Sevilla y Cádiz · Capítulo real 15 de 18

CAPÍTULO XXVIII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 52 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPÍTULO XXVIII

Sevilla desde la época del Renacimiento hasta la moderna decadencia del arte. Edificios civiles de particulares

A lenta y dolorosa elaboración de los siglos xiv y XV había producido en todo el catolicismo á principios del xvi una revolución completa. Nuevas ideas, nuevas necesidades, nuevos descubrimientos, habían introducido nuevas doctrinas y formas nuevas en la filosofía, en la política y gobierno, en las ciencias, en la literatura y en las artes. La idea católica, que tantas maravillas creó durante la Edad-media, languidecía y se eclipsaba; su émula la idea pagana, renacía y subyugaba los más privilegiados entendimientos. La Italia, foco de las nuevas y peligrosas teorías que invadían todo el Occidente, se declaraba adepta del sensualismo clásico; las naciones que en los pasados siglos habían mantenido el honor de la civilización cristiana, cedían á la propaganda materialista. Solo España pugnaba por el decoro de su veneranda maestra, la Iglesia de Jesucristo.

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Pero la misma España admitía en las artes y en la literatura innovaciones de la revolución intelectual italiana, cuya trascendencia ignoraba, y ya á fines de la decimoquinta centuria había ofrecido el singular espectáculo de algunas construcciones de forma pagana en completa disonancia con los institutos de defensa católica á que estaban destinadas. Tímido y vergonzante el renacimiento artístico en los tiempos del gran Cisneros, que erigía en Alcalá con el nombre de Colegio mayor y Universidad, y con una arquitectura mixta de ojival, sarracena y plateresca, un fuerte presidio para sustentar la antigua fe de España, no se atrevió á declarar su verdadera índole antropomorfista mientras gobernó la sociedad española aquel genuino representante de las altas aspiraciones de la política católica. Por esta razón se limitó entonces la arquitectura 7'e7iaciente en nuestro suelo á tomar de la italiana tal cual elemento, como la superposición de los órdenes, las pilastras, los grutescos, la plena cimbra de los arcos, etc., empleándolos en promiscua y no desagradable combinación con los recuerdos góticos, arábigos y mauritanos, tan arraigados en todas nuestras provincias, y proscribiendo con singular cautela todo accidente demasiado profano. Mas cuando, después de muerto aquel prelado que servía de dique al torrente innovador, se desbordó éste y vino á España con la corte de Carlos V el gusto extranjero, hizo irrupción de repente en nuestra sobria arquitectura la caprichosa y fantástica falange de las sirenas, genios, atletas, esfinges, hipogrifos, bichas y demás seres vueltos á la vida al volver á la luz las soterradas creaciones de la Roma de Augusto, y cada fábrica del nuevo género llamado plateresco^ vino á ser en su frontispicio como una selva encantada de las que describió el Ariosto, poblada toda de seductoras y peligrosas quimeras. Las encantadoras y fantásticas invenciones de Alonso Berruguete, en nada cedían á las maravillas realizadas por los cinceles italianos y franceses en Pavía y Fontainebleau.

No pudo permanecer extraña la rica y dilatada Andalucía á

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las turbulencias y excisiones con que se consumaba en todo el reino, y en toda Europa, el cambio radical de ideas, usos y costumbres, de que hemos hecho mérito ; pero tampoco fué esta privilegiada tierra la que menos felizmente escapó de tales convulsiones. Como últimas llamaradas de un vasto incendio que se apaga, surgieron de vez en cuando rebeliones de localidad, con que la moribunda hidra de la antigua anarquía feudal contrastaba aún la grande obra de centralización sólida y pacientemente conducida por los reyes católicos y sus sabios consejeros. Pero es muy de notar que las turbulencias en que figuraron á principios del siglo XVI las prepotentes casas de Medina-Sidonia, de los duques de Arcos, de los Girones y otras, en que parecía reproducirse la semilla de los antiguos bandos de Guzmanes y Ponces de León, fueron mas bien luchas intestinas, favorables á la naciente centralización, que actos de rebeldía contra el poder real. Desde que en el año 1506 se juntaron el duque de MedinaSidonia, el conde de Ureña, el conde de Cabra y el marqués de Priego para hacer frente á las contingencias con que amagaba al reino la inexperiencia de don Felipe el Hermoso, no volvieron los orrandes de Andalucía á tomar actitud hostil contra el trono sino en muy raras ocasiones, como, por ejemplo, cuando el conde de Ureña, don Pedro Girón, arrostró la desgracia del rey católico precipitando el casamiento de su hermana doña María Girón con el duque de Medina-Sidonia, á que el anciano y astuto monarca se oponía porque deseaba casar á este último con su nieta doña Ana de Aragón ; y cuando el mismo rey, opuesto siempre á la unión de las familias poderosas, desbarató el enlace del joven Adelantado de Andalucía, don Fadrique Henríquez de Ribera, con una hermana del duque de Medina-Sidonia, propuesto por el Asistente don íñigo de Velasco, tío de ésta.

La nobleza sevillana, en aquellos tiempos numerosa á punto de que, según dijo don Diego de Mendoza en su libro de la Guerra de los moriscos de Granada, « vivían en Sevilla tantos » señores y caballeros como en otras partes suele haber en un

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»gran reino,» fué por lo general sumisa siempre á sus reyes. Probó principalmente su fidelidad cuando, por no cumplirse lo prometido en las cortes de Burgos en 1 5 1 1 , y de Valladolid en 1 5 18, sobre encabezamientos y favor concedido á los arbitristas y extranjeros, estallaron en Castilla los movimientos llamados de las Comunidades, dirigidos por las ciudades de Toledo y Ávila. Sevilla entonces se mantuvo pacífica, gracias á la lealtad de sus grandes, y sobre todo á la prudencia y ánimo conciliador de sus dos verdaderos tutores y consejeros, el arzobispo Deza y el Adelantado don Fadrique Henríquez de Ribera, primer marqués de Tarifa, los cuales, caminando siempre acordes, eran para la ciudad envidiable garantía de público reposo. Solo en el año 1520, con motivo de haber escrito la ciudad de Toledo, cabeza de las Comunidades, á todas las otras ciudades del reino la conocida y famosa carta dirigida á impedir la salida del rey para Alemania y la extracción del dinero, y á exigir que se revisasen los empleos dados á extranjeros, carta que Sevilla devolvió sin leerla, lo mismo que otra que recibió de la ciudad de Ávila; aprovechando la ausencia del Asistente (que lo era á la sazón don Sancho Martínez de Leiva), se levantó un hermano del duque de Arcos, llamado don Juan de Figueroa, tomando la voz de la Comunidad, apoderóse del Alcázar prendiendo á su alcaide don Jorge de Portugal, y puso á la ciudad en consternación. Pero este mismo tumulto dio nueva ocasión á que brillase la cordura de los magnates sevillanos, porque la casa de Medina-Sidonia, siempre rival de la de Arcos, intervino con fuerza armada para reprimirlo, y prendido el sedicioso por Valencia de Benavides, criado de la duquesa viuda doña Leonor de Guzmán, solo salvó la vida por la generosa mediación del arzobispo Deza. — La rivalidad entre las casas de Arcos y Medina-Sidonia, nacida del supuesto derecho de la primera á los estados de la segunda, estalló con ímpetu terrible el año 1521, á punto de amagar al pacífico vecindario de las parroquias en que dominaban ambas, con escenas de sangre y desolación. Pudieron estor-

lEREZ DE LA FRONTERA. — Patio de una casa particular

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bario los dos ya mencionados y dignísimos patricios, ó más bien padres de Sevilla, el arzobispo y Henríquez de Ribera, logrando que las puertas, torres é iglesias se desembarazasen y entregasen al Asistente y á caballeros libres de sospecha, y que los contendedores se retirasen á sus estados respectivos, como desterrados por el voto unánime de la ciudad, la cual quedó llena de alegría viendo desarmadas las dos prepotentes casas.

Aquel mismo año se celebró la memorable junta de la Rambla, y en la plaza de San Francisco de Sevilla se leyó con toda solemnidad la escritura de la liga ó confederación de las ciudades en servicio del Emperador. El día 1 3 de Abril fueron vencidos en Villalar los Comuneros de Castilla : el cardenal Adriano y el Condestable dieron aviso á Sevilla, y ésta solemnizó la victoria con procesión de acción de gracias. — La espada de la nobleza sevillana puso término al mes siguiente al motín de la plebe hambrienta del barrio de la Feria, conocido por la voz que tomaron de Feria y pendlin verde.

La obra de la centralización se iba, pues, consolidando, y el arte coadyuvaba con la política al logro de aquella vital empresa. La ley mandaba demoler los castillos, refugio de la altanería de los magnates : el arte lisonjeaba el naciente gusto de la aristocracia convirtiendo en risueños y magníficos palacios, abiertos y sin defensa, con espaciosas galerías y perfumados jardines, las vetustas y sombrías fortalezas de sus mayores.

En semejante situación de ideas aún no bien seguras, de deseos vagos y de instintos no muy definidos, las principales ciudades de Andalucía, y especialmente Sevilla, que fué durante el decimosexto siglo la población más opulenta de cuantas comprendía en sus vastos dominios la corona de Castilla, vieron erigir soberbias construcciones públicas y particulares, ya religiosas, ya civiles ó ya militares, en que abandonando casi del todo el estilo ojival, nunca exclusivo en el mediodía de España ni aun para las mismas fundaciones sagradas, se ponían como en parangón, ó se amalgamaban originalmente, el caprichoso gusto

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de los alarifes mudejares y el bello estilo del renacimiento, ora plateresco, ora puramente greco-romano. Así en este siglo xvi la moderna reina del Guadalquivir, cuya feliz estrella no habían aún eclipsado los descalabros sufridos por la casa de Austria, soberana casi absoluta en los mares de occidente, siempre surcados por bajeles que traían á su retorno las abundantes producciones y ricos metales del mundo de Colón al pié de la Torre del Oro, se halló dotada y embellecida con edificios como los que ahora vamos ligeramente á describir.— Fué realmente Sevilla el emporio de las artes: famosos profesores, no solo españoles, sino franceses, italianos y flamencos, se avecindaron en ella como bajo la protección de los acaudalados negociantes, naturales y extranjeros ; de los magnates familiarizados en sus continuos viajes á Italia, Francia y Países-Bajos, con las bellezas de aquellos palacios; y del clero, siempre celoso conservador del numen cristiano y favorecedor discreto de los nobles ingenios cultivadores del arte y de la poesía; — y así como en pintura y escultura vino á crearse en Andalucía una escuela original, del mismo modo en la arquitectura civil se formó entonces un estilo, que pudiéramos en rigor denominar sevillano, por ser los edificios que él produjo en Sevilla como la pauta y norma de todos los que después se han ido allí erigiendo hasta nuestros días.

Al propio tiempo que el viejo castillo repudiaba su hondo foso y torreada cerca, y ensanchaba sus luces, y convertía sus angostas ventanas en espaciosas y accesibles galerías, y sus puentes levadizos en marmóreas y cómodas escalinatas; la casa del magnate sevillano, que, construida al uso oriental por alarifes sarracenos, se había recatado al exterior con adustos y macizos muros, se abría ahora generosa descubriendo al viandante la amena riqueza de sus galerías, patios y jardines, y se decoraba con elegante frontispicio y floreada cancela. Las arquerías moriscas se regularizaban contornando los frescos y embalsamados patios, adornados de pinturas, estatuas y bajo-relieves, fuentes y columnas de variados mármoles ; ensanchábanse las antes

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angostas puertas, ventanas y escaleras, poníanse en las fachadas cómodos y elegantes balcones y miradores, y muy á menudo se levantaba sobre la espaciosa meseta de la que había sido angosta y pendiente escalera moruna, una majestuosa medianaranja rica de talla y toda esmaltada de cinabrio, ultramar y oro. ¡Quién hubiera conocido la Sevilla de aquel tiempo, opulenta y hermosa, activa en su comercio como la ducal Venecia y más que ella alegre y dichosa; con su caudaloso río henchido por la riqueza de sus flotas, su industria sostenida en el solo ramo de la sedería por diez y seis mil telares (i), su tráfico interior ejercido por barrios enteros, su nobleza más numerosa que en otra ciudad alguna, sus hermosas viviendas en las cuales había repartidas más de treinta mil columnas (2), sus artistas y hombres de letras honrados por los nobles, protegidos por los grandes y por el clero, sus negociantes reunidos para sus transacciones en la soberbia Lonja, y sus poetas, pintores y estatuarios, aunados en sabrosas pláticas sobre la belleza y el estudio del antiguo, ya en la modesta morada de Francisco Pacheco, ya en los regios salones y jardines del Médicis de Sevilla, el famoso don Fernando de Ribera, duque de Alcalá! Entre las construcciones que en esta feliz época debieron el ser al fervor artístico, al celo religioso y á la magnificencia sevillana, debemos citar con preferencia el palacio de los Riberas, llamado la casa de Püatos; las casas Consistoriales, la Lonja ó casa de la Contratación, el Hospital de la Sangre, el de la Caridad, la Casa-Colegio de los Jesuítas, hoy Universidad, y algunas otras de que pasamos á dar cuenta en este capítulo y en el siguiente.

Casa de Pilatos. — De cuantos palacios vio erigir en el siglo XVI la opulenta Sevilla, el que lleva este nombre por la supuesta semejanza que tenía con la casa del tristemente célebre

(i) Así lo representó la ciudad á Felipe \' reproduciendo la afirmación de sus gremios, y así lo consignó don Jerónimo Ustariz en su Teórica v práctica de Comercio, cap 7. citado por don Antonio Ponz.

(2) \'. al citado Ponz. Viaje de España, t. g. carta 8.»

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pretor romano, es el único que conserva su antigua gala y belleza, recomendando al agradecimiento de los amantes de las artes la noble solicitud de sus ilustres señores. Comenzaron su edificación el adelantado Per Enríquez y su esposa doña Catalina de Ribera, que tenían su casa primitiva en la parroquia de Santa Marina, donde luego estuvo el Noviciado de los PP. Jesuítas; prosiguióla don Fadrique Enríquez de Ribera, primer marqués de Tarifa, al regresar de una peregrinación que por espacio de dos largos años hizo en Tierra Santa; y la terminó el primer duque de Alcalá don Per Afán de Ribera, colocando en ella, como en un naciente museo que diese testimonio de su amor á la clásica antigüedad, las preciosas reliquias de la escultura de los buenos tiempos que, siendo virrey de Ñapóles, le regaló el papa Pío V. El tercer duque de Alcalá don Fernando Enríquez de Ribera, embelleció sus salones con obras de artistas de su tiempo, y para él ejecutó al temple el insigne Pacheco la fábula de Dédalo é Icaro que decoraba el techo de su camarín, hoy contaduría. Por efecto de esta reunión de gustos y aficiones diferentes, resultó en el palacio de los Afanes el extraño y pintoresco consorcio de estilos que le caracteriza: su planta, del todo acomodada á los usos y costumbres semi-orientales de nuestro siglo xv, en que la parte principal se reduce á un gran patio con dos órdenes de galerías, salones en sus cuatro bandas, y jardín interior rodeado de construcciones subalternas; decoración y ornato morisco, en que aparece visible el deseo de imitar las bellezas y primores del Alcázar de don Pedro, con accidentes y perfiles del estilo plateresco y aun del ojival terciario; estatuas, bustos, columnas y fragmentos del arte antiguo, dispuestos de una manera caprichosa á la sombra de las arcadas africanas y de los ingeniosos alfarges pintados, presentando una combinación del arte clásico con el romántico que se buscaría en vano en ningún otro palacio del Renacimiento. — La casa de Pilatos es una augusta personificación arquitectónica del genio

español del siglo xvi, clásico pero casto, novelesco pero púdico,

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en tales términos, que no se concibe fondo más adecuado que sus originales líneas para un cuadro en que se tratara de representar aquellas memorables reuniones que en ella sin duda celebraron, alternando con la incipiente Academia de la morada del sabio Pacheco, Céspedes, los Herreras, Góngora, Jáuregui, Baltasar de Alcázar, Rioja, Juan de Arguijo, Cervantes mismo, y los demás ingenios que ilustraban bajo los Felipes segundo y tercero la ciudad denominada por alguno con justicia la moderna Délos (i). Allí encontraban el pintor y el escultor grandiosos modelos de Grecia y Roma, tablas florentinas, cincelados de Cellini, mayólicas de Faenza y Urbino; el arquitecto dibujos, plantas y descripciones de los edificios más notables de Italia y Francia; el anticuario escogida biblioteca, colecciones de numismática, cerámica y fragmentos traídos de Sicilia y del Oriente; el poeta los clásicos desde Homero hasta Horacio y Virgilio, y desde Ovidio y Marcial hasta Dante, Bocaccio, Petrarca, el Tasso y el Ariosto. La feliz mansión de los duques de Alcalá era en suma la casa de Mecenas, y rivalizaba, si no las superaba, con la de los Mendozas en Guadalajara, con la de los duques de Alba en Alba de Tormes y en la Abadía, con la de los Bazanes en el Viso, con la de Antonio Pérez en Madrid, con la de los duques de Villahermosa en Zaragoza, con la del comendador don Luís de Ávila en Plasencia, con la de los Silvas en Buitrago, y con las de los Sandovales en Denia, de los Beltrán de la Cueva en Cuellar, de los Pimenteles en Benavente, y de los Velas-

(i) El justamente célebre Francisco Pacheco, pintor erudito y sabio literato, dejó escritas las vidas de todos aquellos famosos ingenios acompañadas de retratos dibujados de su propia mano. Poseíalo un cura del lugar de Fuente, que hizo sacar de él una copia para satisfacer la justa curiosidad de los muchos aficionados que de continuo acudían á hojear tan útil documento, y escondió el original, que hasta hace poco tiempo anduvo perdido. Vimos la copia en poder de nuestro amigo el distinguido literato y jurisconsulto don José María Bueno (ya diíunto), quien permitió sacar de ella otra para el Sr. don Antonio Latour, el cual la aprovechó en su excelente libro titulado Sóville el l'Andalousie. Encontrado el original, acaba recientemente de publicarlo, con fidelísimas reproducciones de sus dibujos, el señor don José M.'" Asensio, laborioso escritor sevillano, autor de algunas obras justamente celebradas.

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eos en Burgos: pues estas, y escasamente algunas más, eran las solas familias que emulaban en la España del siglo xvi el artístico boato y fecundo esplendor de los Médicis, Orsinis y Colonnas.

Cuéntase que el egregio duque don Per Afán había hecho venir de Italia entre sus estatuas, bajo-relieves y demás reliquias de la Roma de los Césares, una urna con las cenizas de uno de sus más grandes emperadores, del español Trajano, que la Providencia por sus inescrutables caminos traía convertido en breve polvo á reposar al suelo mismo que le había producido para regir y civilizar el mundo; y que uno de sus criados volcó inadvertidamente aquel precioso despojo en el jardín, donde vino á perderse y quedar olvidado lo que el duque de Alcalá destinaba sin duda á una brillante apoteosis. Así una aparente casualidad, y en rigor una saludable lección del Omnipotente, evitaba que aquellos entusiastas admiradores de la cultura antigua degenerasen, como los ingenios y príncipes de Italia, en fanáticos neo-paganos tributando un culto sacrilego al héroe que había visto nacer el Betis y que adoraron como Dios los sojuzgados habitadores del Eufrates.

No te entretendré, lector amigo, con vulgares aunque piadosas tradiciones relativas á este suntuoso edificio: podemos pasar por alto la reproducción ó imitación (en que se explayan gustosos los cicerones de la ciudad) del pretorio de Pilatos, de la columna en que fué azotado el Salvador, del balcón en que fué presentado al pueblo, y del poyo donde estaba sentado san Pedro cuando negó á su divino Maestro: perderíamos el tiempo que necesitamos para hacerte notar bellezas de que tu cicerone no se cura. Observa la hermosa alfagía ó patio principal rodeado de arcadas y galerías (i): cuenta los arcos auna y otra banda, mide los vuelos de las cimbras y repara la forma de los capiteles; no hay en estas arcaturas la servil simetría que te imaginas:

(1) V. la lámina Paiio de la, cclso, de Pílalos.

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hay, sí, una grande armonía, resultado de la misma variedad que usa la naturaleza, la cual no consiente florestas uniformes, ni alamedas en que estén dispuestos con geométrica regularidad los troncos y ramaje de los árboles que las forman. El patio en que nos hallamos, á semejanza de los construidos por los arquitectos árabes, berberiscos, cordobeses y granadinos, ofrece la magia, que no tienen los de los vignolistas , de presentar un aliciente nuevo cada vez que se los mira.

Las acitaras laboreadas y cubiertas de ajaraca que esas columnas sostienen, son menos delicadas que las del Alcázar: por lo visto no había ya sobresalientes artífices mudejares en Sevilla; pero el efecto general que producen no es menos bello que en aquel otro monumento (i). Sobre estas aloharias cuajadas de almocárabe, corre una faja caprichosa, entre cuyas labores se advierten leyendas, restauradas la mayor parte sin conocimiento de la epigrafía arábiga. — En el centro del patio hay una fuente cuyo tazón de mármol sostienen cuatro delfines, y en los cuatro ángulos del mismo otras tantas estatuas de tamaño semi-colosal y de la buena época del arte romano, que representan una Minerva guerrera, otra pacífera, una Ceres y una Musa. Esta última se halla sustentada por un pedestal que debió en lo antiguo pertenecer á otra estatua y que lleva esta dedicación :

(i) Debemos consignar aquí, en justo elogio de los amantes celosos del arte, que el excelente estado en que este patio y todo el palacio se encuentra, es debido no solo al esmero con que sus dueños los Excmos. Sres. Duques de Medinaccli atienden á su conservación, sino también al celo é inteligencia con que dirigieron hace treinta años sus obras de reparación y restauración los administradores de la casa en Sevilla, Sres. Barreras (don Ángel y don Manuel). Supieron éstos, sin estrépito ni grandes dispendios, llevar á cabo una renovación muy satisfactoria de todo un lienzo del patio, que ya no conservaba ni el menor resto de sus antiguos arabescos: consiguieron ir reponiendo por un precio muy módico todas las tablas de estuco cuya falta se advertía con pena en las desnudas acitaras; dibujaron é hicieron esculpir muy lindos capiteles, y por último restituyeron á su prístino esplendor la bellísima escalera del palacio, aprovechando los antiguos azulejos que yacían olvidados en sus depósitos, y supliendo con pintura en muchos huecos la falta de estos ladrillos esmaltados á imitación de los alicatados árabes, pero con tanta perfección, que no es posible echar de ver estas ingeniosas restauraciones. El ilustrado celo de los Sres. Barreras fué un precioso auxiliar para los duques de Medinaceli.

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Caupce Sj'risca. No creemos, como Ponz y el Sr. Ríos, que las Minervas de la casa de Pilatos sean producciones de cincel griego: el mármol en que están ejecutadas parece desmentirlo, y más aún su gran semejanza con otros simulacros de la misma diosa que conservan los museos de Roma, Florencia, Ñapóles y París. — La galería que circuye esta preciosa alfagía presenta un ancho alizar de azulejos de Triana, en cuyos recuadros alternan las armas de las dos casas enlazadas de los duques de Medinaceli y Alcalá, y ábrense encima veinticuatro hornacinas circulares ocupadas con bustos de Emperadores y personajes ilustres: galería en que parecen interpolados el genio antiguo y el de los alumnos de Cellini , Miguel Ángel y Leone Leoni, advirtiéndose que no sienta mal en aquel grave y mudo concilio de Césares el busto de Carlos V indicando la fecha del edificio. La capilla á que da acceso la galería del norte, y qué es una espaciosa ce//a con su vestíbulo, ofrece en su decoración y ornato una caprichosa mezcla de ojival y morisco: el vestíbulo es una pieza verdaderamente regia (i) por su hermoso alizar de azulejos de dibujo vario, su ancha faja de delicada ajaraca, los afiligranados arrabás de sus antiguos ajimeces, que todavía se marcan aunque convertidos en prosaicas ventanas; su pintada techumbre de estilo plateresco, y el grandioso arco carpanelque sirve al Oratorio de portada, y sobre cuya clave cargan dos cuerpos de arquitectura, uno gótico, y otro arábigo compuesto de once arquitos ornamentales que descansan en veinticuatro columnas de reducido tamaño. Lo más notable en la ce//a de la capilla es la bóveda, que, siendo ojival, está cuajada de arabescos, y tiene los muros revestidos de finísimas tablas de almocárabe sobre un zócalo de menudos alizares, á los cuales debe sin duda su aspecto enteramente oriental.

(i) En este vestíbulo ha descubierto una interesante inscripción el Sr. Ríos ' léese en ella el nombre de don Pedro fínríquez, el adelantado mayor de Andalucía que mandó edificar este palacio. Dice así la parte que se conserva de dicha inscripción : ...Para nuestro Señor y dueño D. Pedro. ¡ Ensalzando sea!

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Un elegante peristilo formado por dos filas de columnas de mármol, conduce desde la entrada del palacio al patio grande que hemos descrito: otro pórtico, sostenido por columnas de igual nobleza, facilita la salida del patio al jardín, donde los naranjos y laureles de verdes y lustrosas hojas, el box y el mirto, traen á la mente, según la feliz expresión de un moderno literato extranjero que casi nos pertenece por su generoso amor á España (i), la eterna juventud de la naturaleza en medio de las ruinas que el tiempo amontona en el teatro de la vida.

Las modernas construcciones que rodean este jardín solo deben visitarse para investigar en ellas algunas muestras notables del genio antiguo que aún permanecen secretas. En un salón que sirve como de depósito de la ya deshecha gliptoteca de los Afanes , dispuesta antiguamente en tres galerías que servían de ornato á los jardines, hay objetos preciosos de los mejores tiempos: un torso de hombre de ejecución admirable, y dos estatuas mutiladas, al parecer de diosas, de exquisita belleza; y en las galerías mencionadas merecen señalarse un soberbio busto de Alejandro y una cabeza de Cleopatra (2).

Del piso bajo se llega al superior del palacio por una ancha escalera de dos tramos, que forma en su meseta una majestuosa tarbea cubierta por un artesonado cupular, recuerdo de la media-naranja del salón de Embajadores del Alcázar. Cubren los muros de arriba abajo esmaltados alizares que fingen lo que jamás se ha visto realizado, á saber, una espaciosa cuadra hecha de menuda taracea de la India; reverbera en la techumbre el oro por entre los pintados y recortados maderos del cóncavo alfarge morisco, y queda el ánimo suspenso considerando cuál sería la riqueza de este palacio en los afortunados tiempos de

(i) .NL Latour; obra citada.

(2) El duque de Medinaceli trasladó parte de su colección de esculturas de Sevilla á su palacio de Madrid, en el cual varias veces hemos observado otras obras de los buenos tiempos de Grecia: entre estas, dos pequeños bajo-relieves, que copió con exactitud suma para el célebre anticuario prusiano Don Emilio Hübner el distinguido profesor Don Leopoldo Sánchez del Vierzo.

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don Fadrique, don Per Afán y don Fernando de Ribera, cuando su simple escalera podría ser hoy salón de baile en la morada de un gran señor.

Nada al exterior revela tan augusta opulencia : en su portada de mármol, sencillo y elegante cuerpo de orden corintio, resalta desde luego la idea cristiana que nunca abandonó al arte renacido en nuestra España: en la clave del arco, dos bustos y dos escudos de armas, y sobre ellos esta leyenda latina: Nisi Dominus cedijicaverit domum , in vanum labor averunt qui cedificant eam: sub timbra alarum tuarum protege nos. La fachada remata con un antepecho calado de estilo gótico, y encima de la inscripción referida hay otra castellana que da razón de los fundadores y del año en que se terminó la portada (i), y, tres veces repetidas, las cinco cruces de Jerusalén que los Riberas añadieron á su blasón, con esta otra leyenda : en ¿f. de Agosto de i^ig e)itró en Hierusalem. — Á la izquierda de la puerta se ve una cruz de jaspe fija en la pared : el cronista Ortiz de Zúñiga nos cuenta su historia. En Octubre de 152 1 volvió de la Tierra Santa el marqués de Tarifa, después de haber gastado casi tres años en su peregrinación. Trajo las medidas de la distancia que anduvo Jesucristo cargado con la cruz, y para conservar la memoria y la imagen viva de tan doloroso y santo camino, fijó esa cruz en la puerta de su casa, contando desde ella las catorce estaciones de que se compone. La última casualmente vino á coincidir en el Humilladero de la Crtiz del Campo, que había erigido junto á los caños de Carmona el Asistente Diego de Merlo, de recomendable memoria, en tiempo de los reyes Católicos (año 1482),

Casa de Abades, llamada también vulgarmente de los Pinelos. — Las glorias de las casas de los Riberas, tan difundidas en

(i) Dice así: Esta ca,sci mandaron hacer los ilustres señores Don Pedro Enriquez, Adelantado mayor de Andalucía, y Doña Catalina Ribera., su mujer; y esta Portada mandó hacer su hijo Don Fadrique Enrtquez de Ribera, primer marqués de Tarija, asimismo Adelantado. Asentóse ario de 1$]].

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toda Sevilla desde los tiempos de su adelantado don Per Afán hasta los del tercer duque de Alcalá don Fernando Henríquez, han dejado huellas en tantos edificios públicos y privados, civiles y religiosos, que apenas es posible dar un paso por la gran ciudad andaluza del siglo xvi sin tropezar con algún monumento que las recuerde. La casa que al presente nos ocupa no fué en verdad fundada por los de este ilustrísimo linaje, pero sí fueron ellos los que le dieron el carácter artístico que presenta. Existía ya á principios del siglo xv, supuesto que en 1407 fué á posar á ella el Infante don Fernando, tío de don Juan II, al retornar á Sevilla al frente de la ardorosa juventud que le había asistido en la expugnación de Zahara y ciñendo los laureles ganados en aquella difícil empresa. Vivíala entonces la familia genovesa de los Pinelos, cuyo blasón se conserva todavía en algunas habitaciones y galerías bajas, religiosamente respetado en las restauraciones posteriores; pues aunque dice la crónica que el Infante fué á parar á las casas que fueron de Fernán González, abad mayor de Sevilla, es de suponer que ya tenían por dueño á aquella opulenta familia extranjera (i). La casa sin embargo se llamó por mucho tiempo de Abades por haberla habitado los del Ilustrísimo Cabildo, no sabemos si antes ó después de adquirirla los Pinelos, y ellos dieron el nombre á la calle en que está situada.

En el primer tercio del siglo xvi, época que nos hace al caso consignar, moraban en ella el segundo marqués de Tarifa y duque de Alcalá, don Pedro Henríquez de Ribera, y su esposa doña Teresa de Pinelo, y allí vio la luz en 1533 el beato Juan de Ribera, después arzobispo de Valencia, tan ilustre por su santidad como sus preclaros progenitores por su valor, pru-

(i) De esta noble sangre fué el genovcs Don Francisco Pinelo, jurado y fiel ejecutor de esta ciudad y primer factor de la casa de la Contratación de Indias, que falleció en 2 i de Mayo de 1 509, dotando en esta fecha la capilla de la Virgen del Pilar y de la Alcubilla en la Santa Iglesia Metropolitana, donde está sepultado con su mujer doña María de la Torre.

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dencia y elevadas ideas. Hacia esta época debieron hacerse en la antigua casa de los Abades, ya palacio de los Pinelos, las obras de restauración que la convirtieron en suntuosa fábrica: fábrica de ese renacimiento sevillano^ fantástico, pintoresco, original, caprichoso y antojadizo, que con gracioso desenfado prescindió de la razón lógica de todos los anteriores estilos, é introdujo, como simbolizando el veleidoso carácter andaluz prendado de todos los tipos de la belleza sin apasionarse formalmente de ninguno, un estilo mixto de árabe, gótico é italiano moderno, que nunca conocieron los grandes arquitectos italianos ni franceses (i).

Seríanos imposible dar razón detallada de su planta y distribución en aquellos tiempos. Las adaptaciones que en los siglos posteriores se han hecho á los modernos usos, la han desfigurado completamente. Hoy conserva original, aunque lastimosamente encalado, su hermoso patio: mantiene, pues, lo más característico de la antigua casa andaluza. Presenta este patio en el macizo de sus arcos, sendos medallones con bustos de alto relieve, de tamaño natural; sus acitaras ó tabiques están ricamente ornamentados, formando bellísimo consorcio los tres mencionados estilos. En casi todas las habitaciones adyacentes se conservan hermosos zócalos ó alizares de azulejos, y algunos techos en que se advierte el tránsito de los alfarges moriscos á los lacunares de gusto plateresco. Las ventanas de las salas que dan al patio son por demás graciosas y ligeras, altas y angostas, reteniendo del ajimez oriental el esbelto parteluz, pero en forma de columnilla istriada de sabor gótico terciario, con capitel plateresco, y haciendo resaltar con graciosa viveza su labo-

(i) El viajero Ford califica gratuitamente el estilo mixto de este edificio de ■plateresco aragonés. El plateresco de los edificios erigidos en Zaragoza y en las demás grandes poblaciones de Aragón en el siglo xvi, tiene un carácter muy marcado y nos parece incomparablemente más italiano que el de Sevilla. También añade que la casa de Abades fué construida en i 5 26 por un canónigo llamado Pinero (debe leerse Pinelo). Puede esta noticia ser exacta, mas no nos dice dónde la adquirió.

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reado dintel. Uno de sus salones da paso á un alegre jardín, donde descubrió el investigador Standish un precioso sarcófago antiguo en cuyos frentes estaban esculpidos de relieve los trabajos de Hércules (i).

Palacio de los duques de Alba, llamado antiguamente de los Pinedas^ y también de las Dueñas. — Ofrece esta vasta construcción, espléndida sobre toda ponderación en otros tiempos, el mismo carácter mixto que la casa de Pilatos y la de los Abades, y vuelve á traernos á la memoria el preclaro nombre de Ribera, que ilustra como vemos los más notables barrios de la ciudad al levante, desde el extremo en que descuellan el Alcázar, la Catedral y el palacio arzobispal , hasta las históricas calles de Bustos Tavera y de la Inquisición vieja (2). Erigiéronla los Pinedas, señores de Casa Bermeja, y era la antigua y primitiva casa de su linaje ; pero se vieron precisados á venderla para rescatar al cautivo Juan de Pineda, á quien llama Z\xmg3. caballero en todo grande ; com^rósúdi doña Catalina de

(i) Este precioso monumento del arte clásico, ya no existe.

(2) Esta parte de Sevilla está llena de románticos recuerdos. La calle de los Abades y de Bustos Tavera vienen á estar en una misma línea con las del Corral del Rey, la Cabeza del rey don Pedro., la Alhóndiga, la calle de San Luis y la Puerta Macarena., de modo que siendo todas continuación una de otra, forman una de las principales arterias por donde circula el vecindario de la ciudad en dirección de norte á mediodía. De todos estos recuerdos es el más popular el que se perpetúa en la calle de la cabeza del rey don Pedro, antes del Candilejo. «Salía »solo el rey de noche (cuenta Zúñiga), y en una, ó por vicio de su rigor, ó por ac- »cidente de qüestión, dio muerte violenta á un hombre, tan sin testigos, que tuvo ))por imposible ser conocido por agresor. Hallóse el cadáver, y acudiendo las Juswticias á la averiguación, examinando, como se suele, á los vecinos, una anciana "que vivía cerca, y que se asomó al ruido de las espadas con un candil en la ma- »no, dijo: que sin duda había hecho aquella muerte el rey, porque aunque disfra- »zado, lo conoció en el natural ruido que al andar hacían las canillas de sus pier- ))nas, cuya deposición vista por el rey, mandó hacer merced á la mujer, y que «como se suelen poner las cabezas de los delinqüentes donde cometieron los «crímenes, se pusiese en aquel la suya copiada en piedra. Así se ejecutó, y permawneció hasta cerca de nuestros tiempos, que la ciudad la mandó quitar, y poner en »su lugar en un nicho decente un bulto, representación del mismo rey, como se »ve, quedando á aquella calle los nombres del Candilejo y la Cabeza del rey don nPedro.o Anal., año i 3 54. — Este suceso, que el analista sevillano da por verdadero, ha ejercitado la vena de algunos de nuestros mejores poetas, y el Excmo. Sr. Duque de Rivas, padre del moderno romance español, le consagró una de sus más pintorescas leyendas.

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Ribera, la viuda del Adelantado Pedro Henríquez progenitor de los duques de Alcalá, y pasó á la familia de los duques de Alba por la unión del marquesado de Villanueva del Río, que comenzó en don Fadrique Henríquez de Ribera. Esta espaciosa y suntuosa fábrica contuvo en los días de su esplendor once patios, muchos de ellos de elegante carácter morisco, con nueve fuentes y más de cien columnas de mármol. Hoy ya no ofrece mas que tétrica soledad y temerosas ruinas. El patio principal opone la sólida trabazón de sus elegantes arquerías al encono del tiempo y al triste abandono de sus señores: su regia escalinata, que alcanzamos á ver cubierta con una soberbia cúpula morisca medio desvencijada, infundía pavor al curioso viajero que se atrevía á subirla exponiéndose á conmover con sus pisadas la insegura mole. Aquí estuvo hospedado, á principios de nuestro siglo, el célebre Lord Holland, tan amante de la antigua literatura española, á la cual tributaba su homenaje en 1805 con sus eruditas Memorias sobre Lope de Vega y Guillé7i de Castro. Sus meditaciones acerca del Fénix de los ingenios parecen conservar el olor de los mirtos y limoneros de aquellos hoy desiertos y melancólicos jardines. — Hay en este arruinado palacio, en la parte baja, una preciosa capilla de crucería del xv, que solo por los ángeles de las ménsulas de que arrancan sus nervios debería ser visitada; y en lo alto, una pieza cubierta con una techumbre octógona de alfarge morisco, verdadero primor de la carpinteria de lo blanco. — De los bellísimos alizares que revestían las paredes en las galerías de los patios y de la almorrefa de muchos pisos, quedan apenas vestigios.

Casa de Bustos Tavera. — Pertenece hoy esta finca al marqués de Moscoso, descendiente por línea femenina de la ilustre sangre de los Taveras. Conocida es de todos la leyenda que sugirió al fecundo Lope de Vega el precioso drama de la Estrella de Sevilla, refundido por Trigueros con el título de Sancho Ortiz de las Roelas. — El rey don Sancho el Bravo, prendado de la extremada belleza de doña Estrella de Tavera, hermana

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de don Bustos, regidor de Sevilla, y prometida á otro regidor llamado don Sancho Ortiz de las Roelas, á quien sus señaladas proezas habían valido el sobrenombre autonomástico de Cid andahíz, logró sobornar á una esclava mora que tenía la llave de la puerta falsa de la casa, y por este medio penetró en ella una noche, cuando ya don Bustos, celoso vigilante de la honra de los Taveras, había acudido con espada en mano al ruido que hizo el rey. Vese éste precisado á huir, sin que don Bustos le reconozca; pero ciego de cólera y ansioso de venganza, para que esta permanezca secreta, echa mano del leal Sancho Ortiz, quien le ofrece generosamente su espada, haciendo suya la causa del monarca antes que éste le descubra cuál es el hombre á quien ha de matar, Pero ha jurado vengar al rey y guardar el secreto, y lo cumple, matando de un solo golpe al que ya amaba como hermano, y su propia dicha. Préndenle como asesino, condénanle á muerte, y su heroico pecho devora en silencio la afrenta del delito á que le ha arrastrado su incomparable fidelidad. — Este prototipo de la acendrada religión del honor castellano antiguo, tiene, pues, parte de su genuino teatro en la casa que nos ocupa: allí debería hallarse poco menos que intacta la puerta secreta por donde entró el rey don Sancho; el aposento, ó patio, ó jardín, ó lo que fuese, donde le sorprendió Bustos Tavera; la habitación que ocupaba la hermosa doña Estrella; el zaguán por donde entrarían el ensangrentado cadáver de su hermano... Pero dejemos describir la casa actual de don Bustos á un elegante escritor, don Antonio Latour, no menos ansioso que nosotros de investigar los recuerdos tangibles de tan terrible drama: «La casa de Bustos Tavera, dice, presen- »ta la misma fisonomía risueña que todas las casas principales »de Sevilla. Tiene su columnata de mármol por entre la cual > circula el mismo fresco y perfumado ambiente; cae allí el agua »en pilas de mármol produciendo el mismo murmullo, y á no >ser porque en la cancela de su entrada se lee en letras de hie- >rro el nombre de sus antiguos señores, nadie la distinguiría de

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2>las Otras casas en que solo han habitado personajes vulga- »res...» «Me hallé primero en un espacioso vestíbulo que consduce á un patio marmóreo rodeado de columnas que sostienen »una galería cerrada con cristales, la cual, herida por los rayos »del sol, refleja en el patio una luz brillante. Á la izquierda del 2> vestíbulo, una ancha escalera, también de mármol, guía á los » aposentos principales. Busqué en aquella escalera las manchas »de la sangre de don Bustos: pero hace siglos que sus bóvedas » repercutieron los gemidos de dolor de doña Estrella, y no > queda ni el más débil eco en aquel recinto. Pasado el patio, y »casi enfrente.de la puerta de entrada, hay otra verja que da spaso á un jardín: el mismo sin duda que Estrella y Sancho » Ortiz frecuentaban por las noches en la época tranquila y feliz 2 de sus amores. En un ángulo, hacia la izquierda, hay un pati- »nillo cuya puerta baja y angosta sale á una plazuela extraviaida y desierta. Por ella entró el infortunio en la casa de los íTaveras, pues cuentan que fué la que abrió al rey don Sancho >la esclava mora.; — Nosotros solo añadiremos á esta pintoresca descripción, que la casa presenta una fisonomía demasiado moderna para que pueda conservar huella alguna de aquel interesante drama, y que la única parte donde creímos verdaderamente respirar la atmósfera del siglo xiii fué el patinillo arriba mencionado, en el cual dilata su lustroso y rígido follaje un nudoso mirto. Mientras contemplábamos el sombrío arbusto, referíanos el reflexivo y simpático artista que nos acompañaba (i), que la tradición suponía ser este mirto el mismo en que se había ocultado don Bustos Tavera para sorprender al rey; y por si la voz popular no andaba en esta ocasión descaminada, desgajamos un pequeño ramo, que después de treinta y un años aún dura en una de nuestras carteras , coipo recuerdo del mudo testigo que vio cruzarse entre las sombras las dos iracundas espadas.

(i) Nuestro querido amigo el Sr. D. Joaquín D. Becquer, ya difunto.

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Deberíamos quizá ahora hacer mención de la Casa del duque de Osuna en la plaza de Rodrigo Ponce de León; de la del Conde de Pcñajior en la plaza de Villasis; de la que ocupan hoy las Academias de Medicina y Sevillana de Bueñas-letras^ en la calle de las Armas ; en todas las cuales se conservan restos de la antigua gala arquitectónica con que fueron construidas — aquí un arrogante arco ajaracado, con lindos ajimecillos encima, allá un elegante arrabá con inscripciones, acullá un primoroso albohaire de menudos azulejos, ora una ventana contornada de delicada yesería, ora un alfarge toledano de ingeniosos lazos y nudos — porque restos de casas suntuosas de sus antiguos linajes conserva Sevilla en todas las calles, si bien principalmente en las dos zonas que tendidas de levante á poniente dividen la ciudad, ocupando la primera desde la que fué puerta de Jerez hasta una línea imaginaria tirada de la parroquia de la Magdalena á la de San Ildefonso, y abrazando la segunda el espacio comprendido entre esta línea y otra dirigida de la parroquia de San Vicente á la calle del Conde. Casi todos los solares de la antigua aristocracia sevillana estaban en estas dos zonas, y más aún en la segunda, donde todavía las situaba en la época deplorable de nuestra decadencia, á fines del siglo xvii, el conocido refrán popular

Desde la Catedral á la Magdalena

se almuerza, se come y se cena;

desde la Magdalena á San Vicente

se come solamente;

desde San Vicente á la Macarena

ni se almuerza, ni se come, ni se cena.

Eran aquellos los tiempos en que el clero poderoso vivía agrupado en torno jle la espléndida Catedral, alma geniírix^ como una niñada de pelícanos, y en que la ya arruinada nobleza, según la pintoresca y un tanto exagerada expresión de Ford, daba tormento al estómago para engalanarse la figura. Hoy todo está cambiado: asoman de vez en cuando entre las nuevas

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construcciones, despojadas de toda forma artística, ya una noble portada, ya una alta galería, ó bien una ennegrecida torre, ó un morisco ajimez acompañado de un elegante frontón plateresco; *pero las soberbias moradas de los Guzmanes, Ponces de León, condes del Puerto, marqueses de Alcalá de la Alameda, duques de Alburquerque, condes de Gelves , marqueses de Valcarrota, condes de Castellar, condes de Arenales, marqueses de Peñaflor, y las de los Villacices, Araoces, Ortices de Zúñiga, Vicentelos de Leca (i) y tantos otros que difundían en la ciudad con

(i) Es hoy punto menos que imposible dar razón cabal de las casas ó palacios que ocuparon estas nobles familias: algunas duran todavía y son muy conocidas, pero la mayor parte han cambiado de destino, ó han sido vendidas y derribadas para levantar en su lugar casas de mero producto. Debemos contentarnos con trasladar aquí las noticias que de su situación nos dejó Zúñiga á fines del siglo XVII.

Muchos eran entonces los grandes y titulados de la ilustre sangre de Guzmdn avecindados en Sevilla : — los duques de Medina-Sidonia tenían su casa, ó más bien palacio, en la plaza llamada todavía del Duque. Dominaba en ella de tal manera por la magnificencia de su exterior, que el rey Felipe 11, al visitar á Sevilla, dijo con tono de celoso despique simulando lisonja, que parecía la casa del Señor del lugar; — los marqueses de Ayamonte, en la parroquia de San Pedro, junto al convento de Regina Angelorum, con tribuna á su Iglesia; — los marqueses de Vi-- llamanrique, en la casa que fué del justicia mayor de Castilla, Diego López de Zúñiga, en la parroquia de Santa María la Blanca, con tribuna á su templo ; — los marqueses de Fuentes, condes de Talhara, en la parroquia de San Marcos (calle de los condes de Castellar), ocupando la casa del primitivo repartimiento de los Casaus, con quienes se enlazó la lamilla de Fuentes ; — los condes de Teba y marqueses de Hardales y de la Algaba con el alferazgo mayor de Sevilla (casa que dio á la Francia en nuestros días una Emperatriz tan inteligente como hermosa en la hija segunda de los Condes del Montijo), tenían su palacio, de arquitectura entre moruna y plateresca, en la parroquia de Omnium Sanctorum, con tribuna á esta iglesia y, como dice Zúñiga, autorizada superioridad d su plaza. Este palacio fué en lo antiguo casa de los Cervantes, calificado y poderoso linaje de Sevilla. Por solo el Señorío de la Algaba gozaba la casa de Teba dignidad de rica-hombría, y así confirmaba privilegios en tiempo de los reyes católicos don Fernando y doña Isabel.

Las casas más notables de los Ponces de León eran:— la de los duques de Arcos, alcaides mayores de Sevilla, avecindados en la parroquia de Santa Catalina, en edificio suntuoso que, comenzado por el duque de Cádiz, quedó sin concluir; — y los condes de Bailen, que tenían su solar en la parroquia de Santa Marina, donde luego se fundó el hospital de Niños de la Doctrina cristiana.

Los condes del Puerto de Santa María, casa incorporada en la de los duques de Medinaceli, tenían su asiento en lo que fué luego Casa pro/esa de los PP. de la Compañía.

Los marqueses de Alcalá de la Alameda, título también de la gran casa de los duques de Alcalá, alcaldes mayores, estaban establecidos en la parroquia de San

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el gusto de las letras y de las artes los ejemplos de honor y religiosidad de la antigua aristocracia castellana, han quedado eclipsadas por las edificaciones de la clase media industrial y comerciante; y lo que dentro de ellas pueda quizá conservarse* todavía como reliquia de preciosas colecciones de pinturas, esculturas, cincelado y orfebrería, ya desparramadas, ó saqueadas, ó vendidas, no es de la jurisdicción del aficionado advenedizo que tiene que contentarse con lo que buenamente se le brinda.

Pero no brillaba solo por las magníficas viviendas de su aristocracia la Sevilla de Carlos V y de los Felipes : ya hemos dicho que el genio de las letras y de las artes hacía de ella una nueva Délos (i). Mas ¿quién nos descubrirá los estudios y obra-

Andrés, en edificio de gian capacidad y li¿sirosa amplitud, frente al hospital de la .Misericordia.

Los duques de Alburquerque y condes de la Torre de Per Afán, sevillanos por la sangre de Ribera, moraban en casa fronteriza á la parroquia de San Andrés, que fué la antigua vivienda del linaje de Sotomayor.

Los duques de Veragua, sevillanos por el condado de Gelves. tenían casa en la parroquia mayor, no sabemos dónde.

Los duques de Osuna, por el mayorazgo de Cortés, la tenían en ¡a parroquia de San \'icente frente al convento de San Antonio.

Los marqueses de Valcarrota, Señores de iMoguer. tenían el oficio de alcaldes mayores, y su casa muy suntuosa en la parroquia de San Bartolomé.

Los condes de Castellar, Señores del Viso y marqueses de Malagón, en la parroquia de San .Martín, con capilla y tribuna en su templo, y en la parroquia de San .Marcos en la calle que aún conserva su nombre (calle del Conde).

Los condes de Arenales y marqueses de Peñaflor tenían antiquísimo domicilio en Sevilla por el mayorazgo de los Cerones, Señores de la Torre de Guadiamar: su casa en la parroquia de Santa María .Magdalena, con patronato y enterramiento en su capilla mayor.

Los condes de Peñaflor (Villacices), en la plaza á que daban su nombre, en la parroquia de San Andrés, de cuya capilla mayor son patronos.

Los condes de la Ribera (Araoces), con el alguacilazgo mayor de la real audiencia, en la parroquia de San \'icente, no sabemos en qué calle.

Los marqueses de Valencina (Ortices de Zúñiga), tenían su casa más antigua en la parroquia de San Andrcs: fué luego convento de San Pedro Alcántara.

Los condes de Cantillana (\'iccntclos de Leca) familia originaria de Italia, tenían su casa, que aún dura, en la puerta de Jerez. Estuvo aposentado en ella Lord Wellesley: fué luego parador, y después almacén de vinos! El condado de Cantillana lué erigido por Felipe II por enagenación de este y de otros vanos lugares de la mitra de Sevilla, mediante concesión pontificia.

(i) Expresión del juez del certamen poético que en Abril de 1595 abrieron los Dominicos de Zaragoza con motivo de la canonización de San Jacinto. Entró

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dores de los pintores, escultores, arquitectos, poetas, anticuarios y demás hombres doctos que allí residían? De algunos solamente se sabe dónde moraron, ó dónde lucieron, ya la gala de sus talentos, ya su levantado ánimo en las adversidades : así, por ejemplo, es notorio que el Thespis español, Lope de Rueda, representó sus donosos pasos y comedias en el Corral de Doña Elvira, pequeña plaza contigua al Alcázar por la parte de levante, y que allí armó sus graderías y tablados la vagabunda compañía partícipe de sus triunfos (i). — Sábese que Francisco de Rioja, desengañado de los favores de los cortesanos, habitó una modesta vivienda que para sí había fabricado, rodeada de un tranquilo jardinillo, contigua al convento de San Clemente. — Sospéchase que el inmortal autor de la Calatea^ cuando aún no lo era del Quijote, viviese en las cercanías del Alcázar, de la Catedral y del Colegio de Maese-Rodrigo, siendo casi seguro que sus paseos más frecuentes mientras meditaba sus Novelas ejemplares y concebía los admirables tipos de la Gitanilla, de Monipodio y de Rijiconete y Cortadillo ^ le hicieron más vecino de Triana, y que su mala estrella le condujo á habitar la cárcel de la calle de las Sierpes. — Consta que el divino Fernando de Herrera, Píndaro de España, ó más bien su Petrarca, era beneficiado de la parroquia de San Andrés, y sin temeridad podemos imaginárnosle asiduo concurrente á la casa de la hermosa condesa de Gelves, doña Leonor de Milán, puro objeto de su

en esta justa literai-ia Miguel de Cervantes, que pasó allá desde Sevilla, y el mencionado juez le nombró «hijo de Latona que para arrebatar la palma venia de la «grande y materna Délos llamada Sevilla.» Latour, Skville et lAndalousie, tome I, Cervantes a Séville.

(i) Había varios teatros en Sevilla: primeramente, dice Standish, hubo uno en la parroquia de San Vicente, la mas noble de la ciudad por haber residido en la calle de su nombre san Fernando después de la conquista. Estaba situado en la casa del conde de Niebla, y de allí fué trasladado al jardín del Colegio de San Hermenegildo. Rodrigo Caro asegura que en los años de 1620 a 1640 había en Sevilla además estos otros teatros: el de la Montería, en el Alcázar; el de la parroquia de San Pedro; el de la casa de los condes de Gelves (hoy hospital de los Venerables), llamado Corral de Doña Elvira: y últimamente el á&\jardvi de la Alcoba, que miraba al sitio donde estuvo la puerta de Jerez.

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pasión como lo había sido Laura de Noves para su modelo el gran poeta de Arezo. — Baltasar de Alcázar, Horacio y Marcial andaluz todo en uno, de familia distinguida que había dado á la república sevillana más de un digno magistrado, vivía en la calle que aún conserva el nombre de su linaje, calle de los Alcázares^ y pasó cerca de veinte años de su vida entre estoica y epicúrea en la hacienda de los Molares, estado de los duques de Alcalá, cerca de Utrera. — Gutierre de Cetina, cu}^ lira comparó Rioja á la de Estacio y á la del Tasso, vivió retirado, antes de pasar á Méjico, en un pueblecito de las cercanías de Sevilla.— Donjuán de Arguijo, Mecenas de los vates andaluces y noble veinticuatro de Sevilla, á quien Rodrigo Caro llama el Apolo de los poetas de España y á quien honraron un Cervantes y un Lope de Vega, habitaba en una calle llamada ahora de la Virreina, próxima á la casa profesa de Jesuítas (hoy Universidad), donde su padre don Gaspar, también veinticuatro y miembro influyente en el cabildo municipal, tenía panteón de familia. — Sábese que Bartolomé Esteban Murillo, genio que por su especialísima índole no sufre el agravio de la comparación con otro alguno de los que honraron la pintura en los tiempos antiguos y modernos, nació en la calle que hoy lleva su imperecedero nombre y que antes se llamaba de las Tiendas^ y que murió en la parroquia de Santa Cruz, según unos en la misma casa de don Pedro Montes que hace frente á las Carmelitas de Santa Teresa, según otros en la que vivió el Deán don Manuel Cepero. — Y asegúrase por último que la incomparable doctora de la Iglesia de España, Teresa de Jesús, hizo asiento mientras proyectaba la fundación del convento de San José del Carmen, en la calle de las Armas, en una casa propia del Hospital de la Misericordia.

Pero nadie sabe guiarnos á la morada que ocupaban en el siglo XVI Luís de Vargas, el que trajo de Italia á Sevilla la centella que reanimó el genio andaluz, y los extranjeros Pedro de Kampeneer y Frutet, que le iniciaron en el realismo flamenco;

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nadie nos dice dónde meditaron y florecieron Antonio Arfián, Pedro Villegas Marmolejo y los otros insignes artistas que trabajaron en el monumento fúnebre erigido en la Catedral para las exequias de Felipe II (i); no hay quien nos señale el paraje donde el numen de Luís Fernández suscitó, antes de cerrarse aquel siglo, toda una revolución en la pintura, manifiesta más que en sus propias obras, en las de sus discípulos Herrera el Viejo y Pacheco, tan opuestos sin embargo en su estilo. — Nadie nos indica después, ya en el siglo xvii, dónde vivían éstos y dónde aquel apuesto joven de ardiente mirada, Diego de Silva Velázquez, que acude al estudio del último cansado del desapacible carácter del primero, y que por fin encuentra en su propio talento recursos para remontarse como pintor naturalista á- una altura á que nadie ha llegado todavía. — No hay quien nos descubra el obrador del reflexivo Montañés, ni el del enérgico Juan de las Roelas, ni el del vigoroso é ingenuo Zurbarán, ni el del

(i) Un soneto de Cervantes, muy conocido, que comienza: Voto á Dios que me espanta esta graitdeza, y cuyo estrambote todo el mundo repite cuando se quiere pintar á un andaluz valentón

Caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese, y no hubo nada:

ha hecho inmortal la memoria del túmulo que el cabildo de Sevilla erigió á Felipe II. Cuéntase que los oficios fúnebres comenzaron el 24 de Noviembre Caño de I 5g8), y que habiéndose suscitado una cuestión de etiqueta entre la real Audiencia y la Inquisición, ésta fulminó un decreto de excomunión sin reparar en el lugar ni en la solemnidad: el celebrante se fué á concluir su misa á la Sacristía, el predicador bajó del pulpito sin desplegar los labios, y sólo los dos tribunales permanecieron en sus puestos hasta las cuatro de la tarde, á modo de protesta, quedando todo en suspenso. Fué menester que una decisión real terminara el conflicto, y expedida que fué, continuó y acabó pacíficamente la ceremonia comenzada un mes antes. Todo este tiempo el túmulo permaneció en pié: de todas partes acudían á verlo, y la exageración andaluza, manifiesta ya en las descomunales proporciones dadas al cenotafio, tuvo ancho campo para explayarse discurriendo sobre la maravillosa mole. Cervantes estaba á la sazón en Sevilla, y de seguro acudiría á verla como uno de tantos ; pero sin duda á su buen seso pareció ridicula tanta ponderación, y se propuso en aquel soneto poner en caricatura así la hinchazón andgiluza como el conflicto á que ella había dado lugar. Es también muy aplicable al caso ocurrido entre la Inquisión y la Audiencia de Sevilla, el final de la conocida décima de Iglesias sobre el carácter de aquel país:

Se dicen dos mil apodos y luego quedan compadres.

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sabio Alonso Cano, ni el de aquellos otros maestros que en Enero de 1660 asistían con el gran Murillo en la Lonja ala inauo-uración de la Academia de Sevilla. — Es fuerza asimismo que ignoremos dónde disponían sus trazas de sabor greco-romano los arquitectos Luís y Gaspar de Vega, Juan de Herrera, Martín de Gaínza, los dos Maedas, Fernán Ruíz, Juan de Oviedo, Benvenuto, Marcos Pérez, Martín Infante, Juan Ruíz, Fr. Calzadilla, Fr. Morón, el Hermano Alonso Matías, y los famosos orfebres Juan de Arfe y Francisco Alfaro (i); dónde escribían sus clásicos versos el elegante Jáuregui y el erudito Céspedes; y dónde moraba, antes de fundar el hospital de la Caridad, aquel segundo don Juan Tenorio mientras joven, y segundo Vicente de Paul en su edad madura, don Miguel de Manara.

(i) Ejercitaron éstos su privilegiado ingenio en las obras de la Catedral, del hospital de la Sangre, de los reales Alcázares, del convento de San Pablo, del monasterio de San Jerónimo de Buenavista, de la casa profesa de Jesuítas, y de otras fundaciones de que ya hemos hecho ó haremos mérito en este tomo.

CAPÍTULO XXIX

Continuación: edificios religiosos. — Institutos de beneficencia é instrucción pública. — Edificios públicos de vario carácter

OS dará á conocer otro aspecto de la fisonomía artística de la capital de Andalucía, desde el punto de vista religioso y social, una reseña, aunque muy sumaria, de los templos, ermitas, conventos, hospitales y casas de beneficencia, escuelas y colegios que la piedad y caridad de los sevillanos agregó en los siglos xvi y xvii á las antiguas fundaciones del mismo género. Iglesias v Ermitas. — La Iglesia de San Roque, ayuda de parroquia de la Catedral, fué fundada el año 1599, junto á la muralla, como testimonio de la devoción al santo titular, exaltada durante una terrible epidemia que sufrió la población de Sevilla. — La de San Bernardo^ extramuros, existía también como ayuda de parroquia en el mismo siglo xvi, puesto que

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parte de su feligresía fué cedida en dicho año 99 á la anterior. Fué restaurada en el siglo xvii, y para su altar mayor pintó Herrera el viejo su famoso cuadro del Juicio final, en que, sin dejar de ser naturalista, se elevó á grande altura como pintor correcto y filósofo. Junto á este edificio se halla establecida la magnífica Fundición de cañones, única que surte de bocas de fuego de bronce al arma de artillería de España; y más cerca de la puerta de la Carne, el Matadero, que hizo célebre Cervantes por lo que de sus jiferos cuenta en el Coloquio de los perros. — La iglesia de Nuestra Señora de la (9, sucursal de la de Santa Ana en Triana, fué erigida en parroquial por los años de 1 6 1 5 por la Hermandad de la misma advocación que ya existía un siglo antes; y se fundó en el sitio que había ocupado una capilla dedicada á las Santas Justa y Rufina y á Santa Brígida.— La ermita de Santa Cruz fué edificada á la extremidad de la Alameda á principios del siglo xv, con motivo de haber sido asesinado en aquel paraje el joven don Per Afán de Ribera, hijo único de la condesa de la Torre de Per Afán, por celos de un hornero á quien faltó su mujer.

Conventos. — Religiosas carmelitas de Nuestra Señora de Belén, fundado en 1 5 1 3 en la parroquia de San Gil por doña Inés de San Miguel, del linaje de los Farfanes. En 1585 fué trasladado á la parroquia de O^nnium Sanctoriun. — Dominicos de Santo Tornas^ fundado en 1 5 1 7 por el arzobispo Deza como colegio para la instrucción de veinte alumnos de latín, lógica y teología. Encargáronse de su dirección los sabios Dominicos en 1 5 18, y en 1547 Felipe II concedió á sus escolares las mismas ventajas y privilegios que disfrutaban los de Salamanca. De este famoso convento procede el insigne cuadro de Zurbarán, perla del Museo de Sevilla, que representa la Apoteosis de Santo Tomás de Aquino. — Convento de Santa María de Jesús, fundado en la parroquia de San Esteban en 1520 por don Alberto de Portugal y doña Felipa de Meló, que dieron el solar, y la familia de Bucarelli y Federigui que quedó con el patro-

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nato. — Monjas de Santa María del Socorro^ erigido en la parroquia de San Marcos en 1522 por doña Juana Ayala, hija de Gonzalo Gómez de Cervantes, y doña Juana Melgarejo que dio su nombre á la calle en que se hizo esta fundación (hoy calle Real). — Religiosas de Santo Domingo: fundado en 1525, en la parroquia de San Miguel, por Juana Fernández, que tomó el nombre de María de Jesús, y tres religiosas del monasterio de Madre de Dios, en unas casas de la primera. — Religiosas de San AgtLstín ó del Dulcísimo nombre de jíesús: fué fundado en 1540 para refugio de mujeres arrepentidas en virtud de una bula obtenida á instancias de Felipe II y de la duquesa de Medina-Sidonia doña Juana de Aragón, Estuvo establecido bajo la jurisdicción del cabildo catedral en la calle de Iqs Caños, y hasta el año 1 55 1 no lo ocuparon las monjas de San Agustín. — Religiosas del Espíritu Santo: erigido en la parroquia de San Juan de la Palma en 1540 para refugio de doncellas huérfanas. Doña María de Aguilar había impetrado en Roma bula al efecto del papa Inocencio III, y cuando llegó á Sevilla se encontró ya establecida la comunidad, que sin embargo la nombró su superiora. — Convento de Monte Sión de la orden de Predicadores: fundado en la misma parroquia por doña Mencía Manuel de Guzmán, descendiente de los duques de Medina-Sidonia. — Religiosas de la Asunción: fundado en la parroquia de San Vicente en 1568 por tres devotas señoras, doña María Zapata, doña Beatriz de las Roelas y doña Francisca Martel, de la primera de las cuales, esposa de don Luís Manrique, descienden los marqueses de la Motilla. — Religiosas de Nuestra Señora de la Paz: fundado en 1 5 7 1 , en la parroquia de Santa Catalina y calle de Melgarejos (hoy calle Real) por Andrés de Segura. — Descalzos de Nuestra Señora de los Rem.edios: fundó en Triana este convento el año 1573 el ingenioso matemático é hidráulico Ambrosio Mariano, autor de un proyecto de navegación del Guadalquivir hasta Córdoba que fué presentado á Felipe II, y que por no haber merecido de la corte el aprecio que su autor

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esperaba, le disgustó de las cosas del mundo sugiriéndole la idea de encerrarse en un monasterio. — Religiosas de San J^osé del Carmen ó de Santa Teresa en la parroquia de Santa Cruz. Fundó este convento la insigne patrona de España, Santa Teresa de Jesús, llamada por antonomasia el capitán general de la orden del Carmelo. Hízose la instalación el año 1576 con gran solemnidad, en la casa que al efecto compró en la calle de la Pajería (i), frente á la huerta del convento de San Francisco, don Lorenzo de Cepeda, hermano de la Santa, providencialmente llegado á Sevilla pocos meses antes, procedente de América. — Monjas de Santa Jnsta y Rufina, en la calle de las Vírgenes, parroquia de San Nicolás: la fundó en 1582 Alonso Fajardo de Villalobos. — Convento de Sají Diego., fuera de la puerta de Jerez al sud-este de San Telmo : fué fundado para Franciscanos Descalzos en 1583 por el cabildo de la ciudad (2). — Religiosas Dom.inicas de la Encarnación., en la parroquia de San Miguel: fundólo en 1585, en el convento que habían dejado las monjas Dominicas de N. S. Jesucristo ó de Belén, el rico negociante Gabriel Luís. — Agustinas de la Encarnación en la parroquia de San Pedro : fué fundado por última voluntad de Juan de Barrera que falleció el año 1591. Este edificio fué destruido por los franceses en la guerra de la Independencia. — Religiosas Minimas de San Francisco de Paula en la parroquia de San Salvador, en el solar llamado Cruz de la Cerrajería: fundóse en 1593 por el otro convento que esta misma orden tenía en Triana para refugio de sus monjas en caso de inundación.— Convento de Eranciscanos de San Antonio de Padíia,

{ I ) Lleva hoy el nombre de calle de Zaragoza. La casa que se destinó á la santa fundación, era cuando hicimos nuestro primer viaje á Sevilla, una escuela de niños bajo la invocación de Nuestra Señora de Monte-Carmelo. Todavía conservaba su puerta de grandes sillares, y por su entreabierta cancela se divisaban el hermoso patio y el jardinillo fresco y gracioso que tanto agradó á la amorosa fundadora.

(2) En I 784 fué cedido este edificio por Carlos 111 á un especulador, Mr. Wetherell, para establecer en él una fábrica de curtidos. Últimamente fué demolido. y comprado su solar por el Sermo. Sr. Duque de Montpensier para ensanchar los jardines de su palacio de San Telmo.

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en la parroquia de San Lorenzo: estuvo primeramente en el año 1595 junto al hospital de San Lázaro, luego cerca del de la Sangre^ y por último se trasladó á una casa cercana á la puerta de San Juan. — Mínimos de A^uestra Señora de la Victoria, en Triana: vinieron á Sevilla desde Écija el año 15 13 y el arzobispo Deza les concedió licencia para establecerse en Sevilla ; pero ellos prefirieron hacerlo en Triana en la iglesia y hospital de San Sebastián. Francisco Duarte construyó la capilla mayor en 1524 y enriqueció este templo con numerosas reliquias. Las siguientes fundaciones, incorporaciones y traslaciones, pertenecen al siglo xvii : — Franciscanos terceros de Nuestra Señora del Valle: ocupaban en un principio el sitio llamado de las Cuevas cuando el arzobispo Mena, para fundar la Cartuja, les dio el convento de San Juan de Moranina: después, en 1602, obtuvieron su incorporación, y dejaron dicho convento para trasladarse á las casas que se les dieron de la familia de los Céspedes en la parroquia de Santa Catalina. — Mercenarios Descalzos: s& introdujeron en Sevilla el año 1604, triunfando la fama ■de su santidad de la enérgica oposición que les hicieron todos los conventos ya establecidos y las parroquias. El año 1607 quedaron definitivamente establecidos en el colegio de San Laureano, saliendo de él los Calzados. Volvieron á sufrir violentas persecuciones, que les obligaron en 161 1 á dejar el colegio y á irse á una casa que compraron en la calle del convento de Madre de Dios, que el vulgo suponía habitada por los duendes, donde no tenían ni iglesia ni Sacramento por habérselo negado el arzobispo don Pedro de Castro, su grande enemigo; y por fin, habiendo acudido á Roma con sus quejas, triunfaron de la contradicción del prelado, y mediante el favor del marqués de Alcalá, don Pedro Girón Henríquez de Ribera, lograron abrir su templo y celebrar con toda solemnidad el culto divino en Diciembre de 161 4. — Trinitarios Descalzos: establecidos en época incierta fuera del recinto de la ciudad, cerca de San Benito, y trasladados en 16 10 á la parroquia de San Pedro, entre las dos

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iglesias de San Ildefonso y Santa Catalina, donde está la bonita plazuela con árboles que retiene su nombre. — Religiosas Do7ninicas de Nuestra Señora de los Reyes: convento fundado en 1 6 1 1 por la devota señora doña María Dorotea, de quien hizo Bartolomé Esteban Murillo el retrato que se conserva en la Sacristía de la capilla de los Cálices de la Catedral. Existe este monasterio en la parroquia y calle de Santiago. — Mercenarias Descalzas: fué hecha esta fundación en la plazuela del mismo nombre, parroquia de San Bartolomé, en 1623. — Clérigos menores del Espíritu Sajito: introducidos en Sevilla el año 1624, se instalaron en la Boceguinería, entre las puertas de la Carne y de Jerez.— Agustinos Descalzos: de origen incierto, pero trasladados fuera de la puerta de Triana en 1624, tomaron la advocación de Nuestra Señora del Pópulo, desde el año 1 126 de resultas del siguiente hecho, que una piadosa tradición perpetúa. Un matrimonio de estado humilde, pero de vida ejemplar, que vivía junto al convento, tenía la devoción de encender todas las noches una luz ante una imagen de Nuestra Señora del Pópulo, puesta sobre su puerta. Ocurrió la terrible inundación del año 1626, en que se anegó todo aquel barrio: la casa de aquel santo matrimonio quedó destruida, y con admiración de todos vióse tres días después alzarse sobre las aguas la pared en que estaba la imagen, y encendida la luz que ardía á su presencia. — CapucJmios de Nuestra Señora de Gracia: convento fundado en 1627 fuera de la puerta de Córdoba, en el sitio que había ocupado el de monjas de San Leandro, y donde en remotos tiempos se supone que residió san Isidoro. Este convento es principalmente famoso por los admirables lienzos que para su altar mayor pintó Murillo, los cuales, tras enojosas vicisitudes, han sobrevivido á las ruinas de aquel edificio, y se hallan formando el más precioso salón del Museo de Sevilla (i). — Monjas de Santa Teresa, fuera de la que fué puerta de Carmona, hacia la izquierda de San Benito conforme

(i) Queda hecho mérito de estos bellísimos cuadros en el capítulo respectivOr donde describimos ligeramente el convento de la Merced convertido en Museo.

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se va á la Ci'uz del Campo. En este lugar estuvo antiguamente el mencionado monasterio de San Benito, y en más remotos tiempos el famoso de San Acacio, y las religiosas del Carmen lo compraron, ayudando su protector y patrono el caballero de Santiago Francisco Gómez, en 1641.

Hospitales é institutos de beneficencia. — Hospital de las Tablas. Fué fundado en 1543 fuera de los muros del Alcázar por Pedro Pecador: en 1545 fué trasladado al paraje que ocupa la Lonja y contenía 100 camas para los pobres; permaneció allí treinta años, y en 1574 se mudó á la parroquia de San Salvador, calle de Gallegos, donde existe con el nombre de Nuestra Sefiora de la Paz. — Casa de AHños Expósitos. Data su fundación del año 1558, y es debida al arzobispo don Juan de Valdés. En 1590 se incorporó á la Hermandad del Dulcísimo Nombre de Jesús, establecida en San Pablo el Real. Los encargados antiguamente de recoger á los niños huérfanos eran los religiosos de Sancti-Spiritus residentes en Triana, y el hospicio de que hablamos solo estaba destinado á los párvulos abandonados por sus padres. Existe en la calle de la Cuna, parroquia de San Salvador, con hijuelas en seis pueblos de la provincia, que son Carmona, Cazalla, Ecija, Morón, Osuna y Utrera. — Hospital de los Flamencos ó de San Andrés. Estaba frente al Colegio de Santo Tomás, pegado al Alcázar. — Hospital de los Caballeros. Hallábase en la calle de Melgarejos, hoy Real, en 1583, y cuatro años después fué incorporado al del Amor de Dios. — Hospital de Venéreos. Establecióse en 1587 en la calle de Colcheros, parroquia de la Magdalena, al cuidado de los Carmelitas Descalzos. Duró hasta que tuvo principio el gran hospital llamado de la Sangre^ destinado á toda clase de dolencias.

Hospital de las Cinco Llagas ó de la Sangre. — Saliendo de la Puerta Macarena con dirección al nordeste, por la espaciosa calzada que dejaron los moros para que sirviese á un mismo tiempo de carretera y de dique contra las avenidas del Guadalquivir, atraviésase un suburbio habitado por la pobre gente de

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la Resolana y de la Barzola, rica mina de carnes cobrizas, pintorescos harapos y expresivas fisonomías, que un tiempo beneficiaron Murillo y el caballero Villavicencio, y se llega á un gran edificio de piedra que mide 600 pies de oriente á poniente y 550 de norte á mediodía, y presenta una fachada de dos cuerpos, dórico el inferior y jónico el superior, escrupulosamente ajustada á las reglas un tanto desabridas de la arquitectura greco-romana. Entre las pilastras dóricas del cuerpo bajo hay ventanas con sus indefectibles jambas y frontoncillos : sobre estas pilastras asienta el consabido cornisamento de cajón: recibe este los pedestales del cuerpo jónico, que ostenta en lugar de pilastras medias-columnas proporcionadas, las cuales sostienen la cornisa que primitivamente estuvo coronada de un antepecho con balaustres, ocultando la vista del tejado que ahora aparece afeando la perspectiva de este monumento. En los intercolum nios de este segundo cuerpo, presentan las ventanas en sus jambas columnas abalaustradas platerescas, que dan cierta amenidad á sus harto severas líneas. — Ocupa la portada el centro de la fachada, y compónese su primer cuerpo de cuatro columnas dóricas istriadas, con nichos ú hornacinas en los espacios, y el segundo de dos, con un balcón de balaustres, sirviendo de remate el escudo del Hospital, con dos angelotes de depravada escultura por soportes. La puerta de entrada abre paso á un gran zaguán ó apeadero, cuya techumbre sostienen seis arcos que estriban en columnas pareadas, y por él se entra á un patio rodeado de galerías á poniente y levante, en las cuales están las puertas que comunican á las dos principales divisiones del Hospital. En el centro de este patio se levanta, aislada por los cuatro vientos, una iglesia que forma en su planta una cruz griega y presenta en su fachada los tres órdenes, dórico, jónico y corintio, sobrepuestos, con una portada de riquísimos jaspes entre dos torres resaltadas que terminan á la misma elevación de la fachada. Esta lleva por remates pirámides y candelabros. — Merecen observarse los medallones de esta portada, que re-

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presentan las tres Virtudes Teologales, Fe, Esperanza y Caridad., obra de Pedro Machuca: la decoración interior de la iglesia, de pilastras jónicas; el retablo del altar mayor, obra de Asensio de Maeda y Alonso Vázquez; y las capillas que forman los arcos del cuerpo inferior del templo, decoradas con lienzos atribuidos á Zurbarán. — Trazó el plano del Hospital de las Cinco Llagas el maestro Martín Gaínza, en competencia con los profesores que más reputación alcanzaban entonces, y teniendo presentes las plantas de los mejores hospitales de España y de Portugal, que recogió el arquitecto Francisco Rodríguez Cumplido. Muerto Gaínza en 1555 , entró á dirigir la obra Fernán Ruíz, que trazó y dibujó la Iglesia, y á éste sustituyó en 1570 un profesor italiano, llamado Benvenuto, traido á España por el duque de Alba, después del cual entraron á dirigir los trabajos Francisco Sánchez, Marcos Pérez y Asensio de Maeda. — La primera piedra de esta grandiosa fábrica se sentó el i 2 de Marzo de 1 546, á los 41 años de haber fallecido la ilustre dama, á quien debió Sevilla la fundación de su primer Hospital general en 1500. Fué esta señora la insigne doña Catalina de Ribera, madre del primer marqués de Tarifa, don Fadrique, quien nombró en su testamento por patronos del piadoso establecimiento á los priores de la Cartuja y de San Isidro del Campo. El hospital fundado por doña Catalina existía en una casa de esta generosa señora situada en la parroquia de Santa Catalina, y es fama que la gran reina católica concurría con ella á prodigar sus cuidados á las pobres enfermas.

La Caridad. — Vivía en Sevilla en el siglo xvii un caballero de Calatrava, impío y libertino, llamado don Miguel de Manara. Volvía una noche á deshora de sus acostumbrados devaneos, y al pasar por una oscura calleja del barrio de los judíos, recibió en la cabeza un golpe que le derribó en tierra sin sentido. Volvió en sí, se levantó y sacó su espada, no vio á nadie, pero oyó una voz que decía: — Está muerto, traed el ataúd. — Sintió don Miguel estremecerse todo su cuerpo, y regresó á su casa pen-

JEREZ DE LA FRONTERA. — Puerta del Patio de i.a Cartuja

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sativo. Pronto olvidó aquel aviso del cielo ; pero la misericordia divina no le abandonaba. Otra noche, á la misma hora, se extravió en las calles de la ciudad sin poder encontrar su morada; revolvíase á todas partes y no hallaba salida ; sobrecogióle el espanto, y con éste el remordimiento: túvose por vencido, y estrechando entre ambas manos la cruz de su espada, comenzó á implorar el auxilio del cielo. Apareciósele entonces á lo lejos, y desfilando hacia donde él estaba, una larga y doble hilera de luces : era un cortejo fúnebre que avanzaba con hachas encendidas. Aterrado de semejante visión, preguntó con voz desfalleda al primero que pasó por su lado: — ¿A quién lleváis á enterrar?— A don Miguel de Manara, le respondió el interrogado. Creció su espanto, repitió tres veces la pregunta, y siempre se le dio igual respuesta: quedó abismado en sus reflexiones; la visión desapareció; volvió la oscuridad y el silencio, y acto continuo salió de entre las tinieblas una voz que le dijo: — Ya puedes proseguir, — y en efecto halló al punto el camino de su casa. Al día siguiente, ya el libertino era un hombre sesudo, ya el impío era un santo. — Don Miguel de Manara, consagrado desde aquel momento á vida cristiana y penitente, empezó á practicar las más sublimes virtudes, y anhelando en su ardiente caridad reparar en lo posible el pasado desperdicio de su juventud y de su riqueza, ideó entregarse del todo al alivio de ajenos infortunios. Existía en Sevilla una hermandad, titulada de la Caridad, sin asiento fijo, dedicada principalmente á asistir en sus últimos momentos á los reos de muerte y á recoger sus cadáveres para darles cristiana sepultura: y existía también en el sitio antiguamente ocupado por las Atarazanas en el Arenal, entre los postigos del Carbón y del Aceite, una capilla consagrada á San Jorge, que en 157S había sido adjudicada á la referida hermandad para cementerio de los criminales y de los ahogados. Don Miguel de Manara reformó y amplió con la competente autorización los estatutos de esta hermandad, convirtió la capilla en hospital, á cuyo asilo tuviesen derecho los pobres, enfermos y

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peregrinos de todos los países, y bajo la misma advocación de San Jorge, á que luego sustituyó el uso la más popular de La Caridad^ erigió, dando la traza el arquitecto Bernardo Simón de Pereda, el espacioso edificio de estilo greco-romano decadente que ahora nos ocupa. Consta éste de dos partes , el hospital y la iglesia: célebre aquél por haberlo habitado su generoso fundador, del cual se conservan cien piadosas tradiciones que dan animación é interés á aquellas tranquilas y galanas arquerías; famosa ésta por conservar aún producciones admirables del religioso INIurillo, amigo de don Miguel de Manara (i). La espada de éste, su retrato pintado por Valdés Leal (2), y algunos rosales plantados por su mano, duran todavía en el Santo Hospital. A su muerte, acaecida en 1679, le legó todos sus bienes, cuyos valores han aumentado en manos de la celosa hermandad que los administra.

Los Vene7'ables. — Este hospital, destinado á refugio de sacerdotes ancianos, fué fundado por la hermandad de Jesús Nazareno, á la cual cedió el duque de Veraguas para tan laudable fin el Corral de doña Elvira, teatro donde se habían ejercitado los talentos dramáticos de Sevilla desde Lope de Rueda hasta Juan de Mal-Lara. La referida hermandad construyó refugio y templo, dedicando este último á San Fernando. Inauguróse este hospital en 1676, dando á los venerables acogidos la sagrada

(i) Son todavía bastantes las obras de xMurillo que contiene el hospital de la Candad. Antes de la invasión francesa, solo en la iglesia había once lienzos de este gran pintor. Ahora no hay más que seis: Moisés sacando agita de la -peña, la miillif>licación de los panes y -peces, San Juan de T)ios cargando con un mendigo, la Anunciación, el Niño Jesús y San Juan niño. El cuadro de Moisés es muy conocido por el hermoso grabado que de él hizo don Rafael Esteve. Los cinco cuadros que faltan son la Santa Isabel curando á los leprosos, hoy existente en la Real Academia de San Fernando de Madrid, y estos cuatro que retiene la galería del mariscal Soult : el hijo pródigo en los brazos de su padre. Abraham adorando á los tres mancebos aparecidos. Cristo sanando al paralitico, y San Pedro libertado por el ángel. En la sala capitular hay también tres tablas pequeñas de Murillo, alegóricas al ejercicio de la caridad.

(2) Este retrato existía, y creemos que aún existe, en la sala capitular. En la Iglesia están los dos famosos cuadros de tremendo realismo que se supone ejecutó este pintor en rivalidad con y\un\\o.represcntando— la Jragilidad de las grandezas humanas.

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comunión el obispo de Cádiz, don Diego del Castillo. El fervoroso racionero don Justino Nevé, grande amigo de Murillo, contribuyó con 250.000 ducados á la erección de la iglesia, y su retrato se conservaba en el refectorio de la casa ejecutado por aquel insigne artista. Pintó éste también para dicho templo la famosa Concepción que se llevó á París el mariscal Soult, un San Pedro, y una Virgen con el niño Dios. Los frescos, ya muy mal parados, y el San Fernando del altar mayor, son obra de Lucas Valdés.

Hospital del Santo Cristo de los Dolores. — Fué fundado junto 2\ pozo Santo para refugio de mujeres enfermas en 1670: algunos años después mejoró con la donación que le hizo de una casa doña Ana Trujillo. En 1682 comenzó el culto en su nueva capilla, y en 1796 se administró por primera vez en ella la Sagrada Eucaristía. De este establecimiento procede un lindo cuadro de Murillo del Nacimiento del Salvador que hace años se admiraba en París en la galería Standish del Museo del Louvre. — Estos son los establecimientos piadosos de más nota que se fundaron en los siglos xvi y xvii. Á principios del xviii se erigieron otros, entre ellos el Hospital del Btien Suceso, solo memorable como objeto artístico por sus hermosas columnas de jaspe, }• el Refugio de los niños Toribios de la parroquia de San Esteban, que tomó el nombre de su fundador don Toribio de \^elasco (i).

Colegios y otros establecimientos de pública utilidad. — Dejamos ya dicho cuánto debió Sevilla en las dos centurias

(i) Este piadoso sujeto empezó reuniendo á los muchachos pobres y vagabundos y haciéndoles rezar delante de una imagen de Nuestra Señora, en cuya santa práctica los iba arraigando por medio de agasajos y regalillos. Poco á poco fué creciendo el número de los afiliados, y los organizó en escuela de primeras letras, favoreciéndole los religiosos Dominicos, los cuales lograron instalarle en el local que había antes ocupado la Inquisición. Cuando Felipe V estuvo en Sevilla, contribuyó con 2000 duros para la construcción de una casa de Toribios, y con los cuantiosos donativos de los particulares acomodados que imitaron su ejemplo, se llevó á cabo la nueva obra, inaugurada en 1722. Ya no existe este establecimiento.

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que ahora recorremos á la ilustre casa de los Riberas. El adelantado don Francisco Henríquez fundó en 1506, en la parroquia de Santa Catalina, la AUióndiga ó pósito, con motivo del hambre que padeció la ciudad, en cuya ocasión suministró el generoso patricio á la gente pobre inmensas cantidades de grano á bajo precio. — El piadoso obispo de Escalas, don Baltasar del Río, imitó aquel noble ejemplo en 1539, erigiendo el Granero que llevaba su nombre en frente de la Lonja, en el cual había constantemente 1000 fanegas de grano de repuesto.

Pero no atendían solo á la limosna corporal los hombres generosos y pensadores de aquellos tiempos: remediar la inedia del espíritu fué objeto constante de su bien entendida caridad. El siglo XVI vio fundar en Sevilla el Colegio de Santo Tomás de Aquino (15 17) por el arzobispo Deza, en el convento de San Pablo: — el Colegio de don Fernando Colón (antes del 1535) cerca de la puerta Real, en cuyo oratorio hizo pintar el hijo del descubridor del Nuevo Mundo, según afirma el inglés Standish, una imagen de San Fernando á caballo, que es lástima no se conserve; — el Colegio de Regina^ de la orden de Predicadores, en la parroquia de San Pedro (1553), por última voluntad de doña Leonor Manrique, marquesa de Agramonte; — el Colegio de la Compañía de yesús (hoy Lhiiversidad literaria), instalado primeramente (en 1554) en las casas de don Francisco Fernández de Pineda, y trasladado luego (en 1556) á otra casa de la parroquia de San Salvador, que había sido de los duques de Medinaceli y era á la sazón del alcaide del Alcázar, Fernán Suárez.

La Universidad literaria^ que se hallaba establecida antiguamente en el Colegio llamado de Maese Rodrigo, fué trasladada á esta primera casa de la Compañía de Jesús en 1771, cuatro años después de decretar el alucinado don Carlos III el extrañamiento de aquel glorioso Instituto de todos los dominios de España. Desde entonces hasta el año 1836 no sufrió modificaciones notables su grandiosa iglesia; pero en esta última

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época concibió el Deán don Manuel López Cepero el proyecto de restituirla á su primitiva forma, despojándola de todo ornato churrigueresco, y de convertirla en una especie de museo de monumentos artísticos no pertenecientes al Estado, y la enriqueció con los sepulcros de don Lorenzo Suárez de Figueroa, de Arias Montano, de los duques de Alcalá, del duque de Cádiz y de otros personajes, con estatuas de Montañés y cuadros de Pacheco, Roelas, Alonso Cano, etc. Entre los enterramientos que la avaloran, son los más dignos de mención especial los de los Riberas, por su magnificencia y belleza artística. Entre estos mismos, hay dos más ricos que los restantes, y son, el del adelantado don Pedro Henríquez, hijo de don Fadrique Henríquez, almirante mayor de Castilla, y doña Teresa de Quiñones, y el de la ilustre fijndadora del Hospital de las Cinco Llagas, doña Catalina de Ribera, madre del primer marqués de Tarifa. Hallábanse estos sepulcros en la célebre Cartuja de las Cuevas, cuya Iglesia, según queda dicho, edificó el referido marqués de Tarifa. Están ambos ejecutados en exquisito mármol de Genova: su trabajo es primoroso, su estilo plateresco ; autor del primero Antonio María de Charona, que lo firma en la escocia de la urna, y del segundo Gazín de Genova^ que también firma en la cara interior de la pilastra de la izquierda, en el año 1524. — En el pavimento, entre uno y otro sepulcro, hay una magnífica plancha de bronce, en que está grabada la figura del duque de Alcalá, marqués de Tarifa y señor de los Molares, don Perafán de Ribera, que fué virrey de Ñapóles y trajo á su casa de Sevilla (casa de Pilatos) la selecta colección de estatuas y relieves antiguos que le regaló el papa Pío V. Está retratado de cuerpo entero y tamaño natural, todo armado, con el yelmo en la cadera derecha y la mano izquierda en la espada. — Los demás caballeros de este preclaro linaje que tienen allí sus mausoleos, son, Diego Gómez de Ribera, segundo adelantado, muerto de un saetazo en la boca en el cerco de Alora en 1434; su mujer doña Beatriz Puerto-Carrero, que murió en 1458; Ruy López

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de Ribera, muerto en Algeciras en 1344 sirviendo á don Alfonso el XI; su esposa doña Inés de Sotomayor ; el hijo de éstos don Perafán, adelantado mayor de Andalucía; el otro don Perafán, también adelantado mayor, hijo de Diego Gómez y de doña Beatriz Puerto -Carrero; doña Aldonza de Ayala, segunda mujer de don Perafán, el fundador de la casa de Ribera y primer adelantado.

La iglesia de la Universidad se supone trazada por Juan de Herrera, pero no hay documento alguno para asegurarlo. Algunos juzgan que fué obra del jesuíta Bartolomé de Bustamante que floreció á mediados del siglo xvi. Forma su planta una cruz latina, tiene una sola nave, y corona su crucero una espaciosa media -naranja. Los cuatro arcos que la sostienen descansan en ocho medias-columnas istriadas de orden dórico.

Fundáronse además en el siglo xvi: — el Colegio de San Hermenegildo, obra también de los PP. Jesuítas, de notable majestad y grandeza, erigido al trasladarse en 1580 del primer colegio que habían establecido, y de que antes hemos hablado, á otro solar frente á la iglesia parroquial de San Miguel, bajo la advocación de San Hermenegildo (i); — el Colegio del Santo

(i) La iglesia de este colegio tenía en su altar mayor el famoso cuadro de Herrera el viejo que representa la Apoteosis de San Hermenegildo, existente hoy en el Museo. Cuéntase que el artista dio en la flaqueza de acuñar moneda falsa, por cuyo delito fué perseguido y tuvo que refugiarse entre los PP. de la Compañía. Retirado en este asilo pintó dicho cuadro, y cuando Felipe IV estuvo en Sevilla por los años i 624, admirado de la verdad y energía de la obra, preguntó quién era su autor; dijéronselo, y el motivo por el cual estaba allí retraído; y entonces el rey mandó llamar á Herrera á su presencia y le perdonó diciéndole :— Quien así sabe manejar los pinceles, no necesita fabricar moneda para ser poderoso.

Tuvieron los Jesuítas en Sevilla, además de los dos Colegios mencionados de su Casa profesa y de San Hermenegildo, un Noviciado, establecido el año 1Ó09 casi enfrente de la iglesia parroquial de Santa Marina, en una casa que la familia de los Riberas había vendido para atender á los crecidos dispendios hechos en el palacio ó casa de Pilatos. Era á la sazón su propietaria doña Luisa de Medina, que adquirió el patronato de dicho Noviciado de Jesuítas y tuvo en él su enterramiento. Andando el tiempo, y cuando fueron desterrados de España los PP. de la Compañía, la iglesia de aquella gran casa se erigió en parroquia con la advocación de San Lilis. Este templo de San Luis es grandioso y rico de mármoles, pero de mat gusto arquitectónico. Su planta es de rotonda, con tres capillas semicirculares y

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Ángel de la Guarda, de Carmelitas Descalzos, en la parroquia de la Magdalena (en 1587); — el de Mínimos de San Francisco de Panla, erigido en la parroquia de San Lorenzo (en 1589) á imitación de otro que la propia comunidad tenía en Triana, y del cual salieron muy aventajados varones, entre ellos el poeta sagrado Miguel Cid; — el de Ingleses, establecido en la colación de San Miguel en 1592, bajo la dirección de los PP. Jesuítas; — y el de San Basilio en la parroquia de Omnium Sanctorum, dotado por Nicolás Trianchi, natural de Chipre, en 1593.

Durante el siglo xvii se fundaron: el de San Buenaventura, llamado también de propaganda Ji de, dirigido por los PP. franciscanos, primero en la calle de la Mar (en 1600), y luego (en 1605) en la de Catalanes, parroquia del Sagrario (i); — el de San Laureano, erigido en 1601 fuera de la Puerta Real por el venerable Francisco Veamonte, sirviendo para su primera instalación la iglesia de la hermandad del Santo Entierro; — el de San Alberto, en la parroquia de San Isidoro (en 1602), por la familia de los Manueles de León y Lando y puesto bajo la dirección de los Carmelitas Calzados, de cuyo edificio, desmantelado por los franceses en este siglo y convertido en almacén de municiones, no ha escapado con vida ninguna joya artística más que un busto de la Magdalena, obra excelente del escultor Roldan, que formó parte de la Colección de Standish; — el de Irlandeses^ por otro nombre Chiquitos^ institución dirigida también por Jesuítas, en beneficio de aquellos católicos isleños: plantel glorioso de prelados (2), regido en su principio (16 14)

un narthex : columnas salomónicas en el cuerpo inferior, columnas istriaclas en el superior, capiteles de bronce dorado, alta cúpula, todo muy recargado, muy rico y de pésima forma : he aquí la obra del arquitecto, probablemente jesuíta, cuyo nombre no hemos intentado averiguar. Su fachada ofrece á primera vista buenas y majestuosas líneas: vista de cerca, es el ornato de sus columnas y pilastras jónicas sumamente pesado y barroco.

(i) Contenía este Colegio notables cuadros de Herrera el viejo y de Zurbarán, que compraron lord Clarcndon y el barón Taylor, y hoy figuran en Londres y París.

(2) Los obispos de Dublín Edmundo Burney, Jaime Lynch y Lucas Fagan se educaron en este colegio de Sevilla.

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por el celoso misionero Teobaldo Stapleton, asesinado después en Dublín; — el de la Concepción ó de las Becas, establecido como el de Irlandeses en la colación de San Lorenzo por el canónigo de Sevilla Gonzalo de Ocampo (en 1620), y organizado de la misma manera que la famosa Escuela Ambrosiana de Milán; — y por último la Escuela de Jiátitica de Sa7i Telmo, fundada en 1682 en el local donde habían estado primeramente el palacio de los obispos de Marruecos y luego el Tribunal del Santo Oficio.

Ya antes de esa época se había intentado crear en la Universidad una aula para la enseñanza de la náutica y del pilotaje; pero el edificio era pequeño para dar cabida á los muchos alumnos alistados en esta nueva carrera, y fué preciso pensar seriamente en la construcción de un edificio separado para ella. En el referido año, pues, de 16S2, habiendo la universidad de comerciantes propuesto al rey Carlos II mantener 150 jóvenes en el proyectado Seminario naval, y dar seis pesos por cada tonelada de las que llevasen sus navios en las flotas á Nueva-España ó en los galeones á Tierra Firme, y otros dos por tonelada de los navios que con registro navegasen sueltos á los demás puertos de Indias, se empezó la fundación del actual edificio de San Telmo, hoy Palacio de los Srmos. Sres. Duques de MoNTPENSiER. — No consta de los papeles de su archivo qué arquitecto hizo la traza; pero cree Llaguno que fuese Antonio Rodríguez, el mismo que comenzó la obra. En i 734 estaba concluida la parte principal, que comprendía la habitación de los colegiales, las de los maestros y director, las aulas, la iglesia^ el patio, la torre de poniente y dos tercios de la fachada. Tratóse de adornar ésta con toda ostentación, y desde 1725 estuvieron ocupándose en su traza y diseños los Figueroas, padre, hijo y nieto. En 1796 se acabó la construcción, acomodándose en la parte nueva un seminario de nobles, destinado á otros estudios diferentes de la náutica y pilotaje. — La arquitectura del edificio, en general, no nos parece tan censurable como Ponz

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y Ceán suponen (i). La portada , aunque churrigueresca, lejos de exceder en lo desatinado de la composición, como afirma el segundo, al Hospicio de Madrid, es á nuestro juicio una de las más razonadas y graciosas que produjo en España aquel estilo. Sus cuerpos segundo y tercero son enteramente bcmiineseos: no se ven en ellos esos cornisamentos rotos, esas columnas retorcidas, esos miembros dislocados y en convulsión que caracterizan los delirios arquitectónicos de Donoso y Ribera ; los sostenes y sus entablamentos son del toáo platerescos^ las estatuas, aunque movidas, están oportunamente colocadas, y el todo en suma es de muy agradable efecto, y nada digno de que el rayo que cayó en la fachada el año 1735 la redujese á escombros, como hubieran deseado aquellos fanáticos vignolistas. El cielo en sus justos furores es menos intolerante que los sistemas y las escuelas (2).

Edificios públicos i^e vario carácter. — Terminaremos la descripción de Sevilla monumental desde el Renacimiento hasta la última decadencia' del arte, con dos edificios de carácter opuesto, que son como la expresión más genuina de las dos arquitecturas que vio España desarrollarse y sucederse en el siglo XVI, la plateresca galana y risueña del tiempo de Carlos I, y la greco-romana severa y adusta del reinado de Felipe II. Son

(i) Puede el lector formarse una idea de ella en la lámina que representa dicho palacio.

' De su fachada habla Ceán, en sus adiciones á Llaguno, en estos términos notoriamente exagerados : ola afea en demasía la furiosa portada del medio, que exce- ))de en desatinos á las famosas del Hospicio. Cuartel de Guardias de Corps de Ma- »drid, etc. Se compone de columnas historiadas y entalladas, de estatuas de reyes «y de ciencias de ningún mérito, de la del santo titular en lo alto, de bajo-relieves, ))trofeos, navios y otras mil zarandajas mal ejecutadas: y costó este monstruo de oarquitectura y escultura 50,000 pesos. La lástima es que tin rayo que trató de «derrocarla no hizo más que derribar parte del remate.»

(2) Antes de fundarse en San Tclmo el seminario de jóvenes nobles, se había establecido en Sevilla un colegio para niñas nobles, en la parroquia de Santa Catalina ó de San Juan de la f'alma. y en la calle que va del monasterio de la Paz á las monjas del Espíritu Santo. Fué su fundador en 17 i 5 el arzobispo don Manuel Arias. El edificio que ocupaba sale del cuadro de nuestra presente investigación artística, y además nada de particular ofrece.

^é'^'i^^ m'

Palacio de S. Teimo

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estos edificios las Casas Capitulares y la Casa de Contratación ó Lonja. Con esto daremos fin á los recuerdos y bellezas de la hermosa capital de Andalucía, sin detenernos en otras construcciones, como el Palacio Arzobispal (i), la Fábrica de Tabacos (2), la de la Moneda (3), la Aduana (4), Xz. Real Audiencia (6) y la Plaza de Toros, en que ni la belleza, dado que

(i) El Palacio arzobispal, situado al levante de la catedral, en la plaza á que ha dado su nombre, es en lo interior suntuoso, pero su arquitectura exterior está plagada, como la de la iglesia de San Luís, de adornos de mal género en que se advierte el tránsito del gusto vignolesco al barroco con reminiscencias de un plateresco bastardo. Ya advertimos en su lugar correspondiente que el primitivo palacio arzobispal estuvo hacia donde se halla hoy la Lonja, á espaldas de la capilla áe la Antigua. El actual palacio, cuyo arquitecto ignoramos, debió edificarse, á juzgar por su estilo, en el siglo xvu.

(2) LaFáb}ica de Tabacos se halla situada fuera de la ciudad haciendo frente su fachada principal al muro que corría de la puerta de Jerez á la de san Fernando. Es un vastísimo y majestuoso edificio con oficinas, almacenes, galerías, azoteas, terrados, todo perfectamente adaptado á su destino : la obra es fuerte y se halla además defendida al rededor por un ancho foso ; tiene veintiocho patios y gran número de ventanas. Costó todo el edificio, terminado en 1757, con algunas obras exteriores que se añadieron en i 770, la suma de treinta y siete millones de reales. Lo trazó don Juan de Vandenbourg : después de su muerte lo dirigieron hasta su conclusión don Juan Vicente Catalán y otro arquitecto llamado Vengochea. La portada, de orden compuesto y de dos cuerpos, sin revelar genio artístico, sería aceptable sin los remates de mal gusto que coronan toda la fachada : el de su frontón es una figura de la Fama.

(3) La Fábrica ó Casa de ynoneda situada junto á la plaza de Santo Tomás, entre las calles de Maese Rodrigo y del Carbón, ocupa un adarve del antiguo Alcázar, cedido en I 3 10 perdón Fernando el Emplazado para que en él se labrase moneda á martillo y tijera. Los molinos no se establecieron hasta el año 1704. Reinando Carlos III se principió á trabajar toda clase de moneda de plata y oro, y al efecto se renovó el edificio y se establecieron talleres, íorjas, hornos y las demás oficinas. La portada de esta fábrica es de orden jónico, con adornos de mal gusto y bastante riqueza de mármoles.

(4) La Aduana de Sevilla ocupa, juntamente con las Reales Atarazanas de azogues, la Caridad, y la Maestranza de Artillerta. el solar de las antiguas y famosas Atarazanas ó Arsenales de don Alonso el Sabio en el Arenal. Nada de particular ofrece su arquitectura, pues, aunque fué construida en buena época(en el año i 587), la primera edificación se arruinó casi del todo en un incendio acaecido en i 792, y hubo que reedificarla en tiempo de Carlos IV. Viene á ser hoy una gran nave, con dos fachadas, una á la calle del Aceite y otra al río, ambas de orden compuesto, vulgar é insípido como todo lo de su tiempo, con pilastras, cornisas, áticos y demás miembros decorativos de receta.

(6) La Real Audiencia, establecida en Sevilla por Felipe II, se instaló el año 1595 en el sitio mismo donde se hallaba la Casa-Cuadra de don Enrique II ; pero fué renovada en 1604 según consta de la inscripción colocada en su balcón principal, y no retiene de la edificación del siglo xvi más que las arquerías de los

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exista, excede de aquella línea común á que puede llegar el buen juicio sin la ayuda del genio, ni los recuerdos, dado que los despierten, pertenecen á aquella esfera de lo grande y de lo glorioso que es la peculiar de nuestras investigaciones.

Casas Capitulares. — En el sitio mismo que desde el tiempo de la reconquista hasta el año 1433 había ocupado la Pescadería, cuyo mercado se trasladó en dicho año á una de las naves de las antiguas Atarazanas por disposición de los Reyes Católicos, acordaron en 1527 los caballeros veinticuatros y el Asistente de Sevilla don Juan de Silva y Ribera, levantar el suntuoso edificio que al presente nos ocupa, destinado á alojar al cabildo secular de la ciudad con todo el decoro correspondiente á una corporación tan ilustre y poderosa. Hasta entonces se había reunido siempre el A)'untamiento en su antigua casa del Corral de los Olmos, poco adecuada en verdad á la grandeza de tan noble ciudad; y con motivo de las bodas del emperador con doña Isabel de Portugal en el año 1526, y de las grandes fiestas y torneos que á la sazón hubo en la plaza de san Francisco, se advirtió que las primitivas casas capitulares no eran susceptibles del adorno que debían ostentar en tan solemnes ocasiones. Ignorábase hasta ahora qué arquitecto diera la traza para esta insigne obra, y qué año se principiara; sabíase solamente que Juan Sánchez, maestro mayor de la ciudad, la dirigía en 1545; que ya se celebraban en ella los cabildos en 1556; y que se acabó en 1564 reinando Felipe II, como lo atestigua una inscripción colocada en una pilastra de su galería alta, siendo Asistente don Francisco Chacón, señor de Casarrubios y alcaide de los reales Alcázares. Pero hoy afortunadamente, merced al celo explorador de un distinguido aunque joven anticuario sevillano (i), sabemos que la edificación de este insigne monumento.

claustros alto y bajo, la ancha y cómoda escalera de mármoles, y algunas salas. El patio, el zaguán y la fachada son del año 1824.

(i) El ya varias veces citado Sr. Gestoso y Pérez, en su Gu'ici aríisíica de

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dirigida por su maestro mayor Diego de Riaño (aquel fácil arquitecto que lo mismo ideaba para la catedral una sala capitular greco-romana, que una sacristía viayor plateresca y que una sac7'istia menor ojival), se puso por obra mediado el año 1527; que el referido Riaño cobró en 1528 el segundo tercio de su salario anual de 10,000 maravedís que venció en fin de diciembre de dicho año 1527; que entre los artífices de quienes se valió, figuraron un Arnao, aparejador, unos hermanos Vexines, un Martín y un Juají de Gainza, y que la piedra para la obra se traía de las canteras de Utrera.

La fachada de este suntuoso edificio, toda de piedra caliza y susceptible de delicada talla, comprende dos partes, una del tiempo de Carlos V y otra de la época de Felipe II: la primera, compuesta de tres diversos frentes, todos igualmente interesantes, y la segunda formando dos galerías, alta y baja, ó más bien loggias, que no ofrecen sino arcos y columnas de gran regularidad y sencillez en el ornato. Los tres frentes de la parte del tiempo de Carlos V, que es la verdaderamente plateresca, presentan toda la deliciosa variedad de los palacios del Renacimiento : no están los tres en una línea, sino formando unos con otros ángulo recto, de manera que constituyen á la vista como dos edificios diferentes, unidos por una esquina (i). Son pues en rigor tres las fachadas que esta parte ostenta. — La fachada central, vuelta hacia la calle de Genova, es sin duda la principal, dado que sobre su balcón campea el hermoso emblema de la concordia entre las dos potestades espiritual y temporal, representado por las tres estatuas de san Fernando, san Leandro y san Isidoro, con las insignias de su respectiva autoridad. La fachada de la izquierda, que forma escuadra con la anterior, parece no estar concluida; el cuerpo que se eleva sobre el gran arco que daba entrada al patio del convento de San Francisco, denota por su profundidad y por la disposición de sus antas y

(r, Véase la lámina Casas Cojísistonales.

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columnas, cuyo entablamento se halla interrumpido, que se ideó hacer allí una loggia ó tribuna. La puerta rectangular de esta fachada abre paso al antiguo Juzgado de fieles ejccutoi^es^ destinado hoy á alcaldía constitucional. La fachada de la derecha, que mira á la plaza de la Constitución (antes de san Francisco), es la más regular, uniforme y pura entre todas: su cuerpo superior es de la mayor elegancia y lleva sobre el vano central las armas imperiales. Carece lastimosamente del remate que con tanta oportunidad y gracia sabían trazar los arquitectos del Renacimiento. El cuerpo inferior no presenta la inflexible simetría de los edificios greco-romanos, y ofrece en la misma irregularidad de sus ventanas cierta amenidad halagüeíía. — Las Casas Capitulares son un edificio casi inarrnónico por la variedad un tanto excesiva de sus líneas, pero admirable por la riqueza de su ornato y por su ejecución fina y delicada: cosa de la mayor importancia en las construcciones de este estilo, en que el escultor ó entallador rivaliza con el arquitecto.

Lo más notable en el interior es la Sala Capitular baja, la alta, la escalera y el vestíbulo. La bóveda de éste es ojival, partida en dos secciones y enriquecida de florones, resaltos y perfiles, entre los cuales hay genios, escudos y cabezas de buena escultura: en uno de los muros se lee esta inscripción: Consilium nobilissimcB civitatis hispalensis, y á los lados los siguientes dísticos:

Jura sua híc dabimus ciinctis discrimine ?iidlo : sic mos Justitice cujus in cede sumiis. Posee aditus qui justa petis formidÍ7ie dempta, najn patries fáciles experiere patres. Sis tamen admonitus duram patiere repulsam quisquís es, injusti si quid ab urbe petis (i).

Por una puerta pequeña, decorada con las armas imperiales sostenidas por dos genios, se entra en la Sala Capitular baja. La

(i) Á cada cual aquí sin diferencia alguna daremos lo que le correspondiere:

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doble grada que ciñe el zócalo de ésta, la seda carmesí que reviste sus paredes, el riquísimo friso de bichas, genios y grutescos, las oportunas leyendas que se ven debajo (i), los cuatro medios-puntos que reciben el artesonado, decorados con relieves de excelente mano, la bóveda repartida en lacunares, que sirven de nichos á sendas estatuas de reyes de León y Castilla hasta Carlos V, forman un conjunto tan majestuoso, tan augusto y espléndido, que no parece posible idear un local más á propósito para Senado de una gran república. — La Sala Capitular alta, menos rica de ornato, merece sin embargo fijar la atención por la magnificencia de su artesonado, que se levanta á grande altura y forma casetones circulares, tallados, pintados, dorados y estofados con exquisito gusto (2), desafiando en la gala de su conjunto á los más laboreados alfarges sarracenos. ;En cuál de estas dos magníficas salas resonaría, al cerrarse el siglo xvi, la elocuente voz del clásico y castizo Arguijo abogando por su colega el poeta Juan de la Cueva? Ofreció éste en Noviembre del año 1600 al Ayuntamiento de Sevilla la dedicatoria de un poema que había escrito sobre la conquista de la Bética por san Fernando, y Arguijo, que era de suyo inclinado á proteger á los hombres de genio, y que sin duda consideró el asunto de dicha epopeya como honroso patrimonio de su ciudad natal, obtuvo

así cumple á la justicia, en cuya casa estamos. Entra pues sin temor tú que pides cosas justas, porque experimentarás fáciles á los padres de la patria; pero ten entendido que sufrirás dura repulsa si pretendes de la ciudad algo injusto. (i) Dicen así estas leyendas :

Omnes homines qui de rebits diibüs consulíant, ab odio, ira. inimicitia atque misericordia vacuos esse decei, haiid facile animus veritm providet ubi illa officiiint.

Sallust. Non sequeris tiirbam adfaciendum malummecinjudiciopiurimorumacquiesces sententice. ut ¿i vero devies.

Éxod., c. 2 3. Audiíeillos, et quod verum esi judicate: sive cives sit Ule., sive peregrinus, milla erit distinctio fersonarum ; iía parvum aiidietis ut magnum, nec accipietis ci4Jusque personan!, quia Deijudicium esi.

(2) Este techo fué pintado, dorado y estofado por los imagineros Antón Velázquez y Miguel Valles. — V. la nota siguiente, n." 53, letra P.

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del cabildo que la imprimiese: lo cual sin embargo no tuvo efecto hasta el año 1603. — La escalera de las Casas Capitulares es ancha, alegre y cómoda: divídese en tres tramos, cubiertos, el primero con bóveda de casetones cuadrados y esculturas de genios, grifos y serpientes, y el segundo y tercero con una elegante cúpula plateresca, en cuyos compartimentos alternan nichos y conchas con genios, figuras alegóricas y tarjetones. — El Ayuntamiento tiene su Archivo en las salas que caen encima del antiguo juzgado á^ fieles ejecutores y del paso que conducía al convento de San Francisco. Este departamento, objeto de la ilustrada solicitud del cabildo, fué reorganizado en la primera mitad del presente siglo por una comisión de dignos concejales y por las meritorias tareas del entendido oficial archivista don José Velázquez y Sánchez, que formó los interesantísimos volúmenes de sus índices. Gracias á este excelente trabajo, pudimos nosotros desde hace treinta años revelar á los estudiosos la existencia de muy interesantes documentos sobre las obras públicas, la policía de las construcciones, los trabajos verificados en algunos edificios notables por cuenta del cabildo ó de los particulares, las costumbres, ceremonias y festejos públicos, las memorias de hombres célebres y personajes ilustres, las vidas de los profesores de las bellas artes y literatos, y otras cosas conducentes al estudio de la gran metrópoli andaluza en el

siglo XVI (i).

(i) Sirvan de ejemplo los documentos siguientes incluidos en los 20 vol. en folio de la Sección III : — Obras de carácter público óf>rivado y policía urbana: n.° 3. letra A, Solicitud de Asensio Maeda, presentada al cabildo en 10 de Febrero de I 578, manifestando haber hecho las trazas para la Aduana que trataba de edificarse en el sitio de la puerta del Arenal, y pidiendo á la ciudad ayuda de costas en remuneración de trazas, moldes y plantas y visita de las obras: — n.° 8, Memorial de Jacques Xiculás, mercader llamenco. en 1575, pidiendo la indemnización correspondiente por 28 mástiles llevados de su casa por mandato de la ciudad para subir las columnas (de los Hércules) de la Alameda:— n.° 33, letra B, Orden comunicada en 1499 á Nicolás Martínez de Durango. obrero mayor de la ciudad, mandándole construir dos bancos para la Audiencia que se hacía á la puerta de los Reales .Alcázares, uno donde asistieran los letrados y otro para sentarse el escribano;—n." 36, Obligación del maestro rejero Pedro Delgado, constructor de las

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Casa de Contratación ó Lonja. — Aunque el lugar oficial para las transacciones á que daba origen el activo comercio de Sevilla con las Indias en el siglo xvi fuese el magnífico departamento del Alcázar que lleva todavía el nombre de la Contra-

barandas de hierro del corredor de las Casas Capitulares en 1567,}' razón del peso de barajustes y barandas y material que entró en dicha obra;— n." i i, letra C, Diligencias promovidas en i 592 por los vecinos de la parroquia de la Colegiata (San Salvador) para construir una capilla y altar frente á la plaza donde se expendía el pan de Alcalá y la fruta, con objeto de que oyeran misa tanto los vendedores cuanto los que fueran á la compra ;— n.° 24, letra F, Cuenta de la obra de la Fuente construida en la plaza de San Francisco de orden de la ciudad en 1 539: — n.° 2 5, Memorial de los párrocos y clero de San Juan de la Palma en 1575, representando que en virtud de concierto de la ciudad con el cañero Luís de Montalbán debían construirse tres fuentes, una en la plaza de la Feria, otra en la del Caño quebrado, y la tercera en la plaza del barrio del Duque, y que pasando la cañería por el Caño quebrado sería conveniente situar una allí (en la plaza de San Juan) para servicio de las carnicerías y utilidad del vecindario; — n.°* 26 y 27, .Memoriales de los fontaneros ó cañeros Luís de Montalbán y Baltasar López sobre limpia de atajeas para las fuentes de la Alameda, Santa Lucía y el Valle, y sobre abono de demasías en la obra de la fuente de la plaza de la Magdalena: — n.° 41, letra L, Memorial de don Diego de Ulloa en nombre del cardenal arzobispo manifestando á la ciudad que el veinticuatro Pedro Caballero de lllescas cedía sus casas en la calle de Abades para habitación de la Señora Condesa de Lemos, sobrina del prelado, y pidiendo licencia para labrar un pasadizo en comunicación de dicha casa con el palacio arzobispal ; — n.° 2 5 , letra O, Cuenta de jornales de maestros y oficiales de cantería que en i 547 labraban relieves y muros en la obra del cabildo nuevo (quizá por este documento se pueda averiguar quién era el maestro ó arquitecto que dirigía la obra en dicha época);— n." 28, Proposición del señor Asistente en cabildo de miércoles i 5 de Setiembre de i 568 respecto á las obras de la ciudad y malicia de los veedores y oficiales en dilatar los trabajos, y acuerdo de la ciudad para poner remedio al dispendio y retrasos;— n.<* 53, letra P, Memorial de los pintores de imaginería Antón Velázqucz y Miguel Valles (profesores de quienes no tuvo noticia Ceán Bermúdez), pidiendo el pago de las demasías en la obra de pintar, dorar y estofar los artesones y fondos del magnífico techo del cabildo alto de las Casas Consistoriales;— n.° 54, Informe de los capitulares encargados de nombrar los veedores para el arte de los pintores de imaginería, manifestando á la ciudad la elección de Alvaro de Ovalle y Juan de Campaña en i 5Ó9 (tampoco de Alvaro de Ovalle tuvo noticia Ceán);— n.° 32, letra P, Carta de la ciudad á don Gonzalo de Saavedra y á don Pedro de Andrada, en Noviembre de i 586, interesándoles en la concesión de licencia para labrar un puente de piedra en vez del de barcas;— n.° 3 3, Contestación de Pero Fernández de Andrada á la ciudad en 28 de Noviembre de i 586 manifestando sus buenas esperanzas de conseguirel superior permiso para la construcción del puente de piedra sobre el Guadalquivir; — n." 10, letra R, Memorial de Antonio de Cibori en i 580, proponiendo á la ciudad sacar con ingenio de su invención del fondo del Guadalquivir las naves anegadas y perdidas ; acuerdo del Cabildo para que se entendiese con Cibori el veinticuatro Melchor del Alcázar; y resultado de la comisión y condiciones impuestas para la extracción de dichas naves; — n.° 4, letra C, Testimonio y traslado de la Real pro-

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tacUní, la natural tendencia de los sevillanos á reunirse como los orientales en los parajes abiertos y públicos, había introducido desde muy antiguo la costumbre de hacer los tratos y convenios en el hermoso y irasco patio de los Naranjos de la Cate-

visión de S. M. y señores de su Real Consejo, en la villa de Valladolid á i6 de Mayo de 1538, prohibiendo balconajes, portales, ángulos salientes y fachadas altas que aleasen la población oscureciendo las luces, impidiendo el libre tránsito y haciendo las travesías estrechas y tortuosas:— n." 5. Pedimento de doña Elvira de Zúñiga y Guzmán en i 580 exponiendo el libre tránsito de costumbre inmemorial por la calle frente á San Miguel que conducía á la de las Armas, interrumpido con obras en casa de su propiedad por don Juan Legarra, quien estorbaba el paso por dicha vía á la familia de la suplicante, cuya vivienda tenía postigo á la callejuela, debiendo declararse libre el paso por ser la calle Real.

Fiestas públicas, autos sagrados, danzas y otros regocijos : n.° 4, letra C, Condiciones del remate de la postura de toldos para la fiesta del Santísimo Sacramento ; — n.° s 1 Memorial en 1 5 38. de Mucio, italiano, pidiendo la paga de su compañía de comediantes encargada de la representación de autos en dos carros por la estación del Corpus:— n.° 6, Memorial de Pedro Saldaña. autor de comedias, en 1 580. pidiendo gratificación por las representaciones de autos en carros y aspirando á la joya ó premio señalado para el que dentro de la octava desempeñara mejor la fiesta:— n.° 7, Memorial de Bartolomé Romero, autor de danzas, haciendo presentes sus gastos en la fiesta del Corpus de i 582 y procesión de las Vírgenes, en las cuales sacó la compañía de Domingo de Urrea en el baile intitulado «La boda pastoril,>■> y pidiendo que se adludicara la joya de las danzas;— n." 10, Memorial de los autores de comedias Alonso de Cisneros y Gaspar de Porras, contratados por la ciudad para la representación de autos en la fiesta del Corpus en 1 =589, pidiendo la paga del último tercio de sus salarios : — n.° i i , Memorial de Juan Bautista y demás autores de danzas, reclamando el resto de sus salarios.

Memorias de artistas, escritores, ingenieros, etc.; n.° 53, letra M, Memorial de Hernán Ruíz, maestro mayor de las obras de la ciudad en i 564, pidiendo 27000 maravedises del salario cumplido en Abril y el resto hasta el mes de Julio en que le despidió el cabildo de su servicio ;—n.° 54, Memorial de Benvenuto Tortello, maestro maj^or de las obras de la ciudad, elegido en Mayo de i 569, pidiendo su título; — n." :; 5, Expediente seguido en 1570 y 71 con relación al propio Benvenuto Tortello, sobre pago de sus salarios y de los trabajos que hizo en la Cárcel, en el camino de Cazalla, en los aparatos y monumentos para recibir á S. M. y en la decoración de la puerta de la Carne ;—n.''* 80, 81 y 82, Proposiciones de los ingenieros Juan Selle, piamontcs, Arsenio de Corfü, italiano, y Luís de \'illafranca, sobre molinos de nueva invención en el puente de barcas y otros puntos; — n.° 83, Memorial del célebre poeta Baltasar del Alcázar pidiendo á la ciudad sitio para construir un molino sobre el Tagarete, en 1592, 5^ resolución favorable de su solicitud :—n.*' 55. letra P, Memorial de Pedro de Villegas, célebre pintor, pidiendo licencia para labrar un sumidero en una casa suya de la costanilla de San Martín, en 158Ó;— n.° 56, Autos y diligencias, en 1=599, sobre elección anulada de Francisco Bravo (desconocido á Ceán) por maestro veedor del arte de los pintores de imaginería, y nuevas elecciones recaídas en Vasco de Pereira y Juan de Salcedo:— n." 57, Memorial del arquitecto Cristóbal de Rojas pidiendo licencia á la ciudad en i 589 para la publicación del plano y planta de Sevilla y su circuito.

Memorias relativas d hechos gloriosos : n." 2, letra 10, Carta de don Martín de

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dral, á cuyas puertas se situaban los agentes de negocios ó pregoneros molestando á los fieles con sus personas y con sus ruidosas discusiones y anuncios. Corría el año 1572: acababa de erigir en Londres á su costa la primera y magnífica Bolsa (Royal Exchange) el acaudalado Tomás Gresham, y el ilustrado arzobispo de Sevilla, don Cristóbal de Rojas, pidió á Felipe II que siguiera aquel ejemplo mandando construir un edificio á propósito para las transacciones comerciales, desterrando de una vez el abuso de ocupar el ingreso del templo las gentes á ellas dedicadas. Era la época más oportuna para introducir el orden y la regularidad en todo lo concerniente á la vida pública: el monarca tenía una aversión instintiva á lo desordenado y anárquico ; el espíritu austero de la magistratura, tan influyente á la sazón, favorecía los proyectos encaminados á desterrar toda reliquia de pública licencia : era cabalmente aquel reinado la fórmula más acabada de una completa y sistemática oposición á los antiguos hábitos de la Edad-media, y desde este punto de vista la regla y el compás de Herrera, el Felipe II del arte, que reemplazaba á la caprichosa libertad del antiguo constructor.

Córdoba, de Teba á g de Setiembre de i 562, sobre el desastroso fin de la campaña de África dirigida por su padre el conde de Alcaudete, prisionero del Bey fie Argel, y favor solicitado de la ciudad para su rescate; — n.° 3, Carta del Secretario Juan Vázquez de Molina promoviendo, en nombre de S. M., la idea de cuestar los capitulares en los diferentes pueblos de Andalucía para el rescate de aquel distinguido y desgraciado caballero.

Universidad^ Colegios, Archivos: n." 3 i, letra C, Memorial del maestro Cristóbal Ruíz de Espinosa pidiendo las chirimías y trompetas de la ciudad para que le acompañaran en la ceremonia de toma de posesión de una cátedra de Artes y Filosofía en la Universidad de Santa María de jesús (Maese Rodrigo);— n.° i 3, letra J, Solicitud en nombre del Colegio de la Compañía de Jesús pidiendo licencia para acarrear los materiales destinados á la obra de las Escuelas de gramática del barrio del Duque frente á San Miguel; - n.° 15, Memorial del Superior del Colegio de Ingleses, el P. Personio de la Compañía de Jesús, impetrando auxilios del Cabildo para ensanchar las viviendas de dicha casa;— n.** 30 y 31, letra U, Traslados de las bulas, autos y diligencias que mediaron para la fundación de la Universidad de Sevilla en el Colegio de maese Rodrigo :— n.°^ 41 y 42, letra A, Acuerdos del año 1583 sobre arreglo de los desordenados papeles del archivo de la ciudad, por manifestación del veinticuatro don Juan de Escalante y Mendoza, procurador mayor, y comisión dada para su ordenación al Alcalde mayor don Andrés de Monsalve y al Jurado Andrés Núñez de Zarzuela.

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venía á ser como la expresión alegórica de todas las nuevas ordenanzas dictadas para la sociedad española cuyos destinos regía el hijo de Carlos V. ¿Quién sino Juan de Herrera había de hacer la traza para la nueva casa de Contratación de Sevilla? ¿Quién comprendía mejor que el arquitecto cesáreo los deseos de aquel César arquitecto, que tan asiduas vigilias consagraba á la reforma y corrección de los planos y trazas de las obras públicas realizadas en todas las provincias de su monarquía? Según el proyecto, pues, de aquel artista (i), cuyo mérito principal á nuestros ojos es el haber identificado la forma de sus edificios con el espíritu regularizador y, por lo reaccionario, exagerado, dominante en su siglo, edificóse en trece años (de 1585 al 1598) bajo la dirección de Juan de Minjares, que venía de terminar la obra de cantería del Escorial, la monótona y majestuosa Lonja que admiró, celebró y sigue encomiando como una creación maravillosa, la fanatizada Sevilla.

En su carácter artístico viene á ser esta fábrica como la antítesis arquitectónica de las Casas Consistoriales: planta del todo regular, formando un cuadrado perfecto; elevación en todas sus fachadas uniforme; decoración sobria con ausencia de toda escultura. Debe en verdad atribuirse solo á natural reacción, producida por el extraordinario abuso de la fantasía en el género plateresco, la boga que alcanzó en España esta desnuda y desabrida arquitectura. Todo hombre ilustrado en Sevilla se cree obligado á celebrar la majestad y belleza de la Lonja: el deseo de admirar cualidades tan poco comunes, nos ha llevado repetidas veces á contemplar con prevención favorable esa mole rectangular de ladrillo y piedra martelilla que se levanta al mediodía de la gótica Catedral, y siempre hemos vuelto de nuestra visita con el desencanto en el corazón. Pilastras toscanas, ventanas rectangulares, puertas sin el menor

( I ) Costó la traza de Herrera á la Universidad de Mercaderes la suma de i ooo ducados.

JEREZ DE LA FRONTERA. — Portada del refectorio de la Cartuja

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ornato, balaustrada sobre la cornisa adornada con bolas (sello indefectible de toda obra de Herrera), he aquí la Casa de Contratación en su exterior. Hacemos justicia al Vitrubio español suponiendo que no son de su traza las feas pirámides almohadilladas que sirven de remate á sus cuatro ángulos. — El interior es, digámoslo así, más arquitectónico, si bien causa en el ánimo aquella glacial impresión que es el efecto lógico de la mera regularidad privada del misterioso é indefinible rayo de luz que solo emana del genio y del sentimiento. Lo principal en él es un patio de dos órdenes de galerías, dórico el inferior y jónico el de encima, con un antepecho abalaustrado de la misma forma que el de las fachadas exteriores. Los arcos de la galería superior se cerraron en 1784 cuando se destinó el piso alto del edificio á Archivo de Indias. En el centro de este patio hay una hermosa fuente de mármol. — Poco tiempo disfrutaron los comerciantes de la ciudad de este suntuoso edificio después de construido : Felipe V reunió el consulado de Sevilla al de Cádiz, y esta incorporación duró todo un siglo. Carlos III, por una real cédula de 24 de Noviembre de 1784, restituyó al comercio de Sevilla su independencia, y como para indemnizarle de aquella especie de postergación, le concedió nuevos privilegios; pero el desposeído no volvió á su casa como dueño absoluto, sino llevando en su compañía los testimonios escritos de las heroicas empresas que tan vastos horizontes le habían abierto en el Nuevo Mundo. Desde entonces comparte el Archivo de Indias con el Consulado y el Tribunal de Comercio el palacio erigido para Lonja ó Casa de Contratación.

El Archivo de Indias, formado con la reunión de cuantos papeles relativos al Nuevo Mundo existían antes diseminados y sin concierto en varias dependencias del Estado y en el Archivo de Simancas, es hoy una colección inapreciable de documentos que comienza en la conquista de Granada, primer jalón de nuestra edad moderna, comprende la grandiosa epopeya de nuestros descubrimientos y conquistas en las dos Américas,

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y termina con la triste comprobación de la decadencia de nuestras armas y de nuestra política en las vastas regiones de allende el Océano. Ahí yacen ignoradas y depositadas en la soberbia estantería de caoba y cedro dispuesta por el sabio canónigo don Antonio de Lara, Superintendente del Archivo (i), numerosos recuerdos, consignados día por día, del inspirado

(i) Los documentos que hoy se custodian en el Archivo de Indias estaban antes esparcidos en varias dependencias : los principales, que justifican el derecho de España al mundo descubierto por sus hijos en la época de Colón y Magallanes, se hallaban en Simancas : los demás estaban en la Secretaría de Nueva España y Perú, Contaduría general y Escribanía de Cámara del Supremo Consejo de Indias, Secciones de Ultramar de todos los ministerios, Juzgado extinguido de Arribadas de Cádiz y Archivo del Tribunal de la casa de Contratación. Mandóse en i 784 que se reuniesen todos en la Casa Lonja, y se dio comisión al efecto al Inquisidor de Sevilla y canónigo de Cuenca don Antonio de Lara, sujeto de vastos conocimientos y gran constancia en el trabajo. Lo primero que éste hizo mientras se remesaban á Sevilla todos los papeles, fué disponer la obra necesaria para recibirlos, y adornar la espaciosa escalera revistiendo sus paredes de jaspe de Morón. Derribó los tabiques divisorios de los lados de \. E. y S. haciendo tres grandes salas corridas, y puso en ellas una lujosa estantería de caoba y cedro, de orden dórico, rematando en una ancha cornisa en cuyo friso se representan los usos y costumbres, armas, embarcaciones, e'tc, de los indios. Respetó el canónigo Lara los arcos de las galerías superiores del patio, y en 1788 se colocaron los papeles enlegajados y ordenados en la suntuosa cajonería. Pero la atinencia incesante de nuevas remesas, hizo que en el año 1800 se destinasen también al Archivo de Indias aquellas galerías interiores, y entonces se dio la orden para que se tabicasen sus intercolumnios.

El Sr. D. José Villa-amil y Castro, archivero-bibliotecario destinado en el presente año I 884 á los trabajos de reorganización del Archivo de Indias de Sevilla, acaba de publicar, sin su nombre, un interesante opúsculo titulado Breve reseña histórico-descriptiva de dicho archivo, que da razón cabal de todas las obras que se hicieron para su instalación y de lo que costaron, con datos sumamente curiosos acerca de la formación de sus inventarios é índices. Dedúcese además de este útil trabajo, que el Archivo de Indias, según el último recuento, contiene unos 32,600 legajos, custodiados en 158 estantes, de los cuales, 83 son de seis cajones y los restantes de siete : los de la galería exterior, de caoba por fuera y de cedro por dentro, y los de la interior, de pino pintado;— y que en los escaparates añadidos para tener de manifiesto algunos de los documentos de mayor interés, hay 36 de éstos, entre los cuales figuran la preciosa Dula de Alejandro VI sobre la división de lo descubierto por los reyes Católicos en las Indias ; la carta de Vasco Xüñez de Balboa al rey don Fernando el Católico sobre sus descubrimientos; el testamento de Juan Sebastián del Cano; cartas de Hernán Cortés, de Pedro Albarado, de Pizarro, de Diego de Almagro, de Pedro de Valdivia, de Fr. Bastolomé délas Casas; la cubierta de la Información de Miguel de Cervantes sobre su cautiverio en Argel (de su mano); curiosísimos croquis de diversas poblaciones de la América descubierta por los españoles, con figuras iluminadas de personas, animales, edificios, etc.

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Colón, del enérgico Hernán-Cortés, del fiero Pizarro, del infeliz Almagro, del aventurero Alvarado, del generoso y compasivo Bartolomé de las Casas, y será preciso que produzca la regenerada España un nuevo Solís y un nuevo Ercilla para que salgan á luz los escondidos tesoros de esa rica mina de actos maravillosos, de épicos esfuerzos, de delirios y goces sublimes, de inauditos dolores!

Una de las más hermosas vistas de Sevilla es la que se goza desde el terrado de la Lonja, entre las regulares hileras de hemisféricas cúpulas con que cubrió Herrera sus salones. Pero también desde este mismo terrado, por encima del manto de esmeralda con que á la otra parte del río viste la primavera el delicioso panorama de las alturas de Gelves y San Juan de Alfarache, descubre la vista los blancos caseríos de Castilleja, pueblo donde en 1544 murió pobre y olvidado el intrépido conquistador de la corona de Motezuma! — La pobre casa que habitó en Castilleja Hernán Cortés fué comprada en 1855 por el Sr. Duque de Montpensier, el cual la restauró para que la última morada del gran conquistador quedase al abrigo de toda ruina. En una sala que lleva el nombre del héroe, se hallan reunidos los recuerdos de sus hazañas : varios retratos suyos, vistas de Méjico, pinturas que perpetúan ciertos episodios de su brillante epopeya, y algunas ramas del famoso árbol de la triste noche, conservado aún cerca de Méjico, bajo el cual se cuenta que pasó el grande hombre su noche última al tener que abandonar por la primera vez la capital de su imperio.

CAPITULO XXX

Cádiz desde el siglo XIII al XVIII

L recuerdo de los descubrimientos y conquistas llevadas á cabo por los famosos varones cuyos nombres y hechos conserva celoso el Archivo de Indias^ nos conduce ahora por la majestuosa corriente del Guadalquivir á la costa donde se alza del seno del Atlántico la memorable colonia fenicia; la cual, aunque privada durante la Edad-media de gloriosos timbres por la superioridad de otras ciudades, asiento de prepotentes magnates, renació á vida propia en el siglo xiii, en cuyo punto nos cumple volver á anudar el roto hilo de sus memorias.

Cádiz, que bajo el yugo sarraceno perteneció con Algeciras á la circunscripción de Filistin (Asido), dada á los guerreros filisteos cuando los árabes de Siria vinieron á España, llevó en-

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tonces el nombre de Kális. Como próxima á la costa africana, la facilidad de mandar á ella recursos la aseguraba al dominio del Islam, y hasta que tomaran incremento los nuevos Estados cristianos de la España restaurada, la cruz no había de volver á descollar en ella, ya fuesen los Califas, ya régulos advenedizos, ya almorávides, ya almohades sus regidores. Solo de un formidable enemigo, común á muzlimes y cristianos, podía temer su ruina: de los intrépidos escandinavos, que desde el noveno siglo, periódicamente, de cinco en cinco, ó de siete en siete años, bajaban de los mares del norte á hacer incursiones en las costas de las naciones meridionales (i). Pero en el siglo xii, y después de sometida Toledo á las armas cristianas, ya el mahometismo en la región del Betis y del Guadalete tenía que correr una suerte precaria, aunque el exceso de la confianza proporcionase á los caudillos de las huestes de los Alfonsos algunos descalabros.

Uno de estos, muy sensible, experimentó el hijo de don Ramón de Borgoña y de doña Urraca, don Alonso VII de Castilla, llamado el Emperador, en una entrada que hizo en Andalucía por los años 1 1 3 i . He aquí cómo refiere Sandoval el imprevisto percance. «Nunca tal plaga vieron los de Córdoba y Sevilla sobre sí, ni tal destruición. De ahí movió el rey con su campo y llegó con él á Xerez, que era una famosa ciudad, y con poca dificultad la entró y saqueó... De ahí llegó á Cádiz donde le sucedió una desgracia por un desmán que, con osadía de tantos buenos sucesos, hicieron unos soldados mozos, hijos de los condes y capitanes que venían en el ejército. Oyendo que en una isleta allí cercana (que debía ser do es Cádiz) se habían recogido muchas gentes con grandes riquezas y ganados, sin orden del rey ni darle parte de su determinación, juntándose

(1) Quedan reseñadas en el capítulo XiX las incursiones que durante los siglos IX y X hicieron estos escandinavos, denominados en las crónicas españolas y árabes normatidos, majits y almajuses^ en las poblaciones de Andalucía y señaladamente en Cádiz, Asido y Sevilla.

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con otros soldados, pasaron allá mal concertados, llevados de la codicia ciegamente; y como los vieron los moros, salieron á ellos y trabaron una sangrienta batalla, donde los cristianos fueron vencidos y muertos, y escaparon muy pocos que volvieron dando cuenta de su perdición y mal suceso. De aquí adelante comenzaron á reportarse los del ejército y guardar los mandamientos del rey, no echando el pié fuera de la tienda sin su orden. Detuviéronse aquí algunos días y dieron la vuelta cargados de ricos despojos y infinidad de cautivos.»

Llega el siglo xiii, que cierra las puertas á las esperanzas musulmanas con la gran derrota de las Navas de Tolosa, y estando el rey don Alonso el Sabio en Sevilla, sabedor de que la villa de Cádiz está mal guardada, ordena á su almirante Pedro Martínez de la Fe, que con don Juan García, rico-hombre, y otros esforzados caballeros y escuderos, salga de Sevilla con la bien prevenida flota que tiene en el Guadalquivir, y á toda vela se ponga sobre la desprevenida villa. íiízolo así el almirante: Cádiz, sin el menor recelo, tenía sus puertas abiertas, y los castellanos entraron por ellas matando á algunos moros, aunque pocos, porque las tropas con el improviso rebato no acertaron á ponerse en defensa. Entró en Cádiz don Juan García, mandó ocupar las fortalezas y guardar las puertas, y permaneció allí con su hueste cuatro días, durante los cuales se apoderaron de muchas mercaderías, oro, plata, y otras cosas de gran valor que llevaron á sus galeras y navios. Siendo inmenso el poder de la morisma de mar y tierra que sobre ellos venía, tomaron la vuelta de Sevilla. — Era en aquella sazón Cádiz de Jacub Ben Jusuf, rey de Fez y de Marruecos: sentido de la presa que en ella había hecho don Alonso, le envió embajadores para pedirle enmienda y satisfacción de la injuria; mas tuvo que contentarse con corteses disculpas.

No se sabe con fijeza en qué año ganó don Alonso el Sabio á los sarracenos la isla de Cádiz : la tradición constante señala el de 1262, y supone que las huestes de Castilla entraron

en ella el día de setiembre en que la iglesia romana celebra la Exaltación de la Cruz. — Desde luego consideró el rey que esta Isla podría serle muy importante para la conquista del África: así su primer cuidado fué reedificarla y repoblarla. Echó mano de familias de las montañas de Laredo, Santander, San Vicente de la Barquera y Castro Urdiales, atraidas con repartimientos y privilegios, y edificóse la nueva población sobre el asiento de la antigua Gades romana, aprovechando el sitio más alto y acomodado para el uso de la bahía, abandonando todos los edificios que habían habitado los infieles. — Era al principio la nueva villa como una cindadela cuadrada, ceñida de muros por todas partes menos por el mediodía, donde la resguardaba la inexpugnable roca tajada en que se estrella el mar. Fué aumentando la población, y fué dilatándose el caserío; pero la edificación antigua retuvo el nombre de villa, aun después de ganar el de ciudad la nueva Cádiz cuando vio erigido en catedral su más autorizado templo. El rey Sabio le había adjudicado dilatados terrenos en los términos de Jerez, Rota y San-Lúcar; pero algunas familias poderosas se apoderaron de ellos por compras ó por mercedes, y cabalmente cuando llegaba para Cádiz la hora de su renacimiento como puerto, era cuando su importancia como ciudad tocaba el grado ínfimo de su descenso. Porque cuando la reina doña Juana expedía en 1509 su cédula quitando á Sevilla el monopolio de la contratación de las flotas para las Indias, y mandando que en la ciudad de Cádiz se pudiesen registrar también los navios que tomasen la derrota ó volviesen de América, ya la perla de aquel semidiós líbico ó fenicio que dio nombre al Estrecho, estaba sin concha, ya no poseía Cádiz más que los enjutos arenales de la menor parte de su isla. — Una casa prepotente, la de los Ponces de León, á favor de las turbulencias y revueltas del deplorable reinado de don Enrique IV, se había alzado con el señorío de la ciudad, y habían sido tales después los merecimientos del marqués de Cádiz y conde de Arcos, don Rodrigo Ponce de León, en la guerra de Granada, que ni el decidido empeño de los re-

yes Católicos por reincorporar en su corona aquel estado, fué bastante para lograrlo por completo: por lo cual quedó en la casa de Arcos toda la parte que hoy se llama isla de León, y Cádiz despojada de las concesiones que le otorgó don Alonso X y confirmaron sus sucesores (i).

Pero debió ser grandemente beneficiosa la medida adoptada por la reina doña Juana, porque ya en 1530 era considerable el desarrollo del comercio en este hermoso puerto, y desde entonces siempre fiíé en aumento su riqueza. Atraído el célebre Bárbaroja por la opulencia de sus traficantes, intentó saquearlo en ocasión de hallarse las galeras españolas en Italia en la coronación del invicto Carlos V. Salvó entonces á Cádiz de un completo saqueo la diligencia de Andrea Doria. — En 1553 asoman veintiuna fijstas y galeras argelinas, que en alas de la codicia vuelan sobre las aguas del Estrecho, y esta vez, solo el cielo que les manda una deshecha borrasca defiende los tesoros de la ciudad. — En 1574 caen de improviso sobre la Almadraba y caserío de Hércules varias naves de moros, que, recibido aviso oportuno por un renegado, pone en huida con parte del vecindario armado el corregidor Pedro de Obregón; — y otra igual tentativa habían hecho en 1540 los turcos para apoderarse de Gibraltar, valerosamente defendido por el marqués de Santa Cruz, don Alvaro de Bazán. — En 1587 entra en la bahía de Cádiz el almirante inglés Drake, á quien la reina Isabel enviaba á España por haber sabido que Felipe II disponía en secreto gente para invadir sus estados : quema algunos navios, y hácese á la vela costeando la vuelta del Algarbe y Portugal, regresando con su presa á Inglaterra. — En 1596 escalan los muros de Cádiz tropas inglesas al mando del conde de Essex, fuerzan sus puertas, saquean las casas, incendian los templos y pasan á cuchillo muchos de sus pobladores, siendo inútil la resistencia

(i) Los privilegios de Cádiz y sus confirmaciones hechas por don Pedro, don Enrique III, don Juan II, don Enrique IV y los mismos reyes Católicos, pueden verse en la Historia de Agustín de Horozco.

que éstos les oponen auxiliados por los vecinos de las poblaciones inmediatas... (i).

Tenía Cádiz cuando el inglés la saqueó, dice Horozco, que precisamente escribía su historia dos años después de aquel terrible suceso, hasta mil doscientas casas, tan fuertes y tan buenas, que en ningún otro lugar de los de su clase las había mejores; todas de mampostería, con azoteas en vez de tejados, por ser de mejor reparo á los vientos y ofrecer mejor defensa en cualquier peligro. La villa, en un principio reducida á la cerca de la parte alta (2), era ya ciudad populosa, tendida de N-O. á S-E, y dividida en dos partes, una oriental y otra occidental, con una espaciosa plaza en medio, llamada la Corredera. La parte de Oriente, que era la más fortalecida, elevada y sana, tomó de una ermita allí dedicada á Nuestra Señora, el nombre de barrio de Santa María; la de Occidente se llamó arrabal de Santiago, por otra ermita que en él se labró á devoción de este santo. Desde mediados de aquel siglo comenzó el barrio alto á decaer, ^nando en importancia el otro, que era arrabal, por ser sitio m^ espacioso, cómodo y llano, y por hallarse más próximo á los pozos de la Jara y demás, de que toda la ciudad se surtía;

(i) La ciudad de Sevilla levantó gente y la adiestró para enviarla á Cádiz bajo el mando del duque de Medina-Sidonia. Este auxilio fué tardío: el duque entró en la ciudad después de haberla saqueado é incendiado el conde de Essex, que sosegadamente emprendió su vuelta á Inglaterra sin experimentar daño alguno ; y sin embargo, los bisónos de Sevilla creyeron sin duda haber triunfado, porque Cervantes, que iba con ellos, escribió á la sazón, en forma de soneto, un verdadero epigrama, en que se burla del capitán Becerra, que había sido el instructor de la gente de Sevilla, de las bravatas de los andaluces, y del mismo duque de MedinaSidonia que los mandaba. Recordemos sus tercetos :

Bramó el Decerro, y -púsoles en sarta, tronó la tierra, oscurecióse el cielo amenazando una total ruina; Y al cabo en Cádiz con mesura harta, ido ya el conde sin nin<¿ün recelo, triunfando entró el gran duque de Medina.

(2) Este es el barrio de calles angostas, oscuras y tortuosas, llamado hoy el Pópulo.

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y aunque el barrio de Santa María presumió algún tiempo de más favorecido por trocarse su ermita en iglesia de un Convento de monjas de Nuestra Sei'iora de la Co7icepción, el arrabal de Santiago triunfó en la competencia en cuanto la ermita del santo se transformó, á costa del insigne poeta sevillano don Juan de Arguijo, en templo de una Casa de Jesuítas, y á la sombra de ésta se dieron tanto á poblar, que se convirtieron en anchas y limpias calles, bien empedradas y llenas de hermosos edificios, muchas de las que hasta entonces habían sido huertas, viñas y retamales. — Á la casa de la Compañía se habían agregado después otros cuatro templos (i): el de San Francisco^ el convento de monjas de Nuestra Señora de la Candelaria^ el de San Agustín y el de San Lorenzo, y además la ermita de Nuestra Señora del Rosario. — Todos los oficios públicos se hallaban establecidos en la plaza de la Corredera. — En la parte de ésta más arrimada á la villa alta y antigua, estaban el Hospital de la Misericordia, las casas del Cabildo^ el almacén que la ciudad tenía para los pertrechos de guerra, la Alhóndiga , X^iS^íasas de los Corregidores y la Cárcel real. En la parte opuesta tiabía,' antes que sobre la bahía se edificase la muralla de la fortificación, un terraplén ó baluarte muy bien artillado, desde el cual se gozaba de todo el puerto con mucho entretenimiento y desenfado para la gente que de ordinario asistía á la plaza., sirviéndoles de paseo y lonja. Derribóse aquel terraplén para dar nueva fortificación á la playa. — La catedral, de modesta arquitectura, descollaba sobre las construcciones de la antigua villa de don Alonso X: sobre el arco de la que era en é.sX.2. puerta de tnar^ se había construido en 1589 la Real Capilla del Pópulo.

Tal era en ligero bosquejo la fisonomía de Cádiz al correr el año 1598 en que Horozco escribía, y tal aún en 1609 según el plano que existe en el Archivo de Simancas, y que salió á luz

( 1 ) Se equivocó Horozco al decir que fueron tres los templos agregados antes del incendio y saco de Cádiz al de la Compañía de Jesús. Se olvidó del de San Agustín, fundado en 2 de abril de i 593 en la plaza de Candelaria.

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algunos años há (i); sin más diferencia que hallarse ya marcadas en este las obras de fortificación con sus baluartes, muelles y puertas, que aquél anunciaba como de próxima construcción. Ardua tarea sería hoy describir la forma arquitectónica de aquellos pocos templos, conventos y edificios públicos : nada apenas retiene Cádiz de su primitiva estructura. Con la bárbara devastación que á hierro y fuego consumaron los ingleses en 1596, cuando don Antonio Osorio, enviado por el duque de MedinaSidonia, entró en la ciudad al zarpar de la bahía la armada del conde de Essex, halló 290 casas quemadas, y convertidas la Catedral, el Colegio de Jesuítas, el Monasterio de Nuestra Señora de la Concepción, el Hospital de la Misericordia y la Candelaria, en otros tantos cráteres que despedían columnas de humo denso y vertiginoso y llovían sobre el calcinado pavimento en mal apagados carbones la antigua gala de sus retablos y pintadas techumbres. Los codiciosos isleños se habían llevado campanas, rejas, puertas y todos los objetos de metal de que se prometían alguna ganancia. — Este saqueo y ruina de Cádiz obligó á la corona á gastar considerables sumas en su reparo y fortificación para guarecerla de semejantes invasiones, y bien le avino á la ciudad que así se proveyese á su futura defensa, porque en 1625 volvió Inglaterra á intentar otro desembarco bajo el mando de los generales conde de Essex y Enrique Cécil vizconde de Wimbleton, y los resultados de esta expedición fueron para ella funestos, pues perdió lo más florido de su gente de guerra, y su escuadra tuvo que huir de la española en las enrojecidas aguas de la bahía. Ya entonces estaba Cádiz fortificada con el castillo de Santa Catalina, erigido en 1598 con ruinas de la ciudad antigua; con el de San Sebastián, levantado en 161 3 en la pequeña isla de ese nombre, sobre una ermita del siglo xiv, obra de venecianos; y con otras varias construcciones de defen-

(i) Hízolo don Adolfo de Castro en su Historia, de la ciudad y provincia de Cádiz, publicada en 1858.

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sa que servían al par de faros ó vigías, como la Torre de la Almadraba (hoy Torre-gorda), el castillo de Sancti-Petri, y el de San Lorenzo del Puntal; todas las cuales atalayas, unas tras otras, encendían durante la noche sus fuegos de alquitrán ó de leña seca, y si descubrían enemigos disparaban una pequeña pieza, esparciendo la luz tantas veces cuantos eran los bajeles.

Habiéndose agregado en el siglo xvii á las obras de fortificación y defensa muchas restauraciones y reconstrucciones en los antiguos edificios citados, tarea que los opulentos gaditanos se imponían y realizaban á competencia para dar vado al ardoroso anhelo de hacer de su ciudad una nueva Venecia, digno abrigo á las flotas que de Tierra-Firme y Nueva-España llegaban á ella cargadas de plata, oro, pedrería y otros productos de gran valor, fácilmente se comprende que de las edificaciones de los siglos XVI y anteriores hayan quedado muy pocos vestigios. La mayor prosperidad y crecimiento de Cádiz fué cabalmente en una época de decadencia para las artes, á saber, cuando más menudearon aquellas flotas y cuando se trasladaron á este puerto el comercio de Sevilla, su Consulado y el Tribunal de la Contratación (i 720). No podía menos de ser fatal á sus antiguos y más respetables monumentos la riqueza de los nuevos Balbos. Esto hace que la Cádiz de las antiguas bellezas artísticas ofrezca escasísima tarea á nuestra pluma, y que tengamos que ser sobrios de descripciones al tratar de una capital que, por su importancia marítima hasta la emancipación de las Américas, ocuparía una gran parte de nuestras páginas si fuera nuestro objeto legar á la posteridad recuerdos y glorias de la España moderna.

Debemos no obstante consagrar alguna memoria, aunque sea de pasada, á los ingenios que produjo la provincia de Cádiz en los últimos tiempos, y coadyuvar á que salgan del olvido que injustamente amortigua su legítimo resplandor. Para este fin nos presta su poderoso auxilio un gaditano, ilustre por su vasta erudición histórica, cuyo nombre hemos citado ya repe-

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tidas veces con el debido elogio (i) ; más bien él nos da la tarea hecha, porque con solo entresacar algunos de los infinitos hilos de oro de que ha formado sus semblanzas, prodigándose como acostumbran á hacerlo los escritores meridionales, resultarán perfectamente delineados los sujetos. — Sapientísimo arqueólogo gaditano fué don Juan Bautista Suárez de Salazar (2), prebendado de aquella Santa Iglesia Catedral. Escribió, entre otros, un libro titulado Grandezas y antigüedades de la Isla y ciudad de Cádiz, y un Tratado de la metnoria artificiosa: presentó el primero al municipio acompañado de una carta dedicatoria, de que se dio cuenta en sesión del 5 de Octubre de 1609; y del segundo regaló una copia á la Comisión de monumentos de Cádiz su docto vice- presidente el señor Castro. El testamento del señor Suárez de Salazar existe, entre papeles procedentes de la Compañía de Jesús, en el Archivo de Bienes Nacionales de la provincia.

Enrique Jácome y Breca, pintor insigne, conocido con el nombre de Enrique de las marinas, y confundido sin razón con el pintor holandés Enrique Cornelio Vroom, muy inferior á él en mérito. Nació en 1621 (3). Admirador de los objetos que en Cádiz se presentaban á sus ojos, se apartó de la manera de los pintores del siglo de Felipe IV y escogió para asuntos de sus tablas las marinas y los bajeles. Pero la inventiva y la gallardía de colorido con que Enrique pintaba las fustas de los corsarios argelinos, las angostas carabelas españolas y los enormes galeo-

(i) El Excmo. Sr. D. Adolfo de Castro : Historia de Cádiz y su provincia..

(2) Este es el único cuya noticia no tomamos de la obra del Sr. Castro. Xos la suministran las actas de la comisión de monumentos históricos y artísticos de la provincia. — Junta, del ]i de Agosto de iSy6.

(3) Siret supone que nació en 1620.

Del pintor holandés, que el Lanzi confundió con nuestro Enrique de las .Marinas, existe en Amsterdam un cuadro que le dio mucho nombre, el cual representa al almirante Heemskcrke echando á pique las galeras españolas en las aguas de Gibraltar; pero domina en él un verde demasiado crudo que le hace desagradable á pesar del esmero de la ejecución. El artista holandés era además inlerior al nuestro en la perspectiva.

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nes que traían á nuestros puertos los preciosos metales de las Indias, no provocaban entre sus paisanos el aplauso ni la envidia ; y viendo que sus obras no merecían la estimación de su patria, volvió los ojos á las naciones extrañas. Peregrino anduvo, luchando con los rigores de su adversa fortuna, hasta que llegó á Roma, donde buscó en las márgenes del Tíber, rico en ruinas, inspiraciones dignas de la maravilla de las gentes. Murió Enrique Jácome al pié de las fábricas sublimes que encierran las obras de Miguel Ángel, y las auras del majestuoso río besaron su rostro helado á los sesenta años de haber abierto en la risueña Gades los ojos á la luz del día.

Don Clemente de Torres, otro artista distinguido, nació en Cádiz en 1662. Pintaba al óleo y al fresco con excelencia suma; rivalizó su pincel con el de Murillo, dando á sus lienzos un tono más alegre que el que daba á los suyos el príncipe de la pintura andaluza. Como hombre tuvo contra sí la parcialidad de la fortuna, logrando de su patria una sola recompensa : la corona del infortunio. En la capilla de las Reliquias de la Catedral de Cádiz existe una bellísima Concepción que está pregonando su genio. Murió en 1730 en la miseria. Su siglo, que fué tan injusto con él, no le pudo dar en dote el olvido.

Doña María Gertrudis de Hore, la hija del sol^ nació en Cádiz en Diciembre de 1742. Estuvo casada con un opulento caballero llamado don Esteban Fleming. Cultivaba esta señora las letras : la poesía era el encanto de su alma; el lujo, su regalo; la fama de su hermosura, su orgullo. Pasaba la vida sacrificada á su vanidad, mientras Dios y todo su bien la estaban esperando á la puerta de su alma... Sus propias meditaciones la fueron lentamente preparando á un completo cambio de vida... Llegó un día en que reveló á su esposo lo que él ya presumía; manifestóle que ansiaba abandonar este mundo vano; que el corazón se le partía de dolor considerando que sus galas eran el sambenito de sus culpas; y acabó por pedirle su consentimiento para retirarse á pasar el resto de su vida donde sus ge-

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midos y sollozos tuvieran á Dios solo por testigo. Obtenido el beneplácito de don Esteban Fleming, el cual, aunque con gran pesadumbre, lo otorgó porque solo deseaba la felicidad de su esposa, entró en el convento de monjas de Santa María, donde, llena de merecimientos para lograr la eterna corona de la bienaventuranza, rindió su alma al Criador á los 58 años de edad, en 9 de agosto de 1801. Durante su matrimonio escribió muchas obras poéticas, bizarrías de su gallardo ingenio; algunas compuso después en el claustro ; muchos escritos quemó, otros quiso que se quemasen, pero no fué obedecida (i).

Floreció también en Cádiz en el sigilo último doña María del Carmen Llórente, que fué la famosa Mirla tan celebrada en las poesías de Fr. Diego González, conocido con el nombre de Delio: la que le inspiró la célebre invectiva contra el vnurciclago alevoso. Era un ángel en disfraz humano, una imagen celestial prestada al mundo para adorno de su belleza. Consagróse á la amistad de Fr. Diego González por múltiples lazos de alma á alma. Celebró éste su hermosura con un amor casto, cual correspondía á un religioso ejercitado en lo áspero de la penitencia, en lo fervoroso de la oración, en la más profunda humildad, en la más austera modestia. Mirta por su lado era el prototipo de la castidad. Cuando murió Delio, solo tuvo ella un amigo fiel en su desventura : el llanto. El dolor marchitó para siempre el nácar de sus mejillas, porque un corazón apasionado él mismo se pone la señal en el rostro. Dícese que de María del Carmen Llórente se conservan canciones dirigidas á Delio, tan dulces como el purísimo afecto que las inspiraba : nosotros no hemos visto ninguna.

Fr. Diego José de Cádiz, varón apostólico, nació en 1743. Fueron sus padres don José López Caamaño y doña María de Ocaña García. De edad de 14 años, rico para el pobre, pobre

(i) El Excmo. Sr. D. Leopoldo A. de Cueto, marqués de \'almar. publicó algunas de las poesías más selectas de esta escritora en su rica colección de Poetas ¡Írteos del siglo x\in: Biblioteca de autores españoles de Rivadeneyra, t. 65, 3.° de la citada colección.

JEREZ DE LA FRONTERA. — Antigua iglesia de San Miguel

para sí mismo, tenía siempre abiertas las manos para su socorro, el rosario colgando, los ojos en el suelo, el rostro macilento y desfigurado con ayunos. Su juventud, tan fervorosa, servía de reprensión á la ancianidad descuidada. Tomó en Ubrique el hábito de capuchino antes de los 1 5 años, y dos después profesó, cuando la primavera empezaba á esmaltar la tierra con sus flores, estimulándole á esmaltar con nuevas virtudes su vida. Enviáronle sus superiores á diferentes partes de Andalucía, de misionero: embajador del cielo para convertir al mundo. Predicaba sus sermones más con espíritu divino que con elocuencia humana ; nunca salieron de sus labios las frases rebuscadas y conceptuosas de los oradores sagrados de su tiempo. Su semblante, ya pálido por el ayuno, ya encendido por el celo, ya nublado por el dolor, mas lo representaba anatomía de la penitencia que hombre con vida. Recibíanlo las poblaciones bajo palio, con la tropa formada por las calles como á príncipe. Dentro del templo tenía que ir defendido por soldados en sus misiones, para que la indiscreta devoción no le cortase pedazos del hábito para guardarlos como reliquias. Una mala interpretación política de uno de sus sermones, le tuvo por algún tiempo desterrado de Sevilla: algunos de sus escritos fueron delatados á la Inquisición por sus émulos ; emprendió su defensa, pero sus dolencias le impidieron terminarla. Retiróse á Ronda, donde pasó muchos años de penosa enfermedad. En 1 801, un pardo velo cubrió su frente; sus ojos se llenaron de sombras, sus mejillas se trocaron de pálidas en denegridas ; mas al espirar tuvo el consuelo de contemplar los frutos de su predicación evangélica : vio coronarse de espigas sus mieses, que el aire las halagaba, que las hermoseaba la luz, que las esponjaban las lluvias, que el sol las doraba, y que el viento, siempre fecundo, las mecía hasta que quedaron colmadas de granos de oro. — Dejó impresos muchos tomos de sermones, y algunas obras ascéticas. El cardenal Cienfuegos, arzobispo de Sevilla, fué comisionado por la Santa Sede para actuar en la causa de su beatificación.

Don José de Cadalso es uno de los escritores más distinguiguidos que tuvieron por patria á Cádiz en el siglo último. Educáronle en Francia desde niño, donde aprendió con perfección las lenguas latina, francesa, inglesa, alemana, italiana y portuguesa, y de 20 años volvió á España después de viajar por Europa. Vistió en Madrid el hábito de caballero de Santiago en 1765: al año siguiente entró á servir de cadete en el regimiento de caballería de Borbón, y en el sitio de Gibraltar, en la noche del 27 de febrero de 1782, murió de un casco de granada recibido en la sien, siendo ya coronel. — Amó á la hermosa actriz María Ignacia Ibáñez, á quien celebró en sus versos con el nombre de Filis: cuéntase que cuando se apagó esta luz de su alma, el deseo de ver el cadáver de su amada le arrastró á un grave delito y á figurar como principal actor en la terrible escena de que son recuerdo sus Noches lúgubres, débil imitación de Young. Sobresalió como escritor satírico : sus Eríiditos á la violeta ofrecen un asunto tratado con ligereza ingeniosa. Sus poesías, publicadas bajo el pseudónimo de don José Vázquez (nombre de su abuelo materno) se distinguen por el sentimiento y el buen estilo. Fué menos feliz en la crítica: sus cartas marruecas adolecen de no poca trivialidad.

Donjuán Ignacio González del Castillo nació en 1763, con calidades más que suficientes para justificar una lisonjera posición y .deslumbradoras honras, y sin embargo juguete de la fortuna, pobre, y desamparado desde la cuna. Dedicóse á las letras, sin más valedor que su talento, sin más guía que su esperanza. Apuntador en el teatro de Cádiz, su pobreza le obligó á escribir muchos saínetes, dechados de naturalidad y gracejo, sin más asunto que la fiel pintura de las costumbres de su tierra. Hay críticos autorizados que estiman sus producciones superiores á las de don Ramón de la Cruz, su coetáneo, sosteniendo que en los saínetes de éste no se ven más que exageradas caricaturas, al paso que en los de Castillo abundan los caracteres bien concebidos y mejor delineados. — Escribió además Castillo

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una tragedia (el NtimaJ con toda la majestad de la lengua castellana; una elegía á la tnuerte de la reina María Aníoníeia, dictada por el entusiasmo de la indignación; y un discurso excitando á los españoles á combatir á los republicanos franceses, cuando la guerra de Cataluña, en el cual brilla una elocuencia muy superior á la abatida que usaban los escritores más preclaros de su tiempo, < Robóle la muerte en edad temprana, como si se le hiciese tarde ponerlo en el corazón de la tierra, cuando en Cádiz al empezar el siglo no se encontraban más que alientos de la fiebre amarilla en los últimos suspiros que lanzaban los acometidos.» — Fué en la lengua castellana maestro del docto alemán don Juan Nicolás Bohl de Faber.

Don Cayetano María de Huarte fué canónigo de la Catedral de Cádiz, nacido bajo el reinado de Felipe V en 1741. Era distinguido orador: el buen gusto resplandecía en sus sermones; tenía viveza y afluencia en el decir, conocimiento profundo en las ciencias eclesiásticas, y odio invencible á las opiniones laxas de algunos canonistas afamados. — Cultivó además la poesía con entusiasmo, dejó muchas églogas, odas, anacreónticas y sátiras, y un poema festivo cuyo título no recordamos.

Floreció también en el mismo siglo don José Celestino Mutis, á quien dio Cádiz cuna y escuela. Abrazó la carrera eclesiástica y fué docto en ciencias teológica, médica, exactas y naturales, y alcanzó gran reputación como zoólogo, mineralogista y botánico, en cuyos ramos formó colecciones que son bien conocidas en la corte. Residió mucho tiempo en América, y en Nueva -Granada se consagró á la pública enseñanza. Mereció los elogios del gran Linneo, para quien el nombre de Mutis es inmortal. Humboldt y Aimé Bompland, que le trataron y estimaron mucho, hicieron grabar en París su retrato orlado con la planta mutitia y con otras que él descubrió. Murió en Santa-Fe de Bogotá y dejó un libro titulado Arcanos de la quina. — Era Mutis de carácter festivo: ni la virtud sonaba melancólica en su lengua, ni la ciencia á cosa austera y desabrida. Robábale la quietud la desdicha aje-

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na: para socorrer á los menesterosos, jamás sus deseos se ciñeron al límite de los suspiros. Para el estudio de la Naturaleza,^ la aurora le llamaba á los riscos ; las flores parecía que se engalanaban con las más puras gotas de rocío para presentarse á su vista. Estimaba estéril el estudio que no conduce á la eternidad : las hojas marchitas ó secas que rodaban por tierra á sus pies, eran riquezas para su talento ; recogidas las aves al silencio, al sueño los hombres y las flores á su fragancia, acompañaba á las estrellas de la media noche y al paso de ellas hacía su camino á la inmortalidad.

Don Juan María Dañero nació el año mismo que abdicó Felipe V la corona en su hijo Luís I. De ocho años se halló con su padre en la reconquista de Oran. Pasó á las Dos-Sicilias, donde sentó plaza de guardia marina, y de grado en grado subió hasta el de capitán general de la armada napolitana. Con las tropas inglesas y los voluntarios de Sicilia arrojó de Cádiz á los franceses, mereciendo galardón del rey de la Gran Bretaña, que le regaló una espada de honor guarnecida de oro. Fué Dañero (dice el escritor que nos sirve de guía) todo alientos en el emprender, todo constancia en el proseguir, todo dicha en el acabar. Ninguno le vio sin temor : ninguno presumió vencerle ; todos procuraban resguardarse desde el día en que probaron su esfuerzo. Alcanzó los puestos sin mas que merecerlos. Imaginábase deudor de las necesidades ajenas, y en una epidemia que afligió duramente á varias poblaciones, vendió su vajilla de plata para socorrer á los menesterosos. El desinterés fué siempre su ídolo, pero lo adoraba en templo propio, no en templo ajeno como la generalidad de los hombres. La envidia, que murmura siempre á las puertas del poderoso, enmudeció á las de Dañero.

Otros muchos hijos preclaros por su talento ó por su ingenio produjo la provincia de Cádiz: entre ellos menciona nuestro docto guía los siguientes: el célebre teólogo jesuíta Diego Granado, y Fr. Pedro Abreu, autor de varias obras ascéticas, los cuales florecían á principios del siglo xvii ; — el general de ma-

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riña don Ventura Moreno; — el célebre matemático don Vicente Tofiño; — el arquitecto don Torcuato Cayón; — el competidor de Feijoo, don Salvador José Mañer; — el poeta latino don Diego Tenorio de León; — el traductor é ilustrador del Diccionario de Moreri, don Juan Antonio Miravel y Herrera; — el anticuario don Pedro O'Crowley ; — los generales don Antonio López Chaves, don Claudio Macé, don Dionisio Duque, don Pedro Ceballos, don José de Iturrigaray ; — los obispos don Bartolomé José Zaporito, don Joaquín González de Terán ; — el marqués de Méritos, regular poeta; — el marqués de Ureña, poeta, arquitecto y erudito en ciencias y artes; — y el ingenioso y festivo poeta don Francisco Nieto Molina.

Catedral vieja. — Edificada pobremente para parroquia en el siglo XIII reinando don Alonso el Sabio, en el extremo meridional de la antigua villa, dando su costado al mar, quiso aquel rey erigirla en Catedral, así como en ciudad la villa, trasladando á ella la silla episcopal de la arruinada Sidonia ; y habiendo elegido para su primer prelado á Fr. don Juan Martín, religioso de San Francisco, solicitó al efecto la correspondiente bula del Papa Urbano IV. Por fallecimiento de éste, tocó á Clemente IV el otorgar la petición del monarca, y al obispo de Ávila el hacer la consagración de la iglesia Catedral de Cádiz con la advocación de la Santa Cruz, y del electo para gobernarla, después de haber cumplido don Alonso su promesa de dotarla decorosamente (i), y de haber enriquecido su templo con preciosos orna-

(i) Los lugares que al nuevo obispado adjudicó el rey por sufragáneos, fueron: la ciudad de Medina-Sidonia, las villas de Alcalá de los Gazules, Bejer, Conil, Chiclana y Paterna, con todas sus tierras; los de la isla Gaditana y las Alcarrias ya dadas á los pobladores de Cádiz, siendo el Guadalete la linea divisoria entre este obispado y el arzobispado de Sevilla. También le dio á Marbella con su castillo y tierras. — V. á Horozco, lib. V, cap. 2. — Las armas y sello de esta Santa Iglesia son una cruz dorada en campo rojo sobre alteradas ondas.

Como muestra de su cariño á este único obispado que él fundó, quiso D. Alonso ser enterrado en la Catedral de Cádiz, indicando también en esto á los reyes sus sucesores su aspiración á la conquista del Álrica, que cae enfrente, para que al legarles aquel anhelo lo cumpliesen como un deber sagrado. Don Alonso sin embargo fué sepultado en Sevilla en la Capilla Keal, como en su lugar vimos.

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mentos y joyas (i). Mantuvo la exclusiva de su dignidad episcopal todo el tiempo que reinaron don Alonso y su hijo Sancho el Bravo; pero don Alonso XI, el del Salado, para dar importancia á su conquista de Algeciras, á fin de que esta isla le sirviese de auxiliar para la conquista de Granada, solicitó de Clemente VI convertirla en ciudad, y en Catedral su antigua iglesia de Santa María de la Palma, y habiéndoselo el Pontífice concedido, mandó en la bula expedida al efecto que las dos iglesias de Algeciras y Cádiz estuviesen en lo sucesivo unidas, y que el obispo que las rigiese se llamara obispo de Cádiz y de Algeciras. Esta unión duró hasta los tiempos de Urbano V, y así con razón observó Horozco < que el primero fiandador desta

> iglesia de Cádiz fué el rey don Alonso, y que otro Alonso se la

> quitó y mudó á Algecira; que con Urbano Quarto, Sumo Pon- >tífice, se trató su erección primero, expidiendo bulla para el

> efecto Clemente Quarto, su sucesor, y que después fué Cle- » mente Sexto el que permitió la unión de la iglesia de Cádiz >con la de Algecira, y que del Algecira se redujo á su primero » asiento desta iglesia de Cádiz, siendo Sumo Pontífice Urbano «Quinto, en el año de 1379.»

El edificio fué desde un principio pobre y exiguo: contenía, como ahora, tres naves, pero sin capillas: éstas, aunque pocas y estrechas, se hicieron y acrecentaron en el decurso de los si-

(i) Entre estas solo menciona Horozco una gran cruz de cristal, cuya última pieza al pié era el pomo de la espada del rey. Fué robada por los ingleses en el saqueo de i 596. — Conserva no obstante el Cabildo catedral una rica cruz de mano que se supone fué remate del cetro imperial de don Alonso. Y aparte de estas joyas, posee como preciosa reliquia literaria una carta autógrafa de Santa Teresa de Jesús. El ilustrado Cabildo ha facilitado en algunas ocasiones estos venerandos objetos para dar mayor realce y brillo á ciertas solemnidades : así lo verificó en 1872 cuando la Comisión de monumentos de Cádiz acordó celebrar una función religiosa, de cierto carácter arqueológico, en la iglesia de Santiago, para conmemorar el aniversario del fallecimiento de Miguel de Cervantes. En aquella ocasión, prestó también la iglesia de Nuestra Señora del Carmen otra inapreciable reliquia literaria que posee, que son unos versos originales c inéditos de S. Juan de la Cruz, y el Comandante general del Departamento facilitó para la misa de réquiem el cáliz y las vinageras que fueron de la capilla de D. Juan de Austria en la galera Real que se halló en la batalla de Lepanto.

SEVILLA Y CAUIZ

glos XV y XVI. Tenía gruesos y grandes pilares, que, para dar más espacio y diafanidad á la iglesia, hizo derribar y sustituir con columnas en 1 5 7 1 el obispo don García de Haro, el cual mandó también derribar la capilla mayor y acrecentó por la parte oriental tanto cuerpo como la mitad del que tertia la iglesia para el servicio del coro (i). — Cuando el conde de Essex incendió á Cádiz, este templo quedó casi del todo abrasado y consumido : fué inmediatamente renovado, labrándose en él once capillas y dos colaterales que sirven de crucero (2), pero con tan poca habilidad y elegancia, que quedó la Catedral mezquina y enana, con una fachada de mal gusto y estilo de renacimiento bastardo, decorada sin embargo con las estatuas del Salvador, san Pedro y san Pablo, Santiago y los santos Germán y Servando (3), patronos de Cádiz, las cuales se suponen traidas de Carrara, y parecen en efecto de aquellas producciones á& pacotilla de que los talleres de Genova y otras ciudades de Italia surtían á toda la Europa meridional en el siglo xvi. — La capilla colateral de la derecha, cuyo título era de Santa María de San Jorge, pertenece á los genoveses, que la comenzaron el año 1487 con facultad que les dio el obispo don Pedro Fernández de Solís, bajo la condición de poner en ella el Sagrario y una imagen de plata de Nuestra Señora. La colateral de la izquierda se fundó por el Colegio de los marineros vascongados, que tenían en Cádiz el privilegio de ser únicos pilotos de cuantas naves atravesasen con dirección de Levante á Poniente ó vice-versa, surpriendo en la bahía ó acercándose á descubrir la isla. Labráronla (en 14S3) previa autorización del citado obispo Fernández de Solís para tener donde juntarse á tratar de sus ordenanzas,

(i) HoROZco,lib. V, cap. 7.

(j) Ceán. en sus Adiciones al Llaguno (tomo III, pág. q2) dice, refiriéndose al año 1596: « poco después de este año, en que fue saqueada la ciudad por los in- »g\cscs. se principió la catedral que ahora llaman \'icja.» Xo expresa el erudito anotador quién fuese el autor de la traza.

(3) Las estatuas de san Germán y san Servando se llevarün á la Catedral nueva, como diremos más adelante.

exámenes y negocios, y la dedicaron á Nuestra Señora de las Angustias. Esta capilla servía de remate á la nave llamada de San Juan. — Seguíale otra fundada en 1504 por el regidor Gallazo de Argumedo ; luego otra, erigida por el arcediano de Medina-Sidonia don Juan de Torres; venía después la del genovés Polo Bautista Negrón; seguía la de Nuestra Señora la Antigua, que servía de Sacristía baja, fundada en 1587, y como última, otra que fundó en i 5 i 3 don Esteban Rejón, de la que era patrono el cabildo. — En la nave opuesta, que empezaba en la capilla de los Genoveses, estaba primero la capilla de San Pedro, fundada por tres familias juntas de los Marrufos de Argumedo, Estopiñales y Ordiales, y seguían la de Nuestra Señora de la Consolación, fundada por los catalanes Fontes hacia los años 1505, con un gentil retablo de excelente pintttra, en que se representaba al niño Jesús perdido y hallado en el templo, de la mejor mano que había en la ciudad y aun en otras muchas (i); otra capilla, fundada por el obispo Pero Fernández de Solís, en que estaba la pila bautismal; y por último la del canónigo y tesorero Pedro González, de la advocación de San Cristóbal, situada en el muro de occidente, haciendo testero con la de Genoveses.

Á las joyas, ornamentos y reliquias que dio á la Catedral el rey don Alonso el Sabio, había agregado otras muchas el obispo don Antonio Zapata, despojando de ellas su casa y servicio. Todas perecieron en aquel infausto saco é incendio, y solo se salvaron una custodia y una cruz de manga que el citado historiador describía bella y de gentil hechura por todo extremo, aunque quedó maltratada del humo y abollada de haberla escondido en una bóveda.

Cosa que hace mucho honor al cabildo gaditano fué un sínodo celebrado en la Catedral á i 2 de Mayo de 1591, prohibiendo

(1) Es lástimn que no nos diga Florozco el nombre de este pintor. Aquel ¡yeniil retablo fue sin duda pasto de las llamas que en 1596 arruinaron la Catedral antigua.

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que á las imágenes de Nuestra Señora las vistiesen mujeres ó seglares y las pusiesen afeites, tocados y lechuguillas, y mandando que esta prohibición se observase no solamente en los templos, ermitas y cofradías, sino también en las casas particulares, donde nadie podría en lo sucesivo tener y vestir imágenes. Dio con esto aquel cabildo una notable prueba de sólida piedad y cordura, porque luego se quitaron quantas imágenes avia de vestuarios, qtie con su desaseo y ruines aderezos causaban grande disgusto y ninguna devoción^ labrándose en lugar deltas muy gentiles figuras de talla. Lástima grande que esta prohibición, que tanta sensatez y buen gusto revela, no se haya generalizado á todas las iglesias de España!

La catedral vieja sirve hoy de parroquia con su primera y hermosa advocación de Santa Cruz sobre las aguas .^ desde el 28 de Noviembre del año 1838, en cuyo día se trasladó el cabildo á la nueva catedral.^ comenzada en 1720 según los planos trazados por el arquitecto don Vicente Acero.

Catedral mieva. Este templo ha sido objeto de censuras y encomios igualmente apasionados. Desgraciadamente los primeros arquitectos que trazaron la planta y trabajaron en la obra, don Vicente Acero, don José y don Gaspar Cayón, pertenecían á la amanerada escuela salmantina, que reconoce por jefes á los Churrigueras y Tomes, y dieron á la referida planta tales movimientos, que en la elevación presenta la cornisa un vuelo exagerado, quebrado siempre en ángulos. En las capillas embarazan las columnas, y el número extraordinario de resaltos que se advierte en estas capillas y en todo el templo, hacen la perspectiva confusa en extremo, como hicieron la obra difícil y costosa. Sin embargo de que estos defectos destruyen en cierto modo la religiosidad y el reposo, y hacen que la Catedral parezca mas bien un palacio por su escenografía interior, no carece de grandeza y majestad. Su riqueza por otra parte es del todo augusta: labróse todo el edificio de exquisitos mármoles de Genova hasta la altura de los capiteles, é hicieron-

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se las columnas mayores de jaspes de Manilva y Arcos. — El número de columnas de esta iglesia es 151, todas de orden corintio. Tiene 305 pies de largo, 216 de ancho, 189 en la mayor altura del pavimento á la cúpula: tres naves, catorce capillas, además de la de las reliquias; el crucero en su mayor longitud mide 188 pies; el presbiterio, al cual se sube por cinco gradas de mármol rojo, es circular, de 63 pies de diámetro: el altar ocupa el centro. La cúpula es mezquina (i). — ^La fachada presenta una gran portada central decorada con pilastras jónicas sobre basas áticas, sin orden ni medida, y dos entradas laterales que no guardan consonancia alguna con la principal, formadas de dos órdenes corintios sobrepuestos, rematando en un gran frontispicio circular.

Sufrió la obra en su ejecución penosas interrupciones, debidas al disgusto que su larga duración causaba en los que á ella contribuían, que eran los cabildos eclesiástico y civil, los particulares y el comercio. Llegó á quedar paralizada del todo; pero un desastroso incendio ocurrido en la capilla de San Firmo, cuando la obra abandonada estaba sirviendo para diversos usos profanos, excitó vivamente el celo del virtuoso y venerable obispo don Fr. Domingo de Silos Moreno, y este dignísimo prelado resolvió concluir, y llevó á feliz remate, lo principal de la obra. El arquitecto de que se valió fué don Juan Daura, que la dirigió hasta su muerte. La Catedral nueva mira al Norte, tiene en su fachada dos torres, cuya elevación, según la reforma trazada por don Manuel Machuca en 1789, debe ser de 207 pies. La torre de poniente se estaba terminando en la época de nuestro primer viaje, en 1853.

El siglo XVI vio erigir en Cádiz las siguientes iglesias, pertenecientes la mayor parte á conventos: — San Lorenzo, fundada en 1587 en el barrio de poniente para monasterio de religiosas Agustinas. — Ntiestra Señoj^a del Rosario, construida en

(1) V. la lámina : Cádiz— Interior de la, Catedral.

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el mismo barrio en época incierta. Era oratorio de mujeres devotas en 1567: después sirvió de convento á religiosas Agustinas de la Candelaria; en 1593 empezó á ejercer la administración de los Sacramentos (1). — San Agustín. Se fundó para religiosos Calzados de esta orden en 1593 en la plaza de Candelaria (2). — San Francisco. Tuvo origen en 15Ó6 bajo la advocación de Nuestra Señora de los Remedios , poniendo la primera piedra al edificio de la iglesia y convento el obispo Don García de Haro, con gran solemnidad y concurso de gente congregada al efecto en solemne procesión. Dícenos Horozco de esta fábrica (3): « El primer cuerpo de la iglesia fué de ta- »blas, muy pequeño, el que se pudo hacer en una noche i ama- »necer acabado á la mañana. Mas cierto es cosa maravillosa ver !>quán apriesa creció este humilde edificio hasta llegar al colmo »i grandeza que tenia quando llegó el inglés á esta ciudad, en »la qual se avian gastado sin ninguna duda mas de ochenta mil educados en la casa, en el templo i en muchos buenos orna- »mentos sacados de limosna en esta ciudad. Ayudó mucho á »esta casa haberse quedado á residir en ella el buen padre »Fr. Joan Navarro (su fundador) para llegar al aumento que atiene, el qual se pareciera i mostrara mucho más si lo que gas- »tó en deshacer y trocar lo hecho fuera labrándolo con mayor «fundamento y mejores oficiales. I así por lo mal que dispuso »la traza de todo el edificio, causó que aun hasta hoy tengan » trabajo i cuidado los guardianes de desbaratarlo i perfeccio- »narlo.» Estas palabras de Horozco, que como queda dicho escribía su historia dos años después del desembarco del conde de Essex, denotan claramente que el templo de San Francisco

(i) En 1 787 fué erigida en parroquia auxiliar. Este templo está completamente remodcrnado: su arquitectura es la dórica, de buenas y elegantes proporciones, pero se halla mal situado y no se goza cómodamente su linda fachada, que embellecen dos esbeltas torrecillas.

(2) En el siglo xvii (año 1617) fué trasladado á la calle de la Alcudia. No sabemos si se conserva el edificio de la primitiva lundación.

(3) Hist. citada. — Lib. V, cap. 9.

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no pereció del todo con aquel desastre; pero ¿quién será hoy capaz de discernir lo primitivo de lo restaurado en el siglo xvi, bajo la ridicula costra de dorados follajes con que el churriguerismo de los malos tiempos subsiguientes cubrió las paredes y pilares de este templo? — Á un lado de la iglesia está la capilla de la Orden Tercera, de no mejor gusto arquitectónico, y entre una y otra descollaba una elegante torre de cantería.

Lo que era huerta de San Francisco, es hoy plaza de Mina, y en lo que fué enfermería del convento se halla instalada la Academia de Nobles Artes, que han ilustrado en nuestros días muy distinguidos profesores.

Colegio de la Compañía de Jesús . Su fundación tuvo principio dos años y medio antes que la del convento de San Francisco, bajo la protección que á los PP. Jesuítas concedieron ambos cabildos eclesiástico y seglar. Promoviéronla el P. Dr. Juan de la Plaza, tercer provincial de Andalucía, y el P. Diego López, primer rector de dicho Colegio, y la comenzaron el día 8 de Abril de 1564, siendo obispo don Jerónimo Teodolo y arquitecto el P. Jesuíta Bartolomé Bustamante, que había construido el famoso hospital de San Juan Bautista de Toledo (i). Ya queda dicho que para esta fundación se echó mano de una Ermita de la advocación de Santiago que había en el barrio de poniente, la cual fué edificada para enterramiento del ilustre vate don Juan de Arguijo, el amigo de Cervantes , y con caudal suyo, según consta por la lápida puesta sobre su bóveda. — En esta Ermita tenían una cofradía de la advocación del Santo patrono de España los moriscos que había en Cádiz. — Sin duda no hubo necesidad de derribar todo el antiguo edificio, que era de buena y sólida construcción, pues Horozco señala como obra primitiva la bóveda de su iglesia: tampoco varió la advocación del templo. Prosperó el instituto, como era razón prosperase estando dirigido por aquellos sabios y celosos eclesiásticos que enseñaban

(i) Debemos esta noticia á los Documentos que acompañan al tomo 11 del Lla- ;uno. N." Vlll, pág. i()4.

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á la juventud de la ciudad y de su comarca en toda virtud y buena educación dcnde las primeras letras de miestro romance hasta todo lo que toca á la lengua latina^ con notable aprovechamiento, puntualísimo servicio y limpieza particular en el culto divino, que resplandecía alegrando i consolando la vista i el ánimo de todos los ciudadanos . — Convento de religiosas de la Concepción. La antigua Ermita de Santa María, que dijimos ser la única iglesia existente antes del siglo xvi en el barrio oriental de Cádiz, agregándose á ella unas casas inmediatas compradas con limosnas del obispo don Jerónimo Teodolo y de algunos vecinos principales, se transformó por los años 1534 en monasterio de doncellas nobles, congregadas para servir á la Madre de Dios en el misterio de su Inmaculada Concepción. Fué la iglesia de este convento uno de los edificios que incendiaron los ingleses: su restauración se estaba llevando á cabo el año 1598, según el testimonio de Horozco. Nada de particular ofrece su harto pobre arquitectura. El monasterio tiene buenas celdas y aposentos, pero es casa desconcertada. — Convento de Candelaria., de Agustinas Calzadas. Á imitación de las doncellas nobles del convento de la Concepción, congregáronse en éste en 1567 á vivir santamente otras doncellas pobres, uniéndose á ellas algunas piadosas viudas, cediéndoles al efecto cierta señora portuguesa una casa, que ensancharon con sus limosnas el obispo don García de Haro y el cabildo de la ciudad. En 1593, habiéndoles otro generoso prelado, don Antonio Zapata, ayudado á comprar las casas contiguas á la antigua Ermita de Nuestra Señora de la Candelaria, se trasladaron á este nuevo local, que se engrandeció mucho con las limosnas de los fieles. La iglesia era pequeña, aunque muy rica en alhajas, vestuarios y frontales por los continuos donativos que le hacían los devotos de la santa y graciosa imagen de talla dorada que en él se veneraba, figurando el acto de presentar Nuestra Señora en el templo á su Divino Hijo; pero con las cuantiosas limosnas recogidas pudo dársele ensanche hasta dejarla en la forma que todavía conser-

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va. Su arquitectura es la greco-romana que llamamos de receia. — La Capilla del Pópulo, de Real patronato, construida sobre el arco que en lo antiguo fué Puerta de mar, cuando Cádiz era villa y estaba reducida al exiguo recinto murado que hoy se conoce por el Pópulo^ fué fundada en 1589. Desde ella se decía la misa para la gente marinera del muelle. Esta capilla está ruinosa y cerrada al público (i).

Además de estos institutos y edificios religiosos, dejó el siglo XVI á la ciudad de Cádiz otros de beneficencia y utilidad pública, como son: el Hospital de Sa7i yuan de Dios, en la plaza que se llamaba la Corredera, titulado entonces de la Santa Misericordia, cuya iglesia abrasaron y arruinaron los ingleses, y cuya casa estuvo desde el año 1614 a cargo de los religiosos de la orden fundada por el Santo hermano Juan de Dios en Granada; — el Colegio de San Bartolomé, fundado en el Colegio de la Compañía de Jesús en 1589 por el obispo don Antonio Zapata, á imitación del que lleva el mismo nombre en Salamanca, destinado á formar para la Catedral dignos prebendados; — la Cárcel Real, la Alhóndiga, las Casas Consistoriales, la Casa de Contratación de Indias: edificios que, ó permanecían desde tiempos anteriores, ó se construyeron de nuevo en la centuria del renacimiento; pero todos ya olvidados, unos por la pobreza y sencillez con que se levantaron, otros por la riqueza, no siempre bien aplicada, de los que en su lugar se han erigido desde el siglo XVII acá imperando en la arquitectura el desenfrenado churriguerismo ó el insípido estilo vignolesco. — La situación de los edificios públicos á fines del siglo xvi era la que se colige de las siguientes palabras de Horozco : « La plaza (Corredera) » quedó delante de la villa vieja, entre ella y el mar de la bahía.

(i) a excitación de la Comisión de monumentos de Cádiz (por acuerdo tomado en sesión del ó de Abril de 1872), fué declarada esta Capilla monumento nacional histórico y artístico á petición de la Real Academia de San Fernando, y como tal exceptuada de la venta de los bienes procedentes del Real Patrimonio y cedidos á la Nación.

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>Es tan grande, como dos aranzadas i media de viñas, llana, » limpia i de suelo fuerte, mas limpia quanto mas llueve. Las » casas de su contorno son muy buenas, con número de venta- »nas i muchas azoteas. Asisten en ella todos los oficios públicos. »A1 lado i hazera que se arrima con la villa, está el Hospital >de la Misericordia, las casas del Cabildo, el Almacén para los » pertrechos de guerra, el Alhóndiga, las casas de los Corregi- » dores y la Cárcel real.» — Réstanos advertir que las Casas Consistoriales no estaban donde vemos hoy el edificio que á este uso se destinó en 1699. sino que este se levantó en el solar de la antigua Alhóndiga, frente por frente á la Puerta de mar, lindando con el hospital de San Juan de Dios ó de la Santa Misericordia.

Los siglos XVII y xviii transformaron completamente la fisonomía monumental de Cádiz, y de humilde y graciosa que era, la trocaron en ostentosa y desordenada. De entonces acá se multiplicaron, es cierto, las fundaciones de utilidad, caridad y piedad: el Ayuntamiento levantó nuevas Casas Capitulares (i); edificóse en el campo de la Caleta una nueva y grande casa de misericordia con el nombre de Hospicio (2); fundáronse un Hos-

co En este edificio, comenzado como queda dicho en i6qq, según la lápida empotrada en una de sus paredes, se han gastado sumas inmensas, y se teme haya que abandonarlo por inseguro y falto de capacidad. Su patio es lóbrego, sus habitaciones destartaladas y sin cómoda comunicación. La fachada es de este siglo; concluyóse en 1820, y aunque de mala escuela, no carece de cierta majestad. Presenta un pórtico sobre el que se levanta un orden de pilastras jónicas, y en su centro un intercolumnio de tres huecos que termina con un írontón triangular. En el centro de la fachada descuella una torre de tres cuerpos, cuadrado el primero, octógono el segundo y circular con columnas el tercero, rematando en una cúpula bajo la cual hay una campana de 60 quintales de peso. Esta torre fué reedificada en 1720 por la traza que dio el maestro Blas Díaz, natural de Ceuta : así consta de la lápida que se lee en ella.

(2) El Hospicio ó Casa nueva de .Misericordia, edificado en el campo llamado de la Caleta, dando vista al muro de recinto de poniente entre las dos plataformas de San Pedro y San Pablo, fué trazado á mediados del siglo pasado por el arquitecto y maestro mayor de la Catedral don Torquato Cayón de la Vega, profesor peritísimo en la montea y cortes de piedra, como lo acreditan las bóvedas encasetonadas de aquella Santa iglesia y la contra-muralla que construyó para defensa de Cádiz á la parte del Sur. Lo más notable en esta Casa de Misericordia es la portada principal, de rico mármol, muy sencilla, decorada con columnas dóricas : y el

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pital de mujeres y una Casa de Expósitos (i); el comendador Trivulcio Spanocchi proveyó al puerto de un soberbio lienzo de muralla, que en lóio tenía ya 3500 pies de longitud y cercaba la parte de ciudad que mira á la bahía, ayudando á la grandiosa obra la ciudad de Sevilla, á quien se dedicó una de las puertas; el jurado Juan de Oviedo hizo las trazas del Puntal y Matagorda; el arquitecto don Torcuato Cayón, de grata memoria en toda la Isla, fabricó la hermosa y fortificada Puerta de Tierra; el gobernador conde de O'Reilly construyó á fines del siglo xviii el barrio de San Carlos y casi toda la muralla artillada que la circunda, y dejó adelantada la obra colosal de restablecer el famoso acueducto de Cornelio Balbo, que en un trayecto de 1 1 leguas traía á la ciudad por el puente de Zuazo las abundantes y cristalinas aguas del Tempul ; el mismo conde gobernador instituyó en 1798 una Escuela de Nobles Artes, cuya creación promovían los plateros de Cádiz y favoreció después el

patio, que consta de i 6 columnas, también dóricas, de las cuales arrancan los arcos que sostienen la galería alta, y se halla enlosado de mármol de Genova. Frente á la entrada tiene este patio la portada de la iglesia, que debió estar en este sitio y se trasladó á otra parte : hoy sirve de ingreso á un segundo patio, en que luce una graciosa galería cubierta, obra de don Miguel Zumalave del 1810.— La Casa Hospicio empezó á existir en 1660, con la advocación de Santa Elena, en el sitio que hoy ocupan los cuarteles de Santa Elena, bajo la muralla de Puerta de Tierra. Aquel pequeño establecimiento fué comprado y demolido en 1730 para hacer dichos cuarteles, y después se hizo cargo del piadoso instituto la Hermandad de Caridad, erigiéndose en 1763, merced á los loables é incansables esfuerzos de esta hermandad y de su hermano mayor don Joaquín Manuel de Villena, marqués del Real Tesoro, el nuevo y grandioso edificio que dejamos descrito.

(i) Si el Hospital de mujeres es el de San José de que habla Ceán en el apéndice al tomo IV del Llaguno, su traza fué del mismo que construyó la Casa Hospicio. Lo único en este edificio digno de atención para el aficionado á la buena arquitectura, es su patio, circuido de columnas dóricas de mármol sosteniendo una espaciosa galería cerrada. Fué fundado en i 648, pero en el local que actualmente ocupa en la calle que llevaba su nombre (calle del Hospital de mujeres), no fué erigido sino algunos años después, contribuyendo á su construcción con un donativo de I 2,000 duros la condesa de Campo-Alegre, doña Jacinta Armengual de la Mota. —Casi enfrente de la pequeña iglesia del Hospital de mujeres, en la calle de la Cuna, está la Casa de Expósitos, que habiendo tenido principio en i 62 i en la plaza de Cetín (hoy del Cañón), fué objeto de repetidas translaciones, hasta que entre los años 1684 y 1689 se fijó en el local que ocupa ahora. Nada de notable ofrece este edificio, á no ser el bello grupo de la Magdalena sostenida por un ángel que existe en su capilla, obra de la célebre escultora doña Luisa Roldan.

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gobernador don Joaquín de Fonsdeviela (i); erigiéronse nuevas iglesias y conventos, — la de sa7i Anto7iio^ pródiga en delirios de talla, ermita en 1690 y parroquia en 1787; — la Merced^ fundada en 1628 y afeada en su iglesia con retablos de ridicula talla y sin orden alguno en la decoración; — Santo Domingo^ construido en 1636, con todo un pinar dorado en altares y capillas;— los Descalzos, edificado en 1628 con la misma deplorable arquitectura; — el Carmen, fundado en 1737, con templo bastante capaz y arquitectura interior y exterior de pésimo gusto churrigueresco (2); — los Capuchinos, construido en 1641, edificio insignificante aunque no afeado por la plaga de los follajes y talla de relumbrón, y en que se conserva como en rústica concha la hermosa joya de los Desposorios de santa Catalina con el niíío yesús, última perla extraida por el afectuoso Bartolomé Esteban Murillo del insondable mar de gracia y de ternura que depositó en su alma el Creador; — San Felipe Neri, edificado para los religiosos de esta Congregación en 1672, de planta oval y decoración jónica, y donde en 1 8 1 1 oyó por primera vez nuestro siglo la voz de las antiguas libertades públicas de España formulada en la palabra Constititción; — la Pie dado Descalzos, construido á principios del xvii; — los Remedios capilla levantada sobre el arco de otra de las puertas del Pó pulo, llamada puerta de la Villa, en 1635; — la de la Palma fundada en 1692 en el barrio de la Viña; — la de las Angustias erigida en la calle del Camino en 1701 ; — la de Jesús y María

(i) La Escuela, hoy Academia dj Nobles cArtjs de Cádiz, que como queda dicho ocupa parte del convento de San Francisco, fué erigida en la casa llamada de Tavíra. Posee pinturas originales de buenos autores: unas son de su propiedad, otras conserva en su museo como procedentes de los conventos suprimidos. Tiene también buenos vaciados de las más célebres estatuas antiguas, y una regular biblioteca en que figuran publicaciones sobre los museos y galerías más afamados de Europa.

(2) En la iglesia de este convento suprimido fué enterrado el heroico Gravina, que tuvo la gloriosa desgracia de mandar la escuadra española cuando nuestra armada recibió su golpe de muerte en Trafalgar.— Según dejamos advertido en una nota anterior, el archivo de esta iglesia posee entre sus más preciados papeles una poesía inédita del famoso místico San Juan de la Cruz.

ARCOS DE LA FRONTERA. - Parroquia de Santa .María

7^0 S E V 1 1. L A Y C Á b I Z

dispuesta para beatas de la Orden Tercera en la calle del Beaterío en 1690; — y la de la Cueva, destinada á ejercicios espirituales nocturnos, trasladada en 1756 á un subterráneo contiguo á la iglesia del Rosario, é instalada después en dos soberbios edificios, uno subterráneo y otro alto, costeados por los marqueses de Valde- Iñigo hacia los años 1783.

Construyéronse por fin — la casa actual de /¿z Aduana, edificio, más que bello, agradable por la regularidad de sus miembros y proporciones, principiado en 1764 bajo la dirección de don José Caballero, — la Fábrica de cigarros, antes Albóndiga, mole grande y sólida, pero de ningún mérito artístico, — el Teatro Principal, edificado con malas condiciones por varios capitalistas, y por excitación del conde O'ReilIy, en 1780, — la casa de recreación llamada de la Cainorra, costeada por extranjeros á fines del siglo xviii y fabricada con gran suntuosidad y elegancia en la calle del Emperador; — y varios otros edificios públicos y particulares, descollando entre aquellos la Casa de Gremios, en que se ven representadas de relieve caprichosas alegorías. Pero, como dijimos al principio, la creciente opulencia de Cádiz no solo fijé funesta á la conservación de las escasas bellezas que en ella dejó el Renacimiento, sino que además dio vuelo al arte ya decadente, ya disparatado, ya insustancial, de los últimos siglos.

No habiendo tú y yo venido á Cádiz, lector benigno, ni como los cosmógrafos y poetas de los tiempos antiguos á admirar la maravillosa pulsación del Océano, ni como los heroicos defensores de la independencia española en 1810 á hacer uso de sus fortificaciones y baterías, nos acercaremos solo á los dos arrecifes que al oeste limitan la Caleta, para echar una ojeada á los castillos de San Sebastián y Santa Catalina, y luego, dando la vuelta por los muelles hacia levante, y haciendo un respetuoso saludo á cada uno de los baluartes del Bonete, Candelaria, San Felipe, la Aduana, los Negros, etc., que tantas veces vomitaron la muerte contra las escuadras inglesas y francesas

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durante los asedios y bombardeos de 1797 y 181 1, dejaremos atrás la sombría Puerta de Mar con las dóricas columnas pareadas que decoran sus dos arcos, y por entre los pabellones de Santa Elena y San Roque atravesaremos la Puerta de Tierra en dirección á las demás poblaciones de la marina.

El castillo de san Sebastián^ fabricado según hoy está en el año 1 61 3, siendo gobernador de la plaza don Fernando Quesada Ulloa, asienta en los pedregales del llamado Cabo Crónico, girón de tierra que sale de la isla á la parte occidental y forma uno de los diques naturales de la Caleta. De este castillo arranca en la propia dirección de poniente una espaciosa playa de arena; al extremo de ella se levanta la ermita y torre de San Sebastián, sobre cuyo origen, antigüedad y restauraciones hemos ya discurrido. Junto á esta cuadrada torre, obra fenicia, árabe y veneciana, objeto de sabrosas leyendas que dejamos compendiadas, se eleva á 128 pies de altura, dominando los escollos y la extensa llanura del mar, desde la punta Candón y villa de Rota hasta el Estrecho de Hércules, un torreón cilindrico que sirve de faro, cuya luz gira en torno con claros y oscuros de un minuto. Ibase antiguamente á la ermita por un arrecife abierto á pico que desde la puerta de la Caleta conducía por terreno enjuto hasta el pié del castillo; pero hoy apenas quedan vestigios de aquel camino: todo está cubierto de pedregales y arena, y solo se va por tierra á la vetusta torre en las mareas bajas, siempre con riesgo de peligrosas caídas.

Ya que no tuvimos la buena ocurrencia de contemplar desde la torre de Tavira el delicioso espectáculo que á vista de pájaro ofrece la moderna Cádiz, con sus cuatro mil casas, blancas como las espumas de las azules ondas que la ciñen, con sus terrados enladrillados y limpios que á la manera fenicia recogen las lluvias y llevan el agua á los algibes; con sus belvederes y esbeltas atalayas lanzadas á los aires como alminares moriscos ; con sus diáfanos miradores y las lucientes vidrieras de sus fachadas, sus plazas contornadas de bancos y árboles, su frondosa

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Alameda de Apodaca tendida sobre el muelle á semejanza de una inmensa guirnalda desprendida de un gigantesco friso, con las tersas arterias de sus tres calles principales, la Ancha, la de Sa7i Rafael y la de San Fernando^ hormigueros del vecindario, abiertos en la gran masa del blanco caserío como grietas en un inmenso disco de plata resquebrajado; ya que perdimos tan buena ocasión de estudiar la forma de la más hermosa perla de la Cibeles Atlántica, imitemos al menos á los que tienen el buen gusto (acompañado de buenos pulmones) de trepar á las eminencias para observar la configuración de las comarcas que recorren, y subiendo al faro de San Sebastián espaciemos la vista por el dilatado panorama que desde allí se nos ofrece. Veremos uno de los más bellos y grandiosos espectáculos que pueden disfrutarse en Europa: — al N, O. Rota con su promontorio; al N. E. el puerto de Santa María; al E. Puerto Real; siguiendo el contorno de la bahía, más abajo, el Arsenal de la Carraca, desde cuyos diques, como un alción sin nido, gira taciturno el triste recuerdo del Trocadero y de la famosa Corladura ; más al sur todavía, San Fernando, rodeado de canales y marismas que reverberan al sol poniente como un tapiz de lama de oro y escarlata; de allí á unos quinientos metros, sobre una colina, el célebre Observatorio, por cuyos cálculos astronómicos se rige la náutica española; detrás de San Fernando, Chiclana; luego, en la costa. Torre Bermeja; más al sur, el castillo de SanctiPetri, y al occidente en todas direcciones la imponente y siempre fascinadora inmensidad del Océano : — todo velado como por una gasa brillante que, sin alterar las formas y los colores, hace rehilar los objetos cual si la naturaleza bajo aquel delicioso clima se apropiase para aumentar sus encantos el espejo mágico del arte.

El castillo de Sarita Catalina ocupa el lado opuesto de la Caleta, en una escollera natural que avanza en la mar unas mil varas: se le considera como la cindadela de Cádiz. El año de su fundación es desconocido; pero en el plano de 1609, que hemos

citado al principio, tiene este fuerte la misma planta que le atribuye el del año 1823, que también tenemos á la vista: de consiguiente su edificación actual es por lo menos anterior al comienzo del siglo XVII. Este castillo no fué construido como el de San Sebastián en la ermita cuyo nombre perpetúa : la ermita de Santa Catalina estaba en el decimosexto siglo en el paraje donde hoy vemos la puerta de la Caleta y el baluarte del Orejón. En su parte principal hay una inscripción latina que parece referir su fundación al reinado de Felipe II. Al frente de su capilla hay otra en que se consigna que este pequeño templo fué mandado hacer en 1693 po>* ^^ gobernador de Cádiz don Francisco de Velasco y Tovar.