Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 4 de 76

CAPITULO I. — parte 2

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¡El _Vapor_! ¡ah! qué espectáculo para un hombre de fe! Esa maravilla resumía para mí todos los progresos y la gloria del hombre, toda la divinidad de este sér que, hecho á semejanza moral de Dios, lleva en su mente los atributos inmortales del alma inteligente y pensadora, Cada rueda, cada cilindro, cada miembro de la máquina del _Bogotá_ me parecía la imagen de cada uno de los músculos y los órganos vitales del hombre, Allí estaba concretada toda la historia de la humanidad, porque esa máquina animada por el hombre era el movimiento, la fuerza, la tenacidad, el genio, la fe, la vida, el espíritu, la luz, la civilizacion, el progreso indefinido y eterno.

Mi alma se sintió dominada por un recogimiento profundo. Sentado sobre el puente de proa, al lado de los timoneros, contemplé con inmenso placer el cielo trasparente y azul, las altas serranías de los Andes, las selvas, el rio y cuanto formaba el panorama; y desde el fondo de mi corazón agradecido, bendecía todas las revoluciones, los heroicos esfuerzos y la abnegación de los hombres y los pueblos que, dando su sangre á lo pasado, le han conquistado á la posteridad los progresos de la época actual y del porvenir.

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Hasta el puerto de _Nare_ todo es variado y pintoresco, de _Conejo_ para abajo. La vecindad de las serranías permite las inflexiones del terreno, y tan presto se sorprende el viajero con la vista de los bosques gigantescos ó las pequeñas llanuras que terminan en el rio, como admira la lujosa vegetación intermediaria; los altos rocas de arenisca petrificada; las sombrías bocas del _Tigrito_ y otros riachuelos cuyo cauce parece una interminable gruta de verdura; las ondas azules y abundantes de los ríos _Negro_ y _La Miel_, que sostienen á una y otra margen la cinta turquí de su corriente, sin mezclarse con el Magdalena al principio; el pintoresco caserío de _Buena-Vista_, situado sobre una barranca y rodeado por la alta muralla de un bosque secular, sobre cuyo fondo oscuro se dibujan los mástiles de los cocoteros y el blanco muro de la capilla parroquial; y mil otros objetos que contribuyen á darle al paisaje variedad y encanto.

Poco mas arriba de Nare la monotonía empieza, y los bosques interminables de _guarumos_, árbol de color gris claro que parece un fantasma en esqueleto, le dan á las orillas un aspecto de tristeza y esterilidad. El sol quema como una brasa, el calor, de 36 grados, es sufocante, y la desolacion de la naturaleza comienza. Nare es un distrito de miserable población y aspecto insalubre, y que, salvo dos ó tres familias, no contiene sino bogas y gente de la raza indo-africana. Sinembargo, es un punto muy importante para el comercio interior, de escala para el Estado de Antioquia, y su lindo rio cercano, de bastante caudal, es navegado por champanes y canoas hasta siete leguas arriba de su embocadura.

En Nare se engrosó el número de los pasajeros con un robusto Escoces, explotador de minas, un dentista, que forzosamente resultó ser yankee, y un antioqueño que, tan luego como entró al vapor, promovió una _rifa_, y empezó sus especulaciones. Los antioqueños, descendientes en su mayor parte de una expedicion de judíos de la época de Felipe III, son los Israelitas de la Nueva Granada, en punto á negocios y viajes, aunque en materia de destapar y vaciar botellas son esencialmente Ingleses.

Una legua abajo de Nare está la famosa _Angostura_, terror de los navegantes, y al salir de ella comienza la región de las islas de primorosa vegetacion, cada vez mas numerosas, porque el Magdalena, ensanchándose mucho sobre un terreno de bajo nivel y anegadizo, interminable como llanura selvática, diseminasus aguas en todas direcciones. Por lo demas, la naturaleza pierde toda su variedad;--la vegetacion, sujeta á las inundaciones, aparece esqueletada, descolorida y áspera, y las serranías se pierden de vista enteramente. Ya no queda allí sino el desierto inmenso, abrasado y sin majestad ni belleza.

El 3 de febrero ¡qué de impresiones agradables, de sorpresas, y de plaga y fatigas! Primero el encuentro del hermoso Vapor _Antioquia_, que subia de Barranquilla, ligero, pintado de colores vivos, como un gran pájaro rozando apenas las ondas del Magdalena. Y allí de los gritos de alegría, los saludos ruidosos entre los pasajeros de uno y otro vapor, los silbidos galantes de las válvulas de las locomotivas, y las burlas recíprocas de los marineros, picantes y originales en extremo. El vapor _Antioquia_ llevaba un fuerte cargamento de senadores y representantes, sin duda no-_asegurados_, y por lo mismo su viaje era doblemente interesante.

Despues, el hermoso rio _Carare_, desembocando á la derecha, profundo, azul, con una vegetacion fresca y espléndida, navegable por vapor, y sirviendo ya de vía de comunicacion directa entre el Magdalena y los pueblos de la antigua provincia de Vélez, es decir de parte de los Estados de Santander y Boyacá. Ese rio tiene muy bello porvenir, y no muy tarde el comercio granadino le dará toda la importancia que merece.

Abajo del Carare aparece el _Opon_, rio bellísímo también, cuyas arenas cuajadas de oro sirven de lecho á una corriente mansa, profunda y cristalina. ¡Y qué de recuerdos al ver la embocadura de ese rio! Fué por allí que Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador del Nuevo Reino de Granada, penetró en 1536, dominando tan supremas dificultades é increibles peligros, que la historia, para ser justa, debe considerar esa expedición como la mas heróica, la mas extraordinaria que jamas conquistador alguno haya conducido y consumado.

Si los territorios de Yélez y Socorro envían al Magdalena su bello contingente en las aguas de los rios Carare y Opon, ámbos navegables y riquísimos, las tierras altas de Tunja y Pamplona contribuyen con su abundante rio de _Sogamoso_ ó _Colorada_, que desemboca cerca del nuevo puerto de _Barranca-bermeja_. Allí, sumamente enriquecido el Magdalena con el caudal de tan hermosos rios, toma proporciones grandiosas que lo hacen imponente; miéntras que las preciosas islas que surgen de trecho en trecho, una de ellas muy considerable (la de _Morales_), le dan al paisaje, admirablemente iluminado, una increíble semejanza con el bajo Danubio, á juzgar por la parte que he navegado.

Abajo del Sogamoso el Estado de Antioquia contribuye (ademas de los rios _La Miel_ y _Nare_) con el romántico y hermosísimo rio de la _Cimitarra_, que recuerda las eternas tempestades que reinan sobre los cerros minerales de una cordillera del mismo nombre que separa la region antioqueña de las de Simití y Majagual. Los bogas tienen mil extravagantes preocupaciones sobre ese escondido rio de lecho de oro en polvo y arboledas sombrías é impenetrables, y cuentan muchas leyendas, haciendo la señal de la cruz, sobre los buscadores del peligroso metal que, habiendo ido al interior por el curso del rio, no han vuelto á parecer mas en Mompos. Los habitantes de San-Pablo, pueblo situado á poca distancia de la confluencia del _Cimitarra_, hacen responsable al _Mohán_ ó _Huan_, divinidad terrible de las grutas y de los grandes pozos de los ríos, de las fechorías cometidas por los jaguares, las serpientes y los zainos en perjuicio de los imprudentes buscadores de oro. Sinembargo, debo declarar que el tal _Mohan_ no me parece un personaje tan absurdo como se cree, si se observa que en résumidas cuentas es el _Diablo_, pero un diablo poético, altamente romántico, y por lo mismo superior, bajo el punto de vista artístico y espiritual, al prosaico y vulgarísimo diablo en que nos manda creer la santa madre Iglesia.

_San-Pablo_ (y de paso diré que de ahí para abajo casi todos los pueblos están santificados por un nombre), es un pueblecito gracioso, muy pobre y humilde, pero de un colorido local pintoresco. En primer término está la barranca rojiza que domina al Magdalena, salpicada de barracas de pescadores, de las mas extrañas formas; después el caserío, compuesto de dos calles rectas, con 40 ó 50 casitas de paja muy blanqueadas, todas separadas y á la sombra de una multitud de cocoteros, mangos y naranjos; detras de la faja gris oscura de la selva tupida, y en último término las lejanas serranías occidentales que separan al Estado de Antioquia del inmenso valle del Magdalena.

El vapor se varó en frente de San-Pablo, porque el verano había disminuido mucho el caudal de las aguas, y allí tuvo nuestro amable Irlandés la ocasión de poner aprueba sus sesenta años. El ancla fue arrojada á 50 metros de distancia, y todo el mundo, por gozar de las emociones del trabajo, fué á mezclarse con los marineros para darle vuelta al torno de proa y hacer salir el buque del banco de arena que lo rodeaba. La noche nos sorprendió jadeantes, empapados en sudor, pero alegres y triunfantes después de dos horas de esfuerzos; y á poco rato el canto melancólico de todos los marineros, hiriendo el eco de las selvas, nos dió una nueva impresion. A las diez de la noche el puente del vapor tenia un aspecto singular. Cada lecho estaba cubierto con un toldo para defenderse cada cual de los terribles _zancudos_ ó mosquitos, y la apariencia general era como de un hospital de campaña, un campamento ó un cementerio flotante. El Irlandes, que después de trabajar como un Sansón habia tenido la prevision de beber como una bomba, dormía cerca de mí, y roncaba con la terrible majestad de las tormentas andinas. Entretanto, el buho solitario de la playa vecina respondía con su canto lúgubre al bramido lejano del jaguar errando entre las asperezas de la selva.

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