Vida del general Ezequiel Zamora · Capítulo real 3 de 6
CAPITULO V
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 38 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO V
I. En una edad mítica la imaginación del pueblo parS2TE¡u2 bien podría haber hecho de tal guerra una leyenda: y la religión y la poesía formado símbolos, de las selvas de esta sierra, verdes y floridas; al modo que los griegos primitivos idealizaron las encinas del Epiro, convirtiéndolas en oráculos sagrados; y los valles y montes de la Tesalia en mansión de magas, centauros y dioses. Pues á ello se habría prestado la faotástica naturaleza de estas montañas; con cimas coronadas de fuegos celestes; árboles colosales envueltos en nubes ; rocas inmensas, como las que arrojaron sobre la tierra las divinidades coléricas de la Beocia; y vertientes y lagos, semejantes á aquellos sobre cuyas aguas se mecían, entre flores, las almas de las razas heroicas de los soñadores pueblos orientales.
Pero viniendo á la seca realidad de la historia; á la narración fiel, aunque helada de los hechos positivos, no se nos hace dificultoso decir,, porque así es la verdad, que aquella fue la época heroica de nuestros partidos políticos; que si, de cierto, luchaban con fiereza, lo hacían también por arraigadas convicciones.
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Los sectarios morían como fanáticos, sin perder el ánimo. Los labriegos eran bárbaros, pero leales á sus banderas. Los políticos, liberales y oligarcas, se hubieran dejado cortar las manos antes que mancharlas. Los militares pasaban de los campamentos á sus casas, como el famoso guerrero de Tebas, que después de haber alcanzado grandes victorias, tuvo que salir á la calle con su capa remendada. Soublctt», queriendo modelarse á Arístides, baja infeliz del poder : y el gran tribuno liberal muriera de hambre en la cárcel, si la gente del pueblo no le socorriera en su largo cautiverio.
Sacerdotes inmaculados, piadosos como los santos, y sabios como los Doctores de la Iglesia, entre los que pueden citarse Espinosa y Alegría, Fortique y Pérez de Velasco, invocan al mismo Dios, para comprometer sus angélicas virtudes «en el combate de sus causas : y después de hermanados en el altar, por la iluminación de la misma fe, y el arrobamiento de la misma esperanza, salen de los templos, todavía con los manteos perfumados de incienso, al estadio inflamado de las controversias de la política.
Páez mismo, aun transfigurado en autócrata, conservaba en su alma un gran fondo de moral, que la historia reconoce v honra.
El salvaje Rangel se subleva, porque no le dejan votar en Magdaleno ; y devasta las propiedades de los oligarcas, y mata á sus dueños por un apetito de venganza; por el furor de esas grandes pasiones que sólo la educación modera.
Mató á Fuentes, no para robarlo, sino porque era un enemigo poleroso.
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Entraba á saco las tiendas de sus enemigos para los soldados ; mientras que él no cambiaba su mala manera de vestirse, que consistía, según fama, en andar sin camisa, descalzo, con un calzón ancho y corto, y una viejísima levita militar.
Se padecía con orgullo y gloria.
Los hombres y los partidos profesaban la religión del honor.
Tal fué nuestra época más fecunda en virtud ; como de la edad heroica de Roma dice Tito Livio.
La prensa de los liberales tenía el acento y el esplendor de la voz del Sinaí.
Y el sombrío terror de los oligarcas, semejante á la institución del Santo Oficio, si bien es verdad que espantaba los pueblos, no conseguía que abjuraran sus principios.
Se daba tormento á los hombres, pero los caracteres se mantenían incólumes.
La nación joven y pura, de naturales y robustas fuerzas, como Minerva, tenía en cada hijo un soldado de la palabra, de la milicia, ó de la prensa, que no vacilaba en subir, como fuera preciso, al ara de los holocaustos en honor de sus creencias, por la gloria de la patria y la dicha de sus conciudadanos.
Época de duros combates; en que se formó Zamora, altivo y fanático.
Pues así como de un organismo viciado no pueden nacer criaturas sanas, igualmente de una causa corrompida no pueden surgir virtudes heroicas.
Había moral en la política, y en las ambiciones patriotismo. Los partidos tenían fe y pasiones,
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cualidades indispensables para el triunfo de las propagandas públicas.
Los liberales fueron héroes y mártires en eí tribunado y en la milicia, porque sentían en eF corazón la vivacidad de una sangre virgen, y en la mente el calor de los ideales. Realzaban sus caracteres con la virtud del pudor, que no les dejaba caer en la mísera servidumbre: ambicionaban el poder para hacer el bien, y el amor del pueblo para enaltecer su dignidad personal.
Entre los más esforzados sobresalió Zamora, porque su vida fue toda un severísimo ejercicio militar. Comía lo que los soldados. Asaba él mismo su ración de carne, como Aquiles, según Homero. Dormía sobre las piedras. Jamás tenía un céntimo. Y de día ó de noche, con lluvias ó con sol, marchaba á pie á la cabeza de su tropa.
Así empezó sus servicios á la Causa Liberal con la ofrenda, digna de admiración, de sus bienes de fortuna y de las fuerzas de su juventud: y en tan eminente carrera de heroísmos y sacrificios tenemos que seguirle hasta el fin, si queremos conocer sus más grandes esfuerzos, de ingenio y denuedo, en los últimos meses de esta crudísima camparía, cuya relación hemos de continuar, fiando en la benevolencia del lector.
Faccica d« II. Vamos antes de todo á decir dos palabras so-
bre la facción de Barlovento, de cuya suerte estiempo que nos informemos, porque así se explican en parte las operaciones del Gobierno sobre la Sierra, á> cuyas montanas estaba reducido para la fecha el teatro de la guerra.
El Doctor M. M. Echeandía, que se eom-
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prometió con Zamora en La Victoria á alzarse en el -cantón Ríochico, cumplió su convenio en el mismo mes de setiembre, poniéndose á la cabeza de los -vecindarios de Tacarigua y Curiepe, acompañado de :su hermano Juan Bautista, del Capitán P. V. Agualdo, del Comandante Mariano Tirado, Jefe de Estado Mayor y otros; todos de atrevimiento y valor á prueba.
Pero mal armados, fueron derrotados el 2 de octubre en Vega Grande ó Zancudo, entre Curiepe «é Higuerote, por fuerzas del General José María Zamora; y habiendo sido perseguidos hasta más allá «de Ríochico, tomaron el rumbo de Uchire. De este punto, en el cual incorporaron algunos partidarios suyos, siguieron marcha á Píritu, en donde estaba el Oeneral José Gregorio Monagas, nombrado á la sazón Comandante de Armas de la provincia de Barcelona, y con cuyas simpatías contaban engalladamente. Este Jefe que no tenía en la plaza sino «n piquete de caballeiía, al aproximarse los alzados, reunió á la lijera como ciento, y se retiró con ellos á Barcelona.
Tras él iban aquéllos ; y no pararon hasta las afueras de la ciudad. Organizados allí como pudieron, y animados á la empresa de tomar la plaza, entráronse por las calles dando vivas á los liberales. El Comandante Jirneno los rechazó con la milicia; les quitó algunos soldados, y los persiguió hasta lejos del poblado. Volvieron á Píritu, pero lo abandonaron al saber que Monagas marchaba contra ellos con una columna. De allí se fueron á Clarines.
En el promedio de octubre pidiéronle una entrevista para deponer las armas; y bien que este Jefe rechazó la proposición, se comprometió á soli-
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citar del Gobierno el indulto para todos los de la partida. El Poder Ejecutivo desaprobó este proceder ; ordenó que se sometiese á los alzados por la fuerza, y se previno al magnánimo Monagas que pasara á Caracas á rendir cuenta de su conducta, porque era indispensable examinarla escrupulosamente.
El General José Tadeo Monagas, tan luego como supo estas ocurrencias, marchó á Clarines, con todas sus fuerzas, cercó á los facciosos en este pueblo, y los obligó á entregar las armas y rendirse á discreción. Los Echeandía. perdida toda esperanza de rehacerse, se embarcaron entonces para Curazao.
Allí cayeron prisioneros los ciudadanos Capitán Pedro Vicente Aguado, Comandante en Jefe de la columna de operaciones sobre las costas de Barlovento; Mariano Tirado, Jefe de Estado Mayor; Silverio üíobueno, Ayudante de campo; Tomás Antonio La Rosa, Ayudante de Estado Mayor; Teniente Felipe Pe' rez, Capitán adjunto al Estado Mayor; Julián Mejías, Capitán de cabal ería ; Antonio Hernández, Subteniente de caballería; Leonardo Faríñez, Sargento primero de caballería, y muchos otros; quienes fueron mandados presos á Caraca.*,, juzgados y sentenciados á muerte.
Ahora nos toca decir cómo el Gobierno va á concentrar sobre Zamora todas las tropas de Caracas, de Carabobo y algunas de Oriente.
Hwopunde m El acontecimiento de Los Bagres conmovía
Fui para p«r- *—
•efuír á Zamora ja \inca c]e operaciones del Gobierno, desde Manuare hasta los Valles del Tuy y Aragua. En todas las poblaciones de este vasto circuito militar fueron llamadas las milicias á las armas. Macero se adelantó de Ocumare á Tacata con una columna de obser-
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vación para poner á cubierto sus Distritos. Páez ordenó poner sobre las armas en La Victoria 200 hombres de la milicia de reserva, al mando del segundo Comandante José María Muguerza y reforzarlos con doscientos más de Turmero al manda del Comandante Martín Ramos; y en este cantón se llamó al servicio al Capitán de la quinta compañía con cincuenta hombres, pura que ocurriera de Cagua á Santa Cruz en caso necesario, quedando* en la plaza de Turmero veinticinco veteranos y una compañía de milicia activa, destinados á custodiar el armamento guardado en su cuartel Además, se organizó en la Quinta un campo volante, que recorriese todo el frente del ¡Sur de la parroquia de Santa Cruz, cuyas montañas lindan con las de Magdaleno, Toco ron y Castillo, por donde se habían visto á última hora nuevas partidas de facciosos.
El General Páez con ochocientos hombres ocupó La Cuesta de las Muías, para disponer desde allí una nueva y eficaz persecución.
Su Estado Mayor quedó reorganizado así:
General Pifiando, Jefe con Ucencia temporal.
Primer Ayudante General, Coronel Juan de la Cruz Paredes. Con licencia temporal.
Primer Ayudante de S. E., señor Coronel José Austria; 2? Ayudante del Mayor General, el Comandante Bernardo Herrera, jefe oeeidental del Estado Mayor.
Segundo Ayudante de S. E., el Comandante de caballería Tomás Castejón ; el de milicia, Manuel Páez ; el Capitán Gregorio Codecido. Capitanes adjuntos, el Capitán de Ingenieros, Olegario Meneses, y el de milicias, Rafael Lugo. Escribientes : los Tenientes de Ingenieros Manuel Escurra y Manuel Cadenas, los Subtenientes de milieias Federico Maya y José Pardo Gil y Sargento Io aspirante Roseliano Guillen.
Cirujano Mayor, seííor Doctor Manuel Porras; Practicantes Bonifacio Cmanéz y Benito Gordils.
Auditores de Guerra: Licenciado José Santiago Rodríguez y Doctor Ángel Quintero; Comisario de Guerra, señor Francia.
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El señor Coronel Miguel Arismendi, fué nombrado jefe de la tercera línea de puestos, comprendida desde La Victoria hasta La Cabrera, teniendo á sus órdenes las guarniciones de Turmero y Maracay y un campo volante, mandado por el Capitán José María Pérez, que corría entre estas dos plazas. La guarnición estaba á cargo del Capitán Antonio Jelambi, del batallón número 2? de línea. Había otra línea de tropa desde San Juan de los Morros hasta Güigüe, para cubrir los Valles de Aragua y sus serranías por la parte del Sur: y otra de Agua Hedionda, jurisdicción de San Juan, hasta Camoruco, que era el término de la de San Francisco con El Pao.
En sustitución de Cisneros, se nombró al Coronel Doroteo Hurtado, Jefe de operaciones de La Sierra.
Encomendóse la defensa de Ciudad de Cura en lo civil al Doctor Manuel Manzo, hombre enérgico y diligente, apropiado á las circunstancias; y en lo militar al Comandante Juan Bautista Rodríguez, con una columna de soldados de Barquisimeto.
icthu y IV. De Valencia se movió á proteger á Güigüe
*i«* tropa» el Coronel Domingo Hernández, Comandante de Armas de la Provincia de Carabobo, con toda la fuerza veterana que había en cuartel, la guardia nacional de policía y un piquete de caballería; al tiempo que el General Cordero pasaba con su columna de Man uare á Magdaleno. La ciudad de Valencia quedó guarnecida por la milicia activa.
El 2 de diciembre pernoctó el Coronel Hurtado en Chiicao con las tropas que puso Páez á sus órdenes en Caro de Semen : al amanecer del <lía siguiente continuó la marcha, y al medio día se le reunieron en Virgen Pura dos columnas más, de las cuales mandó revolver una para que tomara el
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camino de Guambra, y la otra fue destinada á Cerro Azul con encargo de que buscara la casa de Feliciano González, por donde, según decían, habían pasado las tropas liberales, dos días después de la función de Los Bagres. A una y otra se previno que habían de reunirse en Guambra, y que cuando hubiesen recogido las bestias de aquellos lugares, para conducir los oficiales y soldados despeados, siguieran á Manuare, Tacasuruma ú otros puntos donde sospecharan que estuviese el enemigo. Otra fuerza tom-S la vía dí? Picacho Blanco, á salir á La Platilla Arriba con las mismas órdenes.
Realmente Zamora pasó por Cerro Azul con su tropa, sus heridos y el botín di, la pelea, como bestias, armas y ganados. Mientras estas columnas le buscaban en un sentido, se movía é\ por la parte alta de La Sierra en opuesta dirección. FA cuatro llegó Hurtado a Cerro Pelón sin novedad, y los vigías puestos en El Platillón por la autoridad de San Juan, le participaron que no habían visto á nadie por Picacho Blanco, ni por la bajada de Los Cueros á La Platilla.
De Cerro Pelón marchó Hurtado á Cucharito, donde acampó el 5 en la tarde, al mismo tiempo que entraba en el banco de La Platilla Arriba la columna de Occidente.
V. l)e Cucharito siguió en la madrugada del 7 Tiroteo <u La con dirección a La Ollita, donde positivamente estaba el General Zamora ; y llevando el intento de batirlo, mandó que la columna de Occidente se moviese del banco de Platilla Arriba, por La Yagua, á acometerle por la parte superior, dirigiéndose él por La Platilla á la inferior.
De 7 á 8 de la mañana se avistaron las avanzadas ; y á poco se vio á Zamora formado en batalla,
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en número como de 200 hombres, en el banco inmediato á una casa.
Las tropas de Hurtado avanzaron briosamente, y las do Zamora respondieron con prontitud por ambos lados : oprimidas, empero, por el número de aquéllas, se replegaron s bre la costa del río, y precipitándose, por travesías fueron á formar en una cumbre más adentro, donde se quedaron á esperar una nueva acometida de sus contrarios ; quienes teniendo que ir por un terreno quebrado y montuoso, gastaron cerca de una hora al pasitrote para darles alcance. Allí volvieron á t rotearse, y otra vez se ocultó Zamora, para reaparecer en otra fila más atrás, v todavía más alta.
La gente de Hurtado, estropeada por la marcha de la noche anterior desde Cucharito, se tendió al fin en el suelo, medio muerta de cansancio y hambre. A lo lejos veíase á los de Zamora flamear sus banderas en la altura, como en señal de convidar á un nuevo tiroteo, pero Hurtado dispuso pararse á reponer sus tropas y á orientarse mejor, para evitar una celada.
Zamora decampó al anochecer, y de prisa y silenciosamente se encaminó á las montañas de Giiigüe, frente á Manuare, con trescientos y más hombres.
VI. Detúvose aquí Hurtado de siete á ocho días,
Operaciones de > 7
Hurtado. ocupado en nombrar comisarios de policía que avisaran lo que supieran de la facción, y en corresponderse con las autoridades de San Francisco, del Pao y otros pueblos de la línea.
El día siguiente tiró columnas por diversos caminos á (pie inquiriesen la ruta que llevaban los facciosos. Por un lado iba la de Occidente ; por Mocundo, San Pablo y Camobé emprendió marcha
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la infatigable compañía de Orituco, caminadora y sufrida cual ninguna; y la de Magdaleno por Copeicito, Piritalito, El Limón, Tirabique, Valleseco, Valle Hondo, Los Cueros, Platilla Arriba, La Tigra, La Platilla, Bejucal y las Carnazas: y él personalmente recorrió la tierra con un campo volante por El Cují, El Potrero y Chirgua Ai riba hasta Camoruco, jurisdicción del Pao. Y como medidas de política, desastrosas por cierto, previno á los comisarios que reunieran los vecinos para formar rondas, registrar los caseríos y caminos, capturar á cuantos juzgasen sospechosos, y mantener vigías en los lugares elevados que anunciaran el aparecimiento de cualquier partida armada; rematando esta ordenación de enojosos procederes con la de hacer salir de las sierras para los poblados todas las familias de los montañeses: lo cual produjo la fuga de casi todos los vecinos á las guaridas más inaccesibles. Esto equivalía a despoblar las serranías, desolar los campos, destruir las casas y pequeñas fortunas de toda aquella gente, que fuera de ser industriosa y honrada era además amante de la libertad, e incapaz de doblegarse al rigor de la opresión. Error grav'simo fué éste, que dio por resultado el que las tropas del Gobierno no hallaran en lo adelante hombres para espías, postas, prácticos, ni soldados; pero ni mujeres que les dieran qué comer. Capturaban los muchachos en el monte como animales; lo cual hace recordar los procedimientos empleados en Ja Conquista para reducir los indígenas. (1) En las montañas de Las Muías cometieron toda clase de desafueros, hasta coger á un pequeño hijo natural de Rangel y mandarlo junto con todo el vecindario á San Luis de Cura.
1 Diario histórico de la columna de operaciones de Güigüc. — Día 4 de octubre.
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tt £??"»*• VIL De este valle de La Ollita y con fecha de
Hurtado lol r* *
Ur6T0luciC11' diciembre escribió Hurtado sus impresiones al Jefe del Ejército, en un oficio que copiamos á continuación, porque tiene grande interés para explicar una vez más, no ya por nuestro dicho, sino por el de un Jefe oligarca, el significado de aquella guerra civil sostenida por Zamora sin claudicaciones en ningún momento.
República de Venezuela.— "Jefatura de Operaciones. — La Ollita: diciembre 8 de 1840.
Señor General Jefe del Entaio Mayor General.
Cada día se agolpan razones que convencen del malestar de los vecindarios de la Parroquia de San Francisco; y de que se necesita una guarnición respetable compuesta de infantería y caballería, que dé por estos y otros lugares, destacamentos. El entusiasmo de estos hombres por seguir la facción de su General Zamora y Coronel Kangel, exige medidas activas que los desvanezcan. No hacía veinticuatro horas que ocupaba este punto la facción, cuando en grupos venían á reunirse: tres de ellos han llegado has* a la vista de nuestros centinelas y al reconocerlos por el uniforme, se han rechazado y dispersado sin que se haya podido coger masque á Demetrio Aponte: quien en su declaración dice, que aquí estuvo hablando con Zamora y liangel y Tomás Rondón: y salía con disposición de avisar á José Aponte que vive en Las Cocuizas, y reunir gente y caballos en Ohirgua, señalándole por punto de reunión Corocito en la Siena: que también escribieron á Benedicto Bracho ; y que éste, según oyó decir á Ramón Zuloaga, tenía entusiasmada á toda la gente de su partido y con ella debe ocupar al Pao. Que decían que en El Chorro tienen un ejército mandado por José Vivas y que desde Corocito se dirigían á Güigue y Magd aleño, donde cuentan (ron gente, así como también con otra reunión acaudillada por Santiago Ceballos en Caránganos; y que también dirigieron comunicaciones para otras personas en diferentes puntos. A la vez que los grupos buscan la facción, debe notarse que hasta ahora no se me ha presentado un solo vecino de esta jurisdicción, de manera que me he visto en la necesidad de llamar al comisario de La Ceiba, para entre otras cosas hacer llamar algunos vecinos que puedan servir de prácticos y postas. En medio de todo, acabo de recibir oficio del Capitán del campo volante, Simón Duran, deantes de ayer, en que me dice ha reconocido las costas de
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Chirgua hasta el desembocadero de La Galera, San Luis Mayalito, Corralito y Las Lajitas, y que nada ha observado: pero nada satisfecho quedo de esta circunstancia, pues que en tan cortas horas hemos visto los grupos que dejo referidos, y debemos convencernos de la animación de estos malvados cuando desatienden la falta de armas y se arrojan con puntas de machetes enastadas, como verá V. E. por la que le remito, juntamente con la persona de Demetrio Aponte. Respecto al informe de Duran, y eñ consideración á la urgencia de tener á mi lado un piquete de caballería, me propongo hoy, que se me reúna con 40 hombres, dejando el resto, cuidando con los vecinos, el pueblo y el campo volante de San José, que podrá recorrer la parte del Sur de San Francisco y los terrenos del mismo San José ; pues ya se me han reunido los soldados que había allá enfermos con excepción de seis que no pudieron venir.
Soy de U. S. atento servidor.
D. Hurtado. Es copia.
J. T. Piñmtgo.
De La Ollita salió Hurtado el 15 á Manuare á tomar noticias del paradero de Zamora : subió á la Sierra Alta por Corcobádo, jurisdicción del Pao, y despachó de Camoruco el campo volante de San Francisco á recorrer las riberas de Chirgua Abajo, con orden de regresar á dicho pueblo por Corralito, después de registrar la falda de La Galera, y capturar ciertas personas, conniventes con Zamora, que vivían allí. En su marcha pasó revista á los vecindarios del Cují, Potrerito, Chirgua, Chiquito, Camoruco, Corcobádo, Cotoperiz, Camobe, Terrenal, Bueña-Vista, río de Pacaragua Arriba hasta sus cabeceras, cumbres y valles de Manuare; y entonces supo que el General Zamora estaba ó había estado en la montaña de Cerro Azul.
VIII. Hay dos cerros de este nombre: uno en Cerrt las cabeceras del valle de Manuare, que es el de Carabobo, y otro en Virgen Pura, á inmediaciones de Platillón y Picacho Blanco y es el de A ragua.
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Ordenó Hurtado en consecuencia que la columna de Chirinos y la compañía del Capitán Guevara, de Magdaleno, treparan á la cumbre de aquel cerro por las huellas de los facciosos, pues se encontraron rastros de su paso por ahí y despojos de dos reses, muertas poco tiempo había. Llevaban hachas y otros hierros con que abrirse paso en la montaña.
Por la paite opuesta, esto es, por la Yuca, mandó que Latouche entrara en el monte con sus fuerzas divididas en dos columnas. Este oficial se puso en marcha á cumplir su comisión el 20 á las (i a. ni. por el camino de las Albahacas; dispuso al efecto cinco guerrillas al mando de los oficiales Capitán Francisca Roa, Teniente Simón Perozo, Teniente Pío Nieves, Subteniente Gregorio Aróla y Sargento primero Pedro Arráez; cada una de veinte hombres, y* las despachó por distintas vías á registrar todas las montañas, quebradas y ríos de aquel lugar, y apenas hallaron rastros de los enemigos hacia el Sun; siguió por las huellas hasta el Carozo y habiéndosele incorporado allí dichas guerrillas y la cuarta compañía, al mando del Capitán Solís, siguió hacia Las Guasduitas, donde se decía que podrían estar.
ocupación dei IX. Muguerza, en combinación con Chirinos y
vaiie de Caí- Latouc})e? partió el 17 de Pedernales al valle de Calcara, y en el tránsito encontró un arrasado que, según los prácticos, era de alguna partida que iba á Guacamaya, por donde andaba una compañía de Chirinos. Continuó por ¿!, más allá de una legua, y al llegar á un picacho se esparció el rastro á derecha é izquierda ; de modo que sólo se veían por la fila, las huellas de ocho ó diez personas. De aquí retrocedió para seguir á Caicara en la com-
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binación antedicha con Latonche y Chirinos; y en la contramarcha tropezó con el Alférez Escalona, que con una guerrilla de veinte hombres custodiaba aquellos puntos, y quien le informó que las huellas esparcidas hacia Caicara eran positivas, pues las había encontrado frescas en el plan del río, en dirección á la Quebrada de ¡as Cruces, por donde podían salir á Magda le no.
A las siete de la noche hizo su entrada en Caicara. y al aclarar, marchó por fuera de la montaña en observación, mientras que el Teniente Lorenzo Madrigales con cincuenta hombres de tropa y dos prácticos penetraba en su interior. A las las seis de la tarde acampó en La Yuca, y en la noche se le incorporó Madrigales, con la noticia de que no había hallado más que un cantón ó campamento de los facciosos, recien desocupado, y unos rastros que salían hacia la sabana.
Latouche. por su parte, cumpliendo la combinación, entró por el Horno de cal de la Yuca marchando en dos columnas y entrambos registraron la montana hacia Cerro Azul.
La tercera columna, al mando de Chirinos, subió á la cúspide de Cerro Azul, y no encontró A nadie. Su jefe destacó una guerrilla con un baqueano á tomar lenguas; y él, con el resto, siguió al Este, por entre una selva espesísima donde tropezó con los ranchos del campamento de Zamora, y los quemó. A las cinco de la tarde fue á salir á un conuco de Kangel, que sus soldados, transidos de hambre, destrozaron, y en que cogieron un peón, ó soldado faccioso, agazapado en un mogote y armado de una lanza. Pasó á Tormenta y Timbique,
Táctica de Zamora.
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y en seguida contramarcha á Corocito por El Algodonal.
X. La situación de Zamora era apurada en cuanto á subsistencias, porque entrambas fuerzas habían arrasado las sementeras y destruido los ganados y animales domésticos de los ya enteramente despoblados vecindarios. Las mismas fuerzas del Go bierno padecían hambre. Esta circunstancia obliga á Zamora desde entonces, á adoptar la táctica de dispersar su gente, diciéndoles dónde y cuándo debían reunirse, mientras que é\ se iba con pocosá ponerse en relación con sus parciales de lo& pueblos, y á promover nuevos alzamientos Cuando le parecía conveniente, reunía las partidas, empeñaba una pelea, y luego volvía á dispersarlas.
Se acercaba á un caserío, solo ó con uno & dos; mandaba llamar un liberal conocido v lo excitaba á mover la gente de su jurisdicción. Escondíase de día v voKía á caminar en la oscuridad. Así era corno desaparecía de los campamentos, evitaba la persecución, y renacía al poco tiempo armado y pertrechado. De esta manera engañaba al Gobierno, haciéndole creer que la facción estaba destruida, y á veces Páez mismo, tan avisado en este genero de guerras, llegó á licenciar algunos cuerpos, creyendo que no había á quien perseguir. (1) Después de El Limón, cuando se suponía á Zamora muerto ó vagando solo por lejanas cum-
1 El Jefe de Estado Mayor dice al Ministerio de Guerra : " Los facciosos, acosados por la columna del Gobierno, escasos de recursos y de comestibles principian á dividirse en pequeñas partidas y [abandonan sus antiguas guaridas." — (Oficio del General Piñango á 19 de diciembre fechado en San Luis, de Cura. — Copiador general número 4).
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bres, aparece á los sesenta días en Los Bagres: pelea, vence, espanta á los oligarcas, y obliga al Poder Supremo y al Ciudadano Esclarecido, á levantar numerosas tropas, á llamar al servicio expertos capitanes, y á llenar su Comisaría de Guerra con parte de los 800.000 pesos que la Administración de Soublette había economizado, y que A randa propuso en vano emplear en el Instituto de Crédito Territorial.
Confirman tal juicio las prevenciones de Páez á su ejército, en el oficio que copiamos á continuación, y que dice así :
República de Venezuela. — Estado Mayor Ceneral del Ejército. — Cuartel General en San Luis de Cura, á 15 de diciembre de 1840.— 17° y M°-
Señar Coronel Doroteo Hurtado, Jefa de operaciones de la Sierra.
Cuando el 2 del presente mes se acercaba la hora de moverse del ("aro de Semen las columnas encardadas de la persecución de Raupel y Zamora, S. E. el General en Jefe llamó ú su rededor á los señores Jefe de operaciones, Comandantes y oficiales de dichas columnas, y en lenguaje muy sentido les puso do manifiesto los estragos causados por los enemigos del reposo público, y la necesidad de perseguirlos activa y eficazmente. Muchas veces dijo S. E. a los señores allí reunidos : uXo se detengan, no descansen, no duerman, pers'gan al enemigo de día y de noche;" y S. E. se retiró persuadido de que sus palabras habían produ ido el efecto que deseara. Después de esto los facciosos se han dejado ver por nuestras fuerzas en el sitio de La Ollita. Cada día que se prolonga la vida de esta facción, aumenta la agonía de los buenos ciudadanos: la Xación £e muestra ofendida y hasta irritada por los ultrajes (pie ha recibido de sus procaces enemigos, que aunque pequeños en número, y sin las dotes que distinguen á los soldados de la República, la obligan, sin embargo, á conservar un ejército para no dejar triunfante el crimen. S. E. siente y padece, porque ve sufrir á. sus compatriotas y tiene un interés muy particular, en que. se reconozca que el ejército de su mando es sensible á las desgracias públicas, y que se afana por hacerlas cesar. Y como S. E. quiere que abunden estas pruebas, dispone: que
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usted se sirva recordar á los señores Comandantes v oficiales de las columnas que están á sus órdenes, las memorables palabras del 2 de este mes en el Caro de Semen. S. E. cuenta con la reputación militar que tan sólidamente tiene usted establecida en la República, y espera que los señores Comandantes y oficiales honrarán debidamente sus puestos. S. E. está resuelto á no disimular ninguna falta en el servicio : el Comandante ú oficial que no tuere atenta y rígidamente exacto en el cumplimiento de las órdenes que usted le dé, será inmediatamente sometido á juicio. Los partes de usted servirán de regla á S. E. ¡Ojalá no haya que censurar y corregir omisión ó negligencias, sino aplaudir el valor, celo y eficacia de los señores Comandantes y oficiales de las columnas que obran en la Sierra !
Al publicar usted esta resolución en la orden general de su cuartel, conviene que usted recuerde á los señores Jetes y oficiales el cumplimiento de las órdenes generales para oficiales, contenidas en el Tratado segundo, título 17 de las Ordenanzas del ejército, y muy particularmente el articulo oí). — Soy de usted atento servidor.
Jada* T. Pifia ngo.
lo qn« valia XI. Es curioso conocer el valor que tenía enton-
el fañado en '
1846, ees el ganado. En relaciones de las autoridades de
La Yuca, Cuchan to y La Ceiba, al Estado Mayor General, aparece que los toros se pagaban á veinte reales (diez bolívares): los novillos á cuatro y cinco pesos: las reses pequeñas á dos pesos y á doce reales.
TirotoosonLa XII. En la presente ocasión pasó Zamora á La mayV "*"*" Yuca á quitar mantenimientos al enemigo v enviar postas á Pedernal y Tacasurumn. Aquí sostuvo un largo tiroteo, dando tiempo á que oscureciera para encubrir sus movimientos.
Nadie le persiguió.
De este sitio se fué á Guacamaya, donde estaba acampado el Capitán José Olivero, hombre muy práctico y muy idóneo para la guerra de partidas. En la sierra que separa á Guacamaya del Canuto
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y Tacasuruma, encontróse con una compañía eneraiga y de súbito se rompieron los fuegos; peleó primero en unos conucos y después en el monte, hasta la noche, en que se retiró dejando en a'arma á los contrarios.
Divertido es leer los partes de los Jefes del Gobierno en que dan cuenta de las huellas de Zamora; de la hora en que las tomaban; cómo las perdían, de qué forma se confundían con Jas de los ganados ; si eran viejas ó frescas ; si los caminan- . tes avanzaban ó retrocedían ; si eran tantos ó cuartos; si las de hoy eran las mismas de ayer. Por las brechas en la paja, decía una vez Olivero, puedo calcular que son más de ciento.
Sobre estas noticias decía una vez el Estado Mavor al Comandante Chirinos; "S. E. el General en Jefe, se ha impuesto de la comunicación de usted de ayer, y siente sobremanera que hubiese usted perdido la huella de los facciosos ; y no los hubiese perseguido hasta alcanzarlos y batirlos; pues este resultado es el que S. E. se promete de usted y de la columna de su mando"
XIII. Serán siempre dignas de nombre y es- Zamora oan»
« . i * é inutilisa las
entura, estas tatigosas marchas y contramarchas en £«•«« *ei <** que nuestro héroe, sin igual en la guerra de montañas, asomaba por entre breñas, combatía y escapaba por entre hoyadas y gamelotales, sin que á ninguno le fuera dable envolverle ni aprisionarle. Como fantasma, vigilaba á sus enemigos sin ser visto ni sentido : sorprendíalos de noche, y al amanecer no se sabía por dónde había partido. Los soldados del Gobierno desertaban hastiados de aquel perpetuo ejercicio sin fruto, desnudos y comiendo á veces en el día, no más que maiz cocido
196 DOCTOR L. VILLANUEVA
6 crudo ; ó bien caían enfermos, rendidos de trabajos. (1) Algunos perecieron en los sumideros ó tembladares, que sólo les guías sabían evitar. (2) Los oficiales se mantenían debajo de la bandera por pundonor. El General Cordero enfermó en Manuare y tuvieron que llevarlo medio muerto en hamaca á Valencia. Hurtado, endurecido en la guerra de la Independencia, declaróse en enerj .cansado y enfermo, y pidió su retiro; y para reemplazarle se encargó al General José M. Zamora, Comandante de Armas de la Provincia, de la Comandancia en Jefe de las operaciones El Coronel Guerrero, cuyos antiguos males se reagravaron, renumió el mando de sus tropas.
Chirinos cavó malo en La Yuca, v Latouche avisó desde El Corozo, que tenía una inflamación de pecho y úlceras en los pk's que no le permitían moverse. (3)
Dice el Coronel Hurtado desde Tormenta al
Estado Mayor General:
uEn mi concepto todavía no se cree la extensión y dificultades que presentan estas sierras, que además de ser guaridas puramente de aquel hisí destinadas á ocultar al hombre malo, éste siempre cuenta con el apoyo del considerable número de vecinos (pie por todas direcciones le rodean, con la facilidad d« encontrar entre ellos muchos dispuestos á seguirle, y <pie también consiguen por medio de éstos, obligar á los demás por la fuerza.
El conocimiento (pie tengo de estas verdades me hace no detenerme para manifestarlas á usted; lo mismo que
1 Participo d usted que tenr/o la tropa enteramente desnuda, ron guayucos, y las fornitura* en el pellejo limpio. — J Miguel Latouche.— Taeasuruma: enero ¿o. — Oficio al Jefe de Operaciones.
2 FJ d:a ocho se ordena al Comandante García *nie dividiera la gente en partidas para recorrerla montaña y serranías inmediatas, para ver si descubre algún po o airón, por Labe* se perdido algunos individuos en este tránsito y no taberse ni d°» ellos ni de sus anima 'es y cjirgns.- (Diario histórico de l<* tohnnua de * per* ciones de (iiiigüc al mando de! señor (¡ enera'. león de Pebres Cordero).
3 Oficio de Latouche fechado en el Corozo á 2 de enero de 1847, al Jefe de operaciones.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 197
éi estado á que me han recluido las fatigas, continuas y rápidas marchas, que he tenido que hacer en días atrás, no me permiten continuar más tiempo sobre La Sierra. Si fuera de ella ó á sus inmediaciones se juzgan necesarios mis servicios á la Patria, estoy siempre dispuesto á prestarlos hasta el últiino día de mi vida."
" Hace para dos días que con varias partidas de guerrillas he registrado escrupulosamente día y noche todos estos montes y quebradas del valle de Tacasuruma, inquiriendo hacia Manuare, Manuarito y Tacaragua en solicitud de los facciosos, y nada se ha podido conseguir."
" Sin embargo, usted me manda en su citado oficio recorrer y registrar escrupulosamente las montañas de Tacasuruma; lo haré por tercera vez."
Él mismo al pasar de Tormenta á Cucharito, escribe al Estado Mayor General:
Cucharito, diciembre 25 de 1846. — Ayer noche llegué hasta, este punto )>orque en el tránsito no hallé conque alimentar la tropa y hacía dos días que no comía con fundamento.— Doroteo Hurtado.
(Oficio al General Pi ñango).
XIV. Incúlpase á las fuerzas liberales que hubie- Desafueros^ ran tomado en algunas poblaciones y caseríos ropas,, cobijas, víveres y otras cosas; y con este motivo se las insultaba por la prensa y en documentos oficiales con los más oprobiosos calificativos; sin tener en cuenta que las del Gobierno llevaban á cabo los mismos irregulares procedimientos, pues entrambas robaban conucos, hatos, haciendas, pulperías y tiendas.
Cierto que Zamora decía que la guerra había de mantener la guerra; pero sus contrarios profesaban la misma máxima: con la diferencia de que en aquel liempo los periódicos, que eran todos gobiernistas, hablaban mal de Zamora y de todos los liberales, sin que nadie les contradijera; y no sólo silenciaban los desmaues y atropellos de las tropas oligarcas, sino que elogiaban sus procederes, como de gente de orden severísimo, respetuosa á la propie-
198 DOCTOR L. VILLANUEVA
dad y demás derechos ajenos. Mas, lejos de ser esto así, tenemos por averiguado lo contrario.
El Gobernador de Carabobo señor Miguel Herrera, expuso á la Jefatura de Operaciones de La Sierra, que en los Naranjos exigían las tropas del Gobierna al vecindario contribuciones forzosas de guerra, consistentes en víveres, bestias, servicios personales,, etc. ; que de esto se hacía un tráfico abusivo á nombre del Gobierno, ó de las tropas que se hallaban 4 las órdenes del General Cordero, causando á determinados individuos extorsiones considerables; y á fin de evitarlo en lo sucesivo, pedía que se tomasen escrupulosamente todos los informes conducentes á la averiguación de tales hechos. Ni han querido los detractores de los liberales fijarse en las fechorías del Coronel Cisneros, jefe de las tropas francas de La Sierra, y encargado después muy especialmente de perseguir los revoluciónanos; quien, apoyado en las armas del Gobierno, se apropiaba los caballos, muías y burros de los vecinos, y los mandaba para su hato de Xavarro ; cogía el ganado de los particulares para la tropa y no lo pagaba; y se lo cargaba á ésta para descontarlo de la* raciones; el sebo lo mandaba machacado para su casa; y los cueros los vendía por su cuenta. (1)
vuevo pian XV. Tampoco se limitaban los perseguidores de
Itüorü r Zamora á estos actos, que tanto desdoraban al Gobierno, sino que por escrito propusieron los más inhumanos planes para destruirle á él y á toda su gente.
Uno de estos fue el indicado al Estado Mavor General como medida para conseguir la pacificación de La Sierra; y que consistía en quemar todos los
1 Dato* tomados del expediente de la causa del Coronel Cisneros.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 199
ranchos, arrasar las sementeras, y reconcentrar todos los vecinos en los poblados.
He aquí el inaudito párrafo de la comunicación del Jefe encargado de restablecer el orden público y proteger las propiedades, en Manuare y Tacasuruma :
í Mas jo me atrevo á manifestar á S. E. que, do es posible conseguir la total destrucción de estos malvados si no se adopta un plan que parecerá desolador, pero que yo lo juzgo indispensable, así como de mi deber indicarlo. Tal es: quemar todos los conucos, y aun los ranchos, y sacarles las familias á poblado; de lo contrario puede aseverarse que la seguridad pública quedará amenazada tan pronto como se retiren las tropas ; primero: porque puede asegurarse también que no hay una sola persona de los colonos ó inquilinos en este valle y en el de Tacasuruma que no tenga sus afecciones con los facciosos; y segundo: porque sus localidades les ofrecen ventajas naturales para bnrlarse de la moral, atacando impunemente la vida y la propiedad ajena. (1)
XVI. Empero, digna de alabanza será siempre la. sentimientos
i ' O I humanitarios da
negativa de Paez á adoptar este modo de hacer Pá*a> la guerra; pues sin titubear, tan pronto como se le dio cuenta de tal proyecto, ordenó al General Pinango que contestase el oficio aludido en los términos siguienles :
Kepúhlica de Venezuela. — Ejército d« operaciones. — Estado Mayor General. — Cuartel General en Laguna de Piedra, á 17 de octubre de 184tí. — Año 177 de la Ley y 36? de la Independencia.
fkñor General Jefe de operacionen de Güig'úe.
Con fecha 7 del corriente á las cuatro de la mañana dije á usted lo siguiente:
"Con fecha 5 del que cursa comuniqué á usted las noticias que había recibido de los señores Paredes y Hurtado, de que los cabecillas Zamora y Rangel se dirigían a Manuare, y anoche tuve la satisfacción de recibir la comunicación de usted fecha en la hacienda de Manuare el 4, ya reunido con el Coronel Cisneros, y de que perma-
1 Diario histórico de laR op roción?» de lu CVuninu úm Gftipie.— (Xtubre 14— Octubre 17.
200 DOCTOR L. VILLANUEVA
necerfa allí hasta recibir nuevas órdenes de S. E. manifestando además lo conveniente que sería quemar los conucos, y hasta las casas, sacando las familias á poblaciones distantes, lo cual sometí á la consideración de S. E. y me ordenó manifestar & usted: que no tenía facultades para quemar y destruir, y que semejantes medidas no podían ejecutarse sin incurrir en responsabilidad; y que además la experiencia ha probado lo ineficaz de tal procedimiento ; á la vez que privaba á las autoridades de la fuerza moral de las Leyes: sintiendo no convenir con usted por las razones expuestas.
"También me ordenó acompañar á usted el indulto que se publicó en Parapara el 4, para que, considerando usted Iom términos en que es concedido, ofrezca usted igual perdónalos que quieran obtenerlo; exceptuando á los cabecillas y malhechores; y que habiendo comunicación del señor Coronel Hurtado, de que tenía certeza de que las facciones se dirigían á los Naranjos y Manuare, cubriese usted ambos puntos, p< > ¡u anaciendo en Manuare hasta que se pusiera expedita la comunicación de ese Valle con San Francisco, para tenerla con el Cuartel General que marcha hoy á San José y de allí á San Francisco. — Todo lo cual tengo el honor de comunicar á usted de orden de S. E. para su cumplimiento."
Y h ibiendo recibido la comunicación de usted del 9 del corriente, en que da p'irte de la autorización que le han dado los señores Tovar y Avila para despedir los vecinos y quemarles las casas, puesta en conocimiento de S. E. el General en Jefe, me ordena contestar á usted : que si los señores Martín Tovar y Gal indo y Ciríaco Avila, dueños de los Valles de Manuare y Tacasuruma, quieren despedir los vecinos de esos Valles y quemarles ris casas y conucos, podrán hacerlo como sus dueños que son; pero que las tropas del Gobierno no deben mezclarse en tales medidas, sino en las de seguridad que les conciernen, y que deben basarse en las leves y ordenanzas que nos rigen ; y por tanto (pie reitere á usted las órdenes del 7 á las cuatro de la mañana y que arriba trascribo á usted.
Jtidaa T. Piñango. (1)
1 Altfimow propietarios de Manuare' y Tacasuruma escribieron cartas ai Jefe de (operaciones autorizándole pa a tomar toda* las medidas con duren tes á aspirar la tran pülidad de aquellos valí s, y que en consecuencia quemara las casas y conucos, y corriera ó aprehendiera A I09 que t ivieran !a inii« pequeña parteen la facci n — ( Dhrio histórico de las operjc'oues del Genera1 Cordero. — Día 12 de octubre ).
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 201
La verdad histórica, ha dicho Napoleón III, en su " Vida de Cesar," debe ser no menos sagrada que la religión. Y nosotros, que nos hemos impuesto el deber de escribir estas páginas de acuerdo con la verdad y la justicia, por cuanto pertenecemos al Partido que proclama la libertad del pensamiento y la independencia del carácter, nos complacemos en dar á conocer con nuestra pluma, sin brillo, pero limpia de odios, esta bella obra de clemencia, de filantropía y moral política que trae á la memoria las mejores de Páez, en las sangrientas campañas de su juventud, hechas con tanta virtud y no menos excelente gloria.
Pues la severidad de la historia consiste precisamente en dar realce y nombre á lo grande y digno, y én reprobar lo que de alguna manera viola las leyes de Dios y los fueros de la humanidad.
CAPITULO VI
I. Los liberales del Pao de San Juan Bautista, cío*™*" fM' enviaron emisarios á Zamora y á Rangel á ofrecerles armas, víveres, ropas y pertrechos, en oportunidad de estar la plaza enteramente desguarnecida ; pues el General Silva que cubría esa porción del territorio hasta El Baúl, se había retirado del servicio y estaba otra vez entregado ásus quehaceres de agricultor. En enero partió Rangel al Pao con un piquete y ocupó la plaza, ayudado eficazmente por el Capitán José del Rosario Sanabria; recogió 25
fusiles, 50 carabinas, varias lanzas y otros elementos de guerra, y exhortó á los liberales á fomentar partidas en aquella comarca de los Llanos, á ejemplo de lo que estaban haciendo los de Aragua y Guardatinajas. Pues debemos decir, que por los lados de La Victoria habíase presentado una facción, y otra entre Choroní y Maracay á inmediaciones de la hacienda de La Trinidad, residencia de Páez. El Capitán Gabriel Rodríguez apareció á la cabeza de una guerrilla en Chirgua Abajo, de ciento y más hombres armados de flechas y carabinas ; y decíase que en El Chorro esperaban á Zamora numerosas guerrillas provittas de mejor material de guerra.
Xos Leones.
-04 DOCTOR L. VILLANUEVA
Mientras Kangel llevaba á cabo esta expedición, trabajaba sin descanso Zamora en Tormenta y Las Muías para nuevas acometidas que pusieran en jaque á las fuerzas oligarcas ; cada día más impopulares en toda la República.
Encuentro en H. Por este tiempo se le incorporó Rondón en El
Cují con cincuenta hombres de infantería y caballería; y con ellos y la gente de Rangel formó un campamento en Las Guasduitas. Allí, atento á los movimientos del enemigo por su espionaje diligente y voluntario, llegó á saber que el Capitán Julián Castro se aproximaba á Timbique, con una columna de las fuerzas del Coronel Domingo Hernández. En el acto levantó el campo, y le salió al encuentro en el sitio de Los Leones. Castro, repuesto de la sorpresa, se paró á pelear con su acostumbrado valor, pero envuelto por todos lados, vióse obligado á perder terreno, y á batirse en retirada; dejando en el camino hombres, armas y bagajes Zamora, á la cabeza de un piquete de caballería alanceó á unos, y cogió á otros prisione os. Hernández, que estaba á retaguardia, oído que húbola noticia del desastre, voló á repararlo, impidiendo que su teniente fuera destrozado por completo. En este punto volvió á encenderse la pelea, de cinco á seis de la tarde, entre Hernández y Zamora hasta que, oscurecido el campo, se replegó el primero á su campamento del Corozo, hacienda del señor Ciríaco Avila, y el segundo á Las Guasduitas.
Los del Gobierno perdieron más de cuarenta, entre prisioneros, desertores, heridos y muertos. A Zamora le mataron un soldado.
El Coronel Hernández lamenta en su parte oficial la pérdida de un valiente Cabo, que se arrojó á la
VIDA DEL GENERAL ZAMOBA 205
muerte en una carga á la bayoneta, y cuyo cadáver quedó en manos de los atrevidos serranos.
No pasaron 15 días cuando se alzó su ánimo á un golpe más audaz, y de mayor sorpresa y trascendencia.
Entretuvo cierta tarde al Coronel Hernández con unas cortas guerrillas en Timbique y Tormenta, que corrieron en la noche por entre sus avanzadas, haciendo fuego, mientras que él bajaba de Las Muías para ir á salir á unos conucos, en la vía de Guacamaya, adonde llegó el otro día al oscurecer: y de allí á poco hizo su entrada en Magdaleno. Al amanecer se movió á Cagua y Santa Cruz, por la cadena de montañas que enlazan á Manuare y Taca, suruma con la fila de Castillo. De forma que, súbitamente apareció cierta madrugada en un camino crucial de los valles de A ragua, entre Santa Cruz, Turmero, Maracay, Cagua y Ciudad de Cura.
Era su intento, según declaró en el Tribunal, ir á La Quinta y Las Matas á reunir hombres, pues sabía por avisos de Jesús Agachado, morador de aquellos sitios, que los había allí en abundancia, casi todos liberales y partidarios de la guerra. Sin embargo, divulgóse en aquel tiempo^ y se tuvo por cierto, que su plan era sorprender la guarnición de Maracay y caer sobre el parque; tentativa que fracasó porque tropas del Gobierno, acampadas no lejos de allí, se alarmaron con las columnas de humo de unas pulperías incendiadas inconsultamente por Rangel, en el paraje nombrado La Culebra.
III. Asegúrase por deposiciones dignas de eré- Funciondew-
t i ii • i / i masen La Cu-
dito, que estanco en aquel lugar se avisto el enemigo >•*«. inopinadamente. Las moscas, cuando se hubieron alertado, hiriéronse fuego; y Zamora, con la pron-
206 DOCTOR L. ViLLANUEVA
titud de un valiente y entendido Capitán, dispuso el combate y lo empeñó con buena suerte, en un callejón cercado de ambos lados.
Los infantes del Gobierno pelearon con brío, pero sus caballos, que se habían mantenido á distancia de cuatro ó quinientos metros, en vez de apoyarlos se pusieron en fuga. Con todo, resistieron aquéllos las cargas de Zamora y Bangel, hasta que hubieron sentido sobre sí una masa desproporcionadamente mayor, muy diestra además, y superiormente mandada.
Entonce> se replegaron ; y por largo trecho hicieron fuego, defendiéndose de la persecución que vivamente les hacían los de Zamora, hasta que al fin se desbandaron. De los liberales murieron 2, v entre los heridos, que alcanzaron á o, fue contado, con gran sentimiento de los Jefes, Carmelo Díaz, oficial de gran pecho.
De los del Gobierno quedaron linos prisioneros, y otros dispersos, muertos ó heridos. Casi todas las armas fueron á poder del vencedor.
Hé aquí cómo da cuenta de esta jornada el mismo General Zamora :
Señor Luciano Parra.
Valleeito : 2<> de febrero de 1847.
Mi apreciado amigo: ahora que serán las ocho déla noche le comunico lo siguiente : el miércoles batimos al enemigo en el sitio de La Culebra, quedando dos columnas y algunos Jefes muertos para ejemplo de los demás opresores. Ya la oligarquía va muy por lo bajo; al valor de las columnas que cargo, al mando del valiente Coronel F. Kangel, se le debe todo. Por tanto espero que montes á caballo inmediatamente, vayas á los campos y recojas los hombres que puedas, que mañana te espero con tu valor acostumbrado y los hombres armados que consigas. Confío en tu fidelidad y creo firmemente
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 207
que no desobedecerás. Yo, ei valiente liangel y mis columnas te saludan, y tú cuenta con tu servidor. — Ezeqüiel Zamora. — Adición : cariños á nuestro amigo Vivas, y que no se quede. — Vale.
Apenas se oyeron los tiros en el Cuartel General y plazas comarcanas, se despacharon tropas al sitio del suceso, y Zamora tuvo que levantar el campo llevándose sus heridos, y el material de guerra conseguido en el combate. Faldeó un cerro que está entre Garabatos y La Laguna, anduvo toda la noche hasta que salió al camino real de La Villa á Caracas, por donde siguió un largo espacio, hasta que hubo encontrado un caserío por el cual subió el cerro, cogió la fila y bajó del lado arriba de una hacienda que estaba á su derecha. Allí le amaneció, y sin dar descanso á la tropa, se adelantó á un portachuelo más allá de Los Bagres, en donde se paró á las doce del día á matar tres reses para racionar la gente. A poco continuaron los liberales marcha hasta el anochecer, en que fueron alcanzados y cercados en el sitio de Cataure por las tropas del Gobierno. Chocáronse, pues, las avanzadas, y confundidos todos en la oscuridad, insultábanse y retábanse á duelo singular.
El resto de la noche pasó en silencio ; y al aclarar se vio á Zamora con su bandera amarilla en la cima del cerro, donde se mantuvo todo el día en actitud de pelea, sin que nadie osara acometerle en tan ventajosa posición. Los del Gobierno replegaron á Caicara, y Zamora á Cataure, arriba de los Pérez, donde atacado el siguiente día, rechazó al enemigo hasta Vallecito.
IV. De este punto emprendió marcha Zamora al tra- comba* •* vés de la montaña de Cataure á salir á Cerro Chino ó *ffmt° Pagüito; pasó con sus fuerzas, que serían 800 hombres,
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por El Peñón, siguió por Hormiguero, posesión de Don Manuel Guirado, se adelantó por El Espinal, de Don Félix Fuentes, á situarse en Cují-Gacho, hacienda llamada del Ocumo, de Don Fernando Fuentes. De aquí fué á acamparse en BQquerón de Caicara.
Como tuviera informes el Gobierno de este movimiento, ordenó en la madrugada del 27, que el Coronel Domingo Hernández marchase por el lado del Chorro hacia el valle de Caicara, con la columna de su mando, menos las compañías de los Capitanes R. Francia, y Oliveros, destinadas por rumbo diferente á desempeñar otra comisión.
El Comandante Juan Bautista Rodríguez había salido con la columna de Barquisimeto, el batallón Caracas y las compañías de Magdalenoy San Juan, por los contornos del Nicual y Pagüito.
Prcvíuoscle á Hernández que ocurriese á donde sonasen tiros, porque ésto era señal de que Rodríguez, se había encontrado con los facciosos primero que él.
Orden semejante se dio al Comandante Rodríguez.
Hernández salió alas cinco y media de la mañana con f>00 hombres, por la íuta indicada, y á las dos de la tarde llegó á Caicara, donde supo que Xamora estaba en La Loma de Cataure, formado en batalla. Invirtió el resto del día en reconocer el valle y en racionar la tropa por dos días, á fin de no tener que imerrumpir sus operaciones contra la facción, en las cuarenta y ocho horas subsiguientes. Pernoctó allí, y al amanecer del 28 se movió á Vallecito. • Se llama Loma de Cataure la cumbre de un cerro muy elevado, de este mismo nombre, á la cual se subía desde Vallecito por un camino tortuoso abierto en su cuesta.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 209
De esta loma y por el lado opuesto, se desprende, bajando con bastante rapidez, uta pica por la fila que va basta donde llaman Morro de Cataure: allí se encuentra el camino que del Nicual pasa por el Valle de Cataure y sube á La Loma á empatarse con el de Vallecito. Además de estas dospicas, partía otra de un conuco del Valle dichor apenas transitable, por la cual se atravesaba la montaña para caer á otro valle conocido con el nombre de Pagüito. De suerte que el General Zamora^ tenía delante de sí tres caminos para salir de la fila: por Vallecito, por El Morro ó por Pagüito. Si las tropas del Gobierno tomaban estas tres avenidas, había (le quedar, como en efecto quedó, situado en la cumbre sin más recurso, so pena de morir de hambre; que el de romper valientemente á tiros y sablazos alguna de las fuerzas apostadas en cualquiera de las menc «madas direcciones. Y esto fue lo que realmente sucedió.
El Coronel Hernández dividió su tropa en tres grupos ; de los cuales situó uno, al mando del Capitán Julián Castro, al pie de la cuesta para cubrir el camino de Vallecito ; otro con el Capitán Alvarez, en el pie opuesto del cerro, para guardar el paso de la loma al camino del Nicual ; y reservó el tercero, más numeroso, para reforzar á cualquiera de los dos que fuese atacado por el General Zamora; debiendo la fuerza situada en la parte contraria á la del ataque, subir la loma y hacer fuego á la facción por retaguardia.
A poco de estar colocadas estas tropas en los lugares dichos, bajaron las de Zamora, parte por el camino del Morro y otras por una quebrada, con el pro-
210 DOCTOR L. VILLANUEVA
pósito probable de acometer á aquel destacamento por los flancos; pero el Coronel Hernández, observado que hubo este movimiento, reforzó á Alvarez con la fuerza de reserva v le ordenó avanzar sobre la loma: mas según dijo él mismo al Estado Mayor en oficio de 6 de marzo, el mencionado Capitán Alvarez desconoció el toque de corneta, y cuando ala voz «ele repitió la orden, ya Zamora, como hubiera visto el total de la tuerza, se había replegado á la loma.
Estas posiciones fueron conservadas todo el día 28, tn espera de que Rodríguez avisara que iba á avanzar hacia la montaña por Pagüito. Si Zamora salía derrotado, bajaría en dispersión por los «otros dos caminos, donde con todos los suyos sería •cogido prisionero. Hernández hizo saber á Rodríguez que aguardaría su ataque hasta la mitad del día siguiente ; y que si no sucediera tal cosa, entendiese que él acometería por sí solo á los facciosos, cualquiera que fuese el rumbo que tomaran. Rodríguez no contestó ; p?ro en su lugar lo hizo el Comandante de la línea de Cura, Coronel Guerrero, que aún enfermo de gravedad, dirigía las operaciones desde la cama; y le avisaba que había dado orden perentoria á Rodríguez de que asaltara la facción por Pagüito al aclarar del día siguiente; habiéndolo al efecto reforzado con tropas despachadas de Villa de Cura, de San Sebastián y de San Juan. Todo, pues, quedó preparado para empezar los fuegos por Pagüito al amanecer, si en la noche no rompían el cerco los alzados.
En efecto, el día primero, ocupados los puestos por lo> destacamentos de Hernández para concurrir al ataque co «binado, observó este que Zamora había abandónalo sus posiciones ; y buscando por la
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 211
huella la ruta que hubiese tomado para seguirlo, avisáronle que por el camino de Vallecito á Magdaleno se veía un tropel de gente, y aunque estaba persuadido de que la dirección de Zamora no podía ser por otra parte sino por la pica de la montana que del Valle de Cataure salía á Pagüito, suspendió la marcha para examinar los lados por donde efectivamente se divisaba la partida. En esta virtud bajó á Vallecito, y averiguadas las cosas, resultó ser falso el informe que se le había dado : volvió á subir la cuesta de Cataure, y ya en la mitad del camino, notó que en una casa más abajo de una cañada de Vallecito, había mucha gente que bajaba á una quebrada y subí* á una cumbre; lo cual le obligó á hacer un reconocimiento con una compañía. El Capitán de ésta regresó á poco á informarle que eran mujeres naturales de aquellos valles que habían salido huyendo de sus casas el día ar.terior. Hernández continuó subiendo, y aunque sin baqueanos, resolvió bajar al Valle de Cataure y buscar la pica antedicha, que al fin halló al medio día. A esta hora entró en la montaña, trepó ia cuesta qué le llevaba por un camino fragosísimo al Valle de Pagüito, y acabó de vencerla entre cuatrr y cinco de la tai de. Entonces fue cuando se enteró de la función de armas que se había empeñado al pie de la cuesta entre Rodríguez y Zamora, y que se conoce en nuestra historia militar con el nombre de acción de Pagüito.
La fuerza de Rodríguez, en obedecimiento á !a orden del Coronel Guerrero, caminó toda la noche, y al amanecer avistó la de Zamora, situada ventajosamente en dos lomas. El choque era inevitable, porque el uno tenía que abrirse paso para solicitar subsistencias por los lados de Camata-
212 DOCTOR L. VILLANUEVA
gua y San Francisco de Cara, donde había muchos^ liberales y más tropas; mientras el otro tenía encargo de cerrarle la salida, combatirlo y exterminarlo. En tal emergencia, luego de acabado el reconocí" miento del lugar, hizo trepar Rodríguez dos guerrillas por los flancos del cerro, que fueron prontamente contenidas por un fuego vivísimo desdelas alturas. Los soldados caían heridos ó muertos, unos sobre otros, sin que fuera dable á la& guerrillas desplegarse para rodear los puestos enemigos, á causa de que no podían subir sino por veredas estrechísimas, barridas por los fuegos. Trabado formalmente el combate, ordenó el Comandante Rodríguez que el batallón Caracas regido por Esteller, avanzase por el centro.
Este batallón, mandado por oficiales valerosos, ejecutó un movimiento rápido al pie dela cuesta, para embestir la subida con destreza y vocería. Sus Comandantes, marchando á su frente, daban ejemplo de bravuia. La primera compañía fue diezmada: uno de sus oficiales, Lino Correa, cayó muerto; otro herido, y de los soldados, gran número quedaron tendidos en el campo.
Zamora le tiraba encima sus columnas, capitaneadas por oficiales tan arrojados como ellos ; cargábalos á plomo con tal furor como nunca se había visto en aquella guerra civil tan tenazmente sostenida por el pueblo, escaso de elementos de guerra, contra un Gobierno desacreditado en el criterio público, pero con recursos de todo género, y de/endido por un cuadro magnífico de Jefes y oficiales.
Zamora no contó nunca sinoj con los pertrechosque quitaba al enemigo, y^con los que le remitían.
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sus copartidarios : no tenía dinero: vivía de los -conucos y de las reses que encontraba : ni sus conmilitones era gente que viniera de las campañas de 3a Independencia, sino montañeses y llaneros nuevos en el arte de la guerra, con poca disciplina, aunque esforzados y constantes. De este número •era José de Jesús González (a Agachado) que peleó en aquella refriega con denuedo inimitable, alistado en las tropas de Zamora, en calidad de Sargento, en la compañía del Teniente Joaquín Rodríguez ; el Comandante Tomás Rondón ; los Capitanes Poli* arpo Sánchez, Masabé, Tovar, Sanabria v Ramón Zuloaga ; el abanderado Teniente Juan Breto ; lo.. Tenientes Felipe Pe re ira y Dámaso Peralta; el Aspirante Figuera y muchos otros cuyos nombres quisiéramos haber conocido para consignarles con gusto en estas páginas.
Al ver Zamora que el batallón estaba seriamente comprometido en la cuesta, determinó hacer un movimiento general con todas sus fuerzas y arrollarlo por el centro y los flancos : y puestos él y Rangel á su frente, tendida la bandera y atronando la montaña con sus cornetas, tambores y voces de pelea, se desprendieron de la cumbre como una tempestad de fuego. Este fue el instante solemne de la acción. El Caracas se paró á morir á pie firme; al tiempo que Rodrigue', penetrado de lo inminente del peligro que aquel cuerpo estaba corriendo, tiró en medio del horrendo conflicto las compañías de San Juan y Magdaleno, dejando sólo de reserva las impertérritas columnas de Barquisimeto.
Ninguno perdió el ánimo.
Rangel, ágil y fiero, se arrasaba, se entraka por las filas del Gobierno y les disparaba tía-
214 DOCTOR L. VILLANUEVA
bucazos á quema ropa; volvía á los suyos, cargaba de nuevo el trabuco y otra vez los acometía. En tan reñida disputa chócanse los combatientesunos contra otros cuerpo á cuerpo: valientes oficiales ruedan heridos ó muertos: y los dos Jefes,. Rangel y Rodríguez, igualmente enardecidos, embís— tense con las reservas y producen en el campo la< más espantosa contusión. Uno y otro son heridos rá Rodríguez lo sacan sus soldados á hombro ;. mientras Rangel, desnudo de la rinta arriba y chorreando sangre de una herida en el arca derecha,, rompe el campo como una fiera que, bramando de furor, saltase por encima de sus cazadores para irse á morir á sus guaridas. En medio del estrago Este— 11er toma el mando.
Más de cien muertos v como doscientos heridos están tendidos en el cerro y en el valle.
Zamora, sin u\\ cartucho, carga con ímpetu terrible á lanza y bayoneta por medio de aquellas columnas que diezmaba la muerte, y desconcertaba \st falta de su denodado Comandante. Todo á su derredor se abate ó muere.
Gente y caballos resbalan en el barro que se h» formado de sangre y tierra : y son precipitados á los barrancos, ó destrozados por los que corren por encima de ellos. Desde los tiempos de la Independencia no se había librado una acción más sangrienta, atendida las cortas fuerzas que tomarot> parte en ella, y que según datos oficiales montarían por todo á dos mil quinientos hombres.
Zamora se abre paso con su lanza, baja al planr y se retira dando frente al enemigo cou una columna como de cien hombres, sin que nadie s^
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 215
atreva á perseguirle. Su causa está perdida militarmente, pero él la lleva como ideal de su vida en la mente y en el corazón, y va, como huyó Héctor vencido, pero glorioso, por en medio del incendio de su campo de batalla.
Se ha dicho que en esta jornada se contaron seiscientas bajas.
El Coronel Doroteo Hurtado desde el mismo campamento á donde llegó despue's de la acción, dice al Cuartel General :
;tLa posición del enemigo era tau ventajosa, que afín no se puede decir que nuestra perdida ha sido considerable, pues debieron babor concluido con todas nuestras tropas desde el principio del combate; las alturas no eran accesibles á lo* esfuerzos de un hombre solo para treparlas, sosteniendo el enemigo un fuego vivísimo l>or más de dos horas" (1).
Las tropas del Gobierno quedaron ocupando el campo, y él siguió, ó mejor dicho, retrocedió al picacho de Cataure, en donde reunió gran mimero de dispersos, y por la noche del mismo día, abrigado de la oscuridad, partió á La Sierra, pasando por la parte occidental de los Morros de San Juan, sin haber encontrado en el tránsito sino una partida en Chacao, que huyó á su aproximación,, sin disparar un tiro.
V. Para perseguir los derrotados dispuso el Co- Derroudei*. ronel Hurtado desde Tormenta, con fecha 11 de Uberalei* marzo, que los capitanes Valentín Viera y Guillermo Blanco recorrieran el Guárico, Muías, Guambra, Virgen Pura y Cerro Azul. El Comandante Chirinos y el Capitán Oliveros marcharían reunidos desde aquí hasta las cabeceras de Mauuare,
1 Hurtado partió con fuerzas, de La Ollita, á* nde estaba acantonado, á Pagüito, el 27.
*J10 DOCTOR L. VILLANÜEVA
donde el primero seguiría á Tacasuruma, cuyo valle había de registrar escru pelosamente por todos sus puntos hasta las Muías, sin fijarse en ninguno de ellos; y el segundo regresaría á este lugar manteniéndose en constante movimiento en el terreno que media ente éste y Manuare, que erd el señalado para sus incursiones ; debiendo dar uno y otro partes de lo que ocurriera, así á otros Comandantes de columnas, como á la Jefatura de Operaciones.
Todos los individuos que se aprehendieran se «destinarían á la mayor brevedad á Ciudad de Cura, á las órdenes del señor General, Jefe General de Operaciones. Al Comandante José M? Muguerza con las tuerzas de su mando se 1p encargó que entrara por detrás de la Quebrada de Agua, Brazo del Medio, Montañas de Camové y :San Pablo, á salir por Mocundo á La 01 lita. Al Comandante Saturnino García con su columna tocaba obrar por la parte del Sur en las descolgadas de las montañas del Platillón, Platilla, Picacho Blandeo, Los Cueros, Valle Hondo, San Gregorito y Bejucal, á salir á La Ollita por la Platilla baja.
Los Jefes y Oficiales encargados de columnas, compañías ó piquetes estaban autorizados para pedir al Comisario ordinario de Cura, dos días antes •que se les acabaran las raciones, las que les correspondieran á sus tropas, hasta el vencimiento del mes.
Se encargó muy particularmente que ninguno
■de los mencionados Jefes v Oficiales se detuviera
-en parte alguna más de un día para lavar y dar descanso á sus tropas. Los partes se dirigirían á La Ollita, sin perjuicio de darlos también al señor General Jeíe General de Operaciones, conforme á lo dispuesto en la orden general del mismo día.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 217
Los liberales, por su parte, se dispersaron en varias direcciones.
Rondón siguió para el Pao de San Juan Bautista, de donde eran vecinos sus soldados.
A Policarpo Sánchez lo cogieron en Paso Ancho, jurisdicción de San Francisco de Tiznados, y lo mataron.
Rangel se internó en La Sierra; y su herida, sin asistencia de ninguna especie, le ocasionó una enfermedad mortal. El campo volante de Guillermo Blanco (Guillermote), le halló medio muerto, acompañado de dos muchachos, en la montaña de Guambra el 14 de marzo en la mañana. Acabáronle de matar; llevaron el cadáver en un burro á Villa de Cura, y allí le cortaron la cabeza para remitirla al Poder Ejecutivo. (1)
Zamora, llegado que hubo á la serranía, dispersó su gente, como lo hacía cuando se le acababan los pertrechos y los víveres, á condición de volver á reuniría en sitio y día convenidas de antemano. Vagó algún tiempo solo en aquellas tristes soledades revolviendo en su fogosa mente nuevos planes de recomposición para producir otra campaña, acaso más ruidosa, porque era Zamora caudillo dotado por el cielo de fe inmortal en la redención del pueblo, y de virtud heroica para soportar los rigores del martirio, primero que hincarse de rodillas delante de los opresores de su causa: con lo cual dio ejemplo á los liberales de entonces y á los de lo porvenir, de entereza de carácter, para no abandonar á sus compañeros en días de peligro; de constancia en los re-
1 Decapitáronle, y jutestaht cabeza en mía jaula, la llevaron d Caraca*, donde entonces me hallaba yo con el tí enera l Monagos. — Autobiografía de Fáez. Tomo 1L
DOCTOR L. VILLANUEVA
veses, para no rendirse por flaqueza de ánimo ; de abnegación sublime, para conservarse puro, íntegro, inmaculado en épocas desastradas como aquella, en que no imperaba sino la rapacidad de linos, la barbarie de otros, y en todos, las pasiones del odio y las venganzas.
A fines de aquel mismo nefasto mes de marzo c¿yó enfermo de fiebre; y en cierta noche se arrastró como pudo al rancho de unos infelices, pero piadosos montañeses, que apenas pudieron ofrecerle por cama una troje miserabilísima, y por alimento algunas raíces de sus arruinados conucos.
new.mor*pri-io" VI. Así pasó unos días en aquel sitio, llamado Palainbra, entre la vida y la muerte, el hombre destinado para abatir, once años pasados, con su genio y valor, el poder casi omnipotente de la oligarquía de Venezuela; como si la Providencia hubiera querido modelarle en las penas de la purificación, para señalarlo como digno precursor de la campaña más sorprendente y más gloriosa, empeñada por el Pueblo contra los ejércitos de la nueva oligarquía, que subió al poder por la Revolución de Marzo.
Ui\ piquete de la columna de La Victoria le sorprendió una noche en su recóndito asilo ; y le habría inmolado como á Rangel, si hubiera dado su verdadero nombre. Pero como dijo llamarse Juan Pérez, contentáronse con prenderle y llevarle amairado á San Luis de Cura, donde todos al verle quedaron atónitos ; sus enemigos se arrebataron de alegría, en tanto que entre sus partidarios movióse gran duelo, porque sintieron todos, muertas en el corazón, las esperanzas de victoria.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 219
Pusiéronle un par ríe grillos y le encerraron primero en el cuartel de la columna de Barquisimeto, privado de comunicación, y después, en la cárcel pública. De allí le trasladaron en fines de mayo á la de Maracay, asiento del Cuartel General.
República de Venezuela. — Ejército permanente. — Cuartel genera] en Caracas á 28 de marzo de 1847. — 18? de la Ley y 37? de la Independencia.
Al señor Secretario de Estado en los Despachos de Guerra y Marina.
Acabo de recibir los oficios que en copia tengo el honor de acompañar á usted, en los cuales se me participa la captura del famoso cabecilla de la facción, del companero de Bangel, Ezequiel Zamora. Me congratulo con el Gobierno y doy cordialmente la enhorabuena á los pueblos que han sentido el azote de aquel cabecilla, por el término de sus desgracias.
Sin tiempo para decir todo lo que merece el señor Coronel Doroteo Hurtado, no puedo privarme de la satisfacción que experimento al recomendar la singular conducta de este Benemérito Jefe. En persona y mandando una guerrilla, el Coronel Hurtado se ha apoderado del que entre los facciosos mereció el título de General y lo ha presentado al General encargado de las operaciones. El cabecilla será entregado á los Tribunales de Justicia y á éstos toca, por medio de un fallo justo, satisfacer la socieda 1.
José A. Páez.
Bepública de Venezuela. — Comandancia de Operaciones. — San Luis de Cura, marzo 27 de 1847. — A las 7 de la noche.
Señor General Jefe del Estado Mayor General del Ejército.
Ahora que son las siete de la noche, acabo de recibir del señor Coronel Doroteo Hurtado, el parte que original tengo la satisfacción de acompañar á usted. Como mañana ha de llegar á esta ciudad el faccioso Ezequiel Zamora, participaré a usted inmediatamente la identidad de su persona.
Creo haber cumplido la comisión con que S. E. el
220 DOCTOR L. VILLANITEYA
Poder Ejecutivo y S. E. el General en Jeje del Ejército, se sirvieron honrarme; y felicito á la dación y á SS. EE. por el término de la facción que temerariamente pretendió despedazar la ltepííblica.
José M. Zamora.
República de Venezuela. — Jefatura de Operaciones de L,a Sierra. — San Francisco de Tiznados, marzo 20 de 1847. — 18? y 37? — A las ocho de la mañana.
JSeñor General Comandante de armas de esta provincia y Jefe General de operaciones.
El día 14 del corriente fue muerto Francisco José Kangel, en la montaña de Guambra por una partida al malulo del Capitán Guillermo Blanco, (Guillermote) en cumplimiento de las disposiciones que al efecto di a este oficial ; y hoy tengo la gloria de decir á usted que corno á. las doce de la noche en el pie del cerro de Juana Caliente, situado entre las bocas de los ríos de La Platilla y Palambra y sin hacer un tiro, fué capturado Ezequiel Zamora por una guerrilla que conduje personalmente hasta las inmediaciones del punto indicado. Dentro de tres días tendía usted en su presencia á este individuo.
Lo vario
> pongo en su conocimiento, para que se sirva eleai de S. E. el General en Jefe del Ejército.
Con sentimientos de consideración me suscribo de usted muy obediente y seguro servidor.
Doroteo Hurtado.
Kepública de Venezuela. — Secretaría de Estado en los Despachos de Guerra y Marina.— Sección Ia — Caracas : 21) de marzo de 1847.— 18 de la Ley y M de la Independencia.
Excelentísimo señor General en Jefe del Ejército.
Con satisfacción se ha enterado S. E. el Presidente de la Kepública, de la nota de V. E. fecha de ayer, en que participa á este Ministerio, la captura del faccioso Ezequiel Zamora, por el señor Coronel Doroteo Hurtado.
S. E. acepta la recomendación que V, E. hace del señor Coronel Doroteo Hurtado, quien en persona dirigió la
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 221
guerrilla que capturó al cabecilla Zamora, habiéndose hecho acreedor a la gratitud nacional, no tan solo por este señalado y distinguido servicio, sino por los que hizo en la guerra de Independencia y por los que en todas ocasiones ha prestado á Venezuela, siendo siempre un constante defensor del orden. El Gobierno, pues, hará el uso conveniente de la recomendación indicada.
Con sentimientos de consideración y respeto, me suscribo de V. B. atento, obediente servidor.
José M. üarreno.
VIL Concluida la relación de esta guerra, es na- Fiada uoam.
° 7 pafiadeu su-
tural que la generación de hoy quiera saber qué in- "*•
fluencia llegó á tener tilla en la política, en la mo-
•ral y en el progreso del país; porque si no ejerció
ninguna en favor de las fuerzas radicales de la
vida pública, sería forzoso al historiador calificarla
de» temeridad ó locura, ó ele otro modo todavía
menos honroso.
Apuñadas bien las causas de esta revolución puede estimársela, á justo título, como la protesta armada de una gran porción del Partido Liberal contra los procederes de la oligarquía. Y no decimos de todo el Partido Liberal, porque los que hayan leído estas páginas con detenimiento, habrán observado que algunos de ellos, lejos de ayudar á los alzados, los persiguieron hasta el fin de la campana; lo cual se debió, sin duda, á sus propias inconsultas divisiones. Pues es bien sabido que las fracciones de un Partido se aborrecen más entre sí, que al enemigo común.
Como los insurrectos fueron los guzmancistas, apellidados de más puros, más exaltados, é intran_ sigentes, salieron combatiéndolos algunos de los demás círculos; aunque diferenciándose de los oligarcas, por cierto espíritu de generosidad y contemporiza-
222 DOCTOR L. VILLANUEVA
ción para con sus hermanos en la comunión liberal, como dieron de ello muestras expresivas el General J. Laurencio Silva en Barinas y Turen; el Comandante Nicolás Silva en El Pao, el General José Gregorio Monagas en Barcelona y Piritu, y el venerado General Alcántara en Los Valles de Aragua : y junto con ellos Muñoz Tébar y Cala, Valero y Sotillo y algunos más.
El General Marino y los candidatos Salom y Blanco se mantuvieron apartados de la guerra civil: sin defender al Gobierno ni adherirse á las facciones.
La rebelión autorizaba al Gobierno á perseguir A los liberales, y de estes injusticias vino á originarse la unificación del Partido; pues no hay medio más eficaz que el martirio, para compactar á los que profesan una misma doctrina política ó religiosa. La persecución unió y fortificó á los cristianos en las cat¿icumbas.
De suerte que el Partido, formado en la pax por un elocuente apostolado, se disciplinó en las prisiones, se hizo indomable en la guerra y se depuró en el infortunio.
La moral pública lejos de menoscabarse se enalteció, por cuanto la insurrección dio á entender la vez primera en Venezuela, que el pueblo aunque desarmado no terne rebelarse contra el crimen de la usurpación, uno de los mayores en un país de sistema alternativo y representativo, y que, como el de traición á la patria, no debe alcanzar remisión en ninguna República de hombres d gnos y civilizados.
La moral encontró en Zamora su justo vengador. Y más meritoria lúe su obra, cuanto la He-
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 223
vó adelante, escuso de recursos y de material de guerra, y la coronó al fin con su propia inmolación, que todos los demócratas habrán por siempre de respetar y admirar; pues luego que dio ejemplo de probidad, de valor y de constaucia, como pocos, estuvo á punto de perder la honra, y de acabar la vida en un sunlicio.
Ni hay que considerar tal revolución como tentativa de naturaleza individual ; como agresión de un hombre audaí á un Gobierno y á un pueblo: cuando la filosofía de la historia, por el contrar o, ve en ella una expresión del estado general del país, un signo sangriento, pero patognomónico, de la determinación bien asentada en la conciencia pública, de modificar la política, estableciendo un nuevo orden de cosas, y poniendo en otras manos las riendas del Estado.
lia guerra fracasó, á pesar de los máximos esfuerzos de Zamora y sus tenientes; pero de sus cenizas se alzó la causa,antes de pasar un año, bajo la forma de una evolución política concebida, preparada y llevada á cabo por el Presidente, General Monftgas, previsor, de grandes pensamientos y resoluciones inquebrantables.
Si la revolución de Zamora hubiera sido un hecho de carácter puramente persona!, habría quedado muerta y sepultada en el campo de Pagüito, como quedó la causa de las Reformas el ano 183(5, con el aprisionamiento de Carujo en los muros de Puerto Cabello. Esta conspiración no tenía raíces en el país, y no bien hubo apelado á las armas contra Vargas, cuando la nación puesta de pie la deshizo y lapidó para siempre.
224 DOCTOR L. VILLANUEVA
En 46 suceden las cosas de otro modo, porque las causas son muy distintas.
La revolución armada es vencida al cabo de siete meses de batallar inaudito; el caudillo va á tener á un calabozo, y aún le sentencian á muerte en noviembre de 47 ; y, sin embargo, en enero de 48, es decir, á los tres meses, su causa esta gloriosamente victoriosa en la Casa de Gobierno, y él mismo, armado á la cabeza de un cuerpo de ejército, álzase á perseguir en nombre del Congreso y de la Patria los dispersos soldados del Ciudadano Esclarecido, batido y derrotado en la sabana de losAraguatos.
Zamora, pues, en La Sierra, no era un hombre sino un elemento popular: no era el Cabecilla de una turba inconsciente y desmoralizada, sino el precursor armado de una revolución eminentemente nacional: de una sublevación de todas las almas contra un partido incapaz, para satisfacer las nuevas aspiraciones de la República.
Era el astro que anunciaba la aurora de una nueva época, como aquellas claridades bíblicas con que alu <nbró Dios el mundo antes de crear el sol.
Los liberales pasaron de los tormentos á los Ministerios, al Congreso, á mandar el Ejército y á gobernar las provincias; las reformas propuestas por su prensa empezaron á elevarse á la categoría de instituciones políticas : se abolió allí mismo la pena de muerte por conspiración, y se dio la mano á la agricultura para medio levantarla de su tumba.
La causa de los heroicos montañeses ha triunfado ai fin ; y su bravo caudillo, el que levantó por vez primera la bandera amarilla en un campo de guerra, ha sido llevado por la vía triunfal á consagrar sus trofeos en el templo de la gloria.
CAPITULO VJI
I. Zamora rindió su primera declaración en Cura, ante el Auditor de Guerra, señor Licenciado José Santiago Rodríguez, cuyo Secretario fue el señor José Pardo Gil.
En 5 de abril le pusieron bajo la autoridad ílel Juez de 1* Instancia del 4? circuito, que era el de Cura, por disposición del General en Jefe del Ejército, y desde el 8 empezó la causa en este Tribunal hasta el 27 de julio en que fue sentenciado á muerte.
Nombró defensor al señor Doctor Manuel Díaz, quien desempeñó fielmente su encargo; y sirvió de Fiscal de la causa el señor Licenciado Juan Martínez.
En 31 de los mismos se compulsó el testimonio de la sentencia que debía quedar en el Tribunal y se remitieron los autos á la Corte Superior constantes de mil ciento ochenta y dos folios.
Ante esta Superioridad le defendió el señor Doctor Elias Acosta, y no obstante sus esfuerzos,. confirmó la Corte en 6 de setiembre la sentencia, apelada. Remitióse en consulta á la Suprema, y
Froceao
220 DOCTOR L. VILLANUEVA
-¿sta, oído lo representado por el Fiscal Doctor José Isidoro Rojas, la aprobó, el 28 de octubre, mandándose copia de ella al Presidente de la República, por si tenía a bien usar de la atribución 21? que le concedía el artículo 117 de la Constitución.
xJSfM^m- H- En 2 de noviembre el Ministro del Interior JSLrta! p*na Doctor Tomás J. Sanavria, por orden del Poder Ejecutivo, pidió el Acuerdo y consentimiento del Consejo de Gobierno para conmutar en ocho años de conBnación en la ciudad de Maracaibo, la pena de muerte. Considerada la solicitud, y tomados los votos, estuvieron por la conmutación tal como la proponía el Poder Ejecutivo, los señores Obispo 'de Trícala, Blanco, Mejía y Sanavria, y en contra los señores Doctor Vargas, Tovar, Narvarte y Rodríguez, añadiendo éstos que estarían porque se conmutara la pena si se imponía á Zamora la de -diez años de presidio en lug^r de la de confinación. Empatados los votos se recomenzó á tratar la materia, quedando pendiente para la próxima sesión del día 4: en la cual, votada otra vez. volvió á resultar empatada en los mismos términos.
Con forme al Reglamento quedó abierto de nuevo el debate: y en la sesión extraordinaria del 5, presentó el Ministro la siguiente Resolución del Poder Ejecutivo:
" Impuesto S. E. el Presidente de la República de que el Consejo de Gobierno conviene en la conmutación de la pena capital en que ha sido condenado Ezequiel Zamora, para lo cual fué excitado, estando disccnle única* mente en la pena que baya de subrogarse ; y urgiendo el que cefi>e este inconveniente por estar para espirar el término dentro del cual quiere el Decreto Legislativo de 3 de mayo de 18,'ií) que el Gobierno determine la conmutación ; resuelve: excitar de nuevo al Consejo para que le colisa te la pena en que haya de hacerse la conmutación acor-
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 227
«lada; con la cual se conforma desde luego; pues que no ejecutándose la de muerte, queda salvado el prineipio que ha guiado y guia á la Administración para afianzar la paz interior de la- República, que es el motivo grave de conveniencia pública que le ha llevado á solicitar en este caso «1 previo acuerdo y consentimiento del Consejo, á quien se convocará extraordinariamente para las once de este -día. — Por 8. B., Sanavria."
Habiendo el Consejo resuelto previamente, que podía constitucional mente ocuparse en tratar el asunto, entró á conocer de él, no obstante la opinión en contra del Secretario Rodríguez ; y bien discutida la materia, acordó consultar á S. E. el Presidente <le la República, que el Consejo prestaba su acuerdo y consentimiento al Poder Ejecutivo para que pudiera conmutar en diez años de presidio en el cerrado de Maracaibo la pena capital impuesta á Ezequiel Zamora como reo de conspiración y otros delitos; y así autorizado, expidió el General José Ta- <leo Monagas el siguiente Decreto, que debiera grabarse en letras de diamante:
JOSÉ TADEO MONAGAS
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA
ETC., ETC., ETC.
Vista la sentencia de S. E. la Corte Suprema de Justicia, en que condena á Ezequiel Zamora á sufrir la pena de último suplicio por conspiración y otros delitos.
En uso de la atribución 21 que me concede el artículo 117 de la Constitución, y previo el acuerdo y consentimiento del Consejo de Gobierno.
Decreto :
Artículo Io Se conmuta la pena de muerte á que ba sido condenado Ezequiel Zamora, en la de diez años de presidio cerrado en el de Maracaibo.
Artículo 2? El Secretario de Estado en los Despachos del Interior y Justicia, queda encargado de la locución de este decreto.
Dado, firmado de mi mano, sellado con el sello del Poder Ejecutivo, y refrendado por el Secretario de Es-
228 DOCTOR L. VILLANUEVA
tado en los Despachos del Interior y Justicia en Caracas, á 5 de noviembre de 1847, ano 18 de la Ley y 37 de la Independencia.
José T. Monaqas.
Por 8. E. — Tomás José Sanavria.
Es copia.
Sanavria.
voto d« var- III. Duélenos encontrar á Vargas tan mal dis~
gis en el Con- *~
■•jo do oobior- puesto á la conmutación en los humanitarios términos en que la propuso el General Presidente de la República, pues desearíamos que todos sus actos fuesen dignos de eterna loa. En el presente caso muéstrase más bien hombre de partido subordinado a las imposiciones de la dpjca, que hombre de Estado desapasionado y previsor.
El Vargas del Consejo de Gobierno no es el liberal Vargas de 1830, que pide valientemente la amnistía, ni el Justo de 1835, que prefiere renunciar la Presidencia antes que amancillar su magnanimidad con el rigor de los castigos.
En todo tiempo se leerá con gusto el hermosísimo discurso en el Constituyente de Valencia, Heno de nobles sentimientos de concordia y generosidad, con que combatió el proyecto de decreto para extrañar del país y confinar á los desafectos del Gobierno ; y su Mensaje al Congreso de 36, cuando terminada la guerra, pide el perdón para los faccios s, en esta forma :
" Ningún momento, dice, pues, más propio, según el concepto del Gobierno, para librar una medida de alta política que deje satisfecha la justicia uacional, concillándola con la humanidad y la clemencia; propendiendo así á extinguir hasta las reliquias de una lamentable conjuración." .
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 229
Tale3 sentimientos le valieron que las Cámaras Legislativas le honrasen con el renombre de Magnánimo.
Vargas, como Hortensio, Marcelo, Catulo y otros beneméritos patricios de la oligarquía de Roma, «e paró en el desarrollo de la política entre un pasado que le era simpático y un porvenir que le parecía peligroso, sin qierer desprenderse de las preocupan >n?s, ni arrojarse á los nuevos caminos que la revolución liberal brindaba á todos los talentos, para trabajar por el advenimiento de una civilización •más conforme á las aspiraciones y necesidades del país.
" Cuando un pueblo está en agitación, dice Napoleón III, es un gran mal que el partido de los hombres honrados, ó de los hombres buenos, como los llama Cicerón, ni ahpte las ideas nuevas para dirigirlas moderándolas.17
"De aquí surgen divisiones profundas?
"De un lado los exaltados se apoderan de las pasiones buenas ó malas de la multitud ; y del otro, los hombres honrados, inmóviles ó indiferentes, se oponen á todo progreso y suscitan, por su resistencia obstinada, impaciencias legítimas y violencias lamentables?
14 La oposición de estos últimos i i ene el doble inconveniente de dejar el campo libre á los que valen menos que ellos, y de mantener la duda en el alma de esa masa social flotante que juzga los partidos más bien por la honorabilidad de los liombres que por el valer de las ideas?
Tal fue el error político de nuestro sabio Vargas, á quien cuadran perfectamente las reflexiones de Napoleón cuando juzga las dificultades con que
230 DOCTOR L. V1LLA3ÍUEVA
tropezó el movimiento liberal de la República romana.
zamo» m IV. En los días en que iban á trasladar á Zamora.
•vade da la car- • • •
«eidexaraoay.al presidio se evadió de la cárcel de Maracay, donde pocos días antes, según lo aseguran sus deudos, habían intentado quitarle la vida, aunque no se dicepor disposición de quién.
Léase lo que sobre tan azarosa sospecha expuso al Gobierno del General Monadas, la señora madre de Zamora; y el decreto de la Corte' Superior que recavó sobre la materia.
E 'elvntíñmo señor Presidente de la R»públie%.
Paula Correa, viuda, legítima madre del desgraciado joven EzEguiKL Zamora, llena de respeto y anegada en lagrimas, que espresan el dolor mas fuerte de naturaleza, elevo hoy mi triste y compasiva suplica al padre general de los venezolanos, el Supremo poder Ejecutivo, cuya clemencia esmalta sus heroicas virtudes.
Existe Exmo. Señor, mi desventurado hijo en la cáne* de Maracay, casi privado de comunicación, arrastrandoenormes y pesados grillos, que mas que la seguridad contra la fuga, trabajan el tormento y el aniquilamiento de su vida.
En tan dura y desesperante situación, tres veces se ha atentado contra la existencia, empleándose aleves é insidiosos medios, de cuya prueba siempre sabe salvarse el asesino.
Primero, se fingió que una partida, quería acometer en una noche al pueblo para sacarlo de la cárcel. En efecto se hiso correr la noticia, se alarmó el vecindario^ y en confianza, la mas criminal, se solicito del oficial de la guardia de la cárcel, á quien se reveló el plan, que con el pretesto de los confabulados en motín, se le quitase la vida en esa noche á mi hijo. Para persuadirlo, se le decía por el hombre mas descarado y cruelr que tiene Venezuela, que era un servicio distinguido que se hacía ¿i la República, matándose á Zamora, para que n:> se gistase más en custodiarlo, ni en su juicio. La virtud del oficial de la guardia salvo en tan horriblenoche, la vida de mi hijo, pues se negó á la criminal maquinación de aquel hombre exeeerablc.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 231
En la vez segunda, un oficial aprovechando el momento, en que el de la guardia no se hallaba en la cárcel, entro á ella, y desnudando su espada se dirijidal calabozo donde estaba mi hijo. En el acto, quiso el cieln, que entrase el oficial de guardia, y sorprendido el asesino, no pudo consumar su crimen.
Frustrados estos medios, se echo mano, Señor Exmode otro mas infame y aleve.
A pocos dias se logró meter en la comida de mi hijo una hallaca con solimán. La casualidad de haber notado aquel, al dividirla con una cuchara, que estase había ennegrecido, lo salvo de la muerte.
En tan agovioso suplicio lia permanecido mi desgraciado hijo.
El 20 de Agosto ultimo se ha aparentado en Marácay grande alarma, suponiéndose, que varios amotinados en'Tacasuruma invadiesen el pueblo. Guardias dobles,, patrullas, quien vives, y un tren estudiado de temores agitaron l.\ población. Mi hijo, esperaba de un momento á otro la perdida de su vida, como fruto del aparato.
Temo señor, y con sobrada razón, aunque no puedo dar las pruebas de tan abominable y criminal historia,, que un asesinato oportunamente perpetrato, me quite la esperanza de la clemencia, y de la misericordia del Gobierno de mi patria, y de la humanidad del piadoso corazón de V. E.
El perverso, que asecha infatigablemente la vida de nii hijo se prepara á burlar la clemencia nacional, dejando á la anciana madre, que suplica en el ultimo desespero, que la arrojará al sepulcro.
Ya por e**tas razones, y por la ñe que la causa de mi hijo será hoy sentenciada en 2a instancia y se aproxima su termino. Y mas que todo por que en las escaceses del Erario, no hay con que sostener la guarnición que custodia la cárcel de Maracay ; y porque á ser licito el temor y el alarma en que se halla aquella villa, no esta seguro mi hijo, y según se aparenta está es— pnesto al asalto de los facciosos. Suplico entrañable y humildemente á V. E. se sirva mandarse traslade ¡inmediatamente á esta cárcel publica, que ofrece nías seguridades» con la correspondente custodia, la persona de Ezequiel Zamora; que sea, Exmo Señor, la ley, y la justicia, y nootro crimen mas feo, los vengadores de los errores de> mi joven hijo!
Caracas: Setiembre 4 de 1S47.
Exmo. Señor.
Paula Correa.
232 DOCTOR L. VILLANUEVA
JBxmo. Señor Presidente áe la República.
Paula Correa, viuda y legítima madre del joven Ezequiel Zamora, con el alto respeto que debo á V. E. represento.
En la semana próxima anterior por las razones entonces espuestas, suplique á V. E. se dignase acordar la translación de mi espresado hijo de la cárcel de Maracay á la de esta Capital, cuya custodia, ademas de ser mas segura, daba garantia á la vida de aquel desgraciado venezolano, mientras que la justicia pública, y la clemencia del Gobierno decretasen definitivamente sobre la suerte del procesado.
Ahora, Señor Exrao, agrego otra razón poderosa y sostenida por el dño de naturaleza y por las leyes del Estado ; y lo hago en virtud de cartas y suplicas, que últimamente he recibido de mi hijo Ezequiel.
Este en persona, quiere y desea, como uno de los medios mas valiosos de su defensa, obra tan amparada, aun por los mayores tiranos de la tierra, exponer ante ■el tribunal Supremo, que va á juzgarlo en ultima instancia, hechos importantes, circunstancias, que nadie puede esplicar, como el mismo acusado, que cuenta ya •con la incomparable desgracia de dos sentencias de muerte. Qu ere mi desventurado hijo, que lo oiga S. E. la Corte Suprema ; y de esta audiencia espera la vida.
El mismo Dios, oyó á Cain, no obstante de estar en su presencia el cadáver palpitante y el fraticidio de Abel.
Ante el Areopago, una de las maravillas del muñólo judicial, ante aquello; doce ancianos, reputados como divinos.
Ante el Senado de Boma, que era una asamblea •de Reyes, en el concepto de los embajadores de Pirro.
Y ante las Audiencias Españolas, que representaban la m a gestad del Monarca, comparecían, y tuvieron el derecho de ser oídos los ciudadanos acusados por delito de Uiuerte.
Quiere nuestra Constitución que el ciudadano sea oido, antes de ser condenado.
Dígnese, pues, V. E. padre gral. de los venezolanos también para que sea oido mi hijo, acordar inmediatamente su traslación á esta cárcel.
Caracas setiembre 10 de LS47.
Paula Correa.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 233
República de Venezuela. — Corte Superior de Justicia del Segundo Distrito número 91. — Caracas 17 de setiembre de 1847.— Ano 18? de la Ley y 37? de la Independencia.
Señor Secretario de Estado en Ion Despacho* del Interior y Justicia.
En el oficio de usted de 13 del corriente número -837, á que se sirve acompañar una representación de Paula Correa, madre de Ezequiel Zamora, recayó en ■esta Corte el decreto que sigue :
No apareciendo fundamento alguno para temer por la seguridad del encausado, la Corte no está en el caso de usar de la facultad que le concede el artículo 10 de la ley de diez y seis de junio de 1831. Comuniqúese al señor Secretario de Estado en los Despachos del Interior y Justicia, devolviéndole la representación."
Y lo trascribo á usted acompañándole la representación mencionada.
El Presidente,
Francisco Díaz.
Díjose entonces que la guardia había sido sobornada por sus parientes Cáspers, Tosta y Gabriel su hermano, en connivencia con una autoridad del lugar; aunque no aparece así de la averiguación sumaria que se formó al efecto. (1) Es lo cierto que se
1 República de Venezuela.- Comandancia de Anana de la Provincia.— Caracas: 80 de noviembre de 1847.— 18 de la Ley y 37 de Ja Independencia.
Señor Secretario de Estala de los Depirtament s de O tierra y Marina.
El *eñor Comandante de la guarnición de Maracay, can fecha 27 del que rige, me participa lo siguiente :
Tengo el honor de elevar á manos d* V. E. Ja averiguación sumaria adjunta, por medio á los individuos (pie componían la guardia de 1% cárcel del 22 del corriente por la fuga del reo Ezeqi iel Zamora. Por las d^cla- aciones tomadas, aparece según la conclusión fiscal, que no ha habido culpabi'idad de parte de dicha guardia, en la fuga del preso, pues ésta quedó encargada déla seguridad déla puerta principal de la cárcel, único punto en que tenía centinela, desde el moment > en que el señor Jefe político, mandó suprimir la que se ponía cerca del río para vi-
filarlo; cuyo encargo fue confiado entonces al alcaide y rondas e policía, en el interior del fdiñcio. según me lo ha manifestado el referido señor Jefe Político: sin embargo V.E. impuesto del contenido de dicho sumario dispondrá lo que estimare con-
DOCTOtt L. VILLANÜEVA
fugó una noche, y llegó á La Victoria, donde remudó bestia y se encaminó á los Altos, para seguir á Caracas y refugiarse en la casa del Doctor José Manuel García. De aquí se fué disfrazado y acompañado de Napoleón S. Arteaga á la casa de las Cotarro, esquina de Piñango, para salirse la noche siguiente á una hacienda de esta misma familia, á inmediaciones del Hatillo, y que llamaban la Guairita. Así lo ejecutó.
Allí se hizo conocer de los peones y vecinot con el nombre de Don Manuel, manteniéndose medio oculto hasta los principios del ano próximo, en que los sucesos políticos lo trajeron otra vez al servicio militar activo.
veirente. Quedando todavía arrestados loa cxpr*Bad*">8 individuo* de la guardia en el cuartel, lo anuncio á V. K. para su conocimiento.
Lo mi« trascribo si usted pura fu conocimiento y el deS. E. el Presidente, advir iendo que hoy mismo hy sometido el ex pediente a dictamen de letado.
Sny de usted at°nto servidor,
8. M <ir¡ño.
CAPITULO VIII
I. El 24 de enero se presentó Zamora al General zamor*e«ii*-
1 mado al servicio
Monagas, quien le encargó de organizar un batallón miliUren Villa de Cura.
Tan pronto como lo formó, partió en el ejerejército nacional á Calabozo á las órdenes del General S. Marino; de aquí prosiguió con el General J« L. Silva por la costa de Apure hasta Pedraza y Barinas. siendo secundo de este Jefe el Comandante Julián Castro, y oficial de una compañía Jesús Agachado.
II. Parte del 48 quedó Zamora de guarnición Ma^Jiabñ0* d* en Barinas, v estando allí se le mandó venir con su co-
lumna á Valencia para que con ella marchase, como lo hizo, contra los insurrectos de la provincia de Maracaibo, dcnde se distinguió por tres hazañas dignas de memoria. Fue la primera, la defensa de Quisiro con 250 soldados, contra la invasión de 900 oligarcas, que pretendieron desembarcar por aquella costa.
La segunda, el ataque á la partida de Basilio Borges, que señoreaba el puerto de Cabimas, en la ribera del lago ; y cuyo oficio era recoger ganados y víveres para los alzados. Batiólo Zamora, y lo hÍ2<> prisionero con cuanta gente comandaba.
236 DOCTOR L. VILLANUEVA
La tercera, de gran peligro y osadía, consistió en el asalto, en San Carlos del Zulia, á la División expedicionaria que iba de Maracaibo á sublevar la Cordillera.
Funcionaba en la Provincia como Jefe de operaciones, el General Justo Briceño, y cuando le hicieron saber el movimiento de los oligarcas, encomendó al intrépido Zamora que esa misma noche los sorprendiera y acabara.
En hora apropiada y en cumplimiento de esta orden, embiste Zamora el campamento enemigo con 336 infantes. Los contrarios eran 1.500 bien armados y valientes; y aunque se apoyaban en tres cuarteles y un vapor, fueron al fin destrozados: quedando en poder de Zamora 600 prisioneros, 800 fusiles, el vapor, que se llamaba General Jacksm, siete faluchos, treinta piraguas, los bagajes y el parque.
El resto de la división fue destruido: unos se tiraron al Lago y se ahogaron; otros se dispersaron por el monte, y los más quedaron muertos, ó heridos ó prisioneros en el mismo campo de batalla. Entre éstos figuraban los Coroneles Muguerza y Hurlado, y tres hijos del General Páez.
El General Briceño le colmó de alabanzas ; v el Ministro de Guerra, en su Memoria al Congreso, recordó su proeza con los más honrosos calificativos, campea dei 49. jjj £n 49 m\\\fá 4 ja órdenes del General Lau-
rencio Silva para contribuir á debelar la segunda intentona del General Páez : y guerreros expertos de aquel tiempo cuentan, como hecho de nombradla, su temerario arrojo en Cazupo con sólo cuatrocientos cincuenta soldados contra toda la Divi-
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 237
sión alzada que iba marchando de aquel cerro al Valle de Carache ; verdad es que perdió en ten desigual encuentro gran parte de su gente, pero obligó á Páez á suspender la retirada, y dio tiempo á que Silva le cercase con su ejército por el frente y por retaguardia. De los paezis as murieron siete, y salieron heridos diez y seis, entre ellos el Capitán Pocaterra y el Teniente Minchir, hijo del Coronel, á quien tocó en suerte batirse ese día con
La facción capituló en Campo Monagas.
Dijeron algunos, y se ha conservado en crónicas de aquel tiempo, que para lisonjear al General Monagas se había dado su nombre á aquel campo, conocido con el de Macapo— abajo.
Esto es una imputación que *e desvanece con la tradición que se ha conservado en la familia Monagas, de Valencia, respecto á este particular. Sin ir á registrar archivos antiguos, bastará al efecto copiar un párrafo de la carta que el respetable Presbítero Doctor Juan Antonio Monagas, escribió al General Monagas, su primo hermano, desde Valencia, á 17 de agosto de 1849, para perlir la amnistía de Páez y demás prisioneros. Dice asi : Me ha sido de bastante placer el saber que el rendimiento se hizo en el sitio llamado Monagos, nombrado así porque en una hacienda que tenía allí mi abuelo, hacía su principal residencia ; y se lo refiero a usted también para su gusto. (1)
IV. Preso Páez, encargó el Gobierno á Zamora Zamorll y PáMi
(1) Este documento están precioso por los sentimientos de caridad y enseñanzas morales y políticas en él contenidas, que no hemos podido resistir al deseo de reproducirlo íntegro, en el Apéndice.
238 DOCTOR L. VILLANUEVA
que lo condujera con su columna de Valencia á Caracas; y cuando los oligarcas, dando lágrimas á la desgracia de su caudillo se comunicaban mutuamente el temor de que lo inmolasen en el camino, como habían hecho Jefes oligarcas con algunos prisioneros liberales en la guerra de 46, resultó que Zamora, aunque enojado justamente con é\ por los grillos que le hizo poner en Villa de Cura, más bien salió protegiéndole en la cárcel de Valencia y en el tránsito á Caracas.
Al recibirle como preso, mandó que le quitaran los grillos, y en seguida entró en el cuarto que le servít de calabozo, y con el tradicional respeto con que los militares de aquel tiempo trataban á Jefes superiores, le dijo : (1) "Excelentímo señor: estoy á las órdenes de V. E. P^r medio
de estos dos oficiales, (que eran los Capitanes Joaquín Rodríguez Guerrero y Francisco L. Alcántara) que son .os de guardia, puede V. E pedir lo que necesite para su servicio personal."
Páez le dio las gracias. El General Alcántara nos refirió más de una vez, y ahora nos lo ha ratificado el General Rodríguez Guerrero, que muchas veces contaba Páez á Zamora episodios de la guerra de la Independencia, y que Zamora le contestaba á su turno las preguntas que le hacía sobre la guerra de 46. Y sobra quien atestigüe que en Los Guayos, Guacara, San Joaquín, y los Valles se prestaba siempre Zamora á llevarle á las casas y haciendas, donde sus amigos le tenían preparados suntuosos banquetes. Páez se queja en su libro de que Zamora no castigase los grupos que le da-
1 Por las leyes se daba el título de Excdencia ú los Genevales en Jete de Colombia.
VIDA DEL GENE BAL ZAMORA 239
bao mueras ; pero ¿sto, bien meditado, quiere decir qoe el General Páez no quiso nunca confesar la impopularidad en que había caído para aquella fecha, y la mala voluntad que le tenían los pueblos tomo Jefe de los oligarcas; comu tampoco quiere estimar lo que hacía Zamora para defenderle la Tida, y entregarle sano y salvo en Caracas al Poder Ejecutivo.
Un malvado le habría quizá sacrificado ó dejado •aerificar en la travesía, con el beneplácito de las exaltadas turbas que en las poblaciones por donde pasaban gritaban : muera Páez. (1)
Durante los otros años de la dominación de Jos Monagas sirvió Zamora las Comandancias do Arnas de Maracúbo, Ciudad Bolívar, Barcelona y Cumaná.
Cuando ocurrió la revolución de Barquisimeto estaba en la de Guayana, ascendido ya á General de Brigada, destino que desempeñó los años de 54 y 55. Entre los militares á üus órdenes en Ciudad Bolívar y Upata, recordamos á los Comandantes Juan José Campos y José Mármol Muñoz y al Capitán Mario Gallegos, su Ayudante de plaza.
Y. En 185(5 casó con la señora Esti'fanu Falcón, hermana del General Juan C. Falcón, y viuda del señor José Benito Diez, español, oriundo de San-
Xatrimonio de
1 Habiéndose de te» minado que fuese conducido á Carairas, salí de Valencia con mi hijo Ramón el 2 de setiembre, escoltado por la co umna de Zamora, compuesta de hombres mal intencionados. En el tránsito se reúna gente j0 nnMiiano «revenida para gritar "muera Páez," y, si el jefe político de alguna población enviaba á la cárcel al ebrio que vociferaba aquellas amenazas, Zamora lo hacía poner en libertad á nombre del pueblo soberano y mandaba á sus soldados que repitiesen aquel grito. Resígneme á los insultos y ai maltrato que se me daba en las cárceles, á pesar de hallarme enfermo.— ^4 utobio - frafía de t des.
240 DOCTOR L. VILLANUEVA
tander, de opinión carlista, de oficio farmacéutico, y venido-ai país en 1841. El señor Diez abraza la Causa Liberal de Venezuela, y en 49 se encontraba de Gobernador de Coro, sirviéndole de Se* cretario el señor Goiticoa.
Zamora acabó de formar á los hijos de Diez,, que eran tres : Justiniano, Julio y Antonia, y los amó como padre. Antonia se casó con el Doctor Ignacio Escobar; Julio murió joven y Justiniano es hoy General de la República, siempre adscrito al Partido Liberal. (1)
La señora de Zamora, que aún vive, como si el cielo hubiera querido conservarla para que asistiese á la glorificación de su esposo, es hija del señor Don José Falcón y la señora Josefa Zavarse de
(1) El infrascrito Cura de la parroquia de San Bartolomé (le Macuto certifico: que en el libro parroquial de matrimonios al folio veintitrés se encuentra la partida siguiente:
"En esta parroquial de San Bartolomé de Macuto, el día cuatro de julio de mil ochocientos cincuenta y seis, el Ilustrísimo señor Doctor Silvestre Guevara, Dignísimo Arzobispo de Caracas y Venezuela, presenció el matrimonio que por palabras de presente en su Palacio, contrajeron en este di* el General Ezkquiki, Zamora, natural de Caracas, hijo legítimo de Alejandro Zamora y Paula Correa, y Estéfana Falcón, natural de Coro, y ambos vecinos de la ciudad de Santiago de León, viuda de Benito Diez é hija legtima de José Falcón y Josefa Zavarse, habiendo recibido el mismo día el Sacramento de la Penitencia, también fueron dispensadas las tres canónicas amonestaciones que dispone el Santo Concilio de Trento, por su Señoría Ilustrísiina; fueron testigos presenciales el General Juan Faleón, la esposa del General Presidente de la República, Luisa Oriach de Mona gas, el Doctor José Manuel García y el Cura de la parroquia. De que certifica José Eugenio Bullos."
Es copia del original. — Macuto: setiembre veintiocho de mil ochocientos noventisiete.
Presbítero Antonio Leña.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 241
Falcón, y hermana del Gran Ciudadano Maiiscal Falcón y de las señoras Mercedes de Toledo y Concepción de Diez.
En su largo servicio de plaza se entregó Zamora al estudio de historias militares, especialmente de nuestra Independencia, al de las Ordenanzas, y al de libros de táctica que le regaló el señor O. Meneses ; conservados todos con religioso respeto por su señora viuda.
Le gustaba frecuentar la sociedad culta: y su conversación y modales en una sala eran enteramente distintos de los del hombre de cuartel.
Su ambición constante consistía en servir al pueblo, á la manera de Tiberio Graco, con ciertas ideas utópicas de socialismo y de igualdad de bienes..
Pero nunca descuidaba sus ejercicios corporales de natación, tiro de pistola, juego de florete, equitación, coleadura y toreo.
Era muy aficionado al baile. Dormía poco, cuando más tres horas, y casi nunca de seguida. Se levantaba y volvía á acostarse.
En la mesa futí siempre sobrio: su comida común era nuestro hervido, carne á la llanera, café y leche. No bebía ningún licor espirituoso. Caminaba á pie extraordinariamente. No jugaba.
En los últimos años de la década renunció la Comandancia de Armas de Cumaná y se retiró á Coro á fundar una propiedad agrícola. Formó un hato en Maguay, á 11 leguas de Coro hacia La Sierra, y la hacienda de La Caridad á 9, enriquecida por él coa un ingenio valorado en 40.000 pesos.
Fomentó, además, los bienes que su consorte
DOCTOR L. VILLANUEVA
había heredado de su padre. Consagrado á estas labores de honrado y activo agricultor pasaba su vida en Coro cuando vino á sorprenderle el levantamiento de Carabobo y otras Provincias del centro en marzo de 1858. El General Falcón, Comandante de Armas de Coro, le encargó luego que tuvo las primeras noticias de la revolución, de organizar tropas en Paraguaná, pero hecho ésto, las licenciaron así como se supo la renuncia de Monagas.
CAPITULO IX
I. La fusión de marzo fue una evolución car- »««i<«i<rato
MATSO.
gada de infortunios.
Nacida en un cuartel, apenns se hizo Gobierno, cuando brotaron de su seno los gérmenes del odio y las venganzas.
No fue el advenimiento de una civilización reclamada por los progresos del tiempo, sino la restauración por sorpresa de un viejo partido; y como toda restauración, apareció mezquina de miras, despiadada con los vencidos, y estéril para el desarrollo de una nueva vida política y administrativa del país.
Aquellos fusiomstas, entre los que sobresalían hombres doctos en ciencias y bellas letras, sugetos honradísimos en el manejo de los caudales públicos, militares de ilustración y valor, y aun jóvenes dotados de ricas prendas de inteligencia, pudieron haber formado con todos los recursos que facilita el poder, un partido poderoso para el bien, que conservase la paz y respetase la libertad, manteniendo la armonía entre las leyes y el funcionamiento ordenado de los partidos; empero, en vez de esparcir ideas generosas de regeneración pública
244 DOCTOR L. VILLAJÍÜBVA
y crear fuerzas de atracción alrededor del Gobierno, implantaron el terror; el terror de la rotunda, de los pontones, de los destierros y de lo& cadalsos. Cuando debieran haber olvidado lo pasado, como lo prometieron, diéronse á aturdir el país cantando en mesenianas, como rapsodas enloquecidos, las desgracias de sus propias personas bajo la dominación de los Monagas.
Pudieron haber preparado una época de felicidad, de reconciliación social y gloria pública, y loque hicieron fue resucitar un partido con el misinosuda rio con que había sido sepultado en 1848, y vestirlo con la túnica preciosa que bordaba la elocuencia de algunos de sus oradores, y armarlo de rayos para provocar una guerra civil, devastadora y larga, como nunca la hubo desde la fundación de la República.
r Pertecueion á H. En los primeros quince días de instalado el
Gobierno del General Castro, empezó la persecución á los liberales. El 3 de abril fué reducido á prisión el General José R. Soto, que había sido el Jefe de la revolución de marzo en Barquisimeto, y junto con él Antonio Leocadio Guzmán, Francisco Oriac, Ruperto Monagas, Ramón Anzola Tovar, Felipe Guerra, Pablo Guerra, Nicolás Guerra, CayetanoEchezuría, Coronel Casado, Jesús M. Silva, Ramón Suárez, José M. Santana, Julián Yanes, Ramón Escalona, Ramón Piar, Simón Aguado y Grana, Hermógenes A. Navarro, Luis Level, Rafael Valdez, Doctor José T. Monagas, Doctor Joaquín Herrera, Coronel Gil y muchos otros, según consta en los registros de cárcel y en las crónicas de El Foror periódico gobiernista.
Al General Falcón y al General Zamora, que-
VIDA DEL GENERAL ZAHORA 245
habían llegado á Caracas en los primeros días de :abril, á presentarse al Gobierno, se les dio la ci lidiad por cárcel.
En junio. 6 si decimos, en el tercer mes del •Gobierno de marzo, fue desterrado el Geaeral Zamora junto con el General Falcón y varios otros liberales ; según reza el Decreto del General Castro <juc insertamos á continuación :
JULIÁN CASTRO,
OENERALEN JEFE DEL EJÉRCITO LIBERTADOR, ENCARGADO DE LA ORGANIZACIÓN DE LA REPÚBLICA.
Considerando :
1? Que á pesar del clamor uniforme, general y solemne «del buen pueblo de Venezuela por la reforma del Gobierno Nacional, sobre la base de la moral y de la conservación de sus derechos públicos é individuales, persisten todavía algunas personas, mal avenidas con todo régimen bien ordenado, en mantener la Kepública, por vías de hecho, •en continua agitación, oponiendo cuantos obstáculos les sugiere su malicia á la pronta y pacífica reconstitución del Estado.
2? Que la aplicación severa de las leyes á los extravíos de estos individuos, sería enteramente aflictiva para sus familias y para los buenos ciudadanos que ven en el sistema de lenidad de la actual administración, qua aquéllos no han sabido ni querido apreciar, la prenda más segura del respeto que profesa á los derechos públicos é individuales.
En ejercicio de la plena autoridad de que me hallo investido para sostener el orden público, mientras se reconstituye el Estado de una manera regular y pacíñca, con acuerdo del Consejo de Estado,
decreto :
Art. 1? Saldrán temporalmente del territorio de la República los individuos que constan en la lista inserta á continuación, hasta que el futuro Gobierno constitucional les permita el regreso al seno de su patria y familia; á menos que se suspendan los efectos de esta medida en consideración á- la conducta que observen en ~e\ exterior, ó porque cesen las circunstancias que la motivan.
246 DOCTOR L. VILLANUEVA
Art. 2? Los Gobernadores de las provincias litorales no permitirán la entrada de ninguno de aquellos individuosen el territorio de su mando, sin los requisitos de que habla el artículo anterior.
Art. 3? El pasaje de estos individuos para el extranjero de ida y vuelta, se pagará del Tesoro publico, si ellos no pudieren costearlo de su propio peculio.
Art. 4? El Secretario de Estado en el Despacho de! Interior y Justicia queda encargado de la ejecución de este Decreto.
Dado en Caracas, á 7 de junio de 1858. — J. Castro. — Por 8. E. — El Secretario de Estado en los Despachos del Iuterior y Justicia, Manuel F. de Tovar.
Lista de los individuos á que se refiere el artículoprimero de este Decreto :
General Juan C. Falcón, General José Ramón Soto,. General E&equiel Zamora, Coronel Wenceslao Casado, Coronel Carmelo Gil, Comandante Amador Armas, Antonio L. Guzmán, Ramón Anzola Tovar, Doctor Joaquín Herrera, Doctor José Manuel García, Ramón Suárez, Doctor Pío Ceballos, Diego Antonio Alcalá, Jesús María Aristeiguieta, José Gabriel Ochoa, José Simón Jimeno, Pedro ("onde, Fabricio Conde, Carmelo Villamartín Valiente — J. Castro. — Por 8. E. — El Secretario de Estado en los Despachos del Interior y Justicia, Manuel F. de Torar.
Es copia.
Tovar.
Prucipiotdo III. Desde el mismo (lía que empezó la reac-
]r revolución federal, ción, contra todos los que estaban con Monagas y
aun contra muchos de los mismos revolucionarios de marzo, acercáronse unos á otros los liberales principales para comunicarse sus azares y temores y convenir en algún plan de revolución que ecbase por tierra el nuevo poder, ejercido exclusivamente por un partido que venía pidiendo venganzas por todo lo que había padecido desde el 24 de enero de 1848.
La primera Junta revolucionaria se celebró en
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 247
Caracas en la casa del General Carlos Ferrero, parroquia de San Juan, donde estaba alojado el General Falcón. A ¿lia concurrieron el mismo General Falcóti, el General Zamora, el Licenciado Francisco Conde, el Doctor Víctor A riza, el señor Agustfn Rivero y el Doctor Gonzalo Antonio Ruiz.
El señor Rivero nos ha informado, en carta autógrafa, como allí manifestó el General Falcón, que Zamora, é\ y todos los liberales fieles, estaban dispuestos á tomar parte en la revolución, y que en ella entrarían aun los que habían figurado en el movimiento fusionista.
El mismo General Falcón propuso, incontinenti, que el programa de la revolución fuese la doctrina federal. Todos los circunstantes lo apoyaron y, puestos de pie, le nombraron por unanimidad Jefe Supremo del Partido Liberal.
Dos días después, se reunió otra Junta más numerosa, en la misma casa, y en ella se nombraron centros revolucionarios de algunas Provincias. Al Doctor Ari?a se facultó para que eligiera los -vocales del de Barquisiineto, y á los señorea Agustín Rivero v A. Salom. el del Yaracuv.
Cada liberal se sintió amenaz do eu sus bienes, en su libertad y en su vida; y á poco andar formáronse clubs de conspiración en todas las Provincias: dio— se calora la prensa contra el Gobierno; aclamóse el principio de Federación, como base de un programa de oposición y de guerra ; y se reconoció por todos los liberales al Benemérito General Juan C. Falcón como Jefe de la nueva Causa política que iba á emprender campaña contra la restaurada oligarquía.
248 DOCTOR L. V1LLANUEVA
Era el General Falcón ciudadano hoitorabilísitno por sus prendas de inteligencia y educación, y por ios servicios que desde Taratara había prestado á la Patria; y Zamora, que no ambicionaba el poder sino la pura gloria militar, fue el primero que se puso á sus órdenes.
En seguida déla expatriación de estos dos Generales se formó en Caracas una agrupación con los liberales Juan Crisóstomo Hurtado, Santiago Goiticoa, Coronel Rafael Urdaneta, Pedro P. Ibarra, Dr. Gonzalo A. Buiz, Dr. Juan de Dios Morales y Dr. Jesús María Blanco, asistida de infinito número de copartidarios •de todos los gremios de la sociedad, y de las masas populares, nutridas de ideas enteramente liberales y animadas contra un Gobierno que provocaba hora por hora las iras nacionales con el terror implantado en la capital y en todas las Secciones ; y llevado en algunas hasta lo increíble.
El General José T. Monagas que, inspirado en el más acrisolado patriotismo, había renunciado la Presidencia el 15 de marzo, estaba aherrojado en durísima prisión. Su primer Ministro, Jacinto Gutiérrez, la cabeza mejor dotada para organizar la Hacienda pública, orador parlamentario elocuentísimo y diplomático sabio, fué víctima en las calles de Caracas, de los más viles atropellos.
De todos los altos hombres públicos de aquellos tiempos, fué éste uno de los de más constante, generosa índole para defender la justicia, en los Congresos, en el Gabinete y en las conferencias privadas con los Presidentes. Entre muchos notabilísimos actos suyos, de moral y virtud republicanas, recordaremos sólo para confirmar nuestro aserto,
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 249
el de 1849, cuando sostuvo con sublime entereza en el Consejo de Estado el Convenio de Macapo, celebrado entre Páez y Silva: y la digna serenidad con que renuncia la cartera de Hacienda al persuadirse que el Presidente sustenta una opinión contraria.
Léase aquí su célebre voto salvado:
" Mi dictamen fundado en las ratones que he interesado en la discusión de este serio asunto se reduce á los dos puntos siguientes :
1? Respecto de los rendidos en Macapo, el Consejo debe consultar al Poder Ejecutivo que respete y cumpla y haga respetar y cumplir el convenio celebrado el 15 de este mes por el seüor General de División José Laurencio Silva, Comandante Coronel de Operaciones contra el enemigo, disponiendo, en con secuencia, de los rendidos, en armonía con dicho convenio. El General Silva, como General en campaña, estaba facultado naturalmente por su propia misión* y carácter para aquel acto, sin necesidad de previa y especial autorización ; porque aun cuando careciese de poder, debería suplirlo el decoro del Gobierno, la dignidad y alteza de la República, los principios de equidad y los fueros de la desgracia.
En cuanto á los autores y cómplices en los otros movimientos revolucionarios, el Poder Ejecutivo que tiene acordada por el Consejo la facultad 4* del artículo 118 de la Constitución, debe ejercerla con todos los comprometidos, separando á unos del país y á otros de su domicilio por el tiempo que juzgue, necesario, y mandando poner en libertad para que se restituyan á sus casas á aquellos que no crea perjudiciales de modo alguno á la paz y seguridad de la República. Es así como sellaremos el expediente ya muy voluminoso de nuestras desgracias, como acercaremos los días de la tranquilidad y el trabajo; como habrá paz en los ánimos, contento en los corazones, bienestar y libertad para todos. Así alzaremos la República á sus grandes destinos y tendrán porvenir nuestros hijos. Después de haber errado todos, hagamos entrar en juicio á todos por medio de la magnanimidad. — Jacinto Gutiérrez» [1]
No menos injusta Fué la prisión del General José Gregorio, el m4s reverenciare de nuestros fi-
1 Aunque de corta extensión, dijo el Doctor Larraziibal en JSl Patritta número 171 correspondiente al 8 de setiembre de 1849, el voto del seno* Gutiérrez, es una obra clásica que honrará snmpre á su autor. El señor Gutiérrez no es »Mo un hacendista, e9 también un político perfecto, un hombre de] Estado.
!tfO DOCTOR L. VILLANÜBVA
lántropos; ni menos inhumana la determinación de llevarle como presidiario al Castillo de Maracaiho, donde á poco murió de honda tristeza.
Falto el Gobierno de un hombre de Estado á su cabeza, declara desatentadamente la guerra aun gran Partido ; y éste acepta el reto, llama á sus Proceres, alienta la juventud, yérguese como un atleta, y se lanza á la miyor revolución en que nunca jamás vierónse empeñadas sus mejores fuerzas.
La ciudad dei IV. El Partido Liberal en su período primitivo
pueblo. * *
de formación, de 1840 A 1846, se limitó k reclamar el cumplimiento de la Constitución de 1830, que el señor Guzmán llamó el Monte Arentino de los venezolanos, y á proponer algunas reformas de leyes, que la opinión pública exigía. Hecho poder de 48 á 58, borró de nuestros códigos la pena de muerte por mol i vos políticos ; libertó a, los propietarios de la expoliadora lev de 10 de abril ; ensanchó la esfera de la instrucción pública, poniéndola al alcance drí los pobres ; abolió la esclavitud; creó la autonomía del poder municipal; rectificó la división territorial; y cambió la inmovilidad de 20 anos por un progreso racional, con resultados prácticos, para que imperara la igualdad entre todos y la justicia para tedos.
En 58 y 59 ibaá comenzar otra civilizadora evoIlición política, promovida por el inextinguible deseo de acercarse, cada día más, á la suspirada libertad ; con virtiendo las provincias en Estados soberanos, con descentralización administrativa, tribunales propios ó independientes, y el más bello y filosófico ideal de derechos individuales y de libertades públicas.
Nuestro partido se presentaba como el homo novus de la Patria; el más ilustre que nunca fue ni ha sido
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 251
hasta los tiempos que alcauzamos. Pero en la civilización de lo porvenir, tienen los liberales que exceder, ó por lo menos igualar á sus beneméritos antepasados; porque si bien la Federación es una cumbre en la escala de la perfectibilidad gubernativa, no es con todo defi jitivamente la última de ellas.
Sucede con los adelantos de la política lo mismo que con las alturas de las cordilleras; que, vistas á distancia, parece que son el linde de una cadena de montañas; empero, cuando se posa el pie en su cima, se ve detrás otra más alta.
En este sistema de gobierno 83 condensaron junto con sus principios propios, los de las predicaciones de la prensa primitiva; adoptáronse los progresos alcanzados, y formóse con toda esta masa luminosa, lo que bien podríamos llamar, la Ciudad del pueblo; como llaman la Ciudad celeste, en la doctrina agustiniana, la organización en un solo cuerpo de enseñanza de las instituciones religiosas di» los judíos y tas instituciones religiosas del Evangelio, bajo el dogma de la unidad de Dios, con la revelación á los israelitas v la revelación á los cristianos.
Aqui el dogma era la unidad del liberalismo, ó de otro modo, la unidad de la libertad, con las ideas del tribunado primitivo, las conquistas de la década mencionada, y las aspiraciones federalistas de la época moderna.
Pero la ley del progreso ensena, que más allá del adelanto político que constituye la Federación, hay ó debe haber, otros quizá invisibles hoy, pero que se revelarán más adelante, y por cuya conquista tendrán que bregar los liberales, si quisieren mantener viva la perpetua renovación de los elementos que forman el
252 DOCTOR L. VILLANUEVÁ
misterioso organismo de los pueblos, puesto que no les es lícito pararse jamás en su carrera, so pena de desconocer su dogma y quedar petrificados en el espacio de la política, como suelen los partidos conservadores.
Un partido liberal debe marchar siempre, ya que su inmortal destino es transformar las naciones por medio de jornadas, cívicas ó bélicas, que produzcan el desenvolvimiento natural, fisiológico y eterno de las inexhaustas fuerzas progresivas de la especie humana.
Para expMcar la razón originaria del prestigio, longanimidad y triunfos de la revolución federal, sería preciso ir á buscarla, por un largo estudio que corresponderá á quien escriba la historia de aquella época, en la violación del programa de marzo; con lo cual se sustituyó al ofrecido olvido de lo pasado, el sistema de los castigos, como ley moral de reparación y de justicia: y luego en la aspiración á mejoras morales y políticas que habían comenzado á germinar en la conciencia del pueblo.
, . V. Lo más difícil en el estudio de la historia es
Zamora íntimo.
leer en las almas, para alcanzar á penetrar los motivos secretos de las acciones humanas; pues en los sucesos públicos hay dos órdenes de causas; visibles unas, que el escritor encuentra en los documentos y tradiciones; invisibles otras, que no es dado descubrir sino al que pueda, por alguna circunstancia especial, interrogar y oir las respuestas del hombre íntimo; operación delicadísima que no es siempre fácil poner en práctica para el logro de lo que intentamos.
Zamora sale de Curazao á la guerra, por ser-
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 253
vir á la Patria, contribuyendo á que su Partido estableciese por las armas, el anhelado sistema de la Federación ; ya que los convencionales de Valencia no quisieron hacerlo en el seno de la paz. Esta es, en la historia, la razón visible.
Pero movióle otra, oculta y personal, que consistía en su odio al Presidente Castro, quien arbitrariamente lo había desterrado ; en su vehemencia por derribar del poder á los oligarcas, que lo habían calumniado, perseguido y aun vejado; en su fraternal afecto al General Falcón, cuyos caminos al poder y a la gloria deseaba allanar antes que otro alguno ; y en su propio orgullo de guerrero que le inducía á crear por el pensamiento planes de campañas, con que vencer y humillar á sus contrarios.
Allá, en el fondo profundísimo de su corazón, donde resonaban los ecos de sus violentas pasiones, es donde hay que ir á buscar el origen de las inspiraciones, felices cuanto atrevidas, de sus maniobras en el centro, por entre ejércitos enemigos; de su táctica admirable, en San Lorenzo, Santa Inés y El Corozo; y de su marcha, casi á la par con las bolivianas, desde Curbat1', al pie de la cordillera, bástala plaza de San Carlos; de la melancólica ciudad, destinada por el cielo para ser como la Jerusalén de la más santa y querida de las causas populares.
El arte brota siempre de las grandes pasiones.
El alma, como una cítara de alambres divioos, no produce notas supremas de dolor, de alegría, de ira, de esperanza ó de desesperación, sino cuando la hieren esos grandes, sublimes, terribles afectos, del amor, de la desgracia, del patriotismo, de las venganzas ó las ambiciones.
254 DOCTOR L. VILLANUEVA
La elocuencia, como el arte de la guerra; las armonías de la palabra, como el estruendo pavoroso de las batallas; los cánticos de Rossini que, según Donizetti, sólo pueden igualarse á los del cielo; los adorables ángeles del pincel; tales maravillas no tienen su numen sino en el sentimiento.
Un guerrero ilustre es un artista.
Artista científico como Sucre, ó artista al natural como Páez.
Pichincha, Mata de la Mié1, Santa Inés, son poemas: poemas de la espada, inspirados por el calor que vivifica el corazón y sublima el entendimiento á las empresas más gloriosas.
Para estos juicios sobre ZamOíia es menester verle y oirle, cuando está solo, en el pequeño retiro de su destier o, hablando consigo mismo, con su esposa y con Dios. Allí está el Zamora íntimo que no engaña al historiador.
Su viuda nos ha referido que muchas veces le sorprendía paseándose en su habitación y soltando frases como éstas : Es preciso ayudar á Juan
V\\ día, con motivo de una carta del General Faícón, de Saint Thomas, en que modificaba la organización que se había dado á los planes para el alzamiento de Paraguaná, decía: Juan como que me regaña. Pero no tiene razón. . . .Si yo logro desembarcar h ayudaré mucho . . . .porque haré lo que
ningún General ha hecho Tengo aquí (y se ponía
la mano en la frente) tengo aquí una campaña. . . .
En ocasiones solía decir en sus soliloquios : Juan es demasiado bueno. . . .Si los godos le hubieran puesto un par de grillos, como á mí, procedería de otro modo.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 255
Pero es preciso ayudarlo, porque lo están engañando ....
El es ni uy confiado
En sus expansiones íntimas rebosaba de cariño para con el General Falcón.
Como si respondiera á una voz interior, solía exclamar: Yo le salvaré.
Otras veces decía á su esposa: Yo creo que lo mejor es irnos á Nuera Granada; pues ¡para que voy yo á meterme en esta revolución ? Los compatriotas no me agradecerán mis servicios, porque son ingratos. En Nueva Granada viviremos con lo que yo gane trabajando, y con lo que nos manden de Coro, de mis campos, y lo que te envíe tu madre. Además, venderemos esta plata en bruto que compró al padre Rincones ....
Cuando amanecía de mal humor, prorrumpía colérico: / Ese Castro me la pagará! ¡Le haré tina guerra como él no sabe !
Vacilaciones y contrariedades hijas de su carácter irascible y de su temperamento nervioso.
El mejor de sus entretenimientos en Curazao, era ejercitarse en los toques de música marcial.