Tradiciones argentinas · Unidad 48 de 252

Unidad 48 · 8o TRADICIONES ARGENTINAS

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8o TRADICIONES ARGENTINAS

Aliviado de cuerpo y de alma por el descanso y la plegaria en que pedía la protección de la Virgen para la pobre madre de que se alejaba, encontró, pasando el río Odiel, una recua cuyo conductor le invitó á saltar en la última mulita, llegando á la otra orilla sin mojarse. Fué este el primer beneficio que recibió de la Patrona de su pueblo.

El conductor de muías, que por el mismo camino iba, cayéndole en gracia la animosidad de chico tan resuelto, invitóle á seguir juntos, lo que Antonillo no se hizo repetir.

A la oración de ese día, entregados los fardos y mercancías en Sevilla, habiendo recomendado el capataz á su principal al Calañesito que alzara en el tránsito, tuvo dentro de su escritorio el siguiente diálogo:

— ¿Y tú para qué sirves?

— Para nada, señor — contestó el joven algo cortado. — Hasta ahora para poca cosa.

— ¿Y en adelante, D. Para-nada?

— Para cuanto guste mandar. Soy muchacho resuelto.

— ¿Sabes llevar libros?

— Nunca llevé otros que los de mi casa á la escuela.

— ¿Tienes buen mostrador?

— Ni bueno ni malo, señor, pues sólo me acercaba á él para pedir la yapa.

— ¡Pero sabrás al menos andar con las lámparas, fregar, atender al despacho de la parroquia!

— En cuanto á lámparas nunca me encontrará usted una, pues paso por muchacho muy hmpio. Como no hay gallegos en mi pueblo, fregaba hasta hacer perder la paciencia á todas las brujas del barrio. Y en cuanto á la parroquia, ocurría á ayudar la misa mayor, cuando era bueno el garnache quedado en las vinajeras, aunque pocas veces quedaba. Por lo demás soy muy listo, y aunque poco ó nada sé, cualquier cosa que me enseñen, en todo lo que me ocupe, verá usted cómo doy cumpHmiento.

— Ya veo que elogios no te han de faltar mientras vivas; pero en resumidas cuentas, ¿para qué sirves?

— Ya lo he dicho, señor: para cuanto guste mandarme; que un joven de bien, trabajador y honrado, dispuesto y con voluntad decidida, para todo puede servir y llegar muy lejos, como repetía señor "^adre, que en gloria esté.

— En verdad que avispado parece el rapazuelo, y voluntad se atraen sus contestaciones tan á pelo. ¡Lástima que no tenga en qué ocuparte por el momento!

— Bueno, señor, buenas tardes — dijo el joven dando media vuelta,.