Tratado elemental de economía política · Capítulo real 3 de 5

Libro segundo · Circulación

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 52 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

126 CÜRSO DE ECONOMIA POUmA,

to (le los demas intereses, i de esta combinación de los diversos intereses particulares, el interes i las ventajas jerierales.

Eq la práctica casi no se concebiria cómo la autoridad pudiera administrar de una manera conveniente, sin mezcla alguna de la libertad, poblaciones que cuentan muchos millones de hombres de distintas inclinaciones, de diversos caractéres. Aun no se concebiria como pudiera abastecer a una población numerosa, de los variados objetos que constituyen su consumo ordinario.

Abandonada la organización al sistema de distribución por libertad, se nota en la práctica que se satisfacen ámpUamente todas las necesidades con una precisión inconcebible, i que, sin mandato alguno de una autoridad estraila, sin otro móvil que el interes particular, se arregla esa organización de la manera mas favorable al interes de cada individuo i a los jenerales de la sociedad. Esto se debe como lo hemos dicho, a la intervención de una fuerza mas poderosa que la autoridad misma, el interes particular, fuerza que se manifiesta en la lei de la oferta i del pedido,

^ Basta lo>spuesto para dar ¡dea del sistema de distribudon*

Entrando en mas latas espbcaciones, anticiparíamos ideas que tienen una colocac ion mas oportuna en otra parte. Por ahora basta comprender que en el sistema de distribución, lo mismo que en la producción i en el consumo, el principio dominante es el deseo de obtener ti mayor resultado con el menor esfuerzo; que bal dos sistemas de distribución que pueden llamarse elementales, el de la libertad ¡ el de la autoridad; que estos diversos sistemas coexisten en la sociedad, i que es de desear que prevalezca el primero sobre el último, i que se dé a la autoridad solo |a intervención escasa que le corresponde por necesidad;

CAPITI’LO lí.

análisis del cambio i LEI DE LA OFERTA 1 DEL PEDIDO.

I: Del cambio entre cIjs individuos aislados: su causa remota: su causa inmediaiti qué ind viUuos: qué objetos tienen mayor poder de cambio,— U: Del cambio con competencia; sus ^enlajdS. — ill; Idea jeneiai do U lei de la oferta i dcl pedido,—i\: Método para la esposicion de esta misma lei.

' En la primera parte de los estudios hemos supuesto (Jué no iuii otro medio, para la adquisición de las riquezas, (¡ue la producción directa.

En la distribución, estudiamos dos medios de adquisi-

12X

que en los dos sistemas, tipos de distribución, hai fuerzas distintas que arreglan la sociedad, la autoridad i el ínteres particular, i por último, que de ejtas dos fuerzas, la primera, que aparentemente podría organizar mejor la distribución social, es mas caprichosa en sus causas i eo sus efectos raiéntras que la última viene a establecer la armonía entre los diversos intereses i la mejor organización a que es dado aspirar.

( Puede decirse que el sistema de distribución por autoridad en sus detalles está fuera de los límites de los estudios econónicos. Muestras esplicaciones sobre él no pasarán del desenvolvimiento que les hemos dado, i reservaremos nuestros estudios para el sistema de distribución por libertad o sea sistema del cambio.

Vamos a espi esar cuál es el oríjen del cambio, cuáles 1?3 clasificaciones a que se presta, cuáles los resultados de los diversos cambios, cuáles los inconvenientes i las limitaciones que encuentra. Concluiremos los estudios relativos a la distribución ds las riquezas estableciendo una comparación entre los dos sistemas elementales, para conocer la influencia de cada uno de ellos sobre el movimiento económico, considerado en los elementos que lo

nVPn _

4 CURSO DE ECONOMIA POLITICA,

cíon: la producción directa, i la producción indireaa pot

medio del cambio. Vamos a indicar las

éste se realiza, la espl.car f

se trate del cambio entre individuos aiblaüos, y

“"etnoixisteen las sociedades no se encuentran individuos enteramente

sociedad; pero se estudia a

íácil comprender el orijen del camoio

pío nos manltestará con bastante claridad los antecedentes elementales de la teoría del cambio, que moTa esponer. Dos hombres

lecho una caza abundante, i, a mas de la ^

„e necesaria para su consumo de uno o dos d'aS'

sobrante que no puede emplear en ese tiempo. El otro ha

corlado ula cantidad do leña, i siendo ésta masor qu

que os indispensable para su consumo, caiec

carnet o la tiene en cantidad muí escasa.

que, colocados en esta situación, juzguen ^^menié

?eu ente cambiar entre si los «^jetos que ^

necesiuu, i procurarse de ^ m^bo.

sus necesidades. El que tiene eaine, i ^

estará dispuesto a dar una cantidad de esa

beriarse del trabajo de cortar la lena: i e q

brame de leba i escasez de carne, proomará obtenei algo

de la carne sobrante del primero, oedieodo una p

“ttta"on, discuten acerca de las condiciones con arreglo a las cuales veriticaráu su trato; ., cuando se ponen de acuerdo acerca de la cantidad que ‘C“1>‘0 Lote bao de cederse de la riqueza de que ““e» s< branle se llega a verUicar el cambio que no es otra cosa que / „ún coiilralo en virtud del cual se cede un objeto, recibien- / do olrSTlel individuo o iiidividoos que loman pait

f convención.»

nirso DE ECOSOMU POLITICA.

,a relación ent're los dos

mui variable. Puede JiePa, o que tan solo se

libra de carne por dos q_ Estas

cambie un '“,!era indefinida, pero, para que

relaciones vanan de una mgispensable que los dos

el cambio llegue a ''coflcmse^ contratantes se pongan de acuer

entre los productos. por cuatro, o

se verificará el trato a ^s Lcesario que

en una relación cualquiera. t ¡„,.idad a la verifioaesta relación se determine con antei.o

cion del cambio. ,„;ncado ese cambio’ ¿Por qué

.ahora ¿por qué se la q„e ra-

se verifica en una relación tal

mos a esplicar de ‘i’ establece. Indicare-

cedentes sobre los cambio en je-

^iresp- -

fe’p— P- So qnélodlvlduos 1 qué riquezas tienen mas tuerza en el “7‘°l„Kle-er los preliminares de Como lo hemos dicho al *;[7¡,rltacoio« do las la distribución de las ^ i„„;cn directa i la pronecesidades bal dos met ios. , ^ obtiene por medio del

duccion indirecta, que es a q . ^ o,m mismo. El

cambio. El P^'“=-'P'7°“‘7 ml^rresiiltado posible a iudividuo trata de este principio, se decosta del menor ti abaj , , o llenar las necesidades

dicará a la producción diiect. ' ^,e producir con

que esperiinenta, si tiene ‘ de su consumo, o

mas facilidad por si miso » ¿ ¡.idoii por medio del

aceptará, por el te arbitrio podrá llenar sus

cambio, si coosMom qn^- este m J,

necesidades a cosU c.antidad cuatro de carne,

si juzga, que paia . - í ^iiserva que, par.» ad-

trabajari dos eJrne cambiándola polola leña

-...¡..•ir in misma caulidad ue ca

18Ü Cüfiso D£ ECONOMIA POLííltiA,

que él produce, puede obtener cuatro de carne por dos de leña que él corta en una hora, aceptará la adquisición por el cambio, l’or consiguiente, la cansa primitiva que lleva al individuo al cambio, no es otra que el principio que ya hemos indicado, a saber, obtener el mayor resultado a costa del menor esfuerzo.

Hablando en jeneral, es indudable que la adquisición por medio del cambio es siempre raénos costosa que la adquisición directa por el trabajo; lo cual no es mas que uua consecuencia de las observaciones que hemos hecho a propósito de la división de operaciones.

Si un individuo hubiera de contraerse a producir por sí solo los variados objetos de su consumo, apénas podria llenar de una manera imperfecta las necesidades mas escasas i en una escala mui reducida. En el sistema de cambio acontece lo contrario. El hombre puede tomar una ocupación esclusiva, adquirir en ella toda la habilidad que da el hábito, aprovechar todas las ventajas que resultan de la división del trabajo, i, produciendo uua cantidad considerable de ciertos objetos, obtener por medio de éstos todos los demas que necesita. El cazador iutelijente podrá adquirir en una hora el doble i el cuadruplo de lo que, con relación al mismo artículo, podría producir el que tuviese ocupaciones variadas. Por esto es que se ha establecido de una manera jeneral el sistema de cambio. Por esto todos los hombres se emplean en ocupaciones especiales, i adquieren por ese medio los objetos de su consumo.

Esta esplicacion nts manifiesta cual es la ( ansa primitiva del sistema de cambio. Pero no basta para darnos una idea cabal de los motivos cu virtud de los cuales se verifica en una proporción mas o menos favorable a cada artículo. Con esto solo, no conoceriamos por qué en el ejemplo de que hemos tratado, la carne i la leña se cambian en un momento dado en la ¡troporcion de una libra a dos quinta’cs; ni nos esplicariamos las numerosas variaciones que se esperimentan en la relación de los productos entre sí. Para esto debemos examinar las causas inmediatas de esas reía-

A. eu el análasis de los moti-

«ToS To ; uno ¿f-. ~ - -

do, i examinados de una manera entre

de cada uno de ellos, encontiamo q ambos cierta ludia para obtener El que

parte mas considerable en re necesariamente en dos

ine ,a carne, por ^,„aucirla. i

cosas: 1/ cual es el trab.j u , ^

cuál el trabajo que le ^ ^ la ne-

necesidad tiene Jsperimentará de

cesidad que el poseedoi

la carne. Recíprocamente el tened ^

también en las msmas ^ obtener por sí

cnesta producir la leu i otro tienen

mismo la carne, i ^ trabaio para producir

ae estos arliculos. Si por ejemplo, ^ J

una libra de carne es de una hora, ' ^ „„

cir un quintal de lena es tam 1 ^ ^ en la pro-

molivo pata que la lena b jje„diendo solo al tra-

porción de un quintal a u ' ’ • artículo. Pero

ij, ..a -i-

puede sucedei que las ^ .^nin rarne tenga neceproporciou. i que el tenedor ^ de la

sidad de la leña como uno, miéntias que

Ma esperimente ^ a

diendo entonces a la i uoa libra,

cuatro, o sea, de cuatro ^ e tratan toman

Tales son los puntos de vista q ¿ ¿ la nece-

en consideración en el cambio ais a . acuerdo, el

sidad. Cuando las dos volun a P ^

cambio se ajusta. Asi, 1 ^ necesidad en

está en relación do un quintal ^ " ajustarla probablerelacion de cuatro a uno, el Si la

mente en la relación de cuatro quintales a una

necesidad i el trabajo fuesen diversos en su relación, según el juicio de los que cambian, la relación entre los dos pro* ductos variaría también.

Vemos así que el cambio aislado, que es el que se realiza entre dos individuos, es enteramente personal. Está sujeto a las apreciaciones que uno i otro hagan acerca del trabajo i acerca de sus necesidades recíprocas, i puede suceder en consecuencia que ese cambio llegue a verificarse en condiciones enteramente desfavorables para uno de ios tratantes. Esaú cambió su derecho de primojenitura por un plato de comida, para satisfacer su hambre. El se decía «¿de c{U9 le sirve la primojenitura a un hombre que está para morir?»

De las esplicaciones anteriores resulta que, si se consi - dera a los individuos, tendrá mayor poder de cambio el hombre que sienta raénos necesidad de los artículos que se le ofrezcan i que necesite de ménos trabajo para producirlos. Un individuo como éste, no está sometido a esas necesidades de satisfacción urjente que obligan a ceder una gran cantidad de otros productos, para adquirir el que es de indispensable consumo. Aun colocado en esa situación estrema de tener que ceder muchos productos por uno que le es absolutamente necesario, puede adquirirlo fácilmente con el trabajo propio.

En cuanto a los objetos, considerados en sí mismos, tendrá mayor poder de cambio el que sea de adquisición difícil i que satisfaga necesidades importantes.

Una vez que el cambio se hace frecuente, que se acostumbran los individuos a producir uno o pocos objetos determinados, obteniendo con ellos los demás que les son indispensables para su consumo, el cambio coloca a la sociedad en un estado de cooperación. Divídense las operaciones, contráese cada uno a producciones especiales, i se obtienen así todas las ventajas que hemos esplicado al tratar de la división del trabajo.

No puede decirse, con todo, que el cambio sea productitivo para la sociedad en jeneraU El cambio produce para

el individuo, le permite obtener las riquezas por la producción indirecta; pero no produce para la sociedad, esto es, no aumenta las riquezas que en la sociedad existen. En efecto, el individuo puede adquirir por el cambio, puede hacerse mas rico con él, siempre que lo emplee de una manera conveniente, como lo baria adquiriendo muchos productos, con la cesión de pocos. La sociedad no puede obtener iguales ventajas, ya que el cambio no es mas que una Operación en virtud de la cual los objetos pasan de una mano a otra, sin que aumenten las cantidades que de ellos

existen.

Hasta aquí hemos estudiado el cambio aislado, para esponer condiciones fundamentales de la teoría que vamos a desarrollar. Pero en las sociedades modernas este cambio aislado propiamente no existe, porque los individuos se encuentran ya constituidos en estado de cooperación. Han podido apreciar las ventajas que del cambio resultan, i todos procuran adquirir los objetos de su consumo contrayéndose a la producción de artículos especiales con que obtienen los demas. Lo que hai en las sociedades modernas, no es, pues, /cambio aislado, que es el que se realiza entre dos indivn- / dúos: es c^bio con competencia, que es «el que se verifica entre varios que ofrecen o piden un mismo objeto.» Continuando el ejemplo que hemos indicado al hablar del cambio en la situación del aislamiento, podemos suponer, en vez de un individuo que ofrezca leña i otro carne, dos que posean cada uno de estos artículos. ^ En este caso los motivos de cambio son los mismos: el juicio sobre el trabajo que cuesta la producción de cada uno de los dos artículos que se van a cambiar i el juicio sobre las necesidades recíprocas; pero el cambio deja de ser ya tan personal como ántes i llega a realizarse precisamente entre los que se encuentran en condiciones mas desfavorables. Así, en el caso anterior, de los dos que tienen leña, el primero esperimen-

d3A CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

tara necesidad de carne como dos, i el segundo como uno.

Es claro que el que sufriera esa necesidad como dos, si se encontrara en la situación de aislamiento i tuviese que verificar su cambio con un solo tenedor de carne, estarla en una situación mui desfavorable. Pero lo mismo que sucede con el tenedor de leña acontece a los tenedores de carne. Uno de ellos esperimenta necesidad de leña como dos, i el otro tan solo como uno. Si hubieran de cambiar el que tiene necesidad de carne como dos i el que solo tiene necesidad de leña como uno, el cambio habría de ser necesariamente mui desfavorable al primero; pero lo natural es que en este caso el que siente necesidad de carne como dos i el que siente necesidad de leña también como dos, sean los que primeramente lleguen a ajustarse en las condiciones del trato, porque estarán dispuestos a cederse recíprocameiiíG mayor cantidad del objeto que uno i otro poseen. El cambio se verifica, por consiguiente, en este caso entre los dos que esperimentan una necesidad mas fuerte del artículo que piden i que tienen a la vez mas productos que dar. Se quita al cambio en mucha parte su carácter de personal. El juicio sobre las necesidades no puede hacerse ya de una manera tan directa. I esto se concibe de una manera mas clara todavía, si en vez de dos individuos tenedores de los artículos que entran en el cambio, imajinamos rail o mas, como de ordinario los hai en las sociedades rao ernas. En tal caso el cambio viene a hacerse en cierta manera prescindiendo de la estimación de las necesidades recíprocas i atendiéndose principalmente a la abundancia o

escasez de los objetos.

Esto nos hacer ver las considerables ventajas que para los que cambian ocasiónala competencia; ventajas que pueden concretarse en las tres siguientes:

1.* El cambio con competencia im'pone ménos sacrificios a los que cambian. demostración de está verdad no es mas que la aplicación exacta de lo que ántes se ha dicho. El cambio llega a realizarse entre aquellos que recíprocamente tienen mayor necesidad de los objetos que se cam-

Cl'fiSO DE ECONOMÍA POtlTlCAi 135

bian. Puede sucedeT que los demas continúen con posterioridad en el cambio; pero lo mas probable será que lo realicen en este caso en condiciones diferentes a los primeros. Así en el ejemplo anterior, si los dos que tienen necesidades mas fuertes se han hallado en disposición de cambiar en la relación de un quintal de leña por una libra de carne, los que tengan necesidade.s ménos imperiosas podrán cambiar en una proporción distinta. Puede haber algún tenedor de carne que se halle dispuesto a dar una libra por un quintal i medio de leña, i un traedor de leña que desee cambiar en esta misma proporción. »'n tal caso se veíifioa un nuevo cambio en la proporción de uno a uno i medio, i no en la proporción de uno a dos, colno ántes. Las relaciones varían, pues, de una manera indefinida. Peí o en todo caso los que esperimentan necesidades mas urjontes, son los que mas luego se ponen de acuerdo para cambiar i se hacen necesariamente concesiones recíprocas, puesto qué tienen necesidades que se pueden calcular en igual

cantidad.

2.“ El cambio con competencia tiende a satisfacer con facilidad las necesidades, por lo bajo del valor. —Esta es también una consecuencia de lo que ántes hemos dicho. Colocados los individuos en el esUado de cooperación, mediante el sistema del cambio, se dividen las operaciones; se producen los artículos en mucha abundancia; i se cambian después entre los que esperimentan necesidades reciprocamente iguales. Se dispone de un gran número de productos adquiridos por la división del trabajo, i se cambia entre individuos que se hallan en igualdad de condición. Es natural, por consiguiente, que cada uno de ellos obtenga del cambio mas que lo que habria podido obtener por su trabajo propio, conlraido a operaciones varia-

' das.

3.» La competencia da al cambio un carácter mas impersonal la lucha del cambio aislado, todas las desventajas se hallan de parte del que tiene necesidades urjentes. En el cambio con competencia se prescinde de las

-HH

136 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

personas, para ocuparse tan solo de los productos. En lal situación, no es ya posible encontrar esos sacrificios personales i duros que se notan en el cambio aislado. _Uii dereclio de priinojeiiitura no se cambiaría por una cosa in-

significante.

lll.

Con las espUcacioncs que hemos dado acerca del cambio entre dos individuos i del cambio con competencia, podemos establecer ya las bases do la lei que gobierim lodos los cambios, lei que se llama de la oferta i de^edido i que se puede definir diciendo que .es ' Jn principio en virtud del cu.al, el valor de los objetos, aumenta por una diminución de la cantidad ofrecida o por un aumento de cantidad pedida; i disminuye, por un aumento de la canlldad ofrecida, o por diminución de la cantidad pedid . ..

Entran, por consiguiente, en esta lei tres términos divet - sos: ia oferta, el vediio i el rator. Leerla no es otra cosa «que la cantid.ad que de un articulo se presenta pa a «mbiarla por otra que se llama cantidad Peto ^ /

procaineiite, el pedido es, por abrevcacion,

I L objeto que"17MÍrcita en cambio de otro que se P e

sentaií Es claro que la oferta de un articulo determina ey

pedido de otro, o, lo que os lo mismo, que ^

Ll pedido hai cierta relación que se observa en el cado, esto es en «el lugar en que se verifica .el^^sL.^ /uTbal diferencia entre el significado de esta palabra e . el uso común, i el significado que le damos en Econ„m a

Política. .l/erca¿a, en el lenguaje coiiiuii, esel lujaren que babituabiiente se celebran los

í-olitica, es el lugar en que se celebra un ^

i;i resultado de esta relación entic a .

do da d valor que es «eljoder de cambio de una n.ei_

'tnlató de la oferta i del pedido, b.ai un elemento que puede llamarse positivo, cm relación al valor, i otro qi

CURSO DE ECOltOMlAbOLlTICA,

,e puede llamar negativo. El primero es el pedido; el se-

* la oferta. El valor aumenta por un aumento dd pe

di, •; disminuye por una llá

El pedido se encuentra, poi consigo

ella en relación inveraa. , .

Las numerosas variaciones que puede haber en 11

se manifieslan por ^ t 1 como puede suceder que, a la vez, cam . minos oferta i pedido, sucederá en tal caso que, pt c terminar cuándo el valor sube o baja será necesano mar las variaciones que en los dos términos compararlos. Si, por ejemplo, el aumento

como cuatro, i el aumento en el pedido es “ ’

bii un antecedente para calcular que el ;

noraue el aumento de la oferta es superior al aumento d pedido, r.eciprocamenle, si el aumento del L.bo, i el aumento de la oferta solo como cuatro, había u

antecedente para que el valor ^

en el au nento del pedido es superior a la oferta. No evlste, sin embargo, u na télacon matemalic entre estos dos términos, valor i oferta o pedido, ^ede

suceder en muebos casos, i sobre ‘«'o ^ , ,

culos de necesidad mui urjent e, que la diminución de U oferta en la cantidad dos, dé un aumento de valor majo quedos. Asi, por ejemplo, cosecbin lose, en ^ y® mil fanegas, setenta i cinco rail, si la relación en <

lor i la oferta fuera matemática, el alimento del vaioi debeiia ser solo de una cuarta parte, raiéiitiasque en .a piac tica se observa que la diminución de la cosecha en una cuarta parte, puede aumentar el valor de los granos, quizas a la mitad. Lo que viene a indicar esta Ici no es, poi consiguiente, una relación precis nneiite matematic.a , sino una tendencia a la diminución o al au ment o del valor, según sean las vari-aciones en la oferta i en el pedido. Esta tendencia es de tal naturaleza que no bai contrapeso alguno

438 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

que oponerle. Es una verdadera luerza, un verdadero poder capaz de arreglar el valor o de organizar la distribución de las riquezas.

El valor, (pie después esplicaremos mas estensarnente, no solo es efecto del canabio; puede también llegar a ser causa del cambio mismo. Así, por ejemplo, si se ha cambiado, por circunstancias escepcionales, en la proporción de veinte de lena por uno de carne, siendo las condiciones ordinarias en el trato de diez de leña por uno de carne, habrá muchos que procuren obtener la leña, que ha bajado tan considerablemente de valor. En tal caso, la baja del valor vendría a ser una causa de cambios posteriores. Las variaciones en el alza de los valores no tienden a aumentar

los cambios. Las variaciones en la baja son una causa de ese aumento.

IV.

Cuiados por el deseo de observar en la esposicion el Diétodo mas rigorosos que nos sea posible, vamos a esplicar cómo esta fuerza llamada lei de la oferta i del pedido arregla la aplicación de los individuos a los distintos trabajos i la distribución de los productos entre los hombres, esto es, cómo organiza el sistema de distribución.

La última parte relativa a la distribución de los productos entre los diversos individuos comprende varias materias. Las esplicaremos en el órden siguiente:

1. ® Análisis del valor en su esencia i en sus diversas formas.

2. ® Intervención de la moneda en el cambio. Si bien deberla tratarse esta materia con posterioridad a varias otras relacionadas mas íntimamente con el valor, creemoSj sin embargo, útil anticipar desde luego algunas ideas sobro ella, porque hacen mas comprensibles las esplicaciones que daremos respecto de las demas»

3. ® Estenslon del sistema del cambio por la intervención del eró (lito,

CORSO DE ECONOMIA POimCAr 130

A.® Formación del costo de producción, que sirve de base ai valor habitual; esplicacior. de ios elementos que cons-

tituyen ese costo i de sus variaciones-

5.’ CUsificaciou de los distintos capitales, i de las variaciones ordinarias i estraordiuarias, en sus relaciones de

valor.

Con estos detalles se comprenderá, cuanto es posible en un testo elementa!, cómo se verifica la distribución de loa productos entre los individuos. Podremos conocer enlónC0S, según lo hemos dicho, las limitaciones o inconvenientes que ofrece el sistema de distribución por libertad i com^ pararlo con el de distribución por autoridad,

DE LA. DISTRIBUCION DE LOS INDIVIDUOS ENTRE LAS DIVERSAS PROFESIONES I DE LA DISTRIBUCION DE LOS PRODUCTOS.

J; Introducción.— II: Qué es lo que determina la proporcionalidad entre el trabajo i la remuneración: algunas causas de esta proporcionalidad — III: Quiénes constituyen la oferta i el pedido i cómo se establece el valor en la remuneración de las profesiones.— IV: Cuál es la regla que en el sistema de distribución por libertad dirlje la de los productos entre los individuos.

Establecido ya el principio de que los dos objetos de la distribución de la riqueza son aplicar el trabajo de los individuos a la producción i distribuir entre ellos los productos que obtienen mediante sus esfuerzos, vamos a esplicar ahora, cómo, en virtud de la lei de la oferta i del pedido, se arregla en el sistema de distribución por libertad, tanto la aplicación de los individuos a los diversos trabajos industriales, como la repartición de los productos entre ellos.

II.

Los hombres obran siempre con el objeto de obtener una feinqneracion de sus esfuerzos; i es patural que, movidos

1/iO

por este aliciente, procuren tomar aquella ocupación que en el estado actual de la sociedad en que viven pueda darles una remuneración mayor. En esto no iiacen mas que b obedecer a un movimiento de su razón i al impulso de su

propia conveniencia.

No todos los trabajos, sin embargo, tienen una remuneración igual, ni lodos dan a aquel que en ellos se emplea una posición semejante. Se nota por el contrario que bal entre las diversas ocupaciones diferencias notables de remuneración efectiva, así como las hai en la estimación que de cada una de las profesiones se hace en la sociedad. Por esto podemos establecer como principio jeneral que «la proporcionalidad entre el trabajo i la re:nuneraciou se establece en ciertas ocasiones por la misma desigualdad de la remuneración económica.» Este principio que a primera vista no parece sencillo, lo es en realidad, si se examinan los diversos casos de desigualdad, i si se manifiesta, por medio de ejemplos, cómo es que esa proporcionalidad viene a establecerse por la desigualdad misma. El sabio, que ejecuta sus trabajos en gran parte movido por su amor ala ciencia: el artista, que procede por un gusto entusiasta para con su arte: el político, que obra por un deseo ávido de mando: la hermana de caridad, que perdigue como objeto principal una remuneración relijiosa, pueden contentarse, sin duda, con un salario o un sueldo mucho menor que el que desearían, si sus diversas ocupaciones estuviesen limitadas a la remuneración efectiva del sueldo mismo. La estimación pública, la remuneración lelijiosa, que son sus móviles principales, pueden compensar la escasez de la remuneración efectiva que alcanzan. Por el contrario si se trata de un trabajo que no goza de la consideración social, si se habla de una profesión, como la del verdugo o como la de un simple industrial, es natural que no existiendo otra remuneración a mas de la efectiva que dá el sueldo o el salario, sea ésta mayor que en los casos anteriores.

La totalidad de la remuneración de un esfuerzo se compone de distintas remuneraciones: unas sociales; otras

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 141

morales; otras simplemente económicas. Es natural, poj. *1

consiguiente, que, miéntras menor sea la parte que en esta remuneración quepa a ideas de otra naturaleza, a sentii mientos mas o ménos elevados, mayor sea también la

parte que se exija de remuneración propiamente económica. »

Viene de esta manera a notarse con facilidad la exactitud de la proposición que ántes hemos establecido: «la proporcionalidad entre el trabajo i la remuneración se estable- ^

ce por la desigualdad de remuneración simplemente económica.»

Se han indicado cinco causas principales en virtud de las cuales esta proporcionalidad de remuneración se esta- |

blece por la misma desigualdad de retribución ecocomica. i

Estas son: 1.* lo agradable o desagradable del empleo; J

2. * la facilidad o dificultad que ofrezca el aprendizaje; ;

3. * la constancia o inconstancia de la ocupación que procura J

I el empleo; á.® la mayor o menor confianza de que deben

I hallarse investidos los que ejercen una profesión i 5.* la

^ probabilidad o falta de probabilidad de obtener en ella un

buen éxito.

! ^ Claro es, como se nota a primera vista, que estas causas

no son las únicas que influyen en que la proporcionalidad de remuneración se establezca por la desigualdad de retribución económica. En la organización actual déla sociedad, hai muchas otras causas que producen iguales resultados; i como no es posible hacer una clasificación enteramente exacta, porque esto nos saearia de los limites que deben contenernos en un tratado elemental, nos referimos únicamente a la proposición primitiva, proposición fácil de enI tender por las esplicaciones anteriores, i que nos revela por

sí misma todas las variaciones en la proporcionalidad de remuneración.

Resumiendo lo que de esa proposición resulta, se puede indicar con exactitud que lo que se debe tomar en consideración es, por una parte, el elemento penoso, que se 11aj ma trabajo, i por otra, el elemento favorable o positivo, que

se llama remuneración.

142 GÜftSO DE ECONOMIA POLTTÍCA.

El trabajo es el sacrificio, i éste será mayor o menor según que el que lo ejecuta, encuentre o no una retribución para sus esfuerzos, fuera del salario mismo, en las consideraciones sociales o en sus ideas morales o relijiosas. Mayor trabajo habrá, en el sentido del sacrifieio, en las operaciones de un verdugo que en las de un alto funcionario público.

La remuneración, para ser equitativa, deberla guardar proporción con el trabajo estimado de esta manera. A mayor trabajo correspondería mayor remuneración; a menor trabajo, una remuneración también menor. Según este principio, los que se emplean en trabajos desagradables e insalubres deberían tener una remuneración económica mui considerable, para que ésta guardara proporción con el trabajo. El que se ocupa, por ejemplo, en poner los barnices en la alfarería, debería tener una remuneración mui alta, porque ese trabajo condena casi siempre a los que lo hacen, a una pérdida mas o ménos próxima de la vida* Asimismo, los que tienen una ocupación intermitente i solo pueden trabajaren su profesión durante cierta época del año, deberían obtener también una remuneración mayor.

Ke todas maneras basta espresar, sin insistir en nuevos ejemplos, que la proporcionalidad entre el trabajo i la remuneración es el ideal a que debe aspirarse como el ideal de la justicia i de la suprema equidad. De nada nos servirla sin embargo, esponer esta verdad, si, al hacerlo, no pudiéramos obtener otro resultado que el de manifestar cuál es lo justo i equitativo; si no hubiera alguna íuerza, alguna lei que en la práctica hiciera efectiva esta proporcionalidad.

Puesto que la proporción entre el trabajo i la remiiner_ ación se regla por la lei de los cambios, por la lei de la pfepta i del pedido, menester es examinar quiég conslitu-

! Cünso DE ECONOMIA POLITICA. 14á

ye la oferta, quién el pedido, i cómo se establece el valor en la remuneración de las distintas profesiones.

Fácil es contestar a estas preguntas, diciendo que cons- ! lituyen la oferta de trabajo todos los individuos que com-

ponen la sociedad, esceptuando solo aquellos que viven consumiendo un capital sin reproducirlo. Constituyen, por el contrario, el pedido lus qua poseen las riquezas existentes. 1 se establece el valor, lo mismo que en todos los casos jenerales, cuando llegan a convenir la voluntad del (jue pide i la del que ofrece.

En el vasto mercado de los cambios, los individuos buscan el medio de obtener la mayor remuneración posible, a

!! ersta del menor esfuerzo; pero como este mismo principió

los dirije a todos, en definitiva, siendo todos árbitros para adoptar. Salvo pocas esce pelones, la profesión que más convenga a sus intereses, la remuneración viene a establecerse sobre esa base de proporcionalidad, que hemos indi- |

cado, entre los esfuerzos i la remuneración.

Manifestaremos esto por medio de un ejemplo» Hai en una sociedad cien individuos, i de ellos, diez se ocupan en la profesión de sastre que llene, por hipótesis, una remuneración mui considerable con relación al trabajo. Si esta remuneración es muí crecida, es, sin duda, porque los servicios de los sastres tienen un pedido considerable, en I conformidad a la leí del cambio. Pueden ontónces los indi-

viduos ocupados en otras profesiones aceptar ésta misma de que vamos tratando, i sucederá en tal situación que, aumentando la oferta de sastres, disminuirá la remuneración que obtengan, i se llegará a la enunciada proporciona- ; lidad entre el esfuerzo i el trabajo,

I Supóngase que se trate de otra profesión cualquiera en

I que los sueldos sean altos. Los demas que están ocupados

en profesiones diversas podrán aceptar esta misma, i bajará en ella la remuneración basta el punto en que guarde I proporción con las lemuneracioncs de otros esfuerzos. Los

1; trabajos sencillos serán desempeñados por muchos, que se

|l preseataraij a hacerlos} ios trabajos delicados lo serw por

144 CL'flSO DE ECONOMIA POLITICA*

pocos: en una palabra, la remuneración tenderá a la pi'Oporcionalidatl de que tantas veces hemos hablado, en virtud de la leí de la oferta i del pedido. Habrá, sin duda, diferencias transitorias, habrá momentos cu que una profesión tetiga una remuneración desproporcionada con la jeneralidad de las otras; pero, en virtud del principio que dirije a todos los individuos, del deseo de obtener el mayor resultado posible a costa del menor esfuerzo, se restablecerá en poco tiempo este nivel.

La variación en los cambios, lo mismo que la variación en la remuneración de las distintas prolesiones, puede compararse con los movimientos del mar. Se notan olas mas o ménos altas, movimientos mas o ménos fuertes; pero todo propende hacia un, nivel común. Ese nivel en las distintas profesiones es la proporcionalidad entre los esfuerzos i la remuneración esplicada según lo hemos hecho de antemano.

La lei déla oferta 1 del pedido viene, por consiguiente, a hacer efectiva en la p.áctica la proporcionalidad de que hemos liablado; es la fuerza que produce la equidad. Sin embargo, debemos observar que no siempre, ni con relación a todas las profesiones, la lei del cambio puede hacer práctica esa proporción. Si todos los individuos fuesen árbitros paraelejir profesión, sucedería así. Por desgracia, hai profesiones que no están al alcance de todos, i por esto, al esplicar anteriormente la influencia de la lei de la oferta i del pedido, hemos dicho que ella seria la fuerza suprema para establecer la proporcionalidad, si no hubiera

cscepcioncs.

Pero los oficios son mui variados. Exijen unos el emp eo de largos años para que en ellos se llegue a adquirir la habilidad manual; présianse otros, por el contrario a su ejercicio desde el primer momento; i los hai, por fin, como los del obrero de carga, f[ue no exijen aprendizaje alguno. Por consiguiente, si todos los individuos contai an con los nied os para adoptar la profesión que mejor les |tarecieia, seria indudable que la lei de la oferta i del pedido hatia

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 14^

efectiva por completo lo proporcionalidad entre el esfuerzo i la remuneración. Como esto no sucede, según lo hemos visto, esta regla de equidad no se aplica en ciertos

Las profesiones que exijen un aprendizaje costoso i la - eo tienen una remuneración considerable. Los oficios que* como el de un simple obrero de carga, no necesitan do preparación prévia, eslán sujetos a una remuneración inni escasa. Todos pueden ofrecer sus servicios en este ramo do trabajo, i viene de ahí una tendencia natural a la baja de las remuneraciones en ellos.

En resümen, la proporcionalidad entre la remuneración jeneral i el trabajo se realiza por la desigualdad misma de la retribución económica.

La base de equidad consiste en que la remuneración guarde proporción con el trabajo o sacrificio. La leí o fuerza que hace efectiva en la práctica esta proporcionalidad es la de la oferta i del pedido. Sin embargo, como no todos los hombres pueden aceptar la profesión que mas les convenga, hai escepciones a esta base de proporción; hai trabajos que tienen una remuneración mas alta que la que alcanzarían en una aplicación completa üe la lei del cambio, i trabajos q^a solo tienen una remuneración mas escasa que la que podrían obtener.

Para que en la práctica fuese efectiva la equidad absoluta, preciso seria que todos los hombres tuviesen iguales medios para aceptar la profesión mas remunerada. Entónces desaparecerla, continuando el ejemplo ánies espuesto, la mayor parte de los movimientos que se observan en el mar del cambio, i se conservarla un nivel constante,

IV.

La misma lei de la oferta i del pedido que,' según lo tiemos visto, regla la distribución de los individuos entre las

proporción entro el es-

fuerzo i la remuneración, es, en el sistema de distribución por libertad, la que dirije entre los individuos la distribución de los productos que se obtienen con el trabajo.

Supóngase la situación que se quiera, examínense cualquieia piofesion, cualquiera industria, i siempre esta regla suprema vendrá a ser la guia de la distribución de los productos. Los individuos pueden estar colocados en dos situaciones: pueden vivir simplemente con los capitales que hayan acumulado, como rentistas; o vivir como hombres ocupados en un empleo cualquiera, como asalariados. En uno i otro caso, la distribución de los productos se realiza por medio de la lei de la oferta i del pedido. Si la ocupación que el individuo tiene en la sociedad es la de adininistiar por sí mismo sus capitales o la de emplearlos, por conducto de otro, siempre tendrá una retribución mayor o menor en conformidad a las variaciones que introduce la lei de la oferta i del pedido. Mayor o menor será su entrada, según sea que los capitales estén mui ofrecidos o mui pedidos. Si el hombre vive con los productos que le da una ocupación industrial, con un salario, ese salario estará también rejidopor la lei del cambio; su retribución, o, lo que es lo mismo, su parte en los producios estará sometida a la influencia de la misma lei; será mayor o menor, según sea que la oferta o el pedido de los servicios que él preste,

conduzcan a una remuneración alta o a una remuneración escasa.

No basta, sin embargo, esta sencilla esplicacion para manifestar todas las variaciones en la distribución de los productos. Preciso es estudiar estas variaciones con relación a todos los puntos de vista principales que se presentan en la distribución. 1 por esto es que, al clasificar laa materias de que nos ocupamos en la distribución du las riquezas, hemos asignado una parte mui considerable a estos diversos movimientos de los productos.

En los capítulos siguientes debemos esponer todas esas variaciones, ya en los capitales, ya en los gastos de producción, principiando por dar ideas todavía mas claras acerca

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 147

del valor i de la moneda, que sirve de ajenie intermediario en los diversos cambios, ¿

análisis del valor.

!• Oriien del valer: eximen de las teorías inventadas para esplicarlo: el valor nace ‘de lo* servicios onerosos del iralwjo humano. -11; Proposiciones fundamentales que corroboran la doctrina anierior.— llt: De cuantas clases es el valor; Irafio del valor habiiual\ id. del valor corrtanifl.

La idea del valor es abstracta; i como ademas es mui importante, porque da a conocer todo el sistema del cambio, insistiremos sobre ella, a fin de manifestar con claridad no solo en qué consiste i cuál es su oríjen, sino también cuáles son las variaciones que puede esperimentar ene!

curso de los cambios.

Al hablar del cambio, en jeneral, nos liemos ocupado principalmente de estudiarlo en cuanto a los de mercaderías. Al analizar los antecedentes que sirven de causa inmediata para que el cambio se verifique según una relación mas alta o mas baja, hemos estudiado también esos antecedentes, considerándolos con relación a las mercaderías.

1 por último, al dar una idea rápida del valor, hemos dicho que es el poder de cambio de las mercaderías. Hasta

aquí hemos atendido mas a las mercaderías mismas que a

lo que puede constituir en realidad el oríjen del valor; i,

si asilo hemos hecho, es por observannayor claridad, para

establecer ciertos antecedentes sencillos que nos permitieian apreciar con facilidad el valor, cuando nos ocupásemos

especialmente en él.

La verdad es que si hemos considerado el valor con relación a las mercaderías, no es porque pueda obtenerse únicamente con ellas; lo hemos hecho para materializar esta idea abstracta. Pero, ya que llega la ocasión de tratar con especialidad del valor en su esencia, debdOJOS espre-

148 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

Bar su oríjen, a fin de dar a conocer esta cocion por completo i de evitar los numerosos errores que resultan de una jntelijencia inexacta.

El valor ¿reside propiamente en las mercader/as? o si se estudia en las mercaderías ¿es por qué los servicios del hombre se incorporan en ellas? La solución que se dé acerca de esta pregunta, viene a revelarnos con tuda su claridad la idea del valor. Fácil es también contestarla. Todo producto que tiene valor supone necesariamente que se ha incorporado en él un servicio; iniéntras que no todos los servicios suponen necesariamente la existencia de un producto. Esto no es mas que un corolario de la clasificación que hemos hecho de los servicios en tres clases distintas: unos que se incorporan en la materia; otros que se incorporan o sirven a individuos determinados; otros, finalmente, que no se incorporan ni en un objeto, ni en un individuo determinado, sino que sirven a la jeneralidad. Siempre que una mercadería tiene valor, lo repetimos, es porque S3 halla incorporado en ella un servicio. Pero, como uo todos los servicios se incorporan, hai algunos que dan oríjen al valor por sí mismos; que valen sin estar representados por un producto, cualquiera que sea.

Esto se comprenderá mas fácilmente todavía por medio de ejemplos. En una ciudad hai una cantidad considerable de agua, i puede cualquier individuo tomarla por sí mismo para llenar las necesidades de su consumo. Meditando un poro encuentra mas conv enienle confiar a un tercero el

cuidado de que le lleve a su propia casa el agua que le es nc ispens.-ible, prestándole él, en cambio, un servicio dis-

ín íí ^ f 1 * I • " caso por sí mis-

ma. ¿No podría cualquier individuo haberla tomado gratuitamente? Es indudable que sí. Lo que contribuye a que valga es el servicio del individuo que, por medio del acarreo, se incorpora en ella: lo que vale, no es la materia misma que por su naturaleza es gratuita, esel servicio incorporado. Supongamos ahora que se trate de un médico o de un artista a quien se pide un consejo para la curación

» 4

r \ '

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 149

de una enfermedad o que manifieste las dotes de su espíritu para recrear la iiitelijencia de los que le escuchan.

El consejo del médico, el canto o la declamación de un artista no se incorporan en la materia ni se presentan en el mercado bajo una forma material, i tienen, sin embargo, un valor, ya que no se pueden obtener estos servicios sino mediante la prestación de otros servicios equivalentes. La base del valor se encuentra, por consiguiente, en el servicio, i si la mayor parte de los escritores de Economía Políl’ca, lo han estudiado principalmente en la riqueza, en la materia, es por dar a este estudio una forma mas práctica, considerando los servicios incorporados en la materia misma.

Por esto es que la definición mas exacta que se puede dar del valor, para eaplicarlo teóricamente i de una ma- ^ ^ ñera tal que evite toda duda posterior, consiste en decir que el^ valor es «la relación de los servicios que se cambian, sea que éstos estén o no incorporados en la materia.»

Se vé, pues, que el oríjen del valor está en los servicios, i que si lo que se comparan ordinariamente son mercaderías o riquezas, es para materializar el estudio i hacer

mas comprensible esta nocion.

Guiados por el mismo deseo de evitar en lo sucesivo todo error acerca del valor, varaos a indicar uno por uno los diversos oríjenes que se le han atribuido. Algunos economistas han dicho que la materialidad es una condición necesaria del valor qne sobre ella está fundada esta nocion.

Si con esta idea se hubiera querido manifestar que los hombres no pueden prestarse servicios recíprocos sino por el intermedio de sus órganos corporales, si se hubiera querido indicar que hai siempre algo de material en el servicio, semejante oríjen del valor no tendría nada de inex • acto. Pero lo que hai de cierto es que los qne han sostenido esta idea han sostenido también que el valor se comunica a la materia, ya por el trabajo del hombre, ya por la acción de la naturaleza. Entendida de esta manera la materialidad, que algunos exijea como condición necesaria

150 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

en el valor, se comprende, en virtud de las esplicaciones anteriores, que tal nocion es absolutamente inexacta.

Hemos visto que hai muchos casos en que existe el valor sin la materialidad, esto es, que hai ciertos servicios que no se incorporan en la materia i que sin embargo no ge prestan sino en virtud de una retribución. Por consiguiente, el valor no reside primeramente en el objeto material para pasar por analojía a los servicios, sino que reside en los servicios mismos i se puede atribuir para mayor claridad a los objetos materiales en que osos servicios se incorporan. En todo caso, es preciso no perder de vista que el orijen del valor está en los servicios, no en la materia misma. Las fuerzas de la naturaleza son gratuitas; solo la del hombre i los servicios son onerosos; solo éstos dan orijen al valor.

Se ha pensado también, i ésta no es mas que una consecuencia de la doctrina anterior, que el valor no existe, si no se encuentra fijado en algo que se pueda cambiar i conservar. Los servicios, se ha dicho, se pierden a medida que son prestados, no dejan en pos de sí ninguna huella de valor; para que algo sea vendible, es menester que su valor dure por lo ménos algún tiempo.

Hemos dicho que esta nocion acerca del valor no es mas que una consecuencia de la teoría anterior que lo supone en los objetos materiales. La verdad es, sin embargo, que para que el valor exista no se necesita de la conservación. Propiamente debe indicarse que tanto los valores que proceden de servicios no incorporados como los que emanan de servicios incorporados en la materia, concluyen en el momento mismo en que llega el consumo. El valor del servicio prestado por un artista trájico, por un cantor, por un médico, se consume, i no se conserva; de la misma manera que se consume también el valor de los servicios incorporados en la materia. Desde que se destruyen, el valor desaparece. La conservación no puede dar, por consiguiente, un orijen cierto a la idea del valor.

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 151

Se ha sostenido también que el valor es debido al trabajo, bajo la condición precisa de la materialidad. Si por trabajo se entendieran los esfuerzos costosos del individuo en contraposición a los esfuerzos gratuitos de la naturaleza, nada tendríamos que decir contra esta nocion del orijen del valor; pero fijando el trabajo corno único orijen del valor, sin esplicar el significado de aquella voz, se incurren en dos defectos que oscurecen la idea que se quiere esplicar.

Es mui conveniente que en toda definición se dé nocion exacta del objeto que se quiere definir. Miéntras tanto, sí se indica que el trabajo es el único orijen del valor, no se comprende que es indispensable la existencia del cambio para que el valor exista.

El segundo defecto es que se emplea una palabra cuyo significado puede ser vago, como ya lo hemos visto.

Si se sustituye a la palabra trabajo la palabra servicio^ se evitan estos dos inconvenientes. Se comprende que el valor no puede existir sin el cambio, puesto que se asevera que el valor es la relación entre los servicios cambiados; i esto evita también el enttar en nuevas esplicaciones acerca del orijen mismo del valor. Se comprende también inmediatamente que se trata de los servicios humanos, de los esfuerzos costosos del trabajo, que son los únicos que con el valor se remuneran.

Se ha dicho (1) que el valor tiene por fundamento la utilidad, nocion nueva respecto de las anteriores, pero como ellas inexacta. Si solo se tratara en efecto de la utilidad relativa de los servicios humanos, la teoría seria enteramente verdadera: pero el principio del valor se ba encontrado no solo en los servicios humanos, sino también en las cualidades útiles que residen en los objetos, en la utilidad suministrada por la naturaleza^

Choca, pues, esta nocion con lo que hemos espuesto an-

U) 5ay.

152 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

teriormente. El valor no tiene su oríjen en la utilidad; lo tiene en los servicios costosos del hombre; i la mejor prueba de esta verdad habremos de darla cuando comparemos la utilidad i el valor, ideas naturalmente distintas. Oríjen la primera de satisfacciones i de goces para el individuo, es la última un antecedente que supone una limitación, un obstáculo para que el individuo pueda gozar libremente i satisfacer con amplitud sus necesidades.

Según otro autor, (1) de todas las circunstancias que mas influyen sobre el valor, la escasez es la mas decisiva. Sin duda, éste es un antecedente cierto, mas no da una idea completa del oríjen del valor. La escasez puede observarse, ya con relación a los objetos, ya con relación a los servicios, ¿Qué escasez es entónces la que sirve de oríjen al valor? Es indudable que la escasez es una circunstancia que contribuye de una manera decisiva para el aumento del valor; i, si Si indicara que la escasez de servicios es un motivo pára el alza del valor de estos mismos servicios, se diría una verdad de todo punto incuestionable.

La escasez no suministra, pues, una idea bastante clara del oríjen del valor; es una condición, una circunstancia que influye en su alza o en su baja.

Se ha visto también el oríjen del valor (2) en el juicio del individuo que lo aprecia; i se ha indicado que el valor es mas o ménos alto, según la importancia que se le atribuye. Esta nocion tampoco nos da una idea exacta del oríjen del valor. Es cierto que el juicio de los hombres acerca de sus necesidades recíprocas i acerca del trabajo que les costaría obtener los artículos que se presentan en el cambio, es un antecedente que se toma en consideración para fijar el valor. Al establecer sobre esta materia las nociones elementales, ya lo hemos visto.

Pero ese juicio humano ¿a qué se refiere? ¿Juzga la uti-

(1) Sénior,

SlOiicq,

m mj .1

lldad que hai en los objetos, o los servicios incorporados en ellos, o los servicios en jeueral, comprendidos los no

incorporados?-Si se sostiene que este juicio recae sobie

la utilidad que hai en los objetos creados por la mism. naturaleza, se incurre en el error que ántes hemos examinado.-Si, por el contrario, se indica que ese juicio debe recaer sobre los servicios, la idea es exacta. \ a hemos dicho que esa opinión de los individuos sobie los es uerzos necesarios para obtener un producto, i sobre las necesidades que pueden satisfacer es uno de los antecedentes ele •

mentales que fijan el valor. _

Podemos concluir, por consiguiente, la esposicion de

esta teoría, diciendo que el oríjen verdadero del valor son los servicios, ya sea que se incorporen en un objeto, ya que absolutamente no se incorporen. En el primer caso, es mas fácil hablar de la materia misma. Así, se dice que el oro vale, que el trigo vale, significando con ello que Uenen un valor los servicios que producen ese oro o ese trigo. Pero para que la nocion sea exacta, es necesario comprender esa frase. Son los servicios los que dan oríjen al valor; i éste no es mas que la relación entre los diversos sei vicios

humanos que se cambian.

Con relación a los productos, podemos decir que las únicas cosas que no tienen valor son las que no satisfacen nuestras necesidades, o las que, satisfaciéndolas, no faltan a nadie (2). Estas palabras revelan, como todo lo anterior, que lo que se paga en los objetos es el servicio oneroso del

trabajo humano.

II.

Para dar una idea mas clara todavía acerca del valor, vamos a establecer ciertas proposiciones fundamentales que conducen a este fin.

1." El valor no existe sin el cambio. — Si suponemos a

(2) Genovesi.

154 CUESO DE ECONOMIA POLITICA.

un individuo aislado, si consideramos a la sociedad o a la humanidad en la situación de un hombre solo, es claro que no habrá valor, porque no habrá cambio. En este caso el hombre producirá los objetos necesarios para su consumo, llenará mas o ménos bien sus necesidades, según sea que aproveche mayor utilidad prestada por la naturaleza misma o que pueda crear una utilidad mayor con sus esfuerzos; pero la idea del valor no existirá. El valor supone cambio. Lo mismo sucede en un sistema de distribución por autoridad absoluta. Si el patriarca es el único que dispone de la aplicación de los esfuerzos de los individuos i de la forma en que se han de distribuir los productos que se obtengan mediante ese esfuerzo, no hai cambio de ninguna especie, i por consiguiente no hai valor. Este viene del cambio; vive con él, i acaba con él, si es que el cambio desaparece.

2.* El valor no es cualidad esencial de las riquezas — .

Esta no es mas que una deducción de la esplicacion anterior. Las riquezas, por el hecho de ser tales, son útiles para satisfacer las necesidades; pero, no por ser riquezas, tienen un valor grande ni pequeño. Lo tendrán o nó, según sea que exista o no exista el cambio. Decir, por consiguiente, que una fanega de trigo vale tres pesos, es decir algo inexacto, puesto que valdrá o no valdrá esta cantidad de dinero, según sea que se cambie o que no se cambie por esa misma suma. Si esta frase es de uso común, es porque, estando constituidos todos los hombres, mediante el cambio, en un sistema de cooperación constante, se juzga que se llegará a obtener ese resultado. Lo que se puede decir que hai en las riquezas con toda exactitud es cainbiabilidad, esto es, posibilidad de que sean cambiadas.

3.“ El valor^ por su tiaturaleza misma, es variable. — La prueba de esta proposición se encuentra en los mismos antecedentes que hemos atribuido al cambio. Este se halla fundado sobre los servicios; i, como estos servicios son por su naturaleza mas o _^ménos variables, mas o ménos

# . V

A RPv

i u’or. virnhle el valor que resulta del juicio escasos, es también vanaDie ei vaiu 4 q es-

acerca de la necesidad de esos servicios 1 del trabajo

/' 7 É uproposidon, como las aoteriores, debe ne-

eSr de las Ideas emitidas sobre e or,en ceaai.amoi^ ^ comprensión, la ver-

tiioTderrsr^^^^^^^^

t meñor la intervención de los esfuerzos costosos del bom- ^ bre, cuanto mayores sean los esfuerzos gratuitos

"Ttó'ideas de utilidad i de valor se oponen, por consi- ..uiente, una a otra, en vez de ser iguales en su significado Miéntras mayor sea el servicio gratuito P ° a naturaleza para la satisfacción de las necesidades, par formar la uülidad, menor será el valor que esa utilidad tenga El agua, por ejemplo, es mui útil, útil en sumo gradofrsin mubai-go, nada vale, si está a la mano de consumi’dor El aire es de una necesidad absoluta para la inism “at es Ubieu titilen sumo grado-, i, sin embargo nada vale porque estó gratuitamente al alcance de los que lo necesitan. La misma agua, el mismo aire, vendrón a valor, si solo se pueden obtener con la prestación de un ser-

vicio humano. ^ io

Es claro, en consecuencia, que si debemos desear q

utilidad sea mui abundante para la comodidad de la vida, deberíamos desear también que el valor fuese lo mas escaso posible. Esto nos manifiesta cuán absurda es la idea en virtud de la cual se considera que un pais es mas o ménos rico, según los valores sean mas o ménos altos. Si íuer posible llegar hasta el estremo, convendría para la felicidad común que la idea del valor no existiera, esto es, que no existiera la necesidad de pagar cosa alguna por la satisfacción de las necesidades.

156 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

Algunos autores (1), relacionándolo todo con la idea del valor, han dicho que hai valor de utilidad i valor de cambio; otros han espresado la misma idea distinguiendo el valor en uso i el valor en cambio. Indicamos estas espresiones para que se comprenda la doctrina de estos autores; pero, en realidad, tal clasificación no tiene razón de ser. Es mas exacto distinguir la utilidad i el valor, que mezclarlos en una clasificación cualquiera.

5. ® El valor 7io tiene mínimum, pero sí tiene máximum. a

— En efecto, no se puede suponer en el valor ningún mínimum, puesto que en realidad puede desaparecer por completo. El agua, por ejemplo, que, durante el sitio de una

plaza, tiene un valor mui alto, puede llegar a no tener ninguno, una vez que levantado el sitio, esté al alcance de todos los consumidores. Tiene sí el valor un máximum, el cual resulta de la naturaleza misma del cambio. Hemos dicho que la causa primitiva que obliga a los individuos a cambiar, es el deseo de obtener el mayor resultado posible a costa del menor esfuerzo; que si se deciden a obtener un artículo por medio del cambio, será cuando por este medio lo alcancen con mas cuenta. El límite del cambio se encuentra, pues, en el punto en que sea mas conveniente para el hombre producir directamente que obtener por el trato. Este será también el límite máximum del valor.

6. ® Todos los valores iguales son igualmente preciosos. —Sentamos esta proposición para zanjar las bases de una teoría que sirve para destruir muchas organizaciones artificiales introducidas por los hombres. Se ha considerado durante algún tiempo, que los metales preciosos constituyen un valor superior a los’ demas, así como se ha creido que las únicas riquezas o las riquezas por escelencia eran las que consistían en los mismos metales jireciosos. El error de esta idea se nota, sin necesidad de demostración, con solo conocer en qué consiste el valor. El valor es una relación; i, desde que una cosa se cambia por otra, es induda-

Cl] Rosst i otros.

mwnrii I

ble que una i otra valen una misma cosa, desempeñan unas luisLs funciones i satisfacen necesidades qne se consideran

'®sfordinariamente se nota qne los valores mas comunmente conocidos ^.X’co^vln'e

toma la medida de otra superficie, i para

tud, se toma la medida de otra lonjituc .

7 a m puede haber aumento o diminución total de

r como lo hemos visto, el valor no es mas que una relación, es el q necesariamente

„.a de los valores «lores de

JÍlaTmerJadercon ielacion a una sola, puede suceder que el valor de todas las primeras cambie; pero la suma total seria siempre una misma.

111.

El valor se divide en corriente i habitual Se llama va- , lor corriente «el que tienen las mercaderías en l»s / ca^s-de-que'^oyíto.» Se llama vatoto^l «ej , rordinariLente tienen las mercaderías en un tiempo ■ ü eS"un lu"¿rr dado.» Así, por ejemplo, se dice que el trigo tiene hoi el valor corriente de un peso; que ayer tuvo el valor corriente de nn peso diez centavos; i que anteayer ese mismo valor corriente fué de un peso cincuenta centa-

158 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

VOS, según sea que en los cambios hechos en estos tres diferentes dias se haya cambiado en una o en otra proporción. El valor corriente no es, pues, mas que el resultado de los cambios incesantes; se fija en conformidad de lalei de la oferta i del pedido; i aumenta o disminuye con la diminución o el aumento de la oferta, con el aumento o diminución del pedido.

El valor habitual es algo mas fijo que el valor corriente. Es el que ordinariamente tienen las mercaderías dentro de cierto tiempo o en un lugar determinado. El valor habitual se encuentra establecido sobre la base de los gastos de producción. En efecto, no puede concebirse ([ue el valor habitual de un producto sea ordinariamente ni mas alto ni mas bajo que los gastos de producción. Si, por ejemplo, la vara de jénero de algodón tuviera un valor ordinario que, espresado en moneda, fuera un peso, i su gasto de producción fuera únicamente de cincuenta centavos, quedarla una utilidad mui considerable para el empresario que lo fabricara; i entóneos, por su propia conveniencia, entrarían nuevos empresarios a producir el mismo artículo. Aumentando la oferta de él, sin que el pedido disminuyera, habría un motivo para la baja del valor. No puede suponerse, por el contrario, que el valor habitual del mismo jénero fuese inferior a los gastos de producción, porque entonces, como nadie trabaja para perder, disminuirían la producción i la oferta de ese artículo hasta que se estableciera la proporción entre el valor habitual i los gastos de producción.

Al tratar especialmente de estos gastos, volveremos a insistir sobre esta idea; i manifestaremos que, siendo mui variados los gastos de producción reales, esto es, los que tienen los diferentes empresarios i los diferentes individuos que se ocupan en la producción de un artículo, es necesario

tomar alguno de esos gastos reales de producción como tipo común para la fijación del valor habitual.

Lo dicho basta, sin embargo, para que podamos desde luego establecer que el gasto de producción que sirve de

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 159

base para la determinación del valor habitual, es «el que tiene la empresa que produce con mayor gasto, siendo sus productos necesarios para mantener la oferta del artículo de que se trata igual al pedido que del mismo artículo hai en el mercado.» No puede tomarse como base cualquiera de los gastos de producción que se presentan en las empresas. Es necesario fijarse en el mas alto que no esceda los límites de la demanda. Este es el que sirve de tipo para el valor habitual; porque de otra manera seria inconcebible, por una parte, la existencia de empresas que continuaran produciendo con pérdida, i, por otra que, si el artículo valiera en el mercado un peso i un fabricante, por su habilidad especial, lo obtuviera con un costo de cincuenta centavos, no exijieraal consumidor esta diferencia entre uno i otro gasto.

El valor corriente se establece, por consiguiente, sobre la base de la lei de la oferta i del pedido. El valor habitual tiene por base el gasto de producción mas elevado, esto es, el de aquella empresa que produce con mayor gasto, siendo sus artículos necesarios para mantener la oferta igual al pedido.

El valor corriente puede ser mayor o menor que el valor habitual en un momento dado. Puede suceder que el valor del objeto suba en una proporción mui considerable sobre sus gastos ordinarios de producción: puede también suceder que baje con relación al mismo gasto. Pero esto no escede de ciertos límites ni de cierto tiempo. Una vez que el valor corriente fuera de ordinario superior a los gastos de producción, entrarian nuevos individuos a prestar sus servicios en esa misma producción. Por el contrario, si el valor corriente fuera de ordinario inferior a los gastos de producción, se paralizaria la marcha de todas aquellas empresas que dieran pérdida. En todo caso, hai una tendencia séria hacia la igualdad entre el valor corriente i el valor habitual, si bien se notan variaciones transitorias mas o ménos considerables,

iQO CüKSO DE ECONOMIA POLITICA.

DE LA MONEDA.

I: Oué es moneda: sus ventajas en el cambio. — II: Que propiedades debe tener una mercadería para que pueda desempeñar las funciones de moneda.— 111: Ventajas de los metales preciosos como moneda.— IV: í^a moneda está sujeta a las mismas variaciones que las otras mercaderías en conformidad a la Ici de la oferui del pedido.— V; De la moneda de convención i del papel moneda, i de la diferencia de éste último con la moneda de papel.— \í: De la dificultad de encontrar una medida común de los valores.

Una vez que el uso de los cambios llegó a hacerse jeneral, se comprendió que habría considerable ventaja en el empleo de alguna mercadería que pudiera servir como término de comparación entre las demas i facilitar los cam^ bios de todas ellas. Observóse que ciertas mercaderías eran de uso mas frecuente en los cambios; que las operaciones sobre ellas se repetían con mas facilidad; i, a virtud de un raciocinio sencillo, se convino en aceptar ciertas mercadeiías, no ya solo como medidas de las otras, sino como medio de facilitar el cambio de todas. Fué esto debido a un convenio tácito entre todos los individuos de cada sociedad: convenio que tenia su oríjen en la facilidad de podei obtener las mercaderías que los hombres necesitaran paia su consumo, siempre que pudieran tener aquéllas que, como intermediarias, servían para adquirir las demas. Si, por ejcmplO; era mui común en los cambios el té, si diariamente se repetían las operaciones sobre este artículo, porque en la opinión común de los individuos satisfacía una necesidad efectiva i constante, se juzgó con mucha naturalidad que era lo mismo, si no mejor, en vez de cambial directamente entre ellos las especies que necesitaran, cambiar en primer lugar una de ellas por té, para obtener con este té, admitido fácilmente en el cambio, las otras mercaderías de consumo. A esta mercadería intermediaria, que servia de

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 16l

medida comim de los demas valores i facilitaba los cambios, ts a la que se ha dado el nombre de moneda.

Podemos decir, por consiguiente, que toda mercadería puede ser moneda; así como por necesidad, toda moneda

/es mercadería. La moneda es «una mercadería que sirve de medida aproximativa de los demás valores, i para facilitar los cambios.»

Muchas son las mercaderías que hasta aquí han desem- 1 peñado el oficio de moneda. Así podemos indicar las pieles

en Siberia: el ló en la Tartaria; la sal en Escocia; el trigo i el tabaco en las colonias inglesas, que forman hoi los Esj tados Unidos. Se usan hoi mismo las tablas en Chiloé. Log

! lacedemonios usaron el fierro; los romanos el cobre; los

I mejicanos, el cacao; algunos habitantes de Escocia, los cla-

I vos. Se han llegado a usar también romo moneda diversas

I mercaderías a la vez, entre las cuales se establecía una

relación convencional i fija de valor. Así algunos habitanI tes de las costas de Africa empleaban como moneda lo que

I llamaban barra, que era el equivalente de una libra da

pólvora o de dos botellas de aguardiente. Para ellos era exactamente lo mismo una botella de este licor que media libra de pólvora. A virtud de los progresos que sa han ido haciendo en esta materia, por el uso constante del intermediario en los cambios llamado moneda, se han podido apreciar i clasificar las ventajas mui considerables que resultan de su intervención.

El uso frecuente de la moneda ha venido a modificar en cierta manera el sistema de los cambios, haciendo que sean poco comunes los directos de especies por especies. Se acostumbra ahora cambiar una de las mercaderías por . moneda i obtener con esta moneda la otra mercadería que

I se necesita. La venta es, por consiguiente, la mitad de un

i cambio; se completa éste una vez que se hace la compra;

esto es, una vez que se emplea la moneda adquirida por la venta, en la adquisición del objeto que se necesita. Subsiste, sin embargo, en algunos lugares la costumbre del cambio directo de especie por especie, prescindiéndosebas-

162 censo DE ECONOMIA POLITICA.

ta cierto punto de la moneda. En jeneral, la introdnccion de este elemento no establece otra modificación que la de hacer los cambios de una manera indirecta.

El uso de la moneda hace posibles muchos cambios que de otra manera no lo serian. Así, por ejemplo, si un individuo posee un brillante de considerable valor, i necesita carne, u otros artículos que tienen un valor reducido, no podria obtenerlos porque el cambio seria imposible. El brillante no se pi estarla a división en las proporciones necesarias para obtener artículos sencillos, sin perder una parte considerable de su valor. La introducción de la moneda hace posible la división del valor para aplicarlo a los diferentes usos a que se destina.

También bace posibles la moneda cambios entre individuos que no tengan los artículos con que hubieran podido haber satisfecho las necesidades recíprocas que esperimenten. Así, por ejemplo, si en una isla se encuentran dos hombres, de los cuales uno tiene mucha carne sobrante i necesita trigo, miéntras que el segundo tiene mucho jénero sobrante, i necesita calzado; estos dos individuos no podrían cambiar entre sí, porque no tienen objetos que satisfagan sus necesidades recíprocas. Con la introducción de la moneda, se cambia el sobrante de los artículos que se poseen por moneda; i, por medio de ésta, se obtienen los

demas artículos de consumo.

La última ventaja mui considerable que resulta del uso frecuente de la moneda en los cambios, es la facilidad para el ahorro, para la capitalización. Concíbese en efecto que un individuo que tuviera un considerable sobrante de productos agrícolas, no se resolvería con facilidad a guardarlos por mucho tiempo, porque estos artículos están espuestos aúna descomposición rápida, i a repentinos cambios de valor. Si la moneda es de uso jeneral en el cambio, se puede obtener con ese sobrante de artículos una cantidad de moneda que se conserva fácilmente i que está pocoespuesU a variaciones rápidas de valor,

16S

II.

Las propiedades que debe tener una mercadería para que desempeñe con ventaja las funciones de la moneda en los

f cambios son las siguientes:

1. * Valor, — Si se quisiera tomar, para desempeñarlas funciones de la moneda, un objeto que no tuviera valor,

j ' esto es, carabiabilidad, hablando en términos exactos, se

perseguiría una idea imposible. ¿Cómo verificar cambios i facilitarlos con la intervención de un elemento que no sea, por su naturaleza misma, cambiable? Si lo que se pretende es obtener un intermediario que facilite las operaciones del cambio, es indispensable que ese intermediario tenga cambiabilidad. Esto nos manifiesta cuan absurda es ! la idea de los que han querido modificar o alterar las mo-

uedas, atribuyéndoles nominalmente un valor superior al que podrian tener, atendida su misma materia.

2. * Divisibilidad.— VdiVd, que una mercadería pueda servir fácilmente en el cambio, es también preciso que sea divisible en grandes proporciones, i divisible sin que esa división menoscabe el valor de cada una de las diversas

I partes que con la división se forman. Un brillante tiene,

por ejemplo, un valor mui considerable, un valor mui reconocido, por cuanto el servicio que se hace cediéndolo es ' de un valor que se estima en mucho; pero no podria divi-

dirse, sin que cada una de las partes resultantes perdiera algo de ese mismo valor proporcional. Desde que la moneI da debe servir para los cambios en grande i para los cam-

bios en pequeño, es condición de necesidad absoluta que tenga el carácter de la divisibilidad.

Identidad.— Deba también la mercadería que se desee emplear en el desempeño de las funciones de moneda,

I tener una identidad tal que no haya diferencia de cualida-

des en la misma materia, puesto que se desea emplearla como medida apreximativa de los valores. El tabaco, por ejemplo, puede ser de buena o de mala clase, i no podria

164 CÜRSO DE ECONOMIA POLITICA í

Servir de una manera ventajosa como moneda, porque seria un término mui variable de comparación.

4k* Facilidad de trasporte. — Mal podría servir para facilitar los cambios un artículo que costase mucho trasportar. Las monedas de fierro, por ejemplo, usadas en los primeros tiempos, pudieron servir entónces cuando el fierro por ser mui escaso, tenia un valor mui considerable, de manera que en poca cantidad llevaba mucho valor. En el dia seria imposible aceptar una moneda de esta naturaleza cuyo acarreo importaria gastos de consideración.

5. “ Facilidad de conservación. — Nadie se resolvería fácilmente a cambiar sus demas riquezas por moneda, si corriera un serio peligro de que las mercaderías que recibía pudieran descomponerse, corromperse o destruirse raiéntras las tuviera en su poder. Se desea naturalmente tener un objeto que se conserve con facilidad.

6. * Invariabilidad relativa de valor. — Por bs mismas consideraciones anteriores debe exijirse en la mercadería que sirva de moneda, la mayor invariabilidad que sea posible obtener. No se puede pedir una invanabilidad absoluta de valor, porque esto pugna con las nociones m'smas del cambio: hemos dicho que todo valor por su naturaleza misma es variable. Pero se debe exijir la mayor invariabiJidad relativa, porque de otra manera la posesión de esa mercadería no habría de ser tan deseada, espuesta, como estaría, a variaciones rápidas.

Si un hombre, en vez de cambiar directamente una libra de carne por un quintal de leña, se decide a cambiarla por diez centavos, que son el equivalente de una i otra cosa, es porque cree que, en el momento en que necesite de la leña, podrá obtenerla con esos diez centavos. Si las variaciones en el valor de la moneda fueran tan considerables que un momento después esos mismos diez centavos solo le dieran lo suficiente para adquirir medio quintal de leña, habría un grave estorbo i un serio inconveniente para la adopción de la moneda en los cambios.

7. “ Estabilidad Se exije como consecuencia de lo an-

CURSO DE ECONOMIA POLITICA, 165

terior, la estabilidad, esto es, la fácil conservación de la mercadería sin pérdida por el frote, por la acción del aire o por otras causas análogas.

8.® Comprobación inequívo''a de calidad, i facilidad para que lleve en si misma sellos que determinen la cantidad que conífene.— Esta condición es también necesaria; |í

porque en el dia no se usa como moneda ninguna mercadería en su estado primitivo; sino que de ordinario se emplea una marca o sello que asegura al público, bajo la fé del Gobierno, que la moneda contiene la cantidad que en ella se espresa. Fs de desear en toda moneda que se pueda hacer una comprobación inequívoca de su calidad i que ese

sello se conserve fácilmente.

111.

De todas las mercaderías que hasta ahora se han usado como moneda, las que llenan mejor las condiciones exijidas son los metales preciosos de oro i plata. En efecto, estos metales tienen un valor mui considerable en pequeña cantidad. Son divisibles en proporciones crecidas, sin que pierdan nada de su valor por la división.^ Son idénticos unos a otros, i es igual su calidad. Es mui fácil trasportarlos, puesto que en pequeña cantidad contienen un gran valor. Es inni fácil su conservación. Su valor es lo ménos variable posible. Se mantienen con facilidad a pesar del frote, de la acción del aire i de otras causas que de ordinario descomponen las mercaderías. Su calidad es de una comprobación inequívoca, i . se conserva por mucho tiempo en ellos el sello o marca que se acostumbra poner, bajo la fé del Gobierno, para designar la cantidad de oro o plata

fija que cada moneda tiene.

De todas las condiciones anteriores la que merece esplicaciones mas detenidas es la invariabilidad relativa de

valor.

Créese ordinariamente que la cantidad de moneda existente hoi en el Universo es, por lo méuos, seis veces su-

166 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

perior a la que había ántes del descubrimiento de América; i aunque ha sufrido una variación considerable, porque todo valor varia, sin embargo, esa variación no ha producido perturbaciones funestas, porque los metales preciosos son los que ménos esperimentan estos accidentes del valor.

Influye en este resultado el que la cantidad que se produce anualmente, estimada de una manera aproximativa en ochenta millones de pesos (1), es mui reducida en comparación con la existencia total. A mas de que la proporción es pequeña, es tal el uso que se hace de la moneda que una parte de la producción anual se pierde también anualmente. Agrégase a esto que, siendo los metales preciosos tan usados como moneda, cuando llega a haber una baja en su valor por una producción mas abundante, los hombres hacen un mayor pedido de estos artículos, que son de conservación tan fácil, i se propende así al restablecimiento del valor, por cuanto a mayor oferta corresponde mayor pedido. Sí, en vez de los metales preciosos, estuviera admitida como moneda cualquiera otra mercadería, por ejemplo, los jéneros, el tabaco, el fierro, en mui poco tiempo se produciría una cantidad tan considerable de ella que de ninguna manera podría ser ya empleada como un medio para facilitar los cambios. Los metales preciosos, el oro i la plata, no tienen tal inconveniente, porque su producción es de las mas difíciles que hasta ahora se hayan conocido.

De las observaciones anteriores se deduce que el valor de la moneda no depende del capricho ni de la voluntad de nadie, sino únicamente del valor mismo de la materia, o, para hablar con exactitud, del valor de los servicios incorporados en la materia. Un peso en Chile v.ale por cuan-

(1) Mac-Cu!oh. Diccionario de Comercio.— Cbevalier. Lecciones [de EcoBomia Política.

to tiene una cantidad de gramos de plata fina, no porque a la autoridad se le ocurra declarar que tiene ese valor; i la mejor prueba de este aserto es que si la autoridad, cometiendo un verdadero fraude, acuñara moneda falsa, i mezclara por ejemplo, una grao cantidad de cobre con el metal fino de plata u oro, no tendría ya el mismo valor que ántes. Si, en vez de cuatro gramos, se emplearan dos en una moneda que ántes hubiera servido para la adquisición de dos botellas de vino, no podría ser cambiada ya sino por una sola botella.

La autoridad podría hacer nn mal grave a los acreedores, permitiendo a los deudores pagar con una moneda falsa las obligaciones de antemano contraidas; pero no puede obligar a los tenedores de riquezas a venderlas por el valor que antojadizamente atribuya a la moneda. El valor de ésta procede desús cualidades iutiínsecas, no del

capricho.

Claro 63 que la moneda como cualquiera otra mercadería, se halla espuesta a alzas i bajas, si bien ménos considerables; i su valor, comparado con el de las otras mercaderías, se rije también por la lei fundamental de la oferta i del pedido. Si la oferta de la moneda es demasiado considerable con relación a la necesidad que de ella se tenga para los cambios, su valor bajará; si por el contrario, la oferta de la moneda es menor que la cantidad que en los cambios se necesita, aumentará también su valor. El resultado de la alza © baja del valor de la moneda se manifiesta en la alza o baja del valor de todas las otras mercaderías, con las cuales se cambia. Conviene, sin embargo establecer la diferencia que bai entre el valor i el

precio.

Ya hemos definido el valor. El precio es «el valor de una mercadería espresado en moneda.» Compréndese con eáta sola definición que, si bien los valores en jeneral no pueden aumentar ni disminuir, puesto que, según lo hemos visto, todo aumento en el valor de una mercadería supone una dimiüuciou en el \alor de las otras con las cuales ss

..i

168 CÜRSO DE ECONOMIA POLITICA.

cambia, puede haber un aumento o una diminución jeneral de precios, lo cual sucede cuando se compara el valor de todas las mercaderías con la mercadería moneda. Así, por ejemplo, si la moneda llega a ser abundante i se produce, en vez de un gramo de plata, dos gramos, hai un motivo para la baja en el valor de la mercadería moneda comparada con el valor de las otras mercaderías. Éntónces, para obtener una vara de jénero seria necesario dar una cantidad doble de moneda, i se (liria que los precios habian aumentado, por cuanto aumentaba la cantidad de moneda en el cambio con todos los otros objetos. Si, por el contrario, la producción de los metales preciosos i la acuñación de la moneda se hicieran en menor cantidad que i la necesaria, aumentarla el valor de la moneda, com-

parado con el de las otras mercaderías, i se diria que los precios habian disminuido, o lo que es lo mismo, con igual cantidad de moneda se obtendría mayor cantidad de productos de otra naturaleza. Los precios pueden aumentar o disminuir, pero esto en realidad no viene n influir sobre la relación entre los valores de las demás riquezas. En la situación de aumento o de diminución de la moneda varían los precios, mas no varían los valores. Si un sombrero en una época anterior a la diminución de la cantidad de moneda se cambiaba por una vara de jénero, i tanto uno como otro objeto se cambiaban por cincuenta gramos de plata, despees se carabiarian por veinticinco gramos; pero el sombrero i la vara de jénero continuarían en una misma proporción de valor. Una misma cantidad de moneda serviría para adquirir una i otra mercadería.

Hemos dicho que el valor de la moneda está sujeto, como el de todas las mercaderías a variaciones de alza i de baja si bien no tan considerables como las demas. Completando esta idea, debemos indicar ahora que en todo mercado hai una cantidad de moneda que puede estimarse como necesaria, cantidad que será mayor o menor según los hábitos i las costumbres, pero que en todo caso guarda relaciou con la necesidad misma. Así, hai países en que los

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 160

cambios son incesantes i en que el uso de la moneda se economiza, por medio de la emisión de billetes de banco o por otros arbitrios que se esplicarán mas adelante. En esos países la moneda no permanece ociosa i, pasando incesantemente de mano en mano, sirve para realizar numerosos tratos. Hai países, por el contrario, en que la moneda permanece por mucho tiempo sin uso alguno entre uno i otro cambio, en que no se acostumbra emplear billetes de banco, ni otros arbitrios que suplen el uso de la moneda metálica. Es claro que entre uno i otro pais habrá una diferencia mui considerable en cuanto a la cantidad de moneda que se necesita para las transacciones; mas no por ello dejará de ser cierto que en uno i otro mercado hai una cantidad necesaria, segnn los usos. Si la cantidad que se emita a la circulación llega a ser superior a la cantidad pedida, el valor de la moneda disminuirá; i si la emisión es menor que la cantidad necesaria, el valor de la moneda aumentará, o lo que es lo mismo, con igual cantidad de moneda se obtendrá mayor cantidad de otros productos que ántes.

En resúmen, la moneda está sujeta a las mismas variaciones que cualquiera otra mercadería, en conformidad a la lei de la oferta i del pedido; i es absurdo sostener que no puede haber esceso de moneda en un mercado. Por el contrario, si se preguntara qué es mas conveniente en una nación cualquiera, si el uso de una gran cantidad de moneda para hacer igual número de transacciones, o el uso de una cantidad reducida para obtener el mismo fin, dedeberia contestarse de una manera absoluta que seria mas conveniente el uso de una cantidad reducida; lo cual equivaldría a decir que, para el acarreo de una cantidad determinada de productos, es mas conveniente hacer este acarreo con veinte carros que con cincuenta. La moneda, como tal, solo sirve' para facilitar las transacciones, para verificar los cambios; i es indudable que, mientras ménos cantidad se emplee en este objeto, mas adelantado

será el sistema de distribución en el pais de que se trata.

170 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

Mas, si se considera la moneda no como tal moneda, sino por los metales preciosos, oro i plata, que sirven para formarla, seria también indudable que convendría mas a un país tener una cantidad grande que una cantidad reducida; así como le convendría siempre tener machas i no pocas riquezas. Pero miéntras ios metales preciosos desempeñan el oficio de moneda, no se emplean en la industria, no sirven mas que para verificar los cambios.

Vamos a concluir estas observaciones, esplicando el efecto que en la práctica produce la intervención del Gobierno, tendente a cambiar la naturaleza de la moneda atribuyéndole un valor imajinario, Espondremos algunas consideraciones relativas a las monedas de convención que en algunos tiempos se han usado, observaciones que se referirán principalmente a la intervención de la autoridad en la diminución del valor de las monedas i en la fabricación del papel-moneda.

En los tiempos antiguos en que la autoridad llegó a considerar que era uno de los derechos de su soberanía alterar las monedas, esto es, atribuir un valor imajinario a las que hacia acuñar, lo que se conocía con el nombre de señoreajet fue necesario al comercio, para tener en los cambios mayor fijeza, imajinar alguna moneda de convención, A.3Í, por ejemplo, en la Alemania en donde, lo mismo que en otros países de Europa, se había establecido por los gobiernos una perturbación sensible en la calidad de la moneda, los comerciantes convinieron en hacer sus depósitos en los bancos en barras de oro o de plata i en inventar una moneda especial para hacer con arreglo a ella sus diversos tratos. De aquí vino el nombre de marco de banco y florín de banco, etc., palabras que singnificaban una cantidad de plata u oro fino que se tomaba como tipo para cambios. El que compraba o vendía por tantos florines p marcos de banco daba un jiro contra la institución que tenia el depósito de loa metales preciosos, i esta institución

CURSO DE ECONOMIA POLITlCAi

pagaba una cantidad dada de gramos de plata u oro fino, según fuese la importancia del jiro. Délos comerciantes que inventaron este sistema de moneda de convención, pasó el uso de ella a la jeneralidad. Hiciéronse los tratos con relación a esta moneda de convención, i se puso así un frailo a las arbitrariedades de la autoridad.

Esto nos revela, como todas las esplicaciones anteriores, que el valor en la moneda no es imajinario i que depende esclusivamente del valor de la materia fina. Tan cierto es esto que seria de desear que se prescindiera completamente de los nombres que se dan a las monedas, i solo se empleara como medida la cantidad de plata u oro fino que la

misma moneda contiene.

Los abusos de la autoridad en esta materia pueden^ llegar no solo a la alteración de la moneda metálica en virtud del falso principio deque la autoridad atribuye a ésta un valor imajinario; es posible llegar todavía mas allá. Se ha dicho que, si el gobierno puede por un decreto atribuir a una mercadería cualquiera el valor que desea, vale mas prescindir de los metales preciosos, que tienen siempre un costo considerable i dar el valor de la moneda metálica a un simple papel. De aquí ha venido e! oríjen de lo que se llama papel -mom ia que debemos distinguir de lo que se llama moneda de papel, porque una i otra cosa representan

; ideas mui diversas.

J Se llama moneda de papel, «la obligación suscrita por

í un particular o por un gobierno, en virtud de la cual debe

" éste pagar una cantidad de moneda metálica en el tiempo

que en la misma obligación se ha fijado.» Los billetes de banco, los pagarées i libranzas de comercio son otras tan-

Itas monedas de papel, i no tienen mas valor que el que

emana de la confianza que se tenga en la persona que lo suscribe, esto es, son signos representativos de la moneda metálica, i en ciertas ocasiones pueden servir útilmente ! para reemplazarla, haciendo ménos frecuente el gasto que

j necesariamente resnlia del uso de un material costoso, como

1 son los materiales preciosos,

Í72

El papel-moneda es «la obligación hecha bajo el amparo de la autoridad en virtud de la cual se ofrece el pago de una cantidad dada en un tiempo fijo o determinado i que tiene curso forzoso.» Esto último es lo que constituye la diferencia entre el papel moneda i la moneda de ! papel,

El papel-moneda podria ser conveniente, puesto que facilitaria los cambios sin el empleo de un material costoso, como lo son el oro i la plata; mas para ello seria preciso que se reunieran ciertas condiciones que hasta aquí no se han presentado jamas en ningún caso práctico. Para que el papel-moneda, que indudablemente tiene una utilidad, cual es la de pagar las contribuciones públicas i las deudas interiores, pudiera conservar el valor que la autoridad le atribuye, seria preciso: 1.® que se tuviera una confianza absoluta en la persona que lo emite, esto es, la seguridad completa de que pagará la cantidad que el papel espresa, en el término designado, i 2.“ que se tuviera también una seguridad absoluta de que nunca se emitiria una cantidad de papel-moneda superior a la que exijen los cambios, o, lo que es lo mismo, a la cantidad de moneda metálica necesaria para las transacciones. Si fuese posible encontrar reunidas estas dos condiciones, el papel- moneda reempla. zaria la moneda metálica, puesto que se usaría en las transacciones un elemento mas barato en vez de un elemento mas costoso. Todos los metales preciosos, apartados entonces del destino que hoi tienen, como moneda, podrian emplearse útilmeute en la industria. Por desgracia estas dos condiciones no pueden existir reunidas, porque es imposible tener seguridad plena acerca de los sucesos venideros, i porque ha sucedido que en todos los casos en que se ha emitido papel-moneda se han esperimentado perjuicios mas o rnénos considerables. La teoría es clara: si liai una confianza absoluta en el gobierno, una seguridad también absoluta de que las emisiones no escederán a la cantidad de moneda necesaria para los cambios, la cantidad de papelmoneda que no escediera de esa suma que admite el mer-

cado, deberla mantener su valor. Sin embargo, las emisiones esceden siempre a esa cantidad necesaria en el mercado. La moneda metálica se estrae o se emplea en la industria, ya que en la concurrencia de dos elementos, uno costoso i el otro barato para desempeñar unas mismas funciones, se prefiere naturalmente el elemento barato. I, como las emisiones no se paralizan, una vez que se ha reemplazado toda la cantidad de moneda metálica que existia por otra cantidad igual de papel -moneda, viene necesariamente una baja en el valor de este papel, baja que está sujeta a una lei de sencilla esplicacion.

Todo el papel-moneda emitido no puede valer, en la hipótesis de una confianza absoluta en el gobierno, mas que el valor de la totalidad de la moneda metálica necesaria para las transacciones; i, por consiguiente, toda emisión que sobre esa cantidad se haga, hará disminuir el valor de la cantidad total emitida, en una proporción igual al esceso entre la emisión i la cantidad de moneda metálica necesaria para las transacciones. Si, por ejemplo, esa cantidad es de cien mil pesos, i se emiten ciento cincuenta mil, estos ciento cincuenta mil pesos, solo tendrán un valor de cien mil, i habrá una baja sobre su valor nominal de una tercera parte. Si, en vez de ciento cincuenta mil pesos se emitieran doscientos mil, habría una baja del valor en la mitad, i así sucesivamente.

La introducción del papel moneda tiene consecuencias mui desfavorables para los paises, porque establece perturbaciones en el sistema de los cambios, porque los créditos se pagan con una cantidad tanto menor cuanto mayor sea la depreciación del mismo papel, i por cuanto de esta manera se ataca directamente el establecimiento i progreso del crédito. Los mismos malos resultados que respecto de los acreedores se observan, una vez que se emite un esceso de papel-moneda, se observan en contra de los deudores, cuando, recojido el papel-moneda, se vuelve de improviso a la circulación de la moneda metálica. Las obligaciones contraídas bajo la base de pagar cqn una moneda barata,

Í, 174 «URSO DE ECONOMIA POLITICA,

I depreciaclo el papel-moneda, vienen a pagarse con la mo-

neda metálica mucho mas cara,

VI,

Todo término de comparación debe ser análogo a la cosa con que se desea compararlo. La medida de un movimiento, no puede ser sino un movimiento: la medida de un valor, no puede ser sino otro valor. Así es que, para encontrar una medida exacta i absoluta de los valores, seria indispensable también encontrar un valor invariable. Como hemos visto que esto no es posible, debemos reconocer que no hai en los valores ninguna medida absoluta. El descubrimiento de esta medida en la Economía Política equivale, según lo indica un autor, al descubrimiento de la cuadratura del círculo en las matemáticas.

Diversos medios se han propuesto para establecer una medida común de los valores. Un autor ha indicado que seria conveniente tomar, como medida, el valor del trigo, juzgando que es uno de los valores ménos variables, porque sus gastos de producción son casi uniformes. Otro ha indicado que convendria mas adoptar el trabajo como medida común. La sola enunciación de estas medidas, manifiesta que ni una ni otra llevan las condiciones que serian indispensables para encontrar una medida absoluta de los valores.

Se ha dado la preferencia por fin a la moneda, pero reconociéndose siempre que ésta, como cualquiera otra mercadería, a lo mas puede servir de medida relativa i aproximada, para establecer la comparación entre los diversos valores. Esta medida es casi exacta, si se considera un tiempo corto o un lugar dado, puesto que en tal situación las variaciones no son sensibles. En tal caso, seria indudable que una vara de jénero i un sombrero que se cambiasen por un peso en moneda, tendrian un valor igual, ya que se cambiaban por un tercer término igual para ambos. Pero, si se loman tiempos diversos o lugares

distintos, la exactitud desaparece, porque do es igual el valor de la moneda de un tiempo a otro, ni de uno a otro

lugar.

Preciso es en este caso, para dar una idea aproximada de los valores relativos, conocer el de la moneda en los diversos tiempos i en los distintos lugares* Se tiene, aun en esta hipótesis, una considerable ventaja i es que, no se necesita medir todos los valores, sino únicamente conocer el de la moneda, pues entonces se sabe, por comparación, el valor relativo de todas las demas mercaderías.

En los capítulos siguientes, debemos esponer todas las variaciones de valor, ya en los capitales, ya en los gastos de producción, para dar ideas todavía mas claras acerca del valor en jeneral i de la moneda, que sirve de ájente intermediario en los diversos cambios,

CAPITULO Vi.

DEL CRÉDITO.

li Estension del cambio.— II: Idea jeneral del erírft'la .— 111: Del cowMo» suí ante* cedentes i limiies.— IV: De la división del cambio.

Definiendo el oríjen del valor, hemos dicho que éste consistía en la relación entre los servicios recíprocos que se prestan los que toman parte en el cambio. De la definición misma resulta, por consiguiente, que el cambio puede aplicarse, no solo a los servicios incorporados ya en la materia, qué es lo que equivale al cambio de productos, sino también a los servicios no incorporados aun en la misma materia i a los que nunca han de incoiporarse en ella; Así puede haber cambios de mercaderías, i cambió con relación a los servicios de los domésticos, de los cántores, etc.

Aun se estiende el cambio a los servicios futuros, i toma así proporciones mucho mayores que las que tiene cuando

1/0 CCRSO DB ECOÜÍOMIA POLITICA,

solo se refiere al trato sobre mercaderías. Un hombre puede entregar una cantidad dada de riquezas a condición de que en un tiempo mas o ménos largo se le preste un servicio que desea tener seguro para ese tiempo. I una vez que el cambio se estiende a estos servicios futuros, se echa Ja base de un progreso indefinido en sus operaciones. En tal Situación, Jos que tienen riquezas acumuladas pueden, mediante ellas, prepararse a la prestación de servicios durante ddatados años, i recíprocamente, los que aun no han logrado acumular un capital, pueden obtener lo que necesitan, mediante el compromiso de prestar servicios en el tiempo que se estipula.

\iene de esta manera el cambio a intervenir en todas las remuneraciones, i se abre un vasto mercado en que el capital actual entra a facilitar la prestación de los servicios íuturos. Entre el cambio aplicado a los servicios incorpomdos ya en la materia, i el cambio aplicado a los servicios no incorporados aun, los servicios futuros, hai la di ei encía, si bien no económica, de que en el primer caso, el cambio es siempre útil i conveniente; lo que puede no suceder en el segundo. Entre los servicios no incorporados a la materia que pueden ser objeto de un cambio, que pueen ser comprados, ¿no es cierto que bien podrian con- ^oociencia de un juez o el puñal de un asesino?

' s 1 erencias, si bien deben esponerse en un tratado eónco, no son de tal importancia que puedan entorpecer las inestimables ventajas que resultan de facilitar la prouccioD venidera i de estimular el trabajo intelijente, por medio de la prestación de un capital formado ya, en cambio de servicios venideros.

II.

Descúbrese mejor la estension que da el cambio a Jas operaciones industríales, cuando se examina la circulación de las riquezas, merced a la intervención del crédito, ínter-

CUH80 DE ECOSOMIA POUTICA. 1^7

vención nue he sido cansa de notables errores para muchos i que también ha sido desconocida de algunos. ^

No tenemos el propósito de esplioar esta materia en es te

capitulo con toda la estension que de ordinario ^ - porque pensamos qne se cumple mejor con las mdicacio Ls de un método rigoroso, estudiando por sepaiado alg - ñas de las instituciones a que ella da orijen, lo que ha.e mos en la parte priclica. Por ahora, solo daremos una idea

acercadeélimanirestaiemossu inliuencia con i elación

los Ccapitales i al poder productivo.

La palabra crédito se toma en mui diversos sentidos.

Fu efecto los tiene numerosos, según la situación en qu l^el-ma. Desde iuego, en la contebiUdad indica o que es debido por una casa de comercio o por un paiticular cualquiera. 1 en la misma contabilidad da sas ideas que no tenemos para qué examinar en estos

ludios. . .

En Economía Política se han dado diversas definiciones

del crédito. Se ha dicho que es da facilidad para tomar prestado,)) facilidad que se debe ala confianza que el individuo inspira. Se ha dicho también que es «una anUcipacion del porvenir.)) I, por último, se ha definido indicando que es «la trasformacion de los capitales fijos en capitales

circulantes.))

Todas estas definiciones en algo esplican el crédito, i revelan algunos de los diversos puntos de estudio a que presta. En realidad, él no es otra cosa que la facilidad

tomar prestado. i

Ks Uiubien cierto ipie la base de osla lacilidad es a conliaora que el hombre inspira. Esta delimcion no da, sin embargo, una idea completa del crédito, porque solo manifiesta lí base en que osla fundado, i no la operación

misma que el crédito importa.

La segunda definición, es mas bien una simple aprecuacion, i en realidad no viene a comprender sino el abuso de crédito, ya que por crédito se emlende en tal caso el pres-

17S CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

tamo que se obtiene sobre las riquezas o servicios futuros e inciertos.

La tercera definición es mas teórica; da una idea de la Operación a que el crédito da lugar, pero no comprende tampoco toda la estension de sus operaciones.

Según esta última definición, el sentido que se atribuye al ciédito consiste en la idea de que un individuo que posee un capital fijo, que le sirve como una garantía efectiva, puede obtener, por medio de ese capital, títulos que, descontados en el mercado, le dan capitales circulantes para sus operaciones. Esa definición corresponde a la idea entei amente cierta de que todos los capitales fijos, cualquiera que sea su naturaleza, pueden servir de garantía para la emisión de obligaciones que circulen en el mercado. Sin embargo, esta misma definición no comprende sino una de las dos formas que toma el crédito en la circulación: solo comprende el préstamo i deja fuera de lo definido el mandato, que es otra parte sustancial.

Si se quiere, por consiguiente, tener una idea comple- / la del crédito, podria definirse diciendo que «es el contrato en virtud del cual el capital, mueble o inmueble de un / pasa a la posesión de otro que le inspira con-

/ lianza, para que le restituya el mismo capital u otro equivalente, al cabo de un tiempo determinado o indeterminadj).» Esta definición, en realidad viene a comprender las otras tres. Se nota en ella que la facilidad de tomar prestado se debe a la confianza. Queda incluida en ella también la segunda definición, en virtud de la cual el crédito es una anticipación del porvenir, porque en realidad puede suceder que se entregue un capital para obtener su devolución al cabo de cierto tiempo, o lo que es lo mismo, en cambio de servicios futuros. 1 comprende por Vdtimo la tercera delinicion, porque en muchas ocasiones, el que toma un capital en préstamo, lo hace con la garantía de sus capitales fijos, i de esta manera los moviliza, por medio de las obligaciones que con la garantía de éstos emite. La definición comprende, por último, el uso del crédito mediante

el matóalo, ya que se trata de la devolución de la misma

especie o de especies análogas. , del

Enlajeneralidaddelos c^

.as o.igacioues —,1 los

'Sos cantales i dar a la producción "os,-.e - Sin embargo, ya liemos visto que esa e

idea del crédito en Ciertos casos, no P

'' EUoÍuato de crédito tiene dos formas ee t;eodeo de la defioiciooi ü

í Tart «'trpTopya^ la obligaciou de devoher el mismo capital ii otro igual. En el segundo caso, Tque reir el capital obra siiuplemeute como adminis-

“'iriosistiremos acerca de las airosas clasito^^^^^^^^^

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rnuencia del crédito; si aumenta o u6 los capitales,

" to feoTÍroilo C "ll^poolMe; para ed trabajo aetual todos los » manos de

srrrroa garaut. o sobre la base de la confianza per-

guíente. 1. eu muv en moneda, lo

J- »

Lptóailos úfilmente, con ventaja para el pode

180 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

duccion i con ventaja también para el propietario que no sacaba de ellos las utilidades ordinarias; i 3.“ en aprovechar las aptitudes especiales de la persona a quien se entrega la administración, por el mandato.

Esta sencilla clasificación de la influencia del crédito da, sin embargo, oríjen a movimientos considerables en la circulación de la riqueza, i a ventajas mui estimables en la producción. Para formarse una idea de ello, basta atender a que el oríjen i fundamento del crédito se halla en la confianza, i a que esta confianza se presta de ordinario solo a los individuos que dan por su conducta una garantía eficaz, una seguridad casi plena de que emplearán útilmente los capitales que reciben, ya para conservarlos como propietarios, ya simplemente para administrarlos.

. No se debe creer, sin embargo, por un momento, que el crédito multiplica los capitales, como algunos lo han asegurado, confundiendo de una manera estraordinaria la facilidad de circulación que el crédito introduce con la multiplicación de los capitales.

Lo único que el crédito multiplica es la fecundidad del capital, permitiendo que un capital fijo se movilice, mediante las obligaciones que con la garantía de él se emiten. Pero, esa trasformacion de ninguna manera hace que, en vez de un capital, haya dos o mas.

I esto se observa de una manera práctica, tanto en

el préstamo como en el mandato, en los diferentes empleos.

Un hombre poco intelijente entrega a otro la administración de un capital, i se hace por consiguiente uso del crédito. ¿Hai dos capitales en este caso? Indudablemente nó. El capital que primitivamente se hallaba en manos

del propietario pasa a poder del administrador; no se duplica.

Un apicultor, con la garantía de su propiedad, emite obligaciones a favor de otro individuo que posee capitales en moneda, i en cambio de esas obligaciones que da, re-

cibe den mil pesos. ¿Se ha duptodo en este caso el capital? ¿Hai doscientos mil pesos, oten md í"" ^

!. ~ ~ .r

mista le ha enlt-egado en dinero? ““u

Píen mil pesos en i"; dupU-

uuo han pasado a otio, mas ei f

“ Uo nn- se observa en estos casos, se observa en todos.

¿ eo’r hLcs de banco. ,ne se ha

te aumentan las riqueza de un país. " .

del banco? Seguro que ”*• ¡ si„„os re-

,„e signos -Ptesentaúvos

'Tar U nmLÍueba d: ello es que. si el banco, por sentado. La ^ J ^ capital de doscientos mi-

pues, los capitales; los hace pa-

sar de una mano a ot.a i que. sea

eiera un inventar, o primitivos posldores,

raqurrtuXsen" en poder de otros, la cantidad seria

''7vul‘nTa“ tiempre el crédito el poder aun esto puede asegurarse de una manera absoluta, la contestada seria siempre relativa. Si, mediante el eré iT m capitales pasan de mano de una persona poco intebm aSerde un industrial entendido, es claro que el Sito vendría a aumentar la produedon; mas, s, como s7ede en algunas ocasiones, los capitales pasan del poder de un hombre entendido a mano de un deudor poco intéU.

lente esos mismos capitales producen ménos ‘

17 ; dd crédito no hace mas que disminutr el poder de a

fortuna, lo que sucede de ordinario, es lo

182 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

primero; i puede decirse que, si bien de una manera absoluta el crédito no aumenta el poder productivo, en la jeneralidad de los casos, ése viene a ser su resaltado.

El uso del crédito tiene también otra ventaja estimable en favor del poder productivo, i es que economiza en grande escala, el uso de la moneda metálica, elemento que, según ántes hemos visto, es sobremanera costoso. Esta economía en el uso de la moneda metálica procede de las numerosas obligaciones que representan la moneda metálica en el mercado, bajo la forma de pagarées, de letras de cambio, de vales, de libranzas, de billetes de banco, ete. Todas estas obligaciones debidas a la intervención del crédito, evitan el uso de la moneda metálica en la misma proporción en que son emitidas.

El crédito ademas, da oríjen a la compensación de acreencias i deudas que se hace por simples asientos en los libros de comercio o por medio de instituciones especiales creadas para este fin. Calcúlase, por ejemplo, que la casa de compensación establecida en Lóndres para el uso de los diversos bancos, permite pagar con solo cien mil pesos en dinero los saldos de negocios que importan por dia doce millones i medio de pesos.

Mas fácil será comprender cuánto es el ahorro que la intervención de estas obligaciones de crédito permite hacer en el uso de la moneda cuando tratemos en especial de los bancos. Por ahora nos ocuparemos en especial de los jiros que se hacen de una plaza a otra, (a los cuales impropiamente se da el nombre de cambio) , i que dan oríjen a las lelras de cambio.

El uso del crédito ha traído el establecimiento de numerosas instituciones i la emisión de diversas obligaciones como los bancos, las cajas hipotecarias, los pagarées, libranzas i vales, i en jeneral, todos los papeles que tienen circulación en el mercado i evitan el uso de la moneda me-

CüfiSO DE ECONOMIA POLITICA. 183

tilica. Sin embargo, todavía no indicaremos los antecedentes i reglas que se observan en el jiro de las principales de estas instituciones, qne mas tarde habremos de estudiar.

Por ahora solo vamos a dar una nocion jeneral de las Ut de cambio, o, por abreviación, del cambio de una a otra plaza. Es fácil establecer sobre este particular ideas claras que hagan compreosibles las alzas i bajas que se observan

en el jiro de las letras.

Dentro de una misma plaza no se comprende que pueda haber cambio, porque el cambio supone necesariamente dos cos,as: 1.- cambio de la moneda de un lugar por a monedado otro lugar, ya que, según lo hemos v.s o la moneda, como toda mercadería, tiene un valor vai able,

vale mas o ménos en cada punto, según sea la cantidad que de ella bal; i 2.‘ diferencia entre lo que dos plazas n e

sé deben reciprocamente. -^si, .cousidera„ o en cuanto a lo primero las plazas de Concepción i de Copiapo, uüersuceder que en i primera, la cantidad de moneda L circulación sea mui escasa, miéntras que en la segunda, sea mui crecida. La moneda seria en consecuenma ca« en Concepción i barata en Copiapb i sena ^ ™

un jiro en Concepción para que fuera pagado Copiapb, miiotras qne, por el coninario, costaría mas o

ner en Copiapó un jiro con pago en ^

necesitase uuÍ letra p.agadera en Cop.ap P^f ria obtenej^ K rlindo a lo mas una cantidad igual a 1 q '^’prtn^ra. i mui probablemente. ^-^0 una^ — menor El que necesitara una letra pagadei don t'endrh que dar una cantidad mayor que la que la to representa, esto es. debería pagar un premio de

“'«‘se comprende esta diferencia con relación a dos plazas de un mismo país, con mayor razón tratándose de dos plazas de P“'^

se allende entonces, a la mayor o

neda que bai en una i otra plaza, sino ^ '^1

telenda en el sistema monetario que los gobieinos

ISA CURSO DE ECONOMÍA POLITICA.

ambos países tengan establecido. En tal caso, es preciso tomar en consideración la diferencia en cuanto a la cantidad de metal fino que cada moneda contiene; i en el jiro de letras, pagará o recibirá una diferencia el que dé la letra o el que la pida, según sea mayor o menor la cantidad de metal fino que contiene la moneda de uno i otro pais.

Así, por ejemplo, si el jiro se hace de \’alparaiso a Lima, teniendo ámbas plazas un sistema monetario de igual naturaleza, puesto que el peso i la lei de la moneda son iguales, no habrá que tomar en consideración esta diferencia de sistema monetario de que venimos ti atando i solo se tomará en cuenta la mayor o menor escasez de la moneda, no la diferencia en la moneda misma. Sí, por el contrario, se tratara de hacer un jiro de Valparaíso a Sucre o a cualquier otro lugar de Bolivia, se debería tomar en cuenta la diferencia en el valor intrínseco de las dos monedas, qu^ es próximamente de un veinte por ciento. Sin atender a otra consideración que ésta, el cambio será desfavorable a Bolivia; esto es, siempre debería darse una mayor cantidad de moneda boliviana que chilena.

El tercer punto de vista a que se atiende en el cambio es a los créditos i deudas recíprocas que tienen las dos plazas entre las cuales se hacen los jiros. Así, por ejemplo, si Valparaíso debe a Londres dos millones de pesos i Londres debe a V^'alparaiso también dos millones, habrá en V alparaiso una oíerta de letras sobre Lóndres igual a la que en esta última plaza se hará de letras sobre Valparaíso. En tal caso, si suponemos que la cantidad de moneda metálica en circulación en una i otra plaza sea igual, i análogo el sistema monetario, el cambio se baria a la par. Si, por el contrario, Valparaíso debe a Lóndres dos millones de pesos i Lóndres a Valparaíso solo un millón, seria necesario que la primera plaza para pagar sus deudas remitiese a Lóndres un millón de pesos en especies o en mercaderías o que los deudores buscasen con algún costo letras sobre Lóndres. El cambio seria desfavorable a la plaza de

Valparaíso, i se pagaría una diferencia. Precisamente esta diferencia en favor o en contraes lo que se llama por abreviación, comAío.

Los antecedentes que se toman en consideración son,

pues mui claros. Se atiende en primer lugar al valor que ten-a la moneda metálica en las dos plazas entre las cuales se hacen los jiros, por la escasez o abundancia que de ella haya. Se atiende en segundo lugar al sistema monetario de las mismas plazas. I se atiende por último a los créditos i deudas recíprocas que esas plazas tengan entre sí.

Hai tres motivos de diferencia que pueden existir unidos

o separados, i dar así mui diversas formas al cambio. Si la cantidad de moneda es igual en las dos plazas con relación a las necesidades, éste será un antecedente para el jiro a la par de una a otra plaza. Si el sistema metálico es también igual, será este otro antecedente paia el cambio a la par. Si los créditos i deudas recíprocos entre las v^dos plazas son también iguales, se habrá llenado la tercera condición para que el cambio se realice a la par. Ahora, éste puede ser favorable o desfavorable, por diferencia en el valor relativo de la moneda, por diferencia en el sistema metálico i por diferencia en los créditos i deudas

/ . recíprocos.

Ercambio tiene necesariamente un límite. Esto se concibe con solo atender a lo que sucede en la práctica. Así, en el ejemplo anterior, hemos visto que si Valparaíso debe a Lóndres dos millones de pesos i Lóndres a Valparaíso solo un millón, los comerciantes de Valparaíso que tienen que hacer sus pagos en Lóndres piden sus letras con una diferencia en contra de ellos. Pero es claro que los mismos comerciantes solo se resolverán a abonar un piemio, para evitar el envío de especies, en cuanto ese premio sea menor que el costo de la remesa. Entre dos medios que se presentan para cumplir una obligación, se elije siempre e mas barato; i en el caso propuesto si el premio exijido escediera al costo de la remesa, se remitiría una cantidad

. I»/» •_

•• 1

dos plazas. El límite máximum del cambio de plaza a plaza se encuentra, por consiguiente, en el costo de la re-

mesa.

IV.

El cambio de que vamos tratando se divide en cambio I simple i cambio con arbitraje. Se llama canibio simple «el que se hace directamente de una plaza a otra;» i cam lo con arbitraje «el que se hace por intermedio de una tercera

plaza, que se elije al efecto.»

Los ejemplos de que antes hemos hablado son ejemplos de cambio simple. En el dia los que con especialidad se ocupan del tráfico de los cambios, no siempre ejecutan cambios simples, sino que de ordinario prefieren los cambios con arbitraje, para aprovechar las diferencias que hai entre unas plazas i otras. Así, en la situación que antes estudiábamos, debiendo Valparaiso a Londres dos millones de pesos, miéntras que la deuda de la última plaza era tan solo de un millón i siendo por consiguiente el cambio desfavorable a Valparaiso, se pueden remitir letras directamente de Valparaiso a Lóndres o buscar una tercera plaza para hacer por medio de ella el jiro. Si, por ejemplo, e cambio de Valparaiso sobre Lima, es favorable a Valparai. so, i el cambio de Lima sobre Lóndres se encuentra a la par, convendría en este caso jirar sobre Lima i obtener en pago de estos jiros letras de Lima sobre Lóndres, ya que procediendo de esta manera el cambio que, según el primer medio era desfavorable a Valparaiso jirando directamente, viene a dejar tal vez una ganancia, jirando por el intermedio de Lima.

I lo que sucede con relación a una sola plaza intermediaria, se nota mas fácilmente, si se toma en consideración dos o tres. Los que están especialmente ocupados de los cambios, i de nivelar por medio del jiro de letras las deudas i créditos recíprocos de las distintas plazas, arbitran o elijen siempre el medio de hacer estos jiros de una maneia

convemenle i nivelan todas las direrencias entre los dlstin-

%'esdTcntTliai facilidad para arbitrar o elejir el hacer losTros. esos sacrif.cios considerables del cambio aue puedeíi llegar en ciertas ocasiones como máximum Lto del trasporte de la moneda, desaparecen en 8«" "compensan por el pago de pequeñas comisiones cas.

todas las diferencias de unas a otras plazas.

Cuando dominaba en las naciones la teoría conocida con el nombre de im/aimo de comercio, que después hemos de espiar i en virtud de la cual se supone que el resultado eslm-able o contrario a un pais según que en su eomerc.o

esterior obtenga o dé una diferencia en ^

teria del cambio era de suma importancia, i a si. resuludo se consideraba unido el resultado jeoeral de todas las operaciones industriales. Hoi que esa teoría se encuentra en completo descrédito, el cambio, o con mas propiedad, e

jiro de letras, solo ocupa una situación

movimiento de los negocios. Menor es todavía su .mportan

cia desde que, mediante los cambios con

sible compensar en su mayor parte las diferencias entre lo

diversos mercados.

CAPULLO Vil.

COSTO DE PRODUCCION, INTERESES I SALARIOS.

I: Base del valor habitual. -H: Elementos

lasa del ínteres: circunstancias que influj ' . interes- valor corrien-

yor o menor: leí a iromTnientes de la f.j¡cion legal de la

te ivalor habUual de ^ económico deesta palabra.-V: De

tasa delmiercs.-lV : Del s aiaj w. sib riqueza.

En uno de los capítulos anteriores hemos manifestado que hai diferencia entre el valor corriente i el valor habitual, i que éste último se encuentra fundado sobre los costos de producción. Hemos dicho también que, siendo

mui numerosos i variados los costos de producción de las empresas, no es posible tomar como base del valor habitual cualquiera de esos diversos costos, porque entonces la idea del valor habitual i la base sobre la cual se funda habrían necesariamente de escluirse. No se concebiría, en realidad, que el valor habitual, esto es, el valor que ordinariamente tienen las mercaderías o los servicios en un tiempo o en un lugar dados, tuviese por base cualquiera de los diversos costos de producción de las distintas empresas industriales que, por su naturaleza misma, son múltiples i variados. La idea de lo ordiiiario i casi constante, escluye la idea de la suma variabilidad. Ilijimos que por esto se tomaba como base del valor habitual el costo de producción de aquella empresa que tiene gastos mayores, siendo sus productos necesarios para mantener igual al pedido la oferta de los artículos que esa empresa elabora.

Insistiremos ahora en pocas palabras sobre la nocion que áiites espusimos. Al clasificar los gastos de producción, hemos dicho que éstos son reales o habituales; i en verdad cada una de las diversas empresas de la industria, cada uno de los distintos individuos que se ocupan en la producción tienen en sus productos un gasto diverso, previniéndose que por empresa se entiende en Economía Política, no solo la institución que ocupa numerosos brazos, que tiene talleres bien organizados, sino el trabajo de un individuo aislado que por su propia cuenta se emplea en la producción. Estos diferentes gastos de producción de cada empresa, de cada individuo, sirven en realidad para averiguar cuandolaempresa o el individuo ganan o pierden; mas de ninguna manera pueden servir, como ya lo hemos dicho, para dar una base al valor habitual.

Entre esos diversos costos o gastos de producción, hai uno que sirve de tipo, i es el de la empresa que produce con mayores gastos. A ese costo es al que, por abreviación, se da el nombre jeneral de coslo de producción, re- ^rvando a los gastos especiales de cada empresa, para evi-

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 189

tar la posibilidad de cualquiera confusión, el nombre de

^"Sa^eTrnts natural que la proposición indicada en virtud de la cual el valor habitual de una mercadería o de un servicio se establece sobre el costo de producción. No puede concebirse en realidad que el valor habitual sea ordinariamente inferior o superior a ese costo. Si fuera ordinariamente superior, nuevos individuos, movidos por el natural anhelo de obtener el mayor resultado posible a costa del menor esfuerzo, entrarían a la producción del articulo cuyo valor habitual dejaba una ganancia considerable; i, aumentándose la oferta del artículo, habría un antecedente para la baja de su valor. Si, por el valor habitual fuese ordinariamente inferioi al costo producción, los empresarios que estuviesen sufriendo pé -

didas dejarian de producir, i por consiguiente, solo con inuarian aquéllos cuyo precio de costo fuese remuner a . Esto es lo mismo que decir que el valor habitual se establece sobre el costo de producción, o lo que es ^

lo hemos manifestado antes, sobre el precro de ®

eLado, de aquella empresa cuyos productos son nece-

sarios para atender al pedido.

II.

Determinada ya la base del valor habitual, debemos estudiar el costo de producción en sus elementos. Estos en sustancia se reducen al trabajo. En efecto, ^^^mos jic^ que el máximun del valor de cada producto esta limitado por el trabajo necesario para obtenerlo; que si el hombre Lpta el sistema del cambio o la producción indirecta, es porque, mediante el cambio, puede obtener los arüculos que necesita con mas facilidad que por la producción dirde manera que, si el gasto para obtener los ardculos por el cambio, fuese mayor que el trabajo que le ocasionar el producirlos por sí mismo, no baria uso de un sistema que no le seria conveniente. Sea, pues, que se trate de

I *'•

cambio, sea que se trate de la producción directa, el costo de un artículo es el trabajo necesario para obtenerlo. Por esto hemos dicho que, en sustancia, el trabajo es el único elemento del precio de costo. No obstante, al hablar del trabajo, hemos manifestado que admite una clasificación jeneral, en arte i trabajo propiamente dicho; hemos manifestado también que el trabajo propiamente dicho se subdivide en trabajo de ahorro i trabajo muscular.

Por consiguiente, si se quiere comprender con claridad cuáles son los elementos del precio de costo, es necesario examinar si todos estos elementos del trabajo entran a formar parte de ese precio.

Desde luego se nota con facilidad que el arte no forma parte del costo. Este es común a todos los individuos; es por su naturaleza gratuito i nada pierde de su intensidad por mucha que sea la estension en que se aplique. El procedimiento usado en Londres para la fabricación puede usarse en Chile o en cualquiera otro lugar, sin que disminuyan las ventajas de su uso en el primer pais en que se emplea. El arte no forma pues parte del precio de

costo.

Componen sí ese precio los servicios que resultan del trabajo de ahorro i del trabajo muscular.

Así los elementos del precio de costo son el salario^ que «es la remuneraciondel trabajo activo;» i úinieres, «que es la remuneración del trabajo de ahorro.» Cualquiera que sea el costo de producción que se examine, no se hallarán mas elementos que intereses i salarios, como que son las remuneraciones de todas las formas del trabajo humano que entran a formar parte del costo de los productos, con prescindencia del arte que es gratuito.

Estos dos elementos pueden entrar en proporciones muí distintas, con lo cual no decimos nada nuevo, puesto que en la primera parte de estos estudios hemos manifestado que el trabajo de ahorro i el trabajo muscular se combinan en proporciones mui diversas, según sean los hábitos, las opiniones i las costumbres de los hombres, Paises i em-

laMuri

CURSO DE ECONOMIA POLinCA. 191

presas habrá en que se haga predominar en la industria el trabajo muscular, i por consiguiente los salarios. Países i empresas habrá también en que la mayor parte de los pstos se hagan en intereses, empleándose en mayor cantidad el trabajo de ahorro. De todas maneras i cualquiera quesea la proporción en que estos dos elementos se combinen, no hai otro que entre a formar parte del precio de costo. Por consiguiente, las esplicaciones que demos acerca del movimiento de los intereses i de los salarios, i sobre la relación habitual de valor que haya entre unos i otros, darán una idea completa del precio de costo.

111.

La palabra interes, tal como la hemos definido, tiene en Economía Política una acepción mas estensa que en el lenguaje común. Ordinariamente no se da el nombre de interes sino a la remuneración que obtiene el que presta a otro un capital en moneda. No se da este nombre al arrendamiento de propiedades raices o urbanas, i mucho ménos todavía a las entradas que obtiene el propietario que trabaja con su propio capital. La verdad es, sin embargo, que no hai ninguna razón para establecer diferencia entre las remuneraciones de estos diversos capitales, o para establecerla, si emplea los capitales el mismo propietario, o si los emplea otro, por el uso del crédito. Todas estas remuneraciones corresponden aun capital ahorrado, i por eso las

mezclamos todas en una definición común.

Si pudiera dudarse de la necesidad del interes o de su lejitimidad, bastarla considerar que, sin la existencia del interes o de una remuneración cualquiera, no podría concebirse la existencia i conservación de los capitales. Paia justificar este aserto no tenemos mas que recordar lo que en la primera parte de estos estudios hemos dicho a propósito del trabajo de ahorro. Vimos allí que para el trabajo muscular tiene el hombre un estímulo poderoso, que es la necesidad que le lleva a la producción; miéntras que en el

trabajo de ahorro, este estímulo, llamado necesidad, obra en un sentido contrario, impulsando al individuo a aplicar la riqueza a la satisfacción de sus necesidades i apartándole en consecuencia de la idea de la conservación de los capitales, Vimos también allí que solo un principio de previsión i hábitos arreglados de moralidad pueden dar al trabajo de ahorro un oríjen en todo caso intelijente.

Es mas difícil conservar que adquirir, dicen los axiomas populares, i es este principio una verdad de sentimiento jeneral. Si es mas difícil conservar que producir por el trabajo muscular, mayor seria esta dificultad sin duda, si a la conservación de los capitales no impulsara la idea de adquirir con ellos una remuneración cualquiera. Se consumida lo mas posible, si no hubiera ventaja o interes en abstenerse del consumo, si este interes o remuneración por la conservación llegase a desaparecer. Vemos así que el intereses una condición necesaria de la conservación de los capitales, i que la idea de estinguirlos, importa también la idea de suprimir el estímulo para la formación de los capitales, que tanto contribuyen al desarrollo de la industria.

Se llama tasa del interes «la relación entre el capital i la remuneración anual o mensual que produce.» Esta tasa del interes puede espresarse de dos maneras, ya por un tanto por ciento del capital, ya por la cifra que resulta de la división del capital por el interes. Así, por ejemplo, i esto es lo que se acostumbra en el dia, se dice que la tasa del in • teres es de cinco u ocho por ciento anual, si es que el capital ciento da en un año cinco u ocho. O se dice, i esto solo se acostumbraba antiguamente, que el capital está colocado al dinero veinte, si produce cinco por ciento, porque, dividido ciento por cinco, da como resultado veinte. Esta manera de hablar no se acostumbra ya en la actualidad; i los intereses se espresan siempre por su relación proporcional con el capital.

Es claro que la tasa del interes puede aumentar o disminuir, ya por una variación en el capital, ya por una variación en el interes; por el divisor o por el dividendo.

Asi por ejemplo, el ioteres aumenta, si es de seis por deoto eo L i cinco por ciento, o si es de se, s por ctenrm'ves de seis por ciento veinte. El interes d,sm,nuje, ya poi-que disminuye el tanto por dentó, ya

mentad capítol que produce el intetes dado. D.smu^mrd,

siendo cuatro por ciento en vei de coco por ciento, i d iniuuirá también, siendo cuatro por ciento veinte, en ves de

cuatro por ciento. . .

No debemos insistir sobre estas variaciones de ficil comprensión, pues basta recordar que d aumento i la diminución resultan de la relación entre el cap al i la remuneración. Debemos buscar tan solo las circunsunc" inauyen en que la tasa del interes sea mayor o

"z;r:ss.í:;rr ... —

ea que la tasa del Ínteres sea mayor oimenor, Sf

i la amortización.

Es indudable que un capital que se emp pecnlacion peligrosa o aventurada, solo

Ínteres subido para compensar

Es natural también que un capital que va

una industria de resultados seguros d

de Obteoer uo ioteres creoi-

rín ñpsoues de correr un nesgo considerable.

‘^ Llámase amoríiiaciori «la reconstrucción de un capital / 1 ^ trde cto-to tiempo... Este elemento se toma eo con H rlcion porque en el jiro de los negocios se debe atender 1 el'etoplo de lol capitales produzca dos resultados ’ Irlos- * • qoo dé otro capital igual para reemplazar Tqoe stetoplea o destruya, i 1* qne dé una remuneración o ioteres del mismo capital durante la operación.

una máquina, por ejemplo, que, segon lo ™ ^

la piimera parte de estos eaiudios, va perdiendo su utilid

19^ CÜB30 DE ECONOMIA POIITICA.

en la misma proporción en que ésta se incorpora en los artículos que forma, pierde completamente esta utilidad en el trascurso de diez años, el individuo deberá procurar que el producto de esa máquina sea tal que le dé un interes o remuneración del capital i otra cantidad de tal importancia que al ün de los diez años pueda reponer la máquina. hl producto o interes en jeneral será por hipótesis en este caso de quince por ciento al año; cinco por ciento de reoiuneracion propiamente dicha, i diez por ciento, para que al cabo de los diez años esté reconstruido el capital ciento. Sise tratara de instrumentos de consumo mas rápido, como un azadón, una pala, seria necesario para que no ubiese pérdida que el producto fuese mucho mayor que en el primer caso. Necesitaría, por ejemplo, que el producto eii cada uno de ios dos años que permanecieran útiles, fuese de cincuenta i cinco por ciento: cinco por ciento para remuneración propiamente dicha, i cincuenta por ciento para que, unida a otra cantidad igual, se repusiera en ios dos años el capital ciento. Vemos en estos ejemplos que, a mas del riesgo, se debe tomar en cuenta la amortización: el interes será mayor o menor, según sea

que la amortización tenga que hacerse mas o ménos rápidamente. ^

Las variaciones del ínteres están sometidas a la leí jeneral de la oferta i del pedido, lo mismo que todas las variaciones de valor, i en consecuencia el interes sera mayor o menor, según que la olerta esceda al pedido o el pedido a la oferta. Constituyen la olerta todos los que tienen capitales disponibles i piensan emplearlos, sea que ios empleen por sí mismos, sea que los hagan valer por medio del crédito. Constituyen el pedido los que tienen un arte industrial suliciente pata dai empleo a ios capitales i desean trabajar. El valor de los intereses será mayor o menor, según las relaciones comunes que antes hemos estudiado. La leu de la oferta i del pedido es, como en todas las variaciones de valor, la fuerza que en la práctica hace efectiva las condiciones de la equidad. Claro es que una misma lei establecerá un valor

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 195

subido para los capitales que se emplean con mucho nesgo o que tienen una amortización rápida. En tal caso, la o erta de capitales para ese empleo solo se hace en condición dadas para obtener un interes crecido; miéntras que la oferta de capitales para colocaciones seguras se l^^ce en cantidad mucho mayor. La lei del cambio que distribuye a los individuos en las diversas profesiones deteimina as

valor del interes.

U tasa del ínteres tiene, como todos los objetos, u valor corriente i un valor habitual, según sea que se estudieo las variaciones rápidas en los diversos cambios o la manera ordioaria de obtener una

tanto la tasa del ínteres corrient e como la tasa del mtere^ habitual, obedecen al mismo principio que el valor comen

te i el valor habitual.

La tasa del ínteres habitual depende de las causas jenerales que traen consigo un mayor o menor empleo de capitales, un sistema mas o ménos adelantado de trabajo de ahorro. Si en una sociedad , por ejemplo, hai segundad i confianza; si las costumbres son favorables al espíritu e previsión; si hai un respeto profundo por la propiedad, será natural que los capitales aumenten i que disminuya en consecuencia la tasa ordinari a del interes. Si, por el contrario, el espíritu de previsión disminuye; si las costumbres i las opiniones dominante s son contrarias al ahor^ ro; si éste no encuentra seguridades i garantías en la lei i en los hábitos, será muí difícil la formación de capitales , disminuirá el ahorro, i aumentarán en consecuencia el valor i la tasa del interes. Estas variaciones serán transitorias o permanentes; corresponderán a las variaciones que hemos llamado corrientes o habituales: pero en todo caso dependerán solo de las causas jenerales que hemos es-

plicado. _ ^

En la mayor parte de los países, principalmente en los

tiempos anteriores a la época actual, se ha introducido en el movimiento de los intereses un elemento de perturbación, fijándose por las leyes el máximum de la tasa del in-

ayo CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

teres. A veces se ha fijado un Ínteres para las operaciones rejidas por el derecho civil i otro interes un poco mayor para los préstamos en actos mercantiles, i de ordinario se haestablecidoco.no tasa del interes un tipo demasiado bajo que de ninguna manera ha estado en relación con el valor atribuido a los intereses en el corso libre de los cambios. En ciertas ocasiones se ha llegado también a suprimir totalmente el interes, prohibiéndose la estipulación ce él en los préstamos,

Estas leyes han partido de un punto de vista enteramente falso, cual era la esterilidad del dinero. Se decia que, no produciendo el dinero nada por sí mismo, era injusto que se pagara interes por su uso. Reconocíase por ello a lo mas el interes punitorio i el interes compensatorio de los riesgos en ciertos casos especiales. El interes lucrativo o io que es lo mismo, la justa remuneración por la conservación de los capitales, se consideraba ilejíiimo.

Las esplicaciones que hemos dado acerca del poder de cambio de la moneda, hacen innecesario que manifestemos el error de aquella doctrina. Solo nos ocu])aremos en pocas palabras de los resultados prácticos de esas disposiciones legales en parte vijentes aun en algunos países.

El resultado práctico ha sido i no podia dejar de ser contrario al fin qua se tenia en mira. En efecto, o la lei ffia como máximum de la tasa del interes una que guarde proporción con el valor de los intereses en el .sistema del libre cambio, i entónces la fijación es por lo ménos inútil- o fija una tasa menor, i entónces hace un mal positivo a los que necesitan capitales. La lei perfectamente cumplida podria obtener que el interes no fuera mayor que el designado, pero no podria obligar a prestar al que no quiere; el efecto del cumplimiento de la lei seria en este caso la paraJizacion de muchas operaciones que podrían subsistir con el ausilio del crédito. La verdad es, sin embargo, que la lei lio se cumpliría por completo. Seria violada por algunos; i éstos que la violaran, prestando a una tasa mayor que *la fijada, estarían libres de la competencia de Jos capita-

CÜRSO DE ECONOMIA POLITICA. 197

les de los que, por respeto a ella, se escusaran de prestar.

Se llama salario en Economía Política (ilajernuneracioa del trabajo activo, muscular o intelectual aplicado a la producción de las riquezas.» Así, pues, aunque de ordinario se llama salario la retribución de los servicios personales que se prestan a un individuo o a muchos, no ménos que la remuneración de los servicios públicos, la Economía Política, que solo trata de los servicios propiamente productivos, restrinjo el sentido de esta palabra a la remuneración del trabajo activo, muscular o intelectual que se emplea en la producción. Comprende también en el salario la remuneración de los empresarios de industria, porque, aunque jeneralmente no se da este nombre a esa remuneración, en realidad, no hai motivo alguno para distinguir el salario de un empresario del salario de otros trabajos que se emplean en la producción.

En ‘una empresa se debe procurar obtener, si no se quiere que haya pérdida, un producto tal que compense los intereses de los capitales invertidos, los salarios de los trabajadores empleados en la misma producción i la remuneración que el empresario obtendría por sus aptitudes, ocupado en una empresa estraña. Puede obtenerse una utilidad mayor; pero en tal caso ésta no correspondería propiamente al salario del empresario i seria una ganancia de la empresa: mas lo que, por lo ménos, debe procurarse es tener ese salario de que hemos hablado, ya que de otra manera se trabajarla con pérdida.

No tenemos necesidad de insistir acerca de los diferentes salarios que, según la equidad, tienen las distintas profesiones, Hemos tratado con alguna detención de este punto en un capítulo especial i hemos visto que la remuneración se ajusta equitativamente al trabajo; que, según la equidad, a un trabajo mayor debería corresponder una remuneración mayor; que esta remuneración se compone no so-

lo de la remuneración económica, sino también de muchas otras; i que la remuneraeion económica debe ser tanto mayor cuanto ménos considerado sea el trabajo. Dijimos también en ese estudio que las observaciones acerca de la equidad en la proporción entre la remuneración i el esfuerzo, no tendrían ninguna utilidad práctica, si no hubiese alguna leí que la hiciera efectiva: que la lei que rije la distribución de los individuos en las diversas profesiones, es la de la oferta i del pedido; i, por último, que si todos los hombres tuvieran los recursos necesarios i las aptitudes indispensables para elejir la profesión que mas les conviniese esa lei eslableceria en la práctica todas las condiciones de equidad ántes esplicadas; pero que, no podiendo todos disponer ni de iguales aptitudes, ni de iguales recursos, habla por esta causa profesiones mas o ménos remuneradas que lo que deberían serlo, si fuese posible la adopción voluntaria de una profesión cualquiera. Nos basta, por consiguiente, llamar la atención de nuevo hácia esas esplicaciones, para que se comprenda cuál es la lei que rije las variaciones en el valor de los salarios.

Constituyen la oferta los que tienen voluntad i poder para trabajar. Constituyen el pedido los que tienen arte industrial para dar empleo a ese trabajo i los capitales necesarios para remunerarlo. El valor se establece con las condiciones ordinarias ántes indicadas.

Los salarios, lo mismo que los intereses i todos los valores, tienen una remuneración corriente i una remuneración habitual: aquella es la que resulta de los cambios incesantes, i ésta la que ordinariamente alcanza en un tiempo o en un lugar dados. Si diéramos sobre esta materia esplicaciones mas detenidas, no hariamos otra cosa que repetir las anteriores. Nos referimos a ellas, seguros de que se comprenderán con facilidad las variaciones ordinarias i estraordinarias que puede haber en la remuneración del trabajo activo.

CORSO DE ECONOMIA POLÍTICA

•, r

Para completar los estudios relativos a los dos elemenj tos del costo de producción, el interes i el salario, vamos

Ia esplicar las relaciones que se observan entre uno i otro

en las diversas situaciones o estados de liqueza que pueI den presentarse.

Compréndese a primera vista que, estando destinada la ,) totalidad de la remuneración a pagar los servicios del tra-

, bajo activo i los del trabajo de ahorro, debe haber una re-

¡ lacion necesaria entre el valor de los intereses i el valor de

los salarios. El estudio que hagamos sobre estas relaciones, en los diversos estados que sea posible examinar, complei' taráel análisis del costo de producción, i a la vez servirá

de útil ejercicio para la aplicación de la lei fundamental del cambio, la lei de la oferta i del pedido.

I Por variados que sean los estados de riquezas que se

presentan en la práctica, pueden reducirse a tres principaj| les, que corresponden a otras tantas situaciones de la so-

j ciedad. En efecto, puede suceder que ésta se encuentre en

i un estado estacionario, esto es, que la suma de los produc-

tos i ia cifra de la población permanezcan iguales, siendo también igual el trabajo con que esos productos se alcanzan. Puede suceder que la sociedad se halle en un estado progresivo, esto es que aumente el poder de la producción o, lo que es lo mismo, que disminuyan ios gastos de la proI duccion. Puede suceder, por último, que el poder produc-

tivo vaya en diminución, o que los gastos de producción aumenten.

En la primera situación, en el estado estacionario, los salarios i los intereses se encuentran en una relación inversa; pues es claro que de la totalidad que debe distribuirse para remunerar el trabajo de ahorro i el trabajo activo, no es posible emplear en intereses una cantidad mayor que ántes, sin que disminuya la cantidad que queda 1 para los salarios. Si de un todo se forman dos parteS} me-^

200 CCR80 DE ECONOMIA POLITICA.

ñor será la segunda, miéntras mayor sea la primera. En esta situación estacionaria, puede suceder que haya variaciones en el pedido de cada uno de los dos ramos o elementos que forman el costo de producción. La influencia que ejerza esta variación en el pedido estará siempre sujeta a la lei fundamental del cambio. Así, por ejemplo, si se establece una máquina que reemplaza el trabajo muscular, sin aumento de la producción, hai mayor pedido de capitales i motivo para que suban los intereses, al mismo tiempo que una causa poderosa para que bajen los salarios eii Jeueral, ya que este trabajo es ménos empleado, miéntras que el capital tiene mayor uso. En tal caso la mayor parte de los productos se destinará a intereses, la meuor parte a los salarios. Por el contrario, si se establece otro procedimiento en virtud del cual se reemplaza una máquina con el trabajo activo de algunos obreros, sin aumento de la producción; aumentando el pedido de trabajo i subsistiendo igual la oferta, ya que suponemos que no bai cambio en la población, aumentará el valor de ios salarios, i en consecuencia habrá menor pedido de capitales i baja en el valor de ios intereses. JJe todas maneras, i cualquiera que sea el caso que se examine, en la situación estacionaria de la sociedad, la lei de la oferta i del pedido es la que organiza la distribución de la remuneración entre los intereses i los salarios, siendo necesariamente la parte de uno de estos elementos tanto menor cuanto mayor sea la del otro.

En la segunda situación indicada, esto es, en aquella en que el poder de la producción va en aumento, es también aplicable la lei de la oferta i del pedido. La única diferencia que se observa entre esta situación i la anterior, es que, aumentando los productos, puede aumentar la parte de los intereses o de los salarios, sin que por necesidad disminuya la parte que corresponde al otro elemento. Supongamos, por ejemplo, que, en vez del trabajo de ocho liombres que se remunera con ocho pesos, se emplee una máquina que reemplace el trabajo de estos ocho hombres, El Ínteres del capital empleado en ella es también de ocho pe-

sos, i la máquina produce el doble de lo que daban los ocho hombres cuyo trabajo se ba reemplazado. En esta situación, aumenta el pedido de capitales, i por consiguiente, en conformidad a la lei de la oferta i del pedido, suben los intereses i disminuyen los salarios; pero, como la máquina produce el doble de lo que ántes daba el trabajo de los ocho hombres que reemplaza, queda un sobrante de producción que antes no existia, sobrante de producción que puede corresponder ya al empresario, ya a lajeneralidad de los consumidores. Corresponderá al empresario, si el valor habitual de los productos que elabora no ha disminuido, i será entonces una ganancia neta de su empresa; corresponderá, por ti contrario, a los consumidores en jeneral, una vez que este aumento de producción disminuya el valor habitual. En el primer caso, esto es, si queda el sobrante de productos en poder del empresario, éste puede darle el destino que quiera, i pedir ya nuevos capitales, ya una nueva cantidad de trabajo activo. Si hace este último pedido, resultará que bai uu antecedente para que suban los salarios. Si el sobrante de productos se reparte entre los consumidores, éstos pueden pedir también o nuevos capitales o una cantidad de trabajo activo, i esto último influirá en el alza de los salarios. En el segundo caso, esto es, cuando el sobrante de los productos se distribuye entre los consumidores, los asalariados tienen una ganancia positiva en el menor valor que pngau por los productos que consumen, i si liai un nuevo pedido de trabajo, tienen ademas la ventaja que resulta de este nuevo pedido que alza

los salarios. .. ,

Puede suceder ahora que se invente un procedimiento

para reemplazar el trabajo de una máquina que importa un capital cuyo ínteres sea de ocho pesos, 1 que el reemplazo se haga con el trabajo efectivo de dos hombres cuyo salario total sea dedos pesos. En este caso bai un motivo, en conformidad a la lei de la oferta i del pedido, para que aumenten los salarios i bajen los intereses; pero como queda

un sobrante de productos, porque ios gastos de produc-

PÍ.

clon han disminuido, sucederá lo mismo que en el caso anenor. Ese sobrante de productos puede pei-tenecer al empresario oa la jeneralidad de los consumidores, los que

En resiímen, en esta situación tle progi-eso económico que ven, utos estudiando, las variacioLs de valor de tos ntereses , de lo^ sala, -ios, dependen de la lei del cambio;

OIM se ; , uutorior, la notable diferencia de

que se obtiene un sobrante de productos que puede apli-

Asi nodrr“‘"r'

to han d M ‘I® “P¡«-

embargo, una compensación mas que suficiente: en pamer lugar con la baja que espetimentan los productos ten segundo con el nuevo pedido qne ese sobrante de productos puede hacer al trabajo activo. '

La diminución del poder productivo que coloca a la socedad en la tercera situación de estudio que hemos indicado produce resultados contrarios a los que da el aumento del m,smo poder. Supongamos, por ejemplo, que,

Sad '' P” en retroceso en la

remunera, to hombres

da que con 6^”°“'*'™ dejl-

supongamos, lo que sucedería mas comunmente en el esta-

tabaiZrn:: I:"* -pi- ™

toEZ o '■'“““erado con el misl salar-

io. En uno , en otro caso debemos examinar el nuoto a

Ses Tr cantidad de ca-

prinera ¡2"^ ““í’" ‘«liajo activo. Si lo

rimero, I, abra motivo para el alza del intei-es i nara la

aja de los sálanos. Pero, como en vez de haber uo s^bra, - te de productos, éstos bao disminuido, los salarios no tienen coinpensacon de ninguna especie contra la baia que

es, cuando el pedido es de mayor can Hilad de trabajo acti-

i- i'

20S

vo, para llegar a dar el mismo producto que ántes se obietenia con menor trabajo, sube también la tasa de los salarios, i no hai compensación de ninguna especie para los capitalistas que, en la situación anterior de progreso económico, podrian hallarla en el nuevo pedido de capitales que se hiciera con el sobrante de productos adquiridos por la mejora en el arte industrial. En una palabra, en este caI so de retroceso del arte, se hacen sentir los efectos de la lei

de la oferta i del pedido en la distribución de la totalidad de la rennmeracion^ sin que quede compensación alguna para el elemento perjudicado en estos cambios.

} Tales son las variaciones que se notan en las relaciones

del valor de los intereses i de los salarios: relaciones que, , según lo hemos visto, son contrarias al elemento ménos

' pedido, i que proporcionan o no una compensación en el

nuevo pedido que puede hacerse, según haya o no un sobrante de productos. En cuanto a la relación habitual en el valor de los intereses i de los salarios, ésta se encuentra fijada por los hábitos i las ideas dominantes acerca del trabajo activo i del trabajo de ahorro. Sociedades hai en que se tiene un grande estímulo para trabajar en el ahorro i en que se hacen grandes pedidos de capitales i se estima mas ventajoso para los procedimientos de la indus - tria el empleo de capitales que el empleo de trabajo activo. Sociedades hai también en qne se tiene poco deseo i costumbre de ahorrar i en que el uso de los capitales es mui reducido i se da preferencia al uso del trabajo activo. Según sea el artQ^industrial dominante de la sociedad, se- , gun sea la estimación que se tenga de uno i otro trabajo

i según sea, por último, la voluntad que se emplee para aumentar el uso de uno o de otro de estos elementos, así también se establecerá la relación habitual de valor entre el interes i los salarios. Depende en definitiva esta relación habitual, de la estimación i empleo de cada una de las dos clases de trabajo.

204 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

VI.

La condición de las clases obreras ha llamado con justicia la atención de los publicistas i economistas durante los últimos tiempos i mui principalmente en el siglo actual; mas, por desgracia, el deseo que muchos han manifestado de velar por su suerte, ha llevado a algunos a emitir ciertas ideas contrarias a la armonía que debe necesariamente existir entre los capitalistas i los asalariados. Se ha exnjerüdo la oposición que hiii entre los intereses de unos i otros, i se ha llegado a decir que la existencia del capital i

sus progresos son contrarios al desarrollo de la clase obrera.

Los principios que hemos espuesto manifiestan que, si bien en las relaciones entre los intereses i los salarios hai cierta oposición, por cuanto el alza en unos trae la baja en los otros, no es éste, sin embargo, el punto de vista que debe tomarse para observar la influencia del capital sobre la suene de las clases obreras. Debe examinarse si el capital facilita o no la producción; i si, como lo hemos visto, el capital ejerce una benéfica influencia, en vez de hallarse Oposición radical entre los intereses de los capitalistas i de los obreros, debe reconocerse que estos últimos están interesados en el aumento de los capitales.

Otra proposición deducida de los principios antes espuestos i que esplica la situación de las clases obreras es «que a medida que los capitales aumentan, la parte absoluta de los capitales en el producto total aumenta i su parte relativa disminuye, raiéntras que la parte de los trabajadores aumenta de las dos maneras» (1). La prueba de esta proposición se encuentra en el movimiento de los capitales i del trabajo. En efecto, miéntras mayor sea la cantidad de capitales que haya en un mercado, miéntras mayor sea el desarrollo del espíritu de ahorro, mayor será la interven-

(ij Bastut#— Armonías económicas.

COBSO DE ECOÜOMl* POEITIC». 205

cion del capital en la producción; pero por el misrno motivo el ínteres proporcional disminuye. Asi, por ejemplo,

si a la producción conenrren diez mil pesos i el ínteres es de ocho por ciento, la parte del capital en los productos será de ochocientos pesos. Si, en vez de diez mil pesos, .a práctica del ahorro forma veinte rail, la tasa del ínteres bajará i será, por ejemplo, de seis por ciento. Entonces, si los veinte mil pesos concurren a la producción, la par e total asignada al capital en los productos será de mil doscientos pesos i la parte proporcional sera menor, puesto que la tasa ha disminuido. Vemos .asi que los asalariad tienen una ventaja positiva en el aumento de los capitales que conduce a la diminución de la tasa del ínteres. Ha se concibe una oposición radical, cuando la .conveniencia de loa asalariados está en el aumento del capiul, que trae necesariamente consigo la diminución de los intereses, por el aumento de la oferta.

CAPITULO vm.

DE LOS CAPITALES FI.JOS I CIRCUL.ANTES,— I DE L.AS CRISIS

COMERCIALES.

I: Clasificación «lelos capitales en fijos i circulantes; ® capital mo, teda.-Il: Cuáles capitales están bles trasforraacioiies: cuáles se fonnan primero, ca en las variaciones de valor délos capitales fijos .

crisis comei'ciales: del crédito.-V: Si las crisis son en sí imsiuas.un mal. hai algún medio de destruirlas.-\l: Délas crisis monelanas-

En la primera parte de estos estudios hemos dicho que los capitales o productos se van convirtiendo en fuerzas para la producción venidera mediante el consumo, i que

esta conversión de las riquezas en fuerzas se hace de una

manera mas o mános rápida que da oríjen a la clasi icacion de los capitales en fijos i circulantes. Al tratar de los consumos, i en especial de los consumos de industria o simples transformaciones, hemos dicho también que los

CUBSO DE ECONOMIA POLITICA.

capitales se vau trasformando mas o ménos rápidamenteque ha, capitales, como las materias primeras, h lana, ci palo de tinte, etc.; que pierden toda su utilidad en el momeu o en que se emplean en la industria pasando esta utiad a incoiporarsB en el producto que se elabora; i que liaiotioscapita es, como las máquinas, los iostrumenL, e c., cuya utilidad se va incorporando lentamente en los aiticulos que concurren a producir. Dijimos asimismo que esta ransformacion mas o inéiios rápida de lus capitales’en a industria daba oríjeii a la división de los capitales en fijos, en circulantes. Util será ahora, después de haber ro- . se» de capitales; estudiar la intervención que cada una

^o1:une"T ‘ "

:~rcLs“

Para hacer la clasificación de los capitales en fijos i circulantes, se parte de la idea de su duración i de ía forma

que son capitales fijos los que producen entrada sin camlar de dueño, i capitales circulantes aquellos en que la enrada solo se obtiene con el cambio. Pero elta dasMoa ^ .ion no coi-responde a las ide.as admitidas actualmente

1„, ‘‘"‘T- I-T «'««tote o de commio „aque-

uya u 1 idad se trasforma o consume rápidamente i

P“¡les fijos o fabricación «aquellos cuya utilidad se \ Ta^:r “ lentamente, oque concurren

Clase de cap.tales circulantes los alimentos, los trajes 1. s materias primeras que sirven en la fabricación i en joieral, todos aquellos objetos cuya utilidad se incorpora SI .retardo alguno en el artículo qne se elabora i todos Ruellos que una vez producidos, se consumen para alientar inmediatamente las fuerzas del individuo. El palo

(ty Smitit.

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 207

de tinte, cuya utilidad se pierde en el momento en que se emplea en la tintura de los tejidos, i el tejido, cuya utilidad se destruye por el consumo personal, corresponden a estas dos formas de los capitales circulantes.

Los capitales fijos o de fabricación tienen una utilidad mas durable, i los mas de ellos son propiamente fuentes de , producción. Una máquina, por ejemplo, pierde su utilidad

i al cabo de cierto tiempo; pero esa utilidad no se va incuria porando en los productos que elabora, sino con lentitud i

sirviendo el mismo capital máquina para la fabricación de numerosos productos.

A la segunda clase de capitales fijos corresponden todos aquellos objetos que, aun cuando solo sirven para el consumo personal, duran por largo tiempo, como los cuadros de un pintor, las estatuas de un escultor, las habitaciones. Si bien, según la clasificación antigua muchos de estos capitales pertenecían a la clase de circulantes, se estiman hoi como capitales fijos por la lentitud de su consumo.

El capital moneda puede ser clasificado entre los capitales fijos o entre los circulantes, según se le considere con relación a los individuos, o con relación a la sociedad. Para el individuo, es uno de los capitales circulantes por escelencia, ya que para él es el medio mas rápido de circulación i de consumo. Pero, si se considera con respecto a la sociedad, es un capital fijo que tiene por objeto establecer los cambios i servir de esta manera a la producción.

II.

Compréndese a priinei a vista, atendido el movimiento de las riquezas, que todos los aumentos i todas las diminuciones súbitas en la cantidad de ellas, tiencu lugar en los capitales circulantes, ya que el consumo de estos capitales es mas rápido i su reproducción se hace sentir de un modo mas lijero. Se comprende también qne estos capitales circulantes formen la parte principal de la masa total

208 CURSO DE ECONOMIA POLITICA. [

de los capitales, como que son los únicos que pueden servir inmediatamente para la satisfacción de las necesidades; miéntras que los capitales fijos son, por lo j eneral, causa de producción venidera, verdaderas fuentes de pioduccion.

Una gran parte de los capitales fijos no puede servir para el consumo sino es por un cambio con los capitales circu- I

lantes, mediante el cual obtiene éstos el tenedor de los primeros, o mediante la producción que es necesariamente lenta. De esta diversa naturaleza de los capitales fijos i de I

los capitales circulantes; del destino que cada uno de ellos tiene en los movimientos de las riquezas; del hecho de que los capitales circulantes sirven para el consumo inniediato, miéntras que la mayor parte de los fijos solo vienen a servir para la producción venidera, resulta que los au- |

mentos i diminuciones considerables en la masa de los i.

capitales se manifiestan por lo común en el ramo de los .

circulantes.

Solo cuando éstos se encuentran en una cantidad creciaa, cuando hai una suma mayor que la indispensable para satisfacer las necesidades ordinarias, se piensa en la labricacion de capitales fijos, i se trasforman los circulantes en fijos. Lo primero, sin duda alguna, es tener los alimentos necesarios para la conservación de. la vida, los vestidos indispensables para el abrigo, los capitales ciiculantes, en fin, que sirven para las necesidades primordiales. Cuan o se tiene una reserva de estos capitales; asegurado ya el consumo de ellos durante cierto tiempo, entonces puede pensarse en la preparación de capitales fijos, como maquinas, edificios, etc., que sirvan parala producción posterior

o para consumos lentos.

De lo dicho resulta que hai una relación necesaria entre los capitales fijos i los circulantes. Por esto es que, para hacer comprender por completo el movimiento incesante de los cambios i las variaciones que se esperimentan en la suma de unos i otros capitales, vamos a esplicar las distintas variaciones que se observan en el movimiento industrial.

CURSO DE ECONOMIA POLITICA i

Entre los capitales circulantes i los fijos hai una diferencia esencial que resulta de sn naturaleza. El valor de los capitales circulantes está determinado por las necesidades de consumo personal que satisfacen i sujeto a la lei de la oferta i del pedido. El valor de un hectólitro de trigo, por ejemplo, está dominado por la necesidad que se tiene e ese trigo, i solo viene a dar un interes por la venta o por el cambio, cuando el hectólitro de trigo se cambia. El tenedor de él procura obtener una cantidad que le sirva como remuneración del trabajo empleado en la producción i otra cantidad que sirva como interes del capital empleado en el mismo trigo durante el tiempo en que ha sido conservado. Los capitales fijos, por el contrario, sirven, por lo jeneral, para producir ínteres i dan este interes en cada ocasión en que concurren a la producción. Una máquina, por ejemplo, que elabora diversos productos da un interes del capital empleado en ella, en cada producto. De aquí resulta que <i as variaciones de valor en los capitales circulantes, hacen variar el Interes de los mismos capitales circulantes, según sea que el valor obtenido en el cambio reproduzca o no el capital empleado en el producto, i una cantidad mayor o menor que sirva como interes de ese capital; i que las variaciones en la tasa del interes hacen variar el valor de los capitales fijos.» Es evidente que, si una hacienda de campo da mil fanegas de trigo, no será igual el valor e esa hacienda, si cada fanega vale dos pesos, o si vale tan solo uno. En el primer caso, la hacienda representaría un capital que da doble producto, i seria en consecuencia da un valor mayor: en el último daría la mitad del producto, i el valor del capital seria también la mitad. En consecuen. cia, las variaciones de valor de los capitales cii Guiantes hacen variar la tasa del interes, i las variaciones en la tasa del ínteres hacen variar el valor de los capitales fijos. Esta

idea hace comprender con facilidad cómo ss trasmito el

210 CURSO DE ECONOMIA POLITICA* ‘

movimiento económico de unos a otros capitales, i permite apreciar las modificaciones que se observan en el jiro de ellos.

En cuanto a las relaciones entre el capital fijo i el capital ,

circulante, puede observarse desde luego que son también L

de fácil esplicacion. Hemos visto que los capitales circulan- 1

tes solo sirven para satisfacer necesidades personales, o |

como materias primeras en la industria i que toda niodifi- |

cacion considerable en la totalidad de los capitales se ma- 1

nifiesta por un aumento o por una diminución de estos a

capitales circulantes. Miéntras no baya lo necesario para el P

consumo durante cierto tiempo, puede decirse que ni aun |

existe la idea del capital fijo; pero si esos capitales circu- !i

lantes llegan a aumentar a una cantidad mayor que la in- j

dispeusable para la satisfacción de las necesidades inmediatas, vendrá en consecuencia una baja en su valor, en conformidad a la lei de la oferta i del pedido. Aumentando en este caso la olería en una proporción mayor que el pedido, !

bai un antecedente necesario para su baja. En tal situación I

¿de qué servirla aumentar ios capitales circulantes de la l

sociedad, si no hubiera necesidad que satisfacer con ellos!’ , ,1

¿De qué serviría aumentar la cantidad de trigo o de otros artículos de naturaleza perecedera, si aumentándolos no sb ■

habría de obtener otro resultado que hacer un trabajo sin remuneración, elaborar productos que bien podrían perder- ,

se por descomposición o por otra causa, sin que tuvieran í

consumo? En este caso, guiados los tenedores de capitales I

circulantes por su propio ínteres, verían que les era mas 1

conveniente pensar en la adquisición de capitales fijos que les fueran útiles ya para hacer un consumo lento en lo i

sucesivo, ya para procurarles nuevos medios de producción. be desearía naturalmente pedir, mediaiile el empleo tie capitales circulantes, el trabajo necesario para adquirir un capital fijo, como una máquina, un fundo de campo o f

simplemente se pediría una de las máquinas existentes. En todo caso, la diminución en el valor de los capitales circulantes sefia una causa para el pedido de capitales fijos,

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 211

i un motivo en consecuencia para que subiera el valor de

estos capitales. La variación en la oferta que viene de loa capitales circulantes se comunica así a los capitales lijos,

aumentando el valor de ellos.

Ahora si suponemos, el caso contrario, si los capitales

circulantes disminuyen de una manera considerable, i si en

consecuencia el valor de ellos aumenta, los tenedores e

capitales fijos procurarán convertirlos en circulantes. Esto puede hacerse o por el cambio de un capital fijo por un capital circulante, o simplemente por la paralización en e

reemplazo i en el cuidado de los capitales fijos. Podría venderse, por ejemplo, una de las máquinas existentes o dejarse de reemplazarla que se gasta. En una palabra, todas las variaciones que se observan en el aumento o diminución de la oferta de capitales circulantes, i por consiguiente, en el valor de ellos, se comunican a los capitales fijos, siendo el valor de éstos tanto mayor, cuanto menor es el de los capitales circulantes; tanto menor, cuanto mayor es el valor de los mismos capitales circulantes. ^

Ademas, puede suceder que baya una variación en el pet idodel capital fijo, que se procure establecer en un país una gran cantidad de ferrocarriles e inmovilizar en consecuencia una gran masa de capitales circulantes convirtiéndo os en fijos; operación que se ha ejecutado en una escala mas o ménos vasta en gran parte de los paises de Europa. En esta situación las variaciones se trasmiten de otra manera. Pídese uiiagran cantidad de capitales circulantes necesarios para el desarrollo de la empresa que se procura plantear, como por ejemplo, fierro, durmientes, etc.; sube el valor de estos capitales circulantes; se comunica la variación en aumento del valor, de este, ramo especial de los capitales circulantes al resto de los demas capitales; i aumentando el valoren jeneral del capital en circulación, disminuye en consecuencia el valor de los demas capitales fijos.

Las variaciones en la ofertase trasmiten de los capitales circulantes a los fijos i las variaciones en el pedido se trasmiten de un ramo especial do los capitales fijos a los

• A

212 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

capitales circulantes, i de éstos, por último, al resto de los capitales fijos.

No continuaremos en la esposicion de las numerosas variaciones que pueden desarrollarse en la relación de unoS i otros capitales. Basta haber espuesto los antecedentes de estas variaciones, para que se puedan apreciar todas las que se observan en el jiro ordinario de los negocios.

t ,

El estudio de las variaciones ordinarias en la relación del valor de los capitales fijos i de los capitales circulantes tiene sin duda grande importancia para apreciar las modificaciones quo se observan en el movimiento de la industria. Esas variaciones no son, sin embargo, perceptibles de ordinario i solo vienen a manifestarse por completo cuando en las sociedades acontecen ciertos trastornos que «paralizan la circulación, influyen en la baja considerable del valor de los capitales fijos aumentan el de los capitales moneda i traen la inejecución en grande escala de las obligaciones de crédito.» A estos trastornos se ha dado el nombre de crisis comerciales.

Estas producen de ordinario, a mas de los efectos antedichos, que son los principales, una especie de descrédito jeneral, la depreciación de los efectos de comercio i de has obligaciones públicas, la paralización de los descuentos, la aglomeración de grandes masas de mercaderías cuya venta se paraliza, la suspensión del trabajo en muchas fábricas i la baja de los salarios.

Para que puedan apreciarse mejor las consecuencias de estas crisis comerciales, comencemos por citar la apreciación que un autor distinguido (1) ha hecho de la acontecida en Inglaterra en 1825. «La crisis comercial que ha tewnido lugar en Inglaterra, dice este autor, sirve para hacer «notar dos inconvenientes que pueden nacer de la facultad

(1) Say.

CDB30 DE ECONOMIA POLITICA,

«de multiplicar sin límites los ajentes de la circulación, «Los bancos han abusado de esta facilidad i se han servido « de sus billetes para descontar una cantidad demasiado «considerable de efectos de comercio, podiendo los jefes de «muchas empresas, por medio de estos descuentos, darles «una estension desproporcionada con sus capitales. Obli- «gado el banco por lalei a reembolsar sus billetes en nu. » merario metálico, se ha visto obligado a recobrar el oro «a cualquier precio i hacerlo amonedar con pérdida i cos- » tos considerables. I después, para evitar estas pérdidas, «ha recojido sus billetes i paralizado su circulación, cesan- «do, en consecuencia el descuento délos efectos de co- «mercio. Los bancos principales se han visto obligados en «consecuencia a hacer otro tanto i el comercio se ha encon- «trado privado de improviso de las anticipaciones con que «habia contado, ya para formar empresas nuevas, ya para «dar mas estension a las antiguas. A medida que llegaba «el vencimiento de las obligaciones que los comerciantes «habian descontado, han debido pagarlas, i, no encontran- «do ya anticipaciones de los bancos, se han visto forzarlos «a usar de todos los recursos de que podian disponer, ven- «diendo mercaderías por la mitad de su costo, de manera «que, reducido el valor de ellasa ménos de su costo de «producción, una multitud de obreros ha quedado sin «trabajo i se han declarado muchas quiebras entre los ne- «gociantes i entre los banqueros que no tenían por preñada de sus emisiones sino obligaciones de los particulares, «de los cuales muchos habian fracazado.»

Esta esplicacion de una crisis especial manifiesta en gran parte los efectos, pero para apreciarlas en toda su estension i en todas sus consecuencias, de todas las de su especie, conviene estudiar las causas a que con justicia se pueden atribuir estas perturbaciones súbitas de la circulación. Las principales son tres;

1.® Una escasez que disminuya de improviso la suma de los productos de la agricultura, i por consiguiente, el capital del comercio. 2.“ En gran número de operadones mal

214 CTjBSO de economía política.

concebidas, que traen por resultado una pérdida considerable de capitales circulantes, 3/ Un pánico político.

Para examinar los efectos de cada una de estas tres causas diferentes, estudiémoslas de una manera práctica,^ o - servando cómo se encadenan las relaciones de valor ce todos los productos para llegar a producir tan estraord.nanos

trastornos. ,

Una mala cosecha, por ejemplo, es causa de que, en vez

de recoier seis millones de fanegas en un país, se lecojan

ticamente dos millones. En tal sitnacion, siendo los pro-

duelos agrícolas de un consumo indispensable i Iwbie

subido de valor en grandes proporciones, si antes se aplicaban a la adquisición de estos productos doce millones de pesos, por ejemplo, habrá que destinar a la adquisición de ellos lina cantidad mayor. El capital que se emplee en esta adquisición se sacará de otra industria, i se disminuirá el consumo délas demas mercaderías que no son de necesiílad tan indispensable. Los valores de tocias estas mercaderías bajarán en consecuencia de una manera estraordinaria. Todas las empresas que costeaban ántes sus gastos, i muchas aun de las que hadan ganancia, no podrán ya vender sus productos sino con gran pérdida. Se necesitarán capitales en metálico para pagar las obligaciones, i estos capitales subirán de valor; se paralizarán muchas industrias; quedará gran número de trabajadores sin empleo; disminuirán los salarios; se producirá la inejecución en grande e.scala de las obligaciones de crédito, i en jeneral. aparecerán todos los resultados qne, según hemos dicio, constituyen propiamente una crisis comercial.

Üna guerra de considerables proporciones puede producir los mismos resultados que una escasez; porque entónces es necesario apartar un gran número de brazos de la industria en que ántes se empleaban, disminuye la producción i viene una alza en el valor do los capitales moneda. A veces si la guerra es de larga, duración, son inevitables todas las consecuencias de una verdadera crisis

comercial.

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 21 B

. Hemos dicho que un gran nilmero de operaciones mal concebidas podría también ser causa de una verdadera crisis. Indicaremos en comprobación un ejemplo práctico acontecido en Inglaterra en la crisis mercantil acaecida a consecuencia de la emancipación americana a principios de este siglo. Las vastas colonias de la América del Sur, que hasta entónces hablan permanecido sujetas a las leyes de monopolio dictadas por la monarquía española, abrieron sus puertos al comercio de todas las naciones. La industria inglesa acudiendo al pedido que las colonias americanas le hacían, creyó encontrar en ellas un mercado estenso i sin límites i quiso asegurarlo desde luego con productos abundantes. Las fábricas aumentaron sus producciones; i en algunos meses la cantidad de mercaderías trasportadas a América, principalmente a los puertos del Atlántico, íué tal que bien podia alcanzar para dilatados años. Tan iéjos estuvieron los productores especuladores de estudiar la naturaleza de las necesidades de estas colonias que aun llegaron a traer cargamentos de patines. El resultado no se hizo esperar. Una importación tan desproporcionada con la naturaleza i cantidad de las necesidades que se debían abastecer, no encontró salida en un mercado escaso i de pocos pobladores; las mercaderías se realizaron con gran pérdida; hubo necesidad de devolver muchas a Europa; las empresas que hablan contraido obligaciones de crédito tuvieron que vender sus mercaderías por la mitad i aun por méiios de su costo. Paralizáronse muchas empresas; disminuyeron rápidamente los salarios; hiciéronse sentir numerosas quiebras; i en jeneral se produjeron los mismos resultados que hemos esplicado al hablar de la primera de las causas de las crisis mercantiles.

Un pánico político produce las mismas consecuencias que las dos causas anteriores; consecuencias que no necesitamos repetir, pues bastan las espiicaciones dadas de antemano para apreciarlas. Cada una de estas tres causas puede traer por sí sola una crisis comercial; pero las mas Qutables ^ue hasta hol se han observado han procedido

210 CURSO DE ECONOMIA POLITICA,

de la unión de dos de ellas, i aun en ciertos casos, de todas.

Buscando algunos un oríjen mas jeneral a las crisis comerciales, han dicho que ellas proceden de la estension del crédito. En efecto, cuando las crisis han sido mas sensibles, cuando han sido acompañadas de trastornos mas sérios, ha venido a ser en los últimos tiempos, en que, mui estendido el crédito por las numerosas instituciones que se han planteado, han venido estos trastornos a comprometer valiosas relaciones. ¿Podria deducirse de aquí que el crédito es perjudicial al desarrollo económico, o por lo ménos que es un amiliar pérfido que puede aumentar los males de la sociedad? Para deducir semejante consecuencia seria indispensable probar de antemano que las ventajas del crédito en los tiempos ordinarios son inferiores a los perjuicios o trastornos que causa en los momeiitos escepcionales de crisis. Sus consecuencias no son jeneralmeute otra cosa que el resultado de la desaparición momentánea del crédito; i, siendo así, es natural que se manifieste en mayor esteusion en los lugares en que el crédito existe, porque no se puede perder lo que no se tiene. Pero esto mismo revela que las crisis comerciales, lójos de ser una justificación de la teoría de que el crédito puede ser perjudicial, son una comprobación de sus ventajas. Si la simple paralización del crédito produce males tan graves, es claro que su desaparición absoluta los producirla mucho mayores. Solo los que poseen están espuestos a perder, i precisamente

los que mas tienen son los que están espuestos a perder mas. (1)

Tampoco puede decirse que la crisis sea por sí misma un mal. El rnal está en las causas que la traen; en las malas cosechas; en las operaciones mal concebidas; en el pá-

(t) C, Cocquelin.

lí.'

i V

nico político. La crisis es un efecto i un efecto necesario, una vez que las causas se presentan. Por el contrario, puede decirse que, una vez manifestada la causa de una crisis comercial, la crisis, consecuencia de aquella, si causa de pronto trastornos súbitos i la ruina de numerosos individuos, viene a establecer hábitos de previsión i de órden para lo sucesivo, i es así una causa del progreso posterioi . Eompréndense entónces las ventajas del órden i del arreglo; se concibe que no se deben mantener empresas con capitales insuficientes, porque están espnestas a fracasar ante el menor peligro. Se comprende la ventaja de la previsión i del arle industrial. Así es que, pasados los trastornos que la crisis trae consigo, las mismas ruinas que ocasiona son el Olijen de un adelanto mayor en lo sucesivo; la causa de un nuevo arte industrial.

Se oDserva también que las crisis tienen cierto carácter periódico i que se presentan por lo jeneralcuando a primera vista aparece mas floreciente el estado de la sociedad. Así en Francia i en Inglaterra ha habido crisis comerciales en 1811, 1810, 1825, 1831, 1837 i ISáO. Estas crisis son, por su naturaleza, transitorias; son un estado de transición de una situación desordeir.üa en el jiro de las empresas i en el uso del crédito, a una situación regular i estable. Si no tuvieran este carácter; si se notara que el poder de la producción iba disminuyendo de un modo permamente i que la cantidad de los productos de la industria era insuíiciente para la satisfacción de las necesidades de los individuos; si hubiese una diniinucion constante de capitales; si el arte industrial fuera en retroceso; si el crédito fuese también desapareciendo, i si todo esto se observase de un modo estable, entónces no habría ya solo crisis comercial. Esto seriauna verdadera diminución del poder productivo, cosa sumamente grave por cierto, i que se observa en las sociedades en decadencia.

Las crisis comerciales no tienen ningún remedio fuera

de ellas mismas. Seria completamente inútil que se procui-

ara paralizarlas i que se buscara fuera de ellas por los go-

CÜBSO DE ECONOMIA POLITICA.

bíernos cualquier arbitrio que tsndieraa suprimirlas. Cuando la crisis se manifiesta es porque ha existido la causa que la trae, i entonces sus consecuencias son necesarias. Aun mas, el mismo trastorno sirve para correjir el estado es-

cepcional de la industria i para organizaría de una manera conveniente.

VI.

Hai otras crisis con las cuales se ha confundido algunas veces las comerciales, que son monetarias. Pero entre unas i otras hai una considerable diferencia, i solo pueden ser mal apreciadas cuando no se emplea un espíritu ordi-

/nario de observación. La ciisisjnonetaria es «aquella situación escepcional en quThiTañtidad de moneda en circulación esmui inferiora la necesaria para las transacciones del mercado.» En esta situación se observa naturalmente,

^ en conformidad a la lei de la oferta i del pedido, que los

capitales moneda son escasos; que, por consiguiente, las'

demas mercaderías pierden con relación a la moneda mucha parte de su valor; que se dejan de cumplir muchas obligaciones de crédito. En una palabra, se observa una alza en el valor del capital moneda i los trastornos que son su necesaria consecuencia.

Se comprende desde luego la inmensa distancia que huí entre una crisis comercial i una crisis monetaria. En la primera, la causa es una verdadera diminución de capitales, niiéotias que en la crisis monetaria la suma de los demas capitales es Igual i lo único que disminuye es el capital moneda. Estas crisis monetarias tienen mui fáciles reniedios, i aun pueden evitarse [)or completo siempre que hai hábitos de previsión i algunos conocimientos en el sistema (el cambio. Si, por ejemplo, la escasiz de moneda proviene •de que el gobierno ha hecho acuñar una cantidad insuficiente de ella, fácil es aumentar la cantidad acuñada. Si el sistema monetario es doble i llega a haber escasez de oro o de plata, se puede suplir d uso de la moneda con el otro

metal que se halle en abundancia. I si aun llegaren a faltar los dos metales preciosos, aun entonces sena fácil reemplazar el uso de la moneda metálica con las cuentas corrientes, con el jiro de las letras i vales, con la emisión de billetes de banco i en jeneral con todas las obligaciones de crédito que desempeñan, según hemos visto, las funciones de moneda de papel i hacen innecesario el uso de ««a gran suma de moneda metálica. Los paises que tienen hábitos e instituciones de crédito bien organizadas, no se hallan espuestos a sérias cousecuencias por estas crisis monetarias, que son también por su naturaleza transitorias i fáciles de salvar.

CAPITULO IX.

DE LAS LIMITACIONES 1 DE LOS INCONVENIENTES DEL SISTEMA DE

DISTRIBUCION POR LIBERTAD.

I: Limitaciones u obstáculos que se oponen al ^

bertad: sus clases.-ll: De los obstáculos naturales. • sistemada

De los efectos de estos obstárulos.-v. De de

distribución por libertad. ^ ^

remuneración de los inventores.-Ml. De la “

éntrelos diversos individuos i úe\ pauperismo. -MU. Hesumen.

Antes de comparar los dos sistemas de distribución, conviene examinar las limitaciones u obstáculos que se oponen al ejercicio del de distribución por libertad. Estos pueden colocarse en dos grandes clases: unos que existen naturalmente, i otros que emanan de la voluntad del hombre. Los primeros se llaman naturales, i no podría ()oncebirse ninguna sociedad en que no dominaran. Los últimos son artificiales, i puede el hombre modificarlos i aun su primirlos totalmente por el progreso de la opinión i de las

costumbres.

CURSO T)E ECONOMÍA POUTICA*

II.

Los obstáculos naturales son: la ignorancia-, la distancia; la diferencia de nacionalidad, de relijion, de lengua i de costumbres-, i el impuesto.

La ignorancia, que es el primero que hemos indicado, es, sin duda, el de mayor importancia en sus efectos. Ella impide que clases enteras de la población aprecien debidamente sus intereses ¡ conozcan el juego de los cambios, tanto en la elección de profesiones, o lo que es lo mismo en la aplicación del trabajo, como en la distribución de los productos. Débese a este obstáculo el que eu la práctica no se arregle la distribución de los individuos en las diversas profesiones de una manera tan completa, como se arreglarían si todos pudieran conocer con facilidad las ventajas que de cada profesión resultan i tuvieran las aptitudes ' necesarias para elejir la que mas les conviniera. La ignorancia impide que se dé la concurrencia entre las diversas producciones toda la estension que podria tener i, por consiguiente, que se obtengan todas las ventajas que resultan de la estension del mercado. Ella, es, pues, un obstáculo grave para la jeneralizacion del sistema de distribución por libertad i para que produzca todos sus naturales resultados. Sin ella, la aplicación del trabajo i la distribución de los productos tendrían un campo de acción mucho mas vasto, i las ventajas del cambio serian mayores.

La distancia es asimismo un obstáculo natural que aumenta los gastos de producción e impide que los productos de ciertos lugares concunan a ciertos mercados a competir con los demas. Los efectos de este obstáculo se notan fácilmente estudiando una situación hipotética, como seria aquella en que todos los productores pudiesen ocurrir sin inconveniente alguno a cualquier mercado para ofi ecer sus productos. En esta situación hipotética en que los produc- ' tos no estuviesen recargados con los gastos de trasporte, que son una consecuencia necesaria de la distancia, sin du-

í t '

da que las ventajas de la concurrencia serian mucho mayores, i los hombres podrian satisfacer sus necesidades a

costa de un sacrificio menor.

De la misma naturaleza que los anteriores es el tercer

obstáculo, que procede de la diferencie de nacionalidad, de lenguaje i de costumbres entre los diversos individuos. La sola diferencia de lenguaje es uu incauveniente grave para la estension del mercado i para la jeneralizacion dei cambio en su mas vasta escala. Mayores inconvenientes nacen de la diferencia de costumbres i de lejislacion, que separan a unos pueblos de otros i colocan a las sociedades en una situación de aislamiento relativo. Si tales diferencias de lejislacion i de costumbres no existieran, podrian concurrir todos en cualquier mercado i obtener la satisfacción de sus necesidades sin entorpecimientos de ninguna especie. En tal situación tendida la ventaja en el cambio el que produjera con mas cuenta; i, libre éste de obstáculos de toda clase, podria enajenar esos productos, adquiridos con facilidad, de una manera conveniente para los consumidores.

El cuarto obstáculo natural es el impuesto. Este es un obstáculo natural, porque, según lo hemos visto, es imposible suponer la existencia de una sociedad en que no haya un gobierno, así como la de un gobierno remunerado por el sistema de distribución por libertad, desde que los servicios que prestan no se incorporan a la materia ni a un individuo determinado. Los servicios públicos aprovechan a la jeneralidad; i es preciso que sean remunerados por el impuesto, que no es otra cosa que una parte cualquiera de las entradas de los particulares destinada a la retribución

de esos servicios. La forma del impuesto es variable, pero su existenia es naturalmente necesaria.

Los obstáculos artificiales pueden reducirse a tres clases: los monopolios^ los reglamentos i las tarifas que designan un máximum.

222 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

Los monopolios son «las instituciones establecidas por la lei o por las costumbres, según las cuales las mercaderías o los servicios no pueden ser vendidos o prestados sino por ciertos individuos o en lugares determinados.)) Es clar- 0 que los monopolios pueden tener una estension mas o ménos vasta i que pueden comprender ya toda la organización de la sociedad, ya solamente algunos ramos determinados de mercaderías o de sci’vicios que se prestan en ella. Así podrían citarse como los monopolios mas jeneralcs los que han constituido a las poblaciones en un sistema de castas. Podrían citarse tambiien los monopolios constituidos para establecer un privikijio esclusivo de cierto comercio en compañías especiales. Podrían citarse igualmente los monopolios organizados para atribuir los derechos de prestar ciertos servicios, únicamente a los que cumplen con determinadas condiciones fijadas por las autoridades. En el dia, los monopolios se reducen de ordinario a tres principales: 1." ios que organizan servicios que se cree no deben ser prestados sino por los que hayan recibido una preparación esmerada, como los de los abogados, médicos, injenieros, oficiales de fé pública, etc.; 2.® los constituidos por cuenta de la autoridad, como la administración de tabacos, de naipes i auu de té en ciertos lugares; i 3.® los monopolios organizados con el fin d(! dar a ciertas compañías de comercio el privilejio esclusiv'o de esplotar alguna industria especial o algunos lugares, encomendados esclusivamente a su administración mercantil. Los demas monopolios antiguos que comprendían ¡iropiaraente casi todas las industrias como los de castas, se encuentran olvidados en el sistema de organización de las sociedades modernas.

Los reglamentos en la acepción mas jeneral de esta palabra son «los actos emanados de la autoridad pública, o las prescripciones de la costumbre que dictan reglas especiales, ya para la fabricación de los productos, ya para la prestación de los servicios.» Diferéncianse en consecuencia los reglamentos de los monopolios en que, éstos últimos

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 223

atribuyen a determinados individuos el derecho de fabricar los productos o de prestar ciertos servicios; miéntras que los reglamentos dan las reglas en conformidad a las cuales se deben fabricar las mercaderías, prestarse los servicios o usarse de las mercaderías. Los ejemplos mas notables de reglamentos que pueden citarse son los que en Ja antigüedad se dictaron para organizar la trasmisión i eslensiun de las propiedades raices; los que, con el nombre de reglamentos suntuarios o de lujo, limitaban a ciertos individuos el uso de las mercaderías de gran costo, determinando para los demás la clase de aiticulns que podían consumir; i finalmente los que tenían por objeto dirijir la fabricación de los artículos, determinando la forma i procedimientos de fabricación que debiau observarse. En la actualidad, en la mayor parte de los países civilizados, los reglamentos se contraen a la prestación de ciertos servicios que son de uso común, como los de sirvientes domésticos. Pero no se ocupan ya de establecer los procedimientos de fabricación.

I La tercera clase de obstáculos artificiales, 1^^ tarifas, o ' fijación de máximum, son «los actos de la autoridad pública o las indicaciones de la costumbi'e que tienen por obje- , to fijar el valor, ya de los servicios, ya de los productos.»

' De esta naturaleza son las leyes que determinan el límite

de la tasa del interes o el precio de las mercaderías de consumo indispensable, como el pan i la carne; las que fijan el máximum del salario de los abogados o procuradores; i las que limitan el valor de ¡os tiasportes en jeneral, i especialmente en los carruajes i ferrocarriles. En el dia se ' van olvidando en los países civilizados las antiguas tarifas

que fijaban un precio a los productos, i las leyes que limiI taban la tasa delinteres. Las tarifas que tienen todavía una

i' existencia vigorosa son las que determinan el salario de al-

[' gnnos servicios.

CUfiSO DE ECONOMÍA POLITICA*

IV.

Los obstáculos, tantos naturales como arúlicaUs, producen un resultado común, cual es el de de los artículos i que los individuos puedan ocuparse en la profesión que deseen. Impiden de esta manera que se ar.e. íde la distribución por el interes bien eniendido de tombres, i hacen irrealizable en la práctica el justo deseo que a todos anima de que la retribución guarde una proporción estricta con el trabajo que se emplea. Este aser o no necesita de demostración en cuanto a los obstáculos naturales, o mejor dicho, esta demostración esta ya dada, porque hemos visto que la ignorancia, la distancia, la diferencia de lejislacion i el impuesto impiden que los servicios se presten con la facilidad que hai en un sistema de libre cambio, e impiden que los productos puedan obtenerse con todas las ventajas con que se alcanzarían en el sistema de libertad absoluta, sin obstáculos de ninguna especie. Si no existieran la ignorancia, la distancia, la difeiencia de lejislacion i el impuesto, cada individuo podría elejir la profesión mas adecuada a sus facultades, i todos podrían concurrir a cualquier mercado. Este aserto, que es tan fácil de comprender, tratándose de los obstáculos naturales, es asimismo de mui fácil comprobación respecto a los obstáculos artificiales, porque en realidad unos i otros vienen a producir unas mismas consecuencias. Los monopolios impiden que todos los individuos puedan ocuparse en la profesión o ramo de servicios que sea mas adecuado a su intelijencia i a sus hábitos; los reglamentos detei minan la forma en que se han de prestar los sei vicios, i en que han de fabricarse los productos; i por último, las laiifas vienen a señalar un precio máximo a los objetos, trabando asi la marcha del sistema industrial. Los icsultados de estos obstáculos artificiales son, por consiguiente, los mismos de los obstáculos naturales: entorpecen la distribución de los individuos en las distintas profesiones se-

CURSO DE ECONOMÍA POLITICA. 225

gun sus aptitudes, i limitan la ordenada división del trabajo. Permiten que entren al mercado sin competencia alguna los artículos que emanan de las empresas de monopolio; suprimen el estímulo que en la industria libre se presenta siempre para vencer a los demas en la lucha e cambio; entorpecen los progreses que podrían hacerse en la prestación de los servicios i en la fabricación de los productos, sometiéndolos a todos a un reglamento uniforme i común; i, por último, fijando un máximum a los servicios o a las mercaderías, alejan de la prestación de esos mismos servicios a los que no se hallan dispuestos a violar la lei, i dejan entregados a los consumidores en manos de aquellos que buscan en el alza de los valores una compensación de los riesgos que corren por su violación. Asi se Inobservado, por ejemplo, que en los países en que leves han limitado la tasa del Ínteres, estas leyes han sido inútiles o perjudiciales; inútiles, si la tasa del ínteres fijado por la lei, era superior a la que habrían dado los capíUles en el sistema de la libre competencia; perjudiciales, si esa tasa era inferior a la que habría resultado del libre cambio. I lo que se observa con relación a la tasa del Ínteres, puede aplicarse a toda la organización artificial que emana de los monopolios, de los reglamentos i de las tarifas. Todos los obstáculos impiden el libre ejercicio del cambio, i en consecuencia sustituyen al impulso que da el interes privado bien entendido, el impulso^ que emana de los mandatos de la autoridad i la organización artificial establecida en favor de intereses particulares,

Para completar el estudio del sistema de distribución por libertad, no solo debemos esponer sus consecuencias favorables sino también los inconvenientes que tiene en la práctica, esto es, los abusos a que necesariamente se presta o los defectos que encierra. Los indicaremos en su da-

226 CURSO DU ECONOMIA POLITICA.

sificacion mas comprensiva, i daremos esplicaciones acerca de cada uno de ellos.

El primer inconveniente que resulta del réjimen de la competencia, es la logrería. Llámase logrería «la especulación que tiene poFobjéto~ reunir la totalidad o la mayor parte de cierta clase de productos, para imponer la lei en el mercado.» Dos ejemplos notables podemos indicar acerca de esta operación. Descubiertas por los holandeses las islas Molucas, encontraron en ellas la pimienta, el clavo, i en jeneral los productos conocidos con el nombre de especias; i como estos productos se hallaran en todas las islas de ese nombre, iraajinaron que podría set conveniente a sus intereses, reducir los gastos de la producción, limitándola a ciertos lugares i obtener con la producción de esos lugares un valor igual al que habrían alcanzado con una producción mas abundante. Poniendo en práctica su propósito, destruyeron las plantaciones en muchas de esas islas; las concentraron en algunas; impidieron por medio de reglamentos la esportacion de las plantas que habrian podido servir para la reproducción en otros lugares; i exijier* on por los productos que formaban una cantidad escasa, un precio mas alto que el que habrian tenido esas especies llevadas al mercado en cantidad abundante. Aun llegaron a establecer una vijilancia estricta en las islas en que se hacia esta producción i a preservarlas de los ataques de los que pudieran tener interes en la propagación de las mismas especies. Vemos aquí el ejemplo mas notable que puede citarse de una operación de logrería que haya tenido éxito para los que la emprendieron; i vemos también cuáles son las consecuencias desfavorables que, para los consumidores en jeneral, resultan de una operación de esta naturaleza. Dueños los productores del mercado, imponen un precio, i privan a los consumidores de la baja de valor que necesariamente habria resultado de la abundancia de la producción.

El banco de los Estados-Unidos emprendió también una

Operación de logrería a principios de este siglo con relación

censo DE ECONOMIA POLITICA

„ los algoilones. Creyeodo que podría hacerse do«-.o de toda la existencia de este articulo e .tnponer l»>“enel .nercado, llegó, eu erecto, a comprar toda la e^stenca de uu año; pero, sobreviniendo la cosecha, se v.ó obligado a continuar en la misma operación. Tuvo que pagar precios inni altos; i concluidos al fin los recursos importantes de

que habla podido disponer, se viú forzado a gran pérdida las masas de algodón que había acumulado, b que fué cansa de su completa mina. En esta operación particular los que la emprendieron resnltamn perjndmados; lo que es mui natural, según la esphcacion que vamos

a dar acerca de esta operación.

A primera vista se concibe la diferencia que hai entre ' logrería i la especulación. En c! comercio de especulación, el que lo emprende se propone adquirir los pra^uctos e el tiempo en que están abundantes para venderlos en tiempo en que están escasos; pero el especulador no impone 1.a lei en el mercado, la recibe del cambio. Al contrario en la logrería, e! que la emprende se propone dominar el mercado, fijar el valor. Se comprende también que, para el buen éxito en una operación de esta clase, se necesi ciertas condiciones especiales. La primera es disponer de un capital propio o ajeno mui abundante. La según a es h.acerla con relación a productos que sean de una producclon difícil, esto es, que no se puedan aumentar en la cantidad que se quiera. Por esto es que jeneralmente se hace sobre productos de la agricultura, que no se obtienen sino de año en año. Si se hiciera sobre artículos manufacturados, la abundancia de la producción liana imposib.e^ el buen éxito de semejantes operaciones. La tercera condición es que se obre en un mercado poco estenso, porque si se tratara de uu pais que tuviera un comercio esterior considerable, se podria reponer fácilmente el consumo de mercaderías con la importación, i el buen éxito sena imposible.

Estas operaciones son de un carácter pasajero, ya que según hemos visto, solo pueden hacerse con la esperanza

, e

de un éxito favorable, contando con una especie de sorpresa sobre el mercado, para imponerle la lei en un tiempo mas o ménos breve. Una operación de esta naturaleza no podría subsistir por largo tiempo. El comercio se encargaría de hacer competencia a la logrería i de poner íin a la Operación.

Así como la logrería es indudablemente un mal, i el deseo de hacerla constantemente establece en la sociedad un espíritu de monopolio perjudicial al progreso de la industria así también es de notar que el remedio contra este mal, que emana del sistema de distribución por libertad, se encuentra en la libertad misma. Una vez que los mercados se estiendan, que el comercio esterior se facilite, que el sistema de distribución por libertad llegue a ser mas completo 1 libre de obstáculos naturales i artificiales, estas operaciones irán desapareciendo por necesidad. El sistema de distribución por libertad es el correctivo del mal que resulta de la competencia.

Otro de los inconvenientes del sistema de distribución por libertad, es la falta de remuneración de los inventores En el sistema de distribución por libertad, el inventor no tiene otra remuneración que la que le da el movimiento de los cambios i la competencia. Si llegara alguno a mantener en reserva su nueva invención; sien consecuencia pudiera preparar los productos con un gasto menor que el ordinario de las demas empresas, podria tomar para sí to a a diferencia que, según hemos visto, hai en la reinuneracion respecto al empresario que tiene menores costos de producción. Miéntras el invento fuera aplicado solo por el inventor, tendría una remuneración de ese invento. Pero en el sistema de la industria libre no existe este goce esclusivo de un procedimiento por largo'tiempo. Interesados todos los empresarios en disminuir el precio de costo, procuran siempre arbitrar los sistemas que dan mejor re-

sultado, de manera que tan pronto como les es posible apreciar las ventajas de alguno producen todos en conformidad a él. I, disminuido el costo de producción, disminuyen también el valor corriente i el valor habitual de los productos. Resulta de aquí que la remuneración de los inventores en el caso mas favorable dura por un tiempo corto, i quedan después sometidos a la misma lei de los que se han limitado a aplicar sus procedimientos. Esta remuneración en el sistema de industria enteramente libre, puede bastar para ciertos procedimientos que no necesitan de largos estudios o de la inversión de fuertes capitales en preparación i ensayos, Pero no es bastante, cuando se trata de procedimientos que necesitan de estudios continuados durante largo anos i de la inversión de capitales de consideración.

Lo dicho es lo que sucede en el caso mas favorable para los inventores. En efecto, puede suceder en muchas ocasiones que éstos no cuenten con los recursos necesarios para plantear su procedimiento, i entónces se hallan espuestos a sérias continjencias i aun a la pérdida de todas las ventajas que su invención podria darles.

Del conocimiento de esta verdad i de la apreciación que Se ha hecho de la necesidad urjente de dar un estímulo a los inventores, ha resultado el que en la mayor parte de los países avanzados en la civilización se procure darles una remuneración bajo el amparo de la autoridad. De aquí han emanado las leyes que otorgan privilejios esclusivos o patentes de industria i las que reglan la propiedad. Refiriéndose las primeras a la remuneración de las invenciones industriales, i las últimas a dar un estímulo a los autores de trabajos científicos o artísticos. En la parte prác» tica daremos algunas ideas sucintas acerca de los sistemas que se han empleado para organizar en especial los privile. jios industriales.

Hemos dicho que en el sistema de industria libre, cuando hai un aumento en la población sin una mejora correspondiente en el arte, hai también un aumento en la renta

230 CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

territorial de las propiedades mas cercanas a los lugares de consumo; i si bien hemos reconocido que en gran parte es debido ese aumento de la renta a las mejoras permanentes que hacen los propietarios, hemos reconocido también que el solo aumento de la población puede llegar a ser causa del aumento en la renta de la tierra. Hemos dicho asimismo que la diminución en la población trae un resultado contrario para la renta territorial, esto es, que a una diminución en la población corresponde una diminución en la renta de la tierra. Estos hechos estudiados bajo el

nombre de lei de la renta territorial vienen a revelarnos que en el sistema de la competencia hai otro inconveniente que tomar en consideración, cual es, que hai casos en que se tiene una remuneración proporcional mente jnayor que el servicio que se ha prestado, i que en otros se esperimenta una pérdida en la renta territorial sin culpa del propietario. No insistiremos, con todo, sobre este inconveniente; porque, al tratar de 'la lei de la renta territorial, hemos espllcado sus antecedentes i sus consecuencias, e insistiendo ahora sobre la misma materia, no haríamos mas que repetir las esplicaciones dadas de antemano i que son do fácil apreciación

VII.

Otro de los inconvenientes del sistema de distribución por libertad se encuentra en la desigualdad de fuerza económica entre los diversos individuos. Ya hemos dicho que para que este sistema de distribución por libertad cumpla rigorosamente con las condiciones de la equidad; para que los individuos se distribuyan de una manera conveniente en las distintas profesiones; para que los productos se distribuyan asimismo de una manera oportuna, preciso seria que todos los hombres dispusieran de igual instrucción i de iguales recursos, de manera que la capacidad especial fuera la única que sirviera de punto de partida para la aplicación de los esfuerzos i para la producción en jeneral.

e; —

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 231

Por desgracia, los hombres estiman de una manera mui diversa sus intereses; unqs están a merced de necesidades imperiosas, otros pueden disponer de capitales que les preserven del influjo decisivo de estas necesidades; unos tienen gran previsión, otros solo pueden ejercitarla en menor escala; unos tienen mas fuerza para la producción, otros apénas la tienen para llenar sus necesidades primordiales. En la lucha del cambio entran en competencia fuerzas diferentes, i hai ocasiones en que algunos individuos i aun grandes masas de población se encuentran a merced de otros individuos mas liábiles o con mas recursos.

Para salvar estos inconvenientes de la desigualdad de fuerza económica i para evitar el engaño que en muchas ocasiones sufren los que tienen una previsión menor, se ha ocurrido en ciertos casos a establecer medidas administrativas, que declaran la incapacidad legal de algunas personas para tratar i las someten a una tutela estrañaí Los indíjenas de América fueron colocados bajo la tutela de funcinnarios públicos llamados protectores, i se organizó en jeneral el sistema de distribución de la riqueza con relación a estas clases de la sociedad. Se ha visto en la práctica que estos arbitrios, aceptados no solo en la América, sino también en otros lugares, no han dado ningún resultado conveniente; i que, para salvar este embarazo del sistema de distribución por libertad, no hai mas correctivo que el que procede de la libertad misma, que progresivamente va impulsando a las masas a adquirir la instrucción en virtud de sus esfuerzos propios.

No son ménos graves los inconvenientes que resultan de la existencia de la miseria i del pauperismo. Definida ya el estado de miseria i el pauperismo, que no es otra cosa que la constitución en el estado de miseria de una manera permanente de grandes masas de la sociedad, no insistiremos por aliora acerca de las consecuencias que emanan de esta ventaja social.

232 CORSO DE ECONOMIA POLITICA.

VIII,

En conclusión, si bien los indicados inconvenientes del sistema de distribución por libertad son graves, si bien debe procurarse que desaparezcan, para establecer la distribución sobre las bases de una ‘justa equidad, ellos no alcanzan con todo a contrapesar las graves desventajas del sistema de distribución por autoridad. En el sistema del cambio, puede haber miseria individual; mas en el sistema de distribución por autoridad, para salvar estos inconvenientes particulares, se incurre en un embarazo jeneral, en el retroceso del arte industrial. Las desventajas particulares se hacen jenerales, i todos los miembros de la sociedad vienen a encontrarse colocados en una situación idéntica a la que, en el sistema de distribución por libertad, solo sufren aquellos individuos que respecto a la jenerali- .dad, se encuentran en desproporción de intelijencia, de ilustración o de recursos.

GAPITELO X.

COMPARACION DE LOS DOS SISTEMAS DE DISTRIBUCION.

I: Qué elementos debemos estudiar i en qué estado de sociedad para comparar los du8 sistemas de d;.>tnbucion. — II: Cuál de los dos sistemas de distribución imprime al movimiento jeneral de la industria un desarrollo mas fácil, atendidas las necesidades, las aptitudes personales i la responsabilidad de los ajenies. —JII: Cuál tiene mas influencia en el desarrollo del trabajo muscular, del trabajo dé ahorro i del arte industrial,— IV; Cuál es mas favorable ai arreglo de la población,—V: Resumen.

Clasificados los sistema de distribución, hemos manifestado en sus detalles cuáles sou los procedimientos que se observan en el de libertad i estudiado los principios que rijen tanto la aplicación del trabajo como la distribución i valor de los productos, espresando los inconvenientes i los obstáculos que uao i otro tienen en la práctica. En cuanto

CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 235

al sistema de distribución por autoridad, nos hemos limitado a indicar que el que determina como árbitro la forma del movimiento industrial es el gobierno. En el sistema de libertad, el hombre dispone de sus actos i de sus productos, dirijido por el principio de su interes personal que, por su propia conveniencia, dtbe poner en armonía con el interes de los demas. En el sistema de distribución por autoridad absoluta, la fuerza que domina la distribución es la au • toridad.

Para comparar los dos sistemas de distribución, es, por consiguiente, necesario comparar las dos fuerzas que obran en ellos: el interes personal que da libertad de acción i trae consigo la responsabilidad, i el iñandato de la autoridad que suprime esa libertad i con ella la responsabilidad con_ siguiente.

Este estudio puede hacerse con relación a diversas situaciones de la sociedad, ya que, como hemos visto, en la distribución no hai nada absoluto sino es el hecho mismo de la distribución.

Sociedades habrá en que la autoridad se encuentre a una inmensa altura respecto de los gobernados i en que los individuos que componen el poder estén animados de sanas intenciones, llenos de moralidad, de ilustración i en jeneral (le todas las aptitudes necesarias para animar el movimiento industrial. Puede suceder que en esas mismas sociedades los gobernados carezcan de ilustración ¡ de competencia para aceptar las consecuencias de su responsabilidad propia. En estas sociedades escepcionales, sin duda que la dirección dada por un gobierno, dotado de estas cualidades, valdría mas que la dirección encomendada a los que no pudieran comprender por sí mismos el alcance de sus actos. Si solo de esta manera fuera posible desarrollar el espíiitu de óiden i de trabajo, valdría mas el sistema de distribución por autoridad que el de distribución por libertad, o, mejor dicho, no habría comparación posible.

1 :

23A CURSO DE ECONOMIA POLITICA.

Saciedades habrá taaibien en que el gobierno se encuentre en una inferioridad considerable respecto a los gobernados. En esta situación, la comparación seria asimismo imposible, i deberla darse la preferencia al interes individual ilustrado i responsable sobre la fuerza de un gobierno que no contara con elementos de ilustración para dirijir el movimiento industrial.

Para hacerla comparación, es, pues, preciso tomar una situación ordinaria i examinar el estado de la sociedad en que los gobernantes i los gobernados no se encuentren a una distancia escepcional. Entónces se puede comparar la influencia de las dos fuerzas que dominan la distribución i establecer cuál de ellas dirije mejor el movimiento. Para hacer esta comparación, tomaremos ciertos puntos de vista; 4.° la dirección jeneral de la industria; 2." el desarrollo del trabajo propiamente dicho i del arte; 3.“ el movimiento de la población.

II.

Sabemos que en el sistema de distribución por autoridad, la dirección corresponde al gobierno, quien determina la aplicación de los individuos a las distintas profesiones i organiza la distribución de los productos; i que en el sistema de libertad, con las limitaciones que necesariamente tiene, ese impulso corresponde a todos los individuos que poseen W facultades indispensables para dirijir por sí mismos sus propios actos i responder de sus consecuencias. De estos dos móviles que gobiernan el réjiraen industrial, sin duda que merece una preferencia mui distinguida, el del sistema de distribución por libertad. Si bien con una observación somera se puede imajinar que la dirección del gobierno es capaz de dar un impulso mas certero, la verdad es que estas ventajas son aparentes i que la autoridad no está sujeta a otra regla que al mero capricho de los que gobiernan. Por el contrario, el Ínteres individual de que emana la distribución por libertad, solo puede obrar con

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sujeción a un principio enteramente fijo, cual es la lei de la oferta i del pedido; lei a la cual se llega, mediante el acuerdo entre la conveniencia de cada individuo i la conveniencia de los demás. Si bien, lo repetimos, con una Observación somera puede creerse que el gobierno tiene datos mas fijos acerca de las necesidades de los go-

Ibernados, acerca de las aptitudes especiales de ellos i acerca de las medidas jenerales que conviene adoptar para

Íla distribución de los productos i la aplicación de los trabajos, una vez que se examinan los hechos, se comprende fácilmente que la dirección aparentemente ventajosa que da el gobierno, de ninguna manera satisface las exijencias de una organización esmerada. La fuerza, que algunos han querido llamar ciega, que dirije los movimientos de la industria en el sistema de libertad, nace de ciertos prece~

(•lentes que la hacen ordenada en sus procedimientos.

En efecto, por ilustrado que sea el gobierno, en la situación media que hemos tomado como punto de comparación, esto es, en la situación ordinaria de las sociedades, es imposible concebir, aun en sociedades de población es- ‘ • casa, un gobierno tan ilustrado i tan completamente informado que pueda conocer i apreciar las diversas i variadas necesidades que tienen los individuos. Para poder reconocer i apreciar debidamente estas necesidades habria menester el gobierno de una estadística tan completa, de un conocimiento tan cabal de las inclinaciones humanas i de <

f tal participación i dirección en la organización de las fa-

j millas, que casi no nos es dado pensar en la posibilidad

!'i de reunir tales condiciones. No sucede lo mismo en el sis-

í tema de distribución por libertad. En él las necesidades no

1 solo pueden ser fácilmente apreciadas i conocidas, sino (jue

se hacen sentir de una manera violenta, obligando a los individuos a conocerlas, i a satisfacerlas bajo pena de la vida.

Las necesidades, que en el sistema de distribución por autoridad necesitan de estudios prolijos de parte del gobierno, en el de distribución por libertad son precisamen"

CURSO DE ECONOMIA POEITICA,

te el móvil que lleva al hombre hácia el trabajo i el mas poderoso que puede imajinarse, ya que son constantes, de aumento indefinido i necesarias. ICn una palabra, leunen todos los riquisitos que constituyen un motor poderoso.

Sucede lo misirio con relación a los datos que serian indispensables para dirijir la marcha de la industria do una maneia conveniente. Poi’ mas adelantado que supongamos al gobierno, difícil, si no imposible, será llegar a obtener uno que posea todos los dalos precisos para organizar el trabajo i la distribución de los productos de un modo favorable a la producción. Es tanta la complicación que se observa en las sociedades modernas, en los movimientos de la industria, tal el conjunto de las operaciones variadas que forman el sistema industrial, que, para imajinar siquiera un gobierno que posea todos los datos precisos para arreglar la distribución, nos es necesario salir de los límites de la presente realidad. La práctica, en efecto, confirma la dificultad de que un gobierno posea todos esos antecedentes; pues se ha visto en repetidas ocasiones que cuando los gobiernos, eii las sociedades de estos tiempos, han querido dar algún impulso al movimiento industrial, or‘ donándolo conforme a sus propias aspiraciones, siempre han cometido errores de trascendencia, emanados de la imposibilidad de obtener datos seguros para el procedimiento.

En el sistema de distribución por libertad en que el móvil es el inteies personal, el campo de acción es mucho mas reducido. Cada familia, cada hombre solo tiene que apreciar sus procedimientos i los datos necesarios para la aplicación de su trabajo. Limitada así la esfera de acción, es mucho mas fácil obtener los antecedentes precisos para una marcha arreglada,

■ Iguales diferencias se observan entre el móvil de las acciones en el sistema de distribución por autoridad, i el de las mismas en el sistema de distribución por libertad, si se comparan en el punto de vista de la responsabilidad maaoméQOS considerable que acompaña a ámbos. Por

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mui acertada que sea la organización de una sociedad, concíbese que por lo ménos es mui difícil, si no imposible, que el gobierno tenga una responsabilidad perfectamente reconocida i aplicada que le induzca a proceder con sujeción a los principios estrictos de la equidad. El gobierno puede organizar mui mal todo el sistema de la distribución; i, sin embargo, colocado como está, a mayor altura que los individuos que dirije, no le alcanza una responsabilidad propiamente dicha, por los actos que ejecuta ni por las consecuencias de esos actos. Puede sucedei que por mandatos desacertados, por imprevisión gubernativa, el sistema de distribución por autoridad conduzca a un empobrecimiento jeneral de la sociedad i a la ruina i al trastorno de la fortuna jeneral; i, sin embargo, esa autoiidad que, por sus propios actos, trae a la sociedad tan funestas consecuencias, está en situación tal que le es dado permanecer impasible en medio del retroceso jeneral.

Por el contrario, en el sistema de distribución por libBrt^d, así como cada individuo 0s árbitro para organizar por sí mismo la distribución de los productos en cnanto a él se refiere, así también tiene una responsabilidad perfectamente reconocida i de tal naturaleza que no se necesita de intervención estraña para que se haga efectiva en los hechos. Un padre de familia es árbitro para disponer bien o mal de la aplicación de su trabajo; puede disponer bien o mal de los productos que haya obtenino con ese trabajo: pero no es árbitro para evitar las consecuencias de sus propios actos. Si no aplica ventajoáamente sus esfuerzos, si no hace sus consumos de una manera ordenada, la escasez de recursos i aun la miseria vendrán a penar la imprevisión de sus obras. La responsabilidad es en este caso perfectamente personal; tiende a dar un impulso poderoso a la acción de los individuos. Hai una fuerza que por sí misma afecta a los que han tenido culpa en la mala organización de la industria.

Hai otro pupto de vista importante en la distribución, i es la aplicación de las capacidades especiales ai trabajo*

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En el sistema de distribución por autoridad no hai ninguna seguridad de que los individuos sean aplicados al trabajo para que son mas aptos. Para llegar a este resultado, seria preciso que la autoridad tuviera un conjunto de datos que es casi imposible suponer que reúna i que, a mas de la iiitelijencia para establecer una buena organización, tuviera ia voluntad de hacerla. Miéntras que, respecto a la autoridad, ninguna responsabilidad efectiva acompaña al error en sus actos, en el sistema de distribución por libertad la responsabilidad es directa i personal. El conocimiento que cada individuo tiene de las consecuencias de sus obras es sin duda un precedente poderoso para que en la aplicación de sus esfuerzos procure alcanzar el mayor resultado posible i medite en consecuencia lo bastante para buscar el empleo que sea mas adecuado a sus inclinaciones, a sus hábitos i a su intelijencia. Las consecuencias necesarias de esta división del trabajo mas o ménos ordenado han sido estudiadas ya en la primera parte de esta obra. Así es que por ahora nos limitamos a recordar que la división mas arreglada del trabajo es fácil en el sistema de distribución por libertad; i difícil, si no imposible, en el de distribución por autoridad.

Se ha dicho que, si bien del sistema de distribución por libertad pueden resultar algunas ventajas, es digno de observarse que en él no existe fuerza alguna jeneral que ponga de acuerdo los intereses variados que son una consecuencia necesaria de la misma libertad de acción, miéntras que en el sistema de distribución por autoridad hai por lo ménos una fuerza que, mas o ménos acertadamente, concilla esos diversos intereses. Esta observación ha veni. do a probar una vez mas la ventaja del sistema de distribución por libertad. La autoridad es en apariencia una fuerza Poderosa para conciliar los diversos intereses; pero en realidad no hai mas regla de procedimiento que la voluntad meditada o irreflexiva del que manda, sujeta en gran parte al capricho, sin responsabilidad por sus obras, sin los datos precisos para hacer el bien. Esa fuerza es por lo

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tanto de una naturaleza escepcional. Miéntras tanto, en el sistema de distribución por libertad, en que aparentemente se presentan en oposición diversos i múltiples intereses, de la variedad misma resultan la unidad i la armonía. El interes de cada uno de los individuos está relacionado con el interes de los demas, por medio de la lei de la oferta i del pedido. Así la fuerza del gobierno conduce a un desorden necesario; i la fuerza del interes individual, que en apariencia no puede ser un móvil bastante poderoso para la organización de inclinaciones que se chocan, de hábitos que se contrarían, de intereses que se consideran opuestos, viene a manifestarse en una lei jeneral, superior sin duda a la fuerza irresponsable de un gobierno. Esta lei es superior a los individuos; obra libremente i sin coacción estraña para organizar, sin esfuerzo alguno, toda la industria. Ue otra manera, habría una pérdida de valiosas fuerzas de producción.

En resúmen, para comparar los dos móviles que domi- , nan los sistemas de distribución por autoridad i por li-

; bertad; para examinar cuál de ellos imprime al movimien-

1 to jeneral de la industria un desarrollo mas fácil i orde.

' nado, basta estudiar estos dos móviles con relación a las

necesidades, a los datos que se requieren para establecer una dirección conveniente, a la aplicación de las capacidades especiales a los distintos trabajos, a la responsabilidad mas o ménos segura que acompaña a la ejecución de los actos, i por último, a la fuerza especial que hace efectivas en la práctica las indicaciones de la equidad,

lll.

El segundo punto de vista jeneral que conviene examinar en la comparación de los dos sistemas de distribución, es la influencia que uno i otro ejercen en el desarrollo del trabajo muscular, del trabajo de ahorro i del arte industrial. No daremos a esta materia toda la estension que i otros le han asignado, porque en realidad para hacer es-

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ta comparación, basta conocer, como ya conocemos, los móviles que dirijen uno i otro sistema. Nos contraeremos a una sucinta esposicion de la materia como obran estos dos móviles del sistema industrial.

En cuanto al trabajo de ahorro, (que para mayor claridad consideramos aquí ántes que el muscular) si se quiere hacer nna comparación completa, es menester estudiar la formación de los capitales, su conservación i su aplicación. Si bien a primera vista, puede pensarse que el sistema de distribución por autoridad da mucha facilidad para organizar el ahorro, se comprende también que esta facilidad no va siempre acompañada de la ejecución del mandato de la autoridad. Nada es mas fácil, sin duda, en el sistema de distribución por autoridad que dictar una simple órde n para que de la suma de los productos sociales se guarde una cantidad mas o ménos considerable. Por lo que toca a or denar el ahorro, el sistema de distribución por autoridad tiene una ventaja aparente sobre el de distribución por libertad en que no hai persona alguna que pueda dar estas órdenes jenerales. De la misma manera, en el sistema de distribución por autoridad existe la ventaja que resulta de los consumos en común, que hemos esplicado en la piimera parte de estos estudios. Pero en cambio, si en el sistema de distribución por autoridad es fácil hacer consumos en común i ordenar el ahorro por un mandato jeneral, estas ventajas no son sino aparentes, puesto que de nada sirve la facilidad para ordenar el ahorro, si el sistema en que esta facilidad se observa no facilita la creación de grandes masas de capitales. InútU es mandar que se guarde, sino hai qué guardar. El punto de partida es averiguar en cuál délos dos sistemas es mas fácd la formación de los capitales: i sin duda que en este punto de vista, el de distribución por libertad tiene ventajas reconocidas sobre el otro. El gobierno se encuentra sin contrapeso alguno, es árbitro para disponer como desee de los productos formados por un trabajo prévio. E.to influye de una manera poderosa en que los particulares, espuestos como se hallan a la arbt-

CURSO DE ECONOMIA POLITICA." 241

trariedad de la autoridad, que puede privarles del sobrante de sus productos no se dediquen al ahorro, porque no tienen ningún estímulo que a ello les impulse, balta, por consiguiente, el interes para ahorrar, i, faltando este móvil, es inútil que haya facilidad para mandar el ahorro.

Este punto de partida nos sirve también para apreciar lo que se relaciona con la conservación de los capitales. De nada sirve que en el sistema de distribución por autoridad sea fácil conservarlos, si, como lo hemos visto, no es focil formarlos. Pero la verdad es también que la conservación, aun prescindiendo de la formación, es mas difícil en la distribución por el sistema de autoridad que en la distribución por libertad. En el primero seria indispensable^ hacer costos crecidos de guarda, así como también habria falta de responsabilidad de parte del gobierno que los gum’dara. En el último sistema, cada individuo, cada familia, sin coacción da ninguna especie, tiene una inclinación poderosa para conservar los capitales que pueden darle en lo sucesivo un poder mayor de producción o poneile a salvo de

las incertidumbres de lo venidero.

I lo que se observa con relación a la formación i a la conservación de los cap¡tiles, se observa también en cuanto a su empleo. Para on ven ser se de ello, bista recordar lo que se ha dicho acerca de los dos móvdes en cuanto a la dirección jeneral de la industria. El interes personal obra por sí mismo i lleva al individuo, responsable de sus

propias obras, a buscar la colocacfon mas conveniente. La

autoridad no tiene un estímulo poderoso que la impulse a buscar el mejor empleo.

En cnanto al trabajo muscular, son aplicables las mismas observaciones que licm )S hecho respecto al trabajo de ahorro. En el sistema de distribución por autoridad, el individuo, que no puede disponer libremente de todo el producto de su trabajo, tiene necesariamente interes en trabajar lo ménos posible. De aquí emana la necesidad de una vijilancia esmerada que arrebata ala producción valiosas fuerzas: de aquí también el que, a pesar de esa vijdancia

2^2 CÜRáO DE ECONOHÍA POLITICA

esmeradla, el trabijo iio sa d js uvoü í ea una escala tan vasta, porque fi'ti el mávdl djl i )te ’es. Por el contrario, cuando el in lívida.) s ib 5 quí es árbitro p.ira disponer de los producto.s que oble ;g i con su trabajo pro[)io, tiene también ínteres en que ese trabajo le dé mayor provecho; i, sin vijilancia alguna, sin coacción, sin la pérdida de fuerzas productivas que necesariamente acompaña a todo sistema de distribución por autoridad, busca los medios de aumentar el resultado de sus esfuerzos. La razón i la historia están de acuerdo para manifestar la conveniencia del trabajo libre; i la mejor prueba de ello es que todo sistema por autoridad i todo sistema de trabajo forzado ha ido cediendo ante el trabajo libre. Al trabajo de los esclavos ha sucedido el trabajo con peculio; a este trabajo, el trabajo a dia: i como aun se necesita de cierta vijilancia, se emplea ahora el trabajo a tarea en que hai mas libertad de acción i ménos necesidad de vijilancia. Aun éste ha parecido todavía insuficiente, i se va introduciendo la costumbre del trabajo en participación, convencido los empresarios de que, para asegurar esfuerzos continuados i libres, les es ventajoso hacer partícipes a los obreros de sus capitales i de toda su empresa.

El arte industria!, esto es, el ideal para aplicar el trabajo a la materia se ha estudiado eu cnanto a las relaciones del hombre con los objetos, en cnanto a los arreglos de taller i en cuanto a los arreglos sociales.

Inútil es comparar lo.s do.s sistemas de distribución en lo que toca a los arreglos sociales; o mejor dicho, ya los hemos comparado, al estudiar los dos móviles que dirijen el movimiento industrial. Sia duda que los hábitos, la opimon i las costumbres, así cou.o las leyes, son mas favorables al desarrollo del trabajo en el .sistema de la industria libre que en el de la organizada por la autoridad.

En el pti.nor caso, el ínteres peisonalesel móvil que guia a los individuos en sus ob as, i las opiniones i las costumbres se forman en un senliiij favorable a la pro-

CORSO BE ECONOMIA POI.ITICA. 245

doccion. Entre las familias de artesanos el oficio de artesano es estimado. En los pueblos en que nersonal, i en que c.ada uno es responsable de sus propias obras los empleos industriales en jeneral obtienen consideración i respeto. En el sistema de distribución por autoridad no bai propiamente opiniones m costumbres que puedan desarrollar la producción. Podría suponerse a o mt ia CAistencia de un móvil de delicadeu . <>e Imnor que moviera a los indivUuos a cumplir los autoridad; pero propiamsute, lo repetimos, ’

las costumbres favorables al desarrollo del espíritu indus irial no tienen razón de ser, porque se obedece i no se pie - sa, se aceirla un mandato i no se organiza la dirección de

Lo 'que sé observa en cuanto a la cooperación social se nota en los arreglos de taller, i en el arte por lo que hace

a las relaciones del hombre cou la '“I"™- tener Ínteres en inventar en el sistema de distribución po autoridad? ¿Seri el obrero, será el director dd trabajo^ la verdad es que ni uno ni otro, porque el primero está suieto a una tarea dada que no aumenta ni disminuye porqiil haga una invención cualquiera; i el segundo esta sometido al imperio dcl nso, o mejor dicho, de la ‘

poco tiene Ínteres en dismionir les esfuerzos de los obrero . i en aumentar el resiiU.ado de la producción. Se ha v.sto por esto que, mióntras Iri dominailo el sistema de distribución por autoridad, las invenciones han sido msigmficantes 1 solo han calido a luz aquellas que eran hijas de la casualidad. No se hacia ninguna que exijiese estudio atención previa. Tor el contrario, desde que ha comenzado a dominar el sistema de distribución por libertad, el obrero i el empresario tienen Ínteres positivo en hacer invenciones que aumenten los resultados del trabajo, porque en la lacha de los cambios tiene la mejor parte aquel que puede disminuir los costos de su producción. El interes personnl que es el móvil de la libertad, no existe en el sistema de distribución por autoridad; i de aquí es.que en este siste-

ma, nadie tiene ínteres en la invención, porque nadie aumenta con esa invención la cantidad de sus goces ni disminuye el esfuerzo de su trabajo.

En lo que es posible encontrar alguna ventaja en el sistema de distribución por autoridad, sóbrela organización por libertad, es en cnanto a la propagación del arte industrial, una vez conocido. En realidad, es mni fácil que la autoridad, por un simple decreto, ordene la propagación del arte. Pero esta ventaja es efímera, ya que do nada sirve la facilidad de propagación si no liai facilidad de invención. El inconveniente que hemos observado en el sistema de distribución por libertad acerca de la falta de remuneración competente de los inventores existe eu mayor escala en el sistema de distribución por autoridad. Si en el primero el inventor, por efecto del juego libre de los cambios, se halla espuesto a perder las ventajas especiales de su invención al cabo de un tiempo mas o ménos corto, en el sistema de distribución por autoridad esa remuneración no existe ni en alto ni en bajo grado. Ademas, ese inconveniente de la competencia se salva con facilidad, por medio

de los privilejios esclusivos o de la organización de la propiedad industrial.

El último punto de comparación entre estos dos sistemas es el arreglo^de la población. En esta materia es indispensable la intervención de una autoridad, cualquiera que sea, ¿porque no se concibe la crianza i educación de los individuosiisin la intervención de la autoridad. Esta puede manifestarse de dos maneras: o por la organización de la familia, o por la intervención directa del gobierno. La cornparacion debe hacerse, por consiguiente, entre estas dos disdhtas organizaciones, la que resulta de la familia i ía' que' proviene de los mandatos de la autoridad jeneral. '

' Yá hemos estudiado como se manifiesta el movimiento

de la población en el sistema de la familia i ahora solo recordaremos que esta organización es la que naturalmente debe existir, porque se halla en armonía con las inclinaciones i con los sentimientos de los hombres. En el sistema de la familia, si hai que lamentar a veces los escesos de poblaj don, es por efecto de la imprevisión i de la falta de ejerci-

cio de los senfunientos morales de que está dotada la naturaleza humana. Pero estos sentimientos existen i obran de una manera poderosa para impedir la multiplicación de j la familia mas allá del límite de la subsistencia. Habrá

errores, habrá imprevisiones particulares; habrá en consecuencia, desgracias especiales i privadas; pero, por lo ménos se marcha de acuerdo con los impulsos de la naturaleza i con los sentimientos de la intelijencia.

En el sistema de distribución por autoridad, esos sentimientos no pueden existir. La familia se desliuye; la responsabilidad del poder para con los hijos desaparece, i solo queda como poder de acción el gobierno que, por medio I de reglamentos, facilita o pone limitaciones al desai rollo

ri de la población. Si ésta llega a un aumento consideiable,

no queda mas recurso que la prohibición absoluta para lo sucesivo o la condenación de los nacidos. I sin duda que es mas fácil esta multiplicación imprudente en el sistema de distribución por autoridad, porque, según lo hemos visto, la responsabilidad desaparece. El padre, que no es árbitro para disponer de los productos que obtiene con su trabajo, pierde también necesariamente los deberes que resultan de esa libertad de acción.

No solo es mas perjudicial la distribución por autoridad, en este punto de vista harto grave, sino que lo es también porque en él o bajo su imperio, hai ménos recursos i la producción es mas escasa para atender a las necesidades de los individuos. Ya hemos visto que el arte industrial, el trabajo de ahorro i el muscular no tieneu tampoco en^ é tanto vigor como en la distribución libre. Así la población encuentra dos obstáculos graves. Resulta el primero de la I falta de responsabilidad en la organización de la familia ^

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que puede traer una mulüplicacion imprudente. Emana el segundo de la escasez de recursos, o, lo que es lo mismo, de la diminución de las rentas, para atender a las necesidades de los pobladores. La leí de la población viene de esta manera a aplicarse en sentido entoramente desfavorable, ya que por una parte no hai un límite en los sentimientos morales para la procreación imprudente; i por otra, hai una diminución necesaria en cuanto a la suma do las rentas que se obtendrían en el sistema de libertad. De estas dos causas principales han emanado los sacrificios sangrientos que se han hecho en las sociedades dominadas por el sistema de distribución por autoridad: sacrificios de que tenemos numerosos ejemplos i que confirman la exactitud de la teoría que se establece al decir que en el sistema de distribución por libertad hai una producción mas abundante para atendera la subsistencia cómoda de los individuos i una responsabilidad propia i directa que evita la multiplicación indebida.

En conclusión, podemos establecer que, seaquese estudie el movimiento jeneral de la industria; sea que se pase al «análisis déla actividad industrial en sus dos formas, arte i trabajo propiamente dicho; sea, por fin, que se examine el movimiento de la población en las sociedades que se encuentran en un estado ordinario, produce mejores efectos la distribución por libertad que la distribución por autoridad. Vale mas el móvil del interes personal responsable, puesto en armonía con el interes de todos los individuos por meüio de la lei del cambio, que la fuerza irresponsable de la autoridad, que obra sin datos, sin conocimientos sobre la especialidad de cada trab.ajo, sin otras reglas que las de su capricho i de su voluntad mas o ménos irreflexiva, mas o ménos opuesta al movimiento natural de las sociedades.

INTRODUCCION.

I: Idea jcncral del objeto de csie Iil)ro. — II: Plan (iei uúsiUQ.

Al definir la Economía Política, hemos dicho que es ciencia i «arte: que, como ciencia, estudia los principios deducidos de la observación de los hechos; i, como arte, aplica esos principios. Entre la Economía Política como ciencia i la Economía Política como arte, hai pues, una notable diferencia; ya que, mientras se trata únicaraenle. de fijar los principios, se establecen nociones jenerales i absolutas: al paso que, cuando esos principios se aplican en la práctica, es necesario proceder con un conocimiento pleno de has circunstancias especiales de cada pais, de las industrias que en él dominan i de aquellas a que mas fácilmente se prestan la naturaleza del territorio, ios hábitos i las aptitudes especiales de los individuos. Preciso es, por consiguiente, si se quiere hacer una aplicación adecuada de los preceptos de h ciencia, observar con esqnisito tino las circunstancias que contralian o favorecen