Santander · Capítulo real 8 de 20
CAPÍTULO X
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 10 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPÍTULO X
Santander. — Plaza y estatua de Velarde. — La Cripta, hoy Iglesia Parroquial del Cristo de Abajo. — La Catedral. — Sus monumentos.—La pila arábiga.— El claustro.
v-^^OR acostumbrado que te halles , al espectáculo, siempre regocijado y risueño, con que, en afanoso movimiento, los puertos de mar por lo común convidan, — ^no es dudoso que habrás de experimentar, lector, impresión especial y determinada al llegar á este de Santander, cuya fisonomía y cuyo aspecto difieren en mucho, y al primer golpe de vista, del aspecto y de la fisonomía de los generalmente conocidos. Ya antes de que el tren se detenga fatigado y anheloso en la estación, donde halla término tu viaje,— habrá sido para ti posible el advertirlo, al cruzar las tranquilas aguas del gran estero occidental de la antigua villa de San Emeterio, viniendo luego á hacer aún más
sensible lo agradable del efecto producido, no ya el cuadro vulgar que ofrece la ciudad moderna por aquella parte, donde, con las condiciones desventajosas, peculiares por desventura á la mayoría de las empresas ferroviarias en España, se alza con poca honra de nuestra cultura el feo y mezquino edificio de la estación del ferro carril, — sino el pintoresco y propio de los ha» bitantes de tal barriada, quienes, por lo mismo, bien merecen fijar tu atención siquiera durante breves momentos en el vestíbulo, en el estragal, por así decirlo, de la famosa marítima villa, y antes de que demos principio á nuestra excursión, á través de los monumentos y reliquias que del pasado todavía conserva.
En este presupuesto, y porque, por bien que lo hiciéremos, no lo haríamos mejor ciertamente, — habrás de permitirnos bondadoso, aun á riesgo de que nos tomes por plagiarios, que traslademos á este sitio el cuadro magistralmente pintado por uno de los más elegantes y celebrados ingenios montañeses nuestro contemporáneo, quien se expresa en estos términos: «Apenas puesto el pie en tierra, como quiera que nos hallamos en aquella jurisdicción que la gente de mar tiene por suya, sin que ordenanzas ni preceptos consigan desheredarla, nos salen al encuentro mujeres de zagalejo corto y pierna desnuda; traen en las manos gigantescas langostas, y las ofrecen con voz empañada por la intemperie ó la intemperancia». «Ya en el siglo xiv, el arcipreste de Hita al ponderar la riqueza y aparato de un banquete copioso y escogido, decía: De Santander vinieron las bermejas langostas » .
«Tostado y bermejo el caparazón como en días del regocijado arcipreste, largas y trémulas las antenas, saltones y negros como endrinas los esféricos ojos, plegadas las convexas planchuelas de la articulada cola, el tipo del crustáceo conserva inmutable al cabo de quinientos años su apariencia: tampoco ha padecido modificación sensible el de sus vendedoras: como en toda raza trabajadora por necesidad, y empleada en faenas duras y violentas, desconócense en ella la frescura y belleza juve-
niles, ó son tan pasajeras, que apenas dan tiempo al observador de percibirlas; en cambio su energía de temperamento alcanza el más subido punto que pudo tener en remotos días, cuando el Estado, curándose poco del individuo, éste había de bastarse á sí mismo en todos los casos y apuros de la vida». «Articulaciones nerviosas y fornidas, teñidas del color ardiente de las venas del hierro las desnudeces que curten el agua y el aire, estridente voz y ronca de terciar dominadora en toda clase de ruidos, tumultos de la plaza, querellas de vecindad ó tempestades del cielo; mirada inflexible, ademanes prontos, aire retador, son los indicios de su energía física; la moral se manifiesta principalmente por su elocuencia fogosa, rica en calor y color, esmaltada de apostrofes, hipérboles y prosopopeyas, iluminada por el gesto ardiente de la fisonomía, sostenida por las plásticas actitudes y arqueo de los brazos; su facundia no se agota, sus fauces no se secan, su garganta no descansa».
Resueltas y animosas, — «sus peleas, como las peleas homéricas, tienen dos períodos ó fases, la fase elocuente y la fase activa; provócanse primero en dilatadas pláticas, en que tanto entra el propio elogio como la invectiva y el sarcasmo, la blasfemia y el apodo; enumeran prolijamente las propias cualidades y los vicios de su enemiga, y enardecidas por la inspiración ambas contendientes, dan al diálogo sabor de más positivo choque; las eses silban como saetas rehilando durante una refriega; el epíteto injurioso se repite sin cuento y con la misma ceguedad con que la mano encarnizada repite sin tino los golpes en el combate; luego llegan á las manos, período breve, pero terrible; se embisten á la cabeza y al arma blanca y natural, las uñas; pronto rojean largos chirlos en el rostro, paralelos y ondulantes y comienzan á volar madejas de pelo; hasta que vencida una, su castigo suele ser el mismo que manos follonas, ayudadas de una chinela, impusieron á la dueña doña Rodríguez en el castillo de los duques, por deslenguada y bachillera» (i).
(i) Escalante, Cos/as jy A/ow/a;ms, págs. 20 I á 204.
Ancha, profunda, encajonada á la una parte por el dilatado muelle, y á la otra por verdegueantes colinas que se suceden caprichosas, — la bahía, erizada de embarcaciones de todas clases y tamaños, tan vecinas cual los dedos de la mano las unas á las otras, aparece como fondo sobre el que destacan las figuras, ora envueltas en la esfuminada niebla de la mañana, bajo un cielo gris acerado, ó bañadas en la luz poderosa del sol que alegra el panorama, y da tonos brillantes al conjunto, ardiendo en las sayas rojas de las pescadoras, quebrándose en los corpiños blancos, mirándose en las movibles ondas de la bahía, penetrando por todas partes jubiloso, y derramándose por las fachadas de los altos edificios que se dilatan elegantes á lo largo del muelle, donde alumbra, como recreándose complaciente, el ir y venir de los pesados carretones cargados de mercancías, los depósitos de ellas momentáneamente allí establecidos, el trajín incesante de los cargadores de ambos sexos, el atracar de los botes, el mover de los buques, las blancas, rizadas y ruidosas estelas de los vapores que circulan, y la vida en fin de la población, allí puesta de manifiesto, y bien ostensible, en aquel bullir sin tregua que fascina y que seduce á un tiempo mismo.
Mantiene el interés del espectáculo á la izquierda, frondosa plaza rectangular de dobles filas de árboles, en cuyo centro, como presidiendo el cuadro, sobre enhiesto pedestal se alza, fundida en bronce, la expresiva estatua de uno de los preclaros hijos de la provincia, de aquel insigne Velarde que, atento más á la voz de la patria que á la de las órdenes recibidas, inicia impávido y generoso el épico alzamiento de Madrid contra las legiones napoleónicas el 2 de Mayo de 1808 memorable, y comparte con Daoiz y con Ruiz y con el pueblo madrileño en masa, la gloria inmarcesible de salvar la nación del oprobioso yugo extranjero, sellando con su noble sangre aquella significativa protesta, segundada luego en todos los ángulos de la Península. Ochenta y tres años van transcurridos desde entonces, y al recuerdo del héroe, ante los simulacros que en Madrid, en San-
SANTANDER.— Monumento erigido en honor de Don Pedro Velarde EN LA Plaza de este nombre
tander y en Sevilla representan á Daoiz y Velarde en mármoreo grupo, á Ruiz, á Velarde y á Daoiz individual y respectivamente; delante del monumento que en el Campo de la Lealtad guarda las cenizas de los dos oficiales de artillería y de las víctimas sacrificadas impíamente allí y en el Retiro por la cruel ferocidad de los soldados de Bonaparte, — no hay pecho español que no se sienta conmovido, ni corazón que no lata apresurado, ni sentimiento que no se obscurezca y eclipse ante el sacrosanto amor de la patria, traidoramente afrentada y escarnecida.
Armada tiene la diestra con la vengadora espada, que entre mortales amenazas vibra; levantada en alto la siniestra en actitud de excitar al pueblo que á las puertas del Parque de Monteleón le sigue y le acompaña; pintado en el rostro enérgico y fogoso, cúmulo de agitados sentimientos que inflaman su espíritu, enardecen su sangre y dan vigor irresistible á su cuerpo; y detrás de él, como emblema del arma á que perteneció, sobre su cureña aparece mudo el cañón, en el que reclinóse herido de muerte alevosa, cuando, impotentes para rendirle, las tropas del vencedor del mundo, mancharon en aquella triste jornada sus laureles con la ignominia y la vergüenza. Descubierto, y todo él en desorden, — parece como que subido en aquel pedestal sencillo, rodeado de cadenas, haces y cañones, proclama ante la ciudad y su puerto el ejemplo á sus conciudadanos, para que en ocasión análoga no vacile ni tiemble el corazón, y sepan, como él, dar la vida, en holocausto por la independencia de la patria.
Repare el crítico, si quiere, la pobreza total del monumento; ponga de relieve, si así lo estima, los lunares que en conjunto ó en detalle tenga, y moteje á los santanderinos si le conviene, porque hasta el año de 1860, y con motivo del viaje que hizo entonces á esta provincia la reina doña Isabel II, no se acordaron de Pedro Velarde, quien salió de Muriedas «miembro de una familia ilustre, para escribir su nombre en aquella epopeya de un minuto»; desde la indicada fecha, al 2 de Mayo de 1880, que lo fué de su inauguración, han tardado veinte años en la
erección de esta memoria monumental, á la que debe nombre la plaza, apellidada hoy de Velar de ^ á cambio del tradicional é histórico que ostentaba antiguamente de Plazuela de la Dársena. Ni tú ni nosotros, habremos, lector, de detenernos para ello, satisfechos con hacer constar que Santander renace, honrando á los hijos insignes de la Montaña; á aquellos que dieron fama y nombradía no á esta región cántabra solamente, — lo cual, aunque natural y justo, podría parecer á alguien quizás algún tanto egoísta, — sino á toda España antes, es decir, á la madre amantísima que á todos sin distinciones geográficas y aun etnográficas, si se quiere, nos da aliento, sér, pensamiento y vida dentro de su seno mismo, circunstancia que desde luego acredita el engrandecimiento de esta provincia, pues los pueblos que comprendiendo su unidad, honran la memoria de los suyos, y por aquella se sacrifican, merecen á su vez ser también enaltecidos y honrados perpetuamente.
Inútil advertencia resultará para ti, lector, sin duda la de que en la Montaña no es sólo el capitán de artillería D. Pedro Velarde el héroe único y acreedor á tributo de semejante especie por parte de Santander, como no es tampoco el único varón insigne que ha producido aquella tierra ; pero mientras llegan la ocasión y el momento de pagar decorosamente la deuda contraída con marinos, militares, escritores, artistas, arquitectos, prelados, industriales, y cuantos han en una ú otra forma exaltado la fama y el renombre de España en general y en particular de la Montaña, regocijémonos y descubrámonos llenos de amor y de respeto ante la efigie del noble español que inició la gloriosa epopeya de la Independencia de la patria, en los comienzos de la actual centuria, y que se ostenta para orgullo de sus conciudadanos en la antigua Plazuela de la Dársena, donde la población de la gente de mar impera, y donde «las pescadoras sedentarias, acurrucadas detrás del banco, mal cubiertas de un toldo ó de un paraguas», han establecido sus reales. «Delante tienen su apetitosa mercancía, chatas rayas y lenguados, jibias
deformes, merluzas y congrios, brecas, barbos y lubinas, peces varios en matices y en formas, abiertos, partidos ó enteros, engalanados de calocas y algas marinas, y los fantásticos mariscos, cámbaros, muergos, mejillones (ó mocejones) y percebes.»
«Á la mano tienen [no obstante], un airoso pabellón de cristal y hierro donde ejercitar su comercio amparadas de la inclemencia estacional ; pero semejantes á ciertos ánimos que toman por agüero de muerte estrenar vivienda, repugnan y resisten verse encerradas dentro de tan linda jaula», que el tiempo ha ido ya algún tanto deteriorando. «Instinto vigoroso de independencia y libertad las mantienen fuera; acaso la inusitada apariencia frágil y aérea de la reciente fábrica, les dice que no resistiría al duro aliento de sus pulmones, embravecidos en una quimera, y temen que á la primer disputa entre dos vecinas, alaridos y voces hagan estallar los vidrios y derrumbarse la férrea armadura» (i).
Jubiloso, lleno de animación y regocijado, es pues, casi á todas horas, pero principalmente en las de la mañana, el golpe de vista que presenta esta Plazuela de la Dársena ó de Velarde^ por medio de la que han venido á constituir una sola y única población los dos antiguos barrios de la villa, y la cual, desde el último siglo, reemplaza ventajosamente á aquel barranco, á que quedaron reducidas las atarazanas^ divisor de ambas y rivales pueblas, cuyas aguas coloró tantas veces la sangre de sus respectivos habitadores. Vulgares y apiñados edificios, de varia altura, con volado balconaje cerrado de cristales en su mayor número, limitan escalonados y en línea el costado meridional de la Plazuela; y mientras de N. á S. se tiende por Ocaso reconstruido al fondo, aquel famoso puente, en tantas ocasiones teatro de encarnizadas luchas, y por bajo del cual circula con la multitud el tranvía que la ciudad recorre de Levante á Poniente y viceversa, — al Septentrión se hace suave
(i) Escalante, Op. et loco cits.
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rampa que, con el nombre de calle de Atarazanas^ da acceso al puente memorado. Por ella habremos nosotros de subir, para visitar la fábrica de la insigne Iglesia Catedral que, toda descompuesta, levanta su mole irregular y vetusta á Mediodía, por cima del caserío, y en la parte más alta de la colina de San Pedro ó de San Nicolás, asiento de la población en sus principios, é inmediata al deformado Castillo de San Felipe que parece defender, como prolongación suya por Levante, la antigua Abadía de San Emeterio.
Unificadas así por aquel lazo de piedra entrambas barriadas, adviértese desde luego que la vida en general y en particular la mercantil, se halla reconcentrada en lo que fué puebla nueva, llegando sólo hasta el puente, que da título á la, calle sobre él levantada, á manera de oleada ligerísima, que muere pacíficamente en la escollera, Al frente, y como cerrando por completo el paso, — recuerdo de otras edades, de otras ideas y de aquel espíritu sobre todo de absoluta concentración, tan opuesto al de expansión de los presentes tiempos, — írguese con muy extrañas apariencias y singularísimo aspecto la masa de piedra de la Catedral, presentando en primer término ostensible, cuadrado torreón, macizo y de militar contextura que, excediendo con los dos cuerpos de que consta, de la altura general del edificio, sin la peraltada ventana donde voltea en las horas litúrgicas la campana, y sin la redonda y descentrada esfera del reloj que, junto al alero de la cubierta allí aparece, podría estimarse cual avanzada de alguna fortaleza. Apuntado es el arco que el torreón perfora, y al cual da acceso ancha escalinata, que prosigue, tras breve descanso, para dar salida á la histórica Rúa Mayor ^ cortada á Oriente por el buque del religioso edificio, el cual avanza con marcada oblicuidad sobre aquella, para ostentar su deformada imafronte fuera del perímetro del torreón mencionado, y levantada encima de resistente porche de no grande altura y apuntadas bóvedas.
Abalaustrada escalinata de no menos extraña apariencia, y que
adelanta desde el pasado siglo gran trecho sobre la línea del
torreón y de la escalinata propia de éste, — desarróllase al descubierto á la izquierda del mismo en dos viajes contrapuestos, para conducir á la puerta real de la Iglesia, arrinconada y abierta en cierto saliente cuerpo, facetado á la parte occidental é inmediata al torreón antes dicho, coronado por mezquina espadaña de triangular frontón, y perforado por desornado arco de medio punto. Una verja de hierro, de no gran mérito, cierra é incomunica el arco referido, dentro del cual se hace la entrada ó puerta aludida, adintelada y de frontón triangular también, como la espadaña, desentonando por su contextura y por su traza con relación al arco apuntado del torreón, y con la fisonomía que en su conjunto caracteriza el edificio, el cual, con las agregaciones que en él, á manera de memorias, han ido la piedad y la
SANTANDER. — Exterior de la Catedral
DESDE LA CALLE DEL PuENTE
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devoción de los siglos acumulando, resulta de planta y distribución tan irregulares que, con dificultad, habrá de encontrarse otro en nuestra España, por lo menos, con carácter asemejable, y condiciones análogas á las que ofrece el templo catedral santanderino.
No contribuye á ello poco, ciertamente, la llamada Parroquia del Cristo^ vetusta Cripta tendida de través con relación á la iglesia, como orientada de Poniente á Levante, — y á la cual da paso el pórtico á que hacíamos antes referencia. Sólido en su construcción, el cuerpo saliente del mismo no sino oficio desempeña allí visiblemente necesario y útil, pues asentando el templo catedral en terreno de mucha mayor elevación, sirve de recio contrafuerte, por medio del cual resultan salvadas las deficiencias que el declive del cerro de San Pedro ofrecía por aquella parte, conteniendo y sosteniendo á la par la fábrica, y concurriendo á su estabilidad, á su seguridad y á su existencia, como á su solidez contribuye en tal manera y forma, bien que con poca fortuna por lo que hace á su exterior adulterado aspecto. De cuatro tramos sucesivos consta el pórtico, respondiendo sin duda así á la estructura y traza de la Cripta^ hoy habilitada como Parroquia; fuertes y resistentes, — sus bóvedas, de cuatro cascos, se hallan recorridas por otros tantos nervios que se atan en la clave por característica arandela, cercada de estrellas, y donde, en el tramo segundo, en que se abre el ingreso de la Cripta^ resalta en relieve la simbólica representación del Evangelista San Marcos, mientras campea en la arandela de la bóveda inmediata hacia Oriente, cuartelado blasón cercado asimismo de estrellas, una por nervio, y en el que alternan torreados castillos y florenzadas cruces contrapuestas.
Aunque ya deteriorada por extremo, — en este tercer tramo, que los contrafuertes de la fábrica señalan, rásgase ojival fenestra de elegante traza y época posterior á la de la labra del pórtico, cerrando aquel espacio humilde verja de madera, allí colocada con intento de resguardar sin duda la citada fenestra, pero
que sólo en la actualidad sirve para entretenimiento y solaz de los muchachos, que por ella se encaraman y trepan sin dificultad ni riesgo alguno para sus irreverentes personillas. Cubiertas de polvo, trabado y denso, y de todas cuantas inmundicias pueden ser arrojadas por la menuda turba juguetona, ó arrastradas por el viento que visita con frecuencia aquella especie de túnel que semeja el pórtico, — acaso repares, lector, si eres curioso, en dos losas, descantilladas, tendidas una y otra á lo largo del espacio cerrado en tal manera. Son dos cubiertas de sepultura, trasladadas allí desde el interior en época no lejana por cierto; y si movido de interés, haces separar ó separas por ti propio la polvorienta capa que las oculta, advertirás que la una de ellas, la de la derecha, bien que muy gastada, conserva todavía visibles algunos trazos de la figura grabada en ella, la cual era varonil y vestía traje talar; á uno y otro lado de la cabeza, que debía reposar en fingidos almohadones, y que ha sido borrada completamente por los pies tanto de los fieles asistentes al templo, como de los muchachos que hoy sobre la piedra juegan, — ostenta aún sendos castillos, y en la orla que circunda la losa, en caracteres monacales de relieve, también gastados en algunas partes y en otras rotos y desaparecidos, podrás sin grave dificultad entender el epígrafe, concebido puntualmente en estos términos, á partir de la banda vertical de la izquierda de la figura :
: aqiti : : pxi^ /////// ncr garciia ; fm : : íi0it : rui : garda || : t fiitd cit naicra : lu •• |i •••itcs : ifiosír£mcr0 : bra ; baírril : mx ; mil : at : úx : ainios ||
(1274 de J. C).
(i) Aunque procuramos con todo escrúpulo la interpretación de tal epígrafe, —la deformación de los signos por un lado, y la rotura de la orla por otro, en las inmediaciones de este nombre, que no se nos antoja de recta formación castellana,—nos imposibilita para afirmar si con efecto es el de PERIZ ó FERRIZ, sincopada una de las dosrr,el nombre allí escrito. Quede á cargo de los curiosos y entendidos, en que tan abundosa es por fortuna Santander, el resolver la duda y fijar la importancia y la genealogía del personaje para quien esta losa fué labrada.
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La losa inmediata de la izquierda, más tosca, tuvo también su orla correspondiente, y en ella su epígrafe en letras grandes y desiguales, de trazado asemejable al de las de la inscripción precedente, pero de más dificultosa lectura por ello ; desgraciadamente, colocada quizás la sepultura á que sirvió de cubierta en lugar de mayor tránsito, si de la figura que parece hubo de ostentar en el centro no resta nada, de la leyenda, á partir del testero de la izquierda, sólo es dado entender las palabras ; cstrt : ftr -. || - SSa es be, lo cual, con la ausencia de blasones y atributos nada explica ni enseña, pareciendo no obstante, á pesar de la rudeza de la letra, no distar muchos años esta piedra de la del hijo de don Rui García, y corresponder á la misma XIII. ^ centuria.
Facilita el acceso á la Iglesia Parroquial del Cristo ojival portada, la cual tampoco hace semblante de ser fruto de otro tiempo, coincidiendo en esto con las dos cubiertas de sepultura examinadas ; sencilla en su desarrollo, atempérase á las reglas generales del estilo en la edad precitada, sin hacer ostentación ni alarde de riqueza ; y traspuesto el cancel, que preserva de las turbonadas en Santander tan frecuentes el sagrado recinto, — sentimiento de recogimiento religioso y de verdadero placer experimenta el visitante, que por vez primera penetra en la que un tiempo sirvió de Cripta á la Abadia, Colegial más tarde de San Emeterio y San Celedonio, patronos primitivos de la villa. Reina allí misteriosa obscuridad; y bajo aquellas bóvedas de piedra, en mucha parte desfiguradas, penetra los huesos helado y húmedo ambiente peligroso, contra el cual nada puede el pavimento de madera con que se ha procurado atenuarlo. A la débil claridad que penetra por los estrechos ventanales de los pies de la iglesia y los no más anchos ni holgados del ábside, — poco á poco y lentamente, mientras los ojos van acostumbrándose á las sombras, va surgiendo la fábrica arquitectónica, y van dibujándose sus caracteres distintivos : distingüese en primer término, y en la parte indicada, — que sirve actualmente de
capilla baptismal, y donde se halla el órgano, — las bóvedas, bajas, de cuatro cascos de sillería, cruzadas de resaltados y fuertes nervios de rectangular perfil, que se atan á la clave por medio
de circulares arandelas, apoyándose en arcos redondos y abiertos, cuya perife-
ria señala muy sencilla moldura.
Obsérvase después, que las bóvedas, en tal disposición, descansan sobre sólidos pilares que afectan en su planta la figura de una cruz, reforzados por ancho y escalonado zócalo octogonal y saliente, sobre el cual, con su correspondiente basa , su pronunciado toro y
fuste
rueso
corto, insisten, dos por frente y una por ángulo , hasta doce columnas en cada pilar, todas ellas provistas de laboreados capiteles, generalmente parecidos, ornados con variedad y en abundancia de resaltadas pencas y volutas pronunciadas, salientes y rectangulares, sin que falten los historiados ó de imaginería, que son los menos, ni aquellos en los cuales se halla representada la
SANTANDER. — Detalle de las columnas en la Iglesia Parroquial del Cristo
naturaleza viva. Tendencia á la ojiva presentan algunos arcos, bien que no por modo patente; y el conjunto resulta con toda evidencia tétrico y sombrío, cual correspondía al destino primitivo de la fábrica, imponente y solemne, lleno de majestad que con la de la muerte concierta, y temeroso como lo inseguro é incierto de nuestra suerte en la otra vida. Consta de tres naves y de cuatro tramos hasta las capillas absidales, midiendo en su totalidad treinta y cuatro metros de longitud próximamente, por 19,58 que en su latitud se cuenta, en la cual corresponden 4,41 á la nave del Evangelio, que es la de ingreso, 5,10 á la central y 3,53 á la de la Epístola, dando por tanto para el grueso de cada uno de los pilares, no menos de 3"" 2 7.
Notable bajo todos aspectos la antigua Cripta^ — las necesidades de la Parroquia allí bajo la adoración del Cristo constituida, han obligado á ejecutar en ella modernas reformas, entre las que figura la de la capilla baptismal, la cual abarca entera la latitud del templo en el espacio comprendido entre el cerramiento del mismo y la primera línea de pilares; sencilla verja de hierro sirve para incomunicarla, y merced á la luz que por los ventanales penetra, es dado advertir algunos detalles que de otra suerte pasarían inapercibidos, y en cuyo número se cuenta los relieves de las arandelas, en las bóvedas de aquel limitado recinto, que sólo esto de particular ofrece. Agrupadas en torno de la arandela, é inscriptas en círculos, resalta en cada nervio una estrella, en la bóveda correspondiente á la nave de la Epístola, mientras en aquella, con candorosa ingenuidad se mira representada la figura acaso del Bautista, alzada sobre el monstruo que á sus pies se humilla, con la mano derecha levantada en actitud de bendecir, y el símbolo de la redención humana en la izquierda; un Agnus Dei^ con mayor seguridad é intención diseñado, áj)arece emblemáticamente en la arandela de la bóveda central, y una flor pentafoliada surge en la de la nave del Evangelio, alternando por último en las demás bóvedas el Agnus Dei, con cruces y rosetones de diversa hechura.
SANTANDER.— Lucero del presbiterio DE LA Iglesia parroquial DHL Cristo.
Según las prácticas d^l tiempo y del estilo, — llamadas bien que con variedad á perpetuarse,— cuenta la Cripta con tres ábsides circulares de distinto desarrollo , ce-
rrando cada una de las respectivas naves, y constituyendo otras tantas capillas, de las cuales la Mayor, cuyo altar avanza exento hasta muy cerca del que podría ser apellidado arco de triunfo, — es de bóveda de cascos, arcos ya ojivos , señalados por baquetones cilindricos, capiteles compuestos de cabezas, columnas apareadas más esbeltas y de menos grueso, y de aspecto en fin más moderno toda ella que el resto del monumento, enriqueciéndola, á la parte de la derecha gallardo lucero ajimezado, trebolado, cuyo parteluz se forma por gracioso haz de juncos coronado de reelevado capitel de follajes á modo de guirnalda, y cuyos hombros exteriores apoyan sobre laboreada imposta que sirve de capitel á las columnillas laterales, para flanquear luego con varia latitud los costados, exornándolos de hojas de hiedra y de tetrafoliadas rosas respectivamente, mientras cobija el todo un arco ojivo y desornado, dentro del cual la decoración se desarrolla.
Ofreciendo caracteres asemejables á los de la Mayor, giran á sus lados con menor vuelo las otras dos capillas absidales, que no parecen sino en desuso, á juzgar por el abandono en que ostensiblemente se muestran; de ellas la del lado del Evangelio,
es también de cascos y de arcos ojivos, y como cosa digna de ser reparada, á su ingreso, y delante de un arco ojival, de cilindricos baquetones y salientes capiteles, oficio que desempeñan, rudamente esculpidas, grandes cabezas con manos, — hállase tendida sobre dos soportes de piedra, interesante por más de un concepto, la cubierta de un sepulcro, que habrá de llamar, lector, tu atención y despertar tu curiosidad como despertó la nuestra en aquel sitio. De forma tumbada, mide i'^gj de longitud por setenta centímetros de ancho, los cuales se hallan repartidos en tres fajas principales y paralelas, que corresponden á las vertientes y al lomo de la cubierta, recorrida toda ella en sus bordes por resaltados botones, que después se extienden para distinguir en el sentido longitudinal las tres zonas por las que aparece formada la decoración de este funeral monumento; entrelazadas cintas, como recuerdo de orientales influencias, simulan de esta suerte reticulada labor de resalto, cubriendo las dos fajas laterales ó vertientes, al paso que en la central, más estrecha á los pies que á la cabecera, se ostenta en cuadrados espacios y á cada extremo longitudinal, una cruz aspada en relieve, inscripta en el círculo que dibujan sus brazos al tocarse.
Erguida y de brazos desiguales formados de trapecios, con ligera ampolleta al pie, tras de la que sucede la espiga, inserta en recto varal que secciona en dos y en toda su longitud el rectangular espacio del lomo, en la cubierta, — resalta á la cabeza, como indicación sin duda de la dignidad del difunto, expresiva cruz abacial, sin duda; y á una y otra parte del varal, en caracteres mayúsculos y monacales, de dibujo asemejable al de los signos tallados en las losas reconocidas en el pórtico, figura el epígrafe funerario, que expresa con sencillez y laconismo sumos, en las dos líneas de que, así dispuesto, consta:
OBIIT :• PETRVS ; DE COR
VAN i ERA : M : ce i LXXX : VII (1249 dej. C.)
Mayores indicaciones, ya desaparecidas, conservaba no há
muchos años la Cripta de su oficio original y propio, en las «dobles hiladas de nichos» abiertos «en un lienzo de pared», que no puede ser otro sino el de la Epístola; pero al presente sólo subsisten las memorias indicadas de Pedro de Corván, muerto en la era de 1287, la otra casi ilegible, y no muy posterior, y la del hijo de Rui García, por último, éscrita en castellano y correspondiente á la era de 131 2, una y otra depositadas hoy al exterior, conforme quedó insinuado. «Un caracol abierto en el espeso muro», y respetado en las obras de restauración practicadas siendo párroco D. Amalio Cereceda, canónigo luego en la Catedral santanderina, «lleva del interior del Cristo» al de ésta, debiéndose á las referidas obras que fueran descubiertas y reintegradas á su primitivo destino las capillas absidales. Todo en este templo obliga desde luego á presumir, lector, que nos hallamos en presencia de respetable monumento, cuya antigüedad se ha ponderado sin medida; y bien que más adelante habrás tú mismo de reparar en las singularidades artístico-arqueológi cas que constituyen la fisonomía monumental de la provincia, — bueno será á nuestro juicio advertir que no se hallan por desventura tan en lo cierto, como fuera de desear sin duda, aquellos que publican y pregonan, sin discusión, ser la de la Cripta obra caracterizada y privativa de la XII. ^ centuria, y referible por tanto al estilo románico^ á la sazón dueño absoluto en las esferas del arte.
Indudable á todas luces es, con efecto, como conocida y de no fácil confusión, la filiación del mayor número de los elementos allí acumulados por el arquitecto autor de la traza y director de la obra; y con verdad que, á los ojos del espectador, aquellos machones, cortos, robustos, que respiran fortaleza y resistencia poderosísimas; aquellas bóvedas, chatas, bajas, sombrías, sólidas, en las cuales toda luz se pierde; aquellos arcos achaflanos, chatos y vigorosos ; aquellos capiteles de gran tamaño y de follajes diversos, pero que llevan el mismo sello marcado en sus relieves y en su figura, — hacen semblante de recordar fantásticas
construcciones de edades todas rudeza, todas fuerza, todas lucha, en las cuales parece como que renacía el arte de construir, preparándose en su ingénita rudeza y en su tosquedad á la evolución gallarda del ojival estilo, que debía coincidir por aventura en nuestra España, con los momentos aquellos en que, bajo el gobierno del tercer Fernando, adquiere inusitado esplendor y glorioso feliz desarrollo el reino de Castilla, con el rescate de la porción más hermosa de las hermosas regiones andaluzas.
La observación atenta y detenida del monumento; el análisis desinteresado y leal de cada uno de los elementos y de los miembros que le constituyen y componen, y el recuerdo del fin para que fué concebido y labrado el templo que hoy hace de Iglesia Parroquial oficio, — son sin embargo pruebas suficientes para convencer, con otras de no menor eficacia, de quejamás podrá invocarse la Cripta de la iglesia Catedral de Santander, ni como tipo del estilo románico^ ni cual modelo de las construcciones de la XII. ^ centuria. No se hace para ello preciso recurrir á las capillas absidales, que llevan impreso en su fisonomía el sello de la edad de que son genuinos representantes: bastará sólo considerar que, labrado para contener en su recinto los cuerpos de los prelados de la Abadía y los de otros personajes, dignos de tal honra, cuyo perenne sueño había de velar sombrío, — ni necesitó mayor elevación de la que le dieron, ni mayor luz de la que antes de las reformas de los siglos xiv, xv y XVI acaso tuvo, ni mayor diafanidad y esbeltez de las que ostenta, cuando consagrado de antiguos tiempos además el lugar que ocupa, por haberse en aquel emplazamiento levantado el primitivo edificio religioso, á cuyo calor hubo de surgir poco á poco Xs. puebla que había de llamarse vieja, por ser la originaria,— nació para llevar sobre sí el peso del verdadero templo abacial reconstruido, el cual apoyó en parte su fábrica en la cima del escarpado cerro y en parte en la Cripta, por lo cual su construcción hubo de ser indispensablemente sólida, briosa, robusta, capaz de reemplazar con su vigorosa trabazón las en-
trañas graníticas del cerro, «cuyas asperezas domaron á golpe de machones y graderías, quien quiera que fuesen los que le eligieron para fundación militar ó cenobítica.»
Y como si estas razones no fueran todavía lo suficiente expresivas para justificar el aspecto de tosquedad y de rudeza que en general ofrece aquel sagrado recinto, — aspecto que no autoriza á dislocar la fecha probable de la erección de la fábrica, ni á reputarla como obra característica del estilo románico^ pues no carece de ejemplares típicos de él la Montaña, cual oportunamente veremos, — el examen de los elementos artísticos desarrollados, el tecnicismo de su labra, el acento que en ellos resplandece, y hasta el sentimiento mismo que respiran, diciendo están, á lo que nos es dado entender, que siendo la Cripta ó Iglesia parroquial del Cristo monumento de transición, como labrado en los primeros días del siglo xiii, ó á los fines del XII, es decir durante el reinado de don Alfonso VIII, el autor del Fuero de Santander^ — bien que desvirtuadas unas y otras, se halla en él las tradiciones románicas y las influencias ojivales, que aparecen en la disposición de las bóvedas, en la crucería de las mismas, en la modificación de la forma y volumen de los capiteles, en la de las basas, en la de los pilares, en la ejecución de los exornos y en otras muchas partes, por más que la tonalidad dominante del conjunto, como respondiendo al ambiente que todavía en aquel período de tiempo se respiraba, y que aparece de igual suerte en todas las manifestaciones del arte en su sentido lato, lleve á confundir, con otras circunstancias ya notadas y sólo aparentemente, la Cripta con las construcciones propias de la XII.^ centuria y del estilo apellidado románico.
Aludiendo á esta iglesia de Santander en su totalidad, — decía de ella el P. Sota que era «de la más extraordinaria arquitectura que se conoce en la cristiandad, porque consta, — escri bía, — de tres templos uno sobre otro perpendicularmente y de igual longitud y latitud», lo cual no es en rigor exacto, cual advertirán los lectores; y mientras afirma «que el ínfimo» no era
frecuentado, «por ser tan obscuro que en él no se ve sin luces», no guardando nadie memoria, como no existe rastro del mismo al presente, repara que «el de enmedio es de suerte que se puede celebrar en sus capillas, como en efecto se hace muchas veces», con lo cual incuestionablemente se refiere al Cristo^ y que «en una piedra de él está grabado un letrero de antiquísima letra que contiene estas palabras: multa corpora sanctorum hic sepulta sunt»^ que ya no aparece por ninguna parte. No es conocida la fecha de su consagración al culto; pero consta por terminante modo que á lo menos en los comienzos de aquel siglo en el cual la gloria del Salado queda tristemente afrentada por el nefando fratricidio de Montiel, eran los oficios divinos celebrados en esta iglesia y en el altar de los Santos mártires Emeterio y Celedonio, pues según hace notar discretísimo autor santanderino, cuyo testimonio hemos invocado y hemos de invocar todavía en este libro, — en el de privilegios y escrituras de la iglesia Catedral, una donación del Abad don Ñuño Pérez, confirmada por Fernando IV á 8 de Julio de la Era de 1348 (13.10 de J. C), «entre otras prevenciones, ordena que todos los racioneros digan misa cantada de los mártires cada miércoles en el su altar ^ que está só la bóveda» (i).
Epoca debió de ser aquella en la cual hubo de experimentar sin duda la Cripta su primer reforma, pues si no en ella, extendiéndola hasta comprender los reinados de Alfonso X y de Sancho IV, — en otra muy inmediata fueron labrados los tres ábsides que cierran las naves por su cabecera, conforme autorizan á afirmar su traza, su estructura, el desenvolvimiento del estilo ojival que impera en ellos, y todos los elementos que en la composición de los mismos figuran, sin que por ello falten manifestaciones de tiempos más cercanos, referibles sin grave error á la XV. ^ centuria, los cuales no parecen extraños sin embargo en aquel sitio, ni desentonan en él, por ser fruto de un mismo ge-
(i) Escalante, Op. cit., pág. 207, nota.
nerador pensamiento. Los escritores locales hacen memoria de que «durante el año de 1854 se cometió en esta cripta el despropósito de pintar al óleo sus bóvedas y columnas de piedra, dándoles así la apariencia de ser de madera», profanación que no debió ser única cuando han desaparecido así el retablo mayor donde eran venerados los mártires Emeterio y Celedonio, cual los demás tendidos por el templo, reemplazados por otros de mal gusto, barrocos y de ninguna importancia, y cuando, sin duda por exigencias del culto, en el siglo xvi fué á los pies de la iglesia, y donde, hoy se halla la capilla baptismal^ abierta nueva entrada, tapiada luego y convertida en ventana, la cual, dando ya á la Rúa mayor, alumbra por aquella parte el monumento.
Libre de la opresión que le posee dentro de aquel lúgubre recinto, siente el ánimo el viajero, en el momento en que traspone la actual puerta y sale al pórtico, y «al extremo del lóbrego cañón..., mira con deleite lucir el sol, y... adivina el halago del aire ambiente», perfumado por el mar, lleno de vida, y que llega al fin á acariciar su frente y á dilatar su pecho, devolviéndole á la realidad, y desvaneciendo los fantasmas de los pasados tiempos, surgidos en las naves sombrías y temerosas del vetusto Cristo de Abajo. Abandonando aquellos lugares, aquella «nave desmochada, de bastardo estilo, que apoya sus muros en una masa de hastiales, ojivas y murallones, viejos, mohosos, empenachados de hortigas y malvas», para volver á la torre en que estriba, «cuadrangular, maciza, destinada en su origen á recibir peso más grave que el de las campanas y el reloj» que en su cuerpo superior figuran, — así que trepamos por los «anchos escalones de piedra» que dentro de ella se espacian, sálenos al encuentro por la izquierda recio muro que corresponde á la imafronte del Cristo, y en el cual si no llama, lector, tu atención el tapiado arco de medio punto que sobresale y dibuja sus líneas ya un tanto desvanecidas, revelando haber sido la puerta practicada en la XVI. ^ centuria para ingreso más cómodo de la
Cripta, — repararás en las desdibujadas figuras que le sirven de repisas, y muy especialmente en los maltratados circulares medallones de las enjutas, en los que destacan borrosamente dos cabezas, conforme á los padrones del renacimiento.
Indica cierta tradición del siglo pasado, recogida por los escritores locales, «que estos bustos, difi'ciles ya de conocer, eran imágenes imperiales de Santa Elena y su hijo Constantino» (i); y si bien «esta atribución se acomoda con la advocación del Santo Cristo, que acaso fué primitivamente», como dicen, «de la Santa Cruz», — nada hay que la autorice ni la cohoneste, tanto más cuanto que siendo peculiares del estilo del renacimiento este linaje de exornos, en ellos por lo general fueron San Pedro y San Pablo representados, á veces algunas de las virtudes teologales, y con frecuencia el entallador dió libre rienda á su voluntad ó á su capricho; mas sea como quiera, pues no hemos de insistir en semejante camino, por carecer en realidad de importancia,— lo que en este muro habrá de interesarnos principalmente, es á no dudar el nicho ú ornacina abierto á determinada altura sobre el arco tapiado á que queda hecha referencia, y que se desenvuelve gallardo en aquel sitio, bajo el saliente lambel ojivo que le cobija. Graciosamente lobulado, y revelando ser obra de la XV. ^ centuria á pesar de lo sobrio de su decoración, ostenta la imagen de la Santa Madre de Dios, de buen aspecto, y entallada en madera, la cual al primer golpe de vista, ya por haber sido pintada, ya por las inclemencias de la intemperie que han borrado su fisonomía y desvanecido sus relieves, tiene apariencias sin embargo de haber sido labrada en granítica y dura piedra, y por su actitud, su acento y su aspecto, proclama ser contemporánea de la ornacina que la contiene.
Sobresaliendo también del muro, — debajo de ella, y entre
(i) El Sr. Escalante, que es quien tal tradición consigna en su precioso libro Cos/as jy Montañas, tantas veces citado, confiesa tomarla de la «Relación de la fundación de la iglesia de Santander, remitida á la Real Academia de la Historia por el obispo D. Rafael Menéndez de Luarca en 8 de Julio de 1789».
dos resaltados blasones que las flanquean, el de la derecha con rapante león en relieve, y ya borrado el otro, — confusas y de trabajosa más que difícil lectura, las cuatro líneas de conmemorativo epígrafe destacan sus contornos vagos. Si oyes, lector, la opinión de la gente, aquellas son letras hebreas que deben contener algún misterio ó guardar algún secreto, pues á nadie ha sido todavía dable entenderlas; otros, aseguran que contienen el epígrafe de la consagración del templo; pero si atentamente las estudias, y logras por fortuna desvanecer la confusión con que á la vista se manifiestan, — entenderás claramente lo que están en balde pregonando desde el siglo xv, pues no son sino signos monacales, tallados en relieve, de dibujo peculiar en los epígrafes de esta región cantábrica, diciendo con efecto de la siguiente forma:
et ^ hoB : tapu
liítBtníntt
Aunque la última palabra de la leyenda resulta ininteligible, — obtiénese de la inscripción la noticia de que aquel muro, así como dos capillas, que no sabemos cuáles sean, pero que debían hallarse á los pies de la Catedral sin duda, pues que á ellas corresponde el precitado muro, — fueron labrados por la piedad acaso de aquel Juan Gutiérrez de Escalante, de quien era «criado é pariente» según Lope García de Salazar, el Gonzalo Gutiérrez de la Calleja, patrón ó capitán de una de las galeras santanderinas que acaudillaba el famoso don Pedro Niño, Conde de Buelna, y promovedor del sangriento tumulto que levantó los ánimos de los habitantes de J^úa Mayor y el Paderón^ del bando de los Giles^ contra los Escalantes que ejercían notoria autoridad en ambas pueblas, y que pelearon en el puente con sus contrarios y enemigos, conforme dejamos insinuado arriba. Por bajo del epígrafe, y acompañando á los escusones que le
S A N T A N D E R
flanquean, resalta otro de iguales condiciones, figura y tamaño, con el emblemático león rapante, ya muy deformado por la acción destructora de la intemperie.
Humilde, sin carácter y cerrada por vulgar portón claveteado y colorido de verde, — ábrese en frente de la torre en pardo muro de sillería, la puerta que da desde la Rúa Mayor acceso en la actualidad al claustro de la antigua Abadía^ como vestíbulo de su fábrica, por el cual han discurrido tantas generaciones de fieles y de devotos. Rectangular y diáfano, habremos, lector, si te place, de seguir á aquellos por el ala oriental, en la que, con los graciosos caireles que festonean la ojiva, y adulterada en varias épocas, — se muestra la portada occidental y única en uso de las dos con que la Catedral cuenta, levantada á mayor altura que la del piso del claustro, y cuyo ingreso facilita en el hueco del muro, ancha gradería de piedra. Ancho también y desornado zócalo, á que pone término característica moldura, recorre el intradós, y sobre ella, á cada parte, levantan sendas columnillas, provistas de sus correspondientes basas y sus capiteles respectivos, por los cuales se extiende á manera de friso y coronándolos, colgante imposta de anchos dientes de sierra, preparados para recibir sin duda como repisas, decoración que ó no se labró nunca ó ha desaparecido; enriqueciendo los fondos que -resultan en los intercolumnios de esta zona, y proclamando así la real munificencia cual la época en que hubo de ser primitivamente construida esta portada, — bien que no con el orden que debieran, destacan con algunos rosetones en relieve, los castillos y los leones, que eran armas reales y sólo tenían derecho á usar los príncipes, recordando por esto solo, aquella hermosa portada, inmediata á la Ptierta del Sarmental en la inestimable Catedral de Burgos, que da ingreso al claustro por el crucero.
Como nota discordante, y afeando el gracioso acuerdo con que, á pesar de todo, en su conjunto se ofrece hasta aquí esta entrada, — la puerta propiamente dicha, es barroca y de mal
gusto, por lo cual, y sin detenernos siquiera á deplorar el censurable empeño con que los siglos xvii y xviii mancharon intransigentes, y sin necesidad con frecuencia, las obras de tiempos anteriores, — penetraremos en el templo, que convida con su religioso recogimiento y con el hálito perfumado que por la puerta exhala. Tres naves paralelas forman con diversa altitud y anchura el buque de la iglesia, que aparece á nuestras miradas envuelto en tenue claridad, más intensa y viva á intervalos por la luz que derrama alguna capilla sobre la uniforme tonalidad ambiente, y por los rayos que se filtran luminosos á través del cortinaje de los ventanales en la nave real, que es la más alta. No ofrece ya en nuestros días ostensible todo su desarrollo, cortada á los pies por un muro que adultera sus proporciones primitivas, como adulterando su fisonomía, á despecho de la inteligente restauración acometida por el actual prelado Sr. Sánchez de Castro, quedarán siempre «huellas de generaciones que vinieron después de los primeros alárifes á desfigurar ó destruir la labor primera»; pero aun así y todo, bien que no sea lícito estimarla cual modelo de grandeza, bien que no pueda resistir la comparación con otros monumentos de su especie, fuera y dentro de la provincia, — no por ello deja de ser acreedora al estudio y al respeto de los entendidos, con mayor causa ahora, que han quedado al descubierto muchas de sus bellezas, antes ocultas y desconocidas.
Midiendo en su actual longitud no mucho más de 39 metros que aproximadamente hasta la Capilla Mayor inclusive se cuenta, por 18 que arroja la total latitud, y que se reparten las tres naves, correspondiendo á las de los lados 4"" 51 y 6 á la central, — aquel edificio, labrado para Colegiata en la villa de San Emeterio, por terminante modo, y prescindiendo de las agregaciones y obras posteriores que en parte le desfiguran, declara y hace patente su historia, poniéndola de manifiesto así las cruzadas bóvedas y «los tallados nervios de las naves laterales», como las dimensiones y formas de las columnas que se agrupan en
torno de los pilares, y «las fajas de capiteles de donde arrancan » los citados nervios, y por donde «corren todavía aquella serie misteriosa de seres fantásticos, quimeras ó esfinges, busto de hombre y cuerpo
de fiera..., rastro rri — — ■ - - -¿^-ts^^viV acaso de las encarnaciones mitológicas, y aquellas figuras rasuradas , de larga cabellera y ropas talares, que brotan del anillo del fuste como de una sima sepulcral, y se dirigen al pueblo con ademanes y gestos expresivos, pero que ya ni el pueblo ni los doctos comprenden. » No es pues, ni puede ser obscuro problema arquitectónico, sino diáfano corolario, en virtud
del cual se acredita que la construcción tuvo principio incuestionable, cuando no emancipado aún de la tutela de la tradición, á que tan apegada se muestra la Montaña en las esferas del arte, había el estilo ojival, durante los días del santo rey conquistador de Córdoba y Sevilla, comenzado á poblar de monumentos las regiones de la España.
SANTANDER. — Interior de la Catedral
Bien que no alcanzada aún ni mucho menos la gallardía de que hizo en todas sus partes alarde esplendoroso luego, — á la pesadez de los pilares del estilo románico, reemplazaban los alárifes los aligerados por grupos de columnas, cuyos fustes adelgazaban y crecían ; las bóvedas de cañón seguido, mortificantes en su monotonía, eran sustituidas por las bóvedas de cascos, armadas sobre nervios cruzados que las soportaban; las míseras lucernas, se convertían en airosos y rasgados ventanales ; los capiteles perdían su forma trapezoidal, y coronaban más proporcionados y esbeltos los fustes, sin que por ello los entalladores hubiesen abandonado ni dado al olvido tampoco todavía las enseñanzas tradicionales, reproduciendo con singular persistencia muchos de los tipos del estilo fenecido y cuajando con efecto en la piedra «serie misteriosa de seres fantásticos, quimeras ó esfinges, busto de hombre y cuerpo de fiera», con otros elementos ornamentales, de los cuales se alejaba la influencia oriental, tan vigorosa y potente con la era románica fenecida.
Fué, á no dudar, en este momento, cuando sobre la roca viva de una parte, y sobre las recias bóvedas del Cíñsto de Abajo de la otra, eran echados los cimientos de la fábrica, y era ésta levantada hasta terminar los pilares con su corona de historiados capiteles. Años después, alzábanse las bóvedas de la nave central, cuya crucería «de labor tosca y perfil airoso», cerraba «en las claves con leones y castillos, emblema de los reinos, y el escudo de Burgos, cabeza de Castilla^ cuyo puerto era Santander», y más tarde aún, quizás en los comienzos del reinado de Alfonso X, cuando en persecución del período de propiedad, el estilo «engrandecía sus trazas» y «afinaba sus líneas», — eran construidas las bóvedas en las naves laterales. Por esto, desde la zona en que terminan los pilares, adviértese que la construcción es más aérea, si es lícito así decirlo; que los nervios de la crucería no descansan directamente trabados sobre los capiteles, en la relación de íntimo parentesco, y de único génesis; y, demás de otros detalles, — que no hay exacta correspondencia,
como fruto que son de distinta mano y de distinto pensamiento, entre la zona de las bóvedas y la de los pilares, apareciendo esta de gran solidez y aquella de singular ligereza relativa, y careciendo por consiguiente, la fábrica, de aquella unidad que es prenda de las creaciones de una vez concebidas y de una vez ejecutadas.
Pero dejando aparte tales disquisiciones, con que convida el templo, y ya que al penetrar en él, lo primero que se ofrece es el Coro^ por el que se halla seccionada la nave real, — aunque es allí peregrino y extraño, — no por ello para ti, lector, pasará inadvertida la discreción loable con que se muestra en él, viviendo de sus tradiciones, la decadencia lastimosísima á que era ya el arte arquitectónico llegado en la segunda mitad del siglo xvii, á que este miembro pertenece. De buenas líneas greco-romanas, adornado de pilastras que enriquece resaltada labor de hojas y frutas, — en el costado que le cierra por los pies de la iglesia, y sobre el dintel de los rectangulares luceros que le flanquean, escrito se halla el nombre del Abad, á cuyas expensas fué labrado el Coro^ leyéndose en el de la derecha: petrvs .
EPVS II ABBS SATADRI, y en el opuesto: petrvs. EPVS II ABBAS
SANTNER, pues cou efecto, obispo in partibus infidelitim de Turen era D. Pedro Luís Manso y Zúñiga, Abad de la Colegiata, quien falleció en 1669, y en el Coro mismo tiene su sepultura.
Mas si es grande la extrañeza que produce este discordante miembro que interrumpe con su pesado aspecto la esbeltez de la iglesia, — mayor es todavía ciertamente la que engendra la contemplación de singular é insigne monumento, arrinconado casi en el ángulo de la nave del Evangelio, y en el cabo de la misma. Rectangular, de o"'20 -de alto por o'^Si de largo y o"" 46 de lado; labrado en mármol blanco, y levantado hoy sobre pequeña columnilla con capitel de estilo árabe-granadino, que no se compadece con él, y empotrado hasta no há mucho en el pilar inmediato de la misma nave, — hace oficio de pila de
agua bendita, y es testimonio irrecusable de la participación que en las militares empresas de Fernando III tomó personalmente
algún caballero montañés, cuyo nombre es desconocido , quizás en la jornada gloriosa de la conquista de la antigua corte de los Omeyyas cordobeses, de donde con toda probabilidad procede esta reliquia. Ya antes de ahora hicimos su descripción y estudio, interpretando el epígrafe que, en resaltados caracteres cúficos ornamentales,— pues es producto de la cultura arábigo-española, — decora la orla superior de aquel al-midhá ó pila de abluciones^ el cual acaso pudo figurar con otros en el Patio de los Naranjos de la Mezquita- Aljama cordobesa , con mayor causa que en el de la de Sevilla, que fué obra muy posterior de los almohades, y sobre todo que en algún «ajarafe sevillano», donde se le supone «pila de surtidor» erróneamente.
La leyenda da principio por el costado de la derecha, y desarrollándose de derecha á izquierda, corre en torno de la pila para terminar en el mismo costado donde comenzó, diciendo:
SANTANDER. — Al-midká Catedral
ARABIGO EN LA
S A N T A N i) E P
O' W.^ k I I
I I =/ O/i vosotros los que estáis sedientos de pureza ! Obra es mi cuerpo de plata candida y turgente l
Ved cómo cae co?ivertida \ \ en espuma pronta á liquidarse en el
fondo,
temerosa de su sutileza y delgadez, \ \ pasando luego á formar un cuerpo
admirable
de agua congelada! (i)= | |
(i) Memoria, acerca de algunas inscripciones arábigas de España y Portugal (Madrid, i 883), presentada por nosotros al Excmo. Sr. Director delMwseo Arqueológico Nacional, y mandada imprimir de real orden, págs. 240 y siguientes. — Ya antes de ahora hubo de ser traducido el epígrafe por el doctísimo Gayangos, leyendo en él :
jLi J^JJ! jl5^ -U=^ ¿L¿3 J^^^ yjí^^
))Yo soy un saltador (de agua) mecido por los vientos: mi cuerpo transpare?ite como el cristal^ está /orinado de blanca plata.
))Las ondas puras y /rígidas (de mi manantial), al encontrarse en el /ondo, temerosas de su propia sutileza y delgadez., pasan luego á /ormar un cuerpo sólido y congelado. D
En las memorias del Licenciado Sr. Martínez Mazas, Canónigo Doctoral que fué de aquella Santa Iglesia, donde se conservan y guardan, se halla también la traducción de este epígrafe, que nos íué galantemente facilitada por el dignísimo Maestre de Fábrica Sr. Guilarte, ya fallecido, la cual se expresa en esta forma :
aVas in quo aqua esi Aquilegium iu puritate, ex argento albo elaboratum (vas) {an per similitudinem ex niarmore albo) Erat bona et clara dum hauritur tutus Aqua gelata.»
Fruto expresivo de la piedad de una de las más nobles familias de la Montaña, — ábrese en esta nave del Evangelio poco después, con sus lineamientos greco-romanos decadentes, y grandes aspiraciones por cierto, suntuosa capilla, obra ya de los días de Felipe IV; corónala circular linterna, en cuyas pechinas surgen cuidadosamente entallados los heráldicos blasones de los fundadores, y en el anillo de la misma, para perpetua memoria, leerá el curioso la letra que declara en signos capitales é incisos :
ESTA CAPILLA LA FABRICARON A SV COSTA LOS SEÑORES DON FERNANDO DE LA RIBAHERRERA CABALLERO DE LA ORDEN
DE SANTIAGO I DOÑA (i) DE OQVENDO I LASARTE SV
M.VGER 1 PARA GLORIA I ONRA DE SV SANTISIMA MADRE (síc) AÑO DE MIL 648 AÑOS.
Insignificante y de ninguna importancia el retablo, — llámanos con su valor relativo la Capilla Mayor ^ construida en las postrimerías del siglo de Carlos II, y con la que procuró engrandecer el templo su Abad don Manuel Francisco de Navarrete Ladrón de Guevara, elevado á la metropolitana de Burgos en 1705, al sustituir con ella el «ábside ojivo que hubo de tener en su principio » , « perdiendo, — como dicen los escritores locales — esa gala, para no ganar ni en proporciones ni en belleza» (2). Sus constructores, sin embargo, — hace observar otro escritor montañés, — «acomodaron las formas dórico-latinas á la gallarda montea de la nave ojiva, al área estrecha del viejo ábside, ensanchada á expensas de la vecina fortaleza ; y el presbiterio, realzado sobre tres gradas de finos mármoles, quedó separado por dos recios arcos torales del resto del edificio.» «Para cubrir la monótona desnudez del muro plano del fondo, — prosigue,— le aplicaron un retablo de vistosa arquitectura, pero de grandiosas proporciones y ricamente dorado».
(1) Está en blanco el nombre.
(2) D. Agabio de Escalante (Arremtendos), El espolique artista, art. publicado en el álbum De Cantabria (página lo^).
SANTANDRR
« Un elevado zócalo, dos cuerpos partidos por esbeltas columnas corintias, un remate aligerado por dos ventanas gemelas, un gran relieve central, un grupo encima, cuatro imágenes colaterales, constituyen su ordenación sobria y bien entendida». «La reciente corrupción del gusto, — observa, — hizo ondear las cornisas, cortar los remates ó rizarlos en cartelas y brotar ligeras vegetaciones parásitas entre el fuste y la basa de las columnas, entre los cuerpos varios del arquitrabe, decorando los entrepaños de nieles y ramajes abiertos en hueco con más gracia que majestad adecuada al sitio. » « En el intercolumnio central, — continúa diciendo, — campea de alto relieve la Anunciación de la Virgen, misterio titular de la Iglesia ; siéntese esta escultura del gusto de la época, que fundaba el equilibrio de la composición en la simetría de los grupos y figuras ; pero es de mano diestra, dibujada con firmeza, estofada y pintada con delicadeza y suavidad.» «Más que obra de imaginero, parece obra de estatuario, concebida para ser labrada en mármoles ; ofrece reminiscencias de estudios clásicos, apartándose de la tradición nacional tan viva y gloriosa en Castilla y Andalucía; manera mórbida y ligera, oportuna al asunto, como lo era la robusta y recia de Roldán y Montañés para las trágicas escenas de la Pasión».
« Igual manera produjo las estatuas que en los intercolumnios laterales representan los gloriosos mártires patrones de la ciudad y su provincia, en traje militar romano, loriga de cuero, casco empenachado, coturno y clámide derribada á la espalda, permitiendo lucir la airosa proporción del busto y -el perfil general de la figura. » « Conforme á la tradición católica, — concluye,— rematan el retablo las tres figuras del Calvario ; la escena en que se consuma la redención, y en que la palabra decisiva de Cristo liga con lazo indisoluble de dolor y agradecimiento los humanos destinos, al herido amor de su madre» (i).
De propósito hemos- reproducido la elegante descripción del
(i ) Escalante (D. Amos), Op. cit., págs. 219-221.
retablo, hecha no sin pasión pero con acierto por uno de los más ilustres hijos de la antigua Cantabria ; pero, tú, lector, como nosotros, en medio de aquella riqueza desplegada por el Abad Navarrete y Ladrón de Guevara en los diez años que presidió este (r<9/(í'^/¿2/ (i 695-1 705), — echarás de menos el ábside primitivo y el retablo que hubo allí de ostentarse, como te dolerás de los arcos greco romanos del crucero, que descomponen la fábrica, y de los sepulcrales que en los extremos de esta nave transversal existen, por más que el del lado de la Epístola haga alarde de pureza en los lineamientos, como obrado quizás en el año postrero del siglo xvi, en que tanto ascendiente cobra la proporcionada y elegante corrección desornada del montañés Herrera (i); y como nada de particular ofrece ya el templo, ni nada interesante guarda, en la relación artístico arqueológica, salgamos al claustro, no sin reparar en el altar de San Matías, inmediato á la desembocadura del caracol que pone la Iglesia Parroquial del Cristo en comunicación con la Catedral, pues recuerda una gran desdicha para Santander: la horrible peste del año 1503, en que fué el santo Apóstol providencialmente designado por «patrono, é amparador, é defensor, é guardador del dicho pueblo, é de sus alquerías, é vecindad, para ahora é
(i) En el váno, hoy tapiado, de este arco, figura una lápida, la cual declara en las catorce líneas de que consta :
• A HONRA Y GLORIA DE DIOS I DE SV SS**'^ MADRE FVNDÓ ESTA CAPILLA PEDRO DE CAMVS NA TU RAL DESTA VILLA EL AÑO DE l 599 Y LA DOTÓ DE RENTA PERPETVA PARA VN CAPELLAN OVE NONBRAN LOS P03EHED0RES DESTE PATRONATO. REEDIFICÓLA D. LOREN ZO DE CAMVS PACHECO SVBCESOR EN ÉL, PROVEEDOR GENERAL DE ARMADAS DE LAS QVATRO VILLAS Y CASTELLANO Y ALCAYDE DEL CASTILLO Y CASAS R.'*
DESTA DE SANTANDER EL MAROVÉS DE BALBVENA ES EL PATRONO DESTA CAPYLLA Y CA PELLANYA
para siempre jamás, para que la guarde de todo mal y en especial de pestilencia» (i).
Ya no se ofrece el claustro, por desventura, en aquel estado de integridad primitiva que hizo resaltar su ojival arquería por la cual entra «copiosa luz» ; y aunque no puede nunca ser tenido por maravilloso engendro arquitectónico, ni tuvo en tal sentido la importancia de otros muchos de su especie, no por ello carece en absoluto de interés, con sus cuatro alas que miden cuatro metros de ancho, por 35,15 de longitud la occidental y 37,16 que cuenta en igual sentido la del mediodía, sus escusones resaltados en el paramento de los muros, sus « pilares de planta romboidal», sus «amortecidos vivos y aristas», y su « doble collarín por capitel, y otro por basa» (2). « El ancho patio, antiguo cementerio, ha venido al cabo de tres siglos á recobrar la
(1) D. Amos de Escalante publica con el número $ entre los Apéndices de su inestimable libro Costas y Montañas^ el muy curioso Voto y capitulación que esta Villa de Santander y los Sres. Prior y Cabildo de ella hicieron á honra del Apóstol San Maltas, Aboo-ado de la pestilencia, año de i ^oj, el cual se conserva original en el Archivo del municipio. Los lectores que lo desearen, pueden consultar á este propósito la obra del señor Escalante.
(2) « El pavimento de los ánditos cubiertos más bajo que el piso del patio, antes de ser renovado en i 782, era un memorial de piedra donde la antigua sociedad, la villa de los siglos medios, con sus gremios, corporaciones, insignias, escudos, dignidades y apellidos, aparecía viva, entera en su organismo detallado y completo... ))« Se había formado con lápidas desalojadas de la iglesia del Cristo, probablemente por la idéntica razón que las desalojó luego del claustro ; muchas de ellas conservaban grabados los atributos ó emblemas de profesiones y artes, instrumentos y herramientas de oficios, costumbre heredada de los primitivos cristianos, seguida durante los siglos de fe, conservada en las comarcas y países pobres é incultos donde únicamente príncipes ó magnates podían magnificar sus sepulturas con grandiosos simulacros y prolijas inscripciones.» «Completaban el curioso museo lapidario epitafios esparcidos por el claustro, y sepulcros, estatuas y figuras de la nave meridional, que después de haber sido entierro de canónigos, vino á servir para común sepultura de pobres. » « Esta nave meridional que mira al mar y abre sus ajimeces trebolados sobre el muro bañado aun pocos años há por las olas, se llamó de los cuerpos santos, denominación que trae la iglesia en documentos y noticias del siglo xvi, mientras en los anteriores es designada por el nombre de uno ó de los dos mártires sus patronos. » — « No aparece probada la causa de tal denominación : el P. Sota apunta la creencia existente en su tiempo de que las sabandijas morían al penetrar en aquella parte del claustro, y autoriza la denominación con un supuesto martirio y sepultura de cristianos en aquel sitio por piratas herejes» ( Escalante, Op. cit., págs. 227 y 228).
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S A N r A iN D R
placentera y fresca fisonomía que tuvo en el xvi, cuando un vía jero lo apellidaba huerto amenísimo perpetuamente embalsamado por el fragante aroma de sus árboles florecidos (i). «Una cruz clavada en escabel de piedra abre sus brazos de hierro sobre la tierra bendita, un tiempo lecho de humanos reliquias, cercada de rosas y cipreses, de laureles y magnolias, á cuyo rico follaje dan suave y soñolienta voz las auras pasajeras, nunca dormidas en estos parajes marinos.»
Cerca del ángulo SO. del claustro «se abre la puerta de una capilla arruinada»; encima de aquel ingreso y empotrada en el muro, descúbrese marmórea lápida de apretados signos, y o"',33 de altura por o"", 40 de anchp, la cual, aun no legible toda, dice en las once líneas de caracteres alemanes de resalto que la constituyen :
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Era la del Espíritu Santo la advocación de aquella capilla, y, es ya «memoria y última reliquia del hospicio fundado para doce pobres por el abad más insigne que tuvo la Colegiata»;
(i) Brawn con efecto ( Civitxtes orbis terrarum, lib. II), le apellidaba « amoe' nissimum pomarium, gratissimo floridarum arborum perpetus odore fragrans».
por aquel Ñuño Pérez Monroy, que tanta y tan feliz participación tuvo en la época triste y revuelta de las animosidades de Fernando IV y Alfonso XI; cuyos consejos fortalecieron y guiaron en muchas ocasiones y para fortuna suya y de Castilla, el ánimo de la egregia doña María de Molina, y cuyas virtudes dejaba ejecutoriadas con la fundación de asilos para los pobres en Valladolid y en Plasencia. Todavía subsistía aquella piadosa fundación en el siglo xvi, y de ella y refiriéndose á ella, decía un escritor contemporáneo : «Intus in circuitu xenodochium habet S. Spiritus, ubi pauperes quilibet, benigné excepti, humanissime pro necessitate, diligente cura tractantur». No hay, pues,, duda, en que la lápida copiada y que aparece hóy sobre la deformada puerta de esta capilla, ha debido ser colocada en tal paraje en tiempos posteriores, y que la capilla fundada en 142 1 por Pedro Gutiérrez de Oreto (?), si este es el apellido realmente allí escrito, debió ser alguna de las reformadas en el cuerpo de la Catedral, pues no hay allí indicios de la XV. ^ centuria que autoricen á filiar en ella ninguna de las existentes (i).
(i) Respecto de otras indicaciones relativas á la antigua Colegiata, véase cuánto dice el R. P. Flórez en su España Sagrada, t. XXVII, págs. 277 28.