Tradiciones argentinas · Unidad 98 de 252

Unidad 98 · DOCTOR P. OBLIGADO 1 49

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DOCTOR P. OBLIGADO 1 49

Borrascosa y dramática fué verdaderamente la vida de este soldado argentino en la campaña rusa por sus aventuras y peripecias. Escasos oficiales instruidos contaban los rusos, y en la caballería no tenían mejor fuerza que los cosacos. Aunque griegos y norteamericanos y alemanes, oficiales de todas las naciones filtrándose por las rendijas del círculo con que los ejércitos de la alianza pretendían aplastar al gran imperio, pululaban por los campamentos del czar, muy pocos expertos había en el manejo del lazo, las boleadoras y cuanto ardid y estrategia usaba la caballería que apareció en Tucumán.

El comandante Villanueva, intrépido como siempre y más osado que nunca, practicaba las emboscadas que en el Plata y Méjico le dieran tan buenos resultados en las sorpresas, con pequeños grupos de caballería ligera^ y así enseñó á enlazar soldados y bolear bomberos ó espías, robándose centinelas perdidos en las escuchas.

Destinado á empresas las más difíciles y arriesgadas, donde como á uno de los oficiales de menos vinculaciones en el ejército se le mandaba á muerte segura, siempre triunfante, de buena en mejor fortuna, fué grado por grado ascendiendo en el escalafón y en la estimación de sus jefes hasta recomendársele especialmente en más de un parte.

Unos cuantos días antes de la toma de Malakoff se presentó á la tienda del general trayendo toda una ronda prisionera de las avanzadas francesas. En el transcurso de la guerra fueron muriendo varios de sus jefes inmediatos y él iba ascendiendo de uno á otro grado. Posteriormente, en una de las batallas más reñidas, cayó al frente del regimiento su superior, y tomando el mando le cubrió de brillantes hazañas por su hábil dirección.

Pero sus hechos gloriosos en el ejército ruso no se compendian en breve narración. Cuando terminó la guerra había ya obtenido el grado de general de caballería, y en 1857 el duque de MedinaceH, al llegar de embajador á la coronación del czar, destinado á morir del mal de dinamita, presenció como padrino el enlace de nuestro valiente compatriota: en la guerra, coronado por la victoria, y en las lides de amor por la bella viuda de su jefe, vastago de nobleza moscovita.

Cuentan que en esto cumplía especial encargo amparando viuda que se le recomendara la víspera de serlo; y no encontrando mejor medio, apropincuósela; pero la verdad es que la hermosa rusa reunía en sí prendas bastantes á magnetizar al portador de fatal noticia y de los últimos consejos del moribundo, para que aun sin especial encargo pretendiera substituirle.

Al casarse con la viuda de su coronel, heredaba por título directo el