Tradiciones argentinas · Unidad 87 de 252

Unidad 87 · 136 TRADICIONES ARGENTINAS

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136 TRADICIONES ARGENTINAS

Muy lejos nos llevarían todas las transcripciones. Tan fecunda fué su pluma, que de los impresos de la Real Imprenta de Niños Expósitos, en sus primeros treinta años, su mejor número fueron debidos á ella.

Algunos merecieron ser reproducidos en Madrid, y otros tan nítidamente coleccionados é ilustrados en Roma como no mejores producen actualmente nuestras más adelantadas imprentas.

Con ellos, sus elocuentes sermones y, sobre todo, con su digno ejemplo, contribuyó á formar el brillante clero argentino, desde el deán Funes, con quien en un mismo buque regresara de la Metrópoli, para ocupar su canongía en la catedral de Córdoba éste, y su silla episcopal San Alberto en la misma. Posteriormente ascendió al arzobispado de La Plata.

Cierta noche que con dos sabios doctores del pasado siglo platicaba Su Ilustrísima de cosas del día, cortó la conversación más pronto que acostumbraba su asiduo contertuliano el Dr. Ortiz, diciendo al levantarse:

— Perdonará Su Ilustrísima que me retire temprano, pues debo pasar á cumplimentar á la viuda Rodríguez, que esta noche celebra su día de días en reunión que, aunque de confianza, se bailará como todas las noches de San Juan.

Y afable y jovial: a¿Cómo dice que se llama esa su viuda?,» contestó sonriendo el obispo, que también solía gastar festivo genio en intervalos de obligada gravedad.

— Mi señora doña Juana María, viuda de Rodríguez. • — A ver, á ver — repetía, hojeando su diario de limosnas. — ¿Está- usted seguro que es la viuda de Rodríguez?

— Como que esta mañana recibí el mensaje por la cholita de la alfombra: «Manda decir mi amita le haga su merced el favor de prestarle los platos y chocolatera de plata para aumentar los de casa, y que no deje de ir á tomar esta noche el chocolate.»

— ¿Y dice usted que habrá baile?

— Y muy sonado, pues que hasta de Potosí llegó esta mañana más de un minero, sabiendo que á él asistirán las de Biedma, Campero, Otárola, Ballivián, Calvo, Vaca, Matienzo, Linares, Bustamente, Carrasco, García y otras bellezas.

— Pues, señor, si es así, yo también estoy de baile.

— ¡Oh! — exclamó con sorpresa, abriendo tamaños ojos, el Dr. Ortiz.

Y el obispo, apretándole la mano, dijo al levantarse: — ¡Chitón! Guárdeme el secreto