Tradiciones argentinas · Unidad 96 de 252
Unidad 96 · DOCTOR P. OBLIGADO 1 47
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DOCTOR P. OBLIGADO 1 47
«£"/ mayor Fillantieva, joven de un talento muy despejado, tenia ra\ón. Es el mismo que en la actual guerra de Oriente ha figurado como general de brigada en los ejércitos rusos, y> agrega Paz, á quien á su vez elogiaba Garibaldi como el primer táctico que conoció en América.
Cuando terminó esa campaña, con otros oficiales tan decididos como él, pasó al Brasil, coincidiendo su arribo con los comisionados de Méjico, reclutando oficiales en prevención de inmediata invasión yanqui. Allí se dirigió, tomando servicio á las órdenes del general Pierna de palo, Santa Ana.
La defensa de la causa mejicana, campo de gloria para Bernabé de la Barra, Díaz y otros argentinos, fué también cosecha de laureles para don Benigno Villanueva.
Concluida la guerra, siguiendo este feliz predilecto de la fortuna los rayos luminosos de su estrella venturosa, pasó i California, donde hizo cierta fortuna, y después de algunos años, confiado en su suerte, se embarcó para Europa, ávido de más vasto escenario.
En España se hallaba dando fin á las últimas mejicanas en el juego y la guerra, carreras gemelas por lo peligrosas, cuando estallara la de Oriente. Sediento de gloria, su genio inquieto y vivaz fácilmente fué atraído á aquel Oriente, imán irresistible de poetas y aventureros, nacimiento de todas las evoluciones que han engrandecido la humanidad, y donde él preveía más inmediata su propia elevación.
Un momento no titubeó acerca del campo en que debiera formar, según la inclinación de sus aspiraciones. Los ingleses, franceses, turcos é italianos tenían por demás numerosa y experta oficialidad para pretender abrirse camino entre ellos. Mas preciso era dar caza á la fortuna, según se presentara la ocasión, calva señora cuyo único cabello quedaba siempre en manos de Villanueva, y aquélla no era la de costearse en tren expreso por propia cuenta hasta el imperio coloso que ejércitos de cuatro naciones rodeaban.
Por entonces, para alejar al general Prim de la corte, le inventaron sus émulos comisión, encargándole estudiar la guerra en los campamentos de los aliados.
— Esta es la mía — se dijo Villanueva; — y aunque sea de asistente, me prendo á la cola del caballo de intrépido catalán.
Un castizo poeta de nuestra tierra le facilitó el camino. Comunicado su deseo á los amigos de concurrir como oficial extranjero á guerra que tanto despertaba la ansiedad del mundo, D. Ventura de la Vega (porteño), el laureado poeta de la corte, le presentó á sus paisanos y amigos los generales Concha, oriundos de Córdoba del Tucumán. Amigos entonces y