Santander · Capítulo real 10 de 20

CAPITULO XIII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 9 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO XIII

De Solares á Santoña. — Ambrosero: .^"^ (

sus memorias. — Santoña.— Notas de su historia.— Sus monumentos: — el Colegio de San Juan Bautista;— la Iglesia de Santa María de Portu.— La dársena.

LUViosA y triste era la mañana en que, desde Solares, acompañados del indispensablé y sentencioso Riquitrún, y en el mismo ligero carruaje en el cual hicimos la excursión precedente,- — tomábamos la hermosa carretera de segundo orden de Muriedas á Bilbao, volviendo á contemplar con gozo panoramas ya conocidos, silenciosos y sombríos ahora como '¿Qjf entonces, bajo el aplomado celaje, que se extendía Ir Jis melancólico á modo de acerado dosel, entre las altas cumbres que de todos lados se divisaba imponentes. Así pasamos por El Bosque y por Hoznayo; así dejamos á nuestra derecha el empalme con la carretera provincial Añero á La Cabada por Entrambasaguas, y continuamos por Añero hasta Praves, encontrando en el trayecto, y antes de llegar á este último punto,

lindando con el arrecife del camino, la humilde Ermita de Jesús del Monte, cuyo aspecto nada prometía. Llevábamos hasta allí andados desde Solares poco más de i 2 kilómetros, y la cuidada carretera, humedecida por la lluvia, ora discurría serpeando entre frondosísimos bosques ; ya faldeando alguna altura rocosa, tapizada de jalechos y de escajos; ya por entre filas de olmos, y dejando espaciar la vista por las verdes mieses, por los caseríos amontonados y por los campos; ya cruzando algún regato más ó menos caudaloso, y con frecuencia acompañada de vacas y novillos que á las inmediaciones de las aldeas, pacían tranquilamente en las praderas, levantando en ocasiones el testuz y dirigiéndonos miradas indiferentes, ó por lo común continuando en la importante tarea en que las sorprendíamos, sin molestarse á nuestra ruidosa aproximación, ni extrañando tampoco el metálico rumor de las cascabeleras del ganado.

Poco después, quedaba atrás Beranga, cuya iglesia, «gallarda y espaciosa, domina una vasta vega, tan amena y florida como lo son las de toda la comarca», y cerca de media legua más tarde, al llegar á Ambrosero, no dejaron por cierto de llamar nuestra atención, á la derecha del camino, los tejados de un barrio, que asomaban entre robles y nogales, en suelo pendiente y bajo. Provocan sobre él nuestra curiosidad, lector, la tradición y aun los monumentos, pues conocido con el nombre de Barrio Madama, en él se asegura que vivió la madre del famoso don Juan de Austria, doña Bárbara Blomberg, señalándose todavía la casa en que hubo de habitar durante su permanencia en Ambrosero, y aún «hay tapices en la Iglesia que fueron regalo suyo» al decir de las gentes, como «hay papeles en el archivo del ayuntamiento», que también acreditan y corroboran cual se afirma, el tradicional testimonio (i). La carretera

( I ) Escalante, Costas y Montañas, pág. 1 66.— Bárbara Blomberg « era hija de un burgués de Ratisbona, hermosa y habilísima en el canto, afición tenaz del emperador [Carlos de Gante] ». «La honda melancolía que á intervalos le asaltaba desde la muerte de la emperatriz, acaecida en i <^ 39..., se desvaneció al halago de

prosigue adelante por espacio de dos kilómetros y medio hasta llegar á Gama, punto en el cual se bifurca en dos ramales diferentes, el uno que conduce por la derecha á la histórica villa memorable de Laredo y continúa hacia Bilbao, y el otro que tuerce á la izquierda, y sigue á Santoña, plaza fuerte de tantos recuerdos, y en la cual habíamos de detenernos. Entre ambos, y cruzada la calle que el modernizado caserío forma á los lados del camino, quizás, lector, repares en el letrero que, arrogante y pretencioso, cual muchos que habrás de advertir si nos acompañas galante por toda esta provincia, en tres líneas de capitales mal hechas á la puerta de la tienda establecida allí en insignificante edificio, llama al consumidor, diciendo: «entra

Y VERÁS. B Y B>.

Como despertando de profundo sueño, y envuelto aún en nacaradas nubes que á trechos flotaban por el espacio, el sol había aparecido con intermitencias, y reflejaba su lumbre desmayadamente sobre el arrecife por el cual hubo de proseguir su marcha el carruaje, al galopar cansado de los tres caballos que

la voz melodiosa, y la voz plantó su eco tirano, indeleble y profundo, en el lugar de donde había ahuyentado el pesar». — «Casóse más adelante con un alemán, Kegell, comisario en los ejércitos reales; tuvo de él dos hijos y quedó viuda ». «Mas en su viudez no vivió con el recato y modestia á que parecía obligada por las memorias unidas á su nombre».— « Tanto fué, que de acuerdo con su propio hijo don Juan, el rey Felipe 11 dispuso su venida á España ».—« Establecióse en San Cebrián de Mazóte, en tierra de Valladolid; trasladóse luego á Colindres según los instrumentos históricos, á Ambrosero según la tradición confirmada por las memorias que en Ambrosero quedan...» «En Colindres ó Ambrosero murió hacia i $98, y en su testamento dejó ordenado se celebrase su entierro en el convento de Laredo, y se enterrase su cuerpo en San Sebastián de Anó» (Id., id., páginas 162 y 163). A pesar de las indicaciones del Sr. D. Amós de Escalante relativas á los tapices, ni en la actualidad existen, ni nadie sabe de ellos cosa alguna. «No hace muchos años— dice el hermano de aquél, D. Agabio, aludiendo á los mismos tapices—andaban por acá ingleses ó franceses, herejes casi siempre, según las comadres de mi lugar, los cuales ofrecían tanto y cuanto por muchas cosas que veían olvidadas dentro de nuestras iglesias...» «Hoy muchos cristianos viejos sin mezola de judíos, al parecer, andan tan enamorados del arte divino, que en topando bulto, tela ó alhaja con olor á incienso, no se separan de ello á la primera: así está de espigada la mies de los tesoros de la Iglesia» (Arremiendos, FA espolique artista, artículo del álbum De Cantabria, pág. 104).

le arrastraban. A la derecha presentábanse las marismas que, abarcando notable extensión y situadas en la gran cuenca de la bahía de Santoña, forman de ella dos senos, comprendidos entre la villa de Escalante, por la que pasa la carretera á poco más de un cuarto de legua de Gama, y los pueblos de Bárcena, patria del insigne marino D. Juan Antonio de la Colina y Rasines (i), Cicero y Treto. Bordeándolas en amplia curva, y cruzado el empalme de la carretera provincial de Argoños al Puntal,— veíase ya más de cerca el encumbrado peñóte, á cuya falda occidental se agrupa la villa de Santoña, plaza fuerte, cabeza del partido judicial otro tiempo denominado Entrambasaguas, por hallarse el territorio de su jurisdicción comprendido entre el río Miera y el Asón, y en la cual llegaba el número de habitantes el 31 de Diciembre de 1887 al de 7,169. Mientras el coche recorría los escasos cinco kilómetros que desde el referido empalme distaba aún la villa, recordábamos cuanto respecto de la etimología de su nombre han escrito los autores, empeñados cada uno de ellos desde su especial punto de vista, en explicar á su modo y según su conveniencia y sus fines, la significación del apellido que la población ostenta.

Quién de ellos, dando crédito de buena fe á lo que dijeron los genealogistas y los falsos cronicones, trae á la memoria, según es tradicional en la villa, que de ella era natural y en ella con otros ocho compañeros recibió el martirio «durante la persecución del feroz Diocleciano» San Ananias^ quien murió des-

(i) Nació en Bárcena de Cicero el 23 de Mayo de i 706, y todavía existe la casa que hubo de erigir para su morada en aquel pueblo, la cual es conocida por la casa de Colina. Los lectores que lo desearen, pueden consultar para la biografía de este hijo ilustre de la Montaña, tanto la Galería biográfica de generales de marina, escrita por el Almirante D. Francisco de Paula Pavía y Pavía, como la obra titulada Marinos ilustres de la -provincia de Santander de los señores D. José Antonio y D, Alfredo del Río (Santander, 1882), y los Hijos ilustres de la provincia de Santander, Estudios biográficos, por D. Enrique de Leguina. — Bárcena de Cicero se halla situada en terreno desigual y sobre las mismas aguas de la bahía de Santoña, confinando con Escalante, el mar. Cicero y Ambrosero ; el censo provisional de 1887 arroja en este pueblo 184$ habitantes.

peñado el año 300 de la Era de Jesucristo, y que por esta causa, y en honra de aquel santo varón, recibió la población desde entonces el nombre de Smito Ananías^ cambiado por contracciones sucesivas y nada inverosímiles, en Santonia, Santoña más tarde (1); quién, afirma con la autoridad lograda en largas y penosas investigaciones histórico-geográficas de nuestra Península, que «no darán lejos del blanco de la verdad..., cuantos conjeturen que [la etimología de Santoña] debió ser la de Sand'onia^ equivalente en lengua éuskara, á Pie y desemboc ad7ir a del Sa7zda; con harta propiedad, — prosigue, esforzando el supuesto, — ^como que la Peña Santonia (que tal se llamaba todavía en 1639) sirve de escabel y de pie al río Asón, apellidado de los iberos Sanda ó Sanga, por testimonio de Plinio». «Siempre — concluye — guardó la roca su primitivo nombre de Sandonia ó Santonia; así como hasta hoy la población, el antonomástico de Píierto>^ (2).

Quién, sostiene con tesón que este nombre de Santoña^ cuyo origen «algunos escritores han querido suponer que viene de santo, sa7tt, sancttis, es... nombre éuskaro ó vascongado», según piensa el autor aludido arriba, «bastando conocer su significación en este rico y primitivo idioma para comprender lo que ha debido ser y será siempre ese aislado Peñón..., esto es, un collado, monte queh'ado^ redondo y de poca extensión, que sirve de guarda ó custodia á la tierra, y se descompone en esta forma: zantz ó santz, guarda ó custodia, oñ, oñ-a, collado redondo, quebrado y poco extenso». En comprobación de tal aserto, añade explanando su juicio: «La guarda á que se alude en el zantz ó santz, que en los diferentes dialectos del éuskaro tiene las variantes de zantz-a, cuya a final es carac-

( 1) D. Manuel de Prida, Compendio de historia antigua y moderna de Santoña. «En este trabajo— dice el Sr. Bravo y Tudela— se recogen todas las fábulas de los genealogistas y falsos cronicones, pudiendo considerarse todo él como una mitología de la comarca» (Recuerdos de la villa de Laredo, pág. 26, nota).

(2) Fernández-Guerra, El Libro de Santoña, págs. 22 y 23.

terística de apelativo y corresponde al artículo castellano la^ el^ Q,s guarda octilar y guarda de vista ó de observación» (i). «En cuanto á la terminación oñ-a, su significado — prosigue — no admite tampoco duda, si nos atenemos á la autoridad irrecusable en estas cosas de Astorloa, quien afirma que oñ (con la nota de apelativo se pronuncia oñ-a) se compone de la vocal o, que significa redondo, tosco y alto, y la consonante ñ, nota de pequenez ó disminución; oñ, unido, significa altito^ redondito^ tosquito, cualidad-predominante en muchas colinas que se significan con esta voz» (2).

No faltará, por último, quien nos diga, que este nombre de Santoña es de perfecta formación latina, cual aseguran los primeros, y que no otra cosa es sino confusión corrompida de Sancta Omnia, por haber sido allí rendida, mediado ya el siglo v de nuestra era, adoración á todos los santos por los hérulos deshechos en una borrasca (3); tú, lector, escogerás de estas etimologías la que por más acertada tengas, según tus aficiones, pues nosotros no sabremos decidir en el litigio, enemigos como somos de tareas semejantes, siempre ocasionadas, siempre diñ'ciles y siempre aventuradas é inseguras, cuando no hay otro dato para llegar al conocimiento exacto de la verdad, que un nombre, cuyo valor fonético y cuya ortografía, tanto deben haber cambiado con los tiempos. Prescindiendo en consecuencia de todas estas cuestiones, y entre ellas, aun siendo las más principales, de las que promueve alguno de los escritores arriba citados (4), — observa-

(1) n Dictionario trilingüe de Larramendi, palabra guarda>y (Nota del Sr. Bravo y Tudela).

(2) D. Antonio Bravo y Tudela, Recuerdos de la villa de Laredo, págs. 26727, citando la Apología de la lengua vascongada, de Astorloa, pág. 7 i , y á Erro en su Al/abeto primitivo, pág. 203.

(3) Escalante, Costas y Montañas, pág. 98.

(4) «El Sr. Fernández-Guerra, al hacerse cargo de la significación metafórica pie de que habla el vascófilo Astorloa, sigue á éste, á pesar de que no podía ocultarse á su esclarecido ingenio lo violento de conceptuar como pie de un rio una roca, cuando en todo caso el río debía ser pie de la roca)). «El que la roca se llamase en 1639 Santonia, que en la pronunciación es Santoña^ no dice nada en pro ni

rás, lector, que mientras por apasionado espíritu, hay quien menospreciando sin razón á Santoña, estima que «para lo que

ocupa una ventajosa posición es para lazareto y faro» (i), juicio ni justo, ni exacto ni admisible, — otros, con mayor justicia, no exenta de disculpable pasión filial por cierto, la consideran «una de las más valiosas joyas de España», «causa generadora de la riqueza y bienestar de la patria, y llave sagrada para guardarla». «Tal vez, — añaden, — no hay, en efecto, en España un punto donde la naturaleza haya prodigado mayor número de circunstancias útiles que en Santoña, dado que á la seguridad de un puerto cuyos fondeaderos pueden tomarse en toda clase de tiempos, se reúne la riqueza de los minerales y los saltos de agua que hay en su contorno, su proximidad á los puertos del Norte de Europa, al interior de la Península y á la línea del Ebro, y especialísimas circunstancias que hacen de este punto una fortaleza inexpugnable en el sitio más estratégico de la Costa» (2).

Unida al continente por el Are^ial de Berria al NE., Santoña es verdadera península, y «se destaca en el mar, — al decir de sus hijos, — como preciado fruto de la tierra, que no ha querido Dios quedase sepultado bajo las olas, y abrupto monte y tajada peña, donde se estrellan y deshacen las tormentas», siendo «en los huracanes asilo benéfico de los navegantes, y, en los días plácidos, encantadora mansión que embellecen los naranjos y

en contra de ambas opiniones, pudiendo citar entre otros ejemplos del oñ-a, el santuario de Begoña en Bilbao que da nombre á la república en que está enclavado». «Este santuario está al pie de una colina alta, redonda y tosca, de la cual toma su denominación de B^, bajo, ^, letra eufónica, y o;í-a, colina, todo lo cual significa al pie ó en la parte baja, ó debajo de la colina» (Bravo y Tudela, Recuerdos de la, villa, de Laredo, págs. 28 y 29). Este escritor olvida, sin embargo, que en la página anterior, después de declarar «autoridad irrecusable en estas materias» á Astorloa, acepta que equivaliendo la vocal o á redondo, tosco y alto, y la consonante ñ á nota de pequeñez ó disminución, «ow, unido, significa altito, redondito, iosquilo)) y que el santuario de Begoña se halla, según afirma, «al pie de una colina alta, redonda y tosca.

(1) Bravo Y Tudela, op. cit. pág. 3 I .

(2) D. Baldomero Villegas, Por deber y por amor (Album De Cantabria, página 2 15).

perfuman á porfía el azahar y las flores». Su puerto, «amparado de los vientos Sur al Norte; únicos malos en la costa», brinda «fácil refugio á los barcos que no» lo pueden tomar «en Bilbao, Castro y Santander», y cuyo único y poco importante inconveniente lo constituye en la bajamar su barra, que es de piedra y de poca extensión y no difícilmente corregible. Con tales condiciones, y siendo «la peña Santonia tan celebrada y conocida por su grandeza y ser el mayor abrigo y defensa que en todas las costas de España tienen las armadas», según se decía de ella en 1639 (i), — causa con verdad maravilla, si hemos de dar crédito á muy recientes estudios, cómo este abrigado puerto de los coniscos, y por qué causa este lugar fortificado por la naturaleza, vigía y avanzada insustituible en el cantábrico golfo, — ni mereció de los romanos ser apreciado debidamente, ni en los días de la Reconquista suena con carácter y representación propios y determinados, ni aun después de 1639 se le hubo de reconocer en realidad la importancia que desde el punto de vista marítimo, el mercantil y el estratégico hoy justificadamente se le reconoce.

Guía en las investigaciones histórico-geográficas de la Península,— Plinio, al hablar de estas regiones, y refiriéndose en ellas á las adjudicadas á la actual provincia de Santander, luego de mencionar el puerto de los Amanes «ubi nunc Flaviobrica colonia», designa, por ser sin duda los más notables de Cantabria, tres no más de los puertos de la misma, caminando de Oriente á Ocaso, que eran el Porhis Victoriae, propio de los juliobrigenses, el Portus Blendium^ y por último, como correspondiente á la gente cántabra de los orgenomescos, el Vereasueca^ en la parte occidental del distrito. Señalar por modo cierto y seguro, con cuál de los cuatro puertos principales y habilita-

(i) Escalante, Cos/as 3» Mo«/a«as, apéndice núm. Lo que sucedió en la villa de Laredo y costa de España con la armada francesa, y general Argc.° de Burdeos año de i6jg; Fernández-Guerra, El Libro de Santoña, apéndice VIII. ° en que reproduce esta relación.

dos hoy para el comercio en la costa cantábrica y descartando á Castro-Urdiales, concierta cada uno de los que Plinio enumera,— labor ha sido difícil, que ha dado margen á encontrados pareceres. El P. Mtro. Flórez, montañés, decía en orden al puerto más oriental de los cántabros, el primero de que hace mérito el insigne naturalista romano, y el único para nosotros por el momento interesante, que «acerca del sitio de aquel Ptcerto de la Victoria», cuyo nombre anterior resulta desconocido, «es lo más regular ponerle en Sa?itander ; pero no es cosa cierta — añade, — por que Plinio pone en los cántabros dos puertos después de este de los juliobrigenses, caminando hacia Asturias; y después de Santander no tiene la Cantabria dos puertos al Poniente», de lo cual deduce en consecuencia, que el Puerto de la Victoria debe ser reducido á Santoña (i); de esta misma opinión se declara el docto Fernández-Guerra, al referir cómo en la guerra cantábrica Marco Agripa «trae naves de Inglaterra y Bretaña, cerca por el Océano» á los montañeses, y «alcanzando el triunfo definitivo la armada latina en las aguas de Santoña y Laredo, recibe aquel peñasco la denominación ilustre de Puerto de la Victoria >^ (2).

Empeñado en enaltecer con individual monografía la fama de una de las comarcas montañesas, — otro escritor se esfuerza posteriormente en demostrar que el indicado puerto ni es el de Santander, ni el de Santoña, sino precisamente el de Laredo, «aun cuando parezca para el caso una misma cosa» (3); y aunque Tamayo, Henao, Masdeu y Flórez hablan «de una lápida romana hallada en Santoña, piedra votiva erigida á Septimio Severo por los navieros ó mareantes juliobrigenses» que ninguno de ellos vió, sin embargo de lo cual «todos la describen y examinan bajo la fe [dudosa para Flórez] de referencias anterio-

(1) Lev Cantabria^ pág. $37 siguientes de la ed. de 1877.

(2) El Libro de Santoña^ pág. 22.

(3) Bravo y Tudela, Op. cit. págs. 22 y 23.

res», y que «á ser auténtica y auténtico su hallazgo, ayudaría á esclarecer el punto geográfico de la verdadera situación del Puerto de la Victoria de los juliobrigenses» (i), — el último ilustrador de Cantabria, estudiando de nuevo y con especial detenimiento el texto de Plinio, resuelve la cuestión con señalar á Santander como el Portus Victoriae controvertido, corrigiendo y reformando así su anteridr opinión ya mencionada (2), corrección que viene á corroborar y fortalecer el testimonio de erudito escritor montañés, para quien «la bahía de Santander fué el Puerto de la Victoria de los juliobrigenses» , habiendo sido halladas «en sus márgenes... recientemente monedas, mosáicos y termas de los caudillos romanos» (3), cosa que no hay noticia haya acontecido hasta el día ni en Santoña, ni en su vecina la interesante villa de Laredo.

Plinio, al recorrer de Levante á Ocaso la costa boreal de España, nota sencillamente las particularidades para él más dignas de ser recordadas; y luego de hacer mérito del puerto de los Amanes, penetra en la Cantabria, hace constar que en ella hay nueve ciudades, capital cada una de ellas de una tribu cántabra, y distingue como lo más notable en pos, el fíumen Sanga, cuya desembocadura en el Océano es en realidad digna de distinción semejante. El erudito Fernández-Guerra señala, á nuestro juicio con indudable acierto, la correspondencia del Sanga con el Assón, que se arroja al mar entre Laredo y Santoña; pero otro escritor, ya mencionado, identifica el río Sanga con el Agüera^ haciendo constar que «la etimología éuscara de Sanga^ cuya terminación en ga nos parece la verdadera, confirma esta opinión», á lo que entiende. «Si el nombre de este río, — ^expresa, — debe escribirse zanga ó sanga (pues la -0 y la i" se emplean

(1) Escalante, Cosías 3; Mowíañas, pág. 152.

(2) Fernández-Guerra, Cantabria, pág. 10$ del t. IV del Bol. de la Sociedad Geográfica de Madrid.

(3) D. Angel de los Ríos y Ríos, art. Introducción del álbum De Cantabria, pág. I I , ya citada.

indistintamente en el vascuence) la traducción será río sin venas^ es decir, sin afluentes, lo cual se verifica en el Agüera, mucho más si se le compara con su vecino el Asón.» «Si por el contrario, — añade, — Sanga^ en vascuence debe escribirse Zantzga ó Zaintzga^ la traducción es río sin guarda; es decir, sin fortaleza ó castillo en su desembocadura (i), sabiéndose de positivo,— concluye, — que el Agüera no la tenía y el Asón sí» (2).

Para nosotros, — teniendo en cuenta sin embargo, que la persistencia con la cual es denominada Santoña Santa María de Portático ó del Puerto ó solamente el Puerto^ así en el Fuero de Cervatos (999), como en la donación que el conde don Sancho de Castilla hace al Monasterio de Oña(ioii) y en el Fuero viejo de la misma Santoña (1042), podría robustecer la afirmación de los que creen que fué el Porttis Victoriae de Plinio, — está fuera dé duda que el Asón y el Sanga de éste,, no son sino un mismo río, aun admitiendo la etimología éuskara Zantzga ó Zaintzga, pues no consta que los romanos hubiesen allí erigido fortaleza alguna, ni la había, caso en el cual habría sido Santoña puerto en el que no hubiera dejado de reparar el insigne naturalista, quien al consignar el nombre del río, no hubiese omitido el del puerto ciertamente; y que éste no era el de los juliobrigenses, ni podía serlo, á despecho de lo que el clarísimo Flórez indica (3), patentízalo el que, conforme apunta

(1) «Conviene observar, — dice en este punto por nota el mismo escritor á quien aludimos en el texto,— que en las comarcas éuskaro-cántabras hay muchas localidades con la radical Sang ó Zang ; y todas están bañadas por un riachuelo sin afluentes.» «Ejemplos : Zang-roinz, en Lúgica; Sang-azu, en Sámano ; Song-a, en Soba ; Sang-rices, en Conanza y Zangarro ó Zangarrio en Sopuerta.» «Si la radical de Sanga fuera la de Santoña. es decir, Zantz, la traduccción sería como dejamos dicho en el texto río sin guarda, ó fortaleza, para distinguirle de su inmediato el Asón que la tenía.»

(2) Bravo y Tudela, Op. cit. pág. 25.

(3) «Adviértase que en cualquiera combinación debe suponerse yerro en los números de millas que leemos en Plinio desde el puerto de la Victoria á Fontibre (esto es, á las fuentes del Ebro), pues sólo pone XL millas (diez leguas), y por recto que se tome el camino, es preciso contar más, porque hay hasta la costa unas quince leguas, ó sesenta millas romanas.» «Si á esto se acomoda,— añade,—

SANTAN DER

el último ilustrador de Cantabria, afirmando Plinio que distaban de él las fuentes del Ebro cuarenta mil pasos (ab eo loco fontes Iberi XLM passuum), «es decir, sesenta y cuatro kilómetros ú once leguas», esto es «ni más ni menos, lo... que hay desde Santander á Fontibre» (i). Resulta por tanto, que el seguro y abrigado fondeadero colocado al S. de aquella «inmensa roca desigual y gibada, verde promontorio levantado sobre cimientos de rocas, rocas negras donde las roe el mar, rocas blancas donde las hace ceniza el sol», y que desde Laredo aparece, lector, á tus miradas «cortando la línea azul del mar, como uno de esos colosos pintorescos con que el capricho de la naturaleza anima y acentúa el paisaje» (2), — no mereció ser mencionado de Plinio, por carecer entonces de importancia, la cual pudo adquirir más tarde, al ser conocidas y apreciadas sus especiales circunstancias y condiciones.

Viniendo ya á los tiempos heróicos de la Reconquista, y después que el obispo cántabro Antonio, hijo de Ramiro I, «se afanó en 863 por... hacer devolver á las parroquias y monasterios de las Asturias de Cudeyo y Santoña cuanto las usurparon hombres atrevidos y poderosos» (3), — el primer documento en el que se halla memoria determinada de Santoña, es el Fuero de Cervatos; y en él el Conde don Sancho de Castilla, con su mujer doña Urraca, «pro animabus nostris et parentum nostrorum, seu de filio nostro Fernando, quem attumulavimus in aula Sanctorum Apostolorum Petri et Pauli, cujus Ecclesia sita est in urbe Campodii, in loco... quem vocant Cervatos», concedía

la experiencia y facilidad con que los copiantes invierten los números anteponiendo ó posponiendo, se verá cuán fácil es poner en lugar de LX las XL, y de este modo atribuiremos á Plinio las LX, pues sin duda desde Fontibre al mar hay más de cuarenta millas, sin persistir en que el puerto de los juliobrigenses estuviese en Santoña, pues éste dista algo más que Santander» (La Cantabria, pág. 54 de la ed. cit.)

(1) Fernández-Guerra, Cafitabria, en el Bol. de la Socied. geogr. de Madrid, t. IV, pág. 105.

(2) Escalante, Cosías 3; iV/on/awas, pág. iso.

(3) Fernández-Guerra, Op. cit., pág. 144 del t. IV del mencionado fio/e/ín.

el año último de la X.^ centuria al Abad y regulares y cultores ó labradores de dicha iglesia, que ni ellos ni sus decanías pagasen montazgo, entre otros lugares que taxativamente señala, «usque ad Sanctam Mariam de Pórtico-»^ declarando de tal suerte, que en aquella sazón, como de antes, todo aquel territorio incluso Santoña, era de la propiedad alodial del príncipe, quien para mayor honra de la iglesia, donde reposaban los restos de su hijo Fernando, autorizaba que en su verde y fértil promontorio no satisficieran montazgo los sirvientes, cultores y vasallos de Cervatos, por llevar hasta allí á pastar sus ganados cuando lo tuvieran por conveniente (i). Doce años más tarde, el mismo conde, con el deseo de engrandecer el monasterio de los benedictinos de San Salvador de Oña, por escritura que lleva la fecha de loi i, revocaba en parte el anterior donativo, y otorgaba potestad á todos cuantos «sub domino Abate, vel domina Abatissa Sancti Salvatoris Oniae populaberint, et habitatores sub eius dominio fuerint, et serbierint ad Sanctum Salvatorem», para que «cum suo ganato et ómnibus suis peccoribus» aprovechasen las hierbas y los pastos que hubiere en las decanías del monasterio, «et vadant omnes securi cum suis ganatos, vaccas, equas, capras, porcos, ubicumque voluerint pascere», no sólo por los términos que tenía de antes señalados en el mismo documento, sino además por el que de Sámano «venit inde ad portum Sanctae Mariae, et aplicat ad Cabarga» (2).

De esta suerte, y concediéndoles además «potestatem... in sylbis, in vallibus, in montibus, in aquis, in herbis pascere, insulis requiescere», declaraba don Sancho el peñóte de Santoña propiedad del Abad y de la Abadesa de Oña (3), situación en que

(1) Véase el documento en los Apéndices.

(2) Id., id.

(3) No faltaría aquí algún aficionado á lucubraciones y gallardías etimológicas, quien, teniendo presente esta donación, supusiera que el nombre de Santoña procedía de haber sido la península propiedad de Sancta Onnia ó Ecclesiae Onniae.

hubo de continuar hasta el momento en el cual, muerto alevosamente en León el último de los condes de Castilla (1028) se apresuraba diligente don Sancho el Grande de Navarra á apoderarse de la herencia á nombre de su esposa doña Mayor, hermana del desventurado don García. «Casi desierta y erizada de malezas veíase la roca de Santonia, y derribados el templo y monasterio antiquísimos de Santa María de Puerto, hacia el año de 1038, cuando reinaba don García V de Navarra en Pamplona, Álava y Castilla Vieja^ hasta Burgos, y con las Asimilas de Cueto [ó Cudeyo] y Santoña; imperando mientras su hermano don Fernando I en León y Galicia.» «De Oriente, es decir, de Navarra, aportó allí un presbítero de nombre Paterno; y acogiéndose á las sagradas ruinas, alzó los caídos muros, y con sus propias manos comenzó á plantar viñas y pomares.» «De diversas partes vinieron á él nobles y ancianos y personas de Religión, anhelosas de la paz del claustro y de entregarse á la piedad y virtud que renacían allí en frutos de salud y esperanza. » «Elegido Paterno abad de tan virtuosa falange benedictina, se decidió á reivindicar las propiedades y derechos eclesiásticos, de igual suerte que los hizo valer Antonio, el obispo de Véllegia. »

Mas por desventura suya, mal avenidos con aquel cambio de nacionalidad los habitantes de la comarca, que servían á San Salvador de Oña, y que veían mermados y contradichos sus derechos, declarados por don Sancho de Castilla en la escritura de loii , ya mencionada, — levantáronse contra él (i), y «echaron con violencia de la ya fértil roca á los monjes» que la usurpaban y beneficiaban, privándoles á ellos de aquella potestad «in sylbis, in vallibus, in montibus, in aquis, in herbis pas-

(i) No teniendo en cuenta, la donación hecha al monasterio de San Salvador de Oña por el Conde don Sancho el de los buenos fueros, el Sr. Fernández-Guerra dice que contra Paterno y sus compañeros «conjuráronse ¡as gentes inicuas de la comarca», estimando como «justo» al príncipe que sin razón y contra derecho, negaba el de los habitantes de aquella zona {El Libro de Santoña, pág. 43).

cere, insulis requiescere» que les había otorgado el Conde en la indicada fecha. Con sus reclamaciones, acuden Paterno y sus religiosos «al buen rey don García», quien, desconociendo quizás los derechos de los habitantes de la comarca, ó prescindiendo de ellos en absoluto, — acoge á aquellos benigno, «tómales bajo su amparo, les confirma la posesión de Santonia, restablece las antiguas lindes; y otorga carta foral á Paterno, un jueves á 25 de Marzo del año 1042.» «En aquel día, por mandato del monarca viene Paterno á la villa de Escalante, y saca de los infanzones Ectavita Citiz y Domna Goto y sus hermanos ciertos monasterios de que se apoderaron allí, devolviéndoles á Santa María de Puerto, como estaban ciento ochenta años antes, en los días del obispo Antonio y del abad Montano, reinando Ordoño I sobre gallegos y leoneses» (i).

Así, reintegrada á Castilla tiempo adelante Santoña, libre quedó para en lo sucesivo y con jurisdicción propia independientemente de la del monasterio de San Salvador de Oña ; pero después de la «gran donación» hecha por Alfonso VII á Santa María, en 11 35, — «á i.° de Agosto de 1158 donó [por su parte] el rey Sancho III el Deseado^ — cual se asegura, — la abadía de Santoña al monasterio de Santa María la Real de Nájera, por amor á doña Blanca su esposa, allí enterrada, y para que perpetuamente ardiese un hacha de cera delante de su sepultura», permaneciendo en tal disposición hasta que «Felipe II desmembró de la jurisdicción civil del abad de Nájera la villa de Puerto, y fué libre en Junio de 1579 » (2). Entre tanto, sin embargo, unidos los marineros de Santoña con los de Laredo, y figurando á no dudar bajo la bandera de éstos últimos, de quie-

() ) Fernández-Guerra, Op. cit., págs. 43 y 44.

(2) Id, id.^ pág. 47, tomándolo sin duda de la Santoña laureada^ «manuscrito formado con los datos de los falsos cronicones, mezclados con noticias curiosas», del cual «se hubo de aprovechar, sin más examen,— dice el propio señor Fernández-Guerra en el apéndice primero de El Libro de Santoña, pág. 104,— el desconocido autor del artículo de Santoña en el T>iccionario estadístico-histórico, que lleva el nombre de Madoz», t. XIII, pág. 844.

nes hubo de continuar siendo por sus condiciones accesorio puerto, — hubo de quedar interesada en la notable confederación de las villas del Cantábrico y de Vizcaya, con Santander, Laredo, Castro-Urdiales, Bermeo, Guetaria, San Sebastián, Vitoria y Fuenterrabía, y en tal concepto aparecen sus marineros en la famosa conquista de Sevilla, al mando del Almirante Bonifaz, y reciben el blasón distintivo de que se enorgullecen, « ni más ni menos que Avilés, Laredo y Castro-Urdiales»: «escudo cimerado de corona real » , donde «pujante navio» fuerza á vela tendida la entrada de un puerto, «que en vano le quieren impedir con férreas cadenas dos valientes castillos. »

Siguiendo desde entonces la suerte de sus hermanas, y unida siempre á Laredo, — con esta heroica villa Santoña toma participación en las empresas navales de Castilla, se lanza á locas aventuras marítimas, se dedica al comercio, se entrega asimismo á la piratería, sus naves combaten con las de Inglaterra en el siglo XIV, ya por cuenta propia, y ya también bajo las órdenes del almirante Miger Ambrosio Bocanegra, auxiliando á los franceses en la Rochela, en 1 371, y en los días de don Juan II en apoyo de la heroína Juana de Arco ; nadie hace de Santoña mención determinada y cierta, ni su nombre aparece en parte alguna, embebido en el de Laredo, con cuyos mareantes se confunden los mareantes de Santa María de Portu. Y no obstante, su fuero, al cual «muy adelgazada crítica pudiera hacer» reparos, aquel privilegio en que Sancho V de Navarra concede individualidad política á Santoña, confirmado está por Alfonso VII en 1122, por Fernando IV en 1295, y «trece délos quince reyes que siguen, hasta Felipe IV, lo vuelven á confirmar; pues ni le autorizó don Pedro I de Castilla; sin duda por el antifeudal espíritu que le animaba, ni el César Carlos V» (i). Cuatro son, no más, las villas de la Costa, y es de presumir que, como formando parte de la de Laredo, su vecina y herma-

(i) Fernández-Guerra, El Libro de Santoña, pág. 47, y Apéndice V.

na, Santoña debió figurar en la estrecha hermandad así constituida, cual hubo de ocurrir lo propio con Suances, no faltando quien asegure que en el astillero de Santoña « se construyó la capitana de la armada invencible >-> (i).

Envuelta se halla también en los bandos de Giles y Negretes, y en su aldea del Dueso el año 1405 se traba singular pelea que refiere pintorescamente Lope García de Salazar (2), y es de presumir que anduviera solícita al llamamiento de los santanderinos, cuando luchan éstos con el segundo marqués de Santillana en los días del desventurado Enrique IV, resistiéndose tenaz y valerosamente á salir del señorío de la corona. Conocidas se hallaban ya algunas de sus ventajas por los mareantes de la costa de Castilla; pero su población era aún tan escasa, que no podía ser en realidad Santoña estimada sino como simple barrio de Laredo. Durante aquella serie de guerras que precipitan la decadencia de la patria en el reinado del desvanecido Felipe IV, — la villa, que ya entonces había tomado nombre de la peña á cuya falda se extiende, contaba sólo con setenta vecinos; y sin embargo, cuando el jefe de la escuadra francesa del Océano, el belicoso arzobispo de Burdeos Henry d'Escoubleu de Sourdis, mientras nuestros bravos tercios peleaban en el Rosellón, en Italia, y en los Países-Bajos, después de intentar apoderarse de la Coruña y de acometer en el Ferrol, se corría hacia las costas de Vizcaya en Agosto de 1639, aquellos setenta vecinos decididos á defenderse, «habían labrado una plataforma ó reducto con seis piezas», y desde la cima del peñóte, valerosa atalaya de aquellos mares, distinguían en la tarde del 1 1 del mes citado «20 navios grandes sobre Quejo, la vuelta del Noroeste».

A la noticia, comunicada desde Santoña, solicitó el Corre-

(1) Villegas, Por deber y 'por amor, en el álbum De Cantabria, pág. 216.

(2) Reprodúcela el docto Fernández-Guerra en uno de los Apéndices de su Libro de Santoña.

gidor de Laredo el auxilio de los lugares y villas . comarcanos ; los que acudieron de Cesto y Sietevillas, fueron destinados á reforzar y defender el puerto de Santoña, por donde el 1 3 entraba la armada del rey de Francia al mando del Arzobispo de Burdeos, surgiendo los navios grandes cerca de la peña de Santoña, sin recibir daño alguno de los disparos de la artillería con que trataban de molestar á aquella las seis piezas del reducto que defendía el capitán don Juan de Marchena ; pero vencida, arruinada y saqueada Laredo el 14, el 16 fué atacada Santoña, donde lucharon los montañeses denodadamente contra fuerzas tan superiores, que al fin, «les fué forzoso retirarse á la montaña, y dejar la villa al enemigo», quien, procediendo como siempre, «la saqueó y quemó, sin dejar más que la Iglesia y las casas que se pudieron remediar, por ser las postreras á que echaron fuego» (i). Tales acontecimientos, que arruinaron por completo la pequeña población, aviso fueron para lo futuro, y medio por el cual hubo de comenzar á ser conocida la importancia de Santoña, procediéndose en 1668 á la erección de un castillo, que recibió el nombre de San Carlos, en memoria del monarca, y para cuyo emplazamiento fué designada la entrada del puerto; pero á pesar de él, y de las baterías con que en el año de 1719 trataron de fortificar los españoles la playa de Santoña, en cuyo astillero se construía por orden de Felipe V varios navios, — los franceses, con 800 hombres, embarcados en tres fragatas inglesas, se posesionaron de la peña y de la villa el 1 3 del mes de Junio, quemaron tres de los navios en construcción «y los materiales para construir otros siete», y se llevaron « 50 piezas de cañón», sin causar otros daños (2).

Fué ésta, causa para que de nuevo resaltase la importancia militar de Santoña, y para que de orden del monarca, entre las

(1) xMs. H. 72, fol. 10 1 de la Biblioteca Nacional, inserto en los Apéndices de Costas y Montañas y de El Libro de Santoña.

(2) Memorias del marqués de S. Felipe^ t. II, pág. 144.

puntas del Peón y del Fraile se erigiese otra fortaleza, denominada por igual razón que la primera Castillo de San Felipe; pero pasados todo riesgo y todo temor, tanto el de San Carlos, como los demás fuertes, y el Castillo de San Felipe^ quedaron en el mayor abandono, hasta que en la guerra famosa de la Independencia española, «aliados y entendidos generales ingleses, y los del ejército imperial invasor..., descorrieron el velo que ocultaba tan interesante baluarte de la primitiva Cantabria» (i); es decir, demostraron, como hicieron notorio después los sucesos, la necesidad de que el gobierno para defensa de la patria, fortificase convenientemente aquel promontorio, en que tantas excelencias supo reunir la naturaleza con mano pródiga y amiga. Declarada por los franceses plaza de primer orden, « fué ella lugar predilecto de Napoleón y de sus capitanes, que no sólo la ocuparon y fortificaron con esmero, sino que la conservaron cuando tuvieron que abandonar el territorio de España, y al tener que entregarla, á causa de la paz, no quisieron hacerlo á los ingleses ¡ temerosos de que hicieran allí una posición más importante que la de Gibraltar ! » (2). Desde entonces acá, se ha atendido

(1) Madoz, Diccionario geográfico-estcidistico, etc., t. XIII, pág. 844.

(2) Villegas, art. cit. de De Cantabria. Hablando este escritor de las excelencias de Santoña, expresa : « Las ventajas [que el puerto] ofrece al comercio se patentizan, dado que es el mejor, y observando, que es la más fácil y breve comunicación de Castilla, Madrid y la Ribera del Ebro, con los puertos del Norte de América y de Europa.» « Esto se percibe, por que respecto la meseta de Castilla está Santoña de Espinosa ó Villasante tan cerca como Torrelavega ó Areta de la Divisoria, esto es, mucho más próximo que Santander y Bilbao, y además el paso de la cordillera está más deprimido por los Tornos que por Bárcena y por Orduña.» «Respecto á Madrid está Santoña tan próximo de su Meridiano como Santander, y mucho más inmediato que Bilbao; en fin, respecto la línea del Ebro, Santoña es el punto que está indudablemente más cerca de Trespaderne, que es hasta donde se puede hacer navegable el Ebro; y asi Santoña, uniendo á la superioridad de su puerto la seguridad de la más corta comunicación, es sin duda alguna la mejor base de relaciones comerciales por el Norte de la Península con el exterior.» «Por otra parte Santoña enclavada en una región minera de grandes productos y calidades, y que ofrece á la industria muy buenos motores, ya por los saltos de agua del Assón, ya por los que se pueden utilizar en virtud del sistema inventado por mí para aprovechar en los puertos el flujo y reflujo ; y finalmente por su situación especial con respecto del Ebro, y la posibilidad de aprovechar las aguas de este río para servicio de las esclusas que permitieran salvar á los barcos el desnivel

con preferencia á Santoña, declarándola plaza fuerte de primera clase, y defendiéndola los castillos de San Carlos, el Solitario^ Galván alto y Galván bajo, los fuertes del Mazo y de San Martín, las baterías del Pasaje, que da frente á la bahía, de la Cruz, casi en la misma dársena cerrada, los de la Punta del Aguila, en el Cantábrico y la Nueva, con almacenes de pólvora, de víveres, parques y cuarteles sobre la aldea de Dueso.

Ya en esto, y trayendo á la memoria recuerdos de nuestra historia contemporánea, en la cual Santoña, durante las dos enconadas guerras civiles que han ensangrentado el suelo de la

que hay desde la costa de Castilla, Santoña es el puerto que ofrece mejores condiciones para servir de etapa y depósito en todas las transacciones comerciales del Norte.»— «Pues considerando ahora el asunto bajo el punto de vista militar,— continúa,—es tal la superioridad de Santoña sobre los otros puertos del Norte, que ninguno de ellos puede tan siquiera servir de unidad para medir su importancia: en este sentido, bajo este punto de vista, Santoña es ; Pasajes, Bilbao, Santander, Gijón, etc., ni pueden, ni tienen razón de ser; y aun digo más, no sólo en el Cantábrico, sino que ni en el Océano ni en el Mediterráneo hay ningún puerto que reúna las excepcionales condiciones que Santoña tiene.»— «En efecto, tácticamente, Santoña es más fuerte que Gibraltar, porque á la contextura de la roca, semejante á ésta y tan inexpugnable como ella, une la circunstancia de no ser dominada más que desde los escarpados riscos de Hano y Brusco, de uniforme pendiente, pequeña meseta y que ningún otro cerro puede dominar, y que fortificados también, comprenderían terrenos capaces de cultivo y sostenimiento de ganados para la guarnición ; con lo que dados los minerales de hierro que allí existen, puede hacerse en aquel punto tanto que, obsérvese bien, pudiera ser un Estado susceptible de defenderse por siempre jamás; es decir, que bajo este concepto, no se concibe nada superior á Santoña. » « Pues estratégicamente considerada, son más trascendentales sus condiciones : Santoña es, en efecto, el único puerto de la costa desde donde es posible á un ejército de desembarco llegar en una jornada á la meseta de Castilla; es el puerto más cercano á Burgos...; es también base del sector para penetrar en Vizcaya desde Somorrostro á Carranza, y está sobre Ramales (nudo de comunicaciones en la provincia de Santander) con el que se relaciona por las márgenes del Assón que de esta manera proteje siempre uno de los flancos en los movimientos que se intenten; además flanquea las operaciones ofensivas y defensivas de la línea del Ebro, con lo que hace que la base de operaciones forme para quien posea á Santoña, un ángulo recto cuyos trazos envuelvan al enemigo ; por último está sobre el Meridiano y los mejores pasos á Madrid (los Tornos y Buitrago), esto es, amenazando ó cubriendo el corazón de España...» y la que « en una guerra marítima es (una vez que se realizasen las obras indicadas para salvar su barra) el puerto de más buena situación para reunir, proteger y lanzar nuestra escuadra sobre los barcos" y los puertos enemigos del Canal de la Mancha», siendo al propio tiempo «el que mejores servicios podría prestar á ésta, para hacer daño á nuestro país» ( pág, 216 y 217 del álbum cit. De Cantabria).

patria, ha desempeñado papel bien principal é interesante, — sin que nuestros ojos pudieran distinguir los puntos elevados de el Lucero, Es caler a , el Nesperal, Cacharro, el Carro sal, el Penal, Monmeyano y menos el de Berana, — habíamos penetrado en el estrecho camino fortificado que desemboca al fin en la hermosa calle de Manzanéelo. Era el medio día cercano, y el sol, libre y desembarazado de todo obstáculo, resplandecía brillante y poderoso, derramando cascadas de luz que herían de soslayo el enhiesto peñóte, cubierto de verde y lozana vegetación hasta sus riscosas cumbres, y engalanado vistosamente con aquel hermoso tapiz que de todas partes con singular exuberancia aparecía tendido, mientras iluminaba con esplendores meridionales el caserío, moderno, coquetón y galano con que la calle se ennoblece, teniendo á la derecha el Palacio de los duques de Santoña y á la izquierda el suntuoso Colegio de San Juan Bautista, cuya fábrica moderna y no desprovista de gallardía, destaca sobre el monte, detrás de la elegante verja que la resguarda y defiende, con florido jardín, en el cual, á merced de lo templado del clima, pompean y crecen odoríferas plantas y hermosos árboles, que la dan placenteras apariencias.

Fruto es tal edificio, del amor que á su patria natal profesó siempre uno de aquellos de sus hijos que, humildes y olvidados de la suerte, buscaron en la India la fortuna; mísero partió de allí aquel indiano en 1823, y rico tornó á España veintidós años adelante. Y como tantos otros, cuyo nombre es bendito en la Montaña, «el afanoso anhelo de aprender que le acongojaba, muchacho desvalido, y el no hallar en torno suyo manera de saciarlo..., tan hondamente hubo de herir su corazón y memoria que, al saludar opulento los patrios muros quien de ellos salió pobre, el recuerdo primero, el primer deseo y más decidido propósito fué enriquecer áSantoña con un espléndido Instituto» (i). Así fué como don Juan Manuel de Manzanedo y González, pri-

(1) Fernández-Guerra, E/ L/^ro Saw/owa, pág. 5 ■5.

mer marqués de Manzanedo y duque primero de Santoña, dejó, como buen montañés, ejecutoriado su amor á la Montaña, asociando á la empresa á otro montañés, el arquitecto don Antonio Ruiz de Salces, á quien confió la traza, planos y dirección de la obra, inaugurada el 24 de Junio de 1871. De buenas proporciones por lo general, sencillo en su decoración exterior, bien que para alguien «tiene la fisonomía característica de la buena arquitectura moderna,» produciendo á su entender «la agradable impresión que el Regio de Madrid», — el edificio adolece de cierta monotonía y respira tal ambiente, que más recuerda las sombrías y uniformes fábricas pseudo-clásicas de los comienzos de la actual centuria, que responde á las influencias invasoras de la época contemporánea, en la cual la arquitectura monumental, ecléctica y aun desalumbrada, recurre como á arsenal inagotable á las enseñanzas de épocas anteriores, transformando los elementos al utilizarlos, é imponiéndoles sello especial, que no es dado á nosotros distinguir todavía, pero que distinguirán los que nos sucedan (i).

(i) Conmemórala generosidad del fundador, hermosa lápida de mármol de Carrara, colocada en sitio preferente en el Colegio y que «resumiendo el pensamiento del fundador y retratando su alma», ofrece en letras de oro, poco monumentales, la siguiente inscripción latina, redactada, si no estamos equivocados, por el doctísimo autor de El Libro de Santoña^ y trazada debajo del simbólico Crismon :

«STELLAE MARIS AC BONI PORTUS VIRGINI DEI MATRI IMMACULATAE MARIAE HOC A SE EXTRUCTUM A FUNDAMENTIS COLLEGIUM AUSPICE DIVO IHOANNE BAPTISTA IHOANNES EMMANUEL A MANZANEDO ET GONZALEZ PRIMUS A MANZANEDO MARCIIIO D. D.

Heic ubi nascenti cunabula prima fuere

urna sepulchralis sit mihi quum moriar. Illa meos tegat ac ciñeres utriusque parentis

quis pia paupertas nobile stemma dedit. At vos o pueri quos heic sapientia nutrit

provida gratuito matris ad instar amans discite quid sit amor patriae quid in ardua tendens virtus ac pro me fundite quaeso preces.

Dicatum Sanioniense Collegium sub die VIII Kal. lulias anno salutts MDCCCLXXI aetatis vero fundaioris LXVIII.))

«La versión castellana ocupa también lugar aventajado en el testero de la regia

Si es promesa de engrandecimiento para lo futuro en Santoña el Colegio de San Juan Bautista^ no es, lector, ciertamente, lo único digno de ser allí objeto de tu atención y de tu estudio, ni lo más importante ciertamente, á despecho de todo; y prescindiendo de la casa señorial, donde, en la Plaza de San Felipe, se halla establecido el Hospital Militar, y sobre cuyos almohadillados muros de sillería destacan á los lados sendos escudos minuciosamente entallados, como de otros edificios de análoga é inferior importancia en la relación artístico-arqueológica, — ya que el día convida á ello, ven con nosotros por la calle de Alfonso XII, que es la principal de Santoña, y donde tiene sentados sus reales lo más notable del comercio; ven con nosotros á visitar la famosa y celebrada Iglesia de San-

escalera principal, con objeto de llamar á todas horas la atención del alumno, pues dice así:

«Á MARÍA SANTÍSIMA DEL PUERTO

CLARA ESTRELLA DE LA MAR, VIRGEN MADRE DE DIOS INMACULADA, OFRECE ESTE GOLF GIO DE SANTOÑA, BAJO LA ADVOCACIÓN DEL DIVINO PRECURSOR SAN JUAN BAUTISTA, JUAN MANUEL DE MANZANEDO Y GONZALEZ, PRIMER MARQUÉS DE MANZANEDO

Aquí, en el dulce amado suelo en que se meció mi desvalida cuna, álcese también mi urna sepulcral, luego que yo desaparezca de entre los vivos.

Ella guarde fiel mis cenizas y juntamente las de mi padre y mi madre, cuya noble corona fué la piadosa pobreza.

Pero vosotros, oh niños, á quienes aquí la Sabiduría prodigará gratuitos sus tesoros, cual una madre cariñosa, no olvidéis que todo me faltó á mí, y que todo humanamente me lo debo.

Y cuando aprendáis cuál ha de ser el santo amor de patria, y cómo la virtud ha de aspirar á lo grande, *á lo noble, á lo inmortal, no á lo caduco, pagadme con muy afectuoso recuerdo pidiendo á Dios por mí.

Dedicóse el día 24 de Junio de i8ji , sexagésimo octavo de la edad del fundador. y)

ta María del Pzierto, que dió nombre durante largas edades á la Peña, y que desde añejos tiempos, con la devoción y el amor de los naturales, parece que hubo de llamar hacia aquella abandonada península la atención de las generaciones, que después de menospreciarla, la proclaman hoy la plaza más fuerte y más importante del litoral cantábrico. Olvida, mientras caminamos por la larga y ancha calle, — la cual cruzan viniendo del templo los marineros, — cuanto respecto de él hayas leído y te hayan dicho, inspirado, es verdad, y quizás de buena fe, en tradiciones piadosas, pero extraviadas, y prepárate á recibir, cuando entres en el religioso edificio, la primera de las emociones con que habrá de cautivarte la provincia de Santander, que no carece ni mucho menos de monumentales fábricas arquitectónicas, por más que no sean tan nombradas y conocidas, cual ocurre en orden á las de otras regiones y provincias de nuestra España.

Al final de la calle, y como término de ella, cortándola en ángulo recto, se levanta la Iglesia parroquial de Santa María del Pzcerto, último resto del monasterio benedictino, allí fundado por Paterno, según el privilegio viejo de Santoña, antes de mediar la XI centuria, bajo los auspicios de García V de Navarra. Greco-romano arco de triangular frontón, — perforado al centro para ostentar en él la imagen de la Inmaculada, — con pirámides en las vertientes y sencilla cruz en el acroterio,— da paso á un patio cuadrangular y anchuroso, en el cual, desde la entrada, alineados, corpulentos y frondosos formando calle, extienden sus verdes ramas seculares árboles, entre los que se encuentra algunos bancos puestos también en línea, mientras constituyen los lados del rectángulo diversos edificios sin importancia ni carácter; al frente, cuadrada, moderna y desprovista de interés, adelanta la torre, cuyo cuerpo inferior constituye desornado obscuro pórtico con dos arcos de medio punto sin acento, uno por cada costado, llevando sobre el zafe ó hilera superior encima de la arcada del principal en dos líneas, la letra: año de || 1783. En pos, envuelta casi en sombras, se abre la puerta principal del

SANIANDER

templo, ojival, deformada, y en la que con maravilloso efecto imperan visiblemente en los detalles las tradiciones de la XIII.^ centuria, mientras el conjunto revela la mano de los artífices del siglo XV; columnas apareadas de corto fuste, con entallados capiteles, en los cuales resaltan ora apuntadas palomas, que fingen picotear una hoja colocada en lugar de la voluta á la derecha, ora otro animal, ya tan borrado, que se hace de clasificación imposible, á la izquierda, — sirven de estribo á la archivolta, que se levanta entre dos baquetones en forma de dientes de sierra, sobre el superior de los cuales gira ondulada guarnición, á su vez colocada bajo elegante orla de resaltadas hojas.

Embebida en la construcción del pasado siglo, no se ofrece con la gallardía con que hubo de ostentarse primitivamente; y el transcurso del tiempo, y más que él las vicisitudes mismas por que hubo de pasar Santoña, han deformado el tímpano del arco, despojándole de parte de su propia ornamentación, y figurando actualmente en su centro, sobre facetada repisa, exigua imagen moderna de talla, de la Purísima Concepción de María. Antes de entrar en el templo por esta puerta del NO., que tantas veces han cruzado rudos marineros de atezado rostro, andar inseguro, descuidada barba y greñas como bardales, ya con las ropas desgarradas, descalzos, y llevando sobre sus hombros las velas y los remos de sus frágiles embarcaciones, como promesa hecha á Santa María del Puerto en medio del fragor de la galerna, ya vestidos con sus trajes de día de fiesta, su chaquetón azul sobre la camiseta, sus pantalones de igual color y su ceñidor de matiz diferente, — saliendo por el arco lateral del atrio, repararás, lector, en la ventana lanceolada, con capiteles de igual linaje que los del ingreso, cobijada por aguda salediza ceja ornada de talladas flores, y en la otra ventana, cuadrada, que por bajo de aquella se abre con reducidas dimensiones y las trazas características del siglo xv, en el cuerpo mismo del templo, sobre el cual proyecta su sombra uno de los edificios del patio, de que hemos hecho arriba referencia.

SAXTONA.— Portada lateral de la Iglesia de Santa María

Doblando el ángulo por aquella parte, reservada con una verja de hierro tendida desde el edificio memorado al primer cuerpo saliente de capillas, y pavimentada con lápidas sepulcrales, cuyos signos y cuyas letras ha desgastado con el tiempo el paso de los parroquianos, — ofrécese la fachada lateral del SO., de bien construida sillería, y de no gran alzada, con dos íenestras rasgadas, semejantes á la ya descripta, y separadas entre sí por uno de los salientes estribos de la fábrica; inmediata al ángulo que forma esta parte de la iglesia con el cuerpo de capillas en que se cierra la verja, — airosa y elegante, bien que de poca altura, ábrese la portada lateral, con tres volteles concéntricos de medio punto, á más de la periferia, compuestos en distintos planos por sencillos y abultados baquetones cilindricos que arrancan de la moldurada imposta, la cual, á manera de general abaco, se tiende á uno y otro lado sobre otra inferior y entallada im.posta que enriquece las jambas, sobre los capiteles de las columnas que fingen apear las arcadas y sobre los relieves que vuelven en los ángulos exteriores de la portada misma flanqueándola; dos columnas de fuste corto y cilindrico, acodilladas, simulan soportar á cada lado las archivoltas, levantándose sobre cúbicas basas, que apoyan en el oblicuo zócalo compuesto de tres hiladas de sillares, mientras en las impostas de las jambas, en las de los flancos y en los capiteles, destaca sus contornos elegante decoración de bien entalladas vichas y de monstruos caprichosos, entre resaltadas hojas, advirtiéndose en aquellos relieves, que producen muy agradable efecto, y en el capitel de una de las columnas de la derecha, representado un regular que tira del rabo á una acémila cargada, la cual marcha trabajosamente hacia la izquierda, y en dirección al ingreso de la iglesia.

Sobre la altura de la labrada imposta referida, recorre el lienzo de esta fachada el bota-aguas, en talud, prominente y horizontal, como destinado á preservar la fábrica de los efectos destructores de las pluviales, tan frecuentes en esta región; y

descentrada, con dos huecos y una columnilla adosada en cada uno, insistiendo precisamente en la periferia del arco memorado, rasga el muro otra fenestra de condiciones y caracteres asemejables á los de las demás que perforan esta fachada, mientras en el saliente muro que cierra el espacio á que da aquella en la disposición marcada, se hace un arco, desprovisto de todo ornato, y sin indicación alguna por lo que á su destino pudiera referirse. No hay dudar en que, considerando la naturaleza de los elementos congregados en la parte exterior de la iglesia de Santa María del Puerto, estos se atemperan y obedecen á las prescripciones del estilo románico, el cual tantas maravillas obró y dejó vinculadas en la zona boreal de la Península: molduras, baquetones, relieves, todo, especialmente en la portada lateral, hasta la disposición de la misma, parece que revela la presencia de aquellos artífices, ya franceses, como quieren unos y venidos al calor de la política de Alfonso VI, ya españoles, como podría estimarse no sin causa; pero si es esto cierto, si no puede desconocerse la influencia poderosísima de aquel estilo en tales obras, por aparecer bien clara y manifiesta, y si tampoco es lícito desconocer las modificaciones que hubo de experimentar la principal portada en días muy próximos á la XV. ^ centuria, si no fueron de ella, así como los ventanales que perforan los muros, — tampoco es cumplidero el afirmar por absoluto modo, que á lo menos en su parte exterior, el templo sea determinadamente obra de aquel estilo, y por consiguiente del siglo xii á que es atribuido generalmente, prescindiendo de exageradas afirmaciones, de que habremos quizás de hacernos cargo más adelante.

Por grande que se suponga y extendido el comercio desarrollado en las villas del Cantábrico con el extranjero; por activa y constante que se suponga también la participación que en la labra de los edificios religiosos toman los artistas extranjeros, en especial cuando era Navarra dueño y señora de estas comarcas, — dado nos es afirmar que en la Montaña, de donde partían fijosdalgo é infanzones para seguir en sus empresas á

los monarcas de Castilla, y á dónde en su mayor parte no regresaban, heredados ricamente en los lugares y en las poblaciones rescatadas al yugo mahometano por su esfuerzo, — la tradición, lo mismo en ella que en las Asturias de Oviedo y que en la misma Galicia, tenía ascendiente tal y tan poderoso, como para que ante él cediesen las influencias renovadoras de la cultura. Hecho es este que hemos de hallar á cada paso confirmado en la Montaña, produciendo dudas y motivando juicios equivocados las más de las veces, y que aquí en Santa María del Puerto aparece manifiesto; pues mientras reconocemos y afirmamos y confesamos, que los elementos artísticos utilizados en la fábrica son todos ellos pertenecientes y propios del estilo románico, encontramos ya en la ejecución de los relieves de las impostas que enriquecen la portada lateral, y en los laboreados capiteles de la misma, huellas indudables y elocuentes que proclaman por indudable modo, que habían prosperado á la sazón entre los entalladores las influencias del estilo ojival, aún no admitido por los constructores montañeses, bastando á producir tal convencimiento, la simple comparación de los indicados relieves con los de otros monumentos del siglo xii en la misma provincia de Santander, ya que no hagamos mérito del modelo más acabado y perfecto que del estilo románico nos es conocido, cual lo es el famoso claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos en la provincia de Burgos, ya antes de ahora estudiado (i), y obra de la centuria que ilustran y engrandecen Fernando I y el egregio conquistador de Toledo, su noble hijo.

Pero dejando aparte este linaje de consideraciones, que habrá de robustecer ó de quebrantar el templo mismo, — hora es ya de que penetremos en él, para gozar del espectáculo que ofrece. Á él, en el siglo xiii.°, y á adorar la sagrada imagen de la Inmaculada Madre de Dios, acudían según tradición recogida por don Alfonso X muchas gentes en piadosa romería desde

(i) Véase el tomo de Burgos, en esta obra España.

47S

Laredo y otras partes (i), y hubo de conservar constante el amor de todos los que un tiempo se hallaron bajo la autoridad protectora de la abadía; y con efecto, produciendo al primer golpe de vista impresión asemejable á la que produce el templo bajo la misma advocación de la Virgen erigido por el hijo de

(i) No llevarán á mal los lectores, que tomándola de El Libro de Santoña, reproduzcamos en este sitio una de las Cantigas del rey Sabio, señalada con el número CCXXXXVIll, fol. 225 vuelto al 226 vuelto del Manuscrito del Escorial, que lleva la signatura d. 2. Dice así:

« Como dous maryneiros que sse que sse (sic) querian malar en Laredo ant ó altar de santa marta, et pola ssa gran mercéé guardóos que sse non matassen, nen se /e~ rissen

))Sen muito ben que nos faze á sennor csperital, guarda nos que non fagamos quanto podemos de mal.

»Ca ú á nossa natura quer obrar mais mal ca ben, guarda nos ela daquesto que non possamos per ren : et de tan gran piadade un miragre direi eu, que mostrou grand en Laredo á sennor que pod é ual. nSen muito ben

»Ca ssa ygreia que dixe que sobe la mar está, et que uan en romería as gentes multas alá rogar á á Gror'íosa, aquela que sempre dá consello á os cuitados, et que ñas cuitas non fal. y)Sen muito ben que nos

))Onde foi huna negada que foron hy albergar muitos omées da térra et sas candelas queimar, et enton dous marineyros fillaronss á peleiar ben, ant ó altar, estando de peleia muy mortal.

y>Sen muito ben que nos

))E sacaron os cuítelos log anbos por se ferir ;

mas non quis á Groriosa que ó podessen conprir: ca mouer non se poderon nen vn á ó outro yr, et toda á gent hy veno uéér este feito atal.

))Sen muito ben que nos

»E assi como os bracos foron anbos estender per se ferir, non poderon per ren poi los encoller : et estando se catando, non se podían mouer; ben come sí fosscn feitos de pedra ou de metal.

))Sen muito ben que nos

))E estand assi tolleitos, cada un se repentiu muít, et á santa María logo mercéé pedíu ; et de mais toda á gente que aqueste feito uiu, rogando santa María logo que non ouu hy al. nSen muito ben que nos

))E ela ó rogo deles oyu et sa oraron \ et estes que se querían mal, perdonaronss enton ; et a gente que hy era loaron de coraron á Uirgen de que Deus quiso nager día de Natal.

»Sen muito ben que nos.

San Fernando en Orduña, — ofrécese sombrío é interesante, velado en misteriosas místicas sombras que lo envuelven de todos lados, que ruedan tenaces bajo las bóvedas de piedra, adheridas á los sillares, y como que constituyen parte integrante del religioso edificio, de suerte que reina allí la obscuridad, apenas disipada por la luz escasa que dejan penetrar los ventanales, aunque el sol irradie brillante en el espacio, respirando en su conjunto la fábrica severa majestad imponente, que mueve á devoción y respeto invencibles. Como casi todas las de su tiempo, consta la iglesia de tres distintas naves, de superior altura la central, y su piso, húmedo y helado, se halla más bajo que el pavimento del patio que la precede, midiendo en su longitud total muy cerca de veinte metros con el ábside ó capilla mayor, repartida en cuatro tramos hasta el crucero, que es ancho y espacioso, y ataja en su latitud las tres naves, excediendo de ella, pues mientras llega la del cuerpo del edificio á contar catorce metros aproximadamente, la longitud del crucero es de veintiuno.

Distribuyese la latitud en las tres referidas naves, correspondiendo en ella 3""8o á las laterales y menores, y 4"'8o á la central, unas y otras soportadas por pilares, formados de grupos de cuatro columnas de fuste cilindrico y basa rectangular, con florones á manera de borlas en los ángulos, que caen sobre la esquina del plinto, girando las mencionadas columnas en torno del pilar propiamente dicho, que es grueso, resistente, sólido y también cilindrico. Los capiteles, son hasta cierto punto trapezóides, ó afectan esta forma en gran parte, decorados varia y ricamente de bien entallados relieves, representando vichas y otras figuras, algunas de ellas humanas, grandes y como espantados rostros á veces, hojas, y algunos otros motivos ornamentales de la flora arquitectónica del tiempo, siendo de reparar ciertamente que, en alguno de estos miembros de construcción, las vichas se muestran de tal suerte movidas y con tal destreza ejecutadas, que parecen obra del Renacimiento, careciendo en cambio de la rudeza de acento, más que de ejecución, que caracteriza frecuente-

mente las producciones del estilo románico, el cual aparece, no obstante, más determinado en el capitel del primer pilar del lado de la izquierda en la nave de la Epístola, que es de piedra de otro color, donde se halla la figura de un hombre en traje talar, teniendo al lado otra semejante y en medio un árbol, en representación de nuestros primeros padres sin duda.

Adviértese desde luego que los tres primeros tramos de los cuatro de que consta el buque del templo, son más antiguos, y conciertan visiblemente con la portada lateral, ya examinada, siendo de observar, demás de lo que revela de por sí la construcción y de lo que proclaman los capiteles, que algunas basas en esta parte de los pies de la iglesia son octogonales, existiendo todavía en la del primer pilar de la nave del Evangelio, restos de labor, ya por extremo gastada, pero de sabor marcadamente bizantino. Apuntadas son las bóvedas, que descargan sobre los pilares memorados, levantándose la central por medio de grupos de tres columnas, de'menor diámetro el fuste de las laterales y grueso el del centro, como los de la parte inferior del machón, no faltando capiteles picados, quizás por considerarse en alguna ocasión irreverentes las representaciones de los mismos; demás de los ventanales de la imafronte y del costado SO. donde se abre la puerta lateral referida, la iglesia recibe luz en la nave mayor, por medio de anchas fenestras de arco de mayor cuerda que las de medio punto, señalado por cilindrico baquetón, y en el cual se hallan inscriptas hasta tres ventanas agrupadas y ya apuntadas, decorando el tímpano del total conjunto circular perforación sin otro exorno. Obra seguramente de la restauración ejecutada en el templo en 1886, el coro aparece á los pies de aquel, soportado por columnas de hierro, cuya presencia en aquella armoniosa fábrica de sillería, desentona y produce muy desagradable efecto, resaltando allí el órgano, en que aparatosamente y con el sello especial de todas las imitaciones, se ha procurado reproducir la traza del estilo ojival del siglo xv.

Adosado al segundo pilar de la nave de la Epístola, y dando á la mayor, «con suma discreción y cordura se respeta y conserva todavía, sin uso, el primitivo marmóreo pulpito»; es de planta exagonal, soportado por recia columna de piedra, que alza «apenas una vara sobre el pavimento» (73 centímetros), y consta de cuatro parcelas, en las cuales destacan dos arcos lobulados, inscripto uno en otro, midiendo 95 centímetros de altura por 35 de ancho. Por su disposición y acento, y á despecho de la respetabilidad del autor que lo califica en las palabras copiadas de primitivo, el pulpito es obra ya del siglo xiv y precursor de aquellos otros, labrados también en mármol, que durante esta centuria y las dos siguientes, decoran algunas iglesias de España y del vecino reino lusitano; mas si no es primitivo el pulpito, contemporánea, ó quizás anterior á la época en la cual debió de ser el existente templo construido, es la hermosa pila baptismal^ que se adelanta á los pies de la nave del Evangelio sobre el muro, inmediato á la puerta del cancel por la entrada de la imafronte. En ella, por incuestionable modo, resplandece el estilo románico, lo mismo en la hechura agallonada, que en la orla de lazos característicos, que en las imágenes de la Virgen y de San Juan, las cuales con la de otro santo, surgen en el frente de este interesante monumento, cuyas bellezas impide disfrutar la obscuridad en que se muestra la iglesia sumida, á causa de la exigüidad de luz que dejan penetrar en su recinto los estrechos ventanales, según queda arriba insinuado.

Memoria venerable conserva y guarda de uno de los obispos de Cantabria, de aquel Antonio, hijo de Ramiro I, que en la segunda mitad del siglo ix procuró el engrandecimiento de Santa María de Pórtico, y construyó la primitiva fábrica de que no resta otro recuerdo, «en el machón último de la nave central, á mano izquierda». «Un sencillo pero gracioso monumento» sirve hoy de sepulcro á las removidas cenizas de tan egregio prelado, trasladadas allí desde el crucero en la XV.^ centuria: «figura como retablito con su arco, sendas pilastras á los lados,

sin capiteles; y el arquitrabe, cortado é interrumpido para que resalte la mitra». «Todo ello, á no dudar, servía de adorno y marco al retrato del piadoso hijo de don Ramiro I, que debió estar pintado en el centro, y de que ya no queda vestigio ninguno; y todo ello se alza sobre un basamento gótico florido, con esta inscripción en letras de aquella edad, que yo mismo, — dice el último ilustrador de Cantabria, — copié atentamente en 1871 :

aqmg : mBt : á oírpo : bürt mx tonna : bermauü : ír^ Íüs : xt\)B güírüs : ax^K : miumit : biüs : a

: el cml : Ijtótfitü : t ncnho : icx : uglm : t Qma : grabes : yn

bulgetms par úh besí |3X , VLX i decid paíer nosíerj» (i).

Demás de otros epígrafes, repartidos por el pavimento, — en la cara interior del machón del lado de la Epístola, que en la nave mayor sale al crucero, destaca marmórea lápida moderna que declara en las veintiséis líneas de que consta:

A X D. O. M.

IN HONOREm' BEATAE MARIAE VIRGINIS SUB TITULO DE PORTU ECGLESIAM, ISTAM FIDELIUM PIETATE OMNIUMQUE PLAUSU INSTAURATAM RITU SOLEMNI BENEDIXIT SACRAVIT DICAVIT SUCCESU LAETUS RELIGIONIS ZELO FLAGRANS SANTANDERIENSIS DIOECESEUS PRAESUL DIGNISSIMUS 10 EXCAIUS AC ILTMUS DMS D.MS VINC. JACOBUS SANCHEZ DE CASTRO VII IDUS SEPTEMBR. AN. REPAR. SALUTIS MDCCCLXXXVI

Ad praefatum aggrediendum coeptumque fabricae cpus adsolvendum sumptibus laboribus ñeque parcentes meque territi coelico aspirante

(i) Fernández-Guerra Cjintabria (t. IV del Bol. de la Soc. Geográf. de Madrid, Pág. 144)-

48o

1 5 Pneumate consilium inierunt secum invicem sociatim Dor. D. Michael Fernandez Santiuste Paroecia cura insignitu Germanus Brabo y Torre, Populi Senatus primas Clemens Fernandez Vázquez Paulus Quintana Garcia 20 Raymundus Diaz de Ulzurrum Somellera Jacobus Lafuente y González Augustinus Prida Llaguno Rochus Caballero Calvo Emilianus Pascual Rodriguez

25 Damasus Calvo Cubillas -f-

26 Joachin Arredondo Quintana -|-

Amplio y hermoso es el crucero, obra ya del finar del siglo XV, sino es de principios del siguiente, la cual se tiende con 2 1 metros de longitud total por poco más de nueve de latitud, con bóvedas de mayor elevación y altura, é impostas con relieves del Renacimiento ; daba luz, por cima de la imposta, en el textero de la parte del Evangelio, gallarda fenestra de arco de medio punto, y hechura del siglo xvi, con la tradición del anterior en el bocel y en la basa del mismo, mientras por bajo de la referida imposta campea heráldico blasón, en cuyo lambrequín, escrita en caracteres alemanes incisos, se lee, siguiendo el movimiento de aquel la inscripción:

El textero opuesto, de igual disposición, muestra al centro del muró y por bajo de la imposta, resaltado lambrequín también, que á modo de repisa, soporta un animal echado, á cada extremo, y otro blasón heráldico, sujeto por un cordón reelevado, y al cual sirven de tenantes un león y otro animal con alas, entendiéndose en el epígrafe del lambrequín, escrito asimismo en igual linaje de caracteres incisos las siguientes palabras, únicas que permiten interpretar la escasa luz del templo, la altura de la inscripción y la naturaleza de la misma :

tBÍK tapilk II ^ij0 jÍTE irá Íug0r (O

Desornados aparecen los muros; pero en los fronteros á las naves laterales, destacan sus moles obscuras sobre la blanca piedra dos retablos. Es el del lado de la Epístola de tres cuerpos y tres alas, mayor la central, en cuya parte superior se halla representado el Calvario bajo frontón triangular, como los dos de las alas laterales inferiores, y mientras éstas se hallan constituidas por tablas flamencas no desprovistas de mérito, en la central son de talla amanerada las imágenes, ofreciendo en su conjunto no desagradable aspecto, aunque inferior al del retablo del lado del Evangelio, que es de imaginería; «obra del renacimiento menos correcta é inspirada que de valiente cincel, fué recompuesto y adicionado hacia 1640», circunstancia que le hace desmerecer, agobiado como aparece en sus tres cuerpos de frontones triangulares, siendo no obstante digno de estimación á pesar de lo descompuesto que hoy aparece, haciéndose merecedora de ser reparada en la ornacina inferior central la imagen de San Pedro, y en la superior la de San Bartolomé, cobijada por partido frontón, sobre el cual se levanta la sagrada cruz con el cuerpo del Redentor pendiente de los brazos. Consérvanse las lámparas, que figuran «coronas reales del siglo xv, recordando la costumbre que los visigodos y nuestros antiguos monarcas astures y leoneses tuvieron de colgar en el santuario sus diademas de oro, para que tanto esplendor y la llama que dentro ardía, simbolizasen el fuego y hermosura del corazón cristiano», é «imperando Carlos V, se trajo de Flandes una gran tabla de San Jerónimo, donde el artífice puso este letrero :

«OPVS PETRI NICOLAI MORAVLI : BRVGIS IN FLANDRIA IN PLATEA Q DICITR DE IIOVDE SACK» (l)

La Capilla Mayor ^ cuadrada, levanta su alta bóveda cuajada de adorno ojivo restaurado, ostentando grandioso retablo mo-

(1) Fernández-Guerra, El Libro de Sanloña, págs. 46 y 4$.

derno en el cual, manos que no le sienten ni pueden sentirle, han procurado imitar los arcos, las galas, las filigranas y las maravillas del estilo ojival en la época de su grandiosa decadencia, aprovechando con discreto acuerdo, tablas entalladas del antiguo; otra lápida en caracteres góticos modernos cubiertos de oro, declara bajo el retablo y detrás del Sagrario, que siendo cura pá7^7^oco de la Iglesia D. Miguel Fernández y Santiuste, se hizo á expensas de D. Felipe Quintana y Garda ^ marqués del Romero^ conforme á los planos del Arquitecto D. Alfredo de la Escalera y Amó lar d^ diocesano de Santander ^ en 1886. Prescindiendo de las seis capillas que han deformado en su planta el edificio, repartidas cuatro de ellas, dos á dos en las naves menores, y las restantes flanqueando la mayor, — claro y evidente será, lector, para ti, en presencia del monumento, y de lo que él mismo con elocuencia singular pregona, el resolver la época en que hubo totalmente de ser labrado y erigido.

Resto tan interesante de la demolida Abadía, respetado como parroquial iglesia, donde «todavía puede contemplar el viajero muy bellos arcos y ajimeces, lindas y caprichosas columnas; sólidos muros y relieves primitivos, dignos de ofi'ecer ocupación al pincel y á los buriles;» donde «con harmónica variedad los capiteles todos, con los diez... haces de columnas que dividen las naves, ostentan monstruos, vichas y figuras armadas de arco» (i), — fruto aparece no ya del siglo xii, ni tampoco del estilo románico, sino de la centuria siguiente XIII. ^, y del estilo ojival, declarándose como contemporáneo de la antigua Abadía de San Emeterio, comenzada á labrar en los días del egregio conquistador de Córdoba y Sevilla. Románica es la tradición que impera, como religiosamente conservada por los alarifes montañeses, en la exornación de los capiteles, en los arcos de medio punto, y en algunos otros elementos de la decoración, harto visibles; pero ni las dimensiones y hechura de los mismos

(i) Fernández-Guerra, El Libro de Santoña^ págs. 44 y 4'5.

capiteles, ni el conjunto de la fábrica, ni la ejecución de los exornos y relieves, ni la forma y agrupación de los pilares, ni las bóvedas, ni el ambiente que allí se respira, son otros que los del estilo ojival, que se imponía con avasallador influjo irresistible, sometiendo á su autoridad las tradiciones heredadas. Podrá en alguna parte revelarse con mayor eficacia la de los tiempos anteriores, como podrá conservarse algo de la primitiva fábrica levantada sucesivamente por el Obispo cántabro Antonio, hijo de Ramiro I, y por Paterno en el siglo xi; pero esto nada significa, y con singular complacencia reconocemos el acierto del entendido escritor montañés que afirma que la fábrica de esta iglesia es «de estilo ojival de la primera época en su conjunto» (i).

Al salir del interesante edificio religioso con que se enorgullece y autoriza Santoña , caía la tarde espléndida y hermosa; y como el sitio convidaba ameno y agradable, — repasando la calle de Alfonso XI f y cruzando la plaza, llegábamos en breve á la dársena^ abrigada y defendida, en el momento en el cual tomaban la estrecha embocadura de la misma algunas lanchas pescadoras ó barquías, que de la pesca de la sardina regresaban, y que apenas entradas en aquel remanso, arriaban sus velas casi á compás, aproximándose despaciosamente para atracar en grupos á los desembarcaderos, donde esperaban ya la vuelta de los pescadores mujeres, niños, hombres, y algunos carros del país, tirados por pacíficos bueyes con el testuz adornado por las melenas ó pellejas, que tan características son en la Montaña, y tanto sorprenden á los de ultrapuertos. Cuando, entre los gritos y las disputas y los dicharachos de las sardineras y de los hombres, hubieron atracado las barquías, espectáculo con verdad digno de ser contemplado ofrecióse en breve á nuestros ojos ; pues aparecían hasta las bordas repletas de aquel sustancioso pescado, en el cual reflejaba

(i) ArreíMtendos (D. Agabio de Escalante, ya citado), El espolique artista^ pág. 10$ del álbum De Cantabria.

su luz dudosa el crepúsculo vespertino, dando visos de fundida plata al cargamento, el cual, en garrotes de igual dimensión y cabida fué prontamente acomodado, así como colocados los garrotes unos encima de otros sobre los carros, quedando casi al mismo tiempo desocupadas las barquías, por la diligencia y el esfuerzo de todos y principalmente de las mujeres, quienes trajinaban sin descanso, remangadas las sayas hasta el muslo, y dejando al descubierto sus piernas resistentes y sólidas como columnas.

Los carros, al tardo paso de la pareja melenuda, desaparecieron en breve con dirección á las fábricas de conservas; desaparecieron en pos las mujeres, los niños y los hombres, así como los marinos, conduciendo las redes, y todo quedó en silencio y solitario; y como si las sombras de la noche hubiesen aguardado aquel momento, precipitáronse, densas é insondables por el espacio, confundiendo en el negro horror de sus alas el horizonte, y borrando la fértil peña de Santoña, la villa, la dársena, el canal de Carranza y la bahía.

Santoña, durante el año de 1889, mantuvo relaciones comerciales de cabotaje con las provincias marítimas de Cádiz, Guipúzcoa, Málaga, Oviedo, Sevilla y Vizcaya, habiendo importado de ellas en la indicada fecha:

CANTIDADES

VALORES

Quintales métricos

Pesetas

Cal hidráulica y cemento. .

1.728

5,184

Carbones minerales

12,400

26,040

. . 1,834

27,510

5.050

Id. labrada

. . 2,170

440,510

. . 9,270

13.905

. . 3,862

30,896

. . 213

5.332

• . 326

5.654

. • 5.321

170,272

• • 954

81,090

Vino común. ........

. . 9,958

298,740

. . 2,324

75,394

. : . 50.531

1-185,577

Para algunos de dichos puntos exportó:

CANTIDADES

VALORES

Quintales métricos

Pesetas

Aceite de cacahuete y otras semillas. .

1,095

87,600

Colores preparados y barnices. . . .

26,390

1,755

70,956

8,640

Sardina salada y prensada

1,305

62,640

Conservas alimenticias

8,550

Otros varios artículos

1,692

34,633

10,205

327,462 (i).

Por lo que al comercio exterior se refiere, importó durante el memorado año de 1889 artículos por valor de 265,347 pesetas y los exportó por el de 1.858,808, resultando en conjunto un total de i .440,924 pesetas para la importación y de 2. 186,270 para la exportación, según los datos oficiales. Cabeza hoy del partido judicial que se llamó de Entrambasaguas, á su jurisdicción corresponden diez y nueve ayuntamientos, incluso el suyo propio, cuya población en 31 de Diciembre de 1887 llegaba á 32,953 habitantes, pagando por contribuciones é impuestos 286,812 pesetas, de las cuales á la villa de Santoña corresponden 59,137. Fué cuna, cual todo parece indicarlo, del insigne mareante, cartógrafo y compañero de Colón, Juan de la Cosa; de Juan Alonso, piloto, autor de una obra titulada Cosmografía acabada por Raulin Sacalart, dedicada á Francisco I, y acaso también, cual se supone, del Viaje aventurero que conizene las reglas y doctrinas necesarias á la buena y segura navegacióiz ( 1598); del Jefe de escuadra don Felipe González Haedo; del capitán de fragata don José de la Serna y Occina, que tanto se distinguió en Traíalgar al lado de Churruca, y del Teniente General don

(i) Estadística (general del Comercio de Cabotaje en i88g, publicada en 1890.

Ramón Ortiz Otáñez, mientras en Noja, uno de sus ayuntamientos, situado al NO. de Argoños, venía al mundo en 1711 el valeroso capitán de navio don Luís Vicente de Velasco é Isla, defensor del castillo del Morro en la Habana, y en Entrambasaguas, en 1729, el Jefe de escuadra y sobrino de éste, don Santiago Muñoz de Velasco é Isla (i), ambos descendientes del famoso don Juan de Isla, que tanto contribuyó al engrandecimiento de Santander y su Astillero en el pasado siglo.

(i) Los lectores que lo desearen, pueden, para mayor esclarecimiento, consultar así los Hijos ilustres de la provincia de Santander^ que dió á la estampa desde 1875 el señor don Enrique de Leguina, como la obra del general Pavía, Galería biográfica de generales de Marina, y la de los señores don José Antonio y don Alfredo del Río, Marinos ilustres de la provincia de Santander, todas ellas citadas ya en páginas anteriores.