Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 63 de 76

CAPITULO VII. — parte 2

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La impresion que deja ese monumento es profunda y deliciosa. Adentro una floresta de columnas de mármol cruzándose en un laberinto que da la idea de la grandeza y la eternidad en la sencillez de concepcion mas perfecta. Y afuera, en el gran patio, un bosque de naranjos, á cuya sombra murmuran las aguas de las fuentes.... Admirable religion aquella, reducida á la creencia en Dios _uno_, sin intermediarlos, el espliritualismo en la fe, la nocion del paraíso, y el sentimiento del amor, de la fraternidad y la igualdad,--religion que se revela en una arquitectura de la mas cándida simplicidad! Extraño fenómeno el de una religion que, siendo tan espiritualista, ha conducido a los pueblos orientales á un fatalismo absurdo que destruye la nocion de la libertad y la responsabilidad, y establece la esclavitud y degradacion de la mujer! Pero extraña tambien la persecucion secular que le han declarado á esa religion varias sectas que, llamándose cristianas, ni han sabido ser espiritualistas, ni han renunciado al fatalismo bajo otras apariencias, ni han hecho cosa mayor por la libertad y la dignidad de la mujer!

La mezquita-catedral nos impresionó tan vivamente á mis compañeros de viaje y á mí, que la visitamos cuatro veces. No por eso dejamos de visitar las demás curiosidades de Córdoba. Entre estas es notable la admirable y monumental escalera de mármol, con soberbias molduras, que existe en la _Escuela-Pia_, casa que fué de los Jesuitas. Viajando en Europa he observado que donde quiera que los Jesuitas han tenido colegios sus alojamientos han sido espléndidos; lo que prueba que su decision por el lujo ha sido hábilmente secundada por una industria bien productiva de inmensas riquezas. Los hijos de Loyola son los mas felices especuladores del mundo.--Tambien llaman la atencion: la capilla del hospital de _San Francisco de Asis_, la casa del duque de _Almodobar_, la del conde de _Torre-Cabrera_, y la torre octógona, morisca, de _San Nicolas._

Entre los numerosos establecimientos de caridad que hay en Córdoba, el de San Francisco de Asis es una especialidad curiosa: él no admite sino convalecientes (hasta 150) salidos de los otros hospitales. El principio de la division del trabajo está, pues, aplicado allí á la beneficencia con mucho criterio. El exquisito aseo de aquel hospital hace mucho honor á los que lo habitan. La capilla no es curiosa sino por sus labores de estilo morisco (imitacion); y segun parece es un resto de antiguas construcciones que pertenecieron al palacio de Almanzor.

La torre de San Nicolas no tiene interes, y las casas aristocráticas que he mencionado no llaman la atencion por su exterior, sino por obras de arte interiores,--unas de bella imitacion de lo morisco, otras dé pintura española y curiosidades de museo, y algunas del género tradicional, peculiares á las dos familias. Es de notarse que el duque de Almodobar (marqués de la Puebla) es descendiente del rey Boabdil, cuyo busto se ve en el escudo de armas muy ostentoso del noble andaluz. Acaso no hay un país donde la aristocracia sea tan inofensiva, en lo general, como en España. Los nobles hacen mucha ostentación de sus blasones, pero eso es todo lo que tienen de aristócratas.

Después de visitar lo mas curioso de Córdoba y asistir á las escenas públicas (teatro, paseos, mercados, etc.) que podian iniciarnos algo en las condiciones del tipo social, debíamos continuar la peregrinacion. Mis dos amables y cumplidos amigos franceses debían volverse a Cádiz para ir á visitar algunas ciudades de Portugal. Yo tenia que volver á Madrid y atravesar la Vieja Castilla y el país vascongado. Nos dimos cita para encontrarnos en Burgos ó Bilbao,--cambiamos algunos abrazos muy cordiales, y tomamos direcciones opuestas. La diligencia volvió á servirme de prisión desde Córdoba hasta Madrid, en un trayecto de 350 kilómetros, despues de haber dado la vuelta á las Andalucías. Faltábame conocer el trayecto de Córdoba á Baylen, punto donde se confunden las dos grandes carreteras andaluzas ántes de penetrar en las encrucijadas rocallosas de la Sierra-Morena.

La via sigue constantemente el valle y la direccion del Guadalquivir, por entre numerosos cortijos y vastas plantaciones en que alternan los cereales, las viñas y las hermosas moreras que dan alimento á los gusanos de seda, con los interminables olivares. Donde quiera, en un grandioso horizonte limitado por las sierras Morena y Nevada, se desarrollan bellísimos paisajes, ora en las montañas escalonadas y los cordones de colinas suaves, ora en vastas llanuras y en las ramblas y quiebras ondulosas que se producen hacia el Guadalquivir. Cerca de la venta de Alcolea se atraviesa el rio por un inmenso y magnífico puente de piedra y mármol negro, de diez y seis arcos, obra monumental de mucho mérito, debida si no me equivoco, á Cárlos III.

Aunque todo el país se ve completamente cultivado y bellísimo, y de trecho en trecho se ven ricas dehesas pobladas de rebaños, nada llama tanto la atencion en esa fertilísima comarca como los olivares, verdaderamente prodigiosos. Se andan leguas y leguas y la carretera cruza siempre por en medio de plantaciones de ese género que parecen infinitas. Muchos son los propietarios que allí poseen veinticinco, cuarenta, cincuenta mil y aún ochenta ó cien mil olivos, lo que representa valores muy fuertes, puesto que cada árbol que fructifica vale tres duros por lo menos. A eso se agrega que, antes de la época en que la planta comienza a producir, se cultiva con viñas ó cereales el terreno intermediario en las inmensas calles de olivos. Es inexplicable el abandono con que en Colombia se ha descuidado la aclimatación de ese árbol (en los terrenos de una temperatura média de 28 grados centígrados) que ofrecería excelentes resultados. El olivo es un árbol muy resistente y que produce su fruto durante muchos años. En Colombia, donde la tierra es tan barata y exuberante, hay ménos inconveniente en esperar durante algunos años que la fructificación comience, tanto mas cuanto que el terreno podría ser aprovechado entre tanto con el cultivo intermediario del tabaco, las legumbres, tal vez el algodon, etc.

En el tránsito de Córdoba á Baylen se ven todas las montañas vecinas (estribos de la Sierra-Morena) completamente cubiertas de bosques hasta una grande altura y en inmensa extension. El viajero se siente muy sorprendido al saber que aquellos bosques interminables--monótonos y tristes pero de gran valor--no son otra cosa que olivares. Las Sierras de Córdoba son un mar de verdura gris sobre otro mar de mármol y granito. En el espacio de 100 kilómetros que media entre Córdoba y Baylen no hay sino tres poblaciones ó villas: primero _Pedro-Abad_, á poca distancia del Guadalquivir, con mas de 2,200 habitantes, agricultores y pastores, que viven dulcemente en amistad con las ovejas, los bellos potros y los gusanos de seda;--después _Villa-del-Rio_ (que cuenta 3,400 almas), pueblo no solo agricultor sino fabricante, pues hace tejidos de paños burdos y mantas y sargas de uso popular, situado graciosamente en las faldas de algunas colinas y á orillas del Guadalquivir;--y por último, _Andújar_ (que tiene el título de _ciudad_), poblacion muy risueña y activa, con mas de 14,000 vecinos, y perteneciente á la provincia de Jaen.

Un antiquísimo y largo puente de mampostería, de quince arcos, muy descuidado, da acceso á la ciudad de Andújar, situada á la márgen derecha del Guadalquivir, en el centro de una hermosa y fertilísima llanura toda cultivada. Algun esmero en la conservacion de las arboledas y los huertos cercanos indica un cierto grado de progreso en los vecinos. Andújar no es solo un centro agrícola importante: es tambien una ciudad industriosa, con numerosas fábricas de loza y muchos otros artículos notables, así como telares de paños burdos, llamados _estameñas_ y _sayales_, que sirven para el vestido común.

Al salir de Andújar la via se va alejando del Guadalquivir y aproximándose mas á los bajos cordones de colinas y cerros que se desprenden de los estribos de la serranía. Poco á poco el terreno se hace mas onduloso y quebrado, hasta comenzar en Baylen la subida para cortar la Sierra-Morena. Las Andalucías terminaban para mí, y al dejar ese país de fecundos recuerdos, de actividad y pasiones ardientes, de amor, de arte, de poesía y de costumbres tan especiales y encantadoras, sentí una positiva tristeza, como si al salir de la Sierra-Morena hubiese de dejar de sentir las palpitaciones del corazon de España.

Mas adelante, al resumir mis impresiones de viaje por la península, diré lo que pienso de las Andalucías en general. Por ahora sigamos nuestra ruta, pasemos por Madrid, y si el lector tiene la bondad de seguirme, penetremos en la Vieja Castilla.

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SEXTA PARTE.

DE MADRID A PARIS

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