Sevilla y Cádiz · Capítulo real 13 de 18
CAPITULO XXVI
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 26 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XXVI
Parroquias de Sevilla : conventos y otras construcciones religiosas de la época de la reconquista, anteriores y posteriores
EMOS terminado nuestra visita al gran monumento que la Edad -media alzó en Sevilla á la religión del Crucificado, prediciendo, para no tener que volver á él, las obras más notables con que había de engalanarle el arte de los siglos subsiguientes. Conviene ahora que guiemos al lector á los demás templos donde florecen el culto y la piedad de los sevillanos. Pero no emprenderemos la interminable tarea de dar razón minuciosa de todas las innovaciones que el arte introdujo en ellos desde la reconquista hasta el siglo xvi ; nos contentaremos con recoger las memorias más señaladas del arte y de la historia en las parroquias y otros edificios religiosos.
Dijimos ya que muchas de estas parroquias habían servido
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á los sarracenos de mezquitas (i). Conquistada la ciudad por san Fernando, todas las construcciones que habían tenido aquel destino fueron habilitadas para el culto cristiano, á excepción de tres, cedidas á los judíos para sinagogas (2), y exceptuada también la que después fué colegial de San Salvador, que se dejó en poder de los moros mudejares, ó sea de los sometidos al dominio de nuestros monarcas. Estas mezquitas, después de purificadas, fueron paulatinamente restaurándose según el arte cultivado á la sazón en el occidente, que era el ojival francoalemán. Mas las restauraciones por lo general no alteraron de una manera sustancial el sistema de construcción antiguo, porque no siendo los templos parroquiales de gran capacidad, no se juzgó necesario cubrirlos de bóvedas de crucería ni fortalecerlos con arbotantes para contrarestar los empujes; sino que se volvieron á cubrir con armaduras de madera, y la triunfante ojiva no extendió en ellos su imperio fuera de las portadas y de las arcadas de separación de las naves. En algunas de estas basílicas, el arte sarraceno vencido logró asociar á la arquitectura cristiana vencedora algunos de sus ornatos, produciendo un arte híbrido de muy gracioso aspecto, del que puede servir de muestra la linda y airosa fachada de San Marcos (3) ; en algunos también logró mantener en pié, como en Santa Catalina, Santa Marina, San Esteban, San Andrés y San Lorenzo, ya el elegante alminar ó zoma, ya una portada de arco de herradura, ya la almenada cupulilla de un mihrab. Familiarizados los constructores con esta arquitectura de carácter mixto, la practicaron como sistema nuevo y declarado en otras basílicas que se erigieron de planta en el transcurso de los siglos xiii y xiv, y aunque
(i) Fueron mezquitas San Salvador, San Juan Bautista, Sania Marina, San Esteban, Santiago, Santa Catalina, San Julián. San Ildefonso, San Vicente, San Andrés, San Lorenzo, San Marcos, y por último las tres iglesias de San Bartolomé, Nuestra Señora de las Nieves ó la Blanca y Santa Cruz.
(2) Fueron estas las tres últimas citadas en la nota precedente : San Bartolomé, Nuestra Señora de las Nieves y Santa Cruz.
(?) V. la lámina que la representa.
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el arte del norte de Europa conservó la supremacía en la generalidad de las fábricas religiosas, el estilo mauritano gallardeó al lado del ojival, unas veces aislándose y otras combinado con él, según resultará del ligero análisis que vamos á hacer de las más notables parroquias.
Señalamos en el capítulo respectivo unas quince mezquitas entre las que dejaron los sarracenos en Sevilla, además de la principal. De estas quince, se purificaron y habilitaron para templos cristianos, once, dado que tres fueron cedidas á los judíos para sinagogas (i) y otra quedó en poder de los moros que quisieron permanecer en la ciudad.
Algunas de aquellas mezquitas habían sido templos de los mozárabes bajo la tolerancia de los Califas: en este caso se hallaban Sania Marina^ San Ildefonso y Sa7i Vicente. Además, las mezquitas mismas de Santa Marina y San Ildefonso^ las de San yulián y San Andrés, llevaban el prestigio de mayor anti-
(i) Queda atrás referido cómo el rey don Alonso el Sabio había dado á los judíos para sinagogas en 1253 las tres mezquitas que andando el tiempo llegaron á ser iglesias de San Bartolomé, Santa María la Blanca y Santa Cruz. Pero en el año I 30 I se levantó entre la población cristiana tal motín contra la gran alhamía de los israelitas, que dieron muerte enfurecidos á más de cuatro mil judíos saqueando su barrio. Quedó yerma la Judería, y entonces la ciudad, de tres sinagogas que tenían, ocupó dos para hacerlas iglesias y destinarlas á la nueva vecindad de cristianos que sucedió en lo mas de dicha judería, y dándoles las advocaciones de Santa Cruz y Sania María de las Sieves las entregó al cabildo de la Santa Iglesia Catedral. No llegaron á erigirse en parroquias, sino que quedaron por capillas ó ayudas de la parroquia mayor. Dióles el cabildo imágenes y ornamentos, y á la de Santa María la Blanca un antiguo y milagroso simulacro de Nuestra Señora que en ella se reverencia, haciendo de aquel templo uno de los santuarios más frecuentados de la ciudad. — La tercera sinagoga siguió siéndolo hasta la expulsión de los judíos bajo el reinado de Fernando é Isabel.
Digna era de saberse la forma arquitectónica de estas tres mezquitas convertidas primero en sinagogas y después en iglesias : pero, como ya queda dicho, las de Santa Cruz y San Bartolomé fueron derribadas modernamente, y la de Santa .María la Blanca sufrió tal transformación, que no hay medio de averiguar lo que fué. Á juzgar sin embargo por la puerta de toscas ojivas que todavía conserva este templo á despecho del desenfrenado churriguerismo que ha invadido su interior, debe suponerse que tanto este edificio como el de Santa Cruz recibieron del arte cristiano del siglo .xiv portadas ojivales semejantes á las de todas las parroquias habilitadas en las otras mezquitas. Los judíos, como pueblo sin arte privativo, no debieron hacer en ellas modificaciones arquitectónicas de importancia mientras las poseyeron.
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güedad por haber sido edificaciones visigodas. ¡Qué hizo en estas construcciones la arquitectura cristiana del xiii? Lo propio que en las otras mezquitas : convertir en arcos apuntados los arcos moriscos, restaurar las techumbres de madera que lo habían menester, adornar con portadas ojivales las fachadas, y adaptar campanas á las torres; sin más diferencia, que en las mezquitas que no habían sido iglesias, fué preciso variar el eje para darles longitud de oriente á poniente, al paso que en las de origen visigodo ó mozárabe, la orientación estaba ya hecha.
Pero solo el hilo de la tradición y de la historia puede servir hoy de guía al que se proponga distinguir las parroquias que fueron templos visigodos y mozárabes, ó mezquitas de los sarracenos, de las que de nuevo se erigieron después de la reconquista. Estas últimas se construían con arreglo á una arquitectura mixta de románica, ojival y mahometana, que les daba una semejanza perfecta con las primeras. Más ó menos ornato en las portadas, más ó menos reflejos del arte románico que concluía y del sarraceno que quedaba arraigado en aquel suelo, esculturas en algunas, en otras sencillas archivoltas de baquetones adornados con puntas de diamante y zigzags, mayor ó menor riqueza en los artesonados de alfarge, que á todas uniformemente cubrían formando lazos de ingenioso ensamblaje: he aquí las únicas diferencias que á unas y á otras caracterizaban. Con objeto de dar á conocer mejor la fisonomía así uniformada de las parroquias de ambas especies, describiremos las partes principales de todas ellas (i), aunque sin salir del período histórico que abraza este capítulo.
(i) Descartamos la iglesia Colegial de San Salvador, que fué de los mudejares hasta los tiempos del arzobispo don Fernando Tello, porque este templo conservó su lorma primitiva de mezquita hasta el siglo xvii, como queda ya dicho. Lo único que notaremos aquí es que su torre, antes del terremoto del año i 396, de resultas del cual dijimos había quedado resentida, fué sin duda restaurada en el siglo xin puesto que su parte antigua y no reedificada en el xvii, que es el cuerpo primero ó inferior, presenta en cada lado, aunque tapiadas, dos ventanas ojivales toscas, sin columnas y con la archivolta en suspenso.
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La Iglesia de San Juan de la palma (i) es de tres naves, con alfarge de forma pura sarracena, aunque sencillo en los enlaces de sus almizates. La restauración del siglo xiii está marcada en una de sus fachadas, en el arco de ojivas concéntricas de su portada, cuya moldura exterior lleva cabezas de clavos, siendo la interior calada; en la escultura de los canes de su alero, que representa cabezas de león, en las caras bárbaramente esculpidas de las dos repisas de las enjutas, en las basas de dos columnillas, esculpidas también, que flanquean la portada; y por último en los capiteles en que se sostiene el arco. — En Santa Marina dan testimonio del arte del siglo xiii una puerta ojival exornada con clavos y zigzags, del mismo carácter que la de San Juan, las cinco toscas pero curiosas imágenes que ocupan el vértice de la ojiva de aquella y sus enjutas, las cabezas de león de las ménsulas, y las arquerías también ojivales que separan unas de otras sus tres naves. Cúbrelas un hermoso alfarge á la morisca, y su presbiterio lleva una bóveda por arista (2).
( 1 ) Es tradición que esta Iglesia, consagrada desde la restauración á San Juan Bautista, se llama de San Juan de la Palma por el hecho siguiente. Allá en el siglo XV ó XVI cuando hubo en Sevilla muchos herejes (expresión original de Zúñiga), predicó una vez en San Juan un fraile de San Francisco amonestando á sus oyentes á que nadie delinquiese contra la Fe porque las paredes tienen ojos y oídos. A la noche siguiente, en punto de las doce, un hereje que había asistido al sermón, burlándose del predicador, se llegó á una palma que había en el cementerio contiguo al templo, y le dijo en voz baja : Palma, la madre de Dios tío quedó virgen después del parto. Al otro día de mañana se presentó en la Inquisición un hombre anciano, y denunció á aquel hereje, al cual prendieron los inquisidores; y como al tomar á éste su confesión negase el hecho, envió el Santo Tribunal á casa del denunciador para que se ratificase. Pero en la casa un nieto del delator dijo que este había muerto hacía ya ochenta años, y que estaba sepultado al pié de la palma del cementerio de San Juan ; con lo cual volvieron á la Inquisición y dijeron al hereje lo que pasaba. Sorprendido éste, confesó que todo era verdad, y que Dios había permitido que aquel muerto se levantase para que castigaran su pecado. El tribunal, en efecto, penitenció al hereje, y este milagro se mandó luego escribir en un poste de la iglesia.
(2) Ilustran las capillas de este templo los esclarecidos linajes de los Quadros. Garavitos y Mexías. Yace enterrado en su capilla mayor el docto cronista del Emperador. Pedro Mexía, en cuyo sepulcro se lee un bello epitafio compuesto por Arias Montano.
Zúñiga (año i 35(3, n." 2) dice que recdi/icó esta Iglesia el rey don Pedro á petición del arzobispo don Ñuño ; pero el carácter de su arquitectura desmiente esta
— Igual fisonomía ofrece San Esteban aunque con mayor riqueza. Su fachada principal presenta un arco abocinado de muchas molduras ó baquetones, que descansa en la cornisa de un alto zócalo, debajo de la cual corre una faja de hojas románicas. La archivolta está exornada con cabezas de clavo, flores de lis y bonita tracería. Sobre la grande ojiva y sobre las columnillas góticas pareadas que la flanquean, hay repisas, nichos angrelados y toscas marquesinas, que denotan hubo allí estatuas, y bajo el tejaroz ó cornisa que la cobija corre una faja de arcos angrelados ornamentales, de carácter mauritano. Tiene una fachada lateral sobre cuya puerta, de ojivas concéntricas sostenidas en una imposta y fustes trenzados, se ve la imagen del santo titular. El ábside es poligonal, de ladrillo, sin ventanas, y coronado de almenas endentadas á la usanza sarracena. Al lado izquierdo se levanta una pequeña torre exagonal, también de ladrillo, con dos angostos tragaluces trebolados. El interior es de tres naves, iluminadas en la imafronte por otras tantas claraboyas circulares de molduras sencillas. Las arquerías son de cimbra apuntada: la cubierta, de alfarge bellamente lacunado; la bóveda del presbi terio, por arista (i). Esta interesante parroquia estuvo sentenciada á ser demolida: la salvó la Real Academia de S. Fernando, á petición de la cual la declaró monumento nacional artístico el Gobierno, con lo que, después de haber estado cerrada al culto varios años, volvió á su primitivo destino en 1877. — La iglesia de Santa Catalina (2) conserva del arte cristiano de la
noticia. Lo que haría en todo caso el rey don Pedro sería restaurarla, renovando quizá el alfarge morisco que la cubre.
(i) Hay en este templo buenos cuadros de Zurbarán y de los hermanos Polancos. El retablo que los contiene es sin disputa, por su delicado gusto plateresco, uno de los más notables de Sevilla. Hay también en San Esteban una tabla antigua que representa á Nuestra Señora, muy apreciable. Da esta iglesia tribuna á la casa de los duques de .\lcalá, y capillas y enterramientos á mucha nobleza, entre la cual descuellan los Araoces, Monsalves, Cabeza de Vaca y X'alencias.
(2) Omitimos hablar de la de Santiago el Mayor ó el Viejo, que asimismo luo mezquita, porque nada conserva de la restauración del siglo xiii.— Lo único que merece mención en esta iglesia es el gran lienzo de su altar mayor, que representa la batalla de Clavi¡o. pintado por Mateo Pérez de .Mesio: y la humilde losa que
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Edad-media tan solo las arcadas ojivales y la techumbre de madera que sostienen. Quizás sus ábsides fueron construidos en el siglo XIV por manos de artífices mudejares, á la sazón tan estimados, porque el único de ellos que se descubre se presenta exornado de lindos arcos angrelados (i). — Por el mismo orden que la de las parroquias que llevamos mencionadas, debió hacerse la restauración de la de Sa7i JíLlián. Presenta hoy su pequeña fachada principal una portada ojival, tres santos, y las claraboyas correspondientes á sus tres naves; dos de ellas cegadas. Su interior tiene cuatro grandes ojivas á cada lado de su nave central (2). — No sabemos qué forma dio el arte de la época de san Fernando al antiguo templo visigodo, y luego mozárabe, de San Ildefonso. Arruinóse el año de 1794, y solo sobrevivió á su dolorosa devastación la hermosa imagen de Ahiestra Señora del Coral., ante la cual es fama que oraba el intrépido navegante Sebastián del Cano después de la expedición en que, antes que otro alguno, dio la vuelta al mundo (3). — De la restauración
cubre los despojos mortales del ilustre escritor Gonzalo Argote de .Molina, enterrado inmediato al altar.
(1) Lo único verdaderamente notable hoy dentro de esta parroquia es un cuadro de Pedro de Campaña que representa á Jesús atado á la columna.
(2) En una de las paredes de este templo pintó en 1484 el afamado artista sevillano Juan Sánchez de Castro un San Cristóbal giganteo. Fué bárbaramente retocado en i 775, y hoj' apenas se conoce lo que fué. Solo la cabeza da alguna razón de su antiguo ser. — Á este mismo patriarca de la escuela sevillana se debe una bella tabla que representa á Nuestra Sciiora con el niño Jesús en brazos, acompañada de san Pedro y san Jerónimo, la cual fué descubierta en 1 878 por el señor Gestoso y Pérez detrás de un retablo adocenado de esta propia iglesia.
La antigualla más célebre de la parroquia de San Julián es la imagen de .\uestra Señora de la Hiniesta, que según una antigua tradición, perteneció á este mismo templo antes de la pérdida de España, cuando era basílica goda. Cuéntase que la halló cazando en las montañas de Cataluña en el año 1380 mosén Pedro de Tous. caballero catalán, ó aragonés, que vino á Castilla con la reina Leonor. Añádese que habiéndola puesto en el altar de San Sebastián, quiso luego colocarla en la capilla propia de su linaje, que se halla á la cabecera de la nave del Evangelio; pero la imagen se volvió milagrosamente al altar donde primero había estado.
(3) Al demoler esta iglesia arruinada el año 1 745, se descubrió detrás de su retablo mayor una pintura mural de Juan Sánchez de Castro que representaba al Santo titular. — V. á Ceán : Dicción., art. de este pintor.
Tienen entierro en esta parroquia los Alfaros, Riberas y otros nobles linajes.
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que la reconquista hizo en la parroquia de Sa^i Vicente no quedan más que las arcadas del interior, la fachada principal de ladrillo, con una puerta ojival sencilla de dos gruesos baquetones , y dos lados de su ábside poligonal, también de ladrillo, con dos ventanas, ó mejor dicho ajimeces, muy largos y angostos, que llevan un círculo quinquefoliado sobre el tosco parteluz. De la época en que era templo mozárabe subsisten en nuestro concepto las tres sencillas claraboyas que iluminan sus tres naves, y quizá la armadura de madera que cubre á estas, primorosamente traforada en sus vigas, y formando losanges de gusto sarraceno (i). — San Andrés ofrece la propia fisonomía del arte español, un tanto rezagado, del siglo xiii, en su fachada principal, cuya puerta de ojivas concéntricas adornan cabezas de clavos, molduras románicas, y una tosca imagen del Padre Eterno sentado bajo una cornisa sostenida en canes de cabezas de león. También es de tres naves, divididas por arcadas ojivales y cubiertas de alfarge de madera (2). — Aunque de cinco naves, cubiertas por el mismo sistema, la parroquia de San Loreiizo debió ofrecer en la época de su habilitación para el culto cristiano una curiosa mezcla de los dos artes vencido y vencedor. Su torre tenía en sus varios cuerpos ventanas de herradura, algunas de las cuales transformó en ojivales, dejando la huella de su
(1) El retablo principal que en el siglo xvi había en esta parroquia contenía cuadros de Francisco Várela, aventajado discípulo de Roelas; se hallan hoy diseminados en varios parajes del templo : representan asuntos relativos al martirio del santo levita. En una capilla del lado de la Epístola hay una buena medalla en bajo-relieve del Descendimiento, obra que se atribuye á Pedro Delgado, escultor sevillano discípulo de Micer Antonio Florentín, y el mismo que en compañía de Bartolomé Morel trabajó en el Tenebrario de la Catedral.
Entre las capillas de linajes de esta parroquia, la más antigua es la de los Alfaros y Bravos de Lagunas, y á esta siguen las de los Ponces de León. Vargas y Santillanes. Otras que hubo en lo primitivo ha oscurecido el tiempo.
(2) Hay en este templo algunas obras notables del pintor Valdés y del escultor Montañés, y junto á la puerta del lado de la Epístola se ve un retablo compuesto de 16 tablas pequeñas, tenido por de Pedro de Villegas I^larmolejo, el amigo de Arias Montano. La capilla mayores de los condes de Peñaflor : antes del siglo XVI tenían entierro en ella los Coronados, y lo conservaron después los Zúñigas y Guzmanes. — En la antigua capilla de los Mexías tenían su Hermandad de San Lucas los pintores.
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primitiva forma, la arquitectura del siglo xiii. Su antigua entrada principal, ojival también, aparece ho)' tabicada. Las arcadas del interior, por una combinación muy lógica que tiene su razón de ser en el declive del tejado, y en la consiguiente disminución de alturas de las naves, son ojivales en la del centro, de medio punto en las inmediatas, y de arco rebajado en las extremas. Como la parroquia de San Ildefonso tiene su más hermosa joya en la antigua imagen de Nuestra Señora del Coral, así la de San Lorenzo la tiene en la preciosa pintura de Nuestra Señora de Rocamador. Este bellísimo y virginal trasunto de la Reina de los cielos, prueba por sí sola la más concluyente del gran vuelo que en alas de la fe cristiana tomó el arte en el siglo de San Luís y San Fernando, fué verosímilmente ejecutado en dicha época para un hospitalillo de peregrinos que se edificó contiguo al templo de San Lorenzo, á imitación de los muchos que en el siglo XIII se instituyeron en Francia y en España con idéntico objeto (i); y cuando se deshizo aquel hospitalillo ó ermita, se trasladó sin duda la devota y hermosa imagen al interior de la iglesia, en el mismo pedazo de pared en que fué pintada. — La combinación de los dos estilos ojival y sarraceno resalta muy graciosamente en la fachada de la parroquia de San Marcos^ cuya torre morisca, del tiempo de los almohades, conserva todavía en sus ajime-
( i) Sobre la introducción del culto de Nuestra Señora de Rocamador en España véaselo que dice Zúñiga, año i25 3,n.°6. Créese que este culto nació en Francia después del hallazgo del cuerpo del glorioso San Amador, por los años i i66. en la roca llamada Cadulco, donde, por los muchos milagros que allí obraba Nuestra Señora, empezaron á afluir tantos peregrinos de todas las naciones, que fué preciso edificar un hospital para darles asilo. Á imitación de aquella hospedería. se edificaron otras en diversos lugares, y en Castilla llegó á haber, según consta de muchos privilegios reales, de estas ermitas y hospicios, en que juntándose el nombre de San Amador á la memoria de la roca Cadulco y á la devoción de Nuestra Señora, vino naturalmente á propagarse con la advocación de Nuestra. Seíwra de Rocamador el culto de la milagrosa Virgen.
Tiene esta iglesia capillas y altares de nobles familias. La de los Medinas, en que yacen sepultados el notario mayor de Andalucía, Fernán González, y su nieto Fernán González de Medina, alcalde mayor y alcaide de los Reales Alcázares, es la más notable. El retablo mayor, de Montañés, y la Anunciación que para el altar de la Epístola pintó en tabla Pedro de Villegas Marmolejo, son las obras de arte más sobresalientes de esta parroquia.
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ees restos del precioso alicatado que la hacía reverberar bajo el esplendoroso cielo de Sevilla. A esta torre, según tradición, solía subir con frecuencia el inmortal autor del Quijote cuando residía en Sevilla. La curiosa portada de este templo queda ya descrita. Solo nos resta añadir que las arquerías interiores son ojivales, y el techo de alfarge, como el de todas las parroquias en general.
Debía haber además de los mencionados, otros edificios que hubiesen sido mezquitas ó iglesias de los mozárabes: consta, por ejemplo, que San N^icolás llevó en tiempo de los moros la advocación de Santa Ma^ña Soterraña, motivada por la imagen de Nuestra Señora que en ella se venera todavía, la cual fué hallada en un subterráneo ó cloaca que cae allí cerca; y las iglesias de la Magdalena, San Román^ San Aliguel y Omnhmi Sanctorufn eran sin duda alguna muy viejas en el siglo xiv cuando el rey don Pedro se vio en la necesidad de reedificarlas (i). — Estas reedificaciones se hicieron con más ó menos acusada promiscuidad de los dos artes cristiano y sarraceno. — La Magdalena de la Edad -media, que conoció Zúñiga, y á la cual daban lustre histórico los linajes de los Cerones, condes de Arenales, y los Cerezos, no existe ya; carecemos pues de datos para conjeturar su antigua arquitectura y la índole de la reedificación de que fué objeto (2); pero se conservaban cuando hicimos nuestro primer viaje á Sevilla, las siguientes, cuyos rasgos característicos brevemente apuntamos: — San Miguel: portada principal de ojiva exornada con cabezas de clavos; una imagen del santo titular en su vértice; dos hornacinas cegadas á los lados, indicando haberlas ocupado otras estatuas, como se advierte en las iglesias de Santa Marina, San Esteban, San Julián y San Marcos. Cornisa ó tejaroz sostenido en canes de ca-
(i) Véase á Zúñiga con las ilustraciones de Espinosa y Carzel. edición de 1796: tomo II, pág. 142 y i 7 j, y tomo III, pág. 264.
(2) Esta parroquia se trasladó á la iglesia del convento de Dominicos de san Pablo, obra adocenada del siíjlo xvni.
bezas de león; claraboyas caladas, bastante toscas. Sobre la de la izquierda se levanta el campanario, con un vano de arco de herradura muy sencillo. — Interior: tres naves separadas por cinco pilares, á que están adosadas medias columnas ojivales con altos capiteles ornados de hojas y flores, de los que arrancan los arcos apuntados en que se sostienen las bóvedas principal y laterales. Estos arcos están todos adornados de clavos, y lo mismo la cornisa que corre en torno de los pilares, bajo la cual hay una especie de mascarón en cada uno de los ángulos. Según se ve por esta ligera descripción, el estilo dominante en la reedificación de San Miguel fué el ojival propio del siglo XIV (i). Pero no trate el lector de comprobar por sus propios ojos la exactitud de nuestra descripción, porque esta iglesia fijé reducida á escombros por los vándalos de 1868. — San Román: portada de arco ojival arrancando en una cornisa orlada de clavos ; sobre el vértice, la imagen del santo á quien está consagrada; encima, tejaroz sostenido en canes sencillos. A la derecha, graciosa ventana en fi^rma de ojiva muy angosta, metida dentro de otra ornamental y mayor, cobijada á su vez por un arco angrelado inscrito en un recuadro. Este solo accidente, tan peculiar de la arquitectura del xiv, puede suplir á la fecha auténtica de la reedificación que nos ocupa. — Interior: tres naves, con cuatro ojivas laterales, sobre cuya cornisa se abren ocho ventanas pequeñas, cimbradas y profundas (2). — La parro-
(i) El rey don Pedro, al reedificar esta parroquia, dio su capilla mayor para entierro de su linaje á Martín Yáñez de Aponte, su valido, Tesorero mayor de Andalucía y alcaide de las Atarazanas, que al fin experimentó en su muerte el enojo de su mismo soberano. Cubre su sepultura una losa con sus armas, y su inscripción le llama_/"««i¿ic?or de esie sanio templo, d cuya costa se Jabricó. En la misma capilla mayor tuvieron entierro los Roelas y los Torres del Salto. En el hueco de la torre hay una capilla, dotación y entierro de Fernán García de Vergara, nieto de uno de los doscientos caballeros que obtuvieron el repartimiento de la ciudad. Por último en el año 1647 se trasladó á una de las capillas de esta parroquia el cadáver del docto anticuario y poeta filósofo Rodrigo Caro.
(2) En san Román hay antiguos entierros de Guzmanes, Sandovales, Cegarras y Céspedes. Las obras de arte más notables que contiene, son esculturas de Montañés. En este templo está sepultado el pintor del siglo xv Juan Sánchez de Castro.
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quia de Omnmm Sandonmi es la más notable de las que reedificó el rey don Pedro y la más digna de estudio por su fisonomía morisca con mezcla de ojival, Su ábside es poligonal y le coronan una cornisa sostenida en toscos canes y almenas endentadas, como las que empleaban los árabes en sus construcciones religiosas; pero cada lado del polígono presenta un largo y angosto ajimez gótico con círculo foliado sobre el parteluz. Fachada lateral de la derecha: puerta ojival de muchos baquetones formando arco abocinado: la archivolta graciosamente adornada con un zigzag, descansa en elegante imposta que tiene debajo una faja de floroncitos, la cual corre por encima de las jambas, adornadas con cinco pequeños fustes truncados y suspendidos á cada lado. El tejaroz está sostenido en canes de cabezas toscas de animales. A cada lado de la grande ojiva, una hornacina con un santo pintado (supliendo al que antiguamente debió existir de escultura), repisa de cabezas de animal pareadas, y tosca marquesina. Fachada principal: entrada por el mismo estilo que la anterior. La faja que corre debajo de la imposta sobre las columnillas truncadas, es de cabecitas. No hay en esta portada hornacinas, pero sí dos claraboyas que dan luz á las naves laterales, bellamente traforadas, con una rueda de columnillas en el centro, y sobre los arquitos apuntados que de ellos arrancan, un círculo de exafolios. En lo alto de la fachada, iluminando la nave central, una gran claraboya, con cabezas de clavos en su moldura exterior. Bajo esta claraboya, y sobre la cornisa horizontal de la puerta de entrada, hay una ventana árabe que se compone de dos arcos, uno dentro de otro, el interior angrelado con jambas y arrabá de ladrillo y enjutas de azulejos, el exterior ornamental de ojiva túmida, con su arrabá y sus enjutas también esmaltadas de colores. A la izquierda de la fachada se alza una elegante torre, morisca en su primer cuerpo, presentando una gran ventana de ojiva túmida angrelada con su arrabá, y encima un gran recuadro con tres arquitos cuyas curvas angreladas se elevan y enlazan formando preciosos
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losanges y entrelazados, por el estilo de los que adornan la Giralda. — Interior: tres naves anchurosas, separadas por pilares, sobre los cuales cargan cinco ojivas en cada lado; techumbre de alfarge morisco (i). — De la iglesia de San Aricólas, que fué en tiempo de los moros templo mozárabe con la advocación de Santa María Soterraña, y luego tal vez mezquita, nada diremos, porque reedificada por completo en el siglo xvii, no queda ni el más leve accidente en ella que recuerde su antigua arquitectura (2).
Las iglesias parroquiales que se edificaron de nuevo en el siglo XIII acabada la reconquista fueron San Martín^ San Gil, Santa Lucía, San Pedro y San Isidoro. Describiremos las principales.— La de San Martín parece haber sido renovada hacia el decimoquinto siglo (3). Su puerta principal es de una sola ojiva; tiene también una sola nave de arcos ojivales, apenas apuntados, en que se afirma una robusta bóveda (4). — La de
(i) La capilla mayor de esta parroquia es del linaje de Dávalos y Herrera. Don Diego López Dávalos, veinticuatro de Sevilla, dotó en 1593 una opulenta obra pía cuya memoria consigna una losa puesta en la pared á la parte del Evangelio. En el hueco de la torre está la capilla de los Cervantes, memorable por la bandera verde que de ella sacó la plebe hambrienta del barrio de la Feria, amotinada el día 8 de mayo de i 5 2 i , al grito de Feria y fendón verde, que tan caro costó á los sublevados. Hiciéronse con aquel motivo horrendos castigos, y hasta el año 1820 duraron en las paredes de esta parroquia las escarpias donde estuvieron suspendidas las cabezas de los que acaudillaron á las turbas. — Vense en escudo relevado sobre una de sus puertas las armas reales de Portugal, y es tradición que están allí desde el tiempo del rey don Alonso el Sabio, cuando le vino á visitar el infante don Dionis su nieto, el cual hizo á diferentes iglesias, y á esta en particular, muchas limosnas. Si esta tradición es verídica, ella confirma nuestra conjetura de que antes de la actual iglesia hubo otra que se arruinó, y quizás con la misma advocación.
(2) Aunque es un templo de buen aspecto, no volveremos á hablar de ¿1 porque su actual estructura es la greco-romana de receta. Tiene cinco naves, separadas por cuatro filas de á 6 columnas de mármol sobre altos pedestales, y sobre cuyos entablamentos cargan los arcos laterales que sirven de asiento á las bóvedas, todas por arista. Los altares son en general de mal gusto.
(3) Zúñiga que escribía á fines del siglo xvii, di(;e que las bóvedas de este templo le acreditan de más de doscientos años de reedificación.
(4) Posee antigua capilla en esta parroquia el linaje de los Saavedras. y en ella también tuvieron su primera capilla los Farfanes de los Godos después de su venida de África, á Unes del siglo xiv, hecho que atestigua su escudo con los tres
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San Gil es también de una sola nave, y presenta su portada ojivas concéntricas como todas las del siglo xiii; su techumbre es de alfarge, pero moderno. El arzobispo don Raimundo, por los años I 261, dio á esta parroquia la advocación que tiene, en memoria de la iglesia de igual nombre en que recibió el santo bautismo, en su patria, Segovia (i). Debe creerse que este templo estuvo cubierto con un rico artesonado pintado y dorado, y que contenía además obras de pintura mural, que á haberse conservado, se habrían hoy estimado de no escaso interés para la historia del arte en Andalucía (2). Recientemente se ha advertido que los muros de su presbiterio estuvieron antiguamente revestidos de aliceres de azulejos. — Santa Lucia (hoy propiedad particular y destinada á servir de almacén) ofrece una fisonomía enteramente análoga á la de las otras parroquias que se restauraron habiendo sido mezquitas: portada de ojivas concéntricas con ornato románico y bizantino, toscas imágenes á los lados bajo sencillos doseletes, y la del Padre Eterno en el vértice de la apuntada archivolta, como metida entre las ménsulas ó canes del tejaroz ; torre con ventanas de carácter entre ojival y morisco ; interior de tres naves, separadas por arquerías
sapos colocados en el friso de su reja. Tienen asimismo capillas los Gallegos y los Ramírez de Guzmán.
Cerca de esta iglesia hubo un hospital titulado de la Expectación de Nuestra Señora, de cuya capilla era una devota imagen que se traspasó á San Martín y se venera con la advocación de Xuesira Señora de la Esperanza. Al pié de su altar se halla enterrado el docto analista sevillano don Diego Ortiz de Zúñiga, nuestro principal guía en este viaje histórico-ar.queológico.
.\dornan los lados del presbiterio de este templo y una de sus capillas varios cuadros de Herrera el viejo y de Alonso Cano.
(i) Venerábase en este templo una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe que se suponía regalada á san Leandro por san Gregorio Magno, y que fué hallada en I 3 i I , la cual había estado oculta durante la dominación sarracena.
(2) El cura de San Gil, don Joaquín Cid Carrascal, refirió á Espinosa y Carzel que con motivo de una obra que se había ejecutado en esta iglesia derribando su techumbre, se habían descubierto las figuras de siete obispos, y en los maderos y tablas del antiguo alfarge las armas reales, por cuya razón se mandó pintardichas armas en el arco que sirve de entrada á la capilla mayor. — V. su nota á la pág. 268 del tomo II!. edición de i7<)6.
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ojivales, y techumbre de alfarje (i). San Pedro ofrece en la parte baja de su torre cuadrada un precioso arquito angrelado, marca inequívoca del estilo morisco incipiente del siglo xiii, y en su interior una magnífica techumbre de madera, más sarracénica todavía, cuyas vigas caladas y doradas forman bellos losanges y ricas estrellas (2); — y San Isidoro no contiene particularidades que deban mencionarse una vez determinado el carácter general de estos templos (3).
Vemos, en resumen, que la arquitectura del siglo xiii, tan razonada, atrevida y galana, y nueva de todo punto en el mundo artístico como contraresto y equilibrio de fuerzas, solo se empleó de una manera apenas declarada como sistema de construcción innovador en las parroquias de Sevilla. Recorramos los demás edificios que en este período se levantaron en la ciudad, y busquemos las huellas que en ella dejó el arte de la Edad-media española.
Casi nada queda ya en Sevilla de la riqueza monumental que acumularon las corporaciones religiosas de ambos sexos, las órdenes militares, los establecimientos piadosos y todos los institutos, ya eclesiásticos, ya seculares, que ó fueron heredados por las larguezas de don Fernando el Santo y don Alonso
(i) Era parroquia de grande importancia, lo mismo que la de San Gil, antes que la peste del año 1649 diezmase las feligresías de ambas. Tuvo obras de pintura y escultura notables : un martirio de la Sxnfa titular, de Roelas, y una Concepción de Montañés.
(2) Un lienzo de Roelas, que representa al principe de los Apóstoles sacado de sus prisiones por el Ángel, y un retablo de Pedro de Campaña que contiene las imágenes de san Sebastián, san Jerónimo, Jesús á la columna y otras, son las joyas artísticas de la parroquia de San Pedro. En esta iglesia hay capillas de familias nobles, como los de la Sal, los Andradas y los Petruches, y además la famosa hermandad de San Pedro ad Vincula que solo se componía de sacerdotes principales distinguidos por su virtud y letras.
'3) La parroquia de san Isidoro posee el mejor cuadro que se conoce de Roelas. Representa el tránsito del santo titular. En la capilla del Sagrario hay lienzos de \'aldés sobre pasajes de) Nuevo Testamento, y en la del Bautismo una tabla de Pedro de Campaña que figura á san Antonio abad y san Pablo en el desierto. Ilústrase este templo con capillas de linajes, y en la de la familia de Olivares tiene el mausoleo de don Gonzalo de Herrera Olivares, obispo de Laodicea. muerto en 1 =; 70.
Puerta de i. a fachada df. i, as Casas Consistoriai.es
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el Sabio, ó nacieron de la acendrada caridad de los reyes y magnates en el transcurso de los siglos xiv y xv. — Permanece en pié la famosa torre llamada de Don Fadrique, resto del palacio que para sí construyó el infante de este nombre, hijo de san Fernando y de doña Beatriz de Suabia, el cual, mezclado después con su hermano don Enrique en políticos desórdenes, acabó trágicamente su vida por el rigor del rey don Alonso en 1276. Esta hermosa y gallarda torre (i), de robusta arquitectura románica en su cuerpo inferior, escondida á las miradas del profano vulgo por los tapiales del convento de religiosas de Santa Clara, en que aparece hoy enclavada, y adornada con ventanas de estilo sarraceno y de ojival angrelado en sus dos cuerpos superiores, que sobre todas las construcciones del contorno gallardean, fué, según queda dicho, parte de la lujosa vivienda de aquel príncipe tan predilecto de la reina doña Beatriz, según lo declara la inscripción puesta encima de la maciza cimbra laboreada de su puerta (2). En 1289 el rey don Sancho el bravo cedió esta suntuosa morada de su tío el Infante don Fadrique á aquellas religiosas, instaladas por san Fernando en la antigua plaza de San Francisco. — Es fama que el convento á que pertenece fué refugio de las dos nobles hermanas doña María y doña Aldonza Coronel contra la desenfrenada lascivia del rey don Pedro, mejor burlada por la heroica castidad de la primera que por la equívoca conducta de la segunda. Cuéntase de doña María, que después de escarnecida en su generoso
(i) V. la lámina que la representa.
(2) Dice así esta inscripción, de la cual tambicn se colige que en el año i 2 : estaba ya edificada :
Fabrica magnilici : turris l'uit h;uc Frederici : artis et artilici : polerit laus máxima dici : grata Beatrici : proles fuit hic genitrici : regis et Hesperici : Ferdinandi legis amici : serse si subici (sic): cupis annos aut reminisci : in nonagena: bis centum mille serena: diviliis plena : jam stabat turris amena.
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amor conyugal por el tirano, que prometiéndola el perdón de su marido don Juan de la Cerda, le hizo secretamente matar en su prisión de la Torre del Oro ; no estimándose segura en la ermita de San Blas de la parroquia de Omnium Sanctorum donde se había retirado á llorar su viudez, profesó en el convento de Santa Clara, y allí, requerida de nuevo por el osado rey, habiendo empleado en vano ingeniosos ardides, favorecidos á veces por la asistencia divina (i), para sustraerse á sus insidias, consumó aquel insigne acto de heroísmo de abrasarse el cuerpo con aceite hirviendo, destruyendo la belleza á su castidad tan enojosa, al cual debió el inmortal renombre que la hace brillar en la historia como mártir de una pudicicia incontaminada (2). Su hermana doña Aldonza, que por el propio motivo de verse requerida de amores por el disoluto monarca castellano, se había refugiado también al monasterio de Santa Clara, fué sacada de allí, al principio violenta y después menos desdeñosa, y conducida por orden del rey á la Torre del Oro, y luego al castillo de Carmona, donde fué al fin tratada con el despego que experimentaron cuantas damas se rindieron á la ley de su gusto. De aquí con quebranto de su fama volvió á Santa Clara, y allí permaneció hasta que, acompañando á doña María en la fundación de Santa Inés, la sucedió en su gobierno y murió su abadesa, testhnonio, dice el analista sevillano, de las mejoras de sii infelicidad. Del antiguo monasterio de Santa Clara no se conserva belleza artística ninguna: su iglesia, toda remodernada, se hace solo notable por las esculturas de Montañés y los bajo-relieves de Cano que adornan sus altares (3). —
(i) Cuéntase que mandada sacar por fuerza del convento en que vivía refugiada, se encerró en un hueco que hizo excavar en su huerta, sobre el cual brotaron milagrosamente las flores para desmentir la tierra removida.
{2) Atestiguan esta tradición las manchas que dice Zúñiga se conservan en su cuerpo, el cual dura incorrupto en el monasterio de Santa Inés, fundación de la digna matrona, y se expone al público todos los años el día 2 de Diciembre.
(3) Son sobre todo notables las esculturas del altar mayor, especialmente el Crucifijo de su cuerpo alto y la grande y majestuosa figura del Padre Eterno que aparece detrás. La \'irgen que hay en el primer nicho central es también bella. Lo
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No así la del convento de Saiita Inés, fundación como queda dicho de doña María Coronel, y donde se conserva el cadáver incorrupto de esta heroína (i). En esta pequeña iglesia de tres naves, ha producido la restauración moderna una combinación de lo más gracioso que puede verse. Están separadas las tres naves por altos pilares, con una pilastra en cada uno de sus cuatro lados, de cuyo sencillo entablamento arrancan cuatro ojivas centrales y tres laterales en cada banda: ojivas de la más bella y elegante curva. El intradós de las ojivas, algo inclinado en el arranque y remedando la ojiva túmida de los árabes, está almohadillado. El presbiterio es bello, aunque no rico: una ancha faja de azulejos es todo el ornato de sus pilares y paredes. Las bóvedas son por arista, y de muy sencillos nervios y claves. Reina en el conjunto grande armonía de líneas y proporciones. Tiene esta iglesia una fachada antigua muy graciosa, con portada de ojiva encuadrada, al fin de la calle que perpetúa el nombre de la fundadora. Abre paso esta puerta á un pequeño y tranquilo patio sembrado de flores, donde cree uno respirar la fragancia de las que derramó el cielo sobre el escondrijo abierto por aquella ilustre dueña en la huerta de Santa Clara. Con timbres de mayor antigüedad y decorado con el título de real, mantiénese donde estuvo la puerta de Rib-Ragel ó de la Barqueta, sobre los restos del palacio moro que por san Fernando le fué adjudicado, el monasterio de San Clemente de religiosas del Cister. En la capilla mayor de su iglesia yacen en una sencilla tumba, cubierta con un paño encarnado, los restos de doña María de Portugal, esposa de don Alonso XI y madre de don Pedro el Cruel, y dos hermanos de aquel valeroso mo-
son igualmente la Anunciación, la Adoración de los f'aslores y los pasajes de la vida de la Santa titular que hay á los lados. Debe por último elogiarse la Concepción de Montañés que se halla en el altar que sirve de Sagrario.— Pero no podemos hacer la misma alabanza de la parte arquitectónica del retablo principal, trazado por el propio Montañés, que es de detestable gusto.
(i) Tuvo doña María Coronel en lo antiguo su enterramiento con bulto de piedra; en la actualidad solo tiene un sepulcro moderno, en el coro.
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narca ; )' en el coro se hallan los enterramientos de las infantas doña Beatriz, hija de Enrique II, doña Leonor y doña Berenguela (i).
En los demás conventos que asimismo tenían por fundador al santo rey, como San Benito, San Pablo^ San Francisco, Ntiesb^a Sefiora de la Merced^ la Saiitisima Trinidad, San Agustín, San Leandro y Santa María de las Dueñas, apenas el ojo más experto y diligente podría hoy discernir reliquias de antigua estructura (2). Unos, como el de San Francisco, han
(i) Sobre los grandes privilegios que en lo antiguo gozó este insigne monasterio consúltese la Historia de Sevilla de Morgado.
Los objetos artísticos más notables de su iglesia, son : un precioso artesonado de alfarge morisco, de vigas entrelazadas formando calados ; varios revestimientos de azulejos de Triana en las paredes, y un retablo al lado de la Epístola que contiene ocho Apóstoles y Evangelistas, de Pacheco.
( 2) Debemos limitarnos á consignar algunas noticias históricas y artísticas de los más notables entre estos conventos. — El convento de San Pablo, de la orden de Predicadores, estuvo desde un principio en las casas que ocupó hasta nuestros días en la parroquia de la Magdalena. El rey don .Alonso en Palencia, á 3 de Mayo de I 2 5 5, le confirmó la donación del primer repartimiento, en estos términos : fo}- gran sabor que é de facer bien é merced á losfrayles predicadores de Sevilla... dóles é otorgóles aquellas casas é aquel logar en que moran, que son á la puerta Trina... tan por linderos de las qualro partes las calles del rey, etc. Hay memorias de que fué su primer prior el glorioso san Pedro González Telmo. Este convento comenzó con mucha pobreza, tanto que habiéndose incendiado en el reinado de don Pedro, fué preciso que su prior Fr. Pedro Ortiz intercediese con el rey, de quien era confesor, para que lo amparase y se pudiese reedificar. Andando el tiempo llegó á ser su iglesia uno de los templos más suntuosos de Sevilla, merced á las liberalidades de las ilustres familias que tenían en ella enterramientos, como los Hortas, los dallegos, los Vález, los Morales y otros, y hasta hace pocos años ha conservado numerosas pinturas al fresco de Lucas Valdés, entre las cuales debemos mencionar una de grandes dimensiones que ocupaba uno de los lienzos extremos del crucero, en que representó el artista la procesión de la Virgen de los Reyes, y en ella á san Fernando vestido de monje. El templo antiguo, restaurado en tiempo del rey don Pedro, se desplomó en i 691, y se reconstruyó con mayor riqueza, pero con mal gusto arquitectónico. Hubo una época en que el Santo Oficio celebró sus sesiones en esta iglesia. Ocupan hoy este convento las oficinas del gobierno de provincia, y su iglesia es la actual parroquia de la Magdalena.
El famoso convento de San Francisco, cuya primitiva fundación no se sabe dónde se hizo, vino á ocupar en 1268 el sitio en que hasta nuestros días ha subsistido, esto es, el palacio del rey don Alonso el Sabio, junto á la plaza á que dio nombre. Fué siempre numeroso en familia, grande, suntuoso en edificio, insigne en estimación y digno de perdurable memoria por las muchas eclesiásticas, civiles y militares á él anejas, y hasta por haber dado asunto y ocupación á la poesía y á la pintura en el siglo de oro de nuestras letras y artes. Hl sirvió de tea-
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desaparecido por completo, rodando mutiladas entre el polvo de los escombros las estatuas que decoraban seculares enterramientos, y dispersándose por las colecciones de los particulares afortunados las pinturas que embellecían sus iglesias y sus
tro á Tirso de Molina para la espantosa escena del banquete que da á don Juan Tenorio el difunto Comendador Ulloa; él á Murillo para los once grandes cuadros del claustro nuevo, con que se reveló al mundo aquel portentoso genio, émulo de Velázquez, Ribera y Van Dyck. Comenzó la destrucción de este convento á mediados del siglo pasado un voraz incendio, y modernamente la ha consumado otro fuego no menos devorador, el progreso material. Donde se alzaba pocos años há la gigantesca mole, solo existe hoy una gran plaza : ¡ transformación y hazaña digna de nuestro siglo ■positivista ! Lleva este enorme y prosaico descampado, abierto á. costa de una inmensa destrucción de objetos de arte de toda especie, el nombre de plaza de San Fernando. No hay que hablar mal en Sevilla de la bárbara profanación consumada con el derribo del histórico convento: para el vulgo sevillano moderno valen más que todas las glorias y los triunfos del genio, acumulados en uno de esos museos formados por el sucesivo concurso de veinte generaciones, una gran plaza muy correctamente trazada, con construcciones desprovistas de todo arte, fondas, cafés y casas de huéspedes, cómodos asientos y filas de naranjos, y un espacio más en que matar el tiempo agregando una nueva ve/arfa á las infinitas con que se solaza en determinadas noches de junio, julio, agosto y setiembre una población tan sedienta de morosas delectaciones como lo eran los árabes sus abuelos.— Sabemos por Zúñiga que reinando don Pedro el Cruel se promovió la restauración del arruinado templo de San Francisco ; que desde entonces siguió la obra nueva avanzando lentamente hasta el año i 4 i i ; que en esta época se activó mucho su fábrica, creciendo en grandeza y suntuosidad, y admitiendo dotaciones y capellanías, aunque ajenas de la pobreza de su instituto, legitimadas con el título de limosnas; que este exceso contribuyó en gran parte á la depravación de los regulares de esta orden, la cual fué una de las reformadas en tiempo de los reyes católicos don Fernando y doña Isabel. El mismo cuidadoso analista nos dice las familias ilustres que allí tuvieron sepulturas (año citado de 1 4 i i , n." 2), entre las cuales, por cierto, hemos buscado en vano la de los Ulloas.
Del convento de la Merced., hoy Museo provincial, poco podemos decir: sus hijos, refiere Zúñiga, ponían mas cuidado en dar exemplos á los preseniles., que en dexar memoria á los venideros ; pero consta de todos modos que existía en tiempo de san Fernando por la merced que el rey le hizo de una imagen de Nuestra Señora ( V. á Zúñiga, año 1324, n.° i), al mismo tiempo que dio á san Pablo otra, llamada la Virgen de las Jiebrcs. Sábese también que en el año 1500 obtuvo en él capilla la familia de Suárez de Castilla, de la que descienden los condes de la Torre. Así el templo como el convento de la Merced son de estilo greco-romano. Del antiguo edificio nada queda. La Iglesia, espaciosa y bien alumbrada, contiene, como principal salón del Museo provincial de Sevilla, obras notables, entre las cuales descuellan la Apoteosis de Santo Tomás de Aquino de Zurbarán, y otros lienzos de este mismo pintor, como el de Santa María de las Cuevas cobijando con su manto d los Cartujos,e\ del Refectorio de Dominicos y c\ de San Hugo conferenciando con el papa Urbafio sobre la aprobación de la regla monástica. También llaman la atención en este salón algunos cuadros del maestro de Zurbarán, Roelas, entre los cuales no nos es posible pasar en silencio el bellísimo del martirio de San Andrés
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claustros, cuando no se han perdido para siempre en el destrozo causado por la tea incendiaria ó la piqueta demoledora; otros, como los de San Pablo, la Merced y la Trinidad, han cambiado de destino, llevándose los tesoros artísticos que encerraban á
(que pintó para la capilla de los Vizcaínos del convento de Santo Tomás); y producciones de Céspedes, Herrera el Viejo, Valdés Leal, Cano, Juan del Castillo y Várela. Uno de los salones de la planta baja del Museo está ocupado por la magnífica sillería de Sania Mario, de las Cuevas, obra de delicado estilo plateresco.— En la planta alta es lo más notable el salón donde lucen los admirables lienzos que ejecutó Murillo para la Iglesia del ya arruinado convento de Capuchinos. Pero renunciamos á describir las bellezas que este salón atesora. ; Quién no ha leído ú oído contar maravillas de este inapreciable joyero de la pintura sevillana? Dejamos á los que se han ocupado en realzar las bellezas de estas creaciones, y señaladamente á los señores Ríos ( Sevilla pintoresca, Lib. II ) y Latour ( Exudes sur l'Espagne. — Séville et /' Atidaloitsic, tomo 2.°), el cargo de explicar á los curiosos lo que son el San Félix de Cantalicio, el Santo Tomás de Villaniieva, la Visión de San Antonio, San Leandro y San Buenaventura. Jesíis desprendiéndose de la Cruz, etc. Hay además en este Museo provincial esculturas de mérito, de Torrigiano, Montañés y Solís, y numerosos fragmentos de arte antiguo traídos de Itálica y otros puntos, que forman ya un curioso museo arqueológico, con secciones de arquitectura, estatuaria y bajo-relieve, epigrafía y cerámica, en las galerías bajas del patio principal: patio suntuoso decorado con cuarenta y ocho columnas de mármol, que juntamente con la espaciosa escalera de dos ramales que ennoblece el vestíbulo, hacen de este edificio la morada más digna de las artes. Pero después de todo, ^qué museo podrá haber que ofrezca á las obras antiguas, ejecutadas para los templos y sus retablos y capillas, la colocación y luz convenientes, la oportunidad de su manifestación, ya para siempre perdida? La adaptación, (\u& en las obras de sentimiento constituye la mitad de su encanto, ¿ quién podrá devolvérsela ya á aquella estatua despojada de su nimbo y arrancada de su hornacina, á aquel cuadro extraído de su retablo, á aquel bajo-relieve sacado del misterioso crepúsculo de la entreojiva? Aceptamos los museos para las obras del arte profano, y esto con sus convenientes cortapisas ; pero para las producciones del arte religioso, solo nos hará reconciliarnos con ellos la triste idea de otra cosa peor, esto es, de una completa destrucción.
El convento de la Santísima Trinidad, hoy cuartel de artillería, fué edificado con amplitud ocupando fuera de la puerta del Sol el solar que había sido cárcel de las santas vírgenes Justa y Rufina. Todavía existen los calabozos donde estuvieron encerradas aquellas ilustres mártires: uno de ellos sale al claustro, y otro tiene su entrada en el centro de la iglesia. Piadosas leyendas del siglo xv hacen interesante este monasterio; entre ellas recordamos la siguiente. En el año 1404 el hortelano del convento, por hurtar la custodia de plata en que estaba el Santísimo Sacramento, escondió la Sagrada Forma en un muladar. Conocida la falta, llenóse la comunidad de tristeza atribuyéndola á atrevimiento de judíos ó herejes, y con ayunos, misas y penitencias, imploró del cielo la manifestación de la verdad. Desde el 27 de diciembre, día de san Juan Evangelista, estuvo el hurto encubierto hasta el 10 de enero del año siguiente; pero en este día, reconocido el delincuente por haber intentado vender un pedazo de plata de la custodia, declaró el hecho, y el Santísimo fué hallado suspendido en el aire sin tocar á la inmun-
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los mal dispuestos salones de los improvisados museos; algún otro por fin, como el de Santa María de las Dueñas, víctima inocente de una insensata furia revolucionaria, ha debido quedar reducido á escombros yendo á parar algunas porciones de sus
dicia del lugar en que había sido arrojado. 3- rormando valla á su alrededor, en actitud de adoración, las culebras y las lagartijas. Á la fama de este portento acudió el arzobispo con la clerencía, y fué restituido el Santísimo á su Sagrario con pomposa procesión. En aquel sitio se levantó una ermita, que ya no existe, y para memoria del referido prodigio se pusieron en la pared de la sacristía del convento una inscripción y un cuadro. Modernamente se reprodujo el mismo hecho en azulejos, junto á la entrada de la propia casa.
El convento de Sa,n Agustín, trasladado en el siglo xiii de su primer asiento, que se ignora dónde fué. á las afueras de la puerta de Carmona, tenía una espaciosa iglesia de tres naves, en que lucían el altar mayor, obra del escultor Pineda (uno de los fundadores de la Academia de FJellas artes de Sevilla en i-óóo;, y algunos lienzos de Murillo que fueron llevados á la Catedral. Una de las leyendas más repetidas que se refieren á este convento es la del Cristo hallado por un devoto en un subterráneo, en el año i 3 14. Cuéntase que tenía la santa imagen el brazo izquierdo desprendido de la cruz y la mano puesta sobre la herida del costado, y que al recogerlo el devoto, lo extendió y volvió á colocar en el sitio del clavo. Eran patronos de la capilla mayor de su iglesia Arias Yáñez y doña Peregrina de Ayala, que la habían edificado para enterramiento suyo y de su sobrino Ruy Fernández Portocarrero.
El convento de Scín Benito fué erigido primeramente en unas casas que cedió á sus monjes el rey don Alonso el Sabio, fuera también de la puerta de Carmona, en un principio como simple priorato, luego como abadía. La mencionada donación fué hecha á don Rodrigo abad del monasterio de Santo Domingo de Silos, que conservó la dignidad de matriz del de Sevilla hasta el año i s i ?. Los reyes Fernando é Isabel le concedieron el uso del agua de los caños de Carmona y otros varios privilegios. Es fama que el primer monasterio de benedictinos que hubo en Sevilla, fundado por san Leandro bajo el título de San .Miguel, y según otros de la Concepción, en el lugar llamado el Otero, cerca de la Cruz del Campo, permaneció en pié hasta el tiempo de los Almohades; añádese que éstos lo convirtieron en mezquita, y que después de reconquistada Sevilla, pasó la comunidad al sitio cerca de los CaTios donde estaba el convento de San Acacio ó Santa Teresa; que en el año I 300, por la mucha distancia que de la ciudad le separaba, fué llevado cerca de la Alcantarilla del Tagarete, desde donde, en i do j. por la insalubridad de este paraje, pasó alas casas de los condes de Mejorada provisionalmente, para trasladarse por último á la Calzada, cerca de la Cruz del Campo. (Standisii. Seville and its vicinity, pág. 2 87).
El convento de monjas agustinas de San Leandro, erigido, según Morgado. cuarenta y siete años después de la conquista de Sevilla, estuvo en un principio fuera de la puerta de Córdoba; por lo extraviado y poco sano de aquel sitio, obtuvo en 10 de junio de 1310 licencia real para trasladarse á una casa de la parroquia de San Marcos dentro de la ciudad. El rey don Pedro le renovó en 1367 todas sus antiguas franquicias y mercedes, y la última acción que de este rey registran los anales sevillanos lleva el sello equívoco de su carácter, todavía no bien definido, y es la fiel expresión de aquel ánimo en que el bien y el mal se disputaban el im-
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despedazados retablos á antiguas parroquias, donde una pésima y desconcertada adaptación denuncia al ojo del curioso experto una vandálica campaña; solo algunos de religiosas se conservan sirviendo á su primitivo objeto, aunque considerablemente mermada la riqueza que contuvieron. — Gran dificultad hay por otra parte en conseguir verídicos informes acerca de los institutos que ya no existen y de las curiosidades que sus casas contenían. Para estas averiguaciones apenas tenemos más ayuda que los libros, los cuales, aunque consultores desapacibles muchas veces, siempre son más fidedignos que los ignorantes cicei^ones de nuestras antiguas ciudades, á quienes puede con razón aplicarse aquel expresivo dicho del cardenal Juliano á un necio importuno que le preguntaba porqué prefería la lectura de los muertos á la conversación de los vivos: «un libro, le dijo, es un hombre vivo ; pero tú eres un hombre muerto. »
Á los libros, pues, hay que recurrir para formarse una idea cabal del sin número de monasterios de ambos sexos, de iglesias, ermitas, colegios, hospitales, casas de beneficencia y fundaciones de pública utilidad con que la acendrada devoción, la ardiente caridad y la sabia previsión de los hombres de la Edad-
perio y obraban promiscuamente, pues hizo merced á esta comunidad y á su abadesa doña Lorenza de unas casas principales en la colación de San Ildefonso, confiscadas á la hija del almirante Jufre Tenorio solo porque habló mal del señor rey. En estas casas hicieron su nuevo monasterio, y sábese que tenían ya acabada su iglesia el año 1377.
Finalmente del monasterio de las Dueñas de Santa María {qué diremos > En su principio no ocupó el solar que después tuvo en la parroquia de San Juan de la Palma : éste se le dio en sus casas el almirante don Juan Mathe de Luna á sus hermanas las fundadoras doña María y doña Leonor de Aragón. En aquel tiempo se llamaban Dz/e«as las religiosas de todos los conventos: pero andando los años, solo en este duró aquel estilo, con la novedad de apellidarse Santa María de las Dueñas el monasterio llamado antes de Dueñas de Santa Marta. El objeto primero de esta fundación fué que sirviese de asilo á las esposas de los caballeros que iban á guerrear con los infieles. La Reina Católica la distinguió mucho, y en su clausura pasó largos días enriqueciéndola con imágenes, ornamentos y otras dádivas. Títulos eran estos más que suficientes para que la revolución de 1808 la redujera á escombros, como lo verificó, logrando entonces la devoción salvar algunos de sus retablos, obra de Martínez Montañés, en las naves de la parroquia de Santa Marina. Las religiosas se instalaron á fines de agosto de 1877 en la casa prioral del monasterio de San Benito de Calatrava.
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media dotaron á la Sevilla de san Fernando y de sus sucesores, antes que la nueva luz del llamado renacimiento viniese á marear á los religiosos y sesudos españoles. A estas genuinas aunque algo oscurecidas fuentes hemos acudido para proporcionarnos noticias exactas de la vida pública, de la cultura y moralidad, de la situación social de aquella gran ciudad que fué indudablemente la perla de las poblaciones de España en el último período de una edad aún mal comprendida y calificada; y ofrecemos al lector el resultado de nuestro prolijo estudio seguros de que los ánimos imparciales y exentos de preocupaciones, se admirarán de ver en una sola ciudad de la Andalucía de los tiempos medios, tanta actividad provechosa, tanta magnificencia, tanta civilización verdadera.
A los conventos de religiosos de ambos sexos ya mencionados, que gozan la fama de primitivos, siguieron hasta la conclusión del período que abraza el presente capítulo, estos otros: — Convento de San Isidoj^o del campo, de monjes cistercienses en un principio, luego de PP. Jerónimos. Fundáronlo en la aldea de Santiponce, cerca de Itálica, en 1301, don Alonso Pérez de Guzmán y doña María Alonso Coronel, comprando la referida aldea, ó más bien alquería, á la reina doña María, hija del infante don Alonso de Molina, quien la había adquirido de los caballeros conquistadores á los cuales cupo en suerte en el repartimiento. Trajeron los fundadores para poblarlo, monjes de San Pedro de Gomiel, antiguo enterramiento de los Guzmanes, y diéronles todas las pertenencias y heredades cercanas y mil fanegas de pan de renta en su contorno, con óooo mrs. de juro sobre la Algaba, que también era suya. — Presenta la sagrada fundación el aspecto de una abadía fortificada de los siglos medios, en cuya arquitectura se advierten reminiscencias del gusto árabe : circunstancia que nos mueve á considerar esta construcción como de manos de moros mudejares. La Iglesia ofrece dos pequeñas portadas de estilo ojival sencillo, de ladrillo agramilado. La que cae al lado del Evangelio tiene en las en-
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jutas de su puerta ojival hermosos alicatados de ladrillo y azulejos formando estrellas y figuras geométricas rectilíneas. Los ábsides, coronados de almenas, son dos, uno más alto que otro, ambos poligonales, y corresponden á dos iglesias de una nave unidas por un crucero común. Una de estas iglesias fiié construida por el héroe de Tarifa, don Alonso Pérez de Guzmán, el Bueno ; la otra es fundación de don Juan Alonso Pérez de Guzmán, señor de Sanlúcar. En ambas la bóveda es ojival y sus nervios descansan ya en pilares, ya en simples ménsulas á modo de repisas. Los sepulcros de Guzmán el Bueno y su esposa, con sus respectivas estatuas orantes, ocupan los muros del presbiterio de su iglesia, teniendo en medio un magnífico retablo plateresco que llena todo el ábside, obra de Martínez Montañés. De este mismo célebre escultor son las referidas estatuas. — El presbiterio de la iglesia fundada por el hijo, presenta un pesado retablo borrominesco, y en los huecos de sus muros laterales los sepulcros de don Juan Alonso Pérez de Guzmán, de doña Urraca Osorio de Lara y de don Bernardino de Zúñiga y Guzmán. La estatua yacente del don Juan Alonso es de grandioso carácter. Á los pies de esta segunda iglesia, hay una tabla de Juan Sánchez de Castro, de cuyo mérito no se puede formar juicio. Desgracia tiene en verdad el famoso pintor fresquista sevillano, pues todas sus obras han llegado á nosotros bárbaramente restauradas! — Dos patios hay también en este convento, uno llamado de los Evangelistas, y otro denominado de los muertos, en cuyos claustros ó pórticos hay interesantes pinturas murales del siglo xv, ya muy destruidas, que representan con muy bello estilo, en recuadros alternados, garbosos arabescos y personajes de la orden de San Jerónimo (i). Vino esta orden á
( 1 ) Estos curiosos ejemplares de la pintura mural en Sevilla al espirar la Edadmedia, han sido objeto de un profundo y erudito estudio del distinguido profesoracadémico don Claudio Boutelou, el cual los considera obra de pintor español del XIV bajo las influencias de Italia y del norte de Europa. (V. Museo Español de Antigüedades, t. II). La mera fecha de la instalación de los Jerónimos en el con-
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reemplazar á los monjes del Cister en la posesión de este monasterio y sus haciendas el año 1 43 1 , por bula del pontífice Eugenio I\" otorgada á petición de su patrono el conde de Niebla, á quien ofendía la relajación en que habían caído sus primeros pobladores.
Convento de San Benito^ de la orden niüziar de Calatrava, en la parroquia de Omnium Sanctorum. — Tiene su origen en el repartimiento de la ciudad que hizo san Fernando, y á la edificación primitiva, de la cual nada subsiste, siguió la que hizo el capítulo de la misma orden en 1397 para su gran maestre don Gonzalo Núñez de Guzmán. Nada queda tampoco de esta segunda fábrica, porque arruinada otra vez en 1650, fué el convento reconstruido en su totalidad (i).
Cartitja de Santa María de las Cuevas. — Fundóla hacia el 1400 el arzobispo don Gonzalo de Mena, en el solar de una ermita cerca de Triana, al lado opuesto de la Barqueta. Los ermitaños que habitaban las cuevas á que debió su nombre, juntamente con los franciscanos de la orden Tercera que dicho arzobispo Mena había puesto allí algunos años antes, pasaron á la iglesia de San Juan de Alfarache. Murió el celoso prelado de la peste del año 1401, dejando una cuantiosa dotación para proseguir la obra comenzada, y en 1410 continuaba ésta con grande ardor, favorecida por la piedad del adelantado don Per Afán de Ribera, que labraba para entierro suyo la iglesia. Embelleció mucho esta fundación en el decimosexto siglo el primer marqués de Tarifa, don Fadrique Henríquez de Ribera, el cual mandó construir la iglesia nueva y los suntuosos mausoleos de sus progenitores, que hoy se admiran en la Iglesia de la Universi-
vento de san Isidoro del Campo, demuestra que aquellos frescos en que se hallan representados dichos religiosos no pueden haber sido ejecutados en el siglo xiv. (i) Contiene pinturas de Juan Valdés Leal, de escaso mérito, y curiosas tablas que algunos atribuyen á Juan Sánchez de Castro. Tanto se va ya abusando en atribuir á este pintor lo desconocido del siglo xv, que acabarán por hacer de su nombre una fórmula sacramental, como lo fué el de Lucas de Holanda en nuestra España en el pasado siglo, y como lo es el del gran Vasco para los portugueses.
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dad y de los cuales se hablará al tratar de Sevilla en la época del renacimiento. De la obra del buen prelado fundador solo subsiste la pequeña iglesia antigua, en la cual estuvo su sepulcro (i). Siguióse largo pleito entre la casa de los Riberas y la mitra de Sevilla sobre la propiedad del monasterio, y se sentenció que cada cual retuviese lo que había edificado. Las vastas dependencias de esta Cartuja, las espaciosas y cómodas viviendas que disfrutaban sus monjes, apropiadas á las diferentes estaciones, el gran refectorio con mesas de mármol de Genova en que se reunían, la hermosa Sala con pinturas de gran valor en que celebraban sus capítulos, la robusta cerca ó más bien muralla que baña su pié en el Guadalquivir entre deliciosos bosques y alamedas de cipreses, naranjos y limoneros: todo es obra de la esplendidez proverbial de la decimosexta centuria : así como es accidente peculiar de la edificación primitiva la portada morisca de la pequeña iglesia del arzobispo Mena. De esta célebre Cartuja fueron filiaciones las no menos célebres de Jerez y de Cazalla de la Sierra. — Debiéramos dejar para otra ocasión el recuerdo de las insignes obras de caridad con que en el mencionado siglo XVI se ilustró la Cartuja de las Cuevas; pero por no desmenuzar la narración de las legítimas glorias de tan memorable convento, lo consignamos aquí. Tenía en dicho siglo aquella Comunidad fondos para repartir mensualmente 55 fanegas de trigo entre ciento diez viudas pobres; para mantener á todos los niños abandonados á las puertas del monasterio; para vestir á trece pobres que asistían á las vísperas todas las Navidades ; para socorrer á sesenta caballeros necesitados, á quienes daba de comer el convento; para dar sopa, pan y agua á todos los mendigos que allí acudiesen, que, según Morgado, llegaban
(1) Hállase hoy en una de las capillas de la Catedral. Tiene sobre su tapa el bulto yacente del prelado, con cuatro ángeles en los ángulos y dos leones á los pies. La urna contiene bajo-relieves que figuran pasajes del Nuevo Testamento, y la sostienen leones agachados. La inscripción está puesta en el canto de la tapa en caracteres góticos.
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á cuatrocientos ó quinientos diariamente ; y por último para mantener á siete capellanes, que oficiaban en la pequeña iglesia.— Transformada la gran casa religiosa desde 1839 en fábrica de productos cerámicos, el material de las oficinas de los señores Pickman y Comp.^ cubre hoy las bellezas artísticas que los ingenieros industriales han declarado incompatibles con su nuevo uso ; y aun deben los amantes de las artes agradecer á la cultura de estos acaudalados fabricantes el que hayan respetado lo que estuvo en su mano destruir, esto es, dorados artesones, marmóreos pavimentos, soberbias arquerías, matizados alizares, de carácter puramente conventual. — La fábrica de la Cartuja, cuyos productos están difundidos por toda España y por las Américas, es hoy uno de los establecimientos más notables de la industria moderna. Su aislada posición al frente de Sevilla, á la margen derecha del Guadalquivir en la vega de Triana, hace que descuelle en la más pintoresca perspectiva con sus grandes construcciones, sus elevados hornos, las altas chimeneas de sus máquinas de vapor, su torre, su reloj, sus elegantes miradores y huertos; y desde ella registra el viajero un delicioso panorama con la ancha tabla del río en primer término, los ferro-carriles de Córdoba y Huelva, la Catedral con su esbelta Giralda, la Torre del Oro, los puentes de hierro, y todo el caserío de Sevilla y de Triana.
Convento de Santiago de ¿os Caballeros. — Lo fundó en 1 409 el maestre don Lorenzo Suárez de Figueroa, y hallábanse en su templo los sepulcros del fundador y del célebre Arias Montano que están actualmente en la Universidad. La primitiva iglesia se arruinó ; la que se levantó en su lugar borró por completo su memoria.
Convento de PP. yerónhnos de Buenavista. — Fué erigido el año 1 41 3 en la heredad de este nombre, fuera de la puerta Macarena, pero se arruinó del todo, y Felipe II lo hizo reconstruir por su arquitecto favorito Juan de Herrera, del cual es indisputablemente el gran patio de 150 pies cuadrados, de dos cuer-
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pos, el inferior dórico y jónico el superior, único residuo importante que queda hoy en pié del famoso monasterio. Hemos alcanzado nosotros su Iglesia, espacioso templo ojival, y el antiguo retablo gótico dividido en compartimentos. En el presbiterio, á la izquierda del altar mayor, estuvo colocada la famosa estatua de san Jerónimo del Torrigiano, que hoy se conserva en el Museo provincial. No fué ésta la única obra que aquel gran escultor florentino ejecutó para el monasterio que nos ocupa; pero sí la única que subsiste; porque aunque hay quien afirma que la célebre estatua de la Virgen con yesús nifio, que fué ocasión de la trágica muerte del impetuoso artista, existía en el aula del convento (i), nadie hoy tiene noticia de ella. La majestuosa reedificación de Felipe II, que por su situación privilegiada fué el encanto de Felipe IV, era hace unos cuarenta años colegio seglar, y cuando nuestro primer viaje á Sevilla, fábrica de cristales, y luego, por efecto de la marcha descendente que hoy siguen las casas donde se albergaron y tanto florecieron los antiguos institutos religiosos, el convento de PP. Jerónimos de Buenavista ha concluido en madriguera de lagartijas!
Convento de Santo Domingo de PoTtaceli de la orden de Predicadores. — Se fundó en 1450 entre la huerta del rey y el acueducto de Carmona, en frente de San Benito, aprovechando el solar de una ermita dedicada á Santo Domingo. Fué el fundador Fr. Rodrigo de Valencia, confesor de Enrique III, que murió siendo prior de esta casa en 1465. Al lado de este monasterio estaba el grande y hermoso jardÍ7i del Cardenal^ así llamado desde que fué propiedad del arzobispo cardenal don Pedro González de Mendoza.
Convento de monjas dominicas de Santa María la Realy fundado en 141 o por religiosas del monasterio de Santo Do-
(i) En el año 1840 lo escribía así el inglés Standish. — \'. su obra, ya varias veces citada, pág. 260.
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mingo el Real de Toledo, á petición de una virtuosa mujer de Sevilla llamada María la pobre. — La licencia para fundarlo fué obtenida del Patriarca don Alonso de Exea por ruego de la infanta doña María, hija del rey don Pedro, que había profesado en el referido monasterio de Toledo, de la reina doña Catalina y del infante don Fernando. Erigióse el nuevo convento en la parroquia de San Vicente y calle de la Zapatería, en las mismas casas donde moraba María la pobre con otras devotas que la acompañaban en sus buenas obras. Los propósitos de aquellas personas reales de dotarlo espléndidamente, no llegaron á tener efecto, quedando el convento con autoridad de real pero en condición de pobre. La insigne matrona doña Guiomar Manuel, de quien hemos ya hablado describiendo la catedral, y á quien tendremos ocasión de recordar nuevamente, hizo á la naciente comunidad considerables limosnas, estipulando de las Sórores de Santa María la Real la obligación de asistir todos los años el día de Difuntos en la Santa Iglesia á orar sobre su sepultura y la de sus padres : obligación muy al uso en aquellos tiempos en que todavía no estaban las monjas obligadas á guardar clausura. Su templo, siempre humilde, fué renovado á fines del
siglo XVII.
Convento de religiosas jerónímas de Santa Paula. — Le fundó en 1475 la venerable madre Ana de Santillán, y mandó labrar su iglesia doña Isabel Henríquez, marquesa de Montemayor en Portugal, cuñada del duque de Braganza, á quien mandó matar el rey don Juan II. Esta ilustre señora y su marido el condestable don Juan yacen enterrados en su capilla mayor en sendos nichos, ilustrados con sus correspondientes epitafios. En el del condestable se expresa que este caballero murió yendo á la guerra de Granada el último día de Abril de 1484. También está enterrado en el lado de la Epístola, con estatua yacente de caballero armado de punta en blanco, un hermano de la referida marquesa. — El exterior de Santa Paula, que conserva las formas primitivas, indica bien claramente la época en que se
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construyó. Tiene una hermosa portada de ladrillo agramilado cortado con gran primor (i), en que la ojiva de la entrada, cobijada por una cornisa delicadamente labrada y adornada de flameros y cabezas de serafines, presenta en su tímpano de azulejos (2) el escudo de España en mármol blanco sostenido por un águila de gran carácter y flanqueado por las armas de los reyes católicos, el yugo y el haz de flechas; y en la archivolta exterior, una ancha faja de azulejos realzada de medallones con relieves que representan pasajes de la vida de la Santa. En las enjutas hay cuatro ángeles de escultura, dos en pié y otros dos arrodillados, como sosteniendo unos recuadros, donde campea en caracteres góticos de resalto el monograma de Cristo. — El interior muestra visibles retoques de la bastarda arquitectura que en el siglo xvi sustituyó al genuino arte cristiano ; Zúñiga escribió candorosamente que se había hermoseado. Conserva no obstante su presbiterio la antigua bóveda de crucería, tan característica del siglo XV, toda pintada y dorada, y cubre la única nave de la iglesia una bellísima armadura á la morisca, una de las últimas obras del afamado artífice López Arenas, autor del tratado de la Carpintería de lo blanco que corre con tanto aprecio en manos de los curiosos.
Conve7ito de monjas de la Concepción (modernamente suprimido).— Aunque no se tituló con este nombre hasta el año 1 5 1 1 , en que recibieron la regla de la orden tercera de San Francisco las religiosas aquí congregadas, este convento sin embargo existía fundado por doña Leonor de Ribera desde el año 1475. Sus principios son más antiguos todavía, pues se cree que desde mucho antes de la fundación de la citada señora, vivían ya reunidas en comunidad, aunque sin regla establecida, en el mismo local contiguo á San Juan de la Palma, varias piadosas mujeres
(í) V. la lámina que la representa.
(2) Esta preciosa obra de azulejos está firmada por Francisco Xiciiloso, pisano, y Pedro Millán. El descubrimiento de la lirma de este segundo artífice es debido á la diligencia del Sr. Gestoso y Pérez.
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consagradas á la práctica de las virtudes evangélicas y á la oración. Hoy está cerrado al culto.
Convento de Madre de Dios, de monjas dominicas. — Estuvo, hasta la terrible inundación que padeció Sevilla el año 1485 (i), en el antiguo hospital de San Cristóbal á la puerta de Triana, donde lo había fundado en 1476, como simple beaterío, Isabel Ruíz de Esquivel, viuda del alcalde mayor de Sevilla Juan Sánchez de Huete, invirtiendo según es fama en tan piadoso objeto un tesoro que se había encontrado en su casa. Aquel beaterio padeció ruina con la inundación referida : el desamparo en que quedaban las religiosas interesó á toda la ciudad, y noticioso del caso el inquisidor Torquemada, hizo que la reina, gran devota suya, les concediese la merced de unas casas principales que en la colación de San Nicolás se habían confiscado á judaizantes, donde todavía subsisten (2).
Monjas de Santa Isabel. — Este monasterio, sujeto á la orden de San Juan de Jerusalén, fué fundado por doña Isabel de León Farfán el año mismo de 1490 en que celebró Sevilla aquellas magníficas bodas de la Infanta doña Isabel con el príncipe don Alonso de Portugal, que el Cura de los Palacios describe con tanta animación y colorido (3). De la primitiva construcción nada
(i) Descríbela el Cura de los Palacios diciendo que subió el agua bástalas más altas señales de la Almenilla, que por espacio de once días hubo que andar en barcas por la ciudad, que derribó el río gran parte de Triana, que el mon isterio de las Cuevas se inundó teniendo que sacar á los monjes en barcos, y que quedó destruida la mayor parte de los arrabales de la Cestería y Carretería.
(2) El templo actual de Madre de Dios no contiene bellezas arquitectónicas, pero sí buenas esculturas de Jerónimo Hernández, y un excelente cuadro de Pacheco que representa la Oración del Huerto.
(^) Celebráronse en esta ocasión lindísimas justas y torneos cerca de las Atarazanas, en el compás de entre ellas y el rio. ¿Quién podría contar, dice el citado cronista, el triunfo, las galas, las justas, las músicas de tantas maneras, el recibimiento que hicieron á los Embaxadores de Portugal, la regla, el concierto, las galas de las Damas, los jaezes e riquezas de los grandes e de los galanes de la corte : el concierto de quando salían á ver las justas la reyna e su Jijo el principe, e sus Jijas, e las Damas e Señoras que les acompañaban, que fué todo tan cumplido, tan sobrado, con tanto concierto, que dezir no se puede '^ Iban de dia á las justas, e volvían de noche con antorchas á los alcázares, e la dama que menos servicio traía, traía ocho
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se conservaba al exterior en la época de nuestro primer viaje á Andalucía ; presentaba solo una bella fachada corintia, de lo mejor que el gusto greco-romano produjo en Sevilla. También este convento ha sido modernamente suprimido, estableciéndose en él un hospicio de niñas adultas pobres, y una casa de instrucción de arrepentidas de que cuidan religiosas de Nuestra Señora de los Dolores.
Monjas dominicas de Nuestra Señora del Valle. — Una buena mujer natural de Ecija, la cual salvó milagrosamente á un hijo que se le había caído á un pozo, invocando el favor de Nuestra Señora del Valle de su ciudad natal, se dice fué la fundadora de este beaterio , cerca de la puerta del Sol , en el año 1403 (i). En 141 6 otorgaron sus religiosas obligación en favor de doña Guiomar Manuel, la insigne bienhechora de Sevilla en aquellos tiempos, como la habían otorgado las de Santa María la Real, de asistir á sus aniversarios y memorias en la catedral todos los años el día de Difuntos. Perseveraron en este monasterio las Dominicas hasta el año 1502, en que les sucedieron las religiosas de Santa Catalina. La Reina Católica protegió bastante este establecimiento; pero en 1682 fué incorporado al convento de Terceros de Gerena.
Monjas dominicas de Nuestro Señor Jesucristo. — Era beaterio, erigido no se sabe cuándo, en la parroquia de San Gil, de donde fué trasladado en 1 5 1 3 al convento de la Encarnación de la misma orden, por doña Inés de San Miguel, carmelita, de la familia de los Farfanes. Aquí permaneció hasta el 1585, en que se mudó á la Alameda, á una Ermita dedicada á Nuestra Señora de Belén. La casa que dejaron ocupó otra comunidad de la misma orden de Santo Domingo, dotada por el acaudalado comerciante Gabriel Luís.
<j nueve antorchas ante si. cavali:ando en muy ricas mutas tocios, e muy jaezadas de terciopelo, e carmesí e brocados.
( I ) Refieren este milagro las Historias de la orden de San Francisco, el P. Martín de Roa en sus Grandezas de Écija. y Zúñiga en sus Anales.
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Entre las iglesias, capillas y ermitas, que independientemente de las parroquias, conventos, hospitales y colegios, se erigieron en Sevilla durante los siglos xiii, xiv y xv, debemos mencionar las siguientes. — La iglesia de San yumi de Acj'e, fundada por la orden militar de caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén después de la conquista de Sevilla, junto á la puerta á que dio nombre. Refiere Morgado que al llegar san Fernando á este extremo de la ciudad, rodeado por los caudillos de las tres órdenes militares que le habían asistido en su trabajosa empresa, extendió la mano y señaló á cada uno el terreno que le adjudicaba para establecer la casa de su orden. K la de San Juan tocó la mejor parte, y esta repartición fué confirmada en 1261 por don Alonso el Sabio. El templo de San Juan fué reconstruido el año 1526 á instancias del prior Fr. Miguel Ximénez, concediendo el arzobispo Manrique indulgencias á los que acudiesen á su obra con limosnas. Gozaba esta parroquia (que ya no existe) de jurisdicción exenta, solo sujeta á la orden de Malta.
Iglesia de Santa Ana de Tríana. — Cuenta la leyenda en ella escrita (i) que fué erigida en cumplimiento de un voto hecho por el rey Sabio, el cual por intercesión de Santa Ana sanó milagrosamente de su ceguera. Consagróla en 1280 el arzobispo don Raimundo. Conserva este templo en su exterior restos notables de su primera edificación, como el cuerpo inferior de su torre de ladrillo, decorado con arcos ornamentales angrelados, y las puertas laterales, que aún ostentan sus sencillos tejaroces sostenidos en toscas cabezas de león y sus ojivas exornadas de molduras quebradas en ángulos. El interior subsiste sin notables alteraciones. Consta de tres naves, la del centro alta y espaciosa, las laterales muy angostas, con el arranque de los nervios de sus bóvedas descansando en sendas columnillas, suspendidas en lo alto á modo de repisas (2).
(i) Existe ¡unto á la puerta de la nave del Evangelio.
(2) Contiene esta parroquia muy notables euadros. Su retablo principal es de
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Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. — Fué edificada por el rey don don Pedro en 1358, y consagrada á Nuestra Señora del Carmelo por una imagen de piedra de la misma que se descubrió al abrir sus cimientos. Sus puertas eran citadas como una preciosa muestra de la talla de adorno del siglo xiv.
Ermita de San Telnio. — Existía en el siglo xiii donde está ahora el suntuoso palacio del mismo nombre que habitan SS. AA. RR. los Serenísimos Sres. Duques de Montpensier. Fué residencia de los obispos de Marruecos por donación que hizo al prelado franciscano Lope Fernández el infante don Sancho arzobispo electo de Toledo. Permanecieron aquí dichos obispos desde el año 1300 hasta el 1566, en que la residencia de San Telmo y sus tierras adyacentes fueron traspasadas al Santo Oficio, cuyo tribunal no estaba ya á gusto en su antiguo asiento del castillo de Triana.
Ermita de San B/as,en la parroquia de Omnium Sanctorum. — Era fundación de los Coroneles, según queda dicho al hablar del convento de Santa Clara. Pasó su patronato al convento de Santa Inés por la fundación que hizo de éste la virtuosa D,'^ María Coronel después de muerto su marido don Juan de la Cerda.
Ermita de San O?iofre^ en la misma parroquia que la anterior, entre la puerta Macarena y el convento de Buenavista. — Era de grande antigüedad. Dice Zúñiga que acudían á orar á ella las viudas que deseaban segundas bodas, y el inglés Standish añade como de pública opinión y fama, que ningún santo lograba en Sevilla más oraciones que san Onofre.
I 5 tablas, de macsc í'edro Campaña, relativas á la vida de la Santa titular y á la de Nuestra Señora, con un san Jorge á caballo, patrono de la antigua capilla de la Torre de Triana, que expugnaron los caballeros de la orden. En el altar del trascoro es sumamente digno de llamar la atención el cuadro en tabla de Nuestra Señora de la Rosa, obra de Alejo Fernández. Está sentada la Virgen en un magnífico sitial de mármoles de gusto bramantesco, bajo un cortinaje que descorren dos hermosos ángeles dejando ver el campo: tiene en su regazo al Niño Jesús, adorado por otros dos ángeles niños, que están devotamente arrodillados á ambos lados del trono de Nuestra Señora. La composición es digna del Perugino ; el dibujo revela al artista educado en la escuela de Rafael. El vestido de la Madre de Dios es de brocado riquísimo y está admirablemente plegado.
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Ermita de Sa7i Bernardo. — Donde está hoy la ayuda de parroquia de esta advocación en el barrio que la crónica nombra de Ben-Ahoar, extramuros de la puerta de Jerez cuando ésta se hallaba en pié, existía una pequeña ermita á que se asegura dio san Fernando la advocación del día mismo en que ponía cerco á Sevilla. Los judíos tenían en tiempos antiguos su cementerio en este paraje, convertido hoy en deliciosos jardines.
Ermita de San Miguel: ocupada para oficinas de la Santa Iglesia Catedral. Hallábase en lo que se llama el Compás.
Ermita y capilla de NtLestra Señora de los Angeles ó de Nuestra Señora de Gracia: cerca de donde estuvo la puerta del Osario. — Fué fundada antes del año 1400, en tiempo del arzobispo don Gonzalo de Mena, para la cofradía de los negros. «Corren parejas )' gansos los hermanos llevando padrinos caba- »lleros maestrantes, y es capítulo de regla de la maestranza el » asistir á esta función (i).»
Capilla de San Jorge de Triana. — Fué erigida por los caballeros que asistieron á la toma del castillo de Triana, donde en 1 48 1 se instituyó el Tribunal de la Inquisición, digno de perpetuo olvido (2). La capilla fué incorporada á la Iglesia de Santa Ana de aquel arrabal en el siglo xvi.
(i) Standish, obra citada, p. 2^4. Era la parroquia de San Roque el punto de reunión de los negros que moraban en Sevilla, y hay allí una calle llamada del Conde Jiegro. Es lama que con ocasión de las grandes solemnidades religiosas que se hacían en la ciudad en el siglo xvi en obsequio del misterio de la Inmaculada Concepción, no pudiendo esta parroquia reunir la suma requerida para sufragar sus gastos, un negro que vivía en ella se ofreció á venderse para que el producto se destinara á dicho objeto: súpolo un acaudalado anciano, llamado don Gonzalo Xúñez de Sepúlveda. y admirado de la piedad del negro, pagó por él la suma que hacía falta.
(2) Baste, respecto del Santo Oticio. consignar las épocas de sus traslaciones á los diferentes parajes que ocupó en Sevilla. Establecido en el castillo de Triana en 148 I , de resultas de la gran inundación del año 1626, que puso en peligro de ruina el edificio, fué trasladado á la parroquia de San Marcos, á las casas de los Tellos Taveras. Aquí permaneció hasta el año 1639. Ya en 156Ó el Inquisidor general don Fernando \"aldés, arzobispo de Sevilla, había solicitado de Pío V la traslación del Santo Oficio á la Ermita de San Telmo, morada de los obispos de Marruecos. No sabemos cuándo tuvo efecto la concesión de S. S.. pero consta que en I 641 se fijó en San Telmo la inscripción por la cual constaba que aquel edificio
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Ermita de Nuestra Señora de Valme: fundada por san Fernando cerca del heredamiento de Cuartos en la altura de Dos Hermanas, donde, como queda dicho, tuvo su tienda, pabellón real y oratorio, durante el cerco de Sevilla.
Ermita de Santa Brígida, de fundación ignorada, pero anterior al siglo XVI, en un empinado cerro de los que median entre la llanura de la vega de Triana y la elevación del Ajarafe.
Ermita y capilla de la Cruz del campo. — Toaos los barrios de Sevilla y sus afueras abundaban durante la Edad-media en esta clase de públicos adoratorios, que llevaban á veces el nombre de humilladeros si en ellos se representaba á la devoción de los fieles transeúntes ó viajeros el santo madero simulacro de nuestra Redención. Unas veces eran simples cruces, otras piadosas imágenes fijas en las paredes, ya cubiertas de sencillos cobertizos, ya encerradas en costosos tabernáculos : todas las cuales eran veneradas y festejadas con preces, cantos, músicas y otras formas de la pública devoción en determinados días de cada año. El oratorio de la Crus del campo, el más famoso y antiguo entre todos los hum-illaderos, fué establecido en época incierta en los caños de Carmona, como luQ^ar de recoo-imiento y descanso de los pasajeros. En 1482, reinando Fernando é Isabel, el corregidor don Diego de Merlo, con motivo de la reedificación de los célebres Caños, construyó la capilla que hoy existe en la Cruz del Campo, sostenida por cuatro pilares y sus correspondientes arcos apuntados, sobre los cuales corre un antepecho exornado de almenas endentadas y se alza una pequeña cúpula, que le da cierta semejanza con un maraótito africano. En su centro se eleva una columna de mármol con una cruz de jaspe.
y todo su suburbio había sido concedido á la Inquisición. Va entonces se hallaba suprimido el obispado de Marruecos. En 1683 las rentas de San Telmo fueron aplicadas á la creación de una escuela para la marina, y entonces debió volver la Inquisición a su primitivo asiento. Permaneció en él hasta el 30 de Noviembre de I 785, en que, por una nueva inundación del Guadalquivir, con todo sigilo y misterio se mudó por la noche á su último local, que estaba preparado en la Alameda vieja, parroquia de San Lorenzo.