Tradiciones argentinas · Unidad 88 de 252
Unidad 88 · DOCTOR P. OBLIGADO 1 37
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DOCTOR P. OBLIGADO 1 37
¿Y creerán ustedes, piadosas lectoras, que el santo obispo, éste de vida tan ascética, pidrecito sería como aquellos de la Sierra que reprendiera en sus visitas pastorales por frecuentadores de jolgorios y zamacuecas?
Salió haciéndose cruces el severo doctor, y murmurando entre si, mientras apretaba el paso: «Mire usted lo que son las cosas. ¿Si andará por echar una cana al aire nuestro santo obispo, ó mudar de hábitos y ama de llaves, cambiando su viejo voluminoso infolium por obra en dos tomos de veinticinco á treinta abriles, más modernas? Cosas se ven que no son para oídas.» Mientras que, en rumbo de tan pecaminosas murmuraciones seguía, dio vuelta á la de la viuda, desde cuya bocacalle músicas y luces anunciaban fiesta.
Al mismo tiempo pedía su manteo menos raído San Alberto, sin dar crédito á que una de las que se le presentaba más indigente y recatándose, por ser de las que han venido á menos, ocurría en demanda de la limosna repartida los sábados, estuviera en actitud de distraer sus enlutadas horas con danzas y cenas más suculentas que las que le impedían saborear sus familiares.
Bueno es recordar que en trescientos años sólo tuvieron tiempo los conquistadores de fundar dos Universidades en toda la América (México y Lima). En Córdoba hasta entonces apenas hubo una fábrica de teólogos; y la de Chile, posteriormente, era muy secundaria en sus estudios, así que los estudiantes, los verdaderos sedientos de sapiencia, veíanse obligados á llegar en aquella época á la Real de los Charcas.
Con tal motivo pasaron también por el salón del sabio pastor seglares que á esas aulas concurrían, como Castro, tan célebres después Echevarría, Gómez, Anchorena, Gorriti, Zuviría, Ocampo, Sáenz y la mayor parte de los doctores argentinos del pasado siglo y comenzamientos de éste.
Si cuando arribaron poco después, á paso de muía, el cantor de la patria, á recibir sobre su uniforme de capitán de patricios las insignias doctorales, como D. Mariano Moreno, Agrelo y otros, no alcanzaron á formar parte del coro de sabios en Areópago, que ha dejado fama, fué porque muerto el erudito carmelita, esparciéndose ya mucho olor á chamusquina revolucionaria, el sucesor exorcizaba en las feligresías del Alto Perú á cuanto sospechoso aparecía, para que no se contaminara con las maléficas ideas de los de aquí abajo.
Se ha repetido que las riquezas entre que nació el Perú causa fueron de su perdición. Minas, salitre, guano en abundancia tal, brotaban en