Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 48 de 76

CAPITULO I. — parte 2

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Nada mas extraño que la fisonomía de esa ciudad, simultáneamente gótica, árabe y gitana,--artista y fabricante,--religiosa y voluptuosa,--rica y harapienta,--llena de jardines y de miserias,-bella y horrible,--animada y cadavérica,--esperanza y escombro al mismo tiempo. Allí todo es contrastes,--conjunto de los tipos mas diversos,--rasgos de la mas compleja fisonomía social que--puede hallarse. Si se ven algunas calles y alamedas espaciosas y alegres, la gran masa de la ciudad está cortada por callejuelas sucias, tortuosas, oscuras, empedradas con guijarros, estrechísimas, complicadas en laberinto, completamente moriscas. Si se oye al pasar el martilleo de los talleres ó el ruido de los telares ó pequeñas fábricas de distintos objetos, se siente también á cada paso el clamoreo de las bandas de mendigos harapientos y escuálidos.--Si se admiran las maravillas del arte divino, se siente una profunda tristeza al sondear la prostitucion que mina á algunas clases.--Si se contemplan con recogimiento las iglesias católicas, llenas de pompa y majestad, se admiran los mil detalles de los palacios de la voluptuosidad oriental.--Si se aprecia el tipo franco, hermoso y despierto del andaluz de la mejor raza, se lee toda una historia de miserias y delitos, de persecuciones y dolores profundos. En la figura bronceada, en el ojo magnífico y salvaje, en la sonrisa orgullosa pero triste del Gitano....

Con decir que Granada es la síntesis de la historia y la sociedad hispano-arábiga, se indica lo que es en su estructura material esa ciudad. Muchos pormenores preciosos, en el orden de las dos civilizaciones; un conjunto extraño, feo pero muy interesante, contradictorio y triste; y todo encuadrado en un marco admirable de hermosuras naturales. Un teatro, numerosos _cuarteles_, algunos institutos de instrucción, beneficencia y culto, industrias medianas, juego, prostitución,--de todo y para todo; tal es el tipo que ofrece la masa general. En eso no hay en Granada cosa que llame la atención. Su interés está en los pormenores, y bajo este aspecto Granada es la mas curiosa de las capitales de España,--mas que Toledo y Sevilla mismas que son tan interesantes. Así, para adquirir una idea completa de las cosas, como artista, seria preciso residir meses enteros en Granada.

Cuando se deja el laberinto de las sucias callejuelas, ó se desciende del triste barrio del Albaicin, ó se abandonan los cafés públicos (mal servidos pero siempre llenos de gente), ó los hoteles ó fondas (donde el huésped sufre hambres por la imposibilidad de acomodarse con detestables alimentos), el forastero puede encontrar compensaciones en los paseos públicos llamados los _salones_. Si el mal gusto se manifiesta en las fuentes que adornan el principal, la pompa y el esplendor de aquella inmensa bóveda de verdura son incomparables. Un vasto salón al aire libre, de mas de 300 metros de longitud y unos 40 de anchura, se extiende al extremo de la calle principal entre ella y el Jenily el Darro. No he visto jamas una basílica de verdura comparable á esa. El sol no puede penetrarla con sus rayos, y al pasearse uno por allí, embriagado por mil perfumes, entre las filas de colosales olmos y otros árboles, cuyos troncos son las columnas de la mas suntuosa bóveda,--y codeándose con los grupos de hombres y mujeres en cuyas fisonomías se ve la expresión del árabe,--no puede menos que evocar todos los recuerdos de la historia de Granada.

Aquellas mujeres de mirada ardiente y sonrisa seductora; aquellos vestidos, pintorescos unos, otros ampulosos y atrevidos; aquellas capas flotantes, que acompañan infaliblemente en sus horas de pereza al Español; los ecos lejanos de instrumentos que convidan al placer; los vastos jardines que se extienden allí hacia el Jenil, cuajados de jazmines, granados, rosas y claveles, cuyos aromas embriagan positivamente; las brisas tibias que alegran el corazon, y varios incidentes que llaman la atención en las costumbres: todo parece dar la idea de los amores ardientes, de las pasiones vigorosas, del abandono y la voluptuosidad del oriental. Pero llega la noche, y á las nueve no mas aquella ciudad que se movía, que incitaba á las fuertes emociones, parece como dormida. A esa hora el silencio es casi completo, y el viajero que vaga en las calles solitarias se cree como errante en un vasto cementerio. ¿Qué hacen las gentes á esa hora?--¿Trabajan en sus casas ó talleres, ó venden en sus tiendas, ó rezan?... No sé si hacen casas muy malas ó muy buenas; lo que sé es que vegetan.

Entre los objetos públicos que llaman la atencion en el centro de la ciudad, merecen mencion (aparte de la catedral, de que luego hablaré) no solo algunas iglesias curiosas y algunos edificios antiguos de formas singulares, sino tambien: el teatro, el museo y el _Sacatin_. No hay para qué asegurar que Granada tiene sus inevitables circos españoles: el de los _toros_ y el de los _gallos_. El teatro, aunque sin lujo ninguno, es muy bonito, pero generalmente mal servido, como casi todos los teatros de España, en lo que toca al drama y la comedia. En Granada, como en todas las ciudades de España, observé una notable vulgaridad en la gran mayoría de los actores. El torero--ese _artista_ de la muerte--es donde quiera elegante, bello, magnífico en su clase. El _actor_, con raras excepciones, es plebeyo, bufon con brutalidad, y no sabe interpretar las nobles inspiraciones del poeta.

En el teatro de Granada (obra que se debe al general frances Sebastiani, que gobernó el país por cuenta y riesgo de Napoleon) vi ejecutar operetas y bailes de estilo frances que me parecieron soberanamente ridículos. El francesismo exagerado no produce en España sino caricaturas. No he visto en materia de coreografía nada tan gracioso como una española bailando el _bolero_, la jote ó la _cachucha_; pero tampoco he visto nada tan ridículo (en _todas_ las ciudades españolas) como esas salerosas peninsulares haciendo las evoluciones inventadas (para desgracia del arte) por las bailarinas parisienses. El cuerpo rollizo, vigoroso y torneado de la española no se presta á las aéreas fantasías (casi de puro espectáculo) de la bailarina francesa, que necesita de inventar mil fascinaciones y figuras para disimular su flacura y fealdad y ostentar al mismo tiempo su agilidad y su gracia de gesto y movimientos.

El museo de Granada contiene, entre muchas cosas insignificantes, varias preciosidades de la época de los Moros, y algunas obras de pintura muy superiores. En lo general la Andalucía es un país muy rico en tesoros de esa clase, y despues del admirable museo de Madrid en ninguna parte de España se pueden hallar tan bellos cuadros como en Granada, Sevilla y otras ciudades andaluzas. ¡Qué de tesoros de Murillo y Ribera, de Cano, Palomino, Zurbarán, Herrera y muchos otros maestros, dispersos en todo ese país del amor voluptuoso y del arte delicado!

Una cosa notable en Granada: en la plaza llamada del _Campillo_, dominada por el teatro, se ostenta un monumento consagrado á la memoria del Talma español,--el ilustre Isidoro Máiquez, hijo de Granada, como el triple artista Alonso Cano y el poeta dramático Lope de Rueda. Pero ese monumento no ha sido elevado por la España, sino por tres artistas, herederos en parte del genio de Máiquez: los dos Romea y Doña Matilde Diez.

El _Sacatin_, que he mencionado, es un curiosísimo edificio moruno que le da su nombre á un barrio donde tiene su residencia el comercio. Compónese de un conjunto de construcciones homogéneas, ligadas entre sí, de modo que forman una sola manzana, pero divididas por callejuelitas iguales ó pasadizos, que se cortan en ángulos rectos, formando una especie de red de líneas regulares. Por todas partes el _Sacatin_ presenta filas de tiendas y almacenes, en dos órdenes ó pisos paralelamente, y es allí donde se acumula no solo todo lo que figura en los cambios ordinarios del comercio, en materia de géneros, mercería y quincallería, sino tambien una multitud de objetos de arte y productos de los talleres y fábricas nacionales. El _Sacatin_, pues, no solo da la muestra de la industria local y la medida del comercio, sino que interesa mucho por su colorido local, su tipo moruno y las costumbres que allí se revelan. En el fondo de esos pasajes, llenos de labores y arabescos, de columnitas de jaspe y curiosidades, es donde son mas pintorescos los grupos populares, y donde la granadina, de ojos negros, vivos y picantes, ejercita con mas arte sus provocaciones para con el extranjero y sus pequeñas astucias de mercader.

Dicen los cronistas que hasta la época del último rey moro Granada tenia hasta 400,000 habitantes, con mas de 16 kilómetros de circunferencia, y que estaba completamente circuida de murallas, y estas contaban hasta mas de mil torres para su defensa. Puede que haya bastante exageracion en esas cifras; pero á juzgar por las proporciones actuales de Granada, donde centenares de casas están desiertas y se encuentran ruinas por todas partes, no hay duda de que la poblacion existente es sumamente inferior á la que puede caber. Hoy no quedan de ese millar de torres (si lo hubo) mas que señales, con algunas fortalezas en escombros, algunos torreones aislados é inútiles, y vestigios muy diminutos de las murallas que circundaban la famosa capital del imperio morisco. Poco y casi nada le queda al presente, de tantas glorias y de tanta opulencia. Solo la historia es rica, por los tesoros del pasado. El fanatismo religioso, la incuria de los gobiernos y los pueblos, las malas instituciones y el tiempo han destruido mil primores y grandes cosas que el genio oriental habia atesorado en la preciosa Granada.

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