Tradiciones argentinas · Unidad 29 de 252

Unidad 29 · DOCTOR P. OBLIGADO 53

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

DOCTOR P. OBLIGADO 53

Y como SU Último pensamiento fuera sobre riquezas que en aquella hermosa comarca beneficiaría el labrador perseverante, con idea tan fija como si dormido siguiera su visión, continuó soñando sobre el mismo tema que despierto le impresionara.

A poco de empezar su intranquila siesta, despertó de pronto sobresaltado y sonriente, saboreando delicioso ensueño de riquezas. Color de rosa era éste, y hasta las doradas aromas que ligera brisa desprendía, lluvia de gotas de oro antojábansele cayendo del misterioso árbol de la fortuna.

Hincándose bajo el frondoso ramaje, hizo solemne promesa á San Isidro, patrón de su pueblo y cuya conmemoración era aquel día, de levantar una capilla para que no carecieran de misa los labradores del pago, si su sueño de riqueza llegaba á realizarse. Mientras mandaba ensillar al vaqueano, grabó una cruz con su largo cuchillo de monte, siguiendo viaje hacia el Puerto de las Conchas.

Era ese activo español D. Domingo Ascasuso vecino de la coronada villa, quien de regreso de los tercios españoles en Flandes, desembarcara en estas riberas con su luciente espada por única fortuna.

El gobernador Herrera le había confiado instrucciones para el alcalde de las Conchas, con objeto de apresar en su puerto dos goletas, expedidas de contrabando por nuestros celosos vecinos portugueses de la colonia del Sacramento. Decomisadas á tiempo, fueron de espléndidos resultados para autoridades y apresadores; y doscientos doblones correspondieron á quien condujo tan oportuno aviso; por lo que, colgando su espada, abrió una pequeña tienda frente á la puerta atraviesa de la Catedral

Transcurrido algún tiempo, recibió de una casa de comercio, corresponsal de otra de Lima, seis cuñetes de tachuelas doradas para tachonar sillones de baqueta. Gran sorpresa tuvo cuando, al abrir el primero, le encontrara lleno de oro, y de espaldas cayó al relumbrar lo mismo en el segundo. El sueño de la lluvia de oro bajo el aromero de las barrancas se realizaba.

Llamado el vendedor, destapó por sus propias manos los restantes, en que tachuelas de cobre sólo aparecieron. Hechas las investigaciones del caso, contestó D. Juan Palomares con fecha 6 de junio de 1702, principal de la casa de Lima, á su corresponsal García en ésta, que él no tenía la culpa de la mistificación. No apareciendo otro con mejor derecho al hallazgo, previa conferencia con el cura de la vereda de enfrente sobre el milagro de los clavos, guardó el oro por aquello de que «á quien Dios se