Sevilla y Cádiz · Capítulo real 12 de 18
CAPITULO XXI
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 84 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XXI
Monumentos religiosos del arte árabe mauritano
NTEs de narrar cómo terminó en Andalucía el reino de los Almohades, debemos decir el estado de prosperidad en que sus amires constituyeron á Sevilla. Yusuf, el hijo de Abduli> múmen, fué el que ordenó la reconstrucción de la mezquita mayor, y su hijo Yakub Al-, mansur quien terminó su insigne torre, comenzada el día 13 de Safar del año 580 de la egira (A. D. 1 184) (i). Ya dejamos dicho que la primitiva mezquita mayor había sido incendiada por los normandos ó aluiajuces en tiempo de los Califas. Probablemente subsistirían en pié los restos del antiguo edificio cuando invadieron la Andalucía sus nue-
(i) Aunque Almakkari supone que Yakub terminó la construceión de la mezquita, sin decir cosa alguna de la torre, su anotador el Sr. Ciayangos corrige este error teniendo presente la noticia que da sobre esto Ibnu Sabi-s-salat.
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VOS poseedores: así al menos nos lo hace creer el carácter grandioso de algunos arcos de herradura que se observan en el claustro llamado de la Granada ó del Lagarto y la fisonomía del muro exterior del patio de los naranjos á la banda del norte, partes del monumento sarraceno que se salvaron al construirse la nueva catedral. Los Almohades traían á España un género de arquitectura diverso del que había florecido en el Califato, menos grandioso y robusto, menos bizantino en su ornato, más africano que oriental, más decorativo que monumental, de ornamentación más prolija y rica que razonada: sus alarifes ó animes^ atendiendo más á la pompa y lucimiento que á la solidez, añadían á los ladrillos de colores y barnizados que habían empleado los árabes, los relieves de yeso y estuco pintados y dorados, convertían en menudos y delicados festones de la misma materia los grandes lóbulos de fábrica con que sus antecesores habían embellecido los arcos, daban á estos más esbeltez rompiendo sus claves en forma ojival é introduciendo los arcos de ojiva túmida que dan á sus fábricas tanta elegancia y ligereza; y por fin preludiaban con el empleo de las bovedillas estalactíticas el desarrollo de la caprichosa, galana y fantástica arquitectura granadina.
Supla el lector de buena imaginación con estas ligeras nociones la lastimosa falta de datos en que nos hallamos respecto de la decoración y ornamentación de la famosa obra de Yusuf y Yakub (i), y figúrese embellecido con este rico atavío del arte mahometano del segundo período un edificio de las condiciones siguientes. Al gran rectángulo de la mezquita propiamente dicha, dirigido de norte á mediodía, precedía á la parte del septentrión un espacioso atrio, rodeado de claustros ó pór-
(i) De las dimensiones y forma de la mezquita principal de Sevilla después de restaurada por los Almohades, muy poco puede conjeturarse habiéndose perdido la traza de la catedral antigua. A las conjeturas de Morgado y Zúñiga, fundadas en los trozos de arquitectura sarracena que se dejaron subsistir y en las curiosas noticias del archivo que gozaron, podemos hoy añadir las que nos ofrece la historia del arte islamita, ya mejor conocido que en tiempo de aquellos escritores.
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ticos por las tres bandas de norte, levante y poniente. Otro patio había á la parte de oriente del templo, cercado con las oficinas y viviendas de los alfaquíes. El interior de la mezquita ofrecía una serie de naves paralelas tendidas de norte á sur y formadas de sendas arquerías, cuyo juego estribaba sobre columnas de mármol, reliquias de fábricas romanas, cubierta cada nave con su artesonado de madera labrada y pintada. Al sur de este edificio principal estaba el Mihrab ó santuario, que los árabes andaluces colocaron constantemente en esta dirección por no infringir la tradición de los musulmanes de Siria, si bien la razón de ella había dejado de serlo en las tierras de Occidente, donde no miraba ya á la Meca, estando fijo al mediodía, el lugar de la adoración. A este santuario precedía un vestíbulo, llamado ;?^^/'i'?/;W/, recinto suntuoso y reservado que por los tres lados de oriente, norte y poniente, comunicaba con las naves. Era la maksurah un lugar privilegiado, cerrado en contorno por una especie de cerca ó verja labrada por ambos haces interior y exterior: este lugar era solo accesible al Imam y á los ulemas, alkhatibes, almocríes y otros ministros del templo. En la mezquita de Córdoba la maksurah era una de las partes más bellas del edificio, porque estaba dividida en tres secciones, cada una de las cuales formaba un recinto casi cuadrado coronado por una elegante cúpula, y todo su cerramiento era de caprichosas y fantásticas arquerías destacadas sobre un fondo de peregrina labor mosaica ; pero en Sevilla no se sabe qué disposición tenía. Tampoco consta si, á la manera de algunas mezquitas africanas, presentaba la de Sevilla varios santuarios ó mihrabs^ ó bien tenía uno solo; ni si el interior del templo estaba dividido en cuartos ó secciones destinadas á separar la gente por clases y sexos durante la celebración de las ceremonias religiosas. En el mihrab se conservaba el libro del Koran, y de consiguiente era el lugar decorado con mayor lujo. Cerca de este santuario estaba el mimbar, pulpito donde hacía sus rezos el Sultán ; solía estar adornado con dos banderas, y se colocaba siempre dentro
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de la maksiirah. En frente del mihrab había una tribuna {Jclmtbe) desde donde el Imam predicaba al pueblo, y una especie de palco cuadrado, en el cual se situaba el que repetía el llamamiento á la oración que se había hecho por fuera desde los alminares. En medio del atrio ó patio que precedía á la mezquita por el lado del norte, había una gran fuente con su cúpula, y en sus cuatro ángulos otras tantas bóvedas ó cisternas que servían de baños para las abluciones (i). Poblaba este patio gran espesura de naranjos, palmas y otros árboles, así como el otro patio que caía, según hemos dicho, á la parte de oriente, estaba plantado de olmos, que le dejaron su nombre (2). Tenía el edificio puertas en sus tres fachadas. Es probable por último que no faltaran en la gran mezquita de Yusuf y Yakub las construcciones accesorias, de tan variado número y extensión, que había anejas á los otros templos mahometanos de Asia y Egipto. Generalmente se destinaba en las mezquitas un lugar retirado, especie de jardín [raud/id] plantado de cipreses, para colocar en él el ¿urbe ó sepulcro del fundador: y era raro el edificio religioso donde no hubiese además madrisas ó escuelas para los pobres, carvaseras y hospitales para los peregrinos y enfermos, bibliotecas para la gente estudiosa, baños, abrevaderos, establos y otras dependencias, sostenidas con los legados y limosnas de los musulmanes poderosos y timoratos.
Pero la construcción más notable de todas las adyacentes al cuerpo de la mezquita de Sevilla era su famosa torre que llamamos vulgarmente la Giralda. Este precioso alminar viene á ser hoy uno de los más interesantes modelos del segundo estilo sarraceno, mal llamado de transición. Su planta es cuadrada: dicen que en sus cimientos enterró el arquitecto de Yakub ben Yusuf preciosos fragmentos del arte romano arrancados por las injurias del tiempo y de las invasiones á los monumentos de la an-
(i) Zúñigci dice que, aunque cegadas, se reconocían en su tiempo sus entradas. (2) El nombre de patio ó corral de los olmos duró hasta la construcción de la nueva Capilla leal, de que hablaremos á su tiempo.
La Giralda
tigüedad. El cuerpo inferior es de sillares; todo lo demás de ladrillo. El espesor del muro en la base es de nueve pies, y aumenta gradualmente á medida que la construcción va subiendo,
CATEDRAL, — Pl ekta lateral
de modo que la capacidad interior se vá estrechando y acaba por formar una especie de bóveda. Ocupa el centro de la torre un eje ó machón de robusta fábrica, que consolidando el edificio, sirve de apoyo á treinta y cinco rampas ó pendientes sostenidas
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en bóvedas de ladrillo, por las cuales se pudiera cómodamente subir á caballo hasta la plataforma. El uso de estas rampas ó planos inclinados fué introducido por los artistas del Bajo Imperio. En Rabat, Marruecos y Túnez hay torres semejantes á esta de Sevilla: los famosos campanarios de la catedral de Torcello y de San Marcos de Venecia ofrecen exactamente la misma planta y disposición; sólo su ornamentación es más pobre. Comparando estos diversos edificios entre sí, pero con poca crítica, han llegado algunos eruditos á asignarles á todos un origen común, y han fijado en Constantinopla el tipo de las torres de Venecia y Sevilla, construidas en época en que sarracenos y venecianos mantenían relaciones frecuentes con los bizantinos (i). — Rompen el macizo de los muros en las cuatro fachadas del alminar sevillano, ventanas y ajimeces que siguen la dirección de las rampas, y marcan de consiguiente alturas distintas en cada fachada, motivando de este modo una amena variedad en la decoración, no obstante homogénea, del conjunto. Unas ventanas presentan el arco ultrasemicircular, otras el ojival exornado con caprichosos angrelados que fingen graciosos festones. Los ajimeces están encerrados en arcos ornamentales de fantásticas curvas, y los adornos de delicada axaraca que los flanquean presentan segmentos de arcos que se enlazan remontándose y formando como celosías dispuestas para cubrirse de trepadoras enredaderas. Suponen algunos que desde la plataforma se levantaba un segundo cuerpo piramidal (2); pero no hallamos ningún documento antiguo que lo abone; lo único que dice la Crónica del rey don Alonso el Sabio es que sobre el cuerpo principal que acabamos de describir había otra tori'e de ocho brazas, de grande maestría, é á la cima della quatro manzanas redondas, una sobre otra, de tan gran obra é tan grandes, que non se podían facer otras tales, üe este majestuoso y bello* remate nos deja la
(i) V. á Batissif.r. Del estilo árabe en Eapañci. p. 431 (2) Id. ibid.
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misma Cj'ónica de España colegir las siguientes noticias. Del último cuerpo de fábrica se levantaba en el centro un perno ó espiga donde estaban como ensartadas cuatro bolas ó manzanas doradas, que iban gradualmente disminuyendo de diámetro. La inferior y más gruesa era de tal tamaño, que cuando la trajeron á Sevilla no pudo caber por la puerta, y tuvieron que romper esta y ensanchar la entrada. Su labor formaba doce gruesas canales, cada una de cinco palmos de anchura, y era tal su brillo, que cuando la hería el sol se veía resplandecer á más de una jornada de distancia (i). El artífice que hizo esta manzana y la colocó en lo alto de la torre, mereció que su nombre pasara á la posteridad en los escritos del sabio historiador Abdel Kalín : llamábase Abú-el-Layth y llevaba por sobrenombre el Siki- ¿i, que le designa como natural de Sicilia.
Además de esta torre tenía la mezquita á la banda de poniente otra que había pertenecido á la cerca antigua de la ciudad, y que permanecía en pié con el nombre de ¿orre de san Miguel cuando el docto Zúñiga escribía sus Anales. Nada podemos hoy decir de su estructura, ni conjeturar por consiguiente si era, como el citado analista se inclina á creer, de época anterior á la irrupción sarracena, ó bien construcción arábiga. Uno y otro origen son posibles, porque si la primitiva catedral del tiempo de san Isidoro estaba contigua al muro de la ciudad, bien pudo aquella torre formar parte de este muro, que visiblemente continuaba por la calle de la Borceguinería hacia donde estaba la puerta de la Carne: y si su construcción fué sarracena, nada se opone por cierto á que la mezquita de Sevilla tuviese más de un alminar, no habiendo entre los musulmanes ley ninguna que limite su número. La única regla sobre este particular era que no pudieran tener cuatro alminares sino las mezquitas de fundación imperial: y que estas torres entre los
(O En los sellos anliyuos cíe Sevilla, qLic llevan en el reverso la imagen de la ciudad, se ve el aspecto que tenia la torre con aquellas manzanas.
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Schiitas estuviesen pegadas á los templos, y entre los Sunnitas separadas de ellos (i).
Á la mezquita principal que tan ligeramente acabamos de describir, seguían otras menores, cuyo recuerdo oscurecen en parte las transformaciones que la misma piedad cristiana ha hecho sufrir á las parroquias erigidas en ellas desde el tiempo de la reconquista.
Donde se levanta hoy la iglesia colegial de San Salvador, había ya antes de reinar los Almohades una mezquita, que conservaron después los moros mudejares hasta los días del arzobispo don Fernando Tello. Existía la tradición de que el alminar de esta mezquita fué construido con los materiales del templo en que estuvo el sepulcro de San Isidoro, desmantelado por los agarenos, y que en castigo de tan punible profanación hizo Dios que nunca pudiesen desde él convocar al pueblo á la azala los alfaquíes y almuédanos, porque perdían el habla cada vez que lo intentaban. Nada que se refiera á tal conseja se halla en los autores árabes; al contrario, en la parte interior de la moderna torre exi-ste una lápida de mármol blanco, en la cual, al propio tiempo que se consigna que el alminar antiguo fué obra de un sultán Abbadita, se expresa que la parte superior de este alminar, arruinada por un terremoto en la noche del domingo, primer día de la luna de Rabié primera del año 472 (1080 de J. C), fué mandada restaurar para que el llamamiento á la oración no quedase interrumpido (2). Este templo conservó la forma de mezquita hasta el año 1669, en que, amenazando ruina, fué derribado, dejando solamente subsistir algunos de los trozos más robustos de sus paredes. Entonces fué demolida la zoma ó torre árabe, que había quedado resentida de resultas del gran terremoto del año 1396.
(1) V. al citado Batissier: Arquitectura musulinanci. — Mezquitas, pág. 41 i ; y á MoRiEK, Voyage en Perse, t. II, p. 62, not. 1.
(2) Han publicado la versión de este curioso monumento epigráfico árabe los Sres. Gayangos y Ríos, aquél en el tomo II del Memorial histórico esf>añol (p. 39O), y este en su libro de Inscripciones árabes de Sevilla (p. 105).
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Eran también mezquitas en tiempo de los Almohades los edificios que fueron luego consagrados en iglesias parroquiales bajo las advocaciones de San J^tian BaiUista, Santa Marina, San Esteban^ Santiago, Santa Catalina, San ytilián, San Ildefonso, San Vicente, San Andrés, San Lorefiso, San Marcos, San Bartolomé, Santa Cmz, y Santa Maria de las Nieves, ó la Blanca. De estos edificios, algunos ya no existen: la parroquia de Santa Cruz, por ejemplo, fijé destruida durante la invasión fi-ancesa del presente siglo; pero la mayor parte de ellos conservan, cuál su alminar ó torre, cuál su pequeño nnhraó, en que hasta ahora nadie había reparado; cuál por último otros rasgos y caracteres de su primera destinación, que en vano han pretendido borrar las refi^rmas y restauraciones de las épocas sucesivas, y que sirven admirablemente para confirmar y robustecer la vaga idea que recoge y transmite la tradición.
San Juan Bautista. — Acerca de este edificio se ha escrito y se ha fantaseado mucho. Llámasele vulgarmente Sa7L Juan de la Palma, por uno de estos árboles que había en su plaza, al cual se refiere una conseja que quizá transcribiremos más adelante. La especie de que mientras fué mezquita tuvo la misma advocación, es absurda (i), y su único fundamento es una su-
(i) Rodrigo Caro y Zúñiga lo aceptaron sin el menor escrúpulo, y sorprende en verdad esta falta de crítica en aquellos tan doctos historiógrafos. Caro en sus Antigüedades atribuye á un cierto sacerdote maronita, llamado Sergio, esta traducción de la lápida conservada en San Juan : Este es el gran templo de San Juan, el cual reedificó AxataJ] rey de Sevilla, por mandado del gran Miramamolin, el cual fué dotado de su primera hacienda por Mulei Almanzor, rey de Ecija; y esto fué en los años de 1020 habiendo una gran pestilencia en España. Y como si no fuera bastante disparatar el suponer todos los anacronismos y demás errores que se desprenden de semejante traducción, advierte que esta interpretación sumaria de Sergio fué luego explanada á su instancia por un cierto Juan Bautista, árabe de nación, de quien se valía el Santo Oficio como intérprete ; y la explanación que inserta nada absolutamente tiene que ver con la traducción sumaria ni en cuanto á los nombres, ni en cuanto á las fechas, ni por lo que hace al asunto. Zúñiga en sus Anales siguió servilmente á Caro ; pero ya su anotador Espinosa y Carzel, en la edición que dio á luz en 1795, advierte la disonancia de ambas versiones.
Tenía verdaderamente desgracia la inscripción de San Juan de la Palma: don José Antonio Conde, que para su Historia de la dominación de los'drabes e?i España, había reunido diferentes inscripciones, dejó á su muerte entre otras la que es ob-
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perchería fraguada en tiempo de Rodrigo Caro sobre la interpretación de la leyenda cúfica esculpida de relieve, en mármol, que existió en uno de sus muros. Lo único que de esta inscripción se deduce es, que donde está hoy la parroquia de San Juan hubo en tiempo de los Abbaditas una mezquita, objeto de devoción de la madre de Arrashid Abulhosein, hijo de Almotámid Alailláh Abulcásim Mohammed ben Abbad, príncipe heredero del reino de Sevilla, á la cual hizo añadir una zoma ó alminar aquella augusta señora por medio del wazir y katib Abulkasem ben Battáh en el año 1086 (478 de la egira). De aquella mezquita ¿qué resta? Difi'cil sería responder á esta pregunta. Las parroquias antiguas de Sevilla, y de casi toda la Andalucía, ofrecen como las de Córdoba (i) la planta de las primitivas basílicas, y su perfecta orientación es constante. Esta circunstancia excluye desde luego la idea de edificación mahometana ; pero como en muchos casos las mezquitas se establecieron en basílicas cristianas que ya existían, sin demolerlas, con la sola modificación de despojarlas de todo su simbolismo, y de cambiar sus ejes de manera que el largo se convirtiese en ancho, y vice versa, era frecuente la amalgama de los dos artes latino-bizantino y sarraceno en esta clase de edificios, en alguno de los cuales observamos la conservación hasta nuestros días de los pequeños miJirabs ó santuarios construidos por los sectarios del
jeto de esta nota. El bibliotecario de S. M. don francisco Antonio González, encargado á la muerte de aquel distinguido orientalista de revisarlas y confrontarlas, fuese por ligereza ó por falta de conocimientos, destinó a la inscripción de San Juan de la Palma la página ^ i 7 del tomo 1, y la hizo corresponder á la versión de otra leyenda muy diversa esculpida en el mimbar de la mezquita de Fez.
Don León Carbonero y Sol, distinguido catedrático de lengua árabe en la Universidad de Sevilla, refutó en un artículo del periódico El Porvenir de aquella capital, en Abril de 1853, las mencionadas interpretaciones, y dio la suya, muy semejante á la que nosotros publicamos, debida al docto orientalista don Pascual de Gayangos. Esta última salió á luz en un número del Semanario ^m/oresco de 1847. Posteriormente ha dado otra versión en sus Inscripciones árabes de Sjvilla el señor don Rodrigo A. de los Ríos (p. 107). — Este curioso monumento epigráfico se conserva hoy en el Museo provincial.
( 1 ) \'. el tomo de esta provincia.
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Profeta en la banda de mediodía, que es la que mira á su alquibla. Quizá nos atreveríamos á indicar como resto del templo muslímico en San Juan de la Palma la elegante aunque sencilla armadura de su techumbre, si no hubiéramos visto en otras parroquias imitaciones de este género, de los siglos xiv y xv, que se confunden con las obras de carpintería de los mahometanos. El contexto de la inscripción árabe de esta iglesia, tan célebre ya por las apasionadas discusiones de que ha sido objeto, es el siguiente: En el nombre de Alá clemente y fniscricor dioso: la bendición de Alá sea sobre Mohammad sello de los profetas. La princesa augusta madre de Arraxid Abu-l-husayn Obaidallah, hijo de Almutam,ed álai-llah Almuyyad binasri-llah Abu-l-kásim Moham,7nad ben-Abbad, haga Alá duradero su imperio y poderio asi como la gloria de ambos (el padre y el hijo), mandó levantar esta azoma en su mezquita [gue Alá conserve^ esperando la abundancia de los premios ^ y se acabó la obra con el auxilio de Alá por m,ano del wazir y katib el am,ir Abti-l-kasem ben Battáh f/séale Alá propicio!), en la luna de Xaabén del año 478. Santa Marina. — Una antigua tradición (i) supone que este templo fué construido por los visigodos en el siglo vii, antes por consiguiente de la irrupción sarracena. De haber sido mezquita tiene inequívocos caracteres en su torre, á pesar de haberla desfigurado modernamente intentando adornarla en su remate con azoteas de pésimo gusto. Afortunadamente se conservan los graciosos arcos angrelados de ladrillo que embellecieron aquella parte de la construcción cuando fué enhiesto alminar, y labores de la misma especie se advierten en el paramento exterior del muro de la derecha de la iglesia. Para decir si es ó no obra sarracena la techumbre de madera que la cubre, sería necesario examen más prolijo que el que á nosotros nos fué permitido.— Un joven anticuario sevillano (2), concienzudo explo-
(i) V. á Zúñiga, año 1261 — n.° 9.
(2) El Sr. D. José Gestoso y Pérez, en su interesante aunque conciso libro Gwía artística de Sei'ílla, p. 2 i .
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rador de las reliquias del arte mahometano en los monumentos arquitectónicos de su ciudad natal, señala como restos de la antigua mezquita en Santa Marina tres de sus capillas, en una de las cuales hay arcos sostenidos en capiteles romanos corintios. El empleo de tales capiteles es tan propio de la arquitectura visigoda como de la árabe de la primera época.
San Esteban. — El afamado analista que nos sirve de indicador, ya que no de guía completamente seguro en la escabrosa tarea en que acabamos de entrar, nos dice que antes que san Esteban se reedificase, se conocía que había sido mezquita. Nosotros añadiremos que esto se conoce todavía en la puerta de arco de herradura que existe en una de las fachadas laterales de la iglesia (i).
Santiago. — También este templo era mezquita, pero fué reedificado como el de san Esteban y no quedó entonces ninguna reliquia de aquella antigua destinación.
Santa Catalina. — Se han perdido lastimosamente las curiosidades y casi toda la edificación arábiga de esta antigua mezquita, y del manuscrito de Ambrosio de Morales que las insinuaba (2) no tenemos noticia; pero en cambio se conserva casi intacta su preciosa torre. Diríase que los cristianos no han hecho más que poner campanas en las ventanas de su cuerpo alto, derribando ó desmochando su coronación. De las dos zonas en que se divide este mutilado monumento del arte mauritano, la inferior presenta angrelados entrelazados y ajimeces ornamentales, en que alternan el ladrillo común y los azulejos, produciendo la más bella y pintoresca combinación. En la segunda zona no hay más que una espaciosa ventana de ojiva túmida en cada cara, encerrada en su recuadro ó arrabá, y á
(1) No comprendemos cómo á la diligencia del Sr. destoso y Pérez se ha hurtado tan precioso vestigio del arte árabe, que es el recuerdo más notable del primitivo destino de este edificio.
(2) ZúÑiGA, loe. cit.
Interior de la Catedral
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estas ventanas se han adaptado con visible violencia los bronces que en nuestra religión suplen á las voces de los ministros del culto para convocar á la oración al pueblo, porque en alguna de las cuatro caras se ve roto y desfigurado el arco que recibe el eje de la campana.
SE\"ILLA
San Julián. ^ — Esta iglesia, denominada san Illán en el repartimiento de Sevilla por san Fernando, fué mezquita habilitada sobre los restos de un templo visigodo. En el mismo caso se encuentra
San Ildefonso, reputada una de las primitivas iglesias de los cristianos de Sevilla, robusteciendo esta tradición el hecho notable de haber existido en ella hasta el año 1Ó49, al pié del altar de Nuestra Señora del Coral, el sepulcro del presbítero Saturnino, contemporáneo de san Isidoro , que falleció en el
primer tercio del siglo vii (A. D. ó 19) (i). No es el templo actual de san Ildefonso el que conocieron Ambrosio de Morales,
CATEDRAL. — \eria del Altar .mayor
(i) \'ieron su lápida sepulcral Ambrosio de Morales, don Pablo de Espinosa y otros varones dignos de fe. Desgraciadamente se extravió en el referido año i 64 q en que fué removida, por la gran prisa de abrir sepulturas que hubo durante la peste que castigó á la ciudad aquel año. según atestigua Zúñiga. El epitafio grabado en ella decía :
Satín ninus presbyier famulus Dei vixit anuos plus inínus LIU. Recessit in pace. Subd. II id. Novemb. Era DCLVll.
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Espinosa y Zúñiga, que aquel se arruinó afines del siglo pasado (en 1794), y en el actual buscaría en vano la codiciosa mirada del anticuario algún leve vestigio del arte visigodo ó mahometano. Su carácter greco-romano de receta, sus jónicas pilastras de yeso blanco, su tabernáculo de jaspes de insípido gusto moderno, todo contribuye á alejar de aquel recinto la esperanza de cualquier mediano hallazgo artístico. Y sin embargo, hay una imagen en el altar que hace fondo á la nave colateral de mano izquierda, que como irresistible imán atrae y fija la vista de cualquier viajero medianamente avezado á los encantos del arte. Esta imagen, que es la de la mencionada Virgeii del Coral^ ha de recibir por su dulzura y belleza secreto é involuntario culto de cuantos hayan tenido ocasión de verla una vez. Piadosas tradiciones, consignadas en la historia escrita por la devota Hermandad que la festeja, aseguran que por los años 340 ya se la tributaba culto, sin que se pueda averiguar su principio. Muy remota es por cierto la fecha que á la preciosa imagen asigna la piedad, notoriamente propensa á exagerar la antigüedad de los objetos de su veneración. Pero ciertamente la pintura de Nuestra Señora del Coral es muy primitiva. Está ejecutada sobre un cañizo que en el antiguo templo se hallaba adherido al muro (i): sus proporciones son gigantescas; su dibujo, su disposición, los adornos é incrustaciones de sus paños, la manera
(i) En un poste de la iglesia actual se lee esta inscripción : «.1 mayor gloria de Dios. — En el año //C)4 se arruinó el templo antiguo de esta iglesia de san Ildefonso .• en Noviembre del mismo se trasladó Su Majestad á san Xicolds : la imagen antiquísima de yira. Sra. del Coral, venerada según tradición hace 14 siglos en este templo, pintada sobre un cañizo de cañas en la pared, quedó en la calle hasta el año rSoj dja 2 dejulio^ que se trasladó al hueco de la pared nueva donde se conserva. El arquitecto que hizo los planos y dirigió la obra y traslación Jué don José Echamoros. En 1804 sntró de cura don Matías Espinosa, que d poco Jué director de la obra, y á su celo y esfuerzos en procurar la cooperacióti de los fieles, se debió que en enero de 1806 se trasladara á Su Majestad, sirviendo de parroquia la nave del Coral, y que continuando su infatigable solicitud quedase á su fallecimiento casi concluida... En )i de octubre de 1841. siendo arzobispo de esta diócesis el Emmo. y Excmo. señor Cardenal don Francisco Javier Cien/uegos y Jovellanos. precedida bendición del templo, se celebró función solemne y la primera misa en su Tabernáculo de jaspes, construido por José Barrado.i>
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con que está plegada, la magnitud de sus ojos y lo afilado de sus manos, todo nos recuerda los caracteres comunes de las más antiguas y bellas imágenes bizantinas. Que debió haber algunas de estas imágenes en la primera ciudad de Andalucía en los tiempos que mediaron desde Justiniano hasta san Isidoro, parece cosa indudable ; que alguna se haya conservado y por diferentes causas perdido el prestigio de su remota antigüedad, no repugna tanto, que deba sin maduro examen rechazarse (i).
San Vicente. — Antes de ser mezquita de moros fué iglesia de cristianos; pero no consta su advocación, por ser cosa demostrada que la antigua basílica de san Vicente del tiempo de san Isidoro, era la catedral, donde luego edificaron los sarracenos su mezquita mayor. No hay en la actualidad en este templo, ni en su maciza torre cuadrangular de ladrillo, resto alguno visible del arte mauritano.
San Andrés. — Esta iglesia, aunque desfigurada por las casas y edificios accesorios que se le han agregado, es una de las que más denotan haber servido de mezquita á los sarracenos, siendo luego otra vez restituida al verdadero culto. Lleva en su exterior el sello de aquella arquitectura mixta que marca la coexistencia de los tres artes bizantino, mauritano y románicoojival ; pero su señal más evidente de haber sido templo sarraceno en tiempo de los árabes y almohades es el mihrab ó santuario que en él se advierte á la parte que mira al mediodía, formando por de fuera una torrecilla que lleva su corona de almenas endentadas, distintivo de las construcciones sagradas entre los mahometanos, y su pequeña cúpula que apenas se deja ver no subiendo á la terraza de la iglesia. El ser esta torrecilla de construcción sarracena, el ocupar su hueco interior en la banda del mediodía de la iglesia el lugar mismo que en las
(i) M. Standish, en su libro Seville and its vicinity. sin decir de dónde tomó la noticia, refiere que esta imagen fue ejecutada en el año ó i 2 por un piadoso monje, ignorante del dibujo, en quien la fervorosa y tierna devoción suplió la falta de! arte. Añade que la antigua iglesia fué consagrada á san Bartolomé.
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mezquitas ocupaba el santuario ó adoratorio, y por último el no tener explicación ninguna en la planta del templo cristiano este pequeño miembro arquitectónico pegado ó adherido á la torre de las campanas, nos parecen razones bastantes para justificar una conjetura que, por lo mismo que fuimos los primeros en formularla hace treinta y un años, no debimos aventurar con plena seguridad. En idéntico caso se encuentra
San Lorenzo, donde también hicimos observar en el costado de mediodía la mencionada torrecilla coronada de almenas endentadas y cúpula, sin aplicación alguna á las necesidades del templo cristiano. Los que califican de mudejar esta edícula, no sabrían dar razón de su uso. Pero en esta iglesia hay además otros vestigios del arte islamita. La torre principal, que es una masa cuadrangular pesada, toda de ladrillo, está dividida en dos cuerpos: en el inferior, y sobre una puerta que se conoce hubo allí en lo antiguo, se advierte una pequeña ventana de herradura, á medio tapar; en el superior hay varias ventanas grandes de la misma forma, en la fachada principal completamente tabicadas, y convertida una de ellas en angosto tragaluz ojival, prueba evidente de una restauración hecha después de la reconquista en el antiguo edificio mahometano (i). Se equivocó evidentemente el erudito Zúñiga al afirmar que este templo de san Lorenzo nada tiene que suponga mayor antigüedad que la de nuestra conquista (2). El propio error cometió respecto de
San Marcos, que es por varios conceptos uno délos templos más interesantes de Sevilla. Entre las cosas que en él ofrecen más materia de estudio, debemos notar la concurrencia de dos estilos, semejantes hasta el punto de confundirse uno con otro, y sin embargo, de épocas distintas, como son el mauritano que
(i) En este templo se halla la famosa imagen de Nuealra Señora de Rocama,- mador á que tradiciones piadosas, pero infundadas, dan antigüedad del tiempo de los godos. Es bellísima y devota pintura, pero en nuestra humilde opinión no anterior al siglo XIII en que se extendió por España la devoción á las imágenes de esta advocación, como en su lugar oportuno diremos.
(2) Ancil .V\h.\\. año i26i,n.°Q.
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practicaban los almohades, y el de los moros mudejares, posterior á la reconquista. La portada de la iglesia de san Marcos pertenece á este segundo estilo, mezcla bizarra y graciosa de dos artes de opuestas procedencias y fundidos como las costumbres de las dos civilizaciones de Oriente y Occidente, que ellos caracterizan en los siglos xiii y xiv. Basta observar el arco de entrada, el tejado sostenido en canes que le cobija, las tres estatuillas que ocupan su vértice y sus enjutas, en que se ve representado bajo toscas marquesinas el sagrado misterio de la Anunciación; basta ver la exornación semi-románica de aquella archivolta; los siete baquetones del intradós y los capiteles de las columnillas que forman como su continuación bajo la imposta en que descansa la grande ojiva, para reconocer desde luego que la ancha faja de arcos angrelados ornamentales que sirve de friso á esta graciosa portada, es, por decirlo así, la firma autógrafa de artífices moros empleados en tiempo de don Fernando el Santo ó de sus inmediatos sucesores en la restauración de este templo. Anterior en fecha su torre, presenta el estilo mauritano puro, sin mezcla alguna de rasgos tomados á la arquitectura cristiana de Occidente. Asegúrase que fué construida como un ensayo para levantar la Giralda; pero sobre no tener semejanza exterior con aquella más que en el estilo, puesto que en la distribución del ornato es de todo punto diferente, su disposición interior nada ofrece de análogo á la de la famosa torre de Yakub. La torre de san Marcos se asemeja en su planta á las de santa Catalina y otras que hemos nombrado, del tiempo de los Almohades, que, aunque probablemente contemporáneas de la Giralda, tienen muy poco de común con ella por lo tocante á la estructura.
Fueron también mezquitas antes de la conquista de Sevilla por san Fernando, las iglesias actuales de sa7i Bartolomé y santa María de las Nieves ó la Blanca, y la antigua de Santa Críiz demolida por los franceses á principios de este siglo. Habían morado entre árabes y moros los judíos desde que cayó
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España bajo el cautiverio del Islam. Tenían su barrio aparte dentro de la ciudad, y con más razón habían de vivir separados después de restituida ésta al imperio del cristianismo. Entonces asignó el rey don Alonso el Sabio para Aljamía de los hebreos, ó Judería, las tres mezquitas citadas, y por esta cláusula del repartimiento nos consta hoy su origen. Un escritor extranjero que vivió largo tiempo en Sevilla (i) y que por lo tanto debía estar regularmente informado de las cosas de esta ciudad, aseguraba que la iglesia parroquial de san Bartolomé conservaba su antigua forma, faltando sólo en ella las leyendas hebraicas. Pero nos parece esto mera ilusión del citado escritor, porque todo en este templo es moderno (2). Otro tanto puede decirse de Santa María la Blanca^ en la cual nada hay absolutamente que recuerde ni su primitiva dedicación ni su aplicación al culto israelita. De la de Santa Cruz antigua ¿qué podremos decir no habiendo dejado de ella los franceses invasores piedra sobre piedra? Hallábase contigua al muro que corre desde la que fué puerta de la Carne hacia el Alcázar, y lleva como triste recuerdo el nombre á^ plazuela de Santa Cruz aquel lugar de bárbara devastación (3).
(i) El citado Standish en su Seville and ils viciniiy.
(2) En una de sus notas á los anales de Zúñiga dice en electo don .Antonio Espinosa y Carzel que la Iglesia de san Bartolomé se derribó por amenazar ruina.
(3) Al demolerse la antigua iglesia de Santa Cruz fué la parroquia trasladada á la iglesia de los Venerables, y posteriormente á la que había sido de clérigos menores, en cuyo convento vivieron en la feliz época denominada siglo de oro algunos varones de grande ingenio y sabiduría : entre ellos cita el señor Ríos en su Sevilla pintoresca al delicado poeta Pedro de Quirós. autor de los madrigales más bellos que se han escrito en lengua castellana.
CAPITULO XXII
De otras construcciones del mismo tiempo. — Término de la dominación
islamita
las construcciones religiosas se agregaban las civiles y militares para hacer de la corte de los Almohades una de las capitales más intere-
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santes y bellas de España. Créese que los '^' sultanes abbaditas, almorávides y almohades tuvieron todos suntuosos alcázares ó palacios: consta que donde está hoy el convento de religiosas de san Clemente existieron los alcázares de BzóRageL y reconocen los modernos arqueólogos sevillanos que hubo otros donde descuella hoy el soberbio alcázar del rey don Pedro, de que trataremos más adelante.
Tenían algunos por obras de arquitectura sarracena la casa llamada de Olea, en la calle de la botica de las agzias, y otra parte de casa particular que aún se conserva en la calle de los Abades. Tal opinión era errónea: el precioso salón de la casa de Olea y sus piezas adyacentes son de seguro obra de artífices
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mudejares, de aquellos que en el espacio del siglo xiii al xv labraban en Andalucía según el refinado estilo morisco, tan delicado y prolijo en la ornamentación de estuco pintado y dorado, la mayor parte de las viviendas de los ricos-hombres. El arte de los moros almohades, si bien se observa comparándole con el de estos artífices mudejares, es menos primoroso, menos selecto en el ornato, ofi'ece menos regularidad racional y es, digámoslo así, más amanerado, como lo demostraría desde luego el paralelo que podríamos hacer entre la decoración de la Giralda de Sevilla, obra conocidamente mauritana, y cualquiera de las partes ornamentales de la Alhambra, creación primorosa de artistas de sangre árabe-andaluza. Pero nos contentaremos con manifestar que estas dos arquitecturas, la mauritana almohade, y la morisca que durante los siglos xiii, xiv y xv practicaron en los dominios de Castilla los mudejares, se diferencian principalmente, desde el punto de vista estético, en que la primera descubre un gusto bastardo, que imita más que siente, y hace suyas, violentándolas, formas que no le son propias; al paso que la segunda, cultivada por inteligencias en quienes es instintivo el sentimiento del bello ornato, no pierde nunca de vista el garbo, la gracia y la gallardía, y por lo mismo no cae jamás en la aberración. Aquella, en suma, revela al instante el esfuerzo del hombre bárbaro civilizado por el triunfo ; esta ofrece el carácter constante de las obras del hombre de gusto y sabio en todas las épocas de su próspera ó adversa fortuna ; ambas son la fiel expresión de la cultura en pueblos de orígenes y aptitudes diferentes. Nadie sin embargo ha analizado bien hasta ahora el arte de los Almohades, que, desapasionadamente considerado, podría tal vez servir de fundamento á una nueva teoría sobre el desarrollo de la arquitectura musulmana en España (i).
(i) Es seguro que las innovaciones que caracterizan en los siglos xi y xii la arquitectura musulmana en España no pueden explicarse como demudación natural del arte árabe del Califato y como una preparación ó transición al arte granadino, porque entre el estilo llamado secundario, que nosotros denominamos mau-
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Estas reflexiones nos conducirían á describir ahora el suntuoso Alcázar de Sevilla, si este famoso monumento en su actual estado no perteneciese principalmente al estilo sarraceno practicado en el siglo xiv por los alarifes mudejares ; pero deben tenerse presentes para cuando lleguemos á esa época. En el actual capítulo sólo nos cumple señalar la fecha de su primera edificación y sus partes verdaderamente primitivas.
Es fábula ya desacreditada la que atribuye á Abdalásis la erección de esta magnífica fortaleza y vivienda, pues según dejamos indicado, lo probable es que la morada de aquel famoso y desgraciado gobernador estuviese en el Prado de Santa Justa, en una iglesia que había allí entonces consagrada á santa Rufina. En Sevilla no tendrían los sarracenos ningún alcázar de grande importancia hasta que fué capital de un reino independiente al fraccionarse el Califato cordobés. Entonces los Abbaditas, tan dados al fasto y á la molicie, procuraron sin duda establecerse de una manera digna de sus levantadas aspiraciones y formaron para sí aquella lujosa residencia que tanta admiración causó al africano Yusuf Ben Texfín. jefe de los Almorávides, por las delicias de todo género con que brindaba a sus felices habitadores. No se sabe de fijo dónde levantaron su palacio los fundadores de la dinastía de Ben Abbad, pero como verdaderamente la situación de los alcázares actuales es la más favorable que puede ofrecer Sevilla para una vida cómoda y regalada, parece regular que lo verificaran en el paraje que ocupan estos. Robustece esta conjetura la circunstancia de conservarse en el vasto compuesto de construcciones heterogéneas que presenta el soberbio edificio, algunas partes que son reliquias evidentes de otra magnífica obra de arquitectura verdaderamente
ritano. y los otros dos, árabe-oizantino y andaluz, en medio de los cuales florece, hay muy poca correspondencia: mientras que por otra parte es evidente que los monumentos sarracenos de Fez, Marruecos, Rabat y demás ciudades africanas de los reinados de Yusufben Texfín. Abdel Mumen ben Alí. Elmansur. Nasser, etc., ofrecían desde antes de la venida de los Almohades á España los principales caracteres del ornato generalizado en tiempo de éstos.
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arábiga, y anterior de consiguiente á la venida de los africanos á Andalucía. Los Almohades borraron con la suya las huellas de la magnificencia de sus predecesores, á tal punto, que hoy es sumamente arriesgado decir qué partes de la complicada y tantas veces refundida máquina deben considerarse como tenaces residuos de la construcción de los abbaditas. Lo son quizá las estancias en que campean como sostenes los arcos de herradura, fundándonos para creerlo así en el desuso casi completo en que esta especie de arco había caído bajo el influjo del arte mauritano. El famoso Salón de Embajadores ofrece una insigne muestra de tan antigua y respetable procedencia: su cuerpo inferior es de arcos ultrasemicirculares que involuntariamente traen á la memoria las graciosas arquerías de la mezquita de Córdoba (i). Las ricas columnas que los sostienen, y sus dorados capiteles, de orden corintio, esculpidos con delicadeza y frescura incomparables, — algunos de los cuales llevan esculpidos los nombres de varios califas de Córdoba como dato auténtico de su procedencia arábigo-bizantina, — contribuyen á aumentar esta semejanza.
En este edificio tan complejo, resultado de las aglomeraciones y superposiciones de muchos artes diversos, es de dificultad suma el discernir los residuos de cada época. Parécenos sin embargo que puede servir de regla general para reconocer la obra del período más antiguo y propiamente árabe, ó abbadita, la cimbra ultrasemicircular, que tan gallarda y majestuosa hemos visto campear en el cuerpo bajo del Salón de Embajadores. Guiándonos por esta regla, atribuímos al propio período la vis-
^i) Han negado resueltamente la antigüedad que nosotros atribuímos á la parte baja de este Salón de Embajadores los señores don José Amador de los Ríos y su hijo don Rodrigo, aquél en la monografía de las Puertas de dicho salón (S\///- Stio español de antigüedades, \..\\V), Y é^^Q en su citado libro de las Inscripciones árabes de Sevilla; pero es de notar que ni el padre ni el hijo han hecho otra cosa más que probar, con gran erudición y riqueza de datos por cierto, que así la ornamentación de estuco de dicho salón como sus puertas de madera, son obra de artífices mudejares : lo que nunca hemos negado nosotros. En igual defecto ha incurrido el señor Gestoso y Pérez por seguir á aquellos harto servilmente.
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Detalle de la Catedral
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tosa arcatura ascendente de la angosta escalera que conduce desde el patio de entrada á la galería superior, y va á salir junto al mirador ó coro de la capilla; y los tres hermosos arcos sostenidos en bellísimos capiteles, que, como único resto de decoración de una estancia abandonada, permanecen en una sala inmediata á la llamada del Príncipe.
No nos es posible dar más pormenores acerca del Alcázar que habitaron los sucesores de Al-mahdí: las reconstrucciones, ensanches y modificaciones que en él se llevaron á cabo después bajo el reinado de don Pedro el Cruel, y aun en épocas posteriores, fueron lentamente desfigurando la suntuosa morada de los sultanes hasta el punto de hacer imposible su restauración ideal.
Por la misma razón es también muy aventurado señalar su antiguo perímetro, é indicar en los muros que le circuyen la parte de construcción sarracena que puede haberse conservado hasta nuestros días. El recinto de los Alcázares (tal es el nombre que á este palacio se da en la inscripción de su vistosa portada) es hoy irregular y muy vasto; pero aún era más extenso en los pasados siglos. Estaba todo él fortalecido con una robusta muralla, guarnecida á trechos de torres albarranas de planta cuadrangular, como las que todavía duran en su parte anterior y en toda la extensa línea que corre desde la plaza del Triunfo, por la Lonja y \2. plaza de Santo Tomás, hasta ^ postigo del Carbón. Ocupando el ángulo que el extremo del mediodía déla ciudad forma con el río, la muralla de la población ceñía sus jardines por la parte posterior: \2. puerta de Jerez, hoy demolida, era su principal entrada, y esta muralla se prolongaba hasta sepultar su pié en las arenas mismas del Guadalquivir, donde á manera de calahorra descollaba la gruesa y robustísima torre que lleva el nombre de Torre del Oro. Esta fábrica, ya completamente aislada, servía como de primer baluarte por el lado del río á la ciudad y al Alcázar juntamente, pues estando en comunicación con la muralla, por ella podía recibir en cualquier
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asedio refuerzos de ambos presidios (i). Su estructura era próximamente la que aparece en el dibujo que á esta descripción acompaña (2): fortaleza de dos cuerpos, cuya planta forma un polígono regular de doce lados, alzábase el segundo sobre el inferior á manera de esbelta almenara ó atalaya, desde cuyo terrado, despojado de la linterna y cupulino que hoy le afean, se registraban las dilatadas llanuras de una y otra parte de la ciudad. La decoración de arcos ornamentales y la coronación de almenas de ambos cuerpos, pertenecen al parecer á la edificación sarracena ; pero no así la ancha escalera interior de la torre principal ni los espaciosos vanos que la dan luz.
La Torre del Oro, hermosa por su forma, dice Zúñiga, fué hecha según se puede presumir para cerrar y defender el paso de Tablada al Arenal: créese que los adornos de azulejos que antes tenía, y que ha deshecho el tiempo, despidiendo rayos cuando la herían los del sol, le dieron aquel nombre, así como el de torre de la Plata á otra poco más retirada del mismo muro (3), cuya brillante blancura semejaba tersa y bruñida plata.
Sevilla, doloroso es decirlo, profesa muy poco respeto á sus antigüedades, y la manía de rivalizar con las ciudades modernas la hace despojarse paulatinamente del bello carácter monumental que constituía su principal atractivo. Hoy los alrededores del Alcázar no presentan ya la misma fisonomía romántica que ostentaban hace veinte años: desaparecen las cosas antiguas y sus nombres, y pronto llegará el día en que no haya en la hermosa reina del Guadalquivir quien recuerde lo que eran aquellos mudos pero elocuentes testigos de los gloriosos días de San Fernando. En nuestro primer viaje á Sevilla, describimos aquel cuadro de los contornos del Alcázar, entre interesante y melancólico, del modo siguiente (4):
( 1 ) El trozo de muralla que unía la Torre del Oro con el Alcázar subsistió hasta el año 1821 en que la mandó derribar el Ayuntamiento.
(2) Véase la lámina Torre del Oro.
(3) Situada junto al postigo del Carbón, en la calle de Atarazanas.
(4) Recuerdos y Bellezas de España : tomo de Sevilla y Cádiz, p. ?6o.
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«Al pié de la Torre del Oro vierte en el Guadalquivir el j> arroyo del Tagarete, uno de los tres que fertilizan el campo de «Tablada, extensa llanura cubierta en tiempo de los árabes y » moros por un espeso bosque de pinos de alerce y cedros. El «Tagarete lame la muralla del Alcázar y la de la ciudad desde »la puerta de Jerez hasta el Arenal, y cerca del punto donde »hoy se eleva la torre de la Alcantarilla debían estar enfrenadas »en aquella época con algún puente las márgenes del traidor » arroyo, porque en el muro se advierten todavía señales de la » puerta por donde es tradición que entraba de noche el rey San «Fernando, durante el cerco de Sevilla, para venerar la imagen »de Nuestra Señora de la Antigua^ conservada por divina dis- > posición en la mezquita principal (i).» Junto á la misma Torre del Oro había un murallón ó estribo, á que correspondía otro semejante en la opuesta ribera del río, y de uno á otro atravesaba una gruesa cadena de maderos eslabonados con argollas
(i) Aunque la tradición asigna á la imagen llamada la Antigua un origen visigodo ó bizantino, creemos que en la pintura que en la actualidad la representa no pueden señalarse caracteres anteriores al siglo xiii. Por esto principalmente, más que por lo que pudiera repugnarnos el haberse conservado la santa imagen en la mezquita sarracena desde el tiempo en que esta mezquita era basílica cristiana, nada hemos dicho de ella al hablar de la basílica catedral de Sevilla en tiempo de los visigodos. No ocultaremos, por otra parte, que la mencionada tradición tiene defensores muy eruditos y de no escasa crítica, y que refiriéndose á la época de San Fernando, de que tantos documentos históricos se conservan, se hace duro creer que sea pura ficción. Que se hubiese conservado la imagen de la Antigua en la mezquita de Sevilla desde la entrada de los agarenos hasta su expulsión, no es de todo punto imposible, si, como dice Zúñiga, los moros en vez de destruirla se limitaron a levantar delante de ella una pared para tapiarla. Los mahometanos al cabo, aunque iconoclastas, reverenciaban a la madre de Jesús como una de las mujeres cuya santidad reconoce el Corán. I'".l punto principal de la dificultad estriba en nuestro concepto en la fecha que puede racionalmente asignarse á dicha pintura, no anterior, como queda dicho, al siglo xiii. ^^No sería posible que la primitiva imagen de la Antigua hubiera perecirlo, y que la actual se hubiese sustituido á aquella para perpetuar la tradición?
Pueden consultarse acerca de esta venerable imagen el Discurso historial de Nuestra Señora de la Aníigua del ven. P. Francisco Ortiz, el Compendio de los Girones de Gudiel, la Vida de San Fernando de D. Nicolás Núñez de Castro, las Fiestas de la Sania Iglesia de Sevilla de don Fcinando de la Torre y Farfán, el Compendio historial de Santuarios de Nuestra Señora del secretario Juan de Ledcsma. y los Anales de Zúñiga.
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de hierro, para proteger el puente de barcas que desde el Arenal se dirigía al castillo de Triana. Por medio de este puente, al cual servía de cabeza fortificada el mencionado castillo, estaba en comunicación la ciudad con el Ajarafe, distrito vasto y fértilísimo del cual recibía la populosa Ishbiliah todo género de mantenimientos, y donde los magnates sarracenos tenían sus quintas y casas de placer.
El Ajarafe de Sevilla, delicioso paraíso en cuya alabanza muchos escritores árabes apuraron las galas de su exaltada y rica imaginación, se halla descrito de la manera siguiente por un poeta anónimo en unos versos que dirigió al sultán abbadita Almutámed: Sevilla es una joven desposada: sil esposo es Adbad; SIL diadema el Ajarafe: su collar el zindoso rio (i). El Ajarafe eñ efecto, dice el poeta Ibn Saffar, sobrepuja en belleza y fertilidad á todas las tierras del mundo; el aceite de sus olivos llega á la misma Alejandría; sus aldeas y granjas son superiores á las de los otros países por su extensión y comodidades, y por las hermosas líneas y adornos de sus construcciones, que, siempre blancas y limpias, semejan otras tantas estrellas en un cielo de olivares. Recuerdan con placer los historiadores árabes el dicho de aquel andaluz que después de haber visitado las ciudades del Cairo y de Bagdad, como le preguntasen cuál de estas dos poblaciones reputaba superior á Sevilla, respondió : el Ajarafe es tina algaida sin fieras ; y síl Guadalquivir un Nilo sÍ7i cocodrilos. Uno de los autores citados por Almakkari hace del Ajarafe la exacta descripción siguiente : « es una extensa comarca que mide unas 40 millas de longitud y casi otro tanto de anchura, formada de vistosas colinas de tierra rojiza, en las cuales hay bosques de olivos é higueras que ofrecen al viajero en las calurosas horas del estío deliciosa sombra. Contiene esta comarca una numerosa población diseminada en hermosas granjas ó aglomerada en caseríos, en ninguno de los cuales faltan mercados
(i) Almakkari, lib. I. cap. 4.
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bien provistos, limpios baños, lindas construcciones y otras comodidades que sólo suelen encontrarse en ciudades de primer orden.» Este fértilísimo territorio, que los antiguos llamaron huerta de Hércules, y que los sarracenos denominaron Xaraf ■^or su conformación (i), se eleva gradualmente al occidente de Sevilla después de tenderse a la orilla derecha del Guadalquivir en espaciosa vega. Sus alturas estaban cubiertas de alquerías, aldeas y lugares, según indica el escritor árabe, y venían á formar como una población continua, en todo abundantísima, de que recibía Sevilla ordinario y copioso bastimento. Eran cuatro sus principales poblaciones: Aznalfarache (hoy San Juan de Alfarache), Aznalcazar, Aznalcollar y Solúcar de Albayda (2), lugares fuertes y murados, donde los mahometanos recogían las rentas de la comarca. También daban éstos el nombre de viontaña de las mercedes (jeblarraJimah), por su extraordinaria fertilidad, á la cortina que forman las alturas del Ajarafe, en las cuales se producían con sorprendente abundancia las famosas higueras llamadas gótica (al-kutti) y velluda (Ash-sharí).
Terminaremos el cuadro de Sevilla en tiempo de los Almohades con un ligero resumen de las grandezas que por sus dispersas reliquias hemos ido analizando. Considerada la ciudad, corte y asiento del imperio islamita, en su forma material, su figura venía á ser la de un pavés ó escudo tendido de N-O. á S-E. Su cabeza y lado derecho los formaban la muralla con sus torres, defendida con barbacana y foso, y ocho puertas con la salida angosta y de costado: la de Bib-Ragel, la Macarena, la de Córdoba, la del Sol, la de Bib-Alfar (ó del Osario, por el que allí cerca tenían los moros para su entierro), la de Carmona, la de Bib-Ahoar, en cuyo distrito estaba la Judería (que fué modernamente llamada de la Carne, por haberse edificado junto áella
(1) Al A'ii;a/'cn arábigo quiere decir, en efecto, tierra alta ó de colinas. V. á Zúñiga, lib. 1, año i 246, n.° 8, y al Sr. Gayangos en su nota s ai cap. III, lib. 1 de Almakkari corrigiendo la etimología que supuso Conde.
12) ZÚÑIGA, loe. cit.
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el Matadero), y otra que había cercana al Alcázar, cuyo nombre no se ha conservado.
Estas puertas eran verdaderas fortalezas (i). Estaban defendidas con torres y rebellines, sus salidas eran angostas y nunca de frente, el paso del exterior á la ciudad formaba recodos y revueltas; muchas veces el primer paso conducía á una plaza de armas cuadrada, con otras puertas angostas en una y otra banda. Las puertas de Sevilla, dice Morgado, estaban espesadas de clavos y plancheadas de hierro sobre dttros cueros y con rastrillos acerados. Y porque les aseguraba la mejor defensa el rio Giiadalquivir, que por toda la parte que mira al occidente cerca y defiende la media ciudad con las seis puertas que le caen por aquella banda; tenian de propósito por la otra parte de la ciudad los muros y todas sus torres más fortalecidos y levantados, y al tanto sus barbacanas y la cava más ancha y ahondada.
El lado izquierdo de la figura á que hemos comparado el contorno exterior de la ciudad, eran la majestuosa curva del río, el Arenal, y otra serie de murallas y puertas, por esta parte sin foso ni falsabraga por tener enfrente la poderosa protección de los castillos del Ajarafe. Cuatro eran las puertas en este lado, no contando la de Bib Ragel ó de la Barqueta, que ocupaba el ángulo norte de la ciudad : los nombres que les daban los sarracenos no constan, pero sí los que las distinguían en los primeros años de la reconquista, según las escrituras de aquel tiempo, y
(1) Del \'\hvoSeviUe.xnd üsvicinily de M. Standish, otras veces citado, sacamos la siguiente descripción dedos de estas puertas en su antigua forma y disposición. « La puerta del Sol actual, no es la antigua : aquella se hallaba defendida por una gruesa torre, donde estaba la primera entrada. Después de pasada esta, había que volver á la derecha por un pasadizo pegado á la muralla, que se observa todavía desde 1 i parte exterior: especie de llave de seguridad, muy elogiada de los arquitectos. De aquí se pasaba á una segunda fortificación que seguía la linca del foso.))— «Puerta A/aca;t;«a. Era esta puerta antiguamente una fortaleza: tenía un arco principal con una inscripción (que creemos deber omitir por su insignificancia), por el cual se entraba en un recinto cuadrado, donde había otros dos arcos á cada lado, y estos daban salida al campo. Pero entre estos arcos había una puerta grande y fuerte, que conducía á otro recinto cuadrado más pequeño que el primero, con una puerta que daba entrada á la ciudad. Los reyes, al pasar, dejaban las llaves en estas dos puertas últimas.»
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eran: puerta del Ingenio ó del Engeño (luego de san Juan, por el vecino templo de san Juan de Acre), puerta de Goles (luego Real, por donde se cree entró triunfante san Fernando), puerta de Triana ó de Trina ^ y puerta del Arenal. Además se cree había un postigo, que después llevó el nombre de las Atarazanas^ por donde se supone salió Axataf á recibir al Santo rey y á entregarle las llaves de Sevilla (i). La puerta del Ingenio, así llamada por el antiguo muelle en que descargaban las naves sus mercaderías, se supone edificada por un personaje moro, hijo de Ragel, que tenía unos palacios cerca de la otra puerta inmediata, la cual tomó de aquí el nombre de puerta de Ragel: (Bib-Ragel) (2). Estos palacios son nombrados en el repartimiento hecho por San Fernando Palacios de los reyes moros^ y aunque hay quien afirma que fi.ieron construidos por el rey Yakub (3), no creemos fundada esta noticia. Tenía la puerta del Ingenio una torre con cuatro ventanas, y en el centro una lápida con una inscripción arábiga (4). — La puerta de Goles (voz corrompida de Hércules) se denominaba así por tener en frente el Ajarafe, que llevaba también el nombre de Juicrta de Hércules. Hasta aquí llegaba el muelle antiguo de Sevilla sarracena, y en todo aquel espacio que hoy se llama el barrio de los humeros tenían los mahometanos sus atarazanas ó arsenal, fábrica y guarda de sus barcos y bajeles, y también sus chozas y barracas los marineros y pescadores del Guadalquivir. — La puerta de Triana, llamada también Trina en algunos privilegios del rey don Alonso el Sabio, probablemente porque se componía de tres arcos, no estaba donde la vimos modernamente, si bien tenía su asiento allí cerca, en la Pajcria. Contiguo á ella se halla-
(i) Zúñiga, año 1248,11. 18.
(2) Estos palacios próximos á la puerta de Bib-Ragel ó de la Almenilla, ó Barqueta, fueron cedidos por San Fernando al convento de san Clemente.— \'. á Zúñiga, año 1249, n. 7.
(3) El citado M. Standish en su capítulo Vucrla.s de Sevilla (Gales of Seviíle) p. 307.
(4) Id. ibid.
SEVILLA. — Fachada de Omnium Sanctorum
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ba el palacio que se decía haber habitado san Hermenegildo, del cual existían ruinas en la misma Pajería con el nombre de casa de los Leones, tomado de dos figuras de piedra de estos animales, que, con sus correspondientes coronas, como indubitado escudo de los antiguos reyes godos, hicieron quizá poner allí, y por largo tiempo conservaron, los Castillos, don Alonso Carrillo y don Pedro Suárez su hijo, poseedores de aquella venerable antigualla en el siglo xvi. Era esta puerta la más cer- >^ana al puente de barcas que unía á Sevilla con el castillo de Triana y el Ajarafe.
La punta del escudo era la puerta de Jerez, así llamada por comunicar con el camino que conducía á la ciudad de Xiraz, hoy Jerez de la Frontera. Esta puerta pertenecía al Alcázar, pues como queda indicado, la muralla de la ciudad servía de recinto á aquellos palacios por la parte de mediodía.
Una línea imaginaria partía á lo largo en dos mitades el plano de Sevilla: en esta especie de eje mayor estaban el Alcázar, la mezquita principal, y subiendo hacia el centro, las otras dos mezquitas ya descritas que son hoy san Salvador y san Juan de la Palma. Los demás adoratorios de los musulmanes estaban diseminados á uno y otro lado por toda la ciudad.
De la situación de los mercados, escuelas, famosas academias, baños públicos, hospicios y hospitales, no tenemos noticia segura (i).
Los palacios secundarios eran tres: uno el que estaba junto
( I ) Sábese solo por el repartimiento que hizo el rey don Alonso el Sabio el lugar que ocupaban algunos baños. Estaban estos donde se establecieron después las parroquias de san Juan de la Palma y san Ildefonso, y el convento de Recogidas del Nombre de Jesús en la parroquia de San Vicente. Estos últimos baños, llamados de la reina mora, fueron dados á la reina doña Juana, viuda de san Fernando, y de aquí tomó parte del barrio de san Vicente el nombre de los Baños de la Reina.
También existe memoria del lugar que próximamente debió ocupar el famoso mercado ó casa de la Seda, llamado la Alcaiceria, pues al designarse en el mencionado repartimiento la casa que se dio al Almirante don Ramón Bonifaz, se la supone «frontera de la santa Iglesia á la entrada de la calle de Placentines hasta la Alcatjeria.n V. a Zúñiga. lib. II. año i 25 3— números 4 y 24.
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á la puerta de Ragel (Bib-Ragel); otro el que había servido de morada á Abdalásis, en la iglesia de santa Rufina, extramuros de la ciudad, al levante, y junto al Prado de las Vírgenes. El tercer palacio, deshabitado quizá, era el de san Hermenegildo cerca de la puerta de Triana. — Con los jardines y huertas de la Macarena que la engalanaban al norte, la llanura y bosque de Ta blada que la brindaban con sus cereales y maderas por oriente y mediodía; el acueducto que desde Carmona le traía caudaloso y limpio raudal de aguas ; el Ajarafe que la surtía de exquisito aceite, frutas y legumbres, y la ponía en contacto con los pingües productos de Tejada y Niebla y con las naturales defensas de la Sierra ; con los fuertes muros que por la parte de tierra la cercaban, con el río que era su principal arteria comercial por el lado de poniente, y con los castillos que á la parte opuesta del Guadalquivir protegían el río y su puente y ocupaban todas las eminencias desde Aznalfarache hasta cerca de Itálica; por último, con la rica mina de mármoles labrados que en esta vecina y célebre colonia tenía, con los silos ó graneros que recataba en sus contornos y con los espaciosos muelles y arsenales que encerraba su Arenal desde la Torre del Oro á la puerta de Bib-Ragel, era Sevilla una de las ciudades mejor abastecidas, mejor situadas, más prósperas y defendidas del imperio muzlemita en Andalucía. No era fácil intentar contra ella un golpe de mano. Aun después de tomadas todas las ciudades de la campiña por la parte de levante, podía resistir un largo asedio confiada en sus murallas, en las inundaciones y barrancos del Tagarete, y en los angostos y bien fortalecidos desfiladeros que formaban los puentes del Guadaira. Por el occidente la hacían inexpugnable la montaña y sus castillos. Sólo interceptando el río y cortando sus comunicaciones con Triana, el Ajarafe y la Sierra, se la podía poner en mortal aprieto; pero el río estaba defendido al mediodía por su misma corriente, difícil de remontar contra las embestidas de las naves sevillanas, y más aún contra los tiros de los castillos de Aznalfarache y de la banda
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Opuesta, y contra la resistencia de la Torre del Oro y de las recias cadenas que protegían el puente; y de nada servía bajar por él desde Itálica y exponerse á los golpes de la ciudad y de Triana, mientras subsistiese el puente que cortaba la salida y hacía de ambas orillas una sola población. El único medio de aislar á Sevilla era romper su puente ; pero esta empresa se reputaba superior al poder y al ingenio de cualesquiera enemigos.
El número de las alquerías y torres que rodeaban la ciudad embelleciendo su campiña era extraordinario, según se colige por el repartimiento del rev don Alonso el sabio. Es lástima que como este curioso documento no marca su situación, sólo nos sean conocidos sus estropeados nombres. Debían ser de las principales la de Beii Abenzohai\ la de Espartinas^ la de Villanueva, la torre de Aben Haldon, la del Alntíiedano, la de Alhadri (en término de x^znalfarache), la de Rosliñana, la llamada Varga Sanctarem, la de Vcsvahet, la de Albibeien, la de Otira, y las ochenta que próximamente fueron cedidas al concejo de Sevilla por el famoso privilegio llamado de las Alquerías^ repetidas veces publicado (i).
Digamos ya cómo acabó en Andálus la dinastía de la egregia sangre de Abdulmúmen ó de los Almohades. Dejamos al sultán Mohammed Annásir derrotado en las Navas de Tolosa y al Islam presintiendo en aquella rota su próxima ruina. Annásir murió en Marruecos el año 6i6 de la egira (A. D. 12 19), y fué llamado á sucederle su hijo Abú Yacub Yusuf ^/-w?/;.^/^?;^^^^, quien por su indolencia y excesivo amor á los deleites, lejos de remediar los males que al Estado trabajaban, sólo contribuyó á agravarlos. La decadencia fue rápida bajo su infeliz reinado, y
(i) El lector hallará razón individual de todas ellas en Zúñiga al tratar del mencionado Repajiimienio ; pero repetimos que se echan muy de menos las noticias referentes á su situación. Lo propio sucede con las casas de Sevilla en que fueron heredados muchos príncipes, prelados, prebendados, ricos-hombres, caballeros hijosdalgo, órdenes religiosas y militares, etc.. pues nunca se especifican más que las colaciones ó parroquias en que estaban.
la debilidad del gobierno fué en aumento. Murió Al-mtistanser en Marruecos sin posteridad el año 1223, y le sucedió un tío de su padre llamado Abdul-wahed Ben Yusuf, á cuyo advenimiento se opuso un pariente suyo, por nombre Al-ádil Ben Al-mansur, que fué proclamado sultán en Murcia. Al llegar á Marruecos la nueva del levantamiento próspero de Al-ádil, Abdul-wahed fué asesinado por los parciales del rebelde; pero éste sufrió pronto la expiación merecida, porque los cristianos le causaron una vergonzosa derrota que le obligó á poner por medio el Estrecho dejando el gobierno de Sevilla á su hermano Abul-ala Ydris, por otro nombre Ydris Almámum. Este, en cuanto supo que Al-ádil se había visto forzado á abdicar en Marruecos en la persona del incapaz é inexperto Yahya, hijo de Annásir, tentado de una codicia que hacía disculpable la conciencia de su superioridad, se hizo proclamar cah'fa en Sevilla. Pero aunque las dotes de Abul-ala le hacían digno de un largo reinado, alzósele en las fronteras de Murcia un competidor más afortunado y que no le cedía en calidades de príncipe y de guerrero, teniendo además en su favor el prestigio de la sangre andaluza de Ben Hud, ilustre en el trono de Zaragoza, que corría por sus venas. Este peligroso émulo, llamado Mohammed Ben Yusuf Aljodhamí, se declaró en abierta rebelión, le derrotó en varios encuentros, y le obligó por fin á abandonar la Andalucía para ir á proseguir en África la guerra contra el débil Yahya y erigirse allí en único arbitro de toda la tierra occidental. Abul-ala fué el último de los almohades que imperaron en Sevilla : su reinado, ya queda dicho, continuó en África, y allí tuvo cuatro sucesores que no deben contar entre los sultanes andaluces. Así se extinguió la dinastía de Abdul-múmen, que produjo algunos príncipes verdaderamente dignos de figurar entre los protectores de las artes, de las letras y de las ciencias.
Mohammed Ben Yusuf Ben Hud, á quien nuestras crónicas llaman Abenjuc, reinó en Sevilla con muy varia fortuna desde que la redujo en 1228 hasta el año 1238 en que acaeció su
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muerte. Durante su reinado las coronas leonesa y castellana se reunieron en la cabeza de un rey santo, y por el esfuerzo de los ricos-hombres y prelados que le asistían en el noble empeño de arrojar á los moros de toda la Andalucía, derrotó á los enemigos del nombre de Cristo en Cazorla, Andújar, Palma, Jerez y Córdoba, obteniendo su hermano don Alonso de Molina y sus capitanes don Alvar Pérez de Castro, don Tello de Meneses y los Pérez de Vargas visibles muestras del favor divino en la famosa batalla de Jerez. Las tradiciones y leyendas perpetúan la piadosa invención del auxilio que recibieron allí las huestes del rey santo, del apóstol Santiago y de legiones enteras de ángeles (i). Al paso que los cristianos le iban quitando provincias y ciudades, movía á Ben Hud guerras intestinas el espíritu sedicioso de sus propios subditos. Hallándose ausente y en campaña, los sevillanos, amotinados por instigación de un ciudadano muy poderoso é influyente llamado Al-Bají, desposeyeron del mando de la ciudad á su hermano Abunnejat Selim á quien había dejado por gobernador. Favorecía al parecer á Al-Bají otro prepotente caudillo, Mohammed Ben Alahmar, que tiránicamente se había apoderado de Jaén y de Arjona, hasta que se le presentó al protector la ocasión oportuna de alzarse con los dominios del protegido; entonces, auxiliado él á su vez por los cristianos, cayó de pronto sobre Sevilla, y apoderándose de Al-Bají y de sus wazires, les mandó cortar la cabeza. La población, amotinada de nuevo, volvió á llamar á Ben Hud, y éste restituyó el gobierno de la ciudad á su mencionado hermano. Murió el sultán, ya sólo por escarnio decorado con tal nombre, el año 1238, y el inconstante pueblo sevillano se sometió nuevamente á la obediencia de los almohades de África, proclamando por su rey al
(1) ('Muchos de los moros lo vieron, dice la crónica antigua que copió Zúñiga (A)ial. año 1252). los quales dixcron que hablan visto un caballero en un caballo blanco con una seña blanca en la mano y una espada en la otra, y que andaban con él muchos caballeros blancos, y que en el ayre hablan visto ángeles, y que estos caballeros blancos les hacian mayor daño que las otras gentes.»
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sultán Ar-rashid, }■ aceptando como su gobernador ó lugarteniente á un personaje llamado Abu Abdillah Mohammed. Ala muerte de Ar-rashid, sabedores los andaluces de la prosperidad
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Interior de San Gil
que alcanzaba en el África occidental un osado conquistador por nombre Abu Zakariyyá, imitaron el vil ejemplo de los valencianos y murcianos, que le habían proclamado su amir, y le ofrecieron su obediencia, enviándole delegados para suplicarle les diese por gobernador algún príncipe de su sangre. Lo pro-
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pió hicieron los habitantes de Jerez y Tarifa. La elección hecha por Abu Zakariyyá fué violentamente combatida por un noble sevillano de gran prestigio y poder, llamado Ibnu-1-jedd, el cual, habiendo celebrado secreta alianza con los cristianos, iba paulatinamente ganando á todos los guerreros almugavares ó soldados de frontera. Descubierta esta maquinación por Sakkaf, capitán de los mismos almugavares, dio muerte á Ibnu-1-jedd, y como éste era aliado del cristiano, aprovechó la ocasión el rey don Fernando para declarar la guerra á los musulmanes tomándoles á Carmona y Marchena y poniendo sitio á Sevilla. Por consejo de Sakkaf adoptaron los hijos del Profeta en estas críticas circunstancias, como librando su salvación en ellas, instituciones diametralmente opuestas á todas las nociones de gobierno propias de los pueblos muzlemitas; nombraron los sevillanos un consejo supremo compuesto de cinco personajes, y presidido por el gobernador que había designado Abu Zakariyyá. Llamábase éste Abu Fáris Ben Abí Hafss (i), y los vocales de dicho consejo eran el capitán Sakkaf, Ben Shoayb, Yahya Ben Khaldún, Masud Ben Khiyar, y Abu Bekr Ben Sharíh. Todo era en vano: ¡había sonado la hora postrera de la dominación islamita en la hermosa región del Guadalquivir!
(i) Éste es quizá el que nuestros historiadores designan con el nombre de Axataf.
CAPÍTULO XXIII
Sevilla en tiempo de San Fernando y de D. Alonso el Sabio
A falta de un libro en que pudiera hallar el lector condensado lo más importante de los Anales sevillanos y gaditanos desde el punto de vista del arte en las épocas semifabulosa, fenicia, cartaginesa, romana, gótica }• muzlemita, nos ha movido á tratar con extensión esta materia. Comenzamos ahora otra tarea menos escabrosa y prolija: vamos á trazar el cuadro de los monumentos con que el cristianismo triunfante marcó su gloriosa huella en la dilatada comarca del Genil al Estrecho, desde que empezaron á rayar en Europa los primeros albores de la restauración artística y literaria; y habiendo sido la historia eclesiástica y civil de este hermoso territorio tan cumplidamente desenvuelta por muy doctos escritores, cuyos nombres alcanzaron merecida fama, habremos de ceñirnos principalmente á lo que ellos sin escrúpulo de conciencia descuida-
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ron, esto es, á la historia de las construcciones que desde el siglo XIII al XV fueron, al par que la expresión material más acabada de la civilización cristiana, el más bello ornato de las poblaciones andaluzas. Estos serán los objetos de primer término en nuestros bosquejos; los hechos puramente históricos extraños al arte sólo figurarán en lontananza, como para animar el fondo de cada cuadro.
Dijimos al finalizar el capítulo precedente que era llegada la hora de que el mahometismo desapareciese para siempre de la tierra que baña el Guadalquivir. El providencial instrumento de esta dichosa transformación era un rey santo: el poder con que contaba para llevar á cabo tamaña empresa, estaba patente en el innumerable ejército que sobre la orgullosa Sevilla había reunido; la asistencia que el cielo le prestaba era visible en los portentos que, según tradición, se realizaron durante los diez y seis meses que duró el cerco. Crónicas, leyendas, cantigas y poesías populares, piadosas fundaciones, atestiguan la creencia en el milagroso auxilio que dispensó á san Fernando y á los caudillos de su hueste la Reina de los Ángeles. Ya es su venerada imagen titulada de la Antigua la que anuncia á los ciegos sectarios del Profeta su próximo escarmiento, poniéndose de manifiesto en la misma mezquita, donde desde la pérdida de España se conservaba cubierta con gruesa pared, y forzando á los musulmanes á doblar ante ella la rodilla (i); ya es esa misma celestial Señora la que produce en el alma fervorosa del rey tal arrobamiento, que desde su real le conduce por las noches en éxtasis, escoltado de divina guarda, á la misma mezquita,
(i) Consigna esta tradición, que tiene todos los visos de conseja, el erudito Zúñiga tomándola del crédulo bachiller Peraza. Los fieles que vivían en Sevilla (dice, hablando de esta imagen, que los sarracenos habían escondido levantando delante de ella una pared) sin verla la adoraban, hasta pocos años antes de la conquista, que improvisadamente qttedó patente y despedía rayos de resplandor que los moros interpretaban presagios de si¿ ruina... nunca pudieron más esconderla., y siempre que osaban mirarla los hacia arrodillar, impulso que no resistían.
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burlando la vigilancia del enemigo (i) ; ya por intercesión de la Santa Madre de Dios se renueva, durante una de las impetuosas salidas del invicto maestre de Santiago contra los moros de Sierra-Morena, el prodigio de Josué que detuvo el sol en medio de su carrera, acaecimiento inmortalizado con la fundación del templo de Nuestra Sefi07^a de Tentudia (2) ; ora aquel mismo maestre de Santiago, nuevo Moisés, hace por intercesión de María brotar agua de un peñasco para aplacar la sed de su hueste que perecía abrasada (3) ; ora acreditan la protección de la Madre de Jesús los prósperos resultados de cuantas hazañas se intentan invocando su nombre, ya se la tome como divino paladión en el populoso cuartel real donde hoy descuella la Ermita de N^uestra Sefiora de Vahne (4), ya se la ponga por égida, juntamente con la cruz arbolada en las gavias, en la majestuosa popa de la ferrada nave capitana con que Ramón Bonifaz rompe el famoso puente de barcas y cadenas reputado inque-
(i) Zúñiga, con aquel peculiar estilo en que resaltan la fe y la galantería del caballero andaluz, califica este suceso de acaecimiento prodigioso tan recibido de la tradición^ que dudarlo fareceria temeridad á qualquier fino y devoto sevillano. Año I 248., n. 16.
(2) Cuéntase que en esta ocasión el maestre de Santiago, don Pelay Peréz Correa, faltándole día para acabar la pelea, porque la noche desplegaba ya sus sombras y favorecía la huida del enemigo, invocó la protección de la Virgen, una de cuyas festividades se celebraba aquel día. exclamando : / Santa Marta, deten tu día! á lo que condescendió la piedad divina deteniendo la puesta del sol hasta que acabó de triunfar. De aquí vino la advocación de Nuestra Señora de Tentudia que llevó el templo edificado por el bizarro, devoto y agradecido maestre.
(3) Zúñiga. Año 1247, ^- 6-
(4) Veáse la lámina que la representa. En el lugar donde está ahora esta ermita, estuvo asentado el real de san Fernando después que se retiró de la llanura donde antes se hallaba, entre la ermita de san Sebastián y el río. En Nuestra Señora de Valme estaba el pabellón real, y el oratorio donde dice Zúñiga que negociaba el rey con Dios ett oración y penitencias las victorias que sólo deseaba á honra de su nombre; y allí también tenía una imagen de Nuestra Señora, ante la cual supone la piadosa tradición que formuló el voto de erigirle capilla al implorar su asistencia con aquella sencilla frase de su acendrada fe: ¡Señora, váleme I Al pié del altar donde se veneraba esta santa imagen, depositó san Fernando, después de conquistada Sevilla, y cumplido su voto, uno de los pendones ganados á los moros. El pendón y la virgen de Valme permanecieron en la Santa Capilla hasta que amenazando ésta ruina, fueron trasladados por los piadosos habitantes de Dos Hermanas á la capilla de santa Ana de su iglesia parroquial.
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brantable; ora finalmente, cuan especiales favores obtuviese de la Virgen el santo rey, lo dice la sola imagen de Nuestra Sefiora de ¿os Reyes, que, como prenda de extraordinaria predilección, le dejaron, modelada al tipo de su visión beatífica, los dos ángeles en forma de artífices enviados por el cielo á su tienda en Alcalá de Guadaira.
La Ermita de Ntiesb^a Señoi'a de Valme está situada en el cerro llamado de Buenavista, cerca del pueblecito de Dos Hermanas, al sudeste de Sevilla. Su aspecto es el que ofrece la lámina que acompañamos, más morisco que cristiano por el ajimez que ocupa en su fachadita el lugar de la redonda claraboya, y por los dientes que forman los sillares en ambas vertientes de su techumbre. Los Srmos. Sres. Duques de Montpensier, justamente condolidos del abandono en que yacía esta preciosa antigualla, ya casi arruinada del todo, determinaron repararla, con cuyo motivo la célebre escritora conocida con el pseudónimo de Fernán Caballero, publicó en Sevilla en 1859 una interesante relación histórica del edificio, seguida de una corona poética que contiene muy estimables composiciones. A la restauración del edificio precedió la del pendón morisco, ofrenda insigne del santo rey, en que ocupó sus augustas manos la Srma. Sra. Infanta doña María Luisa Fernanda; y hoy, merced á la acendrada é ilustrada piedad de tan egregios príncipes, lucen de nuevo el pendón real y la milagrosa imagen en el lugar que primitivamente ocuparon.
En cuanto á la imagen de la ViJ^gen de los reyes, supónese que hallándose el rey en Alcalá de Guadaira mientras tenía cercada á Sevilla, elevado y absorto en oración profunda, se le apareció la Reina de los Angeles, cercada de majestad y resplandores, prometiéndole su protección; y que al volver San Fernando en sí, quedó tan fija en su idea aquella divina beldad, que resolvió tener una imagen que de continuo se la representase. Llamó á los más eminentes artífices, y explicándoles minuciosamente todas las facciones y caracteres del divino semblante.
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les mandó hacer el deseado trasunto. Tres imágenes labraron, pero ninguna correspondía al tipo celestial que veía en su mente el fervoroso monarca. Por más correcciones que hicieron, no les fué posible contentarle, y ya desesperaba el rey de conseguir lo que tanto anhelaba, cuando se le presentaron dos hermosos mancebos desconocidos que tomaron á su cargo la obra. En brevísimo tiempo la terminaron, esculpiéndola el uno y pintándola el otro, y al punto desaparecieron, dejando al rey absorto lo extraordinario del hecho y la admirable perfección del retrato. Hasta aquí la tradición.
Algunos escritores de menos credulidad y mayor crítica han supuesto que la imagen de Nuestra Señora de los Reyes fué regalada á San Fernando por su primo San Luís rey de Francia, y que las otras tres, de semejante forma aunque inferiores en belleza, de las Agicas, de San Clemente y de San Francisco, son meras copias de aquella. Esto creemos también nosotros al juzgar por el estilo de la obra, y al compararla con las esculturas del tiempo de San Luís. — Hay quien mira el convento á^ Nuestra Señora de los Angeles^ fundado en Alcalá de Guadaira en 1249, como testimonio irrefragable de haberse repetido con San Fernando el prodigio que con don Alonso el Casto realizaron los celestiales espíritus, bajando en disfraz de artífices á labrar la célebre cruz (i).
La hueste que el rey santo puso sobre Sevilla era la más lucida y numerosa de cuantas habían visto en sus seculares contiendas la España cristiana y la mahometana. No menor aparato era menester para el colosal intento de conquistar una capital que albergaba en su seno más de doce mil familias musulmanas repartidas en veinticuatro tribus, y que estaba en poder de los sectarios del Islam hacía más de cinco siglos. Allí estaba el nombrado maestre de Santiago don Pelay Pérez Correa con los
(i) V. á don lose Maldonado Dávila en un trat. ms. que cita Zúñiga, año 1253, n. 28.
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caballeros de su orden : caudillo valeroso, el principal entre los que habían estimulado al monarca á acometer la difícil empresa, y uno de los que con hazañas dignas de la trompa épica contribuyeron á llevarla á cabo en el Ajarafe contra los castillos de la Albayda, Aznalfarache y Triana, Gelves y tierras de Niebla y Sierra-Morena, dilatado palenque de sus proezas. Allí estaban los infantes don Alonso de Molina, su hermano, don Enrique y don Alonso, sus hijos; don Alonso, infante de Aragón, el infante de Portugal don Pedro, el conde de Urgel, el maestre de Calatrava don Fernando Ordóñez, los maestres de las otras órdenes militares, multitud de ricos-hombres, infanzones y caballeros; los concejos de Córdoba, Andújar y otros de la frontera; mucha y buena gente del concejo de Madrid ; toda la nobleza de Castilla y de León capaz de tomar las armas, mucha de Aragón, Cataluña, Portugal y Vizcaya, muchos calificados extranjeros atraídos por la fama de la grande empresa y por el deseo de ganar las indulgencias de las bulas apostólicas concedidas para esta conquista; el rey de Granada Al-Ahmar con quinientos jinetes muy aventajados, el cual se había obligado á auxiliar personalmente á don Fernando en todas sus expediciones ; allí por último muchos piadosos y esforzados varones de todas lasjerarquías eclesiásticas, el arzobispo de Santiago don Juan Arias con su lucida compañía de caballeros gallegos, los obispos de Córdoba y Coria, don Gutierre y don Sancho, otros prelados, y multitud de presbíteros y religiosos, que voluntariamente acudieron no solo para ejercer su ministerio en la administración de los Sacramentos, sino porque la sagrada demanda ponía la espada en la mano á los eclesiásticos con justo motivo. Descollaban como paladines de más prez entre todos los ricos-hombres, adalides, almogávares, almocadenes y demás cabos, el almirante don Ramón Bonifaz, francés de patria y de origen, establecido en Burgos en clase de rico-hombre; el famoso ganador de Córdoba y alcaide de Andújar, ahora adalid mayor, Domingo Muñoz; Pedro Blázquez, llamado el blanco, del tronco de los Dávi-
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las; Lope García, de la ilustre casa de los Saavedras: el comendador de Alcáñiz, el Prior de San Juan, don Rodrigo González Girón, primer alcaide de Carmona. don Gutier Suárez de Meneses, don Diego Sánchez de Fines, don Ordoño Ordóñez de Asturias, que al principio de la campaña había quedado por guardador en Jaén; don Rodrigo Alvárez, que aunque del linaje de Lara, se apellidaba de Alcalá desde que había recibido en guarda á Alcalá de Guadaira; don Rodrigo Frolaz, don Pedro Ponce, don Rodrigo González de Galicia; don Diego López de Haro, señor de Mzcaya y alférez mayor del rey santo, Arias González Ouixada y don Fernán Yáñez ; y al par de los héroes más renombrados de los tiempos antiguos, los dos invictos campeones Garci Pérez de Vargas y don Lorenzo Suárez Gallinato, conformes en amistad, competidores en bizarría (i).
Desde la primavera del año i 247, en que, moviendo el ejército desde Córdoba dividido en dos, uno al mando del Infante de Molina y del maestre de Santiago con destino al Ajarafe, y otro bajo la dirección del rey de Granada y del maestre de Calatrava con orden de fatigar los campos de Jerez, había tenido principio la opugnación de Sevilla y su territorio, una serie no interrumpida de victorias venía anunciando el dichoso desenlace con que iba á coronar el cielo los constantes y generosos esfuerzos de tales guerreros. Rindió primero parias la fuerte Carmona; entregáronse luego Constantina, Reyna, Lora. Alcolea y sus comarcas; costó abundante y generosa sangre Cantillana; Guillena después se entregó á menos costa: Lerena resistió obstinada.
(1) Entre las muchas proezas con que estos dos caballeros se distinguieron, se suelen citar principalmente el suceso de la cofia,^ cantado en antiguos romances, el de la competencia que refirió don Juan Manuel en su conde Lucanor, el del paso del puente de Guadaira v otras bizarrías. De las correrías, espolonadas y escaramuzas que con admiración de todos acometieron, dé al curioso lector razón individual la Crónica del rey don Alonso.
El suceso de la cofia se refiere mejor y con más sabor antiguo que en la Crónica general publicada por Ocampo. en la famosa crónica anónima de los once reyes, que. anotada por Ambr. de Morales, conserva la Biblioteca del Escorial :ms. del siglo XV. j. Y. I 2.
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pero se dio á partido cuando sintió amagos de ser destruida; Alcalá del Río, defendida por el mismo Axataf á causa de su grande importancia, como llave de los abastecimientos de Sevilla por el lado de las serranías, cedió también á la fuerza y
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á la destreza de las armas cristianas: Alcalá de Guadaira se había desde el comienzo de la campaña entregado al rey AlAhmar, y ahora saliendo de ella don Rodrigo Alvárez escarmentó á los moros procedentes de las marismas de Lebrija. Unidas estas conquistas á las que por la banda del Ajarafe hacía el maestre de Santiago, según dejamos indicado, y á las victorias que por la parte de la marina llevaba á cabo don Ramón Bonifaz derrotando una numerosa escuadra de bajeles africanos y sevillanos y franqueándose la entrada del río, se concibe que
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el real de San Fernando en la altura de Buena Vista hubiese podido ir tomando el extraordinario incremento que le atribuye la Crónica gejier al ^ impusiese tanto respeto á la morisma, y presentase el aspecto de una gran población improvisada, perfectamente defendida y bien gobernada, que sólo esperaba el momento oportuno de trasladarse dentro de los viejos muros de la otra, á la cual desde aquella elevación acechaba (i).
La entrega de Sevilla era para los moros, después de la pérdida de Córdoba, la catástrofe más tremenda que podía sobrevenirles, y así hicieron, aunque en vano, todos los esfuerzos posibles para conjurarla. ¡Inmensa debió ser su desesperación cuando se convencieron de que no había medio de salvar la ciudad ni ninguna de las hermosas joyas en ella encerradas! Los
(i) « La hueste que el noble rey don Ferrando tenia sobre Sevilla, dice la crónica ms. del Escorial antes citada, avia semejanza de grand cibdad y noble y rica, e cumplida era de todas las cosas e de todos los bienes e de todas las noblezas e ahondamiento de cumplida cibdad, y calles e plazas avia departidas y de todos menesteres e cada una sobre sí ; e una calle avia de los traperos y de los cambiadores, y otra de los especieros y de las alquimias y de los melecinamientos que avian menester los dolientes, y de los Terreros otra, y ansí de cada menester de quantos en el mundo podian ser avia; y de cada uno sus calles departidas, cada una por orden, compasadas e apuestas e bien ordenadas, ansi que quien aquella vista vio podrá dcíjir que nunca otra tan rica nin tan apuesta viera que de mejor gente ni de mayor poder que esta íuesse, ni tan cumplida de todas noblezas nin maravillosa de todas viandas y de toda mercadería: hera tan abundada que ninguna otra cibdad non lo podía ser mas. E ansi avia y raigadas las gentes con cuerpos y con averes, con mujeres y con fijos, como si siempre oviera y a durar, ca el rey avia y puesto e prometido que nunca se dende levantasse en todos los días de la su vida fasta que a Sevilla oviesse, e quiso Dios que cumpliesse su voluntad : y esta certidumbre del rey los fazia vevir á todos arraigadamente como vos dezimos."
El infante don Alonso no se alojaba en el cuartel real : asentó su hueste al principio en un olivar, á la parte de levante de Sevilla, y allí acampó la gente que de Aragón y Portugal traía. Pero luego se trasladó á la otra parte del río, contra Triana.
Al Señor de Vizcaya, don Diego López de Haro. se le señaló cuartel cerca de la puerta de la Macarena, y allí hizo hincar sus pabellones á las lucidas tropas de sus estados. No lejos de aquel punto acampó don Rodrigo González de Galicia.
Finalmente, el arzobispo de Santiago, don Juan Arias, se alojó con su lucida compañía de caballeros gallegos cerca del arroyo Tagarete, hasta que enfermando de resultas de los miasmas nocivos que se elevan del prado de Santa Justa, bañado por aquellas aguas, le obligó el rey á regresar a su tierra.
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dos formidables golpes que decidieron esta entrega fueron la rotura del puente y la expugnación del castillo de Triana.
No seguiremos ni á don Ramón Bonifaz ni al ejército del santo rey en las vicisitudes de ambos propósitos; nos contentaremos con asistir á su feliz desenlace. Celebrábase la festividad de la Invención de la Santa Cruz, una muchedumbre inmensa llenaba las dos orillas, la vocería subía al cielo, los moros desde el castillo de Triana, desde el Arenal y desde el mismo puente del Guadalquivir, fulminaban toda clase de armas arrojadizas contra dos gruesas y fuertes naves con las proas chapadas de hierro, montadas por el almirante y su gente, las cuales, impelidas de un impetuoso viento, acababan de chocar contra el puente rompiendo la robusta trabazón de sus cadenas, y pasaban al otro lado volviendo las proas hacia la Torre del Oro, balanceándose majestuosas como dos delfines vencedores en una regata. El rey don Fernando en persona y el infante don Alonso, seguidos de lo más granado de sus tropas, hacían por tierra escolta á los dos bajeles triunfadores, que, como dice Zúñiga, acababan de cortar la garganta al cuello cíe la esperanza de los infieles^ y los recibían con sus alegres vítores, mientras los moros los veían atracar lanzando gritos de desesperación. — Al día siguiente, 4 de Mayo, pasa el rey con la mayor parte de su ejército á combatir á Triana: y ahora le ayuda desde el río el almirante que había recibido la víspera su auxilio para la importante obra de dejar á Sevilla incomunicada con su Ajarafe. Pero en Triana está reconcentrado casi todo el poder de la morisma, y tienen allí provisiones para defenderse más de medio año: grande y obstinada es la defensa, obstinado é implacable también el cerco : ni cesa la mina, ni la construcción de ingenios de toda especie, ni el batir de los muros, ni el encarnizado pelear al pié de ellos, ni las espolonadas y cortas y talas para privar á aquella fortaleza de refuerzos, aguas y bastimentos. Por otra parte la hueste de san Fernando padece toda clase de males «ca las calenturas eran tan fuertes e tan grande el
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«encendimiento, que se morian los ornes de gran destempla- » miento, ca eran corrompidos del aire, que no parescia sino » fuego, y corría tan escalentado como sy de los infiernos sa- »liese, y todos los omes andavan todo el diacorriendo por agua »del gran calor que fazia, tan bien estando por sombra como » andando por fuerza, y por donde quier que andavan como si »en baño estuviessen; y por esta razón y por los grandes que- »brantamientos y lacerias que sufrian, perdíanse y grandes gen- »tes (i).» Los moros al mismo tiempo, aunque tenían cortado el puente que unía á Triana con la ciudad, no por eso dejaban de comunicarse en barcos y á nado, y fué menester que don Ramón Bonifaz los escarmentase en el río y que el asedio de Triana se estrechase mucho, para obligar á los infieles de una y otra parte á pensar en capitulaciones. Cuando vieron éstos que el almirante con gran poder de carracas, zabras y otros bajeles les cortaba el paso á Triana; que este castillo quedaba aislado, y que lo estaba asimismo la ciudad, apretada grandemente por los cristianos por agua y por tierra, pidieron treguas para proponer una pleitesía. Ofrecieron primeramente entregar el Alcázar y que se partiesen entre el rey cristiano y Axátaf las rentas que pagaban á los Miramamolines. Desoído este partido, propusieron que se dividiese la ciudad, levantando un muro entre moros y cristianos para que estuviesen unos y otros más seguros. Desechado también este trato, prometieron entregar la ciudad entera siempre que se les consintiese derribar la mezquita mayor y su torre; pero encargado el infante don Alonso de responder en nombre del rey su padre, dijo que poi'' un solo ladrillo qzte á la torre quitasen^ los pasaría á todos á cuchillo. Concluyó el parlamento con que pudiesen los moros salir de la ciudad con vidas y haciendas, quedando en ella algunas familias; y que Axataf y el Arráez principal entregasen á Aznalfarache, Niebla y Tejada, obligándose á dar parias. Dióseles un mes de
(1) Crón. ms. citada, cap. 42 i
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plazo, después de entregados el Alcázar y los demás puntos fortificados, para que fuesen cómodamente disponiendo su emigración, escoltados los que hubiesen de trasladarse á otras tierras de la Península, y en bajeles los que hubieran de pasar á África. Estas capitulaciones se firmaron el 23 de noviembre, día de san Clemente, á los quince meses y tres días de comenzado el cerco.
Mandó luego san Fernando tomar posesión de la ciudad, fiando el cuidado de su presidio al infante don Alonso de Molina, á don Rodrigo González Girón, y á otros ricos-hombres ; entreofando al infante de Molina la Torre del Oro, la de la Plata á su hijo don Alonso, y á don Rodrigo Girón los palacios del príncipe de la ciudad, diversos del Alcázar según atrás queda insinuado. En el Alcázar se aposentó el mismo santo rey, y las puertas de la ciudad se dieron en custodia á diversos ricoshombres, entre los cuales solo queda noticia de don Rodrigo Fernández de Cevallos, que puso en memoria sobre la que le cupo en suerte el blasón de sus armas.
Mientras corría el plazo concedido á los moros para la evacuación de la ciudad, el obispo de Córdoba, don Gutierre de Olea, recién electo arzobispo de Toledo (i), que había asistido al cerco de Sevilla en el ejército del rey, expurgaba por encargo de éste la mezquita mayor y la preparaba para la celebración de las augustas y sagradas ceremonias con que había de solemnizarse tan ruidoso triunfo. — Llegó por fin el día tan suspirado de los cristianos cuanto temido de los infieles, día 22 de Diciembre, en que cabalmente celebra la Iglesia la traslación de
(i) á pesar de las dudas que expuso Zúñiga (año 1248, n."23) acerca de la identidad de este prelado, en el cual vio no una sola persona sino dos distintas, a saber, el obispo de Córdoba y el arzobispo electo de Toledo, es cosa averiguada que don Gutierre de Olea, ó Dolea, prelado de Córdoba en la época á que nos referimos, no había aún sido confirmado por S. S. como arzobispo de Toledo. El Sumo Pontífice no confirmó la elección de don Gutierre y su traslación á Toledo hasta el día 6 de Febrero de i 249 ; así consta de la bula de Inocencio IV datada el día 8 de los idus de Febrero que publicó Balucio en sus Misceláneas, t. i.pág. 218, edición de .Mansi.
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las reliquias del santo patrono de Sevilla, Isidoro, á la ciudad de León: el religioso celo del monarca trocó en procesión devota lo que se esperaba pomposo alarde triunfal. Precedía el ejército en orden militar, tremolando las banderas vencedoras y arrastrando las vencidas, y ostentando en el lucimiento el común regocijo al compás de los bélicos instrumentos ; seguían los principales caudillos, los infanzones, ricos-hombres, maestres de las órdenes militares, gran concurso de seglares y eclesiásticos, y los arzobispos y obispos haciendo coro al trono portátil en que iba la soberana imagen de Nuestra Señora de los Reyes, y remataban la procesión san Fernando con la reina doña Juana su esposa y sus hijos, su hermano el infante don Alonso de Molina y las demás personas reales, entre las cuales cuentan algunos al invicto don Jaime el Conquistador, rey de Aragón, que suponen se halló personalmente en la santa empresa. Iban todos á pié, y acompañaba á los reyes é infantes numerosa corte en concertada y grave marcha. Dirigióse el triunfal y procesional cortejo por entre la Torre del Oro y el río hacia la puerta de Goles (^puerta Real), y haciendo alto en el Arenal, salió Axataf, y arrodillado á los pies de san Fernando, le entregó las llaves de la ciudad. — Retiróse en seguida el vencido dictador sarraceno con algunos personajes principales que habían quedado en su compañía: tomó el camino de Tablada, y al llegar al cerro de Buena-vista, donde quizás aún humeaban los abandonados ranchos del real del castellano, lloró amargamente el inexorable cumplimiento de los decretos de Alá y de los pronósticos que habían anunciado la caída de aquel poderoso baluarte del Islamismo (i).
Dejemos al caudillo musulmán caminar hacia el Estrecho
(i) V. en Zúñiga, año 1 248, n.° 24, el pronóstico sobre la perdida de Sevilla que se halló entré los libros árabes entregados á los reyes Católicos después de la toma de Granada. Redúcese á que al ocurrir la muerte del usurpador Ben Hud (Abenhud) se cayeron por sí mismos, haciéndose pedazos, en la mezquita mayor de Sevilla, los escudos de los reyes Almohades que aquél había afrentado haciéndolos teñir de nearo.
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para pasar el resto de sus días aborrecido entre las tribus africanas; dejemos asimismo continuar su peregrinación, ya al África, ya á las diversas poblaciones que aún les restan á los infieles, á los cuatrocientos mil moros que asegura la Crónica general salieron de Sevilla y fueron convoyados hasta la ciudad de Jerez por el maestre de Calatrava, unos para embarcarse en las galeras y carracas dispuestas al efecto, otros para diseminarse por la costa de Andalucía; oigamos el poético lamento que arranca al alma varonil del hijo de Jerife de Ronda la caída de Sevilla, y despidámonos con esto de la hermosa y ya muerta sultana del Guadalquivir, para verla luego resucitar y regenerarse al sol de la civilización cristiana.
Grande mal y sin remedio sufre España en el Islam : á Arabia llega el lamento, y estremécese el Thalám. Sus provincias, sus ciudades gimen en triste orfandad, y Guadalquivir y Turia vuelcan ruinas hasta el mar. ¿Valencia y Murcia, qué fueron? ¿Játiva y Jaén, dó están? ¿dónde la patria de sabios, Córdoba, la gran ciudad ? ¿Qué se hicieron de Sevilla la riqueza, el sin igual decoro, qué de su Betis la apacible majestad? Cual la ausencia de la amada llora el amante leal, de su cara Andalucía llora la suerte el Islam. ¡ Descuella la cruz odiosa sobre las mezquitas, ay ! \ las campanas sucedieron al pregón del almuedán ; aunque de madera inerte, llanto destila el mimbar
SEVILLA Y CÁDIZ . 493
oprimido por el preste
y huérfano de su Imáni 1
¡Sevilla, por nuestras culpas
en esclavitud estás,
y nosotros extranjeros
somos en España ya !
Sin ti patria no tenemos,
que tu caída es mortal,
y el tiempo que males cura
este mal no curará I
Vosotros los del Desierto,
los que raudos cabalgáis
en corceles que asemejan
al rayo en la tempestad ;
los que en los campos do el hierro
ceba su filo mortal
sois como enjambre de buitres
en ansia y ferocidad;
vosotros que la india flecha
como centella lanzáis
por entre nubes de polvo ;
los que dais allende el mar
á las auras de la noche
en el desnudo arenal
libres y ardientes suspiros
que os vuelve el vecino aduar ;
¿acaso no habéis oído
el grito de ansia mortal
que España lanzó á esas costas
dormidas en dulce paz ?
¿Los que envió mensajeros
vuestro auxilio á demandar,
no os contaron sus congojas ?
¿ refiriéndooslas no están ?
i Oh dolor, no hay quien la acuda :
su mal se consumará,
que en funestas excisiones
pierde el brío el musulmán! (i)
(i) Es traducción, compendiada y libre, del bellísimo canto elegiaco escrito por el poeta Abul Beká Saleh, hijo del Jerife de Ronda. El original se conserva en la obra completa de Almakkari, en el Museo Británico de Londres y en la Biblioteca Nacional de París, n." 70 ^ , tomo II.
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Imitando el acto de rendimiento de Axataf, los judíos de la Aljamía de Sevilla entregan también á san Fernando la llave del barrio en que moraban (i). Entrando en la ciudad, encamínase directamente la devota procesión á la mezquita mayor, ya convertida en templo del Altísimo ; celebra allí el santo Sacrificio el arzobispo electo de Toledo con asistencia de los personajes que han tomado parte en la restauración de la antigua metrópoli andaluza; enarbólase en la Giralda el estandarte real de la Cruz: deja el rey en el grandioso y regenerado templo la imagen de plata de Nuestra Señora de la Sede; manda colocar la milagrosa de los Reyes en la real capilla que se improvisa en la parte más oriental del edificio; repítese la santa misa en los lugares de la ciudad ya de antemano señalados para los conventos de san Benito y de la Santísima Trinidad, y por último el monarca guerrero, siguiendo la costumbre de sus progenitores de realzar la solemnidad de tales días armando caballeros á sus más calificados vasallos, arma á muchos de ellos honrando sus hazañas, y confiere orden de caballería al rey de Granada Alhamar, dejándole por blasón, que heredasen sus sucesores, la banda de oro entre cabezas de dragantes, sobre campo rojo.
Quiso fuese arzobispo de Sevilla su hijo el infante don Felipe, no afecto á lo eclesiástico por lo que después mostró, y á la restauración de la iglesia y de su prelacia añadió como inseparable la de su cabildo. «Instituyó, dice el libro del rezo de la dedicación de aquella santa Iglesia, nobilísimo colegio de canó-
(i) Guárdase esta llave entre las alhajas de la Catedral. Zúñiga la publicó grabada, juntamente con la que entregó Axataf; pero supuso el diligente analista que fueron expresamente fabricadas para el acto de la entrega de la ciudad, lo cual no es exacto. Las inscripciones cúficas que lleva en sus guardas la llave del rey moro, la cual es de plata, en parte dorada, con galeras y navios figurados en las caras del dado que sigue á su anillo, dicen así : Concédanos Alláh el beneficio de la conservación de la ciudad. De Alláh es todo el imperio y poderío. — Esta interpretación es debida al distinguido orientalista Sr. don Francisco Fernández González, querido colega nuestro en las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes de san Fernando.
SEVILLA. — TORKE DE DON Fadrique
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nigos con prebendas y dignidades honestísimas» (i). También señaló clérigos para el culto de Nuestra Señora de los Reyes, que dieron principio al coro de su capilla hacia el año 1252.
Convertida la latitud de la mezquita en longitud de la nueva basílica para que resultase orientado el presbiterio con el altar mayor mirando al occidente, quedó el templo dividido en dos partes, la menor á oriente destinada á Capilla Real y separada de la mayor con reja de balaustres de hierro. La parte mayor era propiamente la iglesia. En breve veremos las transformaciones que el arte cristiano hizo en ella.
Desde que ganó la ciudad, comenzó san Fernando á premiar con repartimientos á los que le habían servido en tan importante conquista. Cometió este delicado negocio á cinco personas de reconocida probidad y justificación : su confesor y notario mayor, don Raimundo, obispo de Segovia; Ruy López de Mendoza; Gonzalo García de Torquemada; Pedro Blázquez Adalid y Fernán Servicial. Empezó el repartimiento en enero de 1251 por dos casas que adjudicó al citado obispo don Raimundo junto á la catedral, que fueron el primer solar del actual palacio arzobispal.
Lo prosiguió don Alonso el Sabio en 1252. Este importantísimo documento (2), da cabal noticia de todos los infantes, maestres, condes, ricos-hombres y escuderos, hijosdalgo de todos los reinos de Castilla y León, caballeros franceses, aragoneses, navarros, portugueses, italianos y moros que se hallaron en la conquista; los nombres de todos los nuevos pobladores, la indicación de lo que á cada uno se repartió, los nombres árabes de todos los lugares y alquerías de la tierra de Sevilla y las mudanzas que en ellos hizo el rey don Alonso. La primera per-
(i) Fueron las primeras dignidades seis: Deán, .arcediano de Sevilla. Capiscol, que luego se llamó Chantre, Tesorero, Prior y Maestrescuela. La primera mención de éstos se halla en el repartimiento del año 125^.
(2) Lo publicó don Pablo de Espinosa en la parte segunda de su Hisloria, antigüedades y grandeza de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, aunque algo diminuto, según observa Zúñiga.
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sona real que nombra es la reina viuda doña Juana, á quien da los baños que en la ciudad tenían los reyes moros, con exenciones que autorizan sus delicias ^ siguen la reina doña Violante, los infantes hermanos de don Alonso, su tío el infante don Alonso de Molina, al cual dio parte del Alcázar; el infante don i\lonso de Aragón, el infante don Pedro de Portugal, el conde de Urgel, el hijo del rey de Baeza y don Rodrigo Alonso de León, hermano natural de san Fernando. Vienen luego los prelados, entre los cuales distingue por el premio á don Raimundo de Segovia, así como él se había distinguido por sus servicios. Siguen varias religiones y monasterios de Toledo, Burgos, León, Villamayor, Roncesvalles, etc., y el hospitalillo de Rocamador anejo á la parroquia de san Lorenzo. — Las órdenes militares alcanzaron muy amplias donaciones en alquerías y heredades, con casas para sus maestres en las colaciones de san Lorenzo, Omnium Sanctorum, santa Lucía, san Lorenzo y santa María, cada una de las cuales tenía su compás ó distrito privilegiado, donde vivían sus familiares y criados exentos de pechos y gravámenes. — Los ricos-hombres y caballeros de alta suposición heredados en este documento, son muchos: cerca de 50 menciona Zúñiga extractando el repartimiento, advirtiendo que no nombra otros muchos por no exceder del sucinto estilo de sus Anales. A los ricos-hombres y héroes distinguidos, á todos los cuales se dieron 60 aranzadas de terreno, siguen catorce alcaldes del rey, y á éstos los prebendados de la catedral, que también obtuvieron heredamientos, no como dote de sus prebendas, sino como merced á sus personas. — Tras éstos vienen 200 caballeros hidalgos de los linajes más ilustres del reino, todos los cuales se individualizan por sus nombres, añadiendo la noticia de la casa que les toca en suerte en la ciudad, á que se agregan para cada uno 20 aranzadas de olivar y figueral, seis de viña, dos de huerta, y seis yugadas de heredad para pan, año y vez, que era la tierra que se podía labrar con seis yuntas
de bueyes. Fueron estos doscientos caballeros de linaje escogi-
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dos para fundar la nueva nobleza de Sevilla, obligándolos á fijar aquí su domicilio. Ellos de mutuo y caritativo acuerdo fundaron luego dos institutos hospitalarios, de los cuales es el más interesante desde nuestro punto de vista histórico, la cofradía del rey mártir san Hermenegildo. Tenían para ella junto á la puerta de Córdoba, dentro de la ciudad v á lo lar^o del muro, únatela armada continuamente, donde se juntaban los más de los días para celebrar justas y carreras, como obsequio que tributaban al santuario bañado con la sangre real del príncipe mártir patrón de la ciudad. — Al común de vecinos de Sevilla, en que también entraron los ricos-hombres y los doscientos caballeros ya heredados, se dieron gran número de alquerías, á repartir por caballerías, prohibiendo la enagenación por plazo de doce años, y además todas las casas yermas de los moros, exceptuando las ya adjudicadas á infantes, ricos-hombres, órdenes, monasterios y caballeros ; y para que este repartimiento se hiciese como era debido, se dispuso verificarlo por colaciones, eligiendo el rey de cada colación dos personas principales, juramentadas, asistidas de un escribano. Parece verosímil hayan sido estos partidores los primeros Jurados de la ciudad.
En esta partición se consigna la primera memoria de las parroquias y sus advocaciones, y de los que entonces se llamaban barrios, como el de Fi' ancos y el de Geiioveses. El barrio de Francos fué así llamado por las franquezas que se le concedieron, no, como vulgarmente se cree, por haber habitado en él franceses, pues fué muy privilegiado en los fueros que dio san Fernando á Sevilla. El de Genoveses tomó el nombre del gran comercio que con la república de Genova hacían muchos de los en él establecidos, entre los cuales menciona el repartimiento algunos genoveses de nación. — Los extranjeros que tomaron parte en la conquista, ó que después acudieron á la fama de la repoblación de Sevilla, fueron repartidos por naciones, así como por provincias los procedentes de los diversos reinos de España: de aquí los barrios de Placentines, Castellanos, Gallegos^ Cata-
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laiies, de Bayona, etc. Igual división tuvieron los oficios y tratos de la gente que vivía de su industria y comercio, como sederos, plateros, tratantes de lienzos, borceguzneros, calceteros, etc. — Los caballeros extranjeros fueron heredados con opulencia, y de ellos proceden muchos entroncamientos de linajes ilustres; el repartimiento los menciona fi-anceses, italianos, portugueses, aragoneses y catalanes. — La gente de mar pobló el gran barrio así llamado en la Parroquia mayor. Al almirante don Ramón Bonifaz se le dio casa frontera á la santa iglesia Catedral á la entrada de la calle de Placentines. — La liberalidad real alcanzó á los mismos judíos, los cuales poblaron la grande Aljamía que ocupaba las que fueron después parroquias de santa Cruz, santa María la Blanca y san Bartolomé. Diéronseles para sinagogas tres mezquitas, que luego fueron templos cristianos con aquellas advocaciones. — También quedaron en Sevilla moros en condición de mudejares, y poblaron el barrio llamado el Aduarejo y la Morería, entre las parroquias de san Salvador, san Pedro, santa Catalina y san Isidoro. — Finalmente, no se debe omitir que dos poetas distinguidos de aquel tiempo, Nicolás de los Romances y Domingo abad de los Romances, fueron heredados y quedaron avecindados en Sevilla.
Á medida que los ricos-hombres y caballeros fueron entrando en posesión de las larguezas del rey, y cuando otras muchas familias atraídas por las ventajas de los fueros dados á la ciudad (i) fueron reemplazándola falta de población consiguiente
Ci) Con acuerdo del infante don .-Menso y de los ricos-hombres, y acaso de todo el reino junto en cortes, dio san P'ernando á Sevilla los fueros de Toledo, aumentados en algunos particulares. Esta concesión fué firmada el i , de junio de la era 1287 (A. D. 1250). Sometían estos fueros el conocimiento y fallo délos pleitos á diez caballeros de los más nobles de la ciudad, y con éstos, á imitación de Toledo, tuvo principio el concejo ó ayuntamiento. Era éste de cuatro alcaldes mayores, un alguacil mayor, treinta y seis regidores, mitad caballeros y mitad simples ciudadanos ú ornes buenos, setenta y dos jurados, seis alcaldes ordinarios, un alcalde de la justicia, otro de la tierra y número competente de alguaciles, escribanos, porteros de emplazar y otros ministros de justicia y gobierno.
La carta original de los fueros dados por san Fernando no existe en el archivo
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á la grande emigración de los vencidos, la catedral se fué enriqueciendo de capillas, enterramientos, y otras obras en que atestiguaba el arte la abundancia de las piadosas fundaciones (i).
Objeto de sumo interés artístico, desgraciadamente descuidado, era el conservar la noticia fiel de las construcciones que la arquitectura cristiana fué aglomerando en el contorno de la. ya santificada mezquita sarracena, hasta los tiempos en que el cabildo sevillano, inspirado de más ambiciosa devoción, decretó levantar á Dios nuevo templo más digno de su nombre. Asegúrase que el plano único de la catedral antigua que la Santa Iglesia poseía, ejecutado sin duda en la época en que se trazó la nueva, fué enviado al rey Felipe II, que lo pidió para la colección de planos y proyectos que tenía en el Real Alcázar de Madrid, y que en el incendio de este palacio debió perecer con otros muchos. Pero ya que no nos sea dado describir la forma y disposición detallada de aquel edificio, que tan curiosa mezcla debió presentar de los dos artes mauritano y ojival, podemos al menos conjeturar, por lo que aconteció en Córdoba, donde también la civilización cristiana transigió con la presencia del arte islamita, que las obras añadidas desde la conquista de san Fernando en las cuatro bandas de la iglesia y en los claustros que
municipal de Sevilla. En cambio conserva la carta de confirmación de don Alonso el Sabio, lechada á 6 de diciembre de la era 1291 (A. D. 1253). En esta carta de confirmación (Taca 1, leg. i, n. 4) designa el rey los términos de la jurisdicción de Sevilla, que alcanzan hasta donde hoy es Portugal.
(i j Los heredamientos otorgados a la santa iglesia Catedral de Sevilla por los reyes san Fernando y don Alonso el Sabio, juntamente con las pingües donaciones que á la misma hicieron prelados y otras personas eclesiásticas y seglares para dotar capillas, aniversarios y procesiones, constan en un curioso libro que en el Archivo de esta santa Iglesia lleva el nombre de libro blanco. Lo compuso y ordenó el racionero don Diego Martínez, dándolo por terminado el día 2 i de febrero del año 1 4 i i . Don Pablo de Espinosa se limitó á publicar su título, que comienza así: Libro de las heredades, e locares, e barrios, e mezquitas, e caseríos, c maravedises de la Aduana que dieron los muy nobles Señores reyes T>on Fernando que ganó á Sevilla e Don Alonso el viejo su hijo, en dolé para L] Sánela Eglesia de Sevilla, etc. Posee una copia de esta interesante recopilación nuestra Academia de la Historia.
rodeaban su espacioso atrio, no presentaban todas el severo carácter que distingue á las construcciones del siglo xiii en los países no ocupados por los infieles. Aquel arte occidental, ya en todas las regiones victorioso, y al cual estaba reservado trocar la faz monumental de Europa, contemporizaba, digámoslo así, con el arte oriental vencido en toda la España del mediodía. No se ha verificado jamás que hayan estado en contacto ó en pugna dos civilizaciones, creyendo sus mantenedores de buena fe que solo se armaban para destruirse, sin que las dos hayan acabado por hacerse mutuas concesiones. Ya en los días de san Fernando eran familiares á los más austeros cristianos no pocas costumbres mahometanas, entre las cuales debemos siempre contar la arquitectura, que en cierta manera las revela y resume todas. Pero esta tolerancia fué progresivamente creciendo bajo los reinados de sus sucesores, en términos de que ya en el siglo XIV la vida de los magnates castellanos tenía más de oriental que de europea. El arte de construir reflejó fielmente estas tendencias, y si bien cierto instinto atinado y certero hacía conocer que la arquitectura ojival, bajada de las regiones septentrionales del mundo occidental, era más adecuada que la sarracena para las construcciones religiosas, y que por el contrario ésta se adaptaba mejor que aquella á los edificios civiles de unos ricos-hombres ya amantes de la ostentación, del fausto y de los placeres; por otra parte, la comodidad ejercía más imperio que el convencimiento, y abundando más en la Andalucía reconquistada los artífices moros que los cristianos, había notable ventaja en emplear brazos infieles en las mismas fábricas religiosas costeadas por los personajes de más acendrada devoción. Así fué cómo se difundió por todas las grandes poblaciones de España donde hubo moros mudejares, el estilo arquitectónico morisco á que impropiamente y con demasiada generalidad se aplica hoy el nombre de mudejar^ aunque lo practicaran artífices cristianos.
Dícese que se edificaron las capillas en torno de la Igle-
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sia (i); de donde colegimos, que del mismo modo que en la mezquita de Córdoba, se aprovecharon para estas fundaciones las naves extremas de cada banda del templo, sin alterar sus columnatas ni sus paredes maestras. Las nuevas capillas, cualquiera que fuese el estilo arquitectónico elegido para decorarlas, dado que no se creyese decoración suficiente los retablos de sus altares, en nada desfiguraban aquel recinto. Solo las construidas junto al muro del mediodía taparían quizá el santuario ó mihrab de la antigua mezquita, en caso de no haberse respetado como en Córdoba la lujosa ornamentación de este lugar tan preferente. Estaban separadas unas de otras por medio de verjas de hierro, y su orden era el siguiente: — K la Capilla real, que ocupaba el centro del muro de oriente, seguían la de san Pedro^ con los altares de Nuestra Señora la Antigua, Nuestra Señora de las Angustias y san Cristóbal ; la de Santiago, con los altares de santa Marta, san Juan Bautista y san Antón Abad; la de santa Bárbara; la de san Be7'nardo; la de san Sebastián^ que fué entierro de algunos moros de sangre real que recibieron el bautismo y sirvieron á los reyes san Fernando y don Alonso, siendo uno de ellos don Fernando Abdelmón, hijo de Abuceit rey de Baeza; la de san Ildefonso ; la de san Francisco ; la de san Andrés ; la de san Clemente^ en que estaba el Sagrario para la administración parroquial, con los altares del Corpus Christi, de santa Catalina y de san Isidoro ; la de san Felipe^ entierro de la mayor parte de los primitivos prebendados; la de san Mateo, donde tenía el almirante de Castilla don Juan Mathe de Luna su sepulcro de mármol adornado de escudos de sus armas (hoy á salvo en la capilla de san Hermenegildo de la destrucción que le amagó en la de san Martín); la de don Alvar Pérez de Giizmán; la de san Miguel; la de san Marcos; la á^san Lucas : la de sait Bernabé ; la de san Sinión y san Jindas, con los altares de san Juan Bautista y de las santas Justa y Rufina ; la de la Magda-
(i) ZrÑiGA. año 1401,11.'' 4.
Convento de religiosas jekóni.mas de Santa Paula
lena, que fué desde la toma de Sevilla señalada para entierro de los ricos-omes conquistadores y en que como tal se sepultó el famoso Lorenzo Suárez Gallinato. Junto á esta capilla estaba el altar de Nuestra Señora del Pilar, la que tantas maravillas obró en los años sucesivos y tanto culto y veneración obtuvo con la gran hospitalidad dedicada á su nombre.
También se había fundado y dotado gran número de capillas en los claustros del patio de los naranjos.^ cuya anchura, según en su lugar oportuno dejamos indicado, era tal que cómodamente se prestaba á estas construcciones sin cercenar demasiado el atrio ó lonja del centro. Estos claustros en la mezquita serían probablemente tres, porque del mismo modo que en la de Córdoba y en todas las de África y Asia más notables, no habría pórtico en el muro donde estaban las puertas principales que daban entrada á la casa de la oración ; pero los cristianos después de la conquista agregaron sin duda este claustro ó nave para poner más próximos al templo algunos enterramientos, á imitación de las exedras ó pequeñas construcciones que desde los siglos vi y vii se empezaron á colocar junto á las paredes de las Iglesias para sepultar en ellas á los que, por la general prohibición de enterrar en los templos, no podían lograr de otro modo su piadoso deseo de que estuviesen depositados sus cuerpos al lado de los santos mártires y confesores. Cuatro eran pues los claustros que ceñían el patio ; el de los Caballeros, que era el pegado al muro del mediodía; el de la Gi'anada á la banda de poniente; el de san Esteban á la del norte, y el del Lagarto á la de levante.
En el claustro de los Caballeros estaban las capillas de santo Tomé, santa Lucia, santa Cruz, santa Marina, san Bartolomé, san Salvador, san Blas y Níiestra Señora de la ConsolaciÓ7i. En la capilla de sa7ito Tomé tuvieron sus fundadores Guillen de las Casas y Leonor González su mujer, sus bultos de mármol, de que no queda memoria. La capilla de santa Lucia fué sepultura del esclarecido linaje de Haro. En la de Santa
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CriLZ había un sepulcro alto de piedra negra, elevado sobre leones, y con lápida de bronce en que estaba representada de bajorelieve la efigie armada y con una bandera de Juan de San Juan, nieto de un conquistador de Sevilla del mismo nombre. La de santa Marina fijé enterramiento de los Villafi'ancas, descendientes de Nicolás Pérez de Villafranca el Viejo, caudillo de los sevillanos en el socorro de Tarifa. La capilla de san Bartolomé, intitulada de los Adalides, fué dotada por el famoso adalid mayor y ganador de Córdoba, Domingo Muñoz, para sí y para los otros adalides sus subditos. La Iglesia de Córdoba disputa á la de Sevilla la posesión de los despojos mortales de este héroe.
El claustro de la Granada estaba enriquecido con tres capillas, la de Nuestra Señora de la Granada (i) que le dio su nombre, y las dos de santa Catalina, nueva y vieja. En la capilla de santa Catalina la vieja tenían sus escudos de armas los Quadros y Mexías.
El claustro de san Esteban, en que está la puerta llamada del Perdón, tenía un tramo destinado á Sagrario, con las siguientes capillas. San Esteban, fundación del alcalde mayor don Rodrigo Esteban, para su entierro y el de sus dos mujeres doña Mayor y doña María Gómez, en el siglo xiii: en ella mandó don Alonso X poner el pendón y banderas que se ganaron en una reñida batalla junto á Córdoba en 1283, durante las guerras civiles que oscurecieron el reinado del rey Sabio, batalla que costó la vida á aquel esforzado guerrero. San Ibo ó san Ibón, dotada por los caballeros franceses que asistieron á la conquista. La de Jesús, que fué desde la toma de Sevilla entierro de mu-
(i) En esta capilla, antes de que fuese trasladada á la de san Jorge en el claustro del Lagarto para la ejecución de la obra del Sagrario niitvo, tenía su escuela de Latinidad el famoso Antonio de Nebrija. L)on Juan de Loaysa, en un curioso ms. que dejó á la Iglesia, y de que volveremos á hablar más adelante, refiriéndose a memorias del año 1484, dice: fiür aquellos años tenia estudio abierto en Sevilla el célebre Antonio de Lebrija, y en el siguiente de i^gS consta -por auto capitular de I ." de Octubre que el cabildo le permitió diese sus lecciones en la capilla de la Granada, la que mandó surtir de bancos y esteras á este fin.
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chos personajes, entre ellos de Nicolás ele la Torre del Oro, así llamado por haber sido su primer vecino alcayde.
El claustro del Lagarto, llamado más propiamente de san yorgc, tenía cuatro capillas : la de san Jorge, que le daba el nombre, la de san Cristóbal^ la de san Nicolás y la de san Martin. La capilla de san Jorge fué una de las más famosas desde el principio, por haberse enterrado en ella varios de los caballeros conquistadores, como Garci Pérez de Vargas, Arias Gago, Pascual Soria y el genovés micer Uberto sobrino del pontífice Inocencio IV, de quien descendió el piadoso fundador de la Cartuja de Jerez. Era esta capilla la que hoy, inmediata á la Giralda, lleva el nombre de capilla de Nuestra Señora de la Granada, y bien demuestran los vestigios de obra antigua que conserva que para construirla se aprovecharon algunos arcos árabes de la mezquita. La capilla de san Cristóbal era fundación del siglo XIV ; la de san Nicolás perpetuaba la memoria de una hija del célebre don Lorenzo Suárez Gallinato, casada con el alcalde mayor Fernán Martínez, su fundador en i 294; en la capilla de san Martin era lo más notable desde el punto de vista de los gloriosos recuerdos, el sepulcro del almirante don Juan Mathe de Luna, trasladado á ella en 1401. Este claustro de san Jorge tomó el nombre vulgar de claustro ó nave del Lagarto, de un enorme cocodrilo enviado en 1260 al rey don Alonso por el Soldán de Egipto, el cual cocodrilo murió y mandó el rey fuese disecado y suspendido en lo alto del claustro, á la entrada de la Iglesia, donde todavía se conserva (i). Juntamente con el co-
(i) Sera quizá grato al lector saber la causa de este presente y la ocasión en que llegó a Sevilla. Sacamos ambas noticias de los Anoíles de Zúñiga, año i 260. — «Celebró (don Alonso el sabio) á 30 de Mayo el aniversario de san Fernando, que ya aclamado santo, era más solemnidad de su gloria que plegaria de su descanso... Erigíase en la iglesia majestuoso túmulo, concurrían los pueblos de la comarca con sus pendones, que ante él abatían, que tenía mas visos de romería que de funeral, trayendo algunos cirios tan grandes, que ardían todo el día... y el rey de Granada Aben Alhamar, afectísimo al rey santo en vida y gran honrador de su memoria en muerte, enviaba gran cantidad de moros principales y cien peones, con otros tantos cirios de cera blanca, que ponían en torno de la pira: eran los
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codrilo se ven allí un colmillo de elefante, que pesa dos arrobas y media y cuatro libras, y tiene de largo dos varas, y media de circunferencia; una vara que se dice haber pertenecido al primer Asistente de Sevilla; y un freno que la popular tradición supone del caballo del Cid, Babieca.
Había además en la antigua Catedral enterramientos en otros sitios distintos de las capillas mencionadas. Junto á un pilar de la Capilla Real tenían el suyo los caballeros Alfaros, con losa en que se leía: los Alfaros, aunque pobres, hijosdalgo. Muchos de los primeros conquistadores estaban enterrados allí cerca, y cuando se demolió la vieja Iglesia para hacer la nueva
días de mayor concurso y regocijo que en aquellos tiempos tenía Sevilla: sus caballeros los festejaban con ejercicios militares, el pueblo con danzas, y todos con la festiva aclamación de Santo, Santo, á cuya piedad y devoción sucedían maravillas, de que falta la individualidad de tiempo, aunque hay la certeza de prodigiosos sucesos».
«Ocupado en esta filial reverencia halló al rey una solemne embajada del Soldán de Egipto, que obligado de su fama, que resonaba en lo más distante, a ganar su amistad, le envió mensajeros y presentes regios, paños ricos, joyas preciosas, drogas exquisitas, animales extraños, que recibió con agrado y retornó con liberalidad. Se afirma que los animales exquisitos que presto murieron con la mudanza del clima, mandó el rey que sus pieles llenas de paja se pusiesen en el claustro de la Santa Iglesia ; que por uno que duró más, y era lagarto disforme (ó cocodrilo egipcio), se llamó Nave del Lagarto».
Desde los primeros siglos de la Iglesia fué costumbre hacera los templos ofrendas de objetos preciosos, ya por su valor, ya por su rareza: y según testimonio de Anastasio Bibliotecario (in Lcon. H'J ya en el siglo ix estaban algunas iglesias transformadas en verdaderos gabinetes de objetos curiosos, sin que por ello se escandalízasela candorosa piedad de los fieles.
Hablan del llamado lagarto y de los otros objetos presentados á don Alonso el Sabio y suspendidos en la nave ó claustro de san Jorge, la crónica de san Fernando, de don Alonso y de don Sancho, imp. en Sevilla en i 567, cap. g, fol. 5 ; Alvar Gutiérrez de Toledo en su Sumario de las cosas maravillosas del mundo,, fol. 47; Mariana, lib. 1 3." cap. 1 2 ; Garibay, compendio historial, lib. i 3, cap. 9 ; y Argote al final de su Discurso aumentado al lib. de la Montería, lol. 10, cap. 30.
El erudito don Juan Loaysa, canónigo de Sevilla, en un curioso libro que dejó ms. sobre la catedral antigua, refiere que en 1694, '^o^ ocasión de enlucir y olanquear aquel claustro, siendo el mayordomo de fábrica, se descolgaron aquellas venerables antiguallas y se volvieron á colocar sin alterar nada de su disposición primitiva, poniendo dos traslados de cuanto sobre ellas hablan los autores citados, uno dentro del lomo del lagarto y otro dentro del marfil. Conserva este ms. la Biblioteca Colombina : es de 7 86 pág. y se titula Memorias sepulcrales de esta santa Iglesia patriarcal de Sevilla en epitafios,, capillas, entierros, etc.
508 SEVILLA Y CÁDIZ
Catedral, sus huesos fueron cuidadosamente recogidos y reunidos en un común depósito (i).
Pero lo más notable de aquel antiguo templo era la Capilla Real, por los suntuosos tabernáculos que mandó labrar el rey don Alonso para las imágenes de sus padres, y por el que luego agregaron de la suya. El rey san Fernando, llevado de su ejemplar modestia, había dispuesto su sepultura al pié de la imagen de Nuestra Señora de los Reyes, en una tumba sencilla sin estatua ni retrato. Su hijo don Alonso le hizo erigir un mausoleo, en cuyos cuatro lados se esculpió en lenguas latina, castellana, arábiga y hebrea, el epitafio que compuso epilogando sus justas alabanzas (2). No quedaba más imagen del rey santo que una pintura ejecutada en la pared, no sabemos en qué paraje del templo; pero se conservaban cuidadosamente como preciosas reliquias de tan insigne varón, su espada, su pendón ó estandarte real, el vaso guarnecido de metal dorado en que bebía, y la pequeña imagen de marfil de Nuestra Señora que traía en sus campañas en el arzón de su silla: objeto de arte muy curioso á nuestros ojos, que por buenas conjeturas se cree procedente de Grecia, llevado á Alemania por la emperatriz María Irene mujer
(i) Después de concluida la obra nueva, lucron trasladados á la capilla de san Pablo. Don Juan de Loaysa en su ms. arriba citado (pág. 157) hablando de esta capilla, dice : «Los restos mortales de los ganadores de Sevilla tenían su losa, y "epitafio, en cuya orla se leía: D. M. D. Eqiiiíum qiii sirenue in expugnalione hiijiis »al7nce urbi's siib rcQe Fcvdinando mililarunt^ cafíilulum ecclcsíivvísceríbiis charit.i- »lis a(fectum in memon'am gloríosi triumphi ossa recollccta siib laf>idc marmóreo ncondiia -posuil, auno Domiiii ClC IC XX. — En medio de la lápida decía : Jaccnl liic »f>roceres nobilitatis noslrce paires. Quis sub lapide condidit? Capiliihim, pietale nsolila. Quce merila? ¡■'ides maf^na. virtiis ingens, mors beata. Qiii scit? Circiimsnpice : lestatur iirbs.n
(2) Dice el castellano : Aquí YACE EL MUY onrado Hernando señor de Cas-
TIELLA, E DE TOLEDO, E DE LeON, E DE GALICIA, DE SeVILLA, DE CORDOVA, DE MURCIA, DE IaiIEN, EL QUE CONQUISSO TODA EsPAÑA, EL MAS LEAL, EL MAS VERDADERO, EL MAS FRANCO, EL MAS ESFORZADO, EL MAS APUESTO, EL MAS GRANADO, EL MAS SOFKIDO, ELAIAS IIOMILDOSO, EL QUEMAS TEMIE Á DlOS,EL QUEMAS LF. KAZIK SERVICIO, EL QUE QUEBRANTÓ E DESTRUYÓ Á TODOS SUS ENEMIGOS, EL QUE ALZÓ E ONRÓ TODOS SUS AMIGOS, E CONQUISSO LA CIUDAD DE SeVILLA, QUE ES CABEZA DE TODA ESPAÑA, E PASSÓ EN EL POSTRIMERO DÍA DE MAYO. EN LA ErA DE MlL E CC E NOVENTA.
SEVILLA Y CÁDIZ 509
del electo emperador Felipe, y traído á España por la reina doña Beatriz su hija.
Hallábase el cadáver de esta princesa, primera esposa de san Fernando, sepultado en el monasterio de las Huelgas. Resolvió su hijo el rey sabio en 1279 trasladarlo de Burgos á la Capilla Real de Sevilla, y entonces fué sin duda alguna cuando mandó labrar para su padre el sepulcro rico y costoso, con su bulto, de que habla una de sus Cantigas. Refiérese en ella que habiendo hallado enteros é incorruptos los cadáveres de san Fernando y de doña Beatriz, los hizo á ambos sepultar en ricos monumentos primorosamente labrados. Puso la imagen de su padre, como convenía á tan cumplido monarca, sentado en una silla ó trono con su corona en la cabeza, teniendo en la mano derecha aquella ancha espada tan ominosa á la morisma, con la punta hacia arriba (i), y en el dedo índice de la mano izquierda una sortija preciosa, objeto del siguiente prodigio. — Aparecióse una noche en sueños al maestro Jorge, platero de Toledo que la había hecho, el rey san Fernando, y con la humildad propia de su devoto ánimo, de que tantas muestras había dado en vida, le dijo que no quería tuviese su imagen aquel anillo, sino que le fuese dado en ofrenda á la Virgen de los Reyes ; que esta imagen fuese colocada en el lugar preferente, donde se había puesto la su\-a, y que á él se le pusiese de rodillas delante de la soberana Señora, en actitud de entregarle el anillo como en reconocimiento de haber obtenido el reino por su intercesión y la de su divino Hijo. El maestro Jorge corrió presuroso á la iglesia: tanto instó, que el tesorero le abrió las puertas de oro de los tabernáculos, y observó lleno de asombro que la sortija estaba ya fuera del dedo del rey, mientras la Virgen alargaba la
(i) En esta misma disposición está retratado san Fernando en el pendón que se conserva en el Archivo de las Casas Consistoriales de Sevilla. Es fama que este curiosísimo pendón, monumento inapreciable de la iconografía, del arte y de la indumentaria del siglo xui, fué regalado á la ciudad por el rey don Alonso el Sabio. Poseemos una fidelísima copia de esta efigie, encargada por nosotros mismos, en la Galcria Iconográfica del musco del Prado de Madrid.
mano derecha para que la pusiesen en su dedo. Contaron el platero y el tesorero este prodigio al rey don Alonso y al arzobispo, fuéles muy grato á ambos, y alabaron mucho al rey don Fernando porque por su mediación obraba Dios tan grandes milagros (i).
De las miniaturas que acompañan á esta curiosa cantiga no se saca en verdad la colocación que en la antigua Capilla Real tenían las imágenes de don Fernando y doña Beatriz, ni razón cabal de la forma de los tabernáculos mandados hacer por el rey Sabio; pero hay un documento del siglo xiv que nos da noticia muy individualizada de la disposición en que estaban después de agregada á aquellas imágenes la del rey don Alonso, y es la memoria que reproduce Zúñiga sacada de un libro de Hernán Pérez de Guzmán escrito en el año 1345 (2). Dedúcese
(1) o bon rey don Fernando Se fois mostríir en visión A aquele que fezcra O anel : e disse, non Quer cst'anel tener migo. Mais dalo en ofrczon A a omagcn da Virgen Que ten vestido cendal. Milito demos tr a a Virgen. A Scnnora espirilal
Conque vis bcn des Toledo. E logo traerás a man Di á mcu filio que pona Esta omagen de SanTa María ú á mynna Está, ca non c do gran Guisado de secr tan alte Com'ela ne tan igual. Muilo dcmosira a Virgen,
Mas ponnan mi en genoUos. E que lie deu ó anel, Ca déla tieu o reino, E de seu filio muy bel.
Maestre Jorge avía Nom ó que aquesto viu En sonno, é mantenente
Pora do leito saiu,
E fui logo á Eigreia,
E fez tanto quellabriu
o tesoreiro as portas
D'üuro non d'outro metal,
E en catar á omagen
Avía muí gran sabor,
E viu la sortella fora
Do dedo, onde pavor
Ouve grand' á maravilla,
El titulo de esta cantiga es : Cómo el rey don l'ernando veno en visión á o tesoreiro é maestre Jorge, que tirase o anel de sen dedo, c o metesse }io dedo da omagen de Santa María.
(2) Hallábase este papel en uno de los tomos de varios de la librería del conde de Villahumbrosa, marqués de Monte Alegre, en Madrid. Zúñiga, año 1356, n. 4.
SE\MLLAYCÁDIZ $11
de esta memoria que los tres personajes estaban figurados del tamaño de un estado, ante la imagen de Nuestra Señora de los Reyes, teniendo á sus pies sus sepulturas, cubiertas todas de plata con dibujos de castillos y leones, águilas y cruces. La Virgen María, con su divino Hijo en brazos, ocupaba un tabernáculo más elevado que los de los reyes, muy grande, chapado de plata; vestía paños carmesíes, con manto pellote y sayas, y tenía una corona de oro cuajada de piedras preciosas, zafiros, rubíes, esmeraldas y topacios. El niño Dios tenía otra corona, que costó al rey don Alonso juntamente con la de la Madre, más de un cuento. Ambas esculturas estaban hechas á torno y de movimiento, de modo que cuando querían vestirlas las levantaban, y las volvían á colocar después en su acostumbrada posición. La Virgen tenía en un dedo un anillo de oro con un rubí grande como una avellana, y entre las dos imágenes y el tabernáculo había repartidas hasta dos mil piedras finas entre zafiros, rubíes, esmeraldas y topacios. Estaba la Virgen cobijada bajo un doselete en forma de marquesina, en la cual había cuatro esmeraldas tamañas como castañas, y en la cúspide un rubí como una nuez, de modo que cuando se abría aquel tabernáculo de noche, las piedras relumbraban como candelas. Delante de la imagen de Nuestra Señora, y más abajo, estaban los tres tabernáculos de don Fernando, doña Beatriz y don Alonso, cubiertos de plata figurando castillos y leones, águilas y cruces. A la mano izquierda de la Virgen estaba don Alonso, sentado en su silla, y á la opuesta la reina su madre, sentada también, ambas sillas chapadas de plata: en el centro san Fernando, igualmente sentado en su silla ó trono. Vestían los tres m^antos pellotes y sayas de valdoqitc, y aseguraban que tenían su ropa interior correspondiente. La reina estaba vestida de paitos de turqties y parecía la más hermosa mujer del mundo. La corona que tenía en la cabeza san Fernando era de oro y piedras preciosas: la espada, que empuñaba con la diestra (y que se cree ser la misma que había usado el famoso conde Fernán González), os-
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tentaba por arras ( i ) un rubí como un huevo, y su cruz una esmeralda muy pura: con la mano izquierda sustentaba la vaina cuajada de pedrería. La corona de doña Beatriz era asimismo de oro y piedras preciosas, y también la de don Alonso, tenien-
SE\'ILLA. — Cruz del Ca.>h'0
do además éste en la mano derecha una pértiga de plata con un águila (2), y en la izquierda una manzana de oro con una cruz. Ardían día y noche ante las tres sepulturas cirios de una arroba de cera cada uno, y cuatro lámparas de plata. Decían allí sus misas diariamente siete capellanes, y este culto se mantenía con
( i) Suponemos que querrá decir por arriaz.
(2) El documento que citamos dice equivocadamente que la pértiga de don Alonso remataba en una paloma, lo cual prueba la escasa critica de su autor. Zuñida lo reproduce sin hacer observación alguna sobre lo inadecuado del emblema supuesto.
SEVILLA Y CÁDIZ 513
la renta llamada de la tienda, que producía cada año cuarenta mil maravedís.
Lástima grande que el documento de donde tomamos estas curiosas noticias no nos describa la forma artística de los tabernáculos de Nuestra Señora y de los tres reyes, y ninguna luz nos dé acerca de la arquitectura de una parte tan principal del antiguo templo como la Capilla Real. Lo único que evidentemente se colige de la enumeración de sus joyas, es, que era de carácter ojival, y no románica ni sarracena, la obra de platería que servía de receptáculo ó capillas á las mencionadas imágenes, supuesto que se habla de un chapitel sobre la corona de santa Marta, en somo del cual están qtiatro piedras esmeraldas en los quadros, y de un rubí tamaño como una nuez que estaba somo del chapitel. Estas partes sólo convienen á una marquesina gótica, y parece regular que el resto de la obra guardase uniformidad con este detalle.
Concedió el rey sabio á la catedral de Sevilla todos los privilegios que gozaba la de Toledo, y aun los amplió, y otorgó que hubiese en ella estudios de lengua arábiga y latina. Dio los primeros estatutos para su gobierno el infante don Felipe, su arzobispo electo: los mejoró el arzobispo don Raimundo, y estableció diez dignidades, cuarenta canónigos, veinte racioneros mayores, veinte menores, veinteneros y demás ministros eclesiásticos, mozos de coro, seises ó niños cantores, cetreros, músicos, y ministros seculares, á saber, pertigueros, contadores, oficiales y escribientes. Á éstos seguía inferior plebe de trabajadores para el servicio ordinario y aseo del templo, llamados compañeros .
CAPITULO XXIV
Historia de la catedral nueva
N esta forma duró la catedral hasta el siglo xv; mas antes de referir lo que en ella se hizo en esta centuria, debemos consignar memorias del décimocuarto siglo que no son para calladas. Empeñado el rey don Pedro en 1 3 5 6 en la guerra 'contra Aragón, y buscando á toda costa medios con que mantenerla, sacó en Sevilla de los mercaderes y personas acaudaladas gruesas sumas, y no perdonó su codicia los adornos regios que en la Capilla Real tenían los bultos de don Alonso el Sabio y doña Beatriz, cuyas coronas despojó de sus piedras preciosas, alegando por disculpa la poca seguridad que allí tenían (i).
Durante los tres últimos años de su reinado, padeció Sevilla
(1) En el archivo de dicha Real Capilla hay traslados de dos albalaes ó recibos que dejó el rey en el año siguiente de 1357 para descargo del capellán guardajoyas Guillen Fernández.
5l6 SEVILLA Y CÁDIZ
en sus más ilustres familias grandes rigores. Favorecido de los ingleses, venció el rey en la batalla de Nájera (año 1367), y empezó á usar de su victoria con tan destemplada severidad» que al punto se cubrió de luto toda la parcialidad de don Enrique. Entre los prisioneros hechos en Nájera estaba el alcalde mayor de Sevilla, Garci Jufre Tenorio, y fué condenado á la pena capital. Fueron presos el almirante Micer Egidio Bocanegra, don Juan Ponce de León, señor de IVIarchena, Alonso Alvárez de Quadros, alcaide de Arcos, Alonso Fernández, alcaide de las Atarazanas, y otros. En todos se ejecutó violenta muerte. El almirante Bocanegra y don Juan Ponce de León fueron decapitados en la plaza de san Francisco: sus casas y estados fueron confiscados. Entre las familias perseguidas por don Pedro figuraban las de los Casas, Guevaras, Mendozas, Tolosanos, Saavedras y Riberas. Eranle por el contrario adictos, y de consiguiente perseguidos por los parciales de don Enrique, los Melgarejos, los Ortices, los Villafrancas, los Tellos, Medinas, Marmolejos y Santillanas.
Entró don Pedro en Sevilla, ya asombrada de suplicios^ dice Zúñiga, en setiembre de aquel año (1367), y mandó luego matar á su tesorero Martín Yáñez de Aponte, acusado de haber entregado el tesoro á sus enemigos, á pesar de los señalados favores con que hasta entonces le había distinguido. — El señor de San Lúcar, don Juan Alonso de Guzmán, y el maestre de Santiago don Gonzalo Mexía, habían logrado huir de Sevilla al saber el resultado de la batalla de Nájera. La madre del primero, doña Urraca Osorio, confiada en su inocencia, había permanecido en la ciudad : pero el rey, sediento de venganza, la hizo poner en prisiones, y poco después la mandó dar una muerte que llenó de escándalo y horror la ciudad^ pues dispuso fuese quemada en el sitio que llamaban de la Laguna (hoy Alameda). Es tradición que viéndola descompuesta entre las llamas su fiel criada Leonor Dávalos, se metió por ellas intrépida para cubrirla, acompañándola en la muerte.
SEVILLAYCÁDIZ 517
Favorecido don Enrique por la Francia en sus pretensiones y apoderado nuevamente de Castilla, tomó su voz la ciudad de Córdoba acogiendo al señor de San Lúcar, al maestre don Gonzalo Mexía, á don Alonso Pérez de Guzmán, señor de Gibraleón, y á otros nobles sevillanos. El rey don Pedro hizo alianza con el rey de Granada Mahomad, y juntos sus dos ejércitos, pusieron sitio á Córdoba, discurrieron por una y otra Andalucía, entraron á Jaén, destruyeron á Ubeda, asolaron á Utrera, sacando de ella once mil cautivos, imindaron de bárbaras hostilidades toda aquella región, causaron grandes estragos en Marchena, y regresando don Pedro á Sevilla mandó fortificar y abastecer á Carmona, á cuya fortaleza había fiado el año anterior sus hijos y sus tesoros.
Doña Teresa Jufre, hija del almirante Jufre Tenorio y mujer de Alvar Díaz de Mendoza, vio confiscadas las casas que tenía en la colación de san Ildefonso porque habló mal del sefior Rey^i).
Las severidades de don Pedro ahuyentaron de Sevilla muchas ilustres familias, que ó se extinguieron, ó mudaron á otras partes. Se pasó á Castilla y á Salamanca la de los Anríquez, que dura en los señores de Villalba; acabó la de los Manzanedos, de ricos-hombres y poderosa; faltaron los Biedmas, los Tenorios, Guevaras, y otros de igual suposición; pero aun entre los que lograron su favor, como era tan sujeto á desdenes, padecieron los más. — Y volvamos á nuestra catedral.
Pasaron por ella los borrascosos tiempos con que se anunciaron en España la caída del feudalismo y la centralización del poder real : presenció los sacrilegos despojos consumados por la codicia del rey don Pedro en las tumbas de sus augustos progenitores: resonaron bajo el morisco artesonado las plegarias y los votos de las hijas y de las esposas acongojadas du-
(1) Así consta de un privilegio que se guardaba en el archivo del convento de monjas de san Leandro, al cual dio el monarca las referidas casas (Zúñiga, año I 369, n.° i).
5lS S E V 1 L L A Y C A D 1 Z
rante las asoladoras pestes y fratricidas y sangrientas discordias del decimocuarto siglo; fueron á descansar al sagrado amparo de las arábigas columnatas en sus marmóreas tumbas, muchos nobles caballeros á quienes quitaron la paz en vida ya la propia ambición, ya el injusto rigor de la fortuna. Padeció el antiguo edificio almohade terremotos que conmovieron y desquiciaron sus gallardas arquerías: la necesidad continua de grandes reparos indujo deseos de nueva fábrica, que, aun sin estas poderosas causas, era precisa, por no cade?" ya e7i aquel estrecho, atíJtque no pequeño templo, la magnificencia de los animaos sevillanos de sus ilustrisimos capitulares (i) ; y reunidos el día 8 de julio de 1 40 1 el deán y el cabildo, sede vacante, en el corral de los Olmos, según era su uso y costumbre, hicieron estatuto en el cual dijeron, que por cuanto la iglesia de Sevilla amenazaba ruina por los terremotos pasados, y por muchas partes estaba desplomada, se labrase una nueva tal y tan buena que no hubiese otra igual á ella, y que si para esto no bastase la renta de la obra, se tomase de la renta de cada uno lo que fuese necesario, que de buen grado lo ofrecían todos en servicio de Dios y para que se atendiese á la grandeza y autoridad de Sevilla y de su Iglesia. Fiel intérprete de la magnanimidad religiosa de aquella asamblea, habló allí un celoso prebendado, cuya voz quedó á las futuras generaciones como fórmula hiperbólica de la arrebatada piedad sevillana, exclamando: hagamos una iglesia ta7i grande^ que los que la vieren acabada nos tengan por locos.
Y correspondió de lleno el efecto á la intención.. Sin apoyo de príncipes ni ayuda de prelados, sin limitar los gastos de su solemne culto, sin más auxilio que las limosnas de los fieles por el incentivo de las indulgencias concedidas y publicadas por todo el reino, según uso de aquel tiempo ; llevaron adelante los
(i) Expresión enfática de Zúñiga: año i40i,n.'' 3.
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generosos prebendados sevillanos (i) por espacio de 120 años, á costa de sus canongías y raciones, de las que solo se reservaron una mediana congrua, y con el escaso producto de las rentas de la fábrica, la gigantesca obra que vamos ligeramente á describir.
Derribóse casi en su totalidad la soberbia mole erigida por los arquitectos de Jusuf y Yakub: conserváronse tan solo la morisca torre, el hermoso patio de los Naranjos con los pórticos que á norte, levante y poniente lo circuían, y con el ándito y gradas de piedra de que lo habían rodeado por la parte exterior en 1395 (2), y el recinto de la Capilla Real, la cual no podía ser demolida hasta que para ello se obtuviese real licencia^ dificultada á la sazón por la entereza de don Enrique el Doliente, Habilitóse de iglesia provisional una capilla espaciosa en el llamado cementerio de san Miguel^ frontero al templo por la parte de oriente, cedido al cabildo en el Repartimiento para establecer sus oficinas, y después ampliado por sucesivas compras : y allí continuaron los divinos oficios en decente forma, aunque con estrechez, y se depositaron ordenadamente los huesos sacados de los deshechos enterramientos para restituirlos á sus respectivos lugares en la nueva iglesia, con el laudable fin de que ninguno quedase defraudado de las capillas, altares y mausoleos que hubiese dotado.
«No había aún resucitado la arquitectura romana al uso de »la Europa (dice el discreto Zúñiga), y duraba en los templos »el de la gótica, que mejor pudiera llamarse alemana.» Dióse á la nueva basílica longitud de oriente á poniente, según el primitivo rito de la iglesia, y se trazó con cinco naves, sin contar las de las capillas, ocupando un espacio de 379 pies, exceptuados
(i) Espinosa y Carzel publicó en sus adiciones á Zúñiga una curiosa lista de los celosos y piadosos capitulares que contribuyeron con la renta de sus prebendas á la fábrica de la nueva catedral. Se sacó de la Vida, del V. Coníreras que escribió el P. Gabriel de Aranda, el cual la debió al archivo de la santa iglesia.
(2) Hizo esta obra el arzobispo don Gonzalo de Mena con el deán y cabildo para quitar las tiendas que afeaban aquel exterior con desdoro del templo.
520 SEVILLA Y CÁDIZ
los gruesos de las paredes y lo que comprendían las capillas que servían de cabecera. A su latitud se dieron 2 1 7 pies, contados igualmente sin el grueso de las paredes y fondo de las capillas de las dos bandas de norte y mediodía (i). Habían de sostener las ojivales bóvedas 36 pilares, compuestos de esbeltas columnillas agrupadas formando como haces de palmas, de quince pies de diámetro, y los medios pilares correspondientes en sus cuatro muros. Sobre el crucero, entre el presbiterio y el coro, había de elevarse un gigantesco cimborio hasta la altura del primer cuerpo de la torre mauritana. En ornatos arquitectónicos debía ser sobria la proyectada fábrica, pero en austera é imponente grandiosidad había de ser la más abundada de toda Europa. ¿Quién ideó tan soberbia traza? Nadie de fijo lo sabe: singular modestia la de nuestra antigua España, cuyos más beneméritos hijos así se condenaban al olvido! — Atribuyen unos esta obra al arquitecto Alonso Martínez, que ya en 1396 era maestro mayor del cabildo; otros á Pero García, que lo era en 1 42 1.
Colocóse la primera piedra el año 1402; las liberalidades de los prebendados y de muchas personas piadosas permitieron que se activase la obra en toda la parte de occidente; y tomando la construcción nuevo incremento en 1426 con haber dejado á la fábrica de la santa iglesia la parte principal de su hacienda una célebre y caritativa señora, llamada doña Guiomar Manuel (2),
(t) La longitud y latitud del gran rectángulo que forma el área de la catedral, no comprendiendo en ella el ábside de la Capilla Real ni el patio de los Naranjos, son, como aseguran Ceán Bermúdez y don José Amador de los Ríos, 398 pies de levante á poniente, y 29 i de norte á sur. «Divídese el largo, dice el primero en su nDescripción artística de la catedral de Sevilla, dando 40 pies á cada una de las «ocho bóvedas que componen las naves laterales, í9 al crucero en su ancho y 20 »á cada una de las capillas de san Pedro y san Pablo, que suman 398, sin contar »la Capilla Real que sale fuera del cuadrilongo. También se subdivide el ancho »dando los 59 pies del crucero á la nave del medio, 39 y '/^ á cada una de lascua- <)tro laterales, y 37 á las capillas, que componen 294 pies.» Tienen estas capillas 49 pies de altura, 96 las naves de los lados, y i 34 la principal.
(2) Fué esta benéfica matrojta, como la llama Zúñiga, enterrada cerca del antiguo altar de san Juan Bautista, próximo á la Capilla Real primitiva: prueba evi-
SEVILLA Y CÁDIZ 52I
ya á los treinta años de comenzado el suntuoso templo (en 1432) se hallaba tan adelantado, que fué preciso impetrar del rey don Juan II licencia para derribar la Capilla Real antigua, que era embarazo á la continuación por el lado de levante. Dio el monarca el deseado permiso, imponiendo al deán y cabildo la condición de que fabricasen nueva Capilla de digna simtuosidad, y colocasen entre tanto la imagen de Nuestra Señora de los Reyes y los cuerpos reales en parte decente. Dispúsose local adecuado encima de las capillas de la nave ó claustro del Lagarto: local que á la muerte de don Fernando Colón, en 1539, se destinó á Biblioteca; y entonces pasaron las tumbas reales á la nave ó claustro de los Caballeros^ donde permaneció la Capilla Real hasta que se terminó la nueva en 1579.
Ciento y tres años duró la construcción de la gran basílica hispalense hasta el remate del cimborio según su primera traza: en 1462 la dirigía Juan Normán; en 1488 era su maestro mayor Juan de Hoz (i); desempeñaba el propio cargo en 1506 Alonso Ruíz ( 2 ) ; finalmente , en diciembre de este mismo año ponían la última piedra al mencionado cimborio el maestro Alonso Rodríguez y su aparejador Gonzalo de Rojas. — Breve fué el tiempo que permaneció la atrevida fábrica en aquella disposición: la eminente bóveda y coronación del crucero se desplomó con espantable estruendo en la noche del 28 de diciembre de 1 5 1 1 , y la grande obra de la piedad sevillana
dente de que la nueva obra del templo en nada afectaba todavía á la parte de oriente donde se estableció desde un principio dicha Capilla Real.
(i) En el libro de autos capitulares que se guarda en el archivo de la santa iglesia correspondiente al año 1488, existe al fol. i 36 vuelto un acta por la cual consta que el maestro mayor Juan de Hoz tenía secretos que no quería comunicar á nadie respecto de la obra, y que los diputados del deán y cabildo se vieron en la precisión de mandar que en lo sucesivo no pudiera el referido maestro hacer traza alguna sin que el aparejador nombrado por ellos estuviese presente, /)or^;/e szé/ moriese, quedase bien injormado é instruclo en la, -perjeccion de la dicha obra.
(2) Como tal maestro mayor testaba éste ante Fernán Ruíz de Porras en 9 de junio de 1 506. Sacamos esta noticia de un curioso ms. atribuido al archivista don Antonio de San Martín y Castillo, que se conserva en el archivo de la santa catedral con el título de Historia de la iglesia antigua, etc.
no logró feliz remate hasta el año 1 5 1 9 en que el maestro mayor, Juan Gil de Hontañón, acabó la reconstrucción de la parte arruinada tal y conforme se presenta hoy, celebrándose su
Capilla del Colegio de Maese Rodrigo
conclusión con una procesión solemne á la capilla de Nuestra Señora de la Antigua. — El magnífico retablo del altar mayor, obra que inmortaliza al maestro Danchart que lo ideó y principió en 1482, á su discípulo Marco, á Bernardo de Ortega, que
SEVILLA Y CÁDIZ =523
le ayudó, á Jorge Fernández Alemán y á otros acreditados artistas que lo terminaron, estaba concluido; la grandiosa sillería de coro, trazada por Nufro Sánchez desde antes del año 1475 y acabada por el mencionado Danchart en 1479, daba ya decorosa colocación al cabildo durante la celebración de los divinos oficios ; comenzaban á cubrirse de pintada y brillante imaginería las noventa y tres vidrieras del espacioso y elevado templo, habiendo principiado á ejercitar en ellas su diestro pincel, familiarizado con la candorosa manera llamada gótica^ Micer Cristóbal Alemán, Juan Flamenco, hijo de Jacobo, Juan Jacqués, Juan Bernal, Juan Vivan y Bernardino de Celandia (i).
Solo estaba sin cumplir la condición impuesta al Deán y al cabildo por Don Juan II al otorgarles la licencia para deshacer la Capilla Real antigua. La Capilla nueva que había de sustituir á aquella, no se hallaba ni aun en proyecto, y para que los prebendados se moviesen á dar algún indicio de sus egregias aspiraciones respecto de aquel negocio, todavía intacto, fijé menester que la cesárea majestad de Carlos V, recién electo emperador de Alemania, escribiese al capítulo recordándole su promesa y exigiéndole el debido cumplimiento. Lo que idearon entonces los arquitectos Enrique de Egas y Juan de Álava respondiendo á la excitación del cabildo, y lo que, después de frustrados los planes de traer á Sevilla para aquella obra los más renombrados artistas de Italia y de Flandes, concibió el maestro mayor Martín Gaínza con aprobación y revisión del famoso Alonso de Covarubias, es materia que pertenece á la descripción de las obras
(i) Comenzó la obra de las vidrieras el año i 504. En 1525 contrajeron obligación de pintar la mayor parte de las que faltaban Arnao de Flandes y su hermano Arnao de Vergara. Ejecutaron éstos las pinturas de mayor mérito que tiene la catedral en este género, como son la Asceyíción del Señor y la Asunción de Nuestra Señora, y las que representan á \os publícanos y mercaderes arrojados del templo. En 1557, muerto Arnao de Flandes, se encomendó la imaginería de las ventanas á Carlos de Brujas y á Vicente Menandro. En i 579 padecieron mucho estas vidrieras con la gran explosión de los molinos y almacenes de pólvora de Triana, la cual, según refiere Morgado, fué tan violenta, que destruyó 60 casas, hizo estremecer á toda Sevilla, y arrojó á la banda de acá del río pedazos de cuerpos de hombres y mujeres.
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notables ejecutadas en Sevilla en la época del Renacimiento.
De cuantos autores han escrito sobre la Catedral de Sevilla, parécenos el más verídico respecto de las dimensiones, y el más atinado en la manera de dar breve y cabal idea de su interna disposición, don Fernando de la Torre Farfán en la obra que publicó de las fiestas hechas á San Fernando por el Cabildo de dicha Santa Iglesia. Para redactarla en 1671, tuvo presentes las informaciones de los maestros de la obra que lo eran en 15 13, y que probablemente serían los que la llevaron á su término. De él tomó Zúñiga la descripción que hizo en sus Anales; y habiendo comprobado nosotros la exactitud de las especies consignadas por tan autorizadas plumas, creemos deber tomarlos por guías en esta parte de nuestra tarea, si bien completando sus diminutas aunque verídicas noticias con los datos que posteriormente han allegado la infatigable diligencia y sana crítica de los escritores que tras ellos vinieron (i). Solo así nos es dado ofrecer á la imaginación del lector la sagrada mole de la basílica sevillana despojada de las producciones, más ó menos felices, que adhirió á ella el arte bajo el imperio de los estilos plateresco y greco-romano, y presentársela tal como debió quedar al fenecer la arquitectura predominante en la Edad-media, que en nuestra patria, singular en todo, se perpetuó hasta el primer tercio del siglo xvi (2).
Corre el año 15 19. — Álzase la nueva y aún no terminada basílica en el solar donde tuvo su asiento la gran mezquita de los reyes almohades, y conservando de aquella casi todo el patio ó jardín pensil que le servía de principal ingreso. Solo por la banda de mediodía se ve invadido el ameno y sombrío recinto poblado de palmas y naranjos, por la obra del templo cristiano.
(1) Distinguimos entre éstos, si bien por diíerentes títulos, á don Antonio Ponz, don Juan Agustín Ceán Bermúdez y don José Amador de los Ríos.
(2) Hemos expuesto las causas probables de este fenómeno, tan interesante en la historia de nuestras artes, en la monografía de la Universidad complutense que escribimos para la obra de los Monumentos Arquitectónicos de España.
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cuyo paramento sin fachada avanza hasta la h'nea en que hace frente al septentrión la gigantesca torre. Descuella ésta á Oriente, despojada de la belleza de su antiguo remate por el temblor de tierra que en 1396 tronchó la espiga de hierro donde estaban enfiladas sus cuatro manzanas de dorado bronce. El almenado muro que circuye el patio campea desde el año 1395 libre y desembarazado de las feas construcciones que en él apoyaban como plantas parásitas, y le rodea un espacioso ándito elevado sobre gradas de piedra y defendido por todo su contorno con postes y cadenas. Por encima de sus endentadas almenas asoma el ramaje: hacia el centro del lienzo septentrional se abre la espaciosa y rica Puerta del Perdón, cuya obra de profusa ornamentación morisca fió sin duda el rey Don Alonso XI á la feliz inventiva de algún alarife mudejar cuando en 1340 llevó en acción de gracias á la santa basílica las banderas berberiscas ganadas en la batalla del Salado (i). — Al fondo del patio se levanta la mole del templo, cuyas naves y filas de capillas laterales, tendidas de Oriente á Occidente, van remontándose en proporción de su altura, haciendo gigantesca grupa la nave mayor y central que en forma de cruz á todas domina. Son dichas naves en su parte superior espaciosos terrados circuidos de calados antepechos, á manera de deliciosos bancales de la mística Jerusalén. Enlázanse los estribos de unos y de otros por medio
(i) Habiendo maltratado el tiempo los primorosos arabescos que ornaban los graciosos y gallardos arcos de esta puerta, encargó el Cabildo en 1^22 al escultor Bartolomé López que los restaurara, y éste sustituyó al almocárabe y á la ajaraca antiguos, los follajes del gusto plateresco que dominaba en su tiempo. Hacia la misma época decoraba los estribos que flanquean la puerta y su témpano superior .Miguel Florentín con cuatro estatuas y un bajo-relieve : las estatuas representan á San Pedro y San Pablo y el misterio de la Anunciación, y el bajo-relieve á los mercaderes expulsados del templo. Un cobertizo de precioso artesonado preservaba de la intemperie toda esta decoración; pero en 1838 tuvo el mayordomo Campos la mala humorada de entregarlo al fuego, y desde entonces, penetrando la lluvia entre el muro y el ornato que le reviste, se ha ido poco á poco degradando éste, hasta el punto de desprenderse algunas de sus partes causando en los transeúntes muy enojosos accidentes. El aspecto actual de la Puerta del Perdón es el que presenta la lámina que acompaña.
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de atrevidos arbotantes, que van llevando de arriba abajo los contrarestos á los empujes de las bóvedas, y todos aquellos estribos aparecen coronados y robustecidos con botareles y pináculos; fantástica vegetación petrificada que aumenta la galana majestad del comblo. Facilitan el ingreso al buque del templo nueve puertas, dos á oriente, tres á poniente, una á mediodía y tres al norte: todas ellas sin concluir (i).
Penetremos en lo interior y sírvanos de cicerone el afamado analista Zúñiga, cuyo anticuado lenguaje trataremos de no vestir demasiado á la moderna. «Dividen las cinco naves, para subir á entivar los arcos sobre que cargan sus cerramientos, treinta y dos pilastrones, que moldeados á la manera gótica, no menos semejan que otras tantas macizas torres, á que corresponden, embebidos en los cuatro lienzos de las paredes, otros veintiocho, completando el número de sesenta : los cuales sirven igualmente
(i) La decoración arquitectónica de las dos puertas laterales de la fachada principal, que mira á poniente, nos parece de la época en que se construyó la Catedral, pues todo en ella revela el estilo gótico decadente, pero anterior al que se introdujo y generalizó bajo el reinado de la casa de Austria. La obra no obstante pudo hacerse ya muy entrado el siglo xvi, imitando el carácter general del templo. La puerta central, que está sin concluir en su parte decorativa, recibirá pronto un soberbio bajo-relieve que llenará todo su tímpano, 1-epresentando la Asunción de Nuestra, Señora: obra en que se está ocupando el distinguido escultor D. Ricardo Bellver, y que se costea con los fondos de un legado que dejó para las obras de ornato del templo hispalense D. Mariano Desmaissieres.
Respecto de las esculturas que adornan los frontispicios de las puertas laterales y los de las puertas de levante, Zúñiga las supone obra del estatuario sevillano Jerónimo Fernández. Don Antonio Ponz las cree del escultor Lope Marín, que florecía por los años 1550. El señor don José Amador de los Ríos fué de esta misma opinión. Ceán añade que algunas de ellas son de Juan de Millán. Sean de quien fuesen, es lo cierto que si bien ostentan cierta grandiosidad, principalmente en los pliegues, su estilo es inadecuado para la exornación de la arquitectura ojival, que requiere más reposo, menos individiialisino y más simbolismo. — Son de barro cocido : los bajo-relieves de los tímpanos ó frontispicios representan, en las de occidente el Nacimiento de Jesiis y su "-Bautismo^ en las de oriente la Adoración de los Reyes y la Entrada en Jerusalén. Las estatuas son de evangelistas, obispos y otros personajes : ejecutadas por Pedro Millán, según asegura el Sr. Gestoso y Pérez que ha visto su firma.
Estas esculturas ofrecen gran semejanza de estilo con la estatua de Satitiago el menor que está en el nicho sobre el altar de la izquierda de la Puerta de la Campanilla: la cual acaso pertenecía al apostolado del antiguo cimborio que se desplomó en I ^ I 1 .
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para la fortaleza y la simetría. Sobre éstos estriban y juegan ciento y cuatro arcos, que desmienten un tanto el medio punto, siendo su altura hasta la clave en las naves laterales de noventa y seis pies, y en la nave central y crucero de ciento treinta y cuatro, exceso que exige el arte en semejantes fábricas. Las molduras de los pilastrones, interrumpidas solo por sus cimacios, cierran encontrándose en las claves, y adornan las bóvedas con los compartimientos que entre sí forman. Cuarenta y tres pies tiene de rodeo el grueso de cada pilastrón, de planta ochavada, excedidos solo en los cuatro sobre que carga el crucero: atención del artífice al mayor peso que había de sobreponerles, y que según buenas noticias elevó casi hasta igualar el alto del primer cuerpo de la torre rematando con su linterna; mas habiendo padecido ruina, se reedificó poco superior á la bóveda del crucero, sin hacer disonancia á lo demás del templo, cuya amplitud y desahogo causan maravilla atendido el grueso de sus pilares, pues éstos no producen sombra en la gran dilatación de los claros.»
No pierda el lector de vista que vamos recorriendo el templo en 15 19, recién terminada la reconstrucción del crucero por el maestro Gil de Hontañón. — El efecto de luz en el espacioso buque, ó por mejor decir en el marmóreo y gigantesco palmar, no es aún el que será cuando estén acabadas de colocar sus pintadas vidrieras, y cuando el noble arte de los Mellein y de los Lallemand haya terminado su obra en aquel recinto, enmudeciendo en él la confusa algarabía de los maestros flamencos, tudescos y franceses (i). La capilla mayor está sin verja: tam-
(i) Creemos oportuno completar lo que llevamos dicho de las vidrieras de la catedral con noticias que extractamos del libro Seville and its vicinity de Mr. Standish. — Dijimos en una nota anterior que los hermanos Arnao de Flandes y Arnao de Vergara se obligaron en 1525 á concluir la obra de dichas vidrieras. Vergara pintó en ellas hasta el año 1538, dejando sin acabar el lado déla Asunción que hace frente al crucero, á la derecha del altar mayor, y lo terminó Arnao de Flandes, el cual siguió pintando hasta su muerte, acaecida en 1557. Acordó el cabildo pagar á la viuda de éste la suma de 50.592 maravedís, debida al marido por su última ventana de la liajada del Espíritu Sanio que está al lado de la puerta
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poco la tiene el coro. Ocúpase en labrar aquella, trazada desde el año 15 18 según el estilo plateresco, con columnas corintias y lindos bajo-relieves, Fr. Francisco de Salamanca, que asimismo entiende en la obra de los pulpitos (i). Esta obra la está diseñando Sancho Muñoz, artífice igualmente educado en la escuela innovadora (2).
El gran retablo del altar mayor, de madera de castaño, trazado por el maestro Danchart, esculpido por éste y por los habilísimos Ortegas — Marco, Bernardo, Francisco, Bernardino y Nufrio — y dorado por Alejo Fernández, solo ocupa ahora el
del patio de los Naranjos. En los diez y nueve años transcurridos desde 1538 hasta 1557 ejecutó Arnao de Flandes las piezas siguientes : la de Sania Maria, cerca de la puerta de San Miguel; la de los Apóstoles, en el crucero, á la izquierda del altar mayor; los cuatro obispos, que caen hacia el mismo lado; la ventana circular de la Ascensión ; la de las santas Justa, Rufina, Bárbara y Clara; la de los santos Lorenzo, Vicente, Esteban y Leonardo; la de las sanias Lucia, Inés, Cecilia y Águeda; la de los sanios Juan Bautista, Pablo y Roque; la de las santas Úrsula, Anastasia y Polonia, y la de los satitos Marti7i, Nicolás y Silvestre; la entrada en Jerusalén, la resurrección de Lázaro, Jesús lavando los pies á sus discípulos, la Cena, la Magdalena ungiendo los pies del Salvador, los mercaderes arrojados del templo, el tránsito de Nuestra Señora y san Francisco. Carlos de Brujas y Vicente Menandro, que se cree pintaron las vidrieras restantes, trabajaron en la catedral hasta el año i 569. Recomendamos á los aficionados á este ramo del arte, las interesantes noticias que suministra el Sr. Gestoso, en su libro arriba citado, acerca de las referidas vidrieras. Los datos que ofrece este laborioso anticuario completan los de Ceán y Standish, y prueban que la pintura en vidrio floreció en Sevilla hasta fines del siglo xviii.
(i) Fr. Francisco de Salamanca se hizo ayudar en esta obra por Fr. Juan y por Antonio de Falencia su discípulo. La terminó en i 5 5 3. El friso de su cornisamento está enriquecido con adornos del mejor gusto. Sobre la puerta se ve el busto del Salvador con estas palabras en su contorno: IHS.XPS: Salvator mundi. Antonio de Falencia hizo además la escalera del pulpito del lado del Evangelio, con pasajes del Apocalipsi y estatuas de los Evangelistas.
(2) Sancho Muñoz trazó y diseñó también las dos rejas laterales de la capilla mayor y las empezó á labrar acompañado de Juan Yepes y del maestro Esteban, concluyéndolas Diego de Ydrobo en i 5 2 3 y recibiendo de gratificación 200 ducados. El Sr. Standish supone que Sancho Muñoz había ya terminado en 15181a reja de un costado, y que después de hecha esta preciosa obra, recibió el encargo de ejecutar la reja del coro, comprometiéndose á darla terminada en 1 8 meses por la cantidad anual de 200 ducados de oro. Añade que trajo sus auxiliares de Cuenca, y que cumplió religiosamente su contrato en el término convenido. Contiene esta preciosa reja, además de su profuso ornato, figuras de profetas y reyes, y una representación de la generación temporal de Cristo. Las rejas laterales estriban en antepechos góticos de piedra y constan de un solo cuerpo ornado de pilastras y frisos calados, con flameros y candelabros.
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ancho del presbiterio: andando el tiempo determinará el cabildo, siempre espléndido en sus proyectos, ampliarlo á los costados, guardando la misma forma y siguiendo el mismo género de arquitectura. El gótico florido brilla en esta obra, la más portentosa que en su especie ha visto España. Grupos de esbeltas columnillas la dividen verticalmente, y fajas laboreadas horizontales forman con aquellas andanas de nichos, en que se representan de imaginería los misterios de la creación del primer hombre^ y los de la infancia , predicación ^ pasión y muerte, resurrección y ascensión de Jesitcristo (i). Cuando este retablo haya obtenido el complemento que la piedad del cabildo le destina, y hayan ejercitado en él su ingenio y sus manos los aventajados artistas Becerril, Villalba, Bernal, Heredia, Gómez de Orozco, Juan de Falencia y Juan Bautista Vázquez, lo cual no será hasta promediar el siglo, el presbiterio de la catedral de Sevilla será el Sa^itasantórmn más imponente y augusto de la cristiandad.
Entre el muro en que apoya el retablo y el que sirve de respaldo á la capilla mayor, hay una estancia asaz lóbrega destinada á sacristía. Llamaráse andando el tiempo la sacristía alta. Cúbrela un artesonado de exquisito gusto, y conserva esta cámara una puerta morisca dividida en dos hojas, orlada de leyendas latinas en caracteres góticos, que debió pertenecer á la catedral antigua. Guárdase en esta sacristía una curiosa antigualla, que son las famosas Tablas alfonsinas, donadas á la Iglesia por el rey Sabio, el cual reunió á ellas multitud de reliquias. Su haz exterior ostenta relieves, bien característicos de la época de transición del arte románico al llamado gótico (2).
(i) V. el remate de este magnífico retablo en la lámina titulada Interior de la Catedral.
(2) Las Tablas alfoiisinas de que hablamos no son las astronómicas que don Alonso el Sabio compuso, sino un relicario enriquecido con labores de oro, plata, piedras preciosas y camafeos, que se supone libertado de la ruina de Constantinopla y traído á París por el venerable abad Martino, y dado por éste á Filipo de Suevia, electo emperador de Alemania, padre de la reina doña Beatriz, esposa de
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El respaldo del presbiterio está desnudo de todo ornato. En breve se verá decorado por industria del ingenioso Gonzalo de Rojas, formando diversas zonas embellecidas con estatuas de barro cocido, representando santos, obispos y mártires, y coronadas de ricas labores y afiligranados doseletes de gusto bastardo (i). Será una de las últimas obras de estilo francogermánico que verá ejecutar el siglo xvi, y le dará realce la devoción de doña María Osorio, que hacia el año 1554 dedicará en su centro una capilla á Nuestra Señora del Reposo.
Ninguna obra notable advertimos en el respaldo del coro ni en sus fachadas laterales ; aún no ha realizado Nicolás de León, el aventajado discípulo de Jorge Fernández Alemán, su hermosa idea de hermanar en cuatro capillas de alabastro, con
San Fernando. El rey don Alonso le añadió el ornato exterior, lleno de historias cinceladas, y le dio la forma que hoy tiene. — V. á Zúñiga, año i 284, n. 6.
(i) La obra de Gonzalo de Rojas comenzó por los años 1522. Los escultores que hicieron las estatuas fueron Miguel Florentín, Juan Marín, Diego Pesquera y Juan de Cabrera, y las ejecutaron desde el año 1523 al 157?.
Adviértese en esta decoración del trasaltar gran falta de unidad de pensamiento, por lo que, á pesar de haberse empleado en ella bastantes años, aparece como ejecutada á la ligera y sin plan maduro. Copiaremos aquí la descripción que de esta parte del templo sevillano hicimos en nuestro diario de viaje. « Es tal la irregularidad de la fachada del trasaltar, que parece no tuvieron lugar de tomar medidas al ejecutarla. Tiene en el centro una puerta con un arquito de bordón sumamente rebajado y sostenido en dos columnillas. Sobre la puerta, dos ventanas cuadradas con cenefa gótica entre bordones ó molduras. Mas estas ventanas no dividen en partes iguales el témpano del muro : la de la izquierda está más próxima al pilar del sur que la de la derecha al del norte. Sobre estas ventanas se extiende la segunda zona, que se compone de cenefa, otras dos ventanas cuadradas con conopios, entre ellas un nicho con repisa y marquesina, y en él la estatua de Nuestra Señora, y a entrambos lados andanas de figuras divididas por agujas sostenidas en repisas y coronadas de pináculos. Pero la andana de la izquierda es de tres estatuas, y la de la derecha de cuatro. Sigúela tercera zona, separada de la segunda por un cordón horizontal con cenefa y faja de arquitos ornamentales, y se compone de otra andana, no interrumpida, de i 7 estatuas con susrepisas, marquesinas y agujas de división. Encima de esta última andana corre otro cordón horizontal, y luego un antepecho calado con su crestería.
También hay diferencia entre los dos lados del norte y del sur del trasaltar. En el del norte se ven en lo alto dos andanas de a nueve figuras; y en el del sur son de áocho figuras. Entre una y otra andana no hay faja horizontal que las separe.
Hay en c! trasaltar algunos cuadros que, aunque buenos considerados separadamente, dicen muy mal con la arquitectura del templo.
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los más graciosos perfiles de la escultura del renacimiento, la más exuberante gala arquitectónica del estilo ojival terciario (i). Soñará sin duda el primoroso escultor aquella decoración tan rica y graciosa. El interior de las cuatro capillas pertenecerá al nuevo arte que tanto priva en la moderna Europa; pero su embocadura será un atrevido y fantástico compuesto con el cual demostrará que no era menester abjurar del arte fecundo de la Edadmedia para descubrir en la arquitectura nuevas fuentes de elevada y santa poesía. Allí pondrá bellos entallados, graciosísimos ángeles, lindas estatuillas y columnas esculpidas con delicadeza suma: abrirá en cada capilla un hermoso arco apainelado, flanqueado de agujas y pináculos, adornados de preciosas figurillas con sus repisas y caladas marquesinas; cubrirá las fajas de caprichosas cenefas de hojas y figuras; cuajará las jambas de vastagos, torrecillas y mascarones; llenará la archivolta de andanas de estatuítas, y las enjutas de follajes retorcidos prendidos al arco de la embocadura. Pero la escuela greco-romana, invasora é intolerante, no hará caso de estos tesoros de gracia y sentimiento, y lo atropellará todo, y cubrirá la magnífica obra de Nicolás de León con pesados frontispicios de jaspes á la manera de Vignola, y con altares de pésimo gusto, que mal adaptados y por fortuna malamente sobrepuestos, descubrirán á trechos la obra primitiva. Y esta asomará algunas de sus primorosas estatuillas y parte de su delicada crestería, como se dejan ver los contornos de un lindo rostro bajo una fea máscara que le viene estrecha.
Esto por lo tocante á las fachadas laterales. En cuanto al
(1) Son estas cuatro capillas la de San Gregorio, la de Nuestra Señora de la Estrella, la de la Encarnación y la antigua de San Juan Flautista (hoy de la Concepción). Ceán Bermúdez en su artículo sobre Nicolás de León, dice que es de su mano el adorno de las portadas y capillitas de San Gregorio y de Nuestra Señora de la Estrella. El Sr. Ríos en su Sevilla 'pintoresca afirma que las cuatro capillas son obra de este artista y de su hijo Martín. Muy semejantes son en verdad todas cuatro; pero ni tenemos datos para suponer que Martín de León ayudase á su padre en esta obra, ni consta por otra parte que labrase Nicolás las dos que Cean no le atribuye.
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respaldo propiamente dicho, ó Trascoro, lo único que en él divisamos es un modesto altar con la imagen de Nuestra Señora de los Remedios, que perteneció á la catedral antigua. Es una tabla del siglo xiv, de mano ignorada, en que pondrá con harto desenfado la suya un mediano pintor, Antón Pérez, hacia el año 1548. Mayor atentado todavía habrá de consumarse en el muro que al coro sirve de respaldo. Un furioso viñolista, que llevará por nombre Luís González, imaginará durante el primer tercio del siglo xvii cubrirlo con un armatoste mazacote, que el bondadoso Zúñiga llamará bella fachada arquitectónica de jaspes, mármoles y bronces, en que á lo precioso de los materiales excede m,uchos grados la ejecución de las artes del dibujo en historia^ pedestales^ columnas, muros y cornisamentos. Esta pesada y fastidiosa máquina arrebatará la admiración y el aplauso de los artistas amanerados de la época, con sus relieves de mármol de Genova y bronce dorado, verdadera pacotilla de la Italia artístico-mercantil. Solo un objeto presentará el contorno exterior del coro más vituperable aún que esta fachada, y serán sus churriguerescos órganos, afrenta del buen sentido, de la esbelta arquitectura ojival y de la delicada decoración plateresca (i). Lástima grande que no piense el ilustrado cabildo metropolitano en hacer estas obras antes que espire el decimosexto siglo, mientras lleven á cabo las suyas el artífice encargado del Sagrario ó Tabernáculo y del trono de Nuestra Señora de la Sede (2); Bartolomé Morel, que ha de emplearse en hacer el
( 1) Los instrumentos de por sí son dos excelentes piezas. El del lado de la epístola fué construido en 1792 por don Jorge Bosch,y es admirable la distribución de sus registros y la dulzura de sus voces. El del Evangelio se debió al talento de don Agustín Verdalonga, que lo ejecutó en nuestros días con general aplauso de los aficionados é inteligentes.
(2) Consta que fué Francisco Alfaro quien ejecutó en i 596 el Tabernáculo ó Sagrario del altar mayor. — V. á Ceán Bermúdez, Diccionario de bellas artes, etc.
También está sobre la mesa altar en su nicho la antigua estatua de la Virgen dada al templo por San Fernando. El trono que ocupa es de maciza plata y su frontispicio presenta trece nichos cobijados por sus doseletes de labor artificiosa y ocupados por las estatuas de los apóstoles y la Virgen de la quinta angustia en el
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Tenebrario y. en dar al coro majestuoso Facistol (i);los iluminadores que ya comienzan á pintar vitelas para los libros de canto y rezo (2); Micer Antonio Florentín, que ha de trazar para las fiestas de Semana Santa un grandioso monumento (3); y Juan
centro, rematando todo con un calvario exento. Habiéndose ejecutado asimismo esta obra en el año i ^q6, según afirma Zúñiga (/l?ra/. 1506, 6), nada de extraño tendría la hubiese hecho el propio artífice que construyó el Tabernáculo.
Los adornos y figuras de los bajo-relieves de una y otra son de buena escuela y están las últimas ejecutadas con gran inteligencia de dibujo y de anatomía; pero aún más que los bajo-relieves nos agradan por su estilo las cstatuítas de los profetas que en el Tabernáculo ocupan los intercolumnios.
(1) El Tenebrario y el Facistol, de Bartolomé Morel, sobresalen entre todas las obras artísticas del renacimiento que constituyen el mueblaje y ornamentos de la catedral, exceptuada la Custodia de Juan de Arfe.
El famoso candelcro ó Tenebrario fué concluido el año i 562 y se le dieron al autor por el cabildo 250 ducados de demasías aprobadas, con lo que el precio total de la obra, inclusa la funda que para la misma se hizo, ascendió á 1050 ducados. Ayudó á Morel en ella Pedro Delgado, que trabajó en el pié, y Juan Giralte hizo dos de las i 5 estatuas del triángulo superior. Ocupan el vano de este triángulo follajes de exquisito gusto y un óvalo con la imagen de Nuestra Señora. Esta parte está sostenida por cuatro columnas de bronce de orden compuesto, que descansan sobre cuatro cariátides. Sigue debajo un compartimento con cabezas de leones y fajas colgantes, el cual asienta sobre un zócalo adornado con harpías.
El Facistol es de gusto no menos profano. El Atril sobre que asientan los libros está chapado de bajo-relieves alegóricos á !a música, con figuras de mujer poco verecundas para el mueble que adornan. Gira este atril sobre un cuerpo dórico redondo que tiene cuatro fachadas con columnas y estatuas de bronce; y el remate superior de la pieza es un templete con estatuillas de la Virgen y de la Crucifixión.
Bartolomé Morel hizo además para el gran templo sevillano otra obra de importancia, que fué la estatua de bronce de la Fe con que remata la Giralda. — Es ésta una figura de cuatro varas y dos tercias de alto: tiene en la mano derecha un lábaro y en la izquierda una palma : está vestida á la heroica, con su capacete en la cabeza, y descansa sobre un globo taladrado por un perno, el cual á su vez apoya perpendicularmente en un punto, de manera que á pesar del enorme peso de I 30 arrobas que tiene la estatua, gira al más suave viento y sirve de veleta.
(2) La mayor parte de estos libros fueron pintados desde el año 15 16 hasta fin del siglo decimosexto, siendo sus principales iluminadores Luís Sánchez, Bernardo de Orta, Padilla, Diego de Orta y el agustiniano Fr. Diego del Salto. Don Pablo de Espinosa en su Teatro dice que algunas de estas iluminaciones son obra de Julio del Labio, que jué insigne hombre en esle arte : pero nos sorprende que el erudito Ceán no haya encontrado noticia alguna de este artista.
{3) El Monumento de Semana Santa, tan admirado de los sevillanos, es de estilo greco-romano. Compónese de cuatro cuerpos, el primero dórico, con i 6 columnas de 22 pies de elevación y 3 de diámetro; el segundo jónico, con 8 columnas pareadas de 1 5 pies de altura ; el tercero corintio con 8 columnas, y el cuarto en forma de media naranja con linterna ochavada, de orden compuesto. La altura de esta máquina gigantesca es de 120 pies: contiene distribuidas en sus diversos cuerpos multitud de estatuas de mediana escultura: alúmbranla 114 lámparas, y 45 3 cirios, hachones y velas, que producen buen efecto y dan al monumento gran
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de Arfe Villafañe, el Cellini español, que va á labrar con destino á Custodia la más espléndida obra de orfebrería de aquella centuria.
Vamos ahora á recorrer las capillas que están contornando el templo en sus cuatro bandas, y vuelvo á recomendarte, buen lector, que no te olvides de que tú y yo nos hemos transportado á la primera veintena del siglo xvi; si bien, fácil profeta de lo pasado, me sea permitido con toda seguridad irte anunciando al paso las obras más notables que en lo futuro han de realizarse dentro del sagrado recinto. — Comencemos nuestro giro por lo que ha de ser á la banda de levante suntuosa Capilla Real. — No hay todavía en este paraje más que recuerdos de actos insignes, ya de religiosa devoción, ya de impiedad, ya de memorables solemnidades que en él se consumaron. Está aún por cumplir la promesa que el cabildo hizo al rey don Juan II de erigir á Nuestra Señora de los Reyes una capilla digna de ella y del destino que tenía como panteón de monarcas, y el edificio en esta parte no da ningún indicio de tan alto empleo ni interior ni exteriormente. El rey don Alonso mandó en su testamento que si sus albaceas quisiesen enterrarle donde estaban sepultados el rey don Fernando y la reina doña Beatriz, lo hicieran de modo que su cabeza quedase á los pies de éstos, con sepultura llana, para que (dice el rey) guando el capellá7t se metiere á decir la oración sobre ellas y sobre Nos, los pies tenga sobre la sepultura. Consiguiente á este mandato, fué sepultado el monarca Sabio junto á su padre san Fernando, con vestiduras imperiales y corona riquísima de preciosas perlas y pedrería; y posteriormente se agregó su imagen á las que él mismo había mandado labrar de los reyes su padre y su madre. Estas son las imáge-
suntuosidad. Es de madera y pasta y está pintado de blanco, negro y oro, perfectamente bruñido. l.o trazó en 154^ Micer Antonio Florentín. Antón Pérez y sus hijos lo pintaron en i 5 6 i . Al principio solo constaba de tres cuerpos, rematando con la estatua de la Fe apoyada en una Cruz: pero el cabildo en el siglo xvii resolvió añadirle el cuarto cuerpo, y lo echó á perder.
nes que se custodian dentro de los cerrados y magníficos tabernáculos que antes te describí recorriendo la catedral vieja: las tumbas de los tres personajes que representan continúan al pié
Colegio de AIaese Rodrigo. — Retablo de la Capilla
del trono de Nuestra Señora; pero así las tumbas con los cuerpos reales, como los tabernáculos con sus imágenes, se hallan depositados provisionalmente, desde el reinado de don Juan II, en un decoroso apartamiento, dispuesto y adornado al efecto.
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encima de las capillas del claustro del Lagarto. Has oído contar, oh buen lector, que un rey cruel y libertino, después de haber profanado la contigua capilla de san Pedro con un acto clandestino de bigamia (i), profanó también esas tumbas y esos tabernáculos arrebatando á los cadáveres y estatuas de sus mayores las ricas preseas que los adornaban. Ahora conviene recuerdes que otro príncipe no menos esforzado que don Pedro, pero más justo y cristiano, vino á esta Capilla Real, apenas comenzada la obra de la catedral nueva, en 1407, á implorar la divina asistencia y la poderosa mediación de la Virgen de los Reyes en la sangrienta guerra que, como gobernador durante la menor edad de don Juan II, iba á emprender contra los infieles en Zahara y Setenil, y que con devota sumisión recibió de mano de los veinticuatros y jurados de la ciudad la gloriosa espada de san Fernando, haciendo pleito homenaje, que fielmente cumplió, de restituirla concluida la campaña (2). — La obra de la nueva catedral se ha terminado, y sin embargo la nueva capilla
(1) Veáse la obra ya rara de don Pablo de Espinosa, Teatro de ¡a, Santa íolcsia de Sevilla, el cual nos da la curiosa noticia de que don Pedro se veló con doña María de Padilla en la capilla de san Pedro de la Catedral.
(_■) Aludimos al noble infante don Fernando, después rey de Aragón, tío de don Juan II y gobernador del reino en las partes de Andalucía mientras la reina madre doña Catalina gobernaba lo restante de la monarquía. — «Venía el infante (refiere la Crónica) en un hermoso y galán caballo á la brida, armado de cota y brazales, vestido de un aceituno brocado de oro. Á su mano derecha el conde de las Marchas, francés, de real sangre : a la izquierda el condestable don Ruy López Dávalos y después otros varios personajes, precediendo a todos el Adelantado de Andalucía Per Afán de Ribera, con la espada del santo rey Fernando III.
»A1 llegar al convento de san Agustín, se apeó el infante y adoró una cruz que en la puerta de la iglesia le tenían los religiosos puesta sobre un rico paño, encaminándose después la comitiva por la puerta de Carmona á la santa iglesia patriarcal, donde halló en la puerta del Perdón al arzobispo con el deán y cabildo pleno, que salieron á recibirle en solemne procesión acompañándolo al altar mayor, donde, hecha oración, tomó de mano del Adelantado la espada de san Fernando.
«Terminado este acto se dirigieron á la Capilla Real, donde repetida la acción de gracias delante de la imagen de Nuestra Señora de los Reyes, puso la espada en la mano del santo rey, cancelada la obligación que hiciera al tomarla, y besóle el pié y la mano, y asimismo al rey don Alonso, besando á la reina únicamente la mano-, y de allí se fué á posar á las casas que fueron de Fernán González, abad mayor que fué de Sevilla.»
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Real está aún por erigir. El rey Carlos I, nombrado ya emperador de Alemania, insta por el cumplimiento de la promesa que á don Juan II hizo el cabildo, y acaba de escribirle exigiéndole el debido cumplimiento. Reconocen los avisados capitulares la necesidad de no disgustar á la majestad cesárea, y encargan á los arquitectos Enrique de Egas y Juan de Álava la traza para la Capilla. Mas el proyecto de estos artistas no les agradará, y volverá á dormir el asunto otros veintidós años, sin que haya quien lo agite, ocupado el emperador en sus sangrientas rivalidades con el rey de Francia sobre la posesión de la corona de Italia. — El año mismo en que el César, regresando de la malhadada empresa de Argel, aporte en Cartagena, resolverá espontáneamente el cabildo que haga un nuevo proyecto un hábil arquitecto, que será Martín Gaínza. Mandará su majestad imperial que el modelo de éste sea revisado por el maestro mayor del alcázar de Toledo, el gran Alonso de Covarrubias, y sin embargo la obra apetecida sufrirá todavía nuevas dilaciones. Empezará por fin en 1551, en medio de grandes mudanzas y trastornos, políticos y religiosos, cuando ya casi toque á su término el glorioso y turbulento reinado de Carlos V, y, demudada completamente la antigua española fisonomía por efecto de los cambios en las ideas, impere, aunque exótica, en Castilla y Andalucía la arquitectura greco-romana, como en la corte de los descendientes de san Fernando la etiqueta de Borgoña. No se terminará hasta 1575, diez y siete años después de la muerte de Carlos en Yuste (i), siendo rey de España don Felipe II, celebrado el concilio de Trento, debelados los rebeldes moriscos, humillada en Lepanto la arrogancia del Turco, engrandecida
(i) Murió el emperador Carlos V en su retiro de Yuste el año 1558. El cabildo de Sevilla, que se había extremado en honrarle en vida, no quiso mostrarse menos devoto a su memoria después de muerto, y le hizo en la catedral suntuosas exequias, que dejó curiosamente narradas Lorenzo de san Pedro. Erigióse entre los dos coros un túmulo magnífico en la extructura, elegante en los adornos, rico en los materiales, perfecto en la arquitectura, grave en las estatuas, y eruditamente animado de inscripciones, jeroglíficos y elogios. Veáse ú Zúñiga, año 1 S 58.
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y poderosa Sevilla con las riquezas de las Américas, llena aún la ciudad de jubilosos ecos producidos por el fastuoso recibimiento hecho á su rey y por la celebración de aquella gran victoria naval (i), y sobre todo honrada con la presencia de la incomparable santa Teresa de Jesús. Intervendrán en su construcción, muerto Martín Gaínza, Fernán Ruíz, que le sucederá en la plaza de maestro mayor y dará celebrado remate á la sarracena Giralda (2); Pedro Díaz Palacios, y Juan de Maeda (3), discípulo del famoso escultor y arquitecto Diego de Siloe.
No te describiré prolijamente las partes de esta futura máquina arquitectónica, porque habrá plumas entusiastas que se
(i) El recibimiento que hizo Sevilla al rey Felipe II en i 570 fué descrito por el elegante Juan de Malara. Entró el monarca en la ciudad por la puerta de Goles, cuyo nombre se mudó desde entonces en el de Puerta Real, y en la cual juró guardar los privilegios de la ciudad. Acompañábanle los príncipes Wenceslao y Ernesto sus sobrinos, el cardenal Presidente y los grandes de su comitiva. Por la calle de las Armas, barrio del Duque, calle de la Sierpe, plaza de san Francisco y calle de Genova, llegó á la catedral, en cuya puerta principal le esperaban el deán y cabildo, y prestó juramento de observar los privilegios de la santa iglesia. En ésta, después de adorar al Santísimo Sacramento, veneró las soberanas imágenes de la Antigua y de los Reyes: admiró esta última, dándole el nombre de reina de las imágenes, y habiendo reverenciado el cuerpo incorrupto del rey santo, aún no canonizado, demostró gran contento de que la Capilla Real se acabase pronto para darle digna colocación. Así en esta ocasión como dos años después, con motivo de la ruidosa victoria de Lepanto, erigió Sevilla soberbios arcos triunfales y celebró regocijos de toda especie. La relación de los que hubo en esta segunda ocasión corre en libro impreso dedicado al Asistente don Pedro López de Mesa.
(2) La torre llamada la Giralda que había quedado feamente desmochada de resultas del terremoto del año i 396, y que había comenzado á repararse en el de I 560, recibió su feliz remate en 1568 por obra del famoso P'ernán Ruíz. La fábrica añadida por este arquitecto tiene 100 pies de elevación y consiste en varios cuerpos. El primero ocupa toda la anchura del vano de la torre, descansando sobre un zócalo, y tiene ^ ventanas para las campanas. Sobre la cornisa hay una baranda de balaustres con varios remates y labores. El segundo cuerpo, dórico, consta de cuatro columnas angulares de ladrillo, y en cada lado dos pilastrones, dejando 4 ventanas, dentro de las cuales está la campana del reloj. El entablamento ostenta escritas en su friso las palabras Turkis kortissima nomen domini. Otros dos cuerpos de figura cilindrica, jónico y corintio, con ocho pilastras cada uno, se erigen sobre el referido, y el de encima está cerrado con su cupulilla, sobre la cual asienta la figura de bronce, ejecutada por el escultor Morel, llamada la Giralda. Decoró esta torre con una buena pintura al Iresco, ya destruida, el célebre Luís de Vargas, y el sabio licenciado don Francisco Pacheco, tío del erudito pintor del mismo nombre, le puso una elegante inscripción latina.
(•5) Zúñiga llama á este prolesor .4 /tT«ti.s/o ic; il/fci/ia, pero es notoria equivocación, como puede verse en el artículo Maeda del Diccionario de Ceán.
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ejercitarán en hacerlo con amoroso detenimiento (i): además, será al fin yá la postre la ponderada Capilla Real una espaciosa cámara muy augusta, muy rica, muy bien iluminada, pero de muy pesada arquitectura compuesta, recargada de escultura de mediano y aun de mal estilo (2). Formará un recinto rectangular, de planta casi cuadrada, de más de 50 pies de longitud y anchura, decorado en su elevación, bajo los arcos torales desús cuatro frentes, con pilastras italianas revestidas unas en forma de mazorca, abalaustradas otras, entre las cuales se abren, con sus arcos orlados de talla y follaje, nichos y tribunas: coronará este recinto una gran cúpula, toda cuajada en sus lacunares ó casetones de medallones de reyes y cabezas de ángeles; sobre esta cúpula cargará una linterna ochavada, sujeta al exterior con inútiles arbotantes, en cuya disposición se revelará el lastimoso olvido de la razonada y calumniada arquitectura de crucería ; finalmente, el presbiterio será un ábside semicircular que romperá el muro oriental del templo , cubierto por un cascarón en forma de concha, con casetones en sus canales, y en ellos ángeles de cuerpo entero; y al pié de su altar, ocupado por Nuestra Señora de los Reyes sentada en su trono de plata (y desprovisto de retablo hasta que en el siglo xvii haga uno de pésimo gusto el escultor y arquitecto Luís Ortiz), interrumpirá la línea de la marmórea gradería el enterramiento ó panteón de los reyes, con valla de balaustres. Traeránse á esta capilla con inaudita solemnidad y bien concertada ceremonia, en 1579, los reales cadáveres y las imágenes que se hallan depositados en la estancia provisional del claustro; las imágenes de don Fernando III, doña Beatriz y don Alonso X, ocupando
(i) Véanse las ampulosas descripciones de Zúñiga, de Torre Farfán y de don Pablo de Espinosa; y la no menos detallada del Sr. Ríos en su Sevilla f>inloresca.
(2) Debemos hacer una honrosa excepción en favor de las estatuas que para el arco de entrada de esta Capilla Real ejecutaron, sobre dibujos del célebre Pedro de Campaña, Lorenzo del Vas y el escultor Campos. Representan figuras enteras de reyes, y se sabe que el mencionado Campaña las trazaba con carbón por los años 1552, pagándoselas el cabildo á un ducado por figura. También trabajó en la escultura de piedra del interior de la capilla Juan Ricardo, que era buen artista.
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el mismo tabernáculo portátil en que, después de muerto el rey Sabio, fueron colocadas, se pondrán en un espacioso nicho en la fachada colateral del lado del Evangelio, donde permanecerán todo el año encerradas, menos el día de san Clemente en que se han de abrir sus doradas y laboreadas puertas (i); y cuando
(i) Era costumbre desde los tiempos de don Alonso el Sabio, hacer todos los años el día de san Clemente una procesión solemne en conmemoración de la conquista de Sevilla. En esta procesión se llevaba la espada de san Fernando y el pendón del mismo rey: pero el ceremonial de este solemne acto había sufrido algunas alteraciones que menoscababan su prestigio. Para restituirle todo su brillo, ordenó dicho ceremonial el rey Felipe II, con ocasión de inaugurarse la nueva Capilla Real, y mandó lo siguiente : El día de san Clemente se abría el tabernáculo antiguo dentro del cual estaban las tres imágenes de don Fernando III. doña Beatriz y don Alonso X. Subíase á él por unas gradas cubiertas de alfombras, y á don Fernando se le ponía en la mano su espada. El capellán mayor, asistido de otros dos capellanes, subía luego á tomarla con gran reverencia: entre tanto el cabildo secular, con el Asistente de Sevilla á su cabeza, pasaba por delante de la Capilla Real : al llegar á su puerta, el Asistente se dirigía al sitio donde estaban los capellanes, y recibiéndole el capellán mayor homenaje, según uso y fuero, de que la restituiría, le entregaba la espada. Seguía al Asistente el caballero convidado por él para llevar el pendón. (Cédula de i i de Agosto de i 578).
Con motivo de la traslación de los cuerpos c imágenes á la Capilla Real nueva, en I 579, el rey Felipe II escribió al cabildo ordenando que hubiese oficio solemne y procesión, á los cuales asistiesen el arzobispo, el cabildo, toda la clerecía, las órdenes con sus cruces, las cofradías con sus pendones y retablos, el convento de Santiago de los caballeros, el regente con la audiencia, el Asistente con su cabildo, todos los titulados y caballeros que se hallasen en la ciudad, los ministros y oficiales de la casa de la Contratación, la Universidad y el Santo Oficio.
Entre los dos coros de la catedral se improvisó para este efecto en el breve espacio de once días, y costeado por ambos cabildos eclesiástico y secular, un suntuosísimo túmulo en forma de pira, donde había espacios separados para cada cuerpo real, y cuya decoración arquitectónica realzaban colosos y estatuas, y en los cuatro ángulos representaciones alegóricas de la Religión, la Victoria, la Sabiduría y la Liberalidad, con las correspondientes inscripciones.
El sábado i 3 de Junio de dicho año (1 579) comenzó por fin la traslación. — Los objetos que habían de pasarse á la Capilla Real nueva eran: la imagen de Nuestra Señora de los Reyes; otra pequeña imagen de Nuestra Señora, de marfil, que había llevado san Fernando en sus batallas ; el cuerpo y reliquias de san Leandro; los cuerpos del rey Santo, de doña Beatriz, de don Alonso X, de doña María de Padilla, á quien por mandato de Felipe II debía darse tratamiento de reina; el de don Fadrique, maestre de Santiago, y los de los infantes don Alonso y don Pedro; las tres imágenes de escultura de los tres reyes con su tabernáculo; la espada y el pendón de san Fernando.— Juntos en la Capilla Real de la nave de los Caballeix)s los que se titulaban guardas de la misma, con los capellanes reales, el Asistente, el arzobispo, el regente, muchos veinticuatros y regidores, jurados, justicias, comendadores, titulados, el deán y algunos canónigos y racioneros; el Asistente pidió en forma le fuesen entregados dichos objetos, según su Majestad había dispuesto, para llevarlos al sitio preparado en la Iglesia y de aquí sacarlos en proce-
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en 1 67 1 se expida por decreto de Clemente X el anhelado breve concediendo fiesta y culto al ya aclamado santo rey, y el alborozado pueblo sevillano invada el recinto de la Capilla Real corriendo la muchedumbre á postrarse ante el sagrado depósito de sus reliquias con tierno y fervoroso afecto, se celebrarán pomposas fiestas de indescriptible grandeza (i), en las cuales
sión para trasladarlos luego á la nueva Capilla F^eal. Preguntóle el capellán presidente si estaba pronto á prestar el consabido homenaje, y habiendo contestado que sí, se abrieron y reconocieron las cajas donde estaban los cuerpos reales, algunos de los cuales fueron mudados á otras más decorosas; hecho esto, prestó homenaje el Asistente entre las manos del que hacía de capellán mayor, y acto continuo Se le hizo la entrega. Sacaron en procesión los veinticuatros las imágenes y reliquias, y los comendadores llevaron delante el cuerpo del maestre don Fadrique : pusiéronse dichas imágenes y reliquias en la Capilla mayor, sobre cuyo altar quedó la espada, con el pendón real arrimado á él. y las cajas se depositaron en el túmulo, al pie del cual permanecieron de guardia toda la noche clérigos y otras personas diputadas al efecto. — Á la mañana siguiente, con asistencia de todos los dignatarios de ambos órdenes eclesiástico y civil, y ante un inmenso concurso, celebró el arzobispo misa de pontifical : ordenóse la procesión, y tomando parte en ella todas las comunidades religiosas y cofradías de la ciudad, las imágenes, reliquias y cuerpos reales fueron llevados por todas las calles que recorría la procesión del Corpus, saliendo por la puerta de san Miguel y regresando por la de los Palos, á depositar segunda vez aquellos objetos en la capilla mayor y en el túmulo. Al día siguiente se celebraron honras, con oficio de vigilia y misa de réquiem, y acabados los responsos, fue todo llevado con más abreviada procesión á la Capilla Real nueva, donde, reconocidas segunda vez las cajas que contenían los cuerpos, y devueltos éstos con las imágenes y santas reliquias á los capellanes reales en cumplimiento del pleito homenaje hecho por el Asistente, se le alzó á éste dicho el pleito homenaje y se le dio por libre y quitó de él.
Las imágenes de don Fernando, doña Beatriz y don Alonso, fueron colocadas en su antiguo tabernáculo, en un espacioso nicho de la fachada de la izquierda, al lado del Evangelio, donde permanecieron hasta el 1671, año en que fué canonizado san Fernando. La espada de éste no volvió á la diestra de la imagen mas que para la ceremonia del día de san Clemente, según queda dicho al principio de esta nota. Se puso encima de la caja donde estaba su cuerpo, sobre dos cojines de brocado de tela de oro que alli había, donde estaba -puesta una corona real del dicho Santo rey.—V. á Zúñiga, año i 5 79.
(i) La descripción de estas fiestas fué objeto de un libro lleno de grabados en que don Fernando de la Torre Farfán echó el resto de su gongorina vena. Contentémonos con remitir á su obra al lector deseoso de prolijos pormenores, y digamos solo lo que ahora hace á nuestro propósito. — En cuanto llegó á Sevilla la nueva de la canonización, la imagen antigua del Santo rey fué puesta á la veneración del pueblo sobre el altar inmediato al panteón. El pintor Valdés trazó para el trascoro una gran máquina triunfal, alusiva á las principales proezas del Santo héroe, y este pensamiento se realizó en pocos días, adornándose al propio tiempo todos los altares, capillas, portadas y claustros de la Catedral. La decoración de la Capilla Real fué obra de sus capellanes : la de las demás se repartió éntrelos prebendados. El Sagrario nuevo (ya construido á la sazón) fué embellecido por
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por desgracia, sin respeto al prestigio de la antigüedad, serán removidas y arrumbadas las efigies primitivas de los reyes juntamente con su gótico tabernáculo; la de san Fernando del siglo xiii será reemplazada por otra de la inventiva del escultor Pedro Roldan ; ocupará ésta el altar que se habrá erigido sobre el panteón ó bóveda, y no se le dará un ardite á la entusiasmada Sevilla de que los oropeles de un arte de tramoya y relumbrón sustituyan al oro acendrado de la genuina y sosegada estética religiosa, ni de que la moda de los improvisados y gigantescos armatostes de arquitectura teatral, llenos de estatuas barrocas y de conceptuosos cartelones, condene á perdonable desaparición las sencillas y sobrias creaciones de otras épocas de más casta y cristiana inspiración. Sevilla moderna, fascinada por la magia de sus pintores y escultores naturalistas, olvidará lo mucho que en tiempos pasados la deleitaba la fiel iconografi'a de sus historias y leyendas, y nada conservará en sus archivos que revele al diligente rebuscador de antiguas memorias lo que hizo de aquellos preciosos tabernáculos chapados de plata y oro, de los interesantes bultos de don Alonso y doña Beatriz, y de la imagen de san Fernando, objeto de la prodigiosa aventura que refiere la cantiga del platero de Toledo, y de cuya diestra se sacó tantas veces para memorables hazañas la temida espada.
encargo de la Cofradía del SanU'simo con un magnífico altar de perspectiva ideado por el gran Bartolomé Murillo, sevillano Apeles, que representó en el asan Fernando, guiado por la fe é inspirado desde el cielo por san Clemente, encaminándose por dilatadas campañas á Sevilla, que se le descubría en lontananza. Hubo varios días de festejo, que comenzaron con una solemne y vistosa procesión, en la cual entre danzas, músicas y tarascas, se pasearon por toda la carrera que lleva la del Corpus, las imágenes de Nuestra Señora de los Reyes y de san I'ernando, con la espada de éste y su pendón. Luego hubo para los profanos, toros, máscaras, cucañas, etc. Es de creer que en esta ocasión se arrinconaron las antiguas figuras de san Fernando, doña Beatriz y don Alonso, porque dice Zúñiga (lib. .\II1, año i 506): uquitáronse estas imágenes en el afio if>ji con ocasión de haberse puesto otra sobre el altar, junto á la qital después se ha puesto y recibido la espada.» La imagen del Santo rey que se sustituyó á la antigua fué la que hizo el escultor Pedro Roldan, de la cual dice el citado analista «que la acabó en pocos dias, y la doró y estofó con igual brevedad una hija de Juan de l'atdés. eminente en esta parte de pintura.» (Lib. XVIII, año 1O7 i).
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Pero suspendamos por ahora la descripción de fastuosas construcciones futuras, y volvamos á nuestra interrumpida reseña.— La capilla de San Pedro ^ á la derecha de la Real, contiene las memorias de la que con la misma advocación hubo en el antiguo templo. No transcurrirán ocho años sin que la dote con nuevas capellanías el cardenal don Juan Tavera, gloria y honor de España, actualmente chantre ó canónigo de esta catedral. No divisamos en ella á la escasa luz que llevan nuestros guías, cosa alguna que de notar sea. Andando el tiempo, tendrá retablo greco-romano de dos cuerpos, jónico y corintio, en que resaltarán lienzos de un Francisco de Zurbarán, que logrará nombre de pintor famoso : y de aquí á dos siglos se cerrará con reja de elegante é ingeniosa labor, que ejecutará un religioso lego de .san Francisco, Fr. José Cordero.
En frente de esta capilla se puso no há muchos años (hacia el 1506) una honrosa lápida de bronce á la sepultura de la piadosa y esclarecida doña Guiomar Manuel, que á principios del decimoquinto siglo dejó la parte principal de su hacienda á la fábrica de la nueva catedral (i).
Á la izquierda de la Capilla Real ha destinado el cabildo la capilla de san Pablo para depósito de los huesos de los caballeros conquistadores que estuvieron sepultados hacia este mismo sitio en la catedral antigua. Se verificará la piadosa y tierna ceremonia muy en breve (en 1520): pero estas reliquias de tan heroicos personajes no obtendrán quieto monumento, porque vendrá el año 1655, y un caballero veinticuatro, de la orden de Santiago, que se llamará don Gonzalo Núñez de Sepúlveda, elegirá esta capilla para su entierro, y como dotará en ella con inaudita esplendidez la fiesta y octava de la Concepción Inma-
(i) Hicimos ya mérito de esta acción generosa.
La lápida que á principios del siglo xvi se consagró á doña (Hiiomar, contenía una elegante inscripción latina que puede verse en Zúñiga, lili. XIII, año i^oó. Se quitó posteriormente para enlosar el suelo del templo , y su contenido se reprodujo en otra más pequeña, que se colocó en el pilar inmediato al sitio que la otra ocupaba.
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culada, obra tan acepta á los devotos sevillanos, no dejará lugar á ninguna otra atención (i).
Observa á la derecha de la puerta de la Torre un retablito que representa á yesús aparecido á la Magdalena. Esta obra, que se compone de varias tablas, perteneció á la catedral antigua : es curiosa para la historia de la pintura: la ejecutó en 1499 un profesor llamado Gonzalo Díaz, el mismo que pintó un año antes las estatuas de la puerta vieja del Perdón (2). — A la izquierda de la misma puerta de la Torre hay otro retablo con un bajo-relieve de la Asunción, que también parece del decimoquinto siglo. Así esta puerta como la de la Campanilla verán pronto decorados sus lienzos adyacentes de lindas tablas, qu'e ejecutarán Antonio de Arfián y Antón Ruíz. Luís de Vargas y Pedro de Villegas ejercitarán su correcto pincel en retablos platerescos de la banda opuesta, junto á las puertas de san Miguel y del Bautismo. Por ahora en el lienzo de poniente, fuera de los mencionados retablos, no advertimos más que un altar consagrado al Dulce nombre de ^esús, que fué dotado con una capellanía en 1475 por el bachiller Francisco Fernández; otro llamado de la Pasión, que dio el cabildo al racionero Diego Martínez Cala en 1482; el altar de san Antón, trasladado del antiguo templo y dotado por Guillen Alonso de Villafranca; y el de Ahiestra Señora de la Cinta, fundado en 1478, con capellanía y entierro del canónigo Antonio González de Chaves. A fines del siglo xvii se labrarán en este lienzo de poniente, rompiendo el muro, «capillas de depravado estilo churrigueresco, y los altares que ahora ves sufrirán lastimosas modificaciones (3).
(i) De resultas de esta fundación, los restos mortales de los conquistadores, mezclados con trozos de sus armas, fueron á parar á la sacristía llamada de los cálices.
(2) Sacó esta noticia Ceán Bermüdez del Aich. de la Catedral.
(3) Subsisten felizmente el san Jerónimo que para el altar de la Visitación ejecutó el famoso escultor sevillano Jerónimo Fernández; las tablas del iXacimienio y otros asuntos que para el retablo consagrado al Redentor pintó Luís de Var-
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Ven ahora á la banda del norte y recorramos las capillas laterales que caen á la derecha del presbiterio, empezando por la más próxima á la torre. — Es la primera la de Nttesira Señora del Pilar, cuya devoción trajeron á Sevilla los caballeros aragoneses que ayudaron á san Fernando en la reconquista. Conservan éstos en el nuevo templo la prerogativa que les fué concedida de labrar capilla en el antiguo. La dotó pocos años hace (en 1509) el jurado Francisco Pinelo (i). — Sigue la capilla de los Santillanes, dotada por un arcediano de Écija de aquella ilustre familia: al promediar el 'presente siglo (en 1555) habrá sido ya consagrada á los Evangelistas, y lucirá en su retablo su correcto dibujo, de acento entre alemán é italiano, Hernando Estarme, ó Sturmio, natural de Ziriczea (2). — Sigue un espacio vacío: micer García de Gibraleón, protonotario y escribano apostólico, acaba de obtener (en 1 5 1 7) bula de Su Santidad León X para erigir en él una capilla con título de la Anunciación y dotar tina hennajidad de fieles cristianos , hombres y mujeres, cuyos hermanos que por tiempo fueren, entre las donas obras de caridad que por ellos se han de ejecutar^ han de dar dotes competentes a doncellas pobres y honestas (3). Por esta razón será esta capilla vulgarmente denominada de las Doncellas.— Nos hallamos ya en el brazo derecho del crucero en frente de la puerta que sale al patio de los Naranjos. Tiene ésta á cada lado una capillita : su forma arquitectónica se reduce á un arco apuntado formado por cuatro baquetones con capiteles, y
gas, el cual tirmó con estas palabras Time discebam Aloisins de Vargas; y las que Pedro de Villegas hizo para el mencionado retablo de la Visitación, en cuya parte inferior hay unos retratos admirables.
(i) En esta capilla de Nuestra Señora del Pilar estuvo un Ecce Homo de Muri- 11o, que, trasladado en i 83Ó á la sacristía de los Cálices, fue por último, en 1839, regalado por el cabildo al rey de los franceses Luís Felipe.
(2) Zúñiga se equivocó sin duda al decir que esta capilla fué dotada por el arcediano don Rodrigo de Santillán el año i 530, porque en la lápida de éste y de sus demás parientes se expresa que finó el arcediano de Écija á diez y siete días de el mes de enero de mil quinientos y onze años.
(3) Palabras de la misma bula, traducción de Zúñiga.
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cenefas en su profundo intradós, gablete levemente curvo con frondario, y agujas flanqueantes con sus pináculos. Los entrepaños de ambas capillas están decorados de arquitos de medio punto, ornamentales y trebolados, con círculos enlazados de tracería. De una á otra corre por encima de la puerta una cornisa cairelada, con cenefa y molduras lisas, y sobre ella un antepecho de crestería exagonal con cinco postes, que son nichos de repisa y umbela para otras tantas estatuillas. Hace tres años (en 15 16) dedicó una de estas capillitas á la Asunción el Licenciado Nicolás Martínez de Durango: la otra, consagrada á la Corona de Cristo por el canónigo Fernando Ramos, tendrá por principal ornato andando el tiempo el lienzo de la Virgen con el nifio Dios en los brazos que pinte en Málaga Alonso Cano para el racionero músico de esta Santa Iglesia don Andrés Cascantes.
Bajando hacia poniente, tenemos, pasado el crucero, la capilla de san Francisco: fué fundada en el templo antiguo en este lugar mismo por el canónigo Rui González de Volante (i). — Á su lado está la de Santiago, que ocupa también el propio sitio que la antigua de la misma advocación. Está en ella enterrado el arzobispo don fray Alonso de Toledo y Vargas, que murió en su palacio de Sevilla en 1366 durante la fratricida contienda de don Enrique el bastardo con don Pedro el Cruel, y cuando aquél imperaba casi tranquilo en Andalucía. En ella también tiene su sepulcro el arzobispo don Gonzalo de Mena, fundador que fué de la célebre Cartuja de Sevilla. Su urna de mármol, de labor prolija, perteneció á la antigua Catedral: representa al prelado tendido en su lecho fúnebre, teniendo en la mano izquierda el báculo, y la derecha en actitud de bende-
( I ) Tiene hoy dos pinturas su retablo : una que representa á san Francisco, de Herrera el mozo, nada más que mediana; y otra de Valdés, de buen colorido y dibujo vulgar, en que se finge á san Ildefonso recibiendo la casulla de manos de la \'irgen, sin la menor propiedad histórica, y sin respeto alguno á la antigua iconografía cristiana.
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cir. Decoran el frente del sarcófago cinco curiosos bajo-relieves, encerrados en sendos arquitos angrelados: sus asuntos son la Ajiimciación, la Huida á Egipto^ el Ba?í¿ismo del Señor^ la Resurrección de Lázaro, y en el centro N^uestra Señora rodeada de ángeles que tocan diversos instrumentos. Los costados contienen otros dos bajo-relieves cada uno : el de la derecha la Crucifixión y la Resurrección; el de la izquierda la Degollación de los Inocentes y otro asunto que no acertamos á descifrar. — Son curiosas estas esculturas como monumento del arte del siglo XIV; los soldados de Herodes revisten armaduras semejantes á las que traían los guerreros de Duguesclin; san Juan bautiza á Cristo echándole el agua con un puchero, y el Salvador aparece metido en una especie de canasto. — Ved en esta misma capilla los dos altares de Cristo á la Columna y de santa yusta y Rufina, que también eran de la antigua Iglesia, y que son asimismo monumentos interesantes para la historia del arte cristiano. Serán despreciados en el siglo xvii para ofrecer en su lugar á la admiración de la escuela natíiralista lienzos de Roelas y Valdés. — Más abajo tenemos la Capilla de Nuestra Señora de la Consolación, espléndidamente dotada el año pasado de I 5 1 8 por don Baltasar del Río, canónigo de Sevilla, arcediano de Niebla y obispo titular de Escalas, el cual ha mandado labrar en Italia para esta su fundación un suntuoso retablo y un no menos suntuoso sepulcro. Ambos objetos serán de finísimo alabastro: el retablo será una verdadera joya de estilo del renacimiento; estará dos varas y media levantado del suelo y embellecido con bajo-relieves que representarán la Venida del Espíritu Santo y el Milagro de pan y peces. El basamento del presbiterio presentará un cuerpo saliente de arquitectura de orden compuesto, con cuatro columnas ricamente exornadas, y en su centro, dentro de un nicho cuadrilongo, sostendrán la urna que el fundador destina á sus cenizas, un pié profusamente laboreado y dos hermosos niños desnudos, apoyados en sendos escudos, que cautivarán las miradas de los inteligentes. No des-
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cansarán en este magnífico sepulcro los restos mortales del obispo de Escalas, aunque su inscripción, esculpida con frustrada solicitud, así lo diga (i). — Sigue un espacio vacío, aunque desde el año 1478 destinado á capilla y entierro del linaje de Cataño: aguarda este recinto que, en época aún remota, le haga famoso una de las más portentosas creaciones de Bartolomé Esteban Murillo, sevillano Apeles (2), y que á él se traslade, cuando se construya nuevo Sagrario, la regeneradora fuente bautismal. — Viene por último la capilla donde se administra el sagrado bautismo ; cambiará de destino para servir de vestíbulo á la nueva Iglesia del Sagrario, que con mal consejo y peor desempeño se edificará en el siglo xvii (3).
(1) Esta inscripción, puesta en vida del obispo, indujo en error á Zúñiga, á don Nicolás Antonio y al P. Flórez, los cuales supusieron que don Baltasar del Río estaba enterrado en Sevilla. Espinosa y Carzel corrige este yerro en sus anotaciones á Zúñiga haciendo ver que el obispo de Escalas está sepultado en Roma, donde murió, y que por consiguiente la urna que mandó labrar para su capilla de la catedral de Sevilla es hoy meramente un sepulcro honorario ó cenotafio.
(2) Aludimos al famoso San Antonio, que es sin disputa, si no la obra capital de Murillo, una de sus mejores producciones, y de celebridad europea. Representa al niño Jesús bajo una corona de ángeles descendiendo á los brazos de san Antonio. El santo, en cuya ascética pero dulce fisonomía está retratada toda la felicidad celestial que le inunda el pecho, le recibe con una rodilla en tierra y la otra á medio doblar. Á la izquierda hay una mesa junto á una puerta con dos arcos por los cuales entra la luz. Hay grande magia en este lienzo, pero en nuestro concepto su propio naturalismo es un obstáculo para que el alma al contemplarlo se eleve sobre la región de lo material y sensible. — Este célebre cuadro fué objeto de un brutal atentado hace unos nueve años. En la noche del 4 de noviembre de 1875, un malvado, escjondido en el templo, movido de vandálica codicia, arrebató del lienzo la figura del santo cortándola con un cuchillo. En cuanto se advirtió el robo á la mañana siguiente, cundió la noticia por toda la ciudad, y no hubo en Sevilla quien no demostrase indignación y pesadumbre. Pocos meses después fué rescatada la preciosa figura en Nueva-York por el cónsul de España; y restituida á Sevilla, el ilustrado cabildo de la catedral, procediendo de acuerdo con la Real Academia de san Fernando de Madrid, dispuso que el cuadro fuese restaurado por el inteligente artista don Salvador Martínez Cubells, el cual, no sólo unió al lienzo con gran perfección la figura arrancada, sino que además restituyó el cuadro entero á su primitiva pureza limpiándolo de los repintes que en él había puesto una mano indocta en el siglo pasado.
Hay en esta capilla otro cuadro de muy buen efecto que representa á Nuestra Señora en una grande aureola de oro. y en la parte superior la Santísima Trinidad.
(^) La I;^lcsía del Sagrario es una mole pesada en cuya descripción no nos detendremos mucho. Trazóla Miguel de Zumárraga y la comenzó atropclladamen-
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Vamos á terminar nuestra visita á la Catedral del año i 5 1 9 con la reseña de las capillas que están en la banda de mediodía, recorriéndola desde la cabecera hasta los pies del templo. — No discernimos en verdad á la escasa luz de los escritores que nos sirven de guías si hay ó no alguna capilla fundada al principio de esta serie. Sedujo á aquellos historiógrafos el brillo de ostentosas construcciones posteriores en el orden cronológico, y nosotros mismos no podemos resistir al deseo de anunciar las obras de arquitectura, pintura y escultura que va á realizar el magnánimo Cabildo de Sevilla en este costado de la Catedral en cuanto le sea dado erigir digna Sala Capitular y digna Sacristía. Sucederá esto el año mismo en que Carlos I, que acaba de ser elegido emperador de Alemania, reciba la corona de rey de romanos en Bolonia (en 1530); cuando su hijo el infante don Felipe haya sido ya jurado príncipe; cuando el arzobispo de Sevilla don Alonso Manrique haya sido promovido á la dignidad cardenalicia. Entonces, un hábil arquitecto, Diego de Riaño, haciendo un verdadero alarde que la buena crítica solo tomará en cuenta para hacer de la flexibilidad del genio español el debido aprecio, trazará á un tiempo mismo un proyecto de gusto greco-romano para Sala Capitular, otro proyecto de risueño estilo plateresco
te en i 6 i 8, pero no pudo llevarla á cabo por su muerte. Se encargó de concluirla Fernando de Oviedo, y lufego Lorenzo Fernández de Iglesias, que alteró notablemente el plan primitivo. Tiene de norte á mediodía 205 pies de longitud, de oriente á poniente 71 '/j y 88 de elevación, con dos fachadas, una en la Lonja, y otra en el patio de los Xaranjos. Para erigir este templo se derribó el claustro antiguo llamado de la Granada, trasladando la capilla de Nuestra Señora que le daba nombre (Nuestra Señora de la Granada) al claustro de san Jorge ó del Lagarto, y además se tomó parte del área del patio. Por el sur está la Iglesia del Sagrario contigua á la catedral, y tiene dentro de ésta una portada corintia con un san Fernando en un nicho sobre el entablamento y medias columnas istriadas. El exterior de la Iglesia es de tres cuerpos, dórico el primero, el segundo jónico y el tercero corintio, terminando con un antepecho calado y ornado de candelabros y flameros. El interior ofrece dos cuerpos, el inferior dórico, jónico el superior, y una media naranja que lleva en vez de linterna un gran medallón con un bajo-relieve. Tiene el cuerpo bajo cinco capillas por banda y apoyan en él unos antepechos calados sobre los cuales se levantan colosales estatuas de los Evangelistas y Padres de la Iglesia. La bóveda y la cúpula están cuajadas de adornos de-pésimo gusto.
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para sacristía mayor ^ y otro de sistema gótico bastardo para sacristía menor ú ordinaria (i). Para exornar con estatuas y bajo-relieves la primera, acudirá el Cabildo á los escultores de Genova, que en todo el presente siglo xvi serán los abastecedores de España en esta clase de obras ; pero también se ilustrará con inscripciones y pinturas de los Pachecos, Céspedes y Murillos. — En la Sacristía mayor, donde la secularizada musa cristiana de este siglo llamado del Renacimiento mezclará con irracional promiscuidad lo santo y lo profano, lo material y grosero con lo espiritual y noble, los relieves de despensa y cocina con los asuntos bíblicos, y á los Centauros y Lapitas con los Santos Evangelistas y Doctores (2) ; se custodiarán joyas artísticas de inestimable valor: magníficos lienzos de Murillo, una pintura de Pedro de Campaña que alcanzará gran fama, y una custodia de Juan de Arfe que será reputada la mayor y mejor pieza de
(i) Débese al infatigable Ccán Bermúdez el descubrimiento del verdadero autor de la traza de estos tres departamentos. Don Antonio Ponz aseguró que no constaba en su tiempo que arquitecto los había ideado. Espinosa y Carzcl. fundado en un documento de interpretación equívoca, afirmó en sus adiciones á Zúñiga que había sido Hernán Ruiz el maestro autor de los planos y director de las obras. Pero las noticias que Ceán publicó, sacadas del Arch. de la Cat., no consienten ya sobre este punto la menor duda.— V. su Diccionario, art. Diego de Riaño.
(2) A cuantas descripciones conocemos de estas partes tan principales de la catedral de Sevilla, denominadas Sala, Capitular y Sacristía mayor, preferimos la que dejó Ponz, por ser la que en menos frases da más clara idea de estas construcciones. Á ella añadiremos algunas curiosas noticias publicadas por Ceán, y terminaremos con la interesante descripción que hizo de la gran Custodia su mismo autor Juan de Arfe.
<( Se entra en la Sala Capitular por la capilla del Mariscal (es la misma que la de la Purificación). Lo primero es una pieza de paso pequeña, y sobre dos puertas medallas que representan á David y Salomón, al Salvador y á la Virgen. De allí se entra en otra pieza de figura cuadrada adornada con magnificencia, y viene á ser la antecámara de la Sala del Cabildo (llámase comunmente el ante-cabildo) : todas sus paredes están llenas de obras de escultura ejecutadas en mármol, y situadas entre pilastras jónicas, adornada igualmente la bóveda de fajas y molduras. Sobre cuatro puertas están en sus frontispicios los cuatro Evangelistas en acto de escribir. Las historias representadas en los compartimientos de las paredes son tomadas de la Escritura y alegóricas; hay además dos medallas redondas en los testeros y entre los bajo-relieves ocho figuras como de una vara, que representan las virtudes. Créese que estas obras vinieron hechas de Genova. Debajo de ellas hay versos elegantes que compuso el nombrado canónigo don Francisco Pacheco.— Desde esta antecámara se va por un ándito á la Sala del Cabildo, que realmente es
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plata que de este géney-o se sepa (i). — Todas estas construcciones se encerrarán en un gran cuerpo saliente que ceñirá el ángulo S. E. de la Catedral, presentando a Levante y Mediodía una decoración arquitectónica asaz elegante, que comenzará en
majestuosa: su figura es elíptica, con puerta chapada de mármoles. Está revestida por dentro de terciopelo encarnado con galones desde los asientos hasta la cornisa, que es de orden dórico, sustentada por ménsulas en que hay labores que representan niños y ornatos de talla, bastante buenos.— Sobre la cornisa se erige un cuerpo de orden jónico con i 6 columnas sobre pedestales, arrimadas á pilastras, y en los intercolumnios hay 8 bajo-relieves grandes de mármol y otros 8 más pequeños. En el que está perpendicular á la silla arzobispal se representa la .\sunción de Nuestra Señora. — Pero el adorno mejor y más gentil de esta pieza son para mi gusto las pintui-as colocadas en ella del célebre Bartolomé Murillo. La mavor es la Concepción, de tamaño natural, las demás son 8 óvalos en que figuró el autor santos Patronos de la ciudad, san Hermenegildo, san Isidoro, san Leandro, las santas Justa y Rufina, etc.. todos de medio cuerpo. Hay otras 8 pinturas alegóricas colocadas entre los miembros de la arquitectura, cuatro de mujeres recostadas, y las otras de niños con tarjas, y dentro de éstas, figuras simbólicas al claro oscuro: se tienen por obras del racionero Pablo de Céspedes, y los versos que en los mármoles se pusieron y declaran las historias que en ellos se figuran los compuso el canónigo Pacheco.»
«La Sacristía, inmediata á la Sala Capitular, es de las piezas más grandes y adornadas de este recinto. El arco del ingreso es de figura oblicua, de los que parecen en perspectiva, y hay en él sus recuadros ó artesonado. donde en lugar de florones se ven figurados platos con frutas y manjares de diversa especie. Las puertas tienen mucha obra y adorno de escultura, y por la parte de fuera cuatro figuras de Santos tutelares. Las dos columnas de los lados, el friso y lo demás de este ingreso, está todo lleno de figuras, ornatos y otras invenciones, de las que algunos han llamado platerescas, notándose particularmente desnudos no mal entendidos.— Es redundantísima de adornos esta Sacristía, así en sus cuatro grandes arcos, que sostienen la bóveda y linterna, como en los postes que se erigen, v en las medias columnas istriadas y retorcidas de cada lado, que sientan en pedestales puestos sobre zócalo al rededor.— Las paredes de los lados donde se forman dos de los arcos, tienen un género de portada en medio, que consiste en dos-pilastras llenas de labores, siendo su friso el de toda la capilla: dentro de esta fachada hay otra, ó llámese retablo, de dos columnas compuestas, etc. : dentro de esta otra medalla en el medio, y debajo de la fachadita otra con una cabeza... En las paredes colaterales de esta Sacristía hay dos bellos cuadros de Murillo, en que representó sentados, del natural y de cuerpo entero, los santos arzobispos Leandro é Isidoro: y es obra de las más exquisitas del expresado artífice. La cajonería es de madera de borne de trabajo peregrino: el friso, la frente de los cajones, tres puertecillas de alhacenas en ellos, están llenos de niños, medallitas. animalejos. figuras desnudas, columnitas. los Evangelistas. .Moisés, etc.. y hasta en las aldabas hay sus medallas.— En el testero de frente de la puerta está el altar de las reliquias, ó por mejor decir, tres altares juntos. En el de enmedio se guardan las Tablas Alfonsinas... : en los de los lados se ven dos asuntos de Diego Vidal el Viejo (racionero de la catedral y gran pintor según Zúñiga) pintados sobre sus puertas.»
(i) \'. la nota antecedente, al fin.
la puerta llamada lic la Campanilla y concluirá en la de san Cristóbal. Este gran cuerpo ó apéndice del templo será de orden compuesto del renacimiento, con un elevado zócalo, pilastras de bellos capiteles, sin basa, atravesadas por su tercio inferior con
El erudito Ceán halló en el Arch. de la Catedral documentos muy curiosos sobre las obras de la Sala Capitular y de las dos Sacristías mayor y de los Cálices. En sábado 22 de Enero se celebró cabildo y «se presentaron las trazas de la Sala »Capitular, de la Sacristía mayor y de la Sacristía de los Cálices, que ficieron el «maestro mayor Diego de Riaño, y Sebastian Rodriguez, Diego Rodríguez y Fran- »cisco de Limpias, maestros albañiles y carpinteros de Sevilla que firmaron, y se nmandó se fagan dichas piezas conforme á las trazas de Riaño. ^>—Va\\&c'ió Riaño en 1533 sin la satisfacción de ver comenzadas las obras que había trazado. En Diciembre de 1534 se acordó y mandó « á Martin de Gainza, aparejador desta Santa olglesia, que conforme á la traza que dejó Diego de Riaño, maestro mayor desta olglesia. defunto, que Dios haya, de la Sacristía é Cabildo é Capilla de los Cálices "faga un modelo de yeso de las dichas piezas.» — Ejecutó estos modelos Gainza en 1535, año en que ascendió á maestro mayor, y comenzó las tres obras con aprobación de Fernán Ruíz, arquitecto de la Catedral de Córdoba, y de Francisco Cumplido de la de Cádiz.— Se concluyó la Sacristía mayor el año de i 543 ; la Sala Capitular se acabó en 1561, juntamente con la Sacristía délos Cálices. — «Sino constase de los documentos citados (añade con sabia crítica el citado Ceán Bermúdez), sería increíble que un mismo maestro hubiese trazado y diseñado en un propio año tres piezas tan opuestas entre sí y de distintas arquitecturas, como son la media ó plateresca, la greco-romana, y la gótica, que corresponden á distintas épocas; pero Riaño quiso ostentar su conocimiento en todas tres.»
En lo que no estamos conformes con el diligente Ceán es en la calificación de gótica fura que hace de la Sacristía de los Cálices, cuyos arcos ni siquiera son apuntados, sino semicirculares.
La Contaduría nada de particular ofrece mas que un bello artesonado.
— Custodia de Juan de .ir/e (descrita por su mismo autor).
«Es esta Custodia de figura redonda, dividida en quatro cuerpos, y alta quatro varas. Cada cuerpo está fundado sobre veinte y quatro columnas con labores de relieve en unas, y otras istriadas. Es el primer cuerpo de orden jónico, adornado en columnas y friso de vides, figuras de niños, etc. En el medio la Fe sentada (se sustituyó en 1068 con otra de Nuestra Señora de la Concepción) con cáliz en una mano y lábaro en la otra; varias figuras alegóricas, como son el Entendimiento postrado con esposas en las manos, rindiéndose á la Fe, y la Sabiduría con los brazos cruzados, que reconoce la majestad de la misma; tras de un mundo que está á los pies de la Fe se representa una figura encadenada ; á los lados de la Fe están san Pedro y san Pablo, y en la clave de la bóveda el Espíritu Santo. — En los seis asientos del basamento los quatro Doctores, y juntamente santo Tomás con el papa Urbano IV, que instituyó la fiesta del Corpus Christi. siendo todas estas figuras de á media vara : es á saber, la mitad de las columnas mayores de este cuerpo. — En los nichos de entre los arcos están representados en figuras los Sacramentos. Todo el basamento de este cuerpo forma doce pedestales resaltados, y mostrándose tres caras de cada uno hacen treinta y seis lados, en los quales hay representadas otras tantas historias del viejo y nuevo Testamento, que alternan entre sí, y corresponden á la Iglesia, traído todo con mucho ingenio y propiedad.— En los rema-
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una ancha faja, rico cornisamento terminado por un antepecho abalaustrado y decorado con flameros y candelabros, medallones en los entrepaños, y ventanas con bellos frontispicios (i).
Servirá de ingreso á la Sala Capitular y á la Contaduría la capilla de la Purificación, que ya para entonces habrá fundado don Pedro Caballero Mariscal para enterramiento suyo y de su familia, y la que inmediatamente le sigue se transformará en ante-Sacristía mayor. K la de los Cálices se entrará por otra más abajo. La capilla que va á fundar aquel personaje consagrándola á la Purificación se llamará comunmente del Mariscal, y en ella lucirá un bello retablo de un pintor flamenco, Pedro de Kampeneer, conocido entre nosotros con el nombre de Pedro de Campaña, que será su mejor obra. Su tabla principal representará la Purificación de Nuestra Señora: habrá quien no se olvide nunca de las hermosas doncellas de Jerusalén, vestidas de blanco, que colocará el pintor en primer término como sa. liendo del templo. Encima irá la Resítrrección del Salvador; más arriba una Crucifixión, con la Virgen y San Juan; á los lados estarán representados el apóstol Santiago, santo Dojningo, san Ildefonso y san Francisco: en el medio del basamento la Disputa con los doctores, y á entrambos lados cinco retratos de don
tes de las columnas hay colocados doce ángeles niños (en 1668 se pusieron en su lugar ángeles mancebos, trabajados por Juan de Segura), con insignias de la pasión : en las enxutas de los arcos otros ángeles con espigas y uvas en las manos, y en medio de los seis lados del friso hay óvalos con hieroglíficos y su letra en cada uno. — El segundo cuerpo es de orden corintio con follajes en friso y columnas. Va en cuerpo el viril, y al rededor están los cuatro Evangelistas con sus figuras de león, toro, águila y ángel, adorando al Señor. — Al rededor por de fuera se representan i 2 figuras de los santos Patronos de Sevilla : en los pedestales varios sacrificios antiguos, y en los remates de las columnas los dones y frutos del Espíritu Santo con varios hieroglíficos que tiene también este segundo cuerpo en su friso.— El cuerpo tercero es representación de la Iglesia triunfante: se expresa la historia del Cordero sobre trono con los cuatro animales del Apocalipsis llenos de ojos. En los pedestales seis historias, también del Apocalipsis, y varios hieroglíficos en el friso.— En el quarto cuerpo está la Santísima Trinidad sobre un iris con muchos resplandores, y remata toda la Custodia en una Cruz (ahora remata con una estatua de la Fe, que hizo el citado Juan de Segura).»
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Pedro Caballero Mariscal y su familia (i). — El tramo que sigue, donde no discernimos si hay ó no capilla fundada, será con el tiempo la ante-Sacristía. — A continuación tenemos la capilla de sa?i Andrés apóstol^ sustituida á la que dotó en el antiguo templo en 1348 don Alvar Pérez de Guzmán. Ve ahí los bultos de mármol de sus primeros dueños echados sobre las tapas de sus sepulcros: dos son de hombres, y revisten estos caballeros sus armaduras, prolijamente ejecutadas en la dura piedra con aquel carácter de verdad que distingue á la estatuaria de principios del siglo XV; los otros dos son de mujer, de la misma época, á juzgar por el plegado de sus ropajes. En esta Capilla tienes una tabla asaz notable de la Adoracmi de los Reyes , ejecutada últimamente por Alejo Fernández, llamado á Sevilla por el cabildo para pintar en el retablo del altar mayor. Su estilo es de un purismo sui generis, que no tiene afinidad ni con el de los pintores alemanes, ni con el de los italianos de la escuela de Umbría. — Pasamos á lo que será Capilla de Nuestra Señora de los Dolores y de santo Tomé. Se dará este espacio á los caballeros Casaos cuando llegue el año 1533, para que trasladen aquí la capilla que en el claustro y nave de los Caballeros dotó en 1328 Guillen de las Casas. Por el muro del fondo se abrirá la entrada á la sacristía de los Cálices que va á proyectar Diego de Riaño. — Llegamos á la puerta de San Cristóbal, que se llamará también de la Lonja. Nada notable contiene por ahora ; pero lucirán en sus dos lados dos altares ó pequeñas capillas resguardadas con sus rejas ; la de la derecha, que dotará don Alonso Pérez de Medina en 1527, contendrá lindas tablas, en que Pedro Fernán-
(i) Espinosa y Carzcl cuenta en sus Adiciones al Zúñiga que por los años i 560 (cuando estaba ya para acabarse la Sala Capitular) duraba todavía pleito entre el Cabildo y don Diego Caballero sobre haber mudado el retablo de Pedro de Campaña para abrir donde él estaba el paso á la nueva obra.
En esta Capilla del Mariscal hay en el suelo una lápida escrita en caracteres góticos en que se lee : Aqui yacen los muy magnijicos señores Pedro (?) Mariscal y Diego Cavallero, veinte y qiiatros desta ciudad de Sevilla, y Alonso de Cavallero su hermano, y sus mujeres. Estos son sin duda los cinco personajes retratados en la parte baja ó predella del retablo.
SE \' ILLA. — Paíío de la Casa dh: Pila ros
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dez de Guadalupe, pintor que estofó las veintidós estatuas del primitivo cimborio, ejecutará ww Descendimiento y varios retratos de gran conclusión y verdad : la de la izquierda se hará famosa por un cuadro de Luís de Vargas, joya preciosa de la dotación de los hermanos Pedro y Juan de Medina, simple presbítero el primero y chantre el segundo de esta Santa Iglesia. El cuadro de Vargas será un misterio para los críticos hasta que un docto jesuíta descubra su significación. Dirán que representa la genej^ación temporal de Cristo, y respetando la autoridad de Ceán y de otros escritores, lo repetirán todos ; pero el perspicaz, diligente y erudito P. Moga, cuando llegue el año 1878, examinará detenidamente la tabla de Luís de Vargas, y reconocerá en ella todo un poema consagrado á la Ininacnlada Concepción de María (i). — Un discípulo del Buonarrota que vendrá á Sevilla antes de terminar el siglo, y á quien el escultor Jerónimo Hernández al ver sus dibujos honrará como maestro, pintará en el lienzo del crucero, á mano derecha entrando por la puerta de la Lonja, al Hércules cristiano , san Cristóbal , en sus tradicionales proporciones de gigante . Tendrá de alto once varas y tercia, llevará en su hombro izquierdo al niño Dios, y en la mano derecha una palma por bastón . Á su pié se leerá una bella inscripción latina del canónigo Pacheco que su sobrino publi
(i) Los hermanos .Medinas fueron los fundadores de esta Capilla en i 5 34. Sus retratos, ejecutados por el mismo Vargas, se ven en su altar. El cuadro principal, que como queda dicho no representa la generación temporal de Cristo, sino á Nuestra Señora en el misterio de su Concepción inmaculada, es vulgarmente conocido con el nombre de el cuadro de la >yainba, denominación que tiene su origen en un supuesto dicho del pintor Mateo Pérez de Alesioi del cual se cuenta, que después de haber terminado la pintura de su colosal San Cristóbal, admirando el escorzo de la pierna derecha de Adán en el cuadro de Luís de Vargas, exclamó: piü vale la Uta gamba che il mió santo Chrístophoro, es decir, más vale tu pierna que todo mi san Cristóbal. Palomino, que refiere este dicho, añade que Alesio, viendo la superior habilidad de Vargas, le dijo un día que se quedase con Dios, que él se volvía á Italia, pues no era razón que viviendo un Vargas pusiese en otro la estimación su patria. — Todo esto nos parece invención del amor propio nacional, porque Vargas había fallecido i 5 años antes que Alesio pintase su san Cristóbal, y además es sabido que este artista italiano ejecutó luego en Sevilla otras muchas obras; pero soy ílc! narrador de historias y tradiciones, y ucomo »u^ lo contaron te lo cuento.^^
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cara trasladada en metro castellano por Francisco de Rioja (i). Sigue la Capilla de Nuestra Señora la Antigua, actualmente en obra. La imagen de la Madre de Dios que perteneció a la antigua catedral, y de la cual habrás oído referir una prodigiosa tradición que la supone perpetuada desde los tiempos de la primitiva basílica hispalense á despecho del islamismo iconoclasta, se halla colocada en el muro lateral dando la espalda al brazo izquierdo del crucero. El cardenal arzobispo y patriarca de Alejandría, don Diego Hurtado de Mendoza, eligió esta Capilla para su enterramiento, y comenzó á engrandecerla rompiendo el muro último de la iglesia, y promoviendo la construcción que se está llevando á cabo. Á su muerte, ocurrida hace i; años (en 1502), dejó á la fabrica el donadío de Palenzuela. de que le habían hecho merced los reyes en el término de Carmona. para que el cabildo acabase esta obra. Ya está colocado junto á la imagen de Nuestra Señora el suntuoso sepulcro de mármol que por encargo de su hermano el conde de Tendilla labró desde el año 1504 al 1509 el excelente escultor ^Miguel Florentín, el mismo que está ahora modelando para la puerta del Perdón vieja las estatuas de san Pedro y san Pablo que han de flanquearla. — Observa ese bello sepulcro. En medio de un arco abierto en la pared, y sobre un zócalo de más de dos varas de alto, está la urna, y encima de ella la estatua echada del prelado revestido de pontifical. En el fondo del arco se representan en bajo-relieve la Ascensión, la Resurrección, la Virgen con el niño Dios. \ Santa Ana enseñando á leer á su santísima Hija; en las pilastras del arco hay seis estatuas de Santos, y el frontispicio termina con candelabros y otros adornos propios del estilo plateresco: todo ejecutado en mármol con gran delicadeza y diligencia. Fiel
(O Omitimos reproducirla por ser muy conocida. Zúñiga la publicó en sus Anales.— Y.TL la Edad-media solía la imagen de san Cristóbal hacerse de escultura: así era la que se conservó hasta el siglo pasado á la entrada de Nuestra Señora de París. V así también la que hubo en la antigua catedral de Sevilla, de la cual se conservó la cabeza sobre la puerta del corral de los Olmos.
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el cabildo al encargo de su prelado, no descuidará la obra del engrandecimiento y ensanche de esta Capilla: en 1578 la imagen antigua de Nuestra Señora se mudará del sitio que ahora ocupa al muro de mediodía, que ha de ser la fachada: para hacer esta traslación habrá que arrancar todo el trozo de antigua pared sobre que está pintada la venerada imagen ; pero esta difícil obra se llevará á cabo sin que se desmorone un solo terrón, forrando aquel pedazo de pared con fuertes tablones y ayucla7ido la industria de los maestros y oficiales, la Santa Iglesia, y su Prelado y cabildo con rogativas, por lo que la devota gente sevillana la tendrá por milagrosa y perpetuarán su memoria las leyendas y los pinceles (i). Andando el tiempo tendrá esta Capilla de Santa Alaria de la Antigua un soberbio altar de mármol con retablo de gran riqueza, de dos cuerpos de órdenes corintio y compuesto, con hornacinas en que lucirán hermosas estatuas, y una Sacristía en que se contemplarán con elogio cuadros del Divino Morales, de Antolínez y Zurbarán. Al pié de su altar será enterrado el arzobispo cardenal don Gaspar de Zúñiga y Avellaneda, y paralelo al sepulcro de Mendoza erigirá el suyo el arzobispo don Luís de Salcedo y Azcona. Este monumento será una mera copia bastarda del de Mendoza, que se labrará en época de gran decadencia para lá escultura española (en 1741). El nombre de su autor no debe interesarte. — Otras obras artísticas diofnas de loa verá realizar la presente centuria en esta Capilla ; el arco que la ha de poner en comunicación con el crucero será exornado con portada, estatuas y una buena reja por Juan López y sus hijos (desde el año 1568 en adelante), y la puerta principal
(i) Zúñiga, años i so6, n." 6. y i ^ 78. uAsí se tiene su traslación segunda, que ))Se hizo á I 8 de Noviembre de 1 ^78, por milagrosa : porque cortado de la pared, »que ya lo tenía incorporado, toda la parte precisa á mudar entero el simulacro, y «guarnecido de fortísima caxa de madera, por medio de andamies é ingeniosas iimáquinas se llevó sin deslucirse ni desmoronarse una mínima parte, y se puso »en el nuevo sitio, á que después se arrimó retablo grave, majestuoso y rico de ojaspes y bronces doriidos, en que resplandece con digno culto y numerosa canti- »dad de lámparas de plata, sacristía enriquecida de prendas y ornamentos, dota- »ción de fiestas, etc.
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recibirá otra preciosa reja que trazará en 1530 Fr. Francisco de Salamanca, á quien dejamos ocupado en la obra de la reja para la Capilla mayor (i).
Sigue á esta Capilla la de san Hermcnef^ildo donde des-
(1) Siendo muchas las memorias de interés que se refieren ¿i esta Capilla de Nuestra Señora de la Antigua, nos limitaremos á hacer una ligera mención de algunas entre las principales. — En el mes de Mayo de i ^ 2 i . el día mismo en que se apaciguó el levantamiento popular que en la historia de Sevilla lleva el nombre de motín de la Feria y pendón verde, entró al anochecer en la ciudad una procesión de más de i ^00 personas, procedente de Carmona, que se dirigía á implorar el auxilio de Nuestra Señora de la Antigua. Iban casi todos desnudos de la cintura arriba, con sogas al cuello y otras señales de penitencia. Era la causa de esta romería la misma que había movido á la plebe á levantarse pocos días antes en el barrio de la Feria, el hambre : porque afligía á toda la comarca una espantosa carestía, agravada por haber faltado los granos quede fuera del reino se esperaban. Llevaba dicha procesión once cruces y la remataba la clerecía de Carmona, entonando devotas preces y plegarias. En esta conformidad llegaron á la Catedral, en cuyo patio de los Naranjos velaron aquella noche, y ai día siguiente el cabildo les dio de comer y les repartió gruesas limosnas. Esto mismo hicieron otros lugares de la comarca, y á todos envió Sevilla socorros de trigo que trajo de África. — En el año I 5 26 se celebraron en Sevilla las bodas del Emperador con doña Isabel de Portugal. La ciudad dispuso para este fin aparatos de gran magnificencia, que describe prolijamente el analista Zúñiga. Entró la Emperatriz el 1 1 de Marzo por la puerta .Macarena, donde estaba armado el primero de los siete arcos triunfales erigidos para el fastuoso recibimiento : servíanla el duque de Calabria don Fernando de Aragón y muchos Grandes y Prelados: salieron á recibirla los Señores del Senado y Regimiento de Sevilla, con el Asistente, el Alcalde mayor, el Cabildo de la Santa Iglesia, los colegiales de Santa María de Jesús, los caballeros y escribanos públicos, los ciudadanos y mercaderes, naturales y extranjeros, hasta San Lázaro, donde todos se apearon y la besaron la mano por su orden. Allí la Emperatriz dejó su litera y subió en un blanco palafrén, y en la puerta IVlacarena fué recibida debajo de un palio. Al llegar á la Iglesia mayor, fué agasajada en la puerta del Perdón nueva con coros que entonaban suaves melodías, y conducida á la Capilla de la Ayjtzgiia, donde S. .M. hizo oración, saliendo luego por otra puerta al Alcázar, en el cual quedó aposentada. — Á los ocho días hizo su entrada el Emperador en medio de una comitiva aún más numerosa y espléndida, y oró en la misma Capilla de la Antigua antes de pasar al Alcázar á celebrar sus bodas; acontecimiento que solemnizó con el magnánimo acto de dar la libertad al rey de Francia, que estaba preso en el Alcázar de Madrid. — Finalmente en esta Capilla de la Antigua estuxo depositado el año I 5 38 el cadáver del famoso arzobispo don Alonso -Manrique, Cardenal é Inquisidor general, que desde el año 1534, desabrido con la corte por ver preferido para la mitra de Toledo al arzobispo Tavera, atendía ya solo á la salvación de su alma y se ponía á enseñar la doctrina en la Capilla del Sagrario á los niños pobres dándoles gruesas limosnas. Después de muerto, trajéronle los Señores del Cabildo á la Iglesia á maitines mayores y le dijeron los Oficios acostumbrados : y de allí lo llevaron á la Capilla de la Antigua vestido de pontifical. A\ día siguiente lo trasladaron al monasterio de Calabazanos, donde se había mandado enterrar.— V. la nota de Espinosa y Carzel al Zúñiga sobre este pasaje.
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cuella el sepulcro del cardenal don Juan de Cervantes, obra de estilo gótico pero grandiosa, ejecutada poco después del año 1453 por el distinguido escultor Lorenzo Mercadante de Bretaña, maestro del ingenioso Nufro Sánchez que labró la hermosa sillería del Coro en la segunda mitad del siglo xv. Figura la obra de Mercadante una urna sostenida por cabezas de leones, sobre la cual está el paño fúnebre en que yace el prelado revestido de pontifical con una cierva á los pies. La urna presenta en sus lados mayores dos compartimentos: en cada compartimento hay una graciosa estatuíta que representa un Padre de la Iglesia, bajo su umbela, y teniendo por repisa una de las cabezas de león que forman los pies. En cada uno de los cuatro frentes hay además dos ángeles que sostienen el escudo de armas del arzobispo, cuyo emblema son dos ciervos. Llegará el siglo XVII, y un escultor que logrará gran celebridad en Sevilla (i), hará una regular estatua de san Hermenegildo para el altar de esta Capilla. — A ella se trasladará también á mediados del siglo XIX el sepulcro del almirante de Castilla don Juan Mathe de Luna, que, llevado cuando se deshizo la Iglesia antigua desde su primitivo enterramiento á la Capilla de san Martín, se halla oscurecido en ésta al presente. El ilustre almirante, tan heroico en vida y tan asendereado en muerte, yace ahí armado hasta la rodilla con botas blancas y dorada espuela calzada: ciñe una espada ancha con vaina de terciopelo verde y tiene abrazada una bandera. Está amortajado en un manto de seda carmesí, y su cuerpo todo entero (2). ¡Qué bien le cuadra la austera elocuencia de su sencillo epitafio: Aquí YAZE DON Juan Mathe de Luna Camarero mayor que fué de
EL REY DON SaNCHO E ALMIRANTE MAYOR DE CaSTILLA ; FINÓ NUEVE días de EL MES DE AGOSTO EN LA ERA DE M.CCC. XXXVII
AÑOS. Muy bien sirvió á los reyes, e muv bueno fué en des-
(i) Juan Martínez Montañés.
(2) V. á Espinosa en su Teatro. Va solo existen los huesos.
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CERCAR Á Tarifa. Mucho bien fizo, déle Dios su paraíso, amen!
Sigue una Capilla cuyo contenido no divisamos claramente: dentro de un siglo se la denominará de san Miguel; dentro de tres llevará la advocación de san José: ostentará un pesado retablo greco-romano de un cierto Pedro Arnal, todo de mármoles y bronce, y estatuas de san José, san Miguel^ san Blas, santa LíLCÍa y santa Teresa^ que ejecutarán un Esteve y un Vergaz, escultores que hoy no gozarían crédito alguno. En armonía con esa escultura tendrá en sus paredes cuadros de un Valdés y de un Antolínez. Mucho va á degenerar el arte cristiano en nuestra patria si llega la fama á encumbrar á estos profesores. El mausoleo que en esta capilla erigirá el siglo XIX al cardenal arzobispo don Joaquín Tarancón, confirmará mi pronóstico.
Llegamos á la Capilla de san Bartolomé (i), fundación de los caballeros Marmolejos á fines del pasado siglo, donde desde luego te arrebata y seduce un bellísimo retablo pintado hace 15 años (en 1504), que aunque despreciado quizá cuando lleguen á figurar como grandes maestros los Antolínez y V^aldés, recobrará por fin su prestigio y será mirado como un monumento insigne en la historia de la pintura religiosa. Representa en su centro á san Bartolomé, encima una coronación de Nuestra Señora de relieve, y en los compartimentos de los lados varios Apóstoles y santos Padres (2). Traerán de América un crucifijo, pobre cosa como obra de arte, que con el nombre de Cristo de Maracaibo usurpará á san Bartolomé la advocación
(i) Es hoy la Capilla de sania Atia, cuya advocación lleva desde que se colocó en la parte inferior de su retablo un cuadro de escuela italiana que representa á la madre de Nuestra Señora con el niño Dios y la Virgen.
(2) Aunque Ceán lo califica de aniigiialla, es una cosa bellísima por su dibujo. Todos los fondos y gran parte de las vestiduras son de oro. Este retablo, que en la época de nuestro primer viaje á Sevilla (1853) estaba lastimosamente pintarrajeado y abandonado, presenta además una traza arquitectónica preciosa: forman sus compartimentos unas agujas sutiles que en vez de pináculos tienen por remates lindísimas estatuillas. Su contorno es el de todos los de su tiempo: un lambel escalonado siguiendo la forma de la ojiva del muro á que se adapta.
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de esta capilla; pero más adelante, cuando la cristiandad llegue á su año 1880, vendrá á oscurecer todos los objetos artísticos de este santuario, que ostentará promiscuamente las tres advocaciones de san Bartolomé, sania Ana y Maracaibo, un bellísimo sepulcro con estatua orante del cardenal arzobispo don Luís de la Lastra y Cuesta, obra del reputado escultor don Ricardo Bellver. — En esta Capilla sepultaron diez y siete años há (en 1502) al canónigo Diego Alfonso de Sevilla, varón docto en todas letras, del cual comienzan á referirse cuentos que acreditan su afición á la nigromancia. Dice su epitafio: Esta sepultura es del venerable varím Diego Alfonso de Sevilla, canónigo que fué en esta Santa Iglesia^ el cual confía en sola la misericordia DE Dios, cuya ánima él haya. Y supone gratuitamente la gente ignorante y crédula, que las palabras en que consigna su esperanza en la misericordia divina, y su cristiana humildad, que le obliga á reconocerse despojado de todo merecimiento para lograr la gloria eterna, es una confesión espontánea de impiedad y de impenitencia.
Acabamos por fin nuestro giro en la Capilla de san Laureano, que fué la primera que se terminó en el nuevo templo, celebrándose en ella los oficios divinos y haciendo de Capilla mayor muchos años mientras se concluía lo restante de la Iglesia (i). Para esta Capilla, fundación del arzobispo don Alonso de Exea, que en ella yace, acaba de ejecutar el escultor Pedro Millán la imagen del Señor resucitado con dos ángeles á los lados, y en pequeñas figuras de barro cocido el tierno pasaje de Cristo difu7ito llorado por su Santa Madre y las Marías. El estilo de estas obras es el llamado gótico: dicho está por consiguiente que lo principal en ellas es la expresión; pero también se distinguen por la buena disposición de sus paños.
(i) Púsose la primera piedra de la Catedral nueva en el áni^ulo de esta Capilla inmediato á la torre de san Miguel.
CAPITULO XXV
Continuación : La sillería del coro. — Las alhajas. — La Biblioteca Colombina. Memorias de los siglos XV y XVI, conexas con la historia de la catedral
'n nuestra revista retrospectiva de las obras que á la catedral se refieren, nos hemos limitado á las arquitectónicas, haciendo ligera mención de las de escultura y pintura que las decoran. Vamos ahora á hacernos cargo de otros tesoros de arte y letras que enriquecen á la gran basílica hispalense, y de algunas memorias de la época más floreciente de la cultura sevillana que se relacionan con la catedral ó su cabildo.
Comencemos por la célebre sillería del Coro. Es ésta una soberbia obra del arte del siglo xv en que no se fija bastante la atención. Compónese de 1 1 7 sillas, inclusa la del prelado, que está al fi-ente de la puerta principal, dispuestas en dos hileras, una al nivel del piso y otra á vara y media de elevación, con bajo-relieves en las cabeceras de las sillas bajas en que están
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ejecutados pasajes del antiguo y nuevo Testamento, y caprichos con bichas y animalejos fantásticos, de excelente gusto, coronando el conjunto un prolongado dosel con torrecillas y estatuitas de primorosa traza. La silla del arzobispo y las del asistente y deán están más cargadas en sus doseletes con adornos, filigranas y torrecillas. Son muy lindas las estatuillas de santos y santas que se ven sobre sendas repisas adosadas á los pináculos que separan las sillas altas unas de otras. Ya queda dicho que diseñó y dejó muy adelantada esta obra Nufro Sánchez, y que la terminó el escultor Danchart, autor del retablo mayor. En la silla que llaman del Rey, que es la segunda de los huéspedes al lado del Evangelio, se lee la firma del primero en estas palabras embutidas en caracteres góticos : Este coro fizo Nufro Sánchez entallador , que Dios aya, acabóse año de 14^8.
El cabildo custodia las Alhajas de su catedral en el zócalo del altar principal de la Sacristía mayor. Entre las innumerables que posee, mencionaremos las siguientes, notables por su riqueza, gusto artístico y valor arqueológico, y en esta materia cedemos la palabra á un joven crítico, ya otras veces citado (i), que tiene más fresca que nosotros la memoria de tales curiosidades. — «Un portapaz de oro y piedras preciosas con una efigie de la Virgen bajo un arco conopial, esmaltado en colores y de admirable trabajo; el cual perteneció al cardenal Mendoza, cuyo escudo lleva al pié.
»Un relicario en forma de templete con sus puertas, de preciosos esmaltes, con la estatua de la Virgen, de oro macizo, en el centro: procedente del expolio del Sr. Palafox.
»Un cáliz de oro y plata sobredorada, de estilo gótico florido; que perteneció también al cardenal Mendoza.
»Una hermosa bandeja con alegorías de labor repujada que se refieren á la Iglesia triunfante, de bello estilo del renacimiento.
(i) El Sr. Gestoso y Pérez en su Guia arlisttcr de Sevilla.
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Lleva el nombre de bandeja de Paiva por haber pertenecido á doña Ana de Paiva que la regaló en 1688.
>üna taza de cristal de roca, de gallones, con adornos de gusto oriental bizantino-románico, entre los cuales se lee esta especie de jaculatoria ó invocación: ^.Dofnyniis mychi aiutor ct non timen quid faciad mychi Jiomu et egu despiciam eiiemicos meos f Dom,inns. >
>Dos portapaces de plata dorada del siglo xvi, con bellas fantasías de estilo del renacimiento.
>Una cruz procesional de plata con adornos repujados, esmaltes é incrustaciones del siglo xvi. La efigie del Cristo es moderna.
íUn liznnm crucis montado en una cruz de filigrana de oro con esmaltes del siglo xvi.
>Un relicario en forma de tríptico que lleva el nombre de tablas Alfonsinas: donación del rey Sabio.
^ Otros diez y nueve relicarios de plata dorada, de estilo del renacimiento en su mayor parte.
»Dos bellas ánforas de plata repujadas: obra italiana del
siglo XVI.
>La llamada cruz verde, de plata dorada, de delicadísima labor gótica del xv en su parte inferior.
'^Una cruz de oro que ostenta en la parte superior y en las extremidades de sus brazos, magníficos camafeos romanos, y esmaltes en canales verticales y horizontales. Vense al pié las estatuillas de Cristo difunto, la Virgen, san Juan y las Marías. La basa contiene seis lóbulos conopiales. y en cada uno de ellos un asunto de la vida del Salvador. Compónese esta notable alhaja de varios fragmentos: los de la basa son del siglo xiv.
>Dos riquísimos viriles que se usan en las octavas del Corpus y de la Concepción y en el triduo de Carnestolendas : en uno de los cuales se cuentan 1.500 perlas }■ multitud de esmeraldas y zafiros, aunque es alhaja de mal gusto.
»Dos urnas de plata repuiada de bella labor del renaci-
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miento, con reliquias de santos: selladas ambas con el nombre de Bezerra, en Sevilla.»
Hemos omitido varias de las alhajas que el crítico sevillano describe, para no hacer interminable esta lista; y nos hemos arrojado también á modificar su tecnicismo sustituyendo el nuestro, entre otras razones, por exigirlo la unidad del estilo.
Biblioteca Colombina. — El año 1539 fué fecundo en tristes acaecimientos: murió en él la emperatriz doña Isabel, cuyas bodas con el emperador Carlos I, entrada en Sevilla y visita á Nuestra Señora de la Antigua, mencionamos en una de nuestras notas anteriores: y á 18 de abril celebraron la ciudad y sus dos cabildos sus exequias con gran ostentación en la Santa Iglesia, predicando en ellas el Dr. Constantino de la Fuente, que más adelante se hizo tristemente famoso por sus errores y por la sentencia que contra él fulminó el Santo Oficio. Hallóse en estas honras el marqués de Tarifa don Fadrique Enríquez de Ribera, á quien siete meses después iba á llorar muerto Sevilla, como padre de la patria que había colmado de beneficios á la nobleza, de limosnas al pueblo, de memorias pías á las iglesias y de finezas á los artistas. Más adelante hablaremos de su magnífico palacio y de los suntuosos enterramientos que mandó labrar para sus progenitores. — Por último, también este año murió don Fernando Colón, hijo del descubridor del Nuevo Mundo, caballero en quien brillaron grandes prendas y excelencias en armas y letras. Murió de 5 2 años : estuvo varias veces en las Indias con su padre y su hermano el almirante don Diego, y después con el emperador en Italia, Flandes y Alemania; peregrinó casi toda la Europa y mucho del Asia y África, enriqueciéndose de noticias y de libros, de que juntó en Sevilla más de 20,000, todos selectísimos. Trataba de la fundación de una academia y colegio de matemáticas en el colegio de san Laureano de Nuestra Señora de la Merced, cuando le sorprendió la muerte. Escogió para su sepultura la Santa Iglesia
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Catedral: allí yace en medio del trascoro, donde tiene su lápida esta sentida inscripción :
ASPICE QUID PRODEST TOTUM SUDASSE PER OBBEM
ACQUE ORBEM PATRIS TER PEREGRASSE NOVUM,
QUID PLACIDI BaETIS RIPAM FINXISSE DECORAM,
DIVITIAS GENIUM POSTHABUISSE MEUM
UT TIBÍ CASTALII RESERAREM NUMIXA FOXTIS,
OFFEREMQUE SIMUL QUAS ThOLOMEUS OPES,
SI TEXUI SALTE.M TRANSCURRENS MURMURE SAXUM
NEC PATRI SALVE, NEC MIHI DICIS AVE.
Don Fernando Colón hizo depositario de su numerosa y selecta biblioteca al cabildo eclesiástico, consignando en su testamento varias notables disposiciones para su conservación y aumento. No cumpliéndose éstas, era su voluntad que la biblioteca pasara á los PP. Dominicos de san Pablo. De aquí se originó un pleito entre esta comunidad y el cabildo catedral, que duró mucho tiempo, }• que se falló otorgando el depósito definitivamente al cabildo. Dejó el fundador escrita la inscripción que había de colocarse sobre la puerta de ingreso á la biblioteca: la lápida que había de contenerla no se ha colocado hasta el año 1 87 1 1 El erudito anticuario sevillano citado poco há nos suministra estos curiosos datos. En los extractos de autos capitulares que conserva el archivo municipal de Sevilla (papeles del conde del Águila, t. 6), constan las siguientes noticias referentes al legado de Colón: < 14 de mayo de 1539 aceptó el cabildo la librería que dejó don Fernando Colón con el cargo del responso conforme á la cláusula del testamento. — 7 de mayo de 1544: los frailes de san Pablo se llevaron la librería de Colón á su convento, y mandó el cabildo que no se les convide á sermón en esta santa Iglesia hasta la satisfacción de este desacato. — 2Ó de marzo de 1552 : notició el Sr. Espina al cabildo la sentencia ganada contra los frailes de san Pablo sobre la librería de Colón. — 29 de marzo del mismo año: mandaron buscar personas que salgan fiadores en los diez mil escudos que el presidente y
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oidores de Granada mandaron que los dichos señores diesen para que cumplieran la disposición de la cláusula del testamento de don Fernando Colón en lo de la librería. — 3 i del citado mes y año: se nombró al Sr. Baltasar de Esquível con dos testigos y el notario de la fábrica para recibir de los frailes por inventario los libros de Colón y para que se pongan en la Sacristía nueva por orden.»
Colocó el cabildo esta biblioteca en una pieza que había estado sirviendo de Capilla Real, sobre las capillas de la nave del Lagarto, en el claustro, adornándola con estantes de caoba de graciosa traza, y sus paredes y bóvedas con pinturas al fresco. Habiéndose aumentado después considerablemente, hubo que agregarle á principios de este siglo otra pieza ó salón contiguo. En la actualidad consta la biblioteca Colombina de unos veinticinco ó treinta mil volúmenes: los veinte mil cuerpos que donó don Fernando Colón, se hallan reducidos á diez mil tomos: no comprendemos porqué.
Posee esta biblioteca muchos excelentes manuscritos de las mejores obras de nuestro siglo de oro, y algunos de más antigüedad y no menos mérito, entre los cuales puede contarse una Divina Comedia escrita casi en la época misma en que el Dante la compuso. También contiene misales, biblias latinas y hebraicas, oficios de la Virgen, santorales, pontificales y evano-eliarios, altamente curiosos por sus viñetas, orlas y letras iniciales, y el libro del Tesoro, que se creyó ser original del rey don Alonso el Sabio hasta que el P. M. Sarmiento observó ser traducción del que con el propio título escribió el célebre Brunetto Latini, maestro del Dante. — Entre aquellos manuscritos iluminados descuellan los siguientes : el Alisal llamado del cardenal Mendoza, escrito en bellos y grandes caracteres del siglo XV ó tal vez de principios del xvi, é ilustrado con viñetas notabilísimas. Una de ellas representa la muerte de Jesús, en cuya composición puede decirse que se ve al arte rompiendo sus antiguas ligaduras y abarcando en toda su inmensidad un asunto
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que ha ejercitado después los pinceles de los más grandes artistas. Son dignas de estudio por su expresión las figuras de las Marías y de san Juan que están sentados á un lado de la cruz, y sobre todo la de la Virgen, arrodillada y abrazada al madero, con los ojos fijos en el cuerpo de su divino Hijo. También son dignas de observarse las figuras de los soldados, vestidos todos con trajes de la época, y entre ellos la del que vuelve la vista después de haber dado á Jesús la lanzada. — Del mismo prelado don Diego Hurtado de Mendoza, y procedente según se dice de su capilla, es otro misal en folio, más antiguo, menos rico en viñetas, pero abundante en preciosas y variadas orlas. — Un pontifical en folio mayor (tabla 149), ms. del año mismo de la muerte del rey don Juan I de Castilla (1390) siendo antipapa con el nomble de Clemente VII Roberto de Ginebra, reconocido en España como verdadero pontífice. Es este libro riquísimo en viñetas, tanto que con él solo podría hacerse un estudio detallado de los trajes, muebles, edificios, armas y buques de la Edad Media. Explica la manera de bendecir todas las cosas, y lleva al frente de cada capítulo una ó más viñetas representando lo mismo que explica. Apenas hay objeto del cual no se pueda saber por este libro qué forma tuvo en aquel siglo. — Misal hispalense (n.*^' i 2) en folio del siglo xiv al xv, bellísimo por sus letras capitales. Para hacerse cargo de la riqueza de este libro, basta ver sus hojas 2.^ y 290.''^, en cuyas orlas, entre infinita variedad de hojas y flores, se figuran aves de gallarda forma, animales fabulosos, centauros, orenios, etc. En las letras capitales a y q de estas dos páginas están representados la Anunciación y la Despedida de yesiis y la Virgejí, pero es imposible describir la gracia, el amor, la unción, el sentimiento de ternura y la castidad que respiran estas figuras! — Misal en folio (tabla 1 49) anterior al año 1 3 1 1 en que el concilio Vienense instituyó la festividad del Corpus. Es notable este libro por las letras de cabecera que contiene antes de empezar el sanctologio, cuyos adornos están miniados con una delicadeza á que no
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parece posible pueda llegar la simple mano del hombre. — Evageliario (tabla 146, n.° 6) con regulares orlas y buenas letras de cabecera, sin viñetas. Al fin de él se lee: ^Qui scripsit scribat et se7nper cuní Domino vivat. Este libro se acabó de escribir e iltiminar a ocho dias del mes de enero año del Placimiento del nuestro Salvador Jesucristo de mili et CCCC et LXXIII años. E yo Pero Guillen de Urrea lo escrivi por mandado de mi Señor Don Allonso Sánchez de Cean maestre- escuela déla Sancta Iglesia de Sevilla.-» De este pintor de miniatura no tuvo noticia Ceán Bermúdez. — Epistolario (tabla 146, n." i) de muy buen gusto, de pocas viñetas y buenas orlas.
Entre los manuscritos útiles para la historia local que conserva la Biblioteca Colombiana, merece citarse uno que lleva el título de Memorias de Sevilla, y en cuyo prólogo se declara el verdadero título de Eragmentos históricos de Sevilla, añadiéndose que las memorias que contiene son copiadas de un libro de la propiedad de don Domingo de Urbizu, caballero de Alcántara, libro que era á su vez copia de otro de la biblioteca de don Félix Escudero. Su principio contiene los primeros capítulos del ms. de Gonzalo Argote de Molina, del aparato que juntaba para su historia de Sevilla (que empezó á escribir el jueves 20 de Noviembre de 1571). Siguen copias de privilegios antiguos concedidos á la ciudad con notas de Florián de Ocampo y Ambrosio de Morales. Vienen luego casos raros y muy particulares acaecidos desde el año 1531 al 1568. Siguen después diferentes cartas escritas á Felipe II, y sus respuestas, y otras del cardenal don Rodrigo de Castro, arzobispo de Sevilla, sobre reducción de los hospitales, defendiendo la ermita de santa Justa y Rufina. Acompaña la carta de Bernardo de Escalante dando cuenta (en 1604) de lo sucedido con motivo de la suspensión del auto general publicado. Siguen memorias curiosas de casos ocurridos, sacadas de 3 tomos mss. de don José Maldonado Dávila, en las cuales incluyó las cosas que halló anotadas por el P. Rafael Pereira, Jesuíta, desde el 1 5 7 8 al 1 6 1 4,
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y otras de tiempo más antiguo sacadas de un ms. de Pedro de Mexía. Acaba esta parte del libro con la relación de un torneo que en 1609 se celebró en casa del marqués de Montesclaros, asistente de Sevilla, á quien promovieron á virrey de nueva España. La continuación se compone de adiciones á la Historia de Sevilla de Morgado ; de inscripciones antiguas del distrito y jurisdicción de Sevilla, que se creen de don Cristóbal Báñez de Salcedo, grande aficionado y conocedor; de otras adiciones al Morgado por el Dr. D. Juan de Torres Alarcón; y últimamente de memorias de todas las exequias hechas en Sevilla á personas reales de la casa de Austria.
Para la historia de Sevilla pueden asimismo prestar utilidad las memorias históricas de don Ambrosio de la Cuesta y Saavedra, canónigo de dicha Santa Iglesia, manuscrito original del 1 700, que trata largamente del rey don Pedro, y que se conserva bajo la letra Z n,°^ 134 y 31.
Entre los manuscritos de literatura italiana recogidos por don Fernando Colón hay un tomo interesantísimo que contiene rimas de Ceceo D'Ascoli, de Dante, de Petrarca, de Fació de Uberti, y de otro poeta que no se nombra, autor de numerosas composiciones sagradas en tercetos y octavas que respiran la más exquisita ternura. Recordamos entre otras una plegaria á María en boca de una doncella, y unos tercetos á la Virgen, que tienen todo el sabor de la buena poesía florentina del xv. Si entre estas poesías hay algunas inéditas, es averiguación que no hemos podido emprender, por cuanto el cabildo, dueño de la Biblioteca, no consiente se saquen en ella copias ; y para verificar allí mismo cotejos no tuvimos durante nuestro viaje tiempo suficiente.
La Biblioteca Colombina tiene tres grandes salones y un gabinete; el salón de ingreso ofi^ece una rica colección de obras modernas regalada por el rey de Francia Luís Felipe, y por su hijo el Srmo. Sr. Duque de Montpensier, contenidas en estantes nuevos. El salón que sigue presenta una rica y antigua están-
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tería, y en su testero un retrato de Cristóbal Colón, obra de M. Emile Lasalle, regalo también del último rey de los franceses. Hay en esta pieza una elegante urna de cristal en que se custodian varios libros y manuscritos que usaron en vida el gran Almirante y su hijo don Fernando, y una espada de lazo del siglo XVI disparatadamente atribuida al conde Fernán González y también á García Pérez de Vargas. El salón tercero tiene en su frente principal un san Fernando pintado por Murillo, bella obra como cuadro, deplorable en su parte iconográfica é indumentaria. En el gabinete hay una hermosa estantería de cedro que costeó la reina doña Isabel II.
Memorias qitc tienen relación con la Sa?ita Iglesia de Sevilla.— En tiempo de don García Enríquez Osorio, vigésimo prelado hispalense, que falleció á mediados del siglo xv (1448), se celebró en la plaza de San Francisco un auto de fe, en que fué públicamente quemado por hereje un fraile de la orden de menores llamado Guillermino. Cuenta el motivo del modo siguiente, en un curioso manuscrito latino que de él conserva la Biblioteca Colombina, don Juan Loaysa, el cual lo tomó de otro libro ó cuaderno que tenía en su librería don Alonso Benito de Medina, canónigo de la propia Santa Iglesia, y que vertido al castellano, dice así: «Fr. Ricoldo florentino, de la orden de Pre- »dicadores, en su libro en 4."^' impreso en Sevilla en 1520 con »el título de Summ.\ errorum et h.í:resium, y en el capítulo >que trata de las Herejías y errores de algtmos bigardos de la > orden de Menores y pri^icipalmente de Fr. Alfonso de A/ella, ^oriundo de Zainor a, fol. 13, dice lo siguiente: Este Fr. Al- >fonso de Mella de la orden de Menores, se hizo sarraceno, y >juntamente con él Fr. Ángel y Fr. Guillermino de la misma » religión en la ciudad de Málaga. Siguió todas las herejías y » errores de Almerico, de quien antes escribimos. Fr. Guillermi- »no por último volvió á Sevilla y se presentó en público con su > hábito; y mientras iba por las casas enseñando sigilosamente »sus herejías y errores, cayó en manos del virtuoso varón Die-
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»go López de Enciso, Vicario general del M. Rvdo. arzobispo » hispalense don García Enríquez Osorio, que lo redujo á pri- ^sión. Estando en la cárcel intentó sostener su perniciosa doc- » trina, y fué vencido en pública controversia por el R. P. Fray »Juan de la calle de las Armas (de Cale Armornm)^ profesor »en Sagrada Teología y de la orden de Predicadores. Él, sin » embargo de haber quedado públicamente convicto de herejía, »no desistió de sus errores: por lo cual, fué solemnemente dey gradado por mano del Dr. Fr. Juan de Morales, de dicha » orden de Predicadores, obispo de Beja á la sazón, en el corral ^ de los Olmos ]un\.o á la Iglesia mayor; entregado después al » brazo secular, y por último quemado vivo en la plaza de San «Francisco.»
Año 1508. — Turbulencias ocurridas en Córdoba traen á Sevilla al rey católico, y se extrema su rigor contra el marqués de Priego. En 27 de Agosto verifica su entrada acompañado de la reina Germana. Salióle á recibir el cabildo, y llegó de noche al templo, que estaba todo coronado de luminarias, y hecha oración, pasó al Alcázar, donde despidió al arzobispo. El día de san Clemente le suplicó el cabildo que llevase en la procesión la espada de san Fernando ; otorgólo el monarca, é hizo además que el embajador del príncipe don Carlos, ya jurado, llevase en su nombre el pendón del santo rey.
Año 151 1. — Ocurrió este año, en el día de los Santos Inocentes, el hundimiento del crucero de la Catedral nueva: suceso de que ya hemos hablado. Señalaremos brevemente las causas de tan deplorable ruina. El cimborio que coronaba el espacio central del crucero de la catedral de Sevilla, era de descomedida elevación supuesto que llegaba hasta el primer cuerpo de la Giralda. Añádase á esto que lo habían decorado con estatuas colosales de barro, de apóstoles y profetas, ejecutadas por Pedro Millán y su discípulo Juan Pérez, Miguel Florentín y Jorge Fernández Alemán, las cuales aumentaban considerablemente el peso, ya enorme, de aquella mole. Y agregúese por
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Último que la obra toda del crucero, como hecha de prisa y con malos materiales, carecía de la necesaria solidez para cargar sobre ella un cimborio de tales proporciones y condiciones. El resultado fué el que debía ser. Pero si la responsabilidad del fracaso corresponde á los maestros mayores que por la excitación del arzobispo don Diego Hurtado de Mendoza aceleraron inconsideradamente la obra entre los años 1496 y 1507, sin examinar bien primero la clase de construcción que se había empleado hasta entonces (la cual ha resultado hoy ser muy defectuosa), no están exentos de ella los que al promediar el siglo XV habían dejado en la mitad de su elevación completamente faltos de resistencia los postes sobre los cuales habían de cargar los cuatro arcos torales y toda la gran máquina superior. El distinguido arquitecto encargado en la actualidad de las obras de restauración de la insigne y muy averiada basílica, el señor don Adolfo Fernández Casanova, está palpando ahora las funestas consecuencias de las impremeditaciones de aquel célebre maesto Jimón, que, enviado por el arzobispo en 1496 á reconocer lo que existía de la obra, lo dio por bueno ; del maestro Juan Normán que la había dirigido hasta el año 1472 ; y de los profesores Alfonso Rodríguez y González Rojas, que después de Jimón continuaron construyendo, sin curarse de fortalecer las pilas en que estribaba el ostentoso y pesado cimborio. — Que el maestro Juan Normán llevaba mal la construcción en 1462 (i), fuese por su avanzada edad ó por descuido, parece muy presumible; el señor Fernández Casanova, que con mo-
(i) Hasta este año. dice Ccán en sus Adiciones al Llaguno (t. I, pág. 84), nohay noticia de quien había dirigido la obra de la catedral de Sevilla, la cual estaba ya en la mitad de su elevación; pero en él figura ya como maestro mayor Juan Normán, que desempeñó su plaza, con el aparejador Pedro de Toledo, hasta el año 1472, en que acordó el cabildo : « rfe aquí adelante no se den jornales á Juan i^Normdn, salvo que le den su renta que le sueleJí dar, ansí de pan como de dineros^^y por lo que parece lo hubieron de jubilar.— «Con fecha de 28 de Setiembre del mismo año nombraron maestros mayores á Pedro de Toledo, á Francisco Rodríguez y á Juan de Hoces, para que se adelantase más la obra ; pero con este proyecto y disposición no se conseguía el fin, porque la variedad de pareceres lo entorpecía.»
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tivo de la ruina insinuada en el pilar del lado del Evangelio desde el año i88r, reconoció la construcción de estos sustentáculos en 1882, vio en ellos que las hiladas de piedra son un mero revestimiento y que el interior de los referidos pilares ó machones es todo de ladrillo ó mampostería ; vio más, es á saber, que la piedra empleada en los sillares es de malísima calidad, compacta en unos y en otros deleznable como arena, y que el corte de las piedras en los nervios de crucería y en las superficies de los cascos de bóveda es sumamente defectuoso: lo cual quiere decir que los que sucedieron al referido Juan Normán en la dirección de aquella fábrica, fueron tan imperitos ó imprevisores como él. Ahora comprendemos claramente por qué se hundió el cimborio con parte del crucero en 1 5 1 1 , y lo que maravilla es que la catástrofe, dispuesta con tales elementos, no ocurriera mucho antes. Ahora también se comprende porqué los arquitectos Pedro de Toledo, Francisco Rodríguez y Juan de Hoces, llamados por el Cabildo á sustituir á Juan Normán, discrepando en sus pareceres, nada pudieron adelantar en la obra; y ahora por último se ve la razón por la cual, aunque se cerró el crucero sin cimborio ó cúpula en 15 19, la fábrica siguió llevando en sí elementos permanentes de una futura destrucción, cual fué la denunciada en 1881: causa de la misión confiada al señor Fernández Casanova por un ilustrado ministro de la corona (i), á petición de la Real Academia de san Fernando.
Terminaremos esta breve historia del crucero de la famosa catedral hispalense, tan sujeto á tristes peripecias, diciendo que cuando, después del hundimiento de i 5 1 1 , se trató de su reparación, se celebró una junta, á la que concurrieron los arquitectos más acreditados de España: Henrique de Egas, maestro mayor de la catedral de Toledo, Pedro López de la de Jaén, y
(i) El F.xcmo. Sr. D. José Luís Albarcda, ministro de Fomento, á cuya iniciativa, secundada por el inteligente celo del limo. Sr. D. Juan F. Riano, Director de instrucción pública, se debe esta reparación.
Juan de Álava de la de Plasencia, quienes determinaron cerrar el templo suprimiendo toda cúpula ó cimborio, por cuanto los pilares no podían sostenerla; que se encargó la dirección de esta obra á Juan Gil de Hontañón, maestro mayor de la Iglesia de Salamanca, que la acabó en 4 de Noviembre de 15 19; y que para ayuda de costa de esta reparación, el rey católico don Fernando mandó al tribunal de la Contratación que del dinero que viniese de Indias se diesen á la fábrica de la catedral 10.000 ducados de oro por espacio de diez años.
Año 15 1 2. — Celebróse desde el 11 hasta el 15 de Enero concilio provincial en la Capilla de san Clemente, que servía de Capilla mayor por la ruina del crucero. En este concilio se hicieron constituciones sobre fundación de nuevas iglesias y obispados sufragáneos del metropolitano de Sevilla en las Indias, Islas de América y Tierra Firme.— En este mismo año reformó el prudente arzobispo Deza la antigua fiesta del Obispillo. Era costumbre en la Santa Iglesia de Sevilla que los escolares del Estudio de san Miguel, los mozos de coro y otros jóvenes dedicados á la carrera eclesiástica, celebrasen el día de los Santos Inocentes una fiesta en memoria de la infancia y humildad del Redentor. Traían por la ciudad á caballo al niño elegido para que en semejante día hiciese de obispo, todo cubierto de galas, y á veces propasándose á muy profanas travesuras. Para corregir éstas, y deseando el celoso don Diego de Deza instituir alguna memoria para el día de los Santos Inocentes, en que cabalmente había ocurrido la ruina del cimborio, donde por disposición visible de la Providencia no había habido que lamentar víctima ninguna, formó en unión con el Deán y Cabildo un curioso Estatuto de todas las ceremonias que habían de practicarse en la fiesta del Obispillo dentro del templo. Por virtud de este Estatuto, al canto del Magnijicat^ que se entonaba á las segundas vísperas de san Juan Evangelista, al llegar al verso deposuit potentes de Sede, los niños de coro y los clérigos de la veintena ocupaban las sillas de coro altas y bajas, y
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el Obispillo se apoderaba de la silla át\ prelado con sus asistentes, y los Beneficiados se sentaban en los bancos inferiores. Éstos iban luego á la Sacristía vestidos de presbíteros, y allí, despojándose de sus capas de seda y tomando las de paño, volvían con el pontifical del Obispillo. Revestíase éste, y comenzaban las vísperas de los Inocentes, y en tanto el Obispillo incensaba el altar; decía luego la oración, y echaba su bendición. Seguían las completas, y el Obispillo se iba á desnudar á la sacristía. — Al día siguiente se cantaban Prima y Tercia, y acabada ésta se hacía la procesión, yendo en la cabecera el Obispillo con sus asistentes, y detrás dos Beneficiados, uno con la mitra y otro con el báculo, y llevando la falda otro niño Beneficiado. Vuelta la procesión al coro, el Obispillo ocupaba su silla y los cantores comenzaban el oficio de la misa, durante la cual se le hacían al obispo niño las ceremonias de traerle el Evangelio, la Epístola, el incienso, la paz, etc., daba el mismo la bendición, y luego uno de la veintena comenzaba la Sexta; mientras se cantaba ésta, los Beneficiados acompañaban al pequeño obispo hasta la capilla de san Cristóbal, donde se desnudaba, y el que no lo hacía perdía su pitanza. Esta fiesta del Obispillo, así reformada, duró hasta el año 1563, en que se mandó cesase />or algu?ios inconvenientes que desdecian de la piedad primitiva.
Año 1 5 19. Se terminó en él la restauración del crucero, según queda dicho.
Año 1523, Murió en el convento de San Jerónimo de Buenavista el arzobispo Deza, presentado por el Emperador para la silla de Toledo por muerte del cardenal Guillermo de Croy. Fué sepultado en su Colegio de Santo Tomás de Aquino. — Presentó el Emperador para sucederle en la silla de Sevilla al obispo de Córdoba don Alonso Manrique, siendo de notar que el cabildo se abstuvo de la presentación, cuyo derecho siempre había mantenido.
Año 1524. Tomó posesión en la Catedral, en nombre del
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arzobispo Manrique, el canónigo Pedro Pinelo, que fué su provisor. El prelado, por su cargo de Inquisidor general , en que sucedió á Adriano, siguió siempre á la corte, y hasta los últimos años de su vida visitó poco su Iglesia.
Año 1532. Hubo controversias, y por último concordia, entre ambos cabildos sobre el modo de proceder en la procesión del Corpus. Consta por ellas que había entonces en la catedral representaciones y autos sacramentales, dado que la disposición de éstos fué parte de lo controvertido. Hubo también procesiones y rogativas por el feliz suceso del Emperador en la empresa de descercar á Viena contra el Turco. Se hizo procesión con la imagen de Nuestra Señora de los Reyes á la Iglesia de Santiago de los Caballeros y á Santa Ana de Triana.
Año 1536. Fueron solemnemente degradados en la Catedral cinco religiosos agustinos que habían dado muerte á su provincial. Los tuvieron encerrados en el castillo de Triana: de allí los sacaron para llevarlos á las gradas de la Santa Iglesia, donde se les exhortó á morir cristianamente, sufriendo luego la pena de su execrable delito en la horca de Buenavista, en Tablada. Asistióles en aquel último y terrible trance el venerable P. Contreras, que en predicación y ejemplo era ya el apóstol de Sevilla por aquellos años.
Año 1538. Murió este año el arzobispo Manrique, y su cadáver estuvo depositado en la capilla de la Antigua.
Año 1539. Celebráronse en la Catedral las exequias de la Emperatriz doña Isabel de Portugal.
Tomó posesión del arzobispado el cardenal García de Loaisa, y el mismo día murió don Fernando Colón, que escogió para su sepultura la Santa Iglesia, á la cual, como queda dicho, legó la preciosa librería que en sus largos é instructivos viajes había formado.