Tradiciones argentinas · Unidad 249 de 252
Unidad 249 · DüCTOK P. OBLIGADO 385
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DüCTOK P. OBLIGADO 385
está á la vista, pero mañana salimos en su busca. Estén prontos; yo les prometo que se batirán, y en regla.
Pocos días después, al moverse la escuadra, se hicieron señales de la capitana para que vinieran á bordo los comandantes Rosales y Espora. A su arribo, el jefe les dijo:
— Mis amigos, antes de entrar en combate les recuerdo el duelo pendiente. ¿Vuelven ustedes á prometerme cumplir todo lo que yo disponga?
Y contestando ambos ponerse completamente á sus órdenes, añadió:
—Bueno; un doble duelo á muerte se efectuará hoy. Yo he retado á la escuadra portuguesa, y ustedes van á cumplir mis prescripciones. Al frente está el enemigo; ya han tocado :(af arrancho. ¿Divisan ustedes la insignia de la nave principal? Los dos van á atacarla. El que primero le haga arriar bandera será el vencedor. Sangre de bravos como ustedes no debe derramarse sino en sacrificio de la patria.
El ataque empezó con diversas peripecias. Larga fué la lucha y cruenta por ambas partes. Ordenado el abordaje, el buque principal fué á un tiempo asaltado por babor y estribor; Espora y Rosales, rivalizando en arrojo sobre cubierta, corrieron al palo mayor, y cuando el pabellón descendía, se abrazaron ambos entre los vítores del triunfo.
Sincero y espontáneo abrazo, en medio de las llamas, más fuerte que la muerte, se prolongó más allá de los días de ambos, estrechados sus descendientes en una noble amistad de muchos años.
Tan abnegado en el peligro como generoso después de la lucha, compendiando rápidamente sus principales hazañas, pondré punto final con la referente al general Garibaldi. El célebre marino, cuya vocación decidió el ejemplo de Nelson al presenciar sus aplausos desde niño, el último cañonazo que disparó fué dirigido contra ese otro héroe de ambos mundos, qye todavía, después de treinta años, me preguntaba en sus postrimerías por su bravo contendedor.
Completamente deshechos sus buques por los que mandaba el comodoro en el reñido combate de Costa Brava, sobre este mismo río Paraná en que se mece la nave de tu primera guardia, después de haber quemado hasta el último cartucho, Garibaldi prendió fuego á sus pequeños barcos, procurando salvarse en un bote.
El capitán de bandera, hoy vicealmirante Cordero, le indica, pasándole el anteojo:
— Señor, en aquel bote huye el jefe enemigo: ¿se ordena su persecución?