Tradiciones argentinas · Unidad 35 de 252
Unidad 35 · DOCTOR P. OBLIGADO él
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DOCTOR P. OBLIGADO él
yardos vinieron á presentar sus homenajes á la real novia, besando su cruz. Toda confusa, no permitió se le besara la mano, adelantándose á abrazar cordialmente á cada una de las jóvenes que con ella habían concurrido de todas las provincias del imperio. Su lejana parienta y orgullosa señorita llegó la última. Temblorosa y deshecha en lágrimas se arrojó á sus pies, exclamando:
— ¡Oh, mi soberana! Olvida los malos tratamiientos que te habré causado. ¡En nombre de Dios, perdóname!
Esta la alzó diciendo;
: — Tú también perdóname si por mi mal servicio te he irritado alguna vez. ¡Que Dios te acuerde el perdón!
Tocante fué la escena á la llegada de su padre el anciano Strieschief desde su aldea de Molaisk, donde le encontraron los enviados del czar guiando personalmente su arado. Él y la czarina Marta, después de salir á recibirle, dejaron al padre y á la hija librados á las naturales expansiones, pensando que en los palacios, como bajo todo techo, las caricias paternales son el primer bien y la primera riqueza de la vida. El padre, conmovido, tomó su modesta Eudosia por la mano, y ambos se arrodillaron ante la imagen de la Madre de Dios
Toda confusa y llorando se arrojó en brazos del honrado anciano.
—¡Padre! — le dijo, — jamás había pensado ser la novia del czar.
— Dios lo ha querido — le respondió; — Él es quien desde la cabana te conduce al palacio, y el que cambia la pobreza y la miseria en honor y en gloria. Dios te ha predestinado. No olvides darle gracias; es sólo por estos actos por los que es dable llorar. ¡Qué gracia habría en ser grande solamente por el nacimiento, si nuestras acciones son bajas y sin grandeza! Sé fiel de corazón á tu esposo; no seas orgullosa con nadie, visita á los desgraciados, socorre á los indigentes; recuerda que tú has sido pobre y desgraciada antes que Dios, el padre de las huérfanas y protector de los pobres, te guardara para amarles, y que Él te pedirá cuenta de las lágrimas de los pobres y de cada suspiro de infeliz que tú hayas desechado. Recuerda lo que has sido y lo que eres, sobre todo; que es de Dios de quien recibes todo esto. No olvides su misericordia, guarda sus preceptos,, parte todo lo que tengas con los pobres; ellos son tus hermanos, y no oprimas á nadie, cuando tú misma fuiste desgraciada. Recuerda que toda grandeza terrestre no es sino vanidad, y que una sola palabra de Dios te puede hacer volver á la nada. Sólo en él reside el poder.»
Tal fué el cuento dentro de una campana, que nuestro guía nos refirió. Como es de suponer, la campana de Moscow no es campanilla de bolsi-