Tradiciones argentinas · Unidad 94 de 252
Unidad 94 · DOCTOR P. OBLIGADO I45
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DOCTOR P. OBLIGADO I45
do inmediato efecto, no en periódicos ó restauran t, sino frente á la Virgencita, tras el paredón de la Merced, cuya luz del farolito colgando reflejó en sangre.
La cuestión había empezado por un habano, y degenerando de disputa en riña y en si debiera llamarse Juan, por lo lanas, el uno, ó Alfonso, por lo complaciente, el otro, tenaces y testarudos ambos, como de la misma ralea, tiraron de sus espadas, y entre quites, pases y paradas, á la primera á fondo vio caer sin vida á su amigo, una hora antes compañero de escuela, muerto por un habano, confesando después Villanueva, como frecuentemente en causas tales, no haber habido razón para duelo.
El joven Benigno corrió á alzar su victima; pero la policía, que en persecución de duelos tenía la costumbre de llegar tarde, por excepción corrió con más prontitud tras el duelista, siendo el vencedor de su amigo destinado á las armas, que tan bien, aunque tan injustamente, empezara á manejar.
Aunque destinado á las tropas por castigo, bien pronto su valor supo abrirse camino en una carrera para la que por entonces sólo necesitábase saber no saber nada.
Su constancia en las más rudas tareas de soldado raso hiciéronle ascender de cabo á sargento, de porta á subteniente, y en la parada del 25 de mayo de 1839, D. Benigno Villanueva lucía en la plaza de la Victoria vistoso uniforme de teniente primero de caballería, á la cabeza del segundo escuadrón de la Escolta del Gobierno.
Por entonces el gallardo cuanto infortunado coronel Ramón Maza púsose al habla con varios oficiales subalternos del regimiento al mando de Granada, para concertar la revolución Maza, que la historia recuerda con su nombre, pretendiendo deshacer el águila en su nido, aplastando el naciente poder de Rozas.
Los oficiales Ortega fueron encargados de comprometer á teniente de tan bellas prendas como Villanueva; pero en esos días recibió uno de ellos orden de marchar urgentemente con oficios al Azul.
La revolución fué descubierta; de los Maza, el padre asesinado en la Cámara de que era presidente, el hijo fusilado; y de los dos tenientes Ortega, D. Manuel, prisionero posteriormente en la batalla del Quebracho, fusilado por orden de Rozas en la cárcel, y D. Rufino, con su compañero Lacasa, pudieron escapar ambos á uña de buen caballo.
Como el coronel Granada, Villanueva explicó después que él no había