Tratado elemental de economía política · Capítulo real 2 de 5
Libro primero · Producción y consumo
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 48 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
ÜBBO PRIf^EFiO
DE LA PRODUCCION I DEL CONSUMO-
IDKA JKXERAL DEL MOVIMIENTO ECONOMICO I DEFINICIONES.
I: De las necesidades económicas.— II: Del trabajo, del arle i de los servicios económicos.-411: De las riquezas.— IV: De la utilidad como oleincnto coostiliitivo de las riquezas.— V: De la producción, del producto i del consumo.— VI: Del capital.—MI: Del C'-tado de riqueza.- Víll; Definición i clasificación de las induiirias.— IX: Idea del plan del libro I,
Cualquiera que sea la organización del individuo, siente forzosaoaente el influjo de las necesidades. Numerosas o 1 educidas, maso ménos fuertes i pronunciadas, le siguen por todas partes, con.stituyen un fenómeno elemental de su naturaleza i comprenden la série indefinida de todos sus deseos. No consideramos, sinembargo, aquí todas las necesidades sino esclnsivamente las que llevan el nombre de económicas i que «son los deseos que tienen por objeto la posesión i goce de una parte cualquiera de la mate'» ria.i
CURSO DE ECONOMÍA TOLÍTICA. 15
Bien pudieran clasificarse hs necesidades económicas en dos órdenes distintos, incluyendo en el primero las. que corresponden a exijencias cuya satisfacción es imprescindible para sustentar la vida, i en el segundo Jas que corresponden a objetos que la hacen cómoda o agradable, Pero ni esta clasificación ni las demás que se han hecho conducen al establecimiento de la teoría. Lo que importa conocer es la influencia que ejercen sobre el movimiento económico, i para ello conviene fijar algunos hechos que alcanza la mas común observación:
1. " La existeucia de las necesidades es un hecho necesario. Violentas en algunos, moderadas en otros, acompahan siempre al hombre hasta el punto de ser imposi**
ble suponer uno en quien no obren con mas o ménos enerjía.
2. * Las necesidades tienen un mínimum que no se puede dejar de satisfacer sin pérdida de la vida, pero no tienen ningún máximum conocido. Contenidas en su desarrollo por el hábito de represión, adquieren mayor elasticidad estension a medida que en mayor cantidad son satisfechas. El que ha esperimentado las ventajas del goce siente mui vivos i poderosos estímulos, estímulos de uua estension indefinida, como las aspiraciones del alma.
3. ® Las necesidades son constantes. Satisfecha hoi la que esperimentamos, sentírnosla de nuevo i quizas con mas fuerza un momento después. Entre los estímulos o necesidades i las satisfacciones o goces hai un movimiento incesante que jamas llega a paralizarse.
4. ® La represión de la necesidad hace esperimentar un sufrimiento, así como su satisfacción ocasiona el correspondiente goce. No queda mas que la elección entre el sufrimiento i Jos medios de llenar las necesidades que se sienten; i esto en cuanto no se trate de necesidades de primer órden, pues respecto de éstas es forzoso aceptar el segundo estremo con el fin de conservarse.
Observando el órden natural de las relaciones del hombre con la materia, que es la base del estudio, en ve^ de Jaa
combinaciones artificiales propuestas por algunos, dedúcese de lo anterior que las necesidades son el móvil que impulsa a encontrar los medios de satisfacción i que este móvil es el mas poderoso que pudiera imajinarse, ya que por la naturaleza misma es necesario, susceptible de desarrollo i sin máximum conocido, de tal manera que mas crece miéntras mas se satisface,
Al atribuir a la palabra necesidad el sentido que hemos indicado, nos apartamos del significado que de ordinario se la da. Desígnaiise comunmente con ese nombre los apetitos habituales del cuerpo o los deseos que, atendida la situación de quien lo esperimenta, se cousideran justos i lejítiraos. La Economía Política no da a la necesidad un significado tan lato como el primero ni tan restrinjido como el segundo. Solo toma nota de las necesidades cuando tienen por objeto la posesión o el goce de la materia, no acepta calificación sobre su lejitimidad i las estudia en cuanto Bon el móvil natural que impulsa al individuo i a las sociedades a procurarse los medios de satisfacerlas,
II.
^ Colocado el que espcrlmerua una necesidad en la sitúaclon de optar entre el sufrimiento que ocasiona la privación de ella o el empleo de medios adecuados para satisfacerla, puede elejir entre estos dos estremos, cuando no se trata de necesidades de primer órden. Si prefiere lo último, ejecuta un acto o una série de actos que se designan comunmente con el nombre de trabajo.
El trabajo puede ser de varias clases, según el fin a qua se aplica, ya que en jeneral no es otra cosa que el esfuerzo voluntario por medio del cual se manifiesta la actividad humana; pero la Economía Política se ocupa únicamente del trabajo económico o industrial o lo que es lo mismo del «esfuerzo que el hombre aplica a los objetos materiales para apropiarlos a la satisfacion de sus necesidades, traspor^ t^dolos, trasforiQ4ndolos o conservándolos ,»
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 17
De lo dicho se deduce que de las diversas manifestaciones de la actividad liuniana, solo tomamos en consideración las que maso menos inmediatamente se relacionan con la materia para adecuarla a la satisfacción de las necesidades i que, como indicaremos después, tienen por fin la producción. Pero esto solo debe entenderse en cuanto se trata de la preparación de los productos; pues si se trata de la distribución de esos objetos, es evidente que entónces nos ocuparnos del trabajo en todas sus formas para indicar la remuneración que debe tener. Asi, mióntras estudiamos lo que propiamente tiene el nombre de producción, solo consideramos el trabajo eu cuanto es capaz de producir; i al tratar de la distribución de los objetos entre los diversos individuos, esponemos las leyes jeneralcs que rijen esa distribución para retribuir todos los esfuerzos, cualquiera que Swil su naturaleza.
Reservando para mas''‘tarde manifestai' las diversas formas del trabajo económico o industrial, puede asegurarse desde luego que, si liien el trabajo es el único medio de procurarse los objetos para la satisfacción de las necesidades, no es por sí mismo agradable. Es el resultado a que es llega mediante el impulso que da el deseo mas o ménos vivamente sentido; i puede ser empleado con mayor o menor enerjía, lo que decide del progreso o atraso de las sociedades; pero siempre es desagradable para quien lo ejecuta. Solo se trabaja en virtud de la necesidad imperiosa que a ello nos apremia, i es inútil demostrar este aserto que encuentra en todos la confirmación de la propia espe-
riencia, *
No manifestaríamos esta cualidad innegable del trabajo económico si no llegáramos por medio de ella a alguna consecuencia de no pequeño alcance. Podría creerse que el carácter forzoso de la necesidad i lo desagradable de^ trabajo, único medio de satisfacer aquélla, hacen mas difícil la condición del individuo. Pero esa tendencia al descanso, en vez de ser por sí misma i en todo caso un mal es por el contrario, atendido el carácter de las necesidades,
CURSO DE ECONOMÍA rOLlTICA.'
C( inbinaciónes artificiales propuestas por algunos, dedúc( se de lo anterior que las necesidades son el móvil que impulsa a encontrar los medios de satisfacción ¡que este móvil es el mas poderoso que pudiera imajinarse, ya que pi >r la naturaleza misma es necesario, susceptible de desarr olio i sin máximum conocido, de tal manera que mas crece miéntras mas se satisface.
Al atribuir a la palabra necesidad el sentido que hemos in licado, nos apartamos del significado que de ordinario se la da. Desígnarise comunmente con ese nombre los apetito i habituales del cuerpo o los deseos que, atendida la sito ación de quien lo esperimenta, se consideran justos i lejítinos. La Economía Política no da a la necesidad un siguiíicado tan lato como el primero ni tan restrinjido como el Be, jundo. Solo toma nota de las necesidades cuando tienen por objeto la posesión o el goce de la materia, no acepta ca ificacion sobre su lejitimidad i las estudia en cuanto 80 í el móvil natural que impulsa al individuo i a las socieda les a procurarse los medios de satisfacerlas.
Colocado el que esperimenta una necesidad en la situacicQ de optar entre el sufrimiento que ocasiona la privacio n de ella o el empleo de medios adecuados para satisface! la, puede elejir entre estos dos estremos, cuando no se tra;a de necesidades de primer órdeii. Si prefiere lo último, eje :uta un acto o una série de actos que se designan comí nraente con el nombre de trabajo,
i'il trabajo puede ser de varias clases, según el fin a que se aplica, ya que en jeneral no es otra cosa que el esfuerzo vol intario por medio del cual se manifiesta la actividad huma aa; pero la Economía Política se ocupa únicamente del tra. lajo económico o industrial o lo que es lo mismo del «es .uerzo que el hombre aplica a los objetos materiales para i propiarlos a la satisfacion de sus necesidades, trasporté lolbS| trasformúudolos o conservándolos
CURSO DE economía POLITICA. 17
De lo dicho se deduce que de las diversas manifestaciones de la actividad liuinana, solo tomamos en consideración las que maso ménns inraediatamente se lelacionan con la materia para adecuarla a la satislaccion de las necesidades i que, como indicaremos después, tienen por fin la producción. Pero esto solo debe entenderse en cuanto se trata de la preparación de los productos; pues si se trata de la distribución de esos objetos, os evidente que entónces nos ocupamos del trabajo en todas sus tormas para indicar la remuneración que debe tener. Así, miéntras estudiamos lo que propiamente tiene el nombre de producción, solo consideramos el trabajo en cuanto es capaz de producii; i al tratar de la distribución de los objetos entre los diversos individuos, esponemos las leyes jeneralcs quo rijen esa distribución para retribuir todos los esfuerzos, cualquiera que sea su naturaleza.
Reservando para mas'larde manifestar las diversas formas del trabajo económico o industrial, puede asegurarse desde luego que, si bien el trabajo es el único medio de procurarse los objetos para la satisfacción de las necesidades, no es por sí mismo agradable. Es el resultado a, que es llega mediante el impulso que da el deseo mas o ménos vivamente sentido; i puede ser empleado con mayor o menor enerjío., lo que decide del progreso o atraso de las sociedades; pero siempre es desagradable para quien lo ejecuta. Solo se trabaja en virtud de la necesidad imperiosa que a ello nos apremia, i es inútil demostrar este, aserto que encuentra en todos la confirmación de la propia espe-
riencia. • ‘ • •
No manifestaríamos esta cualidad innegable del trabajo
económico si no llegáramos por medio de ella a alguna consecuencia de no pequeño alcance. Podría creerse que el carácter forzoso de la necesidad i lo desagradable de^ trabajo, único medio de satisfacer aquélla, hacen mas difícil la condición del individuo. Pero esa tendencia al descanso, en vez de ser por sí misma i en todo caso un mal es por el contrario, atendido el carácter de las necesidades.
. • » >
Cl’RSO DE ECONOMIA i^OLlTICA.
el estímulo mas poderoso que mueve al liombre a buscar los medios mas adecuados para satisfacer fácilmente sus deseos. Si por una parte las necesidades le asedian i por otra el trabajo le es desagradable, mui natural es que tome como punto de partida el encontrar ios medios de satislacerl.as con el menor trabajo posible, principio fundamental en esta ciencia como en todas las que, como ella, tienen por objeto el estudio de fuerzas, ya de producción, ya simplemente mecánicas.
Del conocimiento o aun del presentimiento de este principio ha nacido el arte que económicamente puede deíi" j nirse «el ideal según el cual el hombre aplica sus esfuerzos ¿ / a la materia.» Su objeto es aumentar el poder del trabajo, / 1 esto se consigue procurando aumentar el resultado de una cantidad de trabajo u obtener el mismo resultado con un esfuerzo menor.
El trabajo se manifiesta por medio de los servicios f{ue esencialmente no son otra cosa que el trabajo mismo. Para la mayor comodidad en el uso de los términos se ha empleado en los estudios económicos esta palabra significando con ella «los diversos actos de los individuos que tienen j por objeto satisfacer deseos humanos.» Del mismo modo ' que el trabajo, los servicios pueden ser mdustríales o no industriales, según se apliquen o nó a los objetos materiales, a fin de adecuarlos a la satisfacción de las necesidades.
Se dividen también en servicios que se incorporan en la materia, como los del carpintero o de los artesanos en jeneral; servicios que se incorporan en uno o mas individuos determinados, o que aprovechan a uno o mas individuos determinados como los del médico; i servicios que no se incorporan en la materia ni en uno o mas individuos determinados, como los de un majistrado.
De los primeros nos ocupamos latamente en estos estu* dios; de los otros dos solo en cuanto a su remuneración i en cuanto influyen mas o menos sobre la producción.
• 1
Cuando el hombre, estimulado por la necesidad, se decide al trabajo, forma las riquezas, esto es «los objetos materiales, útiles para la satisfacción de sus necesidades i apropiados.»
Tres cualidades esenciales deben, según esto, tener los objetos para que económicamente se llamen riqueza a saber: la utilidad, la materialidad i la apropiación.
Es fácil reconocer que sin estas condiciones no podría llenarse el fin que al formar aquellas se tiene en mira. Si este fin es el de satisfacer las necesidades que se esperinientan, es claro que no pueden ser riquezas los objetos que, por carecer de utilidad, no llenan los deseos de ningún individuo.
Debe también el objeto poseer la materialidad, porque de otra manera no podría servir inmediatamente para satisfacer necesidad alguna. Las cualidades morales, la intelijencia, el jenio, la habilidad para ejecutar una o muchas operaciones son sin duda elementos preciosos para aumentar las riquezas; pero no son la riqueza misma sino causas de riqueza. JNo podrían servir para la satisfacción inmediata i pueden desaparecer antes de producir; lo que no quiere decir que desconozcamos su grande importancia, pues, si bien solo consideramos como riquezas los objetos que podrían figurar en un inventario, reconocemos también que jeneralmente vale mas para las sociedades poseer elementos de producción que riquezas ya formadas, si faltan los elementos para la producción posterior.
La tercera cualidad de las riquezas, necesaria por la misma causa que las anteriores, es la apropiación en el sentido mas lato de esta palabra, la apropiación por el individuo, por la familia, por la tribu o por la sociedad. Son, por consiguiente, riquezas, todos los objetos que forman la fortuna de las familias, los fundos de las comunidades, los puertos i territorios de las naciones. Cuando la
20 CURSO DE ECONOMIA POLITICA. j
apropiación sobre los objetos va unida a las otras dos cua- I
lidades, éstos toman el nombre de riquezas; cuando la apropiación desaparece, pierden ese carácter porque, aun cuando conserven su ciialid;id de útiles, están fuera del alcance
de los que los necesitan, i
Desde que exijimos la apropiación de los objetos para j
darles el carácter de riquezas, es claro que no reconocemos la clasificación que comunmente se lia hecho de ellas en mturaks i artificiales. Se han designado con el nombre de riquezas naturales «los objetos que la naturaleza ofrece espontáneamente al liombre i pueden satisfacer sus necesidades sin preparación alguna,') como los frutos de los áiboles | i
de indíjenas; i reservado el de artificiales, para «aquéllos j
(pie adquieren la utilidad en virtud do los esfuerzos del in- i
dividuo.» Tesde que los objetos solo son riquezas después de la apropiación, es indudable que siempre hai en ellas '
algún trabajo, por pequeño que sea.
Mas no debe entenderse que el trabajo sea la única fuente de la riqueza. Según se indicará después, concurren j
en la producción dos elementos diversos: la materia en je- |
neral i ia acción del hombre; i léjos de desconocer la importancia del primer elemento, nos apresuramos a observar que la acción del trabajo es tanto menor cuanto mayor es la acción de la naturaleza, fl) En la sustitución de los esfuerzos costosos del trabajo por los servicios gratuitos de íás fuerzas naturales, está el secreto del adelantamiento !
industrial. !
IV.
Ib...
US V j I • 1
De las tres condiciones constitutivas de la riqueza, la
- ■! . 1 • 1 I 1 ;
qije,mefi?cejnayor atención es la utilidad, que es «la cua- j
'li¿a(1.7jue tienen algunos objetos de servir para la satisfacciaa,(Ítí las ntíGesidades.)) En efecto, la materialidad es iiiia j^i^dipiou^ permanente que no necesita apreciación, i la
(1) Véase a Basliat, Armonías Económicas, )>áj. 71 i siguientes.
, , CURSO DE ECONOM'A POLITICA. 21
apropiación un simple hecho. La utilidad, por el contrario, es susceptible de aumento i de diminución, i es lo (^ue se toma' en consideración para medir la importancia de las riquezas. Estas sirven, no en cuanto contienen mas o méiios materia, sino en cuanto tienen maso ménos utilidad, en cuanto pueden satisfacer mayor número de necesidades. En quintal de fierro en bruto sirve, por ejemplo, mucho ménos que un quilógramo de resortes, i estos últimos cons-
tituyen por consiguiente mas riqueza.
Siendo la utilidad una relación entre el sujeto que siente
la necesidad, i el objeto que tiene la cualidad de satisfacerla, la utilidad puede variar de dos maneras; por un cambio en el sujeto o por un cambio en el objeto. Cuando el cambio proviene de una variación de opinión del sujeto, permaneciendo el mismo el objeto, el cambio se llama subjetivo. A.SÍ sucede- respecto de la utilidad de un traje nuevo cuando, por una variación de la moda, disminuye la estimación que de él hace su propietario. Guando, subsistiendo igual la opinión del individuo, la variación procede del objeto, como en el caso de destrucción del mismo traje,
el cambio se llama objetivo.
Esta clasificación teórica de las variaciones que esperimenta la utilidad, da a conocer el oríjen de esas mismas variaciones i permite apreciarlas con entera exactitud. Debe, sin embargo, prevenirse que en la práctica las destrucciones de utilidad que proceden de un cambio de opinion del sujeto, no son de grande importancia, ya se trate de objetos de corta duración, ya de los ipie la tienen mas di-
Efectivamente, si se habla de vestidos i objetos de corta duración, la destrucción del objeto mismo precede jeneralmente al cambio de opinión que con relación a él puede esperimentarse; i en cuanto a los objetos mas duraderos, como máquiúas i otros análogos, las variaciones en los procedimientos industriales, que pueden aconsejar el uso de ‘otros tíuévoS, comunmente no'^se estienden i jeneralizan, sino después de un término mas o ménos dilatado en que
CURSO DE FCONOMIA POLITICA. 22
aquéllos, por el trascurso del tiempo i del uso, se deterioran e inutilizan. En todo caso, estos cambios no son tan frecuentes i rápidos que puedan inutilizar una gran suma de utilidades; i, por otra parte, al mismo tiempo que algo destruyen, fomentan i facilitan la producción, como que no se hacen por capricho, sino para obtener el mismo resultado con menor trabajo, o mayor resultado con el mismo esfuerzo.
El sentido que damos a la palabra utilidad es diverso del que comunmente se le atribuye. Llámase jeneralrnente utilidad, la ganancia o provecho de un negocio cualquiera. Llámase también cosa útil, la que sirve para satisfacer un deseo que se califica como lejítimo.
De la misma manera que, al ocuparnos de la necesidad, indicamos que la Economía no trataba de investigar el Juicio que sobre los deseos pudiera emitir otra persona distinta de la que los esperimenta, respecto de la ulilidad, tampoco atiende a opinión eslraña. La necesidad se considera como el estímulo que impulsa al trabajo; i la ulilidad como la cualidad de ciertos objetos para llenar esos deseos, cualesquiera que ellos sean, siempre que tengan por objeto el goce de la materia.
Cuando se aplica el trabajo a la materia para hacerla útil, se ejecuta un acto a que se da el nombre de producción. La producción es «la creación de utilidad, o el aumento de laque bal en un objeto,» \ producto «el objeto a que el trabajo ha dado utilidad o en que ha aumentado la que antes tenia.»
La producción no es creación de materia, pues el hombre no puede aumentar en un átomo la que existe; es creación de utilidad; i así hai producción en el trabajo del agricultor que cultiva la tierra i obtiene de ella riquezas, en el del artesano que las elabora i en el del comerciante que las pone al alcance de quien las necesita. Todos ellos dan uti-
- lidad a los objetos, por cuanto los hacen servir para la sa-
I tisfaccion de las multiplicadas i diversas necesidades hu-
manas.
Una vez producidas las riquezas, pueden aplicarse al fin I* para que se lorman, cual es la satisfacción de las necesida-
des. Entonces se ejecuta un acto que tiene el nombre de I consumo. Este es «!a destrucción total o parcial de la uti-
- lidad que un objeto contitme,» no la destrucción de mate-
ria, puesto que, de la misma manei'a que no es posible para el hombre crearla, tampoco le es posible destruirla.
r Si bien es cierto que el fin que se tiene en mira al pro-
ducir es el consumo, raros son los casos en que se destruye sin demora toda la utilidad (¡iie se ha formado. El productor concibe fácilmente que le es sobre manera provechoso no estar siempre espuesto a las incertidumbres de I lo porvenir; que vale mas no dejar abandonada por com-
I ^ pleto la satisfacción de sus necesidades a los esfuerzos de
un trabajo posterior, reservando algo de lo ya producido para procurarse es.a satisfacción; que es también mucho mas fácil obtener mayor resultado con menor esfuerzo,
I cuando se cuenta con otros medios de producción que el
trabajo solo, esto es, con instrumentos, con provisiones , acumuladas de antemano. De aquí la idea de hacer «reser-
/vas de riquezas, obra de un trabajo anterior i destinadas a la satisfacción délas necesidades futuras,» reservas a que se da el nombre de capital.
I Según esto, el capital es en cierto modo sinónimo de ri-
y quezas: pero solo se da este nombre a las que tienen por
fia IdS necesidades futuras, i pueden aumentar ya por un ' aumento de la producción, permaneciendo igual el consu-
: mo, ya por una diminución del consumo, subsistiendo
! igual la producción, yaenfin, por un cambio en la pro-
j duccion i en el consumo que sea mas favorable a la pri •
mera.
1 La mayor parte de los autores han definido el capital
«la suma de riquezas destinadas a la producción posterior»
54 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
(1), de lo cual resulta que un objeto debe o no tener el nombre de capital, según sea el íin a que se le desuna, esto es, ala reproducción o a un consumo mas próximo. La primera nocion del capital parece mas exacta; descansa subre una base mas fija i está esenta de todo jénero de apreciaciones. No irsistiremos, sin embargo, en esta materia que es de mora clasificación; i nos bastará notar, con el linde prevenir cirores, (pie muchos lian reservado el nombre de capital, únicamente a las riquezas destinadas a la producción, a lo que pudier i llamarse capital reproductivo. ... 5
ütio significado tiene también la palabra capital i es ei
que se le atribuye en el comercio. Llámase entonces ra/)íDua cantidad de utilidad (jue se desea encontiai igual al cabo de cierto tiempo o de una serie de operaciones, (2) aun cuando cambien los objetos en (jue se tiene empleada. Asi, al establecerse una casa de comercio, se dice que los socios introducen en la negociación diez mil pesos de capital, que puede consistir en documentos, en edificios o en mercaderías; i se entiende que el capital ha aumentado o disminuido, cuando aumenta o disminuye la c.antidad de utilidades que se posee, cualesquiera que sean las especies en que se encuentre. El capital en este caso, es solo una nocion de contabilidad; no se toma en ninguna acepción teórica.
La definición que hemos dado del capital manifiesta que es completamente inexacta la idea de los que lo hacen sinónimo de numerari j. Capitales son todos los objetos que tienen utilidad i emanan de un ti abajo anterior, los edificios, los instrumentos, los canales, las mercaderías de tcdii especie, i aun la tierra misma, que conserva sus Tuerzas productoras mediante el trabajo (jue para ello se emplea. Todos estos objetos, que forman la masa del capital, son el resultado (le fuerzas antericres i de la pre.vi-
(1) Mili!, Uaslíjl, Dcstat de Tracy, Ross!, ele.
(2) Courcelle Scneuil.
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 25
sion que los conserva i reproduce, son la diferencia entre las utilidades producidas i las utilidades consumidas, de manera que el capital puede aumentar, según se ha dichOj por un aumento en la producción, subsistiendo igual el consumo, por una diminución del consumo, siendo igual la producción, o por una variación en estos dos términos que sea mayor en la cantidad producida
El capital es un elemento esencial de la producción. Antes de empezar a producir, ántes de haber adquirido medianamente las fuerzas que para ello necesita, el hombre ha sillo alimentado, vestido, cuidado durante largos anos, i ha consumido capitales que le ponen en aptitud de formarlos a su vez. La debilidad de la infancia no puede salvarse sino mediante el capital propio o ajeno; i la necesidad e importancia de este elemento se presiente i conoce desde los primeros pasos de la vida. Peros us beneficios no están reducidos a esto solo.
Para las sociedades atrasadas en que apénas se alcanza una producción miserable, la existencia del capital es una necesidad primordial, En ellas se encuentran vestidos, provisiones, armas, instrumentos, en fin, que sirven para ayudar al salvaje en la satisfacción de las necesidades posteriores.
En las sociedades civilizadas la necesidad es mas imperiosa todavía; i esto es natural, desde que el desarrollo da los capitales es antecedente preciso de la misma civilización. Sin el capital no puede realizarse ningiin adelanto en la industria, ninguna aplicación de un invento nuevo, ningún progreso social: 6l ennoblece las necesidades; disminuye los esfuerzos, domina a la naturaleza; convierte la moralidad en hábito (1); desenvuelve la sociabilidad i trae consigo la igualdad.
Para suministrar acerca del capital conocimientos mas precisos, i manifestar lo erróneo de la idea últimamente emitida de la producción sin capital, vamos a esponer
|p ' • I
(1) Basüat, Armonía!»
215 CURSO I)E ECONOMIA POLITICA*
ciertos principios que la ciencia tiene ya establecidos sobre él,
1. — La existencia del capital revela por si misma la sustitución en gran parte do los esfuerzos costosos del tra~ bajo por los esfuerzos gratuitos de la natura’eza^ i ha' e fácil la satisfacción de las necesidades humanas.
bii ejemplo manifestaiá cUiamente la exactitud e importancia de este principio.
En una tribu salvaje i sin capitales, uno desea adquirir dos varas de jénero para vestido. Necesario será que principie por plantar i cultivar, sin elemento alguno, el lino; que trabaje miéntras éste crece, para poder subsistir; que lo recoja después con grandes esfuerzos; que lo prepare, en seguida, sin el ausilio de ningún instrumento, i, por último, que fabrique el tejido, uniendo una por una las numerosas hebras que habrán de componerlo, cada una de las cuales ha costado el empleo de tal tiempo i de tal empeño, que la imajinacion se admira al comparar esa producción primitiva con la que, por el empleo de otros medios, conocemos hoienlas sociedades modernas. Bien se comprende que el producto mas insignificante debe ser la obra de un costoso esfuerzo, i que, si el salvaje quisiera obtener ese mismo producto por el cambio, habría de dar una compensación crecida correspondiente al ^trabajo de que pretendía libertarse.
En las sociedades modernas, un simple obrero adquiere con la cuarta parte de su salario de un dia, el mismo producto ántes tan costoso, i lo obtiene mediante la intervención del capital. Con diez o veinte centavos, paga todos los esfuerzos que se han empleado en esa producción, i los productores quedan suficientemente remunerados,
£1 agricultor, con el ausilio de instrumentos, obtiene una gran cantidad de lino, que puede vender a bajo precio, porque solo debe i puede hacerse pagar su trabajo i «o los elementos gratuitos de producción que hai eii la naturaleza.
El fabricante, por el empleo de una m4íjnina o de un
CURSO DE ECONOMIA POLITICA.' ^7
capital, aprovecha las fuerzas de la corriente del agua o de la presión del vapor. Produce mucho, i no puede hacerse pagar sino su propio esfuerzo i el interes de sus capitales, mas no las fuerzas gratuitas que tanto han contribuido a su producción.
El acarreador aprovecha con las velas de un buque el valioso impulso del viento, impulso que no podria dar ninguna combinación de los trabajos del hombre. Trasporta con facilidad, i debe trasportar poruña remuneración que solo compense sus esfuerzos propios, porque no puede hacerse pagar lo que es gratuito, lo que cualquiera está autorizado para tomar, como que es del dominio de
todos.
Por esto es que el obrero adquiere i remunera a tan poca costa los esfuerzos de tantos. La existencia del lino manifiesta que, por la intervención del capital, de los instrumentos, se ha aprovechado el elemento llamado vejetacion; la existencia del jénero ya preparado revela que, con la máquina se ha aprovechado la fuerza del agua o del * vapor; la existencia del mismo jénero en el lugar a que se
ha trasportado indica que, con el buque en que se hizo el trasporte, se han tomado gratuitamente las fuerzas de la
presión. , • i
Esta sustitución cl3 esfuerzos costosos del ti abajo liu-
mano por los gratuitos de la naturaleza, que se realiza por la intervención del capital, hace cada dia mas fácil la satisfacción de las necesidades.
2.— El capital al dejar en disponibilidad algún trabajo, deja también en disponibilidad una cantidad de remuneraciou correspondiente.
Podria decirse que si la función mas importante del capital es aprovechar las fuerzas naturales i sustituir éstas al trabajo humano (1), debe perjudicar necesariamente a la clase obrera. Pero la verdad es, por el contrario, que esa sustitución es siempre favorable; porque deja dis-
(1) Basiui. Armouws^
ponible una cantidad de remuneración. Si un obrero pagaba ánles un pesjo por un objeto, i dev«;pnes por el empleo del capital, por una invenoion, el costo i el trabajo disminuyen en la mitad, le queda de sobrante la mitad de lo que ántes pagaba.
3. — La induslria está limitada por el capital (1).
Esto casi no necesita de demostración, es mas bien una idea que todos espresamos en la conversación diaria i que se adquiere sin estudio. En efecto, es mui común oir vo puedo dar mas ensanche a mis negocios por falta de capital) no puedo establecerán mi propiedad un cultivo mas adelamado^ por no tener para ello capital.
Lo que es cierto respecto del individuo i de las empresas particulares, lo es también respecto de la sociedad i de la industria en jeneral. La industria no puede desarrollarse, sino en cuanto haya provisiones para el alimento de los obreros, edificios para que habiten, rectirsos para aplicar las invenciones i el trahájo, máquinas que faciliten la producción, capitales en una palabra. Ellos determinan en todo caso el límite para el desarrollo de la industria, límite que puede variar como los capitales mismos; pero que nunca dejará de existir porque es racional que exista.
Esta verdad tan sencilla, tan fi’ecuente en lá conv'ersacion, lia sido casi siempre desconocida en los negocios públicos, o no ha sido estudiada lo bastante para apreciar sus naturales consecuencias. De otra manera no se ooncebiria que los gobiernos hayan pretendido estemler la induslria, sin^cieai capitales. Conocida la proposición de que tratamos, liabiían calculado que la prohibición de internar u otras medidas análogas solo pueden desarrollar una industria tomando los capitales de otra, resultado casi siempre perjudicial. Si la primera industria vivia de antemano, existia por necesidad o porque los individuos estaban preparados para ella. Si la última solo nace al amparo del go-
(I) SuAiiT Miu. Priiiiipios de Ecouomía PoÜUcíi.
CURSO DE ECONOMIA POLITICA.' 29
bierno, no puede ser tan favorable como la que nace del libre i bien entendido interes de los particulares, quienes procuran siempre obtener el mayor resultado posible con el menor esfuerzo.
h.— El capital se mantiene no tanto por la conservación como por la reproducción constante.
Este principio nos esplica también la naturaleza del capital i de sus funciones. Es por otra parte de fácil demostración, pues para comprenderlo basta observar los hechos que acontecen a nuestra vista. La mayor'parte de los capitales que lioi tenemos lian sido formados durante el último ano, i así debe necesariamente suceder, porque, con escepcion de las tierras, los edificios i algunos otros objetos de mayor duración, los mas se destruyen prontamente i no seria fácil conservarlos en la misma forma que al principio tuvieron.
La conservcxcion i aumento se verifican de otra manera. Los capitales que se destinan al consumo sirven para alimentar las fuerzas i la vitalidad del trabajo, i ese trabajo alimentado por el capital es el que nueva c incesantemente los forma.
Hai, pues, nn cambio incesante de las riquezas i capitales en fuerzas de producción, i de éstas en capitales: movimiento en que los capitales se trasforman mas o ménos rápidamente, pero en que siempre se trasforman.
Esta nocioii de la trasformacioii mas o ménos rápida, es lo que da oríjeii a la división que después haremos de los capitales en /Jjos i circuíanles.
Para completar sucintamente la esposiciou de las bases del estudio, definiremos algunas otras palabras que se usan con frecuencia eii el lenguaje económico. Cuando se trata (le conocer el resultado de una empresa cualquiera se llama capital la cantidad de utilidad introducida; producto bruto, la caiiiidad de iitüiüad producida; gaslos de producción, la cantidad de utilidad consumida. Se dice que la empresa ha obienido sus gastos cuando, hechos los costos de producción, el capital que hai es igual que se introdujo;
30 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
que hai ganancia cuando el capital existente es mayor que el primero, i que hai pérdi la cuando el capital es menor.
En resúraen, el móvil de la industria es la necesidad. El deseo de satisfacerla por el goce que acompaña a la satisfacción estimula al trabajo. Este, aplicado a la materia le da utilidad, que es el fin a que aspira la producción de las riquezas. Formadas éstas, pueden satisfacer las necesidades que fueron la causa de su formación, i viene entóneos el consumo. Entre la producción i el consumo las riquezas forman el capital, ausiliar necesario i poderoso de la producción posterior.
VI.
Hemos dicho que, al estudiar la Economía Política las causas jenerales de la mas o ménos estensa i fácil apropiación de la materia, estudia necesariamente el estado de riqueza de los individuos i de las sociedades. Vamos ahora a definir este estado; i al hacerlo, no solo sujerireinos ideas exactas de estas nociones elementales sino que destruiremos por su base muchos sistemas de organización artificial.
Compréndese sin dificultad que el fin que se tiene en mira al producir es el de satisfacer el mayor número de necesidades i que uno se estima mas o ménos rico, según sea mayor o menor el número e importancia de las necesidades que puede llenar. Para apreciar, pues, el estado de riqueza, lo primero es conocer las comodidades, los goces que pueden obtenerse.
No bastarla esto, sinembargo, para hacer una apia elación exacta. No se encontrarán en igual estado de riqueza dos individuos que satisfagan necesidades como uno, si el primero tiene que emplear uu trabajo como veinte, miéntras que el segundo emplea uno como diez. Este último emplea ménos esfuerzos i, si quiere aprovechar ese sobrante de trabajo, puede satisfacer nuevos deseos, l\e-»
CURSO DE ECONOMIA ÉOttTICA.' 3l
snlta de aquí que el trabajo es un elemento que se debe tomar en consideración i que es superior el estado de ri*< queza cuando, para llenar igual cantidad de necesidades, basla el empleo de menor esfuerzo.
Vemos así que el estado de riqueza no es mas que (da aptitud eu que se encuentran el individuo o la sociedad de satisfacer mas o ménos necesidades con mayor o menor trabajo:» que el estado de riqueza se mejora, o por un au - mento del número de necesidades que se pueden satisfacer o por la diminución del trabajo, i que el ideal seria la situación en que se pudieran satisfacer todas las necesidades iiuajinables, sin el empleo de ningún esfuerzo. Vemos también que para comparar el estado relativo de riqueza de los individuos o de los países, no basta conocer la estadística de los productos. Es preciso estudiar la relación entre los goces i el trabajo que cuestan, tarea difícil i para la cual se requieren esquisito tino de apreciación i mui iraparcial criterio.
VII.
La industria humana de que la Economía Política tanto se ocupa, es el ((conjunto de los esfuerzos de la actividad voluntaria del hombre dirijidos a apropiar la mateiia a la satisfacción de las necesidades.» (1)
De las numerosas i variadas clasificaciones que se han liecho de las industrias, la mas exacta i comprensiva es la de Dunoyer completada por varios economistas. (2) Tomando como base para la clasificación la diferencia en las aplicaciones del trabajo a la materia para darle utilidad, se han dividido los trabajos industriales en cinco grandes clases, a saber;
(l) Esta palabra «Wííííria es una Iraduecion literal de Ja latina ¡nduslrin que se compone de eslas otras, íníus strucre^ construir en. Manifiesta per I onsiguiente la idea de acción i de acción intelijenlo. Véase sobre todo to que coQ la híduslria se relaciona, la célebre obra de Dunoyer: ode la libertad
ael trabajo,» lo mas completo i meditado que sobre esia materia se ba cnto,
(á) Garnier, Elementos de Economía Política. Covurcelle SeneuJ»
32. CtBSO DE ECONOMIA POLITICA.
1. * Industrias estractivas. — Estas son «las que se limitan a estraer mecánicamente del seno de las aguas, del aire o de la tierra, materias a que no dan preparación alguna.» Compréndense en estas industrias, la caza, la pesca, la ininería i la recolección de frutos espontáneos de la tierra o del agua; i la importancia de ellas puede calcularse por el gran número de individuos a que dan ocupación i por Ja necesidad que de estas materias primeras se tiene en his demás industrias,
2. “ Industria de trasportes. • — Son «las que tienen por objeto trasportar los productos de un Jugar a otro, ])oniéndolos a disposición de las personas que los necesitan i aumentando así su utilidad.» Estas industrias comprenden la navegación, el acarreo por tierra, la distribución en los almacenes, etc.
3/ Industrias manufactureras. — Son «las que modifican Jos productos en sí misiros, haciéndolos sufrir trasformaciones por el empleo de fuerzas químicas o mecáulcas.» Las industrias comprendidas en esta clase son tan numerosas que, para hacer de ellas una enumeración medianamente completa, seria preciso tener mui vastos conocimientos de lo que en todos los países sucede, pues que en cada uno de ellos las hai distintas.
á.* Industria agrícola,— «la que liacc sufrir a lo.s objetos trasformaciones por el empleo de fuerzas mecánicas o químicas combinadas con el ajenie natural que se llama i'í /fí, animal o vejetal.» El labrador abre la tierra por medio de sus fuerzas mecánicas; pero las semillas nada producirían sino por la acción de la vida vejetal. El que cria animales trabaja también, pero nada podida obtener sin la vida animal.
5.* Industria comercial. — Es «la que aumenta la utilidad de los objetos, poniéndolos al alcance de los consumidores, ya poi'que los traslada de un lugar a otro, ya porque los conserva de uua época para otra.»
Esta industria, aun considerada solo en cuanto a la traslación de los objetos de un lugar a otro, se diferencia de
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 3S
la de trasportes en que el porteador nada tiene que ver con la ganancia o pérdida que se tenga en el artículo, ganancia o pérdida que afecta siempre al comerciante. La industria comercial no es ni primitiva ni necesaria. Necesita de productos foimiados ya por otra i puede existir o no, según el sistema de distribución que domine en la sociedad. Si no hai libertad para los cambios, si la distribución se realiza por la autoridad, como en las antiguas tiibus, la industria comercial no tiene razón de ser.
El comercio puede ser de^distribucion o de especulación. Ei primero es «el que tiene por objeto aumentar la utilidad de ios productos por medio del traspone de un punto a otro.» El segundo es «el que tiende a aumentar la utilidad por la conservación de los objetos de una época para otra.»
Divídese también el comercio en estertor, que es «el que se hace entre naciones,» e interior, que es «el que tiene lugar dentro de ios límites de un pais;» en comercio por mayor i por menor, en comercio de comisión i por cuenta propia', en comercio marítimo i terrestre, palabras todas que no necesitan de definición. Se conoce, por último, cierto comercio con el nombre de comercio de ca^
botaje, que es «el que se verifica entre los puertos de una misma nación.»
iX.
Dada ya la definición de las palabras mas usadas, esplícaremos, en primer lugar en este libro, cuáles son los ele-- memos de la producción.
Espondremos, en seguida, cómo se verifican los cambios en la población i la lei a que ellos obedecen.
Veremos después la influencia que esos cambios tienen en el estado de riqueza de las sociedades. Al efecto espondremos las dos leyes económicas conocidas con los nombres de lei déla renta i lei de las salidas.
Concluiremos con la clasificación de los consumos i ina-
34 CURSO DE ECONOMÍA POLITICA,
nifestaremos los efectos que tienen, según su naturaleza, con relación al poder productivo.
CAPITULO II.
DE LOS ELEMENTOS DE PRODUCCION.
I: Cuálei son los elementos de la producción. — II: Importancia de la materia como elemento de U producción. — III: De la actividad humana, del arle i del trabajo propiaineuie dicho. — IV: Del li abajo muscular i del de ahorro. \ : do las ventaja* de las invenciones industriales. — VI: Del si?ileina de cooperación.— MI: Do las combinaciones sociales. — VIH: Resúmen.
- A la producción o civacion de utilidad concurren, no mas ni ménos que dos elementos: la materia i 1.x actividad industria! del hombre, el sujeto i el objeto. No j)uede concebirse producción en que haya mas de estas dos fuerzas productoras; ni operación alt^una en que la materia obre • por sí sola, inerte como es; o en que la actividad industrial pueda hacer algo útil sin aplicarse a un objeto cualquieit'- De la combinación mas o ménos acertada de estos dos elementos, es de lo que resu’ta el adelanto o el retroceso del estado de riqueza de los individuos i de las sociedades. La producción será tanto mayor, cuanto mas poderosos sean los elementos que en ella se emplean; i disminuirá, si aquellos decaen. La cantidad de productos por consiguiente está en relación directa cotilos elementos de producción. Si un individuo, considerado en el aislamiento i con gran cantidad de objetos sobre los cuales pudiera aplicar su actividad, trabajara como cuatro, obtendría productos como cuatro; i si duplicara sus esfuerzos, duplicaria también su producción. Lo mismo sucede en la sociedad si la consideramos como una masa invariable, i así vamos a considerarla por ahora, dejando para mas tarde estudiar las modificaciones que eu esta relación del producto con las fuerzas productoras introduce un cambio en la poblacion«
CÜR?0 DE ECONOMIA POLITICA. 35
Esplicaremos estos elementos, haciendo, en cuanto al segundo de ellos, la actividad industrial, las clasificaciones a que se presta.
Al indicar que el primero de los elementos de producción, es la materia^ tomamos esta palabra en el sentido mas lato posible. Comprendemos en ella todo lo que, fuera del hombre, hai en el universo; la tierra, el agua, el aire i los demás elementos naturales que en ellos se contienen i sobre los cuales recaen los esfuerzos del individuo.
La influencia de la materia sobre la producción, mas bien ha sido exajerada que desconocida. 1 ciertamente es bien fácil apreciar esa notable influencia con solo estimarla en algunos puntos de vista.
1. ® Nótase desde luego que ella determina en el hombre mui variadas necesidades de habitación, de vestido, de alimentación, según sean los diversos climas. El habitante de h zona tórrida apénas si necesita de lijero traje i de escaso abrigo, miéiitras que el lapon o el habitante de la Siberia no puede preservarse sin atender con cuidado a la satisfacción de estas necesidades. Lo mismo sucede en cuanto a la alimentación. El clima viene así a influir poderosamente en la dirección de las necesidades haciéndolas tan variadas como vanados son los diversos territorios que el hombre ocupa, I de esta influencia es imposible prescindir por completo, cualesquiera que sean los esfuerzos que se empleen.
2. ® El clima i la naturaleza no solo determinan el curso de las necesidades, influyen también sobre los medios de satisfacerlas, sobre los productos. En los frios climas del norte la producción de la agricultura es mui escasa, i los habitantes tienen que dedicarse a la caza i a la pesca para completar sus pobres medios de alimentación. En los países que algo .se acercan a la zona tórrida, los productos van
f' gg CURSO DE ECONOMIA POLITICA,
idquirienao mas fácil vida, i en el Ecuador esos mismos productos nacen con pródiga rapidez i escaso trabajo. En algunos territorios se producen con facilidad
los minerales que sirven para la esplotamon en otros, el trigo, paraalimentar el tr.abajo; “
fin, productos mas o ménos rápidos, mas o ménos dos ane constituyen a cada pais en un productor de artlerespedales, ™mo para echar las bases de redproco comercio i hacer que se obtenga, por la variedad de p.o duelos, la armonía de la especie humana.
3,. No es ménos importarte el innu]0
ce sobre la conservación de las riquezas. S, ^
servarlas por mucho tiempo en los países fi os, la des truccion de las mismas es rápida en los cálidos. De aquí Trnto hábitos mui arraigados de Orden i de economía en los primeros, en que la naturaleza ayuda a la previsión manmTliábúos de consumo en los últimos en que, para una destrucción incesante, se cuenta con tuerzas repara-
^°i^.'pero lo que mas importancia tiene en la esplolacion
de la materia son las leyes tísicas \ 'I"® '‘‘JJ
biernan, leves de tan notables resnltados que el conocí miento i aplicación de ellas va amenguando de una manera estraordinaria los esfuerzos i sacrific.os del ^
fuerza de una calda de agua, por ejemplo, reemplaza co éxito la de muchos individuos; la de una maquina de vapor trasporta mercaderías que no podrían condiioir centenares de hombres. La importancia de estas berzas gra uitas de la natur.aleza es perfectamente conocida en las artes, i puede decirse que el secreto del adelanto mdiist^r consiste en sustituir éstas a los esfuerzos costosos i débiles del trabajo corporal. La existencia de estas fuerzas naturales en mavor o menor cantidad i el conocimiento que de ellas se tenga, deciden, pues, en gran parte del mas o iiiénos rápido progreso de los pueblos i de la sociedad en je-
TqprnJ
Lo* dicho manifiesta con bastante claridad la importan-
cia de la materia como elemento de producción. Ella, en efecto, determina las necesidades, influye, según los lugares, en la naturaleza de los productos i en la cantidad de ellos, facilita o dificulta la conservación; i por medio de sus fuerzas físicas i químicas, aumenta los productos» sustituyendo esas fuerzas gratuitas a las costosas del hombre. En consecuencia, (lentre dos países que en todos loa demas puntos de vista se encuentren en condiciones iguales, tendrá mayor poder productivo aquél que, con relación al arte industrial común tenga territorio mas fértil i mejor clima (1).»
Si bien no puede desconocerse la influencia de la materia sobre la producción, no debe tampoco exajerarse, como algunos lo han hecho; i por eso es que, al establecer el axioma anterior, hemos cuidado de manifestar que debe tomarse en cuenta el arte industrial. El hombre puede, en efecto, vencer las dificultades que la naturaleza le presenta, aun cuando sea con esfuerzos vigorosos e incesantes; i ejemplos hai mui notables de países que, poseyendo un árido territorio i una naturaleza ingrata, se encuentran ahora convertidos en los lugares mas productores e industriosos, mediante la actividad humana. El mal china, la pobreza del territorio, son obstáculos poderosos, si se quiere, pero no insuperables.
lll.
El segundo de los elementos de producción, la actividad industrial, es el que mas especialmente debe ser estudiado, porque es el mas susceptible de modificaciones i de desarrollo. La materia, considerada en sí misma, es invariable. Si contribuye mas o ménos al movimiento económico, es por el empleo de la actividad humana, por la acción intelijente del hombre. Por esto prestaremos una
(1) Courcdle Seneuil.-Esle mismo autor establece proposiciones análo , gas respecto a los domas elementos de producción, lo que prevenimos para evitar otras citas.
v.^‘.
tüBSO BE ECONOMIA POtlTlCA»
atención especial al segundo de los elementos esprcsados
i«ea, „„ procedimie,,.: a™ ^eal :T„:
-.0 segundo. ,a aplioaLu de iXtriroelt
“mad,: e^ruT
primero, „el ideal niie se P'opMmente ilkho. lis el
jeto cuaiguta “ T e'mr »'^-
los esfuerzos del liombTe a k í Esta división de k I’'"'''
clones co„s:.:d;::::‘r„s:"'“^ “-op---
cío de v m 17’ '=J^'"P'“' 'I- facilite la aplica-
fuerza IZl’patlcatf?'': ““
rirre:"'""
Íiacio'’n‘°‘‘°“" ‘ 'lo fácil apre-
(lel trabaiolr7-’’'™'’ naturales del aite i
Util iraDajo propiamente dicho.
costl^" '* o foi-macioii del arte es
costosa que m.énlrasse adquiere una idea para la produc
nerado» I I naturalista, que ba invesiigado las leves de la li fue za "'•^quinaria
consumir riquezas que les pusieran en IpUiud d ‘ 'tú mar su invención. Pero desde que ésta se ba formado au uso no tiene costo alguno, es por su naturaleza grat
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 39
to, i entónces todo el esfuerzo del hombre se limita a la conservación de la idea adquirida.
El trabajo propiamente dicho, por el contrario, es siempre costoso. Hecho hoi el sacrificio de un esfuerzo considerable en una operación cualquiera, se tiene que hacer un sacrificio igual o mayor en el dia siguiente, i repetirse estos esfuerzos i sacrificios de una manera incesante. Si el arte es por su naturaleza gratuito, el trabajo propiamente dicho, es i será siempre costoso.
2. ® Tiene asimismo el arte una ventaja estimable, i es que puede trasmitirse a todos por la tradición, por la imitación, i pasar así de una época a otra i de uno a otro lugar, sin que las ventajas que de él haya obtenido el primero que lo e npkó, tengan menoscabo alguno por el uso que del misino arte hagan cuantos encuentren conveniencia en emplearlo. El arte es así comunicable i común. La aplicación del vapor hecha en Estados Unidos o en Inglaterra, ha continuado dando a la industria de esos países ganancias positivas, i las da también a todas las otras naciones en que la misma invención se aplica.
El trabajo propiamente dicho, cualesquiera que sean los progresos que en él se hagan, no puede ser empleado ni en dus épocas diversas ni sobre dos objetos distintos. En jeneral, el esfuerzo de un carpintero, de un artesano se aplica determinadamente a la materia en que se incorpora; i un mismo trabajo, no puede ser empleado a la vez sino en un solo objeto. Miénlras que el arte es de jeneralizacion fácil, sin que nada pierda de su importancia, el trabajo propiamente dicho, por su propia naturaleza, está ligado a una operación determinada.
3. ® El arte no tiene limites precisos. En un momento dado, llegará únicamente al punto en que los conocimientos actuales de la sociedad lo dejen en parulizacioa. Un dia, un ano después, esos límites serán olvidados; i, lo que ántes se consideró imposible, llegará a ser una verdad de uso jeneral. Si es cierto que la inlelijencia reconoce límites en 9u desarrollo, tambleu lo es que eu materia de adelanta-*
míenlos industriales, esos límites se han ido ensanchando dia a dia.
El trabajo propiamente dicho, tiene un término preciso, mas allá del cual es imposible conservarlo. Puede suponerse que un trabajador i la sociedad en jeneral empleen en el trabajo toda la intensidad de esfuerzo en la mayor duración de tiempo qwe el cuerpo humano soporte; mas nunca podrá imajinarse que pueda mantenerse i prosperar, si escede esos límites de intensidad i duración que
son, por desgracia, casi fijos.
De la comparación anterior aparece mui en claro, que
no es indiferente para el movimiento económico de la sociedad, que el aumento de producto se deba al mayor empleo de trabajo propiamente dicho o a la mejora en el arte industrial. Según la razón i según la historia, los pueblos que, sin descuidar el trabajo, buscan su adelantamiento en los progresos del arte, son los que llenan mejor todas sus necesidades. Aquéllos, por el contrario, que han cifrado sus esperanzas en la aplicación de un trabajo incesante i que han descuidado el arte, solo alcanzan una civilización mediana i goces mediocres. Para la combinación de estos dos ramos de la actividad industrial debe haber un Sistema ordenado, en que se dé preferencia al desarrollo del arte gratuito, estenso i sin límites definidos, porque es el que, sin duda, influye mas en el progreso económico.
La invención no tiene en estos estudios el significado que de ordinario se le da. Llámase vulgarmente znue/icmn, un descubrimiento nuevo o una mejora de lo existente. En economíapolílica se estima como invención no solo esto, sino la aplicación i jeneralizacion de lo ya conocido. Los países pueden prosperar en el arte aun cuando no se ha* gao descubrimientos ignorados, con tal que se apliquen las nociones industriales conocidas en otros países o en otros
lugares*
Para observar un método rigoroso, vamos a dar una idea sucinta del trabajo propiamente dicho i a estudmr en seguida el arte industrial en los tres órdenes principales
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. M
de SU manifestación; 1.* en las relaciones del hombre con la materia, para aprovechar las leyes que la gobiernan i las fuerzas naturales que contiene, o lo que es lo mismo,
en cuanto a las invenciones mecánicas, físicas i químicas; 2.® en el sistema de cooperación industrial o arreglos del trabajo que permiten obtener un resultado mas satisfactorio por la unión o separación de operaciones, según para ese resultado convenga; 3.” en las combinaciones sociales,
0 sea en cuanto a la influencia que las leyes, las opiniones
1 las costumbres de los diversos lugares ejercen sobre el trabajo, ya estimulando la producción, ya poniéndola trabas que entorpecen su marcha i hacen que el individuo se retraiga de un empleo constante de todos sus esfuerzos.
Se ha dividido el trabajo propiamente dicho en dos clases diversas; trabajo muscular i trabajo de ahorro^ i en realidad esta clasilicacion corresponde exactamenie a la observación de ios hechos. El trabajo muscular es «la aplicación de ios esfuerzos doi cuerpo humano a la materia ' para darle una uiiiidad que no tiene o para aumentar la que eu ella hai,» i trabajo de ahorro «la abstención del consumo.»! Miéniras que por el empleo del primero se forman las riquezas, por la aplicación del segundo se conservan i aumentan. La primera es una operación material; la segunda, un trabajo moral eu que solo tiene pane la iuteiijencia.
Trabajo muscular, — Al tratar de esta materia, no nos ocuparemos de la diversidad da fuerzas que hai en el hombre, según los climas, la organización i ios hábitos. Estos son puntos relacionados, es verdad, intimamente con los f estudios económicos, pero que no pueden tener cabida en
I un testo elemental. Solo llamamos la atención hacia ellos
í en eneral porque, siendo la Economici Política el estudio
de las causas que influyen en la mas o ménos estensa i fácil apropiación de la materia a la satisfacción de las nece-
As CURSO BE ECONOMIA POLITICA.
sidades, el que quiera buscar los medios para que un país progrese, no debe perseguir sistemas artificiales, sino estudiar los elementos de producción. En este aspecto, las leyes de liijiene que tienden a mejorar la constitución del individuo, la policía de salubridad (jnc le conserva, las costumbres de mayor o menor trabajo, la aplicación de fuerzas vigorosas a operaciones lacÜes, la existencia de un número desproporcionado de dias festivos, i en resúmen, todo lo que tiende a aumentar o disminuir el trabajo muscular, son otros tantos estudios útiles i los únicos que en este orden podrian hacerse con fruto para mejorar el estado industrial de un pais.
Esponiendo aquí la teoría, basta indicar el tipo a que pu< de aspirarse; pues conocido éste, es fácil apreciarlas consecuencias i ca ciliar el jiro que ha de darse a los procedimientos piáciicos.
El trabajo muscular tiene necesariamente un máximun de intensidad, mas allá del cual es imposible su conservación, La intensidad de fuerzas del individuo tiene un límite; así, por ejemplo, nadie pretenderla exijir de un hombre que levantara por sí solo un peso de diez o mas quintales. En este punto de vista, el término de la aspiración debe reducirse al empleo de la mayor intensidad de fuerzas.
Pero de nada sirve estimar esa intensidad, sino se la pone en relación con el tiempo. Puede suceder que un individuo haga esfueizos considerables en un momento dado» Su operación na seria con todo provechosa^ si careciera de voluntad para repetir esos esíuerzos o si quedara en la imposibilidad de reproducirlos, Se obtiene mejor resultado con un trabajo sostenido constantemente por muchas horas, que con un trabajo interrumpido, por escesivo que sea.
Si, pues, se han de tomar en consideración estos dos elementos, debe establecerse como una teoría deducida de la Observación de los hechos que «el máximum de trabajo consiste en su mayor intensidad en cuanto ella puede man-
CURSO DE economía POLITICA. 4^
tenerse por el mayor tiempo posible, sin menoscabo de lis fuerzas para operaciones sucesivas.» Tal es el fin que debe tenerse en mira; tal el principio de que deben emanar las regias que se dicten o las opiniones que se emitan acerca del trabajo muscular.
Trabajo de ahorro. — Si alguien pudiera dudar de que el ahorro es verdaderamente productivo, le bastarla fijarse en su objeto para abandonar esa duda. Siendo la producción, la creación o aumento de utilidad, será siempre provechoso el esfuerzo moral que la conserve, i lo será tanto mas cnanto mayor sea la utilidad conservada. El trabajo de ahorro, que consiste en un esfuerzo moral, se mide así por sus resultados.
Ese esfuerzo moral es un verdadero trabajo, mas difícil aun que el corporal. Para dedicarse a éste, el hombre siente el impulso material de las necesidades; está urjido por ellas; i, sin un grande esfuerzo de su iotelijencia, comprende fácilmente que, sino se dedica al trabajo, no puede obtener su conservación. Obedece en este caso a la dura lei de la necesidad; í por eso los pueblos salvajes, los que apénas han dado un paso en la carrera de la civilización, trabajan siquiera para llenar las necesidades mas materiales. En el ahorro, no existe ese impulso tan poderoso, i en vez de él tiene el individuo que luchar con el imperio de la necesidad que le lleva al consumo. El móvil que produce necesariamente el trabajo muscular es contrallo poi de pronto al de ahorro: i se necesita de previsión, de hábitos de orden, de un principio de civilización para vencer aquel impulso e inclinarse al ahorro qne viene a tener sus ventajas en tiempos posteriores. Si esta sencilla observación no manifestara por sí sola la dificultad de ese esfuerzo moral, lo comprobarla la práctica de la vida i la histoiia de todos los pueblos.
I, sin embargo, es necesario que ese esfuerzo se haga, porque es el precedente de todo adelanto industrial. Sin capitales acumulados de antemano, no liai otro recur.so que un trabajo inusoular incesante para llenar las necesi-
hh CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
üsdcs ¿6 Is vidft. Sin esos capitales, no se puede progresar en el arte industrial, no se pueden tener sabios que inventen, ni mecánicos que apliquen, ni máquinas que trabajen, ni edificios que sirvan ala industria, ni progreso jeneral. La civilización comienza cuando principia el ahorro.
En resúinen, comparando dos paises, en cuanto al trabajo muscular i al trabajo de ahorro, i, suponiéndolos en igualdad de condiciones bajo otros aspectos, tendrá mayor poder productivo aquél que en el trabajo muscular emplee la mayor intensidad que sea compatible con su mayor duración, i en el cual, establecida la confianza, que es la base primordial del trabajo de ahorro, dé éste mayores resultados.
Hemos dicho que el arte puede considerarse en primer lugar en las relaciones del hombre con la materia, o sea en las invenciones mecánicas, físicas i químicas; i, al indicar ahora esta idea, no hacemos mas que llamar de nuevo la atención hacia las ventajas que, para la producción, resul - tan de sustituir las fuerzas gratuitas de la naturaleza a las costosas del trabajo muscular.
Miéntras el hombre solo tiene mui escasos productos que apénas le bastan para satisfacer las necesidades primordiales de la vida, miéntras sus esfuerzos están contraidos a obtener los alimentos i vestidos que le conservan, todo adelantamiento industrial es imposible; pero cuando, ayudado por una previsión mas vigorosa, ha logrado separar de sus productos, por medio del ahorro, algo que le sirva para necesidades finuras, entónces puede ya buscar en las invenciones algún ausilio para sus esfuerzos venideros. Dedicándose a observar la naturaleza con mayor esmero, encuentra en ella elementos poderosos de una producción superior; busca instrumentos, i los prepara; estudia las leyes físicas, i las aprovecha; concibe la ventaja de aumentar sus esfuerzos por medio de las máquinas i las fabrica. Este progre-
CURSO DE ECONOMIA POLITICA.' A5
so es lento, pero una vez que comienza, difícilmente se debilita.
En la agricultura, por ejemplo, se trabaja la tierra en el principio sin ausilio de ningún instrumento, i es claro que los resultados debian de ser mui mediocres. Se concibió, en seguida, que si las fuerzas humanas eran ausiliadas por algún instrumento, por grosero que fuese, la producción seria mayor. Se empleó entónces, para abrir la tierra, un palo cualquiera (1); i se vi6 que este sencillo instrumento, impulsado por la fuerza del hombre, traia algún progreso. Se empleó el arado, i las cosechas continuaron en aumento, Se aplicó en seguida al arado una fuerza superior a la del hombre; i, mejorando gradualmente estos instrumentos, se ha llegado a aplicarles la fuerza del vapor. El trabajador, que en el principio obtenia mui escasos productos a costa de sacrificios penosos, tiene ahora un producto cien veces mayor, sin necesidad de tomarse ese trabajo enteramente material i conservando tiempo disponible para cultivar su intelijencia.
En la industria de trasportes marítimos, se ha verificado igual o mayor progreso. Hacíase éste en el principio en troncos de árboles preparados al efecto, i se necesitaba de un esfuerzo constante i sostenido para ejecutar la operación mas sencilla. Diez o mas trabajadores apénas podian conducir un lijero pase. Aprovechóse después el conocimiento que se iba adquiriendo para hacer embarcaciones algo mayores. Al impulso dado con las manos, sucede el de los remos; a éste, el del viento; i a éste, por fin, el del vapor. Miéntras en las primeras embarcaciones, veinte hombres no podian conducir mas de cien quintales con un trabajo constante de hora a hora, el mismo número en un buque a vapor conduce bol cuarenta o sesenta mil, sin otro esfuerzo que la dirección iotelijente con que los conductores dominan los elementos de la naturaleza.
(1) Hace trece años, ei uso de este instruoiento era mui jeneral en ChÍ'o<» El gobierno, para eslender el uso del arado, esturo asiguaitdo por algunos anos premios a los que tuviesen mejores cosechas.
¿6 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
El mismo resultado se tiene en los trasportes terrestres. El hombre, al principio, lleva con esíuerzo treinta i seis quilógramos por (lia a una distancia de veinte quilómetros (1). Aprovecha, en seguHa, los animales de carga, i en uno de ellos puede conducir ocho veces lo que antes trasportaba. LUiliza después animales todavía mas fuertes; i, conduciendo, por ejemplo, cuatro camellos, trasporta sesenta i cuatro mil quilógramos a un quilómetro, cuando al principio un hombre apénas podia llevar a igual distancia setecientos veinte. Se llega por fin a la invención de los ferrocarriles; i un maquinista, dando impulso a la fuerza del vapor, trasporta seis mil quintales mótricos.
En estos ejemplos i en muchos otros que pudieran indicarse, se ven fácilmente los considerables progresos hechos por el hombre en la producción, mediante la mejora en el arte industrial. La causa primera de este progreso es sin duda el ahorro que ha permitido la fabricación de instrumentos, de máquinas perfeccionadas. La segunda es el adelanto mismo, por el cual el hombre aprovecha las fuerzas déla naturaleza reemplazando con ellas un costoso trabajo. Se vé así cuan útil es estimular i jeneralizar las invenciones, así como favorecer el progreso del ahorro que conserva los capitales. Por medio de éstos, las invenciones se convierten en hechos; i se construyen instrumentos i máquinas, útiles sencillos los primeros, mas o ménos complicados los últimos.
La importancia de las máquinas que nadie ha podido desconocer en el punto'fle ^ta de iTproduccion, se comprueba fácilmente con lijeras observaciones, que soi. a la vez una clasificación de las ventajas que tienen en la producción.
1." ((Hacen posibles muchos resultados que sin ellas estarían fuera del alcance del hombre. Los instrumentos de acero i las máquinas, le permiten, por ejemplo, cortar i trabajar ciertos metales que de otra manera resistirían a sus esfuerzos.
2. * ((Aumentan en una cantidad prodijiosa los efectos de la fuerza muscular del hombre.» Una máquina a vapor dirijida por un maquinista tiene la fuerza de doce mil quinientos hombres durante veinticuatro horas, sin des canso.
3. " «Economizan al hombre su tiempo i el empleo de sus fuerzas.» Las máquinas de imprenta son una prueba evidente de esta verdad.
«Permiten obtener mayor utilidad de los mismos objetos materiales» (1). De un tronco de nuestros árboles del sur, a veces solo se saca una tabla, preparándola, como en muchos lugares se hace, con el hacha. Con una máquina de aserrar, se utiliza toda la madera.
En consecuenoia, entre dos países que estén en igualdad de condicioaes eii otros puntos de vista, tendrá un estado superior de riqueza el que haya hecho mas progresos en las invenciones industriales i en la aplicación de ellas.
Por importante que sea para el progreso económico el arte en las relaciones del hombre con la materia, poco fruto producirían las invenciones si no se aprovechara la combinación de los esfuerzos de los diversos individuos entre sí, que es lo que en Economía Política se llama sistema de cooperación.
Desde los primeros tiempos se ha reconocido que, sin la cooperación, no hai progreso que esperar, o éste es lento i difícil. Un hombre, se decía, cuyo trabajo esté limitado a una tarea será en esto sobresaliente (2). El individuo, decia otro autor, que solo ejerce una función determinada, trabaja mejor i con mas prontitud (3) . Pero cuando se han venido a tener sobre la cooperación ideas mas determinadas i claras, ha sido después que A. Smith dedicó a está
(1) Babbagc.
(2) Jenofonte, Clropcdia, lib, 8.*, cap. 2.®
13) Aristóteles, PolUka^ lüj, 2.“, cap, C»®
{])CcurgeHe Seueuil,
48 CURSO DE ECONOMIA. POLITICA.
materia estudios prolijos que le han hecho, sino propiamente el inventor, a lo ménos el observador intelijente de las ventajas que de la cooperación resultan.
En varios ejemplos que han repetido casi todos los economistas i que no vemos importancia alguna en modificar, se manifiestan con claridad los resultados estimables de la cooperación. «La fabricación de los alfileres, dice Adam Smitli, no solo forma un oficio particular, sino que comprende un gran número de ramas, la mayor parte de las cuales consiituyen un oficio por separado. Un obrero saca el hilo, otro lo arregla, el tercero lo corta, el cuarto hace la punta, el quinto se emplea en preparar el estremo que debe recibir la cabeza, i esta misma cabeza es obra de dos
0 tres operaciones. En fin, el trabajo de hacer una aguja está dividido en dieziocho operaciones diversas, las cuales, en ciertas fábricas, son ejecutadas con otros tantos hombres, si bien en otras un mismo obrero hace dos o tres. He visto, agrega, una pequeña manufactura de esta clase que solo emplea diez obreros, i en que por consiguiente algunos de ello» estaban encargados de mas de una operación. Podían hacer entre ellos casi doce horas de alfileres por día, i, como cada libra contiene mas de cuatro rail alfileres de dimensión media, esos diez obreros trabajan mas de cuarenta i ocho mil alfileres en un día, o cuatro mil ochocientos cada uno. Si todos hubiesen trabajado aparta
1 con independencia i sino hubieran estado habituados a este trabajo particular, seguramente cada uno de ellos no habría hecho veinte alfileres, i tal vez ni uno solo.» Las fuerzas del trabajo del hombre se aumentan así, por la cooperación, de uno a doscientos cuarenta.
A propósito de los naipes, J. B. Say refiere haber visto una fábrica en que la fabricación se dividía en setenta operaciones, i treinta obreros producían quince mil quinientas cartas, o sea quinientas cada obrero. Sepuedeestablecer agrega, que si cada uno de estos obreros estuviera obligado a hacer todas las operaciones por sí solo, aun suponiéndolo ejercitado en su arte, no concluirla quizá dos cartas
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 49
en un clia, i por ronsiguiente los treinta obreros, en vez de quince mil quinientas cartas, solo harían sesenta. En este caso, la cooperación había aumentado la fuerza del trabajo de uno o doscientos cincuenta i ocho.
En la fabricación de las agujas, observa Garnier, (1) se ejecutan ciento veinte operaciones, i no es raro ver fábricas que produzcan cien mil por dia con mui pocos hombres.
r La fabricación de un reloj (9) se divide en ciento dos operaciones, cada una de las cuales ibrma un arte completo. Si un hombre solo quisiera trabajar un reloj, emplearía un ano, i baria nn gasto de cuatrocientos pesos iniéntras que ciento dos personas, trabajando en unión, fabrican ciento cada una en un ano, i pueden venderlos a cuatro pesos.
La cooperación se estlende .asimismo a los trabajos de la intelijencia. Un ejemplo lo manifestará con claridad, Proni se hubia encargado de arreglar tablas trigonométricas parí la nueva división centecimal del globo, a las cuales debía agregarse otra tablade logaritmos de los números uno a doscientos mil, i consideraba naturalmente que este tr.abajo había de durar masde un siglo, aun cuando se asociara con hábiles cooperadores. En las vidrieras de una librería, vió el título de la obra de Adam Smith; i, leyendo sus observaciones sobre la división del trabajo, concibió la idea de organizar distintas secciones que funcionaran a la vez, para llegar al resultado a que aspiraba. Formó una sección de cinco o seis sabios, para el arreglo de fórmulas nuevas; otra, de siete u ocho, para que pusieran las fórmulas en cifras; i otra mui numerosa, para que calcularan, haciéndose por separado en ella las sumas, las sustracciones, laa multiplicaciones i las divisiones. Es notable que los nueve décimos de Ins que trabajaron en obra tan importante no labian en aritmética, mas que una de las cuatro primeras reglas. El resultado fué que, con este procedimiento i con
-r y -V • ,
(l) Klemenlos de economfa política,
(2j Yilliaumé. Economía politice,
BO CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
mui escaso costo, se concluyó en pocos años una obra que contiene diez i siete grandes volúmenes en folio de cifras.
Si aun quisieran buscarse mas ejemplos para comprobar las ventajas de la cooperación, poJria citarse el principal de todos, el que se baila al alcance de cuantos quieran observar, la cooperación universal. Países balen que muchos hombres se dedican tan solo a la producción de minerales; lugares en que algunos solo se emplean en hacer la cenié* cima parte de un reloj; naciones enteras que, para llenar sus necesidades primordiales, cuentan con el producto de sus manufacturas; otras, por fin, que proveen a las primeras de .alimento i reciben de ellas los artículos manufacturados de consumo. Una libra de fierro en bruto, que vale cinco centavos, puede piisar en ciertas industrias por quinientas manos i adquirir, convertida en resortes de reloj, un valor de trescientos mil pesos, l lo que sucede en las artes acontece también en las cienci.as, puesto que, si éstas han prosperado, sus progresos se deben principalmente a que la cooperación ha permitido contraerse a unos a las ciencias morales, a otros a las positivas; i que, separando todavía cada uno de estos grandes ramos en subdivisio- f
lies menores, ha concentrado los esfuerzos de l.a atención i hecho adquirir nociones especiales para enriquecer después con ellas la ciencia común.
Definición i división. — En vista de los ejemplos anteriores, es fácil comprender que la coopei acion no es otra cosa que «l^nion de esfuerzos de dos o unas individuos pa-
ra obtener un resultado común simultáneamente distintos
resultados.» Divídese en sencilla i compleja.
La primera es aquella «en que se trata de obtener un mismo resultado con igual trabajo do dos o mas individuos.» El acto de levantar un peso entre varios hombres por medio de una polea, la conducción de un carro por dos o mas individuos, el trabajo de varios en un buque ^ra largar las velas, etc,, son otros tantos ejemplos de esta ciase de cooperación.
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. Bi
La cooperación compleja, consiste «en la combinación de los esfuerzos de dos o mas para alcanzar simullaneamenle dos resultados div^ersos o para alcanzar un lesultado común, por medio de distintos trabajos sucesivos.» Cuatro individuos tratan de atravesar un no, i mientras dos de ellos reman para caminar, los otros dos pescan para que todos coman. Este es uu ejemplo de la primera clase de cooperación compleja. Lo que hemos dicho sobre la unión de esfuerzos en el conjunto de la industria, puede servil como ejemplo de la segunda clase de esta misma cooperación. )
Su fundamento. — Para que la cooperación teng.a lugar, no basta que los individuos conozcan sus ventajas. La condición primera es la confianza, ya que sin ella nadie se resolverla a ocuparse esclusivamente de un trabajo especial, sino que todos babrian de atender por si a sus diversas necesidades. Aun en la cooperación simple, un obrero no marcharla con tranquilidad, si no estuviera seguro de que al levantar, por ejemplo, un peso, los demas habían de ayudarle con iguales esfuerzos. Pero en donde mas se nota la necesidad de la confianza, como base de la cooperación, es en la compleja. Nadie toinaria como ocupación única de su vida el hacer durante toda ella nada mas que cabezas de .alfileres, si iio estuviera cierto de que, mléntras él dedica sus cuidados a esta operación, otros se encargarán de prepararle sus alimentos. Los pueblos donde faltara la confianza, babrian de producir por sí mismos todo lo neces.ario para la vida; i en los lugares áridos, por ejemplo, en que se producen los abonos de la tierra o los minerales, se habria de cultivar el trigo i se habri.an de alimentar los animales de consumo. La cooperación enlóoces no existiría, i sin ella habria de venir el retroceso industrial. Por fortuna, esta confianza está bas.ada en el ínteres recíproco; i, como sucede en todas las relaciones del hombre con la materia, el Ínteres bien entendido viene a ser la causa de la armonía social.
Union i división de esfuerzos. primeros aulo-
62 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
Tes que dedicaron sus estudios a la observación de estos hechos fijaron principalmente su atención en las ventajas de la división del trabajo, i de aquí ha resultado que se diera este nombre a lo que hoi conocemos con mas propiedad con el de cooperación. Decimos que es mas propio este nombre, porque, para arreglar de una manera conveniente la combinación de los distintos esfuerzos, debe tenerse en cuenta que no siempre es útil dividir el trabajo, pues casos hai en que conviene mas unir operaciones, para alcanzar un resultado mayor. El punto haúa el cual deben dirijirse los estudios, es el obtener el mavor resultado posible con el menor trabajo; i así ferán preferibles la división o la unión, según el resultado que se obtenga. Sin duda que, hablando de una manera absoluta, seria siempre provechoso que cada individuo se contrajera a una operación especial, i ése seria el tipo a que debiera aspirarse; pero en la práctica, la división de las operaciones encuentra ciertos límites relativos. Por ello solo podemos dar como regla absoluta, que se atienda a obtener la mayor producción. En la industria agrícola, por ejemplo, hai ciertos dias en que el labrador no puede salir al campo a ejecutar su trabajo, i entonces seria conveniente que, a su especialidad, uniera los conocimientos de alguna industria doméstica, porque de oti-a manera, esa misma especialidad traería una pérdida de fuerzas. En jeneral, miéntras se pueda dividir, la división es útil, como se' manifestará es-
plicando las causas a que ordinariamente se atribuyen los buenos efectos que produce.
, Causas.— Us causas a que se atribuye el aumento de fuerza productiva, que resulta de la cooperación compleja, por medio de la división de las operaciones, son las siguientes:
1.* El hábito de ejecutar constantemente una misma Operación, da una habilidad especial para ella al espíritu i al cuerpo. El que está acostumbrado desde muchos años a hacer una operación sencilla, toma siempre la posición mas conveniente i aprovecha, por medio de la educación de su^
i i’
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 5S
músculos, mucho tiempo que pierden los que no llenen ese hábito. Adam Smith (1) observa que un obrero que no tenga la costumbre de hacer clavos, por intelijente que sea, apénas podrá fabricar doscientos o trescientos por dia, i que él ha visto jóvenes obreros, ocupados esclusivamente de este oficio, que producian diariamente dos mil trescientos. Mili, (2) indica que en la fabricación de los alfileres, el niño encargado de fijar las cabezas, repite esta operación cien veces por minuto, durante muchas horas.
2.* Por la división del trabajo, se evita la pérdida de tiempo en pasar de una ocupación a otra i en cambiar de útiles.
" 3.* La sencillez de cada oficio hace que se necesite un aprendizaje ménos largo, i evita la pérdida de materiales en el mismo aprendizaje.
ú.* Los útiles se emplean mas constantemente, lo que influye en el costo de producción,
5.* Obligado el obrero a trabajar siempre en una misma operación i contraidos sus esfuerzos a un objeto mui determinado, hai mayor facilidad para que haga invenciones. La mayor parte de las máquinas empleadas en la fabricación, deben su oríjen a los obreros que, según la observación de Smith, aplican naturalmente sus pensamientos a buscar los medios mas fáciles de llenar la tarea que les está encomendada. E i las primeras máquinas a vapor, por ejemplo, se tenia la costumbre de emplear un niño, cuya Ocupación única consistia en abrir en momentos convenientes el conducto por medio del cual se inyectaba el agua fria en el vapor. Uno de ellos, mortificado por la necesidad de jugar con sus camaradas, observó que, atando de cierta manera un cordon al conducto, se abría i se cerraba sin que él tuviera trabajo alguno. Así se inventó uno de los perfeccionamientos mas injeniosos de las máquinas a vapor,
(>.* Pero la causa principal de los resultados que da la
(1) Riqueza de las naciones.
(2) Principios Economía Po'iUca,
H CCBSO DE ECONOMIA t»0MTlCA.
división del trabajo, consiste en que pneds cada individuo dedicarse a aquella ocupación que sea mas conforme a su carácter i a su intelijencia. Si la división no existiera, los hombres de un verdadero jenio para las ciencias, deberían forzosamente ocuparse en los trabajos materiales mas sencillos, i es seguro ([ue harían mal ese trabajo insignificante, cuando, mediante la división, podrían ilustrar i dirijir con sus estudios muchas de las operaciones de la industria. Para todos los que algí conozcan la influencia que eu el aumento o disminución de los esfuerzos, tienen la capacidad especial, el carácter i las inclinaciones, no se necesita insistir mucho sobre estas verdades. Mis bien que uu prit.- cipio que necesite de elemostracion, es un sentimiento de la intelijencia misma. Sin esa división, no habría progresos en las ciencias ni en las artes, ni desenvolvimiento en los goces del espíritu; i, confundidos todos los individuos en una suerte común, cada uno de ellos habría de atender por sí solo a satisfacer todas sus necesidades, sin que se aprovecharan las ventajas de la capacidad especial, que lian traído a las sociedades a la situación en que bol las vemos.
Para que pueda estimarse, por medio de cifras, la importancia que esta división tiene, aun en la industria mas sencilla, recordaremos en dos palabras algunos hechos, lin la fabricación de los alfileres, por ejemplo, el salario de los obreros varía desde ocho centavos basta un peso cuarenta centavos. Sí, en vez de dividir el trabajo eu diez operaciones diversas, el trabajo entero se confiara a un operario, que necesariamente debía ser iiitelijente para la fabricación en todas esas operaciones, vendria a desempeñar un trabajo que, medido por el salario, seria veinte veces inferior al que podría ejecutar. En la labiicacion de las agujas, esta diferencia seria mayor, puesto que, variando los salarios desde doce centavos hasta cinco pesos, se ejecutaría por el obrero inte'ijente un trabajo cuarenta veces inferior al que él podría hacer. (l)Slen industria poco
(1) Babbagc.— Ecoiio-.nía de las nunufacturas.
importante, como ésta, se notan diferencias tan considerables en la aptitud que para cada operación se necesita, ¡hasta dónde podrían llegar esas diferencias, si en vez de comparar sencillos trabajos de obreros, comparamos los de Newton o de Fultoa con los de un niño que gana ocho centavos por dia!
Industrias en que la civision tiene mayor o menor cabida— Si nuestras esplicaciones anteriores han sido claras, se comprenderá que la división de operaciones no puede tener una estensioii igual en todas las industrias, sino que varía en ellas. La industria manufacturera, es, sin duda, la que mas se presta a esa división, así como la agrícola presenta obstáculos casi insuperables para que la división del trabajo pueda tener una grande estension. Por esto es que, recomendando la división en cuanto sea posible, insistimos aquí sobre la idea anteriormente emitida de que, para cooperar, hai casos, si bien escepcionales, en que es preciso unir operaciones, para aprovechar toda la intensidad de las fuerzas del productor. Esta observación es fácil de apreciar, una vez conocidos los límites que la división del trabajo tiene. Pasados éstos, la división es ya imposible, i por necesidad hai que unir dos o mas operaciones en un mismo individuo.
Limites,— \jOs que tiene la división del trabajo son trest 1.* el arte, 2.» las salidas, 3.' los capitales.
Por grande que sea la aspiración de dividir el trabajo» es indudable que esa división encontrará un límite preciso en el arte que en la socidad exista en un momento dado» Sin conocimientos anteriores, sin ideas de industria, no se habría podido exijir en los primeros tiempos que los salvajes de un desierto unieran sus esfuerzos para fabricar, como en el dia, artículos manufacturado?, cuya existencia, les era desconocida. Si para atravesar un rio,' ejecutaban un acto de cooperación, éste era ya un progreso emanado de un principio del arte industrial; pero, aun en ese estado de adelanto relativo, no podría exijirse mas división da esfuerzos que qug gua coiiQcimientQs en el arte les hi«
56 CURSO DE ECONOMÍA POl.lTlCA.
cieríui estimar como ventajosa. Sí, avanzando los tiempos, dos o mas de ellos llegaran a reunirse para trabajar en un telar artículos para sus vestidos, éste seria también otro progreso mayor; pero cntónces, como antes, seria inútil pretender una división de operaciones semejante a la que se tiene en las sociedades modernas. Lo mismo sucede en éstas. El arte es un límite de la división, límite que dia a dia va dejando un campo mas vasto, pero que existe.
La escasez de salida es también otro obstáculo que se opone a la división de las operaciones. Nadie trabaja para perder, nadie produce un oDjeío en mayor cantidad que la necesaria para el consumo; i así, por ejemplo, en la fabricación de los alfileres de qué hemos hablado, si el empresario no pudiese espender los cuarenta i ocho mil que, en tiempo de Smith, producía una fábrica con diez hombres, se veria obligado a reducir este número i hacer por consiguiente que cada individuo, en vez de una operación, ejecutara dos o mas. Este límite de las salidas es también variable. De aquí viene para los paises manufactureros la conveniencia de tener vastos mercados, que estienden la división del trabajo i son una causa poderosa de su adelanto industrial.
La escasez de capitales es otro limite. Habiendo mani-
festado ya, al tratar del capital, que la industria está limitada por él, nos referimos en esta parte a lo que entónces dijimos.
Objeciones, — No seria completa esta esposicion de las observaciones relativas a la cooperación, si, después de haber manifestado las ventajas de la división del trabajo, no indicáramos también las objeciones que algunos han hecho a propósito de ella, para manifestar que los trabajadores en particular algo sufren i que no obtienen en la misma proporción las ventajas que la sociedad* • alcanza. Estas objeciones pueden reducirse a dos principales.
Con la división del trabajo» se ha diclio» el obrero
CURSO DE ECONOMIA POLITICA.' 57
se convierte en un instrumento o en una máquina. El salvaje que lucha con los elementos, el labrador que cultiva el campo, son por lo ménos seres que piensan, pero el obrero que en su vida no hace otra cosa que una cabeza de alfiler o la punta de una aguja, pierde la conciencia de sus fuerzas, su intelijencia i su moralidad.
El obrero, se agrega, que, mediante la división del trabajo, ejecuta solo una operación sencilla i no sabe otra cosa, está completamente a disposición del empresario que le da empleo, i por un accidente cualquiera, por mala voluntad, por capricho, puede verse privado de su ocupación, sin que le sea fácil emplearse de otra manera o poner algún contrapeso a la influencia del empresario sobre su salario i sobre su suerte.
A ser ciertas estas objeciones, sin duda serian de importancia, puesto que habría dejeneracion moral en las facultades de un hombre, si el único empleo de ellas consistiera en una operación semejante. Pero la verdad es que esa misma división, que contrae el trabajo a una operación sencilla, le deja cierta tranquilidad de espíritu para ocuparse de ideas mas elevada-?, i que, fuera del taller, todo su tiempo, todas sus facultades se pueden aplicar a sus relaciones morales. La división le permite también adquirir un salario proporcionado a su capacidad i obtener a poco costo los objetos de su consumo, libros para ilustrarse i útiles para la comodidad de su vida. Si por algunas horas ejecuta, es verdad, una operación en que, por el hábito, no necesita emplear grandes fuerzas de intelijencia, esto, que favorece el progreso jeneral, hace mas fácil sus eotisumos i sus goces. Un obrero moderno puede obtener mayores comodidades que el jefe absoluto de una tribu salvaje. Si quiero olvidar el ejercicio de sus facultades morales, si no quiere aprovechar las ventajas de la cooperación para cultivar su intelijencia, el resultado se deberá a sus vicios, no a la división da las operaciones, que le coloca en aptitud dé seguli’ un camino diverso, I si lo que aílije al
obrero, es la peqoeoez del salario, viene esle resultado
b i ?:r -í-sioa del tr¡
00^27.' oondiciooes del
uOmITT* puede hacerse a pro-
la ert de?'“ “ nue
i te li:t ¡ >'« los oliveros es propia-
uranre r 7“*' '•■* ‘*‘''1*1“" “"sta en
obreros es • f “ •*“ ■'oemplazo los
obreros escojidos que tienen una ¡utelijencia especial.
recisamente la división de operaciones traéoste resulta-
0. Desde que el obrero lia adquirido ya el Jiábito de lia-
cer una Operación cualquiera, el Ínteres del mismo einpre-
sano consiste en aprovechar sus servicios.
Silaobrademanonotieneunaconsiderableremuneracion,
SI os obreros se encuentran en cierta dependencia, esto se
debe a gran número que de ellos bal, no a la especialidad do los trabajos. Pretender la concentración de operaciones en ftvor del obrero, es hacer un mal a éste i a la sociedad. Hemos visto ya que las dificultades que pudieran ofrecerse se deben resolver en favor de los consumidores, categoría a la cual pertenecen los obreros mismos. Si ejecutan un trabajo con remuneración pequeña, en cambio i por el
So, obtienen a poco costo los multiplicados
objetos de su consumo.
deíatruñ qu3 entre dos socieda-
ieuildad de puntos de vista, se encuentren en
Igualdad de condiciones, tendrá mayor poder productivo
aquaia ea que el sistema de cooperación esté mejor orga-
Vil.
lcm!s*' económico no son en manera alguna indifelas combinaciones sociales, esto es, las opiniones las costumbres i las leyes que doiuloan en la sociedad i coDstUgyen un stítema especial en cada pueblo. S¡, couiq
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 59
después veremos, la organización social influye de una manera poderosa eii la distribución de las riquezas, su importancia no es menor respecto a la producción. Puede notar.se la exactitud de esta observación comparando dos sociedades en que dominen opiniones, costumbres i leyes diversas.
En efecto, si en un pais la opinión es favorable al desarrollo industrial; si las familias se empeñan en la educación práctica; si la condición de los industriales se tiene en estimación i respeto; si se abandonan antiguas ideas que han dominado en muchas sociedades, según las cuales se considera que los servicios de la industria son incompatibles con los caractéres de la nobleza; si todos los oficios con que se atiende a las necesidades de la vida, se reputan estimables i no viles i bajos, es indudable que este pais tendrá mejores condiciones de progreso que otro en que las opiniones sean contrarias al desarrollo industrial. En el primei caso, el adelanto marcha apayado por la opinión; en el segundo, avanza con dificultad, puesto que tiene que vencer, a mas de los obstáculos naturales que encuentra todo esfuerzo, los obstáculos poderosos de la opinión.
Lo mismo sucede con las costumbres. Si en un pais se tiene el hábito de respetar como obligaciones sagradas los contratos cjue se celebran, i en otro, éstos fácilmente se olvidan; si en el primero se paga con oportunidad en los plazos convenidas, i en el segundo, esa época se considera como indiferente; si en el primero la opinión condena todo abuso de la confianza ajena, i en el último, éste encuentra amparo en la indiferencia de la sociedad o apoyo punible en la desidia de los encargados de la justicia, sin duda que en el primero de estos países será mas fácil i rápido el
progreso industrial.
1 lo que acontece con las opiniones i costumbres, resulta mas naturalmente todavía de las leyes. Un pueblo en que éstas hagan respetar el derecho de propiedad; en que la
organización social dthida u las icyesi dé liberad al trar
00 cunso DE ECONOMIA POUTiCA.'
b&jo 1 no ai rebate a ba industria sino lo indispensable para Jas cargas públicas; en que tenga el cuidado de encomendar a los gobiernos únicamente las funciones necesarias; en que los procedimientos judiciales den una justicia efectiva i pronta; en que las atribuciones de gobernantes i gobernados estén arregladas de una manera evidente, para que ni los primeros abusen de la autoridad, ni los últimos la contraríen sin causa, estará a no dudarlo en condiciones mas favorables al progreso industrial que otro en que la
propiedad no sea respetada por la lei i en que domine lo arbitrario.
La historia nos comprueba la importancia del influjo que sobre la producción tienen las leyes bien o mal calculadas. En los países de raza sajona, por ejemplo, en que se ha establecido, como un principio primordial que los gobiernos tengan la menor intervención compatible con una administración ordenada, la industria iu hecho progresos casi incomprensibles, sobre todo en los países recien organizados. Mui distinta suerte ha cabido a los pueblos que, sometidos al imperio de las leyes musulmanas, no ofrecen al industrial, ni garantías para la propiedad ni estímulos para el progreso. Dominados por autoridades despóticas, las riquezas de sus liabltantes están a disposición de los que mandan i sometidas a su capricho escíusivo. Natural es, por consiguiente, que el trabajo no se desarrolle, que las industiias no prosperen, i que el único ahorro consista en ciertas mercaderías de gran valor, fáciles de ocultar i que, por su naturaleza, pueden ser preservadas de la ra. pacidad de los gobiernos. La industria, que vive al amparo de sólidas garantías, mal puede prosperar con leyes que la contrerien i ooliguen al industrial a ocultar opera, clones, que tanto necesitan de la cooperación de diversos esfuerzos, de la luz i de la exhibición pública.
Bajo este punto de vista, los estudios que se relacionan con la Organización social tienen estrecha unión con la Economía. N> nos ocupamos, sinembargo, determinadamente de ellos, porque forman parte de las ciencias espe-
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. ‘61
cíales de admlnistraciou o política. Nos basta llamar la atención a este encadenamiento entre las ciencias, recor. dando que, tanto con la Economía Política como en la política pura i en los estudios de administración, debe haber una aspiración común, cual es organizar las sociedades en el sentido de la armonía entre las diversas atribuciones. El dia en que cada uno de los hombres, guiado por su propio Ínteres, fuese para consigo misnio i para con los demas el mas exacto cumplidor i el mas fiel guardián de las leyes, se habría realizado el mayor progreso industrial o material a que nos es dado aspirar. Miéntras mas moralidad haya en el individuo, ménos se necesita de los gobiernos. Esta aspiración es, sin embargo, casi irrealizable, i lo que podemos desear es que se vaya reduciendo dia a dia la distancia que de su realización nos separa.
A una organización mas ordenada de la sociedad, a mejores costumbres, a opiniones sensatas i a justas i libres leyes con esponderá siempre un mayor poder productivo; i, entre dos países que, betjo los demas puntos de vista, se encuentren en igualdad decondicioues, tendrá una superioridad efectiva el que haya hecho con mayor prudencia sus arreglos sociales.
VIH.
En resúmen, los elementos de producción son la materia i la actividad industrial del hombre, el sujeto i el objeto. Estos dos elementos son indispensables; i, asi como no puede haber producción sin la acción intelijente del hombre, tampoco puede haberla sin materia a que esa accioa se aplique. No puede establece’’se entre estos dos-elementos grado de preferenña, desde que ámbos son necesarios. Pero es mas digno de detenidos estudios el segundo de ellos, ya que es el que contribuye a modificar la materia.
Eu la actividad industrial, encontramos dos operado-
62 CÜBSO DE ECONOMIA POLITICA,
Des diversas, ]a concepción de la ¡dea o el arle, i la
aplicación de la misma ¡dea, el trabajo propiamente dicho.
Ese arte se estudia, en sus diversas manifestaciones, en las relaciones del hombre con la materia, en la cooperación en Ja industria i en Jos arreglos sociales, que pudiéramos llamar cooperación social.
El trabajo propiamente dicho se estudia también en sus dos formas, en cuanto crea la utilidad o en cuanto simplemente la conserva, como trabajo muscular i como trabajo de ahorro.
El conjunto de estas distintas fuerzas es lo que constituye el poder productivo.
Claro es, por consiguiente, que este poder puede ser igual en sus resultados finales, siendo diversas las fuerzas que lo componen. Así hai países en que se prodúcela cantidad veinte con una intervención de Jas invenciones ^ máquinas que pudiéramos representar por cuatro i con un trabajo manual, que pudiéramos estimar como ocho miéntras que hai otros en que se emplean lo mas posible las máquinas i se usa con escasez del trabajo manual. Estas combinaciones de Jas distintas fuerzas que componen el poder productivo, corresponden a otros tantos estados
de riqueza por los cuales van pasando los individuos i la sociedad.
Concluiremos estas observaciones con una jeneral. Para estimar comparativamente el estado de riqueza de dos o mas individuos, de dos o mas paises, no bastan ni los datos que acerca de los productos suministra la estadística ni el conocimiento de Ja cantidad de capitales que unos i otros poseen. Estos, que forman parte del elemento materia, son sin duda, un ájente precioso de producción; pero lo mas importante, aquello a que mas especialmente deben con- ,, traerse los estudios, son Ja fuerza para la producción ve-
i ir mdera. Ejemplos mui notables hai de paises que han su-
frido sérias devastaciones, que han repuesto con facilidad
SUS capitales, porque conservaban su arte industrial, ios
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 63
pueblos en que, por el contrario, ha habido pérdida de íuerzis productoras, no vuelven con facilidad a su estado anterior.
DEL MOVIMIENTO DE LA POELACION.
^ I.— Opiniones antiguas acerca de los medios de promover la prosperidad píiblica
—11 Ideas modentas.— III Doctrina de MaUhus sobie los movimientos de la población — 1\ .Vntecedenies de la Ie¡ de la población. — V Fórmula de la leí de la población.— VI Eiámen de las objeciones formuladas contra esta lei.— Vil Algunas consecuencias de esta misma lei.— VIH De la miseria i del pauperismo.
Durante muchos siglos, la opinión dominante ha consistido en creer que en donde se halla una población numero» ra, reside también la fuerza, i, que, por consiguiente, para hacer prosperar un pais, debía aceptarse todo jéuero de medidas administrativas que tendieran al aumento de la población.
Pocos paises hai en Europa, de que no pudieran citarse ejemplos de reglamentos dictados eri este sentido. Se encuentran entre los romanos, en que los censores recomendaban el matrimonio, i en que la consideración pública guardaba proporción con el número de la familia; i en casi todos los paises modernos, en los cuales se han dado pensiones, ordinariamente a los que tenían diez hijos, i mayores aun a los que tenían doce o mas.
Durante mucho tiempo, no se ha estudiado el movimiento de la población; se ha procurado solo aumentarla, sin fijarse en que nada importa, para el adelanto de las sociedades, una gran población, si ésta se encuentra privada de los objetos indispensables para el sostenimiento de la vida.
I Cierto es que una gran población manifiesta en la jener-
alidad de loa casos una gran producción i pero ae cometo
64 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
un notable error al fijarse únicamente en el número de habitantes, para procurar aumentarlo sin medida.
La tendencia de los estudios en este caso, es mal dirijida, puesto que se lija en circunstancias accidentales i no en las causas efectivas que iufiuyen en el desarrollo de la población.
Lo que importa apreciar son estas causas, a fin de tener así antecedentes que puedan dirijirnos en el estudio de los movimientos de población. La dificultad no consiste en formar un gran número da niños, sino eti mantenerlos. Fácil es lo primero; pero una procreación numerosa, en vez de un bien, seria un sacrificio, si los nuevos seres solo vinieran a luz para morir i no pudieran mantener su lugar entre los que llegan a la razón i a la vida de la intslijencia. Los antiguos reglamentos tenían, pues, una tendencia ciega; trataban de aumentar el número de nacidos, sin que se hubiera meditado una vez sola, acerca del destino que se les reservaba. La tendencia d3 nuestros estudios ha de ser diversa; i, obrando racionalmente, debemos indicar todas las condiciones que se deben tener en mira en esta materia, las causas positivas que influyen natura'mente en el desarrollo i en el retroceso de la población. Con estas ideas, no se corre el peligro de fomentar uoa población que no pueda mantenerse i de estimular, sin criterio alguno, el nacimiento de seres condenados a la miseria i a la muerte.
líi
Desde que se han comenzado a estudiar las relaciones del hombre con la materia i a zanjar las bases de la Economía Política, se ha dedicado a los movimientos de población una atención preferente. Quesnay indicaba que debia atenderse ménos al aumento de población que al aumento de entradas, Stewart decía que un pueblo tiene tanta inclinación a reproducirse como un árbol a crecer, pero que, para vivir, se necesita de alimentos, i que ellos son el térmU
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 65
no del aumento de la población. Otro autor (1), fijando mas todavía las ideas, espresaba que la procreación de la especie humana parece ser ilimitada, miéntras que, por el contrario, sus alimentos tienen límite. Concluía en consecuencia que en cuanto la procreación no alcanza los límites del alimento, la especie humana es susceptible de multiplicación.
El que ha fijado con entera precisión las ideas en cuanto a los movimientos de población, es Malthus, quien, después de investigaciones prolijas acerca de la población en distintos países i en diversas épocas, ha establecido dos proposiciones fundamentales:
1. * Si ningún obstáculo contrariase el desarrollo déla población, ésta crecería incesantemente, según una progresión jeométrica;
2. ® Los medios de subsistencia no pueden aumentar, sino en progresión aritmética. En otros términos, suponiendo una duplicación al cabo de 25 años, la población crecería, como
en 25 años, en 50 años, en 75 años, en 100 años, en 125 años, miéntras que los alimentos no aunacntarian, sino
como
Así, desde el tercer término, se notaría una diferencia en contra de los alimentos, que iria en un aumento incesante.
Sin que nosotros reconozcamos en estas proposiciones lodo el rigor de una operación matemática, creemos, sin
(1) ílerreuschawiid, citado por Gay.
66 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
embargo, que ellas son un punto de partida mui importante, para apreciar con claridad los movimientos de población. iManifiestan también la tendencia de la población a crecer de una manera indefinida i la de los alimentos a desarrollarse con mayor dificultad.
La demostración de la priniera de estas dos proposiciones se encuentra no solo en la especie humana, sino en todas las especies animales i vejetales. Un solo grano de maiz, produce dos mil granos: dos arenques cubrirían materialmente el mar en diez años, aun cuando el mar ocupara toda la tierra. 1 si esta progresión no es tan notable en el hombre, es indudable, sin emba 'go, que se encuentra en relación con la proposición sentada. Suponiendo que el hombre pueda reproducirse únicamente a los veinte años i que la mujer solo prcci’ee hasta los cuarenta, un matrimonio se encuentra apto para la i’eproduccion durante veinte años. Dedúzcase de este tiempo lo que se quiera, i siempre se podría calcu’ar ([ue habría d.i z hijos. Calcúlense, sin embargo, solo seis, i, siguiendo igual proporción, que es sin duda mui i’oducicla, 1 legaríamos a la triplicación cada veinte años. Lsto justifica con csceso la teoría de Mal ibes, comprobada ademas liistóricainentc en los países en que la población no lia encontrado obstáculos en su desarroho. Cn los Estados-Unidos !a población se ha cuadruplicado en cincuenta anos. Los hebreos que entraron a Ejiplo no eran mas que ciento cuarenta, i dos siglos después habla seiscientos mil en estado de llevar las armas, ün hombre i uiia mujer, náufragos en 1500 eu la isla de los Panes, se liabian multiplicado basta el número de doce mil individuos, al cabo de no muchos años en que ks holandeses la descubrieron (1).
La segunda de las proposiciones, es también verdadera, puesto que, para que no lo fuera, seria indispensable que no hubiera ningún obstáculo en el aumento de los artículos de consumo, como el trigo o la carne, por ejemplo. Pero
(t) Sat.
CORSO DE ECONOMIA POLITICA. 67
la tierra q..e los produce es liutitada, i sus productos de-
Rcsnlia de la unión de estas dos proposiciones que hai una relación ni-cesaria entro el iiúinero de hombres i la
cantidad de ariiiiento'.. Si la especie liiiinana no sigue en
colcueiicia la leí de dosariollo inJcriuido a que podría
alcanzar, según su propia ' V'
carsc la duplicación eu diez o veinte anos, esta solo se realiza en algunos países, en doscientos o trescientos, es nnrqiie liai oksiá ulos iiidcpci.ilienles de su facultad de nrocreacioii que hacen la miiiiiplicacioii lenta o iniposibl . Ltos ebsiaculos se dividen cii dos clases: pmmtivos i re-
premüivos son los qne «impiden el nacimienlop. i pueden reducirse, según Maltlius, a dosenteramentos opuesios, un vicio i una virtud:
destruye la fecundidad, i la pcWsMii nmrof que la pone
eu armonía con los recursos de la sociedad. Entran en la nrimera clase de estos obstáculos preventivos, la piomiscnidad, la poligamia i otros; en la segunda, el celiba o reflexivo, los matrimonios tardíos i la prudencia en el ma-
Los obstinloí. represivos son los que hacen perecer a los hombres antes del término ordinario: el mal '
insuficiencia de vestidos, la insalubridad de ciertos lugares que el hombre se ve precisado a habitar, en una palabra,
el vicio i la miseria»
IV.
Con lo espuesío es fácil comprender cuáles son los Mtecedeotes que se deben tomar en cuenta para ^
nrlncipio de la población a una fórmula precisa. Desde lu « se puede noL une hái una relación necesaria entre e Lmerodo hombres i la canlida 1 de alimentos i que es imposible concebir qne un hombre viva sin pensable para su consumo. Si en una sociedad . P
68 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
ejemplo, una cantidad de alimentos que se pudiera representar por diez, i, para la vida de cada individuo, se necesitara de la décima parte, seria indudable que no podrían vivir sino diez. Supóngase que hubiera quince individuos, en virtud de cinco nuevos nacimientos. O estos cinco últimos no tenían parte en la alimentación, o el alimento se distribuía en menor cantidad que la necesaria, i en uno i en otro caso habrían forzosamente de perecer en el número preciso para ajustar el de los individuos al de los alimentos. Según la triste espresion de Malthus, en el banquete de la vida, no puede tener un lugar, sino el que tiene preparado o puede prepararse el plato para su consumo. Vemos así que, para fijar la fórmula de la población, debemos tomar en cuenta la cantidad de alimentos.
No todos consumen, sinembargo, una cantidad igual, no todos consumen tampoco solo alimentos. Hai familias que viven en la opulencia, miéntras otros están en la estrechez. Hai hombres que consumen únicamente pan o carne, al paso que otros hacen uso de riquezas variadas, para satisfacei las exijencias mas estrauas de un gusto delicado. Por consiguiente, debemos tomar en consideración, a mas de los alimentos, todos los productos en jeneral, todas las entradas. Debemos fijarnos también en las desigualdades de consumo, i observar por último cuál es para cada
individuo el mínimun indispensable de riquezas que necesita.
Conocida la relación entre estos tres términos: entradas, desigualdades de consumo i mínimun de consumo, se establece la fórmula precisa de la lei de la población. Nadie puede vivir sin consumir; nadie, consumir lo que forma el consumo de otro; i la vida es imposible sin llenar las necesidades primordiales,
Establecidos estos precedentes, puede reducirse a una fórmula la lei que dirije los movimientos de población.
’ ■
El primero de los términos que debe tomarse en consideración es la suma de las riquezas, i para hablar con mayor precisión la suma de las entradas. Si bien los capitales debidos a un trabajo anterior pueden servir en un momento dado para llenar las necesidades que se esperimentan, el consumo que de ellos se hiciera seria transitorio. Pronto se agotarían; o con la diminución de ellos, disminuirla también la suma de las entradas.
El segundo elemento son las desigualdades de consumo, desigualdades que, respecto de cada individuo, de cada familia, pueden ser mayores o menores, pero que en todo caso deben deducirse de la suma de las entradas, para obtener la cantidad de éstas que sirva para distribuirla entre los que tienen únicamente lo necesario, el mínimun de
consumo. .
El último término es el míniman de consumo, bi bien es
verdad que, rigorosamente hablando, por mínimun de consumo debe entenderse aquella cantidad de entradas que es indispensable para la conservación de la vida, lo es también que en la práctica hai dos clases de mínimum de consumo, uno absoluto,' que es el que hemos definido, otro relativo i variable. Este es «el que, según la opinión i los hábitos dominantes en un lugar o en iina época dados, se estima como la parte menor de riquezas que han de tener la familia o el individuo.»
Tomando en consideración la suma de las entradas i clismineyendo de ellas la suma de las desigualdades de consumo, tendremos como resultado la cantidad que ha de servir para atender al mínimun de consumo i fijar la población. Podemos así decir que «la cifra necesaria de la población es igual al cuociente que resulte de dividir por el mínimun de consumo la suma de las entradas ménos las
desigualdades del consumo.»
Según esto, la cifra de la población puede aumentar
por un aumento de la suma de entradas, por una diminución en las desigualdades de consumo o por una diminución en el mínimun relativo de consumo. La cifra de la po-
70 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
blacion puede, por el contrario, disminuir por una diminución en la suma de las entradas, por un aumento en las desigualdades de consumo o por un aumento en el míniraun relativo de consumo. Ahora, si tomamos en consideración el niinirann absoluto de consumo, esto es, lo indispensable para la conservación de la vida, las variaciones solo pueden proceder de modificación en la suma de las entradas i en las designaid ides de consumo.
Tomando como punto de partida este mínimum de consumo ineductible, se pueden espHcar numéricamente las í variaciones anteriores. Si la suma de las entradas es de
100, el mínimun irreductible de 10, i no hai desigualdades de consumo, la cifra necesaria de la población será 10, que es el resultado de 100, suma de entradas, dividido por 10, mínimun de consumo.
Si, en este mismo caso, hai un individuo que consume 20, o lo que es igual 10 sobre el consumo común, la cifra de la población será igual a 9, resultado de 100, suma de entradas, inénos 10, desigualdad de consumo, dividido por 10, mínimun de consumo.
Si, quedando igual la suma de las desigualdades de consumo, aumentaran en 10 las entradas, la cifra de la población serla entonces 10, que es el cuociente que resulta de dividir por el mínimun de consumo (lOj la suma de las entradas (110) ménoslas desigualdades del consumo (10).
Por último, si en este caso quedara igual la suma de entradas i las desigualdades do consumo llegaran a AO, la cifra de la población seria de 7 hombres, que es el resultado de lio, suma de las entradas, ménos 40, desigualdades del consumo, dividido por 10 mínimun del consumo.
Sin repetir los ejemplos, se comprende que las variaciones en la cifra de la población no pueden tener Ingar sino * por un cambio en los términos de que hemos hablado. Cual-
,)f I quiera que sea la situación que se estudie, cualquiera la
variación que se observe, ésta ha de influir forzosamente sobre uno de los tres términos de hi proposición, En el
CURSO bE ECONOMIA POLITICA. estado de adelanto del arte industrial o en el retroceso del mismo arte, las variaciones afectarán la suma de las entradas o la suma de las desigualdades de consumo, en proporciones mas o ménos considerables. Puede suceder que haya a la vez variaciones en mas de uno de los términos; pero en todo caso será cierta i aplicable la fórmula que antes espresamos, i ella nos dará la cifra necesana de la
población.
Decimos que ese resultado es necesario, porque, asi como no puede suponerse que haya individuos que vivan sin consumir, tampoco se puede suponer que haya un aumento de producción, sin que se emplee eo hacer vivir nuevos hombres o en aumentar las desigualdades de consumo de los que existan. Durante cieno tiempo ese aumento de entradas puede consagrarse a la capitalización; mas esto no escode de límites determinados, de escepciones pasajeras que dejan siempre en pié (d principio jeneral.
No es, sin embargo, indiferente que las variaciones e’ la cifra de la población deban su oríjen a la modificación en uno o en otro de los términos. Puede indicarse con seguí-- idad que es sobre todo pr f irible para la sociedad que el aumento de población proceda de no aumento de enlrad.as; que es un poco ménos ventajosa la variación cuando lesuUa de una diminución en las desigualdades de consumo; i, por último, que el aumento debido a una variación en e mínimun de consumo o es perjudicial, si se trata de un mínimun relativo que propiamente no merece el nombre de mínimun, o es tolalmejite imposible; si se torna como punto
de partida un mínimun absoluto. , , .
El principio que domina los movimientos de ^población
es, como se ve, un principio de limitación, un obstáculo para el desarrollo indefinido de la especie Iminaua. Como lo observa Mallbus, «la Providencia parece haber cuidado mucho de las especies i poco de los individuos. Cualquiera (lue sea la clase de seres animados de que se trate, la vemos dotada de tal fecundidad, de un poder de multiplicación tan estraordinariü, que el desuno de la especie esta
72 CÜflSO CE ECONOMIA POtlTia,
sin duda asegurado, miéntras que el de los individuos es precario, pues todos sus jérmenes de reproducción no pueden estar en posesión de la vida i es preciso que carezcan de ella o que mueran de un modo prematuro.»
El único medio de salvar los efectos de esta lei de limitación es aumentar las entradas por el progreso del arte industrial o por la mejora jeneral de los elementos de producción; por manera que seria mui errónea toda medida que, en un pais colocado en situación ordinaria, se dictara con el fin de aumentar la poblapion sin tasa. La tendencia de las medidas i de los estudios debe dirijirse al aumento de las entradas, que, realizado este aumento, el de la población viene por sí solo. Por fortuna, la superioridad creciente de las facultades de los individuos va creando en cada jeneracion un esceso de riquezas sóbrelas que ántos babia; i este progreso, unido a la influencia de la previsión moral, hace que los pueblos no se multipliquen sin medida, sino que guarden el límite necesario de las entradas.
Merced a estos hábitos de previsión i de orden, no se encuentran hoi las poblaciones tan espuestas como en otros tiempos a los graves males que esperimentaban por una cosecha escasa o por una calamidad cualquiera. La lei de limitación que resulta del principio de la población tal como la hemos esplicado, tiene un contrapeso en el principio de j)erfectibilidad humana, mediante el cual se verifica el progreso industrial que pone a las sociedades a salvo de serios peligros.
De todas maneras, el principio de la población es enteramente exacto, i su demostración, ha venido a revelar la tendencia que debe darse a los estudios i a la acción de los individuos. Siempre será cierto que la única causa estable de un aumento de población, .será un mayor poder productivo; que si este aumento de producción no tiene lugar, la \aiiacion en el número de los individuos podrá solo verificarse por la diminución en las desigualdades del consumo; i qite, si se llega a reducir el mírrimun absoluto, esa reducción será fatal a los que la esperimenten.
CURSO DE ECONOMIA POEITICA.
VI.
Un principio como el de la población debta naturalmente enconlrar numerosos contradictores; porque es inui común lu tendencia de destruir o recliazar todo lo que en algo s oponga al deseo de progreso i aumento indefinido en la
humanidad. .
Las objeciones principales formuladas contra este p -
cipio, las mas i-epetidas, a no dudaido, son dos: una de hecho i otra que pudiéramos llamar de deseo. Todas ellas ^ sin embargo, no hacen mas que corrobora-' laexactrtud del principio aceptado hor por todos los economistas.
La prueba, se ha dicho, de que el poler de reproducción no es imlefmido en el hombre, es que en muchos países la población se mantiene estacionaria. Si la lei de progresión fuese verdadera, si la población duplicara cada 25 años, no se observaría que para e.sta duplicación se necesitan quinientos cincuenta i cinco anos en Turquía, dos cientos veintisiete en Suiza, ciento treinta i ocho ea
Fi’ancia i ciento seis en España. ^ •
Esta observación de heclio, en vez de contrariar, justifica la teoría espuesU. Lo quo hemos indicado no es que la población se repi'otluzca en la práctica indefinidamente, sino que puede reproducirse, atendida la facultad de procreación, i siempre que no encuentre obstáculos que contraríen su desarrollo. Si se ^observa f{ue esa repioduccioní no se realiza en la escala en que seria posible, eso es, sin duda, porque encuentra obstáculos. Esto es precisamente lo que se ha establecido. La facultad de procreación está^ contenida en su marcha por el límite de las entradas. La
objeción corrobora el principio.
I si con ella ha querido manifestarse que la progresíoilv
posible en teoría, no lo es en la práctica en ningún caso, el principio de la población está a salvo de este cargo. Par** a indicar que la población podia duplicarse en veinticinQQ años, se ha lomado en cuenta no solo la posibilidad
7á CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
sino también la realidad. No iiai en este cálculo exajer * ación alguna, desde que se ha observado en los Estados Unidos que la población ha duplicado en ménos de ese tiempo, i desde que puede citarse, como lo hemos citado, otro ejemplo en que la duplicación tuvo lugar en un plazo todavía menor. De las setenta parejas de hebreos que entraron a Ejipto, resultó en dos siglos, según el censo hecho por Moisés, una población de ñus de dos millones, puesto que habia mas de seiscientos mil hombres de veintiún años de edad. La duplicación se verificó entóneos en el término de catorce años. Mal puede por consiguiente decirse que no es posible lo que es real.
Otra Objeción, si es que merece tal nombre, hecha contra el principio de la pobUcion, consiste en inanifestar la parte penosa que él contiene i la aspiración de que no exista. «Hai lugar para todos en la tierra, se ha dicho, i es bastante fecunda para proveer con abundancia a todas las necesidades. El autor del Universo no ha hecho al hombre de peor condición que a los animales. ¿No están todos convidados al rico banquete de la naturaleza?» (1)
Decimos que esto es mas bien una aspiración que una Objeción. De desear seria, sin duda, que, para el desarrollo indefinido de la especie humana, no hubiera limitaciones de ningún jénero; que la producción, fácil i vanada, siguiera en su desarrollo el desenvolvimiento de los hombres; que a una multiplicación incesante, correspondiera una producción también incesante i poderosa. Por desgracia, no es así, i seria absurdo establecer como una verdad lo que solo puede ser un deseo. Si esa aspiración fue.se estimada como un principio, .se evitaría el ejercicio de la previsión moral en el seno del matrimonio i se llainaria a la vida, a cuantos la facultad de jeneracion permitiera. El hambre, la miseria i la muerte, serian en este caso la de-*
• mostración práctica de la ilusión de ese deseo i de la veril dad de la teoría de la población, la cual, por mas que mu- .
(1^ Lamcnnalst
CURSO OE ECONOMIA. POLITICA»
’m H ^0 o?,er el resuUado de una .nuUiplicadon
uitrodaoe. la castidad que fumenta i la .ndependencia de posición que naturalmente aconseja.
daremos cuenta de algunas observaciones que a prop si o
‘’^l"!:2e:d:;iene U infoduedon íe -
pedo a la el pnnd-
umi diversas , ‘ i cualquiera otra
pío de la población, e» ^ las inveudones
"'"f féto! “uTs iuUados. lA introducción de un
rer dr una -dulna
capricho, sino por era favorable en
por consiguiente favore-
“ P,.edr::eTe,fsi'! e"due ese aumento de entradas no se distribuya entre todos los ‘''.dividnos, pued^e su-
Ter mu diversos destinos-, o emplearse en el aumento de
Z llibres o simplemente en aumentar las desigualdades de or um La introducción de máquinas, favorable s.emme eTculto a las entradas, facilita de esta manera 1 Lmento de la población; pero, como ese aumento de e “ais es sucepdbie de distintas apUcaciones, para facilitar ese aumento, según el desuno que se le dé.
En consecuencia habrá posibilidad de realizar el aumento i esta posibilidad se convertirá o no en un hecho, según el deseo de los que gocen de esa producción superior.
Los gastos de lujo ¿son favorables al aumento de la población? En Opinión de muchos, los gastos del rico hacen .vivir al pobre, i son, por tanto, útiles, de tal manera que, sin ellos, la población no podida prosperar. Üii ejemplo .manifestará que ésta Opinión, mui común i aceptada, no puede sostener un exámen serio. «Supongámosla existenci.a de una sociedad compuesta de cien individuos, (|ue solo conocen una necesidad, el hambre, i que la satisfacen por el consumo de un solo producto, el trigo. Esta socie- .dad tiene una entrada di 1,000, el consumo de cada uno es de 10, e igual el poder de trabajo de cada individuo. Una invención aumenta el poder productivo de uno de esos individuos, i en vez de producir 10 como ántes, produce /|0. La entrada total sube de 1,000 a 1,030, i la sociedad podria alimentar a tres individuos mas, aun cuando no tra- . bajasen, o aumentar simplemente el consumo de sus miembros.
«Si el productor de /lO quiere aumentar su consumo, llamará tres individuos a su servicio i les ocupará, ya en .el cuidado de su persona directamente, ya en fabricar para su uso los objetos que m!>s desee. En el año siguiente, el producto total de la sociedad en alimentos, aumentado en 30 por la invención, so encontrará disminuido en 30 por el nuevo empleo dado a los tres individuos, i será el mismo que ántes. No habrá otro cambio que la situación del productor, quien, en vez de consumir el producto del trabajo de uno, consume el producto de cuatro. ¿Podria decirse que hace vivir a los tres individuos que emplea en su servicio? Indudablemente nó, puesto que los tres vivían ántes i podrían continuar viviendo, ocupados en el mismo .trabajo que tenían de antemano.» (1)
No sucedería lo mismo, si ese aumento de entradas fu§-
f“ :
(l) Courcc}'>c Sencuil,
destinado a la capitalización. Suponiendo que se emplee en mejoras agrícolas o en instrumentos, se tendrá en el ano po.sterior, un nuevo aumento, que será el ínteres del ahorro hedió ántes, i en tal caso ese progreso de las entradas va sirviendo para el desarrollo de la población.
Otra Observación relativa al principio que hemos esphcado es que bai cierta relación entre las poblaciones de las ciudades i el desarrollo del arde industrial en el cultivo de los campo.s.
Supongamos un pueblo que no tenga comercio estcrlor. ¿Podrá haber en él poblaciones aglo'iieradas que se ocupen en las manufacturas? Solo en cundo lo permitan los pro- • duelos agrícolas sobrantes de los individuos que cultivan la tierra. Una población densa ocupada en las manufacturas o en ti comercio, revela, por consiguiente, que el arte industrial agrícola se encuentra tan desarrollado que los agri- . cultores pueden producir, iio solo par.i llenar sus necesidades, sino para atender al consumo de las poblaciones que -no se ocupan directamente de la agricultura. El comercio esterior i el desarrollo agrícola son las únicas condiciones
de vida de las ciudades.
Yin.
Gomo estudio complementario del principio de la población, deben estimar se/ los efectos de la miseria i del pauperismo. Hemos visto que en la práctica el mínimun absoluto de consumo en raras ocasiones existe, puesto que os hombres procuran siempre obtener algo mas que lo indispensiib'e para la conservación de la vida; pero suce e a
veces que se llega a ese raúiimmi absoluto. ^
'■ En tal caso pueJe decirse que comienza la misena*
,Vl individuo que se encuentra en situación semejante, una enfermedad, un conlralleuipo cualquiera le colocan en
■ una posición penosa en que no puede procurarse por si
■ mismo los medios para atender a su consumo i en Que-ne-
7S CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
cesita, en consecuencia, quedar bajo el amparo de la caridad pública o privada.
Sucede también en ciertos países que este mal es mas grave todavía. No hai que lamentar solo la miseria de algunos individuos. Ella afecta a numerosas familias, a grandes masas de pob’acion que, viviendo siempre en ese estado de postración, van perdiendo sus ideas de moral, sus principios de dignidad. Olvidados éstos, no recuerdan ya la responsabilidad que tienen al constituir la familia i se multiplican sin medida, dando a luz nuevos seres que, por el ejemplo i por el hábito, continúan en el mismo sistema i forman así en la sociedad masas escepcionales que pierden las ideas de trabajo, i están sujetas en su existencia al amparo o al abandono de la sociedad.
Entónces se dice que existe el pauperismo, esto es, la miseria de grandes masas de la sociedad establecida de una manera perm mente, Nos basta por ahora dar estas Tijeras ideas.
En la parte práctica, si bien no podemos entrar en esplicaciones detenidas acerca de esta materia, que ha ocupado a tantos escritores, indicaremos por lo ménos de una manera sucinta las conclusiones de sus estudios.
No procuraremos deducir del principio de la población consecuencias morales, reglas de aplicación piáctica. Esto sale de los límites propiamente dichos de la teoría económica, que solo espone los principios deducidos de la observación de los hechos. Basta esplicar el principio mismo para que, apreciando sus necesarios resultados, pueda cada cual hacer las deducciones a que se presta i estimar las medidas que con relación a esta materia se proponen. Por mas vasta que sea, hai en ella un principio natural i sencillo. Existe una relación entre el número de hombres i la cantidad de riquezas. Claro es que, si no perniciosa a lo ménos inútil, será toda observación que no tienda a poner en armonía la población i las entradas. Aquí, como en cualquiera otra parte de los estudios económicos, debemos establecer que la condición precisa del progreso, la única
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 7P
fuente estable de un aumento en la población en condiciones convenientes es la mejora del poder productivo.
DE LA.S LEYES DE LA RENTA TERRITORIAL I DE LAS SALIDAS.
I: liurodu''don al estudio délas leyes de la renta territorial i de las silidas.— IIj De la leí de la leiita territorial: sus antecedentes: su fónnula: causas del dumen-^ to o dUm uiirion de la renta lerritoriat: objeciones contra esta iei — III: De la leí délas solidas: sus antecedenieA.* su fórmula: doeuiaa de SaV — 1>: Tenden^ cía comua de estas dos leyes.
Al establecer las relaciones entre eí producto i el poder productivo, suponiendo una población invariable, hemos dicho que la producción está en una relación directa oon el poder productivo. En la hipótesi?) de que en uu territorio, como el de Chile, hubiera diez individuos, seria indudable que, si ellos trabajaran como cuatro, obtendrían un producto como cuatro, i que, si duplicaran sus esfuerzos, duplicarían también su producción. Los productos se naedirian entónces por la fuerza que a la producción se aplicara. Sin embargo, esta supos.cion no se realiza en la práctica. La población aumenta o disminuye; i es necesario, por consiguiente, investigar que efectos producen esos movimier tos de población sobre la relación entre el poder productivo i el producto, si le son favorables o contrarios» En otros términos, conviene averiguar si el aumento de po^ blacioii hace mas fácil o mas difícil la producción, mas fácil o mas difícil el consumo.
La Economía Política no puede establecer en esta materia una regla absoluta; porque el aumento de la población tiene resaltados diversos, según la industria de que se tra - le. En las industrias estractivas i en la agrícola, el aumento de la población puede producir un resultado desfavorable i hacer que la producción sea mas costosa, a ménos que con ese aumento de población coincida una mejora eü
so ' CUBSO DE ECONOMIA POLITICA.
eVarte industrial. En la industria manufacturera, en la de trasportes! en la comercia!, el aumento de población facilita la producción i el consumo. Desde que. se llega a estos resultados diversos, según las distintas industrias, no puede darse una regla absoluta i vale mas establecer los .anieccdentes, esplicando esos dos beclios conocidos con los nombres de leyes de la renta territorial i de las
salidas.
LEI DE LA RENTA TERRITORIAL.
Guiados por el deseo de que se comprenda con facilidad fel principio llamado lei de la renta, vamos a esponer, por medio de un ejemplo, los antecedenies que han servido
para formularlo.
. Cien individuos llegan como descubridores al lugar en que se echan las bases de la ciudad de Santiago, i movidos por la necesidad de procurarse los alimentos indispensables para su consumo principian a cultivar los terrenos necesarios. Natural es que, por el deseo de obtener el mayor resultado posible a costa del menor esfuerzo, cu tiven desde luego los terrenos que a su proAimidad al lugar en que están agrupados, reúnan la fertilidad, Arbitros para elejir, lomaráu por cierto sin coacción alguna i ft impulsos de su solo interes esos terrenos mas fértiles. La producción de una fanega de trigo se ha á con un trabajo representado por dos, o, si se quiere estimar ese costo por el dinero necesario para pagar el trabajo, con el gasto de
En vez de tener cien individuos, la ponlacion alcanza después a una cifra de diez mil. Será iudndable en este caso-que la cantidad de terreno que antes bastaba para el albuenlo de cien individuos, no será ya suficiente para producir los alimentos de diez mil. En la necesidad en que éstos se encuentran de cultivar nuevas tierras, pueden ele^
iir las que haya diaponihles, pero, ocupadas
fl ls cercanas al centro de consumo i las mas Krtjle , a
elección solo puede recaer o sobre tien as de igua
Udad a las primeras, colocadas a mayor distancia, o sobre terrenos cercanos i de una teriilidad menor. En uno i Otro caso el producto es menor con relación a igual
“ti'1'’e’ocup.an tierras mas lejanas, el agricultor tiene que liacer gastos de trasporte; i la población que consumo los productos debe necesariamente pagar esos gastos, pues o que nadie t. abaja para perder, i por otra parte, suponemos que esa producción es indispensable para la alimentación de los diez mil habitantes. En este caso, el costo de la tanega de trigo, que en el primero era de un peso, sera de igual cantidad aumentada con el costo de trasporte, de un
peso cincuenta centavos, por ejemplo.
En la spgimd i hipótesis, esto es, si se cultivan tierras métios fértiles, es asimismo indudable que la fanega de tri-^o, que cu el primer terreno se obtenia con un trabajo representado por dos o con un costo en dinero espresado por un peso, no se podrá tener con el mismo trabajo, porque la tierra mas fértil produce necesariamente con mas facilidad i con raénos trabajo que la tierra ménos fértil. Si suponemos que el trabajo para una fanega de trigo es do tres en vez de dos, o lo que es lo mismo de un peso cincuenta centavos por fanega, en vez de un peso, la población que necesita úef los alimentos producidos por estas nuevas tierras tendrá que adquirir el trigo por su verdadero costo, que es de un peso cincuenta centavos. Pagará este costo no solo por los productos nuevos, por el trigo prcducido en las tierras ménos fértiles i mas lejanas, sino también por el trigo obtenido en las tierras cultivadas primitivamente, porque, siendo necesarios esos últimos productos i teniendo un costo de un peso cincueota centavos que los consumidores deben renunierar para que el trabajo continúe, el productor en las primeras üerras puede apro.
vechar esa diferencia,
82 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
En vez de tener diez mil individuos, la población llega a cien mil. Será necesario entónces trabajar tierras todavía mas lejanas o ménos fértiles aun ((ue las de las dos clases anteriores. El costo crecerá naturalmente: i la población tendrá que pagar por cada fanega de trigo dos pesos o mas, o lo que es lo mismo, para la producción de una fanega de trigo se necesitará de un trabajo doble del que se empleaba en las tierras mas fértiles i mas cercanas.
Lo que acontece en la industria agrícola sucede también en las industrias estractivas. Esplótanse primero las minas de mejores metales; liácese la pesca en los lugares mas abundantes; témanse los frutos espontáneos de los árboles en los bosques de mayor producción. Si una población mas densa necesita después de mayor cantidad de estos productos, preciso será que emplee mayor trabajo para obtenerlos; i su consumo será necesariamente mas difícil.
Si supusiéramos un territorio ilimitado, si siempre pudieran elejirse terrenos de igual fertilidad, sin duda que esta influencia del aumento de población no se baria sentir, Pero si se trata, como de ordinario sucede, de sociedades que ocupan un territorio limitado, en el cual para nuevos cultivos hai que tomar tierras de una fértil. dad menor, será indudable que al aumento de población corresponderá un aumento de esfuerzos o de costos para obtener el mismo resultado que ántes. Vemos así que el aumento de la población obliga a cada uno de los individuos a tr abajar mas para obtener los productos agiícolas de su consumo, o, si ellos no trabajan directamente en la agricultura
0 en las industrias estractivas, a pagar una cantidad mayor por estos productos. Según esa tendencia, el costo de ios productos agrícolas debería ir en aumento i hacerse cada üia mas difícil el consumo de les individuos. El aumento de población seria perjudicial a la relación entre ios productos
1 las fuerzas productoras,
^Por qué, sineuibargo, en las sociedades que han dupU-*
eado en pobUebn, no se
COSIO de los productos te g ^dsto, en
verdad qne en algunos países i incremento da
otros se mantiene estacional lo, 1 elemenio da
la poWacion’-Es por la intervención de
noe nara dar mayor claridad a la materia, no hemos | rMo’ tramrtsia aliora, es por la iolluencia del arte todns-
trial. Ese ii.ni.jo desfavorable que el ^
dio tiene en el aumento de los costos de producción, esa
tendencia a dinouliar el consumo están
desarrollo del arle, como es tácil verlo en el m J P
que ántes hemos es plicado. • i ilocrira
^ En la hipótesis de qne, en vez de mil individuos, lleg a haber diea mil, dijimos que era preciso tomar nos fértiles o ménos cercanas, lo cual, supusiin ,
mba e, tra>>»i<- ^ TEsm
dinero, de un peso a un peso docuenta centavos^ E* e resultado seria inevitable i fatal sm una mejora en el arte ñero con ella puede suceder que no se necesitó culw otras tierras i aun puede llegar el caso de que el costo d.^ miniiya. Si en esas tierras esplotailas con un instrumento grosero se emplea el arado, es mui probable que con igu U-abajo que antes, en vea de una fanega se obtengan d.ec d a ese arado imperfecto se siislUuye otro mejorado U producción será todavía mayor; si
Ion reemplazados por el de barbechos, la produmon aumentará todavía; i finalmente, si en vez de este sistema se emplea el de los cultivos variados i se agrega el abon la tierra, la producción llegará a una cantidad que al principio seria inconcebible. El progreso en el arte industria tlLe, pues, una tendencia contraria a la del aumento _dc la
pobladon sobre el costo de los productos Lto crecerá o disminuirá según que los efectos d la mejora ei, el arte sobrepujen o no a los del aumento de la población. El. el país en que los babilantes viven de la caza, se calcula que cada individuo necesita a lo ménos diez
84 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
$eis quilómeti’os cuadrados (1). Mediante los progresos de la agricultura, en un solo quilómetro viven coiuodaniente ochenta o mas individuos. Puede decirse que el arte ha estendido el territorio en la proporción de uno a mil doscientos ochenta (2),
De estas dos tendencias, una favorable al desarrollo de la población, otra contraria, ¿cuál prevalecerá? ¿el costo de la producción será cada dia mayor por el aumento de la población, o predominaiá la benélica inQuencia del arte? —Difícil o imposible es prever lo que suceda, puesto que sería necesario prever el punto hasta donde lleguen las invenciones del hombre. Hai paises en que los productos agrícolas son ahora mas costosos que ántes; otros en que sucede lo contrario; i otros finalmente en que, a pesar del aumento de población, el costo permanece estacionario por los progresos del arte.
De todas maneras pueden establecerse como evidentes los siguientes principios: que en un territorio mui es-
tenso i fértil en que hai facilidad para ocupar siempre te- . Trenos de. buena calidad, la influencia del aumento de la población no se hará sentir de una manera considerable sobre el costo de los productos agrícolas; 2.® que en un territorio limitado, el aumento de la población tiende a aumentar ese costo; i 3.® que los progresos del arte ponen límites a ese aumento de costo i a veces lo hacen bajar, mejorando la condición de los consumidores, o, lo que es igual, disminuyendo el trabajo que se empleaba ántes en la adquisición de los productos de la agricultura i de las industrias estractivas.
Las observaciones anteriores nos sirven para definir la lei de la renta, que es «un principio económico en virtud del cual, en un territorio limitado, la población no puede j aumentar, sin que aumenten las dificultades de su consumo de productos agrícolas o de las industrias estractivas, a raéoos que liaya una mejora en cl arte industrial.
(1) Carlos ConUc,
(2) Sefcun el último censo de Ing’alerra que conozco, !a población era de 80 liabilanles por quilómetro cuadrado,
. Decimos, en'primer logar, que para la
tas observaciones, es necesario snpoiiei a s
,or,ilorio linntarlc, porque de oirá manera no 1 m motivo
alíruno nara que no se ocupen nuevas, tieira» q
cuentren en igua'dad de coridiciones. d de exijir por sus pioduclos lo que desia, p caso los consumidores encontranan ventaja
dor estarla dispuesto a pagai , ya que po hiendo
lamente a costa de ese mismo t.ab j . .
que el territorio se encontrara ocupad , ble que el consumo de los productos I referido, Umitailos como son, se baria dida que la población auiiieuUi a. s . t podrá ser conlrai iada por el ánsar, olio ^
ir Sa erada do la roma « iHoHai, las tres ctandas de que liemos liab'a lo; la las variadoneade la pobladoa i las
arte industrial, l'.ir ooiislgmeiits, eada^dc la
cuente coa un estenso i fériil territorio, ' ^
Id de la renta no pnode oponer graves obs^oulos al desar dio de .rpoblad,!,,. Igual resalí ,d. so tendrá en .aquello pueblos c„ que el arto i,id.,st,ial prospere eo u. a escala de Lvor progreso que la del desarrollo de .a población. La lei de la renu viene a ser par esta causa un inávil poderoso para ciue los liombres, si quieren multiplicarse, piocui en tadliiL- por las invendo.ios i por cl estudio los lesulta-
"^"Fácil^serátomprender también con esta espbcacioo^ que bal una difd-encia muí notable entro la re«ta lemtorml i de m-dinario se llama simplemente renta asa como
lo irá también conocer la base en que se damientos. RenU, eu jeocral es «la ^"ti'ada de »s mdiu dúos o do las sodedade.5, cualquiera que sea el oiijen
Sd CtRSO »E ECONOMIA EOLITICA,
que provenga.» Se mide ordinariamente con relación a| tiempo, i así se dice renta mensual^ renta anual, según se considere la entrada resj)ecto a un mes o a un ano. Uenta territorial es «la diferencia en el oslo de producción de dos o mas tierras.» El pago de arrendamiento está apoyado sobre esta base.
Un ejemplo manifestará con claridad en qué consiste la renta territorial considerada con relación a las otras rentas. Un individuo po.so8 a inmediaciones de Santiago una cuadra de tierra, i ha invertido en ella para disecarl.i, cerrarla i plantarla, la cantidad de cien pesos. Esta cuadra de tierra produce cincuenta fanegas de trigo con un trabajo que, estimado en dinero, se puede representar por cincuenta pesos, calculando solo el trabajo muscular que se aplique a la producción. Otra cuadra de tierra de igual calidad a la primera se encuenta a deslinde de ella i no ha recibido preparación de ningún jénero; su propietario no In gastado cantidad alguna pira mejorarla. Esta segunda cuadra produce cuarenta i cinco fanegas de trigo, con un trabajo muscular que, estimado en dinero, es equivalente a cincuenta pesos. Finalmente, una tercera cuadra no tiene la misma fertilidad que las dos anteriores i solo produce veinticinco fanegas, con un trabajo muscular representado tambieu por cincuenta pesos. Se puede notar que es indiferente para el individuo, puesto que en todo caso emplea una misma cantidad de trabajo o cultivar la tercera cuadra sin pagar arriendo alguno para cosechar veinticinco fanegas; o cultivar la segunda, tomando para sí las mismas veinticinco fanegas, i dauio al propietario las veinte mas que produce, las cuales constituyen su renta territorial; o, por último, cultivar la primera, dando al propietario veinticinco fanegas, las que compondrán su renta. Esta última renta se forma de dos partes, cinco fanegas que serian la remuneración del trabajo empleado en la tierra, renta común, i veinte fanegas, renta territorial. Esta diferencia en* Ve las rentas no debe echarse en olvido, si se quiere tenqr una idea exacta acerca de la t eirá.
censo DE ECONOMIA POLITICA. 87
Hemos visto que el aumento de la población influye de una manera poderosa en el aumento de la renta, a méuos que haya iin.a mejora equivalente en el arte industrial. Dcsirrollando ahora esta idea, podemos decir que, respecto a los países productores, los progresos que se hagan en las industrias manufacturera i comercial influyen en el aumento de la renta de la tierra, miéntras que los que se realizan en la industria agrícola, en las estraclivas i en la de trasportes tienen una tendencia directamente contraria.
En efecto, desde que la industria manufacturera prospere en un pais, hai mayor necesidad de primeras materias, i esta necesidad trae el cultivo de nuevas tierras, aumentando la renta de las primeramente cultivadas. Lo mismo sucede una vez que el progreso de la industria comercial proporciona a los productos de un pais nuevos lugares de espendio.
Por el contrario, las mejoras en el sistema de cultivo,’ el adelantamiento en las industrias de estraccioii i la mayor facilidad de los trasporti s, contribuyen necesariamente a la diminución de la renta, porque esos adelantos o hacen que no sea preciso cultivar nuevas tierriis o colocan los productos de las últimas en una situación análoga a los que dan las primeras. La mejora en el sistema de abono o de barbechos, la introducción de cultivos variados permiten obtener de una misma cantidad de terreno mayor producto, haciendo innecesario el cultivo de otras tierras. El establecimiento de uA ferrocarril, qoe disrainoye el costo de trasporte de dos a uno, hará también que los productos de tierras lejanas se puedan consumir a ménos costo que ánies, i contribuirá por consiguiente a que disminuya la renta territorial o la diferencia entre los diversos costos de la tierra.
No todas las mejoras que se hacen en la agricultura producen, sil) embargo, un mismo resultado i conviene observar lo que en esto sucede para evitar errores prácticoa* Hai dos clases de mejoras en la agricultura, unas que au-
88 CÜRSO DE ECONOMÍA POMTlCA.
roenl:in la cantidad de productos, i otras que permiten recojer i preparar esos mi-unos productos alimentados ya con la vida vejetal o animal. El sistema de cultivos vanados aumenta la cantidad de cereales en una cosecha. La introducción de una máquina de trillar o de segar no aumenta la cantidad de productos, pero sí disminuye los costos de su recolección. Estas últimas mejoras dejan igual la renta en productos i disminuyen el producto bruto en
dim ro. ,
Una de las principales consecuencias que se desprenden
de la lei de la renta es el fácil progreso de las colonias nuevamente organizadas. Los individuos que van a ellas salen de ordinario de sociedades en que el arte industrial se encuentra relativamente adelantado; i, aplicando ese arte a tierras estensas i feraces, obtienen una lácd producaon agrícola con mui escaso trabajo. Pueden entó-aoes dedicar sus esfuerzos a la producción de nuevos artículos^ i llenar con facilidad las diversas necesidades que esperunentan. La población no encuentra en este caso entorpecimiento alguno en su desarrollo; la industria prospera; las manulacturas se forman bajo el amparo de una producción agrícola abundante; i crecen i se desarrollan las ciudades, que, según liemos visto anteriormente, guardan ptoporcion con e
progreso de la agricultura. ^
La lei de la renta, lo mismo que la de la poülacion, ha dado lugar a varias observacioces, todas las cuales pueden refundirse tn una jeneral i comprensiva que conviene considerar. Esta obset vacion se dirije a las bases del derecho de propiedad, i ha dado oríjen a conciusiones mui
diversas, seguii las distintas escuelas.
En la tierra, se lia dicho, en la producción agrícola, liai dos partes enteramente distintas: el trabajo de la naturaleza, i el trabajo del hombre. Para la producción de una fanega 'de trigo, DO hai duda que el propietario debe emplear fuerzas mas o ménos considerables; pero no debe dudarse tampoco que la parte principal es deüida a la intervención la naluraleia, al aire, al agua, al calor i a la vida veje*
tal. Justo es, se agrega, que el propietario tenga una remuneración del trabajo electivo que emplee, pero no lo es en manera alguna que se haga dueño de esos elementos gratuitos de producción, que deben ser comunes. Siendo 11" uiiiada la tierra, los propietarios monopolizan elementos por su naturaleza gratuitos. En consecuencia, han dicho algunos, la propiedad es un privilejio, pero es necesaria i debe mantenerse. Los socialistas han agregado: la propiedad es un privilejio, pero es necesaria i debe mantenerse, exijlendo a los propietarios alguna compensación. Los comunistas han dicho a su vez la propiedad es un privilejio, un robo, i debe destruirse (í).
Estas conclusiones tan diversas en sus resultados afectan profundamente el sistema de propiedad, si bien en lo jeneral llegan a convenir en que es necesario mantenerla. Por fortuna, los antecedentes de que unos i otros parten no son exactos. Míéntras haya un terrkorrlo que no sea limitado, cualquiera puede trabajar nuevas tierras. Miéntras el arte industrial, que tantos progresos ha realizado, continúe,en su desarrollo, puede decirse que no hai limitación de territorio, ya que uno escaso en estension, da considerables productos, mediante el arte. El privilejio propiamente dicho no pudria comenzar, por consiguiente, sino una vez ocupadas completamente todas las tierras i paralizado el arte industrial.
Pero debe observarse que tal privilejio en realidad no existe, que la propiedad raíz está sometida a ias mismos condiciones de cualquiefa propiedad mueble, por lo que toca a su adquisición. Esta es debida al esfuerzo que sobre la tierra se aplica i favorece el progreso de la sociedad.
En los trabajos de un agricultor hai dos operaciones distintas; la que se contrae a obtener los productos anuales i queda recompensada con estos mismos productos, i la que se aplica a mejoras permanentes ea la misma propiedad |
(l) Dasliat, —.írmaniai*
QÓ CURSO DE ECONOMIA POLltlCA.
Estos Últimos esfuerzos se incorporan en la tierra pira producir sus resultados en largo tiempo. Por lo inénos, el propietario, si no mejora, tiene el trabajo de conservación. ¿Quién tendrá derecho de tomar tierras mejora ias o a lo inénos conservadas con largos i costosos esfuerzos? Sin duda que no habría equidad alguna en la apropiación por otro. La justicia aconseja el respeto de la propiedad. Aconséjalo también la conveniencia. La propiedad no es un privilejio i su organización se debe, no solo a sus ventajas si no al derecho mismo. Tan falsa es, por consiguiente, la teoría, que solo sufre su mantenimiento porque es conveniente, como la que encuentra en ella un privilejio i proclama su destrucción.
iir.
Así como en la industria agrícola i en las estractivas, el aumento de la población es causa de que vaya también en aumento la renta territorial, a menos que se hagan progresos en el arte, así en las industriéis manufacturera, comercial i de trasporte, el mismo aumento de población tiende a hacer mas fáciles i abundantes los consumos de los individuos. Si la primera observación nos conduce a establecer que el aumento de población tiene una influencia desfavorable, conocida en el principio llamado de la renta territorial^ en cambio se contrapone a esta influencia la délos hechos que hemos indicado, i que contribuyen a formar otro principio conocido oon el nombre de de las
salidas.
Los antecedentes que sirven de base a esta lei pueden
reducirse a dos hechos principales!
1,* Lo que mas cuesta en la fabricación de los productos es fabricar el primero, esto es, el tipo de los diversos productos. Una vez hecho ese tipo, la multiplicación de los ejemplares puede hacerse con facilidad i a poco costo. Así, por ejemplo, conocida la imprenta, el mayor gasto para la preparación de un libro cofisUte en el de las planchas ^ue
' CURSO DE ECONOMIA POLITICA; 01
sirven para tirar los ejemplares, pocos o muchos que se deseen. Si la edición comprende ocho o diez ejemplares, liabrá que distribuir entre ellos el gasto total de la pieparacion. Aumentando el número de ejemplares a quinientos o a mil, se distribuirá este gasto entre todo este número de ejemplares, i el costo de cada uno de ellos será por consiguiente mucho menor.
2.* Al tratar de la división del trabajo, hemos visto que uno de les límites que la contienen consiste en las salidas; que ningún empresario aumenta los ejemplares de un producto sino en la cantidad necesaria para llenar las necesidades que se esperimenten, i que, en consecuencia, raiéntras menor sea el número de individuos que soliciten un objeto, menor será también la cantidad que se produzca de esos objetos i menor la división de operaciones de cada empresa. La división del trabajo cuyas ventajas hemos tenido ocasión de estimar, es asi mas o menos considerable, según sea la población.
Si, pues, el mayor costo en los productos está en la formación de los tipos 1 no en la multiplicación de los ejemplares, si por otra parte es indudable que las salidas son un límite necesario de la división del trabajo, es claro que un aumento de población influirá de una manera favorable en la relación entre el producto i el poder productivo. Aumentado el número de hombres que soliciten un artículo, se aumenta el de los ejemplares i se disminuye en consecuencia el costo de cada uno de esos ejemplares. Aumentada la población, se estiende la división de las operaciones ¡ con ella las ventajas que de la misma división resultan. En consecuencia, si la renta territorial aumenta por el desarrollo de la población i si en tal caso a igual cantidad de trabajo no corresponde igual cantidad de productos; en cambio en las industrias manufacturera, comercial i de trasporte, el aumento de la población influye en que a igual cantidad de trabajo corresponda mayor cantidad de productos, o lo que es lo mismo, a que los consumos sean mas fáciles i variados. Esto se notará con ma-
CURSO DE ECONOMIA EOLITICA.
yor claEidad en las diversas industrias, poi medio do ejemplos.
En la industria manufacturera puede citarse, para demostración, el mismo ejemplo de las impresiones de que hemos hecho mención. En la impresión hai dos gastos diversos: lo que se llama gasto jeneral, que se esliende lo mismo a uno que a mil ejemplares, i lo que es gasto especial de cada uno de ellos. La organización de los tipos en las diversas planchas forma la parte principal de la primera clase de costos. Los gastos especiales de cada producto son el papel, la tinta, la tirada, etc. Si, por ejemplo, el gasto jeneral en la composición es de mil pesos i la población solo nocesita, por su escaso numero, de diez ejemplares, ese gasto jeneral de mil pesos se distribuirá entre los diez ejemplares, i cada uno de ellos tendrá un costo de cien pesos, a mas de los especiales de cada ejemplar. Si la población aumentara de un modo considerable i en vez de diez ejemplares se pidieran mil, ese gasto de composición solo daria para cada uno de ellos el costo jeneral de un peso. I si supusiéramos que, en vez de mil se solicitaran diez mil, la parte de cada ejemplar en el costo jeneral seria tan solo de diez centavos. Aquí suponemos qne los gastos especiales no disminuyen; pero la verdad es que la inüuencia del aumento de la población sobre la diminución del costo de producción es todavía mayor. Los gastos especiales disminuyen también en virtud del mismo principio. Pidiéndose una cantidad mayor de papel, de tinta, de tipos, hai motivo para que en las empiesas que pioducen esos artículos se obtenga igual resultado. Se multiplican mas los ejemplares de un mismo producto; i la tin_ ta, el papel i los tipos, producidos en mayor abundancia ^ de consiguiente con menor costo, pueden serad ¡uiiidos mas
fácilmente por las imprentas.
Lo que se observa en las impresiones se nota en todas las industrias manufactureras. Las fábricas de tejidos de todas clases, las de papeles pintados, la litografía, el grabado, todas las empresas manufactureras podrian servir
como otros tantos ejemplos de este principio, ya que en todas ellas producen iguales resultados unas mismas causas: la mumi>ncadon de ejemplares i la división del
^'°En la induslria de traspones se notan las mismas o mayores ventajas con el aumento do la poUacion. bi un camino, por ejemplo, entre Valparaíso i Santiago, cuesta mil pesos, i la población en uno i otro lugar no a cien individuos, es indudable que cada n.ao de ellos tiene nne contribuir con diez pesos para formarlo i sostenei lo. Si ?: obl-íl» aumenta i alanza a mil individuos, el costo e mLo camino solo será de un peso para cada uno de los
1, abitantes. 1 si la población de los lugares por el mismo camino signe todavía en aumento en la misina proporción irá disminuyendo el gasto individual. El aumento solo de la población viene de esta manera a ser cansa'de qne se vaya facililandu el acarreo de los productos.
1 si bien se puedo observar que el mayor trafico coatí b’uiiá a que las vías de comunicación tengan una destriic - c-1 mas lápida, la verdad es también qne la proporción en que ellas si destruyen, está mui léjos de encontrarse en r - íacion directa con el uso. La causa de destrucción
Aile'iiíro atiutt'o solo de la población, disminuye la dificultad del trasporte, desde que los individuos se acercan entre si i los acarreos se hacen a ménos distancia. Desaparecen los obstáculos que se oponen a la rápida circulación dé los productos i a la comunicación de los
*'°!guales resultados se notan en la industria comercial. Con una población escasa, el comerciante necesita tener un surtido variado de especies, muchas de las cuales permanecen por largo tiempo sin espendio; compra poco de cada especie, poniue no puede vender sino en pequeñas cantidades; compra caro, porque lo hace por menor, i vende necesariamente caro, porque nadie trabaja para perder. En una palabra, no se aprovécUan.iíis ventajas que « •
^ j
04 CÜB90 DE ECONOMIA POLITICA.
resultan de la división de las operaciones. Por el contrario, si la población es numerosa, el comerciante puede contraerse a uno o a pocos artículos, adquirirlos con cuenta^ mantener una circulación incesante, libertar su negociación del recargo de intereses i producir con facilidad i abundancia.
No se necesitan ejemplos especiales para manifestar la benébca influencia que el aumento de la población tiene en la fácil i abundante producción. Esto se observa en todos los negocios, en la industria como en las ciencias i en las artes. Es mas fácil a una población numerosa que a otra reducida tener buenas i elegantes ciudades, fábricas poderosas, vías espeditas de comunicación, telégrafos que trasmitan con rapidez las noticias, teatros en que se recree el •espíritu, sabios que inventen, libros que jeneralicen las ideas, civilización, en fin.
Concentrando en pocas palabras las ideas antes emitidas, se tiene una fórmula precisa de esta influencia del aumen. to de la población sobre los productos. La lei de las salidas puede definirse diciendo que «-es un principio en virtud del cual, a medida que la población aumenta en un territorio dado, los trabajos de las manufacturas, los del comercio i j los trasportes son mas fáciles, porque disminuyen las dis- l tancias, se multiplican los productos i su aumenta la división de las operaciones.»
Aun cuando vayamos a anticipar en cierta manera doctrinas que están relacionadas mas propiamente con la distribución de las riquezas, creemos conveniente indicar aquí en resúmen las opiniones de Say acurca de las salidas. Como este autor es el que con mayor esmero ha examinado la influencia de las salid is sobre la producción, la esposisicion de sus ideas aclara perfectamente este punto i da a conocer la marcha de sus estudios i la diferencia de las opiniones dominantes en unos tiempos ¡ en otros. Esa doctrina, que puede establecerse en mui pocas palabras, ha heclio una revolución proínnda en las ideas.
i>i la adquisición de los productos fuese gratuita, la salida
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. VJ
de ellos seria sin límites, puesto que, como liemos manifestado ya al tratar de la lei de la población, ésta se desarrolla indefinidamente, cuando no encuentra obstáculos ep su iiuu cha. Si los hombres adquirieran sin trabajo alguno todos los productos, se apresurarían a hacer consumos incesantes i a satisfacer las mas variadas necesidades. Todos los productos encontrarían consumidores, personas quo voluntaria i gustosamente los recibirían. Pero como lo que falta no es la voluntad para consumir, es indudable que lo que se opone a la estension de las salidas, a la adquisición de los productos, es la necesidad que tienen los con* sumideros de pagar lo que adquieren.
Ahora bien, lo que sirve para pagar o adquirir los productos que se desean son otros productos» Si bien en las sociedades modernas se paga con monedaj ésta solo se estima por cuanto sirve para adquirir las riquezas que se necesitan, Es un mero intermediario entre los diversos objetos. Sí, pues, el úuico obstáculo para la salida de loi productos es la necesidad de pagarlos i si ellos se pagan con otros productos) las salidas de unos artículos están limitadas por las existencias de los demas, o en otros términos, según la fórmula de Say, ¿os productos sé compraú con productos i en consecuencia cada producto time thaS salidas o encuentra mas compradores miéntras mayor sed ¿a producción de otros productos^
í)e este natural i sencillo principio se deducen numerosas cDosecuencias prácticas. Nos ocuparemos de algunas de ellas. '
La primera es que, miéntras mas numerosos son los productores i mas multiplicados los productos, mas fáciles, variadas i vastas son las salidas. Desde el mismo momehtó en que un producto está hecho, el productor si no lo consume personalmente, desea adquirir con él otro que le guste mas o que necesite mas tlrjentemente. Cada producto constituye una salida para los demas. Por esto una buená cosecha es favorable, no solo para los cultivadores, sino para todos los que tienen productos que el. cultivador necesita»
fr^
96 CtRSO DE ECONOMIA ÍOLlTlCA.
La segunda consecuencia de este mismo principio es qué cada individuo está interesado en la prosperidad de todos; que el adelanto de un jénero de industria es favorable al adelanto de todas las demas; i que las naciones hacen un comercio mas o ménos ventajoso, miéntras mas piósperas i productoras son aquellas con quienes tiene relaciones. Un mercader colocado en una ciudad populosa hace un comercio mas considerable que el que se halla establecido en una aldea de pocos habitantes. En el primer caso está rodeado de multitud de jentes que producen mucho i que compran también mucho con sus productos. En el segundo, aun cuando no tuviera competencia de ninguna clase, apénas podría hacer negocios reducidos, puesto que trata con jentes que solo tienen productos escasos que darle en cambio. Nada se puede ganar con individuos i con pueb;os que no tienen con qué comprar lo que han menester.
Esta sola idea manifiesta la notable mudanza que el principio de las salidas ha introducido en las opiniones. Antes de la investigación de este principio, era opinión jeneral que no podia desearse la grandeza de un pais, sin desear a la vez el mal para sus vecinos. Es claro, se decia, que un pais no puede ganar sin que otro pierda (1). Era consecuencia jeneralde esas opiniones el que los pueblos procuraran establecer leyes i reglamentos con el fin de dominarse unos a otros en la industria i de poner trabas al recíproco comercio. El principio de las salidas manifiesta que no hai ningún antagonismo ni entre los individuos ni entre los pueblos; i que, en vez de ser natural i lójico el sistema do la guerra i de la fuerza, guarda perfecta armonía con la naturaleza humana i con la conveniencia, el de la paz que establece la fraternidad.
Otra consecuencia no ménos importante de este principio, es que la internación de productos estranjeros en un territorio dado es favorable a la producción i a la Venta de tos artículos indijenas de ese territorio* Esta consecuencia
> *
. ^11 Dicciossrio {ilo}6llea->BrUculo PaUl«i_
resulta del hecho siempre evidente de que no Sé pueden adquirir productos sino con productos; i el conociraierito de esta verdad nos revela cuan erróneos son en la practica
Ilos numerosos i variados sistemas que han procurado poner trabas a la importación, por el temor de que ella provocase una esportacion de moneda, para compensar la diferencia entre la importación i la esportacion. Sea que esa importación se pague con moneda, sea que se pague con productos de distinta naturaleza, en todo caso procura a la industria nacional salida para sus artículos i aliento para la producción posterior.
Finalmente, otra consecuencia importante del mismd principio es que los consumos que no alimenian las fueizas
para una producción venidera, no contribuyen en manera
alguna al adelanto de un pais. Estos consumos, que esplicareraos con alguna detención mas adelante, no tienen otro f resultado que el de destruir los objetos sobre los cuales re-
! caen, privando a otros productos de las salidas queten-
drian, si aquéllos existieran.
Vemos así que este principio, tan sencillo como exacto, da lugar a consecuencias de grande importancia Uque su desconocimiento ha sido cansa de males innumerables, de verdaderos trastornos en la sociedad. El tiende a establecer, sobre la base de la conveniencia mutua, la armonía entre los individuos i la paz entre las naciones»
IV.
LaS dos leyes qüe heitios esplicado Sobre la renta terri-^ torial i las salidas, producen, segnn hemos visto, resultados mui diversos en la relación entre los productos i el poder productivo.
La primera, que ejerce su principal indujo en la industria agrícola i en las estractivas, hace que, a un aumento * de población corresponda mayor trabajo para obténer igual
Í cantidad de productos, a ménos que con el aumento de la
98 cíjrso de economía politícÁ.
población coincida una mejora en el arte industrial. Es por consiguiente una leí de limitación.
La segunda, por el contrario, es una lei espansiva en virtud de la cual, la producción eu las industrias manulacturera, comercial i de trasporte, el adelanto en las ciencias 1 el aumento en los goces del espíritu, son mas fáciles a medida que la población se multiplica i condensa.
Difícil o imposible es determinar cuál de estas dos influencias ha de tener al fin un predominio absoluto, si len en la práctica puede observarse que, con las ventajas que resultan de la lei de las salidas, ha coexistido una mejora en el arte industrial, constante hasta aquí, i que esta mejora ha salvado las dificultades de la mala influencia que el aumento de la población tiene en el costo de los prouctos agrícolas. La condición económica de los individuos en jeneral es ahora mejor que ánies. Se ha aumentado la
íacilidad del consumo i son ahora mayores las curaodidades de la vida.
Puede sí establecerse que estas dos leyes tan diversas en sus resultados vienen a ejercer una tendencia común. El hombre, para libertarse del principio restrictivo de la renta territorial, se vé obligado a trabajar sin descanso en la mejora del arte. El hombre asimismo, procura vivir en estrecha unión con sus semejantes, acortar las distancias 1 organiz.^r los esfuerzos en el sentido de una vasta cooperación, para aprovechar las ventajas de la Jei de las salidas, lei que así como da vida i aliento a las sociedades que van en progreso, deja de producir sus buenos resultados respe'tto de aquéllas en que la población va en decadencia. Las dos leyes tienen por consiguiente una tendencia común; impulsar a los individuos al progreso constante eu el arte industrial,
DEL CONSUMO.
I: Definición del consumo: coáideradones (enerales sobre el mismo-H: Divisiones de! consumo eu cuanto a su naiur leza— llí: Id. en cuanto a sus efectos-"
IV: Dolos gaNtüs de piotluccioií: sus clas¡fic■í)C¡one8*-^ : Da los consumos tienen por objeto la cfiania i educacioií délos hoíubres.
En el movimiento de las riquezas, hemos estudiado hasta aquí solo la primera parte o la producción de ellas, para que sirvan a la sallsfaccion de las necesidades. Debemos estudiar asimismo la aplicación de las diversas riquezas al fin a que están destinadas, esto es, el consu-'
mo.
Este no es otra cosa, según ya lo hemos definido, que ida destrucción de utilidad, 1 no la destrucción de materia. . . ,
El el movimiento económico, la producción i el consumo
son las dos parles principales. La producción forma las riquezas, i es por tanto un^'elejnento positivo, miéntras que el consumo es propiamente lo que pudiera llamarse un elemento negativd'. Decimos que estas dos partes del movimiento económico son las principales, porque en la distribución no se hace mas que estudiar los cambios que esperimentan las riquezas entre la produccionfquees su orí jen,
i el consumo, que es su fin.
En estas consideraciones jenerales relativas al consumo,
es necesario que nos ocupemos de una observación mui comunmente aceptada, que es, sin embargo, un verdadero error. Se ba dicho, que, siendo el consumo el finqúese tiene en mira al producir las riquezas, mas se producirá miéntras mas se consuma, i en consecuencia, se aconseja la extensión de los consumos como un medio poderoso para gStirouiar la producción.
De principios verdaderos, se deduce en este caso una
consecuencia falsa. Es verdad que el fin que el hombre tiene en mira al producir es el consumo, la satisfacción de las necesidades que esperiraenla; es cierto que la necesidad es el móvil que impulsa al ti abajo: pero de este principio no se deduce en manera alguna que sea útil multiplicar los consumos para aumentar la producción. Conviene que las necesidades existan en gran Je escala, que sean mui poderosos los impulsos que llevan al hombre a la producción, Así será ésta mas rápida i abundante. Mas éntrela existencia de móviles poderosos para la producción i la realización de grandes consumos, hai Ja diferencia que existe entre el impulso para producir i la destrucción de lo que se ha producido. Precisamente las riquezas formadas ya en virtud de un trabajo anterior i no consumidas todavía, forman el elemento poderoso de producción que hemos esplicado con el nombre de capital. Importa, pues, mucho a las sociedades tener valiosos estímulos que las lleven al trabajo i conservar a la vez Jos capitales, por medio de la previsión i de los esfuerzos intelijentes del ahorro. La producción por el trabajo muscular ayudado por el arte i la conservación de capitales por el ahorro, son 03 dos grandes medios de progreso económico, sin que
por esto desconozcamos que el fin que se tiene eh mira al producir es el consumoi
Entre los intereses de los productores i los intereses de los consumidores hai una notable diferencia, un verdadero antagonismo. Es preciso, por consiguiente, examinar a cuál de estos dos intereses, debe darse preferencia en la oposición necesaria en que se encuentran. Sobre este punto, no ha habido ni puede haber duda; i ya Smith, en el or’ijen de la ciencia, emitia la idea de que solo se dtbia tomar en cuenta el interés del productor, en cuanto fuera preciso para lavorecéf ePde los consumidores. Vamos a anotar áquí as obsemciones que un autor moderno (1) ha hecho á ¡ propósito de esta materia i que manifiestan cou bastante
(l) BastiaL— Sofismas Económicos*
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. i 01
Sencillez la necesidad social de poner a los consumidores a salvo de las tendencias antisociales de los productores.
«Tomemos a un productor, cualquiera que sea; ¿cuál es su interes inmediato? — Consiste en estas dos cosas: 1." que sea lo menor posible el número de las personas ocupadas eu el mismo trabajo que él; ‘2.* que sea lo mayor .posible el de los que buscan el artículo que él produce. Esto .es lo que la Economía Política espresa mas sucintante en estos íérmiuos; que la oferta sea mui escasa i el pedido mui estenso; en otros términos aun: concurrencia limitada, salidas ilimitadas.
«'Cuáles el interes inmediato del consumidor? One la oferta del producto di que se trata sea estensa i el pedido escaso. Puesto que estos dos intereses se contrarían, uno de ellos debe necesariamente coincidir con el interes social o jeueral, i el otro lia de serle aoiipático. Pero ¿cuál de estos dos intereses c.s el que la lejlslacion debe favorecer como la espresiou del bien publico, si es que deba favorecer a alguno? Para saberlo, basta investigar jo qqe
acontecería si se realizaiau los deseos secretos de los
( *
hombres.
«Como productores, es preciso que convengamos en que todos hacemos votos antisociales. Si somos dueños de viñas, no nos serla desagradable que se helasen todas las vinas del mundo, escepto la nuestra: prolejemos la teoría de las escasez. Si somos propietarios de empresas de fierro, deseamos que no haya en ti mercado otro fierro que el que nosotros llevamos a él, cualquiera que sea la necesidad que el público esperimente, i precisamente para queresa necesidad, vivamente sentida i satisfecha de una lURnera mperfeeta, le obligue a darnos un subido precio; ésta es también la teoría de la escasez. Si somos cultivado resaspiraiüos a que el pan esté caro, es decir, estiiso, i enlóncés decimos que los agricultores hacen buenos negocios; lo que es también !a teoría de la escasez. Sisemos médicos-, no podemos dejar de ver que ciertas mejoras físicas, como la disecación del suelo, el desarrollo de la moderación i
102 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
la temperancia, el progreso de las luies, llevado hasta tal punto que cada uno supiera cuid tr de su propia salud, el descubrimiento de ciertos remedios sencillos i de una aplicación fácil, serian otros tantos golpes funestos contra nuestra prolesion: como médicos, nuestros votos secretos son antisociales, sin que esto quiera decir que los méd eos formen tales votos. Me complazco en creer que acojerian con gozo una panacea universal; pero en este sentimiento no es el médico, es el hombre, el cristiano el que se manifiesta, Se coloca, por una laudable abnegación de sí mismo, en la situación del consumidor.
«Podiamos pasar de esta manera en revista todas las industrias, i encontrariamos siempre que los productores, como tales, tienen miras contrarias a la sociedad. El comerciante, dice Montaigne, no cree hacer bien sus negocios, si no es con el lujo de la juventud; el labrador, con la carestía de los trigos; el arquitecto, con las ruinas de las casas; los oficiales de justicia, con los procesos i los lilijios de los hombres. Ningún médico acepta con gusto ni aun la salud de sus amigos, ni hai soldado que esté contento con la paz de la nación.
(¡Síguese de aquí, que si los deseos de los productores se realizaran, el mundo retrogradaría rápiilamente hácia la barbarie. La vela proscribiría al vapor; el remo proscribiría a la vela; i luego cedería los trasportes al carro; el cual a su turno los dejaría a la bestia de carga.
aAhora, si consideramos el Interes inmediato del consumidor, encontraremos que está en perfecta armonía con el ínteres jeneral, con b que exije el bienestar de la humanidad. Cuando el comprador se presenta en el mercado, aspira a encontrarlo provisto con abundancia; desea que las estaciones sean propicias a todas las cosechas; que invenciones mas i mas maravillosas pongan a su alcance un mayor número de productos i de goces; que se ahorren el tiempo i el trabajo; que d3saparezcan las distancias; que el espíritu de paz i de justicia permita disminuir la carga
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 103
de las contribuciones; que desaparezcan loí obstáculos de todas clases. En todo esto, el Ínteres inmediato del consumidor sigue una línea paralela a la del ínteres público bien entendido. Puede llevar sus deseos secretos Itasta la quimera, hasta el absurdo, sin que sus deseos dejen de ser humanitarios. Puede desear que los alimentos i los vestidos, la instrucción i la moralidad, la seguridad i la paz, la fuerza i la salud, se obtengan sin trabajo i sin medida, como el polvo de los caminos, el agua de los torrentes, el aire que nos rodea i la luz que nos alumbra, sin que la realización de tales deseos esté en contradicción con el bien de la sociedad.»
Dedúcese de lo anterior que, al consultar el interes de los productores, se protejea miras i deseos contrarios al Ínteres de la sociedad, i que, favoreciendo los intereses de los consumidores, se marcha en armonía con el progreso i con las aspiraciones de la humanidad, Los productores I tienen deseos contrarios, intereses especiales que unos a
[ otros se contraponen; los consumidores, un interes co-
luuu. Por consiguiente, en la lucha necesaria de estos dos intereses, debe favorecerse el de la jeneralidad, el del consumidor, i apoyarse tan solo el de los productores en cuanto sea conveniente para facilitar i estender el consumo*
I Este es un principio de vastas aplicaciones prácticas i cuyo
I conocimiento habría evitado la introducción de muchos sis-
I temas falsos i perjudiciales. Su aplicación eficaz nos lle-
varía, aun en el seno de las sociedades modernas, a la supresión de numerosas trabas que entorpecen el progreso económico. Aplicándolo en los hechos, se sustituye a la teoría de la escasez, la teoría de la abundancia, i se olvida la protección indebida de los ménos por la protección común,
Espuestas las consideraciones jenerales que precedeni clasificaiemos los consumos, ya con relación a su naturaleza misma, ya en cuanto a los resultados que producen. Po- > dremos da esta manera estimar la influencia que ejercen
I sobre la producción, según su naturaleza.
CORSO ' DE ECONOMIA POLITICA.
I!.
La primera clasificación que puede hacerse de los cotlsiiiiiüs, es en sujetivos i objetivos , lo cual no es mas que una consecuencia de lo que hemos indicado anteriormente acerca de los diversos cambios en la utilidad, cambios que pueden venir de una variación de las opiniones de los individuos o de una variación en el objeto. Es consumo sujetivo «la destrucción de utilidad que emana de un cambio en las opiniones del hombre.» Las variaciones de la moda i de las costumbres en jeneral dan lugar a numerosos consumos de esta clase. Es consumo objetivo «la destrucción de utilidad en el objeto.» La mayor parte de los consumos son de esta naturaleza.
No insistiremos .sobre esta clasificación, porque ya hemos manifestado con la estension conveniente todo lo que se relaciona con los cambios de utilidad i espresado tam- ; bien la mayor o menor importancia que puede atribuirse a
los cambios sujetivos i, por consiguiente, a los consumos I de esta especie.
La segunda clasificación que se puede hacer de los consumos, es involuntarios e involuntarios, clasificación acerca de la cual debemos prevenir que las palabras que la forman no se toman en sentido común, sino en uno mas racional i conforme con los deseos del hombre. Llámase consumo voluntario «el que es hecho con voluntad i sirve para el objeto a que se destina.» Es consumo involuntario «el que se verifica sin voluntad del hombre o que hecho con su voluntad, no realiza el fin que se tuvo en mira.» El alimento que se destruye para mantener las fuerzas, el vesfe tido que se emplea en el. abrigo, son ejemplos de la pri*
I mera ciase de consumos. Un terremoto que destruye edifi-
cios, un incendio que también los inutiliza i todo lo que Ee llama casos fortuitos, dan ejemplos de consumos iiivoluntatiós, por cnanto en estos casos las riquezas se destruyeu siü voluntad alguna de sus poseedores. A la misma
CUilSO Dt tCOSOMU POUIICA. ^05
dase oortesponden los consumos de primeras materias que se inutilirau en el aprendizaje de un
nue esto se irace con voluntad, en realidad son involuo Líos porque el deseo de hacerlos solo habría podido supórraJ. en caso que con ellos se hubiera realizado el fin
que se tenia en mira. .
El riesgo, las pérdidas involuntarias, las destrucciones de objetos sin un resultado conveniente, son ‘“reparables de la producción, i en ciertas ocasiones pueden llegar a ser causas de ruina i empobrecimiento. Todo lo que tien a a evitarlas es, en consecuencia, btil para la siendo lo mas ventajoso sin duda la división que contrae las operaciones a pantos determinados evim, en la mayor parte, la pérdida de materiales en la fa-
bricacion.
Todas las indicaciones i las instituciones que, ‘“r
de seguros i otras, tienden a minorar estas eventualidades, están por esto relacionadas con la Economía Política, i pueden llegar a ser una causa poderosa de adelanto in-
(lustrial.
La tercera clasificaciou de los consumos, es en^ consumos de industria i consumos personales, clasificación que corresponde a la de las necesidades en necesidades personales i de industiia. Son consumos personales <tlos que satisfacen inmediatamente alguna necesidad humana,» i consumos de industria «las trasfot macioiies de utilidad,» . ,
Por estas definiciones, se vé que solo la primera clase de
estos consumos, merece con propiedad el nombre de consumo, miéntras que los de industria, son propiamente simples trasformaciones. Así, en la comida hai un verdadero consumo personal. En la fabricación de jéoeros, al emplearse el añil o el palo de tinte en la tintura de los tejidos, se quita al añil o al palo de tinte la utilidad que en ellos había, para traspasarla al tejido en que se incorpora. La utilidad en este caso no se destruye, se trasforma.
No obstante, es conveniente indicar esta clasificación i
lOfl CDBSO DE ECOKOSIU fOtlTICá,
llamar la atención sobre ella, porijiie espllca de una manera clara los movimientos que se observan en las trasformacionesi en las péididas deiuilidad. En los consumos personales, éste es inmediato! en los de industria, liai una trasfor-
Diacion de utilidad, para poder realizar despiies uii consumo personal.
En todas las industrias so not.an trasformaciones de esta naturaleza, si bien aparecen mas especialmente en la manufacturera. La utilidad de un instrumento en laagriculura\a desaparecundo del instrumento mismo e incorporandose en los p ocluctos agrícolas que contribuye a formar; la de un barreno en la minería desaparece también mas o ménos rápidamente i se incorpora en los minerales que por medio de él se esíraen; la de un carro en la industria de trasporte va desapareciendo en la misma proporaon en que se le emplea en el acarreo; la de una máquina en la industria manufacturera disminuye a medida que elabora los productos a que está destinada.
Ya hemos dicho que la conversión de las riquezas en fuerzas de producción da oríjen a la clasificación de los capitales en fijos 1 circulantes, según sea que esa conversión se verifique con mas o méuos rapidez. La mas o ménos rapida trasformacion, que es un equivalente de la conversión de riquezas en fuerzas productoras, sirve de base a la misma clasificación de los capitales.
La cuarta clasificación que se puede hacer de los consumos es en privados i públicos. Para formar esia clasifi. cacion, se atiende a quién es el que hace el consumo. Se llaman consumos privados «los que hacen los particulares o las familias,» i consumos públicos «los que se hacen polla nación o se emplean en la remuneración de los servicios préstanos en favor de la sociedad.»
En cnanto a los cmsuinos privados, puede observarse qne los escesos consisten, ya en la prodigalidad, va en la
avaricia. Una i otra hacen que las riquezas no sirvan para alimentar la producción posterior; la primera, agolándolas sin \^otaja alguna para el peder productivo; i la segunda,
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. ^0/
man lene su, canUalos ocultos, por el temor de que desaraanl.ene sus c i,„l„slria. puesto que la
SH:; -=r::;;i£r íTs
almma vez entran esos capitales a la circucia. Con esta, al n destruidos.
'X: pV-dr:: se,un‘ después m veremos ai
clasificarlos por sus efectos, „e-
p, .educción vr jrí^iados, »«
cesidades inmediata,, de de eos looentre los consumos de esta uiiima clase,
pornecesiLdes reales aquSlIas cuya satislaccion mantiene Lestra existencia o es reputada como necesaria para la comodUad déla vUa por la mayor P“^« ^ en contraposición a los consumos que siialidad, del lujo o del “P”'''"' ,„ccho
bien entendidos tn una nació alimentos sean
iénero blanco i pocos encajes, q i dpUca-
ibu antes i sanos aunque mui escasos los pl os d U _ 7 «no hiva mu'- has habUaciones cómodas i saiuua
b^-iTerpalSorEl luio solo procura goces playero, i falsol miénlras que los consumos de comedida p p
7" Anee,, con
J}rec.n,e. i lo. de produjo, de ""
esto es una prueba de érdeu i de -reglo
otros consumos mas rápidos, s- ^
Say- Tratado de Ecouomia Política.
108 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
lento. Las variaciones en la moda no deben tampoco ser o nstantes porque, como lo hemos visto, hacen peder tlihdad a los objetos antes do qne se destrnyan por s, mi mos. Son también preferibles los consiimos'^de riquezas de Dueña calidad. En todos los objetos hai ciertos X cr^ odos. como son ios de mannfaetnra qne no v^r hn si que se apliquen a buenos o a malos inateriaies A¡i es
alo, se tiene que pagar el mismo gasto de manufactura-
vienralerlyr
3. Los consumos hechos en común f apeona -
reuulta de esta Case de consumos Is md colsi^'lhTe'
conventos”“cc'"E,'; '»» ejércitos, de lo¡
tiiente hacer „■ “ P“e*. conve-
ventajas “P^vechando sus
detepTvirs^nf"™'"" “ •'‘feeencian en sus efectos nue a L,,. principios se aplican a unos
los cnalpll h-‘ "" f “''‘"■"O "«e»™ u Dacer consumos de o cuales hubiera de resultar un aumento de prodnc ion
sobre lo consumido, baria un consumo útil a 1.a soc edTd b . por el contrario, hace consumos que no annltlnt
n ración de l' e" "dmi-
del anmenm d 1'’“'''““ '■* =‘«“«"‘0
aei aumento de Jos consumos.
nnr?„irT“'‘'"ú“** ^úrvicios públicos, que no se incorvidiinsd ú-"8un objeto determinado ni aprovechan a individuos determinados, se ocurre a los impuestos
'h'. •'«> '■ >
(1) Es inui conocido el dicho de Luis Xiv* pi j r mucho. limosna gastando
{ii
Hemos dicho qne las clasificaciones de los consumos se hacen, según su naturaleza, i según el efecto que producen. Eq el movimiento del consumo que trasforraa las riquezas en fuerza para la producción venidera, una parte de esas riquezas se destruye para mantener el poder de la producción igual a lo que era ántes; otras se destruyen, aumentando esc poder; otras pueden emplearse sin aumentarlo, ni disminuirlo; i otras, en fin, se emplean, ocasionando una diminución en aquel poder.
Según esto, los consumos pueden dividirse, en cuanto a sus efectos, en cuatro clases distintas:
1. * Consumos de conservación.
2. “ Consumos productivos.
3. * Consumos improductivos.
/i.* Consumos de lujo.
Los consumos de conservación son «aquéllos ‘que se hacen espresamente con el fin de mantener el poder productivo igual a lo que era ántes.*»
Los consumos productivos son «los que se hacen aumentando el poder de producción,» como, por ejemplo, las riquezas que se emplean en fabricar una máquina a vapor, que sustituye la fuerza del trabajo muscular i la aumenta en cantidad considerable.
Los consumos improductivos son «los que se hacen sin el objeto espreso de aumentar la producción ni de disminuirla, pero que en la práctica dan el resultado de mantener estacionario el poder productivo.» El 'gasto que hace un individuo para asistir al teatro es un consumo de esta naturaleza.
Los consumos de lujo son «los que disminuyen el poder productivo,» como por ejemplo, los gastos que se hacen en la embriaguez, én la disipación, etc.
No obstante que esta clasificación es naturalmente exacta en teoría,^ én la práctica puede reducirse con ventaja i
•*r>oio rr) >0 " 1*
■'.I •
'i-'i-'t
no CDBSO DE ECONOMIA POLITICA,
concentrarse en dos diferentes ramos: consumos productivos
i consumos improductivos o de lujo.
Entrañen la primera parte de esta clasificación, los consumos de conservación i los propiamente productivos, según los hemos definido. En la segunda parte se comprenden los consumos propiamente improductivos i los de
hijo.
(Comprendemos en la primera de las clasificaciones que liemos indicado, los consumos de conservación i los productivos, porque en realidad pertenecen a una misma categoría. Mantienen la producción en la situación anterioi, o la mejoran. Por el contrario, si bien los consumos improductivos no son en todo caso desfavcrabks al poder de la producción, en la jeneralidad de los casos, los hábitos, el mal ejemplo i varias otras circunstancias prácticas influyen en que estos consumos, que en ciertos casos pueden estimarse inocentes, vengan a perjudicar el poder
productivo.
La nocion de los consumos de conservación da oríjen a lo aue se llama gastos ce producción, gastos que están relacionados con la cantidad de trabajo que se necesita para la formación de un objeto cualquiera. Claro es que, miéntras menores son estos gastos de producción, mayor será el poder productivo. Puede así espresarse la mejora en el progreso económico de dos maneras diferentes: o diciendo que el poder productivo, ha aumentado, o que los gastos de producción han disminuido: frases enteramente iguales en su significación, puesto que revelan una sola
^^\n efecto, siendo los gastos de producción «la cantidad necesaria de trabajo, ya de ahorro, ;ya muscular, para producir una riqueza cualquiera,» es exactamente igual decir que mejora el poder productivo cuando en realidad se produce mas, o que disminuyen los gastos de produc-
C0R8O DE ECONOMIA POLITICA; 111
clon, lo que importa la disminución del trabajo necesario para la producción de un objeto. Para que estas dos frases sean iguales en sn sentido, es precijo'sí, no olvidar que se toman en consideración los consumos de conservación, porque, si por gastos de producción se entendieran los consumos en jeneral, no podr.a en este caso decirse que la producción i los gastos de producción están en relación inversa. Entórices se podrían hacer mas gastos de producción, mas consumo en jencra!, miéntras mayor fuera la producción misma; pero la mejora del poder productivo no podría espresarse por la diminución de los gastos de producción. No habria ninguna relación contraria entre los dos términos de comparación o de estudio.
Los gastos de producción se dividen en reales i habi^ tuales.
Los primeros consisten en «la cantidad de consumos que han servido para obtener un producto dado»: Los últimos son «la suma de consumos que seria necesaria habitualinente, para obtener el mismo producto.»
Los gastos de producción reales pueden ser ya superiores, ya iguales a los gastos de producción liabituales: i éstos son los únicos que merecen una atención especial, por cuanto, como lo veremos mas adelante, son los que sirven
de punto de partida, para determinar el valor habitual de las riquezas.
Pueden clasificarse también los gastos de producción en jeneraks i especiales. Aun cuando es difícil dar una definición absoluta de cada una de estas dos clases de gastos de producción, porque espresan ideas naturalmente relativas, es fácil compi'ender en qué consiste cada una de ellas.
Los primeros se aplican «al poder productivo en jeneral, ya (le la sociedad, ya de una empresa determinada.» Los últimos son «los que se incorporan determinadamente en cada artículo.»
liemos dicho que esta determinación es mui relativa. I en efecto, los gastos jenerales en una empresa industrial
112 CüfiSO DE ECONOMIA POLÍIICA;
puedon ser mirados como especiales con relación a la so*' ciedad en jeneral. Los gastos que se hacen en un ramo de las empresas industriales son jenerales con relación a esa empresa, i especiales respecto de la industria.
Compréndese, sin embargo, la base de esta clasificación, i eso basta para adquirir ideas exactas de lo que unos i otros gastos importan.
Entre los gastos jenerales i los especiales, hai la considerable diferencia de que los últimos son siempre proporcionados a la cantidad de productos; miéntras que los primeros pueden ser iguales, ya sea que la cantidad de productos aumente, o ya que disminuya dentro de ciertos limites. Mas allá de un cierto término, no podria aumentarse de una manera indefinida la cantidad de productos, sin un aumento en los gastos jenerales; pero para que este aumento tenga lugar, es preciso que el aumento de productos sea mui considerable. En un mismo taller puede haber, por ejemplo, veinte hombres en vez de diez: la misma vijilancia puede atender a treinta hombres que a quince: la misma luz puede facilitar el trabajo de veinte que diez operarios. Mas allá de un límite determinado, es cierto que los gastos jenerales aumentan; mas ese aumento lo repetimos, no guarda proporción en ningún caso con el aumento del producto que se forma. Por esto la mayor parte de las invenciones que tienden a mejorar el poder productivo o los arreglos de los talleres industriales, tienen por objeto el ahorro en los gastos jenerales. De aquí nace la conveniencia de prestar una atención especial a esta clase de gastos.
En ahorro en la inversión délos impuestos, una organización mas conveniente en el sistema de la policía, una ventaja cualquiera obtenida en la vijilancia de la empresa, permite hacer economías de consideración en los gastos jenerales* Disminuyéndose éstos, se aplican en menor pi'oporcion respecto a cada uno de los productos que la empresa fabrica.
Miéntras tanto, los gastos especiales no son suscepti-
CDRSO DE ECONOMIA POLITICA.
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 113
bles, en tanta estension, de economía, por mucho qus el arte prospere. No disminuirán, por ejemplo, en gran cantidad el cartón i la felpa que se necesitan para la fabricación de un sombrero, l lo que se observa en este caso, se observa con relación a todos los gastos especiales.
Los consumos que tienen por objeto criar i educar nuevos hombres se prestan también a la clasificación anterior, según el resultado que con ellos se alcanza.
Pueden ser asi voluntarios o involuntarios, i también
productivos o improductivos.
Los gastos que se hacen, por ejemplo, en la crianza i educación de un niño que perece ántes de haber producido, merecen con exactitud el nombre de consumo involuntario, puesto que, aun cuando lian sido htchos con voluntad, no ^^0 ha obtenido el fin que, al hacerlos, se tuvo en ndia. Los consumos que so hacen en la crianza i educación de un individuo que produce mas de lo que consumej son propiamente consumos productivos. I los que se invierten en un individuo que consume mas de loque produce, son improductivos.
Gomo se vé, todos los consumos, cualquiera que sea el objeto que se tenga al hacerlos, entran en las clasificaciones anteriores, clasificaciones que tienen por fin llamar la atención hacia los diversos efectos que producen, según el
objeto especial a que se aplican*
Las demas consideraciones relativas a los consumos están relacionadas mas estrechameute con la distribución do las riquezas. Nos basta per ahora haberlos definido i clasificado.
fji
DE LA DISTRIBUCION DE LAS RIQUEZAS-
CAriTULO I.
DEFINICION DE hk DISTRIBUCION DS LAS RIQUEZAS I DE SUS FORMAS
ELEMENTALES.
1; Carácter Jencral de las leyes de producción i del consumo: id. de la distribU* donde las riquezas: qué puntos comprende esta distribución: ea qué situación considera al hombre i a la sociedad la teoría de la distribución de las riquezas: de la fuerza que domina osla distribución. — II; Del sisonna de distribución por autoridad i del sistema de distribución por liberiad: desarrollo histórico de uno i otro,— IXI: Si pueden existir aisladamente estos dos sistemas de distribución i cual es la intervención que sobre el segundo debe tener la autoridad en las Bociedades organizadas. — IV; Cual de estos sistemas 83 encuentra sujeto a . procedimientos mas fijos, i razón de este fenómeno.— V: Resúmen i espoi ticiou de las materias que comprende^cl estudio del sistema de dístribu* clon*
Las leyes de la producción i del consumo, que hasta aquí hemos estudiado, tienen un carácter absoluto e invariable. El hombre puede trabajar mas o ménos, puede emplear en el trabajo un arte mas o menos adelantado; pero, en todo caso, será siempre cierto que, sin un cambio en la población, el producto guardará relación con el trabajo que para hacerlo emplee, A un arte mas adelantado corresponderá mayor cantidad de productos; a un mejor sistema de cooperación en el taller, una producción mas
CÜBSO DE ECONOMIA POLÍTICA.
ficil 1 abandaMe: a una mejor 3'’
aliento mas efectivo en la producemt. 1 lo qne sncede co
relación a los elementos de la prodnccion
serva también en las demas leyes de
consumo. La población, por ejemplo, ¡
contenida en su desarrollo por el limite de las
sSmpre cierto que, existiendo una relacon entre 1 s
riquerasi el mlnaero de
mLtar de una manera estable sin un aumento progresivo
"¿:rrn“ exactasen todo - >a^os tendenm.
qne hemos definido con los uombres ' ,
tertUoríal i do las salidas. Contrariara la
mentó de población, a ménos qne con ese
da una nte^a en el arte agrícola, i seta ta“b " »fe«'vo
que el aumento de población dará mayor en ,a
producción posterior en las industrias comercial, man
se notan en las leyes del consumo. Puede el hombre consumir mas o
moa con Ul o cual objeto; mas no depen m mismo
ud hacer que un consumo improductivo tenga e mismo
ret tad que un consumo que estimule la producción.
Las leyes de la producción i del consumo presentan por
• *ontP nn carácter absoluto; no dependen e consiguiente, un caraciei , , recias de
motad del hombre. No sucede lo mismo con las reg
'“Z'efeco, en cierto lugar i en cierto tiempo, las reglas
déla distribución Pueden dar mayor o o.enorosW^^^^^
mnoencla de la libertad, mayor o menor cabida a la inte vención de la autorid.d, Diferénciaose, por estas reglas, de las leyes \
en su naturaleza misma. Estas últimas son absolutas en su
116 CURSO DE ECONOMIA POllTICA.
influeocia i fin sus resultados; aquéllas, constantemente variables, como que no son otra cosa que la aplicación de la voluntad libro del hombre,
Hai, sin embargo, en la distribución de las riquezas algo que es absoluto; i esto es el hecho de la distribución. Ciillesquiera que sean las reglas que para hacerla se observen; cualesquiera que sean las diferentes organizaciones que el hombre introduzca, siempre será indispensable que exista una distribución mas o ménos couvenioute, mas o inénos adelantada. Siempre i en todos los lugares, se hará una aplicación de los esfuerzos de los individuos a la producción, i se dispondrá de los productos que, mediante el trabajo, se alcancen.
La distribución de las riquezas comprende dos puntos principales:
_ l.“La aplicación de los esfuerzos del trabajo a la producción, 1 Ja distribución de los hombres en las diversas funciones industriales.
. distriPucion de los productos entre los diversos
individuos que a la misma producción concurren.
Compréndese desde luego que, para examinar las leves de la producción i para fijar las reglas de la distribucioi/de
Jas riquezas, nos colocamos en dos puntos de vista enteramente diversos.
Al tratar de la producción, hemos considerado a la sociedad en jeneral i a! hombre en especial, enteramente aislados ¡sin comunicación alguna. En tal situación ni la sociedad ni el hombre tienen otro medio para llenar sus necesidades que la producción directa del objeto que necesitan para su consumo.
Al establecer las reglas de la distribución de las riquezas, consideramos al hombre i a la sociedad en relación los unos con otros, i examinamos si en tales condiciones tienen, a mas de la producción directa de los objetos indispensables para su consumo, algún otro medio de satisfacer sus necesidades.
Reconocemos que en esta situación existe otro medio,
1 oo llama sistema del cambio^ o lo que es o mÜmo, IdVisiclon de los objetos necesarios para el consu-
- p":
cirio ieneral dom'maute que dirije todas las operaciones de
,a industria i que e- pnnc.p.o - «riene^^
tado posible con el ¡ distribución, lo missar que este principio se aplica v.i
vendrá la producción directa favorable a costa
.tiauic ella ese objeto
de menor traba . con
L::rr" : ptaa Usmoer . necesidad con
■TríX- .. '» -O'»;, “t”
derados con relación p completar los es-
oríien, i al consumo, que es su hn. l a ^ P
tudios debemos espresar, después de haber “a mas convenientes de una distribución adelantada . «na fueraa que sea capaz de hacer aplicables en a práctica las reglas mas convenientes de distruucion.
Ca o poder que obliga a los individuos a someterse a
la ejecuefon de los diversos sistemas de P¿ ^
de ¿r de varias clases. Sistema hai en que ese “
pende de la voluntad de un tercero, que no es el individuo C 0^1 sistema en que ese poder o fuerza depende del ruido que el individuo lornia acerca de su propia conve-
"Cun sistema de distribución en que el hombre no dis-
lis CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
ponga ni de la aplicación de su trabajo a la pi’oduccion ni de los productos que alcance mediante sus propios esfuerzos, el poder que arregla la distribución de las riquezas es la autoridad, el gobierno, cualquiera que sea su forma.
fin el sistema de distribución en que el individuo es árbitro paia aplicar su trabajo a la producción como lo desee i para disponer de los productos que obtenga en esa producción, el poder que arregla la distribución de las riquezas es un principio que definiremos mas adelante con el nombre de lei de la oferta i del pedido.
De todas maneras, se concibe, sin adelantar nuevas esplicaciones, que, para hacer un estudio completo de la distribución, es preciso estudiar esas diferentes fuerzas que dominan en los distintos sistemas,
II.
Recorriendo los diferentes sistemas de distribución de los productos entre los diversos individuos, se nota que, a pesar de la multiplicidad en que se presentan a la vista, hai dos que podrían llamarse elementales i cuya combinación viene a formar las diversas organizaciones prácticas.
Estos dos sistemas elementales son los que se llaman,
sistema de distribución por libertad, i sistema de distribución por autoridad.
El primero es «aquel en que el individuo puede tomar por sí mismo la ocupación que desee, aplicar sus esfuerzos a la producción en virtud de su voluntad, i disponer como quiera de las producciones que obtenga con su trabajo.»
El sistema de distribución por autoridad, es «aquel en que la aplicación del trabajo a la producción i la disposición de los productos dependen de la autoridad, no del in, dividuo.»
Eu el primero, el hombre es el árbitro supremo para
aplicar sus esfuerzos a la
'fz: rr --
i IVoder^es™ obXnte. U aut’oridad, el gobier-
, :;Valquie;a ,ue sea su f»nua es J'- d.spone e ^a
a-,,Hbuclou d. uuer.
'el auetm^a la distribución de los productos entre los tnSrtLdo a cada uno de ellos ^.nayor ~ .nU-
* dad, según lo pesa sobre el iudi-
" 1 de la 1 Jrtad que sobre la autoridad que domina, como árbit ,
industriales de los hombres.^ marcha de estos
Para que se pueda apreciar mejor la •
dos sistemas, iLoutbinaolones el
de ambos lian resultado i estimarse el ¿ j
uno va tomando sobre el otro, indicaremos a la Iqera i nup la historia nos manifiesta acerca de esas combi luis- i etu esposicioo, a la ves de esplicaruos la d.ferencia de los dos sistemas en la marcha industrial, nos revelari también cu4l do los dos va adquiriendo mayor pre-
tiempos de
ponía de una manera arb.írana de la datriDu
r“ri Reunidos ts"ua'!‘’Iís daba aplicacioui Sibuyéndolos entre los diferentes miembros. Este er» el sistema de distribución por autoridad absoluta, que he*
-fl
mos definido con el nombre de sistema elemental.
La familia necesitó después de artículos que no alcanzaba con su producción directa, i buscó el aiisilio de tribus o familias estrañas que no estaban sometidas a la autoridad del mismo jefe. Los cambios que en este caso se bicieron entre una i otra familia salieron del dominio de la autoridad, i quedaron sometidos a la voluntad libre e independiente de los contratantes. De aquí vino la primera mezcla del sistema de distribución por libertad. El comercio eslerior i el cambio suponen la libertad.
Pero, prescindiendo de estas modificaciones que en la distribución introduce el comercio esterior, en el seno de la misma familia patriarcal, se observaron ciertas modificaciones que fueron haciendo variar de una manera mas o mónos estensa el primer sistema de distribución.
La autoiidad del jefe, que en las familias reducidas había podido estemlerse a todos los actos de la misma familia sin limitación alguna, no pudo mantenerse en igual estension, unatezque las familias llegaron a contar con una población mas numerosa,
A la famili i patriarcal sucedió la tñhu\ i en ésta la intervención del jefe, aplicada a una esfera de acción mas estensa que en el primer caso, se debilitó por su naturaleza. Introdújose entónces el sistema del peculio. Va que el jefe no podía vijilar por sí mismo todas las operaciones do los miembros de la tribn, se sustituyó, a la vijilancia de la autoridad para el trabajo, el estímulo que resulta de la conveniencia de los individuos.
Aquí notamos otra intervención del sistema de distribución por libertad en la primitiva distribución por autoridad absoluta. Esta va perdiendo en su intensidad, a medida que se aplica sobre poblaciones o tribus mas vastas. A la autoridad de un individuo, sucedió vlespues la autoridad de la lei; i la organización de la sociedad se estableció por el sistema de castas, en el cual se determinaron por la lei misma la distribución de los individuos entre las diversas {irofesionea i la aplicación do los productos. Entónces se
Vib6rl3-d d^l ioüi*
dejó un campo mayor de acción c
viduo. • , ae castas i a 'os demas sistema
A, esta organización de ¿¡stribucion de las ri-
postenores de organización en en las
^quezas. han sucedido en una mis-
a" Tut - oonptban en una prnieslori in-
'ti—
individuo podía eiiUai en ^ autoridad; pero
dose a preceptos ^ como en los primeros
ya ésta lio ejercía lauta m i ordenanza para
tiempos, Bastaba conviniera al carácter
eleür la operación indusiua q
o a las aptitudes de los in m no tampoco
feto eisteiua de corpora impulsaba a
soportar al üo los campo de acción mas
los individuos a buscar todavía uu cami
eateuso l Ubre. ^««onarecldo por fm, i con ellas
US ‘"L^pnede llamarse sistema elemen-
los ültimos testos de In que pneue
lal de distribacion por ^ autoridad en
El, el dia alguna intervención o nsma^^
U Industria, Es adelante, seme-
ciertas materias, i, según Wn. pero es lumeii-
jante iiiterveiiaou seta «'“nipi P
sa la distancia entre et panto de pat una
las sociedades han llegado. . g) establecimiento
La iiiltoduccion del come ¡.miviauos lian ido íor-
de los contratos, el juieio que os áltenlo i el es--
mando acerca de su propia ^^,eio de sus tacuUades
timulo que han encoiiuad ' je lejislacion, han
individuales, en la m as n la
contribuido a que cada día vay S , |.,^ertadi
calera de acción del sistema de drstribnc 1
i 22 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.
sistema a que aspiran lioi todos los hombres, procurando
que 1 -^autoridad en todo caso se concentre dentro de los límites indispensables.
En la Economía Política, lo mismo que en la Política propiamente dicha, se considera como el mejor gobierno el que menos gobierna, el que deja mas libertad de acción al interes particular. I parece ya asegurado para siempie el predominio de este sistema de distribución por libertad, sobre todos los otros sistemas condenados por sus resultados prácticos en la historia.
^ La anterior esposicion de la marcha histórica de los dos sistemas de distribución de las riquezas, nos manifiesta que uno i otro tienen diversas condiciones de existencia. Util será averiguar si ámbos pueden existir por sí solos i cuál ha de ser la intervención necesaria (|ue, en la distribución por libertad, debe tener la autoridad en las sociedades organizadas.
Hemos visto que el sistema de distribución por autoridad ha existido en los primeros tiempos, sin mezcla alguna del s.siema de distribución por libertad. Cuando se hallaban org inizadas las familias patriarcales, era la autoridad la única dispensadora de los productos, la única
que aplicaba los esfuerzos de los individuos a la producción. ‘
^ El sistema de distribución por autoridad puede existif lisiadamente. Sei*á conveniente o perjudicial, materia que hemos de estudiar mas adelante; será mas o ménos deslavorable al progreso económico; pero es indudable que, atendida su misma naturaleza, es susceptible de vivir ais-
toiiir^ ^ organización in-
No sucede lo mismo con el sistema de distribución por
libertad. Para convencerse de ello, basta observar que es
imposible la prescindencia absoluta de un gobierno cual-
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. ISS
quieia en la marcha de la sociedad. El hombre es por su naturaleza sociable, i, colocado en la sociedad, no puede ser árbitro supremo de sus actos i de la raoralidad do sus obras. La teoría que hace de cada uno un estado independiente, que se maneja por sí mismo en sus relaciones con los demas, es una teoría absurda e imposible. Desde que en toda sociedad debe haber un gobierno, es indudable que el sistema de distribución por libertad no puede existir por sí solo. Tiene ciertas limitaciones, por mas que se desee ensanchar la esfera de acción de los intereses individuales.
Estas limitaciones se hallan en la organización de la familia.
en lo relativo a los impuestos i en la ejecución de los contratos i obligaciones en jeneral. ^ , • j- -j
En efecto, sabemos por la esperiencia que .os individuos
no nacen en aptitud de Lrab ijar; que en sus primeros anos no pueden alcanzar por si mismos los objetos q para su consumo; i que no tienen fuerza para ello, m el inicio capaz de aplicarla, una vez que por el desarrollo de la edadí^^e.nen a tenerla. Sí, pues, el individuo en los primeros años se encuentra en una situación de dependencia ppcesaria. debe liaber, por una parte, obligación en los qu forman esa familia, de cuidar de la existencia de los seres
nue bajo la responsabilidad del padre, se traen a la vida, 1
Obligación en los miembros de la misma ^ ners^e en esa situación de dependencia. Mientras la libertad es imposible, la organización de la familia esta sujeta, consiguienie, a la auuridad. Es uaa liuiitanon precisa de .=
la organización por liberlad* ^
Lo nue sucede eu la familia, se nota también en la ejecución de las obligaciones. Proceden islas, en yeldad, eq su mavor parle, del acuerdo libre i espoulaneo de los contratames: pero temlriaii bien poca eficacia, s. "<>
un poder que biciera efectivas las convenciones.
idad de la eiecncon que viene de la ¡iitervencioM de un
poder eslraño, es iudispeiisable para dar segundad i aliento
en las relaciones de los individuos.
Claro es que la ejecución de las obligaciones da también
a 1a autoridad una intervención necesaria. 1 al hablar de obligaciones, tomamos esta palabra en un sentido jeneral. No hablamos solo do las convenciones que se hagan entre dos o mas individuos voluntariamente, sino también de las obligaciones de un particular para con otro, en virtud de las relaciones naturales.
Por limitada (pie sea la intervención de la autoridad, debe, pues, hacerse efectiva en el cumplimiento de las obligaciones recíprocas de los individuos entre sí, lo cual comprende la justicia que hace ejecutar las obligaciones i la policía que previene los crímenes.
Estos servicios en favor de la comunidad no se Incorporan ni a un objeto, ni a un individuo determinado. No pueden en consecuencia ser satisfechos por el sistema de distribución por libertad; i resulta de aquí que están sometidos al de autoridad los medios de alcanzar la remuneración de estos servicios, o, lo que es lo mismo, el esiablecimiento de los impuestos,
“ El sistema de distribución por libertad tiene, por consiguiente, las tres limitaciones necesarias de que ántes hemos hablado: la organización de la familia, la ejecución de las obligaciones i prevención de los delitos, i la organización de los impuestos para renm aerar los servicios públicos.
Los dos sistemas coexisten a la vez; i si, como despnes lo veremos, las ventajas se hallan en favor de la distribu- -cion por libertad, nuestros deseos deben reducirse a que la distribución por autoridad solo tenga cabida en cnanto, para la marcha de la sociedad, sea absolutamente indispen-
sable.
Tal es el fin de las aspiraciones déla Política propiamente dicha.
de la Economía Política,
IV.
A primera vista parecerá tal vez absurdo indicar que el sistema üe distribución por libertad está sujeto a procedi-
muso DE BCOSOMU POLITICk.
miento, mas fijos que el
efecto, con distribución por libertad iodi-
8C que baya mas ® mandatos fijos i ordena-
vidual que en a o iserv aserción es completados de la autor^ad por autorid.ad,
mente exacta. En v,«vimiento déla industria es
la única fuerza que diuje e i individuos, según
U autoridad mistua de uno o nnn-
sea la organ.zacwn de p^d
sigumnie, su^ta ^ inaciones, a su conoct-
mandan, a sus D procurar el bien-
miento o a -/no-ncta de tóqte P
Xnt^i'd^Cr-ndatlseJ.»
autoridad establece " ^^JnbUuales de los individuos. Cei de distribución por en ^qoe a pn-
mera vista no dirijiéndolas al
rn:~un, eaisie,' sin embargo, esta fuerzadenn poder considerable. .¿nnl que, colocado en ar-
Esta demas, viene a establecer un
monía con el ínteres .-placiones. Procúrase alean-
principio que ‘'"“'““¿n pM costó del menor esfuerzo, zar el mayor resultado posib
1 este sencillo n„„sumo, viene a eslable-
Ter las bCs d“ una distribución conveniente de las rt-
nritema de distribución
mismo, el sistema de cam 10, organización delain-
particular; i esto inlluy q convenientes para
dustria se establezca lo que mas
e, desarroiio d» >a -c.ed^^C^^^^^ cm Je conviene; iparaencom
conveniencia ajena. „¡,rticular resulta el respe-
De este pnncipiu del ínteres pan