(i) Escalante (D. Agabio), £■/ espolique artista, pág. 99 del álbum De Cantabria.
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Piasca, — en la nómina de los maestros constructores santanderinos. Tampoco falta, ni es ignorado, el nombre «del reciente restaurador, no arquitecto,» por cuidados de quien ha sido la parroquial de Cohicillos reparada: L «pues encima de la portada principal, en una lápida de mármol blanco, de buenas dimensiones, y con letras doradas, se publica» en la siguiente^ encomiástica y desventurada octava:
EL SEÑOR DON FRANCISCO D£ CEBALLOS, ILUSTRE GENERAL, DE SU GRAN RUINA ESTA MONUMENTAL SACRA-Y DIVINA IGLESIA A SUS ESPliNSAS LEVANTÓ RASGOS TAN NOBLES DEBE RECORDALLOS • PERPETUAMENTE UN PUEBLO AGRADECIDO
POR ESO COHICILLOS REUNIDO GRABAR ESTE HECHO EN MÁRMOL ACORDÓ 10 DE OCTUBRE DE 1875
Descendamos, lector, por la cambera ó camino que ha de conducirnos á Río-Corvo, «con sus casonas blasonadas, de rica piedra y tonos calientes,» parecidas á las de Cartes, «sus volados alerones de artística talla, sus escudos soberbios, balconajes historiados y tintas admirables,» para seguir la carretera, la cual «se encuentra en una hoz sombría, en cuyo fondo duerme el río dentro de blancas cuencas de roca, cuyos bordes afilan el sol, el viento y la lluvia.» «Ásperos lugares, cuya soledad y tristeza contrastan con la luz y la alegría de la maravillosa vega que acabamos de atravesar, y con el abierto y plácido horizonte de Buelna.» Gorta es la distancia que separa de Río Corvo las famosas Caldas de Besaya, situadas en una de las más cerradas hoces de toda la provincia, y resguardadas á Levante y Ocaso por elevadas montañas, que le dan aspecto severo é imponente, pues, en realidad y . como siempre en este país, «donde quiera que se dirija la vista, estréllase contra un muro altísimo, de ruda y descarnada piedra, en cuya rugosa y elevada frente se divisa á trechos desparramadas manchas de obscura vegetación, exuberante y profusa en las quebradas, en las anfractuosidades, en
los bancos de la roca, en los huecos y roturas de los cerros peñascosos, y laderas y valles más ó menos escondidos y profundos. »
Dio nombradía al lugar, desde otros tiempos, la devoción de «antigua y milagrosa imagen de María, fiada á la custodia de sus leales servidores los hijos de Santo Domingo de Guzmán,» y «prodigioso manantial en el cual, renovados los bíblicos asombros,» veíase «cada hora entrar tullidos, mancos y cojos, y salir sanados, vencido el mal, recobrada la vida;» y aquella humilde ermita, y aquella venta miserable y primitiva á donde, con ardiente fe, acudían los enfermos ansiosos de recobrar la salud invocando la intercesión de la milagrosa imagen y solicitando la virtud del manantial, nacido allí por voluntad manifiesta de la Reina del Cielo, — poco á poco, y principalmente en la segunda mitad del presente siglo, fueron transformándose y creciendo, para convertirse en población sanatoria, donde se ha procurado que nada falte de los modernos adelantos. Tres grupos distintos de edificios constituyen la localidad: el primero de ellos es la modesta Hospedería de Santo Domingo, la Casa-Lonja, la Fonda del Casino y las Termas, forman el segundo, y pasada ya la carretera, aparecen en el tercero el Gran Hotel, y la Capilla en la cual es venerada la famosa Virgen de las Caldas, á cargo siempre de los PP. Dominicos del convento inmediato. Numerosos son los manantiales de que brotan medicinales aquellas aguas, de la caliza carbónica en las márgenes del Besaya ; pero sólo cuatro de ellas son utilizadas en las Termas, y una en el baño general ó piscina.
Azoadas, clorurado sódicas , bicarbonatadas termales, son las aguas de las Caldas, haciéndose allí notable la fuente ferromanganesiana crenatada, única conocida en la Península; la temperatura de los citados manantiales oscila entre los 37° y 35° centígrado, á excepción del de la piscina, que sólo alcanza 34^8, y el resultado obtenido del examen analítico de las aguas, es el
siguiente:
Gramos
Cloruro sódico 2,87757
Id. magnésico 0,05411
Sulfato potásico 0,09361
Id. sódico 0,08080
Id. cálcico 0,36202
Bicarbonato lítico Indicios.
Id. cálcico . .• 0,18913
Sustancias fijas. . . Id. magnésico 0,12986
Id. manganoso Indicios.
Id. ferroso 0,00124
Fosfato cálcico Indicios.
Silicato alumínico 0,01269
Acido carbónico libre 0,00226
Id. silícico 0,02338
Materia orgánica Indicios.
Total 3,82667
COMPOSICION media EN ICO PARTES
GA Q TP C Acido Oxígeno Nitrógeno
A o H/ o carbónico _ _
C. C. C. C. C. C.
Gas desprendido espontáneamente del
manantial núm. i 2,855 i>825 95)32o
Manantial del Río, núm. 4 0,905 1,050 98,045
CANTIDAD EN 100 PARTES
GASES DISUELTOS EN EL AGUA c a rh6u\ c o
c. c
c. c.
c. c.
• • • 33>o43
6,070
60,887
. . . 32,685
6,717
60,598
. . . 38,352
5.153
56,495
. . . 31.149
6,220
62,631
Por lo que hace á la fuente ferruginosa, situada á trescientos metros NO. del establecimiento, y de escaso pero muy eficaz caudal para combatir los estados anémicos, aparece compuesta en un litro de agua, de
SANTANDER 85I
Gramos
Crenato ferroso 0,18534
Idem manganeso 0,00360
Cloruro sódico 0,01277
Idem cálcico 0,00352
Sulfato cálcico 0,00817
Bicarbonato cálcico 0,16943
Idem magnésico 0,01469
Fosfato cálcico. 0,00373
Acido carbónico libre 0,01636
Idem silícico 0,00612
Total. . . . 0,25623
Si quieres, lector, conocer las indicaciones generales y las especializaciones terapéuticas de unas y otras aguas, habrá mejor que nosotros de decírtelo el Estudio clínico publicado por el Dr. Hernández Sanz, Médico-director de aquel establecimiento, por lo cual prescindiremos de tales noticias, fáciles de recoger, como prescindimos de los edificios modernos y sin carácter que forman la localidad, entre los cuales descuella á lo largo de la carretera y con veintidós huecos de ventana el Gran Hotel y el prolongado y estrecho edículo de las Termas; mayor interés habrá de brindarte por cierto, el que allí es denominado Salto del pasiego^ sitio famoso, á corta distancia del Gran Hdtel mencionado, y que no se olvidan de enseñar con cierto orgullo los naturales, como ha sido materia fecunda para novelistas y zarzueleros, y la fama, ya que no el aspecto del Convento de Dominicos, situado en la mitad de la falda de la alta peña levantada á espaldas del Gra^i Hotel, — despertará en ti deseos de visitar aquella fábrica arquitectónica, que no deja sin embargo de ser pintoresca, y donde se asegura existen cuadros notables, que nadie ha visto. Erigida en la segunda mitad del siglo xvii, y terminada la edificación en 1683, el Convento es pues de época decadente, bien que de excelente fábrica de piedra sillería, en muy buen estado, y su emplazamiento en semejante agrura, no pudo ser con más tino y oportunidad estética elegi-
do, pues desde la puerta de la iglesia goza la vista de inesperado panorama, de la más grandiosa y risueña hermosura.
Greco-romana es la iglesia, sencilla y severa, no exenta de cierta majestad, propia y del mejor efecto, y bien merece, siquiera por mostrarse en él la tradición herreriana libre de apostillas y de exageraciones, ser visitado el templo, por más que no encuentre allí el viajero ninguno de los soñados cuadros, ni merezca el del Triunfo de San José en la sacristía, los honores que le son tributados, siendo notable la verja del crucero, en la cual resplandecen las platerescas reminiscencias de mejores días, difíciles de borrar en la memoria de los forjadores del siglo xvii. Sallo aunque húmedo, es el clima de las Caldas; pero te apenará, lector, como á nosotros, el espectáculo de los valetudinarios que acuden á las aguas termales en demanda de salud, y desearás salir de este lugar agreste y magnífico, para dar término á la expedición que venimos realizando. Crucemos pues el inclinado puente sobre el Besaya, y aguardemos con paciencia en aquella «armazón de indefinido é incalificable estilo», que levanta «sus cuatro torrezuelas rematadas en agujas para anunciar que es la estación del ferro-carril», á que llegue de Santander el tren que ha de conducirnos á Reinosa, donde nos convida con una de las joyas del arte en la Montaña, el espectáculo maravilloso del nacimiento del Ebro.
Dos horas después, y luego de haber cruzado aquel hermoso paisaje que forma la cuenca del Besaya, tan accidentada, tan llena de atractivos de toda suerte, y que pone una vez más de manifiesto la naturaleza poderosa de la Montaña, — el tren correo, á poco más de las cinco de la tarde, se detenía en la estación de Reinosa. El cielo estaba encapotado y sombrío, y, cubierto de cenicientas gasas que de todos lados, como suspendidas de las altas lejanas cumbres, ocultaban por completo la celeste bóveda, — hacía pensar en los días tristes del invierno, en que el sol, emblema de la vida, parece huir amedrentado de aquellas regiones, para derramar alegría y contento incompara-
bles en las risueñas del Mediodía. Desmenuzada y constante, la niebla dejaba flotar sus átomos húmedos y casi impalpables por el ambiente, y el viento, arremolinándose en las copas de los árboles inmediatos á la estación, y en los tejados de las casas, arrastraba aquella como obligada comitiva suya, conduciéndola á capricho de la una á la otra parte, y alejando de nuestro ánimo la idea de que nos encontrábamos aún en la canícula, pues no sino uno de aquellos días melancólicos con que termina el otoño, preludiando las invernales jornadas temerosas, parecía con verdad aquella tarde. El ambiente húmedo, la luz que se cernía á través de las nubes, el viento constante, y las huellas que dejaba la niebla en las calles de la población, no eran sin embargo motivo suficiente para que ésta no presentase á nuestras miradas el aparato propio de villa importante, cabeza del partido judicial á que da nombre, y que cuenta ella sola con 2,869 habitantes.
Sus edificios de cantería, blasonados algunos de ellos; sus calles, sus plazas, su mercado, y el Ebro que apenas nacido cruza la villa, — dan desde luego idea superior de ella como le dan también su renombrada fábrica de cristalería, y la no menos famosa de quesos, allí no há muchos años establecida. Demás del de las Casas Consistoriales^ erigido el año de 1832, y que no carece de aspiraciones, — cuenta Reinosa con el edificio suntuoso de la Iglesia parroquial de San Sebastián, todo él de cantería, con el cuerpo de ventanas apuntadas y anchas, portada con atrio de frontón partido, flameros en las vertientes y cruz en el acroterio, pilastras, aletas, entablamento con caracoles, y pirámides encima, mútulos, arco de medio punto, y todo cobijado é inscripto bajo grandioso arco, y coronado por el escudo real de España, sobre el que se levanta la estatua de San Sebastián, declarándose en el trapecio que hace allí oficio de tímpano que
KEYNANDO LA MAGESTAD DEL SEXOR DON CARLOS III SE IZO ESTA OBRA A COSTA DE LOS PROPIOS DE BILLA SIENDO CORREGIDOR DE ELLA EL LIZENDO DON JOSEF DE LA GÁNDARA SALAZAR AXO 1774
Espaciosa y de tres naves, acredita una vez más la importancia que hubo de adquirir la villa en la pasada centuria, como acredita el prestigio de las tradiciones arquitectónicas, á despecho de sus gruesos machones apilastrados y de sus arcos rebajados, en las bóvedas de nervios fingiendo estrellas, y aun en los arcos ultrasemicirculares de las naves. Por lo demás, el templo no ofrece nada de particular al curioso, pues sus retablos cargados de oro son barrocos, aunque de buena talla, siendo digno de ser reparado sobre la puerta de la sacristía, un cuadro que representa la Virgen en flameada gloria, el cual parece bueno. Tampoco deja de ser notable, en un extremo de la villa, el antiguo Convento de San Francisco^ convertido hoy en Hospital^ y cuya fábrica al exterior hace concebir la ilusión lisonjera de que hemos de hallar en aquel edificio reliquias venerables de los tiempos pasados, pues no de otra cosa hacen semblante de persuadir las fenestras, en las cuales resplandece el estilo ojival, según éste se manifiesta en la transición del siglo xiv al xv; pero por desventura, bien pronto hay que rectificar el juicio formado al primer golpe de vista, apareciendo como obra de la XVI. ^ centuria, según lo patentizan el frontón triangular, la ornacina en que destaca la imagen de la Madre de Dios, y los demás elementos congregados en la fábrica.
La iglesia es grande y de una sola nave, y bien que parece á pesar de todo fruto del siglo xviii, y se halla desmantelada y desprovista de carácter, — todavía, en una de las capillas del ala de la izquierda, á que corresponde la ventana que al exterior conserva la tradición ojival, en la verja de madera que cierra aquel espacio desguarnecido y triste se lee que: Francisco de
Solórzano fundó esta capilla || para sí y stts descendientes año de MDXXIV || El B.'' Juan de Solórzano y stt hijo \ la mandó adornar, año de MDLIy habiendo sido restaurada por el señor D. Valentín de los Ríos Mier y Terán de Solórzano , marqués de Sarita Cruz de Aguirre, año de 18 ^g.
No son otros los recuerdos monumentales que conserva Reinosa; recuerdos harto exiguos de su grandeza pasada, si la tuvo, y que en la actualidad la autorizan, bien que contribuyendo á su engrandecimiento presente, más la autorizan aún los comercios aposentados en los soportales, algunos de sus modernos edificios y de sus industrias, entre las cuales saldrá, lector, á llamar tu atención sin duda, la de las hospederías, por medio del siguiente letrero que no carece con verdad de gracia, y que leerás sobre el balcón de la única casa de una rinconada, en cierta calle principal de la villa:
El que quiera hacer inorada en aquesta población, tiene á su disposición — esta CASA DE POSADA
Impaciente, como nosotros, estarás, lector, por contemplar aquel lugar prodigioso donde tiene su origen y nacimiento el Ebro, el río notable que, surgiendo en las inmediaciones de esta villa, se aparta de ella, para huir de las regiones castellanas, y después de cruzar por Miranda el territorio burgalés, marcha á fecundar poderoso las comarcas aragonesas, y llevar sus aguas al Mediterráneo, tan á larga distancia de su cuna. Por aproximada que sea y resulte la idea que te hayas formado del paraje, á juzgar por lo que del mismo, describiéndole, hayas leído en los autores, — no llegarás ni con mucho á la realidad, tal y como ésta se ofrecerá á tus ojos, pareciéndote ilusión engañosa de ellos, y antojo, más que otra cosa, de los geógrafos, el de dar título semejante á aquel manantial que á tan corta distancia de Reinosa brota; pero no adelantemos juicios, y siguiendo cuidada
carretera, que es la de Cabezón de la Sal, á cuya izquierda, por entre hileras de altos árboles, corre y murmura juguetón humilde arroyuelo, que no sino mísero regato simula á tus miradas, — al cabo de unos seis kilómetros al Occidente de la villa, á la izquierda también, advertirás pequeña agrupación de rústicos edificios, colocados en disposición de formar calles más ó menos estrechas, empedradas de morrillos, ocupadas por los clásicos carros, con sus rodales característicos, sus pértigas y sus raberas, y donde no faltan los indispensables y medio desnudos muchachos, con el cabello revuelto como bardal enmarañado, la tez curtida, la mirada maliciosa, y el aparato, en fin, propio de esta tierra, por más que nos hallemos ya en la región campurriana, que tiene su sello especial y determinado, puesto de relieve, con la pintura de sus costumbres, por los escritores locales.
Fontible ó Fontibre, más rectamente pronunciado, es el nombre de aquel pueblecillo, que «goza fama y celebridad por ser la cuna del principal río de España»; rodéanle verdes praderas, y colinas también verdegueantes, y él mismo se halla colocado en terreno movido, sin que su caserío ofrezca nada de particular, ni proclame ó por lo menos ostensiblemente justifique aquella celebridad y aquella fama de que disfruta. A sus espaldas, hácese violenta depresión pendiente, y «al pie de unas colinas cubiertas de árboles y tapizadas de verdura, se ven tres pequeños lagos rodeados de escarpadas y calvas rocas, observándose en ellos como un hervor continuo, resultado de la fuerza de los manantiales, que vienen á buscar salida por entre las piedras». Uno de ellos, el más inmediato al pueblo, aquel hasta el cual se baja desde él en la depresión antes mencionada, — bien sea por lo triste del día, bien porque no responde el sitio por completo á las descripciones maravillosas que andan en los libros, ó por su soledad misma, — sólo ofrece el cuadro de una colina de escasa altura, bordada en su orilla por unos cuantos árboles desperdigados, hacinamiento confuso, desigual y como
de obra poco há removida, de peñas calcáreas, peladas, y des-
ordenadamente dispuestas, y en medio de ellas un marmolillo en el cual, si no es infiel nuestra memoria, se lee únicamente la fecha de 1889, que debe de ser aquella en la cual el dicho hito fué colocado en tal paraje.
Después, de aguas reposadas, verdegueantes, que derivan insensiblemente y en calma, — extiéndese pequeño remanso, parecido á tantos otros como en los terrenos montuosos forman las crecidas de los arroyos, sin que se advierta allí nada que revele la grandeza de aquel curso de agua, que tanta significación y tanta importancia tuvo en realidad en nuestra historia. Allí, en tal sitio, humilde y miserable, con efecto, nace el Ebro: primera manifestación de su existencia son aquellas débiles burbujas que recorren la superficie tranquila del remanso, y que por virtud de la ley de atracción, se buscan y se congregan, pareciendo imposible que tal principio tenga el río que poco más adelante impone respeto por su poderío, que horada los montes, y como representación del espíritu montañés, — aquel espíritu que engendró el indiano y el jándalo en edades pasadas, — va á buscar fortuna lejos de su patria, sin remordimientos, sin vacilaciones, pero distinguiéndose de los montañeses, en que quizás no guarda amor alguno á la tierruca^ de la que se separa para siempre. Acaso, lector, echas de menos aquí las poderosas cascadas con que por ejemplo el Asón se anuncia; las grutas misteriosas, los torrentes rugidores, el espectáculo en fin de grandeza con que, para corresponder á su fama, debía á tu cuidar de aparecer el Ebro, y sientas grave desencanto, al hallarte con la vulgar manera de nacimiento que presencias en estos lugares, de formación jurásica; pero aunque tu ánimo padezca por ello, no dejarás de convenir, como declaran los naturales, que «el panorama que se presenta allí», si no es sublime, es por lo menos delicioso, sin restricciones ni reservas, y sin nada que conmueva el espíritu.
Por todas partes descubrirás «colinas tapizadas de verde hierba y coronadas de rocas, alturas inmensas, elevadísimos pi-
eos, cadenas de montañas cuyas cimas permanecen cubiertas de nieve casi todo el año, y con nieves perpetuas alguna; en el fondo, un verde y pequeño valle, y en él los tres lagos, los tres pozos, las tres fuentes que dan origen al río con aguas claras, abundantes, verdosas, entre cuyo hervor suele verse nadar en ligeras vueltas, subir á la superficie y sumergirse en el fondo, á la plateada trucha». <'En la congruencia de los tres lagos, como para despedir á las aguas que emprenden su carrera hasta el Mediterráneo, surge una pequeña isleta, pedazo exiguo de tierra aprisionado por las aguas, y en ella crece un hermoso aliso que, agradecido, baja sus ramas hasta besar con sus hojas las aguas que alimentan sus raíces». «Al lado, la aldea, con su montón de casitas rodeadas de árboles, su pequeña iglesia, su espadañacampanario, y sus cortas heredades, tierras labradas y verdosos prados (i)». Sobre la más empinada de las tres colinas, y presidiendo aquel espectáculo, álzanse los restos de antiguo torreón, «hasta hace poco bien conservados»; ruinosa memoria del pasado, y símbolo característico de Castilla, según le juzgan los escritores campurrianos, «castillete que tal vez no estaría desposeído de recuerdos si por aquella tierra tuviesen más estima», y que falto de importancia, no «es más que repetición y copia de otros muchos que se ven en Campóo», el cual es conocido con el nombre de Torre de los Malillas (2).
A corta distancia, levántase un edificio, fábrica ó molino de harina que, sujeto á la servidumbre, movía ya el naciente río, y que hoy va á convertirse en fábrica de almadreñas; desde el mismo remanso, por medio de un apartadero, las aguas marchan
( 1) Duque y Merino, Del nacimiento del Ehro, Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid, pág. 3 14 del tomo XI.
(2) («De esta torre,— dice el erudito Ríos y Ríos, aludiendo á las llamadas armas parlantes,— SQ trasladó á otra más moderna, situada en el pueblo, y ya arruinada también, una piedra más vieja y tosca que las inmediatas, cuadrilonga, más ancha que alta, y sin otra forma ninguna de escudo, aunque puesta sobre el arco de entrada; y en ella se figuran palmeras, conchas y una hiena: recuerdos probablemente de algún cruzado» (Ensayo sobre los apellidos castellanos, pág. 81).
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á dar vida al artefacto, corriendo hacia él como poderoso torrente, y á poco, uniendo otra vez su caudal, giran bulliciosas por el contorno de aquellas eminencias, y toman la dirección oriental, dirigiéndose tranquilas como un regato hacia la villa, acompañando la carretera; penetran en Reinosa, donde se les incorpora el primer tributario, Las Fuentes, y después, á la salida de la población se les agrega el Híjar por la orilla derecha, y á unos treinta kilómetros de su origen. Qué de recuerdos, y qué de memorias asaltarán la tuya, lector, al contemplar el curso del Ebro aquí en Fontibre, volviendo la mirada á aquellos tiempos en los cuales sirvió este río, aquí pobre y humilde, y á poco grande y crecido, de línea divisoria en nuestra España! Cuántos sucesos, recogidos en la historia entre los perdidos en el desenvolvimiento de nuestra nacionalidad, no habrá presenciado este curso de aguas, que de tal suerte se manifiesta á nosotros hoy, y se manifestó en las edades remotas á las pasadas generaciones! Lo mismo en nuestros días, que en aquellos otros á que aludimos, apareció en tales lugares: de igual manera presenció el espectáculo de la libre Cantabria, que la opresión á que hubo de someterla Roma, luego de sojuzgada Iberia; en aquellos sitios resonó el grito de independencia lanzado por Pelayo en las agruras lebaniegas, y repetido por Alfonso I el Católico^ al compás con que huían amedrentados los berberiscos ante la saña de los árabes en el siglo viii, y en estos mismos sitios acudieron á defender la libertad de la Montaña sus hijos, para bajar después á las comarcas meridionales tras de incesantes luchas y vicisitudes... Y así continuará impávido el Ebro, á través de las edades de la historia, hasta que algún cataclismo conmueva en sus entrañas la corteza terrestre y, ahogando sus fuentes naturales, le haga brotar en otra parte, cambiando su derrotero y su destino!
No más de un cuarto de legua de la villa de Reinosa, en la carretera que desde ésta conduce á la de Aguilar de Campóo, y cerca del río Izarilla, dista el pueblo de Cervatos,
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cuya población no excedía en 1844 de 170 habitantes; y encaminándonos á él, «vamos pisando los mismos campos que pisaron las legiones de Octaviano César, cuando los cántabros, nuestros progenitores, — dice con manifiesto orgullo un escritor montañés, — le daban bastante que hacer y algunas desazones (i)». «El viajero, — observa con justicia otro, — pasa por delante de este pueblo, mas no llaman ciertamente su atención unos pocos y pobres edificios que se elevan humildes sobre una pequeña eminencia, apenas dominados por una iglesia de ruin aspecto, de mezquinas formas y de toscos y semi-derruídos sillares (2)». Y sin embargo: población de antiguo abolengo, ni careció de importancia en pasadas centurias, ni hoy carece de ella, á despecho de su apariencia, según ocurre con otras muchas de la Montaña, merced á la descompuesta fábrica de aquella iglesia, que se levanta á un lado del lugar y en sitio eminente del mismo, sin que excite la curiosidad del viajero, engañado por su exigüidad y su pobreza ostensibles. Ya en Reinosa, lector, habrás oído referir, como nosotros, cosas maravillosas de ella, suponiendo el vulgo que es obra de construcción romana y que fué templo erigido al dios Priapo, creencia que en balde procurarás borrar de la mente de quienes tal propalan, aduciendo como razón potísima, las extravagancias exageradas de los relieves que decoran el monumento, extravagancias para ellos inexplicables de otra suerte, y cuya aparición en la que fué Colegiata^ no es dable comprender por otros caminos.
Años hace que el cronista de esta provincia dijo que «tamaño error no hubiera podido nacer de nadie que conociese, aunque fuera superficialmente, los caracteres de la arquitectura en España durante sus diversos períodos», y que trae tal supuesto
(1) Don Agabio Escalante, El espolique artista.
(2) Don Ramón Ruiz de Eguilaz, La Colegiata de Cervatos^ mem. ms. dirigida desde Santander á la Comisión Central de Monumentos en i i de Diciembre de 1844 (Arch. de la R.' Acad. de Bellas Artes de San Fernando, Santander, legajo 52).
«origen de un tiempo en que los estudios fisionómico-históricos del arte arquitectónico estaban aún muy lejos de dar los primeros pasos en nuestra» patria, habiendo prohijado tan falsa idea «una crasa ignorancia», pues á juicio del escritor á quien aludimos, «bástale á una persona algún tanto erudita echar una mirada sobre el monumento..., para conocer que fué erigido para iglesia: no hay necesidad para ello de conocer los caracteres del estilo arquitectónico á que pertenece, basta con notar que tiene un campanario, y recordar que en los templos paganos no había campanarios ni torres; puesto que se conoce claramente, — aña de, — haber sido construido el de la Colegiata al mismo tiempo que el resto del monumento, ya por la igualdad de su construcción, ya por la semejanza del corte y trabajo de sus sillares, ya también por la unidad de sus materiales, teniendo toda su piedra, que es de la llamada de afilar ó asperón, la particular circunstancia de estar teñida de un color rojizo, debido, según creemos, á estar fuertemente impregnada de óxido de hierro
Para ti, lector, las singulares afirmaciones del vulgo en Reinosa, no habrán tenido más importancia que la de tantas otras gratuitas que corren entre las muchedumbres indoctas; y como espoleará la curiosidad tu deseo, y como tendrás noticia por la fama, de la de este monumento insigne, hoy y hace años reducido á tristísima situación, — prescindiremos en gracia á la brevedad de los argumentos aducidos por el cronista que fué de la provincia, y cruzando por rústico puente el Izarilla, — guiados, ó mejor dicho aún, atraídos por la simpática mole del vetusto y respetable edificio, sobre el cual descuella elegante la cuadrada torre del campanario, llegaremos sin necesidad de preguntar á nadie delante de él, sorprendiéndonos y lisonjeándonos con el hermoso espectáculo de su ábside semicircular, en cuyo paramento de tostados sillares, con marcada complacencia, aunque á
(i) AssAS, Coleoiaia de Cervatos^ Semanario Pint. Esp. t. dQ 1857, pág. 57.
CERVATOS. — ÁbsiIde de la Colegiata
intervalos, á la hora en la cual nosotros le contemplábamos, que era la del mediodía, dejaba caer su lumbre poderosa el sol, combatido no obstante por fuerte huracanado viento que movía, disipaba y amontonaba pardas nubes en el cielo, y agitaba los arbustos y las pobres parásitas nacidas al acaso y en abundancia al pie de aquel interesante miembro de la iglesia. Como los de Castañeda, Santiurde de Toranzo, Santillana, Silió, Piasca, Cohicillos y tantos otros con que se enriquece este suelo montañés,— el ábside de Cervatos es representación genuina de aquel estilo arquitectónico que, nacido en las postrimerías del siglo x.° debía alcanzar desarrollo vigoroso en el xi.°, perpetuarse en el siguiente, y traspasar en la Montaña, y en brazos de la tradición no interrumpida, las lindes del xiii.°
Emplazado el templo en una altura, su cabecera insiste en el declive de la misma, y por esta razón el ábside se ofrece en la Colegiata de Cervatos con mayor esbeltez que en ningún otro de los edificios labrados en su tiempo, mostrándose acaso por semejante circunstancia, y á causa de su propia robustez, en estado de conservación inmejorable. Cuatro sólidos contrafuertes le apoyan desornados, y sobre ellos corre, como única y general decoración, característica imposta ajedrezada, la cual, en el comedio de los entrepaños que forman los simétricos contrafuertes, constituye con profundo claro-obscuro la periferia de las tres estrechas ventanas de arco circular allí abiertas, y compuestas al interior por un baquetón de resaltos apometados, que reposa sobre abaco de vástagos, capiteles unas veces iconísticos ó historiados, y otros enriquecidos de vástagos ó de menudas y erizadas pencas, y fustes cilindricos y cortos, con resaltado collarín, y saliente y pronunciado toro. Quizás, si detenidamente fijas los ojos en estos ventanales, y aun en ciertos canes del alero, no sino movido de profundo estupor contemplarás las representaciones, lector, de los capiteles en el meridional del ábside, y las de las labores de algunos de aquellos otros miembros de la fábrica: caprichos monstruosos, obscenidades sin ca-
lificativo en el entallador, habrás de juzgarlas desde luego, no acertando en medio de tu natural y legítimo asombro á comprender, cómo en aquel piadoso siglo xii.*^ en el cual fué á todas luces erigida la iglesia existente, cómo en un edificio religioso de la importancia que obtuvo éste de Cervatos, — pudieron la dignidad y el sentimiento del Abad de los colegiados y aun de los fieles, consentir semejantes extravíos, que no son sin embargo allí los únicos, que hoy ofenden la moral, y que el pudor y los sentidos hieren, dando causa justificada por ello á que la escandalizada malicia del vulgo indocto haya calificado aquel templo de construcción pagana, consagrado á divinidades obscenas (i).
^:Fué que nadie advirtió, en la época de la erección de la fábrica, tan inmorales exornos, ó tenían las generaciones de aquella edad embotado y como adormido el sentimiento del pudor, ó juzgaron tales obscenidades de tan escasa significación que no impidieron su labra ó no procuraron reempla-
(0 Refiriéndose á la historia de este edificio, decía en 1844 el Sr. Ruiz de Eguilaz, en la Memoria ms. antes citada : «Diversas son las opiniones que se han emitido acerca del origen y antigüedad del templo de Cervatos, aunque todas á mi entender destituidas de fundamento.» «Se ha pretendido por algunos que pertenece al tiempo de los Fenicios ; por otros al de los Templarios.» «Los primeros tal vez hayan querido formular su pensamiento apoyados con la analogía que han creído hallar entre las impúdicas esculturas de Cervatos y los emblemas usados por las naciones del Oriente en los tiempos en que se vieron entregadas á las impurezas más escandalosas.» «Sabido es que bajo el emblema del dios de la luz, —continúa, — adoraban los pueblos de aquellos países al principio de la vida y á los órganos consagrados á reproducirla.» «Entre los Fenicios se veía personificado el placer bajo el nombre de Adonis : éste era el Sol, así como Venus ó Asíarié, su amante, era la tierra abriendo su seno á la primavera para hacer brotar todos los gérmenes que este astro multiplica ; por esta razón el Edén ó Paraíso terrenal era un lugar de delicias.» «Basta examinar el templo de Cervatos para comprender que ni sus formas, ni la exposición de sus obscenidades pueden corresponder á aquella época.» «Menos razón llevan todavía en mi opinión los que han juzgado que pudo pertenecer á los Templarios: ni aun por conjeturas puede admitirse.» «Xo hay memoria alguna, me parece, de que existiese convento de Templarios en los límites de esta provincia ni en sus cercanías, y por otra parte la historia ha hecho justicia á los caballeros del Temple declarándolos inocentes de las impurezas y feos delitos con que sus acusadores mancharon su memoria ; impurezas y delitos que sería preciso admitir,— concluye, — para acoger la idea de que fuesen obra suya las obscenidades de Cervatos.»
zarlas debidamente? ^jCómo han podido llegar á nuestros días en tan perfecto estado de conservación y tratándose de un templo, cuando el nombre de Mahoma simplemente era mandado borrar por la prudencia de Felipe II en las lápidas sepulcrales musulmanas descubiertas por el acaso entonces? Ya comprenderás, lector, la responsabilidad en que habrían de haber incurrido las generaciones que consintieron tan singulares manifestaciones, si no tuvieran éstas más explicación que la que la malicia les ha dado, y si en realidad fueran monstruosos delirios vergonzosos del entallador ó de los entalladores que labraron capiteles y canecillos á presencia de los religiosos para quienes era erigida la Colegiata. Ingenuas representaciones son sin embargo, de aquella edad singularísima, en que, envuelto en las formas del rudo materialismo, de donde debía renacer el arte idealizado, desbordaba el sentimiento religioso, valiéndose para su expresión de todos los medios sensibles de que le era dado disponer, para herir la imaginación y mover á su vez el sentimiento de las muchedumbres, encaminándolas al sendero salvador y puro de las ideas religiosas.
Ofrecer á los ojos no viciados del vulgo el espectáculo del pecado en toda su horrible desnudez, era la misión que entonces debía principalmente de cumplir el arte, y por eso los artífices desconocidos que labraron aquellos exornos iconísticos de Cervatos, siguiendo sin duda la inspiración de algún hombre de iglesia, presentaban en la ventana referida especialmente á nuestros primeros padres, Adán y Eva, antes del pecado, incitante ella, pensativo él, y no sabiendo cómo resistir las voces de la naturaleza animal que le inquietaba; por eso, les manifiestan luego en el acto material de cometer el pecado que les privó de la divina gracia, y más adelante en la situación desconsoladora á que hubo de llevarles la conciencia del pecado cometido. No son pues, obscenas imágenes lujuriosas las que esculpió el cincel indocto del artista, no son tampoco impuros vicios los que quiso allí significar, para burla y escarnio del templo, sino re-
presentaciones sagradas, que se resienten del materialismo de la época, y que resultan para nosotros, en edad de mayor cultura, repugnantes monstruosidades inconcebibles, si á juzgarlas fuéramos con el criterio de la época en que vivimos, en la cual, por desventura, la materia ha inficionado y pervertido el ambiente que respiramos, y ha borrado el sentimiento puro del candor del número de los que brotan en el alma humana.
Pero, dejando á un lado tal orden de consideraciones, y reivindicando de la mancha con que aparecen ante la generalidad aquellas generaciones calumniadas, á juzgar por el efecto que hoy producen estas imágenes, tildadas de obscenas, como lo son en cuanto á la forma se refiere, — mientras apartas, lector, de ellas la mirada, fíjala con regocijo en los restantes exornos y en los otros canes sobre que descansa el alero de piedra ó cornisa del ábside, y verás allí reproducida con sin igual gallardía la exuberancia decorativa de que hizo alarde por todas partes aquella edad en que el arte se acaudalaba y enriquecía ecléctico con las tradiciones del Oriente y del Occidente, fundidas en singular nexo, y con aspiraciones á renacer por sí de las cenizas descompuestas de la cultura romana. Faltan en este ábside las columnas que, levantándose sobre los contrafuertes mencionados arriba, fingían por su parte contribuir á soportar con los labrados canes ► la cubierta, aligerando graciosamente la fábrica; pero quedan aún suspendidos entre aquellos los hermosos capiteles, produciendo efecto extraño á primera vista en semejante sitio y en tal altura. De cualquier modo no obstante que se estime, el ábside de la Colegiata de Cervatos es merecedor de la fama de que goza el monumento, por más que en sentido general resulte de mayor interés en esta parte la renombrada Colegiata de Santillana^ y aun la iglesia de Piasca, viniendo á aumentar el número de los testimonios por los cuales se acredita que el siglo de Alfonso VII y de Alfonso VIII fué aquel en el cual, conforme dejamos repetidamente consignado, hubo la Montaña de engrandecerse y magnificarse con la erección de sus más suntuosos monumentos.
Mas si sucede así con relación al ábside ^ — de muy distinto modo ocurre por lo que hace á la portada, abierta en el costado meridional del templo según costumbre, la cual es por sí sola de tal importancia, que obliga á declarar, como lo hacemos, superior por ello la Colegiata de Cervatos á los demás templos de su época, reconocidos por nosotros en la provincia. Prescindiendo de la línea de ornamentados canes en que apoya el alero general del edificio, y de las dos hermosas fenestras que, en condiciones peculiares al estilo, flanquean la portada referida, — como fué práctica constante en las construcciones románicas, adelanta aquella en cuerpo rectangular y saliente, con su alero ó tejaroz de piedra, independiente y propio, y trece laboreados canes distribuidos simétricamente, representándose en ellos y en las metopas monstruos, vichas y otros exornos de especie análoga, prodigados con profusión en los edificios de su época. Con hasta siete arcos concéntricos de medio punto, formados de recios baquetones, voltea la archivolta, cuya saliente periferia se halla enriquecida por delicada labor entrelazada, fingiendo apoyarse los arcos á cada parte en tres columnas acodilladas, de corto fuste y gastados capiteles representando animales en diversas actitudes; adintelado el ingreso, constituye el umbral ancho friso ' de tal y tan exuberante talla, en que resplandecen por evidente modo las influencias orientales, que semeja una de aquellas esculpidas soleras ó prominentes canes y zapatas de las portadas mudejares en la imperial Toledo tan frecuentes, tendiéndose encima, y á la altura del abaco en los capiteles de la portada, otro friso, de equiparable latitud, en el cual, con la expresión que tantos años hubo de tardar el arte de la escultura en perder, se halla tres grupos de leones, afrontados á la oriental usanza, declarándose fruto de aquellas influencias que el mudejarismo venía á refrescar con el rescate, de gran parte del territorio de la patria, á cuya deliberación de la servidumbre islamita contribuían con su conducta almorávides y almohades.
Apartándose de las prácticas del estilo, y corroborando aún
CERVATOS. — Portada ó ingreso de la Colegiata
más tales supuestos, — á manera de primoroso encaje, y reproduciendo la peregrina labor preciosa y delicada de la yesería con que enriquecieron sus obras los artífices muslimes, — llenan el tímpano de esta portada tres piedras mal unidas, del asperón amarillento de la Montaña, donde el cincel de pacientes entalladores copió diestramente las maravillas del bordado, produciendo singular encanto la contemplación de semejante exorno, respetado generalmente por el tiempo, y conservado en casi toda su integridad primitiva, á despecho del olvido y del censurable abandono en que el monumento yace. No puede con verdad darse obra más peregrina que la de esta parte de la portada, incluyendo en el calificativo los dos fi-isos del dintel, por donde resulta éste el único edificio de su tiempo en el cual aparezca tal suerte de exornos en sustitución de las emblemáticas representaciones que en otras de su misma extirpe resplandecen; sólo por ello, merecería la Colegiata de Cervatos lugar de preferencia entre las creaciones arquitectónicas del estilo románico, así en este país, donde tanto abundan, como en toda España, y digno de que á su conservación la provincia y el Estado acudieran de consuno, para evitar su destrucción y su ruina. Sobre la borrosa imposta, que hace oficio de bota-aguas á los lados de la portada, y de la que finge arrancar la periferia que á aquella recoge, — vagas ya sus formas, aparece empotrado en la construcción y encerrado en un recuadro decorado de brotes, á la derecha del espectador, significativo relieve: un sacerdote, revestido, á quien dos leones en pie devoran rabiosos; encima, destaca la figura de un ángel ó de un diácono, y en la parte superior, correspondiente á la enjuta, surge del paramento, rígida, envuelta en amplio ropaje, la imagen seguramente de San Pedro, con retorcido báculo en la mano derecha, y en la izquierda, recogida sobre el pecho, una llave.
A la izquierda, y en la línea del primer relieve del lado opuesto, ofrécese no menos deformado, el bíblico grupo de Adán y Eva, separadas las figuras por el árbol del bien y del
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mal, en cuyo tronco se enrosca la serpiente, y sobre él, otro alto relieve, extremadamente borroso, y de contornos vagos, en el cual no falta quien vea la Virgen María con el Niño Jesús, pero cuya determinación no es fácil, pues mientras en el brazo izquierdo tiene con verdad *un niño, en el derecho muestra indescifrable objeto, ocupando por último el postrer lugar, correspondiente á la enjuta de esta parte, otro relieve de igual naturaleza, y en idénticas condiciones, en que á los pies de una figura humana se revuelve un dragón, habiendo representado acaso San Jorge. No son sin embargo estas las únicas circunstancias que hacen superiormente notable la portada de la Colegiata de Cervatos^ pues aunque ya rota y quebrantada, partida por varias partes, y cubierta de blanco yeso que desentona y borra además los signos, — por bajo de la imposta en el muro de la derecha del espectador, descúbrese interesante inscripción, hoy no íntegramente legible, donde en tres líneas de caracteres incisos de la época, ya descompuestos, se declara:
e ERA MCCX/////////// Uli I/////////// NOVBRI DEDICAVIT ECCLAM SCI PETRI MAKINVS EPS IN DIE F...STVS MARINl/////// ATIS (i).
En el ángulo entrante de la primera columna de este mismo lado, se advierte las siguientes letras incisas:
^ ERA T C2 XV 11: II A NS ST
(i) El Sr. Ruiz de Eguilaz, que debió hallar en mejor estado este epígrafe, lo copia de esta manera:
ERA MCCXXXVi:! Ulí IDUS NOVBRIS DEDICAVIT ECCLAM SCT PETRI MARINVS EPS INDIEBVS MARTINI ABATIS
Por su parte el Sr. Assas, tomándola de D. Juan Lantarón, la reproduce en iguales términos á la pág. 58 del t. del año 1857 del Sem. Pint. Esp., lo cual hace presumir que no le fué desconocida la transcripción del Sr. Ruiz de Eguilaz.
No hay dudar en el carácter conmemorativo de ambos epígrafes; y bien que no sea inteligible el último, — que interpreta no obstante un arqueólogo, entendiendo en parte de él la declaración: Factum^ Era MCLXV^ secundo idtLs Aprilis, es decir: <(. Hecho (el Monasterio) en la Era mil ciento sesenta y cinco (año 1127) en el segtmdo de los idtis de Ad7^il... (i)», — en el primero claramente se expresa la fecha de la dedicación del templo á San Pedro, por Martín ó Marín, Obispo de Burgos, hecha el día séptimo de las idus de Noviembre de la era 1237, año 1 199 de nuestra salvación, fecha que comprobando cuanto al exterior revela hasta aquí la fábrica, acredita que fué erigida en las postrimerías del siglo xii y días de Alfonso VIII, probablemente, por más que, conforme manifiesta algún escritor montañés, reconociendo la eficacia de la tradición, pertenezca «al estilo románico usado en el siglo xi» (2), esto es, se halle en mucha parte perpetuadas en el exterior por lo menos del edificio, las señas características del estilo románico, según aparece en aquella centuria, pero sólo en cuanto á la general disposición de algunos miembros y á los detalles, pues en lo demás existen las alteraciones naturales producidas á despecho de todo por el lapso del tiempo. Prueba de esta verdad, que nadie será osado á poner en duda, por lo manifiesta, es precisamente con la disposición de la portada la cuadrada torre que, cual miembro independiente, se alza adelantando á occidente por lo que debió ser la imafronte, intestando en ella, y sirviendo de apoyo al muro de cerramiento por este lado, que avanza en declive y excede de la altura de las cubiertas generales del templo, con otro ventanal, no menos bello, y cierta especie de bardal de sillería, decorado por la imposta ajedrezada, que parece fué tema obligado de los artífices del siglo xii, según usaron de él en sus construcciones.
(1) AssAS, art. cit. pág. 59 del t. de 1857 del Sem. Pint. Esp.
(2) Escalante (D. Agabio), El espolique artista.
De tres cuerpos consta la robusta torre, evidentemente no terminada, y de los cuales el inferior, de elevación superior á la de la iglesia, se muestra completamente desornado, sirviéndole de remate la saliente imposta ajedrezada, á que hacíamos antes referencia; construido de sillarejos en hiladas desiguales como aquel sobre el cual descansa, el segundo cuerpo, que mide próximamente de altura la tercera parte del inferior, también de menor latitud, y limitado por otra imposta ajedrezada, mientras en el ángulo SO. se muestra enriquecido por una columna adherida en toda la altura, ostenta sus frentes autorizados por hasta tres ventanas gemelas, de grandes capiteles casi cúbicos, historiados los unos, de salientes pencas los otros, fustes cortos y recios, collarino saliente y bien contorneado toro, pero los arcos, adovelados en su mayoría, y en alguno de ellos marcado el bocel, son ya apuntados, y por ello patentizan que este miembro indispensable de la iglesia de San Pedro, debió ser erigido con posterioridad al templo. El último cuerpo, de la misma altura que el intermedio, es sin embargo de menor latitud que él, y en él se rasgan descentradas dos ventanas gemelas, de labradas arcaturas, apoyadas seguramente en columnas que han desaparecido al derruirse parte de la imposta que les servía de sustento, y cuya forma de tronera y arcos interiores apuntados, se manifiestan de acuerdo con las enseñanzas que ministra el cuerpo sobre el cual éste se levanta. Inmediatamente encima de estas ventanas, descansa la vulgar cubierta de cuatro vertientes, lo cual demuestra que la obra quedó sin terminar, según quedó ya arriba insinuado.
Si tal es el resultado que al exterior ofrece la Colegiata de Cervatos^ muy otro es con verdad el que al interior patentiza, defraudando así las esperanzas de quien suponga que ha de hallar monumento comparable al de la Colegiata de Castañeda^ por ejemplo: de una sola nave es también ésta de San Pedro; pero todo hace semblante de que debe haber experimentado casi total reconstrucción en el siglo xiv ó en el xv, cuando los
pilares aparecen formados de haces de juncos, los capiteles están ornados de cardinas corridas, y las basas son poligonales. Sólo corresponde con el exterior la capilla absidal, cuyo arco se abre apoyado en columnas de altos fustes y capiteles historiados, en particular el de la derecha, aunque pintados desdichadamente como todo el templo, no permitiendo distinguir por tanto las representaciones de los mismos. Tres órdenes de impostas ajedrezadas recorren la capilla, con dos ventanas, una á cada lado, correspondientes á las laterales del ábside por el exterior, y en la zona inferior del muro destaca un cuerpo de arcaturas de la época, con capiteles de llamas, hojas picadas y figuras, entre las cuales es de notar la del patrono San Pedro, con la llave y el cayado. En el pavimento, y á la izquierda del altar mayor, una lápida moderna declara en once líneas:
AQVI YACE EL INFANTEDON FERNANDO HIJO DEL CONDE D. SANCHO DE CAS... ...TILLA EL DE LOS BVENOS FVEROS; QVE LOS DIO A CERVATOS EL AÑO DE J. C. 999 R. I. P.
Tal es con efecto, lo que resta de la famosa Colegiata^ pues, como dice el escritor montañés que de ella dió en 1857 noticia, «el claustro y las demás partes del edificio no nos parecen dignos de que molestemos con su descripción á nuestros lectores, tanto por la época moderna á que aquellas construcciones pertenecen, como por lo sencillo y casi insignificante de sus formas» (i), y más en la actualidad en que se halla convertido en lugar de hacinados escombros. Y si bien, cual hemos procurado evidenciar, tiene méritos sobrados al exterior este monumento
(i) AssAS, pág. 407 del cit. tomo del Sem. Pint. EspcLfiol.
lio
para excitar el interés del arqueólogo y del artista, y más en especial del Estado, que debía atender con largueza á su conservación,— no carece de ellos tampoco por lo que hace á su historia, prescindiendo de los supuestos contradichos en orden á su antigüedad, producidos por las obscenidades que tan singularmente y por no comprenderlas, pondera el vulgo en Reinosa. Consta por el Fuero de Cervatos (i), que en el año 1037 Era, ó sea en el de 999 de J. C, existía bajo la advocación de San Pedro y San Pablo, y que el Conde independiente de Castilla don Sancho Garcés, en unión de su esposa doña Urraca «pro animabus nostris, — dice, — et parentum nostrorum, seu de filio nostro Ferdinando quem attumulavimus in Aula Sanctorum Apostolorum Petri et Pauliy cujus Ecclesia sita est in urbe Campodii, in loco... quem vocant Cervatos», hacía al Abad Juan «et ad regulantes vel cultoribus Ecclesiae» donación de muchos pueblos allí mencionados, viniendo casi á comprender á la sazón la jurisdicción abacial de Cervatos casi todo el territorio de la provincia santanderina.
«En el año 1 149 el Rey don Alfonso VII..., después de confirmar todas las anteriores donaciones, concedió además al monasterio de Cervatos el pueblo de Villaescusa, Quintanilla, Somahoz, Izara, Garrayo, Matamorosa hasta el río Ebro y el Soto de Hoyos, apoyando además esta carta los obispos de Palencia, Burgos y Santiago» (2). De patronato real, Alfonso VIII, luego de haber reconstruido la iglesia, conmutaba con el obispo don Martín de Burgos el año de 1 186, este «Monasterio de San Pedro de Cervatos... por el de S. Eufemia de Cozuelos (que era de la Sede Burgense) y luego se le dió al Orden de Santiago» (3), confirmándose en 13 18 y durante la minoridad de Alfonso XI las anteriores concesiones, como lo hizo en 1342 el
(1) Véase en los Apéndices.
(2) AssAS, art. cit. del Sem. Pint. Esp.
(3) Flórez, España Sagrada, t. XXVI, pág. 280.
mismo príncipe en las cortes de Burgos, y en Alcalá de Henares don Juan II el año 1408 (i). No otra es la historia de este templo venido hoy á tan lamentable estado, pero que honra y ennoblece la humilde población donde sirve de parroquial iglesia: tú
Anverso Reverso
Tesseras sepulcrales en Castrillo del Haya
juzgarás, lector, si hemos acertado al traerte á él para que nos despidamos juntos de esta tierra bendita de la Montaña, que hemos recorrido, y donde tuvo su principio y su cuna la epo
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Tesseras sepui-crales en Espinilla
peya gloriosa de la Reconquista, según saben y no olvidan por cierto los naturales, con legítimo orgullo.
Por todas partes hallarás recuerdos, recuerdos que hablarán á tu corazón y á tu inteligencia de aquellas edades; ya en las tesseras sepulcrales descubiertas en Castrillo del Haya, ya en los de Espinilla, Ayuntamiento de la Hermandad de Suso ; ya en
(i) Assas, ibidem.
las iglesias, hoy desamparadas, ruinosas, permaneciendo por maravilla en pie, bajo la pesadumbre de los siglos y de las vicisitudes de todo género que han presenciado, ya en los templos más modernos y suntuosos de las antiguas villas de Cantabria, si no quieres dirigir, lector, la mirada á los tiempos remotísimos que con las Cuevas de Santillana de la Mar, de Revilla de Camargo y otras, traen á la memoria las hachas, los cuchillos, las herramientas de pedernal ó sílex, y las de bronce, y no apeteces inquirir lo que con respecto á la dominación de Roma significan las monedas, las lápidas, los miliarios, y todos aquellos otros rastros que con afán buscan los que se dedican á los estudios arqueológicos, cifi'ando en la antigüedad clásica toda su gloria (i). Por do quiera, en la Montaña,
de edificios altos, nunca de nobles ni de ingenios faltos,
según decía Lope de Vega (2), — hallarás espléndido y fulgurante un sentimiento único inmarcesible hasta nuestros días; un sentimiento noble que es como manso caudal de aguas derivado del manantial surgido en la contradicción y la lucha salvadoras de la Reconquista: el sentimiento de la Patria española, el enorgullecimiento de ser aquella tierra, tierra donde nació Castilla, y sus costas, marismas castellanas: goza, lector, con aquel sentimiento, y aparta la mirada con dolor de quienes olvidando su gloriosa historia, escrita con hechos y con monumentos, — tratan hoy á deshora de renegar de sí propios, quebrantando los vínculos que creó la naturaleza, que soldaron los siglos, y que durarán á pesar de los que de tal manera piensan, tanto como dure la unidad de la pobre, combatida y arruinada España. No nos motejes, lector, si en muchas ocasiones, prescindien-
(1) Véase cuanto respecto á los Campamentos romanos de Julióbriga^ expone con su acostumbrada discreción el Sr. D. Ángel de los Ríos y Ríos, en el t. XIV, pág. 509 del Boleiin de la Real Academia de la Historia.
(2) Laurel de Apolo, Silva I.
do de nosotros mismos, hemos seguido á los escritores montañeses, raptándoles con grande frecuencia: quién mejor que ellos, á ti, si no eres montañés, podrá revelarte el alma de la Montaña? Y si eres allí nacido ¿ qué voz resonará en tu alma de más agradable modo que la voz de tus paisanos? Perdónanos pues, y separémonos aquí en Cervatos, muy satisfechos nosotros si hemos logrado acertar á interesarte en la expedición realizada, y si no te hemos hecho bostezar de fastidio con nuestro estudio; pero al separarnos, hagamos fervientes votos para que la suerte sonría por igual en todos los valles, en todas las sinuosidades, en todos los montes de esta provincia; y conservando como tesoros sagrados sus memorias históricas y monumentales, sus memorias literarias y sus costumbres, — éntre por igual en la vida moderna, dejando algo del espíritu que aún vive en las casas solariegas de la Montaña y que hace que todavía, á fines del siglo XIX, sea considerada esta tierra como tierra de linajes, cuando no hay más que uno : el que creó Dios en el Paraíso al formar nuestros primeros padres.
9 de Marzo de 1892.
Donación y fueros de Valpuesta, otorgados por don Alfonso el Casto
(2 I Diciembre de la Era DCCCXLIIL— Año 804 de J. C.)
IN nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. Amen. Ego Adefonsus gratia Del Rex Ovetensium, pro amere Dei et remisione peccatorum meorum et animabus parentum meorum, íacio testamenti privilegium cum consilio et consensu comiium et principum meorum ad Ecclesiam S. Mariae de Valleposita, et tibi Johanni Venerabili Episcopo et Magistro meo, sic de rebus adquisitis ipsius Ecclesiae quae ab antecessor i bus tuis adqui sita e sunt, quam etiam de lilis quae tu vel succesores tui adquirere potuerint. Dono ttiam huic praefatae Ecclesiae proprios términos de Orrundia usque ad fontem Suvanariam. Et de fonte Suvanaria usque ad molares: de molares usque ad Rodil: de Rodil usque ad Pennilla: de a ia parte usque ad Cancellatam: de Cancellata usque ad Fontem Sombrana: de Fonte "^ombrana usque ad foz de Busto: de foz de Busto usque ad Pennam rubiam: de Penna rubia usque ad S. Christophorum: de Sancto Christophoro usque ad "^anctum Emetherium et Celedonium, p.r callciatam quae pergit ad Vald gobia usque in Penniella; de Piniella lombo usque summum Pozos: de Pozos usque ad summaai pennam cum montibus, et fontibus, et paludibus, et pascuis, cum exitu et regreso, etc.. — Facta testamenti cartula sub die qui erat XII Kalendas Januarias Era DoLl .XLII regnante Rege Adefonso in Oveto. Ego menoratus Rex Adefonsus qui testamenti privilegium faceré jussi, coram Deo et coram testibus signum -f injeci ac roboravi et testibus ad roborandum tradidi. — Didacus Episcopus, confirmat. — Felmirus Episcopus, confirmat. — Fredulfus Episcopus, conf. — Arias Episcopus, conf. — Crisconius Episcopus, conf. — Simpronius Episcopus, conf. — Alvaro Abba, conf. — Obeco Abba, conf. — Munio Archidiácono, conf. — Nunno Archidiácono, conf. — v^omes Fernandus, conf — Comes Didac. Didaz, conf. — Comes Fruela, conf — Comes Alvaro, conf. — Comes Nunno Nuñez, conf. — Comes Richamundo, conf. — Tello Tellez, conf. — Godestio Peidrez, conf.— Severo Nunnez, conf — Asoro Peidrez, conf. — Petro Annaiz, conf. — Didago Pelaiez, Armiger Regis. — Altemirus pinxit.
(Flórez. — España Sagrada, tom. XXVI, apénd. i, pág 442. — Muñoz y RoMKRO, Colección de Fueros municipales y Cartas Pueblas^ pág. i3).
Fueros de Brañosera, dados por el conde Munio Núñez en 15 de Octubre
del ano 824
I N Dei nomine, amen. Ego Monnio Nunniz et uxor mea Argilo, paradisum quaerendo et mercedem accipiendo ínter ossibus et ve nationes facimus populatione, et aducimus ad populando Valero, et Félix, Zonio, et Cristuebalo,
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et Cervello, atque universa sua genealogía, et damus vobis ad populandum illum locum, qui dicitur Brania Ossaria cum suis montibus et sus discurritiones aquarum, vel fontibus, et frugibus convalium, sive universa longa fructifera, et damus vobis terminus, id est, ad locum qui dicitur Cotopetroso, et per illum villare, et per illos planos, et per illam civitatem antiquam (i), etper illum pradum Porquerum, et per illas Cobas Regis, et per illa Penna robra, et per illa foce via qua discurrent Asturianos, et Gorneconos, et per illum fixum Petrizum, qui est in valle Verezoso, et per illum cotum medianum, et dabimus vobis ego comité Monnio Nunniz, et uxor mea Argilo ad tibi Valerio, ct Félix, et Zonio, et Cristuebalo, et Zerbello, ipsos términos ad vos, vel ad eos qui venerint ad populandum ad villa Brania Ossaria, et omnes qui venerint de alteras villas cum sua pécora, vel cum sua rem causa pro pascere herbas inter ipsos términos, qui in ista scriptura resonant, omes de villa Brania Ossaria prehendant montaticum, et de ipsa rem, quam invenerint inter suos términos habeant foro i la medietate ad comité, altera medietate ad omes de villa Brania Ossaria, et omes, qui venerint ad populandum ad villa Brano Ossaria, non dent anupda, non vigilias de Castellos, nisi dent tributum, et infurtione quantum poterint ad comité qui fuerit in Regnó, et populavimus infra ipsa longa Silva Brano Ossaria Ecclesiae S^ncti Michaelis Archangeli, et ponimus ad nostros dextros, et ad nostros sinistros térras ad ipsa Ecclesia pro remedio animae nostrae. Ego Monnio Nunniz, et uxor mea Argi'o; et si aliquis homo post obitum nostrum de mi Monnio Nunniz, et uxor mea Argilo, contradixerit ad omes de villa Brania Ossaria, per ipsos montibus, et per ipsos términos cum sua rem causa, quod in ipsa scriptura resonat, pariat et in primis ante iuditio tres libras áureas á parte de comité qui fuerit in Regno, et scriptura ista roborem habeat firmitatem. Facta scriptura ista notum die V feria III idus Octobris. Era discúrrante LXII regnant principe Adefonso, Rex, et comité Monnio Nunniz. Et ego Monnio Nunniz, et uxor mea Argilo, in ista scriptura roboravimus, caballairus roboravitur Armonius presbiter, Monnito, Ardegacamna, Vicentius. Tellu, Abeaza, Valerio, pro testibus ffffffff roboravimus.
Gundisalvo Fernandez comité, vidi carta scripta de universis plebibus de OTies de villa Brannia Ossaria, sicut hanc cartula que fecerunt avi mei Monnio Nunniz, et Argilo, quae feceerunt ad omes de villa Brannia Ossaria de suos foros, et de suos términos, et cognosco ego illam restauravi, et confirmavi ad omes de villa Brannia Ossaria roboravit in era DC^CG»^. Zahfagiel roboravi f pro teste, Sarracino tes. f rob. Steme tes. f rob. Helia tes. f rob. Severo tes. -{- rob. Italius tes. f rob. Emeterius presbiter scripsit.
Ego Fernando Gundisalviz comité, et uxor mea Urraca, vidimus carta de omes de villa Brannia Ossaria, et de avi mei Monnio Nunniz, et Argilo, et cognoscimus ipsam cartulam, et confirmamus suos foros, et suos términos ad omes de villa Brannia, et Ossaria, sicut fecerunt et roboraverunt Monnio Nunniz, et Argilo, et Gundisalvus Fernandez, et ego Fernando etuxor mea Urraca in ista carta manus nostras ff roboravimus in era TIII. Die V ipsas kalend. Aprilis Monnio Assuriz, Petro Garcia, Fernando Valvaldiz, Gutierre Rodriz, Didaco Rodriz, confirmavimus, et roboravimus. Olio et Armentero, pro testibus roboravimus. Frisila scripsit.
Ego Sancio Garseaniz comes, vidi cartam scripturae de meos visabios de Munnio Nunniz, et Argilo, et de meos avos Gundisalvus Fernandiz, et de Fernando Gundisalviz, et cognosco ista carta de meos avos, et confirmavi, et roboravi ad omes de villa Brannia Ossaria in era TXXX. vi. die, III fer. nono kal. junias, quae habeant omes de villa Brannia Ossaria suos foros, et teneant suos términos quomodo in ista scriptura resonat, sicut habuerunt, et tenuerunt cum meos visavos, et cum meos avos, et cum patre meo, et ego Sancio Garseaniz in hanc ista carta, quae legenter audivi, et de manu mea f roboravi. Ossorio, Hermigildiz, Gundisalvo Sarraciniz, Oveco Armentariz, Vellite Monniz, Garcia Fernandiz, Montano qui Vtla Bocoda, Albaro Sonnaz, Petro Fernandiz in ista scriptura istos f f ffif |f roboravimus, Pantulo, et Vitaliano Stephano et Vellite pro testibus ff ff roboravimus.
(r) Vadinia, según el Sr. Fernández-Guerra.
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(S ANDovAL, Cinco Obispos, pág. 292; Muñoz y Romeho, Colección de Fueros municipales y Cartas pueblas, pág. ló).
Carta de Lebeña é de las Iglesias, é de lo otro que hy es
Donación hecha por el Conde de Lebeña y su mujer al Monasterio de Santo Toribio de Liébana, hacia el año 920
I ioTUM est Xpto,, notum sit Eccltsiae id est Donninis et Patronis meis gloríos. S. Salvaioris, et S. Mariae, et F<.omani, et S. Martini, et S. Priscae, et S. lustae et Rufinae, cuius Baselica sita est in locum quod dicitur Flebenia, quüd nos, servi vestri, Allefonsus et lusta, superno timore pulsi propria et spontanea nostra volúntate absque aliqua persecutione vel necesítate, non potestatis, non alicuius impulsione, sed susctpto pro die nostrae redtmptionae, credendo ei qui dixit qui dederit unum numum recipiet in aeternum centuplum: et quia nulla persona quamlibet sit arcta non valet, ñeque atinguet nisi elehemosina, ipsa extinguet omne peccatum. Ideo ad Xpto. obtaium credidi nobis premium esse servatum pro fide spectatum, quia non est Deus sicut homo ut menciatur: pro inde tali promissione gaudentes, placuit nobis in salute nostra, uno animo parique consensu, ut quidquid visi sumus habere nos iam supradicti, id est, Aldefonsus et lusta, in villa Feblenia, concedimus ad predictam Ecclesiam quae nos lavorabimus, sive hereditavimus de ea omnia quantum habemus in ipsa villa, ipsos Palacios cum suo exitus et ingresus, et térras et vincas, et pumares et olivares et figueras et pumiferos, et molinos, sive de donatione regis sive etiam de conlata amicorum sive et quod comparavimus, et ipsas villas qui ibidem sunt in Feblenia, sive et in Cessaria, cassas et hórreos et molinos et sernas, et pumares, sceptis illa serna de S. Aciscli... et exitibus et ingressis, id est de thesauro de Ecclesiae crucem argenteam mirabile ex auro et capsa similiter, lucerna aerea, candelabrum aereum, cálice argenteum et patenam. De vestimentis ornamentis Ecclesiae id est, dúos almaticas, una maiore et altera minore, coriales alios, dúos velos siricos de altare Ecclesiae et pannum optimum pro casulla et signum Ecclesiae aereum optimum et letum palleum et plumatium palleum, et almuza alia, et baballum, quia... scripturam qui dicit redímete homo redímete dum vivís dum pretíum in manibus tuis habes, íncertum est enim ut post mortem nosiram quis nos redímat. Ideóque serví quod supra iam locuti sumus, donamus atque concedímus primum S. Salvatoris ín Flebenía, ut sacerdotes vel monachí qui ípsam Ecclesiam tenuerint firmiter et indubitanter íllud obtineant, víndicent atque defendant, sivj et possideant de homines vero nostros quod ingeníamus post nostrum obitum sint líberí atque ingenui, nullísque adentes patrocinio, nisi solo Domino regí. (Del Libro Becerro de Santo Toribio de LÍébanaK
Carta de donación de la Yglesia de Sancta Maria et de Sant Román de Leuenna con sus pertenencias et otrosi de Bodia et de Maredes á Sancto Toribio de Liébana, por el Conde Alfonso.
(Era de DCCCCLXIII.-Año 925 de J. C.)
In Deí nomine. — Notum sít cunctis ac manifestum quod ego Allefonsus Comes, et mea husor lusta cometísa hedificauimus ecclesiam Sancta María de Fleuenía ut transferrem corpus Sanctí Turíbíí in eam. Et quia famulis meís precepínt foderent, et cum cepíssent fodere, diuino judítío flagella-
En el nombre de Dios. — Sea para todos conocido y manifiesto que yo Alfonso, Conde, y mi esposa Justa, Condesa, hemos edificado la iglesia de Santa María de Lebeña para que fuese trasladado á ella el cuerpo de Santo Toribio. Y porque mandé á mis sirvientes que cavasen, en cuanto empe-
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tus sumus, quod á Deo factus fuit cecus; et milites mei, qui erant inmunes á cuipa, qui cum sarculis cepisent federe, lumen amisserunt. Tune optuli Corpus meum et quantum habui in Leuana '^ancto Tonbio, et tibi Hopila abbati, et clericis ibidem Deo seruentibus; uidelicit, oíero et concedo ecclesiam Sancta Maria de Fleuenia, que est sita in alfoz de Celorigo, cum ecclesia Sancti Romani, et cum hereditatibus et collaciis tt cum quantum ibi ad me pertínet, et illam meam uillam Maredes, que est in alfoz de Cereceda, quam compraui de Domino meo Rege, et dono cum ómnibus suis pertinentiis, et cum suis terminií., et similiter Bodiam, quam abui ex meis . uis. Hoc totum dono etofero, et corpus meum, domino meo SanctoTuribio, et Sánelo Martino, pro anima mea et parentibus meis, eo quod interne ntu clericorum recepi lumen quod perdideram á Domino Ihesu Christo per intercesionem Beatissimi Turibii, ct milites meis, et famuli receperunt lumen. — Facta scriptura donationis Era D.« CCCC. LX. III. «die IIII.«None Decembris, sub principe Ordonio in i.egione et Comité Ferrant Goncauet in Castellia. Ego Comes Alfonsus et mea uxor cometissa lusta, hanc cartam, quam iusimus fieri, confirmamus et manibus nostris roboravimus. Si quis contra hanc donationem uenire uoluerit, sit maledictus et cum luda traditore sepultus, et á parte Regis térra pectet III libras auri. — Rodericus confirmat (?). — Alfonsus confirmat. — Besal Munnoz confirmat. — Ferrant Roiz confirmat. — Tellus testis — lohannes presbiter testis. — Sigundus, et omines et milites de Leuana testis.
zaron á cavar, fui castigado por la divina justicia, hasta el punto de que quedé ciego; y mis soldados, que estaban libres de culpa, habiendo empezado á cavar la tierra con los azadones, perdieron también la vista. Entonces ofrecí mi cuerpo y todo cuanto tengo en Liébana á Santo Toribio, y á ti abad Opila, y á los clérigos que sirven allí á Dios ; es decir, ofrezco y concedo la iglesia de Santa María de Lebeña, que está en el alfoz de Cellorigo, con la iglesia de San Román, y con las heredades y collazos y con cuanto allí me pertenece, y mi villa de Maredes, que está en el alfoz de Cereceda, la cual compré de mi señor el Rey, y la dono con todas sus pertenencias y sus términos, é igualmente la villa de Bodia, que heredé de mis antepasados. Todo esto doy y ofrezco, además de mi cuerpo, á mi señor Santo Toribio, y á San Martín, por mi alma y por la de mis padres, porque por intervención de los clérigos y mediante la intercesión del beatísimo Toribio, recobré de nuestro Señor Jesucristo la vista que había perdido, y mis soldados y servidores recobraron la vista. — Hecha esta escritura de donación el día dos de Diciembre de la Era 963, bajo Ordoño Rey de León y el Conde Fernán González de Castilla. Yo, el Conde Alfonso, y mi esposa la Condesa Justa confirmamos esta carta, que hemos mandado hacer, y la firmamos y rubricamos de nuestro propio puño. Si alguien internare ir contra esta carta, ma'dito sea, y sepultado con el traidor Judas, y sea condenado á pagar tres libras de oro á la parte del Rey de la tierra. — Rodrigo confirma Í!^). — Alfonso confirma. — Besal Muñoz confirma. — Fernando Ruiz confirma.— Tello testigo. — Juan, presbítero, testigí>. —Segundo, y hombres y soldados de Lebeña, testigos.
(Tumbo del Monasterio de Santo Toribio de Liébana. núm. 100, folio 8.» vuelto (Archivo Histórico Nacional;. — D. Rafael Tokres Campos, La Iglesia de Santa María en Lebeña., pág. 3; y sigs).
Fuero de Cervatos
(Era de i 037.— Año qqq de J. C.)
UB Christi nomine et divino imperio Patris ejusque Filii, atque Spiritus Sancti, unus esentialiter et trinus personaliter, regnantes ¡nsaecula saeculorum. Et tam unitatem credendo, < t recté sermones predicando, et diem judi-
cii pavendo et poemas infernivivendi metuendo^ et gratiam Dei conquirendo. Ego Sanctiiis Garcis, Comes Castellanensis una cum uxore mea Urraca, pro animabus nostris et parentum nostrorum, seu de filio nostro Fernando, quem atumulabimus in aula Sanctorum Apostolorum Petri et Pauli, cujus Ecclesia sita est in urbe Campodii, in loco praedicto quem vocant Cervatos; et concedimus ad ipsos Sanctos Dei praedictos et tibi Joanni Abbati et ad regulantes vel cultoribus Ecclesiae, qui ibidem commorare videntur, ordinamus vobis: De Dorio flumime usque ad ripam maris, et de Carrione usque ad Granonem, ut non donetis portaticum, nec vos ncc vestrae decaniae. Et concedimus vobis ut non detis montaticum, nec vobis nec vestrae decaniae, n;C ut Majordomus.
Et est primum terminum, de Collado, et de Orvo, et de Ramporquero, et deinde ad Covares, et usque ad summum de Peña Lavra, et usque ad peñas de Munione, et usque ad castellum de Piña, et totum cómodo descendit, et usque ad ripam de Deua, et usque ad Mare, et juxta litus maris, et usque ad Sanctam Mariam de Pórtico, et usque ad Peñas de Flavato, et usque ad Castrum de Castella Vetera, et usque ad Portellum de Salazar, et usque ad cornum de Bezanus, et ad Sanctam Gadeam, et per totam silvam de Isedo, et usque ad Rio Conche, et deinde ad PoUam, et usque ad Morosum, et deinde ad Covam usque ad Ultadello. Infra et ipsos términos supradictos pascant petigere vestre, sicut et nostre, et habetis tallem fextum laborandi de arboribus pro quacumque causa vel opus volueritis, vos et vestrae decaniae sicut nos, ad venandum et piscandum, pascendum vobis et vestris decaniis forum concedo. Et do vobis isto Rodeiam de Suano, cum suo solare et sua hereditate, pro majore dommo de vestro ganato; et concedo vobis in illo puteo de salinis de Cabezón de octo in octo dies unum pózale de moria, ad faciendum salem. Et do vobis unam cernam juxta rivulum Mannantis, et alium terminum de Carrayra qui juxta eam est, et totum terminum de Regula Sancti Petri. Do vobis unam carrayram quam comparavi de Diego Gómez de Capello, usque ad Carrayram de viatoribus, et est latitudo ejus de seyes militibus fantibus (i ) unum juxta alium. Et dono vobis unum olerum nominatum Johannis de Corveriis, cum suo solare et sua hereditate, ut faciat vestras olas. Et abjecto Sayone de vestra hereditate et de vestris decaniis et de vestris divisis et de hoc quod est in vestro, quomodo de illo quod ganabunt cultores Ecclesiae ipsius, usque in perpetuum. Et concedo vobis Befaitas (2) quas habetis usque in perpetuum, et colligatis eas sicut Infanzones, ubi divisas habueritis. Et concedo vobis in tota hereditate vestra non detis omecidium, nec fonsatum, nec monetas, nec Rosxum, nec furtum, nec rapinam, nec caleros, nec veredeyros, nec ad Castellam iré, nec ad apellidos, nec expeditionibus. Et de hoc toto supradicto benimus (3) Majorinus et Sayones et Judices; et ut in Solariegos, nec in soldaderos, nec in deganeros, nec in Majordomis, nec in villas, nec in hereditatibus, tam in Campo patenti (4), quam in Castelle, sive in Asturiis, nullum dominum habeant. Et quomodo tenent sibi ex vobis, sive de aliís, vel ut adquisierint, ita teneant ea semper. Et mandamus de tertiis Ecclesiae vestra ut non detis adEpiscopum, nec ad ullum hominem. Et mandamus ad homines vestri non eant ad tenendas paradas montium ad venatores, ñeque ad Reges, ñeque ad Comités, ñeque ad Dominum terrae. Si aliquis homo, tam de longinquis, quam de propinquis, Rex, aut Comes, aut Dominus terree, contra hunc scriptum voluerit demandare, do et mando per forum ut detis duodecim juratores, et seyes de media mensa (5) et seyes pueros, quales habueritis, ut respondeant ^men. Nos
(t) "^Stantibus, probablemente.»
(2) «Al margen dicey. 6 e/ay trias, esto forte befaitrias, como duda del copiante, y realmente esto debería copiar, si había una tilde encima; pues desde el principio de la restauración se hallan escrituras con abreviaturas semejantes. »
(3) «Betamus probablemente . »
(4) «Este Cafttpo-patenti {ca.m'po abierto), es el valle, Merindad, ó comarca de Campóo, así pronunciado y escrito ahora por una sucesiva contracción de voces que demuestran varias escrituras del mismo Becerro de Cervatos.,.» «Z><? Campum pandum (campo abierto) debió venir Campo-pau, Campo-pó y Campóo: á la manera que en esta misma escritura se dice Pan-porquero al término que en el fuero de Brañosera se escribe Pandmn-porquerum . »
(5) «Tal vez se haga alusión á la costumbre de sentarse al medio de la mesa las personas adultas, según lo que refiere Strabón de los cántabros: que daban el primer puesto en los convites á la edad y dignidad.» «Y
vero Deum timentes et ejus misericordiam sperantes, concedimus tibi Joanni Abbati atque confirmamus, et ad locum illum, ut de ista hora á nullo homine discorrumpat illud forum, Et tam pro animabus nostris, quam de filio nostro Fernando, qui attumulatus est in isto Cenobio jam dicto, et in hujus rei
scripta afirmamus usum (i) istos términos ras quod
non fuerint clausae, nec sem nullo ganato past de
cultoribus Ecclesiae. Si aliquis homo
maneat •
.(2) corpore duobus oculis careat á fronte, et cum luda,
Domini Traditore, infernales lugeat poenas; et subertatur sicut Sodoma et Gomora, et sicut Datan et Abiron, quos vivos térra absorbuit. Et super totum dampnum, pariat á parte Regule hujus auri libras quinqué. — Facta carta hujus testamenti noto die sexta feria, II Nonas Martii, Era millesima XXXVII, Regnante Rege Bermudo in Legione et Sancius Comes in Castella.
Ego Sancius, Comes Castellanensis, et uxore mea Urraca hoc veré testimonii hujus quod concedimus ad honorem Apostolorum Petri et Pauli, et tibi Joanni Abbati et ad cultores illius Ecclesiae, legentem audivimus, manus nostras roboramus et signum fieri jussimus. Et alii Doninatores terrae qui post regnanti sunt, pro remedio anime sua et ad honorem Dei et loci illius, ita concedant et confírmate. Hujus rei testes sunt et confirmatores. — Garcia Fernandi. — Cisla, Abb=is. — (Nos testes et confirmatores hujus rei). — Gonzalo Diaz testis et confirmo.— Vellit Cardel (3), et dupli signum mandato Rex sumus. — Fernando Emuldi, testis et confirmo. — Alvaro Galindes, testis et confirmo. — lohannes presbyter scripsit.
(D. Angel de los Ríos y Ríos, Noticia histórica de las Behetrías, páginas i54-i58).
Carta de donación hecha por el Conde don Sancho de Castilla al Monasterio de San Salvador de Oña, de gran parte del territorio de la provincia de
(Era MXLIX.— Año I o I I de J. C.)
IN nomine Sanctae et individuae Trinitatis, Patris et Filii et Spiritus Sancti Amén. — Empieza con la protestación de la Sancta Fe Cathólica^y luego prosigue en esta forma:
Ego igitur Sanctius Comes, cum coniuge mea Comitissa Urraca, ad hanc salubrem redemptoris vocem pervenimus, et cum intentis cordis, et libero arbitrio meditando, damas et concedimus Monasterio S. Salvatoris, quod est situm in locum cognominatum Onia: in Espinosa illa nostra portione integra, cum terris, et dibisiones, quae divisit Munio Belasquiz, qui fuit nostro vicario atque Merino, cum domna Munia duenna. Quómodo cadit ribo
Yo pues, Sancho, Conde, juntamente con mi mujer la Condesa Urraca, dando oído á estas saludables palabras del Redentor, y con generoso corazón y libre arbitrio, damos y concedemos al Monasterio de S. Salvador, situado en el lugar denominado Oña: en Espinosa, aquella nuestra porción íntegra, con las tierras y divisiones que hizo Munio Belasquiz, que fué nuestro vicario y Merino con doña Munia, dueña. Conforme cae el arroyo Vozie-
como disponían los asientos al rededor de las paredes, segúa el mismo Strabóa, de aquí que el asiento preferente fuese el medio de una mesa puesta á un lado. »
(1) «En esta parte no se hallan pasajes ó cláusulas semejantes de los otros dos traslados, y por eso imitamos los huecos del Becerro copia. »
(2) «Está perdido el fin de la hoja, y aunque es verdad se lee tal cual palabra, no hace oración.» (Nota marginal en el Becerro copia) .
(3) «Estos dos confirmantes parece introdujeron sus firmas en el hueco que pudo quedar entre la de Gízrcta Fernandi, Cisla Abdas, Y \o que de.s'^nQS a.fi2íá\Qxon\ et du/>li signum, eíc. (Notas del Sr. D. Angel de los Ríos y Ríos) .
de Voziello in Trioba, et pergit per ad illa ponteciella, et exit ad sommas Casteruelas et ad somma la era. Et ex alia parte quomodo cadit ribo de Petra in Trueb^, et exit ad il'a cobiella, et aplicat ad Busco de Cortecas, et pergit pro inde ad illa parte de rigo de Soba, et quomodo tagat ribo de Soba, et cadit in Trioba. Et alia parte usque in illos latreros, et venit proinde et ad cobas de Runino. Hic etiam supradictis terminis sic facimus decretum, ut illi homines, qui sub domine Abate, vel domine Abatissa Sancti Salvatoris Oniae populaberint, et habitatores sub eius dominio fuerint, et servierint ad Sanctum Salvatorem, potestatem habeant cum suo ganatu et ómnibus suis peccoribus herbispascuis, tam isti quam illi allii, qui in decaniis fuerint Sancti Salvatoris, et vadant omnes securi cum suosgan=itos, vaccas, equas, capras, porcos, ubicumque voluerint pascere per omnes istos términos praedictos, et per istos quod nominamus : de Espinosa usque in Salduero, et ex alia parte, usque in Samano, et venit inde ad portum S. Mariae, et aplicat ad Cabarga, et pergit inde ad ribo de Pas, et á la Mata de Nela, et ad Summo Lobato, et venit pro inde ad Mantare et ad Trioba et inZernegega, nullos alios gánalos, nec vacas, nec peccora intrent pascere nisi illos de Sancti Salvatoris. Et si inventi fuerint. Abas de Onia accipiat montaticum de omnes vacas. Infra vero omnes alios términos praedictos, omnes qui de Domino Oniae fuerint, potestatem habeant in sylvis, in vallibus. in montibus, in aquis, in herbis pascere, insulis requiescere. Et nuUus sit ausus, nec potens, nec impotens hominibus de Abate de Onia, nec de suos ganatos, nec de suos porcos montaticum accipere, nec ullam inquietationem Abati de Onia faceré, nec in suis vacis, nec in suas cabanias aliquid per forca inde accipere; qui autem inde modicum, vel multum acceperit, pariet duplatum, vel melioratum ad hanc regulam. Et ad partem Regis terrae mille quingentas auri libras pariet. Et iram Omnipotentis Dei et de ómnibus Sanctis tan ipse quam omnes qui consenserint, plenarie incurrant. Ego Gomes Sanctius et uxor mea Urraca Gomitissa qui hoc scriptum fieri iussimus, legentem audivimus, manibus nostris hos signos fecimus f f et
lio en Trueba, y sigue por aquel pontecilio, y sale á las alturas Casteruelas y á la altura la era. Y de la otra parte, conforme cae el río de Piedra en Trueba, y sale á aquella cueva, y arrima al Busco de Cortezas, y sigue por él á aquella parte del riego de Soba, y según toca al río de Soba, y cae en Trueba. Y por la otra parte hasta en aquellos lastreros, por donde sigue á las cuevas de Runino. Así pues, respecto de los mencionados términos, disponemos: que los hombres que allí poblaren y habitaren bajo el dominio del señor Abad ó de la señora Abadesa de San Salvador de Oña, y sirvieren á San Salvador, tengan potestad con su ganado y todos sus rebaños á las hierbas y á los pastos, así estos como los que fueren en las Decanías de San Salvador, y vayan todos seguros con sus ganados, vacas, yeguas, cabras y puercos, donde quisieren pacer por todos estos términos señalados, y por estos que designamos : de Espinosa hasta Salduero, y por otra parte hasta Sámano y viene seguido al Puerto de Santa María (Santoña), y se acerca á Cabarga, y sigue al río de Pas y á la Mata de Nela, y al Somo Lobao, y continúa por él á Mantare, y á Trueba y en Zernejega, ningunos otros ganados, ni vacas, ni rebaños entren apastar, sino aquellos de San Salvador. Y si fueren hallados, cobre el Abad de Oña el montazgo de todas las vacas. Además de todos los otros términos nombrados, todos cuantos fueren del señorío de Oña, tengan poder en las selvas, en los valles, en los montes, en las aguas, para pastar en las hierbas y sestear en las islas. Nadie sea osado, así poderoso como débil para exigir montazgo á los hombres del Abad de Oña, ni por sus ganados ni por sus puercos, ni inquietar en manera alguna al Abad de Oña; ni en sus vacas, ni en sus cabañas alguien por fuerza exigirlo; quien por tanto poco ó mucho cobrare, pague el duplo ó mejorado por esta regla, y á la parte del Rey de la tierra, mil quinientas libras de oro, y en la ira del Señor Omnipotente y en la de todos los Santos tanto él como quienes lo consintieren incurran plenamente. Yo Conde Sancho, y mi mujer Urraca, Condesa, que mandamos hacer esta escritura, y la oímos leer, hizimos estos signos con nuestras manos f f y para que sea siempre fir-
ut firmum semper permaneat confirmamus. Facta carta donationis et confirmationis in era M.XLVIIII.
Ego Gutierri testis Ego Gongalbo Gargiez tes-
Ego Fredinando Didaz tis
testis Ego Petrus Episcopus con-
Ego Munio Gustios tes- firmo
tis Ego Belasco Episcopus con-
Ego Rodrico Telliz tes- firmo
tis Ego Gómez Didaz testis
Ego Gundisalvo Telliz Ego Fanni Bermudez tt.
testis Ego Rodrico Gongalbez tt.
Ego Rodrico Rodriz tes- Ego Munnio testis
tis Ego Salite testis
Et nos, omnes nobiles, et infancones supra nominati, qui praetaxatos términos divisimus, et asignavinius ex mandato Gomitis Sanctii cum Munio Belasquiz, qui erat Vicario Gomitis Sanctii, et de Gomitissa Urraca, et erat Merino similiter, laudavimus, et confirmamus hoc donum, et testificamus. Et ex praecepto illius propriis manibus cum suo Merino, Aba de Onia, et suos homines in praedictos términos et in nominatos montes intromissimus ffffff .
(Sota, Crónica de los pi'íncipes de As na 633. — Muñoz, Colección de Fueros m
me la confirmamos. Hecha carta de donación y confirmación en la era M XLVIIII.
Yo Gutierri, testigo. Yo Pedro Obispo, con-
firmo.
Yo Fernando Diaz, tes- Yo Velasco, Obispo, contigo, firmo.
Yo Munio Gustios , tes- Yo Goméz Diaz, testigo, tigo.
Yo Rodrigo Tellez, tes- Yo Fanni Bermudez, tt. tigo.
Yo Gonzalo Tellez, tes- Yo Rodrigo González, tt tigo.
Yo Rodrigo Rodríguez, Yo Munio, testigo, testigo
Yo Gonzalo Garciez, tes- Yo Salite, testigo, tigo .
Y nosotros, todos los nobles é infanzones arriba nombrados, que los designados términos dividimos y asignamos por mandato del Gonde Sancho con Munio Belasquiz, que era Vicario del Gonde Sancho y de la Gondesa Urraca, y era asimismo Merino, aprobamos y confirmamos est* donación y de ello testificamos. Y por mandato de aquel, con nuestras propias manos y con su Merino, al Abad de Oña y sus hombres, en los dichos términos y en los montes mencionados los pusimos en posesión ffif ff
turias y Cantabria, escritura 24, págiunicipales y Cartas pueblas^ pág. 36).
Parte más antigua del PRIVILEGIO VIEJO DE SANTOÑA, tal como éste fué reproducido en la confirmación del rey Felipe II
(Era MLXXX. Año 1042 de J. C.)
I N tempore illo cum regnaret Garsias Rex in Pampilona atque in Gastella, fraterque ejus Ferdinandus Rex in Legione, vel in Galletia, erat Ecclesia hec Sancta Maria quod vocitatur Porti, deserta absque abbate vel abitatore. Advenerat itaque inspirante Ghristo, causa orationis, et ex Orientes partibus, quidam presbiter, vel peregrinus, nomen est Paternus; qui etiam ipse Paternus presbiter placuit ad ipsius Ecclesie anula aumentare; atque cepit manibus in ipso loco laborare, vei hortos colere, domos fundare, vinias vel pomíferos poneré, seu homines atque fratres, ex diversis regionibus Domini timentibus colligere, et secum cum Domini charitate et eius iubamine fuit abitare, et de die in dies terrenis et eius bona in melius. Igitur vero etiam non post longo tempore, pater et monasterij á cumtis nobilioribus seu senioribus terre elevatus est. Sic quidem tune suis fratribus commoranter, cepit diebus vel ipsius monasterij causas ingerere, sicut fuerunt in antiquis temporibus, vel in tempore Antonij Episcopi, ut eas cum iustitia ad illud reduceret. Hec autem a cumtis inquirunt; iungerunt concilium, et ipsi homines iniqui de regione, ut eum cum suis fratribus hoc ipso monasterio ejicerent, et ipsi in eodem loco sucederent. Ipse tándem Abbas audito hoc consilio, peregit ad regem con suis fratribus, et tradVdit ipse monasterio in manibus ipsius regis. Ex inde vero ipse rex confirmavit illum, atque constituit in suo ordine, ut esset pater illius monasterij, et nulus hoc conoceret pro dominum visitatum se: et iusit autem possessiones atque res ibi adpertinentes exquireret et apud ipsum monasterium faceret; et super
hoc statuit decretum: «Nec nuUus homo vivens ingredictur de pena R. I. S. adelante cum vacas, nec cum porcos, ad pascendum nec ad pinorandum. Si quis vero fecerit, et intrare presumpserit sine iusione Abbalis, indirruptum fuerit hoc testamentum, hoc cadatur, et mors eius nuUus homo inquiratur. HoHiecida vero, vel advena, pupillo atque pauper, qui ad ipsam tLcclesiam Sánete Marie confugerir, de ipsa petra R. I. S. nuUus homo audet post eum iré ad prehendendum, seu ad abstrahendum, et sine precepium Abbatis; sed ipse Abbas, acceptis fideiussoribus, parentur in consilio, et secundum leges indicetur. Qui autem hoc fecerit cum violentia intra ipsos términos, tradatur. Nec in ipsa defesa de Bo nullus homo sit ausus intrare ad pascendum, sine permissionem de illo Abbate de Portu. Hoc testamentum vel proactum escripture dedit ipse rex Garsias ad illum Abbatem pateriran (sic¡, quando misit ipso monasterio sub manis regis iure perpetuo, i. s c. f. a. MLXXX, notum die vera f. vjjj kl aprilis. Et roboravit eum ipse rex manu sua, <^ ante preseniia episcopi Santione; coram istorum testiinu factum, Santa Maria de Portu. Feles, presbiter, testes. — Petrus, presbiter, testes. — Mic ael confirmat testes. — Gunsrilvus, presbiter, testes — Ovino, presbiter, testes — Johannes, presbiter, t- stes — Hic testes sumus, de manibus nostris <^ <^ <^ <^ <^ roboravimus conformiter. — Avinos Muñios feci. — Et confirmavit sénior Loppius. — Alios facti ei conf. Sénior Santio López conf. — Facti et conf. Goncaleyo Gideris — Facti conf. confirmat Ferdinando Goncalvez. — Facti et conf. Sanna, presbiter, et super hoc
(Muñoz y Romero, Colección de Fueros municipales y Cartas pueblas, página 189. — Fernández Guekka, El Libro de Santoña, apénd. III).
PRIVILEGIO VIEJO DE SANTOÑA
Traducción auténtica de todo él, hecha y autorizada en Madrid á 23 de Febrero de 1709, por D. Francisco Gracián, Secretario de S. M. y de la interpretación de lenguas, Oficial de la Secretaria del Despacho universal de la Guerra y Hacienda,
4-H N el tiempo que reinaba el Rei García en Pamplona y en Castilla, y su hermano el Rei Fernando en León ó Galicia, se hallaba la Iglesia que se llama de Santa María de Puerto, desierta y sin abad ni quien cuidase de ella. Vino por la inspiración de Cristo y buenas oraciones, de las partes orientales, cierto presbítero ó peregrino llamado Paterno, el cual Paterno presbítero tuvo por bien recogerse á la dicha Iglesia; y empezó por sus manos á cultivar en aquel lugar y á labrar la tierra, á hacer huertas, fundar casas y plantar viñas ó árboles frutales; y recoger de diferentes partes hombres y hermanos temerosos de Dios, los cuales hizo habitar en dicho lugar y ejercerlos en la caridad del Señor; y cada dia iban en aumento los bienes dél. Y así, poco tiempo después, fueron poblados dicho monasterio y tierra por muchos nobles y ancianos. Y hallándose dicho monasterio en este estado, empezó á poner reglas y estatutos, para que los observasen como habían sido observados en otros tiempos, y en el de Antonio, Obispo. Y mientras el dicho Paterno estaba ejecutando esto, algunos hombres inicuos se juntaron, y procuraron echar del dicho monasterio al dicho Paterno y sus hermanos ó monjes, y suceder en el dicho lugar. Lo cual habiendo sabido el dicho abad, fué al Rei con sus hermanos; y entregó en sus manos el dicho monasterio. El cual Rei le confirmó y constituyó en su orden, para que fuese padre de aquel monasterio y no conociese á nadie por señor; y le señaló posesiones para que Jas poseyese y aplicase al beneficio de dicho monasterio. Y sobre esto hizo el decreto siguiente: «Ningún hombre viviente entrará en el distrito de dicha Iglesia y de sus posesiones con vacas ó ganado de cerda, para apacentarlos, ni pondrá pena ni embarazo; que si alguno se atreviese á hacer esto sin orden del abad, y contravenir contra este testamento, sea muerto sin que se proceda contra el matador. Y al homicida y otro cualquier delincuente que se hubiese refugiado á la dicha Iglesia de Santa María, nadie se atreva á seguirle para prenderle y sacarle de los dichos términos, sin consentimiento del abad ; y si el dicho abad viniere en ello,
sea el delincuente juzgado por las leyes. Y el que esto hubiere hecho con violencia, dentro de dichos términos, pagúelo con la muerte Y así nadie se atreva á entrar en ellos para apacentar, sin permisión del dicho abad del Puerto.» Este testamento hizo y dió el dicho Rei García al dicho abad Paterno, cuando entregó en manos del Rei el dicho monasterio, por juro de heredad en la era de mil y ochí-nta, á veinte y cinco de marzo. Y lo confirmó y corroboró con su mano en presencia del Obispo Sancho, ante quien se hizo dicho testamento á favor de la iglesia de Santa María de Puerto; y de Félix, presbítero, testigo; de Pedro, presbítero, testigo; de Miguel, presbítero, testigo; de Gonzalo, presbítero, testigo; de Ñuño, presbítero, testigo; de Juan, presbítero, testigo; los cuales testigos firman aquí de su mano. Sancho López, confirma. Gonzalo Gutiérrez confirm i. Ferdinando González confirma. Saña, presbítero, confirma. Y el que quisiera entrar en dichos límites por fuerza, sin consentimiento del Abad, sea castigado con la muerte. Y los condes, príncipes ó merinos, jueces, tiranos ó sayones que hicieren esto, queden excomulgados y enagenados de los méritos de la sangre de Cristo, é incurran en la ira de Dios y de la bienaventurada Virgen María, Madre de Nuestro Señor Jesucristo ; y de sus bienaventurados apóstoles y profetas, y de todos los santos mártires, vírgenes y confesores ; y carezca de la vista, y sea condenado á los profundos del infierno, con Judas el tr^iidor, para siempre jamás; y pague cien libras de oro al dicho monasterio. En el nombre del Señor, Amén Yo Alfonso, Emperador de España, reinando en Toledo, León, Gdlicia y en toda Castilla, á vos el abad don Merino, v á vuestros sucesores que por tiempo fueren, hago esta carta por el remedio de mi alma, para que de hoy en adelante no entre ministro regio, ni otro alguno, en toda la heredad y distrito de Santa María de Puerto por calunia ni por otra cualquiera facendera. Pero que sea de todas maneras libre de cualquiera vejación, desde Pumar con todo el coto Caverso, hasta todo el Brusco; y de Groma, en aquel mar, hasta la Peña Verana. Y sobre esto mando despachar decreto para que ningún hombre viviente entre de Pumar adelante ; y en los términos arriba referidos, ningún hombre se atreva á entrar en ellos con vacas ni ganado de cerda, para apacentarlo, ni poner pena ni embarazo en ellos. Y el que se atreviere á entrar sin licencia del Abad, y á contravenir contra este testamento, sea muerto; sin que se proceda contra el matador. Y al homicida y otros delincuentes que se hubieren retraído á la dicha Iglesia de Santa María, desde Pumar adelante y sus términos arriba referidos, ningún hombre se atreva á seguirle para prenderle, sin licencia del Abad; y si el dicho Abad consintiere á ello, sea juzgado el delincuente según las leyes; y el que esto hubiere becho con violencia dentro de dichos términos, sea mueito. Este testamento ó pacto hizo y dió el Emperador al dicho Abad don Merino y á sus hermanos, por juro de heredad. Y esta escritura que yo el sobredicho Emperador hice, la hago por el remedio de mi alma y la de mis padres. Y doy á la dicha Iglesia de Santa María de Puerto, á vos el Abad Merino y á vuestros sucesores, estas mis iglesias que son in alfós de Penca, ó en alfós de Aras, á saber: Santa Olalla de Aspulia, con su serna, ó con sus dehesas, y con todos sus términos y realengos, desde el monasterio de los Santos Cosme y Damián, y Omnium sanctorum; la de Santa Olalla de San Pedro de Nolia, S-^nta Olalla de Lamas; y en Aragonios, la de los Santos Justo y Pastor, las de San Salvador de Lervares, San Andrés de Ambrosero, San Pedro de Solorzano ; y en Aras, las de San Pantaleon, Santa Olalla, San Miguel de Dellaparte, Santa María de Carasa, San Esteban de Padiérnaga; y en alfós de Resinas, la de San Mamed de Asingago, con todas sus dehesas, términos y realengos. Yo el dicho Emperador doy y concedo todas estas iglesias á ti el Abad Merino, y á los hermanos que allí vivieren, con todas las heredades que pertenecen á las dichas iglesias para que las tengáis y poseáis y vuestros sucesores, para siempre jamás. En la era de mil ciento sesenta. r=Y el que quisiera entrar en dicho monasterio y términos referidos, con fuerza y violencia, sin el consentimiento del Abad, sea castigado; y todas las potestades de la tierra, condes, principes, jueces ó tiranos, ó montanos, que esto hicieren, sean descomulgados y enagenados del Cuerpo y Sangre de Cristo, y incurran en la ira de la bienaventurada Virgen María Madre del dicho Señor Nuestro Jesucristo.
Amén, Amén, Amén.— Y además paguen al Abad de dicho Monasterio, ó al que tuviere su voz, cien libras de oro. Yo Alfonso Emperador, que mandé hacer esta carta, la corroboré y firmé de mi mano propia: siendo testigos de esta donación y confirmación: el Conde Rodrigo Gonzalves, Gobernador de Toledo y Asturias, el cuc)l confirma; — Ei Conde Rodrigo Mdrtinez, confirma; — El Conde Gonzalvez, confirma ; — Gutier Fernandes, confirma ; — Almarico, Alférez, confirma; — Lope López, confirma; — Miguel Felices. Merino, confirma; — Raimundo, Arzobispo de Toledo, confirma; — Pedro, Obispo de Segovia, confirma; — Berengario, Obispo de Salamanca, confirma; — Gomencio, Obispo de Burgos, confirma ; — El Abad Merino, de Santa Juliana, confirma; — E\ Abad Romano, de Sanct Emeterio, confirma. — Giraldo escribió esta carta por mandado del Maestro V, Gómez, Canciller del Emperador.
( Muñoz y Romero, Colecc de Fueros y Cartas pueblas^ pág. 193. — Fernández-Guerra, El Libro de Santoña^ ap. IV).
Privilegio otorgado por don Fernando I el Magno al Monasterio de Santa
luliana (Santillana)
(19 de Marzo de i04'>)
UB divino imperio Patris, eiusque Filii, atque Spiritus Sancti, unus essencialiter, et trinus personarum regnantes in saecula saeculorum. Amen. — Domini nostri SaWatoris, atque gloriosis, et post Dominum, et fortissimis patronos, venerandisque martyribus, quorum reliquiae conditae requiescunt Sanctde lulianae, cuius corpus tumulatum est, et eorum Santi Vicenti, et Santorum Apostolorum Petri, et Pauli, et Sancti loannis Apostoli, et Sancti Michaelis Archangeli, et Sancti Pelagius, in quorum honore fundata esse dinoscitur in térra Asturiensi in loco, qai dicitur Planes, in Domino Deo. Etenim ego Ferrandus, graiia Dei Rex prolis Santioni regno, et uxore mea Santiona regina, Addefonsus principus, maluimus lexere series testamentiad locum supra nominatum, et tibi loanni Abbati, atque omni CoUegium fratum, vel monachorum, et sacerdotum, et ibi conmorantium propter remedium animae nostrae vel parentum nostrorum. Nos enim Deum reverentes, et eius misericordiam sperantes, concedimus, atque confirmamus foribus bonis ad illum locum ut ista
hora in ante, et post ad nullum regem tan in
itinere, quam in chorte nullo labore in Castellos, et nulla expeditione, quod dicitur fonsato, nec nuUas non. . . .mus de eas merinos, et judices, et sayones de villis, vel de hereditates, tan in Asturias, sicut in Castilla, quomodo te-
nei sine eorum nobis, sic et illis hominibus nullum servitium,
non alium si roboramus atque confirmamos ego Ferrandus
regina ante de ista hora scriptura firma, et stabilis permaniat
ómnibus diebus vitae nostrae sive per obitum nostro, et betamus trusum, et be-
tamus nuntium de colonis, et betamus maneria in Santa luliana
, ista carta confirmationis voluerit violare aut disrumpere fiat a Domino nequiter punitos, et ad Corpus, et sanguinem eius maneat extraneus, et cum Datan, et Abyron, parem penam abeat ha-
bituros, et cum luda qui dicitur sit in Inferno damnatus atque
confusus insuper post partem regina centum auri talenta ma-
lumque quod fecit in duplo restituat. Damus alio foro bono in
nulo loco vasali de Santa luliana, et post; in testamentum firma permaneat. — Facta cartula testamenti confirmationis notum die, quod erit II feria, XIV kalendas Aprilis, hera MLXXXIII recnante rege domino Ferrando principe in Legione, et Gástela sub divina clementia. — Ego Ferrandus rex. qui hanc Chartulam conficere iusi manu mea roboravi. <^
(Muñoz y Romero, Colección de Fueros Municipales y Cartas-pueblas^ página 197, tomándolo del Archivo de la Iglesia Colegial de Santillana).
Copia romanceada del Privilegio precedente
Fernando, por la gracia de Dios, hijo del Rey Sancho é mi mujer Sancha Reina y hija del Príncipe Alonso, tubiaios por bien ordenar la orden del testamento para este lugar arriba nombrado de nuestro Salvador, y en honra de los gloriosísimos, y después de Dios á Nos favorables Patronos dignos de honra Mártires, cuyas reliquias están sepultadas en Santa Juliana virgen, cuyo cuerpo está sepultado, y de las reliquias de San Vicente y de los Santos Apósles Pedro y Pablo, y de 'ian Juan Apóstol, y de San Miguel Arcángel y de San Pelayo; en honra de los cuales manifiesio estar en tierra de Asturias fundado en el logar que di^en Planes y Dios nuestro Señor eternalmente, y para ti Juan, Abad, y de todos los colegiales, frailes y monjes y sacerdotes que ahí moraren, por ei remedio de nuestra alma y de nuestros Padres, é Nos temiendo á Dios y esperando en su misericordia, concedemos é aprobamos é confirmamos por buenos fueros paru aquel lugar que de esta hora en adelante no sea lícito á Rey alguno ó hombre de nuestro linaje buscar con trabajo y fatiga alguna ni adquirir los castillos y vasallos de la dicha Iglesia, y para ninguna guerra que se dice fosada, ni para casamientos ni homecidio, é vedamos que ningún Merino ó Juez ni sayones de Us villas ú de las heredades como las tienen agora en Asturias ó en Castilla de Nos ó de otros hombres, ó en adelante las tuvieren, las tengan sin montazgo é sin ningún servicio de los que cazaren, que así queremos que sea firme y confirmamos. Yo Fernando, y Saíicha Reina, que desta hora sea firme y valedera esta escritura todos los días de nuestra vida, y después de nuestra muerte, é vedamos el viejo, é vedamos el tercio de las Iglesias, é vedamos las mañerías de Santa Juliana, é si algún hombre hubiere de nuestro linaje hijos, nietos y biznietos y parientes ó extraños, ó sucesores nuestros que quisieren quebrantar ó romper esta carta de Confirmación, sea malamente castigado del Señor y quede extraño de su cuerpo y sangre, y tenga parte y pena con Darán y Abirón, y con Judas aquel que vendió al Señor, á ser condenado para el Infierno y confundido, y allende desto pague para la parte del Rey cien talentos de oro, é restituya con el doble á la misma Madre Iglesia el mal que hubiere hecho. Y damos por otro buen fuero que no paguen portazgo en lugar alguno los vasallos de Santa Juliana, y después de todo esto quede este nuestro testamento firme. Fecha fué esta carta de testamento y confirmamiento dia señalado lunes diez y nueve de Marzo en la era de mil ochenta y tres años. Reinando el Serenísimo Señor Fernando, Príncipe en León y Casti la so la divina clemencia. Yo Fernando por la gracia de Dios, mandé se hiciere este testamento, y lo firmé señaladamente con mi mano. Y Yo el sobredicho Rey don Alfonso mando que vala este previlegio así como valió en tiempo del Rey don Alfonso mi visabuelo, y el Rey don Fernando, mió Padre, é porque este privilegio sea firme y estable, mandélo sellar con mi sello de cera. — Fecha la carta en Valladolid por mandado del Rey, diez y seis dias andados del mes de Julio en era de mil doscientos noventa y tres años {iibb de J. C). — Millan Pérez de Aillón la escribió el año cuarto que el Rey don Alonso reinó.
Don Rui Pérez, Abad sobredicho, pidiónos merced que le confirmásemos esta Carta: é Nos el sobredicho Rey don Sancho, Reinante en uno con la Reina doña María, mi mujer, y con nuestros fijos el Infante don Fernando, primero heredero, y con don Alonso, y con don Enrique, y con don Pedro en Castilla, en Toledo, en León, en Galicia, en Sevilla, en Córdoba, en Murcia, en Jaén, en Baeza, en Badajoz, en el Algarve, otorgamos esta carta y confirmárnosla, y mandamos que valga así como en ella dice, y de todo le mandamos dar este privilegio, sellado con nuestro sello de plomo. Fecho en Toledo, jueves veinte dias andados de Enero en era de mil trescientos veinte y nueve años ([291 J. O, en el año que el sobredicho Rey don Sancho se vió en la ciudad de Bayona con el Rey don Felipe de Francia, su primo hermano, é posieron su amor en uno, y sacaron todas las extrañezas que había entre ellos, y partióse la casa de Francia de todas las demandas que había contra la casa de Castilla.— Yo, Maestre Gonzalo, Abad de Alfaro, la fice escribir por mandado del Rey, en el año séptimo que el Rey sobredicho reinó. — García Pérez y Martin Falconero. — Julián Pérez. =Et agora Sancho González de Guevara, Abad de
Santillana, pidiónos merced que toviésemos por bien de le confirmar este previlegio, y de gelo mandar guardar: é Nos, el sobredicho Rey don Alonso, por le facer bien y merced, y por qué! y su convento sean tenudos de rogar á Dios por las almas de los Reyes onde Nos venimos, é por la nuestra vida é salud que nos deje vivir é reinar, é á su servicio, tuvímoslo por bien; y confirmámosgelo, y mandamos que vala y sea guardado, según que valió é fué guardado en tiempo del Rey don Alonso, nuestro visabuelo, y del Rey don Sancho, nuestro abuelo, y del Rey don Fernando, nuestro padre, que Dios perdone, en tal manera que en el logar que dice fonsado^ que se entienda por fonsadera, é quel ario pague los vasallos del dicho Abad, y defendemos que ningunos ni ninguno non sea osado de ir nin pasar contra él para lo quebrantar ni menguar en ninguna cosa, é qualesquier ó qualquier que lo ficieren habrá nuestra ira, y demás pecharnos hia la pena que en el dicho previlegio se contiene, é al dicho Abad, ó á quien su voz tuviere, todos los daños y menoscabos que por ende recibiesen, doblados. Y porque esto sea firme y estable, mandámosle dar este nuestro previlegio en León, á veinte y quatro dias de Marzo en era de mil trescientos setenta y tres años (i335 J. C). — E nos, el sobredicho don Alonso, reinante en uno con la Reina doña María, mi mujer, y con nuestro hijo el Infante don Pedro, primero heredero, en Castilla, en Toledo, en León, en Galicia, en Sevilla, en Córdoba, en Murcia, en Jaén, en Baeza, en Badajoz, en el Algarve, en Molina, otorgamos este previlegio é confirmación. =Don Juan, fijo del Infante don Manuel, Adelantado mayor por el Rey en la frontera, en el reino de Murcia, confirma. — Don Pedro, fijo del Rey, Señor de Aguilar, é Canciller mayor de Castilla, confirma. — Don Sancho, fijo del Rey, Señor de Ledesma, confirma. — Don Enrique, fijo del Rey, confirma. — Don Fadrique, hijo del Rey, confirma. — Dbn Ximeno, Arzobispo de Toledo é Primado de las Españas, confirma. — Don Juan, Arzobispo de Santiago, é Capellán mayor del Rey, é Chanciller é Notario mayor del Reino de León, confirma. — Don Arzobispo de Sevilla, confirma. — Don García, Obispo de Burgos, confirma. — Don Fray Alonso, Obispo de Sigüenza, confirma. — Don Pedro, Obispo de Segovia, confirma.— Don Sanct-o, Obispo de Avila, confirma. — Don Odo, Obispo de Cuenca, confirma. — Don Pedro, Obispo de Cartagena, confirma. — Don Benito, Obispo de Plasencia, confirma. — Don Juan, Obispo de Jaén, confirma. — Don Bartolomé, Obispo de Cádiz, confirma. — Don Juan Martínez, maestro de la orden de la caballería de Calatrava, confirma. — Don Fray Alfonso Ortiz Calderón, Prior de las casas que ha la orden del Hospital de San Juan en la casa de Castiella y de León; Juan Martínez de Leiba, Merino mayor de Castilla, confirma. — Don Juan Martínez de Lara, confirma. — Don Orlando, hijo del Rey de Cecilia, vasallo del Rey, confirma. — Don Fernando, hijo de don Diego, confirma.— Don Diego López, su hijo, confirma — Don Alvar Díaz de Haro, confirma.— Don Antonio Tellez de Haro, confirma — Don Cuitar, Vizconde de Tartas, vasallo del Rey, confirma. — Don Lope de Mendoza, confirma.— Don Beltran Martínez de Guevara, confirma. — Don Juan Antonio de Guzman, confirma.— Don Rui Gómez Manzanedo, confirma. — Don Lope Rui de Baeza, confirma.— Don García Hernández Manrique, confirma. — Don Gregorio Ruiz Girón, confirma. — Don Nuñez de Aza, confirma. — Don Juan Ramírez de Císneros, confirma.— Don Juan, Obispo de León, confirma. — Don Juan, Obispo de Oviedo, confirma. — Don Pedro, Obispo de Astorga, confirma. — Don Lorenzo, Obispo de Salamanca, confirma. — Don Rodrigo, Obispo de Zamora, confirma.— Don Juan, Obispo de Ciudad-Rodrigo, confirma. — Don Juan, Obispo de Coria, confirma. — Don Hernando, Obispo de Badajoz, confirma. — Don Gonzalo, Obispo de Orense, confirma. — Don Alvaro, Obispo de Mondoñedo, confirma. — Don Rodrigo, Obispo de Tuy, confirma. — Don Juan, Obispo de Lugo, confirma.— Don Vasco Ramírez, Maestro de la orden de la caballería de Santiago, é amo é Mayordomo mayor del Infante don Pedro, confirma. — Don Suero Pérez, Maestro de Alcántara, confirma. — Pero Hernández Quijada é Juan Alfonso de Benavides, Merinos mayores de tierra de León, confirman. — Don Pero Hernández de Castro, Pregonero mayor de tierra de Santiago, é mayordomo mayor del Rey, confirma. — Don Juan Alonso de Alburquerque, confirma. — Don Rodrigo Alvarez de Asturias, confirmo. — Don Rui Pérez Ponte, con-
firmo. — Don Rodrigo Pérez de Villalobos, confirmo. — Don Hernán Ramirez de Villalobos, confirmo.— Don Pedro Nuñez deGuzman, confirmo.— Garcilaso de la Vega, Justicia mayor de casa del Rey, confirmo. — Alfonso Jofre de Tenorio, Almirante mayor de la mar, é Guarda mayor del Rey, confirmo. — Don Suero Pérez, M aestro de Alcántara, Notario mayor de Castilla, confirmo. — Diego Pérez de la Cámara, Teniente logar por Hernando Ramirez, Camarero del Rey, é Camarero mayor del Infante don Pedro, su fijo, lo mandó hacer por mandado del dicho Señor en veinte y tres años que el sobredicho Rey don Alfonso reinó.
(Muííoz Y R0M-.KO, Colección de Fueros Municipales y Cartas-Pueblsa, página 199, tomándolo de González, Colección de Simancas, tomo V, pág. 14, número 4). .
' IX
FUERO DE SANTANDER otorgado por Alfonso VIII en 11 de Julio, Era MCGXXV (1187 J. C.)
AM presentibus quam futuris notum sit ac manifestum quod ego Adefonsus, Dei gratia, rex Castellae. et Toleti, una cum uxore mea Alienor, regina, libenti animo fació cartam donationis et institutionis, fororum et consuetudinum, vobis Concilio villae Sancti Enetherii, presentí et futuro valituram. Dono itaque vobis et concedo villam Sancti tmetherii in habitationem, cum ingressu et exitu suo, tam per térras quam per mare, vobis et posteris vestris iure hereditario in perpetuum possidendam. In primis dono vobis, et concedo pro bono et laudabili f«>ro, ut omnes sub uno et equali iure et foro vivatis. NuUum habeatis dominum in villa, nisi tantum Abbatem Sancti Emetherii, vel quem vice sui vobis dederit in dominum, cum in villa non fuerit. Omnis nobilis, et alius quislibet dignitatis habitans in domo suá vel aliena in villa Sancti Emetherii idem forum habeat et non aliud quod vicinus villae. Qui prendiderit, vel emerit in villa aliquod solare, solvat Abbati unum solidum, et saioni dúos denarios. Et si unum solare divisum fuerit inter homines per sortes aut per venditionem, dent singulos censos; et quot solares vd portiones simul coadunatae fuerint, ita quod divisio aliqua de vestra vel aliena hereditate intereas non sit, dent unum censum. Si quis in domibus vestris per vim hospitare voluerit, dominus domus ejiciat eum foras cum viciniis suis, et si egredi non voluerit, et ibi percusus fuerit, non pectetur pro eo calumnia. Merinus villae sit unus et sit vicinus villae, et vasallus Abbatis, et habeat casam in villa etinstituatur per manum Abbatis, et concesione Concilii. Dominus villae, Abbas scilicet, accipiat de unoquoque solari unum solidum annuatim pro censu, et qui censum collegerit incipiai eum colligere quindecim diebus post festum Natalis Domini, et accipiat pignus ab unoquoque in duplum ; et si dominus pignoris non extranxerit pignus suum, ex quo vox praeconis omnes universaliter monuerit usque ad unum mensem, perdat pignus. Omnes homines villae vendant panem et vinum libere et siceram et quaecumque venderé voluerint, quando et qualiter voluerint recta mensura. Qui vicinus in villa non fuerit, mercaturam pannorum quam per mare attulerit, non vendat adetal nisi hominibus villae, et si extraneo vendiderit, pectet x solidos. Qui per vim domum alienam irrumperit, pectet sexaginta solidos Abbati; et alios sexaginta domino domus, et praeter naec, damnum et livores quos fecerit. Merinus vel sagio non intret in domum alicujus accipere pignus si dominus domus fiadorem receptivum presentaverit ; et si Merinus vel sagio fiadorem respuerit, et pignus volens accipere, fuerit ibi percussus, nulla pectetur pro eo calumnia. Si vero dominus domus fiadorem non presentaverit, Merinus vel sagio det dúos testes super hoc ad minus, et in crastino accipiat ab eo quinqué solidos. Qui creditum creditori recognoverit presente Merino vel saione, aut statim reddat, aut pignus quaeriilo quod tantumdem valeat. Merino vel sagio non quacrant livores ñeque pensiones aliquas nisi ais vox data fuerit, excepta morte et persecutione ad mortem, quae possit quaeri per se secundum forum villae. Homicida manifestus peciet
trecentos solidos. Trdditor probatus et fur cognitus sit in judicio Merini, et Concilii, et omnia bona illorum sint Abbatis, sed de rebus latronis prius restituantur furta quae fecerat illi qui furatus fuerat. Qui arma traxerit contra vicinum suum, pectet Abbati sexaginta só idos; si multa aduxerint arma, unus pro ómnibus det fiadorem in quinqué solidos, et convictus pectet sexaginta solidos Abbati. Si vicinus á vicino domum per judicium quaesierint, dent fiadores ambo, unusquisque in sexaginta solidos, et qui ex eis juditio victus fucrit, pectet illos Abbati. Si aliquis deforaneus domum quaesierit ab habitatore villae, det Abbati fiadorem et sexaginta solidos, et domino domus in duplo de tali casa; et si ille qui quaerit, victus fuerit, pectet sexaginta solidos Abbati, domino domus det aliam talem in tali loco in ipsa villa. Omne juditium quod inter deforaneum et habitatorem villae judicandum fuerit super pignus, indicetur in villa, et foras villam non exeant pro illo. Qui falsam inquisitionem dixerit, amplius non sit legalis ; et pectet Abbati sexaginta solidos, et dominus vocis tornet ad vocem suam et repetot eam ut habeat jus suum. Homines villae non eant in expeditione nisi pro Rege obseso; nec dent portaticum ullum in villa sua, ñeque in portu maris, de quacumque parte veniant per terram, vel per mare. Ubicumque rumperint térras et eas coluerint infra tres leguas propé villam, et plantaverint vineas et fecerint ortos et prata et molendina et columbaria, habe. nt omnia ista pro hereditate, et f-tciant de eis quidquid voluerint, et serviant eis ubicumque fuerint, dando censo pro domibus suis. Pro morte illius qui in seditione mortus fuerit intra villam, proximiores parentes eligant, pro nomicidia illorum qui eum persecuerunt per rectam inquisitionem, et si interfectorem per inquisitionem non invenerint, salvet se per iuramentum per seme* tipsum solum ille quem suspectum habuerint, et ibi non sit. Torna Treguae autem villae sint tales ex utraque parte seditionis, dent fiadores in mille solidos, et amputetur dexter pignus ( ¿pugnus? 1 illi qui eas fregerit ; de istis mille solidis, accipiat Abbas quingentos solidos et Concilium quadrigentos, et percusas centum ; et pignus sit in potestate Concilii. Qui pignus iactaverit praeter hereditatem, tt usque ad caput annum pignus non redemerit, perdat il ud. Si aliquis homo villae homicidium vel livores fecerit defendendo rem suam, nihil pro inde pectet. Si homines villae in juditio vel pleito, vel fiadura aliqua, inter se concordare non poterint. eant ad villam Sancti Facundi et faciant quantum eis mandaverint homines vil ae Sancti Facundi. Si aliqua navis veniens ad villam Sancti Emet^erii, periclitata et fracia fuerit, quidquid dominis suis de rebus quas navis continebat, poterint invenire, nullus eis aufiferat, nec vim eis inferre presumat. Si quis vero hanc cartam infringere, vel diminuere presumpserit, iram Dei omnipotentis p'enarie incurrat. regie parti mille libras auri purissimi in canto pcrsolvat, et damnum quod ibi intulerit, duplicatum restituat. — Facta charta apud Burgis, Era MGCXXV, quinto idus Julii. — Ft ego Rex A. regnans in Castella et Toleto hanc chartam manu propria roboro et confirmo, f . — Gundisalvus, Toletanae ecclesiae archiepiscopus, et Hispaniarum primas, confirmat. — Martinus, Burgensis episcopus. confirmat. — Ardericus, Palentinus episcopus, confirmat. — Martinus, Segontinus episcopus, confirmat — Rodericus, Calagurrensis episcopus, confirmat. — Gundisalvus, Segoviensis episcopus, confirmat — Dominicus, Abulensis epi^^copus, confirmat. — Comes Petrus, confirmat. — Comes Ferdinandus, Alferiz regis. confirmat. — Rodericus Gutiérrez, maiordomus curiae regis, confirmat. — Didacus Ximenez, confirmat. — Gómez Garcia, confirmat.— Petrus Ferrandi, confirmat. — Alvarus Roderici, confirmat — Ordonius Garciae, confirmat. — Gundisalvus Quepellini, confirmat. — Petrus Roderici de Guzmari, confirmat. — Lope Diaz, merinus regis in Castella, confirmat. — Signum Aldefonsis regis Gaste lae. — Magister Michael, regis notarius, Guterio Roderici existente cancelario, scripsi. (EsckhK^iY.— Costas y Montañas, pág. 670-675).
Privilegio viejo de Laredo (Era MCCXXXIX.— Año 1201 de J. C.)
^^EA notorio y manifiesto á los presentes y venideros, como yo, Don Alfonso, por la gracia de Dios, rey de Castilla y de Toledo, juntamente con mi amada mujer Leonor, reina, y con mi hijo don Fernando, hago carta de donación, concesión, confirmación y firmeza á vosotros los del Concejo de Laredo, presentes y venideros, para siempre jamás, y os doy y concedo para que tengáis por término de Laredo desde el vado de Bujoa hasta el fin de Vozquemado, y desde allí hasta Eldalla y hasta el molino de la Bandera y hasta el fin de Vascon; y Plazuero de las Cuchuelas, Cereceda, y lo que está dentro de ella, y desde allí hasta el fin de Pocabal y hasta la Piedra de Herboso y hasta el Hoyo del Arca y hasta Febecolas de Oriñon y hasta el mar de Oriñon, de tal forma que todas las heredades y todo lo que tenga ó debo tener dentro de dichos términos, y las villas que se incluyen en los términos referidos, conviene á saber, en Oriñon, y en Liendo, y en Laredo, y en Coabad, y en Coimbres, y en Seña, y en Corbajo, y en Foz, y en Gabernilla, y en Udalla, y en Cereceda, por derecho hereditario, á vosotros y á todos vuestros sucesores, lo tengáis y poseáis perpétuamente con los solares poblados, y yermos, y tierras cultivadas y por cultivar, con los prados, pastos, hierbas, rios, molinos, bosques y dehesas, con sus entradas y salidas, y con todos sus derechos y pertenencias que en dichas partes me pertenecen, de tal modo, que ninguno sea osado á contradecirnos ésto, ó sobre ello por algún modo inquietaros ó á vos ó á los vuestros sucesores. Y mando que en todas las partes de mi reino tengan vuestros ganados libres pastos como ganados propios mios. Y también doy y concedo el fue* ro de Castro de Ordiales para que lo tengáis perpétuamente, por el cual doy y concedo á vos don Pelegrin, mi amado clérigo, por razón de que empezasteis á poblar esta villa de Laredo, y porque por aumento de aquella población pusisteis gran diligencia, cuidado y solicitud, todas las iglesias que están en Laredo y estuvieren hoy en todo su término, por todos los dias de vuestra vida, libremente y sin contradicción alguna, para que las tengáis y poseáis, y además de esto percibáis enteramente todos los beneficios eclesiásticos, exceptuando, que de los parroquianos de aquellas iglesias cobre la tercia parte de los diezmos para la obra de las dichas iglesias. Y después de vuestra muerte tengan y posean aquellas iglesias todos los clérigos y moradores de Laredo. Y si alguno presumiere quebrantar ó disminuir este privilegio, incurra en la ira de Dios Omnipotente, y sea arrojado en las penas infernales con el traidor Judas, y demás de esto, pague también al rey mil ducados y restituya el daño que os hiciere sobre esto con el doble. Fué hecha esta carta en Beliforato á nueve dias del mes de Febrero, era de mil y doscientos y treinta y nueve. Yo el rey Alfonso reinando en Castilla y Toledo, este privilegio, que yo hice hacer, confirmo y roboro con mi firma todo lo sobredicho.
(Bravo y Tudela, Recuerdos de la villa de Laredo^ pág. 298).
Arancel de derechos para las aduanas de Gastro-Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera
(Si^lo XIII?)
Esta es remembranza de todas las cosas que deben dar peage en Santander, en Castrodordiales, é en Laredo, é en Sant Vicent de la Barquera
AN é vino, é carne, é sal, é pescado, é ólio, é pumadas, é figos, é avellanas, é nueces, é castañas, é pasas, é armas, é mercería de hinoias, et cruces, é encensarios, é vinacheras, é capsas para tener encienso, é candeleros, é mar-
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eos, é balanzas, é cañados, é cuchieilos, é ganivetes, et alium, é basines, é pimienta, si non hy oviere carga, ó media. Todo esto si vinier por mar non debe dar nada
Toda pelletería debe dar de peage IIII maravedis la carga.
E grana, é cera, é lana, é filaza, é cominos, é picotes, é márfagas, c sayales, deben dar de peage medio maravedí la carga.
Caballos é rocines, deben dar de peag; I maravedí cada uno.
Cut ro de vaca, ó de buey, ó de caballo, ó de yegua, ó de bestia mular, ó de asno, ó de ciervo, debe dar de peage I dinero el cuero.
Et cabrunas, é cordobán, deben dar de peage III dineros la docena.
Esta es la remembranza de quáles pannos deben dar peage é quánto deue
dar cada uno
Paños de Gant, ct de Doay, é de ípre, planos, é usados, Dipre reforzados, é pannos de Gannia, é pannos blancos de Parelingas, é de Lila, é de Mosterol planos, é de Aboyvilla, é pannos planos de Roan, é pannos de Do, é pannos planos de Provins, é de Gambray, é todas escarlatas, é todos preses, é todos verdes, e todos camelines, é todas brunetas, si non fueren estanfortes de Sanctomer, ó contraft chos dotro logar por de Sanctomer, é plumas Damiens: todos estos pannos deben dar de peage V sueldos é III dineros la pieza.
E todos estanfortes de Raz, é de Sanctomtr, é de Valanchinas, é de Bruias, chicos é grandes, é vadiellos de Dipre, é tiritaynas, é bifas, et estanfortes de Turnuy, é estanfortes Danglaterra, tintos ó por teñir, ó pannos de Longamarca, ó viados de Provins, ó estanfortes de Gam, ó estanfortes de Roan ó Ghartres, ó Partenes, ó Mosterols, ó todos estanfortes planos, ó viados donde sequier que sean, deben dar de peage medio maravedí la pieza.
Et todos ensays dondequier, que sean de Bruias, ó de ípre, ó de Gant, ó de Tornay, deben dar de peage II sueldos é III dineros la pieza.
Et una capa de balols debe dar de peage XV dineros la pieza.
La pieza de frisa de estampas debe dar de peage II sueldos é medio.
Et frisa de Ghasteldun debe dar de peage U pieza XV dineros.
Baraganes de Roan é de Beluás, é de Loheres, é de Provins, é donde sequier que sean, deben dar de peage XVIII dineros la pieza.
Troxiello de ropa vicia debe dar de peage III maravedis.
Garga de pimienta debe dar de peage III maravedis.
Gobre, é estanno, debe dar de peage una cuarta de maravedí el quintal.
Plomo debe dar de peage IIII dineros é medio el quintal.
Et todo aver que sea cargado para venir á estos quatro puertos sobredichos por ó quier que descargue en la mar de un baxel en otro, é la nao venga á qualquier destos puertos todos quatro, aquel aver que descargaren en la mar, debe dar peage, allá 6 la nao descargare, al rey.
Esta es remembranca de todas las cosas que non deben dar peage en Santander, ni en Gastrodor diales, ni en Laredo, ni en Sant Vincent de la Barquera.
Telas de ranzal, ni ningún panno de lino, nin de cáñamo, nin cenbellines, nin arminios, nin nutrias, nin peces, nin ninguna apareiadura, non debe dar peage.
Gendales, nin porpolas, nin xamet, nin ciclaton, nin acitaras, nin alcotonías, nin cofrin, nin letía^;, nin ningún panno de seda non da peage.
Ofreses, nin cintas, nin cuerdas, nin canaudos de oro, nin de argent, nin madejas de oro, nin de argent, nin de lino, nin de cáñamo, nin ningún filado, nin seda, nin cadarzo, nin alcotón, non dan peage.
Gorreas, nin feviellas, nin bolsas, nin bragueros, nin bronchas, nin sortiias, nin aguias, nin tiseras, nin dedales, nin botones, nin cristales, nin cascabeles, non dan peage.
Mulo, nin muía, nin palafré que venga dalent aquend, non dan peage. Badanas, nin baldreses, nin sevo, nin unto, nin sayre, nin yema, nin resina, non dan peage.
Lino, nin argent vivo, nin arroz, nin almendras, nin maiafalua, non dan peage,
EnciensG, nin Lica, nin brasil, nin glaca, nin oropimient, nin blanc, nin bermellón, nin añil, nin azur, nin verdet, nin reialgar, nin oro, nin piedra sanguina, nin piedra asufre, non dan peage.
Redomas, nin ninguna cosa de vidrio, non dan peage.
Regaliz, nin cumac, nin flor de cardón, nin gengibre, nin giroflé, nin canela, nin espié, nin cardemoné, nin zafran, nin nuez de yxaraca, nin nuez moscada, nin citoal, nin almastic, nin garengal, nin foli, nin azúcar, nin ningún letuario confido, nin ninguna especia, sino es pebre, ó comino, otra non debe dar peage
Sal de conipas non da peage.
Cáñamo, nin espartos, nin cucharales, nin cuchares, nin vasos, nin escudiellas, nin talladeros, nin greales, nin peines de cuerno, nin de fusta, nin ninguna fusta cualquier que sea, non da peage.
Nin ningunas altezas que lieva ome para empesentar, non deben dar peage.
Limas, nin cofias, nin capiellos de camel, non dan peage.
Feretes, nin cadenas, nin claumeras, nin trasfogares, nin anclas, nin fachas, nin destruías, nin azadas, nin ceraias, non dan peage.
Ca deras, nin paellas, non dan peage.
Sombreros, nin lyaveras, nin espuelas, nin frenos, nin libros, non dan peage.
Ningún ganado vivo, sino es caballo, ó rocin, otro non debe dar peage. Azcor, nin falcon, nin esmerilon, nin gavilán, nin ninguna ave, non debe dar peage.
(L^vsAGA Larreta, Dos Memorias, págs. 144-147).
Carta de hermandad entre los concejos de Santander, Laredo, Gastrour diales, Vitoria, Bermeo, Guetaria, San Sebastiáji y Fuenterrabía para terminar sus querellas y hacer prosperar su comercio.
(Era de 1334.— 1296 de J. C.)
nombre de Dios é de santa María. — Sepan quantos esta carta vieren cómo nos los Concejos de Santander, é de Laredo, é de Castro dordiales, é de Vitoria, é de Bermeo, é de Guetaria, é de sant Sebastian, é de Fuent arrabía, á servicio de Dios, é de nuestro sennor el rey don Ferrando, facemos hermandatehuno: é la hermandat es esta. Lo primero que todos seamos unos en guardar se nnorio de nuestro sennor el rey don Ferrando, é todos sos derechos bien é complidamente. Otrosí, que guardemos los buenos fueros, é los buenos usos que hobiemos en tiempo del rey doii Alfonso, que venció la batalla de Ubeda, é del Emperador, é de los otros reyes, aquellos que buenos hobiemos según dicen los privillegios que nos ellos dieron, los quales nos otorgó, é nos confirmó, nuestro sennor el rey don Ferrando á quien dé Dios buena vida, buena et salut por muchos annos é buenos. Acordamos que si por aventura i Igun ome traxer á qualquier de estos Concejos sobredichos carta, ó cartas que sean contra fuero, que en qualquier logar de esto acaeciere, que caten la carta de la hermandat é que cumplan aquello que juraron, é prometieron según que en ella dice. E sennaladamente veyendo que es gran servicio de nuestro sennor el rey don Ferrando, en guardar los privilegios que nos él dio, é nos él otorgó, é lo que él juró é prometió, é fizo á nos jurar, acordamos de non dar los diezmos nin la sacar del fierro que son cosas contra fuero de que nos podria venir muchos dannos á nos, é á todos los otros de la tierra, ni otra cosa ninguna que contra nuestros fueros sea. E si por aventura nos los Concejos ó algunos de nos, ó alguno, ó algunos nuestros vecinos de qualesquier de nos enviásemos al rey nuestro sennor, ú otro qualquier rico ome ó caballero les mandase facer algún mal por ello, ó les mandase tomar algun-'s cosas de lo suyo, que nos ayuntemos todos en Castro de Ordiales, é que hayamos
acuerdo en uno sobre ello que es aquello que hi habernos á facer. Otrosí, si por aventura algunos ornes de cualquier de estas villas sobredichas fueren aplozados por esta razón, que nos todos los Concejos sobredichos que enviemos otros ornes buenos en su lugar á pedir merced á nuestro sennorel rey, ¿ que sea la su mesura de nos guardar los buenos fueros que habernos que nos él dió, é nos otorgó, é nos confirmó, que sea la su merced que nos non quiera pasar á más. Otrosí acordamos, que ningún ome de estas villas sobredichas envíen ni lleven ninguna mercadería, ni otra cosa ninguna fuera de la so villa por tierra mientre que nuestro sennor el rey no ficiere esta demanda que ahora face : é qualquíer que lo levare ó que lo tomare, ó lo perdiere, que el Concejo donde el fuere vecino, ni la hermandat, que no sean tenido de ge lo pagar so pena del periurío. Otrosí, en razón de lo de Portogal, acordaron que la carta que el rey de Portogal envió en que aseguraba á todcs los dtl sennorio del rey de Castiella, que fueren á su sennorio mercadiertimentes, que anduviesen saivo^ y seguros, que lo tienen por vien. Acordamos que todos los del sennorio del rey de Portogal que vinieren á estas villas de la marina, ó á qualquiera de ellas con pan ó con vianda, ó con otras mercaderías qualesquier, que anden otrosí salvos y seguros, é que no consintamos que ninguno les faga fuerza ni les tome ninguna cosa de lo suyo sin so placer. Otrosí tenemos por bien, que si qualquíer de estos Concejos sobredichos de esta hermandat hobier querella uno de otro por algunas cosas que sean contecidas fasta aquí, ó que contecieren de aquí á adelante, que sea emendado é mejorado en la manera que aquí será dicha. Si los de Fuente arrabia, hobieren querellas de los de san Sebastian, ó los de san Sebastian de los de Fuente arrabia, que vengan á Guetaria aquellos que el pleyto hobieren, é que demanden dos ornes buenos dende de la vil'a á so placer de las partes, é que les libren luego so pleyto sin detenimiento ninguno. Otrosí, si los de Guetaria hobieren querella de los de san Sebastian, ó ellos de ellos, que vayan á Fuente arrabia aquellos que el pleyto obieren é que demanden á dos omes buenos dende de la villa á so placer de las partes, que los libren luego so pleyto sin detenimiento ninguno. Otrosí, si los de Fuent arrabia hobieren querella de los de Guetaria, ó los de Guetaria de ellos, que vayan á sant Sebastian aquellos que el pleyto hobieren, é que demanden dos omes buenos dende de la villa á so placer de las partes, é que les libren luego so pleito sin detenimiento ninguno. E si los de Guetaria ó los de Bermeo hobieren querella los unos de ios otros que vayan á Castro aquellos que el pleyto hobieren é que demanden dos omes buenos de la villa á so placer de las partes é que los libren luego so pleyto sin detenimiento ninguno. E si los de Bermeo hobieren querella de los de Fuent arr?ibia ó los de sant Sabnstian, ó ellos de ellos, que vayan á Guetaria aquellos que el pleyto hobieren, é que demanden dos omes buenos dende de la villa á so placer de las partes, é que los libren luego so pleyto sin detenimiento ninguno. Otrosi, si los de Fuent arrabia ó los de sant Sebastian, ó los de Guetaria hobieren querella de los de Castro, ó los de Castro de ellos, que vayan á Laredo aquellos que el pleyto hobieren y que demanden dos omes buenos dende de la villa á so placer de las partes, é que los libren luego so pleyto sin detenimiento alguno. Otrosí, si los de Castro obieren querellas de los de Laredo ó los de Laredo de los de Castro que vayan á Santander aquellos que el pleyto hobieren, é que demanden dos omes buenos dende la villa á so placer de las partes, é que los libren luego so pleyto sin detenimiento ninguno. Otrosí, si los de Santander hobieren querella de los de Castro, ó los de Castro de ellos, que bayan á Laredo aquellos que el pleyto hobieren, é que demanden dos omes buenos dende de la villa á su placer de las partes, é que los libren luego su pleyto sin detenimiento ninguno. E si los de Santander hobieren querella de los de Laredo, ó los de Laredo de ellos, que vayan á Castro aquellos que el pleyto hobieren, e que demanden dos omes buenos dende de la villa á su placer de las partes que los libren luego su pleyto sin detenimiento ninguno. E si los Concejos de Santander, é de Laredo obieren querella de los Concejos de Fuent arrabia, ó de san Sabastian, ó de Guetaria ó de Bermeo, ó ellos de ellos, que vayan á Castro aquellos que el pleyto hobieren, é que demanden dos omes buenos dende la villa á su placer de las partes, é que les libren luego su pleito sin detenimiento ninguno. 1x3
E si los Concejos de Fuente arrabia, ó de san Sabastian ó de Guetaria obieren querella del Concejo de Castro, ó los de Castro de ellos que vayan á Bermeo aquellos que el pleyto obieren é que demanden dos ornes buenos dende de la villa á su placer de las partes é que los libren luego su pleyto sin detenimiento ninguno. E si qualquier de estos Concejos sobredichos querella obieren del Concejo de Vitoria ó el Concejo de Vitoria de cualquier de ellos, que vayan á Castro aquellos que el pleyto hobieren é que demanden dos omes buenos dende la villa á su placer de las partes é que les libren luego su pleyto sin detenimiento ninguno. E si las partes que hobieren el pleyto en qual de las dichas villas, é tomaren dos omes de su placer que los juzguen aíjuellos omes que los hobieren á oir, que tomen otro home bueno que sea con ellos, aquel que ellos entendieren que mas firmemente los conceyara. Y si por aventura aquellos omes que las partes que el pleyto hobieren á tomar, no les quisieren tomar el pleyto ni juzgárgelo, que pechen pena quinientos maravedís de los nuevos; é los alcaldes del fuero que fueron en qualquier lugar do esto acaeciere, que los prenden por la pena sobredicha para las partes que el pleyto hobieren, é que les fagan tomar el pleyto, é juzgarlo luego sin detenimiento ninguno. Otrosí, que les tomen jura á aquellos que el pleyto hobieren á judgar que judgaran bien é derechamente, en manera que lo que ellos juzgaren que sea cumplido sin detenimiento ninguno. Otrosí acordamos, que qualquier destos Concejos que fuere llamado á querella de otro Concejo, ó de alguno so vecino de esta hermandat, que venga facer cumplimiento de derecho luego que fuere llamado, é si lo non quisier facer que peche mil maravedís de los nuevos para el querelloso, é los otros Concejos que le anden á prender por la dicha pena y por la demanda. Otrosí ordenamos, que si alguna villa de las que no son en esta hermandat peyndra, ó peyndrare daquí adelante sin razón, é sin derecho á qualquier de estas villas sobredichas, que aquella villa que fuere prendada, que lo venga mostrar á Castro, é quel den luego carta aquella quei cumpliere seellada con el sello de esta hermandat para aquella villa que ficiere la prenda, é que lo entreguen aquel que fuere prendado. E si qualquier de estos Concejos de la prenda fallasen de la villa que fizo la prenda sin razón, é la non tomase segunt que dicho es, que peche mil maravedís de los nuevos para toda la hermandat, é que pechen la demanda al querelloso con las cuestas que ficiere por esta razón. Otrosí acordamos, que si algún caballero, ó rico ome, ú otro qualquier veniere á qualquier de las dichas villas por mandato del rey ó por otra manera á demandar algunas cosas que contra nuestros fueros sean, que los de la villa do esto acaeciere que se paren de lo non dar, é ampararlos, é si por esta razón les cayesen vinnas, ó caserías, ó manzanales, ó les tomasen ganados, ó otras cosas qualesquier de sus aldeas, ó de sus términos que todas las dichas villas de consouno, é cada una por si, que ge lo anden á pagar bien é derecKamiente aquello quel astragaren ó tomaren á qualquier de estas villas sobredichas do esto acaeciere por esta razón. E si por aventura por esto guardar, é tener, é complir en la manera que dicha es, acaeciere que algunos, ó alguno de estos Concejos sobredichos ó qualquier so vecino mataren algún ome de los que esto que sobredicho es nos ficiere ó nos demandare, ó fueren lo facer, que todos los Concejos sobredichos que nos paremos á ello, así á la enemistad como á pecho, é á todas los cosas que hi vinieren por esta razón. E que qualquier, ó qualesquier omes de qualesquier villa de esta hermandat, ó de sos términos, traxiere carta ó cartas desaforadas, que sean contra alguna cosa de las que aquí son escriptas en este quaderno, que el Concejo de los alcaldes de qualquier logar do esto acaeciere, quel maten luego por ello so la pena del periurio. Otrosí acordamos, que quando qualquier de estos Concejos hobieren puesto sus alcaldes en cada villa, que haya con ellos sesenta omes de los mejores que en la villa hobier, é que le fagan iurar sobre el libro, é sobre la cruz, que guarden, é tengan, é amparen de todos estos nuestros buenos fueros, é usos, é costumes, é franquezas, é libertades según que hoy dia los habernos, é que guarden, é tengan, é amparen todas quantas cosas en este quaderno dice. Otrosí acordamos que la iura que la fagan luego en cada una de estas villas sobredichas, los sesenta omes meiores de qualquier de estas dichas villas, é dende adelante que lo juren quando salieren los alcaldes que hoy dia son, y entraren los otros por
cada anno en la manera que dicho es. Otrosí ponemos, que ningún ome de los Concejos sobredichos, no envien, ni lieven por mar ni por tierra, pan ni vino, ni otra vianda, ni armas, ni caballos, ni otra mercancia ninguna á Bayona, nin á Inglaterra, ni á Flandes mientre esta guerra durare del rey de Francia, y del rey de Inglaterra, é qualquier ome de esta hermandat que le fayaren que lo lieva á estos lugares sobredichos, que gelo tomen todo quanto les faiaren, é que sea suyo libre y quito de aquel que lo tomare. Otrosí ponemos, que qualquiera ó qualesquier de nos que contra esto fuere, ó quisiere seer en fecho, ó en dicho, ó en consejo, ó en alguna otra manera qualquier por lo menguar, ó lo de desfacer, ó lo embargar todo ó parte de ello, que vala menos por ello, é toda la hermandat facemos un seello que es de esta sennal: un castiello é so el castiello fondas, é las letras de él dicen: sello de la hermandat de las villas de
LA marina de CASTIELLA CON VITORIA.
Este seello feciemos si por aventura nuestro sennor el rey don Ferrando, ó los reyes que vernan después de él, nos ficieren ó nos pararen en algunas cosas contra nuestros fueros, ó privilegios, ó cartas, ó libertades, ó franquezas, ó buenos usos, é costumes que hobiemos en tiempo de los otros reyes, é del emperador que nos el rey don Fernando nuestro sennor otorgó, lo que fiamos por Dios é por la so merced que lo non querrá facer, nos que les embiemos decir, é mostrar por nuestra carta sellada con este nuestro sello que nos enderece aquello en que recebiemos el desafuero. Otrosí para seellar las cartas que hobiéremos mester para fecho de esta hermandat, el sello finca en fieldat en Lope Pcrez el joven, é don Pasqual Ochanarren, é don Bernalt el )óven, en Castrodordiales, é que sea con ellos qui escriba todas las cartas que fueren mester para esta hermandat, é que ponga en cada una de ellas so nombre escripto con su mano, ó Pero Pérez, escribano de este mismo lugar. E nos los dichos López Pérez el joven, é Pasqual Ochanarren, é don Bernalt el joven, otorgamos que recibiemos de los omes buenos, personeros de los Concejos de las villas de la Marina de Casiiella con Vitoria, de las cuales villas están sos seellos en esta carta, este seello sobredicho de la hermandat en fieldat en tal manera, que si alguno de los Concejos recebiéremos algún desafuero, ó algún otro malo danno en las cosas, en que nos demos luego carta seellada de este seello, fecha de parte de la hermandat, sin detenimiento ninguno para aquel ó aquellos que nos ficieren el desafuero, ó el malo, ó el danno, ó para toda la hermandat con el que la carta traxiere del Concejo en razón de laquerelia. E nos los dichos Lope Pérez el joven, é don Pasqual Ochanarren, é don Bernalt el joven, juramos, é prometemos de guardar esta fieldat, é de la complir bien é lealmientre so la pena del omenage. E nos todos otrosí, juramos, é prometemos unidat á Dios é santa María, de guardar, é tener, é cumplir quanto sobredicho es, é de guardar á vos Lope Pérez el joven, é don Pasqual Ochanarren, é don Bernalt el joven los sobredichos, de mal, é de danno, é á otro ome á omes qualesquier de nuestro lugar de todo otro ome ó omes, qualesquier que quisieren ir contra nos, ó contra ome, ó omes de nuestro logar, é pasar por razón de esta fieldat por facer mai á vos, ó á el, ó á ellos en los cuerpos, ó en los haberes ó en las otras cosas so la pena de la jura ó del omenage. E vos los dichos Lope Pérez el joven, é don Pasqual Ochanarren, é don Bernalt el joven, que tomades el dicho seyo por nuestro mandado, que nos dedes cuenta, é recabdo á cabo del anno de las cartas que fueren dadas é de todas las despenzas que se ficieren por razón de esta hermandat. Esta carta fué fecha en Castrodordiales, sábado quatro dias de mayo era de mil trescientos treinta y quatro annos.
(Original en el archivo de Guetaria en un pergamino fuerte de vara de largo, y casi otro tanto de ancho. Y aunque manchado y algo roto^ todavía muy legible, y de letra bien conservada. Tiene en el doble:^ de abajo nueve agujeros cuadrilongos de que pendieron los nueve sellos ahora perdidos^ v sólo se conse?'van en seis las cintas de hilo a!^ul y blanco de que pendieron. Copia remitida por don José de Vargas y Ponce. — Benavides, Mem. hist. de Fernando IV, t. II).
Cláusula testimoniada por el escribano Garci Juan, sacada á pedimento de Ruis Salvadores , del testamento que otorgó en Valladolid el obispo Don Juan Alvarez en 12 de Setiembre del año 1296 ante el escribano público Fernando Alfonso, por* la que consta fundó dos capellanías en el monasterio de Santo Toribio de Liébana.
EPAN quantos este público instrumento vieren, cómo martes, doce dias de Julio, era de mil é trescientos é treinta é ocho annos, en presencia de mi García loan, público notario de la cibdat de Falencia, por nuestro sennor el Obispo, é ante las personas D. Domingo, prior de la eglesia de Fusiellos, testamentario de D. loan Alvares, Obispo que fué de Osma, mostró un testamento del dicho Obispo, otorgado en Valladolid en doce dias andados del mes de Setiembre, era de mili é trescientos é treinta é cuatro años, el cual testamento era seellado con el seello del Obispo sobredicho que fué, et signado con el signo de Ferrando Alfonso, escrivano público que se decia del Concejo de Valladolid, en el qual testamento se contenia en cuemo el Obispo sobredicho mandaba á la Eglesia et al Abbad é convento de Santo Torivio todo quanto heredamiento avie en Gohio, et Pembes, et en Frama, et en las et en
Valverde, et todo quanto el Obispo sobredicho avie en Liebana; et mandava gelo en tal manera quel Abbat et el convento que pusiesen dos capellanes que cantasen perpetuo por su ánima del Obispo sobredicho. Et desto Rui Salvadores, omme del prior del dicho convento, rogó á mi Garci loan, notario sobredicho, que sacase del testamento esto que sobredicho es, et que le diere
ende un instrumento signado con mió signo ; por quel et el convento
fueren ciertos en cuemo gelo dexaba el Obispo, según dicho es. Pesquisas rogadas que estaban presentes, Rui Pérez, fijo de Garci Pérez. =nRui Pérez, texedor.=:Pedro Rodríguez. Peliguero.— D. Thoribio, fijo de Marimacho, deValde Espinama.=rD. Nicolás de Liebana, vecinos de Falencia. =Et yo Garci loan, notario sobredicho, vi el testamento é leí esto que sobredicho es, é saqué por ello este traslado, é por ruego del dicho Rui Salvadores, escribí este instrumento é fice aquí mió signo. En testimonio de verdad.— j.
(Privilegios de la iglesia de Osma, t. 40, fol. 240). — Benavides, Memorias cit.^ t. II).
Privilegio del Rey don Fernando á favor de la ciudad de Santander, en el que inserta el ordenamiento de las Cortes hechas en Valladolid (Ordenamiento de las Cortes de Valladolid de 1301).
jN el nombre de Dios Padre, Fijo é Espíritu Santo, que son tres personas é un Dios, é de la Virgen Santa María su madre á quien nos tenemos por señora é por abogada en todos nuestros fechos.
Queremos que sepan por este nuestro privilegio los que agora son ó serán de aquí adelante, cómo nos don Fernando por la gracia de Dios rey de Castilla, de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Cordova, de Murcia, de Jahen. del Algarbe, é señor de Molina, estando las cortes en la villa de Valladolid, seyendo llamados á ellas prelados, ricos omes é maestres de caballerías é de todos los otros nuestros regnos, porque sabemos que es servicio de Dios é nuestro, é muy gran pro de todos los nuestros regnos, é mejoramiento del estado de toda nuestra tierra, é aviendo voluntad de facer bien é merced á todos los Concejos de nuestros regnos, con consejo de la reyna doña María nuestra madre, é con otorgamiento del infante don Enrrique nuestro tío é nuestro tutor, é con consejo de don Rui Pérez maestre de Calatrava, é de don Juan Osorez, maestre de la caballería da Santiago, é de los prelados é ricos omes, é de los otros nuestros omes buenos que hi eran con ñusco, ordenamos , damos é confirmamos é otorgamos estas cosas para siempre jamas:
Prian-rainenic que les guardaremos sus fueros é sus previlegios, cartas é franquezas, é usos, é costumbres, que tenían en tiempo del emperador, é del rev don Alonso que benció la batalla de Merida, é del rey don Fernando su hijo é de los otros reys onde nos venimos, los mejores é de los que ellos mas se pagaren.
Otrosí que todos los arcedianos é obispos, é los abades que bayan á vivir á sus iglesias, é los clérigos á sus logares, salvo los capellanes que cumplieren para la nuestra capilla que anden con ñusco.
Que todos los príbados que andovíeron con el rey don Sancho nuestro padre, é todos los otros oficiales de su casa, que non anden en la nuestra casa, é que den cuenta de lo que llevaron de la tierra; pero si con consejo de la reyna doña Mar/a nuestra madre, é nos, é el infante don Enrrique nuestro tío é los ornes buenos de las villas que nos dieren para ordenar esto, falláremos que algunos destos oficiales legos bien usaron de sos oficios en nuestra casa, que los ayan.
Otrosí tenemos por bien que los oficiales de nuestra casa sean ornes buenos de nuestras villas de los reynos, así como eran en tiempo de don Alfonso el que venció la batalla de Ubeda, é en tiempo del rey don Alfonso que venció la batalla de Merida, é del rey don Fernando, é que non ande hi judio.
Otrosí que las cogechas de los pechos de nuestros regnos que las hayan ornes buenos de las nuestras villas así como las obíeron en tiempo del rey don Fernando nuestro bisabuelo, por que non anden hi judíos ni otros omes reboltosos, é que non sean arrendadores.
Otrosí que sí el rey don Alfonso nuestro abuelo, é el rey don Sancho nuestro padre tomaron algunos eredamíentos, algunas aldeas ó algunos omes de ellos sin razón é sin derecho, que sean tornados á quel de quien fué tomado.
Otrosí que villa realenga en que hay alcalle, é merino, que las non demos por heredad á infante ni á rico orne, ni á rica fembra, ni á orden ni á otro lugar ninguno porque sea enagenada de los nuestros regnos é de nos.
Otrosí que los nuestros sellos sean metidos en poder de los notarios que sean legos, el uno que sea de los regnos de Castilla, é el otro de León.
Otrosí que los merinos mayores de los regnos de Castilla, de León é de Galicia, que no sean ricos omes; é que sean qualesquíer que hi pusiéremos que amen justicia.
E nos el sobredicho rey don Fernando prometemos é otorgamos de tener é guardar todas estas cosas que sobredichas son, é non venir contra ellas en ningún tiempo, é por más firmeza todo esto, don Enrrique nuestro tío é nuestro tutor, juró por nos así como tutor sobre los evangelios, é sobre la cruz, é hizo pleyto omenage que manteniésemos é guardásemos en todo tiempo como dicho es.
E de esto mandamos dar al Concejo de Santander este privilegio sellado con nuestro sello de plomo. Fecho en Valladolid doce días de Agosto era de mil trescientos é treinta y nueve años.
(Sacóse de la Real biblioteca del Escurial. Leg. Z., plut. 2 n. 8. — Benavides, Op. cít. t. II).
Don Fernando IV concede la fons adera al abad de Santillana
EPAN quantos esta carta vieren cómo yo don Fernando, por la gracia de Dios rey de Castilla, de León, de Gallícía, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jahen, del Algarbe, é sennor de Molina; por facer bien é merced á Alfon Pérez, mío capellán, é abbat de Santa lUana, por mucho servicio que me fizo, é me face, dol daquí adelante que tenga de mí en quanto yo tobíere por bien, et fuere la mi mercet, la fonsadera de los sus vasallos que él ha del Abbadía sobredicha de Santa Illana, que la haya asi como la yo devo aver. Et mando á todos los sus vasallos quel pechen con la fonsadera daquí adelante bien é complídamente á él ó á quien lo ovíere de recabdar por él, é non á otro ninguno.
Et mando et defiendo firmemiente que ningún cogedor, nin sobrecogedor, nin arrendador, nin arrecabdador, nin pesquisidor, nin otro ninguno, que non sea osado del yr nin de pasar contra esta mercet quel yo fago, nin de peindrar, nin de tomar á los sus vasallos del abbadia sobredicha ninguna cosa por fonsadera que acaesca, nin que me haya á dar la tierra daqui adelante. Ca qualquier, ó qualesquier que lo ficieren, ó el pasaren contra esta mercet que yo fago, pecharme ha en pena mil maravedis de la moneda nueva; et al abbat, é á los sus vasallos todo el danno, é menoscabo que por ende recebieren doblado. Et sobresto mando á don Garci Fernandez de Villamayor, mió adelantado mayor en Castilla, ó á otro qualquier que sea adelantado por mi daqui adelante, ó á qualesquier merinos que anduvieren por él en esta tierra, que fagan recudir al abbat sobredicho con todos los maravedis que montan la fonsadera de los sus vasallos del abbadia sobredicha. E que no consienta á ninguno que pase nin vaya centra esto que dicho es, por ninguna manera. E si alguno, ó algunos le pasaren, ó quisieren pasar contra esta mercet quel yo fago, que gelo non consientan é que les peindren por la pena sobredicha, é que la guarden para facer della lo que yo mandare, é que fagan emendar al abbat, é á los sus vasallos, ó al que lo oviere de recabdar por él todos los dannos é menoscabos que por ende recebiere doblados. E non fagan ende al por ninguna manera, si non á él, é á lo que oviere me tornaría por ello. E de cómo lo compliere mando al escribano publico do esto acaeciere qué dé ende un estrumento público al dicho abbat ó al que lo oviere de recabdar por él, por que yo sepa en cómo cumple mió mandado, é mande hi lo que toviere por bien é fallare por derecho. E non faga ende al so la pena sobredicha. E destol mande dar esta mi carta seellada con mió seello de plomo. Dada en Carrion seis dias de febrero. Era de mil trescientos quarenta é dos annos.rrrPero López de Fuente echa alcalle del rey, é su notario mayor en Castiella la mandó fazer por mandado del rey.=iPetrus Lupi.=Yo Alfonso Roiz de Valladolit, la fize escribir. = Alfonso Roiz,=Sancho Roiz.==Ferran Pérez
En un pergamino de media vara de alto y una tercia de ancho. En la parte inferior tiene un doble^, en cuya mitad hay tres agujeros en que está metida la seda de que pende el sello de plomo, en que por una parte se representa el rey á caballo en acción de correr^ armado con escudo en la izquierda y espada desnuda en la derecha., y al rededor se lee: f S. Ferrandi ilustris Regís Castelle ET Legionis. Por el otro lado se ven las armas^ de Castillay León., y al rededor se lee otra inscripción igual d la antecedente.
Este documento pertenece al archivo de la real Colegiata de Santillana, y esta copia se sacó del tomo 2.» de los que copió D. Francisco Santiago de Palomares (Benavides, Op. cit., t. II).
Aprobación de las treguas concertadas entre los marineros de Bayona y los de Santander, Gastro-Urdiales y Laredo, otorgada por el rey Eduardo II de Inglaterra.
EX dilectis et fidelibus suis, majori, juratis, ac toti communitati civitatis
Baionae, salutem.
Sciatis quod cum vos, propter dampnum et pericula evitanda, quae evenire posent ex discordiis et contentionibus, quae fuerunt inter vos, et homines Villarum de Castro Durdiales, de Sancto Andero, et de la Redo, de regno Castellae, treungas inieritis cum hominibus dicti regni, duraturas á festo Nativitatis Sanctis Johannis Baptistae, próximo praeterito, per dúos annos próximo sequentes completos; sicut per vestras litteras nobis significastis.
Et nos rogaveritis ut, propter hujusmodi pericula evitanda, et ut cum bonis et mercandis is vestris, per regnum predictum salvo et secure transiré, ibidemque morari possitis, velimus vobis daré licentiam ad ineundum et firmandum certam pacem ac amorem inter vos, et dictos homines de Castella, et
(Era de i 344.— i 306 de J. C.)
alios ejusdem regni, si super hoc fueritis requiriti per homines regni antedicti: Nos, attendentes dampna et pericula quae ex hujusmodi discordiis, si quae forent Ínter vos, et dictos homines de Castella ac alios dicti regni, possent contingere, et quae earum occasione contingere temporibus retroactis: desiderantesque commodum et quietem vestram; et quod bona pax firma sit Ínter vos, et homines dicti regni, sicunt eam inter omnes alios nostros homines et ipsos visceraliter afectamus.
Vobis innotescimus per praesentes, quod nos supplicationi vestrae annuimus in hac parte, vobis nichilominus mandantes rogando quod bona pax et firma inter vos, et homines dicti regni iniatur et firmetur.
In cujus, etc.
Teste rege apud tresck 28 die julii per breve de privato sigillo. (BtNAViDES, Memorias de Fernando IV de Castilla, t. II, documento número CGGLXVIII).
Carta del Rey Eduardo II de Inglaterra á Fernando IV de Cast Ha, quejándose ds los marineros y piratas de Santander, Gastro-Urdiales y Laredo.
( Era I 346.— I 308 de J. C.)
AGNiFico principi, domino Fernando, Dei gratia, Castellae, Legionis, Toleti, Galleciae, Yspaliz, Cordubiae, Murciae, Jehennis et Algarbiae regi illustri, ac comitatus Molinae domino, consanguíneo suo carissimo, Edwardus, eadem gratia, rex Angliae, dominus Hiberniae, et dux Aquitaniae, salutem et felices ad vota succesus.
Dum reges et principes {qui regimini populi praesidere noscuntur) super suorum excesibus subditorum, comissis in subditos aliorum, justitiae complementum, prout negotii qualitas exegerit, non differunt, nec dissimulant exhibere, fovent inter eos hinc inde, et corroborant concordiam atque pacem.
Gum itaque plures marinarii et piratae de villis Sanctae Ander, Urdalis, de Laredo et aliunde dá domino et potestate vestra, qui in crastino '^ancti Bartholomei próximo praeterito, in portu nostro de marítima in térra nostra Xanton, ubi jurisditío omnímoda et pacis conservatiu ad nos spectant, á quibusdam hominibus nostris de Baiona tres naves suas, necnon bona et mercimonia sua magni pretii, in eisdem navibus inventa, nequíter abstulerant;
Hujusmodi facinore non contenti, ad Hospiiium GuíUielmi Arnaldi de Gampania, servientis nostrí ibidem,
Pro eo quod ídem Guillielmus ipsis inhibuít né hominibus nostris praedictis dampnum alíquod inferrent, et praecepit símiliter ex parte nostra, sicut ei bene licuit, et faceré debuít ex oficii debito íncumbentis eidem, quod naves et alia bona, per ipsos ut praemittimur, ablata, hominibus nostris praedíctís restítuerent índilate,
Armati hostilíter, accedentes, eidem Guillielmo ibidem insultum dederint, et quendam nepotem suum interfecerint, et ab eo Guillielmo, qui vix ab eodem manibus vivus evasit, bona sua, ad Valentiam mille librarum Turonensum parvorum, ín dicto suo Hospitio inventa, rapuerint, et secum ad naves suas aportaverint:
Tándem, cum sic ablatis, á portu praedicto, que volebant, feloniis et rapinis praedictis impunitis remanentibus, recedendo in nostri et jurisdictionis nostrae, dictarum partium, comptentum et jacturam, sicut ipsius accepimus ex querela:
Nos, qui dicto servienti nostro, sicut nec coeteris de regno et potestate nostra deesse non possumus, qui ipsis, cum indigerint, subveniamus modo quo poterimus meliori, amicitiam vestram affectuose requirimus et rogamus, quatinus praefato Guillielmo, super praemissis et dampnis, quae occasione praedicta sustinuit, fieri faciatis debitum et festinum justitiae complementum; res-
cribendo nobis, si placet, cum super hoc ex parte nostra requiríti fueritis, quid in hac parte duxeritis faciendum.
Scientes pro certo quod dissimulare non poterimus, quin pro nobis, etpraefato Guillielmo, si forte has preces nostras non exaudieritis, provideri faciemus de competenti remedio in hac parte.
Dat. ap. Langel 8, die Tannarii.
(Benavides, Memorias de don Fernando IV de Castilla, t. lí, pág. 594).
Tratado de convenio para el espacio de veinte años entre Eduardo III, reyde Inglaterra, y los Diputados de las villas Maritimas del Reino de Gastilla y el Condado de Biscaya, para bien reciproco del comercio.
(Era MCCCLXXXIX.— Año 1351)
^^EPAN todos que habiendo ocurrido debates y disensiones entre los Ingleses, de una parte, y las Gentes de las Villas de la Marisma de la Señoría del Rey de Castilla y el Condado de Biscaya, de otra parte, por causa de males y daños hechos de una parte y otra, las Gentes de las Villas susodichas embiaron hácia el Muy Excelente Príncipe Rey de Inglaterra y de Francia, Mensajeros á Cortes (á saber) Juan López de Salcedo, Diego Sánchez de Lupard y Martin Peris de Colindan, con plenos poderes para tratar sobre los debates y disensiones mencionadas, para pedir, tomar y hacer enmiendas de daños y perjuicios, para establecer treguas y suspensión de guerra, á un cieno tiempo, con esperanzas de arreglo que podrá combenirse durante las treguas mencionadas; y después, reunidos en la ciudad de Londres, los Diputados del dicho Muy Alto Príncipe Rey de Inglaterra y de Francia, de una parte, y los dichos Mensajeros de otra, pidieron:
Primeramente enmiendas y satisfacción de los daños y perjuicios que ellos han recivido en mar por los Ingleses del Rey don Pedro, actual Rey de Castilla.— Los Diputados por el Rey de Inglaterra han pedido á la Diputación de las ciudades susodichas, enmiendas y satisfacción de todos los daños y perjuicios hechos á las gentes de Inglaterra, de Gascoña, y otros súbditos del dicho Rey de Inglaterra y de Francia, por las gentes de dicho Rey dé Castilla y del Condado de Biscaya en dicha época.
Y después, dichos asuntos dilucidados, salvo el de este de cada pane, en esperanzas de buen resultado y amistad entre el Rey de Inglaterra y de Francia V sus síibditos, de una parte, y las Gentes y súbditos del Rey de Castilla y del Condado de Biscaya de otra parte, los dichos Diputados del dicho Rey de Inglaterra han hecho fiel relación á su dicho Señor Rey de Inglaterra y de Francia; y dicho Rey otorga á la requisición de dichos Mensajeros de Castilla y Biscaya, y treguas y combenios en la forma siguiente :
1.0 — Concede que buenas y Leales Treguas se efectúen por mar y tierra entre todas las Gentes y súbditos del Rey de Inglaterra y Francia, exceptuando las gentes de la Baronía de Biarritz por causa que han tomado una Tregua con la de España por cuatro años, á la cual Tregua el Rey se adhiere, de una parte, y las gentes y los súbditos de la Señoría del Rey de Castilla, y los Condados de Biscaya, de otra parte. Las cuales treguas durarán desde el dia de este tratado asta veinte años cumplidos.
2.® — Formarán las dichas Treguas pleno efecto y fuerza en Mar y en Tierra desde el dia de este presente contrato, ya sea por publicación y proclamación de las dichas Treguas, cuya publicación y proclamación se hará en Inglaterra dentro de un mes de estos documentos, y en Burdeos dentro de dos meses después de la fecha de este documento, y en las Villas Marítimas de Castilla y Biscaya antes de los tres meses; y combendrán los dichos Diputados de la Marina susodicha, que todos los demás puertos del Señorío del Rey de Castilla que no han dado poder á los dichos Diputados, respetarán con lealtad la dicha Tregua.
Item: están combenidos que durante dichas treguas ningún súbdito de di-
cho Rey de Francia y de Inglaterra causará daños y perjuicios ni en las personas, ni en bienes, ni en géneros, ni en cualquiera otros valores, á gentes ni subditos de la dicha Señoría del Rey de Castilla ni del Condado de Biscaya; ni las gentes ni subditos de la dicha Señoría del Rey de Castilla y del Condado de Biscaya no causarán daños y perjuicios en personas, ni en géneros, ni en otros bienes á Gentes de Gascoña, Inglaterra, Irlanda, Gales, ni á ninguno de los subditos del dicho Rey de Inglaterra y de Francia.
Item: concede que, durante las dichas Treguas, ninguna de las gentes ni súbditos de una parte, en contra ó en perjuicio de la otra parte, no harán alianza ni darán socorro en ninguna manera á los enemigos, contrarios ó adversarios de la otra parte.
Item : que las Gentes, súbditos, capitanes, marineros y comerciantes de una parte y de otra, de cualquiera condición que sean, puedan seguramente, francamente y salvamente, ir y pasar por tierra y por mar á todas las Marismas, Puertos y ciudades de una parte y de la otra, y á todos los demás Reinos y partes donde Corte habrá, grandes y pequeñas, y á todos los Géneros que serán cargados en las dichas naves de cualquier pays que sean dichas Gentes y Géneros.
Item : que sean, ciertas personas. Diputados Guardianes de estas presentes Treguas con plenos poderes para obligar y castigar á todos los que infringieren las dichas Treguas, y reparar todo atentado que se haga de una parte y de otra durante dicha Tregua ; y que los dichos Guardianes harán reparación plenaria de todos los atentados hechos durante las dichas Treguas, á los dos meses después que dichos atentados sean probados por requerimiento delante de ellos (los delincuentes) ; y que la persona que haya sufrido los daños sea indemnizada, y hará su declaración en estilo claro, de la persona que ha hecho 2l daño, la que responderá ya con sus bienes. Y en el caso de que no hubiere bienes suficientes para las multas que se hayan aprendido, que los Guardianes de la tierra hagan justicia de la persona, á petición del que haya recibido el daño.
Item: está combenido que si ocurre que, durante la Tregua, algún daño sea hecho por Gentes y súbditos de una parte y de la otra, no por esto quedará rota la Tregua, sino que se ampliará y se hará reparación por los referidos Diputados en la manera mencionada.
Item : está combenido que los dichos Diputados de la Marina susodicha harán saver á los desterrados de la dicha Señoría del Rey de Castilla y del Condado de Biscaya que están fuera de su Pays, si quieren estar comprendidos en esta tregua, ó protestan : y en el caso que quieran ser compendidos en la dicha tregua, que lo sean plenamente como los demás. Y en su consecuencia los Diputados mencionados mandarán á Brujas en Flandes, al alcalde del Estaples del Leynes de Inglaterra, ó á su teniente, los nombres de dichos desterrados; y en caso que no quieran ser comprendidos en dicha tregua, que queden fuera de la misma, y que el Rey de Inglaterra y de Francia hagan con ellos lo que con sus enemigos; y que las buenas gentes de la Marisma susodicha no sean vituperadas ni perjudicadas por ningún daño que los dichos desterrados hagan; y que los dichos Diputados participarán á Brujas al alcalde del Estaples, ó á su teniente, seis meses después de estas presentes letras, los nombres de los capitanes de dichos desterrados que no quieran ser compendidos en dicha tregua y de sus compañeros de quienes podrdn saber los nombres; y en este caso las gentes d-^ la Marisma de Castilla y Condado de Biscaya no darán ayuda ni socorro á dichos desterrados, ni los recibirán en su compañía.
Item ; que en caso que Rey de Inglaterra y de Francia ó sus gentes cojan ó ganen de su adversario - cual fuere, ciudad, castillo ó puerto, en cualquier ciudad, castillo ó puerto, sean encontrados bienes de las gentes de la señoría de Castilla ó d:;l Condado de Biscaya, ó naves en las cuales Géneros ú otros bienes de la Señoría ó del Condado susodicho sean encontrados; que el dicho Rey de Inglaterra y de Francia, ó el que hará de Capitán por él, hará buscar sus bienes en cualquiera mano que se hallen, y hará su Leal poder, sobre la seguridad de dicha Tregua, de hacer devolver las dichas Naves, Géneros y bienes de las gentes del Reino de Castilla y Condado de Biscaya, de quienes
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harán, sobre su juramento, que no sean armados los Enemigos del dicho Reyde Inglaterra y de Francia, no favoreciéndolos con socorro alguno, y si alguno de ellos se encuentra armado, socorriendo ó confortando á los dichos Enemigos del Rey de Inglaterra y. de Francia, que pierda sus bienes y el cuerpo, y que los demás que observen lealmente la Tregua sean indemnizados por ellos. — Y si las gentes del dicho Rey de Inglaterra y Francia toman, en Mar ó en Puerto, naves de sus adversarios ó enemigos, y en dichas naves se encuentran Géneros ú otros bienes de los de la Señoría del Rey de Castilla ó del Condado de Biscaya, que sean devueltos á los comerciantes de Castilla ó de Biscaya á quienes pertenezcan con su leal declaración ; y en caso que algún comerciante de Castilla ó de Biscaya sea encontrado en la nave, que en este caso los dichos bienes sean llevados á Inglaterra y depositados en seguridad hasta que dichos comerciantes hayan probado que los dichos bienes eran suyos : é igualmente harán en semejante caso los del Señorío del Rey de Castilla y del Condado de Biscaya, pudiendo venir y pescar francamente y con toda seguridad en los Puertos de Inglaterra y de Bretaña, y en todos los demás lugares y puertos donde quieran, pagando los derechos de costumbre á los Señores del Pays. — En testimonio de este cómbenlo, el dicho Rey de Inglaterra y Francia, á una parte de estas presentes letras á favor de la Marisma de Castilla y de Biscaya susodichas, — Ha puesto su sello. — Y los dichos — Johan López de Salcedo, — Diego Sánchez de Lupar, — Martin Pérez de Colindan, — Mensajeros y Procuradores de dichas Villas y de la dicha Marisma, — á la otra parte de estas presentes letras. Endenté demorante cerca del dicho Rey de Inglaterra y Francia, han puesto su sello. — Dado en Londres el i.» día del mes de Agosto del año de gracia Mil trescientos cincuenta y uno.»
(AssAS, Crónica de la Provincia de Santander, págs. 83 á 85).
Indice
Carta-preámbulo á los señores don Marcelino Menéndez y Pelayo y don
Amos de Escalante v