Tradiciones argentinas · Unidad 101 de 252

Unidad 101 · 154 TRADICIONES ARGENTINAS

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154 TRADICIONES ARGENTINAS

trada al padre del coronel Moldes,, émulo de Pueyrredón, á quien pretendió suplantar. Ya en las postrimerías del pasado siglo, olorcito revolucionario habíase extendido por todas partes, y torniceros é inquisidores no daban abasto desde la ciudad de los Reyes. Acompañando á éstos, llegó el fiscal del Santo Oficio con el secretario del secreto, receptor, calificador, consultor y procurador, que abogado y médico se agregaron los de esta matrícula, y como todo era secreto en aquel terrorífico tribunal del Santo Oficio, no revelaremos después de cien años los nombres de esos solícitos cristianos que tanto daño hicieron á la cristiandad.

La Revolución asomaba las orejas, y preciso era dejarla reyuna 6 patria, como luego á los caballos de la Patria. La aterradora calesita verde no llegó á rodar en nuestras calles; pero no fué Barbarín el único que saliera montado sobre bestia de albarda y vestido de sambenito en el castigo de los portugueses y conspiración de los franceses, abjurado, en procesión de desagravio.

Al denunciado se apHcaba la tortura para que declarase lo acusado, ante el inquisidor y el secretario, bajo la obscura cámara del tormento; los torniceros aplicaban el de la garrúa, el potro ó el fuego para que declarase la verdad, y declarara ó no, el resultado era el mismo. Contadas veces saha la víctima sobre un caballo blanco con la palma de inocencia, sino lisiado para toda la vida. No eran para menos las caricias del potro de tormento, sobre el que, amarrada boca arriba, le metían una cinta que introducida por el agua del embudo, producía en la garganta tales náuseas su desesperante cosquilleo, que le ahogaban lentamente.

Colgaban á uno con cien libras de fierro en los pies, dejándole caer sin llegar al piso hasta en doce estrepadas, que le descoyuntaban, ó barnizaban sus plantas con grasa poniéndole sobre un brasero. Hasta por tres veces se repetían estas torturas y refinamiento de ternura en los conquistadores: la hora oficial de que no podía pasarse en España, en esta tierra en que el tiempo no vale nada, se contaba por cinco cuartos. Exceptuábase del tormento á las mujeres, pero á las pobres hijas de América no llegó tal excepción. El año de la libertad de vientres (1813) fué abolida la Inquisición en España; mas los tormentos iniciados con Atahualpa, perfeccionados para el último Inca, Tupac-Amarú, en el virreinato de Buenos Aires, tuvieron su postrer repetición en vísperas de la última batalla por la Independencia.

Aun después de haber sido sus primeras víctimas en la Argentina Antonini y Barbarín, fué denunciado en Jujuy (1809) D. Francisco Casajús de guardar una estampa pecaminosa, y en 18 18 se acusó á la tarijeña Ana Díaz por conservar libros prohibidos, ante el mismo tribunal que compareciera el poeta Olmedo, sindicado de haber leído obras de Voltaire.