Tradiciones argentinas · Unidad 95 de 252
Unidad 95 · 146 TRADICIONES ARGENTINAS
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
146 TRADICIONES ARGENTINAS
sido hablado para la conspiración, y que por más deseos que hubiera tenido de volver sus armas contra el tirano, le había faltado ocasión.
Al poco tiempo recibió orden su regimiento de marchar para las provincias del interior, hallándose en todas ó la mayor parte de las batallas del ejército del Dictador, cuyo reguero de sangre fratricida no concluía en Jujuy: Granada, Flores, Pacheco, Oribe, lo recomiendan en sus Partes como un oficial distinguido.
Después de la batalla en «Rodeo del Medio» siguió á Mendoza, hasta cuyos primeros potreros llegó persiguiendo al más pequeño de los fugitivos, que resultó ser su hermano. Sin haberle reconocido:
— ¡Párate, yo te salvaré! — gritaba el granadero.
Pero este hermano Pío, salvaje unitario hasta la muerte, bajito y pío de nombre y de carácter, fué derrotado siempre, y el reverso de su hermano, agigantado, benigno de nombre y de espíritu, federal neto y vencedor de profesión, aquí como en todas partes.
Cuando tras largos años de lucha el ejército de las provincias del interior regresó siguiendo con Oribe á su campamento de «El Cerrito,» iba el capitán Villanueva con las tropas que mandaba el general Pacheco.
Aprovechando la primera oportunidad, abandonó las banderas color de sangre, pasándose á la plaza de Montevideo, último baluarte de resistencia al tirano (por diez años sitiada). En el contacto de lucha diaria adquirió allí gran respeto por los generales Paz, Pacheco Obes, Garibaldi y oficiales subalternos que descollaron luego tanto como Mitre, Díaz, Conessa, sus camaradas, que como el coronel Morales le recordaron siempre con cariño.
No tardaron en suscitarse rivalidades entre argentinos y orientales, que vinieron á producir desacuerdos en los sitiados, como en todo tiempo en el partido unitario, y por ende el general Paz siguió por un caminito distante de Lamadrid, y la mayor parte de los oficiales argentinos embarcáronse para formar ejército, en Corrientes unos, y otros con distintos rumbos.
Recuerda el general Paz en sus Memorias (y cuando éstas aparecieron figuraba ya Villanueva como general ruso en la guerra de Oriente), página 161, tomo IV, que le acompañó hasta después de la victoria de Caaguazú. Precisamente en el campamento de su nombre se hallaba Villanueva (Corrientes) cuando Paz refiere su sensata observación sobre las tropas de Madariaga.
Volviendo de la primera revista, decía sonriendo el ayudante á su jefe:
— La instrucción de este ejército se parece á la de un hombre que hubiese aprendido aritmética sin saber leer ni escribir.