Tradiciones argentinas · Unidad 232 de 252
Unidad 232 · 360 TRADICIONES ARGENTINAS
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360 TRADICIONES ARGENTINAS
Firme en su propósito, y venciendo todas las dificultades, un buen día el Sr. D. Felipe Llavallol, presidente de la comisión, con su hermosa faz rósea, sonriente y bonachona, entró al pasar en casa de su vecino (barrio ' de la Merced), saludándole lleno de satisfacción con estas palabras:
— Al fin hoy empezamos la magna obra. Si el señor gobernador quiere clavar el primer riel, en su vida tendrá ocasión de remachar clavo de más provecho
Desde antes de su primer paso, ya tropezó con inconvenientes, y no fué el menos grave hacer llegar la enorme locomotora hasta donde debía llegar. Nunca había cruzado mole de tanto peso por las calles de Buenos Aires, y no encontrándose medio de camionaje, hasta se proyectó, ya que no podía transportarse por tierra desde la entrada al Once, conducirla por agua, aprovechando alguna creciente, como la de Santa Rosa, que acostumbraba empujar más de un buque dentro de las calles, profundizando el Tercero que con gran caudal corría por el parque.
Pero el ingenioso Sr. Cardoso^ cuyo retrato se muestra en la fotografía de la primera locomotora, se acordó del que subió el diablo al cielo, y así el Sr. Sebastián Casares, que acababa de remontar por ingenioso procedimiento el pesado grupo en mármol del Arcángel vencido, sobre el frontis de la iglesia de San Miguel, con todos los marineros de sus numerosas lanchas transportó desde la Boca del Parque la primera locomotora hasta el lugar de su bautismo.
La obra del ferrocarril duró uno, dos, tres y cuatro años, y empezada á tramitar en el primer trimestre de la administración Obligado, no pudo inaugurarse hasta tres meses después de terminado su período.
Vencidos los mil obstáculos y oposiciones, sucedió que, una vez construido, no hubo quien se animara al viaje de ensayo, ni entre los mismos señores de la comisión. Así dejaremos sobre los rieles los coches vacíos por falta de pasajeros, mientras van almacenando coraje los más guapos, al'ver pasar días y días sin accidente el tren de carga.
Si entre la primera y última locomotora, fuera del miriñaque, el ojo de ciclope, las ocho ruedas, tornillo de menos ó resorte de más, para simplificación del mecanismo, poca es la variación, mucha sí es la de la plaza de donde salió la primera máquina.
Metamorfoseada la del Parque, hoy Lavalle, en parque inglés por obra y gracia del hábil horticultor M. Fabier, mucho antes de 1857 ya